Premio Celestino


El perpetuo retorno de Celestino (+ video)

Celestino cumple 21 a√Īos. Sobrevive a√ļn el ingenuo, primitivo escritor, pese a las nubes rotas sobre su cabeza, pese al descr√©dito de los que no entienden las palabras tatuadas sobre la piel del √°rbol, pese a las hachas que talan la frase, el tronco, el mundo particular. Celestino se ha hecho adulto cambiando de nombre. Ha sido Luis, Marvelys, Rub√©n, Ariel, Evelyn, Martha, Alcides, Marcel, Rafael, Abel, Lourdes.

Celestino busca un nuevo cuerpo para reencarnar en su destino permanente de sobrevivirle al horror, a la violencia, la muerte, al dolor, de escribir la belleza o al menos intentarlo, de resistirse a la incomprensi√≥n del alma insensible que no entiende, porque ¬ęla gente no sabe nada del mundo¬Ľ.

Hoy Celestino es dos, se multiplica, una rareza parecida a los eclipses le asiste pues las palabras fueron muy poderosas y necesitaron la duplicidad para sostenerse.

Así lo vieron ellos, el jurado (Rubén Rodríguez, Mariela Varona y Adalberto Santos):

foto luis yuseff
  • Por el bien elegido tono narrativo, la h√°bil construcci√≥n de personajes, el empleo coherente de las t√©cnicas narrativas, la lograda unidad entre los relatos que componen el cuaderno, la selecci√≥n del narrador y el uso eficaz de la iron√≠a y el sarcasmo como recursos expresivos, se entrega Premio Celestino de Cuento al libro Boustrophilia, presentado bajo el seud√≥nimo de Santiago S√°nchez y perteneciente a Roberto R√°ez √Āvila.
  • Por las bien logradas atm√≥sferas, ostensible oficio literario con evidente dominio de las t√©cnicas narrativas, solidez y densidad de las an√©cdotas, valores formales de los textos y el manejo sutil de conceptos que devienen hilo conductor dentro de la estructura del libro, a pesar de su diversidad tem√°tica y mestizaje de g√©neros, se otorga Premio Celestino de Cuento al libro La Improvisaci√≥n, presentado bajo el seud√≥nimo Pepe y perteneciente a Elaine Vilar Madruga.
  • ¬†

Además decidieron entregar Mención, a partir de la estructura elegida para hilvanar un cuaderno de relatos atendible formalmente, por el interés en los tópicos, contundencia de las anécdotas y ostensible oficio literario, al cuaderno Habitaciones de violencia, presentado bajo el seudónimo de Rojo y correspondiente a Yadira López Jaramillo, de La Habana.

Siempre habr√° quien diga: ¬ę ¬°Pobre Celestino! Escribiendo. Escribiendo sin cesar‚Ķ¬Ľ, pero nosotros sabremos que en su obcecada resistencia la joven literatura y la cubana renace cada a√Īo.


Premio Celestino en 2.0 (Dossier)

Por Elizabeth Soto

«Antes que anochezca iremos repartiendo alas.» Celestino despierta en Holgu√≠n con un dossier repleto de cuentos en las voces de j√≥venes escritores de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z. Otros entendidos se aproximan a la vida de los centenarios Charles Bukowski, Isaac Asimov y Ray Bradbury, a los que estar√° dedicado este evento.

En su XXI edición, Celestino de Cuento no se detiene, la gente no sabe nada del mundo, pero tiene cómo saberlo. Ediciones La Luz una vez más precisa podcast, cápsulas promocionales, postales, así que no te asombres de mi astucia sino de tu ignorancia que la hace resaltar, sonreímos, la irreverencia y la medida están conferidas a los escritores de buena voluntad.

Invadimos la privacidad del lector con la idea perenne de hacer prevalecer su ingenio, la actitud creativa ante la vida: desde el punto de vista mágico, desde el punto de vista del misterio, que es imprescindible para toda formación.

¬†Iremos aplastando el tedio de estos d√≠as, piensa menos, sue√Īa m√°s y duerme. Debemos retomar las √©pocas de ensue√Īo, redescubrir en cada texto el alba. Alucinas. Ya no queda casi ning√ļn √°rbol en pie. Nadie apaga luces, al contrario, es la estaci√≥n incandescente, el resplandor del arte que persiste, #alaluzseleemejor, insistimos. Si t√ļ no existieras yo tendr√≠a que inventarte.


Celestino en las redes

Por Ediciones La Luz

El XXI Premio Celestino de Cuentos llega este junio. Convocado para jóvenes narradores cubanos desde la sección de Literatura de la Asociación de Hermanos Saíz en Holguín, el certamen literario de amplio reconocimiento en el ámbito de las letras cubanas, sesiona desde el 15 hasta el 19 de junio, esta vez desde las redes sociales a causa del confinamiento impuesto por la permanencia de la COVID-19 en el país.

El ‚ÄúCelestino‚ÄĚ estar√° dedicado a los centenarios de Charles Bukowski, Isaac Asimov y Ray Bradbury y sobre sus obras respectivas sesionar√°n paneles te√≥ricos, conversatorios y mesas de lecturas con autores holguineros de mayor o menor experiencia.

Circular√°n en plataformas como Instagram, Facebook, Twitter y p√°ginas web como Cubaliteraria, Cubarte, Portal del Arte Joven Cubano, dosieres dedicados a los centenarios Asimov, Bukowski y Bradbury; postales digitales con textos de narradores cubanos, fotorreportajes de las ediciones anteriores del evento, podcast y materiales audiovisuales en YouTube.

Igualmente se presentar√°n novedades editoriales como Animal de otra raza, de Maribel Feli√ļ; Instrucciones para divorciar a un hombre, de Juan I. Siam y Ojos para no ver las cosas simples, de Martha Acosta, cuaderno que resultara ganador en la edici√≥n de 2018 de este Premio.

La convocatoria cerró el día primero y más de 40 autores aspiran al galardón que implicará la publicación del título por Ediciones La Luz. El jurado, compuesto por Mariela Varona, Rubén Rodríguez y Adalberto Santos, trabaja ya en la selección del ganador que se dará a conocer en la tarde del día 19. 


Entre el espanto y la ternura, Celestino canta

Por Yail√©n Campa√Īa Cisneros

Todo hombre se parece a su dolor.

André Malraux

Solo la infancia es nuestra.

El resto pertenece a los extra√Īos.

Don DeLillo

  • ‚Ķla historia de la literatura cubana de los √ļltimos treinta a√Īos[1] se ha caracterizado por ser una historia de las exclusiones y, por supuesto, las instancias ideol√≥gicas y pol√≠ticas han sido protagonistas en ello. As√≠, se ha promovido una bifurcaci√≥n que remite a la existencia de dos literaturas cubanas en pugna: una dentro del pa√≠s y otra en el extranjero, una comprometida con la Revoluci√≥n y otra en contra del proyecto revolucionario. En esta historia de las exclusiones hemos participado todos.[2]

Uno de los autores que ha quedado oculto tras ese velo de silencio es Reinaldo Arenas (Holgu√≠n, 1943-Nueva York, 1990). Y aunque su √ļltima novela, Antes que anochezca (1992), logra mayor fama internacional ‚ÄĒpor la coyuntura de ser su texto m√°s abiertamente irreverente, adem√°s del impacto por su publicaci√≥n p√≥stuma‚ÄĒ; fue su primera obra, Celestino antes del alba (1967, primera menci√≥n del Premio Uneac en 1965), la que form√≥ parte de un corpus narrativo que introduce en el √°mbito literario cubano a un tipo de narrador con caracter√≠sticas muy especiales, el narrador ni√Īo, que ser√° retomado con √≠mpetu en los a√Īos ochenta por una nueva generaci√≥n de escritores, corriente conocida como ¬ęcuent√≠stica del deslumbramiento¬Ľ,[3] ¬ęnarrativa de la adolescencia¬Ľ o ¬ęde la √©tica¬Ľ.[4]

Celestino antes del alba recrea el enfrentamiento con su entorno de un ni√Īo de campo, cuya voz describe la realidad tal como se le presenta, matizada por las alucinaciones que toman vida en su imaginaci√≥n. De su argumento poco convencional se desprende el tema de la eterna defensa de la belleza y la realizaci√≥n personal. Los recursos del lenguaje y las t√©cnicas narrativas hacen gala de un manejo excepcional que estalla en la mayor contribuci√≥n art√≠stica de esta novela: la persona que enuncia el discurso desde un ¬ęyo¬Ľ que la identifica como narrador-ni√Īo-protagonista y que queda indisolublemente ligada al personaje de Celestino, quien asume la funci√≥n de receptor del discurso (narratario).

Desde el propio t√≠tulo esta novela nos revela el lirismo de sus p√°ginas. Y es que en m√°s de una ocasi√≥n su autor afirm√≥ su mayor aspiraci√≥n: ser recordado por la poes√≠a impl√≠cita en sus novelas y relatos. Celestino antes del alba encierra dos sustantivos claves para la comprensi√≥n del texto: el primero, propio, adelanta al lector que el relato narra la historia de un personaje masculino (Celestino), mientras el segundo aporta la ubicaci√≥n temporal ‚ÄĒen el caso de que se interprete como lo sucedido al personaje en una noche‚ÄĒ aunque en la lectura se comprueba su significado metaf√≥rico. El vocablo alba alude a la iniciaci√≥n del d√≠a, al amanecer, la aurora, la primera luz antes de la salida del sol, pero adem√°s proviene del lat√≠n albus, que significa blanco, y es ese precisamente uno de los momentos m√°s disfrutados por el ni√Īo protagonista de la novela, cuando la neblina cubre todo el campo con su espesa luz blanquecina. Pero el momento al que se refiere es al que le antecede, la noche, hora destinada al sue√Īo, espacio que desarrolla la trama. Todas las acciones est√°n condicionadas por los destellos de l√ļcida conciencia mental del estado de vigilia que alternativamente acompa√Īa al sue√Īo: ¬ęAhora es mejor que dejes tranquila tu imaginaci√≥n, pues en cuanto dejes de so√Īar y duermas m√°s, ellos no te habr√°n de molestar. No pienses, o piensa menos [‚Ķ] Ya sabes: piensa menos, sue√Īa m√°s, y duerme, y duerme¬Ľ.[5]

Los procesos del razonamiento infantil mantienen activa una elevada capacidad imaginativa que conduce el pensamiento por un mundo donde la fantas√≠a es asumida como √ļnica rectora mientras los l√≠mites de lo posible se disuelven. Ello encierra la significaci√≥n l√≠rica de esta historia que enuncia el maravilloso mundo de la infancia, ese fragmento de la existencia humana en que todo asombra y sorprende. Es la etapa de descubrimiento y reconocimiento de una realidad que deslumbra con cada nueva sensaci√≥n, mientras se va dirigiendo esa sensibilidad hacia la aceptaci√≥n o el rechazo de los objetos, provocada por el conocimiento asociativo de la percepci√≥n sensitiva que les corresponde. As√≠, el ni√Īo que despierta en estas p√°ginas retiene la agradable sensaci√≥n que le despierta el olor de la tierra cuando llueve o la frescura en sus pies cuando la pisa.

La novela concluye en el umbral de la adolescencia, del alba como despertar ante esa realidad que se impone a la imaginaci√≥n, dejando atr√°s el mundo de ensue√Īos habitado por brujas y duendes. El fin de la infancia se indica simb√≥licamente en la muerte del personaje. Muerte que es salvaci√≥n, ascensi√≥n al limbo, a la eterna inocencia que persegu√≠a en sus viajes a la luna para escapar de un ambiente repulsivo y miserable.

Arenas recrea el enfrentamiento de un ni√Īo de campo con su entorno, cuya voz describe la realidad tal como se le presenta, matizada por las alucinaciones que toman vida en su imaginaci√≥n. El cl√≠max de la narraci√≥n se halla en la vida fabulada de ese ni√Īo marcado por el sufrimiento que le provoca la ausencia del padre y los maltratos de una familia que lo repudia porque representa la frustraci√≥n de la madre abandonada, que amenaza a cada instante con suicidarse. Para escapar de la soledad, la pobreza, la ignorancia y el convencionalismo de su familia, incapaz de enfrentar la crueldad y el horror de su circunstancia, se inventa un √°lter ego, personaje que encarna al primo Celestino, el poeta que escribe en los √°rboles. La poes√≠a es la v√≠a de salvaci√≥n inicial ante la insulsa vida que le imponen, que encuentra su antag√≥nico en la figura del abuelo que derriba con su hacha los troncos escritos. La escritura y la creatividad se defienden como una forma de rebeli√≥n contra la autoridad destructiva de la familia.

La historia transcurre entre los juegos, invenciones y tristezas del protagonista y las constantes persecuciones de la familia que no acepta la identidad diferente y contradictoria de un ni√Īo ¬ęd√©bil¬Ľ y ¬ęamanerado¬Ľ. Tres diferentes finales multiplican las lecturas de esta novela circular y con cada uno se anuncia la implacable muerte del protagonista, que tiene lugar en el √ļltimo final. La historia, que comenz√≥ en el pozo con los gritos de la madre anunciando un suicidio que no se atreve a cometer, termina justo all√≠ con la liberaci√≥n por fin alcanzada de su protagonista, quien entre sombras anuncia lo sucedido antes que las luces del alba alcancen a entregarle otro tiempo para contar, vivir.

Otro de los motivos que se reitera en toda la trama es la muerte, como acto de rebeld√≠a y liberaci√≥n, lo que destaca algunas de las obsesiones fundamentales de su autor: la nostalgia, el misterio de la madre y el amor a la libertad. Y es que la novela trabaja con evocaciones de corte autobiogr√°fico: ¬ęEs autobiogr√°fico tambi√©n el ambiente, la brutal inocencia con que se expresan los personajes [‚Ķ] en lo que respecta a la aparici√≥n de las brujas y los duendes, los primos muertos, el coro de t√≠as infernales, el acoso de infatigables hachas, los desplazamientos del personaje hacia la luna (las huidas) sin obtener resultados ventajosos¬Ľ.[6]¬†

La concepci√≥n del relato es novedosa por la desfiguraci√≥n espacio-temporal: el espacio se reduce y comprime hasta ubicarse solo en la casa, mientras la historia carece de linealidad, esto se logra con el uso de varios m√©todos para fraccionar o recuperar el tiempo a trav√©s de las asociaciones casuales y la memoria, que se proyecta como un ejercicio de lucidez. La constante exploraci√≥n del recuerdo y del universo imaginario da lugar a una h√°bil disposici√≥n para presentar la estratificaci√≥n de la memoria y de la capacidad de invenci√≥n de la mente infantil, en una prosa que a veces se aproxima al estilo de la l√≠rica. Esta mezcla de realidad e imaginaci√≥n forma un entretejido de alucinaci√≥n donde el triunfo de la pureza es todo un s√≠mbolo. Se incorpora una t√©cnica narrativa que fractura la continuidad de la trama en la b√ļsqueda de una ambig√ľedad entre verdad y fantas√≠a, entre mundo exterior e interior, que asume sin limitaciones la irracionalidad y el absurdo. Por tanto, esta obra transita entre lo que pudiera clasificarse como novela surrealista u on√≠rica.

En cuanto a los componentes formales, es preciso subrayar la incorporación de procedimientos innovadores y experimentales que enriquecen los recursos técnicos del género, como el empleo del monólogo interior con que se trata de captar los estados de conciencia del protagonista, que por momentos se convierte en caótico debido al sinsentido del lenguaje que intenta reproducir estados de completo desgarramiento interior.

