pensamiento joven


Los Derechos Humanos, el fracaso de una institución occidental

  • En el discurso de los derechos humanos hay muchas cuestiones incoherentes. Por un lado, est√° su imposibilidad de materializarlos integralmente; no existe forma de que todo individuo, destinatario de derechos, pudiera gozar de ellos por igual. Es un problema de falta de sustentabilidad; no alcanzar√≠an los recursos, ni los sistemas tendr√≠an la infraestructura necesaria para ello. Entonces, gran parte de los derechos se convierte en ‚Äúbuenos deseos‚ÄĚ.
    La reflexión anterior nos lleva a considerar que el tan mencionado contrato social, se basa en obligaciones que, normalmente en su mayoría, no se cumplirán. Se trata más bien de una especie de industria de los derechos, siempre en una supuesta cadena de producción que los va volviendo más sofisticados; la promesa/oferta se torna más sofisticada, mientras persiste la imposibilidad de satisfacer la demanda.
    Siguiendo a Giorgio Agamben en su formulaci√≥n sobre ‚Äúel Estado de excepci√≥n permanente‚ÄĚ quien, a su vez, se basa en las tesis hist√≥ricas de Walter Benjamin, podr√≠amos ir m√°s all√° y cuestionarnos si acaso el Estado ha trastocado el contrato social, y ahora es m√°s lo que nos quita que lo que nos da.
    Esto √ļltimo evidencia la clara visi√≥n de la naturaleza neoliberal de los derechos humanos, que se comportan dentro de una l√≠nea de producci√≥n en la cual la empresa llamada Estado, invierte mucho en su publicidad, sabiendo de antemano que no podr√° cumplir con la demanda; por ello crea maneras de evadir su cumplimiento: a trav√©s del miedo, destinando supuestos recursos de √ļltima hora a campa√Īas imprevistas e improvisadas para atender a los peligros que aparentemente atacan su existencia. La raz√≥n de Estado es entonces el primer gran distractor y el pretexto para trastocar el contrato social y pasar a un escenario de emergencia donde los derechos son aplazados o incluso, conculcados.
    Por otro lado, nos encontramos la impronta individualista. Los derechos se piensan como una especie de reclamación que los miembros de la comunidad política ejercen de manera individual, sin considerar las implicaciones sociales y repercusiones que esta demanda tendrá en el colectivo. Podríamos decir que al Estado le conviene esta postura pues justifica su existencia e impide una visión crítica e integral del problema, nos convierte en consumidores voraces.
    Adem√°s, el discurso de los derechos exacerba el ego√≠smo propio de la pol√≠tica moderna, los hombres devienen m√≥nadas defendi√©ndose de su entorno y de las dem√°s personas; se plantea una vez m√°s la necesidad del Estado como √°rbitro e intermediario entre deseos inaplazables, inalcanzables, irrealizables; a√ļn las promesas requieren administraci√≥n.
    El dise√Īo occidental y modernista de los derechos no s√≥lo fracas√≥ por su inviabilidad o por su falta de sustentabilidad, sino que gener√≥ sistemas de doble discurso; lo que origin√≥ graves injusticias bajo su manto. Los derechos ya exist√≠an durante los totalitarismos europeos, y estaban consignados en distintos ordenamientos nacionales e internacionales; diversas instituciones los tutelaban e incluso coexistieron con reg√≠menes autocr√°ticos en todo el mundo.
    Apellidar humanos a los derechos s√≥lo fue parte del mismo plan para poder seguir proponi√©ndolos como una opci√≥n v√°lida; un poco de barniz para seguir ocup√°ndolos como panacea salv√≠fica y taumat√ļrgica para todos los problemas sociales. Pero, de hecho, no existen otras propuestas, y resulta blasfemo hablar de su fracaso, lo cual es parte del mismo problema, es decir, de su dogmatismo. Se trata de un discurso hegem√≥nico y epistemicida: hacer pensar que no hay m√°s opciones es parte del propio programa pol√≠tico que los dise√Ī√≥. Curiosamente, a trav√©s de un ejercicio anal√©ctico -propuesta de la Filosof√≠a de la Liberaci√≥n- que supone no conformarse con una oposici√≥n inerte, sino dialogante y aut√≥noma, podr√≠amos descubrir que hay muchas m√°s opciones; la propuesta aqu√≠ es derivar una teor√≠a de los derechos de la llamada Filosof√≠a Latinoamericana.
    Alfonso Reyes en su ensayo Notas sobre la inteligencia americana, detalla algunas caracter√≠sticas que, a su parecer, son propias del pensar latinoamericano; y sobre las cuales se podr√≠a replantear el modo en que concebimos los derechos. Para Reyes estos deber√≠an ser una instituci√≥n con ‚Äúmayor vinculaci√≥n social‚ÄĚ, con m√°s apertura hacia otros saberes, m√°s atentos ‚Äúal aire de la calle; entre nosotros no hay, no puede haber torres de marfil‚Ķcomo servicio p√ļblico y como deber ciudadano‚ÄĚ. Entonces, habr√≠a ‚Äúotra‚ÄĚ manera de entender los derechos humanos derivada de los cientos de inconsistencias que tiene la propia teor√≠a.
    Una primera aproximaci√≥n, muy sencilla, es pensar en aquellos mundos donde los derechos humanos no exist√≠an como planteamiento estatal. Seguramente en este momento m√°s de uno tuvo un shock: pero ¬Ņc√≥mo? si se nos ha dicho que son intr√≠nsecos a la persona humana. Ese es precisamente el punto, la titularidad. El que deseemos ser respetados supone que sentimos el miedo de ser atacados; entonces entendemos los derechos como una especie de l√≠mite que los dem√°s deber√≠an acatar y el Estado vigilar y sancionar cuando eso no sucediera; ese l√≠mite lo es tambi√©n para el Estado. La propaganda derechohumanista necesita del Estado para subsistir; sin embargo, contradictoriamente, en la mayor√≠a de los casos es esta instituci√≥n pol√≠tica la que vulnera los derechos humanos.
    All√≠ donde no ha existido forma de Estado, funcionan mecanismos antropol√≥gicos mucho m√°s eficaces, basados en una din√°mica de relaciones¬†interpersonales¬†que toman como base el¬†sentido com√ļn¬†y el¬†principio de no agresi√≥n. Algunas y algunos estudiosos han llamado a este mecanismo societario ‚Äúregla de oro‚ÄĚ o la idea del ‚Äújuego limpio‚ÄĚ. En su forma perfecta se enunciar√≠a m√°s o menos as√≠: ‚Äútrata a los dem√°s como querr√≠as que te trataran a ti‚ÄĚ; o en su forma imperfecta: ‚Äúno hagas a los dem√°s lo que no quieras que te hagan a ti‚ÄĚ; por eso tambi√©n le llaman regla de plata. En cada cultura se enuncia de manera distinta; fil√≥sofas y fil√≥sofos de todas las √©pocas la han enunciado con variaciones; se tratar√≠a de una √©tica del altruismo que no pretende establecer est√°ndares sino, simplemente, proponer una postura de vida pr√°xica.
    Ello nos propone otro tipo de visiones societarias desde América Latina. Sólo por citar algunos ejemplos la ética del buen (con)vivir (sumak kawsay), el nostrismo latinoamericano, el nosotrismo, el comunitarismo, el coexistencialismo. Estos paradigmas proponen no sólo la presencia del otro, sino del nosotros. Las relaciones de interconexión, interdependencia y reciprocidad forman parte de un planteamiento distinto, que supone la simbiosis entre los seres vivos y su entorno que, a través de pactos explícitos e implícitos, reformulan su existencia.
    Una ecología de saberes que plantea infinitas relaciones (co)existenciales de respeto y colaboración. No se trata sólo de sujetos apropiándose de lo que pisan y tocan, sino entendiendo y considerando con cautela su paso por el mundo. No constituye simplemente un sistema preestablecido, sino un orden espontáneo, una ecología social e incluso constitucional que no pretende clasificar a priori, sino permitir la complejidad; donde pasado, presente y futuro se integran en un pensamiento espiral.
    Este modelo constitucional supone un intrincado n√ļmero de ramificaciones, que podr√≠an representarse como la imagen del √°rbol de la vida, com√ļn a muchos pueblos; de donde se origina el mundo, la sociedad, el poder; simbiosis, vitalismo, respeto por la tierra y sus elementos, conciencia ambiental y c√≥smica que se vuelve proporci√≥n y equilibrio. S√≥lo es cuesti√≥n de que nos decidamos a pensar en otros mundos posibles, donde las personas podamos, colaborando, alcanzar nuestros anhelos.
    Notas y referencias

Cien preguntas y respuestas para comprender el conflicto colombiano ¬ŅQu√© son los llamados falsos positivos?

