Premios


Nuevos premios para el arte joven en Holguín

La Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín reconoció, en conferencia de prensa realizada en el Café del Arte Joven de las Casa del Joven Creador, el quehacer de noveles artistas de la provincia premiados recientemente en diversos escenarios del país.

Las agrupaciones TóPop y Cubandaluz, además de Dj Arte, Artemio Vigueras, fueron galardonados en el Festival Cuerda Viva, principal plaza de la música alternativa en Cuba.

Mayte Segura, directora de Cubandaluz y premiada en Cuerda Viva en la categoría Flamenco por el tema “Que nos salve el amor” del disco homónimo, comentó que aunque eran los únicos competidores y lo usual es que el apartado quede desierto por esto, el jurado admitió la propuesta dado su alto rigor musical, y los declaró ganadores.

“Espero que esto motive a otros músicos e intérpretes de flamenco a presentarse”, añadió.

Para el 2022, Cubandaluz presentará Que nos salve el amor, un disco bajo el sello Egrem, que incluye 10 temas en los que mezcla la rumba catalana con los géneros cubanos.

Por su parte, Adrián García y Jonathan Aroom, integrantes de TóPop, ganadores del Cuerda Viva en la categoría de Música alternativa y anteriormente del Premio Primera Base del Festival Havana World Music, confesaron participar sin demasiadas expectativas, pues competían casi veinte nominados, entre ellos William Vivanco y Qva Libre.

Obtener el Premio desde Holguín significa un impulso, una forma de continuar visibilizando el trabajo y un compromiso mayor con el público que nos sigue, destacó Adrián.

“Vamos en serio, no estamos jugando”, añadió. Además, dio a conocer entre los próximos proyectos la creación de un DVD auspiciado por el sello BisMusic, perteneciente a la Empresa de Promociones Artísticas Literarias Artex, que en la ciudad de Holguín le abrió las puertas de la Casa de la Trova para sus presentaciones artísticas. Aunque es necesario seguir buscando y consolidando espacios para la música alternativa y experimental de los creadores holguineros, donde puedan intercambiar directamente con el público meta de su música, uno de los retos de la AHS.

Dj Arte y la cantante Dalma, con el proyecto Al Sur, resultaron nominados en Cuerda Viva con el tema “Mis ancestros”, en los apartados de Banda más popular y Electrónica; en esta última Dj Arte logró una nominación en el Cubadisco por Mundo Nuevo.

En materia literaria, el joven Andrés Cabrera mereció la Beca de creación Frónesis que entrega la AHS en el país para la culminación de su novela “El día de los santos inocentes”.

El proyecto, destacó, se centra en la familia en un entorno rural a través de temáticas relacionadas con la sexualidad a temprana edad, la educación, el machismo y la violencia, influidos por el realismo mágico y la literatura del holguinero Reinaldo Arenas.

Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y recientemente graduado de Derecho, Andrés Cabrera obtuvo con “Camomila” el Premio El Dinosaurio 2020. Su novela “Musita el muy maldito”, recibió en agosto último el Premio Literario Bustos Domecq en Camagüey, y “El son de la carabela”, homenaje a la ciudad de Holguín, será publicada el año próximo por Ediciones La Luz, sello holguinero de la AHS.


La intransigencia de los lectores salvará tu libro

David Martínez Balsa confía en los lectores: en su libertad de elegir, en su intransigencia, en su mirada crítica. Solo los lectores son capaces de salvar los libros y, por tanto, también a sus hacedores. Para David, un lector es más que un aliado; forma parte también de la estructura propia del texto y, sin ellos, las palabras no son más que hilo unido a otro hilo semejante. Conversar con David es también un pasaje al mundo de la fabulación…

En la escritura, en la creación, ¿qué consideras sea esencial o indispensable?

Persistir, no desfallecer ante los retos que imponga el acto creativo. No negaré el rol esencial que juega la inspiración en todo creador, pero si algo aprendemos es que la musa no siempre nos acompaña al abordar nuestras obras. Súmale a ello las desilusiones, los tropiezos y las dudas, todos obstáculos siempre al acecho. Por eso, encuentro indispensable la voluntad del creador para construir su obra; enfrentarse a la página en blanco, el lienzo, la partitura, aunque cada partícula de su ser intente llevarlo en la dirección opuesta. Arrancar, sin detenerse a esperar la inspiración. Esa fuerza, el ímpetu de seguir batallando, lo lleva grabado todo creador en su ADN, sin dudas.

¿Puede ser mesurable la calidad de un libro de poesía o de cuentos, o esto depende de las sensaciones, emociones, experiencias, referencias y del mundo estético personal de cada uno de los lectores?

Me encanta esta pregunta, pues a mi juicio, tiene un poco de trampa. Yo, en lo personal, siempre aspiro a llegarle a los lectores, provocar una sonrisa, una lágrima o al menos la satisfacción de haber disfrutado el libro al que eligieron dedicarle su tiempo. No existe mayor alegría que se te acerque alguien que haya leído tu novela o libro de cuentos y te diga cuán placentera le resultó la experiencia. Claro, siempre existirá una dualidad de opiniones, habrá apoyo y detractores, y eso lo encuentro igual de bien; pues, como creador, te pones a disposición del juicio del público al entregarles tu trabajo. Si la mayoría de las opiniones te favorecen, pues celébralo; de lo contrario, levántate, aprende y sigue.

Por supuesto, existen estándares literarios, críticos especializados, jurados de concursos, quienes abordan el tema desde una perspectiva más imparcial. No obstante, por muy fríos que intentemos ser a la hora de evaluar una obra para emitir un dictamen, a veces el lado humano prevalece; la parte que siente y se conmueve ante un cuento que, tal vez, otros hallaron falto de elementos que sus contrincantes sí poseen. Estos detalles hacen difícil llegar a un consenso a la hora de premiar o reconocer un texto (hablo en caso de un concurso literario). Todo libro necesita una estructura sólida, fuerza en las técnicas narrativas, un lenguaje limpio (pues no vamos a pedirle a quien nos entregue un poco de su tiempo que se lea un libro en el que no hayamos dejado hasta la sangre con tal de construirlo lo mejor posible) pero, en mi opinión, no puede faltarle ese ingrediente que lleva al lector a brincar, casi sin darse cuenta, de la acción de leer a la de sentir. Eso es magia y quien pueda provocarla, no sé si su obra tendrá calidad en el más estricto sentido de la palabra, pero para mí merece aplausos.

¿Es posible definir qué es la creación? ¿Podrías aventurar tu definición personal?

Difícil, pero déjame intentarlo y ser lo más breve posible: te diría que es una adicción saludable. Placer y al mismo tiempo tormento. Es una necesidad que llevas dentro, que no para de perseguirte; incluso cuando estás creando, sientes ese apremio, una especie de frenesí que disminuye, pero no cesa del todo.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cómo piensas la estructura o arquitectura de un libro?

Por lo general, escribo de noche o en las mañanas, aunque prefiero las noches: hay más tranquilidad. En ocasiones escucho música, otras no (depende de lo que me pida el cuerpo); eso sí, no puede faltar la compañía del café y el cigarro. A veces arranco una historia sin saber en qué acabará la cosa. Todo empieza por una escena, un personaje, o algo tan simple como una frase. Llegan de golpe y enseguida me siento frente a la computadora y trato de llevarlo todo a la página, sin saber bien el rumbo que se va dibujando mientras avanzo. Hay otros momentos en los que la historia cae completa y anoto enseguida los detalles, no vaya a ser que la musa me traicione si la descuido mucho. Siempre escribo tres versiones de un libro: la primera es un desastre, un rompecabezas armado a todo tren. En la segunda, abordada desde una perspectiva más fría, estructuro el libro lo mejor posible; trabajo los personajes y las escenas al detalle, elimino los excesos innecesarios, intento darle coherencia y realismo al texto. En esta versión invierto más tiempo, pues es la que entrego a mis lectores de confianza. Ya con las críticas que recibo, pulo una tercera versión hasta dejarla lo más digna posible de ser leída.

¿Cuánto valoras el contacto crítico con los creadores de tu propia generación?

Si algo aprendemos todos los que pasamos el Onelio es lo esencial que puede llegar a ser la comunicación con los creadores, ya sea de tu propia generación como de cualquier otra. El beneficio del contacto crítico es mutuo y para nada debe desestimarse; se obtienen lecciones vitales y que pueden ayudarte muchísimo en tu proceso creativo, así como incentivarte a crear.

Recientemente acabas de obtener el Premio Boti por un libro escrito para niños y jóvenes…

Amarrados al puerto, el libro que mereció el Premio Regino E. Boti, es un cuaderno de cuentos escrito en el 2020, durante los momentos más difíciles que se vivieron ese año por el coronavirus. Los cuentos que lo componen tratan precisamente este tema, vistos desde el lente de sus personajes, todos niños que viven las vicisitudes propiciadas por la pandemia, sin escapar también a las implícitas en el tránsito de la niñez a la adolescencia. En el libro se abordan temas como la soledad, el abuso físico y emocional, la inseguridad y el temor a no ser aceptado por tus características, todo fundido con las dificultades impuestas por la pandemia y lo que ello conlleva para un niño. Te confieso que nunca esperé que obtuviera premio y el galardón ha sido una muy grata sorpresa. Ahora mi anhelo es que el libro termine su viaje y llegue a los lectores lo más pronto posible, para que ellos den la última palabra.

Como escritor, siempre he preferido el realismo, aunque en ocasiones abordo el fantástico y la ciencia ficción (géneros que disfruto y respeto muchísimo). Creo que, como escritores, nunca debemos dejar de experimentar, de atrevernos, de probar nuevos horizontes y géneros y demostrarnos a nosotros mismos que sí se puede. Salir del área de confort, arriesgarse. El estilo propio se cultiva mediante la lectura y sobre todo, la escritura constante. Yo, en lo personal, aunque tengo mis preferencias de estilo, sigo en la búsqueda. Este libro fue mi segundo intento de alejarme del género que usualmente practico. El primer intento llegó con Los Caciques, una novela juvenil que obtuvo mención en el Edad de Oro 2020 y que la Editorial Gente Nueva me hará el honor de publicar, contando con la edición de la excelente Gretel Ávila. Y ahora este librillo. Ambos han sido muy importantes, pues han marcado un cambio en mi forma de abordar la literatura y me han hecho comprender lo complicado que es el género infanto-juvenil y con cuánta delicadeza debe recorrerse ese terreno, pues escribir para niños y jóvenes se las trae… Sí, mi escritura está en constante cambio y ojalá sea para mejor.

¿Crees que el oficio del escritor es el más solitario del mundo? ¿Por qué?

El oficio en sí, en su núcleo, es y debe ser solitario. Necesitas estar solo para dar vida y orden al cúmulo de ideas que tienes en la cabeza, pidiendo a gritos que las lleves a la página en blanco delante de ti. Esa tarea requiere concentración, disciplina y soledad. Ahora, ya culminado el proceso creativo, el escritor, como todo ser humano, debe escapar de esa burbuja y socializar: en esto incluyo el diálogo crítico con otros creadores, compartir su obra con lectores de confianza que le ofrezcan su opinión. El oficio es solitario, quien lo practica no necesariamente tiene que ser una persona solitaria.

En los años que llevas de carrera literaria has recibido no pocos premios, ¿cuánto importan estos en la vida de un autor? ¿Son acaso un tránsito más, uno necesario, si se quiere publicar con algo de facilidad?

No negaré la importancia de los premios literarios, pues además de atraer el foco sobre tu obra y elevar los ánimos, te permiten la realización del sueño de todo escritor: la publicación de su trabajo. Ahora, no debemos convertirlo en el Santo Grial, pues se corre el riesgo de una innecesaria decepción cuando no ganamos y ello vuelve más difícil el levantarse tras la caída. Te lo digo por experiencia, pues me he quedado al fly en muchos concursos (y todavía me faltan unos cuantos ponches más). De los premios debemos llevarnos dos cosas muy importantes. Primero: si ganas, celébralo, disfruta cada segundo del privilegio que le han entregado a tu trabajo. Y segundo: si no ganas, no te atrevas a menospreciar ni a tu obra ni a ti como escritor. Rendirse no se vale, le debes a tus libros seguir insistiendo en publicarlos y, sobre todo, seguir escribiéndolos.

Para dialogar con el lector de su tiempo, ¿la obra debe parecerse a ese tiempo, a esa realidad, o debe poetizarla, transformarla en algo más? ¿Cuál es tu apuesta?

Prefiero una mezcla de las dos opciones que ofreces. No hay motivo para que una novela o cuento, con sus transformaciones, embellecimientos y detalles que puedan resultar hasta fantasiosos, no guarde relación con su tiempo; eso sí, el escritor debe entregarle al lector las herramientas para hallar la conexión entre ambos. 

¿Crees en el fatalismo geográfico? ¿Existe aún ese fatalismo para los jóvenes autores cubanos, pese al avance paulatino que han tenido las redes sociales en nuestro mundo?

En parte, sí. Las redes sociales y su impacto en el mundo han ayudado a muchos autores jóvenes cubanos a dar a conocer su obra no solo a nivel nacional, sino internacional (el tuyo es uno de esos casos) y creo que es maravilloso cuántos autores cubanos están publicando en revistas extranjeras o son reconocidos por editoriales de España, Latinoamérica, incluso de Estados Unidos. No obstante, ese horizonte recién empieza a expandirse y todavía tiene espacio para más. Lo que es digno de celebración es que estén abriéndose poco a poco las puertas para que la literatura cubana sea más reconocida a nivel mundial. Hay que seguir insistiendo.

En tu experiencia, ¿cuáles son los valores de la narrativa actual? ¿Es posible aventurar la opinión de qué sobrevivirá o no al paso del tiempo?

Hay mucho potencial en la narrativa de nuestros tiempos; sobran talento y ganas de trabajar. Creo que la pandemia ha puesto a prueba muchas determinaciones, y entre ellas cuento el afán de la literatura por crecerse ante los obstáculos. El ánimo de los jóvenes autores (y los no tan jóvenes también) es contagioso. Entre el 2020 y el 2021, las redes sociales han cobrado un auge indiscutible y basta darse una vuelta por internet para conocer el interés, el apetito y la promoción que disfruta la literatura hoy en día, la disposición a defenderla a capa y espada. Escritores, editores, casas editoriales, los organizadores de certámenes, jornadas y peñas literarias, nadie ha dejado de trabajar, a pesar de las duras circunstancias; al contrario, se han superado. Así que me atrevo a decirte que, mientras sigamos escribiendo, leyendo y disfrutando de lo que hacemos, la narrativa sobrevivirá a lo que sea.

A tu criterio, ¿cuáles son las principales herramientas, materiales o espirituales, de las que debe estar dotado un buen escritor?

