Periodismo


Abierta convocatoria al Concurso de Periodismo Audiovisual Ania Pino in Memoriam

La octava edición del concurso y evento teórico de periodismo audiovisual Ania Pino in Memoriam se celebrará, este año, durante los días 24, 25 y 26 de abril.

El Centro Memorial Martin Luther King, la Asociación Hermanos Saíz,  la Unión de Periodistas de Cuba (Upec) y el Canal Habana, convocan nuevamente a  jóvenes realizadores, periodistas o estudiantes de todo el país a participar con obras que aborden temáticas de actualidad.

De acuerdo con la información que aparece en la página en facebook del evento, se premiarán “las 5 mejores obras audiovisuales de cualquier género periodístico (documental, reportaje, crónica, testimonio, comentario, noticia, series, coberturas especiales para TV, programas informativos u otros) y se otorgará un Gran premio y cuantas menciones considere el jurado”.

Asimismo, será concedido un premio especial a los trabajos audiovisuales realizados por niños de hasta 10 años y a los realizados por adolescentes entre 11 y 16 años de edad.

Las obras deben ser enviadas en formato mp4 (resolución HD preferiblemente) por www.wetransfer.com al correo electrónico: concursoaniapino@gmail.com; también pueden ser entregadas en las delegaciones provinciales de la Upec  o personalmente en calle 28 entre 21 y 19, municipio Plaza de la Revolución, La Habana, Cuba. Las producciones seleccionadas se exhibirán y debatirán durante las jornadas del evento teórico. El plazo de admisión cierra el 4 de abril del presente año.

Ania Pino (1978-2005) fue una joven periodista del Canal Habana y de los Servicios Informativos de la TV Cubana, que falleció en un accidente de tránsito cuando viajaba desde la capital cubana hacia su natal San José de las Lajas. Desde el año 2011 surge la idea de la organización de base de la Unión de Periodistas de Cuba del Canal Habana, de convocar al Primer Concurso de Periodismo Joven de Televisión Ania Pino in memoriam.

 

PROGRAMA del evento teórico – ANIA PINO 2020

Día 24 (viernes) Lugar: Pabellón Cuba.

9:00 am – Recibimiento y acreditación

9:30 am – Inauguración

10:00 am – Conferencia Taller para YouTube

12:00 m – Almuerzo

1:30 pm – Taller sobre Género y Comunicación

4:30 pm – Descarga musical

7:00 pm Comida (para hospedados)

9:00 pm – Visita a Fabrica de arte

Día 25 (sábado)

10:00 am – Taller de Formación Audiovisual con niños y adolescentes (sala de vídeo) (coordinado por el proyecto Escaramujo)

10:00 am – Taller práctico de realización (salón de mayo)

12:00 m – Almuerzo

1:30 pm – Muestra audiovisual y debate (sala de vídeo)

4:30 pm – Visita a sitios de interés. (Rodaje de productos comunicativos) (visita a FCOM, Canal Habana y UPEC Provincial- Brindis)

Día 26 (domingo)

10:00 am – Taller de formación audiovisual con niños (ejercicio práctico)

10:00 am – Taller de Montaje audiovisual (sala de vídeo)

12:00 m – Almuerzo

1:30 pm – Cierre del taller audiovisual con niños. (Exposición de los trabajos en equipos en la sala de video)

3:00 pm – Cierre del taller práctico de realización (Visionaje de las obras realizadas en la sala de vídeo)

5:00 pm – Ceremonia de premiación (salón de mayo)

7:00 pm – Concierto clausura (en la pérgola)


La radio en Antena

Un post en Facebook dio inicio a la nueva temporada de Antena Este, la peña dedicada a la radio que promueve la sección de audiovisuales de la filial provincial de la Asociación Hermanos Saíz en Santiago de Cuba. Reacciones, comentarios y muestras de cariño, llegadas desde distintas partes del país, saludaron el nuevo empeño.

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«Salvar solo la escritura»

Desde Holguín escribe Erian Peña Pupo, joven autor cuya poesía conmueve y ruge. Su oficio sintetiza, de alguna manera, tradición y modernidad. Erian es una voz novísima que no se conforma con escribir, sino que busca el ángulo crítico de la realidad para estremecer aquello que merece ser estremecido. Esta entrevista cruzó las redes como un (pre)texto para encontrar al poeta.

––¿Crees que el sistema de estrategias promocionales del libro en nuestro país es fallido u obedece a normas antiquísimas? ¿Qué se haría necesario para actualizarnos?

No recuerdo cuándo fue la última vez que compré un libro guiándome por una estrategia promocional. Sucede que a muchas de las editoriales no les importa el libro más allá del proceso de recepción, edición, corrección, diseño… cuando el texto sale del poligráfico o de los talleres de la Riso es como si el hijo hubiese cogido vida propia: levántate y anda, camina por ti mismo, conquista a un público, búscate lectores.

No digo que sean todas, pero la mayoría de las veces la “desidia nacional” y sus bifurcaciones provocan que esto ocurra. Por ejemplo, qué hace un libro de un autor holguinero ganando polvo y moho en una librería o un almacén en Pinar del Río o Matanzas cuando su público potencial, ese que busca y persigue sus libros está en su provincia. Como mismo digo holguinero, puedo decir un autor de cualquier lugar del país… Eso sucede muy a menudo. Cuando más, los planes de distribución nacional contemplan unos pocos ejemplares para la ciudad de donde es el escritor. Entonces el día de la presentación, los libros no alcanzan para los interesados, esos que buscan la obra de un autor en específico, mientras que en otras ciudades esos mismos libros duermen el sueño de los justos, aunque sea bastante “injusto” para el texto, para los lectores y, claro, para el autor.

Por eso necesitamos a los buenos promotores. Mucho de lo que leí cuando adolescente, sobre todo poesía, estuvo influido por un promotor como pocos, Joaquín Osorio, quien tenía una peña —un miércoles al mes— en el Café Tres Lucías de Holguín; una peña y un café (aunque este siga abierto) que ya hoy no existen, al menos como antes. Ahí y en otros sitios, Joaquín incentivaba la lectura como pocos y nos prestaba libros, de cinco en cinco, o de diez en diez, y cuando se los devolvíamos, nos prestaba otros. Pero habría que clonar a Joaquín por todo Holguín y toda Cuba, y sería difícil hacerlo.

Publiqué, hace unos años, un poemario en Santiago de Cuba y después del día de la presentación en la librería principal de la ciudad, no sé si lo volvieron a presentar o si se vendió… A Holguín, por ejemplo, creo que no llegaron ejemplares.

¿Cómo actualizarnos? Pondría dos ejemplos cercanos a mí: Claustrofobia, en Santiago de Cuba, y Ediciones La Luz, aquí en Holguín. Ambos están liderando la promoción del libro en nuestro país, y además lo hacen de manera genuina, refrescante, visualmente atractiva… Yunier Riquenes y Naskiset Domínguez hacen un trabajo magnífico, pues los libros les importan, les preocupan los autores.

Promocionar es una manera no solo de vender, que sería el elemento excusa, sino de formar lectores potenciales. Y lo hacen utilizando las redes sociales, las posibilidades de la tecnología en una época que nos obliga a ello. Por su parte, La Luz se preocupa, en un primer momento, por el libro y el autor: un libro hermoso, con un trabajo de diseño y una portada atractiva, es de por sí una obra de arte que atrae, convida, entra sin pedir permiso… Después diseñan pendones, marcadores, postales, calendarios. Cada año realizan una campaña de promoción de la lectura, con el título genérico Leer seduce, pero que en cada edición suma un atractivo más.