¬ęNueva, revolucionaria, con desali√Īo inherente y necesario, Celestino antes del alba, se coloca como uno de los m√°s leg√≠timos experimentos de lo m√°s joven de nuestra novel√≠stica [‚Ķ] Es una obra tensa, ambigua¬Ľ,[7] ¬ę[‚Ķ] una de las novelas m√°s hermosas que se haya escrito jam√°s sobre la infancia, la adolescencia y la vida en Cuba¬Ľ.[8]

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[1] Hago m√≠as las palabras de Rogelio Rodr√≠guez Coronel en su intervenci√≥n en el encuentro ‚ÄúCultura e identidad nacional‚ÄĚ, celebrado en junio de 1995 en La Habana.

[2] Rogelio Rodr√≠guez Coronel: Cuba, novela, revoluci√≥n (‚ÄúColecci√≥n Ach√©‚ÄĚ). Universidad de La Habana, Facultad de Artes y Letras, [s.f.], p. 26.

[3] Francisco L√≥pez Sacha: ‚ÄúEl personaje reflexivo en la nueva cuent√≠stica‚ÄĚ, en Revoluci√≥n y Cultura, No.1, ene/85, Ciudad de La Habana, p. 24-31.

[4] Luis Manuel Garc√≠a: ‚ÄúContar el cuento‚ÄĚ, en La Gaceta de Cuba, agosto 1988, p. 2-4.

[5] Reinaldo Arenas: Celestino antes del alba, Ediciones Unión, La Habana, 1967, p. 45.

[6] Reinaldo Arenas, apud Miguel Barnet: ¬ęCelestino antes y despu√©s del alba¬Ľ, en La Gaceta de Cuba, a√Īo 6, No. 60, julio-agosto 1967, p. 21.

[7] Barnet, op. cit.

[8] Carlos Fuentes, apud Lourdes Arencibia Rodríguez: Reinaldo Arenas entre Eros y Tánatos. Soporte Editorial, Colombia, 2001. p. 59.


Bukowski y la estética de la perversión

Por Mariela Varona Roque

  • Digan lo que digan, siempre hay algo malo escondido en los hombres que huyen del vino, de las cartas, de las mujeres hermosas o de una buena conversaci√≥n.

¬†La afirmaci√≥n de Voland en El Maestro y Margarita, de Bulgakov, parece escrita ex profeso para canonizar a uno de los malditos de las letras norteamericanas: Charles Bukowski. Devenido mito de la literatura underground, paradigma del realismo sucio y personaje favorito de s√≠ mismo, Bukowski bebi√≥, jug√≥ y am√≥ en proporciones escandalosas, y por alguna causa su estilo es a√ļn visible en toda una tendencia dentro de la literatura cubana contempor√°nea.

Cientos de cuentos, una treintena de poemarios y cuatro novelas publicadas lo definen como un autor prol√≠fico. Lo pasmoso es que la mayor parte de su obra la publicase despu√©s de cumplir cincuenta a√Īos, y que en poco tiempo convirtiera en figura pol√©mica a un hombre que nunca vot√≥, ni milit√≥ en partido pol√≠tico o movimiento literario alguno. La m√°quina de follar; Se busca una mujer; Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones; Escritos de un viejo indecente; bajo esos t√≠tulos se publicaron sus cuentos en editoriales baratas, tan s√≥rdidas como su escritura. Esos cuentos, como las novelas (Factotum, Cartero, Mujeres y La senda del perdedor) hablan sobre borrachos, putas de mala muerte, peleas de bar e incontables escaramuzas sexuales, y ocurren en bares, hoteluchos, garitos, oficinas mugrientas y traspatios. En todas las historias el protagonista es el mismo: Henry Hank Chinasky, el √°lter ego de Bukowski.

Nacido en la ciudad alemana de Andernach en 1920, Bukowski fue el resultado de la uni√≥n de un soldado norteamericano con una joven lugare√Īa, y la familia se traslad√≥ a Los √Āngeles cuando el hijo ten√≠a dos a√Īos de edad. El romanticismo de lo que parece ser una com√ļn historia de amores de guerra se anula por las noticias sobre el comportamiento violento y desp√≥tico de Bukowski padre: un mit√≥mano que hac√≠a creer a los vecinos que era ingeniero cuando en realidad trabajaba en una lecher√≠a, y que meti√≥ la cara de Bukowski adolescente en su propio v√≥mito cuando este ensuci√≥ la alfombra en su primera borrachera. Buscando el alcohol como paliativo de su timidez, acrecentada por erupciones en el rostro que no lo hac√≠an nada atractivo para las muchachas, el joven Bukowski huy√≥ de la casa paterna para entregarse a sus dos grandes pasiones: la bebida y el sexo. La primera lo empujaba hacia el segundo, y este, al neg√°rsele, lo volv√≠a de regreso a la primera.

Hizo una vida errabunda y desordenada, trabaj√≥ en un sinn√ļmero de empleos, viaj√≥ por los estados de la Uni√≥n, pero su destino final volvi√≥ a ser Los √Āngeles, donde trabaj√≥ en una oficina de correos hasta que la publicaci√≥n de su novela Cartero, en 1970, le decidi√≥ dedicarse exclusivamente a la escritura. A pesar de su empe√Īo autodestructivo, la condici√≥n de lector impenitente lo hab√≠a marcado para siempre.

Como dir√≠a en su poema ¬ęD√≠as como navajas, noches llenas de ratas¬Ľ: siendo muchacho divid√≠ en partes iguales el tiempo/ entre los bares y las bibliotecas; c√≥mo me las arreglaba para proveerme/ de mis otras necesidades es un puzzle; bueno, simplemente no me preocupaba demasiado por eso/ ‚ÄĒsi ten√≠a un libro o un trago entonces no pensaba demasiado/ en otras cosas‚ÄĒ/ los tontos crean su propio para√≠so.

Y tambi√©n: pero eran los fil√≥sofos quienes satisfac√≠an/ esa necesidad/ que acechaba en alguna parte de mi confuso cr√°neo: vadeando/ por sus excesos y su/ vocabulario cuajado/ a√ļn me asombraban/ saltaban hacia m√≠/ brincaban/ con una llameante declaraci√≥n l√ļdica que parec√≠a ser/ una verdad absoluta o una puta casi/ absoluta verdad,/ y esta certeza era la que yo buscaba en una vida/diaria que m√°s bien parec√≠a un pedazo de/ cart√≥n.

Para terminar con: qu√© grandes tipos eran esos viejos perros, me ayudaron a atravesar/ esos d√≠as como navajas y noches llenas de ratas;/(…)/ mis hermanos, los fil√≥sofos, me hablaban como nadie/ venido de las calles o alguna otra parte; llenaban/ un inmenso vac√≠o./ Qu√© buenos muchachos, ah, ¬°qu√© buenos muchachos!

Bukowski es a la vez parte y consecuencia de la contracultura californiana. Como en Ginsberg y Kerouac, su discurso pertenece al hombre com√ļn que no puede ni quiere hacer suyo el sue√Īo americano, y disfruta agrediendo la perfecta simetr√≠a de la moral burguesa. Pero digo consecuencia porque Charles Bukowski no tuvo las mismas expectativas que sus coet√°neos hacia la obra creativa; tal vez sinti√≥ menos urgencia en ostentar su inconformidad con el orden y la moral. Aunque public√≥ un cuento en la revista Story en 1944, antes de dar a conocer el resto de su obra le toc√≥ leer lo que escrib√≠an los Kerouac y los Ginsberg que, a pesar de su rebeld√≠a y sus alegres locuras, siempre se las arreglaron para publicar a tiempo y eran santificados y aplaudidos por los j√≥venes de su edad. De ah√≠ que Bukowski pertenezca a la generaci√≥n beat pero sea un beat tard√≠o, un ep√≠gono si se quiere de la loca y transgresora ola que vir√≥ al rev√©s las letras americanas.

Entre sus influencias literarias, adem√°s de sus adorados Henry Miller y C√©line (aquel franc√©s acusado luego de nazista), es pues perfectamente distinguible la prosa violenta y vivaz de Jack Kerouac y su atrevida exaltaci√≥n de la libertad sexual. La opini√≥n de Bukowski sobre otros escritores norteamericanos nos llega signada por su √°lter ego Chinasky en varias de sus obras: ¬ęDejando a un lado a Dreiser, Thomas Wolfe es el peor escritor norteamericano, Burroughs es terriblemente aburrido, Faulkner una nulidad. Saroyan ser√≠a bueno si no fuera tan optimista¬Ľ. O si no: ¬ę¬ŅHemingway? No. Muy torvo, demasiado serio. Buen escritor, frases magn√≠ficas. Pero la vida para √©l siempre fue una guerra total. Nunca se soltaba, no bailaba nunca¬Ľ.

Detrás de esas boutades de eterno transgresor, había sin embargo un respeto hacia la escritura que no lograron quitarle ni las propias burlas sobre sí mismo. Escribía en una carta en 1961:

Yo sol√≠a jugar un juego conmigo mismo, un juego llamado isla desierta, y mientras estaba tirado en la c√°rcel, en la clase de arte o caminando hacia la ventanilla de diez d√≥lares en las carreras, me preguntaba, Bukowski, si t√ļ estuvieras en una isla desierta, t√ļ solo, y no fueras encontrado nunca excepto por p√°jaros y gusanos, ¬Ņtomar√≠as una vara y rascar√≠as palabras sobre la arena? (‚Ķ) la escritura, por supuesto, como el matrimonio, la ca√≠da de la nieve o las llantas de los autos, no siempre perdura. T√ļ puedes ir a la cama el mi√©rcoles en la noche siendo un escritor y despertar el jueves por la ma√Īana y ser otra cosa totalmente diferente. O puedes irte a la cama el mi√©rcoles por la noche siendo un plomero y despertar el jueves por la ma√Īana siendo un escritor. Este es el mejor tipo de escritores… Muchos de ellos mueren. Claro. Por sus arduos intentos; o por otro lado, porque se vuelven famosos y todo lo que escriben es publicado y ya no tienen que buscar m√°s. La muerte tiene muchas avenidas. Y si a pesar de todo t√ļ dices que mi material te gusta, quiero que sepas que si se vuelve roto, no ser√° porque trate demasiado duro o muy poco, ser√° porque me he quedado o sin cervezas o sin sangre. Para lo que sirva, puedo permitirme esperar: tengo mi vara y tengo mi arena.

Sin embargo, es raro encontrar la franqueza de ese empecinamiento en la obra publicada en espa√Īol. Bukowski disfrut√≥ tanto de su papel de automarginado que termin√≥ convirti√©ndose al final de su vida en lo que menos intent√≥ devenir: fen√≥meno medi√°tico. Ordinaria locura (1981), de Marco Ferreri, y El borracho (1987), de Barbet Schroeder y protagonizada por Mickey Rourke, son filmes inspirados en su vida, y lo transformaron en el mismo tipo de √≠dolo que hab√≠a sido Kerouac en su juventud. Un √≠dolo de la est√©tica de la perversi√≥n, de la suciedad y la podredumbre.

Lo que pudi√©ramos llamar el ¬ęcredo bukowskiano¬Ľ est√° en el poema ¬ęC√≥mo ser un gran escritor¬Ľ: tienes que templarte a muchas mujeres/ bellas mujeres,/ y escribir unos pocos poemas de amor decentes/ y no te preocupes por la edad/ y los nuevos talentos./ Solo toma m√°s cerveza, m√°s y m√°s cerveza./ Anda al hip√≥dromo por lo menos una vez/ a la semana/ y gana/ si es posible./ aprender a ganar es dif√≠cil,/ cualquier pendejo puede ser un buen perdedor./ y no olvides tu Brahms,/ tu Bach y tu cerveza./ no te exijas./ duerme hasta el mediod√≠a./ evita las tarjetas de cr√©dito/ o pagar cualquier cosa en t√©rmino./ acu√©rdate de que no hay un pedazo de culo/ en este mundo que valga m√°s de 50 d√≥lares/ (en 1977)./ y si tienes capacidad de amar/ √°mate a ti mismo primero/ pero siempre s√© consciente de la posibilidad de/ la total derrota/ ya sea por buenas o malas razones./ un sabor temprano de la muerte no es necesariamente/ una mala cosa./ qu√©date afuera de las iglesias y los bares y los museos/ y como las ara√Īas, s√© paciente,/ el tiempo es la cruz de todos./ m√°s/ el exilio/ la derrota/ la traici√≥n/ toda esa basura./ qu√©date con la cerveza,/ la cerveza es continua sangre./ una amante continua./ agarra una buena m√°quina de escribir/ y mientras los pasos van y vienen/ m√°s all√° de tu ventana/ dale duro a esa cosa,/ dale duro./ haz de eso una pelea de peso pesado./ haz como el toro en la primera embestida./ y recuerda a los perros viejos,/ que pelearon tan bien:/ Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun./ si crees que no se volvieron locos en habitaciones min√ļsculas/ como te est√° pasando a ti ahora,/ sin mujeres/ sin comida/ sin esperanza…/ entonces no est√°s listo/ toma m√°s cerveza./ hay tiempo./ y si no hay,/ est√° bien/ igual.

La marginalidad engendr√≥ en la obra de Bukowski algunas aristas que pueden resultarnos a√ļn hoy pol√©micas, aunque ya estemos curados de espanto por la posmodernidad. Por ejemplo, su relaci√≥n con las mujeres tuvo una intensidad ambivalente: no era capaz de prescindir de ellas, pero no les hac√≠a tampoco ninguna concesi√≥n. Era lo que se dec√≠a de √©l cuando el escritor chileno Poli D√©lano lo entrevista en su casa de Los √Āngeles en 1987. Te han acusado de machista, le dice. La respuesta que le da es la misma del ¬ęgran poeta¬Ľ de uno de sus cuentos a su joven entrevistador, cuando le pregunta qu√© piensa sobre la liberaci√≥n femenina: ¬ęEn cuanto ellas se dispongan a lavar el auto, a empujar el arado, a perseguir a los dos tipos que acaban de asaltar la tienda de licores o a limpiar alcantarillas, en cuanto ellas se dispongan a que les vuelen las tetas de un balazo en el ej√©rcito, yo estar√© listo para quedarme en casa y lavar los platos y aburrirme recogiendo hilachas de la alfombra¬Ľ. ¬ęMe acusan mucho por mis personajes favoritos¬Ľ, le dijo Bukowski aquella noche. ¬ęSi pinto a una mujer que es basura, las feministas se me echan encima, mientras que si pinto un hombre que es basura, no me dicen nada¬Ľ.

A pesar de estas afirmaciones amargas, am√≥ al menos a dos mujeres que compartieron su vida estable y largamente. La muerte de la primera, con quien tuvo a su hija Marina, gener√≥ textos y poemas estremecedores. En una carta a John Webb en 1962 escrib√≠a: ¬ęCon respecto a la muerte de mi mujer el 22 de enero √ļltimo, no hay mucho que decir, excepto que yo ya no ser√© el mismo. Quiz√° intente escribir sobre eso, pero est√° todav√≠a demasiado cerca. Puede que siempre est√© demasiado cerca. (‚Ķ) Hoy estoy solo, casi afuera de todas ellas: de las nalgas, los pechos, los vestidos limpios como trapos nuevos en la cocina. No me tomes a mal, todav√≠a tengo 1,80 y 90 kilos de posibilidad, pero yo pod√≠a mejor con la que ya no est√°¬Ľ.

