Premios


«Siempre busco algo nuevo»

Cuando leo a Leidy González Amador, recuerdo a la niña que fui. Una niña que lo cuestionaba todo y a la que no le gustaban las historias fáciles. Aunque volver a la infancia es un estado utópico, los breves instantes en que me sumerjo en uno de los libros de esta joven, son mi oportunidad íntima para un ejercicio de la memoria. Y me gustaría que otros tuvieran esa misma sensación o experimentaran su propio viaje a través del mundo del recuerdo; un viaje diverso, discreto y lleno de la maravilla que Leidy sabe retratar.

¿Cómo nace el interés por develar fragmentos de la Historia a través de la literatura?

En mis libros trato de dialogar con asuntos, situaciones, sociedades… Los intento comprender, ponerlos a la vista de los lectores para que, a partir de allí, surjan criterios y reflexiones. La Historia es uno de esos asuntos que me interesa. Por lo que, llegado el momento, iba a formar parte de lo que escribo.

¿Hasta qué punto nuestra Historia más reciente, y especialmente la referida a las Guerras de Independencia, impacta en tu creación?

Me he reconciliado con la Historia Cubana a partir de que he tenido la madurez para estudiarla y sacar mis impresiones, sin verme presionada a repetir conceptos encartonados.

La Historia que memoricé en mi etapa de estudiante, la que me explicaban desde un libro breve y “correcto”, poco tiene que ver con la que ahora voy conociendo. Ese descubrimiento del alma de la Historia de nuestro país es lo que impacta en mí como creadora. Y cuando estamos ante algo tan genuino como lo que se sentía, lo que se vivía durante las Guerras de Independencia, tanto de un bando como de otro, eso hay que intentarlo contar, hay que intentarlo escribir.

¿De qué manera abordas y estudias personajes como Maceo y Gómez sin caer en el discurso trillado, repetitivo, que transforma en mármol al héroe?

Cuando se pretenden dar ejemplos de moral, ética, patriotismo, magnificando las virtudes de un personaje histórico hasta convertirlo en un semidiós, lo estamos hundiendo. Le estamos quitando la credibilidad. Yo escribo sobre sentimientos, egos, errores… Cuando tropiezas, por ejemplo, con el hecho de que Gómez lo mismo dirigía un acontecimiento militar como lo fue la Invasión y, a su vez, tenía la sensibilidad para el teatro, la poesía, te das cuenta que hay matices, que estamos hablando de personas. Y cuando a esas personas las llevas a convertirse en un personaje literario, te van a responder en cuanto a una psicología, a una organicidad… Para que el héroe no quede transformado en mármol, sencillamente hay que admirarlo pero también cuestionarlo.

¿Cómo concibes y entiendes el proceso de escribir para niños?

Es una mezcla de sutileza, desenfado, rigor, conocimiento. Un conocimiento no solo sobre técnicas escriturales sino también sobre el panorama nacional e internacional de la LIJ (hasta donde se pueda). Hay que aprender sobre sicología, conocer algo de ese cine con el que tanto se identifican la mayoría de los niños. Te diría que, resumiendo, hay que observar, escuchar, y saber que nunca más volveremos a mirar el mundo desde la infancia, pero que podemos escribirles historias a los niños que les ayuden a embellecer y a mejorar el suyo.

¿Cuáles son las principales virtudes y las principales carencias de la literatura hecha por jóvenes en nuestro país?

Virtudes: creo que en la mayoría de los casos no paramos de trabajar. Buscamos temas, leemos, sacamos información. Como escritores no nos alejamos de la sociedad sino que tratamos de que nuestra literatura sea funcional en ella.

Carencias: nos falta limpieza escritural, maduración de los proyectos. Y, sobre todo, hay mucha prisa. Mucha prisa por llegar a esos sitios en los que no te coloca la cantidad de publicaciones ni la cantidad de premios recibidos, sino la calidad y humanidad de la obra, y eso se construye con talento pero también con paciencia.

En el campo de lo promocional, ¿hasta qué punto influye el esfuerzo individual en contraposición con el esfuerzo institucional?

En mi caso particular, no tengo energías para promover mi obra. Es una cuestión de personalidad, de humores, de aptitud; y en mí no está el espíritu del promotor. No obstante, el que lo tenga, debe utilizarlo en su máxima expresión y esperar de ello el mejor resultado posible, porque el esfuerzo institucional depende de rachas, intereses, altibajos y en ocasiones… no existe.

El escritor, devenido también promotor de su propia obra, ¿es una ganancia del proceso creativo actual o un ejercicio que ventila únicamente las festividades de ego?

Depende del sujeto en cuestión. Es una ganancia porque el escritor se muestra lejano a ese concepto del bohemio sin causa ni pretensiones. Se muestra como un ser social en armonía con la dinámica actual de la inmediatez, el mercado, porque entre sus tantas definiciones, el libro también es un producto comercial. Y por supuesto que es una festividad del ego que no siempre tiene que ser dañina pero que hay que saber manejar.

Existe una tendencia a escribir libros para ganar premios. ¿Hasta qué punto los premios favorecen o entorpecen la creación?

La cuestión no son los premios sino el escritor. A mí me gusta concursar y también ganar. No tengo miedo de reconocer que hay libros que cuando estoy escribiendo, los veo concursando en determinado certamen. Pero tengo algo claro: los premios no resisten al tiempo, eso solo lo hace la obra. Los premios te brindan una visibilidad, una posibilidad más rápida de publicación, te engrosan el curriculum, pero no te garantizan ni la calidad, ni el talento, ni un aporte real a la Literatura.

Si lo miras así, con esa cierta practicidad y desenfado, los premios favorecen. Pero si los miras como la confirmación absoluta de que solo ganarlos te consolida como un buen escritor, estás perdido. Porque el premio surge de un grupo de criterios totalmente predispuestos por condiciones, experiencias, conceptos… y esos y otros tantos factores pueden juzgar para bien o para mal.

¿Los escritores somos criaturas en busca de un nuevo estímulo o una nueva meta constantemente? En ese sentido, ¿eres de aquellos autores que deja de dialogar con sus libros previos para concentrarse en los proyectos presentes y futuros, o prefieres a menudo revisitar lo ya escrito?

Siempre busco algo nuevo, mejor, o al menos distinto cuando estoy escribiendo. Las metas pueden variar, pero la ilusión de que mi nueva historia tiene algo único espero no perderla, porque entonces escribir sería muy aburrido. Estoy satisfecha con mis libros publicados, aun reconociendo sus carencias. No los visito constantemente ni tampoco omito los que hoy por hoy considero menos logrados. Pero mi principio es que cada libro que escribo tiene que responder al tipo de escritora que quiero ser: una escritora con una buena historia y un rigor escritural. Ahora, después de escrito cada libro toma su curso y corre su propia suerte.

Sobre las promociones de escritores que nos anteceden, ¿se puede aprender aún de sus procesos, o son estas escrituras que ya poco o nada dialogan con nuestra realidad creativa?

Hay que conocer lo que nos antecede para saber valorarlo y decantarlo. No creo que todo lo que ya esté patentado, e incluso canonizado, es siempre mejor que lo contemporáneo. Ni pienso que lo contemporáneo es siempre más novedoso que lo ya escrito. Aquí pasa un poco como con lo que hablábamos antes sobre los héroes, porque hay ciertos escritores en la literatura infantil y juvenil cubana que están siendo estancados, a los que no se les da la oportunidad de una relectura crítica, e incluso el hecho de no considerarlos como referentes podría ser hasta mal visto.

Hay grandes nombres cimentados en la LIJ cubana, no hay duda, pero a esos nombres ya se les tienen que añadir otros que los emulan, que los complementan. En fin, cada escritor hace su panteón con aquellos que dejaron una obra que les marca. Es como cuando un seguidor de fútbol hace su Equipo Ideal. Según la literatura que deseas hacer, así serán tus referentes. No creo que haya un solo escritor que no le deba algo a las generaciones que le antecedieron.

Del género narrativo al poético, ¿necesita tu creación realizar un ejercicio de muda, de síntesis o abstracción, o fluyes de un género a otro de manera natural?

Por suerte todo fluye y cada vez se complementa más. En mis últimos libros de poesía, Los viajes del señor Flamel, El Dios tuerto y El enamorado de la maestra, los poemas suceden en función de un hilo condutor, de una historia contada en versos, sin perder de vista el lirismo, la diversificación de estrofas poéticas y demás peculiaridades de la poesía. Y en la narrativa hay zonas que necesitan de cierto lirismo para provocar el efecto deseado en el lector. Me dejo llevar y eso crea un equilibrio que me favorece a la hora de escribir. 

¿Hasta qué punto influyen en ti, por semejanza o diferencia, las escrituras de aquellos con los que compartes un espacio simbólico, sea este una temporalidad o zona geográfica?

Caí de pie en la vida literaria de Santa Clara, no te lo puedo decir de otra forma. Desde un inicio fui cercana de grandes escritores y, como grandes al fin, me trataron con bondad. Por eso escuché y escucho lo que tienen que decir sobre la literatura aunque no lo comparta en su totalidad. Te puedo mencionar a Maylén Domínguez, Noel Castillo, Lidia Meriño. Y cómo no hablarte de Mildre Hernández, quien supo darme las herramientas para iniciar mi vida literaria, pero también supo darme espacio para que su estilo no me tragara.

Las maneras de hacer literatura en Cuba son variadas, como es de suponer; unas me gustan y otras no, pero quiero conocerlas y creo que por eso leo tanto. Todo influye, lo que te gusta y lo que no. Lo que te gusta porque quieres emularlo, decirlo a tu manera. Lo que no te gusta, porque te deja claro que ese no es el camino.

¿Se escribe en Cuba con una mirada localista? ¿Se escribe con limitaciones?

Hay una literatura de consumo nacional que a mí me preocupa. Me preocupa porque no quiero verme enmarcada dentro de esa tendencia, y me preocupa porque estamos deformando a los lectores. He escrito sobre la realidad cubana porque me interesa, porque allí también hay buenas historias. Pero Cuba no es mi límite para escribir. Hay una creencia muy pobre de que para que el público te entienda tienes que contarle desde su realidad, y muchas veces los concursos favorecen este tipo de mentalidad. ¿Cuál es el resultado?: que hay libros maravillosos, distópicos, inteligentes que pasan sin hacer ruido, y hay libros intrascendentes pero con una historia localizada en Cuba, que se llevan las reseñas, premios y demás promociones.

Hay una muy cuestionable y reducida definición de la identidad cubana que se hace patente en los medios de comunicación, y eso influye en la literatura. Al final, estamos encerrándonos en una burbuja literaria nacional, creyendo que es el único código posible para que el público infantil o juvenil se sienta identificado, y los niños y jóvenes de Cuba sí leen lo que escribimos y puede que les guste, pero también ven películas de Pixar y series de Netflix con la misma o mayor intensidad.

En los tiempos que corren, ¿quién o qué es el escritor?, ¿qué lugar tiene en el mundo?, ¿por qué crear?

El escritor es un trabajador más, con un lugar en la sociedad que debe ser respetado y reconocido según su talento y que, como trabajador al fin, tiene una tarea que cumplir: escribir historias que ayuden a los lectores a comprender la vida.

Como lectora especializada y como escritora, ¿qué buscas en un libro?, ¿a qué calificarías como un buen libro?

En un libro busco una buena historia, no tiene que ser tan novedosa ni tan original; solo tiene que estar bien contada, mostrar vida, ambigüedades, tener personajes creíbles y no olvidar la belleza aún en las circunstancias más tristes. Para mí un buen libro es el que entretiene, crea dudas, criterios encontrados, dice lo justo y propone el resto.


Premios del IV Concurso de Microrrelatos de Ocean Sur, la AHS y Cubadebate

Premios (algunos concursantes usaron pseudónimos y así lo referenciamos):

Ganador del Premio: Ivan

Título: La encontré sentada en la yerba, como Buda, en una esquina de la terminal

– ¿Te vas entonces?

– Umjúm.

– Hoy toca Fito.

– Sí, ya sé.

 

Silencio, miradas perdidas y manos nerviosas.

– ¿Cuál es Nick Mason?

–El bajista. ¿Por qué?

– Por nada…

 

– No te vayas hoy. Quédate conmigo esta noche. Vamos al…

– No.

– …concierto y después te dejo en…

–Te dije que no.

–Bueno… oquéi.

 

– Tú no cambias. – El reproche llega como sonrisa cómplice y tierna.

– Nunca, pero esta vez no es lo que estás pensando. – Le responde la mía.

Nos reímos unos segundos, los primeros, en tres años, en los que logramos sentirnos bien uno con el otro.

 

Poco después me extiende una copia del P·U·L·S·E, primera edición.

– ¿Y esto?

– No era para ti… pero quédatelo.

– Gracias… Yo quería darte uno el día antes de irme…

– Me imagino… Incluso sé cuál. Y mejor… no.

 

– Bueno… me voy. Ya tu guagua debe estar al llegar.

– Sí, hoy está fácil.

– Claro, mucha gente viene por el concierto.

– Y muy poca se va… por el concierto.

– Sí… supongo…

 

– Disfruta el concierto, Iván.

– ¡Siempre!

– Yo sé, pero hazlo por mí también.

– Siempre, Carla.

. . .

No coincidimos más. El día antes de irme de Cuba pasé por su casa para darle el Corazón Del Tiempo. Lo dejé caer por la ventana. Ella no estaba.

Segundo Premio: Adiley Cilleros

Título: Cinco, cuatro, tres, dos, una vida

Sé que el espéculo entró sin que lo esperaras. Lo sé porque conozco bien todas tus caras. Las miradas de los médicos mirándonos no te importaron. Apretaste mi mano cuando el pequeño “él “o la pequeña “ella” fueron desalojados de tu útero. Me diste la espalda encogiendo ambas rodillas. En cinco días no has hablado conmigo ¿Te dolió tanto? ¿Tanto así? Cuatro semanas atrás caminábamos de regreso de La Fábrica. Cada vez que salías de allí tenías que repasar tu apreciación crítica de todo lo que viste enganchado en las paredes. Tus discursos sobre viejos pensadores y sus retóricas para instruir a humanos instruidos ya me las sabía de memoria. Viste una estrella fugaz. Pedimos deseos. Esa triste noche un óvulo tuyo fue fecundado. Tres años antes corría detrás de ti para colarte una carta con mis poemas de amor desesperados en tu mochila. Dos meses después nos besamos disfrazadas y subimos la selfie a Snapchat. Una hora antes de que me dejaras te escribí esta carta. Quiero que sepas que ese día a mí también me pasó lo mismo que a ti. No declaré como tú. No le dije nada a la policía. Quiero quedármelo. Si está mal o no, eso no me importa ¿Recuerdas la estrella fugaz?

Tercer Premio: G.R

Título: Bucle urbano

Las mañanas del Libertad413 son así:

>>La rubia del 4B hace su sesión de yoga desnuda.

>>El gordo del 4A la observa por un hueco.

>>El escritor del 3B fuma un cigarro frente a la pared vacía.

>>El banquero del 3A practica nudos con una soga.

>>El trompetista del 2B toca silencios con una sordina electrónica.

>>La puta del 2A tiende sus bragas en el balconcillo.

>>El diputado del 1B se despide de su mujer.

>>La maruja del 1A mira su telenovela preferida.

Siempre. Invariables. Hasta un día que:

>>Tocan la puerta del 4B con violencia y la rubia sale por el balconcillo al apartamento vecino.

>>El gordo del 4A la refugia en sus brazos, le hace el amor y va a contarle su suerte al escritor de los bajos.