La pregunta que da título al presente ensayo fue extraída de un texto titulado 100 preguntas y respuestas para comprender el conflicto Colombiano. Una idea que fue moldeándose paso a paso y gracias a las diferentes inquietudes que surgían en relación con el tema, pero especialmente, debido a una preocupación pedagógica de cómo acercar a muchas personas al conocimiento de una temática tan compleja y coyuntural como la del conflicto nacional.
Este libro, cuya primera edici√≥n vio la luz en el a√Īo 2017, tuvo una estrategia de reinvenci√≥n; en conjunto con la emisora de la Universidad Nacional de Colombia, al promover un programa radial que llev√≥ el mismo nombre y en el que no solamente se desarrollaron las tem√°ticas planteadas en el texto, sino que tambi√©n se ampliaron los horizontes de compresi√≥n, al poder escuchar la voz de personas expertas y de testigos directos de acontecimientos que han marcado nuestra historia nacional.
Finalmente, es claro que el conflicto colombiano posee m√ļltiples lecturas y arrastra pasiones enfrentadas. Por esta raz√≥n, una de las reglas principales de este trabajo ha sido sustentar muy bien todas las afirmaciones, deducciones e interpretaciones que se hacen a lo largo del texto. Asimismo, tampoco se busca responder a la pregunta de qu√© est√° bien o qu√© est√° mal, qui√©n tiene raz√≥n o qui√©n no la tiene, pues aspiramos a que todos nuestros lectores encuentren un texto imparcial, del que puedan sacar sus propias conclusiones.
¬ŅQu√© son los llamados ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ?
Conocidos en el Derecho Internacional Humanitario como ‚Äúejecuciones extrajudiciales‚ÄĚ, los ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ fueron el nombre con el que se dieron a conocer en el pa√≠s los asesinatos de civiles a manos de la Fuerza P√ļblica, con el fin de hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate en el marco del conflicto.
Sin embargo, un informe del ‚ÄúCentro de Investigaci√≥n y Educaci√≥n Popular/ Programa por la Paz‚ÄĚ (CINEP PPP), escrito por Alejandro Angulo Novoa en el a√Īo 2011, identifica 941 casos de falsos positivos entre 1988 y 2011 en Colombia. Una clara prueba que demuestra que los denominados falsos positivos no eran una estrategia nueva, sino una t√°ctica recurrente desde tiempo atr√°s, utilizada por las Fuerzas del Estado. Adem√°s, el mismo Angulo Novoa, refiere una tabla estad√≠stica tomada del informe Noche y Niebla, en el que las referencias a ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ datan, incluso, desde el a√Īo 1984:

Pero fue durante el periodo 2004 Р2010, que dicha práctica en el país se hizo, cada vez más recurrente, con la desaparición y posterior muerte de jóvenes en distintas partes del territorio nacional. Uno de los casos más impactantes sería el de la desaparición de 19 jóvenes de Soacha (Cundinamarca), quienes habían sido contactados a comienzos del 2008 bajo la promesa de recibir ofertas laborales. Días después, aparecerían muertos y presentados como bajas guerrilleras en supuestos combates en distintos lugares del nororiente colombiano.
De igual manera, informes como los presentados por Mar√≠a Jos√© Medell√≠n y Juan David Laverde, demuestran lo aberrante de estas pr√°cticas, las cuales fueron, incluso, llevadas a cabo contra personas que sufr√≠an alg√ļn tipo de discapacidad y que, tras ser asesinados, fueron presentados como miembros de alg√ļn grupo guerrillero:
Ocurri√≥ el 18 de marzo de 2005.¬†Fabio Nelson Rodr√≠guez¬†sali√≥ de su casa para buscar un caballo e ir a jugar un partido de f√ļtbol. Viv√≠a entonces en la vereda Llanos de Urarco, en Buritic√° (Antioquia). A las 10 de la ma√Īana de ese d√≠a lo interceptaron miembros del Ej√©rcito que al llenar los papeleos de su muerte dejaron escrito que en la llamada Operaci√≥n Medusa hab√≠a ca√≠do un ayudante de la guerrilla. Desesperados por su ausencia, la familia de Fabio empez√≥ a buscarlo por cielo y tierra. Su hermana Mar√≠a Ernestina logr√≥ hablar con el comandante del Ej√©rcito en esa regi√≥n del pa√≠s. Le dijeron que todo estaba bien, que Fabio, quien no pod√≠a ni hablar ni o√≠r, estar√≠a de regreso pronto. Su familia lo esper√≥ en vano por quince d√≠as. Hasta que al fin apareci√≥ en un anfiteatro de Medell√≠n. A √©l lo reportaron como un integrante de las Farc al que se le incaut√≥ un rev√≥lver calibre 38 con cinco balas por disparar. La justicia document√≥ que Fabio Nelson era incapaz de atentar contra nadie y conden√≥ el 17 de abril de 2012 a los uniformados Iv√°n Gonz√°lez, Luis Solarte, Jeimin Valoyes, Santiago Guerra, Carlos Agudelo y √ďscar Garc√≠a. Un crimen que todav√≠a resuena en Buritic√°.

Para muchos, entre los que se encontraban pol√≠ticos de oposici√≥n y organismos de defensa de derechos humanos, la responsabilidad de tales cr√≠menes reca√≠a directamente sobre el Estado, pues hab√≠a sido el mismo Ministerio de Defensa, en cabeza de Camilo Ospina, y bajo la Directiva 29 de 2005, quien hab√≠a promovido la idea de ofrecer incentivos, especialmente econ√≥micos, para aquellos agentes de la Fuerza P√ļblica que presentaran resultados en ‚Äúbajas‚ÄĚ de guerrilleros y paramilitares.
En uno de los apartados de la directiva se recalcaban los criterios de valoraci√≥n sobre los integrantes de los grupos al margen de la ley y se cuantificaba econ√≥micamente el hecho de capturarles o darles de baja. Tales incentivos, fueron criticados por muchos y considerados como una motivaci√≥n para las Fuerzas Armadas que, lastimosamente, termin√≥ en decenas de denuncias relacionadas con ‚ÄúFalsos Positivos‚ÄĚ.

Es de anotar que, para el a√Īo 2012, la Comisi√≥n Colombiana de Juristas radic√≥ un derecho de petici√≥n al Ministerio de Defensa en el que solicitaba claridad sobre la supuesta derogaci√≥n de la Directiva 29 de 2005, ante lo que el Ministerio se limit√≥ a responder:
Actualmente la Directiva Ministerial Permanente 021 de 09 de julio de 2011 es aquella que reglamenta los criterios para el pago de recompensas… Las Directivas en mención son documentos clasificados que tienen reserva legal, su circulación es restringida y su contenido consagra temas estrechamente ligados con la seguridad y defensa nacional. En consecuencia, la no expedición de copias de dichos documentos tiene soporte legal en criterios de razonabilidad y proporcionalidad.