Y uno entre muchos de sus poemas m√°s citables, a mi juicio, titulado ¬ęElogio al infierno de una dama¬Ľ: Algunos perros que duermen a la noche/ deben so√Īar con huesos/ y yo recuerdo tus huesos/ en la carne/ o mejor/ en ese vestido verde oscuro/ y esos zapatos de tac√≥n alto/ negros y brillantes,/ siempre puteabas cuando/ estabas borracha,/ tu pelo se resbalaba de tu oreja/ quer√≠as explotar/ de lo que te atrapaba:/ recuerdos podridos de un/ pasado/ podrido, y/ al final/ escapaste/ muriendo,/ dej√°ndome con el/ presente/ podrido./ hace 28 a√Īos/ que est√°s muerta/ y sin embargo te recuerdo/ mejor que a cualquiera/ de las otras/ fuiste la √ļnica/ que comprendi√≥/ la futilidad del/ arreglo con la vida./ las dem√°s s√≥lo estaban/ inc√≥modas con/ segmentos triviales,/¬†criticaban/ absurdamente/ lo peque√Īito:/ Jane, te asesinaron por saber/ demasiado./ vaya un trago/ por tus huesos/ con los que/ este viejo perro/ sue√Īa/ todav√≠a.

Es indudable que la etiqueta impuesta a Bukowski por sus contempor√°neos se dej√≥ llevar por la comodidad: era m√°s f√°cil fijarse en su prosa agresiva y provocadora, directa y sucia, que en el mundo de reflexiones y c√≥digos que manejaba en su poes√≠a. Y fue tambi√©n (lamentablemente) mucho m√°s f√°cil de imitar. Si su imagen p√ļblica era tan tra√≠da y llevada (¬Ņescritor que bebe o borracho que escribe?), qu√© podemos esperar de los juicios sobre su obra. Todav√≠a hay quien afirma que Charles Bukowski es una abominaci√≥n para la literatura‚Ķ Por suerte √©l nunca pareci√≥ preocuparse mucho por la trascendencia.

La huella del realismo sucio es f√°cilmente rastreable en la literatura cubana. Aunque tuvo algunos anuncios notables como Matarile, de Guillermo Vidal, su explosi√≥n (p√ļblica) coincide con los cuentos publicados en los 90 por algunos de los llamados nov√≠simos, sobre todo los pertenecientes al grupo de los ‚Äúfriquis‚ÄĚ: Ronaldo Men√©ndez, Ricardo Arrieta, Ra√ļl Aguiar, Ver√≥nica P√©rez Konina, Ena Luc√≠a Portela y Jos√© Miguel S√°nchez (Yoss). Todos eran o hab√≠an sido miembros entre 1987 y 1988 del grupo conocido como El Establo, el cual se nucle√≥ en La Habana alrededor del escritor Sergio Cevedo y tuvo la intenci√≥n de subvertir el canon de la decencia ¬ęsinflictiva¬Ľ imperante en las letras cubanas. La necesidad de mostrar zonas y temas de la marginalidad hasta ese momento vedadas justific√≥ el uso del estilo bukowskiano en la narrativa de los noventa, pues con su tratamiento directo, casi brutal, lograron caracterizar a personajes de nuestro tiempo que no exist√≠an porque no ten√≠an voz.

Como toda tendencia transgresora, el realismo sucio ha ganado defensores, imitadores huecos y detractores furibundos. Pedro Juan Guti√©rrez y Zoe Vald√©s son hoy dos de los escritores cubanos m√°s le√≠dos en el mundo y a la vez los m√°s cuestionados, no solo por las comunes razones de √©tica y est√©tica, sino porque algunos se preguntan si es ‚Äújusto‚ÄĚ que los lectores de otras tierras crean que todos en Cuba hablan y viven en un perpetuo estado de marginalidad. ¬ŅHay que poner un l√≠mite al uso del lenguaje grosero? ¬ŅEste debe servir solo para ubicar a un personaje en un entorno determinado, ergo lo dem√°s es abuso de la groser√≠a por la groser√≠a? ¬ŅY si el abuso de la groser√≠a se ha vuelto necesario para burlarse de la propia groser√≠a? ¬ŅLas palabras groseras no terminan siendo aceptadas hasta por la Real Academia cuando se incorporan definitivamente al habla cotidiana? ¬ŅQu√© puede ser peor: el lenguaje grosero o la groser√≠a de las ideas?

Cualquier indagaci√≥n en ese sentido, adem√°s de ser desgastante, no tiene a√ļn ninguna consistencia: es el tiempo quien se ocupar√° de ubicar lo ¬ęsucio¬Ľ donde corresponda. Poco le importaba a Bukowski el juicio de sus contempor√°neos, la trascendencia, las poses de los escritores de √©xito. Detr√°s de sus alardes alcoh√≥licos y sexuales hab√≠a un ser indefenso que parec√≠a querer vivir solo para esperar la muerte. Ah√≠ quedan sus textos y los de sus seguidores para que la posteridad siga haciendo su propio juicio.


Ray Bradbury por los extra√Īos pueblos

Por Erian Pe√Īa Pupo

Fue en 1991, en Espa√Īa, cuando probablemente los cubanos tuvimos m√°s cerca a Ray Bradbury (uno de esos a√Īos en que la vida nacional cobr√≥ los tintes casi posapocal√≠pticos de sus historias). Entonces Eliseo Diego estrech√≥ las manos ‚Äďy quiero pensar que abraz√≥‚Äď al autor de Cr√≥nicas marcianas. Pero poco sabemos de ese encuentro, salvo que hab√≠an sostenido una estrecha correspondencia a√Īos antes y que, en ese momento, ambos ten√≠an la misma edad, 71 a√Īos.

Eliseo Diego era un fabulador irremediable. Ya Divertimentos, su segundo libro, fechado en 1946, destila sus apasionadas lecturas de Perrault, Andersen, los hermanos Grimm, Dickens, Stevenson y Lewis Carroll, entre otros autores que lo acompa√Īaron asiduamente desde su ni√Īez. Con esas narraciones de car√°cter aleg√≥rico o sobrenatural, Eliseo exorciza los miedos de la infancia; hace volar la fantas√≠a por los reinos de la enso√Īaci√≥n y la magia. Eliseo Diego, ¬ęuno de los m√°s grandes poetas de la lengua castellana¬Ľ, nos recuerda Gabriel Garc√≠a M√°rquez, trasmiti√≥ en las formas breves ‚ÄĒesos diminutos ¬ęfuegos vagabundos¬Ľ, seg√ļn Octavio Paz‚ÄĒla inexorable fugacidad de la vida y el car√°cter fragmentario de la memoria: la infancia, los antepasados, la ciudad y la familia, pero tambi√©n el olvido, la p√©rdida, la muerte y su silencio, que constituyen motores fundamentales de su escritura. Por eso no es extra√Īo que, amante tambi√©n de la literatura en lengua inglesa, haya quedado prendido de la obra del estadounidense nacido en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920, y que, con solo 30 a√Īos, escribi√≥ Cr√≥nicas marcianas, un libro que se convirti√≥ al instante en todo un cl√°sico.

Similares temas asediaron a Bradbury: la memoria, la p√©rdida, la muerte, la colonizaci√≥n de una raza o un pueblo por otro supuestamente superior, el fin de la cultura y con ella, el de la literatura‚Ķ A veces ‚Äďahora mismo‚Äď he cre√≠do que Cr√≥nicas marcianas puede prescindir de Marte y sus habitantes, incluso puede hacerlo de los viajes interespaciales, de la colonizaci√≥n humana del planeta rojo‚Ķ Y no perder√≠a su esencia, su amplia ¬ęcondici√≥n humana¬Ľ, su fuerte ¬ęrealidad¬Ľ. ¬ŅPor qu√©? Porque todo eso es una excusa de Bradbury para hablar de nosotros mismos. El hombre frente al hombre desbast√°ndolo todo. Las ara√Īas de Marte, los barcos de arena, y los canales de vino, no hacen m√°s que hablar de nosotros; de los celos, el racismo, la soledad y la nostalgia, el arraigo y el deseo de exploraci√≥n. El ¬ęescenario¬Ľ fue Marte, pero bien pudo ser el oeste estadounidense y el despojo de las tierras ancestrales de los habitantes de esa regi√≥n del pa√≠s hasta reducirlos a ¬ęreservas¬Ľ, o la lenta y terrible colonizaci√≥n ‚ÄĒ√©l mismo escribi√≥ del tema‚ÄĒ del continente americano por los europeos, o el racismo y la discriminaci√≥n diaria‚Ķ Un sustrato humanista, una condensaci√≥n del mito, florece en Cr√≥nicas marcianas, al punto de que √©l mismo asegur√≥ no ser un escritor de ciencia ficci√≥n, sino de un ¬ęestilo po√©tico¬Ľ.

Bradbury mismo se pregunt√≥: ¬ę¬ŅC√≥mo es posible que Cr√≥nicas marcianas se reconozca tan a menudo como ciencia ficci√≥n? No encaja con esa descripci√≥n. (‚Ķ) Entonces, ¬Ņqu√© es Cr√≥nicas marcianas? Es el rey Tut salido de su tumba cuando yo ten√≠a tres a√Īos, las Eddas n√≥rdicas cuando ten√≠a seis, y los dioses griegos y romanos que me cortejaron a los diez: puro mito¬Ľ, dijo.

Por otra parte, sus cuentos contienen, de forma seminal, casi todos los subg√©neros fant√°sticos: ¬ęLos hombres de la Tierra¬Ľ es un cuento kafkiano; y ¬ęLa tercera expedici√≥n¬Ľ esconde el germen del futuro ¬ęrealismo m√°gico¬Ľ (quiz√°s sembrado por Faulkner en Bradbury). ¬ęAunque siga brillando la luna¬Ľ hunde sus ra√≠ces en el romanticismo ingl√©s (su t√≠tulo parte de un poema de Lord Byron) para hablar de civilizaciones extraterrestres desaparecidas hace milenios y la conservaci√≥n de su legado arqueol√≥gico (un tema recurrente en la actual space opera). ¬ęLa ma√Īana verde¬Ľ expone de forma germinal la ¬ęterraformaci√≥n¬Ľ de Marte; ¬ęEncuentro nocturno¬Ľ habla de universos paralelos con un lirismo pocas veces alcanzado; ¬ęUn camino a trav√©s del aire¬Ľ es un cuento realista sobre el racismo a principios de siglo, en el que algunas pinceladas fant√°sticas enfatizan la tragedia social; y ¬ęUsher II¬Ľ (adem√°s de ser un evidente homenaje a la obra de Poe) es un ejercicio dist√≥pico, incluso una suerte de esbozo de Fahrenheit 451. En ¬ęEl marciano¬Ľ (entre otras cosas) est√° el germen de los debates filos√≥ficos propiciados por ¬ęlos visitantes¬Ľ en Solaris, del polaco StanisŇāaw Lem. ¬ęLos pueblos silenciosos¬Ľ es una √°cida s√°tira sobre la soledad en un escenario ¬ęposapocal√≠ptico¬Ľ, y ¬ęVendr√°n lluvias suaves¬Ľ una reflexi√≥n sobre un mundo posthumano. Mientras ¬ęLos largos a√Īos¬Ľ, con un costumbrismo casi na√≠f, aborda las relaciones entre seres humanos e inteligencias artificiales; y aunque su formalizaci√≥n es embrionaria, sus temas son similares a los que han planteado este tipo de historias a lo largo de los a√Īos y del apogeo de la ciencia ficci√≥n.

Borges, en el pr√≥logo a la traducci√≥n al espa√Īol de Cr√≥nicas marcianas, escribi√≥ que ¬ęen este libro de apariencia fantasmag√≥rica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vac√≠os, su tedio americano, su soledad‚Ķ (‚Ķ) ha preferido (sin propon√©rselo, tal vez, y por secreta inspiraci√≥n de su genio) un tono eleg√≠aco. Los marcianos, que al principio del libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilaci√≥n los alcanza. Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desenga√Īo la futura expansi√≥n del linaje humano sobre el planeta rojo ‚Äďque su profec√≠a nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena¬Ľ.

M√°s all√° de las aventuras, el misterio y la siempre b√ļsqueda del mito, sabemos que Eliseo admir√≥ la ciencia ficci√≥n.Y que lleg√≥ a escribirse con Bradbury. En cierta ocasi√≥n escribi√≥ que tuvo una ¬ęsincera admiraci√≥n por escritores como H. G. Wells y C.S. Lewis, y por supuesto por Ray Bradbury, que han escrito obras de las llamadas de ciencia ficci√≥n¬Ľ, pero que con este g√©nero le ocurr√≠a ¬ęlo que con la ni√Īita de cierta rima no s√© si inglesa o norteamericana, y que una apresurada traducci√≥n dir√≠a as√≠: Hab√≠a una vez una ni√Īita/ que ten√≠a un ricito/ justo en el medio de la frente./ Cuando era buena/ era muy, pero muy buena,/ y cuando era mala/ era horrenda¬Ľ.

En un cuadernillo, titulado ¬ęSobre los viajes al espacio exterior¬Ľ, Eliseo reuni√≥ varios poemas inspirado por sus lecturas del g√©nero y ¬ęcon las vistas de la Luna tomadas por los astronautas norteamericanos¬Ľ. ¬ęYa la luna no ser√≠a m√°s la que ve√≠an o imaginaban nuestros abuelos. ¬ŅC√≥mo ser√≠a, entonces, el mundo que se abrir√≠a a los ojos de nuestros descendientes?¬Ľ, a√Īadi√≥.

Aqu√≠ incluy√≥ los poemas ¬ęAscensi√≥n¬Ľ, ¬ęMadre tierra¬Ľ, ¬ęA trav√©s del espejo¬Ľ, ¬ęHacia los astros¬Ľ, ¬ęConstelaciones¬Ľ y ¬ęAscuas¬Ľ (dedicado a Bradbury, y dialogantes con la narrativa po√©tica del autor de Fahrenheit 451). En ellos abord√≥ temas como el espacio, las constelaciones, la luna, los viajes espaciales, la peque√Īez del hombre en el universo‚Ķ Atr√°s, por fin, est√° la madre Tierra en su conmovedora peque√Īez: por fin la vemos toda: sus orillas nos caben en los ojos: es apenas como una linda bola nada m√°s. Y hay algo en ella de azorada, de vieja que se turba como si fuese de saber que la vemos as√≠, que nos da l√°stima que se nos pueda, un d√≠a, morir (¬ęMadre tierra¬Ľ).

En otro de sus poemas (en ¬ęDesde la eternidad¬Ľ) nos habla de las ¬ędiminutas dichas¬Ľ, entre ellas:

  • La luz de la ma√Īana.
  • La luz de la tarde.
  • El trueno que nos despierta en la noche.
  • La lluvia que nos arrulla nuevamente.
  • Las estrellas a las que les cantaba Ray Bradbury.
  • El viento en la cara, una boca en otra boca, una mano en otra mano‚Ķ

Con el autor de El vino del est√≠o dialoga en ¬ęAscua¬Ľ, que fuera incluido adem√°s en Poemas al margen:

A Ray Bradbury

  • Todo se aviene, ves, a un punto de oro:
  • el mar color de bronce, el bosque oscuro
  • y el unicornio y leviat√°n fundidos
  • en un copo de fuego, un ascua pura
  • en medio del abismo.
  • C√≥mo pueden
  • los astronautas regresar un d√≠a
  • desde lo enorme a la minucia
  • innumerable de la hierba.
  • Qui√©n
  • sabr√° el camino al tiempo del roc√≠o.