Todo esto acompañado por un sistema de peñas, de presentaciones, programas de radio, entrevistas, promociones en la página web y el Facebook de la editorial, para que el autor se sepa realmente autor, cosa que no todas las editoriales logran. Así logran invitar al lector a acercarse y llevarse un libro a casa, a hacerlo tu compañero por unos días o, quién sabe, por unos años o el resto de tu vida. Pero en La Luz está Luis Yuseff, uno de los mejores poetas de su generación, un amante de la lectura y de todo lo bello. Con seres así, como Yuseff, Riquenes y otros más, el libro y su promoción alcanzan otros sitios. El tema es una madeja que se complejiza mientras la vamos desenvolviendo poco a poco.

––En sentido general, ¿son los escritores cubanos lectores actualizados o, simplemente, buenos lectores? ¿Opinas que los miembros de nuestra “generación” —criterio tan debatido y negado— somos capaces de leernos críticamente?

No creo que los lectores cubanos seamos actualizados. Ni siquiera los escritores y los críticos poseemos un arsenal de lecturas que nos hagan dominar el terreno aunque sea un poco. Qué se nos puede pedir si incluso leemos mal nuestra propia tradición. Tenemos mares y lagunas por delante. Buenos lectores sí, pero eso es otra cosa muy diferente. En esto influye el propio sistema editorial cubano, los derechos de autor, las tantas complejidades que hacen que muchas de las mejores obras y autores no lleguen a nuestras manos, primero en el momento adecuado o al menos después, pero que lleguen.

Comúnmente nuestras librerías están desprovistas de autores importantes de otras latitudes. Por eso, si no lees en digital —a mí no me gusta mucho— uno termina consumiendo lo que se puede conseguir, aunque no siempre sea lo que se anhela. Al final, acabamos leyendo a quienes tenemos en las manos; así se conforma nuestro sedimento. Las editoriales cubanas hacen gestiones de derechos de autor que se agradecen mucho y publican a varios autores importantes, pero esto termina siendo insuficiente por la variedad y cantidad de autores que le pueden interesar a un joven escritor. Ediciones La Luz ha publicado a Alice Walker, John Robinson Jeffers, Galeano, Emily Dickinson…

Por ejemplo, ni siquiera autores importantes de América Latina —y eso que Casa de las Américas ha dado luz a varios de ellos— se publican en Cuba ni se venden en nuestras librerías… Cuántos de nuestros jóvenes escritores, muchos con varios poemarios, libros de cuentos y hasta novelas, han “leído y releído” —esta es una frase de mi amigo Eugenio Marrón, el mejor lector que conozco— la obra de José Emilio Pacheco, Roberto Juarroz, Blanca Varela, Fernando del Paso, Vargas Llosa, Rubem Fonseca, Roberto Bolaño, Carlos Fuentes, Arturo Pérez-Reverte, Dany Laferrière, Luis Sepúlveda, Severo Sarduy… y tantos otros y tantos, si en primer lugar es difícil encontrar un libro de cualquiera de ellos en nuestro país. Como lectores me atrevería a decir que estamos desactualizados varias décadas.

Y qué decir del polémico Premio Nobel, aunque para muchos no sea un buen medidor. ¿Cuántos conocemos quiénes son Peter Handke y Olga Tokarczuk, los más recientes ganadores de la cita anual de Estocolmo, y cuántos además hemos leído alguno de sus libros?

En Cuba no se ha publicado la obra de muchos de los ganadores de años anteriores y sabemos, como hemos visto, que influyen mil cuestiones en ello: Patrick Modiano, Alice Munro, Mo Yan, Tomas Tranströmer, Herta Müller, Jean-Marie Gustave Le Clézio, Elfriede Jelinek, J. M. Coetzee, Imre Kertész, V. S. Naipaul, Toni Morrison, Kenzaburo Oe… la lista sigue extendiéndose. Si alguna editorial cubana los ha publicado, por favor, que alguien me avise, para tratar de comprarlos y ver qué escriben estos “monstruos”. Una vez me contaron que Guillermo Vidal, ese excelente narrador tunero, coleccionaba libros de los premios Nobel, desde el primero hasta el más reciente, y lo hacía para saber qué tenían aquellos escritores para merecer este galardón.

El Nobel es un caso peculiar, pero otros tantos libros de escritores importantes no se publican, por un motivo u otro, en nuestro país. Y eso nos aleja —a los escritores y a los lectores— de una tradición, de una cosmovisión que otros escritores y lectores sí poseen. No hablemos, por ejemplo, de los importantes escritores estadounidenses o europeos. Y así, amiga mía, no se puede estar actualizado, mal nos pese, en cuestiones literarias.

Hay casos excepcionales, como mi amiga Mariela Varona, que ha leído medias bibliotecas del mundo, sobre todo de narrativa, en formato digital. Pero qué nos queda a los demás, los que nos “guiamos” por las editoriales cubanas, los que leemos lo que aparezca, lo que encontremos, lo que nos preste un amigo… y que, de esta misma forma, nos formamos también como escritores y asumimos los peligros que ello implica. En muchos casos nos queda leernos a nosotros mismos… si es de manera crítica o no, ya es otra cosa.

Yo te seré sincero: en una época leí mucho a mis contemporáneos, a lo que podríamos llamar “nuestra generación” y lo sigo haciendo, casi siempre mediante revistas, un libro que sea de un amigo o aquel que deba presentar o me motive por algo particular… Pero cada vez lo hago menos, cada vez me arriesgo menos a dedicarle algunas horas a un contemporáneo: no sé si es por el tiempo, o porque las experiencias como generación nos son comunes y muchas cosas me dicen poco, o porque miro mi librero y veo varios buenos títulos esperándome y entonces me pongo a pensar —aunque es una decisión algo injusta— que no podré leer todos los libros que deseo; así acabo escogiendo del librero ese que me espera y aún no he podido leer.

––¿Hay mucho de mímesis, de reproducción automática, y poco de pensamiento en lo que se escribe hoy día?

Por eso mismo que antes comentaba, muchos jóvenes acabamos leyéndonos unos a otros y por consiguiente reproduciéndonos, copiándonos casi automáticamente, calcándonos. Muchas veces preferimos saber qué escribió aquel escritor premiado en el concurso al que enviamos o al que pensamos enviar un día.

Tengo amigos cuyos referentes inmediatos son autores de su misma generación o, cuando más, de una o dos promociones mayores que ellos, pero aun así contemporáneos. Estos constituyen sus metas, sus prototipos.

Me han dicho, incluso, que no les importan los clásicos pues, de una manera u otra, reciben sus influencias por “segundas o terceras vías” en los libros de los escritores contemporáneos que leen. Eso hace que nuestro mapa sea un poco más reducido. A veces creemos que estamos innovando, cuando eso ha sido pan comido años atrás.

El desconocimiento, la falta del “manoseo” de libros y autores nos restringen la visión. Muchos jóvenes pensaron estar demoliendo los cánones de la poesía, dinamitando todo sin orden ni consenso, sin saber que décadas atrás el mexicano Octavio Paz escribió un poema tan innovador y explosivo como “Salamandra”. La escritura lleva su exorcismo —o bien el pensamiento fructífero del que me hablas— pero también su sedimentación, su tiempo de fermentación como el buen vino.

––¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Recorro un camino pedregoso, movedizo, sobre todo porque trabajo con la palabra. Ella me alimenta, me viste, paga mis gastos elementales… Soy periodista y escribo a diario, pero lamentablemente no siempre es literatura. Cuando la mayoría de mis amigos escritores encienden su computadora, abren un documento Word, lo hacen para escribir ficción. Yo el noventa por ciento de las veces lo hago para escribir periodismo.

Tengo más trabajo —para un periodista es bueno— que el que comúnmente puedo hacer: compromisos con revistas, sitios webs, muchos me exigen con cierta frecuencia, además de mi trabajo en el Centro de Comunicación Cultural La Luz, de la Dirección Provincial de Cultura en Holguín, que tiene un periódico homónimo y un sitio web, Baibrama. Por otra parte me interesa el ensayo y la crítica especializada en temas culturales, o al menos intento acercarme a ella con el mayor número de herramientas posibles. Varias publicaciones me han abierto sus páginas críticas: La Gaceta de Cuba, revista sobre la que hice mi tesis, específicamente sobre la crítica literaria en sus páginas, tema poco usual para el muchas veces reducido campo de opciones en la carrera; Noticias de Arte Cubano, El Caimán Barbudo, La Jiribilla, Cubacine, La letra del escriba…

Creo en la ficción y además en las posibilidades creativas del ensayo y la crítica. En ambos corre la vida, la escritura. Octavio Paz nos lo demostró con sus ensayos, que son joyas literarias. Y varios escritores cubanos le han dado aliento con firmeza y soltura de miras.

Reconozco que la carrera de Periodismo te da herramientas, aprendes a domeñar la palabra si tienes intenciones de hacerlo, claro, y no te quedas como un periodista más del montón; érase un periodista a una noticia pegado, parodiando aquellos versos de Quevedo. Pero tienes que despojarte de esas rutinas y moldes, tienes que entregarte a la página en blanco sabiendo que puedes dar vida realmente —sí, realmente— a la palabra. Le robo horas al día, al sueño, para leer.

 Y últimamente veo mucho cine. No tengo rutinas ni métodos. No me fijo patrones de trabajo, ni horas. Casi nunca busco la escritura, sino dejo que llegue y me sorprenda. A veces no puedo dormir, pues me asalta la idea imperiosa de escribir, sin saber qué, pero escribir. Y me levanto y me sale un cuento de un tirón, un cuento al que después le edito unas pocas palabras. Así me sucedió con “Habitación propia”, que nació de madrugada, casi íntegro, y me ha dado varias alegrías como el Premio Cuentos Fríos, de la UNEAC en Matanzas.

Algo similar me ocurrió con una novela infantil que recién obtuvo el premio Casatintas de la AHS, el Centro del Libro y la Promotora Literaria en Sancti Spíritus. Tenía las historias, al menos la anécdota, en la cabeza, y solo fue ponerme a escribir un día… Otras veces apunto las ideas, el boceto de lo que puede ser un cuento. Lo dejo reposar, a veces meses, sabiendo que al ponerme a trabajar en él, le daré cuerpo.

La poesía, por su parte, se asalta, me invita al diálogo lírico, me muestra un mundo. A veces escribo poemas sueltos y otras, como ahora, trato de armar un cuaderno con un tema en común, que lo recorra de inicio a fin, cosa compleja sin dudas.

Muchas veces quisiera lanzar por la borda —y en alta mar— al periodismo y los compromisos de trabajo; los que, a medida que vas siendo bueno y dándote a conocer, crecen. Lanzarlos por la borda y salvar solo aquel que quiero hacer, que tengo necesidad de concretar: artículos, reseñas, entrevistas, crítica, ensayo… Eso es lo que me atrapa aún del periodismo, lo que no ha perdido el matiz de ilusión con el que uno llega a las aulas universitarias y que se va difuminando poco a poco en la cruenta realidad. Lanzarlo todo, salvar solo la escritura y sus posibilidades. Y crear, escribir, soñar.

––Para ti, ¿cómo puede formarse un escritor?

Pasé el curso del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en su graduación decimoquinta. Recién llegaba a la universidad, había leído muy poco; indistintamente lo que me caía en las manos, incluidas revistas de todo tipo, pues crecí en una zona rural en las afueras de Holguín, sin cercanía con la literatura, ni talleres ni nada por el estilo que ayudaran. Por eso el Centro Onelio fue una gran puerta que me hizo rodearme de otra familia. Muchos, como yo, ni siquiera habíamos leído al Chino Heras, al que debemos tanto. El Centro no dio herramientas, es la verdad. Quizás no todos han concretado la escritura como fe de vida, pero estoy seguro que salieron siendo, al menos, mejores lectores.

Por otra parte, la universidad, los compañeros, varios profesores amigos, me ayudaron a orientar las inquietudes literarias, aunque de esos años apenas haya salvado unos cuentos y varios poemas. Puertas para huir de una casa cobró vida en la Universidad de Holguín, en las aulas, en las becas, y tuvo la suerte de contar con un prólogo de Norge Espinosa, palabras de contracubierta de Basilia Papastamatíu, una reseña de Virgilio López Lemus, palabras de presentación en la UNEAC holguinera por mi querido Luis Yuseff… Hoy esos poemas juveniles no me dicen mucho, pero están ahí, son parte de mí, reflejan mis inquietudes en ese momento específico de mi vida, con apenas 20 años.

Creo que los talleres literarios pueden ayudar mucho cuando los lleva alguien con fuerzas y amplitud de miras, sin imponer criterios ni estilos. Aquí varios escritores amigos tienen sus talleres y les va muy bien, con resultados, pero en lo particular no he pertenecido ni asistido a ninguno, salvo quizás en los días universitarios, y digamos que esporádicamente. Prefiero dar los tropezones, crear mis murallas, orientar mis rumbos…

Creo que la lectura es primordial para formar a un escritor. Lo demás parte del talento, del sacrificio y el empeño, pero la lectura es la que abre primero el ansia, el apetito, el sueño…

––Se nota que existe una proliferación (una eclosión) de poetas en los últimos años. Las redes sociales se han convertido en una tela —muchas veces de araña— que permiten no solo la promoción de lo más reciente de las producciones individuales sino también la proliferación, perdóname lo reiterado de la palabra, de productos seudoartísticos. La relación poeta/redes sociales, escritor/medialidad, ¿hasta qué punto impacta en el criterio formativo de los lectores y en la propia opinión escritural de los autores? ¿Es beneficiosa o negativa la inmediatez de las redes, en cuestión de materia artística?

Hay muchos poetas o personas escribiendo poesía, que no es lo mismo. Es cierto. Muchos jóvenes leen dos libros y al poco tiempo —me hablabas de mímesis, de reproducción— se aparecen con sus poemas bajo el brazo, los comparten en las redes, luego en una peña, en una revista y así llegan a publicar un libro. ¿Y qué encuentras en ese libro? Creo que de esa manera comenzamos todos.

Pero la cuestión es que no sean solo dos libros, ni un manojo de poemas imitando a Lorca o Borges —que son inimitables, por supuesto— sino el logro de una voz y, si no es eso, pues no siempre es fácil hacerlo, es necesario una identificación vital y cabal con la poesía y su esencia, que para cada cual será una, la que más cerca esté de sí.

El holguinero Erián Peña Pupo resultó el ganador del Premio Casatintas de literatura infantil y juvenil, convocado por la filial espirituana de la AHS, en Sancti Spíritus/Foto tomada del perfil de facebook de Cultura espirituana.