Las principales herramientas de todo escritor (y me limito a repetir lo que tantos han afirmado) son la lectura y la escritura incansables. Una cosa complementa a la otra. La lectura, otra adicción saludable, te entrega todo un arsenal de herramientas con las que afrontar el oficio. Por otro lado, escribir, así sea un párrafo al día o si te parece un desastre lo que acabaste de teclear, permite conservar la agilidad en la mano. La perseverancia es también esencial y, por supuesto, la capacidad de escuchar y saber trasladar a tu obra las críticas sinceras que recibes de quienes te leen.

¿Cómo sería tu lector ideal? ¿Qué le pides a ese lector a la hora de enfrentarse a uno de tus textos? ¿Cómo te gustaría ser leído?

Que sea despiadado conmigo, que no me perdone en lo absoluto. Al final, su intransigencia salvará mi libro. Son increíbles los errores que cometemos los escritores en medio del vuelo creativo y no existe nada más maravilloso que el hecho de que te señalen la barbaridad que eludió todas las revisiones al texto. Gajes del oficio de los que nos salva ese lector o lectores ideales. A ellos les pido lo que me gustaría oír de todos mis lectores: la verdad. Si no lo disfrutaron, aprenderé. Si les gustó, me doy por satisfecho. De todos modos, siempre agradeceré que le hayan dedicado su tiempo a mi trabajo.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es David Martínez Balsa?

Quienes conocen a este desconocido saben que es tímido, de pocas palabras, aunque cuando le da por hablar, su novia lo manda a tomar agua para que refresque la boca. Tomo café con sed de dragón y echo humo también como uno. Los días trato de repartirlos entre la familia, mi novia, el trabajo y, claro está, la lectura y la escritura, aunque admito que desgraciadamente no siempre de forma equitativa o justa. En pocas palabras, David es un joven que trata de escribir un poquito mejor cada día y busca impulsar sus libros hacia el fin del viaje: el lector, que ojalá disfrute tanto de leerme como yo de escribir ese librillo que logró llegar a sus manos.


«El trato del arte con el universo es de supervivencia»

Nunca me he cansado de escuchar la poesía de Eduardo Herrera Baullosa. Quienes lo conocen, saben que habla también con poesía, que su lenguaje está matizado por la ironía y la belleza de las palabras. Esa, quizás, sea su forma de supervivencia, su trato con el arte, con el universo de la creación. Cuando hecho mucho de menos la poesía de Eduardo, le escribo por Instagram o Messenger, ocasionalmente por WhatsApp, y así nos ponemos al día, justo como hago ahora, a modo de (pre)texto y a través de una entrevista.

¿Sientes que, con tras el paso de la pandemia, las relaciones artísticas o el acto comunicativo del hecho creativo variarán significativamente?

Fotos cortesía del entrevistado

Sin lugar a dudas existe un antes y un después que afecta todos los aspectos de la vida; también las “relaciones artísticas” o, como defines, “el acto comunicativo del hecho creativo”. La nueva realidad un tanto “distópica”, causante de cierta alienación –inevitable y necesaria–, nos obliga a modificar las relaciones interpersonales. A su vez, ese mismo distanciamiento físico y psicológico ha potenciado otras maneras de hacer. Si en la realidad pre-pandemia las constantes eran las ferias del libro, los congresos, las lecturas literarias, tertulias, talleres, etc.; en fin, el tú a tú presencial tan enriquecedor –quedan algunos casos muy aislados que continúan de la manera tradicional–; ahora es Internet quien lleva la voz cantante y en ocasiones –al menos así lo creo– nos ha permitido ampliar con su cualidad casi “omnisciente” las necesidades de intercambio y comunicación tan inherentes a la literatura. Ojo: no es algo nuevo, pero sin duda se ha potenciado y al parecer no será temporal o inherente a las condiciones actuales.

En estos tiempos de aislamiento, ¿qué lugar ha ocupado la poesía para ti? ¿Notas cambios perceptibles en su papel transformador de la realidad? ¿Qué realidad transforma, hoy en día, la poesía?

La poesía siempre ha ocupado y ocupará un lugar esencial en mi vida. Ha sido así desde que tomé conciencia de la necesidad del decir poético que obliga bien lo sabes tú–, a ese parto de introspección llevado por la necesidad de sacar “la palabra” a la fuerza de ese lugar oscuro que habita en los poetas. No nos queda de otra, porque sobrecarga la razón y el dominio de uno mismo, probado ya tantas veces.

Más que un papel transformador, la poesía determina la realidad: mi realidad. Le da un estado de ambigüedad a la vez que de certidumbre. Así, cualquier cosa que hago –y si lo hago es porque lo pienso– está determinada por ella. Esto no significa que todo en mi vida sea poesía –no es poesía lo que sale del cuerpo físico por necesidad de vida–; aunque aquí hay una paradoja: “también podría serlo” cuando el hecho es reinterpretado por esa capacidad de relectura de la realidad que es inherente al arte.

La poesía sí misma no es un ente estático o disidente del cambio –por poner un ejemplo a tono con el contexto–; pensemos en ella como un virus y su extraordinaria capacidad de mutación. Son muchas las razones que hoy en día coexisten y la hacen evolucionar, por mencionar algunas: por supuesto, la pandemia y su capacidad transformadora de la sociedad, pero sin dudas también la revolución tecnológica y su reescritura del tiempo y de los valores tradicionales en una abierta y dinámica génesis de la nueva generación. No hacemos –mejor dicho, no podemos hacer, por elemental responsabilidad evolutiva– la misma poesía que generaciones anteriores, sería un sinsentido.

¿Cuáles son los principales dilemas creativos que acompañan a un creador joven que ha decidido establecer su vida más allá de las fronteras geográficas en las que nació? ¿Ha cambiado el mapa de tu poesía al variar el espacio dónde vives? ¿Cómo?

Cuando tomé la decisión de vivir fuera de la Isla, incorporé las contradicciones “del mundo nuevo” al acto creativo; fue un hecho consciente, pero también orgánico, inevitable. No dejó de existir el yo traído, simplemente la nueva realidad lo remodeló. Como artista realizo una obra abierta y dinámica –no soy para nada especial por hacerlo–, esto lleva a un análisis transformador que la mayoría de las veces ocurre espontáneamente. Sin dudas ha cambiado el mapa, pero también ha cambiado la vida como la conocemos, creo que para mejor.

La humanidad, en especial los artistas, necesitan del otro y de lo otro, del polvo de todos los caminos que sean capaces de pisar; que sean capaces cuestionar para captar y significar la vida. El trato del arte con el universo es de supervivencia. En Cuba se le está vedado a casi todos, no solo a los creadores. En cuanto a los dilemas creativos, se mueven con mi cuerpo a donde quiera que vaya –somos uno, y en el todo, parte–; vivir fuera no cambia significativamente las mediocridades, miserias y recurrentes degeneraciones del mundo literario. Con ellas, y con las propias, hay que cargar y seguir viviendo.  

La ciudad y su amnios es un tema que afecta y atraviesa toda la estructura de tus libros; con más o menos evidencia. ¿De qué manera la ciudad se transforma en leitmotiv de tu creación?

En Cuba, “la ciudad” tenía un alma más arquitectónica: de cemento y ladrillo eran sus formas; ahora es más de carne, ha dejado de ser ciudad observable y externa para ser del hombre, del yo y del ellos. Sigue siendo ese leitmotiv aunque ahora ya no sea tan evidente.

Este es un mundo donde la poesía se hace esquiva en tanto cotidianidad. Sin embargo, hay proliferación de creadores, de poetas, ¿por qué ocurre, a tu criterio, esta ecuación si se quiere paradójica?

La poesía tiene una cualidad sanadora. ¡Mística! Como somos animales de pensamiento abstracto, aun sin darnos cuenta, la necesitamos para vivir; sin importar que se lea menos. Es irónico, contradictorio, polisémico en su ambivalencia que surjan más poetas, o voluntades que intentan serlo. Aunque no siempre con buenas intenciones o buenos resultados, a esa masividad no hay que tenerle miedo –ha ocurrido antes–; ya se encargará el tiempo de hacer lugar a quien de verdad vale. Hoy en día hay mucha gente que no le interesa ser útil a la literatura… a nada. Su única aspiración es la fama: observador/observado, mientras más seguidores más premios, más “popularidad”. La creación es un ejercicio de soledad, la introspección se relaciona directamente con el creador: distanciamiento del mundo (distancia de él y de sus existencias). Al perder el individuo la fe renacentista, el intento de preservar sin meretricio las contradicciones a que está sujeta la «aventura de la escritura», es cada vez más difícil de lograr.

Has estado en los dos lugares de la balanza: jurado y concursante de un premio; ¿sientes que hay una semejanza en ambos roles?, ¿cómo enfrentas la labor de jurado?

No es una novedad que los grandes y medianos premios son un espaldarazo para la carrera de cualquiera. A casi todos nos ha tocado estar en ambos lugares, jurado y concursante: similitud más allá de que casi siempre el jurado sea un creador, no veo.

Estos roles son por naturaleza dicotómicos, antagonistas, no hay como darle a alguien cualquier autoridad para que automáticamente lo ecuménico desaparezca y, de paso, al placer del poder. Es algo inherente. Lo importante es la justicia, que esta prevalezca sobre los intereses degenerados que lamentablemente son los que priman muchas veces.

Lo que antes te comentaba, nadie es ajeno a esa realidad que se ve a diario en certámenes nacionales e internacionales… si hay dinero de por medio, publicación en una gran editorial o prestigio por la antigüedad y significación del certamen, todavía más. De ahí que en nuestro “mundillo”, muchos creamos que gran parte de esos premios nacen con “nombre y apellidos”, y que de vez en cuando, muy de vez en cuando, tocan a quien de verdad lo merece.

He visto construir en Cuba, pero también en el extranjero, la carrera de más de un escritor o escritora porque así lo piden las instituciones que lo auspician; incluso por razones mezquinas o poco relevantes en el contexto, como puede ser el hecho de que sean amantes el jurado y el concursante. Como nadie está exento de errores como esos –nadie es perfecto–, en la medida de lo posible trato de distanciarme del individuo para evitar subjetividades. Siempre intento ser justo, aún cuando en algunas ocasiones no me gusta lo que premio (hablo de satisfacciones, no de calidad). Por eso me parecen perfectos los certámenes que son anónimos y no piden curriculares.

Con el paso de los años, al autor prolífero –como es tu caso– se le queda una deuda invisible con los títulos que ha escrito y que, por una razón u otra, no se han publicados. ¿Confías en el valor imperecedero de la buena poesía?, ¿te preocupa que sus temas o motivos puedan envejecer?, ¿cuáles son tus certidumbres e incertidumbre acerca de esos libros?

No podemos llamarnos a engaño, no con los tiempos que nos corren. La razón de un libro es el lector, y la razón del escritor es la publicación. Me preocupa que algunos libros se queden suspendidos en ese limbo del mal destino, por los inconvenientes de no encontrar una editorial decente. Sobre todo cuando la creación ha estado influenciada de manera particular por el contexto, o más, cuando la intención era reflejarlo o participar de él. No me preocupa el envejecimiento que necesariamente no conlleva decrepitud, me preocupa el no estar presente cuando creía que debería estarlo. No es exagerado decir que cada vez es más difícil publicar, máxime cuando se trata de poesía y no hablo de la auto-publicación complaciente que ofrece Amazon y otras editoriales, donde el libro con toda literalidad nace muerto.

Estoy consciente que muchas cosas que he escrito no merecen ser publicadas, pero otras tantas se acumulan en las PC de los escritores con suficiente valor y sufren el mismo destino. De cualquier manera el buen arte es imperecedero, sobrevive a la vanidad de su autor, ¿pero cómo saberlo sin antes haber publicado?, no hay forma. Si no se expone (públicamente) la creación, el estar vivos y el hecho de ser valorados no existen. Quiero pensar que mi obra es lo suficientemente sincera como para sobrevivir: La que habla es mi vanidad, y aunque en concreto nadie sabe lo que se estará leyendo dentro de un siglo –si es que se lee o de qué manera, si es que logramos sobrevivir el próximo siglo– tengo que ser optimista.

¿Cómo se desarrolla el músculo de la escritura? ¿Tienes una rutina? ¿Confías en el rigor del oficio o prefieres transitar por otros caminos?

De esto se ha discutido largo y tendido. Yo creo que no existe un método mágico-universal para la escritura; menos aún para la poesía. Soy bastante vulgar al hacerlo: escribo siempre y cuando siento deseos. Avanzo con rapidez en la poesía y la disfruto más. La narrativa me exige mucho, necesita método. Si escribes una oración o dos, un párrafo o dos, una página o dos diarias, estaríamos hablando de matemáticas; no de calidad, mucho menos de literatura. Por eso creo que es algo idiosincrático. El oficio sin dudas se aprende y se perfecciona. Pero esto no funciona con la poesía. En la poesía el oficio es una pérdida de tiempo y una burla al lector. No solo hablo de la poesía libre; tampoco la poesía clásica, rimada, compleja y estructurada, se aprende por oficio en ninguna academia o talleres de Instagram.

¿Cuáles son las raíces que nutren la teatralidad y el valor performático de tus poemas?

La existencia: mi vida… la de todos. 

¿Hasta qué punto sientes que la poesía, o el lenguaje poético en concreto, transita de manera estructurada en tus textos narrativos?

Todo el tiempo. Soy de los que piensa que ningún género escrito está exento de poesía. Una vez dije que “La poesía era la Metafísica de la Palabra”, todavía lo creo, pero también pienso que es la gemación del pensamiento hecha con frases; conjunción lúdica entre pensamiento y lenguaje que en el subconsciente colectivo se hace a sí misma como un instinto.


Cada artista verdadero tiene su sello auténtico

Si una palabra pudiera definir las esencias de Yalit González González, esa palabra sería la ética. Ha labrado su camino como concertista, músico y pedagoga desde el ara de lo bien hecho, ha transmitido a sus estudiantes no solo el aprendizaje de una técnica, sino también la enseñanza invaluable de que el arte es una materia transformadora de la espiritualidad humana. Con su guitarra, con su Verdad, con su amor, Yalit ha transmutado —para bien— todo a su paso. Tengo el privilegio de considerarla mi amiga. Tuve, además, el privilegio de ser su estudiante de guitarra en la Escuela Nacional de Arte y en el Conservatorio “Amadeo Roldán”. Esta entrevista intenta resumir mi afecto, mi admiración y mi infinito agradecimiento hacia el hermoso ser y hacia la virtuosa guitarrista que es Yalit.

¿Por qué elegiste el camino de la música, y específicamente la guitarra?