>>El escritor del 3B escucha la escena y fuma su último cigarro antes de pedirle un favor al vecino contiguo.

>>El banquero del 3A deja que el escritor se ahorque con la soga desde el balcón.

>>El trompetista del 2B se impresiona al ver el cuerpo colgando y la sordina sale disparada en una última nota estridente.

>>A la puta del 2A se le cae una braga del susto.

>>La mujer del diputado del 1B encuentra la braga y arma un escándalo.

>>La maruja del 1A, harta de no poder escuchar su novela y convencida de que la culpa es de la rubia presumida de los altos, sube las escaleras para derrumbar la puerta del 4B.

Finalistas:

  1. Abey Medina, por Solo de guitarra.
  2. Héctor Barrios González, por Práctica de tiro.

Jurado:

Giselle Lucía Navarro (La Habana, 1995). Poeta, narradora, ensayista, escritora para niños y diseñadora de moda. Miembro del Movimiento Poetas del Mundo y de la Asociación Hermanos Saíz. Egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en 2015.

 

 

Elizabeth Reinosa (Granma, 1988). Ingeniera en Ciencias Informáticas en la Universidad de las Ciencias Informáticas. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz, del grupo Poetas del Mundo y egresada del XIII Curso de Técnicas Narrativas Onelio Jorge Cardoso.

 

 

Daniel Burguet (La Habana, 1989). Narrador. Egresado del XVI curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso (2014). Miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y del taller literario “Espacio Abierto”.

Acta del Jurado

 

Acta del Concurso de Microrrelatos Cubadebate

La Habana, 19 de abril de 2020

El jurado del IV Concurso de Microrrelatos, organizado por Cubadebate, la Asociación Hermanos Saíz y la casa editorial latinoamericana Ocean Sur, se reúne por vía Whatsapp para deliberar sobre los más de 1 000 textos presentados. Tras una lectura cuidadosa, se acuerda por unanimidad otorgar:

  • La condición de Finalista a los textos: Solo de guitarra, de Abey Medina y Práctica de tiro, de Héctor Barrios González.
  • Tercer Premio a Bucle urbano, presentado por GR, por ser un texto con una ingeniosa estructura, que usa el humor y el absurdo como guía de la historia, hilvanando las acciones de los personajes y desencadenantes de una forma divertida y eficaz.
  • Segundo Premio a Cinco, cuatro, tres, dos, una vida, de Adiley Cilleros, por ser un texto de construcción acertada que, con economía de recursos, logra recrear personajes profundos, así como una atmósfera de angustia y desesperación que contagia al lector.
  • Primer Premio a La encontré sentada en la yerba, como Buda, en una esquina de la terminal…, de Iván, por ser un texto que pareciese un calco de la realidad, sin más pretensiones, con un lenguaje claro y preciso. A partir de la eficaz utilización del diálogo, el autor logra darle vida a personajes que parecen existir más allá de la narración. Siembra en el lector una bien lograda desolación y cientos de preguntas.

«El fin último de la poesía es dejar un testimonio»

Es una de las jóvenes voces de la poesía actual que sobrevivirá al paso del tiempo. Hacer una puesta semejante puede resultar arriesgado o polémico ya que, en materia de escritura, en materia artística, es difícil anticiparse al paso del tiempo y de las miradas, siempre subjetivas, de la crítica y el público.

Sin embargo, el arte también posee objetividad. Objetividad que asume el sinónimo de talento, persistencia, memoria y vibración. Quienes recibieron con sorpresa la noticia de que Antonio Herrada se había alzado con la Mención Única del Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén, en su más reciente edición, tal vez se han perdido a uno de los poetas cuyo testimonio, en los caminos de lo creativo, vale la pena escuchar y sentir. 

¿Crees que hay una necesidad de definir qué es la poesía en los tiempos que corren (o en cualquier otro tiempo)?

Una definición siempre presupone una frontera. Una marca que delimita el esto sí y aquello no. Creo que a veces hace más daño definir. Lo mejor de los avances siempre ha sucedido en los márgenes. Si me arriesgara a esbozar un concepto empezaría cada línea con la palabra NO. (Criterios de forma): NO hay que escribir en rima, NO hay que escribir en versos, NO hay que evadir las formas narrativas, NO hay que evadir la rima, NO hay que evadir los versos, NO hay que escribir con moldes narrativos… y así un largo etcétera. (Criterios de contenido): NO quiero extenderme en esto, pero me gustaría proponer un concepto físico, la resonancia, y hacia allí que camine el texto, que la poesía NO sea un rebaño de temas que sale a pastar todas las mañanas, sino que cualquier asunto humano provoque una vibración, una igualdad de frecuencias que hagan al texto y lector oscilar.

La poesía es una materia, asociada muchas veces a la palabra escrita, pero que claramente se transmuta y asume cuerpo no solo en muchas manifestaciones artísticas, sino también en la vida cotidiana. En términos canónicos está la tradición, la historia de la literatura, las escuelas, los estilos. Sobre eso volvemos, negamos o asentimos. Y nos ponemos en diálogo con personas que ni siquiera conocimos, y de las cuales a veces nos separan siglos. Otra muestra más de la teoría de las vibraciones. Si me pidieran una definición, me arriesgaría a esa frontera difusa, y que la libertad expresiva tenga la última palabra.

¿Cómo transcurren tus procesos creativos?

Hay dos etapas. La primera es una etapa permanente, es la búsqueda, la lectura, el estar atento a todo lo que el ojo del poeta ve en su día a día. Muchas veces esa mirada está condicionada por el proyecto que escribo en esos momentos, aunque no desatiende otras imágenes no relacionadas con esto pero que pudieran formar parte de algo futuro. Por eso digo que soy poeta a tiempo completo.

Una película, un libro, una noticia, un resultado científico, una canción, el paisaje que observo cuando me traslado por la ciudad, una frase dicha al aire, cualquier cosa que me provoque una mínima vibración. Muchas veces acompaño estas experiencias de notas. Y esas notas son la materia prima de la segunda etapa. A veces paso meses sin revisarlas y cuando lo hago encuentro poemas completos. Soy un escritor de notas y a veces hago poemas.

Cuando maduran, surgen los libros. Me gusta hallar relaciones infinitas y la idea del proyecto de libro. En esto contradigo la posición de Hemingway, y aunque a veces la musa me agarra escribiendo, nunca comienzo un texto como una invocación.

Esta segunda etapa lleva el corrientazo de la escritura y un larguísimo proceso de revisiones, donde trato que cada palabra tenga su justo lugar. Este modus operandi arriesga por la calidad antes que por la cantidad. Me permite disfrutar como un escolar sencillo y no como un asalariado. Y a veces se reconforta con lecturas como la de Pound, cuando dice que más vale legar una buena imagen que no un conjunto silencioso de obras voluminosas. No obstante, siempre queda el riesgo, la apuesta por la idea fallida, el tiempo dedicado a lo que no concretará en página impresa. Para eso solo queda el desprendimiento y el placer que provoca la contemplación.  

Amén de las lecturas, ¿indispensables? para cualquier escritor, ¿de qué manera se forma un poeta hoy en día?

Hay que entrenar la sensibilidad como un atleta. La lectura sigue siendo la fuente nutricia fundamental, pero la poesía empieza en todas partes (Nogueras, ob.cit). Me gustaría que existiera un reglamento de estricto cumplimiento para todos los poetas o aspirantes: y que empezara con una orden de alejamiento. Nuestro gremio sigue siendo como un gueto, nadie sale y nadie entra.

Ojalá pudiéramos orientar una hora de conversación profunda por cada hora de lectura. Y una libreta donde reflejemos el tiempo dedicado al intercambio con otras artes y artistas. Además pudiéramos disponer de planes de internamiento en zonas naturales, práctica de deportes extremos, unas cuantas materias científicas, clases de baile, idiomas y filosofías orientales, y por qué no, el contacto con niños(as) y con comunidades en desventaja social.

Después de estas sesiones, la sensibilidad del poeta tendrá buenos músculos. NO me gusta la imagen del bardo ensimismado. Prefiero el camino del conocimiento profundo de toda obra humana. Por ese camino quiero llegar a la poesía.  

Algunos de mis entrevistados me han hablado de la existencia de una supuesta crisis de lo poético en el pensamiento de la nación cubana, ¿opinas de igual manera?

Si la crisis consistiera en que el peso de la poesía en los círculos artísticos, políticos y mediáticos de la nación ha disminuido, pudiera estar de acuerdo. La poesía se ha retirado un poco del imaginario del cubano. El pensamiento (como cuerpo creado desde instancias de poder) ya no la tiene tan en cuenta. Pero esto no tiene nada que ver con la calidad de la poesía. Pocas veces se ha escrito tanta poesía y tanta poesía sobre Cuba. Esa parte del pensamiento que también es marginal tiene una salud increíble, es rebelde, heterodoxa, criolla. Claro que no podremos esperar un coro.

El propio sistema cultural ha hecho que crezcan exponencialmente los poetas publicados, las editoriales, los concursos. Y el propio sistema es un atentado contra la calidad de la poesía. Porque la poesía es una industria de la exclusividad, no de la reproducción continua.

Claro que no es el objetivo del sistema, está hecho para todo lo contrario, para crear incentivos y dar apoyo, pero a veces los resultados no acompañan. Lo podemos ver en los cientos de libros que se publican cada año. Si al escritor y al lector no les molestan estas escrituras desechables, pues no habrá contradicciones, esperaremos cada año los nuevos libros como se esperan las nuevas versiones de los celulares.

Pero si por el contrario están buscando un producto único, habrá que cambiar las estrategias. Pienso en un pequeñísimo grupo de poetas contemporáneos cuyas obras valen para negar esa crisis. Habrá que abrirles más espacio, llevar sus obras a otros circuitos, argumentar sus valores. Sacarlas del gueto.

¿Creamos poesía en Cuba con miradas únicamente regionales y signadas a un momento en específico o se busca lo universal? ¿Es ese “lo nuestro”, de alguna manera, sinónimo de “lo universal”?

Esta contradicción entre lo universal y lo local me da siempre algo de risa. ¿No estaban escribiendo los griegos sobre sus dioses, sus hazañas y sus problemas cotidianos? ¿No estaba Guillén hablando de lo que nos define en el imaginario del mundo? El verdadero desafío está en evitar la repetición, en aportarle algo nuevo a lo que tantos han dicho. La clave está en el olfato que debe tener el escritor para identificar la universalidad de un tema local o en cuántas sensibilidades pueden abarcarse desde la íntima realidad de un solo hombre. A veces desespera no solo que sean los mismos temas sino que no hay nuevas formas de tratarlos. Y eso sí es la huella de una crisis creativa.

Eres codirector del proyecto Coliseo Poético. Háblame un poco de esta experiencia.

Pudiera hablar de esta experiencia como de un embrión. Surgió de una manera muy inesperada, en una conversación, intentando simplemente hacer una lectura de poesía de forma diferente. Y ha cambiado mucho. De participantes, de espacios y de patrocinadores. Invariable se ha mantenido Osmel Almaguer, el otro poeta culpable, y quizás algo del espíritu. Ha intentado, sobre todo después de la segunda edición, unir varios temas de interés del ámbito poético nacional: los mundos virtuales (todo, excepto el día de la competición, sucede a través de Internet), una buena remuneración económica (los premios por la lectura de varios poemas superaron en cuantía lo que cualquier premio que se otorga en la mayoría de los concursos nacionales), el resurgir del interés por la lectura del poema en público, la adrenalina de todo concurso en vivo, la participación del público en las decisiones y no solo del jurado, y en cierta medida la democratización y diversificación de la forma de jerarquización literaria más extendida en el panorama literario actual: los concursos.

Después nos enteramos que en el mundo proliferan muchas acciones de este tipo, bajo reglas más o menos parecidas, y hay varios circuitos importantes de slam poéticos, aunque nuestra propuesta gladiadora nos gusta pensarla con nuestros propios intereses.

Solo hemos realizados dos ediciones, la última tuvo también un público considerable (diría que unas diez veces o más de las personas que normalmente participan en una lectura de poesía), y además activo en cada decisión que tomaba. Tuvo mucho apoyo y resistencia sobre todo de poetas. Algunos nos pensaron guerreristas o pretenciosos tejedores del canon. Cosa que nos dio mucha risa, y que obviamente es un síntoma del purismo inútil que aún persiste. Claro que es una obra en perfección. Múltiples causas han retrasado la realización de la tercera edición, pero la idea no ha muerto.

¿Estás aburrido? Planifica tu aislamiento. Lee los libros que siempre pospones. Termina tus proyectos inconclusos. Responde entrevistas. #Quédate en casa. (Mensaje de Antonio Herrada, Mención Única del Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén)/ foto cortesía del entrevistado

¿Crees que existen líneas/propuestas estéticas comunes dentro de las diversas voces que conforman la poesía de los nacidos en los años 90? ¿Hasta qué punto es infructuoso ya estudiar las poéticas de los creadores ateniéndose solo a la coincidencia temporal de haber nacido, o no, en una década?

Como NO me gustaría que nadie viniera a quitarme mi trabajo, creo que sería bueno dejarle estas preocupaciones a la crítica, y si no existe, pues a los creadores que quieran aventurarse. Como escritor aún no diviso esas líneas, o será que no logro insertarme en las que existen. Quizás desde fuera alguien pudiera venir a iluminarme y a cambiar mi opinión. Ya habrá tiempo.

Particularmente no me interesa el tema, más allá de lo que puedo descubrir leyendo a mis contemporáneos o intercambiando criterios. En ese sentido, cuando varios comulgan en intereses, la línea o el grupo emergerá solo. Lo que sí no puede perderse de vista es que para trazar líneas deben existir voces. Y una voz no es publicar libros o ganar varios premios. Hay que establecer la diferencia. Una voz es un sonido muy difícil de imitar.        

Se ha hablado mucho de la poesía como lenguaje revolucionario, que por necesidad obliga a que se revolucionen pensamientos, estéticas e, incluso, criterios artísticos de una época. ¿Es esta la función, así sea adyacente, de la poesía? ¿Se percibe esto en nuestro cuerpo poético nacional?

Ojalá toda poesía fuera revolucionaria. Hace poco oí de una joven historiadora del arte que la poesía era la base de todo hecho artístico, como la ciencia básica que experimenta horas y horas en laboratorios para en el futuro desarrollar un producto. Hay sobrados ejemplos de lo que la poesía ha revolucionado, incluso como himno de transformaciones y luchas sociales.

Me gusta pensar la poesía como una forma elevadísima del pensamiento, como un acto del conocimiento. Incluso la más contemplativa. Pudiera hasta establecer una cadena de consecuencias, a mala poesía corresponderá mal arte, como al pobre desarrollo de un guion corresponde un mal cine. Asumo esta posición determinista. Pongo esta regla en mi tintero y recuerdo algunas voces. ¿Todavía tengo que hablarte del panorama nacional?

foto cortesía del entrevistado

En la poesía, ¿es mesurable una relación con el lector? ¿Hasta qué punto un poeta debe escribir para dialogar con potenciales “otros”, e intentar ser comprendido por ellos?

La relación con el lector que eres es vital para el escritor que intentas ser. No se trata de complacer a nadie. Pero tampoco puede perderse de vista la función fundamental: el poema es un medio de comunicación. Hay que definir los públicos a los que quisiéramos conquistar, o al menos escribir pensando en el lector ideal, que es el modelo de uno mismo. Todo lo que traicione esto (escribir para concursos, para el mercado, para sacar un libro tras otro…) va a tener un rápido final, feliz para los que prefieren la Literatura (en mayúsculas quiero decir).