La poesía no es una moda. La literatura no es un juego. No lees hoy, copias mañana y ya eres poeta o narrador. Esa palabra —con tantos muertos gloriosos y atormentados, por sí mismos y por el hombre, a veces el peor enemigo de la poesía— pesa mucho.

Ciertamente las redes sociales han funcionado como una plataforma socializadora de esa producción poética contemporánea. Es como me dices en una pregunta posterior: ¿cómo saber qué es bueno o malo realmente? ¿El lector lee en las redes? ¿Consume poesía de manera inmediata? Yo al menos lo hago muy poco o simplemente no lo hago. Prefiero la “intimidad” de la lectura. No podemos negar la tecnología y con ello las redes sociales, las revistas en Internet, en las cuales las personas seguirán publicando sus versos, buscarán sus espacios de promoción, esos que no siempre tienen y sí, corremos el riesgo de que nos vendan productos seudoartísticos, como siempre ha sucedido con otros medios. Al final, y sonará a perogrullada, el tiempo vendrá implacable a poner las cosas en su justo lugar.

––¿Crees que existe una “moda” literaria? Si es así, ¿cuáles son sus síntomas?

¿Moda literaria? De existir, creo que sería más bien de escritura que de lectura. ¿Te refieres a eso? Mucha gente quiere escribir, a veces sin comprender las responsabilidades que ello encierra; o quieren ser originales imitando a otros sin las lecturas necesarias, que a muchos les pueden parecer prescindibles cuando se tiene talento.

Un joven con muchísimo talento fue el Reinaldo Arenas de Celestino antes del alba, un talento natural como pocos; pero aunque el narrador de la novela sea ingenuo, un niño de los campos de Cuba, un guajirito con sueños y anhelos, Arenas antes de escribirlo se pasaba horas leyendo en la Biblioteca Nacional lo mejor de la literatura contemporánea y clásica.

Por otra parte, las modas nunca han sido buenas, aunque nos hagan ver modernos, corren el riesgo de reciclarse o de —según las estaciones del año— cambiar súbitamente.

––¿Es posible distinguir, hoy en día, un producto literario de calidad de otro que no la posee, más allá del criterio personal de “me gusta” o “no me gusta”?

Las barreras y los límites se han hecho cada vez menos visibles. ¿Qué es bueno en literatura? ¿Aquello que rompe con la tradición o lo que la sostiene aún? ¿Las obras que ganan premios importantes y legitimadores? ¿Las que publican editoriales relevantes? ¿Las que la crítica alaba en las revistas o en algún que otro periódico? Y en cambio, ¿qué es malo? ¿Todo lo contrario a lo anterior? Como ves nos movemos en terreno pantanoso y más si nos ponemos a pensar, históricamente hablando, que lo que un día fue malo —aquel libro censurado, abucheado como producto del pensamiento del momento— con el paso del tiempo se ha convertido en un clásico, un referente. Ejemplos sobran. Lo que sí estoy seguro es que no todo el mundo puede ser escritor ni publicar.

Cuando publicas estás legitimando, le otorgas a una voz un criterio de fuerza, de valor. Pero, ¿cómo valorar con justeza si como escritores o críticos tenemos lagunas? Aquí volvemos a si somos lectores actualizados, a las estrategias promocionales… Todo, como ves, se interrelaciona terriblemente, bien nos guste o nos pese. Tampoco —como me dices— podemos olvidar algo tan importante como el criterio personal, el gusto que condiciona lo que leemos o no, más allá de si es bueno o malo. Pero el gusto está formado por lo que hemos leído, por los límites que nos imponemos. Por eso leer a los contemporáneos —leer en sí a todos— es un acto algo riesgoso.

––¿Cuán evidente es la competitividad en el campo de nuestro oficio? ¿Son los premios una sintomatología de ello?

La competitividad siempre existe, más o menos evidentemente, solapada o tras el murmullo de salón… aunque no sé muy bien cómo funcionan sus resortes, pues en lo personal no la he sentido muy cerca; incluso podría afirmar que me ha rozado más en el periodismo que en la literatura.

Mi otro gremio sí es más competitivo. Quizás se trata de que no envío mucho a los concursos y en los que he enviado he tenido algo de “suerte”. Los premios sí legitiman y visibilizan y quizás por ello sean motivo de competitividad.

Todo el mundo quiere ganarse un Calendario, un David, un Celestino… Y más si vives en provincia y quieres labrarte una carrera literaria y ser reconocido tanto en el gremio como en el sistema de instituciones, o deseas que te inviten a ferias u otros eventos en el país… Al final la competitividad es un mal menor, solo es necesario que prevalezca la creación.

––En los tiempos que corren, ¿existe la involución poética o se encuentran otras formas de decir, desde lenguajes y estrategias propositivas nuevos?

Apenas he leído a profundidad la poesía de mis contemporáneos, en verdad. La conozco por antologías y revistas, por algunos libros… Eso sí, he leído a casi todas las voces jóvenes reconocidas. Muchas veces los he presentado en ferias y peñas… y he disfrutado la lectura de sus libros. Otras veces he escrito de ellos, pero no los he leído con la frecuencia necesaria para darle la respuesta correcta a tu pregunta. Muchas veces prefiero llenar mis lagunas —cosa siempre difícil— leyendo a los poetas cuyos libros tengo a mi alcance y que son los llamados clásicos, aunque sean contemporáneos.

Creo que cada época tiene la poesía que merece, la que le corresponde, la que está en la cosmovisión de sus creadores. La generación conversacionalista de los 60 abrió las puertas a los poetas que publicarían en los 80, nuevas voces, radicales, amplias. Hubo negaciones, acercamientos, rescates… pero la poesía sobrevivió, siempre lo hará.

Los poetas que comienzan a publicar a inicios de los 2000 habían nacido a fines de los 70 o inicios de los 80 y son una generación muy interesante, variada. Los intentas unir y se te escapan, pero siempre tienen hilos conductores en común. Los que nacimos a inicios de los 90 hemos bebido de todos los arroyos posibles, pero estamos cercanos a la generación precedente, no siempre rompiendo con la tradición pero sí acercando a nosotros a poetas como Baquero, Eliseo Diego, Lezama o Virgilio. Entre la experimentación y el puritanismo, la poesía ha buscado nuevos lenguajes. Creo que siempre habrá nuevas formas de decir, otras necesidades expresivas —como nueva es la vida— aunque su esencia y contradicciones sean las mismas. La cuestión es encontrarlas. Eso es lo que hará que una obra perdure. Pero la perdurabilidad es un terreno polisémico y arriesgado, así que es mejor dejarlo ahí.

––¿Piensas que existen, dentro de nuestro canon literario, autores aún vivos que marquen la vanguardia creativa, los pasos a seguir? Entre tus pares, ¿serías capaz de señalar algunas voces que creas forman parte de esa avanzada?