La música fue una elección que tomé muy temprano en mi vida. El ambiente de mi hogar fue muy propicio para mis intereses, a todos les gustaba este arte. En casa había un piano «Pleyel», de mi mamá, que estaba destinado a ser mi primera herencia. Mi madre se percató de mis inclinaciones musicales y me llevó a dar clases de piano con Mildred, una excelente maestra que vivía muy cerca de mi casa en mi natal Holguín. Mildred consideraba que yo tenía aptitudes musicales y que debía iniciar estudios académicos.

cortesía de la entrevistada

Cuando tenía unos nueve años, pusieron un documental de María Luisa Anido en la televisión cubana. María Luisa Anido, la extraordinaria guitarrista argentina, la «Gran Dama de la Guitarra», estaba en pantalla tocando un instrumento precioso. Ahí me quedé prendada de la guitarra. El sonido que escuché de esas cuerdas que vibraban me enamoró para siempre. Fue algo fulminante, se me despertó una fascinación, una pasión que ya más nunca me abandonó.

Desde ese momento le dije a mi madre que yo quería tocar ese instrumento. Ella prestó oídos a mi petición y me llevó a hacer las pruebas de ingreso a la escuela de arte.

Mi entrada a la Escuela Vocacional de Arte de Holguín fue el inicio de mis estudios en la carrera de la música clásica; pasé por varios conservatorios hasta culminar los trece años instituidos en Cuba para ello, con la Licenciatura de la Universidad de las Artes (ISA). Tuve el privilegio de recibir en las escuelas y Universidad de música en Cuba, una enseñanza de primer nivel, dentro de un sólido Sistema Nacional de Enseñanza Artística.

De manera que todo comenzó así: el día en que escuché tocar la guitarra a la gran María Luisa Anido, yo elegí este instrumento. Mi familia decidió apoyarme para siempre. Mi madre y mi padre son artífices de mi carrera; sin el apoyo y esfuerzo de ellos, jamás hubiera podido cumplir mis sueños de ser concertista y permanecer siéndolo. A la dedicación de ellos se unió la de mis abuelos, mi tío Alberto y la de mis hermanos Yanot y Alberto, quienes también desde el primer día me apoyaron y disfrutaron cada minuto de mi quehacer artístico; hoy siguen haciéndolo. A esto se sumó, con el tiempo, una conspiración de muchas otras personas para hacer mis sueños realidad.

En la tradición guitarrística cubana, ¿qué voces no pueden faltar?

La tradición guitarrística cubana es vasta y sólida. Innumerables son las voces que no pueden faltar por sus valiosos aportes. ¡Tantos! Simplemente: incontables.

Tu dualidad como guitarrista concertista y como profesora de dicho instrumento, ¿a qué nuevos caminos, tanto espirituales como técnicos, te ha encomendado?

Esta dualidad me ha llevado por muchos caminos

Lo primero de lo que me ocupé, recién graduada, fue de profundizar en estudios que había realizado en el programa de la carrera, pero en los que yo quería ahondar más: la psicología y la pedagogía. Me interesé, entre otros asuntos, por el tema de la psicología del artista, del cual había aprendido mucho con el querido maestro Tajonera en el ISA. Él tenía muchos apuntes y yo me le volví a acercar para seguir profundizando.

También comencé una labor de promoción de jóvenes talentos, invitando a conciertos a estudiantes con un alto rendimiento; lo mismo para actuar como solistas que como integrantes de la orquesta de guitarras de la ENA, que preparé y dirigí durante los trece años de mi jefatura del departamento de guitarra en dicha institución. Posteriormente seguí con estudiantes del Conservatorio «Amadeo Roldán», donde hoy dirijo la Cátedra. Actualmente, se trata de una labor que he extendido ya con estudiantes de diferentes proyectos culturales; todos de altísimo nivel.

Además, expresamente, comencé a hacer una recapitulación mental de todo lo asimilado de mis maestros, para que no se me quedara nada de lo que aprendí sin enseñarles a mis estudiantes. Eso lo he podido hacer porque tuve el privilegio de estudiar con maestros extraordinarios. Mi primer maestro fue Orlando Vega, seguidamente estudié con el maestro Edel Aguiar, luego con el maestro Félix Puig. A mi llegada a La Habana fui alumna de la clase del maestro Jesús Ortega en el ISA. Posteriormente, del maestro Joaquín Clerch.

Puedo decir, con un orgullo inmenso, que estos, mis maestros de guitarra, me hicieron el regalo hermoso del cual soy deudora: todos me enseñaron con gran pasión, haciendo énfasis en lo que ellos sabían que yo tenía que perfeccionar. Tengo que dar, por todo esto, muchas gracias a Dios, a Cuba, a mis queridos maestros, a la Escuela Cubana de Guitarra, al Sistema Nacional de Enseñanza Artística cubano.

tomada del perfil de facebook de la entrevistada

Entonces, además de expresar a mis maestros mi agradecimiento por lo que me enseñaron, me siento con el deber de enseñar a otros lo que yo aprendí gratis y de primer nivel.

A esta enseñanza le sumo la recibida en las clases magistrales con el maestro Leo Brouwer; con los maestros Shin-Ichi Fukuda, Costas Cotsiolis, Eliot Fisk, entre otros. También recuerdo las clases magistrales con Nelsys Díaz, Esteban Campuzano, María Elena Mendiola, Louis Aguirre, Harold Gramatges, Alfredo Diez Nieto. Intento y no quisiera que se me quedara nunca un nombre por decir de quienes me aportaron en el instrumento, escuchándome tocar, tanto guitarristas como músicos de otras especialidades. Por ejemplo, estudié el laúd, instrumento afín a la guitarra, con el maestro Manuel Paneque. A este legado de tantos se le unió el de innumerables maestros de otras asignaturas que también hicieron de mí lo que soy como artista.

De manera que lo aprendido de quienes me enseñaron, más lo que he aprendido por mi cuenta sin que nadie me lo dijera, constituyen el arsenal que entrego a mis alumnos cada día. La dualidad concertista-pedagoga ha sido una bendición, porque tener que recordar a cada instante lo aprendido para así enseñarlo, me produce una constante  recreación y  presencia de las fuentes de las que he bebido.

La enseñanza de la guitarra en Cuba, ¿cuáles son sus principales horizontes y potencialidades?

La enseñanza musical en Cuba es de primer nivel y está apoyada por un sólido Sistema Nacional de Enseñanza Artística. Además, la Escuela Cubana de Guitarra es, a mi modo de ver, una de las mejores del mundo. Su excelencia ha sido probada como se prueban las escuelas: por sus indiscutibles y brillantes resultados. Extraordinarios maestros cubanos y extranjeros se han formado en esta escuela y han mostrado sobrada maestría y altísimo nivel. Funcionan los métodos de enseñanza, la organización, el debate fructífero, el compartir de experiencias. Es un tesoro de Cuba.

En el mundo musical, en el mundo interpretativo, ¿quiénes son tus principales referentes?

Leo Brouwer, David Russell, Manuel Barrueco, Eliot Fisk, Shin-Ichi Fukuda, Costas Cotsiolis, John Williams, Juliam Bream, Pepe Romero, Juan Carlos Laguna, Paco de Lucía, Joaquín Clerch, Sergio Vitier, Vladimir Horowitz, Pancho Amat, César López, José María Vitier, Luciano Pavarotti, Itzhak Perlman, Teresa Carreño, Daniel Baremboim, María Callas, entre otros.

A la hora de enfrentarte a una nueva partitura, ¿cómo divides y entiendes tu proceso creativo?

Generalmente sigo una organización preconcebida, pero eso puede variar. Suelo buscar, desde los primeros momentos, el conocer todo lo posible sobre obra-autor-época. A la par, me voy formando una idea sonora de lo que se trata. Casi de inmediato preparo y decido cuáles digitaciones voy a utilizar. Pienso que se pueden preconcebir algunas cosas predecibles de cierto modo, a la vez que se da paso a interpretar música. En esta interpretación aparece lo impredecible, en una recreación y constante cambio; todo en búsqueda de lo mejor que se pueda alcanzar.

¿Qué papel juega, para un instrumentista, la investigación?

Pienso que un músico dedicado a su instrumento es en sí un investigador. Cuando hablamos del universo investigativo científico académico, sucede como en algunos otros ámbitos, que investigar es el momento de enriquecerse de ideas y compartir con los demás el saber, fruto de la investigación.

En la Universidad de las Artes de Cuba tuve el privilegio de estudiar la Maestría en Interpretación. El maestro Lino A. Neira Betancourt (esa gloria del universo investigativo musical cubano que lamentablemente ya no está entre nosotros) nos impartió Metodología de la Investigación; ahí comencé a sentir la alegría de investigar. Mi tutora de tesis, la maestra Gretchen Jiménez Alonso, toda ella una institución en este universo investigativo, me afianzó una idea que facilita la creatividad: que el músico en activo puede encontrar una alegría especial («quasi» diversión) al tener que teorizar y escribir sobre lo investigado y el cómo lo ha hecho. De manera que mi viaje por este tipo de maestría culminó con esa felicidad de adentrarme en un universo altamente exigente, riguroso, capaz de llevarme a interrogarme a mí misma. Fue un aporte feliz a mi crecimiento personal y artístico.

Otra institución donde luego he encontrado otros horizontes en el campo de la investigación científica académica, ha sido el «Instituto de Estudios Eclesiásticos Padre Félix Varela». Ahí recibí clases de las maestras Teresa Díaz Canals y Yanais Barzaga Medina; otras grandes conocedoras de la materia. Este prestigioso instituto es un lugar donde quise estudiar otra carrera más: Licenciatura en Humanidades, que espero terminar en breve. Los horizontes investigativos en los que he puesto mi vista son, si se quiere, totalmente ajenos a la música. Esto ha sido para mí una aventura en un mundo igualmente fascinante, exigente y riguroso. El tutor de mi tesis, el presbítero Yosvany Carvajal Sureda, todo una institución en el mundo académico investigativo, ha sido otro maestro que me ha llevado a perfeccionar lo lingüístico, la capacidad de síntesis y la búsqueda de un enfoque más universal en lo que realizo.

Además del rigor del oficio, ¿qué más es indispensable en la vida de un músico? ¿Qué otras herramientas espirituales lo acompañan?

Indispensable en la vida de un músico puede ser encontrar el espacio adecuado y los momentos para la práctica de su instrumento y la creación. Además, en su ámbito más cercano, el músico debería rodearse de personas que le contribuyan espiritualmente a fomentar su crecimiento como artista.

En su individualidad, cada persona puede buscar las herramientas que necesita y que estén más acordes a su personalidad. Yo he utilizado la lectura, el escribir (me encanta escribir crónicas), la práctica de yoga, el contemplar la naturaleza, ver documentales con aval científico y artístico, etc.

Dentro de la técnica del instrumento, ¿qué te resulta esencial y qué visibilizas más a la hora de interpretar?

Específicamente, la relajación.

¿Cuáles son los compositores que más defiendes y las piezas en las que te sientes más cómoda?

Cuando tengo una obra frente a mí, la defiendo y defiendo a su compositor con todo. Nunca he tocado una pieza que yo no crea posee todos los valores para ser interpretada y presentada en cualquier foro.

Dentro de este sentir, puedo decir que ha cobrado en mí una especial  responsabilidad la interpretación de la música para guitarra sola de Sergio Vitier García-Marruz. Me encanta la música de este compositor gloria de la cultura cubana. Tuve el honor de que el maestro Sergio me permitiera hacer la primera transcripción de su integral de obras para guitarra sola, con lo cual quedaron escritas esas joyitas que son una síntesis de los elementos conceptuales rítmico-armónicos que están comprendidos en su música en general. Grabar estas piezas en uno de mis discos, con su dirección musical, fue algo extraordinario para mí. Todo esto me incentivó a hacer mi tesis de maestría en interpretación. Por la grandeza musical y personal del compositor, por el honor que me hizo y el gusto que me demostró por mi interpretación de sus obras para guitarra, estas se quedarán para siempre en mi repertorio y las seguiré interpretando adonde quiera que vaya.

Tengo predilección también por autores como Leo Brouwer, Joaquín Rodrigo, Francisco Tárrega, Agustín Barrios (Mangoré), Joaquín Clerch,  J.S.Bach, Gaspar Sanz, Mario Castelnuovo Tedesco, etc. Obras que me encantan: «Un día de noviembre», de Leo Brouwer; «Concierto de Aranjuez», de Joaquín Rodrigo; «Milonga», de Jorge Cardoso; «Preludio», de Sergio Vitier; «Recuerdos del Alhambra» y «Variaciones sobre el carnaval de Venecia de Paganini», de Francisco Tárrega; «Guitarresca» de Joaquín Clerch; «Capricho diabólico», de Castelnuovo Tedesco, entre otras.

Para aquellos neófitos en materia musical, ¿qué preparación conllevan los conciertos?

Un músico que domina su instrumento es capaz de tocar un concierto ahora mismo y aquí mismo. El músico al tocar realiza un esfuerzo físico-mental-emocional y vibra con cada nota que toca, y cada nota que hace sonar le produce más y más emoción.

El músico está preparando su concierto desde el mismo instante en que está montando una obra. El músico está trabajando desde que practica a solas: trabaja en cada ensayo, trabaja en el concierto. Todas las veces que hay un músico tocando, hay un músico trabajando. Ser músico es una profesión que lleva profunda y constante dedicación.

De manera que el día del concierto es el día de mostrar un trabajo musical arduo y es la ocasión en la que el músico utiliza especialmente todas sus energías físicas, mentales y emocionales para entregarse en el arte que ama. Esa preparación, que empezó desde su estudio individual y que es interminable, le da la seguridad en lo que va a hacer.

Hay elementos propios de la individualidad de cada artista que se notan especialmente el día del concierto. Hay músicos que no les gusta pensar en otra cosa que en la música cuando van a tocar; por tanto, ese día rehúyen de todo lo musicalmente ajeno. Hay particularidades, tendencias propias de cada cual que son muy bonitas. Lo importante será siempre dar lo mejor al público en el concierto.

A muy temprana edad obtuviste el Premio Especial otorgado por el maestro Leo Brouwer en el 8vo Concurso Internacional de Guitarra de La Habana, ¿puede decirse que ese momento marcó, en tu experiencia creativa, un antes y un después? ¿Por qué?

Marcó mucho en mí. El quehacer musical de Leo Brouwer es indiscutiblemente inmenso y extraordinario, para Cuba y para el mundo. El maestro Leo es un genio de la música y además es una gran persona. Recibir de sus manos mi primera guitarra, su  premio en ese Concurso Internacional de Guitarra de La Habana, fue para mí el símbolo de que mis sueños de ser guitarrista concertista no solo estaban haciéndose realidad, sino que nada podría hacerme dudar en mi camino musical. Con un aval así, siendo yo tan joven (con apenas cumplidos 18 años) mi emoción fue indescriptible. Antes sabía que podía tocar; ahora sabía que iba a hacerlo para toda mi vida. Mi gratitud hacia el maestro Leo Brouwer es eterna.