Me consta que eres un autor que madura sus libros con extrema paciencia. ¿Por qué?

Voy a ponerte un ejemplo doméstico. En poesía me gusta el ritual de revisar obras completas. Analizar el volumen. Hace poco me percaté que la poesía de un poeta ¿local? que respeto, Delfín Prats, tenía unas 200 páginas. Ya he escrito esa cantidad en poemas. Acabo de pasar mis 27 años, lo que limita totalmente la posibilidad de ingresar en el club de las leyendas. Podríamos preguntar a muchos lectores y recordarán más versos de Delfín que los de muchos Premios Nacionales de Literatura. Esto tomando en cuenta que ni es un poeta mediático ni ha escrito como Buesa para el “gran público”. Algo dice esto de su poesía.

Autores han muerto muy jóvenes con considerables (en cantidad y calidad) de páginas escritas, hay otros que acumulan grandes volúmenes en sus largas vidas. Están los Rimbaud y los Nicanor Parra. Estos ejemplos me sirven para enunciar que el fin último de la poesía es dejar un testimonio, una huella que nos trascienda. Un ensayo de lo que sería la vida después de la muerte. Claro que la paciencia no es la clave. Es apenas una estrategia para intentar hacer las cosas lo más sedimentado posible.

A veces lo mejor de la producción se da en una corta estación de escritura. Y a veces el tiempo permite entregar obras reposadas. Ya he dicho que soy poeta a tiempo completo, soy un remunerado de la vida académica y científica, a veces escribo.

Paso mil veces más tiempo editando mis textos que poniéndolos en hojas. Cuando uno aprende a desprenderse de florituras la paciencia es apenas la evidencia de que el texto es lo que vale, la búsqueda, la escritura, la poesía es lo que vale. Ya para entonces, la vida propia del poema, separada de la emoción del poeta, habrá empezado esa lucha por quedarse.

¿Estás aburrido? Planifica tu aislamiento. Lee los libros que siempre pospones. Termina tus proyectos inconclusos. Responde entrevistas. #Quédate en casa. (Mensaje de Antonio Herrada, Mención Única del Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén)/ foto cortesía del entrevistado

«Escribir para mí es un acto de placer»

María Karla Águila escribe desde Montreal sobre las formas de interpretar la belleza (siempre efímera y cambiante). Su Cienfuegos natal la acompaña y también la obsesión —esos motores también efímeros y cambiantes— de encontrar al personaje roto, al fragmento de una historia o de un verso. Poesía y narrativa tejen sus hilos sobre esta joven escritora que ha empezado a recorrer los pasillos amplios de la literatura.

¿Cómo construyes, desde lo emocional, lo espiritual y lo racional, tu propio ejercicio creativo?

No hay nada que piense que no pueda ser dicho por uno de mis personajes. Cuando me encuentro frente al papel, la historia parece ser dictada por otra persona, yo soy más bien la copista. No sé cómo funciona. A veces todo empieza por una frase, el recuerdo de mi madre diciéndome que si no me bañaba me iba romper los dientes. Es una frase que puede resultar violenta, pero mi madre es una santa y en el cuento, la madre de la muchacha también la quiere mucho, pero la muchacha no soy yo, es otra. La muchacha puede ser una compañera de clase que tuve en la primaria y que vi hace unos días. Es algo así, es un efecto collage o Frankenstein.  

En tu viaje desde Cienfuegos a Montreal, ¿sientes que tu mirada hacia la creación y hacia la narrativa ha cambiado sustancialmente? ¿La migración física conduce, de manera obligatoria, a una mutación estética? ¿Cómo asumes, además, el cambio de una lengua hacia otra?

La Karla que partió de Cuba en abril del 2017, ya no es la Karla que responde a esta entrevista. Yo cambié, cambió mi manera de ver las flores, los animales y mis semejantes. Ya no veo a mi país igual, ya no veo a mi familia igual, ni a mis amigos tampoco. Mi literatura (eternamente mutante) heredó, por suerte, este principio orgánico y evolutivo. Creo que la migración física conduce de manera obligatoria a la mutación estética. Las formas de interpretar la belleza cambian, porque la belleza no es la misma.   

El francés, como lengua proveniente del latín, guarda bastante hermandad con el español. Una vez que conoces un poco de vocabulario te vuelves especialista traduciendo mentalmente de una lengua a la otra, ya que ambas guardan estructuras gramaticalmente idénticas. Aunque por el momento no escriba en esta lengua, no abandono la idea de que algún día sea capaz de hacerlo.    

En el año 2019 obtienes el premio que otorga la Universidad de Montreal y la revista Hispanophone por tu cuento Un tren sin puertas ni frigorífico. ¿Cómo se abre paso un artista joven en un contexto geográfico que no es el suyo?

No tengo muchos consejos que dar respecto a ello. Realmente participé en ese concurso porque soy estudiante de la Universidad de Montreal en Estudios Hispánicos. La convocatoria llegó directamente a mi correo y vi en ella una oportunidad de probar suerte y ser leída por otras personas que no fueran cubanos. Fue una sorpresa. Un premio siempre se recibe con inmensa sorpresa y sobresalto, cuando dijeron mi nombre casi me desmayo.

Días después me invitaron a una clase de práctica del español, que se imparte en la misma universidad, y los estudiantes me hicieron algunas preguntas con respecto al acto de creación. Era una experiencia que vivía por primera vez en un país que no era el mío. Mis compañeros de clase me hablaban en los pasillos de los personajes de mi cuento, les intrigaba el hecho de que fueran reales. Hermosísimo.       

¿Sientes que el escritor tiene alguna responsabilidad de mapear o retratar su realidad y su tiempo, o debe enfocarse en otras búsquedas?

No creo que necesariamente tenga que retratar su realidad; cuando el acto creativo se convierte en un deber deja de ser arte por arte y comienza a tener otros apellidos. No me considero una escritora militante, no estoy comprometida con mi realidad, ni siquiera estoy comprometida conmigo.

Los temas, los personajes, los versos surgen de una manera inexplicable, vienen en forma de obsesiones o de imágenes. Algunos hablan de lo que he vivido o he visto, pero no surgen de una necesidad social o de un comprometimiento con alguna causa. No me veo hablando de reciclaje, ni de consumismo, ni de maltrato animal. Me veo hablando del ser humano, de mí, buscando…    

De tu experiencia como escritora en Cuba, ¿con qué te quedas? ¿Y qué desecharías?

Me quedaría con casi todo. Desecharía la parte de imprimir y buscar sobres para enviar a concursos, la parte de enviar por correo mis textos y que casi nunca lleguen.   

La diáspora de autores cubanos, diáspora ya sea temporal o permanente, ha provocado una cierta dispersión en el conocimiento que los creadores tenemos unos de otros; y también una cierta dispersión entre los lectores que pierden de vista a determinados autores. ¿Crees que exista una estrategia, así sea mínima, para establecer puntos y puentes de conexión entre las escrituras de la Isla, con independencia del área geográfica en que su creador se encuentre?

Creo que es buena cosa esto que haces, por ejemplo. Mediante las entrevistas podemos conocer lo que piensan otros autores, lo que nos separa, pero principalmente lo que nos une. Admiro la labor de Milho Montenegro. Quisiera, algún día, tener esa dedicación de promover a otros escritores, esa dedicación que hace que nos acerquemos a otras maneras de crear.

Pienso que otra buena estrategia serían las antologías; en medio de esta crisis editorial, creo que son una buena solución. Dar paso a la publicación colectiva. Cada cual, con su estilo y su propia búsqueda, pero tomados de la mano, en un mismo libro. La antología como un espacio de socialización.

Háblame un poco de tu libro La que debe morir, Premio Reina de Mar 2017 en el género narrativa…

La que debe morir es un libro que me hace siempre sonreír. Es un libro que adoro y del cual me siento súper orgullosa. Está dividido en dos partes: la primera se desarrolla en una ambientación rural y la segunda en una ambientación urbana. Es un libro de mujeres, de mujeres al borde de la fatiga, de la existencia. Mujeres tratando de lidiar con la miseria personal y colectiva. Hay risa y llanto, fango y asfalto. Son cuentos breves, medios acabados, como la vida de sus personajes.

¿Cuáles son los temas/obsesiones/seducciones que intenta tocar tu literatura?

Me interesa el sexo, todo se trata de sexo, como dijo Oscar Wilde. Me interesan las dinámicas callejeras, cómo habla la gente, me interesa la gente anónima, los que acompañan a los héroes, los que no se atreven a matar, pero lo piensan. Me divierte hacerlos hablar porque tengo alma de titiritera. Poner esperanza allí, donde se supone que no había espacio para una puerta, entonces la puerta se abre y el ladrón se escapa del policía.

En la poesía soy otra, la poesía es un espacio más personal. Cada verso es una imagen que creí ver o que quise que sucediera. Escribo poesía porque no se cantar, ni tocar ningún instrumento musical.   

¿De qué manera se imbrica, en tu trabajo, la poesía?

La poesía está presente en todos los aspectos de mi vida. Sin embargo, cuando escribo narrativa, hay textos que me demandan alejarme de ella, mientras que en otros se entremezclan “lo narrativo” y “lo poético”, creando así lo que algunos definen como “texto frontera”. Pienso que de una manera u otra, la poesía está presente porque siempre va conmigo, forma parte de lo que soy y de cómo interpreto cada acontecimiento.

¿Cuánta importancia le concedes a la disciplina y al rigor del oficio en tu ejercicio creativo?

Una vez leí o escuché que si no sentías la necesidad de escribir no eras un escritor. Estuve torturándome mucho tiempo, incluso, cuando me dicen “escritora” algo en mí tiembla de inseguridad.

No siento la necesidad de escribir. Puedo pasarme meses sin hacerlo y no me castigo, ni me deprimo, ni me juzgo mal por ello. Cuando me siento frente a la computadora, el poema se teje solo, el cuento se sucede sin trabas, todo fluye. No veo mi escritura conectada a una estrategia, escribir para mí es un acto de placer… como hacer el amor. 


La poesía transforma la videncia

Ismaray Pozo sorprende, y eso lo consigue no solo su poesía o su belleza interior sino también su pensamiento, que crea zonas de grietas y de relumbre. Conversar con ella sobre el arte y la literatura podría ser un pretexto, transformado al fin en otra cosa: unos instantes maravillosos que quiero compartir con los lectores de esta entrevista. La poesía, esa videncia primera y última, es el tema que de inmediato sale a la luz.

¿Es posible poetizar la vida, la experiencia cotidiana? ¿O está el poeta condenado de antemano a intentar reflejar el mundo, pero solo ver el reflejo de la luz en el fondo de la caverna?

No veo otro modo de poetizar sino a partir de la experiencia vital. ¿De qué otra cosa vamos a poetizar sino de la vida? El hombre habla de lo que conoce. En última instancia, puede teorizar sobre algo desconocido, pero siempre lo hará en relación a lo que ya sabe, a lo que es para él una evidencia. Y lo desconocido —pienso en el origen del mundo, la existencia de Dios, la muerte, la existencia de la vida después de la muerte, etc.— se convierte en una suerte de “conflacionismo”.

El hombre se subordina al orden de las estructuras, a un nivel de la realidad, en ese sentido hay cosas que tendrán que seguir en un estado de ocultamiento, por desentrañar o (in)desentrañables. Por tanto, lo desconocido es otra evidencia. Es ese el material del poeta, que no es para mí un ser condenado, quizás sí como decía Pessoa, un fingidor. Un develador de formas. Homo locuens. Hombre hablante y pensante capaz de significar; en el caso del poeta, capaz de resignificar ese mundo que está ahí y nos viene dado.  

De la misma manera que el hombre es configurador de lo humano, el poeta es un reconfigurador de lo humano/resimbolizante de lo humano. Es alguien con una sensibilidad para desatender ese nivel de la realidad, ese orden del que hablaba ahorita, para construirse otro. De esa nueva entropía o nueva disposición nace el poeta.

¿Hay mestizaje, hay hibridez en tu poesía? En este mundo que vivimos, ¿todo acto poético/artístico es de por sí mestizo y/o híbrido?

Salvando las primeras formas sociales, las primeras expresiones del arte asociadas a la caza, la veneración de ídolos…, creo que nunca más ningún pensamiento nació del vacío. Todo parte de algo. Todo en el arte fue después relacional, bien por mímesis o por resistencia a algo, como las vanguardias.

Somos seres temporales, precedidos, eso hace que haya mezclas, influencias, referentes, que haya una circularidad, una vuelta sobre los mismos temas, con puntos de conexión con otras poéticas, otras formas de creación. Si es eso a lo que llamas mestizaje, sí, hago una poesía mestiza, atravesada por todas esas herencias quedadas de lecturas, experiencias, estudios.

Si te refieres a un purismo de estilo, también, aunque no siempre. No me molesta ese tipo de contaminación porque, siendo fiel a la primera pregunta, la vida está muy contaminada, afectada. “Los nuevos mapas son distintos”, dice Eltit. Ya no importa tanto el cómo sino el fin.

Por ejemplo, siempre me ha parecido La mujer del mercader del río: una carta, de Ezra Pound, un poema, una misiva y un magistral cuento. Igual te podría citar narradores sesgados por la poesía y en mí trasciende más lo leído (en la narrativa) cuando encuentro también eso. Lo otro.

Lo importante, creo, es poder hacerlo bien, no todos los caminos nos conducen a Roma, y a veces comenzamos algo que se termina trenzando, trocando en otra cosa.

Lo puro solo lo veo asociado al origen, al germen de algo; cuando ese algo crezca, progrese, ya estará irremediablemente combinado, conminado también, pues hay en todas las formas de comunicación una amenaza/intrusión/ruido/participación.

Se ha dicho que la poesía, en la actualidad, se lee poco. Sin embargo, la poesía aun tiende a escucharse, tal vez con más facilidad que leerse. ¿Continuamos siendo receptores de la oralidad? ¿Hasta qué punto el acto de vivir la poesía, cuando la comunicamos a través de la palabra hablada/escuchada, transforma el acto de comunicación?

Continuaremos siendo receptores y emisores de la oralidad, en tanto seres hablantes. Incluso viviendo con un alto nivel de enajenación o ensimismamiento vamos compartiendo tradiciones, mitos, leyendas, parte de nuestra historia a través de nuestras acciones. La palabra tiene fuerza, ya sea oral o escrita. Reencarna en cada uno de nosotros.

Cuba está interceptada, pintada por la palabra. Interceptada por mitos, ritos, por las culturas hispanas, africanas, que fueron trasmitidas de esa manera. Cuánta gente no se inicia hoy en las religiones africanas y esa fe es también fe en la palabra, en la herencia de la palabra. Eso que se vuelve inmutable, trasciende. Pero no tienen los mismos códigos la palabra escrita y la palabra oral.

cortesía de ismaray pozo

No creo que el decir la poesía ayude a que se consuma más. Ciertamente la poesía se consume poco; creo que siempre, en relación con otras artes, se ha consumido menos. Hay un riesgo en lo que es consumido por todos. En ese sentido, no lo veo mal, la poesía no puede ser para todos, como tampoco lo es la Física, la enfermería, la pintura, la fundición de metales.

Hay una gran tradición de repentistas, improvisadores, decimistas en nuestro país. Veo en esa forma de trasmitir lo poético una performatividad, necesita de la interacción con el oyente, se reafirma muchas veces en esa interacción y el oyente recibe y reacciona, como una llamada-respuesta. Ahora, toda la poesía no precisa el mismo nivel de interacción.