Bajo este escenario, organismos como ‚ÄúHuman Rights Watch‚ÄĚ (HRW) han ido m√°s all√°, al investigar y presentar un informe pormenorizado en el que ampl√≠an el modelo de an√°lisis y comprensi√≥n del fen√≥meno de los llamados ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ, vinculando la responsabilidad que en estos pudieron llegar a tener los altos mandos de la Fuerza P√ļblica, de los cuales algunos de ellos han venido siendo investigados y otros citados a declarar por parte de la Fiscal√≠a. En su balance para 2015, ‚ÄúHuman Rights Watch‚ÄĚ (HRW) analiz√≥ once brigadas militares del pa√≠s, arrojando como saldo 1.287 presuntos ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ cometidos por militares colombianos.
De igual manera, pero en relaci√≥n con investigaciones nacionales, al mes de junio de 2015, la Fiscal√≠a report√≥ 5.137 investigaciones contra agentes del Estado, de las cuales 2.308 est√°n activas en la fiscal√≠a especializada de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario (DIH). En cuanto a condenas, la Fiscal√≠a ha proferido 923 en contra de miembros de la Fuerza P√ļblica. Adem√°s, es importante anotar que 1.387 procesos se encuentran siendo estudiados en la justicia penal militar.
Del mismo modo, instancias como el Consejo de Estado de Colombia resolvi√≥, en relaci√≥n con tres casos emblem√°ticos perpetrados en el a√Īo 2007, exigir una reparaci√≥n integral que fuera mucho m√°s all√° de la simple reparaci√≥n econ√≥mica.
En consecuencia, para que obre una reparaci√≥n integral, las sentencias deben ser remitidas al Centro de Memoria Hist√≥rica, a fin de que se constituyan en evidencias del conflicto armado que azota a Colombia. Adem√°s, tanto el Ministerio de Defensa como el Ej√©rcito, por un per√≠odo ininterrumpido de un a√Īo, tendr√°n que difundirlas por todos sus medios de comunicaci√≥n [‚Ķ] De igual manera, la nueva jurisprudencia del Consejo de Estado dispone que el ministro de Defensa, el comandante de las Fuerzas Militares y los jefes de las unidades comprometidas en los hechos tendr√°n que hacer actos p√ļblicos de reconocimiento de responsabilidad, petici√≥n de disculpas y homenaje a la memoria de las v√≠ctimas.
Sin embargo, familiares y apoderados de las víctimas han denunciado desde amenazas hasta mecanismos de impunidad entre los que se encuentran la desaparición de documentos y la libertad de militares involucrados, bajo el argumento del vencimiento de términos.
Finalmente, en el marco de los acuerdos de justicia firmados en los Di√°logos de Paz de La Habana en el a√Īo 2015 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y en los que se planteaba la constituci√≥n de un tribunal especial para juzgar las acciones cometidas en el conflicto y tambi√©n los delitos considerados de lesa humanidad, algunos militares acusados de ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ, entre ellos el coronel Robinson Gonz√°lez del R√≠o, manifestaron su deseo de acogerse a este modelo de Justicia Transicional. En el a√Īo 2021, la Justicia Especial de Paz (JEP) comunic√≥ a la opini√≥n p√ļblica, luego de distintas investigaciones y peritajes especializados, que los denominados ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ superaban los 6.000 casos en el periodo 2002 ‚Äď 2008.
Sin embargo, existen otras versiones acerca del tema de los falsos positivos, como las del abogado Fernando Antonio Vargas del Comit√© Nacional de V√≠ctimas de la Guerrilla ‚Äēv√≠ctima de un atentado por parte de las FARC y, hoy, exiliado en Espa√Īa‚Äē, autor de los libros Un pa√≠s sin derechos (Comit√© Nacional de V√≠ctimas de la Guerrilla, 2001) y Memoria hist√≥rica de las FARC. Su verdadero origen (2015) ‚Äēescrito en coautor√≠a con Elkin Gallego‚Äē quien se ha pronunciado, reiteradamente, en la √ļltima d√©cada en el siguiente tenor:
La verdad es que los falsos positivos son una gran campa√Īa propagand√≠stica que la izquierda logr√≥ montarle al Ej√©rcito en los √ļltimos a√Īos. Los llamados falsos positivos son, simplemente, resultados operacionales que el Ej√©rcito de Colombia ha logrado obtener en la lucha contra las estructuras milicianas a lo largo y ancho de Colombia. Si a esto le sumamos la guerra jur√≠dica, unos ficales sesgados pro-subversivos ‚Äēo, como dir√≠an ellos pro-insurgentes‚Äē y les sumamos unos procuradores judiciales incapaces de cumplir con su funci√≥n, unos abogados defensores no muy bien seleccionados que, les da temor exigir las garant√≠as judiciales en los procesos en defensa de los soldados colombianos y se corona esta gesti√≥n con unos abogados de parte civil y unas familias interesadas en ganarse 400.000 d√≥lares por cada muerte que produce en combate el ej√©rcito colombiano y a esto le sumamos unas ONG internacionales y una gran campa√Īa internacional, pues nos da el resultado que tenemos hoy, conocido como falsos positivos que est√°n acabando con la capacidad operativa y moral del ej√©rcito. Esto, en el fondo, no es m√°s que pura propaganda. Me consta, textualmente, que lo que ocurre es que hay unos fiscales totalmente soberbios en el ejercicio de su cargo, sesgados, prosubversivos, con una ideolog√≠a totalmente comunista que gozan condenando a inocentes soldados en Colombia. Llamar a juicio a un soldado es sumamente f√°cil (‚Ķ) es que un soldado no tiene dolientes, entre otras cosas, yo creo que estos llamados falsos positivos, en el fondo, son falsos positivos judiciales, lo que sirve para que mucho operario de justicia, mucho empleado judicial mejore el resultado estad√≠stico de su labor porque condenar a un pu√Īado de soldados es m√°s f√°cil que condenar un narcotraficante o un guerrillero en Colombia porque, seguramente, el temor a la retaliaci√≥n paraliza al operador de justicia en esos eventos. Retaliaci√≥n que no existe en el caso de los soldados. Los soldados desafortunadamente son, tambi√©n, incre√≠blemente abandonados por el mando militar y es sumamente triste ver a los soldados en una audiencia p√ļblica solos frente a una completa jaur√≠a de operarios judiciales, de abogados de parte civil interesados en ganarse unos dividendos muy grandes y de unas familias que, hip√≥critamente, lloran a sus muertos a sabiendas de que eran o participaban en actividades delincuenciales. Lo que a m√≠ nadie me ha podido explicar de acuerdo a mi propia experiencia como abogado defensor a lo largo y ancho de Colombia es por qu√© el 95% de los dados de baja en las operaciones militares, ahora llamados falsos positivos, tienen antecedentes judiciales por secuestro, por porte ilegal de armas, por tr√°fico de drogas, por cantidad de delitos.
Por otro lado, se encuentra, tambi√©n, la posici√≥n del Coronel Hern√°n Mej√≠a Guti√©rrez, quien lograra demostrar que, en su edici√≥n 1291 del 29 de enero de 2007, la Revista Semana minti√≥, al afirmar que √©l hab√≠a recibido una condecoraci√≥n del Ej√©rcito Nacional de Colombia por su alianza con el paramilitar ‚ÄúJorge 40‚ÄĚ. En su libro Me niego a arrodillarme, donde acusa al gobierno de Juan Manuel Santos y a presuntos colaboradores de las FARC en todas las ramas del poder p√ļblico y, hasta en la estructura eclesi√°stica, de comenzar y desarrollar un proceso de criminalizaci√≥n del Ej√©rcito Nacional de Colombia frente a la opini√≥n p√ļblica colombiana y la comunidad internacional, en vistas a igualarlo con sus grupos insurgentes y sustentar la justicia transicional, comprando con prebendas el apoyo de la c√ļpula militar en esta campa√Īa de desprestigio en la que los falsos positivos fue la joya de la corona. Seg√ļn el Coronel Hern√°n Mej√≠a:
Criminalizar al Ej√©rcito Victorioso era la √ļnica forma de debilitarlo ante la sociedad y llenar las c√°rceles con los mejores soldados es la mejor arma para quebrantar su voluntad de lucha. Nadie los defendi√≥ cuando ellos le dieron la vida por tantos. Vendieron la horrorosa idea que defenderlos ser√≠a una verg√ľenza para la Instituci√≥n, pero justificar los cr√≠menes y proponer el perd√≥n a los terroristas son actos de paz.
Los soldados distinguidos en combate han sido las víctimas predilectas del gobierno negociador. El proceso de paz es una descomunal hipocresía que esconde los verdaderos intereses geoestratégicos y políticos de varias potencias con fines de control desde oriente hacia occidente.
Quizá el mayor cinismo del gobierno Santos está en la escondida guerra contra las fuerzas militares. Con el pretexto de las negociaciones no solo frenó las operaciones ofensivas, sino que se deshizo de los líderes en combate y se inventó el posconflicto para entregar de nuevo amplios territorios de la población a los subversivos armados (…)
Presentarles tres mil militares prisioneros era una condici√≥n que Santos se comprometi√≥ a cumplir desde a√Īos antes y la cumpli√≥ milim√©tricamente con el diab√≥lico plan ejecutado por su Viceministro de la defensa y hoy Alto Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo Caro.
Los militares est√°n siendo tratados como delincuentes de la peor cala√Īa solamente con las versiones improbables de la prensa y a√Īos antes de la decisi√≥n del juez. La instituci√≥n les quita sus sueldos, sus derechos, denegando la presunci√≥n de inocencia. La sociedad los repudia ignorando que no se debe atormentar a un inocente, porque tal vez es un hombre cuyos delitos jam√°s existieron.

As√≠ pues, como puede verse, hay posturas encontradas en torno al tema de los falsos positivos, su veracidad y la magnitud de los casos. Todav√≠a, despu√©s de los Acuerdos de La Habana, siguen siendo asunto de debate y manteniendo la polarizaci√≥n al nivel de la academia, la pol√≠tica, los foros de opini√≥n y la prensa nacional e internacional, convirti√©ndose en uno de los puntos m√°s √°lgidos de discusi√≥n en las ramas del poder p√ļblico, sobre todo, en lo referente al aumento y financiaci√≥n del pie de fuerza por parte del ejecutivo y el respaldo a las Fuerzas Militares, que algunos partidos pol√≠ticos apoyan y recomiendan, mientras que otros condenan con fuerza y vehemencia.