Ambos confiaron en el mito y la imaginaci√≥n, pero tambi√©n en el hombre. ¬ęLa ciencia y las m√°quinas pueden anularse mutuamente o ser reemplazadas. El mito, visto en espejos, permanece¬Ľ, escribi√≥ el autor de El hombre ilustrado. Ambos, cuyos centenarios celebramos este 2020 ‚ÄĒEliseo un poco antes, el 2 de julio; Bradbury m√°s de un mes despu√©s, el 22 de agosto‚ÄĒpoblaron sus historias con una mirada po√©tica y melanc√≥lica que nos sobrecogen aun y que, imagino, predomin√≥ en aquel encuentro espa√Īol en 1991 entre estos dos grandes autores.


Indicaciones para divorciar a un hombre y otras confesiones de Juan Siam

Por Erian Pe√Īa Pupo

La historia se compone de fragmentos de memoria, piezas de un puzzle a medio armar, partes escindidas de un cuerpo mayor que no siempre acaban cuajando en el ser nacional.

Los grandes relatos ‚Äďlos hombres desde el G√©nesis, o quiz√°s un poco antes, hasta hoy, preferimos, obstinados, los grandes relatos‚Äď sustituyen las peque√Īas historias, que sobreviven como susurros, como voces en la oscuridad de la memoria personal o colectiva.

Estas voces, que no leemos en las p√°ginas oficiales, en los peri√≥dicos o los libros de docencia, est√°n dispuestas a saldar esa y otras deudas con la verdad (la microhistoria, dicen los investigadores). La verdadera historia ‚Äďcontada por el vencedor en cada momento‚Äď se arma del sustrato de todos los d√≠as, en la cotidianidad, incluso en la calma. Se alimenta de la ausencia, del miedo, del llanto, del viaje y el √©xodo, de los errores, de la locura, de la familia, de las relaciones amorosas, y tambi√©n de la esperanza.

Todo eso sobrevuela Indicaciones para divorciar a un hombre, cuentos del holguinero Juan I. Siam (Banes, 1960) publicados por Ediciones La Luz (2018) en su colección homenaje.

Los relatos, narrados en primera persona, como si fueran testimonios de √©pocas y momentos, lo que refuerza cierta cercan√≠a per se con el lector, son fragmentos de vida: la vida de personas comunes con historias comunes que dan de beber a un pa√≠s com√ļn. As√≠ se templa el acero, como si fuera un coro; as√≠ se construye el imaginario social (con todas las virtudes, pero tambi√©n con todos los errores, como seres humanos: y ese es uno de los problemas de la Historia en may√ļsculas, reconocer que somos humanos y que la gloria nacional cuesta hendiduras en el alma no f√°ciles de sanar).

Pero lo peculiar de las historias de Juan Siam ‚Äďsubrayo particularmente estas: ‚ÄúPerfecci√≥n‚ÄĚ, ‚ÄúFuga de Bach‚ÄĚ, ‚ÄúCuando miro a pap√°‚ÄĚ, ‚ÄúComo en los dibujos animados‚ÄĚ y ‚ÄúEl env√©s de la hoja‚ÄĚ‚Äď es que todas o casi todos los relatos son de amor. Podr√≠a resultar parad√≥jico, pero el amor, lo sabemos, lo permea todo. O m√°s que el amor, lo que prevalece en estos relatos son relaciones de pareja vistas a trav√©s del fracaso, pero tambi√©n de la permanencia, de la locura y la frustraci√≥n, de la sobrevivencia y el desencanto, del anhelo y la fragilidad, de la posesi√≥n y los matices del deseo, s√≠, del amor‚Ķ

Y todas ellas ‚Äďvemos aqu√≠, adem√°s de la primera persona, otra osad√≠a del autor‚Äď parten de una perspectiva femenina; o sea, son mujeres quienes narran las historias (relatos que, adem√°s, no pretenden hacer derroche de t√©cnicas, sino lo contrario). Siam se arriesga en el dominio de una voz que es varias al mismo tiempo: personajes diferentes, muchos relacionados entre s√≠, pero con matices, edades y psicolog√≠as desiguales, con miedos, con deseos (tambi√©n sexuales, amorosos) y dudas, con vidas hechas o deshechas‚Ķ Es como si, nos dijera, conociera bastante a las mujeres y por ello se permite hablar por ellas, poner en papel, que es dejarlo en la memoria, sus vidas‚Ķ

Son personajes, sencillos, familiares, como vecinos del barrio, como nuestros amigos, o mejor, como nosotros mismos, cargados de miedos, frustraciones personales e hist√≥ricas, cargados de cansancio, pero tambi√©n de ans√≠as de sobrevivencia, de sue√Īos a√ļn.

La vida ha puesto a sus personajes a decidir, para luego absorberlos, devolverlos y olvidarlos‚Ķ Ellas han amado en los refugios subterr√°neos en √Āfrica, donde el miedo se respira en el aire; o extra√Īan, desde Europa, la arena del mar de la isla; o en Estados Unidos, despu√©s de partir, mientras ponen en la balanza las decisiones, aseguran que ‚Äúvivimos una sola vida y en ella hay que tomar decisiones. Puedes haberte equivocado o no al decidir, pero lo que no puedes es volverte atr√°s. Si uno va a hacer algo es hasta el final‚ÄĚ.

Otra de las cuestiones que me parece un logro de Indicaciones para divorciar a un hombre, es su estructura coral, polif√≥nica, abierta a las m√ļltiples confluencias de la lectura. La carta de una hermana a otra, escrita despu√©s de la visita de la primera a la isla, sirve de hilo conductor para repasar historias personales, familiares, de conocidos, para no olvidar, aunque el olvido muchas veces se pegue al alma como mecanismo de defensa‚Ķ As√≠ cada fragmento de la misiva introduce personajes, sirve de puente a relatos, nos ofrece pistas para comprender qu√© hay realmente detr√°s de cada uno de ellos‚Ķ

En este coro ‚Äďcustodiado por una foto de Junior Fern√°ndez a partir de un original de Henri Cartier-Bresson‚Äď terminamos identific√°ndonos, nos encontramos‚Ķ Es como si el pa√≠s cupiera en una calle, en una familia, en cada uno de nosotros, aunque sepamos que, en buena medida, somos tambi√©n las consecuencias del pa√≠s y sus designios. Con todo eso se construye el andamiaje de estos cuentos: Cuba, historia, relaciones de pareja, familia, amor, virajes sociopol√≠ticos de las √ļltimas, digamos, seis d√©cadas, Patria‚Ķ Aunque no olvida tampoco cierto humor ya com√ļn, calcado con dosis de iron√≠a‚Ķ

Como un cowboy del Viejo Oeste, Juan I. Siam saca sus relucientes Colts y dispara estos cuentos escritos con el √≠mpetu de un fabulador irremediable que, adem√°s, se sabe poeta. Cada disparo resuena en la llanura; las veces que ha dado en el blanco las sabr√° el lector. Ajedrecista empecinado, mueve su dama para embestirla contra un rey solitario. Ella toma la voz de mando ‚Äďjugada crucial, como en la vida misma‚Äď y nos narra sus historias. Incluso nos ofrece varias indicaciones para divorciar a un hombre. ¬ŅQui√©n ha visto un cowboy sin una dama a la cual proteger? Emigraci√≥n, amor, Patria‚Ķ cruzan estas p√°ginas y nos devuelven un pa√≠s visto mediante el ojo sagaz y sarc√°stico de Siam. La batalla ha sido ardua, los embalses han vertido, y el tren de las 3:10 a Yuma acaba de partir, dej√°ndonos frente a las historias sencillas y conmovedoras de Siam, a sabiendas, como √©l mismo nos cuenta, que ‚Äúel √©xito consiste en no tener √©xito. En tener una peque√Īa satisfacci√≥n todos los d√≠as. Una peque√Īa felicidad todos los d√≠as‚ÄĚ.


Animal de otra raza: Eros con nosotros

Por Adalberto Santos

¬ęQue llueva la carne palpitante. Jadea, carne. Llora. ¬°Reza!¬Ľ. De este modo, con este mantra o urgencia, terminan los once cuentos que propone Maribel Feli√ļ en esta especie de autoantolog√≠a eminentemente er√≥tica. Y aunque este ensalmo puede llamar por s√≠ solo la atenci√≥n, y servir√≠a acaso como m√≠nimo bot√≥n de muestra, ser√≠a demasiado breve e imperfecto: la poiesis er√≥tica de Maribel Feli√ļ es m√°s que una mera y desenfrenada invitaci√≥n al aquelarre. La narrativa de Maribel parte de un secreto y hondo conocimiento del goce, descrito s√≠, ficcionado tambi√©n, pero vivido desde una personal√≠sima experiencia. Y por ello no teme aventurarse, casi con sa√Īa, en temas como la zoofilia o la pedofilia con pulso firme. Un pulso que adem√°s maneja con poder la palabra, sin excesivo temor por lo que pudiera parecer procaz. Maribel ha conocido las aguas del cuerpo, del √≠ntimo y propio, y sabe que nada hay m√°s puro y hermoso que beber de ellas sin atavismos.

He dicho poiesis er√≥tica, t√©rminos que dif√≠cilmente ser√≠an complementarios, pero en la obra de Feli√ļ son un arma m√°s filosa a√ļn que cualquier situaci√≥n, por escabrosa que pareciera. La insinuaci√≥n de una imagen po√©tica, sombras que adelantan el filo de lo no revelado, de una sustancia que palpita y fluye secretamente hasta derramarse, acompa√Īa buena parte de su obra potenciando sus efectos de seducci√≥n. Tambi√©n el juego est√° presente, circulando aparte de sus cuentos. Juega con lo simb√≥lico sexual, que puede venir desde el t√≠tulo de una canci√≥n, hasta la trama misma donde lo que se cuenta es codificado a trav√©s de esos s√≠mbolos en una trasmigraci√≥n, nuevamente, po√©tica.

Animal de otra raza es, si se quiere pues, un libro peligroso. Peligroso para los pacatos y temerosos, pues ciertamente el animal descrito aquí es fiero y dulce, y habita en cada uno de nosotros. Su liberación está signada por el más puro y natural goce vital. Una raza auténtica de quienes hacen de él una victoria continua y que, de seguro, no quedarán impávidos ante la lectura de este itinerario del placer, peligroso y torturante a veces, pero descritos con una precisa dosis de sensible voluptuosidad.


La noche en llamas de un barco sobre la arena

Por Eugenio Marrón

Formar parte de una tr√≠ada tan selecta como solicitada, a la hora de novelas que describen distop√≠as ‚Äďgravitaci√≥n que signa no pocos trechos de sucesos verbales del siglo XX, para narrar sociedades ficticias inhumanas y su expansi√≥n en busca de cancelar cualquier anhelo redentor‚Äď, es algo m√°s que una reputaci√≥n activa e incesante: se trata de la mejor manera de verificar, seg√ļn lo advertido por Mario Vargas Llosa en el ensayo final de su libro La verdad de las mentiras, que ‚Äúlas invenciones de todos los grandes creadores literarios, a la vez que nos arrebatan a nuestra c√°rcel realista y nos llevan y traen por mundos de fantas√≠a, nos abren los ojos sobre aspectos desconocidos y secretos de nuestra condici√≥n, y nos equipan para explorar y entender mejor los abismos de lo humano‚ÄĚ. As√≠ ocurre con Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, que junto a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y 1984, de George Orwell, conforma el tr√≠o aludido.

Justo al cumplirse el pr√≥ximo 22 de agosto el centenario del nacimiento de Ray Bradbury, volver a las p√°ginas de aquella novela suya no solo es una oportuna recordaci√≥n del gran maestro norteamericano de la ciencia ficci√≥n y el terror fant√°stico, sino tambi√©n un reencuentro enriquecido con los a√Īos ‚Äďcomo el buen a√Īejamiento para los licores de destacada estirpe‚Äď. Publicada por primera vez en 1953 ‚Äďveinti√ļn a√Īos despu√©s que la de Huxley y apenas cuatro tras la de Orwell‚Äď, hay en la de Bradbury una constante que viene desde la noche de los tiempos: la quema de libros y con ellos del peligro ante el despliegue de las ideas, sea arte, literatura, filosof√≠a o cualquier variedad del pensamiento ejercido con libertad a favor de lo humano y sus circunstancias. Basta citar tres ejemplos: la combusti√≥n de los c√≥dices mayas el 12 de julio de 1562 por √≥rdenes del cl√©rigo Diego de Landa en Yucat√°n ‚Äď‚Äúno ten√≠an cosa en que no hubiese superstici√≥n y falsedades del demonio, se los quemamos todos‚ÄĚ, alegaba el inquisidor‚Äď; la hoguera ordenada por Adolfo Hitler y ejecutada la noche del 10 de mayo de 1933, contra alrededor de veinte mil libros en la plaza Bebel de Berl√≠n; y la fogata dispuesta por el general de divisi√≥n Luciano Benjam√≠n Men√©ndez en la ciudad argentina de C√≥rdoba el 29 de abril de 1976, justo en los inicios de la terror√≠fica dictadura militar, en la que se incendiaron obras de Julio Cort√°zar, Eduardo Galeano, Gabriel Garc√≠a M√°rquez, Pablo Neruda y Mario Vargas Llosa, juntos a otros autores, ‚Äúa fin de que no quede ninguna parte de estos libros (…) para que con este material no se siga enga√Īando a nuestros hijos‚ÄĚ, seg√ļn lo dicho por el uniformado.

 

Tal como indica su t√≠tulo ‚Äďla unidad de temperatura en la que el papel se atiza y arde‚Äď, Fahrenheit 451 es un relato que transcurre en una sociedad maniobrada por los bomberos, pero no tal como conocemos su desempe√Īo en la extinci√≥n de incendios, sino todo lo contrario. Armados con unas extra√Īas mangueras lanzallamas, en las p√°ginas de esta novela los bomberos persiguen, capturan y calcinan todas las p√°ginas de la cultura universal, pues se trata de un mundo en el que los libros han sido condenados a su total exterminio ‚Äď‚Äúno sutilicemos con recuerdos (‚Ķ) Olvid√©moslos. Quem√©moslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio (‚Ķ) Somos los Guardianes de la Felicidad. Nos enfrentamos con la peque√Īa marea de quienes desean que todos se sientan desdichados con teor√≠as y pensamientos contradictorios (‚Ķ) no permitir que el torrente de melancol√≠a y la funesta Filosof√≠a ahoguen nuestro mundo‚ÄĚ, le endosa con su verborrea fanatizada el capit√°n Beatty al bombero Montag, los dos protagonistas que terminar√°n por enfrentarse a la sombra de las hogueras y sus designios m√°s devastadores. A su lado, los otros personajes se bifurcan ‚Äďpor un lado Mildred, la esposa de Montag, domesticada bajo el orden represivo de los bomberos, y por el otro la joven Clarisse junto a Faber y Granger, empecinados junto a otros rebeldes en salvar la memoria de los libros y con ella el sentido mismo de la Humanidad. Es as√≠ como en esa suerte de hermandad para salvaguardar el acto que implica un libro, presta a cualquier enfrentamiento, cada uno de sus integrantes dejar√° a un lado su nombre para, en la nueva identidad, llamarse como un gran autor cuya memorizaci√≥n los convertir√° en biblioteca viva en pos de salvar los libros: ‚ÄúYo soy La Rep√ļblica de Plat√≥n. ¬ŅDesea leer a Marco Aurelio? M√≠ster Simmons es Marco‚ÄĚ, le advierte Granger a Montag. Es as√≠ como le explica a este: ‚ÄúTambi√©n nosotros quemamos libros. Los leemos y los quemamos, por miedo a que los encuentren. Registrarlos en microfilm no hubiese resultado. Siempre estamos viajando, y no queremos enterrar la pel√≠cula y regresar despu√©s a por ella. Siempre existe el riesgo de ser descubiertos. Mejor es guardarlo todo en la cabeza, donde nadie pueda verlo ni sospechar su existencia‚ÄĚ. Y m√°s adelante le acota: ‚ÄúTransmitiremos los libros a nuestros hijos, oralmente, y dejaremos que nuestros hijos esperen, a su vez‚ÄĚ. En ese mundo de la palabra publicada y su reprobaci√≥n fuego en mano, en el que las pantallas rodean por todas las paredes de los hogares, a la vez que cualquier atisbo de pensamiento puede ser la mejor raz√≥n para una condena, los personajes de Ray Bradbury levantan un entramado que eriza al m√°s cauto.