Yo prefiero trabajar a un nivel más simbólico, sensorial —no tan audible— cuando tengo que enfocar el ojo sobre la línea impresa, como la punta de un aerostato.  En la escucha otras cosas pueden disuadirnos. El oído también es un órgano con una memoria temporal muy corta.

Charla conla poeta Ismaray Pozo

Les comparto esta charla que tuve con la poeta Ismaray Pozo el pasado 14 de febrero después de la presentación de su libro.

Publicada por Joaquín Chávez Pérez en Martes, 25 de febrero de 2020

En una narración, quizás escuchar si la pared era blanca o azul (solo si eso determina en la historia) no hará la gran diferencia. Si nos perdemos la línea de un verso en un poema, quizás no entendamos el poema. En lecturas de poesía, pienso que algo siempre se nos pierde, algo siempre intercede entre el texto y el que escucha, trasformando —como dices— el acto de comunicación, o bien haciéndolo incompleto.

Háblame un poco de tus referentes literarios y de cómo llegas al mundo de la escritura.

A todo sitio se llega buscando. Así llegue yo a la escritura, buscando un sitio. Empatizamos con lo que conocemos. Lo que siempre está en nosotros se torna parte de nuestro carácter, de nuestra identidad. En casa siempre tuvimos libros. Mi padre era por entonces un gran lector. Lo primero que hacía con su salario era comprar libros en la librería municipal. Entonces me acostumbré a esa presencia.

Leía libros de la colección Huracán en la adolescencia, Flaubert, Dostoievski, V. Hugo, Tolstoi. La escritura llegó después, estando en el IPVCE, o poco antes. Para mí, aquello solo era garabatear en una agenda. Era una de las muchas inquietudes que sentía por el arte, de manera que no lo sobredimensioné.

No me planteaba escribir. Y lo hacía, como es natural, distanciadamente, con períodos de sequía, inconstancias. Ya estando en la Universidad comienzo a recibir otras influencias literarias, pero lo curioso es que los caminos eran siempre corvos, nunca rectos, nunca el acercamiento fue directo porque no buscaba. Leyendo ensayos por lo general llegaba yo a la poesía. Recuerdo lo determinante que fue leer un ensayo de Beatriz Maggi sobre Emily Dickinson. O leer ensayos sobre el Caribe, la megritud para llegar a Cesáire, Glissant, Roumain… Pessoa. Mis primeros referentes poéticos están por ahí.

¿Cómo se puede promover mejor la buena escritura?

Si te refieres a promover, de gestarse, de hacer buena escritura, dependerá del nivel de exigencias que cada uno se plantee para lograr eso.

Si te refieres a impulsar la buena escritura, darla a conocer, también.  

Cada persona es dueña de sí; “cada vida la defensa de una forma precisa”. Cada uno de nosotros toma lo que cree conveniente, decanta, filtra. Lo bueno es siempre una meta, un fin ulterior. Llegar a lo bueno requiere tiempo, sudor, sacrificio.

¿Existen las modas literarias? ¿Son una real sintomatología de lo que lee el público o de lo que se consume en estrechos círculos de críticos, seguidores de un autor determinado y/o defensores a ultranza de dichos autores?

Existen. La moda siempre responde a un estado de opinión. Dependerá de la globalización del asunto (el libro, el autor), de su mediatización. Siempre han existido las modas, por molestas que sean a veces, en tanto tendencia, disposición a algo. Eso no lo instaura una persona, es un camino de muchos

Puede deberse a todo eso que apuntas y que yo resumiría en una sola palabra: reconocimiento. Incluso si lo que se quiere con eso es detonar algo anterior, centrifugarlo, remover lo que está establecido. Confieso que me gusta mantenerme al margen del tema. Como dice una amiga: “tan esclavo de la moda es el que la sigue, como el que la rechaza”. Soy esclava de ese rechazo. Hay que negar ciertas corrientes. Pero, ¿acaso no fueron en su momento “modas” el impresionismo, el neoimpresionismo, el fovismo, el romanticismo, el pop-art, el bebop?

Por otra parte, la lucha por el reconocimiento existe desde el origen de los vínculos sociales, desde la familia. Como existe también un intercambio, una transferencia de dones: en los autores que siguen a otros autores por moda, en los lectores que leen lo que otros leen, los críticos que coronan o fulminan. Eso va creando jerarquías, voces que se expanden con una fuerza tentacular. Es el despliegue humano.

Para mantener una postura crítica ante eso, porque cualquiera puede perderse en la curvita anhelada de la fama, a veces me pregunto para qué hago lo que hago. Y dudar es bueno —además de romper toda vanidad—: centra, recompone.

¿Hasta qué punto el mundo de las artes visuales impacta, o no, en tu imaginario poético/creativo?

Creo que bastante. Estudié Historia del Arte y eso, como todo lo que se estudia, fue plantando parcelas, rellenando espacios. Ahora me pregunto cuánto no tendrá que ver el ejercicio crítico con la poesía. La poesía es hipercrítica. Hay varias asignaturas en la formación que entrenan de alguna manera para eso.

En mi tiempo recibía clases de Víctor Fowler y Adelaida de Juan. Ambos impartían talleres críticos, el primero sobre el audiovisual, Adelaida sobre las artes visuales. Ese ejercicio es especular como un espejo. Lo que digamos de la obra puede tener más de nosotros mismos que de la obra. Lo cierto es que pasamos mucho tiempo en el aula recibiendo una cantidad de información que ahí está.

Años después, sobre todo si una se desvincula de las artes visuales, parece que esos caminos antes plantados fueron con el tiempo arrasados como un viejo maizal. Y no. Siguen estando ahí. A menudo llegan. Sobre todo, en textos donde tiendo al barroquismo, a la recreación de atmósferas, porque así es como surgen en mi cabeza ese tipo de imágenes, muy pictóricas. Contrario a la memoria auditiva, la memoria visual/fotográfica logra otra preñez, una gestación más larga en el inconsciente.

El cuerpo que habitamos, el género que habitamos (o nos habita), ¿impacta directamente en nuestra escritura o es solo una condición salvable e intrascendente? ¿Cómo sientes que te sucede a ti?

Escribimos con el cuerpo. Bailamos con el cuerpo. Dormimos con/en el cuerpo. Vamos a buscar el pan con el cuerpo. Bañamos al cuerpo con el cuerpo. Gracias a esa corporeidad estamos en este mundo. El cuerpo nos universaliza, pero también nos individualiza. De manera que tanto la naturaleza de lo que escribo, lo que persigo, lo que hago en la vida, tiene que ver también con la naturaleza de mi cuerpo.

¿Existen reales conexiones entre los poetas cubanos de estos tiempos, esencialmente entre los jóvenes? ¿Conexiones que trascienden al hecho de aparecer juntos en una antología o leer en un mismo espacio? ¿Crees que, más allá del acto creativo, ese que es usualmente solitario, les son útiles al autor las asociaciones con otros creadores? ¿Por qué?

Siempre existen conexiones cuando se coincide en un sitio, en un tiempo; cuando vivimos en una isla tan pequeña como Cuba, tan burbujeante; cuando se tiene una edad aproximada; pasamos quizás por las mismas escuelas, al menos recibimos los mismos planes de enseñanza; tenemos iguales símbolos patrios; nuestros nombres inventados; tenemos como creadores similares divisas, al menos la de seguir creando en la Cuba de ahora, y coincidimos por tanto en Festivales, Ferias del Libro, Juegos Florales, intercambiamos nuestros contactos de móvil y muchos somos amigos por Facebook.

Puede que incluso muchos de nuestros referentes literarios sean los mismos. Intercambiamos libros, novedades, bases de premios en grupos de WhatsApp. A estos premios enviamos cuadernos, según la suerte, los enviamos después a los mismos planes editoriales. Sí, las conexiones existen.

Pero no te puedo hablar del nivel de trascendencia de todas ellas. Cuando leo algo de la poesía que hacen los jóvenes en Cuba, no encuentro, más allá estas coincidencias temporales, muchas semejanzas. Eso me alegra.   

Las asociaciones creativas siempre son dinamizadoras, propositivas, agentes de cambio y, a menudo aglutinan parte de lo mejor de una generación. Pienso en la Revista de Avance, Orígenes, el Grupo de los Once, Volumen Uno, Arte Calle, Puré, Enema, Diaspora(s), Fluxus, el Cinetismo, los surrealistas, Irakere, La Fania, qué se yo.

La historia está marcada por el tendencionismo, los guettos. Eso habla a favor del grupo, de la centralidad de fuerzas en pos de un bien común. Aunque un grupo o asociación, como quieras llamarlo, no funciona si cada miembro no tiene su propia combustión.

¿La poesía duele? ¿Hace feliz? ¿Puede transformar?

La poesía transforma la videncia. Hace que todo cambie y descambie, como apunta un personaje infantil de Graciliano Ramos. Ese cambio y descambio es también endógeno en lo más interno de nosotros mismos.

Cuando llegó, de esa manera salvaje, germinal, como llegan todas las cosas, podía asociarlo con el dolor. Ya no: es indolora como muchas enfermedades hereditarias, un gen degenerado; como la miopía que hace que vivas recalculando los objetos, las distancias, que vivas recalculándolo todo.

Por otra parte, la felicidad es vaga, oscilante. La poesía simplemente trasvasa, al margen de una condición u otra.


Convocan a concurso de carteles

La Asociación Cubana de las Naciones Unidas (ACNU) invita a todos los residentes permanentes en el territorio nacional interesados en la labor de la Organización de Naciones Unidas a participar en su Concurso Anual de Carteles sobre temáticas de interés para la sociedad civil cubana.

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«No sé si la literatura me eligió, pero yo sí la elegí a ella»

En una Cruzada Literaria —hace ya algunos años— conocí a Evelin Queipo, una autora que apuesta por una literatura crítica y sin fronteras. Ella sabe que el talento no eclosiona fácilmente. Por eso, quizás, es que Evelin se manifiesta como una autora paciente y algo silenciosa. Silenciosa y creadora, porque es preciso decir que los motores de su arte no paran nunca de moverse.

¿Qué es lo que más valoras en la formación de un escritor?

Valoro la asimilación de lecturas, de contenidos, la asimilación de las críticas negativas. Conozco gente que lee de manera voraz y de todo; pero son incapaces de reflexionar en torno a eso que han leído. Entonces, si leemos y no interpretamos, o no asimilamos el mensaje, no ha servido de mucho la lectura.

 Respecto a la asimilación de contenidos sucede casi igual. Si estudias una carrera de humanidades, perteneces a un taller literario o a un Centro de Formación como el Onelio, y no asimilas el contenido que te imparten, se ha perdido el tiempo asistiendo a clases.

 Y finalmente las críticas. Si alguien se rehúsa a escuchar críticas, si solo quiere opiniones favorables u opiniones “autorizadas”, nunca mejorará demasiado. Yo siento que uno crece cuando es capaz de asimilar verdaderamente esa crítica que dolió, que nos hizo lanzar un texto a la basura.

Y acepto las críticas de donde vengan: de mis alumnos del taller, de los niños con los que trabajo, de los lectores más diversos y casuísticos, y de los grandes escritores también. En un primer momento, mi sistema defensivo se rehúsa a aceptar la crítica, pero después viene el tiempo y se encarga de demostrarme si había o no razón en ella.

¿Qué es lo que consideras como madurez literaria? ¿Se puede ser un autor maduro con independencia de la edad biológica?

En su sentido más amplio, madurez indica la llegada a un nivel completamente funcional del desarrollo. Pero, ¿cuándo y cómo puede un artista o escritor demostrar que lo que hace ha llegado a la etapa superior de su desarrollo? Eso puede suceder a cualquier edad. Ejemplos hay de quienes alcanzaron su madurez literaria en la adolescencia y juventud, y quienes tuvieron que esperar a los 50 años para dar lo mejor de su producción artística. Pero en cualquiera de los casos tiene que pasar el tiempo para poder estudiar todo el corpus literario de ese autor, analizar, comparar.

Si te lees los primeros textos de García Márquez, su periodismo, por ejemplo, hallarás textos maduros, magníficos, excelentes. Pero después vivieron otros muy superiores que dejaron a aquella producción en franca desventaja. Lo que quiero decir es que en sus textos primerizos puede encontrarse madurez literaria, pero muchos críticos te dirán que el Gabo llegó a su madurez mucho más tarde.

¿Por qué eliges la literatura? ¿Cómo transcurren tus procesos creativos?

No sé si la literatura me eligió, pero yo sí la elegí a ella. La elegí porque me gusta leer, y me resultan inexplicables los resortes que mueven la creación literaria. Me gusta mi idioma, que es muy sonoro y musical, me gustan las lenguas, me gustan las rimas, los cuentos, vivo enamorada de ese mundo. No sé vivir si no es en un ambiente literario y creativo, rodeada de niños, que son unos creadores magníficos y nunca bien comprendidos. Me encanta que me asalten con un buen poema o un excelente minicuento. Pero, por favor, que nadie se tome esto demasiado en serio. No me acosen en la calle. (Risas).

El proceso creativo tenía antes en mí un momento específico, pero ya no. Ese proceso transcurre lento y no para jamás. Siempre estoy mascullando algo, un poema, una idea, un cuento. Si la idea se resiste, puedo darle vueltas durante años. Eso lo aprendí de Heras León: “cada cuento tiene una forma especial de ser contado. Nuestra misión es encontrarla”.

Aunque te describa mi proceso creativo, me quedo corta. De más está decirte que investigo primero, que estudio un pocotón, que no me atrevo a poner una letra si antes no me he preparado. Pero sigue siendo un misterio el proceso creativo.

Te pongo este ejemplo. Una vez tuve una idea para un cuento. Me pasé años estudiando el asunto, pero no salía. Una madrugada, presionada porque me faltaba una cuartilla para completar el número de páginas de un concurso, me senté y lo escribí de un tirón. Una idea que trabajé durante años quedó reducida a 20 líneas. Al otro día se lo leí a un amigo muy crítico, a ese que no me perdona una, porque yo tampoco le perdono nada a él. Resultado: pude ver el asombro en su cara. Pude ver el efecto que ocasionó el final sorpresivo. Creo que si ese amigo no me mintió con sus gestos, con sus palabras, hay que darme un palo en la cabeza para convencerme de que está malo el cuento que escribí aquella noche.

¿Existe una fórmula, fija o no, que procure como resultado el nacimiento de un buen libro?

Hay fórmulas fijas. Claro que sí. Una de ellas puede ser dominar las técnicas narrativas. Eso es vital. Hay quien no las puede nombrar, pero sabe usarlas, porque imita modelos. Otra fórmula es conocer qué quiere el lector para el que trabajas, qué busca. Luego se lo das. Pero también hay que manipularlo. Hay que agarrar las emociones como quien se agarra las partes blandas. Luego aprietas, cosquilleas, masajeas, hasta que saques una lágrima, una risa, una carcajada, una reacción emocional cualquiera.

Si las reacciones le duran al lector, date con un mazo en el pecho, hiciste un buen libro. Eso sí, como el asunto es netamente emocional y, por tanto individual, un mismo libro puede ser excelente para unos y muy malo para otros. Nunca tendrás una opinión general.

Se ha comentado, no en pocas ocasiones, que la literatura joven cubana sufre una “crisis” creativa. ¿Qué opinas de estas afirmaciones? ¿Se han perdido los afanes de contar o ha disminuido el talento?