Activismo de los Derechos Humanos y Derecho a la Identidad en Argentina

El presente artículo tiene como objetivo describir y analizar la configuración del activismo de los Derechos Humanos en Argentina, focalizando en el Derecho a la Identidad, a fin de comprender los alcances, efectos y limitaciones de estas formas de activismo, teniendo en cuenta su carácter local y situado.
A estos fines es preciso recordar que el 24 de marzo de 1976, se desata la m√°s sangrienta y cruel de todas las dictaduras en la Argentina, donde fueron secuestrados y desaparecidos alrededor de treinta mil hombres y mujeres en su mayor√≠a militantes pol√≠ticos. Estos fueron detenidos ilegalmente en centros clandestinos de detenci√≥n, sometidos a diversas torturas, asesinados y desaparecidos. Paralelamente se llev√≥ a cabo un plan sistem√°tico de apropiaci√≥n de ni√Īos y ni√Īas, hijos e hijas de las personas secuestradas. Se estima que fueron apropiados alrededor de 500 ni√Īos y ni√Īas durante el terrorismo de Estado y ello aconteci√≥ a trav√©s de dos modalidades: la inscripci√≥n falsa como hijo propio en el Registro Civil y la adopci√≥n pseudo-legal. La inscripci√≥n falsa consist√≠a en anotar como hijo propio a un ni√Īo ajeno, una pr√°ctica que, tal como ha podido identificar Carla Villalta, ten√≠a larga duraci√≥n en nuestro pa√≠s y gozaba de una amplia tolerancia social, siendo considerada como ‚Äúotra forma de adopci√≥n‚ÄĚ a pesar de ser un delito.
Frente a la masiva desaparici√≥n de personas, sus familiares comenzaron a movilizarse en forma individual, recorriendo comisar√≠as, iglesias y hospitales. En la b√ļsqueda de informaci√≥n y conversando con otras personas en la misma situaci√≥n los familiares comenzaron a agruparse y a organizarse; as√≠, en 1977, en plena dictadura militar, surge Madres de Plaza de Mayo. Algunas de aquellas mujeres-madres que reclamaban por sus hijos e hijas, tambi√©n buscaban a sus nietos y nietas y ello las condujo a conformar una organizaci√≥n con estrategias y metodolog√≠as espec√≠ficas para tal fin, que tuvo como primer nombre ‚ÄúAbuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos‚ÄĚ y que luego se transformar√° en Abuelas de Plaza de Mayo. La b√ļsqueda de los ni√Īos y ni√Īas y sus padres se transform√≥ as√≠ en el pilar de este grupo de mujeres que sosten√≠an que su objetivo era ‚Äúbuscar a los nietos sin olvidar a los hijos‚ÄĚ. En Argentina, el rol de los familiares de las v√≠ctimas del terrorismo de Estado organizados ha sido clave, tanto en la construcci√≥n del paradigma de Derechos Humanos, como en el proceso de transici√≥n democr√°tica.
Sof√≠a Tiscornia advierte que ‚Äúson diversos los significados que la defensa de los Derechos Humanos adquiere, seg√ļn el tipo de organizaci√≥n pol√≠tica-institucional de Estado en la que son demandados‚ÄĚ. En una direcci√≥n semejante Claudia Fonseca y Andrea Cardarello nos recuerdan que ‚Äúlos Derechos Humanos en su forma abstracta y descontextualizada poco significan. C√≥mo esta noci√≥n es traducida en la pr√°ctica ‚Äďy sus consecuencias particulares- depende de relaciones de poder forjadas en contextos hist√≥ricos espec√≠ficos y expresadas en categor√≠as sem√°nticas precisas‚ÄĚ.
De este modo, es importante comprender los derechos no como atributos atemporales sino, por el contrario, como constructos hist√≥rico-sociales atravesados por relaciones de poder, por ello mutables y objeto de diversas negociaciones y disputas. Tal como se√Īala Sally Engle Merry, los Derechos Humanos son producto de las historias pol√≠ticas e ideol√≥gicas locales y en la medida en que son un conjunto abierto y diversificado de ideas, ellos pueden ser apropiados creando, en ocasiones, nuevas categor√≠as sociales. En este sentido resulta clave indagar en las formas y los sentidos locales que adquieren los Derechos Humanos y ello se enlaza indiscutiblemente con la historia social, cultural y pol√≠tica local.
En la Argentina, los sentidos que adquieren la ret√≥rica y el discurso de los Derechos Humanos tienen anclaje en los m√ļltiples efectos de la √ļltima dictadura c√≠vico-militar (1976-1983). Como se√Īal√©, la figura de los familiares fue un elemento determinante en la conformaci√≥n y configuraci√≥n de los Derechos Humanos en Argentina; y su pr√°ctica social y pol√≠tica en la lucha por recuperar a sus hijos, hijas, madres, padres, hermanos, hermanas y nieto/as puede entenderse como una forma de activismo.
Los trabajos acad√©micos sobre activismo y movimientos de demandas de derechos constituyen una extensa √°rea de estudios en Argentina. Sof√≠a Tiscornia, a partir de su investigaci√≥n con el caso de Walter Bulacio, se√Īala que ‚Äúen determinadas circunstancias hist√≥rico-pol√≠ticas la agencia del activismo en Derechos Humanos est√° capacitada para limitar el poder de polic√≠a a trav√©s de estrategias pol√≠tico-jur√≠dicas‚ÄĚ.
Mar√≠a Pita, en su investigaci√≥n con familiares de v√≠ctimas de violencia policial, sostiene que el car√°cter productivo de estos activismos reside ‚Äúen su capacidad de ampliar el campo de lo p√ļblico, de generar lazos y solidaridades horizontales‚ÄĚ. Procurando aportar a este campo de estudios a partir mi investigaci√≥n, comprend√≠ al activismo como una ‚Äúpr√°ctica pol√≠tica por la cual los sujetos se nuclean colectivamente a partir de una demanda particular, en general formulada en t√©rminos de garant√≠a o ampliaci√≥n de derechos. Ello supone, para los activistas, la elaboraci√≥n de argumentos que legitimen la demanda, la construcci√≥n de redes de relaciones que permitan movilizar distintos tipos de recursos y el dise√Īo de estrategias jur√≠dico-pol√≠ticas que permitan ubicarla tanto en escenarios locales como internacionales‚ÄĚ.
En Argentina, el activismo de los familiares de las v√≠ctimas logr√≥ conceptualizar las desapariciones y el robo de ni√Īos y ni√Īas como violaciones de Derechos Humanos, al tiempo que dio lugar a un proceso de justicia y b√ļsqueda de la verdad que fue apoyado por el Estado.
El activismo de Abuelas de Plaza de Mayo y el Derecho a la Identidad
A continuaci√≥n, me interesa focalizar en el activismo jur√≠dico pol√≠tico que llev√≥ adelante Abuelas de Plaza de Mayo, en la b√ļsqueda y restituci√≥n de sus nietos y nietas apropiados para, luego, indagar en sus alcances y en los efectos que ha tenido.
Dentro de la diversidad de acciones realizadas por las Abuelas, se destaca su labor por visibilizar el robo de sus nietos en las esferas locales e internacionales, ser las impulsoras del derecho a la identidad, ha sido uno de sus mayores logros; y constituy√≥ una herramienta legal en los juicios por la apropiaci√≥n criminal de ni√Īos/as y en la restituci√≥n de sus nietos a sus familias de origen. Este logro se dio en consonancia con otras pol√≠ticas p√ļblicas, tambi√©n promovidas por Abuelas, en materia de Derecho a la Identidad, tales como el Banco Nacional de Datos Gen√©ticos en 1987 y la Comisi√≥n Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) en 1992.
La localización y restitución de 130 nietos y nietas, hasta abril de 2021, da cuenta de los logros y alcances del activismo jurídico-político desplegado por Abuelas. Sin embargo, quisiera extender la exploración más allá de esta situación e indagar sobre otros efectos inesperados que ha tenido su activismo.
En la tarea cotidiana de b√ļsqueda de sus nietos y nietas apropiados, Abuelas de Plaza de Mayo ha desplegado una vasta cantidad de estrategias en pos de que ellos sean interpelados: campa√Īas de difusi√≥n en radio, cine, televisi√≥n, teatro, entre muchas otras. Todas, acciones dirigidas a instar a aquellos j√≥venes que ‚Äúdudan‚ÄĚ sobre su origen para que comiencen una b√ļsqueda. En la construcci√≥n de esta interpelaci√≥n a potenciales nietos y nietas, hubo una constante apelaci√≥n a la importancia que tiene conocer la ‚Äúverdadera identidad‚ÄĚ.
Estas campa√Īas de difusi√≥n se intensificaron a partir de 1997, y ello deriv√≥ en la presentaci√≥n, en la Asociaci√≥n Abuelas de Plaza de Mayo, de cientos de personas con dudas, j√≥venes y adultos, que en muchos casos resultaban no ser hijos de desaparecidos. En este sentido, las campa√Īas de difusi√≥n no se restringieron exclusivamente a sus nietos y nietas, sino que interpelaron a la sociedad toda. ‚ÄúLa pregunta ‚Äú¬ŅVos sab√©s qui√©n sos?‚ÄĚ fue un llamamiento a la reflexi√≥n social e individual. Desde entonces, son los propios j√≥venes los que se acercan a la instituci√≥n preguntando, dudando sobre su identidad: busc√°ndose‚ÄĚ (Asociaci√≥n Abuelas de Plaza de Mayo).
En efecto, el resultado de la ‚Äúreflexi√≥n social e individual‚ÄĚ sobre los or√≠genes gener√≥ que muchos j√≥venes se acercaran a Abuelas ‚Äúbusc√°ndose‚ÄĚ, pero la mayor√≠a de ellos, hasta el momento, no resultaron ser hijos o hijas de desaparecidos. En b√ļsqueda de sus nietos y nietas Abuelas lanz√≥ una pregunta social y pol√≠tica que inevitablemente irrumpi√≥ en las biograf√≠as de muchas otras personas. La pregunta por la identidad que sembraron las Abuelas en nuestra sociedad se extendi√≥ m√°s all√° de los 130 nietos que pudieron encontrar; puesto que muchas personas a partir de ‚Äúellas‚ÄĚ comenzaron a preguntarse por sus or√≠genes e identidad.
De este modo, la labor de sensibilizaci√≥n de las Abuelas sobre la importancia de conocer los or√≠genes y la existencia del Derecho a la Identidad, en tanto derecho por el cual reclamar, produjo una expansi√≥n de este derecho que desbord√≥ su original contexto de producci√≥n e interpel√≥, de diferentes maneras, a gran parte de la sociedad argentina y al mundo habilitando otras b√ļsquedas.
Fue as√≠ que, interpelados por Abuelas, repletos de inquietudes y buscando la forma de encontrar respuestas a sus dudas, en 2002, un grupo de personas que desconoc√≠an sus or√≠genes comienzan a nuclearse y a conformar organizaciones a fin de visibilizar sus b√ļsquedas. La primera organizaci√≥n fue Qui√©nes Somos, que surge en 2002, en 2003 Ra√≠z Natal, en 2010 B√ļsquedas Verdades Infinitas y Fundaci√≥n Nueva Identidad, en 2014 Hermanas del Alma, Nuestra Primera P√°gina y Colectivo Mendoza por la Verdad, en 2016 Hermanados por la B√ļsqueda, entre muchas otras que se expanden en todo el territorio argentino y tambi√©n una enorme cantidad de blogs y p√°ginas de Facebook.
Estas novedosas organizaciones sociales las integran personas que, en su mayor√≠a, fueron inscriptas falsamente en el Registro Civil ‚Äúcomo si‚ÄĚ fueran hijos biol√≥gicos de las personas que los criaron. A lo largo de mi investigaci√≥n con estos activistas observ√© que utilizan distintas nominaciones para autodefinirse: ‚Äúinscriptos como hijos propios por sus padres de crianza‚ÄĚ, ‚Äúsustituidos‚ÄĚ, ‚Äúapropiados en democracia‚ÄĚ, ‚Äúadoptados ilegalmente/falsamente/irregularmente‚ÄĚ. Pese a esta diversidad de nominaciones, en los √ļltimos a√Īos la denominaci√≥n ‚ÄúBuscadores‚ÄĚ es utilizada mayoritariamente por los activistas.
El reclamo que realizan los Buscadores al Estado reside en el ejercicio ‚Äúpleno‚ÄĚ y la garant√≠a de su Derecho a la Identidad y en la creaci√≥n de legislaciones, protocolos y oficinas que se ocupen de sus b√ļsquedas de origen. Si bien la lucha de Abuelas les permiti√≥ a los Buscadores ‚Äúdudar, despertar, iniciar la b√ļsqueda‚ÄĚ, como me han referido, en su labor como activistas tienen como desaf√≠o la construcci√≥n de una demanda leg√≠tima en torno a sus b√ļsquedas de origen. Los Buscadores procuran que sus casos sean considerados como violaciones de un derecho humano, es decir ser reconocidos social y p√ļblicamente como ‚Äúv√≠ctimas‚ÄĚ de un delito. De este modo, al tiempo que los Buscadores surgen y se nuclean inspirados por Abuelas deben realizar un sutil trabajo de diferenciaci√≥n, ya que sus b√ļsquedas son ‚Äúparecidas pero diferentes‚ÄĚ y por ello demandan pol√≠ticas p√ļblicas espec√≠ficas y dise√Īadas para tal fin.
Ahora bien, además de la indiscutible relación que tiene la labor de Abuelas de Plaza de Mayo con el surgimiento de estos nuevos activismos, es preciso considerar los sentidos que asume el parentesco en nuestra sociedad.
En nuestra concepci√≥n cultural del parentesco, la ‚Äúsangre‚ÄĚ adquiere un singular papel para comprender la familia. La importancia y el valor que adjudicamos a los lazos consangu√≠neos, radican en que estos son s√≠mbolos que representan el emparentamiento, la pertenencia a un determinado grupo y la continuidad del mismo. La biolog√≠a, entonces, se vuelve un valor primordial en nuestra concepci√≥n del parentesco, puesto que solemos comprenderlo como una mera extensi√≥n de los lazos naturales. De este modo, la necesidad psicol√≥gica de sentirse ‚Äúcompleto‚ÄĚ a trav√©s de la identificaci√≥n de nuestros or√≠genes gen√©ticos, es el resultado de un valor socialmente construido que se basa en las relaciones de ‚Äúsangre‚ÄĚ. Por ello, en nuestra sociedad el conocimiento de los or√≠genes se vuelve un elemento ‚Äúsustancial‚ÄĚ, ‚Äúclave‚ÄĚ para la construcci√≥n de la ‚Äúidentidad personal‚ÄĚ.
En suma, el surgimiento de estos nuevos activismos nos permite observar c√≥mo los Buscadores, al tiempo que retoman plataformas discursivas y jur√≠dico-pol√≠ticas elaboradas por el activismo de Abuelas, las resignifican en funci√≥n de sus propios objetivos. As√≠ el activismo de los Buscadores ampl√≠a los sentidos atribuidos a la identidad, promoviendo una noci√≥n ampliada del Derecho a la Identidad que tambi√©n se liga a otras formas posibles de separaci√≥n de madres e hijos, de inscripci√≥n falsa de la filiaci√≥n y de robo de ni√Īos y ni√Īas en Argentina.
Consideraciones finales
En este texto describ√≠ sucintamente la configuraci√≥n de los Derechos Humanos en Argentina y el rol destacado que ha tenido el activismo de los familiares en dicha comprensi√≥n y conceptualizaci√≥n para, a partir del caso de Abuelas de Plaza de Mayo, dar cuenta de los m√ļltiples efectos de los activismos y las nuevas elaboraciones y demandas de derechos que ellos pueden habilitar, como el surgimiento de las organizaciones sociales de Buscadores.
En este sentido, la conformaci√≥n de estas organizaciones de Buscadores nos habla de un per√≠odo de transformaci√≥n que no se limita a un pu√Īado de personas que decidieron organizarse en pos de sus b√ļsquedas individuales y para ayudar a otras personas, sino que puede comprenderse como un fen√≥meno emergente de una transformaci√≥n en la sociedad, donde ‚Äúbuscar la identidad‚ÄĚ se fue tornando un problema que deb√≠a ser atendido por el Estado.
La constituci√≥n de ‚Äúla identidad y el conocer los or√≠genes‚ÄĚ como un tema-problema, a partir del trabajo de Abuelas, desbord√≥ los objetivos originales de la movilizaci√≥n de estas mujeres y dio lugar a nuevas formas de organizaci√≥n y de demanda por derechos. Y esto reconfirma que los derechos son el resultado del activismo de personas de carne y hueso y que, como este caso lo demuestra, pueden ser apropiados habilitando nuevas demandas de justicia.
En la Argentina, durante mucho tiempo, inscribir a un hijo ajeno como propio, sustituir su identidad y ocultarle sus or√≠genes, no era una pr√°ctica reprobable o cuestionable, por el contrario, era visto como un acto de ‚Äúamor‚ÄĚ, de buena fe y de protecci√≥n, revestido por una actitud ‚Äúsalvacionista‚ÄĚ. Como se√Īal√©, fue a partir de la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, que este tipo de pr√°cticas pudieron ser comprendidas, visibilizadas y nominadas como ‚Äúapropiaci√≥n de ni√Īos‚ÄĚ, en tanto implicaron sustituci√≥n de identidades y, fundamentalmente, la conversi√≥n de los ni√Īos y ni√Īas en ‚Äúobjetos‚ÄĚ de los cuales se dispon√≠a libremente.
El surgimiento de los Buscadores inspirados por la lucha de las Abuelas, promueve una ampliaci√≥n de la demanda por el Derecho a la Identidad y una ampliaci√≥n de los sentidos construidos sobre la ‚Äúidentidad y los or√≠genes‚ÄĚ, donde adem√°s de vincularlos con la apropiaci√≥n criminal de ni√Īos y ni√Īas durante la √ļltima dictadura c√≠vico-militar, habilita una comprensi√≥n m√°s amplia y de larga duraci√≥n, ya que las pr√°cticas de circulaci√≥n coactiva de ni√Īos y ni√Īas tienen una considerable profundidad hist√≥rica que se remonta a las campa√Īas militares realizadas en el marco del genocidio ind√≠gena en Argentina.
De este modo, considero que la investigaci√≥n hist√≥rica y antropol√≥gica pueden ofrecer elementos significativos en la revisi√≥n, registro y an√°lisis de pr√°cticas, hechos y discursos que han sido ‚Äúnaturalizados‚ÄĚ y que a partir del activismo de los Derechos Humanos son resignificados y comprendidos desde nuevas perspectivas.
En este sentido, el activismo de los Buscadores nos interpela, como lo han hecho las Abuelas de Plaza de Mayo, pero desde un nuevo lugar y nos convoca a continuar trabajando en la visibilidad de la demanda por conocer los orígenes y la identidad y a elaborar estrategias creativas y colaborativas para que el Estado garantice el Derecho a la Identidad de todos y todas.