Como una intensa y muy desarrollada f√°bula ‚Äďno exenta de un calado po√©tico que distingue buenos trechos de su prosa, y sin desmayo de la energ√≠a concisa y afilada como un bistur√≠ en su progresi√≥n narrativa‚Äď, que llega de un tiempo lejano, aun cuando sus se√Īas la convierten en suceso ubicuo de ayer, hoy o ma√Īana ‚Äďy as√≠ bien pueden testimoniarlo las atrocidades del llamado Estado Isl√°mico en los d√≠as recientes de Siria e Irak‚Äď ¬†Fahrenheit 451 es una lectura inagotable. Tal es as√≠ que ha conocido dos versiones f√≠lmicas muy referidas a¬† las lecturas que han hecho sus realizadores ‚Äďcon mayores o menores cuotas de apego al texto original‚Äď, muy ajustadas a las se√Īas de sus dos momentos de realizaci√≥n: la de Francois Truffaut en 1966 ‚Äďcon el austriaco Oskar Werner como el recatado bombero Montag y el irland√©s Cyril Cusack como el implacable capit√°n Beatty‚Äď, a las puertas de las intensas revueltas estudiantiles de aquellos tiempos en Francia, M√©xico y otros lugares; y la de Ramin Bahrani en 2018 ‚Äďcon los norteamericanos Michael B. Jordan y Michael Shannon, respectivamente, en aquellos roles‚Äď cuando ya casi pod√≠an avistarse en el horizonte los d√≠as de la COVID-19 expandi√©ndose por el planeta y tambi√©n ese otro estallido global crecido con el impactante homicidio de George Floyd en las calles de Minneapolis. Es as√≠ como, de cierta manera, la novela tambi√©n podr√≠a tenerse como un espejo a la vez aleg√≥rico y contextual de un tiempo preciso, y con ello el don de su autor para entregarnos una lectura de permanencia.

Graduado en la californiana Los √Āngeles High School en 1938, Ray Bradbury nunca asisti√≥ a estudios universitarios: su econom√≠a personal no se lo permit√≠a. Por ello, mientras vend√≠a peri√≥dicos y revistas para ganarse la vida, se formaba autodidactamente con buena parte de su tiempo en la biblioteca p√ļblica, abriendo su camino entre libros, leyendo tenazmente hasta que, a comienzos de los a√Īos cuarenta, comenz√≥ a publicar sus relatos en revistas. En 1950 public√≥ un libro de cuentos que ser√≠a su primer gran √©xito de lectores y cr√≠tica: Cr√≥nicas marcianas, sobre la colonizaci√≥n de Marte y el establecimiento all√≠ de una sociedad similar, en sus fortunas y desgracias, a la Tierra. Tras ese t√≠tulo vinieron, entre otros, El hombre ilustrado (1951), volumen de narraciones sobre los inmutables mecanismos tecnol√≥gicos enfrentados a los comportamientos humanos; El vino del est√≠o (1957), novela delicada y cautivante, digna de un poeta, en torno a las vacaciones de un ni√Īo de doce a√Īos en una ciudad de la regi√≥n del Medio Oeste estadounidense; y Remedio para melanc√≥licos (1959), pieza de narrativa breve entre el realismo m√°s descarnado y la fantas√≠a m√°s apocal√≠ptica. Le√≠do y traducido a numerosas lenguas, al morir el 6 de junio de 2012 a la edad de 91 a√Īos en Los √Āngeles, California, de acuerdo a su estricta solicitud, el epitafio de su tumba s√≥lo lleva la inscripci√≥n: ‚ÄúRay Bradbury. Autor de Fahrenheit 451‚ÄĚ, algo que advierte la predilecci√≥n que siempre sinti√≥ por esa novela suya.

Al prologar la primera traducci√≥n a nuestra lengua de Cr√≥nicas marcianas, realizada por el editor espa√Īol Francisco Porr√ļa para la editorial argentina¬† Minotauro en 1955, uno de los grandes admiradores del autor estadounidense, el argentino Jorge Luis Borges, escribi√≥: ‚ÄúRay Bradbury anuncia con tristeza y con desenga√Īo la futura expansi√≥n del linaje humano sobre el planeta rojo, que su profec√≠a nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena‚ÄĚ. Ahora, a cien a√Īos de su arribo a la Tierra, al releer Fahrenheit 451, percibimos a las puertas de nuestras vidas a Ray Bradbury que llega con la noche en llamas de un barco sobre la arena.


¬ŅPor qu√© no te gusta la ciencia ficci√≥n?

Por Moisés Mayán

¬ŅPor qu√© no te gusta la ciencia ficci√≥n? Dispar√© a bocajarro contra la joven escritora. No me gusta, porque no me gusta y punto. Se cruz√≥ de brazos como embutida en una camisa de fuerza. A m√≠ tampoco me gusta, apuntal√≥ su amiga. Cuando veo un robot o una nave espacial, simplemente cambio el canal y sanseacab√≥. ¬ŅEntonces supongo que nunca se han le√≠do a Asimov? ¬ŅA qui√©n?

Si aspiras a convertirte en un escritor serio es mejor que no te dediques a la ciencia ficci√≥n. La sugerencia no aparece expl√≠citamente en ning√ļn manual de t√©cnicas narrativas, pero funciona como verdad de Perogrullo. Entre ficci√≥n y ciencia ficci√≥n nos encargamos de levantar una barrera de alambre de espino, y algo similar hemos hecho entre ciencia ficci√≥n y fantas√≠a. ¬ŅPor qu√©? Esa es la pregunta.

Hace unos a√Īos me impuse la tarea de ejercitarme en ciertas lecturas b√°sicas sobre el g√©nero maldito. Pretend√≠a, adem√°s de ampliar un poco mis horizontes de lector, descubrir si hab√≠a algo m√°s all√° de La guerra de las galaxias, E. T. o √Ārea 51. Los anaqueles de la ciencia ficci√≥n estaban atiborrados de chatarra espacial, as√≠ que elaborar un plan de lecturas era una misi√≥n no imposible, pero s√≠ omplicada.

De H. G. Wells, Isaac Asimov y Ray Bradbury, pas√© a rebuscar en el trastero local, comenzando por Oscar Hurtado, √Āngel Arango, y Agust√≠n de Rojas, desemboqu√© entonces en una fecunda generaci√≥n comandada por autores como Yoss, Erick Motta, Michel Encinosa Fu, y luego me fui a los m√°s recientes Premios Calendarios en el g√©nero. Una vez concluida la expedici√≥n, me hice con una buena caja de herramientas para desmontar discursos preconcebidos.

Me result√≥ perturbador que los autores que apuestan por la ciencia ficci√≥n son los √ļnicos que no pueden ser escritores a secas, pues a la desmesurada creatividad que se les exige, deben a√Īadirse conocimientos de aeron√°utica, astronom√≠a, f√≠sica espacial, rob√≥tica, nanotecnolog√≠a, ufolog√≠a, en fin, un programa acad√©mico que los escritores serios no necesitan matricular.

Sobre los iniciados en este gremio pesan no solo viscosas atmósferas de subgéneros, sino el requerimiento de ser absolutamente originales. Para colmo, el vastísimo espectro de los premios, becas y certámenes literarios se reduce considerablemente cuando incluimos en el buscador de Google el término ciencia ficción. Sin embargo, en un presente donde los autores hemos tenido que mutar forzosamente hasta convertirnos en lectores los unos de los otros, y el lector natural, espontáneo, sin ínfulas de escritorzuelo, constituye una especie en peligro, los escritores de ciencia ficción ganan por goleada.

La ciencia ficci√≥n (anoten el dato) ha formado a sus lectores. ¬ŅC√≥mo? Bueno, no puedo contestar todas sus preguntas en un art√≠culo, pero les adelanto que he realizado mis trabajos de campo. En la pasada Feria del Libro de La Habana me correspond√≠a presentar uno de mis libros de poes√≠a publicado por Ediciones Matanzas, en el otro extremo de la mesa aguardaba pacientemente su turno, Jos√© Miguel S√°nchez (Yoss). Los afortunados autores que compart√≠amos en la Sala Lezama Lima aquella ma√Īana est√°bamos conscientes de una verdad colosal: el ochenta por ciento del p√ļblico hab√≠a venido por Yoss, o para ser m√°s exactos, andaba tras la pista del volumen Etc√©teras y otras cosas, Paratextos y otros cuentos experimentales de ciencia ficci√≥n.

Mientras los lectores de Yoss se disputaban un aut√≥grafo, pens√© que hac√≠a poco menos de un mes, se hab√≠a cumplido el centenario de Isaac Asimov, uno de los padres de la ciencia ficci√≥n. Asimov naci√≥ en Rusia en 1920, pero se traslad√≥ a los Estados Unidos siendo todav√≠a muy ni√Īo, fue en su nuevo pa√≠s donde a los nueve a√Īos localiz√≥ en el estanquillo de peri√≥dicos la revista Pulp, ¬†puerta de acceso a la ciencia ficci√≥n. Graduado como bioqu√≠mico en la Universidad de Columbia, consigui√≥ terminar el doctorado en 1948, fecha en la que contaba con amplios conocimientos de f√≠sica, geograf√≠a y meteorolog√≠a, pero no fue hasta 1950 cuando public√≥ su primera novela, Un guijarro en el cielo.

En un mundo sobrecogido por el ascenso de Hitler en Alemania, el despliegue b√©lico de la Segunda Guerra Mundial, las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, el avance de la rob√≥tica, el progreso tecnol√≥gico, las tensiones de la Guerra Fr√≠a y el lanzamiento del Sputnik, Asimov no tuvo que devanarse los sesos para concebir los detonantes de su Saga de la fundaci√≥n. ¬ŅDe verdad que no has escuchado hablar de Isaac Asimov?, volv√≠ a preguntarle a la joven escritora. Me suena ese nombre, fue todo lo que dijo. ¬ŅSeguramente s√≠ sabes qui√©n es Will Smith?

Los dos pares de ojos se encendieron. ¬ŅQui√©n no conoce a Will Smith? Pues bien, Will Smith fue el protagonista de Yo, robot, un filme de 2004, basado en una recopilaci√≥n de cuentos donde Asimov desarrolla sus tres leyes sobre la rob√≥tica. Las muchachas volvieron a sumirse en un extra√Īo mutismo. Aunque no consegu√≠a observar sus labios bajo las telas del nasobuco, imagin√© una mueca duplicada.

Afuera un monstruo microsc√≥pico amenazaba a la especie humana, las calles y plazas vac√≠as filmadas por drones eran un espect√°culo sobrecogedor, los camiones militares transportaban sarc√≥fagos en alguna ciudad italiana, y los m√©dicos vest√≠an fatigosas escafandras‚Ķ Precisamente el a√Īo del centenario de Asimov, la ciencia ficci√≥n y la realidad se superpon√≠an como capas de la misma fruta. ¬ŅPor qu√© no te gusta la cienci ficci√≥n? La joven escritora destap√≥ un frasco de antibacterial y extendi√≥ una leve pel√≠cula olorosa a alcohol en sus manos. Mejor nos vamos, dijo.


Ojos para no ver las cosas simples: escritos en tinta blue

Por Adalberto Santos

He le√≠do en alg√ļn sitio, en estos d√≠as tambi√©n de infodemia, que las personas que prefieren el azul padecen de seguro de trastornos siqui√°tricos. No s√© qu√© pensar. Me gusta el azul. Y tengo la impresi√≥n de que a Martha Acosta √Ālvarez le gusta el azul. ¬ŅNos hace seres comunes en la insanidad? Quiz√°s‚Ķ Pero he visto un p√°jaro azul suyo describir un drama de a√Īoranza y pesar, de libertad no plena; una habitaci√≥n con vistas al mar, donde se definen los odios y amores, el qui√©n soy y qui√©n es el otro. O una chica, posible y triste, de vinilo soldado, con ojos grises, pasto de la rapi√Īa y la codicia del sexo. Todo en azul. Una tinta que va describiendo desde el fondo de cada historia una secuencia com√ļn, un tono en la palabra que ahonda y apela a profundas reflexiones, donde el dolor interior est√° siempre presente, aun cuando se espere el posible fin de un mundo mientras se cena.

Las ficciones de Martha Acosta llevan en com√ļn, adem√°s, la eterna b√ļsqueda de sus personajes: b√ļsqueda del reconocimiento del yo en los ojos de quien se ama, b√ļsqueda de un tiempo otro donde se fue feliz o donde se hallar√≠a la felicidad, b√ļsqueda de la verdadera esencia humana en medio de esa convenci√≥n que llamamos sociedad. Pero no hay en esta b√ļsqueda una √ćtaca definitiva ni un telar insistente. Solo la p√°lida, azul insinuaci√≥n, de una respuesta que se bifurca en un abanico de posibilidades. ¬ŅEs Martha Acosta una autora azul? ¬ŅUna mujer blue? ¬ŅAlguien que describe desde la aparente calma y la sonrisa la tormentosa realidad que esconde el alma humana? Tal vez‚Ķ ¬†

Solo s√© que esta invitaci√≥n, tambi√©n p√°lidamente blue, para adentrarnos en la lectura de los seis cuentos que propone Ojos para no ver las cosas simples, no puede ser definitiva ni definitoria. Leer a Martha Acosta es adelantar m√°s preguntas que respuestas, es adentrarnos en un mundo quiz√°s enga√Īosamente azul, pero lleno de invitaciones y tonalidades que no pueden ser descritas terminantemente, sino esbozadas, sugeridas, como el p√°jaro azul que describe una historia entra√Īable, o ahora que lo pienso, como mirar al fondo de los ojos de esta joven autora, parad√≥jicamente negros, y encontrar all√≠ un destello azul, como de acero mortal, mientras con una sonrisa suya nos describe posibles modos de ver la vida en blue, y a√ļn dejarnos con la inquietud de quien habla del amor, calladamente, mientras afuera, tras los cristales, el mundo se deshace. ¬†¬†


Bradbury, el √ļltimo poeta marciano

Por Manuel Alejandro Martínez Abreu

  • ‚ÄúLos libros cosen las piezas y los pedazos del universo para hacernos con ellos una vestimenta‚ÄĚ.

Ray Bradbury (1920-2012)

Dos caballeros vestidos con armaduras esperan en la oscuridad la llegada de un drag√≥n al que deben matar. Ellos no lo han visto nunca, pero lo describen como una criatura enorme y monstruosa de un solo ojo, que escupe fuego y echa humo. Cuando por fin se produce el tan temido enfrentamiento, la historia da un giro insospechado…

Es la sinopsis El Dragón, el primer cuento que leí de Ray Douglas Bradbury. No por ser el primero se convirtió en mi relato favorito, me impactó la manera en que presentaba dos de los temas más importantes de su obra: la especulación sobre el tiempo y la amenaza del futuro.