¿Acaso esos comentaristas se leyeron el cuento de Cirilo Villaverde que sirvió como boceto a Cecilia Valdés? Se publicó, y en opinión de varios críticos es un cuento de escasa factura. Y si te pongo otros ejemplos (nada halagüeños) de grandes escritores, seguro no me creerías, pero igual podría catalogárseles como víctimas de la “crisis” creativa.

Sin embargo, en el peor de los casos esa “crisis” se ha creado aquí mismo, la han creado muchos de los que hoy acusan a la “literatura joven cubana”, porque ellos mismos han sido los jurados de los concursos que los han premiado. Tampoco tengo la posibilidad de leer a la joven literatura francesa, española, norteamericana, argentina… Creo que muchos tampoco la tienen. Sin un estudio comparativo no me atrevo a afirmar que la literatura joven cubana sufre una “crisis” creativa. Se puede especular con esa afirmación, pero demostrar que es cierto… son otros cinco pesos.

¿Cómo observas y valoras la literatura de tus congéneres, en tanto cercanía espacial y temporal?

Creo, por sobre todas las cosas, que es variada. Siendo así, la literatura goza de salud. Esta lección la aprendí con el maestro Lino Betancourt, que me dijo lo mismo respecto a la trova joven. Y llevaba razón su enunciado. Nada que se mueva y sea diferente muere.

Creo que hay cosas geniales hechas por los jóvenes, pero también muy malas. Y en ese ir y venir de opiniones favorables y desfavorables avanza la literatura. ¿Por qué levantar la voz para hablar mal de lo que hacen los jóvenes? ¿Los adultos y adultos mayores escriben tan genial? Yo quiero ver, Evelin Queipo, si piensas lo mismo de aquí a 30 años. (Esta última oración no la escribí yo, sino mi otra Yo, que conste en el acta).

La tendencia en cuanto a aparición de nuevas voces en el panorama literario cubano hace creer que nos encontramos en una era donde el talento eclosiona fácilmente. ¿Es así en realidad? ¿Todo lo que se visualiza o se promociona como “lo mejor” de la literatura joven, es precisamente lo mejor?

En un país que ofrece educación gratuita, que da acceso a diversos medios de comunicación e información, que está lleno de Casas de Cultura, de talleres literarios, que tiene programas tan variados para la promoción de la lectura y la literatura… ¡caramba!, ¡claro que tienen que florecer los escritores por todas partes! Y también los que se creen que pueden ser escritores. Eso es normal. Anormal fuera lo contrario.

El talento es otro asunto. Que te ganes un premio o tres, y te publiquen un libro o 10, no quiere decir que tengas talento. Kafka tenía talento y casi no publicó en vida. El talento no eclosiona fácilmente, pero la literatura sí cuando se han creado las condiciones para ello. En este país se han creado las condiciones. ¿Contamos cuántas editoriales hay en Cuba? En un rápido conteo: cinco de la AHS, 16 de los CPLL, las FAR y el MININT tienen sendas, la UNEAC tiene una en Santiago, otra en Pinar, existe Unión en La Habana, están las editoriales nacionales, algunas universidades tienen sellos editoriales, algunas Oficinas del Historiador también… ¿Por cuántas vamos? Y si hay editoriales, la lógica indica que tienen que eclosionar los escritores. Unas veces más y otras menos maduros, pero están ahí y también está el lector, que no perdona medias tintas.

Lo “mejor” de la literatura joven… es mejor que no hablemos mucho de eso. ¿Quién puede darte lecciones a ti, que eres un lector voraz, de “lo mejor”? ¿Quién puede darme esas lecciones a mí? ¿Quién puede decirle a mi hija de siete años, que lo mejor NO es El gato científico, de Yunier Riquenes, o Epaminondas, de Oros Viejos? Me los pide cada noche. Yo quiero leerle Platero y yo, y otros clásicos; quiero demostrarle que la literatura infantil es mucho más que eso.

Pero muy poco se puede hacer cuando un niño de siete años va al librero repleto de títulos infantiles, toma el de su preferencia y te lo pone en las manos para que se lo leas. Hay que respetar las elecciones de cada cual. Y mi hija puede presumir de tener un amplio espectro de lecturas, porque yo me encargo de leerle, de llevarla al teatro Guiñol, de llevarla a las peñas, a los talleres…

A mí me cuesta mucho trabajo demostrarle a los niños que leer es mejor que ver animados. Tal vez no lo logre, pero no me canso de intentar. Igual, que siga intentando la gente convencernos de qué es lo mejor. Tal vez lo logren.

¿Cuál es tu opinión con respecto al sistema de premios? ¿Ayudan al escritor, facilitan su trabajo o lo hacen lidiar en un pugilato constante donde solo se crea, o mayoritariamente se crea, para ganar?

Es lindo que haya premios, es bueno y es útil. Pero, ¡cuidado! Nadie se deje obnubilar por tres mil pesos y una publicación. En todas partes del mundo hay cazadores de premios. Viven y producen para eso. Y al que velan, no escapa. Es así como hay gente que repite ganando premios. A veces los mismos premios.

 Hay libros que uno sabe que son para competir. También los hay que no son buenos para eso. ¡Qué terrible debe ser someter la creación a los premios todo el tiempo! ¡Pero qué terrible debe ser también escribir libros que nunca ganen premios! Un premio ayuda y dos también. Veinte premios son geniales. Lo que es terrible y maligno es el vicio, es la esclavitud. Si negociamos con esos males pueden sobrevenir ataques de muy alta y muy baja autoestima, podemos salir perdiendo nosotros como seres humanos. La creación nunca pierde. Ella existe y ha existido desde siempre. 

¿Existe un mercado editorial cubano?

Vayamos, como en “madurez”, al concepto básico de la palabra “mercado”: conjunto de transacciones o acuerdos entre compradores y vendedores. Comercio formal y regulado, donde existe competencia entre los participantes. ¡Caramba! Creo que la respuesta a lo que me preguntas es NO.

Sin embargo, no hay que angustiarse por eso. Tenemos libros, tenemos literatura y tenemos lectores. Creo que nada en el mercado tiene un precio real. Todo lo que podemos comprar, negociar, vender, tiene un valor simbólico. Yo no puedo comprar todos los libros que he leído, no puedo comprar todos los que leeré. Pero los libros están ahí y yo los leo de cualquier manera. Nada me lo prohíbe. Ni las leyes del mercado.

Solo si no existieran los libros, la literatura, si no existiera yo, podría dejar de leer. Olvidemos a los mercaderes. Ya Jesús los echó del templo hace más de mil años. A leer, a consumir libros con la vista, con los dedos, con los oídos, con la mente, con las ganas de leer. Y los escritores y las editoriales que lloren las pérdidas mercantiles y la usurpación de los derechos de autor. (Esta última oración tampoco la escribí yo.)

Vives y escribes en Camagüey que, sin dudas, es una plaza importante si se habla en materia literaria. ¿Sientes que los conceptos centro (dígase la capital) y periferia (el resto de las provincias de Cuba) se difuminan cuando abordamos la materia artística? ¿Tienen los creadores de La Habana cierta “ventaja” en cuanto a promoción, creación y/o difusión de la obra?

He editado algunos libros y me parece un poco soberbio que un autor se cite a sí mismo. Pero hoy comprendo la utilidad. Una pregunta muy parecida me hizo Yasel Toledo y la entrevista salió publicada en Cubadebate. Sería bueno poner un hipervínculo aquí pero no ¿se puede? (Risas).

Si no existiera la diferencia entre centro y periferia, todo se llamaría “centro” o todo “periferia”. Ese es un principio básico de la economía del lenguaje: no deben existir dos palabras para una misma cosa. Si te fijas en los sinónimos, muy pocos comparten lo que se llama “sinonimia absoluta”. Pero veamos, cada cosa tiene sus pros y sus contras. Hay “cabezas de ratón” que se han mudado a la capital y no han llegado a ser ni siquiera “cola de león”.

En este sentido se puede favorecer el artista que eligió no migrar a la capital. Pero de que en los centros están las mejores y mayores posibilidades… eso es una realidad. Me quedo estupefacta y llena de sana envidia cuando mis amigos de la capital me cuentan cosas que yo ignoro palmariamente: lecturas con pagos en CUC, extranjeros que hacen ofertas, invitaciones, editoriales que vienen y hacen buenos y malos negocios… Y se me va llenando el corazón de arrugas cuando veo que a “provincia” llega tan solo una de esas bondades, y allá va la gente dispuesta a todo con tal de conseguir un beneficio mínimo. Se forma la guerra. Se pelean unos con otros.

Entonces quisiera que se difuminaran los conceptos de “centro” y “periferia” aunque sea en materia artística. Pero la semántica, dentro de las disciplinas humanísticas, suele ser bastante exacta: “centro” y “periferia” son antónimos perfectos.

¿Qué le falta a la joven literatura cubana para romper las fronteras territoriales de la nación y llegar a los lectores de otros países?

Aquí cerca, a esta hora de la noche, está mi otra Yo, y está loquísima por responder. Dice que tres palabras son suficientes. Le digo que no y se lo prohíbo rotundamente. Pero ella me ha dado un golpe maestro, me ha paralizado los dedos y…

…responde: un mercado editorial.

Solo entonces me devuelve el teclado y yo quiero borrar lo que ella ha escrito y teclear mi propia respuesta, que es diferente aunque no antónima. Pero entonces pienso… ¿y si ella tiene razón?

 

Camagüey, diciembre de 2019

Evelin Queipo Balbuena y mi otra YO.


El surrealismo tropical de Yuris Seoane

Quizás porque Yuris Elias Seoane Serrano tiene sus raíces en la zona de El Cobre, es que una estética singular marca cada una de sus obras, en las cuales lo cotidiano y el sincretismo religioso cobran vida. De ese lugar, rico en religiosidad y espiritualidad, este joven santiaguero bebe para continuar indagando en el universo de la creación.

Desde que egresó como Instructor de Arte en la especialidad de Artes Plásticas y de Estudios Socioculturales de la Universidad de Oriente, Yuris no cree en fatalismos geográficos y ha sabido atreverse en el mundo de la creación visual más allá de su provincia, sin olvidar su formación pedagógica; de ahí que hoy eduque a través de su arte.

Con varias exposiciones, reconocimientos y premios, no solo en el ámbito nacional sino también en otros países como Holanda y Alemania, el Portal del Arte Joven Cubano utiliza estos pretextos para acercarse al reciente ganador de la Beca de Creación SAVE 2018 y conocer sobre las inquietudes y sensibilidades que lo definen como artista.

Foto Frank L. O´Callaghan

–– ¿Por qué no decidiste dejar el magisterio como Instructor de Arte?

No es que no me guste la pedagogía, pero cuando me gradué hice mi servicio social y me di cuenta que no era lo que deseaba realmente. Me di cuenta que me llenaba más la creación. Decidí hacer una carrera como artista y vi que para eso se necesitaba tiempo; es algo difícil, pero son riesgos que uno toma en la vida.

–– ¿En qué manifestaciones te iniciaste como creador?

Comencé realizando videos. Primeramente con un proyecto que se llamaba Visión Común y existía en mi poblado, el cual incitaba a los jóvenes de la comunidad a explorar el cine, lo documental, y me dio curiosidad.

Me llevó a hacer algunos documentales para luego pasar a lo que es el videoarte, que es una expresión que rompe con los parámetros establecidos por el documental tradicional. Viendo esto me incitó a decir de una manera diferente, abstracta, metafórica. Vi en el videoarte una forma de expresarme de forma mas abierta.

–– Este medio es muy amplio… ¿cómo comenzaste a usar el videoarte?

El videoarte es experimento y eso da libertad, permite romper reglas.

Comencé a ver la sociedad y buscar cómo llevar a esta al arte, como una mirada antropológica, de archivo que había que ir guardando, pero no simplemente como un documento, que se ve y ya, sino como una manera de decir, con toques más experimentales, con ciertas subjetividades que diera una sensación, que el público viera estas imágenes a su forma e interpretación, pero que no fuera literal.

Lo considero como videoarte documental. Donde se viera mi interpretación personal y que el público lo indagara con su recepción. Una memoria, donde vea lo actual, lo pasado, sus contrastes. Mi primer videoarte lo hice en el 2012 o 2013, más o menos.

Foto Frank L. O´Callaghan

–– ¿Cuáles fueron tus primeras herramientas de trabajo?

Empecé con una pequeña cámara de fotos que permitía grabar videos, de quizás cinco megapíxeles. Grabando y editando. Ya luego, como todo lleva recursos y se necesita material de calidad, fui resolviendo mejores cámaras. Actualmente estoy trabajando con una HD, ya no solo trabajando el video sino también la fotografía, combinándolos.

–– ¿Qué temáticas abordas más en tu trabajo? Ya son casi seis años de madurez, ¿pero qué es lo que más te interesa presentar en tus obras?

Estoy muy interesado en la sociedad, lo que me rodea. Es de donde me nutro. Deseo traducir lo que se ve. La cotidianidad me da ideas, imágenes que busco devolverlas en arte, en metáforas.

–– ¿En qué consistió la Beca de Creación SAVE?

Gané la Beca de Creación y una Mención. Precisamente por un videoarte que iba dentro de una instalación que elaboré con elementos extraídos de las calle. Su título es Fragmentación.

La beca propicia que por año el Centro de Arte te ayude económicamente para concebir un proyecto de exposición y luego mostrarlo como resultado de la misma. Y ya tuvo su luz recientemente en diciembre en el mismo Centro de Artes Plásticas y Diseño con mi exposición personal Red de lo Social: Fragmentación y Cotidianidad. Discurso sobre el Surrealismo Tropical.

Foto Frank L. O´Callaghan

–– Cuéntame sobre el proceso…

Fue un año intenso, de mucha investigación y pensamiento. Buscando cómo idear, cómo organizar… en un año pasan muchas cosas por la cabeza.

A veces se piensa que es fácil, piensan que ser artista es exponer y ya, que todo surge en un día. No es así, es un proceso de creación constante, y es duro, uno tiene sus dudas, de lo que piensa, de lo que crea, qué está bien y qué está mal es algo estresante también.

Uno puede tener una gaveta llena de ideas, pero hay que encontrar la armonía de todas ellas, la precisa para mostrar. Es trabajar con seriedad, no para salir del paso y punto.

–– ¿Qué se puede ver en la exposición?

Foto Frank L. O´Callaghan

Se puede ver videoarte, instalación, fotografías, arte-objeto, hasta hubo caldosa el día de la inauguración (ríe), todo enfocado en las expresiones populares, en todo sus sentidos: cómo las personas viven y se expresan, su día a día. Es un conjunto de obras que buscan resumir la presencia e interpretación personal de nuestras expresiones populares.  

–– ¿Te sientes satisfecho en cómo se recibió la exposición?

Desde antes de abrir las puertas ya tenía mucha fe con la exposición. Fue otra mirada, que no es nueva, pero es una mirada personal. Pudo ser mal vista, bien vista, pero por lo que percibí, a las personas le gustó y les sorprendió lo que vieron, aún cuando muchas de las obras se nutren de lo que les rodea. No fue lo usual, se encontró con la sociedad en la galería. Tal vez incoherente de momento, pero que es parte de ellos.

–– ¿Por qué Red de lo social…?

Bueno, eso juega con las redes sociales. En las redes sociales las personas publican, participan, pero en el universo digital, y la exposición juega en el plano real. Es un rejuego. Donde se crea sus comentarios y sus vivencias como si fuera publicaciones de la realidad, como en lo digital, pero, en este caso, en su plano físico. Y surrealista, donde se muestra la constante inventiva que produce el cubano para enfrentar sus vicisitudes, donde está lo real maravilloso presente. Y es un surrealismo nuestro, tropical.