Todo canon conlleva a la discriminación, a la exclusión, a poner unos por encima de otros… Eso bien lo sabía el polémico Harold Bloom. Y no es esa nuestra intención, aunque claro, existen autores vivos que marcan, de alguna manera, nuestra vanguardia creativa. Es algo innegable. Te puedo mencionar varios de los que ahora mismo integran para mí ese canon tan personal como polisémico de la literatura cubana contemporánea y que, como me dices, nos muestran a los jóvenes los pasos a seguir. Parto de experiencias personales, afinidades, más que de una visión realmente canónica: Reina María Rodríguez, con una poesía (y también una narrativa) tan personal y poliédrica; Roberto Manzano, maestro de varias generaciones; Delfín Prats, que es uno de nuestros poetas vivos más importantes, aunque ya apenas escriba, y que no acaba de recibir el Premio Nacional de Literatura que tanto merece; Lina de Feria, otra postergada para el Premio, varias zonas de su poesía pueden constituir un descubrimiento deslumbrante; la ensayística de Ambrosio Fornet me parece aún muy lúcida y necesaria; Antón Arrufat, me sigue siendo vital y no solo en nuestro teatro; en Mantilla escribe Leonardo Padura, que pese a quien le pese, es el autor cubano vivo más conocido en el mundo; y en Mallorca escribe, en su isla de repuesto, un novelista excepcional como lo es Abilio Estévez; también existen Luis Yuseff y Alberto Garrandés; y Norge Espinosa, no solo un gran poeta y dramaturgo, sino también uno de los críticos culturales más completos de este país…

Como la lista puede extenderse, no pecaré mencionando a otros autores, que considero igualmente importantes, valiosísimos, y parte de ese cuerpo tan movedizo y tambaleante que llamamos literatura cubana. Hay otra parte de nuestra creación literaria que está fuera de la isla y que no leemos, no está en librerías pero también ocupa un lugar importante en ella y debería estar en ese canon.

Entre mis contemporáneos —y te recuerdo que no los he leído como debería hacerlo— puedo subrayar la existencia de una avanzada. Dentro de ella existen nombres como los de Jamila Medina, Sergio García Zamora, Moisés Mayán, Legna Rodríguez, autores un poco mayores que yo. Eldys Baratute, Yunier Riquenes y Maikel Rodríguez Calviño, entre otros, sostienen zonas interesantes de nuestra literatura infantil. Y otros más jóvenes, generacionales: Antonio Herrada, Yonnier Torres, tú misma, Junior Fernández, Milho Montenegro, Bill Cordobés, tienen poéticas muy interesantes. Hay muchos jóvenes que escriben y publican, que además obtienen premios, pero no los he leído a todos como para valorarlos mejor.

––De cierta forma, a lo largo de muchas décadas, la idea de publicar más allá de los márgenes geográficos de nuestra isla era una utopía casi irrealizable. ¿Hasta qué punto tienen nuestros escritores preparación y conocimientos para lidiar con el mercado internacional y con ciertas editoriales rapaces? ¿Qué piensas puede hacerse para corregir estas deudas?

No he tenido muchos contactos con editoriales extranjeras, salvo una que otra vez. Los jóvenes a veces pecamos de incautos, nos dejamos deslumbrar por una buena cubierta, con un diseño bastante comercial al que no escapan ni las pequeñas ni las grandes editoriales del mundo. Hay quien ha tenido éxito, pero no todo el mundo es Leonardo Padura, Abilio Estévez, Pedro Juan Gutiérrez, Ena Lucía Portela, Arturo Arango, que han tenido en determinado momento, o hasta ahora, contratos con grandes grupos editoriales.

A los jóvenes nos toca abrir puertas, insistir… Existen muy buenos narradores y poetas jóvenes en Hispanoamérica, para quienes publicar en este tipo de editoriales, donde el libro no es subvencionado, es normal. Creo que nos falta preparación y conocimientos, tal como dices, para caminar con fuerza.

¿Qué hacer? Primero debemos conocer nuestro propio sistema editorial, sus potencialidades y limitaciones, pero también abrirnos al mundo y que el mundo se abra a nosotros, no podemos estar de espaldas a todo. Pero para ello debemos “conocer al mundo”, que sería conocer a estas editoriales y su funcionamiento, las estrategias de venta y promoción, cuánto verdaderamente importa un autor a un editor… Hacerlo aquí, de manera institucional, podría ayudar a esta sinergia necesaria hoy, para no dejar que, después de los traspiés, los jóvenes se enfrenten con la realidad. Aunque a veces sea necesario chocar con esa realidad para poder ver mucho mejor.

––A tu criterio, ¿existe una especie de autismo literario? Quiero decir, ¿los autores de hoy día están solo interesados en el estrecho círculo que rodea a su propia creación, sin mirar a otros horizontes?

Todos estos temas de los que hemos hablado vienen a ser diferentes y, a un tiempo, el mismo. Una gran madeja los envuelve a todos. Son cuestiones que hay que pensarlas más de una vez y la opinión de hoy puede ser diferente a lo que se crea mañana. El término autismo literario es un poco polisémico. Incluso me pongo a pensar a qué horizontes podría mirar un escritor hoy día más allá de su creación.

 Alguien más ortodoxo podría asegurar que su principal responsabilidad es con la creación; con ella y nada más, una relación casi conventual. Ejemplos sobran. Otros podrían hablarte del escritor como intelectual, como ser comprometido con el devenir político y social de su país o del mundo. Ejemplos también sobran; Cuba es paladín de eso. América Latina ha sido —lo sigue siendo— un territorio bastante politizado, donde el escritor, sobre todo el llamado escritor de izquierdas, se torna en intelectual y toma su obra como estandarte para la batalla, la crítica o bien para enaltecer lo hecho hasta ahora. El escritor cubano —en ambos lados de la balanza— no ha perdido su posición como ente social. En cambio la busca, la persigue… Vive sumido en la cotidianidad, en los dolores y victorias del país, por eso rehúye a la torre de cristal y “participa” con su obra. Insisto: la literatura, despojada de todo, siempre prevalece.


Narrador de inocencias

“Elección de un universo narrativo que acude a un lenguaje sabiamente manejado, así como su capacidad evocadora para recrear un universo aparentemente costumbrista, pero que se empeña y logra los espacios de la memoria… La sencillez es, quizás, el valor fundamental de esta obra, porque entraña un dominio de los recursos empleados, y una escritura donde no tienen lugar el ocultamiento, ni la simulación”, son algunos de los reconocimientos plasmados en el acta del Premio Casatintas de literatura infantil y juvenil, convocado por la filial espirituana de la Asociación Hermanos Saíz en Sancti Spíritus.

Halagos que coronan con un lauro, olvidado durante 10 años en predios espirituanos, a No meolvides, del joven holguinero Erián Peña Pupo, quien se confiesa aún sorprendido porque resulta ese texto su debut en el mundo infanto-juvenil.

“No soy lector de ese tipo de literatura. Escribo narrativa para adultos, así como crítica e investigación y ensayo. El texto tiene como orígenes tres cuentos, que, en su momento, cogieron un lauro y eso me dio el impulso para construir el libro. Lo dejé reposar dos años y al conocer la convocatoria del Casatintas lo envié”, dice, mientras sospecho que escribe cada palabra en su mente por su formación y labor como periodista.

El holguinero Erián Peña Pupo resultó el ganador del Premio Casatintas de literatura infantil y juvenil, convocado por la filial espirituana de la AHS, en Sancti Spíritus/ Foto tomada del perfil de facebook de Cultura espirituana.

Tras varias llamadas telefónicas y correos electrónicos, No meolvides no dejó titubear al trío de gran prestigio nacional: Yunier Riquenes, Idel García y Dariel Enrique, quienes, sin dejar de reconocer la calidad del resto de los concursantes, dictó sentencia en favor de una historia que mueve el pensamiento, desde la propia inocencia infantil.

“Mi mayor alegría es que un jurado de voces autorizadas me haya dado el premio. A ellos le resultó familiar la propuesta con estilos de Dora Alonso y Juan Ramón Jiménez. Hoy te confieso que jamás los he leído y me los pongo de asignatura pendiente. Quizá en otra vida sí. Deben ser referencias en el subconsciente”, añade.

–¿Qué podremos “no olvidar”?