Como concertista te has presentado en los más importantes escenarios nacionales e internacionales, y has sido dirigida por algunos de los grandes maestros del mundo, ¿cuál es el camino del éxito? ¿Puede el éxito contabilizarse, cuantificarse?

Para mí, el camino del éxito precisa estudio, disciplina, perseverancia, organización. Hay que saber lo que se quiere y luchar éticamente por ello. Se necesita ser siempre uno mismo, perseguir una meta realista con tenacidad y amor.

No puede contabilizarse el éxito. Lo tienes, lo vives, te alegra por la emoción que sientes en cada concierto. Cada nueva actuación es un éxito, es un acto nuevo de amor al arte y a la música.

La música es un universo altamente competitivo. ¿La emulación es positiva o negativa para el concertista? ¿Cuándo esa emulación sana cruza los límites y puede convertirse en patológica? ¿Cómo puede un maestro, desde el aula y el atril, ayudar a que el joven concertista forme no solo un cuerpo físico musical, sino también una conciencia ética y espiritual ante el hecho artístico?

En este universo específico, mis ocupaciones y preocupaciones siempre han sido lo que realizo yo. Estoy segura de lo que hago. Pienso que cada cual tiene mucho que aportar. Cada artista verdadero tiene su sello auténtico por el cual brilla. No necesitamos competir con nadie para demostrar lo que somos.

Sabemos que hay emulación en la música, por ejemplo, con la realización de concursos. Pienso que los concursos tienen de positivo la libertad para presentarse, la posibilidad de las personas de auto-medirse, la competencia fraterna, el compartir experiencias, el incentivo a estudiar más, el descubrimiento de talentos, etc. Una emulación se hace patológica cuando ya no se mira con los ojos de la fraternidad y entonces empiezan a surgir celos, envidia, falsos testimonios, etc.

Inculco a mis alumnos lo que yo practico: que cada cual tiene una riqueza que es parte de su individualidad y que lo va a hacer único dentro de su ámbito. Cultivar esa riqueza, con el estudio, es lo que importa.

En todos estos años de experiencia artística, que has sabido conjugar con tu madurez como instrumentista y tu juventud biológica, ¿cuáles son tus memorias más vivas?

Tocar y grabar a dúo con Joaquín Clerch, en su disco homenaje a Carlos Fariñas             (la «Música para dos guitarras»). Tocar y grabar a dúo, en mi primer disco, con Sergio Vitier García-Marruz. La actuación bajo la dirección orquestal del maestro japonés Yoshikazu Fukumura con la orquesta «Solistas de La Habana», interpretando el «Concierto Elegíaco», de Leo Brouwer. Mi actuación en Vietnam, en la «Vietnam Ópera House», con su orquesta Sinfónica dirigida por el maestro Fukumura. Tocar junto a Abel Acosta, Pancho Amat y Adel González en el Museo Nacional de la Música. Grabar la emblemática obra «Integración», de Sergio Vitier, junto a Javier Zalba  y Luis Bárbaro Rodríguez. Tocar a dúo con Alejandro Acosta en el Teatro «Amadeo Roldán». Mi actuación con la Orquesta Sinfónica de Villa Clara, dirigida por María Elena Mendiola.

Otros momentos inolvidables fueron haber sido invitada por el maestro Leo Brouwer a interpretar su música en el Primer Festival de Música de Cámara «Leo Brouwer» y mi presentación en Pyonyang, Korea del Norte. Además, mi concierto en la «Casa de Arte» en Santiago de los Caballeros y mi concierto final en Dublín, Irlanda.

Cada instante de actuación con mi guitarra ha sido hermoso para mí.

Si tuvieras que aventurar o calibrar cuáles han sido los factores humanos, técnicos y espirituales que han sembrado tu camino, ¿cuáles serían estos?

Dios, mi familia, mis amigos, mis maestros, el amor a la música, el estudio, la fidelidad y la perseverancia.

tomada del perfil de facebook de la entrevistada

Creo que vale la pena detenerse y contar. Porque nada de lo que he logrado, lo he logrado sola. Ahora pienso que, durante esta entrevista, ya te había mencionado algunos de estos factores como mi familia con su apoyo extraordinario. Hay algunos que ya no están físicamente, como mi padre, pero lo tanto que luchó por mi carrera, me hace sentir en cada concierto que todo tiene que quedar muy bien para que él siga orgulloso de mí. Hoy, especialmente, quedan mi madre y mis  hermanos Yanot y Alberto luchando a mi lado, apoyándome en todo, y sé que lo harán hasta el final. Tengo que agradecerles tanto amor y entrega que me han profesado. Se sumaron, con el tiempo, familiares como mi primo Julián y mi sobrinito Alberto (el más grande de mis fans).

También te he mencionado ya el valor de la enseñanza de mis maestros de guitarra. Cada uno de ellos me dejó un legado especial, sumado al de los de maestros de diferentes especialidades. Hoy, felizmente, sigo aprendiendo y otros me siguen aportando. El ser resultado del sistema de enseñanza artística en Cuba y, además, de la escuela cubana de guitarra, ha sido un elemento decisivo para mí.

Me quedan entonces por decirte otros factores tan imprescindibles como los ya mencionados. Dios, que ha sido mi baluarte, mi imprescindible extraordinario. Nada habría podido hacer sin Dios. Nada puedo hacer sin Dios. En este sentido de la fe, he tenido el privilegio de contar con mi director espiritual que es una personalidad de gran prestigio y reconocimiento en su ámbito: el padre Jaime A. Palacio González (ocd), quien con su fe extraordinaria y radicalidad en la consagración a Dios, me ha inculcado valores éticos que están desde las mismas raíces del cristianismo, como el valor de los demás y el no cansarse de hacer el bien. He aprendido así a «echar las redes» todos los días en la búsqueda de la superación espiritual, personal y artística.

Mis amistades forman parte inseparable de mi existencia. Son tantas que quisiera yo poder decirlas todas, pero mi memoria me podría traicionar en estos momentos y no me lo perdonaría. Puedo asegurarte que estoy muy orgullosa de tener tantos amigos. Tengo amigos «a prueba de balas», tengo amigos de oírles decir: «Tú no estás sola», «Es más, nunca has estado sola», «Si quieres, ven para mi casa a pasar el ciclón», «Si quieres que te acompañe a ese lugar difícil me avisas», «Ven a mi cumpleaños»,  «Te esperamos para la fiesta y si no vienes, te vamos a buscar». Entonces, yo creo que eso es un privilegio. Por eso, ellos son también parte de mis imprescindibles. Como ves, tengo mucho y muchos a quienes agradecer. Todos estos factores han sembrado mi camino y son mis baluartes. 

Más allá de la música, en el sitio donde el cuerpo del instrumentista se desprende del cuerpo del instrumento, ¿quién es Yalit?

Soy una mujer de fe. Creo en Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo, y creo que Dios ha sido muy bueno conmigo. Jesucristo es el centro de mi vida, Amor, todo. En Él y por Él vivo y soy lo que soy.

Soy cubana, orgullosa de serlo: amo y defiendo a mi Cuba.

Creo que lo que importa en la vida no es en quién o en qué se cree, sino cómo se proyecta eso en función del bien común. Cultivo la fidelidad y la sinceridad. Me encanta la Verdad. Tengo mucho que agradecer a Dios, a Cuba, a mi familia, a mis amigos, a mis maestros. Uno de mis deseos es que nunca me sea tarde para decirle a todos los que aprecio, cuánto los aprecio. Por eso, siempre busco y procuro que la vida me dé la oportunidad de mostrarles todo el cariño de mi corazón.


La poesía es «la respuesta a la finitud de lo humano»

El rostro de Yenys Laura Prieto no es desconocido. Desde la televisión, esta joven periodista ha promocionado a buena parte de una generación creativa. Puede incluso que algunos no sepan que Yenys Laura es también poeta (una de las buenas, de aquellas que vale la pena leer). En cualquiera de sus áreas de pensamiento y creación, ella deja un trazo, una historia, una respuesta a la finitud maravillosa de lo humano.

tomada del perfil de facebook de Yenys Laura Prieto

¿Por qué escribir poesía en los tiempos que corren? ¿Crees que la poesía juega un verdadero papel, al menos simbólico, en el mundo?

La poesía ha contado la historia del hombre desde sus propios orígenes. Está entre nosotros, incluso antes de que pudiéramos nombrarla. Existe como respuesta a la finitud de lo humano, a nuestra propia vulnerabilidad como especie. En el despertar de la humanidad, la poesía nos sirvió de vínculo con el mundo místico, nos acompañó en la domesticación de la naturaleza y fuimos poniendo sobre ella la incertidumbre que emanaba de ese proceso exploratorio. La palabra y de modo especial, la palabra poética, es parte de un tejido que nos conecta más allá de cualquier época histórica. No es posible pensar un mundo sin poesía porque tenemos muy pocas certezas. Sentimos, como nunca antes, ese miedo ancestral de contrastar nuestros límites con la vastedad del universo; de sabernos unidos en la fragilidad. Escribo poesía porque tengo muchas preguntas que no podré responder y solo la memoria poética, la memoria de los afectos, atenúa los horrores de ese umbral.

¿En qué punto de tu creación se entroncan los saberes provenientes del periodismo y la comunicación? ¿Crees que la poesía te conecta de particular manera con el mundo del periodismo?

Estudiar periodismo me ayudó a entrenar la mirada. Contar una historia, escribir un poema o una crónica periodística implica una parcelación de lo real. Es también elegir un punto de vista, un tono, una voz desde la cual urdirla. El periodismo debe ser veraz mientras que la literatura de ficción requiere el don de la verosimilitud. El lector es intransigente en ambos casos. Los estudios de comunicación me ofrecen herramientas para decodificar la realidad, para entender mejor el artesanado de los sistemas políticos y sociales, del arte mismo. La poesía es la expresión sensible de ese mundo que filtro a través del conocimiento.

Has prestado especial atención en tu labor como periodista al trabajo de tus contemporáneos y a promocionar esos cuerpos artísticos menos conocidos, quizás debido a una cuestión de edades biológicas. ¿Por qué tu interés en la creación joven?

Como periodista me interesa conocer el entorno creativo que me rodea. Me resulta curioso el modo en que distintas subjetividades dialogan con el mismo espacio físico, histórico y cultural, desde la literatura. Hay ciertas lógicas que solo pueden comprenderse a través del contexto donde se produce la obra artística. Descubrir esas leyes básicas ha sido importante para desentrañar otras poéticas y autores, según su propio escenario histórico. He leído a mis contemporáneos con esa curiosidad que te comentaba. El modo en que se infiltra la realidad es siempre sorprendente.

Como poeta has obtenido al menos dos de los más importantes premios para jóvenes en Cuba, el David y el Pinos Nuevos. ¿Hasta qué punto condicionan los premios la escritura de nuevos poemarios? Más allá de la estrategia promocional, ¿el circuito de los premios y su promoción son esenciales para la vida de un autor?

Un autor solo necesita a sus lectores. Lo demás son andamiajes que acompañan al oficio y que no son centrales en él. En mi caso, he sentido poco el peso de los premios. No me interesa escribir para un concurso específico porque es una trampa de espejos: puedes terminar siendo parte de una multitud deformada, con un reflejo ajeno y falseado. Lo único que condiciona la escritura es mi experiencia de vida. Lo que aprendo es muy valioso en ese proceso.

Los premios representan una llamada de atención, la posibilidad de concretar un camino iniciado hace varios años; sin dudas, una alegría breve que he intentado no contaminar con vanidad. Han sido una brecha para que la obra pueda llegar al espacio editorial y seguir su viaje hacia el lector.

tomada del perfil de facebook de Yenys Laura Prieto

¿Es posible definir un poeta?, ¿cuál sería tu definición personal?

No creo que el poeta sea un ser especial o distinto. No considero que la poesía se relacione con la “languidez”, con la “pureza”, la “divinidad”, ni con su contraparte. Un poeta no debe aspirar a “parecer” poeta, sino a serlo. Eso solo lo demuestra la obra. Los poetas son seres cotidianos. No me gusta generalizar pero creo que en la base de toda creación hay una búsqueda, un sentido de lo incompleto. Si hay que definir al poeta diría que es un ilusionista, un trashumante, un gran inconforme.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cómo piensas la estructura o arquitectura de un libro de poemas?

El proceso comienza siempre en otra parte. Las ideas para un libro pueden emanar del encuentro con otras artes, la música, el cine, las artes visuales, incluso de la lectura de otros textos. Pero también de la vida. Pulsar la realidad me interesa, trastocarla, desarmarla, reconocer sus camuflajes. Tengo avidez de mundos y de sensaciones. Le debo mucho a la intuición, al estudio, al placer de reconocer mi individualidad y tratar de expresarla a través del verso. Cada libro se ha desatado en torno a un núcleo temático. Se contrae o expande en función de lo que quiero comunicar. No me interesa escribir desde el descentramiento. Casi siempre me alumbran las contradicciones que pueden emerger de mi propia precariedad.

Como lectora, ¿cuáles son los libros que buscas?

Me interesa todo lo viviente. Una obra viva es aquella que reverbera, que no termina en la página final. Esas ebulliciones me definen. Cuando un pasaje, una idea o un verso se quedan adentro, destilando, entonces ahí sucedió algo poderoso. Me concierne lo corrosivo como sino poético. Todo poema, con el tiempo, es una elegía, lo dijo Borges y yo le creo.

tomada del perfil de facebook de Yenys Laura Prieto

¿Intentas más adelante emular con ese criterio de calidad que has encontrado en la obra ajena?

Es difícil emular con lo que admiras. No aspiro a tanto. Pero pienso que en el poema debe haber algún tipo de rompimiento interior. Creo que es el sentido de la poesía. Las influencias existen y todos somos parte de un palimpsesto universal. Lo que nos marca es el modo en que interactuamos con esos residuos. He tratado de encontrar, a través de ellos, mis propias preguntas.

En el arte, ¿qué consideras tú que sea esencial o indispensable?

Para mí es esencial la emoción. Una obra de arte te desborda desde la zozobra o la plenitud, pero siempre debe provocar un alumbramiento. Si algo no estalla, si algo no se mueve de sitio, si no cae alguna certeza o dialogamos con un nuevo conocimiento, entonces es una obra fallida.

En tu obra poética ¿qué temas te ocupan? ¿Sientes que tu poesía ha mutado con el paso de los años?