Al dedicarle La Luz esta edición del Premio Celestino a uno de los tres grandes de la ciencia ficción (CF) he vuelto a hojear parte de la correspondencia que además de consejos para un principiante, me obsequió un corpus de lecturas que provocaron emociones y ayudaron a dar sentido a la experiencia de vivir a un adolescente bajo la metáfora de lo anticipado y lejano.

El descubrimiento de este autor comenz√≥ por el art√≠culo ‚ÄúLas manzanas marcianas de Ray‚ÄĚ, publicado en el peri√≥dico ¬°Ahora!: ¬ŅUn padre que construye un cohete en el patio de su casa para darles a sus ni√Īos la alegr√≠a de un viaje a marte?, ¬Ņbomberos cuyo trabajo no es apagar fuegos sino encenderlos para quemar libros?, ¬Ņuna sociedad donde leer libros era un delito?, ¬Ņsujetos que memorizan obras completas para preservarlas y transmitirlas oralmente a otros?, ¬Ņhumanos como extraterrestres en Marte?, ¬Ņinvasores extraterrestres que encuentran en los ni√Īos humanos sus aliados?, ¬Ņun curioso personaje con el cuerpo completamente cubierto de tatuajes que est√°n m√°gicamente vivos?, ¬Ņy todos estos argumentos nac√≠an de la mente de un autor de CF que no se adaptaba a la tecnolog√≠a? ¬Ņ¬Ņ¬°!??

Además de paladear mi apetito literario, aquel artículo se convirtió en el catalizador para conseguir los libros de Bradbury. Encontré Tres de Bradbury (una inolvidable edición de los 80 con carátula azul que incluía Fahrenheit 451, Crónicas marcianas y El hombre ilustrado) y la que sería mi obra favorita de este autor: El vino del estío, una novela que nada tiene que ver con la ciencia ficción.

Pero yo necesitaba m√°s, mi curiosidad por ese autor rara avis crec√≠a. La b√ļsqueda continu√≥ y entre tanto buscar y buscar encontr√© hasta su direcci√≥n postal. Le escrib√≠, y para sorpresa m√≠a y de muchos otros, respondi√≥.

Así comenzó mi intercambio de cartas con este autor amante de los gatos, incapaz de manejar un automóvil y que nunca dependió de una computadora.

‚ÄúNadie puede ense√Īar a escribir ciencia ficci√≥n, aunque muchas veces se ha intentado‚ÄĚ ‚Äď fue su primera sentencia en la correspondencia ‚Äď. ‚ÄúLee poes√≠a y encontrar√°s las mejores ideas‚ÄĚ, ‚Äúse debe escribir rodeado de libros‚ÄĚ y ‚Äútodo lo que necesitas saber sobre c√≥mo escribir lo encuentras en Huckleberry Finn‚ÄĚ.

Las recomendaciones literarias y las lecciones no se detuvieron hasta que obró para que llegara a mis manos su libro de ensayos Zen in the art of writing. Descubrí en aquel texto en inglés reveladoras páginas sobre su infinito placer de escribir, el porqué y el cómo.

Aunque la mayor lección que aprendí fue que existen libros que nunca se deben prestar, y menos si este es una primera edición, con dedicatoria y firma incluida de un autor incluido en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción, con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y con un asteroide (¡nada más y nada menos que un asteroide!) nombrado Bradbury 9766 en su honor.

Muchos califican a Bradbury como autor de culto, maestro del cuento po√©tico dentro del g√©nero, en contraposici√≥n de otros que lo ven como un autor ‚Äúblando‚ÄĚ al no ubicar sus historias dentro de las vertientes m√°s ‚Äúhard‚ÄĚ de la CF. Lo cierto es que este autodidacta escritor transform√≥ el modo en que se entend√≠a la literatura del g√©nero al producir un cambio con respecto al modo de concebirse los relatos, a pesar de que siempre se consider√≥ como un escritor de fantas√≠a. ‚ÄúEn mis obras no he tratado de hacer predicciones acerca del futuro, sino avisos‚ÄĚ, escribi√≥ qui√©n demostr√≥ como nadie que el humanismo y la poes√≠a, combinados con la CF o la fantas√≠a, son una mezcla poderos√≠sima para el deslumbramiento de las posibilidades de la imaginaci√≥n.

Su influencia es visible en autores de CF de nuestro pa√≠s como Oscar Hurtado, √Āngel Arango y Miguel Collazo; mientras que en el audiovisual, los cuentos ‚ÄúRemedio para melanc√≥licos‚ÄĚ, ‚ÄúSol y sombra‚ÄĚ, ‚ÄúEl cohete‚ÄĚ y ‚ÄúEl hombre ilustrado‚ÄĚ fueron adaptados para la televisi√≥n y recontextualizados en el √°mbito cubano sin que esto afectara el sentido cardinal de la historia.

Bradbury no sólo cultivó la ciencia ficción y la literatura de corte fantástico, sino que escribió también libros realistas e incluso incursionó en el relato policial, escribió también poesía, guiones para el cine y la televisión y piezas de teatro. Pero muchos concuerdan al afirmar que lo mejor de este autor fueron sus primeras obras de ciencia ficción: Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas. Ambas, a pesar de la época en que fueron escritas, pueden considerarse como objetos de estudio de un experimento de sociología del futuro, sujetas a la exigencia premonitoria de la verdad.

‚Äú¬ŅQu√© ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las p√°ginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad?‚ÄĚ, escrib√≠a Jorge Luis Borges en el pr√≥logo de Cr√≥nicas marcianas. Mensajes de alarma extrema, tramas tan lejanas y ajenas como cercanas y posibles.

Y es que todo es absolutamente cierto con este autor. Su prosa po√©tica marca la diferencia para afirmar que la ciencia ficci√≥n, considerada muchas veces como una rama desde√Īable de la literatura, tambi√©n vale para ajustar cuentas con el presente: ‚ÄúNo hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Tampoco har√°n falta las bibliotecas si nadie las dinamiza y si tampoco nadie es invitado a usarla. Continuamos siendo imperfectos, peligrosos y terribles, y tambi√©n maravillosos y fant√°sticos. Pero estamos aprendiendo a cambiar‚ÄĚ.

A pesar del miedo y la incertidumbre en estos días de confinamiento, revisitar a Bradbury se torna acto de resistencia personal ante la alfombra roja del inconcebible futuro de nuestra humanidad.


Los umbrales de la desaparición o Mateo Mordeccai, antologador advenedizo (+ video)

Conoc√≠ a Mateo Mordeccai a fines de 1998, cuando lleg√≥ al Nuyorican Poets Caf√© con paraguas, capa y un ukelele en mano. Me pregunt√© qu√© hace este hombre aqu√≠, precisamente aqu√≠, con ese extra√Īo instrumento… y como si me hubiese escuchado coment√≥: ‚ÄúIntento apaciguar al monstruo…‚ÄĚ. O lo conoc√≠ una tarde lluviosa de 2006, cuando ensayaba con su banda de low-rock-blues The Royal Bakunin Orchestra, el cl√°sico ‚ÄúSinner Man‚ÄĚ, un cover del conocido tema espiritual que Nina Simone grabara para la Philips Records y fuera incluido en su disco Pastel Blues de 1965. O quiz√°s fue a inicios de 2008, en los d√≠as en que entrevistaba a Nicol√°s Dorr y al equipo t√©cnico que particip√≥ en el rodaje de Filmar Pedro P√°ramo, el extra√Īo documental de Vinicio Ferreira. Poco despu√©s, su vida y la del proyecto umbralista se disolvieron en la bruma de la ‚Äúintrahistoria‚ÄĚ de Unamuno, y nada o casi nada supimos de Mordeccai.

Pero poco importa la fecha en que nos conocimos, pues el Umbralismo no es m√°s que una po√©tica de la desaparici√≥n… Mateo Mordeccai ‚Äďlo supe apenas lo vi, lo not√© en sus ojos escudri√Īadores aquella ma√Īana en el Nuyorican Poets Caf√©‚Äď era un advenedizo: trataba de salvar algo de cuyo valor dudaba, pero aun as√≠ (obstinado, perspicaz) se empe√Īaba en salvarlo: antologar los esc√©pticos umbrales de la nada y los l√≠mites de una escritura reinventada llamada Umbralismo, una tendencia que tiende al vac√≠o escud√°ndose en el jazz como √ļnica literatura posible. Aunque Mordeccai (amante empedernido del desenfreno de Ornette Coleman) no incluy√≥ ninguno de sus textos en el primer volumen de la antolog√≠a umbralista que entreg√≥, poco antes de morir en Frankfurt am Main, a la Heldon Editors en Liverpool.

Todo antologador es un advenedizo, aunque no necesariamente un esc√©ptico, me dijo, cuando le pregunt√©, con los acordes de ‚ÄúSinner Man‚ÄĚ de fondo, por qu√© no inclu√≠a textos de sus libros La noche de los cuchillos largos y Un tercio de la vida extra√Īa (escritos bajo un extra√Īo influjo umbralista) en la mencionada antolog√≠a. Mordeccai estaba atra√≠do por los blancos espacios de la nada, o sea, por el vac√≠o. Le interesaba trabajar con textos incompletos que recordaban un palimpsesto, con textos que simulaban una mala traducci√≥n… Y aqu√≠ aparece la necesidad de olvidar los argumentos umbralistas, una necesidad que se vuelve destino en la vida de Mateo Mordeccai y que nos conduce, finalmente, a la concreci√≥n, parad√≥jica al fin y al cabo, de Umbralismo: una antolog√≠a.

Mordeccai traza en su selecci√≥n el devenir del Umbralismo partiendo de los precursores Demetrio Souza y Vinicio Ferreira; los llamados ortodoxos Stanislaw Bauert y Julius Maynard y los heterodoxos Joaqu√≠n Manila, Juan Laprida y Maura Samprini. √Čl, como sabemos, es un advenedizo que escrib√≠a a la sombra del movimiento… El libro, solo una fracci√≥n de los textos umbralistas, muestra parte de la obra de Souza, Manila y Julius Maynard, un total de 14 cuentos.

En los cuentos del bayam√©s Demetrio Souza, Borges es estil√≠sticamente una influencia pop, pero no metaf√≠sica… Escribir, por desgracia, no salva a nadie de la muerte: Souza acab√≥ paral√≠tico en las revueltas de los Independientes de Color en 1912 y cuando muri√≥, en 1950, fue enterrado en el cementerio de Jiguan√≠. Como toda escritura es una conspiraci√≥n, toda acci√≥n que multiplica la realidad atenta contra su pureza, y tarde o temprano es castigada, y eso bien lo sab√≠a el iniciador del Umbralismo.

Joaqu√≠n Manila es un autor casi desconocido que detestaba el realismo de los escritores cubanos de los noventa. En Broadway, luego de trabajar como tramoyista, cre√≥, junto a otros umbralistas heterodoxos, un vasto proyecto de ‚Äúla literatura que pudo ser‚ÄĚ, pero no fue, como el Museo de la Novela Eterna del argentino Macedonio Fern√°ndez, y en el que se vislumbraban unas cuantas obras que nunca ser√≠an a menos que ellos, los umbralistas, hicieran algo al respecto. O que Mordeccai las antologara…

Julius Maynard es, quiz√°s, el √ļltimo de los umbralistas: su fecha de nacimiento de pierde en el tiempo, pero sabemos que salt√≥ desde lo alto de su edificio en octubre de 2001, poco despu√©s del desplome de las Torres Gemelas (Oriana Fallaci lo cont√≥ como pocos). √Čl odiaba la realidad. Si hab√≠a alguna forma de sintetizar sus ideas sobre la literatura era esa: negar la mansedumbre de lo real, y el derrumbe de aquellos gigantes del World Trade Center le pareci√≥ ‚Äúdemasiado real‚ÄĚ…

Por primera vez en Cuba ‚Äďantes lo hizo la Heldon Editors en Liverpool y la Minion Publishers en New York‚Äď y gracias al empe√Īo de Ediciones La Luz, sello holguinero de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z (AHS), y al Premio Celestino de Cuento, parte de los textos umbralistas seleccionados por Mordeccai (los de Souza, Manila y Maynard) aparecen publicados en 2013 en un mismo libro, con la seguridad ‚Äďla misma antolog√≠a lo advierte‚Äď de que esta es una escritura dactilar que tienta al vac√≠o y contiene en s√≠ la forma ideal para olvidarla.

Rafael de Jes√ļs Ram√≠rez: «La literatura es un arte privado y por eso mismo es m√°s terrible, pues la batalla es silenciosa y nadie te juzga en el silencio de tu habitaci√≥n, excepto el Gran Arquitecto.» (En entrevista que le realizara Andy Muzalf)/ foto tomada de su perfil de facebook

El azar ‚Äďnuevamente parad√≥jico respecto a los escritores umbralistas y al propio Mordeccai‚Äď y el √©xito editorial que result√≥ reunirlos en un mismo cuerpo, le otorg√≥ al libro el reconocimiento La Puerta de Papel y quiso que en 2016 Umbralismo: una antolog√≠a volviera a estar al alcance de los lectores para mostrarnos, como dijera la narradora Mariela Varona, ‚Äúparajes, seres, objetos, cuya existencia sospech√°bamos en los sue√Īos y en ciertas horas m√°gicas de alucinaci√≥n [y] que descubrimos con sorpresa conviviendo en estas p√°ginas‚ÄĚ; aunque el posible valor de la escritura de los umbralistas es el de escribir con la seguridad de ser olvidados: pero todos sabemos que cada uno de ellos a√Īoraba lo contrario. Mordeccai lo sab√≠a: desde el vac√≠o de los altos espacios nos contempla y desde ese mismo vac√≠o observa, como presagio de lo asombroso, a un inmenso dirigible acercarse a la villa de Gibara una vez m√°s.


Cumplea√Īos electr√≥nico y destellos en las redes

Con Buf√≥n de Dios, poemario de Jos√© Luis Serrano, La Luz comenz√≥ a desafiar el oscuro panorama de carest√≠as materiales que entonces y hasta el d√≠a de hoy representan el m√≠tico animal a vencer en cada plan editorial, que es lo mismo que decir sue√Īo.

Mayo, un mes de nacimientos m√ļltiples para la ciudad de los parques, fue testigo en 1997 de ese momento que ha representado para la literatura cubana la permanencia de una voluntad est√©tica comprometida con la joven literatura cubana e importantes exponentes de esta en todo el mundo.

Un cat√°logo diverso en g√©neros, abordajes, formatos, po√©ticas, que crece cada a√Īo exponencialmente; numerosos premios nacionales; proyectos que visibilizan al libro y sus autores dentro de la comunidad como entes vivos y cercanos al p√ļblico; eventos como el Premio Celestino de Cuentos, entre los m√°s esperados momentos del calendario anual para los noveles narradores insertan al sello editorial de la AHS en Holgu√≠n entre los m√°s destacados del pa√≠s lo cual pasa por su reconocido ejercicio editorial, de promoci√≥n de la lectura y de comunicaci√≥n.

Este a√Īo, cuando corresponde celebrar los 23 a√Īos de La Luz en vista de la imposibilidad de festejar como ha sido habitual en la instituci√≥n a causa del coronavirus, Luis Yuseff Reyes, director de la editorial, invit√≥ a los integrantes del cat√°logo, amigos de la casa, a compartir en un video la felicitaci√≥n. Alrededor de una veintena han respondido con mensajes que recogen gratitud, cari√Īo, buenos deseos, que devuelven los que por m√°s de dos d√©cadas ha entregado Ediciones La Luz.

La iniciativa ha colmado las redes los videos se ha replicado en numerosas p√°ginas de Facebook de autores, fot√≥grafos, ilustradores, dise√Īadores, promotores y lectores.