La historia transcurre en un pueblo que fue próspero, en un momento, porque su vida transcurría alrededor de un central azucarero, pero hoy es ya un pueblo fantasma con los restos del gran ingenio. En ese lugar vive un niño con sus abuelos, quienes, constantemente, hablan –ante la nueva realidad que es la cotidianidad del niño– con melancolía de lo que tenían. Está presente esa constante contradicción.

–¿Cómo lograr atrapar al público lector infanto-juvenil con un tema que pudiera resultar denso?

No sé cómo será su reacción, pero quizás la presencia del narrador en primera persona y, como decía el jurado, la inocencia de la historia que hace guiños a otros contextos, sea su valor. Vamos a ver cuándo salga.

–¿Por qué apostar por un concurso que había estado tanto tiempo sin convocar?

Este concurso lleva publicación y sabemos que una de las vías más seguras para lograr esa aspiración de todo escritor son los certámenes. Te reitero que no confiaba en mí como narrador infantil. Probé y mira qué gran sorpresa.

–¿Qué esperas del libro bajo el sello de la Editorial Luminaria, de Sancti Spíritus?

Los libros que conozco son interesantes, aunque no sé cómo es su colección infantil. Ojalá pueda presentarlo en Sancti Spíritus y Holguín. Siempre un libro resulta una alegría y, en este caso, un punto de partida para seguir escribiendo para niños y niñas.

–¿Qué opinas de las posibilidades que ofrecen estos certámenes y becas que auspicia la AHS?

Son muy necesarios. Hay muchos jóvenes escribiendo y necesitan socializar. Esa misma pluralidad de voces construye un contexto rico. La AHS con sus editoriales y el resto que aporten a visibilizarlos, sin dudas, contribuye a que crezca como movimiento. El Casatintas puede incentivar, incluso, a los propios autores locales.

–¿Qué guardas en el tintero para el próximo año cuando este lo cierras por todo lo alto, además de este lauro: Mención en el Premio Celestino de Cuento y el Primer lugar del IV Premio Casa Víctor Hugo de Estudios e Investigaciones (2018-2019)?

Tengo por ahí proyectos de poesía y varias cosas sobre periodismo. Las mismas rutinas de la profesión me han frenado, un tanto. Guardo dos proyectos de libros: uno dedicado a crónicas y otro de entrevistas a personalidades imprescindibles a la hora de historiar la cultura cubana y que no residen en el país. Por esos caminos, intentaré transitar.


Los puentes encontrados de Yunier Riquenes

Las distancias pueden recortarse muchas veces cuando intervienen la imaginación y el talento. Nació en Jiguaní, provincia Granma, pero Santiago de Cuba lo enamoró hasta las venas y al parecer ese amor se extenderá por muchos años. Escribe, diseña, hace radio, promociona libros y uno se pregunta en qué tiempo logra enfrentarse al papel en blanco. Sin embargo, lo hace con oficio y no pocos premios aderezan sus vitrinas. Cuando supe que Yunier Riquenes obtuvo mención en la edición 17 del Concurso Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar, entendí que el amor por la literatura es esa parte de nosotros que no claudica.

¿Qué significa alcanzar esta mención? ¿Consideras que aun puedes aspirar a más?

Estoy muy feliz de obtener este reconocimiento. Es un concurso que siempre he soñado con ganar. De hecho, todavía siento que no he cumplido con el sueño, espero que pueda ser posible en algún momento. Pero sí me llena de mucha alegría que el cuento se haya reconocido.

Se titula Los niños diferentes y cuenta la historia de un niño que vive en un lugar intrincado de cualquier parte del mundo, o que puede ser de Cuba, llamado Matacaballos. Es una obra que habla sobre todo de la discriminación.

En este caso, al niño lo discriman no solo porque viva en un lugar intrincado que no aparece en los mapas. Hay otros niños alrededor de él que lo discriminan, algunos por ser negro, otros por ser blanco, otros por ser pobre, otros por ser rico, en fin, que en la vida todos somos discriminados.

Cortesía del entrevistado.

Pero más allá de contar la propia historia de este niño, lo importante es cómo uno supera ese tema de la discriminación, cómo tu creces, cómo echas a volar en la vida y de eso va el cuento.

Me gustaría en otro momento seguir esa historia y hacer una novela para jóvenes, como siempre he soñado. Fue un cuento con el que tuve buenas intuiciones y que sabía que algo positivo iba a suceder con esa historia. Y así fue, terminé el cuento, se lo envié a mi amigo Álvaro Castillo que es librero y escritor colombiano, y me sugirió quitarle algunas partes. De ahí lo mandé al Cortázar y cogió mención.

¿Seguidamente estuviste en la delegación que participó en la Feria del Libro de China? ¿Cuánto eso contribuyó a cambiar tu visión del libro como producto que se comercializa?

Creo que ha sido una de las experiencias más grandes que he tenido como escritor. Encontrarse con esa cultura milenaria, descubrir la forma de proponer el libro, de negociar el libro en un país como China es muy interesante. Independientemente de que el libro entra en el soporte espiritual de las personas, también creo que el libro debe entrar al mercado y hay grandes retos, el libro cubano tiene grandes retos.

Saber cómo lo producimos, cómo lo promovemos, dónde lo comercializamos, respetar los derechos de autor de los escritores cubanos. Y China me deja muchas interrogantes, sobre todo saber que con Claustrofobias no estamos tan mal.

Llegar a una gran librería en China y descubrir que lo que tenemos como práctica en esta pequeña librería cubana es lo que se hace allí, o sea, el sistema de economía, el sistema de búsqueda; y cuando ves eso, te llena de alegría.

Las librerías se han transformado y han ampliado su concepto. Ya no es solo para buscar un libro sino que va más allá. Y Cuba debe insertarse en ese mecanismo porque es un fenómeno mundial. Están cambiando las formas de leer, de comunicarse, de relacionarnos, de pensar, y las librerías forman parte de ese entramado.

Cortesía del entrevistado.

¿Cómo se alimenta Claustrofobias Promociones Literarias con esas experiencias que bebiste del país asiático?

Noches enteras casi sin dormir revisando materiales y sitios acerca de las prácticas chinas de cómo se desarrollan las editoriales. Me dio la posibilidad de ver cuánto se puede hacer para que los escritores y las obras tengan más visibilidad. Ahora mismo estamos proyectando la televisión desde aquí, la radio online, y son nuevos periodos de trabajo. A nosotros lo que más nos interesa es que los lectores vean a sus autores.

Recientemente fuiste jurado en el V Encuentro Hispanoamericano de Escritores en Villa Clara. ¿Hasta qué punto es pertinente para la literatura en nuestro país?

Yo vi nacer ese evento. Cuando Idiel García llegó con la propuesta yo formaba parte de la dirección nacional de la AHS. Al principio había quienes no creían que debía llamarse hispanoamericano y hacerse en Villa Clara. Y se ha demostrado que sí vale la pena con el apoyo de muchas instituciones y entre ellas la Dirección Provincial de Cultura.

Recalco que la calidad de los invitados es muy buena. Este año se dedicó a la literatura infantil, pero el anterior se centró en las nuevas tecnologías. De hecho, estuvo el destacado comunicador de las plataformas de izquierda tanto en Latinoamérica y en el mundo, Miguel Pérez Pirela, y ha agrupado a personalidades de la cultura.

Ahora, en la quinta edición estuvo Gonzalo Moure, uno de los bueno escritores de Iberoamérica, Mónica Rodríguez, Premio Cervantes Chico, y varios grupos editoriales de la región.