Cada cuaderno ha significado un punto de giro, ha marcado un cierre en cuanto al artesanado y lo que quiero comunicar. Mi escritura es todavía porosa, una señal que me agrada, porque está moviéndose hacia un sitio de mayor soltura y autonomía, encontrando su modo más auténtico de ser. Cada libro nuevo se me parece más. La muerte, la soledad, el miedo son pulsiones que acompañan mi obra. Antes fue la isla, la casa, el mar, la historia. Ahora quiero escapar de esos lugares. Deseo hablar del modo en que la poesía construye memorias, de su resistencia contra el tiempo.

¿Cómo piensas a Yenys Laura Prieto, poeta, en una década hacia el futuro?

Ahora mismo estoy trabajado en varios proyectos literarios que me emocionan. He decidido apostar por la escritura quitando todo lo accesorio, desbrozando el camino, centrándome en nuevos aprendizajes. Dejé atrás una labor de muchos años como periodista de televisión para iniciar un punto de giro en mi vida. Esa sensación de abandonar el amnios es impactante. Quiero profundizar en el lenguaje, en sus procesos. Diez años después es posible que mis versos estén allí, acompañándome, pero con otra velocidad. Solo sé que no aspiro a la rigidez o la fijeza.

¿Cómo defines y abordas lo íntimo en la poesía?, ¿hasta qué punto te guía esa pulsión?

Todas las luchas, las emancipaciones, incluso las violencias, comienzan en el espacio íntimo. No hay discurso estético o político que no se haya trazado primero desde ese contexto. Puede ser el mayor entorno de libertad o de sometimiento. Lo íntimo es un constructo cultural que me interesa abordar. Cada vez es más evidente el triunfo de los microrrelatos, la historia contada desde la visión personal, la resignificación de esas narrativas que la gran historia había ocultado. Pienso, por ejemplo, en el impacto de una obra como la de Adrienne Rich: Las cartografías del silencio solo se pueden descifrar desde lo íntimo. Me atañe lo no nombrado, lo encubierto, lo marginado, lo que no alcanza el ojo público.

¿Existe, en realidad una crisis de la poesía? ¿Se perciben los síntomas de dicha crisis en las propias poéticas de los autores? ¿La sientes tú?

Puede haber una crisis de la industria del libro pero no de la escritura poética. La supuesta crisis de la poesía se ubica casi siempre a partir del desinterés de los lectores por los cuadernos de poesía, lo cual es una secuela de la decadencia de los sistemas educativos y de otros factores económicos y políticos. Te puedo mencionar a autores contemporáneos muy valiosos con una obra viva. Están ahí Anne Carson y Fabián Casas, dos escritores de diferentes lenguas, que admiro. Hay una crisis estructural mayor, una crisis económica y simbólica de los paradigmas de la racionalidad occidental, pero no es algo nuevo. A partir del auge de las redes sociales, la poesía tiene el reto de seguir siendo. Existe distintos formatos y soportes, también una mayor capacidad para difundirla; pero ante todo la poesía tiene que conservar su esencia.

¿Qué resulta, a tu criterio, lo más interesante de la creación joven en estos momentos?

Lo más interesante es que muchos nos hemos percatado de que el concepto de generación es ahora mismo un espejismo, un ardid comercial. En un contexto marcado por la fragmentación no es posible hablar de un camino común, no es posible ni pertinente. No nos interesa el coro perfectamente ensamblado sino la asincronía. En ese conjunto hay voces vigorosas, desafinadas, estridentes, ensimismadas, verticales. Todas con el derecho de aportar su propia textura. Sin embargo, cada vez creo menos en las demarcaciones rígidas de lo nacional, en la exploración infinita de la roca y la isla. Como lectora me ha agotado el ardor tropical. Cada vez creo menos en los rótulos de la autoctonía. Quiero encontrar el mundo, mover las fronteras de la patria hacia el lenguaje.

tomada del perfil de facebook de Yenys Laura Prieto

«La escritura y la poesía son mis paracaídas»

Pablo G. Lleonart sabe que la literatura —que la creación en sentido general— es un salto de fe al vacío. No obstante, se arma, se prepara el joven artista para que su descenso vaya acompañado por la palabra, la escritura y la poesía. Estos paracaídas lo han sostenido bien. Las redes sociales —un espacio de conexión ya no alternativo sino imprescindible, que ambos defendemos— nos hicieron contactarnos por coincidencia. Pero, nada es coincidente en esta vida, es mi creencia. Conocer un poco más de la obra Pablo G. Lleonart fue el motivo que me llevó a este diálogo.

Se ha hablado mucho (y debatido) acerca del concepto juventud en relación con el material artístico, ¿cómo se concilia una relativa corta edad biológica con la calidad de la escritura?

Pienso que para valorar la calidad literaria no podemos juzgar la edad del escritor, el texto se defiende por sí solo. Carson McCullers escribió El corazón es un cazador solitario con 23 años, Rimbaud tenía 19 cuando apareció Una temporada en el infierno. Harold Bloom con 30 años ya daba clases en Yale y había escrito tres libros sobre el romanticismo inglés considerados innovadores por la crítica. Ejemplos sobran. No obstante, a medida que se crece en edad también se gana en experiencia y se tienen más lecturas asimiladas que permiten enfrentar el ejercicio de la escritura con mayor madurez. La calidad literaria radica en el rigor y seriedad con que afrontemos el ejercicio de la escritura.

Como joven creador, ¿qué buscas, qué te interesa contar?, ¿qué no buscas y qué nunca contarías en tus historias?

Como creador busco que mis historias y mis poemas sean capaces de calar en el lector, que estos sientan los mismos placeres que yo cuando leo a Lorca, Borges y Pessoa: creo que ese sería el sueño de cualquier escritor. Me interesa abordar lo universal desde lo cubano, ser capaz de que un verso o línea que haya escrito conecte con el otro y este se sienta identificado con lo que lee. No busco la grandeza, esa se la dejo a Dante. Nunca contaría mis historias de amor, o tal vez sí.

¿Influye en tu percepción de la realidad —y en tu transformación de esa realidad en materia ficcional— los estudios de Periodismo?

Comencé estudiando Ingeniería Mecánica en la Universidad de Matanzas. En aquel entonces me interesaban los “números”, todavía me interesan; pero la carrera en su propia dinámica, como es lógico, me distanciaba de mi otra pasión: la literatura. Ante la disyuntiva opté por cambiarme para la Licenciatura en Periodismo, la cual no solo me aportaba herramientas para desarrollar habilidades a la hora de escribir sino que también me mantenía vinculado a la vida cultural de mi ciudad.  

El diálogo constante   enfrentar diversidad de criterios entre compañeros y profesores durante cinco años de la carrera de Periodismo ayudó a formar mi pensamiento crítico. Otra influencia de mi profesión quizás sea el hecho de que me ayudó a expresar las ideas de manera clara, sin muchos rodeos, lo cual el lector siempre agradece. Tanto la literatura como el periodismo se nutren de la misma materia prima, la palabra. Sería entonces, a la hora de la creación, un poco como navegar entre dos aguas.

¿Qué consideras imprescindible en la formación espiritual de un escritor joven? 

Tres cosas: leer, leer y leer, y si me dejan agregar una cuarta por aquello de que los tres mosqueteros son cuatro, diría que aprender a escuchar receptivamente. En Matanzas he tenido el privilegio de poder dialogar con personas y creadores magníficos como Alfredo Zaldívar, Laura Ruiz Montes, Ulises Rodríguez Febles, José Manuel Espino… y muchos más que han abierto siempre sus puertas al diálogo con los más jóvenes.

¿Por qué la poesía? ¿Por qué escribir?

Si hay que buscarle un “por qué” a por qué escribo, creo que se lo debo en especial a mi madre, la cual es bibliotecaria y de pequeño siempre hizo que creciera rodeado de libros. También la suerte de tener profesores durante mi formación académica que estimularon la creación, como el repentista Orismay Hernández, y la pareja formada por María Isabel Tamayo y Ulises Rodríguez Febles.

La culpa de que escriba poesía la tiene Leymen Pérez, quien me alentó en 2017 a incursionar en ese género. Hasta ese año solo escribía narrativa y me concebía como “narrador puro”. Pero ya lo dijo Billy Collins: lo malo de escribir poesía es que anima a escribir más poesía. Y desde entonces la poesía me ha cautivado por completo.

Resumiendo, la escritura en mí es una necesidad. Si Huidobro dice que la vida es un viaje en paracaídas, la escritura y la poesía son mis paracaídas, me mantienen a flote, me sostienen.

Como lector, ¿qué buscas en un buen libro? ¿Cambia esa opinión, esa percepción a la hora de ser tú quien produce/escribe un libro?

Considero que la lectura es una praxis personal. En particular, lo que me apasiona de un buen libro es el cúmulo de belleza (estética) más la extrañeza que pueden producir una serie de palabras colocadas unas tras otras, hasta que logran en mí eso que Yeats llamó “estado de fuego”, que no es más que la sensación de entelequia que nos posee cuando las palabras tocan cada fibra de nuestro espíritu. Al leer así nos sentimos plenos, realizados.

Cuando soy yo quien escribe siempre trato de separarme del texto que escribí y asumo una postura de lector que se acerca por vez primera a ese texto. Por supuesto, si yo mismo no soy capaz de conmoverme con lo que escribo, nadie lo hará tampoco.

¿Sueles leer a tus contemporáneos, tanto nacionales como internacionales?

Por supuesto, e igual pretendo que me lean. Si nosotros mismos no nos leemos, qué podemos esperar de otros. Los clásicos siempre serán un referente, un paradigma, pero el lenguaje del siglo XVII no es el mismo que el del siglo XXI, ni el lector de entonces es el de hoy. Yo apuesto por el futuro de la lectura y la literatura, y ese futuro se empieza a labrar desde la contemporaneidad. En mis anaqueles tengo libros de Shakespeare y Cervantes,  pero también los de Elaine Vilar Madruga.

¿Crees que puede aprenderse, así sea de la diferenciación o la emulación, de aquellos con los que se comparte generación, tiempo y espacio geográfico?

Creo que sí, que el escritor y el artista en sentido general deben tener siempre la capacidad de aprender de sus contemporáneos. En la medida en que seamos capaces de entrar como generación en un diálogo creativo creceremos no solo individualmente como creadores sino también que le aportaremos a la cultura cubana una mayor posibilidad de enriquecimiento simbólico.

Por ejemplo, cuando se lee a Wordsworth, Keats, Shelly, Byron sabemos que estamos leyendo a Wordsworth, Keats, Shelly, Byron pero, al mismo tiempo, en esa singularidad existe una unidad que los hace trascender a ellos individualmente y como representantes del romanticismo inglés.

¿Existe, para ti, una generación escritural? ¿Te sientes parte de una?

No creo que exista una generación, entendiendo el término generación tal y como nos referimos por ejemplo a la Generación del 27 o al grupo Orígenes. Sí me siento parte de un grupo de jóvenes que compartimos una serie de intereses literarios y temáticos porque vivimos en el mismo tiempo y espacio geográfico.

tomada del perfil de facebook del autor

Coméntame un poco de tu proceso creativo…

El escritor tiene tres fuentes de inspiración: lo que lee, lo que le cuentan y lo que vive. De ahí nos nutrimos para conformar nuestras historias. En mi caso se da la combinación de esas tres: puedo estar caminando por la Calle del Medio en Matanzas o ir en un ómnibus en uno de esos recorridos rutinarios, o leyendo sentado en mi casa… en cualquiera de esas situaciones la musa es capaz de atraparme y, una vez que lo hace, logro esbozar un primer manuscrito que con el paso del tiempo siempre reescribo y vuelvo sobre él, hasta que me convenza que tiene algún valor literario. No tengo una hora del día específica, considero que todo momento siempre es oportuno para escribir.  

El rigor del oficio, ¿es indispensable o puede ser suplido con otras herramientas simbólicas?

Mario Vargas Llosa decía que los jóvenes de hoy no están preparados para leer libros extensos porque tienen muchas cosas en mente. Al mismo tiempo atienden a un libro, a la televisión o la computadora encendida o al teléfono celular que suena… A lo que Juan Villoro respondió que eso lo ha visto con su hija. Lo interesante es que ella, decía Villoro, anda bastante atenta a todas esas cosas que refiere el Nobel peruano. O sea, antes estabas fijo en una plataforma y ahora digamos que la mente opera más como un radar, y eso al mexicano le parecía más positivo.

Estoy de acuerdo con Villoro, me parece que hoy no solo los escritores, sino todos, tenemos mayores herramientas simbólicas a las que aferrarnos y complementar eso que llamamos el rigor del oficio.

Más allá de la lectura, ¿existe un ámbito artístico, cultural, histórico, o de cualquier otro tipo que nutra tu escritura? ¿Qué temas te interesa reflejar en tu creación?

Me interesa mucho la Historia y cómo se conectan los diferentes procesos históricos unos con otros, la concatenación de los hechos que nos llevan a ser lo que somos. Eso también lo intento reflejar en mis textos.

Las redes sociales han pasado a formar —sobre todo durante el último año (este nefasto 2020), pero incluso desde mucho antes— parte indispensable del proceso de comunicación del arte y casi uno de los pocos recursos que nos ha quedado para comulgar con el otro (ya sea el otro artista o el otro lector, receptor). ¿Crees que nuestra forma de entender la creación, fundamentalmente la literatura, está destinada a cambiar gracias al influjo de las redes sociales en la vida del autor?

Es un poco lo que te respondía anteriormente, el escritor del siglo XVIII no tenía televisión ni Internet, por lo tanto su comunicación con el otro y sus procesos creativos respondía también a ese contexto histórico. Hoy podemos estar intercomunicados, hoy puedo hablar e intercambiar ideas con poetas de disímiles latitudes y eso forma parte de nuestro día a día, lo que por supuesto hace apenas cien años hubiera resultado imposible. Yo soy de los que defienden la idea del canon literario de Harold Bloom, el cual no ve el canon como un cuerpo ideal, sino como un cuerpo sobreviviente y que es y será capaz de mantenerse durante el decursar de los tiempos.

La influencia de Shakespeare y Cervantes será eterna y las nuevas tecnologías podrán hacer que encontremos otras formas de acceder y de (re)interpretar los clásicos, pero nunca podrás obviarlos porque tienen la capacidad de conocernos y nosotros de reconocernos en ellos. El placer estético de leer una obra universal jamás podrá ser suplantado por las redes sociales. Que usemos otras plataformas para exponer y multiplicar la literatura no implica que cambie los genes de lo que es la literatura desde Homero hasta la actualidad.

¿Cuál es tu visión sobre el fenómeno del libro digital aplicado a la realidad cubana actual? ¿Están los lectores listos para ello? ¿Y los autores?