Foto Frank L. O´Callaghan

–– ¿Por qué recurres a estos temas más populares y no a otros?

Es la forma, primeramente, de cumplir conmigo mismo espiritualmente, de sacar muchas cosas que llevo dentro acerca de cómo veo a la sociedad, tal vez una forma de desahogarme, de decir que hay esencias que necesitan ser vistas. Y es que me muevo mucho entre estas energías, entre lo cotidiano, soy parte de eso.  

Con este joven se puede dialogar de todo, resaltar filosofías, pensamientos cuestionamientos sociales y del quehacer artístico también. Pueden pasar horas y no agotarse los temas, ya que uno derivaría en otros, hasta el infinito.

Ya está concentrado en nuevos proyectos, nuevas exposiciones que van a estar naciendo en este recién llegado 2020, como el que estará exponiendo en las próximas Romerías de Mayo en la ciudad de Holguín. Estaremos atentos todos a las nuevas reformulaciones sociales de este inquieto creador santiaguero. Un habitante que se comunica con arte.


«Salvar solo la escritura»

Desde Holguín escribe Erian Peña Pupo, joven autor cuya poesía conmueve y ruge. Su oficio sintetiza, de alguna manera, tradición y modernidad. Erian es una voz novísima que no se conforma con escribir, sino que busca el ángulo crítico de la realidad para estremecer aquello que merece ser estremecido. Esta entrevista cruzó las redes como un (pre)texto para encontrar al poeta.

––¿Crees que el sistema de estrategias promocionales del libro en nuestro país es fallido u obedece a normas antiquísimas? ¿Qué se haría necesario para actualizarnos?

No recuerdo cuándo fue la última vez que compré un libro guiándome por una estrategia promocional. Sucede que a muchas de las editoriales no les importa el libro más allá del proceso de recepción, edición, corrección, diseño… cuando el texto sale del poligráfico o de los talleres de la Riso es como si el hijo hubiese cogido vida propia: levántate y anda, camina por ti mismo, conquista a un público, búscate lectores.

No digo que sean todas, pero la mayoría de las veces la “desidia nacional” y sus bifurcaciones provocan que esto ocurra. Por ejemplo, qué hace un libro de un autor holguinero ganando polvo y moho en una librería o un almacén en Pinar del Río o Matanzas cuando su público potencial, ese que busca y persigue sus libros está en su provincia. Como mismo digo holguinero, puedo decir un autor de cualquier lugar del país… Eso sucede muy a menudo. Cuando más, los planes de distribución nacional contemplan unos pocos ejemplares para la ciudad de donde es el escritor. Entonces el día de la presentación, los libros no alcanzan para los interesados, esos que buscan la obra de un autor en específico, mientras que en otras ciudades esos mismos libros duermen el sueño de los justos, aunque sea bastante “injusto” para el texto, para los lectores y, claro, para el autor.

Por eso necesitamos a los buenos promotores. Mucho de lo que leí cuando adolescente, sobre todo poesía, estuvo influido por un promotor como pocos, Joaquín Osorio, quien tenía una peña —un miércoles al mes— en el Café Tres Lucías de Holguín; una peña y un café (aunque este siga abierto) que ya hoy no existen, al menos como antes. Ahí y en otros sitios, Joaquín incentivaba la lectura como pocos y nos prestaba libros, de cinco en cinco, o de diez en diez, y cuando se los devolvíamos, nos prestaba otros. Pero habría que clonar a Joaquín por todo Holguín y toda Cuba, y sería difícil hacerlo.

Publiqué, hace unos años, un poemario en Santiago de Cuba y después del día de la presentación en la librería principal de la ciudad, no sé si lo volvieron a presentar o si se vendió… A Holguín, por ejemplo, creo que no llegaron ejemplares.

¿Cómo actualizarnos? Pondría dos ejemplos cercanos a mí: Claustrofobia, en Santiago de Cuba, y Ediciones La Luz, aquí en Holguín. Ambos están liderando la promoción del libro en nuestro país, y además lo hacen de manera genuina, refrescante, visualmente atractiva… Yunier Riquenes y Naskiset Domínguez hacen un trabajo magnífico, pues los libros les importan, les preocupan los autores.

Promocionar es una manera no solo de vender, que sería el elemento excusa, sino de formar lectores potenciales. Y lo hacen utilizando las redes sociales, las posibilidades de la tecnología en una época que nos obliga a ello. Por su parte, La Luz se preocupa, en un primer momento, por el libro y el autor: un libro hermoso, con un trabajo de diseño y una portada atractiva, es de por sí una obra de arte que atrae, convida, entra sin pedir permiso… Después diseñan pendones, marcadores, postales, calendarios. Cada año realizan una campaña de promoción de la lectura, con el título genérico Leer seduce, pero que en cada edición suma un atractivo más.

Todo esto acompañado por un sistema de peñas, de presentaciones, programas de radio, entrevistas, promociones en la página web y el Facebook de la editorial, para que el autor se sepa realmente autor, cosa que no todas las editoriales logran. Así logran invitar al lector a acercarse y llevarse un libro a casa, a hacerlo tu compañero por unos días o, quién sabe, por unos años o el resto de tu vida. Pero en La Luz está Luis Yuseff, uno de los mejores poetas de su generación, un amante de la lectura y de todo lo bello. Con seres así, como Yuseff, Riquenes y otros más, el libro y su promoción alcanzan otros sitios. El tema es una madeja que se complejiza mientras la vamos desenvolviendo poco a poco.

––En sentido general, ¿son los escritores cubanos lectores actualizados o, simplemente, buenos lectores? ¿Opinas que los miembros de nuestra “generación” —criterio tan debatido y negado— somos capaces de leernos críticamente?

No creo que los lectores cubanos seamos actualizados. Ni siquiera los escritores y los críticos poseemos un arsenal de lecturas que nos hagan dominar el terreno aunque sea un poco. Qué se nos puede pedir si incluso leemos mal nuestra propia tradición. Tenemos mares y lagunas por delante. Buenos lectores sí, pero eso es otra cosa muy diferente. En esto influye el propio sistema editorial cubano, los derechos de autor, las tantas complejidades que hacen que muchas de las mejores obras y autores no lleguen a nuestras manos, primero en el momento adecuado o al menos después, pero que lleguen.

Comúnmente nuestras librerías están desprovistas de autores importantes de otras latitudes. Por eso, si no lees en digital —a mí no me gusta mucho— uno termina consumiendo lo que se puede conseguir, aunque no siempre sea lo que se anhela. Al final, acabamos leyendo a quienes tenemos en las manos; así se conforma nuestro sedimento. Las editoriales cubanas hacen gestiones de derechos de autor que se agradecen mucho y publican a varios autores importantes, pero esto termina siendo insuficiente por la variedad y cantidad de autores que le pueden interesar a un joven escritor. Ediciones La Luz ha publicado a Alice Walker, John Robinson Jeffers, Galeano, Emily Dickinson…

Por ejemplo, ni siquiera autores importantes de América Latina —y eso que Casa de las Américas ha dado luz a varios de ellos— se publican en Cuba ni se venden en nuestras librerías… Cuántos de nuestros jóvenes escritores, muchos con varios poemarios, libros de cuentos y hasta novelas, han “leído y releído” —esta es una frase de mi amigo Eugenio Marrón, el mejor lector que conozco— la obra de José Emilio Pacheco, Roberto Juarroz, Blanca Varela, Fernando del Paso, Vargas Llosa, Rubem Fonseca, Roberto Bolaño, Carlos Fuentes, Arturo Pérez-Reverte, Dany Laferrière, Luis Sepúlveda, Severo Sarduy… y tantos otros y tantos, si en primer lugar es difícil encontrar un libro de cualquiera de ellos en nuestro país. Como lectores me atrevería a decir que estamos desactualizados varias décadas.

Y qué decir del polémico Premio Nobel, aunque para muchos no sea un buen medidor. ¿Cuántos conocemos quiénes son Peter Handke y Olga Tokarczuk, los más recientes ganadores de la cita anual de Estocolmo, y cuántos además hemos leído alguno de sus libros?

En Cuba no se ha publicado la obra de muchos de los ganadores de años anteriores y sabemos, como hemos visto, que influyen mil cuestiones en ello: Patrick Modiano, Alice Munro, Mo Yan, Tomas Tranströmer, Herta Müller, Jean-Marie Gustave Le Clézio, Elfriede Jelinek, J. M. Coetzee, Imre Kertész, V. S. Naipaul, Toni Morrison, Kenzaburo Oe… la lista sigue extendiéndose. Si alguna editorial cubana los ha publicado, por favor, que alguien me avise, para tratar de comprarlos y ver qué escriben estos “monstruos”. Una vez me contaron que Guillermo Vidal, ese excelente narrador tunero, coleccionaba libros de los premios Nobel, desde el primero hasta el más reciente, y lo hacía para saber qué tenían aquellos escritores para merecer este galardón.

El Nobel es un caso peculiar, pero otros tantos libros de escritores importantes no se publican, por un motivo u otro, en nuestro país. Y eso nos aleja —a los escritores y a los lectores— de una tradición, de una cosmovisión que otros escritores y lectores sí poseen. No hablemos, por ejemplo, de los importantes escritores estadounidenses o europeos. Y así, amiga mía, no se puede estar actualizado, mal nos pese, en cuestiones literarias.

Hay casos excepcionales, como mi amiga Mariela Varona, que ha leído medias bibliotecas del mundo, sobre todo de narrativa, en formato digital. Pero qué nos queda a los demás, los que nos “guiamos” por las editoriales cubanas, los que leemos lo que aparezca, lo que encontremos, lo que nos preste un amigo… y que, de esta misma forma, nos formamos también como escritores y asumimos los peligros que ello implica. En muchos casos nos queda leernos a nosotros mismos… si es de manera crítica o no, ya es otra cosa.

Yo te seré sincero: en una época leí mucho a mis contemporáneos, a lo que podríamos llamar “nuestra generación” y lo sigo haciendo, casi siempre mediante revistas, un libro que sea de un amigo o aquel que deba presentar o me motive por algo particular… Pero cada vez lo hago menos, cada vez me arriesgo menos a dedicarle algunas horas a un contemporáneo: no sé si es por el tiempo, o porque las experiencias como generación nos son comunes y muchas cosas me dicen poco, o porque miro mi librero y veo varios buenos títulos esperándome y entonces me pongo a pensar —aunque es una decisión algo injusta— que no podré leer todos los libros que deseo; así acabo escogiendo del librero ese que me espera y aún no he podido leer.

––¿Hay mucho de mímesis, de reproducción automática, y poco de pensamiento en lo que se escribe hoy día?

Por eso mismo que antes comentaba, muchos jóvenes acabamos leyéndonos unos a otros y por consiguiente reproduciéndonos, copiándonos casi automáticamente, calcándonos. Muchas veces preferimos saber qué escribió aquel escritor premiado en el concurso al que enviamos o al que pensamos enviar un día.

Tengo amigos cuyos referentes inmediatos son autores de su misma generación o, cuando más, de una o dos promociones mayores que ellos, pero aun así contemporáneos. Estos constituyen sus metas, sus prototipos.

Me han dicho, incluso, que no les importan los clásicos pues, de una manera u otra, reciben sus influencias por “segundas o terceras vías” en los libros de los escritores contemporáneos que leen. Eso hace que nuestro mapa sea un poco más reducido. A veces creemos que estamos innovando, cuando eso ha sido pan comido años atrás.

El desconocimiento, la falta del “manoseo” de libros y autores nos restringen la visión. Muchos jóvenes pensaron estar demoliendo los cánones de la poesía, dinamitando todo sin orden ni consenso, sin saber que décadas atrás el mexicano Octavio Paz escribió un poema tan innovador y explosivo como “Salamandra”. La escritura lleva su exorcismo —o bien el pensamiento fructífero del que me hablas— pero también su sedimentación, su tiempo de fermentación como el buen vino.

––¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Recorro un camino pedregoso, movedizo, sobre todo porque trabajo con la palabra. Ella me alimenta, me viste, paga mis gastos elementales… Soy periodista y escribo a diario, pero lamentablemente no siempre es literatura. Cuando la mayoría de mis amigos escritores encienden su computadora, abren un documento Word, lo hacen para escribir ficción. Yo el noventa por ciento de las veces lo hago para escribir periodismo.

Tengo más trabajo —para un periodista es bueno— que el que comúnmente puedo hacer: compromisos con revistas, sitios webs, muchos me exigen con cierta frecuencia, además de mi trabajo en el Centro de Comunicación Cultural La Luz, de la Dirección Provincial de Cultura en Holguín, que tiene un periódico homónimo y un sitio web, Baibrama. Por otra parte me interesa el ensayo y la crítica especializada en temas culturales, o al menos intento acercarme a ella con el mayor número de herramientas posibles. Varias publicaciones me han abierto sus páginas críticas: La Gaceta de Cuba, revista sobre la que hice mi tesis, específicamente sobre la crítica literaria en sus páginas, tema poco usual para el muchas veces reducido campo de opciones en la carrera; Noticias de Arte Cubano, El Caimán Barbudo, La Jiribilla, Cubacine, La letra del escriba…

Creo en la ficción y además en las posibilidades creativas del ensayo y la crítica. En ambos corre la vida, la escritura. Octavio Paz nos lo demostró con sus ensayos, que son joyas literarias. Y varios escritores cubanos le han dado aliento con firmeza y soltura de miras.

Reconozco que la carrera de Periodismo te da herramientas, aprendes a domeñar la palabra si tienes intenciones de hacerlo, claro, y no te quedas como un periodista más del montón; érase un periodista a una noticia pegado, parodiando aquellos versos de Quevedo. Pero tienes que despojarte de esas rutinas y moldes, tienes que entregarte a la página en blanco sabiendo que puedes dar vida realmente —sí, realmente— a la palabra. Le robo horas al día, al sueño, para leer.

 Y últimamente veo mucho cine. No tengo rutinas ni métodos. No me fijo patrones de trabajo, ni horas. Casi nunca busco la escritura, sino dejo que llegue y me sorprenda. A veces no puedo dormir, pues me asalta la idea imperiosa de escribir, sin saber qué, pero escribir. Y me levanto y me sale un cuento de un tirón, un cuento al que después le edito unas pocas palabras. Así me sucedió con “Habitación propia”, que nació de madrugada, casi íntegro, y me ha dado varias alegrías como el Premio Cuentos Fríos, de la UNEAC en Matanzas.

Algo similar me ocurrió con una novela infantil que recién obtuvo el premio Casatintas de la AHS, el Centro del Libro y la Promotora Literaria en Sancti Spíritus. Tenía las historias, al menos la anécdota, en la cabeza, y solo fue ponerme a escribir un día… Otras veces apunto las ideas, el boceto de lo que puede ser un cuento. Lo dejo reposar, a veces meses, sabiendo que al ponerme a trabajar en él, le daré cuerpo.

La poesía, por su parte, se asalta, me invita al diálogo lírico, me muestra un mundo. A veces escribo poemas sueltos y otras, como ahora, trato de armar un cuaderno con un tema en común, que lo recorra de inicio a fin, cosa compleja sin dudas.