¡Atención narradores! Está abierto el Celestino

Ediciones La Luz, reconocido sello de la AHS en Holguín, y la sección de literatura de la misma en esta provincia, convocan a la XXI edición del Premio Celestino de Cuento, uno de los certámenes de carácter nacional más cotizado entre los jóvenes narradores cubanos.

cortesía ediciones la luz

Este a√Īo el Celestino estar√° dedicado a la literatura de ciencia ficci√≥n y tres de sus exponentes m√°s significativos: los escritores estadounidenses Isaac Asimov, Ray Bradbury y Charles Bukowski, coincidiendo, adem√°s, con el centenario de sus nacimientos, comenta Luis Yuseff, editor jefe de La Luz, y miembro del Comit√© Organizador.

En este certamen pueden participar todos los escritores cubanos residentes en el pa√≠s menores de 36 a√Īos, sean miembros o no de la AHS, explic√≥ Yuseff al Portal del Arte Joven Cubano, con un cuaderno in√©dito de menos de 70 cuartillas presentado bajo el sistema de seud√≥nimo y en una sola copia. En plica aparte deben constar los datos personales del autor, incluidos n√ļmero de carn√© de identidad, direcci√≥n particular y modos de localizaci√≥n.

El premio consistir√° en la entrega de un diploma acreditativo, el pago de 1000 pesos cubanos (CUP), una obra de arte y la publicaci√≥n del cuaderno a cargo de dicho sello editorial, con el pago del respectivo derecho de autor. ‚ÄúLas obras, a√Īadi√≥ Yuseff, se recibir√°n hasta el 1 de junio y podr√°n entregarse personalmente o enviarse por correo postal a Ediciones La Luz, calle Maceo, No. 121 altos, entre Frexes y Aguilera, CP. 80100, Holgu√≠n.‚ÄĚ

conferencia de prensa acerca del XXI Premio Celestino de Cuento. Foto: Erian Pe√Īa Pupo

El fallo del jurado, integrado por prestigiosas figuras de las letras, se dar√° a conocer el 21 de junio en la pe√Īa Abrirse las constelaciones, como parte del programa del XXI Premio Celestino de Cuento, que incluye, adem√°s, una amplia jornada de presentaciones, lecturas, conferencias y otras actividades previstas entre el 15 y el 21 de ese mes.

En la reciente Feria Internacional del Libro, realizada en La Habana del 7 al 16 de febrero, Ediciones La Luz present√≥ en el Pabell√≥n Cuba y en la sala Jos√© Lezama Lima de La Caba√Īa, el libro La m√°quina de recuerdos, de la camag√ľeyana Evelin Queipo, que obtuviera el Premio Celestino en 2017. Las ediciones m√°s recientes han sido ganadas por otras dos narradoras nacidas en la provincia de Nicol√°s Guill√©n y Severo Sarduy: Martha Acosta √Ālvarez y Lourdes Mar√≠a Mazorra, cuyos libros se presentar√°n pr√≥ximamente.¬†

conferencia de prensa acerca del XXI Premio Celestino de Cuento. Foto: Erian Pe√Īa Pupo

Auspiciado, además, por el Centro Provincial del Libro y la Literatura y la Uneac en Holguín, surgió en 1999 por iniciativa del narrador y poeta holguinero Ghabriel Pérez, como homenaje a la novela de Reinaldo Arenas, Celestino antes del alba, y su primera edición lo recibió, entonces, el narrador y periodista Rubén Rodríguez con el cuento Flora y el ángel, autor que mereció recientemente el importante Premio Alejo Carpentier.

Entre los escritores que lo han obtenido se encuentran tambi√©n Rafael A. Inza, Marvelys Marrero, Alcides Pereda, Serguei Mart√≠nez, Jos√© Alberto Vel√°zquez, Yordis Monteser√≠n, Liany Vento, Rafael de Jes√ļs Ram√≠rez, Abel Fern√°ndez-Larrea, Ariel Fonseca y Juli√°n Marcel. Por su parte, importantes jurados lo han integrado, entre ellos Eduardo Heras Le√≥n, Guillermo Vidal, Ana Lidia Vega Cerova, Nelton P√©rez, Jorge √Āngel P√©rez, Lourdes Gonz√°lez Herrero, Emerio Medina, Manuel Garc√≠a Verdecia y Eugenio Marr√≥n.


Narrador de inocencias

‚ÄúElecci√≥n de un universo narrativo que acude a un lenguaje sabiamente manejado, as√≠ como su capacidad evocadora para recrear un universo aparentemente costumbrista, pero que se empe√Īa y logra los espacios de la memoria‚Ķ La sencillez es, quiz√°s, el valor fundamental de esta obra, porque entra√Īa un dominio de los recursos empleados, y una escritura donde no tienen lugar el ocultamiento, ni la simulaci√≥n‚ÄĚ, son algunos de los reconocimientos plasmados en el acta del Premio Casatintas de literatura infantil y juvenil, convocado por la filial espirituana de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z en Sancti Sp√≠ritus.

Halagos que coronan con un lauro, olvidado durante 10 a√Īos en predios espirituanos, a No meolvides, del joven holguinero Eri√°n Pe√Īa Pupo, quien se confiesa a√ļn sorprendido porque resulta ese texto su debut en el mundo infanto-juvenil.

‚ÄúNo soy lector de ese tipo de literatura. Escribo narrativa para adultos, as√≠ como cr√≠tica e investigaci√≥n y ensayo. El texto tiene como or√≠genes tres cuentos, que, en su momento, cogieron un lauro y eso me dio el impulso para construir el libro. Lo dej√© reposar dos a√Īos y al conocer la convocatoria del Casatintas lo envi√©‚ÄĚ, dice, mientras sospecho que escribe cada palabra en su mente por su formaci√≥n y labor como periodista.

El holguinero Eri√°n Pe√Īa Pupo result√≥ el ganador del Premio Casatintas de literatura infantil y juvenil, convocado por la filial espirituana de la AHS, en Sancti Sp√≠ritus/ Foto tomada del perfil de facebook de Cultura espirituana.

Tras varias llamadas telefónicas y correos electrónicos, No meolvides no dejó titubear al trío de gran prestigio nacional: Yunier Riquenes, Idel García y Dariel Enrique, quienes, sin dejar de reconocer la calidad del resto de los concursantes, dictó sentencia en favor de una historia que mueve el pensamiento, desde la propia inocencia infantil.

‚ÄúMi mayor alegr√≠a es que un jurado de voces autorizadas me haya dado el premio. A ellos le result√≥ familiar la propuesta con estilos de Dora Alonso y Juan Ram√≥n Jim√©nez. Hoy te confieso que jam√°s los he le√≠do y me los pongo de asignatura pendiente. Quiz√° en otra vida s√≠. Deben ser referencias en el subconsciente‚ÄĚ, a√Īade.

‚Äď¬ŅQu√© podremos ‚Äúno olvidar‚ÄĚ?

La historia transcurre en un pueblo que fue pr√≥spero, en un momento, porque su vida transcurr√≠a alrededor de un central azucarero, pero hoy es ya un pueblo fantasma con los restos del gran ingenio. En ese lugar vive un ni√Īo con sus abuelos, quienes, constantemente, hablan ‚Äďante la nueva realidad que es la cotidianidad del ni√Īo‚Äď con melancol√≠a de lo que ten√≠an. Est√° presente esa constante contradicci√≥n.

‚Äď¬ŅC√≥mo lograr atrapar al p√ļblico lector infanto-juvenil con un tema que pudiera resultar denso?

No s√© c√≥mo ser√° su reacci√≥n, pero quiz√°s la presencia del narrador en primera persona y, como dec√≠a el jurado, la inocencia de la historia que hace gui√Īos a otros contextos, sea su valor. Vamos a ver cu√°ndo salga.

‚Äď¬ŅPor qu√© apostar por un concurso que hab√≠a estado tanto tiempo sin convocar?

Este concurso lleva publicación y sabemos que una de las vías más seguras para lograr esa aspiración de todo escritor son los certámenes. Te reitero que no confiaba en mí como narrador infantil. Probé y mira qué gran sorpresa.

‚Äď¬ŅQu√© esperas del libro bajo el sello de la Editorial Luminaria, de Sancti Sp√≠ritus?

Los libros que conozco son interesantes, aunque no s√© c√≥mo es su colecci√≥n infantil. Ojal√° pueda presentarlo en Sancti Sp√≠ritus y Holgu√≠n. Siempre un libro resulta una alegr√≠a y, en este caso, un punto de partida para seguir escribiendo para ni√Īos y ni√Īas.

‚Äď¬ŅQu√© opinas de las posibilidades que ofrecen estos cert√°menes y becas que auspicia la AHS?

Son muy necesarios. Hay muchos jóvenes escribiendo y necesitan socializar. Esa misma pluralidad de voces construye un contexto rico. La AHS con sus editoriales y el resto que aporten a visibilizarlos, sin dudas, contribuye a que crezca como movimiento. El Casatintas puede incentivar, incluso, a los propios autores locales.

‚Äď¬ŅQu√© guardas en el tintero para el pr√≥ximo a√Īo cuando este lo cierras por todo lo alto, adem√°s de este lauro: Menci√≥n en el Premio Celestino de Cuento y el Primer lugar del IV Premio Casa V√≠ctor Hugo de Estudios e Investigaciones (2018-2019)?

Tengo por ahí proyectos de poesía y varias cosas sobre periodismo. Las mismas rutinas de la profesión me han frenado, un tanto. Guardo dos proyectos de libros: uno dedicado a crónicas y otro de entrevistas a personalidades imprescindibles a la hora de historiar la cultura cubana y que no residen en el país. Por esos caminos, intentaré transitar.


Lourdes Mazorra: ‚ÄúYo entro en trance cuando escribo‚ÄĚ

Ya nada podr√° detener a Lourdes Mazorra L√≥pez, ganadora del Premio Celestino de Cuento, en su XX edici√≥n. Con ese lauro ‚ĒÄque por tercer a√Īo consecutivo gira las miradas a Camag√ľey‚ĒÄ ella da riendas sueltas a sus deseos de narrar.

En el 2018 curs√≥ el prestigioso Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde estuvieron, en a√Īos diferentes, las coterr√°neas Evelin Queipo y Martha Acosta, merecedoras del Celestino 2017 y 2018, respectivamente.

Lourdes domina lenguajes de medios diferentes y de todos se aprovecha para cumplir los impulsos y los sentidos que la escritura ha ido tranzando desde su ni√Īez y que ha perfilado en la temprana juventud.

Trabaj√≥ como periodista de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camag√ľey, y se mantiene como colaboradora de Televisi√≥n Camag√ľey desde su etapa de estudiante de periodismo.

Guionista y productora del documental Soy Maravilla, dirigido por Norlys Guerrero Pi, con quien comparte las intensidades del amor por las imágenes y también coincide en la sección de audiovisuales de la Asociación Hermanos Saíz.

A sus 26 a√Īos tiene grandes esperanzas con el mundo literario en el que se abre paso con talento y honestidad.

Con Rubén Rodríguez González en el Premio Celestino de Cuento/Tomada del Facebook de la entrevistada

 

Nuestro pretexto para conversar fue tu premio Celestino 2019, si ya lo tienes, ¬Ņqu√© esperas para cre√©rtelo?

El Celestino no me lo esperaba. Se presentaron 20 cuadernos. Luis Yuseff y Norge Labrada me preguntaban ‚Äú¬Ņest√°s contenta?‚ÄĚ, yo a√ļn estaba asimil√°ndolo. Los premios tienen dos cosas: comienzan a hacerte visible, te abren puertas; y por el otro lado son un impulso porque puedes publicar y quieres seguir trabajando, m√°s fuerte que antes.

Ganas con Las fauces, ¬Ņnos adelantas algo?

Las fauces es un libro de nueve relatos desde la perspectiva femenina, aunque en algunos el narrador sea masculino. Es un libro incipiente que indaga en las significaciones para el ser humano de la p√©rdida y el dolor, desde la muerte f√≠sica hasta otros tipos de p√©rdidas en lo espiritual, psicol√≥gico y familiar. Trabaj√© mucho las atm√≥sferas y la construcci√≥n de los personajes, todos da√Īados de alguna manera. Siempre tengo que conocer a mis personajes, su pasado, presente y futuro, aunque despu√©s toda esa informaci√≥n no quede en el cuento, pero es importante para el desarrollo de la historia. Yo vivo la historia. La edici√≥n empieza en agosto. Saldr√° para la Feria del Libro del 2021. Me siento agradecid√≠sima de Ediciones La Luz y su equipo de trabajo.

¬ŅEstaban iniciados cuando cursaste el Centro Onelio?

No. Dicen que a algunas personas les da el bloqueo ‚ÄúposOnelio‚ÄĚ, al no poder escribir por sentirse agobiados por todo ese contenido recibido en el centro. A m√≠ el ‚ÄúOnelio‚ÄĚ me abri√≥ a√ļn m√°s. Entr√© con tres cuentos, que no son con los que gan√© la beca El caballo de coral ni tampoco los de este cuaderno, excepto No me olvido de tu cuadril. El ‚ÄúOnelio‚ÄĚ me regres√≥ a la realidad con muchas ganas de escribir y de hacer.

Ten√≠as reservada la sorpresa de la beca, ¬Ņqu√© te propusiste con El caballo de coral?

Con la beca de creación intenté ser un poquito más ambiciosa. Mi proyecto no fue de cuentos aislados. Aun cuando los puedas leer de manera separada, aspiro a que tengan el hilo conductor de sus personajes. Así funcionará también como un juego, y si empiezas por el relato del medio no necesitarás entender la historia precedente o la que sucederá. Me emociona jugar con la escritura, quiero entender y luego crear mis propios significados, creo que el divertimento es muy importante cuando se trata de algo tan serio como la literatura. Este proyecto es ambicioso, por eso sigo trabajando.

Lourdes Mazorra con Heras León/ Foto:Cortesía de la entrevistada

 

¬ŅAsumes la narrativa como gimnasia de estilo?

No se puede dejar de escribir aunque todo lo que escribas no es publicable o mucho despu√©s lo deseches, tampoco se puede tener miedo a eliminar lo que no sirve, porque el estilo llega con los a√Īos y la experiencia, es una b√ļsqueda incesante. Me siento c√≥moda en la narrativa. Para m√≠ el cuento es un trance en el cual el punto final viene siendo el ‚Äúevoh√©‚ÄĚ del ‚Äúorgumio‚ÄĚ cortazariano. Yo entro en trance cuando escribo, no puedo parar, y casi todos mis textos tienen un aliento po√©tico. Cuando me toc√≥ leer en p√ļblico en el Centro Onelio, Eduardo Heras Le√≥n me aconsej√≥ escribir un cuento m√°s seco, porque me sale mucho la poes√≠a, pero luego me alent√≥ hablando sobre Dulce Mar√≠a Loynaz y Julio Cort√°zar. Se trata de escribir y escribir.

¬ŅPor qu√© recomiendas tanto el Centro Onelio?

El Centro Onelio te acorta y te alarga el camino. Llegas desprevenida pensando que sabes mucho de literatura o que estabas leyendo con orden en tu vida, y no. El Centro Onelio te va creando pautas, incluso en la b√ļsqueda del estilo recomienda autores, da t√©cnicas y herramientas. Pero al mismo tiempo alarga el camino porque abre much√≠simas puertas y comienzas a ver todo de manera distinta, a leer de manera distinta, a cuestionarte la realidad y a pensar en otros temas. A buscar ese poder de imantaci√≥n que el cuento deber√≠a tener, como dice Francisco L√≥pez Sacha. Todo aspirante a escritor deber√≠a optar por el Centro Onelio. Para m√≠ fue la primera experiencia de leer algo en p√ļblico. Influye a la hora de aceptar cr√≠ticas o de ir construyendo tu propio relato en grupo. Adem√°s, es invaluable la oportunidad de recibir clases de escritores como Heras Le√≥n, Ra√ļl Aguiar y Sergio Cevedo.