El libro digital es un hecho en el mundo del siglo XXI. El lector siempre agradecerá las facilidades que brindan las tecnologías para hacerse con la literatura que consume. Además, es una ventaja poseer miles de libros en el teléfono en vez de que ocupen un espacio físico de la casa. El problema que veo en el contexto cubano es la infraestructura necesaria para llevar acabo semejante transformación, y así poder hablar de un mercado digital del libro. El lector cubano me parece más preparado para ese cambio que los propios autores. El lector joven, sobre todo, ha crecido leyendo mucha literatura digital. Pero a los autores les será más difícil asimilar, no ver sus libros en físico, no poder firmarlos ni interactuar con el potencial lector.

¿Cómo te gustaría que definieran tu estilo? ¿Cómo lo definirías tú?

Leymen Pérez dice que soy un escritor intertextual, y estoy de acuerdo con él. Me gusta una idea de Laura Ruiz Montes sobre mi primer poemario, Habitantes de Marte, en la que dice que anclo en el trópico una traducción de lo universal. Creo que lo más importante del estilo radica precisamente en tener estilo, que cuando me lean reconozcan a Pablo G. Lleonart.


«Solo lo auténtico no se desvanece»

Nos conocimos en el Curso de Técnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso. Corría entonces el año 2008, si la memoria no me falla. Carlos Ettiel Gómez Abreu y yo compartíamos no solo las aulas del Onelio sino también esos oportunos encuentros entre creadores que, más allá de las clases, conectaban a espíritus y artistas afines. Los años han llovido desde aquel momento, pero Carlos Ettiel continúa siendo ese muchacho auténtico que cargaba poemas, rimas y palabras. Aún sigue confiando, como yo, en la perdurabilidad del buen arte y su necesaria (r)evolución.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Es necesaria una actualización de lenguajes y referentes para dialogar con el niño lector contemporáneo, o piensas que las (r)evoluciones de la literatura infantil y juvenil deben marchar por otros caminos?

Sí. Es necesaria una actualización de lenguajes y referentes para dialogar con el niño lector contemporáneo. El niño de hoy es diferente al que fuimos los autores que hacemos literatura para este tipo de público. Algunos problemas, conflictos familiares reflejados en la literatura para niños se mantienen en el tiempo, pero hay que recontextualizarlos. Además, incluir nuevos elementos ficcionales, tramas, mundos desconocidos, personajes diferentes, en aras de diversificar temas, contextos, argumentos… que son infinitos (tantos como pueda imaginarse en varios campos poco explorados); sin embargo algunos autores insisten en repetirse, manteniéndose en su zona de confort. También debe modernizarse y atenderse el lenguaje para que no aparezcan (como suele ocurrir) expresiones del registro que delatan al adulto narrando la historia o como sujeto lírico en el caso de la poesía: el niño lo descubre con facilidad, entonces se distancia; no puede subestimarse su poder de lectura, mucho más variado y rico que el de los adultos.

Aunque tu pregunta compuesta está enlazada con una “o” (disyuntiva) no escojo entre una u otra. Para mí, ambas respuestas son un SÍ. Pienso que las (r)evoluciones de la literatura infantil y juvenil deben marchar por otros caminos. Pocos autores exploran formas o temas novedosos, pero no es la generalidad. No mencionaré nombres ni cuál es el derrotero, baste decir: es aquel que no se halla transitado aún, solo es preciso imaginar.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Escribo generalmente por las mañanas. La historia o poema da vueltas en mi cabeza durante el día, puedo soñarlo en la noche y en las primeras horas lo paso al papel. También suele llegar la inspiración a otra hora. En ese caso no espero a la mañana, debo sentarme de inmediato para no olvidarlo, pues es un crimen desperdiciar ideas. El ritmo biológico está más arriba y el cerebro más fresco entre las siete y las diez de la mañana. Para cada género no es igual el proceso creativo. La poesía demanda alta inspiración, dominio de elementos formales, más libertad espiritual. La narrativa, mayor concentración y dominio de toda la trama ya contada, características y lenguaje propio de personajes; conocimiento claro de las escenas, resúmenes, indicios, catálisis, conflictos e informantes en cada capítulo, a fin de sugerir sin regalar; que no haya efecto sin causa, que todo lleve a dos o más lecturas en la corriente subterránea de sentido, que se resuelva solo lo justo, sin excesos ni insuficiencias en ninguno de los ingredientes anteriores. Intento de manera primordial cumplir con la ley del interés (mostrando solo la punta de iceberg). 

Algunos critican las técnicas aprendidas en el curso Onelio. Es cierto que deben emplearse de manera natural sin evidenciarlas burdamente; pero en mi criterio, su dominio y uso consiente deriva en resultados maravillosos: son imprescindibles para que el texto no sea mero relato y cobre verdadero valor estético literario.

La poesía clásica rimada, en sus diversas variaciones estróficas, forma parte de tu quehacer literario, ¿de qué manera la tradición puede resultar atractiva al lector de hoy?

La tradición puede y resulta muy atractiva al lector de hoy, en especial la infantil. Estas formas estróficas con métrica y rima son atrayentes para el niño. Las he estudiado para hacer nuevos experimentos que, siguiendo el canon, rompan algunos elementos de su escritura, pero mantengan una parte considerable de la estrofa, a fin de que la innovación sea aceptada por el pequeño lector y los autores; denotándose la intención escritural, la inventiva consciente que debe contribuir a algo nuevo y superior, ser acertada, y no parecer desliz impensado o imposición forzosa. Para rescatar la tradición hay que innovar. Esto debería hacerse también en la literatura para adultos. Unos pocos lo han hecho ya con la décima y el soneto; nadie, con otras estrofas.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Cuán importante es para ti la arquitectura de un libro en tanto materia estética?

Es fundamental. Cada poema, sección o capítulo debe estar muy bien ubicado y concebido en una dramaturgia general. Por ejemplo: poema pórtico, de inicio de secciones, los otros relacionados en sinergia de contenido, poesía final. (Aunque hay textos aparentemente alocados que son válidos si su diseño es funcional). La calidad de ilustraciones, su ubicación, así como la cubierta son de relevancia suprema, si no son estéticas que te echan a perder el libro.

¿Eres de aquellos autores que juzgas a un libro por su cubierta?

No juzgo a un libro por su cubierta, me baso en el autor, tema y nota de contraportada.

Por otra parte, me gusta que mis libros tengan cubierta atractiva, porque los escritores hacen como yo, van a leer detrás los elementos de interés sobre el volumen; pero el público en general no hace esto. Solo mira la cubierta: el rostro del libro, la carta de presentación. Cuando la cubierta es mala, el lector no compra el libro, ni siquiera lo pide para hojearlo.

En las relaciones del mundo editorial (con agentes, editores, ilustradores, etc.), ¿cuál consideras la más importante por sus repercusiones en la vida del autor?

No sé qué decir. Soy mi propio agente. Los ilustradores son una caja de sorpresas. Los hay muy buenos y los que dibujan muñecos horribles considerados artísticos o interpretan mal el texto que ilustran. Con los editores siempre trabajo por correo electrónico. (Algunos me hacen revisar de más, pues no le encuentran ningún error a mi obra, cuando en realidad siempre hay detalles que pulir). De estas relaciones, creo que la más importante en mi vida de autor se debe a los editores.

¿Por qué crees que el mercado internacional luce, al menos en apariencia, tan reacio en abrir sus puertas a nuevos escritores, fundamentalmente cubanos?

No creo que el mercado internacional esté reacio a abrir sus puertas a nuevos escritores cubanos. La primera barrera es nuestra. Tenemos que escribir mejor. Gestionar más; ya que apenas tenemos agentes aquí, establecer lazos con extranjeros y aprender de su experiencia, no temer a este mundo del mercado que tiene sus complejidades. Para quien vive en un pueblo aislado, sin la tecnología, relaciones ni recursos de las capitales de provincia o La Habana, este reto es mayor, pero no hay puerta que no pueda abrirse si la empujamos fuerte.

Entonces, ¿existe una verdadera apertura editorial del talento nacional a otras oportunidades más allá de nuestro contexto geográfico?

Hay una discreta apertura editorial del talento nacional a otras oportunidades más allá de nuestro contexto geográfico a partir del lento desarrollo de Internet en nuestro país, el temor y la falta de gestión, iniciativa o esfuerzo de los autores por explorar estos terrenos. Algunos se han decidido. Falta mucho camino por andar.

¿Está el niño listo para leer sobre todo tipo de temas, para conocer todo tipo de personajes, o piensas que el escritor debe ejercer algún juicio, de tipo estético pero también de cualquier otra índole, a la hora de abordar determinadas realidades?

El niño está listo para leer sobre todo tipo de temas, para conocer todo tipo de personajes. El escritor debe presentarlo con tacto, mesura, buen gusto estético, pero sin miedo a ningún tipo de argumento complicado. Esto lo tienen claro autores como Luis Cabrera, Mildre Hernández, Eldys Baratute, entre otros.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Existe la autocensura?

Sí existe la autocensura, porque muchos piensan en qué dirán los lectores sobre la trama de su texto cuando abordan un asunto difícil. En algún momento he vacilado, pues hay temas duros, cuyas interpretaciones negativas pudieran acarrear problemas al autor. Esto ocurre mucho con el humor, la crítica social, la ironía, los temas de sexo, etc. Desde hace tiempo intento no autocensurarme. Que sean otros los que me digan que está “muy fuerte”.

¿Qué lugar ocupa, dentro de tu producción, la literatura escrita para adultos? Tengo la impresión de que no es el área más conocida de tu trabajo…

Sesenta por ciento para niños; cuarenta, para adultos. Escribo bastante para adultos, aunque es menos conocida esta producción. (Siempre unos géneros encuentran mayor salida que otros, tampoco ayuda vivir en un pueblo lejos de los centros de poder). Tengo varios libros de décima, poesía, cuento, minicuento y novela para adultos en editoriales como Montecallado, El mar y la montaña, Letras Cubanas. Entre ellos los premios Francisco Riverón, Juan Francisco Manzano y Regino Boti.

El humor es una herramienta de transformación de la realidad. ¿Cómo lo empleas dentro de tu literatura?

Considero muy importante el humor. Ayuda a mantener el interés en el texto, le da realce estético (aunque algunos crean lo contrario), mueve el pensamiento, transforma la realidad. Por eso tiene un lugar distinguido en mi literatura. Tengo varios libros de décima humorística y en casi todas mis noveletas hay una fuerte dosis de humor; a veces sutil, irónico, alejado de los gags y chistes poco originales o discriminatorios. No considero que sea “menor” una décima cómica cuando el humor maneja los resortes esenciales para un elevado nivel estético de este difícil género que, como bien se dice, es muy serio aunque trate de provocar sonrisas.

¿Cuál sería tu lector ideal?

Cualquiera que se acerque a mis libros con el único propósito de disfrutar. Sin interés de aprender nada ni analizar los atributos de lo escrito. Solo por divertirse, emocionarse, encontrar deleite para su espíritu.

En los tiempos actuales, ante las (in)certidumbres que enfrentamos como creadores en un panorama nacional e internacional cada vez más cambiante, ¿a qué puede el artista aferrarse?, ¿qué es lo sólido?, ¿qué no se desvanece?

El artista puede aferrarse a los clásicos, a su intuición, a la musa que lo impulsa por senderos de espíritu y emoción, reflejando lo cercano y a la vez lo universal, los símbolos y valores, lo efímero y pueril. Lo sólido es lo sincero, el escritor no puede engañar, construir, aprovechar tendencias, sino soltar el alma. Solo lo auténtico, original y franco no se desvanece.


Barbarella D´Acevedo: «El arte es un instante de desnudez total»

Su particular nombre resuena aquí y allá. Trae sonoridades cinematográficas. Accede a las gavetas de nuestra memoria emotiva como espectadores del séptimo arte. Barbarella D´Acevedo construye sus imágenes desde la palabra, y desde la palabra invita a la desnudez y a la sinceridad del arte de la escritura, y al salto de fe que todo creador necesita

—¿Qué conexiones, menos o más evidentes, existen entre el mundo de la teatrología y el de la narrativa?

—Quizá la conexión más evidente entre ambas vertientes viene dada por el hecho de que se articulan a partir de un mismo modo de expresión, que es la palabra escrita. La narrativa puede transcurrir desde la ficción y la teatrología, por su parte, se construye como ejercicio de crítica e investigación que indaga el universo de la escena. A mí en lo personal la teatrología me brindó la posibilidad de sentirme cómoda con la escritura, y adquirir esa soltura que algunos alcanzan desde otras carreras, como pueden ser el periodismo o la filología. Justo la teatrología me permitió aventurarme también en la práctica del periodismo cultural más allá del teatro, en espacios como Esquife, la web de la AHS u Opus Habana.

—¿Cómo has transitado de la crítica teatral al género narrativo?, ¿por qué esta mutación?

—La literatura forma parte de lo que soy. Escribo desde siempre, desde niña y adolescente. Llego al teatro por una herencia hasta cierto punto familiar. Mi papá, Tomás González, fue dramaturgo y director teatral, entre otras muchas cosas; y yo pasé una etapa temprana de mi infancia participando de sus procesos de dirección, por aquel entonces frente a su grupo Teatro V, y también pude ver cómo concebía sus textos. Así, hasta cierto punto fue natural que me inclinara a estudiar teatrología. No definiría mi proceso como un tránsito, porque mientras ejercía la crítica teatral, a la par escribía aunque sin llegar a socializarlo. En la actualidad, si bien me he centrado más en la narrativa, no abandono, por ejemplo, el campo de la investigación teatral, que me sigue apasionando. Anda por ahí un libro que escribí sobre teatro asiático, con el cual no he definido aún qué hacer. Creo que ambas cosas están en mí y persisto en llevarlas a la par.

cortesía de la entrevistada

—¿Qué entiendes es el arte?

—Esa es una pregunta que yo misma me hago a menudo y cuya respuesta quizá he ido modificando a lo largo del tiempo, en tanto uno vive en proceso de transformación continua, como ser humano y como creador.

Ahora mismo pienso que el arte es un instante de sinceridad, de desnudez total.  Solo desde la sinceridad se puede pretender conmover a otros. Debe resultar capaz de generar un impacto en quien lo aprecia, aun si se trata solo de su propio creador. O sea, requiere de dos: un emisor y un receptor, si bien el receptor puede ser muchas veces el propio artista…

El arte es algo que te cambia, ante lo cual no puedes permanecer impasible; muchas veces, en mi caso, tiene que resultar visceral. Quizá la transformación que genera solo opera a nivel intelectual y no emotivo. Eso también es válido. Pero si una obra, de la naturaleza que sea, te deja sintiendo o pensando, o cuestionándote, si te genera placer o incluso malestar, entonces es arte. Y eso ni siquiera tiene que ver con sus posibles estéticas, o conceptos como “lo bello” o “lo feo”, o lo clásico, lo moderno o lo posmoderno. De ahí que puedan entenderse como arte obras tan contrapuestas, a simple vista, como La Gioconda de Leonardo da Vinci y el performance de Marina Abramović, The artist is present.