Muchas veces quisiera lanzar por la borda —y en alta mar— al periodismo y los compromisos de trabajo; los que, a medida que vas siendo bueno y dándote a conocer, crecen. Lanzarlos por la borda y salvar solo aquel que quiero hacer, que tengo necesidad de concretar: artículos, reseñas, entrevistas, crítica, ensayo… Eso es lo que me atrapa aún del periodismo, lo que no ha perdido el matiz de ilusión con el que uno llega a las aulas universitarias y que se va difuminando poco a poco en la cruenta realidad. Lanzarlo todo, salvar solo la escritura y sus posibilidades. Y crear, escribir, soñar.

––Para ti, ¿cómo puede formarse un escritor?

Pasé el curso del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en su graduación decimoquinta. Recién llegaba a la universidad, había leído muy poco; indistintamente lo que me caía en las manos, incluidas revistas de todo tipo, pues crecí en una zona rural en las afueras de Holguín, sin cercanía con la literatura, ni talleres ni nada por el estilo que ayudaran. Por eso el Centro Onelio fue una gran puerta que me hizo rodearme de otra familia. Muchos, como yo, ni siquiera habíamos leído al Chino Heras, al que debemos tanto. El Centro no dio herramientas, es la verdad. Quizás no todos han concretado la escritura como fe de vida, pero estoy seguro que salieron siendo, al menos, mejores lectores.

Por otra parte, la universidad, los compañeros, varios profesores amigos, me ayudaron a orientar las inquietudes literarias, aunque de esos años apenas haya salvado unos cuentos y varios poemas. Puertas para huir de una casa cobró vida en la Universidad de Holguín, en las aulas, en las becas, y tuvo la suerte de contar con un prólogo de Norge Espinosa, palabras de contracubierta de Basilia Papastamatíu, una reseña de Virgilio López Lemus, palabras de presentación en la UNEAC holguinera por mi querido Luis Yuseff… Hoy esos poemas juveniles no me dicen mucho, pero están ahí, son parte de mí, reflejan mis inquietudes en ese momento específico de mi vida, con apenas 20 años.

Creo que los talleres literarios pueden ayudar mucho cuando los lleva alguien con fuerzas y amplitud de miras, sin imponer criterios ni estilos. Aquí varios escritores amigos tienen sus talleres y les va muy bien, con resultados, pero en lo particular no he pertenecido ni asistido a ninguno, salvo quizás en los días universitarios, y digamos que esporádicamente. Prefiero dar los tropezones, crear mis murallas, orientar mis rumbos…

Creo que la lectura es primordial para formar a un escritor. Lo demás parte del talento, del sacrificio y el empeño, pero la lectura es la que abre primero el ansia, el apetito, el sueño…

––Se nota que existe una proliferación (una eclosión) de poetas en los últimos años. Las redes sociales se han convertido en una tela —muchas veces de araña— que permiten no solo la promoción de lo más reciente de las producciones individuales sino también la proliferación, perdóname lo reiterado de la palabra, de productos seudoartísticos. La relación poeta/redes sociales, escritor/medialidad, ¿hasta qué punto impacta en el criterio formativo de los lectores y en la propia opinión escritural de los autores? ¿Es beneficiosa o negativa la inmediatez de las redes, en cuestión de materia artística?

Hay muchos poetas o personas escribiendo poesía, que no es lo mismo. Es cierto. Muchos jóvenes leen dos libros y al poco tiempo —me hablabas de mímesis, de reproducción— se aparecen con sus poemas bajo el brazo, los comparten en las redes, luego en una peña, en una revista y así llegan a publicar un libro. ¿Y qué encuentras en ese libro? Creo que de esa manera comenzamos todos.

Pero la cuestión es que no sean solo dos libros, ni un manojo de poemas imitando a Lorca o Borges —que son inimitables, por supuesto— sino el logro de una voz y, si no es eso, pues no siempre es fácil hacerlo, es necesario una identificación vital y cabal con la poesía y su esencia, que para cada cual será una, la que más cerca esté de sí.

El holguinero Erián Peña Pupo resultó el ganador del Premio Casatintas de literatura infantil y juvenil, convocado por la filial espirituana de la AHS, en Sancti Spíritus/Foto tomada del perfil de facebook de Cultura espirituana.

La poesía no es una moda. La literatura no es un juego. No lees hoy, copias mañana y ya eres poeta o narrador. Esa palabra —con tantos muertos gloriosos y atormentados, por sí mismos y por el hombre, a veces el peor enemigo de la poesía— pesa mucho.

Ciertamente las redes sociales han funcionado como una plataforma socializadora de esa producción poética contemporánea. Es como me dices en una pregunta posterior: ¿cómo saber qué es bueno o malo realmente? ¿El lector lee en las redes? ¿Consume poesía de manera inmediata? Yo al menos lo hago muy poco o simplemente no lo hago. Prefiero la “intimidad” de la lectura. No podemos negar la tecnología y con ello las redes sociales, las revistas en Internet, en las cuales las personas seguirán publicando sus versos, buscarán sus espacios de promoción, esos que no siempre tienen y sí, corremos el riesgo de que nos vendan productos seudoartísticos, como siempre ha sucedido con otros medios. Al final, y sonará a perogrullada, el tiempo vendrá implacable a poner las cosas en su justo lugar.

––¿Crees que existe una “moda” literaria? Si es así, ¿cuáles son sus síntomas?

¿Moda literaria? De existir, creo que sería más bien de escritura que de lectura. ¿Te refieres a eso? Mucha gente quiere escribir, a veces sin comprender las responsabilidades que ello encierra; o quieren ser originales imitando a otros sin las lecturas necesarias, que a muchos les pueden parecer prescindibles cuando se tiene talento.

Un joven con muchísimo talento fue el Reinaldo Arenas de Celestino antes del alba, un talento natural como pocos; pero aunque el narrador de la novela sea ingenuo, un niño de los campos de Cuba, un guajirito con sueños y anhelos, Arenas antes de escribirlo se pasaba horas leyendo en la Biblioteca Nacional lo mejor de la literatura contemporánea y clásica.

Por otra parte, las modas nunca han sido buenas, aunque nos hagan ver modernos, corren el riesgo de reciclarse o de —según las estaciones del año— cambiar súbitamente.

––¿Es posible distinguir, hoy en día, un producto literario de calidad de otro que no la posee, más allá del criterio personal de “me gusta” o “no me gusta”?

Las barreras y los límites se han hecho cada vez menos visibles. ¿Qué es bueno en literatura? ¿Aquello que rompe con la tradición o lo que la sostiene aún? ¿Las obras que ganan premios importantes y legitimadores? ¿Las que publican editoriales relevantes? ¿Las que la crítica alaba en las revistas o en algún que otro periódico? Y en cambio, ¿qué es malo? ¿Todo lo contrario a lo anterior? Como ves nos movemos en terreno pantanoso y más si nos ponemos a pensar, históricamente hablando, que lo que un día fue malo —aquel libro censurado, abucheado como producto del pensamiento del momento— con el paso del tiempo se ha convertido en un clásico, un referente. Ejemplos sobran. Lo que sí estoy seguro es que no todo el mundo puede ser escritor ni publicar.

Cuando publicas estás legitimando, le otorgas a una voz un criterio de fuerza, de valor. Pero, ¿cómo valorar con justeza si como escritores o críticos tenemos lagunas? Aquí volvemos a si somos lectores actualizados, a las estrategias promocionales… Todo, como ves, se interrelaciona terriblemente, bien nos guste o nos pese. Tampoco —como me dices— podemos olvidar algo tan importante como el criterio personal, el gusto que condiciona lo que leemos o no, más allá de si es bueno o malo. Pero el gusto está formado por lo que hemos leído, por los límites que nos imponemos. Por eso leer a los contemporáneos —leer en sí a todos— es un acto algo riesgoso.

––¿Cuán evidente es la competitividad en el campo de nuestro oficio? ¿Son los premios una sintomatología de ello?

La competitividad siempre existe, más o menos evidentemente, solapada o tras el murmullo de salón… aunque no sé muy bien cómo funcionan sus resortes, pues en lo personal no la he sentido muy cerca; incluso podría afirmar que me ha rozado más en el periodismo que en la literatura.

Mi otro gremio sí es más competitivo. Quizás se trata de que no envío mucho a los concursos y en los que he enviado he tenido algo de “suerte”. Los premios sí legitiman y visibilizan y quizás por ello sean motivo de competitividad.

Todo el mundo quiere ganarse un Calendario, un David, un Celestino… Y más si vives en provincia y quieres labrarte una carrera literaria y ser reconocido tanto en el gremio como en el sistema de instituciones, o deseas que te inviten a ferias u otros eventos en el país… Al final la competitividad es un mal menor, solo es necesario que prevalezca la creación.

––En los tiempos que corren, ¿existe la involución poética o se encuentran otras formas de decir, desde lenguajes y estrategias propositivas nuevos?

Apenas he leído a profundidad la poesía de mis contemporáneos, en verdad. La conozco por antologías y revistas, por algunos libros… Eso sí, he leído a casi todas las voces jóvenes reconocidas. Muchas veces los he presentado en ferias y peñas… y he disfrutado la lectura de sus libros. Otras veces he escrito de ellos, pero no los he leído con la frecuencia necesaria para darle la respuesta correcta a tu pregunta. Muchas veces prefiero llenar mis lagunas —cosa siempre difícil— leyendo a los poetas cuyos libros tengo a mi alcance y que son los llamados clásicos, aunque sean contemporáneos.

Creo que cada época tiene la poesía que merece, la que le corresponde, la que está en la cosmovisión de sus creadores. La generación conversacionalista de los 60 abrió las puertas a los poetas que publicarían en los 80, nuevas voces, radicales, amplias. Hubo negaciones, acercamientos, rescates… pero la poesía sobrevivió, siempre lo hará.

Los poetas que comienzan a publicar a inicios de los 2000 habían nacido a fines de los 70 o inicios de los 80 y son una generación muy interesante, variada. Los intentas unir y se te escapan, pero siempre tienen hilos conductores en común. Los que nacimos a inicios de los 90 hemos bebido de todos los arroyos posibles, pero estamos cercanos a la generación precedente, no siempre rompiendo con la tradición pero sí acercando a nosotros a poetas como Baquero, Eliseo Diego, Lezama o Virgilio. Entre la experimentación y el puritanismo, la poesía ha buscado nuevos lenguajes. Creo que siempre habrá nuevas formas de decir, otras necesidades expresivas —como nueva es la vida— aunque su esencia y contradicciones sean las mismas. La cuestión es encontrarlas. Eso es lo que hará que una obra perdure. Pero la perdurabilidad es un terreno polisémico y arriesgado, así que es mejor dejarlo ahí.

––¿Piensas que existen, dentro de nuestro canon literario, autores aún vivos que marquen la vanguardia creativa, los pasos a seguir? Entre tus pares, ¿serías capaz de señalar algunas voces que creas forman parte de esa avanzada?

Todo canon conlleva a la discriminación, a la exclusión, a poner unos por encima de otros… Eso bien lo sabía el polémico Harold Bloom. Y no es esa nuestra intención, aunque claro, existen autores vivos que marcan, de alguna manera, nuestra vanguardia creativa. Es algo innegable. Te puedo mencionar varios de los que ahora mismo integran para mí ese canon tan personal como polisémico de la literatura cubana contemporánea y que, como me dices, nos muestran a los jóvenes los pasos a seguir. Parto de experiencias personales, afinidades, más que de una visión realmente canónica: Reina María Rodríguez, con una poesía (y también una narrativa) tan personal y poliédrica; Roberto Manzano, maestro de varias generaciones; Delfín Prats, que es uno de nuestros poetas vivos más importantes, aunque ya apenas escriba, y que no acaba de recibir el Premio Nacional de Literatura que tanto merece; Lina de Feria, otra postergada para el Premio, varias zonas de su poesía pueden constituir un descubrimiento deslumbrante; la ensayística de Ambrosio Fornet me parece aún muy lúcida y necesaria; Antón Arrufat, me sigue siendo vital y no solo en nuestro teatro; en Mantilla escribe Leonardo Padura, que pese a quien le pese, es el autor cubano vivo más conocido en el mundo; y en Mallorca escribe, en su isla de repuesto, un novelista excepcional como lo es Abilio Estévez; también existen Luis Yuseff y Alberto Garrandés; y Norge Espinosa, no solo un gran poeta y dramaturgo, sino también uno de los críticos culturales más completos de este país…

Como la lista puede extenderse, no pecaré mencionando a otros autores, que considero igualmente importantes, valiosísimos, y parte de ese cuerpo tan movedizo y tambaleante que llamamos literatura cubana. Hay otra parte de nuestra creación literaria que está fuera de la isla y que no leemos, no está en librerías pero también ocupa un lugar importante en ella y debería estar en ese canon.

Entre mis contemporáneos —y te recuerdo que no los he leído como debería hacerlo— puedo subrayar la existencia de una avanzada. Dentro de ella existen nombres como los de Jamila Medina, Sergio García Zamora, Moisés Mayán, Legna Rodríguez, autores un poco mayores que yo. Eldys Baratute, Yunier Riquenes y Maikel Rodríguez Calviño, entre otros, sostienen zonas interesantes de nuestra literatura infantil. Y otros más jóvenes, generacionales: Antonio Herrada, Yonnier Torres, tú misma, Junior Fernández, Milho Montenegro, Bill Cordobés, tienen poéticas muy interesantes. Hay muchos jóvenes que escriben y publican, que además obtienen premios, pero no los he leído a todos como para valorarlos mejor.

––De cierta forma, a lo largo de muchas décadas, la idea de publicar más allá de los márgenes geográficos de nuestra isla era una utopía casi irrealizable. ¿Hasta qué punto tienen nuestros escritores preparación y conocimientos para lidiar con el mercado internacional y con ciertas editoriales rapaces? ¿Qué piensas puede hacerse para corregir estas deudas?

No he tenido muchos contactos con editoriales extranjeras, salvo una que otra vez. Los jóvenes a veces pecamos de incautos, nos dejamos deslumbrar por una buena cubierta, con un diseño bastante comercial al que no escapan ni las pequeñas ni las grandes editoriales del mundo. Hay quien ha tenido éxito, pero no todo el mundo es Leonardo Padura, Abilio Estévez, Pedro Juan Gutiérrez, Ena Lucía Portela, Arturo Arango, que han tenido en determinado momento, o hasta ahora, contratos con grandes grupos editoriales.

A los jóvenes nos toca abrir puertas, insistir… Existen muy buenos narradores y poetas jóvenes en Hispanoamérica, para quienes publicar en este tipo de editoriales, donde el libro no es subvencionado, es normal. Creo que nos falta preparación y conocimientos, tal como dices, para caminar con fuerza.

¿Qué hacer? Primero debemos conocer nuestro propio sistema editorial, sus potencialidades y limitaciones, pero también abrirnos al mundo y que el mundo se abra a nosotros, no podemos estar de espaldas a todo. Pero para ello debemos “conocer al mundo”, que sería conocer a estas editoriales y su funcionamiento, las estrategias de venta y promoción, cuánto verdaderamente importa un autor a un editor… Hacerlo aquí, de manera institucional, podría ayudar a esta sinergia necesaria hoy, para no dejar que, después de los traspiés, los jóvenes se enfrenten con la realidad. Aunque a veces sea necesario chocar con esa realidad para poder ver mucho mejor.

––A tu criterio, ¿existe una especie de autismo literario? Quiero decir, ¿los autores de hoy día están solo interesados en el estrecho círculo que rodea a su propia creación, sin mirar a otros horizontes?

Todos estos temas de los que hemos hablado vienen a ser diferentes y, a un tiempo, el mismo. Una gran madeja los envuelve a todos. Son cuestiones que hay que pensarlas más de una vez y la opinión de hoy puede ser diferente a lo que se crea mañana. El término autismo literario es un poco polisémico. Incluso me pongo a pensar a qué horizontes podría mirar un escritor hoy día más allá de su creación.