 

  1. 1. Che Alejandra: Artista que apuesta a la transformación de la realidad desde una perspectiva clasista, feminista y anticolonial. Ha participado en el movimiento piquetero, en su momento de mayor desarrollo y en el pedido de justicia por los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.
    Ilustra notas en distintos medios alternativos y forma parte del colectivo gr√°fico Vivas Nos Queremos ‚Äď argentina, creando, recopilando y difundiendo el grabado como herramienta de comunicaci√≥n de las luchas del movimiento feminista. Desde el colectivo de muralismo comunitario Muralismo N√≥made en Resistencia pone color en las calles con propuestas de un mundo distinto.
    Es docente superior de educación artística formada en la Universidad de las Artes (UNA). Realizó el postítulo en Educación Sexual Integral (ESI) en el Instituto Universitario Joaquín V. González (2019).
    Publica gr√°ficas en Facebook (Che Alejandra) y en Instagram @chealejandra_da

Esta obra forma parte de la serie de la artista en la I Muestra de Artes Visuales de la Revista de pensamiento cr√≠tico feminista «Waslalas».

https://waslalas.wordpress.com/expo-de-artes-visuales/

 

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Empresas trasnacionales y Derecho Internacional: del nuevo orden económico internacional a los derechos humanos.

En medio del actual proceso globalizador, la empresa transnacional emerge como uno de los principales actores que inciden en las relaciones internacionales. A pesar de tener una naturaleza más transnacional que internacional, las dimensiones de sus actividades y su peso en las relaciones económicas a escala global, hace que adquieran gran relevancia para la sociedad internacional, y por consiguiente, para el sistema jurídico que la rige: el Derecho Internacional.
En consecuencia con ese escenario, el presente trabajo se propone realizar un breve recuento del desenvolvimiento de las relaciones entre el Derecho Internacional ‚Äďen sus distintas etapas- y las empresas transnacionales. Decurso hist√≥rico en que se pasa de una total indiferencia, a la proliferaci√≥n de iniciativas no vinculantes dirigidas a transformar el orden econ√≥mico internacional, y por √ļltimo al florecimiento de instrumentos de soft law centrados en la protecci√≥n de los Derechos Humanos. Dicho recuento, permite apreciar las tendencias y la evoluci√≥n de las normas internacionales que se han creado para regular las conductas de las empresas, en pos de una percepci√≥n clara del rumbo del Derecho Internacional en relaci√≥n con estos actores.
Las empresas transnacionales ante el Derecho Internacional cl√°sico

Por contempor√°neo que parezca, el fen√≥meno de la globalizaci√≥n no es exclusivo de la actualidad. En otros momentos hist√≥ricos hubo procesos similares en los que las relaciones sociales desbordaron las fronteras de los Estados, adquiriendo una dimensi√≥n global. De igual forma, tambi√©n existieron relaciones sociales de naturaleza transnacional, que inclu√≠an la existencia de empresas con una esfera de influencia que, en comparaci√≥n con la que poseen las actuales empresas transnacionales, es mucho mayor; en √©pocas tan lejanas al actual proceso globalizador como el siglo XVI. Al respecto se√Īala Gilpin:
In one sense, multinational firms have existed for a very long time. The Dutch East India Company, the Massachusetts Bay Company, and other companies of merchant-adventurers were forerunners of today’s MNCs like IBM, Sony, and Daimler-Chrysler. These earlier transnational firms, however, were far more powerful than contemporary MNCs are; they commanded armies and fleets, had their own foreign policies, and controlled vast expanses of territory: the sub Asian continent (India, Pakistan, and Bangladesh), the East Indies (Indonesia), and South Africa. Modern MNCs are much more modest.
Eran sociedades mercantiles de capital privado que ten√≠an por objeto realizar actividades comerciales entre una potencia determinada y los territorios entonces denominados de ultramar. Como estos eran colonias de las propias potencias en las que surg√≠an las compa√Ī√≠as, no eran, estrictamente, transnacionales. No obstante, debe se√Īalarse que su actividad econ√≥mica se desenvolv√≠a a una escala transcontinental y llegaron a tener un poder tal que, en los territorios en que se asentaban, se produc√≠a la confusi√≥n entre lo p√ļblico y lo privado.
La √©poca de florecimiento de estas compa√Ī√≠as coincide con la etapa del llamado Derecho Internacional cl√°sico, eminentemente estato-centrista y relacional. No exist√≠a en aquel momento el Derecho Internacional Econ√≥mico, y mucho menos el Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Tampoco pod√≠a pensarse en la subjetividad de actores no estatales, por poderosos que fueran. Queda claro que, m√°s all√° de ser tangencialmente afectadas por la aplicaci√≥n del Derecho de la paz o el Derecho de la guerra, por parte de los Estados, las compa√Ī√≠as de Indias no constitu√≠an sujeto ni objeto de las relaciones jur√≠dicas internacionales.
Las empresas transnacionales y el Derecho Internacional de la posguerra. En pos del nuevo orden económico internacional