—¿Puede hacerse una calificación o se puede ejercer un criterio estético sobre qué es un buen o mal libro? ¿En qué basamos nuestros criterios de calidad en la Cuba de hoy?

—Tal vez un libro se puede calificar como bueno o malo desde un punto de vista estético que reconozca sus “cualidades” o “defectos” a nivel de técnica, sintaxis, o sea, desde la cáscara, lo externo. A mi parecer, el dominio técnico es importante, pero esto no es lo único que determina si un libro es bueno o malo. Todos conocemos a autores, cuyos nombres incluso pueden llegarnos ahora como símbolos de renovación y vanguardia, que en su momento rompieron con una tradición que por demás respondía entonces a determinado criterio o canon estético; canon que puede cambiar y cambia, incluso gracias a esos que se han lanzado a hacer la diferencia.

Más allá de esto, que tiene que ver con la renovación formal, conocemos a autores que a pesar de escribir aparentemente “mal”, o sea, de tener una sintaxis poco afortunada, poseen una obra capaz de conmover con una fuerza mayúscula, y eso los ha hecho trascender a lo largo del tiempo y ser reconocidos. Y también los casos opuestos, obras “bien hechas” que no dicen nada.

El virtuosismo puede ser esencial si no se usa para enmascarar una carencia de contenidos o sentimientos. Si pensamos en el ballet, por ejemplo, un bailarín puede hacer 30 fouettés, pero si no lo hace con alma, con verdad interior, entonces su ejecución se convierte en mero acto de circo. Algo similar ocurre con los libros.

Otra cosa: en la Cuba de hoy tenemos que aprender a escuchar también a los lectores, ver qué libros consumen, buscan, les atraen, y conocer sus motivos y motivaciones.

—Sobre la dinámica de los premios, ¿es este un pacto de fe de los escritores, un salto al vacío, o solo estrategia de promoción?

—En los premios se combinan esas tres cosas. Yo los veo muchas veces como una oportunidad de que un autor que inicia su carrera se pueda dar a conocer y alguien apueste por él, de modo que consiga entrar en el mundo editorial y publicar. Creo que desde ese punto de vista, los premios son importantes.

Constituyen, sí, un salto al vacío. Ganar puede depender de que justo tu obra sea capaz de conmover a un jurado, de entrar en sintonía con este, que además se va a centrar también en sus valores técnicos y en una cosmovisión del mundo que deberá compartir contigo mientras dure al menos su lectura.

el hada marrana Barbarella

—¿Cuál es el principal obstáculo de un autor cubano en la realidad actual que nos ha tocado vivir?

—La mayor desventaja que enfrenta un autor cubano en el presente tiene que ver con el mundo editorial y la dificultad que afronta a la hora de encontrar espacios para publicar. Incluso si halla esos espacios y su obra es aceptada, tiene que sufrir situaciones como la crisis de papel, los retrasos en los planes editoriales de un año a otro (propiciados también a causa de ese primer punto), y la posterior demora de los poligráficos. A veces el tiempo que transcurre entre la escritura de un libro y su publicación se convierte en algo tortuoso para muchos autores.

Otro tema escabroso en nuestro contexto es el lugar que puede llegar a ocupar el libro digital, en tanto no estén articuladas las estrategias para su distribución y venta, y los espacios para este fin; tampoco existe un lector mayoritario que cuente con el hábito de consumirlo. Pienso también en particular: los libros para niños, por ejemplo.

—Transitar el espacio geográfico de publicación, ¿es un paso obligatorio para un autor o un escaño que puede ser o no transitado?

—Agradezco mucho la oportunidad de haber publicado en editoriales extranjeras como Primigenios o DMcPherson, que me han brindado espacios y han creído en mí, permitiéndome también el intercambio con otros receptores. Ofrecen una opción bien interesante y digna de ser tenida en cuenta, con catálogos donde figuran un sinnúmero de escritores nacionales. 

Aun así, creo que todo autor cubano desea darse a conocer en primer lugar a nivel nacional, en tanto le es necesaria también la interacción con esos lectores más cercanos desde el punto de vista geográfico y con otros escritores del propio país… Creo incluso que publicar en Cuba, máxime con las dificultades que se encuentran para ello, le añade más “credibilidad” a cualquier autor. Por eso sí considero que esto, más que un paso obligatorio, opera casi como una necesidad.

—¿Qué lugar tiene para ti, en la narrativa, lo erótico y lo humorístico? ¿Qué herramientas textuales te brindan estas temáticas?

—El humor a veces me nace sin que me dé cuenta. En dependencia de la historia que estoy concibiendo, ella misma me va a llevar hacia un tono más serio o sarcástico en relación con sus propias necesidades. Lo que quiero decir es que muchas veces ni me lo planteo, sino que brota de manera espontánea.

Lo erótico es otra cosa. Me interesa explorarlo porque, pese a formar parte natural de la vida humana, muchas veces permanece relegado en materia de creación. Creo que hasta hoy a muchos les resulta perturbador o provocador. Incluso si contamos con obras como las de Henry Miller o Anaïs Nin, el tabú con respecto al sexo en el arte, con respecto a la desnudez, sigue existiendo.

Yo misma, en mis primeros textos, cuando llegaba a una escena erótica, pues la asumía desde la elipsis. En principio fue un reto romper con esto, atreverme a “hablar” sin miedo ni frenos, también desde la sensualidad del cuerpo.

Además, tengo una concepción muy personal sobre el amor como el más universal de los sentimientos humanos, sin lugar a dudas, que se encuentra permeada también por el erotismo. El amor posee toda clase de matices, puede incluir lo platónico y romántico, pero también la sexualidad, y si esta forma parte de la vida, tiene entonces que estar presente en el arte a fin de que resulte veraz…

Justo por eso, lo que empezó como un desafío personal ahora viene a estar presente en cuanto escribo, y forma parte de mis proyectos más recientes, tanto en lo referido a la poesía como en lo concerniente a la narrativa.

Incluso es posible “contar” una historia o historias desde lo erótico, convirtiendo esto en el centro de la trama y en el motor que hace avanzar cuanto acontece, que incide en la evolución de los personajes. Es algo que me pasa, por ejemplo, con la novela que tengo entre manos ahora mismo. Quizá mi mayor reto consiste en atreverme a seguir ese camino con total libertad, incluso si se trata de un camino que asusta por momentos, pues me deja un tanto expuesta. Una vez más, tiene que ver con esa sinceridad que busco en la literatura.

—Los lenguajes de la ciencia ficción, ¿son actualizaciones del contexto real o parten de una nueva realidad, una realidad otra, que tributa solo al terreno de lo fantástico?

—Por lo menos desde mis propios procesos me he planteado la ciencia ficción desde ambas perspectivas. Tengo historias que pertenecen solo al terreno de lo fantástico, aun si entran dentro de “lo posible” quizá en un futuro distante, para las cuales construyo e imagino otros mundos. Y otras que actualizan el contexto real, lo revisitan, como es el caso de mis historias enclavadas en el género y que tienen a La Habana como escenario, donde parto de lo que conozco para explorar determinados temas o personajes.  

—¿Cómo transcurren tus procesos creativos?

—Para escribir un cuento, a veces paso entre una y dos semanas pensando, escribiendo en mi cabeza… y entonces me siento y sale. Después viene la reescritura.

antología Alta Definición

En lo referido a la novela, por lo general, durante cada proceso creativo vivo un enorme caos interior, lo cual me lleva a tratar de mantener un orden externo que me permita conservar la a veces falsa creencia de que preservo algún tipo de control sobre mi obra. Es como si, al pretender contar una historia, tuviera todos los componentes a mano y poco a poco debiera decidir, con los ojos vendados, cuáles usar y en qué orden hacerlo.

Cada proceso es diferente también. En lo que se refiere a la novela, por ejemplo, a veces comienzo un camino y me doy cuenta de que no es el indicado. En eso tiene que ver bastante la intuición. En ciertas ocasiones se manifiesta solo como un sentimiento de inconformidad y hasta de infelicidad con respecto a lo que he escrito, y entonces lo mejor es borrar esos primeros capítulos donde uno tantea el tono o los personajes, y recomenzar de cero.

Toda historia comienza con una “visión”… A veces “veo” a los personajes mientras ejecutan determinada acción o los “escucho hablar”… y yo estoy ahí y me apropio de eso.

En ocasiones se trata de visiones muy borrosas y paso semanas intentando percibir adónde me conducen, entender “qué debe pasar”, es decir, los sucesos necesarios para que la historia se concrete.

Empiezo a contar por aquellas partes en que me siento más cómoda. Trato también de tener claro el final, o los finales posibles, aunque estos cambien en el proceso.

Con respecto a ese mantener el orden externo al que me refería, en determinadas ocasiones he tratado de fijar una escaleta tentativa, una especie de estructura más o menos rígida a la cual atenerme. Pero nada es inamovible. Justo en el proceso que llevo ahora, por la propia naturaleza de la historia, más emotiva que otras que me he trazado, he prescindido de esta herramienta y aun si por momentos pienso que voy a ciegas, tengo la sensación de que la historia me va encontrando a mí, en lugar de yo a ella, y halla, a su vez, su propia manera de fluir.

La poesía es bien distinta. La poesía me alcanza de golpe sin que pueda negarme.

—¿Cuánto de teatralidad llevan tus textos?

—Algunas personas, amigos, otros escritores, me han comentado que muchos de mis textos les resultan teatrales, en cuanto al tratamiento que le doy a la concepción de los personajes, el manejo de los diálogos e incluso en los escenarios. Cuando otros me lo dicen me percato de que pueden tener razón, porque entonces me releo desde esa perspectiva, pero muchas veces ni siquiera soy consciente de la teatralidad de algunos de mis textos en la medida en que los voy creando. Quizá es algo que está ahí y que, al formar parte de mí, brota sin que medie una intención.

—¿Cuáles son tus principales referentes nacionales en cuestiones de lectura?

—Tengo muchos referentes nacionales e internacionales que me son imprescindibles y a los que regreso una y otra vez. En general, la literatura latinoamericana me resulta vital, en tanto me permite estudiar y entender las maneras en que otros y otras han bregado con la lengua española y han salido ilesos. Me son imprescindibles nombres como los de Cortázar, Carlos Fuentes y Elena Garro.

Entre los cubanos me resultan vitales Alejo Carpentier, Virgilio Piñera, Carilda Oliver Labra, y Dulce María Loynaz en su poesía, pero especialmente en Jardín, esa novela donde en apariencia no pasa nada pero que me descubre una comprensión del mundo que es en esencia muy femenina.

Además me mantengo al tanto de lo que escriben autores más actuales, pues es importante acercarse a esas voces que nos son contemporáneas. Hablo de Yoss, de Erick Mota, por solo mencionar algunos.

—Las marcas de lo femenino, en tanto cuestión biológica pero también creativa, ¿son perceptibles en los textos?

—Esa es una pregunta que me he hecho varias veces y creo que la respuesta sería afirmativa.

Quizá un rasgo característico de las mujeres escritoras es el peso que le dan a la sensorialidad por encima de la acción, a ese aparente no pasar nada en una novela como Jardín, de la Loynaz, donde todo ocurre en un plano otro que tiene que ver con lo afectivo y que, desde esa dimensión lírica y hasta un tanto impresionista, sí resulta; pienso en tal sentido también en la obra de Virginia Woolf.

La poesía femenina hace a menudo una propuesta poco complaciente, más directa y descarnada en sus modos de decir, que tiene que ver también con una manera de sentir muy propia de las mujeres; pienso en las voces de Idea Vilariño, Cristina Peri Rossi, Sylvia Plath, Anne Sexton, la propia Carilda Oliver, o la más reciente ganadora del Premio Nobel, Louise Glück. Es como si ellas no tuvieran miedo a mostrarse, a exponer incluso una cierta vulnerabilidad, y su fuerza proviene justo de ahí… Un equivalente para mí a nivel pictórico sería Frida Kahlo, capaz de convertir una experiencia vital, como puede ser un aborto, en obra de arte.

cortesía de la entrevistada

 —¿La ciencia ficción y la fantasía son terrenos propios de la literatura masculina o es este un concepto que ha sido superado gracias al paso de los tiempos y a la propia obra de las autoras?

—Durante mucho tiempo quizá tanto la fantasía como la ciencia ficción fueron considerados terrenos propios de la literatura masculina, aunque siempre han logrado sobresalir nombres femeninos, y pienso en Mary Shelley o en Úrsula K. Le Guin, y de modo más reciente en J. K Rowling.

En términos generales tenemos que ser conscientes de que, más allá de un género u otro, históricamente la literatura masculina ha prevalecido por encima de la femenina; por razones sociales y de todo tipo existen más escritores hombres que mujeres.

Afortunadamente en Cuba la ciencia ficción cuenta hoy con voces femeninas. Tenemos esa marca que dejara Daína Chaviano, un antecedente importante en lo referido al tema y otras más jóvenes que se han ido sumando y ya tienen una carrera sorprendente, como Malena Salazar.

—En el panorama literario joven cubano, ¿cuáles piensas que son los asuntos más acuciantes que deben debatirse y que, de una forma u otra, podrían resultar de relevancia para el futuro escritural del país?

—Algo esencial a tratar tiene que ver con la necesidad de propiciar oportunidades y espacios para que los jóvenes puedan socializar sus textos. Sé que existen ya muchos, pero a veces no son suficientes. Incluso lograr que una obra sea acogida dentro de un plan editorial resulta complicado debido en buena medida a los problemas crónicos de imprenta y a que se priorizan autores ya legitimados. Esta situación provoca que muchos autores tengan que buscar alternativas en editoriales extranjeras, a veces solo con fines promocionales, sin esperanzas de que su obra sea conocida o reconocida en el panorama nacional, ni de ser remunerados por ella. Tampoco existen suficientes herramientas de divulgación y promoción cuando un autor gana un premio o publica, que garanticen su inserción en cierto mercado del libro, por demás inexistente.

—¿Cómo definirías tu propio estilo?

—No sé si tengo un estilo. Quizá les toque a otros definirlo. Pero creo que, si me caracterizo por algo en mi escritura, es por el deseo de experimentar en el aspecto temático y formal, no me conformo con haber alcanzado un punto, sino que aspiro a seguir más allá; de ahí la exploración también a nivel de géneros. Además tiendo a esa búsqueda continua de sinceridad a la hora de contar cualquier historia. Y cada vez intento hacerlo lo mejor que puedo.