 Alguien más ortodoxo podría asegurar que su principal responsabilidad es con la creación; con ella y nada más, una relación casi conventual. Ejemplos sobran. Otros podrían hablarte del escritor como intelectual, como ser comprometido con el devenir político y social de su país o del mundo. Ejemplos también sobran; Cuba es paladín de eso. América Latina ha sido —lo sigue siendo— un territorio bastante politizado, donde el escritor, sobre todo el llamado escritor de izquierdas, se torna en intelectual y toma su obra como estandarte para la batalla, la crítica o bien para enaltecer lo hecho hasta ahora. El escritor cubano —en ambos lados de la balanza— no ha perdido su posición como ente social. En cambio la busca, la persigue… Vive sumido en la cotidianidad, en los dolores y victorias del país, por eso rehúye a la torre de cristal y “participa” con su obra. Insisto: la literatura, despojada de todo, siempre prevalece.


«El arduo proceso de cuestionar y entender»

En lo real, el escritor encuentra la belleza de la escara y sus (in)certidumbres. Su viaje por el camino de la zozobra es siempre una invitación. Ahmel Echevarría conjuga, en su obra, fotografía y banda sonora de la vida. Por eso, advierto, es que esta entrevista ha de entenderse como un soundtrack incompleto.

––¿Sientes que, más allá del punto de vista del estilo, existen hilos conectores, más o menos visibles, que relacionan a tus textos?

Aunque siempre me propongo “cambiar de rostro” en cada libro, y esto significa no repetirme, o en última instancia “repetir desde la diferencia”, hay un propósito común en mis libros: el amor y la memoria.

Me interesa situar al individuo en el centro de una historia de amor tan compleja y variable como variable y complejo es el ser humano. Dicha historia, en la que se alternarán alegrías y derrotas, acontecerá en un contexto privado y público afectado por los vectores de la ideología, la política.

Visto así, las historias que narro, acaso novelas de amor, van del presente a un pasado reciente. Hasta el momento, el pasado en mis libros se ha circunscrito a las décadas del 60 y 70 del siglo XX cubano.

Foto Cirenaica Moreira

––¿Existe una clave, una fórmula, que garantice la hechura de un buen narrador?

No existen, al menos no en el sentido que creo tiene tu pregunta. Sin embargo, pienso en los decálogos como posibles rutas a seguir, no fórmulas.

Cuando analizas el contenido de los decálogos de grandes escritores, esos textos que algunos leen como Mandamientos, además de las coincidencias verás no pocas diferencias. Esas variaciones nos hablan de la imposibilidad de la fórmula.

Los decálogos deben leerse con la alarma de la sospecha siempre activada. Este detalle podría ser una clave.

Hay un factor común en los grandes narradores: la capacidad de observar y asociar, el singular manejo del idioma, los riesgos asumidos en el acto de construir un relato (personajes, estructura, temas, la disolución de las fronteras entre los géneros, etc.), la manera en que su literatura se adelanta hasta el punto en que no pocas ocasiones resulta ilegible o incomprensible para sus contemporáneos.

––¿Cómo transcurren tus procesos creativos?

Una imagen siempre es el punto de partida, una imagen que contiene una suerte de enigma. Luego toma la forma de una o varias preguntas cuya respuestas ignoro, lo cual me sitúa en el camino de la investigación, del modelaje de las tramas, conflictos, personajes, el tipo de narrador.

Junto con la imagen inicial “se producen” una serie de frases relacionadas con el enigma o la(s) pregunta(s). De ahí nace el título del libro y parte del espíritu que debería tener.

Como se trata de un proceso de ensayo y error, no doy nada por sentado hasta sentir que he arribado a un punto donde todo cobra sentido. Los elementos que parecían dispares empiezan a conectarse. Entonces solo queda abandonarse al placer de la zozobra.

A la escritura nada le es ajeno, trabajar en un proyecto de novela es casi similar a investigar un crimen.

––Tu obra ha sido identificada como parte de la Generación Cero, ¿qué ganancias ha reportado, en materia escritural, ser parte de dicha Generación? ¿Percibes que es una generación ya superada o notas que las nuevas promociones de autores intentan emular, con más o menos éxito, las fórmulas de la promoción anterior?

Con Generación Cero hay más de una confusión, toda vez que se ha utilizado para nombrar dos objetos de estudio diferentes.

Partamos de que es una etiqueta. Por un lado, dígase que fue creada por el escritor Orlando Luis Pardo Lazo, en su versión inicial era Generación Año Cero. Bajo esa etiqueta estábamos un grupo de escritores que coincidimos en el espacio literario coordinado por el escritor Jorge Alberto Aguiar Díaz (JAAD), y que además comenzamos a publicar en el 2000. Para Orlando, el 2000 era nuestro año cero.

Algunos críticos decidieron utilizar la etiqueta a la hora de segmentar y reunir desde el punto de vista temporal, para el estudio de la narrativa y la poesía, a los autores que comenzaron a publicar a partir del 2000. En resumen: redujeron el largo de la etiqueta y ampliaron el tamaño del objeto de estudio. En ese punto se generó cierto desmadre.

Más allá de la aceptación y el disenso de los miembros del grupo que aparece en el párrafo donde menciono a Orlando, y de incorporaciones que luego hicimos, vale aclarar lo siguiente: G0 no es exactamente una generación sino un grupo o promoción de escritores.

En “materia escritural”, para utilizar tu propio calificativo, al menos en su núcleo la ganancia que reportó se resume en una ideología de grupo, lo cual conduce a la manera en que pensábamos la literatura en relación al contexto en el que estábamos viviendo, y la crítica que queríamos hacer.

A pesar de las diferencias de estilo y temas entre sus integrantes, porque esa variedad caracteriza a la G0, pensamos un espacio que no era solo literario, al que no solo le interesaba la literatura, y que no solo era físico, muestra de ello son el e-zine the revolution evening post, las revistas digitales Cacharros(s), 33 y 1/3 y Desliz.

De manera extraña, y tras coincidir en los espacios creados por el escritor JAAD, se produjo una comunidad de afectos e intereses que entre algunos integrantes de G0 dura hasta hoy.

No me concierne responder si G0 ha sido superada. Igual no creo que importe demasiado, porque cada promoción, grupo o generación debe pensar su propio espacio. A su cuenta y riesgo debería reaccionar ante su realidad con sus propias herramientas, con su noción del mundo, con su propio dispositivo de enunciación.

––Hay generaciones inolvidables en la historia de la literatura de un país, ¿Generación Cero merece un lugar semejante?

Con el transcurso del tiempo, todo aquello que en cierto momento nos desveló e hicimos ―y aquí uso el plural para referirme a cualquier individuo― ocupará su justo lugar. Ese lugar podría ser el silencio, la derrota.

Ya se verá si los de G0 merecemos el olvido.

––¿De qué manera te relacionas con el mundo de los premios? ¿Hay fricción en tu vínculo con ellos?

Por lo general, los premios solo distribuyen un poco de dinero y resonancia. El dinero y ese tipo de ruido nunca vienen mal.

No tengo ningún problema con los premios. Si lo gana un amigo, me alegra igual. Creo que fue en el 2011 cuando el Guillén y los Carpentier cayeron en manos de Luis Yuseff, Jamila Medina, Osdany Morales y Marcial Gala. Fue una muy grata sorpresa, también una señal.

Los premios están ahí para que lo intentes, y algunos son menos limpios o menos justos que otros. Son las reglas del juego, no se pueden perder de vista.

Pero la literatura, la literatura a secas, está en otra parte.

––Muchos autores cubanos, tanto jóvenes como de mayor trayectoria, se quejan de la poca promoción, a escala internacional, que tienen sus obras. ¿Es este un factor que puede ser combatido por el individuo o requiere de un esfuerzo a mayor escala? ¿Qué puede aprender nuestro incipiente mercado del libro de otros mercados con mayor experiencia?

La literatura cubana no está en ningún mapa literario, en ninguna agenda ni buró de las grandes, medianas ni pequeñas editoriales que marcan el pulso de lo que acontece en el panorama literario internacional.

Solo se manejan algunos nombres, muy pocos; la mayoría de esos pocos, porque debo insistir en la cantidad, son los grandes muertos del panteón literario cubano.

Los pocos autores vivos que aparecen en ese panorama o mapa están allí no precisamente por la gestión de agentes o editoriales cubanas.

Cuando en los diferentes movimientos promocionales de autores latinoamericanos jóvenes veía y veo la ausencia de Jorge Enrique Lage ―el Lage de Carbono 14. Una novela de culto, La autopista o Archivo— confirmo que tal ausencia no solo está relacionada con asuntos netamente literarios.

Tu pregunta habla del mercado. Y el mercado tiene reglas duras que hay que conocer. Entre sus actores principales están los agentes y editores. Ellos establecen las reglas del juego, y construyen el mapa o el panorama al que desean acceder los autores que mencionas.

Es casi imposible ubicarse allí desde un lugar tan marginal como Cuba, contando solo con la conexión a Internet.

Puesto que ya estamos hablando de Cuba y el mercado, otra vez utilizaré tus palabras: “nuestro incipiente mercado del libro”. A mi modo de ver, ni es nuestro, ni es incipiente, tampoco es mercado. No existe.

Lamentablemente, aunque cuenta con personas lúcidas, profesionales, y entregadas a su trabajo, incluso con algunas pequeñas y buenas editoriales, a estas alturas el sistema editorial cubano, tal como está diseñado, no puede aprender ni mejorar nada.

––La palabra “comercial”, asociada a la literatura, parece ser una condición de la cual muchos escritores rehúyen. ¿Qué importancia le concedes al hecho de la calidad literaria vinculada al aspecto comercial del libro como objeto arte?

Más allá de la complejidad y densidad de un libro o un autor, lo cual lo sitúa en desventaja en un panorama donde la lectura va perdiendo terreno, supongo que el recelo ante “lo comercial” como oposición a “la calidad literaria” no sea más que un asunto de paradigmas, de nociones personales.

Dejando a un lado ingenuidades, esas que olvidan el verdadero poder de grupos multimediales como el Grupo Planeta, la calidad literaria no siempre está divorciada de las ventas. No es secreto ni novedad.

Aunque desconozco con exactitud cuánto pueden vender, más allá de gustos y suspicacias me atrevo a mencionar cinco nombres donde el índice de ventas no es inversamente proporcional a lo que llamas “calidad literaria”: Gabriel García Márquez, Stephen King, Roberto Bolaño, Margaret Atwood, Mario Vargas Llosa, Javier Cercas y Haruki Murakami.

––¿Qué jóvenes autores nacionales recomendarías como lecturas indispensables? ¿Y cuáles, a escala internacional?

Puesto que deseo ejercer una crítica férrea ante una pregunta que pide nombres indispensables en el mapa de la literatura escrita por jóvenes, solo me centraré en el contexto nacional. A los otros se les promueve de mil y una maneras, son nombres de mujeres y hombres que circulan en las redes sociales. Pero de esos poetas, narradores y escritores de no ficción solo tenemos, o yo solo tengo, un conocimiento parcial: la lectura de una parte de su obra.

Tomando en cuenta la edad de los autores que mencionaré (no han llegado a los 45 años) y la densidad y complejidad del tejido que han ido urdiendo de manera progresiva en sus obras, y por los contenidos de las mismas, te doy dos nombres: la narradora, poeta y ensayista Jamila Medina Ríos, y el narrador Jorge Enrique Lage.

––La narrativa, como género, aparece cada vez más contaminada por elementos que provienen de la dramaturgia, del performance, de la poesía y del ensayo, ¿esta mixtura se manifiesta en tu creación?

De manera consciente he contaminado mis textos con casi todo lo que mencionas salvo con la dramaturgia, entendida aquí como texto escrito estrictamente para el teatro. Que un cuento o una novela tengan diálogos no significa que se haya pensado en la dramaturgia, que la frontera entre los géneros se haya diluido.

En el caso de la performance, me gustaría también decirte que sí. He tratado de ejecutar una suerte de traducción y/o traición teniendo como punto de partida las artes visuales. Otro asunto es conseguir la traducción y la traición.

––Muchos jóvenes escritores ven un referente en tu literatura. Son esos mismos jóvenes que, ahora mismo, comienzan a establecer sus propios caminos y líneas de pensamiento escritural. ¿Qué te interesaría que encontraran en tus libros?

Inconformidad, placer, riesgo. También desearía que encontraran una serie de preguntas que, junto a las que ya se puedan haber formulado, les acompañen en el arduo proceso de cuestionar y entender el espacio en que viven.

––Tu narrativa tiene mucho de, y es mi criterio, fotografía en movimiento. ¿Lo percibes así?

Entiendo tu observación. Además agregaría la intención de incluir en la ficción una suerte de banda sonora.

He tratado de no pasar por alto el movimiento y el sonido, y no se trata solo de la influencia que puede haber ejercido el cine. La vida es movimiento constante rodeado de una mezcla de sonidos. Como siempre coloco al individuo en el centro de mis historias, además de construir su universo interior, sus dudas, certezas, alegrías y derrotas, lo sitúo en un contexto físico y allí interactúa, vive y muere.

No solo presto atención a las pequeñas historias, a los sujetos que nunca figurarán en los grandes relatos históricos. También deseo reflejar la cadencia y el sonido de esas vidas aparentemente insignificantes.

––¿Piensas que la crítica literaria actual se realiza en base a simpatías y antipatías?

La crítica literaria movida por lealtades o antipatías no es asunto nuevo. Ha sido parte de nuestra “indigencia crítica”.

La gravedad del problema no radica en la existencia de textos críticos movidos por la simpatía o las bajas pasiones, sino en la escasez de una verdadera crítica no solo literaria, y la poca cultura del debate.

En cuanto a los espacios para el debate, ese detalle ni me los cuestiono. La propia realidad habla por sí sola.

A los críticos mordaces que ni piden ni regalan nada se les lee mal. Se les odia a muerte. Todo se pone peor cuando la polémica pasa del terreno intelectual al personal.

––Y, por último, me gustaría preguntarte: ¿crees que ha muerto una cultura del debate y del encuentro entre individuos que componen los diferentes campos del intelecto nacional? ¿Viven cada uno de los creadores encerrados en un particular coto de caza y de referencias? ¿Hasta qué punto estamos preparados, como nación y como individuos, para divergir en criterios, tanto en materia escritural como humana?

Ya te había comentado que no veo una verdadera cultura del debate, en muy pocos casos se produce el tipo de encuentro que mencionas desde el punto de vista físico, en el contexto de lo real.

Puedo estar equivocado, igual no sé si responde a tu pregunta lo que acontece en la relación entre pequeños grupos de artistas donde casi nunca está la literatura.

Las publicaciones digitales no estatales quizás están generando una suerte de cambio en ese marco de relaciones. Son espacios muy dinámicos, con una alta presencia en la web y las redes sociales. Las publicaciones digitales como Hypermedia Magazine, Rialta Magazine o El Estornudo, están inmersas en las nuevas dinámicas de producción y difusión de contenidos, en las nuevas dinámicas económicas; no pocos actores de este escenario son jóvenes.

Tal parece que no solo se están creando redes de trabajo. Esa comunidad de intereses, incluso de afectos, también puede tener la lógica o la materialidad del entorno virtual.

Me preguntas sobre la divergencia de criterios; el panorama es desolador, casi árido. Como nación, como individuos, nos queda muchísimo por aprender. En todos los sentidos.