En el concurso fui jurado de cuento para adultos y la calidad fue bastante buena. Solo recibimos las obras de los cinco finalistas. Creo que el hecho de que el concurso le permita entrar a más de 15 escritores de la AHS me parece excelente, porque posibilita que reconozcan su obra. Además, participan, intercambian, leen, presentan libros, y eso también es muy bueno.

Cortesía del entrevistado.

¿En qué proyectos trabajas en estos momentos?

Ahora mismo estoy con mucho trabajo. Participo en el taller de nuevas narrativas con la Casa de las Américas y es un curso que exige mucho. Hay que leer, prepararse, terminar un proyecto. Uno aprende bastante, a ver el periodismo de otra manera. Sigo haciendo radio, hay que seguir con Claustrofobias Promociones Literarias a deshora y, en lo personal, sigo trabajando en una novela que se llama La Orquesta, así como otras cosas para niños en el poco tiempo que me queda.

Así transcurre la vida de Yunier Riquenes, entre libros y el afán siempre de crear. Cada disciplina que realiza abre puentes, líneas emotivas que se encuentran en el juego de las letras y el pensamiento.


Periodismo cultural, el filo “cortante”

«El periodismo cultural en Cuba no está a la altura del movimiento artístico y literario del país; muchos de sus desafíos son los mismos del periodismo en sentido general”, reflexionó el reportero Yuris Nórido Ruiz Cabrera, Premio José Antonio Fernández de Castro, durante la apertura del II Coloquio Nacional de Periodismo Cultural, que se desarrolló por estos días en Camagüey.

Entre los retos de ejercer la crítica cultural en los medios de comunicación masiva, señaló la falta de vocación examinadora de los profesionales de la prensa, la inadecuada comprensión de la esencia misma del periodismo cultural y las debilidades en la formación de los más jóvenes, “porque la academia cubana no ha hecho todo lo necesario por la especialización”, insistió.

Nórido Ruiz Cabrera aseveró en su conferencia “Los mil y un desafíos del periodismo cultural en Cuba”, que las responsabilidades son diversas para lograrlo con éxito, pero que la falta de un sistema integrador del ejercicio del criterio profundo y objetivo en la creación de un producto comunicacional de enfoque polémico, desde los profesionales de la prensa y desde los intelectuales del país, “determina vacíos informativos y limitada valoración del hecho cultural”.

Tomadas de Facebook y de la autora
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El también director informativo y comentarista principal del Noticiero Cultural de la Televisión Cubana dijo que la crítica es necesaria para establecer no solo un diálogo con el creador, sino esencialmente con el público. “Esta no solo es responsable de crear un gusto estético en ese heterogéneo público, al aportarle las herramientas que le permiten acercarse a las disciplinas del arte, sino también de consolidar jerarquías dentro de este diverso sector”.

Acerca de la preparación y de la especialización señaló: “Ante la carencia de posgrados, diplomados, maestrías… encargadas de formar la compleja labor de crítico del arte; en su diversidad, los profesionales tienen que buscar las herramientas y las vías para la auto-superación, en otros escenarios del sistema académico del país, como las universidades del arte”.

Subrayó que los periodistas ni son los máximos responsables ni los únicos que deciden cómo o cuándo hacer un artículo que cumpla con las exigencias de la crítica de arte. “Los decisores de los medios también son responsables de los procesos”.

El ejercicio analítico se desarrolla desde todos los géneros, incluso desde la noticia. “Es esencial conocer los recursos y las técnicas, no solo de la disciplina del arte de la cual se escribirá, sino las del periodismo propiamente, porque en este encargo por reflejar el amplio abanico de la creación en la nación, desde las nuevas maneras y tendencia de ejercer nuestra profesión, los medios cubanos carecen también en sus páginas de historias de vidas; reportajes en profundidad, entrevistas, buenas crónicas sin hojarasca… que valoren la creación de los artistas cubanos”.

Tomadas de Facebook y de la autora
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En la sala del Complejo Audiovisual Nuevo Mundo de esta ciudad, el especialista Ruiz Cabrera, quien es además profesor de Periodismo Cultural, Historia de la Danza y Escritura Creativa de las facultades de Danza y de Teatro de la Universidad de las Artes, se refirió a la escasa contraposición de ideas; fuentes, de quienes asumen la misión de reflejar la producción artística-literaria. “Este acomodamiento profesional no favorece el debate que necesita la sociedad cubana”, acentuó.

Nórido dejó interrogantes para la reflexión, el pensamiento y la meditación, ¿cómo escribiremos en lo adelante la historia de la cultura cubana por nuestros periódicos? ¿Es posible armar la historia de nuestra cultura de los últimos 20 años, sin cuestionarse dónde están la visión valorativa y las ideas diversas sobre la producción artística-literaria y sus jerarquías?

 

¡Cuidado con la “filosofía de la pedrada y la croniquita”!

Tomadas de Facebook y de la autora
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“El Periodismo cultural no es cubrir un evento, sino es el amplio proceso creativo que lo sustenta; por eso la importancia que posee la especialización en quienes se aventuran en asumir este rol, vital para la identidad y cultura cubana”, dijo el poeta y crítico cubano Reinaldo Cedeño Pineda.

Categórico, el también Premio Nacional de Periodismo Cultural en 1998 y 2001, aseguró que “no es el hecho lo que debe interesar, sino la narrativa de su creación, para no convertirla en uno de los muchos que abundan en los diferentes escenarios del país”.

Con ese verbo agudo y polémico que caracteriza al ganador del Concurso Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre, reflexionó que “si para el Medio de Comunicación Masiva la urgencia noticiosa y el desconocimiento de la trascendencia y alcance de la especialización le impone como una inadecuada rutina productiva la de llenar un espacio en sus páginas y no la de gestar un proceso creativo, de un ejercicio profundo y polémico del criterio; entonces, ni estamos aprovechando los espacios ni estamos en correspondencia con lo que actualmente demanda y necesita la cultura nacional”.

Tomadas de Facebook y de la autora
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Cedeño Pineda, autor de una valiosa obra de perfil artístico-cultural, apuntó en su conferencia “Hacia una mirada múltiple del periodismo cultural”, que la urgencia de asumir este ejercicio de pensamiento como un hecho estético, que también es arte, demanda de los reporteros, redacciones y decisores, una transformación de lo que se asume como el reporte especializado en los medios, en el amplio y diverso campo de las artes”.

“¿El periodismo del cultural en que se diferencian?”, preguntó el experto cubano, al tiempo que razonó en colectivo, en la Sala nuevo mundo de la urbe camagüeyana, “se diferencian esencialmente en el proceso de aprehensión de la realidad, de una muy subjetiva, a la que hay que tocar con el verbo, a la que hay que ver, no como el corazón, sino como su latir; y a la que además hay que trasmitir, no por antojo de una cronilla, sino según el género que demanda la cobertura, con el uso correcto de sus técnicas y recursos expresivos en función de ese tema”.

“Y es que el reportero, como el crítico de arte, están embebidos uno adentro del otro –expresó el autor de Ser periodista, ser quijote. Un periodista cubano habla–, porque ambos tienen por esencia otorgarle a la palabra olores y colores, porque el verbo construye imágenes independientemente del medio de comunicación en el que se desarrolle la crítica cultural, porque se establece un diálogo entre escrituridad y oralidad, donde el que valora tiene que tener autonomía de su pensamiento, ya que la obra de arte también dialoga desde criterios estéticos a los que hay que conocer e interpretar.”