«Los escritores somos esclavos de las historias»

El inicio del cuento fue el primer libro de Sigrid Victoria Dueñas que leí. En aquel entonces aún no conocía el rostro de la escritora, ni había tenido la oportunidad (el privilegio) de compartir con ella las páginas de una antología. Me acerqué a Sigrid como una lectora más, una lectora enamorada de la historia que aquella muchacha había contado. Desde entonces, y con igual intensidad, he seguido las otras historias de Sigrid. Me sigo considerando, como en aquel primer encuentro, una de sus fieles lectoras.

¿Crees que es útil, más allá de una intención valorativa o crítica, las definiciones genéricas en cuanto a literatura se trata?

Hmmm… Qué buena pregunta. El problema sería para quién resulta útil. Puede que un lector agradezca saber de antemano a qué género pertenece el libro que va a leer, si está dentro de sus preferencias o no… Para determinados autores, moverse a conciencia dentro de un género les permite utilizar los recursos del mismo, recurrir a la intertextualidad con otras obras afines. Pero también existen libros que cruzan alegremente las fronteras de toda definición y que se apropian de aquello que contribuye a contar la historia. Creo que la utilidad de las definiciones está sujeta a muchos factores, demasiados como para ser categórica al respecto.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cómo piensas la estructura de tus libros?

No los pienso. Ellos llegan, tocan a la puerta y a mí lo único que me queda es abrirla. A veces, muy educados, se presentan de principio a fin y me advierten cómo va a ser nuestra relación. Otras veces empiezan por el final y esperan, desconfiados, a que yo demuestre ser digna de la historia antes de contármela por completo. Los escritores somos esclavos de las historias. Nada que hacer al respecto, ellas mandan.

¿Existe, en la actualidad, un lector más preparado para entender la ciencia ficción y la fantasía, o ese lector existió en todos los tiempos?

Siempre ha existido un lector capaz de asumir ese “qué pasaría si…” De lo contrario, la ciencia ficción y la fantasía no habrían llegado al lugar en que están hoy en día. Ahora, sí me parece que ha aumentado la cantidad de lectores con gusto por lo fantástico y con la capacidad de comprenderlo. Sobre todo en nuestro país, cada vez son más los lectores amantes del género que pueden apreciar una obra fantástica, criticarla, valorarla… Sí, hay más lectores listos para el fantástico en la actualidad.

Cada vez que una crítica negativa amenaza —con menos o más razón— al campo nacional de la ciencia ficción y la fantasía, los autores tienden a unirse para defender el género. ¿Existe un coto de protección mutua, donde el diálogo con escritores y críticos (quizás provenientes de otros campos de escritura que no sean el propiamente fantástico) se hace casi imposible? ¿Cómo podrían abrirse las mentes de uno y otro lado para conciliar opiniones?

No puedo negar que hubo un momento en que los amantes del fantástico sentíamos algo de desprecio o animosidad por parte de la crítica y la postura editorial en Cuba. Ignoro si ese fenómeno sigue dándose, hoy que tantos espacios se han abierto a la ciencia ficción y la fantasía. Es de esperarse que el escritor/lector del fantástico se ponga a la defensiva si escucha críticas mal fundamentadas de personas que solo han tratado de leerse a Bradbury y Asimov, y cuyas opiniones se basan mayormente en el cine, el peor enemigo de la ciencia ficción. Eso hicimos muchos de nosotros, que no entendíamos por qué el lector de fantástico podía leerse, además, a Cortázar y disfrutarlo, mientras que el crítico que prefería el mainstream no lograba abstraerse lo suficiente como para leer Hyperion y se atrevía a opinar sin una verdadera base.

Hoy en día, me parece que lo mejor que pudiera pasarle al género sería tener una alianza con la crítica profesional. ¡Nos haría tanto bien tener la visión externa, acertada, oportuna, de un crítico para nuestros libros! En general, siento que en Cuba hace falta más crítica literaria, no solo para el fantástico.

Seguro que si pudiéramos encontrar buenas reseñas de libros en la prensa, escritores y lectores mejoraríamos en conocimiento y criterio de selección. En cuanto a cómo lograrlo, me parece que lo primero que se necesita es buena voluntad. El resto vendrá solo.

Durante mucho tiempo, se defendió en el gremio del fantástico la idea de no cerrar premios, de conceder lauros incluso a obras con determinados grados de deficiencia escritural, para así proteger las pequeñas y muy soñadas búsquedas que nos costaron años ver materializadas. En la actualidad, ¿debemos seguir premiando a obras con deficiencias, o el género ha ganado la calidad suficiente como para valorar, en igual proporción, el valor del riesgo y la responsabilidad con el lector? ¿Premiar o no premiar, sin importar consecuencias? ¿Dar un premio desierto: es una pérdida para el género o una ganancia? 

Tu pregunta pone de relieve uno de los problemas de las publicaciones en Cuba. Para mí, el mal está en que vemos el concurso como un aval de calidad. En una competencia de patinaje, pongamos por caso, puede que todos los atletas se caigan, pero el premio se lo lleva el que mayor puntaje logre, aunque todo el mundo sepa que existen mejores atletas que no se presentaron a esa competencia. En un concurso no se premia al mejor libro jamás escrito, se premia al mejor de los que participaron. En mi opinión personal, un jurado siempre debe ser capaz de escoger la mejor obra entre las que están participando. ¿Dónde está el problema? En que al no existir un premio de la crítica, un premio de la popularidad, un premio al más vendido, o al más leído… ganar un concurso es la manera de publicar, de obtener reconocimiento, etc. Y, por supuesto, si es un premio que incluye publicación, recae sobre el jurado la responsabilidad hacia el público, lo cual tampoco me parece adecuado.

 Si un premio significara solo una sugerencia de publicación, los editores quedarían en libertad de rechazar el libro, o de trabajar con él y mejorarlo, en lugar de imponer a las editoriales obras cuestionables. Así que pienso que está muy bien no dejar un premio desierto, y que la batalla por la calidad del género debe darse en otros terrenos. En el de lograr una crítica profesional que avale los libros, por ejemplo.

Escribes ciencia ficción, fantasía y literatura infantil, géneros que han sido erróneamente tildados como literatura menor o géneros menores, ¿crees que el autor decide en serio qué escribir o cómo hacerlo, o cada obra llega con un empaque previamente dispuesto, al que el autor debe solo amoldarse?

Creo que varía, según el libro y el autor. En mi caso, ya te dije, soy esclava de las historias. Nunca me frenó lo que se opinara del género de estas, debían ser contadas de esa forma, jamás traté de adaptar ninguna a otro género. Pero conozco autores que planifican el libro desde el título hasta el punto final y logran obras maravillosas.

Ni siquiera creo que para un autor todas las obras sean iguales. Algunas se impondrán, otras se dejarán moldear y las habrá que surjan a conciencia, para cumplir con los términos de un concurso o de una publicación, y esas no valen menos si el resultado final es digno. No he conocido a nadie para el que todas las experiencias creativas hayan sido iguales.

¿Hasta qué punto tu trabajo se vio marcado o influido por la coexistencia, en tiempo y espacio, de otras voces jóvenes a las que, como a ti, les interesaba el mundo de lo fantástico? ¿Cómo crees que un escritor joven puede encontrarse a sí mismo y a sus historias en un contexto tan marcado por la comparación y las conexiones con el otro/los otros?

Oh, para mí… No puedo menos que pensar que mis amigos y colegas fueron una bendición. Me guiaron, me alentaron, me criticaron y ayudaron a mejorar. No sería quién soy como persona, mucho menos como escritora, sin esos grandes compañeros de viaje en la literatura y en la vida.

Un buen grupo, interesado en lo mismo que tú, dispuesto a soñar contigo, a retroalimentarte, a reír y llorar con tus historias, a decirte claramente que no lograste contar lo que pretendías, a leerse una y otra versión de lo mismo hasta que nace el libro definitivo… Una experiencia así solo enriquece.

Creo que el verdadero escritor no es débil, ni se pierde entre las voces de los demás. Los otros, sobre todo si son afines, como me ha pasado a mí, son un tesoro que agradecer. ¿La comparación, la conexión? No he tenido mayores incentivos en mi vida. Cada uno de mis libros publicados, y los que permanecen inéditos, han sido forjados en esa fragua.

¿Los premios influyen en la carrera de un escritor? ¿Ralentizan su camino si le dan exceso de ego?, ¿paralizan?, ¿dinamizan?, ¿cuál sería el punto medio?

Sí, los premios influyen, por lo que hablábamos antes de que son uno de los escasos avales con que cuenta un escritor en Cuba. Las editoriales y el mundo literario en general te prestan más atención, los lectores leen la contracubierta de tu libro y al ver que ha ganado premio se deciden a comprarlo… En cuanto al exceso de ego, es un riesgo que se corre ante cualquier forma de reconocimiento. Depende más de la calidad como persona del escritor que de la cantidad de premios que reciba.

Has estado en contacto con varios grupos, proyectos y talleres literarios, ¿su saldo es, a la larga, positivo en la vida y la trayectoria de un escritor? ¿Existe un punto en el que el taller se convierte en un lastre o esto puede ser evitado por el autor mediante alguna estrategia o intención?

Los buenos talleres son un refugio, una escuela y un lugar de crecimiento para el escritor. Y por un buen taller me refiero a un espacio donde haya buena intención hacia la historia, donde la crítica acertada no se detenga ante una falsa noción de amistad, donde todos se enfoquen, no en la historia que yo hubiera contado con tu idea, sino en la mejor forma de contar la historia que tienes tú. Encontré algo así en el Taller Espiral, que después pasó a llamarse Convergencia. Todavía hoy no me atrevo a considerar un libro terminado hasta que Anabel Enríquez o Javier de la Torre le dan el visto bueno. No creo que un buen taller se convierta nunca en un lastre. ¿Cuál es el escritor que ha llegado tan alto que no necesita crecer más? Y están los nuevos. ¡Se aprende tanto cuando enseñamos!

Es bueno para el alma poner un granito de arena en la formación de un nuevo talento y leerte un libro de alguien a quien conociste cuando novato, al que has ayudado y que te ha llenado el correo con sus ensayos, y sentir ganas de haberlo escrito tú… Los buenos talleres literarios no solo forjan libros, también dan forma a amistades genuinas y te hacen mejor persona.

Como guionista, ¿qué retos entraña este oficio que no habías enfrentado antes en la escritura tradicional de un libro?

Ah, el guion… Ahí donde somos amos de las historias, no sus esclavos… para terminar siendo esclavos, nosotros y el guion, de la productora. Es, en efecto, un mundo totalmente distinto de la escritura de un libro. Para mí, el guion es algo que se planifica, que se analiza, que se estudia hasta en sus más mínimos detalles. Tienes que estar pendiente del tiempo, de no narrar imposibles, escribes con las necesidades de producción en mente… El guion ha sido una lección de disciplina, por encima de todo lo demás. Y trae sus propias alegrías y decepciones. El actor que es justo como imaginaste al personaje, que se te acerca entusiasmado a comentarte cuál fue su escena favorita, que te pide que añadas algo a su papel, y al que ves repitiendo tus diálogos con tanta entrega.

La escena que no se filmó según tus instrucciones, y que luego escuchas criticar en la calle (siempre el responsable es el guionista), con ganas de gritar de frustración, de imprimir lo que escribiste y dejar caer las copias desde un helicóptero para que todos vean que no fuiste tú, ¡que no es tu culpa, caramba! Pero el saldo final de retos superados y fallidos ha sido bueno. Hacer guion me enseñó humildad, paciencia, trabajo en equipo… Ha sido una gran experiencia.

De todos tus libros, ¿podrías escoger alguno, el perdurable, acaso el más querido?

Supongo que sería el primero, Los noseniqué tienen la panza rayada. Era el primero en todos los sentidos: el primer premio literario, la primera publicación… Nada volvió a ser igual después de ese librito, ya estaba ese sentido de la responsabilidad hacia lo que escribía, la posibilidad de que algún día otra persona leyera esa página, que ya no era solo mía… Y ese primer libro está lleno de sueños, sueños del futuro que quería tener, de la vida que quería llevar, del tipo de escritora en que quería convertirme… Es un libro ingenuo, escrito por una niña que no sabía nada y se lo imaginaba todo. Y todavía amo las cosas que imaginé en ese tiempo. Son sueños que disfruto compartir con las personas que lo leen.


Otros siete nombres para la Historia (Maestros de Juventudes 2020)

Se acerca un nuevo aniversario de la Asociación Hermanos Saíz este 18 de octubre y como ya se ha hecho habitual alrededor de esta fecha, la organización que agrupa a la joven vanguardia intelectual y artística de Cuba reconoce a sus principales referentes otorgándoles la prestigiosa distinción Maestros de Juventudes.

En el año del aniversario 34 de la Asociación, la dirección nacional, a solicitud de sus miembros, otorgó su máximo reconocimiento a siete personalidades de la cultura cubana, notables intelectuales para quienes enseñar, a decir del Apóstol, es aptitud y goce.

La directora de programas, Caridad Martínez González, la escritora Basilia Papastamatiu, los músicos Rosa Campo y José Antonio Méndez Valencia, el historiador e investigador Pedro Pablo Rodríguez, el pintor, grabador y escultor Eduardo Roca «Choco», y el actor y crítico Roberto Gacio Suárez fueron los elegidos en este 2020, por haber hecho del magisterio una acción sostenida, por establecer de manera perenne con las nuevas generaciones, un diálogo abierto; y por entregar a su pueblo una obra contundente y sincera, siempre comprometida con la belleza.

Premios Nacionales de sus respectivas manifestaciones, Caridad Martínez (radio), Pedro Pablo Rodríguez (Ciencias Sociales y Humanísticas, e Investigación Cultural) y Eduardo Roca «Choco» (artes plástica), la labor de cada uno de ellos expresa un compromiso total para con la sociedad y especialmente con los más jóvenes.

Reconocida recientemente con el Premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, hace mucho tiempo que la Papastamatiu, por su parte, dejó ser considerada una destacada poeta y traductora argentina para ser abrazada como una de las nuestras, mientras que nadie duda que las canciones de Rosa Campo conforman, definitivamente, la banda sonora insular de la infancia. Una y otra vez Méndez Valencia es señalado con amor y gratitud por músicos que deben su carrera a sus extraordinarias enseñanzas e invariable consagración, en tanto Gacio Suárez, quien fundó junto a Jackeline Mepiel los Premios Llauradó de la AHS, es tomado como el albacea de la historia del teatro cubano de los últimos 60 años.

Afirmaba Martí que la mayor gloria de un maestro es hablar por boca de sus discípulos. Hoy son justo sus alumnos quienes reverencian, agradecidos, a sus magníficos paradigmas.