La evoluci√≥n del Derecho Internacional posterior a las guerras mundiales, determin√≥ su ampliaci√≥n, tanto en sus sujetos como en su objeto de regulaci√≥n. Al propio tiempo, las d√©cadas de los ¬ī60 y ¬ī70 del pasado siglo, vieron un crecimiento significativo de las empresas transnacionales en la econom√≠a mundial. Ciertamente exist√≠an desde antes; un buen ejemplo es la United Fruit Company, empresa estadounidense que ya se hab√≠a expandido por Am√©rica Latina en la primera mitad del siglo XX. Pero no es hasta la segunda mitad de esa centuria que dichas tansnacionales se volvieron un asunto de inter√©s para el Derecho Internacional P√ļblico.
En esa dirección, y en el contexto de la propuesta en la ONU de un nuevo orden económico internacional por parte de los países del tercer mundo, se buscó crear un régimen jurídico internacional que permitiera regular el comportamiento de estas empresas. En este sentido, se buscaba que estas realizaran transferencias de tecnologías a los países en los que se asentaban, contribuyeran al desarrollo económico de estos y respetaran el Derecho vigente en ellos.
As√≠ se ven√≠a orientando la Organizaci√≥n de las Naciones Unidas desde la d√©cada de los ¬ī60; lo que se vio reflejado en el reconocimiento de la importancia del tema en la ‚ÄúDeclaraci√≥n sobre el Progreso Social y el Desarrollo‚ÄĚ de 1969. Los intentos por regular la cuesti√≥n se orientaron, fundamentalmente, hacia normas no vinculantes. En los a√Īos sesenta, se comenz√≥ a trabajar en un proyecto de c√≥digo sobre las pol√≠ticas en torno a las empresas transnacionales que, sin embargo, nunca se lleg√≥ a realizar.
La creaci√≥n, en 1974, de una comisi√≥n del ECOSOC para el tema de las empresas transnacionales, propici√≥ la aparici√≥n de nuevos proyectos de c√≥digos en los a√Īos 1983 y 1990. Ninguno de ellos lleg√≥ a buen puerto, pues la contradicci√≥n entre los pa√≠ses en desarrollo que demandaban un instrumento vinculante, centrado en los ordenamientos internos de los Estados, y los pa√≠ses desarrollados que prefer√≠an l√≠neas directrices voluntarias, amparadas en el Derecho Internacional, no fueron resueltas .
Durante esta etapa aparecieron, también, instrumentos no vinculantes de otras organizaciones internacionales, que intentaron establecer normas regulatorias del comportamiento de las empresas transnacionales. En ese sentido, destacan la Declaración Tripartita de la OIT sobre el tema, y las Líneas Directrices de la OCDE para las empresas multinacionales. Ambas establecían normas sustantivas de cumplimiento voluntario, así como mecanismos para monitorear su cumplimiento.
De los a√Īos noventa a la actualidad. Los Derechos Humanos como centro de la atenci√≥n

Con la llegada de la d√©cada de los ¬ī90, el neoliberalismo se convirti√≥, en relaci√≥n con la econom√≠a, en la ideolog√≠a dominante. Se abogaba por el repliegue del Estado en la econom√≠a; no s√≥lo en su rol de Estado empresario, sino tambi√©n como Estado regulador. Para el neoliberalismo, la desregulaci√≥n econ√≥mica y financiera es esencial para asegurar la prosperidad, cuyo √©xito debe depender de la autorregulaci√≥n del mercado. La demanda de un nuevo orden econ√≥mico internacional en favor de los Estados tercermundistas cay√≥ en saco roto, ante la aceptaci√≥n, por la mayor√≠a de estos, de la ideolog√≠a neoliberal.
Consecuentemente, el consenso internacional en torno a esta ideología suponía el fin de los intentos por establecer normas que regularan el comportamiento de las empresas transnacionales desde el Derecho Internacional. Así, después del proyecto de código de 1990, en 1994 fue abandonado el proceso de creación de un código voluntario para regular el comportamiento de las empresas transnacionales.
No obstante, la necesidad de control al comportamiento de las empresas, especialmente en el tercer mundo, no desapareci√≥. En varios casos, se daban situaciones de violaciones a derechos humanos que eran cometidas o toleradas por las empresas. Comenz√≥ a desatarse una presi√≥n social contra estos comportamientos. Esto tuvo su corolario en el caso de Nike, en el que los movimientos sociales obligaron a la empresa a adoptar una posici√≥n m√°s proactiva, en relaci√≥n con la protecci√≥n de los Derechos Humanos en su actividad econ√≥mica. Al prop√≥sito de este caso se√Īalaba Ruggie:
A perfect storm of bad publicity enveloped Nike throughout the 1990s. It included violent strikes at several Indonesian factories; union-organized summer internship programs for American college students on how to campaign against large corporations, out of which emerged a national coalition to put on alert campus stores selling, and athletic teams wearing, Nike and similarly sourced products; an ‚ÄúInternational Nike Day of Protest‚ÄĚ in twenty-eight U.S. states and twelve countries; plus highly unflattering feature roles in the acerbic Doonesbury cartoon strip, a Michael Moore documentary, two CBS news programs, the ‚ÄúBattle of Seattle,‚ÄĚ as the demonstrations that shut down the World Trade Organization 1999 ministerial meeting came to be known, as well as in Naomi Klein‚Äôs book, No Logo, often referred to as the ‚Äúbible‚ÄĚ of the antiglobalization movement.
Por la v√≠a del Derecho Interno, y desde el a√Īo 1980, una de las soluciones que se busc√≥ para lograr la responsabilidad de las empresas por actos violatorios de los Derechos Humanos, fue aplicar la Alien Torts Claim Act. Esta fue una antigua legislaci√≥n estadounidense del siglo XVIII, que permit√≠a a extranjeros entablar un litigio ante los tribunales norteamericanos por hechos cometidos fuera de los Estados Unidos, siempre que estos violaran la legislaci√≥n del pa√≠s norte√Īo o un tratado del que este fuera parte. Aunque la ley se hab√≠a pensado para hechos como la pirater√≠a y hab√≠a sido poco aplicada; al entenderse los Derechos Humanos como parte de ‚Äútratados de los Estados Unidos‚ÄĚ, se vio en ella una potencial brecha por la cual pod√≠a demandarse a empresas que cometiesen violaciones en otros pa√≠ses. No obstante, al cabo del tiempo, puede decirse que ha sido muy escaso el √©xito de las demandas interpuestas en virtud de esta ley.
En el a√Īo 2000, y consecuentemente con los objetivos del milenio, el secretario general de ONU, Kofi Annan, tuvo la iniciativa de crear el Pacto Global. Este no constitu√≠a un instrumento contentivo de normas jur√≠dicas sino, m√°s bien, una especie de plataforma para integrar a las empresas en el cumplimiento de diez mandamientos, redactados a modo de principios generales:
Las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos fundamentales reconocidos internacionalmente, dentro de su ámbito de influencia.
Las empresas deben asegurarse de que sus empresas no son cómplices en la vulneración de los derechos humanos.
Las empresas deben apoyar la libertad de afiliación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva.
Las empresas deben apoyar la eliminación de toda forma de trabajo forzoso o realizado bajo coacción.
Las empresas deben apoyar la erradicación del trabajo infantil.
Las empresas deben apoyar la abolición de las prácticas de discriminación en el empleo y la ocupación.
Las empresas deber√°n mantener un enfoque preventivo que favorezca el medio ambiente.
Las empresas deben fomentar las iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad ambiental.
Las empresas deben favorecer el desarrollo y la difusión de las tecnologías respetuosas con el medioambiente.
Las empresas deben trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluidas extorsión y soborno.
El Pacto Global es un mecanismo por el cual las empresas se comprometen a aplicar estos principios en su día a día; lo cual se comprueba a través de los mecanismos de que goza el propio pacto:
One of the explicit commitments that a company makes when joining the Global Compact is to submit annual Communications on Progress (COP) using reporting indicators such as the Global Reporting Initiative (GRI) Guidelines. The COP must be placed on the UN Global Compact website and shared widely with the company‚Äôs stakeholders.73 A violation of the Global Compact Policy on COP will result in a change in a participant‚Äôs status from ‚Äėactive‚Äô to ‚Äėnon-communicating‚Äô to ‚Äėinactive‚Äô, and eventually results in the delisting of the participant.
Sobre este mecanismo, debe apuntarse que se trata de un medio más político que jurídico para incidir en las conductas de las empresas, pero al surgir en el seno de las Naciones Unidas, debe tenerse en cuenta.
Simult√°neamente, desde el a√Īo 1998, la Subcomisi√≥n de la ONU para la Protecci√≥n y Promoci√≥n de los Derechos Humanos ven√≠a trabajando en un instrumento no vinculante que sistematiz√≥ bajo qu√© presupuestos deb√≠an ser responsables las empresas transnacionales por violaciones a los Derechos Humanos; que fue completado en el a√Īo 2003, y que se denomin√≥ Normas sobre la Responsabilidades de las Empresas Transnacionales y Otras Empresas Comerciales en la Esfera de los Derechos Humanos. Amparado en el ya existente Derecho Internacional de los Derechos Humanos, intent√≥ ir m√°s all√° de este, estableciendo est√°ndares muy precisos que las empresas deb√≠an cumplir.
Sin embargo, cuando fue presentado en el a√Īo 2004, ante la Comisi√≥n de Derechos Humanos del ECOSOC, fue tratado como un instrumento controvertido y, en √ļltima instancia, no fue adoptado. Ello se debi√≥, fundamentalmente, al rechazo de las propias empresas al alcance de la responsabilidad que se propon√≠a para ellas. Especialmente, en el plexo de derechos reconocidos, que exced√≠a al que era exigible a muchos Estados, y el nuevo concepto de esfera de influencia, introducido por las Normas.
El fracaso de las Normas, llev√≥ a que en el a√Īo 2005 se nombrara un representante especial del Secretario General de las Naciones Unidas para el tema de las Empresas y los Derechos Humanos. Este cargo ser√≠a asumido por el profesor John Ruggie. Su primera decisi√≥n fue, en vistas de los resultados obtenidos, ignorar las normas presentadas antes, y hacer borr√≥n y cuenta nueva. Tom√≥ muy en cuenta la significaci√≥n que tuvo el rechazo de las empresas a las normas, en la no aceptaci√≥n de estas y, en consecuencia, orient√≥ su trabajo hacia la articulaci√≥n de consensos entre los actores involucrados, a saber, empresas, Estados y sociedad civil; intentando tomar en consideraci√≥n los intereses de todos.
As√≠, en el a√Īo 2008, Ruggie present√≥ una propuesta: el marco Proteger, Respetar y Remediar, que fue aceptado por unanimidad por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Este llevar√≠a a la elaboraci√≥n de los principios rectores en 2011, que establecieron un grupo de pautas a seguir por los Estados y las empresas. Estos principios rectores se configuraron como instrumento no vinculante y, por tanto, no generaba obligaciones jur√≠dicas; fueron aprobados en el propio a√Īo 2011, por el Consejo de Derechos Humanos.
El contexto de la creaci√≥n y aprobaci√≥n de la plataforma proteger, respetar y remediar, y de sus principios rectores, fue propicio para la aparici√≥n de otros instrumentos relacionados con el tema. As√≠, en materia de estandarizaci√≥n, se crean, de la mano de varias ONG, las normas ISO 26000, que abordaban el tema de la responsabilidad social empresarial. Igualmente, fueron modificadas las l√≠neas directrices de la OCDE, que databan de una etapa anterior, para a√Īadirles un cap√≠tulo sobre Derechos Humanos. Tambi√©n se aprobar√≠a una estrategia sobre responsabilidad social empresarial en la Uni√≥n Europea; y la Corporaci√≥n Financiera Internacional, adscripta al Banco Mundial, actualiz√≥ su pol√≠tica de sostenibilidad. Todos estos instrumentos se manten√≠an en el terreno de los instrumentos no vinculantes.
A instancias de Ecuador, en el a√Īo 2014, se llev√≥ a cabo un intento de poner fin a la larga cadena de instrumentos no vinculantes en relaci√≥n con este tema, y se propuso crear uno que superara esta cuesti√≥n. Tras la aprobaci√≥n de la iniciativa en el Consejo de Derechos Humanos, comenzaron los trabajos de preparaci√≥n. La primera versi√≥n del proyecto de instrumento vinculante fue presentada en el a√Īo 2018; y una nueva versi√≥n, con modificaciones en el 2019. Al momento de escribirse este trabajo, contin√ļan las negociaciones en torno a su redacci√≥n.
A modo de conclusión:
Como puede observarse, se avanzó de una total falta de regulación a la producción de instrumentos centrados en cambiar el orden de relaciones económicas internacionales. Con el casi abandono de este propósito, los Derechos Humanos han centrado la atención en la regulación de las conductas de las empresas transnacionales.
En todo caso, se puede apreciar con claridad, una marcada preferencia por los instrumentos no vinculantes para este tema, tanto antes como después del ascenso del neoliberalismo. El proyecto que actualmente se negocia en el Consejo de Derechos Humanos sería, de llegar a entrar en vigor, la primera excepción de esta regla.