Una cosa importante es el talento y otra, la gente que te impulsa, ¬Ņa cu√°les camag√ľeyanos agradeces de primero?

A la escritora Oneida Gonz√°lez. Le escrib√≠ a ella cuando supe la noticia del Celestino. ‚ÄúTe ganaste un premio‚ÄĚ, algo as√≠ le puse, porque Oneida fue quien me habl√≥ del Centro Onelio cuando yo ten√≠a 19 a√Īos, y lo curs√© a los 25. Hizo las primeras cr√≠ticas a mis primeros cuentos y lo sigue haciendo con honestidad y cari√Īo. Tambi√©n agradezco a Obdulio Fenelo, el primer camag√ľeyano que gan√≥ el Premio Celestino en 2006, cuando se concursaba con un cuento. √Čl siempre me dice que leer es la comida de los escritores y escribir, el ejercicio diario. Pero de todos los agradecimientos, empiezo por mi familia, a ella lo primero.

Lourdes Mazorra en el Centro Onelio/Foto: Cortesía de la entrevistada

 

Te he visto en varios espacios tocando el tema pol√©mico de la literatura y el periodismo. Eres periodistas, ¬Ņc√≥mo te gustar√≠a ser mirada en ese gremio de escritores que a√ļn no cuenta al periodismo como literatura?

Como una periodista que escribe o como una escritora que hace periodismo. No hay diferencias para m√≠. Siempre he tenido claro que yo quiero escribir. Me suger√≠an estudiar Filolog√≠a en La Habana y yo pens√© en Ernest Hemingway, Gabriel Garc√≠a M√°rquez, Alejo Carpentier, Jorge Ma√Īach… la lista ser√≠a interminable. Muchos de los grandes escritores ejercieron el periodismo. En esta profesi√≥n tambi√©n he encontrado herramientas para narrar. Me alegr√≥ ver en el evento del ‚ÄúCelestino‚ÄĚ a muchos periodistas, entre ellos, en el jurado, a Rub√©n Rodr√≠guez, ganador de importantes premios nacionales y editor del peri√≥dico Ahora, de Holgu√≠n. Aunque esta pol√©mica se ha ido superando, lamentablemente hay quienes todav√≠a te enganchan un cartel.

Llenar una planilla contigo no es f√°cil. Entraste a la AHS por la secci√≥n de audiovisuales, y bien que pudieras estar en la de literatura o en la de cr√≠tica e investigaci√≥n. ¬ŅC√≥mo lo resolvemos?

Sobre todas las cosas quiero escribir, pero no voy a dejar de hacer audiovisuales porque me interesa desde el guion y la producci√≥n, la paso bien, son retos que me pongo. No quiero dejar de asumir proyectos desde el documental porque el documental es una manera tambi√©n de narrar. Oneida me dec√≠a: de vez en cuando suelta el libro y ve una buena pel√≠cula, porque las pel√≠culas te ense√Īan tambi√©n a narrar para la escritura. Es verdad.

La Asociaci√≥n en Camag√ľey te tiene entre sus j√≥venes de vanguardia, ¬Ņte satisface eso?

Si el ‚ÄúOnelio‚ÄĚ me abri√≥ puertas desde la escritura, la AHS me ha dado la posibilidad de participar en eventos, de compartir entre los j√≥venes y tambi√©n para llegar a otros lugares. La AHS es imprescindible para los j√≥venes que queremos hacer arte, y para publicar ofrece muy buen espacio para empezar.

En el Premio Celestino de Cuento/Tomada del Facebook de la entrevistada

El ruido incesante de las hachas (+ fotos)

El Premio Celestino de Cuento arribó a su aniversario 20 con la seguridad de ser uno de los certámenes más cotizados por los jóvenes narradores cubanos, quienes se asoman al pozo no precisamente en busca del agua, sino de los ecos del ruido de las hachas golpeando los árboles del bosque… el mismo ruido que permitía dormir a Celestino.

Nombrado as√≠ por Celestino antes del alba, novela pr√≠stina del escritor Reinaldo Arenas, la actual edici√≥n del Premio se realiz√≥ en Holgu√≠n del 17 al 21 de junio, dedicada en esta ocasi√≥n al aniversario 105 del natalicio de los escritores Onelio Jorge Cardoso y Julio Cort√°zar; y organizada por Ediciones La Luz ‚Äďreconocido sello de la AHS en Holgu√≠n‚Äď, la secci√≥n de Literatura de la AHS holguinera y el Centro Provincial del Libro y la Literatura.

Paneles, homenajes, conversatorios, lecturas… caracterizaron el presente capítulo de un Premio nacido en 1999 y que ha tenido entre sus ganadores a escritores como Rubén Rodríguez, Agnieska Hernández, Jorge Enrique Lage, Norge Céspedes, Luis Yuseff, Marvelys Marrero, Alcides Pereda, Liany Vento, Yordis Monteserín, Ariel Fonseca y Evelin Queipo.

 

Onelio, diga usted cómo

Foto: Carlos Rafael

El Sal√≥n ‚ÄúAbrirse las constelaciones‚ÄĚ, de Ediciones La Luz, acogi√≥ un panel dedicado a recordar al autor de Taita, diga usted c√≥mo y El hilo y la cuerda. Moderado por el escritor y editor Adalberto Santos, estuvo integrado por los narradores y poetas Manuel Garc√≠a Verdecia y Nelton P√©rez, y el investigador, profesor universitario y cr√≠tico literario y cinematogr√°fico Lino Ernesto Verdecia.

Para Garc√≠a Verdecia, Onelio (1914‚Äď1986) ‚Äútrabaj√≥ un lenguaje vern√°culo a partir de un personaje y sus posibilidades, pero que no llega a un mero criollismo. En su obra hay elementos que se cruzan en el destino de la persona y que van m√°s all√° de lo anecd√≥tico, pues se acercan a la condici√≥n humana, para hacernos ver c√≥mo somos, con las pasiones, los sentimientos propios. La p√©rdida de la inocencia, la angustia del hombre cuando se enfrenta a ciertas situaciones, son cuestiones presentes en sus cuentos‚ÄĚ, dijo.

‚ÄúNos es necesario leerlo y hacerlo sin prejuicio‚ÄĚ, enfatiz√≥ el reconocido intelectual holguinero.

Foto: Carlos Rafael

Por su parte, Nelton P√©rez, ganador del Premio Carpentier de Novela por Infidente, lament√≥ que varias generaciones de cubanos, especialmente los m√°s j√≥venes, no hayan le√≠do como es debido su obra, al solo existir viejas ediciones de sus cuentos. ‚ÄúDe alguna manera Onelio Jorge es nuestro Juan Rulfo‚ÄĚ, subray√≥.

Finalmente, Lino Verdecia record√≥, entre an√©cdotas, el momento en que siendo estudiante conoci√≥ a Cardoso y las dem√°s veces que compartieron en Santiago de Cuba y La Habana. ‚ÄúEra un orfebre de la palabra, de la conversaci√≥n y lo que escrib√≠a, de la √©tica y el respeto. Alguien tan t√≠mido, cordial y sencillo que no parec√≠a lo grande que era‚ÄĚ.

Foto: Carlos Rafael

Con voz singular en el ámbito cubano e hispanoamericano, su obra no solo representa la dura y cotidiana existencia de los pescadores, campesinos y obreros agrícolas en la Cuba de entonces, sino es un reclamo al derecho y la necesidad de esos hombres al pleno disfrute de otras vertientes de la realidad gracias a las posibilidades de la imaginación.

En su amplia producción destacan además, El cuentero, El caballo de Coral, Gente de pueblo, Caballito blanco, La cabeza en la almohada y Negrita.

 

Un cronopio llamado Julio Cort√°zar

Foto: Kevin Manuel Noya

La vida y obra del autor de Rayuela, Las armas secretas y Bestiario fue recordada en un panel moderado por el escritor y periodista Erian Pe√Īa Pupo e integrado por los reconocidos escritores Lourdes Gonz√°lez, Mariela Varona, Eugenio Marr√≥n y F√©lix S√°nchez.

Lourdes recorri√≥ su cercan√≠a literaria con Cort√°zar (1914‚Äď1984), partiendo de la lectura en su juventud de Rayuela, novela publicada en 1963 y obra central del boom latinoamericano; su trabajo en la edici√≥n de la poes√≠a de la argentina Alejandra Pizarnik, amiga de Cort√°zar; y la visita a su tumba en el cementerio de Montparnasse, en Par√≠s.

Foto: Kevin Manuel Noya

Mariela Varona se enfoc√≥ en ‚Äúlo fant√°stico‚ÄĚ de la literatura de Cort√°zar, a partir de cuentos como Casa tomada, publicado en 1946 en Anales de Buenos Aires, revista dirigida por Jorge Luis Borges. Mientras F√©lix S√°nchez coment√≥ la cercan√≠a de su obra con autores cubanos, su labor como traductor, el gusto por el jazz y el boxeo, entre otras cuestiones.

Finalmente, Eugenio Marr√≥n relacion√≥ a Cort√°zar con la Revoluci√≥n cubana y su cercan√≠a con ella, a partir de la visita en 1963 a La Habana, como parte del jurado del prestigioso Premio Casa de las Am√©ricas, y su v√≠nculo con reconocidos intelectuales como Hayd√©e Santamar√≠a, Roberto Fern√°ndez Retamar, Jos√© Lezama Lima y Ant√≥n Arrufat. Precisamente, un enjundioso pr√≥logo de Lezama Lima acompa√Īa la edici√≥n cubana de Rayuela, realizada por Casa de las Am√©ricas en 1968 y reeditada en 2018.

Foto: Kevin Manuel Noya

El ‚ÄúCelestino‚ÄĚ tambi√©n dedic√≥ un momento especial a recordar a Lydia Cabrera en su aniversario120, con un panel integrado por Eugenio Marr√≥n, Yasmani Castro y Pascual D√≠az. Otro panel, compuesto por Mariela Varona, Marvelys Marrero, Rub√©n Rodr√≠guez y Erian Pe√Īa, estuvo dedicado a la obra de Guillermo Cabrera Infante en su aniversario 90. Asimismo, al aniversario 22 de Ediciones La Luz se dedic√≥ un conversatorio, integrado por Luis Yuseff, editor jefe del sello, y el profesor universitario Manuel Alejandro Mart√≠nez.

 

Codas (el hacha contin√ļa cortando)

Foto: Kevin Manuel Noya

Varios libros fueron presentados en el ‚ÄúCelestino‚ÄĚ, entre ellos Hab√≠a una Bez (Ediciones Sed de Belleza, 2018), de Marvelys Marrero; El coraz√≥n desnudo (Letras cubanas, 2017), de F√©lix S√°nchez; Ventana al mar (Ediciones Luminaria, 2017), de Ariel Fonseca; Mar de invierno y otros delirios, de Alberto Garrand√©s; El ritual de las cabezas perpetuas, de Evelio Traba; y La mirada del ingenuo. Celestino antes del alba, de Yail√©n Campa√Īa, estos √ļltimos bajo la editorial La Luz.

Foto: Elier Cabrera

Otro momento peculiar dentro del programa del XX Premio Celestino de Cuento constituy√≥ la pe√Īa ‚ÄúPalabras compartidas‚ÄĚ, realizada en el Caf√© del Arte Joven, en la Casa del Joven Creador de la AHS holguinera. Entre la remembranza y el di√°logo, compartieron con los presentes Mar√≠a Liliana Celorrio, F√©lix S√°nchez y Nelton P√©rez, entrevistados respectivamente por Norge Luis Labrada, Rub√©n Rodr√≠guez y Mariela Varona.

Foto: Elier Cabrera

Las lecturas de narrativa también ocuparon un espacio protagónico, donde jóvenes y reconocidos narradores compartieron su obra, entre ellos Marvelys Marrero, Lourdes González, Rafael A. Inza, Luis Alfonso, Andrés Cabrera, Eduardo Pino, Robert Armas y Rey Neris.


Lourdes María Mazorra, Premio Celestino 2019

La joven escritora camag√ľeyana Lourdes Mar√≠a Mazorra L√≥pez obtuvo el Premio Celestino de Cuento en su XX edici√≥n con el libro Las fauces, seg√ļn el acta del jurado, integrado por F√©lix S√°nchez, Mar√≠a Liliana Celorrio y Rub√©n Rodr√≠guez, galard√≥n que se dio a conocer en el Sal√≥n ‚ÄúAbrirse las constelaciones‚ÄĚ de Ediciones La Luz, reconocido sello de la AHS en Holgu√≠n.

El jurado reconoci√≥ en Las fauces ‚Äúla buena construcci√≥n de sus personajes, las atm√≥sferas de los relatos, el aliento po√©tico que embellece las historias, lo que influye positivamente en el ritmo y la fluidez de las narraciones, as√≠ como la adecuada selecci√≥n del narrador‚ÄĚ.

Fotos: Kevin Manuel Noya
Fotos: Kevin Manuel Noya

 

Reconoci√≥, adem√°s, entre la veintena de t√≠tulos en concurso, los libros Cuesti√≥n de est√©tica, In√ļtiles puertas y La locura que nos define, cuyos respectivos seud√≥nimos son Zaratustra, Catalina de M√©dici y Gargant√ļa. As√≠ como la ‚Äúbuena concurrencia al concurso, la calidad general de los cuadernos, pruebas de la salud y el prestigio de este evento, crecido y consolidado durante dos d√©cadas‚ÄĚ, subraya el acta del jurado del Premio.

Presente en la premiación, Lourdes María Mazorra López, graduada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, recibió el diploma que la acredita como ganadora del XX Premio Celestino, y un grabado de la autoría del reconocido artista Cosme Proenza Almaguer.

Fotos: Kevin Manuel Noya
Fotos: Kevin Manuel Noya

 

Como parte de la cita fue presentado, por Adalberto Santos, el libro La m√°quina de recuerdos, de la tambi√©n camag√ľeyana Evelin Queipo, ganadora de la edici√≥n 18 del ‚ÄúCelestino‚ÄĚ.

La m√°quina de recuerdos es ‚Äúuna propuesta honesta de su autora que nos invita a reinventar nuevas realidades a trav√©s de historias que, dilatadas o breves, versan siempre sobre valores humanos trascendentales: la vida frente al trascurrir del tiempo, la entrega y el dolor como suprema muestra de amor, la ambici√≥n, que en su torrente puede llevarnos hasta el exterminio; todas ellas conservando el sabor √ļltimo de lo verdadero, como si alguien nos invitara, amablemente, a compartir sus m√°s deliciosas confesiones‚ÄĚ, leemos en la contracubierta del libro, con obra en portada del artista Dagoberto Drigg.

Fotos: Kevin Manuel Noya
Fotos: Kevin Manuel Noya

 

La XX edición del Premio Celestino se realizó en Holguín del 17 al 21 de junio y estuvo organizada por Ediciones La Luz, la sección de Literatura de la AHS holguinera, el Centro Provincial del Libro y la Literatura y la Promotora Literaria Pedro Ortiz. Dedicada en esta ocasión al aniversario 105 del natalicio de los escritores Onelio Jorge Cardoso y Julio Cortázar.