Asimismo, refirió que al periodismo cultural “indudablemente hay que ponerle alas, porque es ante todo compromiso y pasión.”

Tomadas de Facebook y de la autora
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Las afirmaciones del Ganador del Concurso de Crónicas Latinoamericanas calaron en los participantes de este certamen cultural, el cual promete –si se mantiene como agente percusor de pensamiento creativo, colectivo y examinador, para trasformar escenarios artísticos-culturales de la nación– desenterrar talentos y plumas periodísticas “dormidas” y acomodadas a la “filosofía de la pedrada de una nota o de una croniquita”.

Igualmente, el espacio fue propicio para que el maestro José Aurelio Paz Jiménez, Premio Nacional de Periodismo José Martí, incorporara sustancia al debate: “El periodismo cultural es de riesgo permanente, porque se adentra en un mundo subjetivo, en el que se puede acertar o no, desde la eticidad y respeto por el creador”.

“En el arte –aseveró el también merecedor del Premio Enrique Núñez Rodríguez– no hay una verdad absoluta, por eso hay que atreverse y buscar el problema, porque nuestro compromiso es con la cultura, con su devenir y con su futuro”.

 

Para pensar la cultura en cubano

Tomadas de Facebook y de la autora
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Pensar la Cultura en Cubano, de los prestigiosos intelectuales Luis Álvarez Álvarez y Olga García Yero, es un texto, el cual “abre horizontes a las nuevas generaciones, a sacudir cierta modorra institucional y a comprometer a las universidades con la formulación de una política científica acorde con las exigencias de la contemporaneidad. Porque, una vez más, la cultura ofrece claves imprescindibles para la salvaguarda de la nación”, subrayaba sobre este texto Graziella Pogolotti, Premio Nacional de Literatura, en 2005, y Premio Nacional de Enseñanza Artística.

El volumen, presentado por sus autores en la ciudad de Camagüey, durante este evento, incluye a reconocidas plumas de investigadores cubanos, como Mildred de la Torre Molina, doctora en ciencias Históricas; Yuri Rodríguez González, estudioso de la obra de Alejo Carpentier; Armando Juan Raggi Rodríguez, especialista y capacitador en materias archivísticas en el Sistema Institucional de Archivos de la Asamblea Provincial del Poder Popular; y Marilé Ruiz Prado, Máster en Cultura Latinoamericana y quien ordena el epistolario de Alejo Carpentier.

Tomadas de Facebook y de la autora
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Suma a los estudiosos del arte, Claudia Bibiana Benítez Gómez, especialista en la visión carpenteriana de Haití; Margarita del Carmen Pearce Pérez, especialista en musicología; Patricia Quintana Lantigua, crítica literaria; y Roberto Rodríguez Reyes, ensayista e investigador literario.

La obra, Pensar la Cultura en Cubano, tiene el mérito de reflejar la preocupación permanente de los intelectuales cubanos sobre la gestación de su cultura y de conformar, desde enfoques transdiciplinarios, su nacionalidad.

El libro es un acercamiento a esa relectura del pasado, el cual permite un análisis crítico contemporáneo de la complejidad de los tiempos, desde herramientas y conocimiento renovados.

Esta joya literaria no solo posee una mirada renovada sobre la necesidad –específicamente de los autores–, de socializar, rescatar y estimular el estudio del pensamiento cultural cubano en su devenir histórico, pero desde miradas y visiones múltiples, sino que también aborda, tal cual palabras exactas de la excelsa ensayista y escritora, Graziella Pogolotti, “por primera vez el tema de manera integradora”.     

Tomadas de Facebook y de la autora
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Otra de las sorpresas del acontecimiento cultural agramontino fue la exposición ofrecida por Irma Horta Mesa, directora de Ediciones El Lugareño, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey (OHCC), en la presentación de Escenas Cotidianas, de Gaspar Betancourt Cisneros, (El Lugareño).

El texto, el cual sale a la luz por su reedición inteligente y oportuna, fue escrito por su autor en 1950, con el propósito fundamental –según palabras textuales del autor–, “con una intención muy patriótica y el deseo fervorosísimo de que se corrijan (en su ciudad natal) los innumerables errores de nuestras costumbres y opiniones”.

La OHCC reimprime este libro, 69 años después, como tributo a su autor y a los habitantes de esta ciudad, quienes han luchado durante décadas por enaltecer los valores que hoy la distinguen como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Escenas Cotidianas no solo es un homenaje a su autor, sino a lo que fue el periodismo de aquel entonces. El regalo literario destaca por las innumerables aclaraciones de la editorial, El Lugareño, sobre el lenguaje y recursos del idioma utilizados hoy en desuso y por recatar del silencio del tiempo plumas periodistas referenciales en el ejercicio de una profesión que merece salvaguardar los aportes de sus grandes exponentes, quienes describieron una época, que se nos revela hoy con plena vigencia.

Tomadas de Facebook y de la autora
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Durante el Coloquio de periodismo cultural también se presentó el documental El oro y el rojo sobre el pecho, el cual rinde homenaje al destacado intelectual cubano Luis Álvarez Álvarez, por su obra, vida y aportes a la cultura nacional desde Camagüey.

Con más de 10 minutos de duración, está dirigido por Reynaldo Pérez Labrada, organizador de Almacén de la imagen desde el año 1998 y director de la Oficina de Creación Audiovisual Luz Joven en la AHS agramontina, y por Armando Pérez Padrón, Premio Nacional de Crítica e Investigación Cinematográfica 2005, y el fundador de la Cátedra de Pensamiento Audiovisual, Tomás Gutiérrez Alea.

Luis Eduardo Rafael Álvarez Álvarez, Premio Nacional de Literatura 2017, agradeció a los realizadores el esfuerzo por el audiovisual y dijo que “todo lo hecho es resultado de largas horas de meditación  y de investigación, y por el compromiso con la cultura cubana”, aseveró.

Junto a su compañera en la vida y profesión, Olga García Yero, recibió el aplauso de los participantes, quienes reflexionaron junto a él acerca del valor para la formación de la nacionalidad cubana de ejercer un periodismo cultural, “desde la transdisciplinariedad, para crear un conjunto de imágenes en las que descansa la identidad cubana”, insistió.

Tomadas de Facebook y de la autora
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Aseguró el también poeta, crítico literario e investigador cubano, Álvarez, que hay que ir a las esencias creativas de todas las épocas o etapas del desarrollo cultural de la nación, “usquemos los vestigios”, acentuó.

En el evento agramontino destacó, además, la promoción de la revista ¡Oh Camagüey! –con siete ediciones–, por la directora y periodista del semanario Adelante, Daicar Saladrigas González, quien afirmó que la publicación es una manera diferente de narrar los acontecimientos más relevantes de la extensa llanura, y de acontecimientos culturales que la trascienden, para convertirse en parte de su patrimonio cultural.


El periodismo cultural es un reto formidable

(Conversación con Reinaldo Cedeño Pineda)

Conocí a un amigo que coleccionaba los trabajos publicados por un periodista que se llama Reinaldo Cedeño Pineda. Me los enseñó bien guardados. Soy uno de sus seguidores, me dijo. Este es un hombre muy preparado, y sabe lo que dice, añadió. Después conocí personalmente a Cedeño y desde entonces admiro su capacidad para investigar y contar historias; redactar trabajos que recogen la memoria histórica cultural de este país. Sus personajes pueden ser artistas famosos, pero también dedica tiempo a algunos aparentemente desconocidos que aportan mucho a la vida y al futuro. [+]