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Direitos Humanos desde a Periferia: proposta de abertura para o di√°logo

Um Di√°logo
Este texto pretende propor um di√°logo.
Un di√°logo, como se sabe, implica em abertura para a comunica√ß√£o entre realidades distintas, o que pressup√Ķe n√£o s√≥ o reconhecimento da exist√™ncia de uma pluralidade de pontos de vista poss√≠veis acerca da mesma realidade, mas tamb√©m o reconhecimento da igual dignidade dessa pluralidade de pontos de vista. Sem esses dois pressupostos fundamentais n√£o h√° di√°logo poss√≠vel; somente o eterno mon√≥logo da consci√™ncia universal, que em vez de conversar se prop√Ķe a educar a alteridade, com o objetivo de devor√°-la e reabsorv√™-la na universalidade de sua identidade unit√°ria. O di√°logo sempre se apresenta, ent√£o, como desafio potencial: relativiza a universalidade de cada identidade pela afirma√ß√£o da exist√™ncia de identidades alternativas; coloca em risco as identidades dos interlocutores pela necessidade de reconhecimento de sua dignidade m√ļtua; e assim promove tamb√©m a relativiza√ß√£o dos sentidos atribu√≠dos ao mundo em que vivem essas identidades. Nunca √© agrad√°vel submeter-se a esses riscos, mas √© necess√°rio corr√™-los se desejamos nos dispor a efetivamente dialogar com o outro em sua integralidade.
Um risco desse tipo foi corrido por Montezuma durante o primeiro contato estabelecido entre os astecas e os europeus, e essa imagem representa bem a natureza do di√°logo que se estabelece quando tentamos conversar sobre os direitos humanos. Um di√°logo sobre os direitos humanos √© um di√°logo que se estabelece entre um Eu e um Outro, que o pensamento ocidental costuma apresentar sempre da mesma forma: da perspectiva dos direitos humanos a identidade de um homem europeu civilizado, branco, crist√£o, propriet√°rio, burgu√™s, heterossexual, que se disp√Ķe a catequizar um Outro usualmente compreendido como o inverso de todos os adjetivos atribu√≠dos ao Eu que ensina e monologa ‚Äď b√°rbaro, negro, pag√£o, despossu√≠do, selvagem, afeminado.¬†
Ao imaginar um di√°logo dessa natureza em sua entrevista imagin√°ria com Montezuma, √ćtalo Calvino percebeu a enorme dificuldade que lhe √© inerente: ela aparece j√° no in√≠cio do di√°logo, quando o entrevistador demonstra n√£o saber sequer como se referir ao outro com quem busca dialogar.
EU ‚Äď Majestade… Santidade!… Imperador! General! N√£o sei como vos chamar, sou obrigado a recorrer a termos que s√≥ em parte transmitem as atribui√ß√Ķes de vosso cargo, apelativos que na minha l√≠ngua de hoje perderam muito de sua autoridade, soam como ecos de poderes desaparecidos… Assim como desapareceu o vosso trono, no topo dos altiplanos do M√©xico, o trono de onde reinastes sobre os astecas, como o mais augusto de seus soberanos, e tamb√©m o √ļltimo, Montezuma… Mesmo chamar-vos pelo nome para mim √© dif√≠cil: Motecuhzoma, parece que assim soava realmente o vosso nome, que nos nossos livros de europeus aparece diversamente deformado: Moteczuma, Moctezuma… Um nome que, segundo certos autores, significaria ‚Äúhomem triste‚ÄĚ. V√≥s bem ter√≠eis merecido este nome, v√≥s que vistes ruir um imp√©rio pr√≥spero e ordenado como o dos astecas, invadido por seres incompreens√≠veis, armados de instrumentos de morte nunca vistos. Deve ter sido como se aqui nas nossas cidades baixassem de repente invasores extraterrestres. Mas n√≥s, esse momento, j√° o imaginamos de todas as maneiras poss√≠veis: pelo menos, assim acreditamos. E v√≥s? Quando come√ßastes a compreender que era o fim de um mundo aquele que est√°veis vivendo?
 
Paradoxalmente, o reconhecimento da impossibilidade do di√°logo √© o que promove a abertura para o di√°logo real, sendo esta a √ļnica das entrevistas de Calvino em que o entrevistado tamb√©m se esfor√ßa para ser compreendido pelo entrevistador, envolvendo-se efetivamente (e afetivamente) na conversa. Ao mesmo tempo, o ‚ÄúEu‚ÄĚ liter√°rio de Calvino assume explicitamente o partido do ‚ÄúOutro‚ÄĚ Montezuma, identificando-se com as v√≠timas da conquista europ√©ia ao imaginar a possibilidade de uma hist√≥ria diferente a partir da resist√™ncia dos astecas ao ex√©rcito de Cort√©s:
EU ‚Äď Rei Montezuma, aquele era o primeiro verdadeiro encontro da Europa com os outros. O Novo Mundo fora descoberto por Colombo menos de trinta anos antes, e at√© ent√£o s√≥ se tratara de ilhas tropicais, aldeias de cabanas… Agora era a primeira expedi√ß√£o colonial de um ex√©rcito de brancos, que encontrava, n√£o os famosos ‚Äúselvagens‚ÄĚ sobreviventes da idade de ouro da pr√©-hist√≥ria, mas uma civiliza√ß√£o complexa e riqu√≠ssima. E foi justamente nesse primeiro encontro entre o nosso mundo e o vosso ‚Äď digo o vosso mundo como exemplo de qualquer outro mundo poss√≠vel ‚Äď que aconteceu algo irrepar√°vel. √Č isso que me pergunto, que pergunto a v√≥s, rei Montezuma. Diante do imprevis√≠vel, demonstrastes prud√™ncia, mas tamb√©m inseguran√ßa, toler√Ęncia. E, decerto, assim n√£o evitastes ao vosso povo e √† vossa terra os massacres, a ru√≠na que se perpetua atrav√©s dos s√©culos. Talvez bastasse vos opor resolutamente aos primeiros conquistadores para que a rela√ß√£o entre mundos diferentes se estabelecesse sobre outras bases, tivesse um outro futuro. Talvez os europeus, avisados da vossa resist√™ncia, tivessem ficado mais prudentes e respeitosos. Talvez ainda estiv√©sseis em tempo de extirpar das cabe√ßas europ√©ias a planta maligna que estava apenas brotando: a convic√ß√£o de ter direito de destruir tudo o que √© diferente, de pilhar as riquezas do mundo, de expandir pelos continentes a mancha uniforme de uma triste mis√©ria. Ent√£o a hist√≥ria do mundo teria tomado outro rumo, compreendei, rei Montezuma, compreende, Montezuma, o que te diz um europeu de hoje, que est√° vivendo o fim de uma supremacia em que tantas extraordin√°rias energias se voltaram para o mal, em que tudo o que pensamos e realizamos convencidos de que fosse um bem universal traz a marca de uma limita√ß√£o… Responde a quem se sente v√≠tima como tu, respons√°vel como tu.¬†
Como se percebe, a identifica√ß√£o com o outro n√£o √© mera comisera√ß√£o; n√£o h√° culpa sentimentalista, mas verdadeira interpela√ß√£o do oprimido, considerado v√≠tima, mas tamb√©m correspons√°vel pelo massacre de um povo. A interpela√ß√£o busca compreens√£o, mas tamb√©m exige a√ß√£o; pede contas a Montezuma, demandando-lhe que esclare√ßa a inaceit√°vel toler√Ęncia, quando era seu direito e seu dever liderar a resist√™ncia.¬†
Es preciso compreender que, ao fazê-lo, o Eu não fala em nome do opressor; a cobrança não se confunde com a barbárie, pois manifesta justamente o inconformismo solidário aos que sofrem a violência. No entanto, tampouco fala em nome das vítimas; ao as interpelar se posiciona como vanguarda, e exige delas a mesma atitude que o próprio Eu consideraria adequada, em face da agressão cometida. Recusando-se a assumir a voz da barbárie, mas incapaz de falar a língua do oprimido, o Eu só pode falar em nome do humanismo universal, da Civilização, que repudia toda forma de violência e a julga indistintamente, reprovando em nome do Homem o sangue derramado pelos homens:
EU ‚Äď O sangue, Montezuma! N√£o me atrevia a falar-te disso, e √©s tu que o mencionais, o sangue dos sacrif√≠cios humanos…
MONTEZUMA ‚Äď De novo… De novo… Porque v√≥s, ao contr√°rio, v√≥s… Fa√ßamos as contas, fa√ßamos as contas das v√≠timas da vossa civiliza√ß√£o e da nossa.
EU ‚Äď N√£o, n√£o, Montezuma, o argumento n√£o se sustenta, sabes que n√£o estou aqui para justificar Cort√©s e os seus, decerto n√£o serei eu que minimizarei os crimes que nossa civiliza√ß√£o cometeu e continua a cometer, mas agora √© de vossa civiliza√ß√£o que estamos falando! Aqueles jovens deitados sobre o altar, as facas de pedra que esfacelam o cora√ß√£o, o sangue que esguicha em torno…
MONTEZUMA ‚Äď E da√≠? E da√≠? Homens de todos os tempos e de todos os lugares se atormentam com um √ļnico objetivo: manter o mundo unido para que ele n√£o desabe. S√≥ a maneira varia. Nas nossas cidades, todas feitas de lagos e jardins, aquele sacrif√≠cio do sangue era necess√°rio, assim como revolver a terra, como canalizar a √°gua dos rios. Nas vossas cidades, todas feitas de rodas e gaiolas, a vis√£o do sangue √© horrenda, eu sei. Mas quantas vidas mais as vossas engrenagens trituram!
Como se pode ver, Montezuma resiste √† acusa√ß√£o. Ao humanismo da interpela√ß√£o universal resiste com a reivindica√ß√£o da universalidade do local, recusando-se a se deixar pensar nos termos propostos pelo conquistador. Afinal, ‚Äúhomens de todos os tempos e de todos os lugares se atormentam com o objetivo de manter o mundo unido para que ele n√£o desabe. S√≥ varia a maneira como se realizam os sacrif√≠cios de sangue necess√°rios‚ÄĚ. Restabelece, assim, a localidade espec√≠fica do entrevistador europeu, recusando-lhe o t√≠tulo universal que pretendeu assumir ao interpelar o outro em nome do humanismo. Apesar do abra√ßo acolhedor com que recebeu Cort√©s e o Eu simb√≥lico que o entrevistava, √© como se os seus corpos n√£o se tocassem. O Eu e o Outro pertencem a realidades diferentes, e de uma diferen√ßa que n√£o pode ser medida; o que impede o toque n√£o √© mera superioridade, mas essencial alteridade, distanciando dois mundos que jamais podem se encontrar.
MONTEZUMA ‚Äď Sabia que n√£o √©ramos iguais, mas n√£o como tu, homem branco, dizes, a diferen√ßa que me paralisava n√£o podia ser pesada, avaliada… N√£o era o mesmo que duas tribos do altiplano ‚Äď ou duas na√ß√Ķes do vosso continente ‚Äď, quando uma quer dominar a outra, e √© a coragem e a for√ßa no combate que decidem a sorte. Para lutar contra um inimigo √© preciso mover-se no mesmo espa√ßo que ele, existir no mesmo tempo que ele. E n√≥s nos escrut√°vamos a partir de dimens√Ķes diferentes, sem nos tocar. Quando o recebi pela primeira vez, Cort√©s, violando todas as regras sagradas, me abra√ßou. Os sacerdotes e dignit√°rios de minha corte cobriram o rosto diante do esc√Ęndalo. Mas me parece que nossos corpos n√£o se tocaram. N√£o porque o meu cargo me colocava mais acima de qualquer contato estrangeiro, mas porque pertenc√≠amos a dois mundos que nunca tinham se encontrado, nem podiam se encontrar.¬†
Mas a impossibilidade de contato n√£o impede o di√°logo. O Eu e o Outro n√£o deixam de se expor mutuamente, de se abrir √† compreens√£o m√ļtua, ao mesmo tempo em que, no di√°logo, aprofundam a compreens√£o que t√™m de si mesmos. As limita√ß√Ķes do Humanismo Universal e a aporia do imposs√≠vel reconhecimento do outro em si s√£o os pontos de partida de um inevit√°vel di√°logo, que se torna t√£o mais necess√°rio e t√£o mais poss√≠vel quanto mais fatal √© o golpe que feriu de morte o Homem transcendental. O Homem s√≥ pode monologar; o di√°logo pressup√Ķe homens.
√Č o di√°logo poss√≠vel, entre homens poss√≠veis, o tema do presente estudo. Somente homens de carne e osso podem ter dignidade pessoal.
Uma Genealogia do Sentido
N√£o h√° maior s√≠mbolo do humanismo universal do que a id√©ia de ‚Äúdireitos humanos‚ÄĚ. Filha do Iluminismo, nasce na aurora da Modernidade como resultado da reflex√£o jur√≠dico-pol√≠tica da burguesia emergente. Como explica Ant√≥nio Manuel Hespanha, al√©m do contexto de racionalismo que caracteriza o Renascimento e o Iluminismo, o desenvolvimento da teoria dos direitos humanos n√£o deixa de ter rela√ß√£o com o fato de, pela primeira vez, ter sido quebrada a unidade religiosa da Europa, tendo os europeus entrado em contato com povos totalmente alheios √† sua tradi√ß√£o religiosa. Segundo o autor, esses fatores tornavam necess√°rio um direito universal que pudesse valer independentemente da identidade de cren√ßas, o que faz com que o seu fundamento passe a residir em valores laicos, pass√≠veis de serem encontrados pela atividade racional do homem.¬†
Por outro lado, a reivindica√ß√£o do individualismo, que encontra na ess√™ncia irredut√≠vel do humano o √ļnico fundamento poss√≠vel da moral, do direito e da justi√ßa (no√ß√£o cristalizada na teoria da raz√£o pr√°tica kantiana), tamb√©m contribui imensamente para a cr√≠tica dos direitos corporativos e das ordens jur√≠dicas totalizantes medievais, desconstruindo-os para colocar o homem no centro da ordem jur√≠dica moderna. Mas n√£o se trata de um homem concreto, hist√≥rico, de carne e osso; para poder ser tomado como fundamento de uma ordem jur√≠dico-pol√≠tica com pretens√Ķes universalizantes, esse homem deve ser transcendentalizado, retirado do mundo, e substitu√≠do por uma categoria apta a dar conta da universalidade t√≠pica das reivindica√ß√Ķes da burguesia nascente: o sujeito.¬†
A constitui√ß√£o da subjetividade moderna remete ao pensamento de fil√≥sofos como Ren√© Descartes (1961) e Immanuel Kant (1999). Com efeito, as reflex√Ķes realizadas por Descartes simbolizam o surgimento do racionalismo moderno, momento a partir do qual se considera que a raz√£o, sozinha, √© capaz de encontrar a verdade. A partir da reflex√£o cartesiana a busca da verdade se torna independente da a√ß√£o do homem sobre si mesmo, podendo ser realizada unicamente com base em sua atividade racional, por meio de um m√©todo impessoal pass√≠vel de ser utilizado por todo e qualquer sujeito. Desse modo, o fundamento do pensamento filos√≥fico deixa de ter um substrato teol√≥gico (espiritual), e a descoberta deste eu pensante inaugura uma nova forma de se fundamentar a filosofia e o conhecimento.
Tamb√©m o pensamento de Kant desempenha um papel fundamental no processo de constitui√ß√£o da subjetividade moderna. Ao questionar a possibilidade do conhecimento ‚Äď como √© poss√≠vel conhecer? ‚Äď e a atitude moral do sujeito ‚Äď o que devo fazer? ‚Äď, Kant afirma que o conhecimento est√° vinculado a condi√ß√Ķes presentes no pr√≥prio sujeito, e que a raz√£o que desvenda o conhecimento √© aut√īnoma para determinar os princ√≠pios √©ticos que ir√£o conduzir a vida do indiv√≠duo. A autonomia da vontade em Kant se manifesta nessa possibilidade de o homem estabelecer para si, de forma livre e racional, os princ√≠pios √©ticos que ir√£o reger sua vida ‚Äď ‚Äúa autonomia da vontade √© a qualidade que a vontade tem de ser lei para si mesma‚ÄĚ.
Assim, o panorama estabelecido pelo pensamento moderno apresenta o sujeito como o fundamento da vida em sociedade, da organização política e do conhecimento, atribuindo-lhe um conjunto de características que possibilitam a sua tomada como alicerce da nova ordem social: universalidade, individualidade, autonomia e abstração. 
Trata-se, em primeiro lugar, de um sujeito universal porque nesta categoria se encaixam todos os seres humanos, sem espa√ßo para particularismos de ordem racial, sexual, √©tnica ou cultural. Ao mesmo tempo, √© um sujeito individual porque o homem √© considerado como ser concreto e independente, com exig√™ncias pr√≥prias, detentor do direito de sua auto-satisfa√ß√£o. √Č tamb√©m um sujeito aut√īnomo porque livre e capaz para pensar e agir por si mesmo, para deter direitos e exerc√™-los. Finalmente, esse sujeito possui um car√°ter abstrato, uma vez que todo e qualquer homem emp√≠rico pode ser enquadrado na categoria ‚Äúsujeito‚ÄĚ, tendo a capacidade de ‚Äď por interm√©dio de um m√©todo racional (e impessoal) ‚Äď atingir a verdade sobre as coisas, e de estabelecer de maneira livre e racional os princ√≠pios √©ticos que ir√£o reger sua pr√≥pria vida.¬†
Evidencia-se, ent√£o, a cren√ßa em uma ess√™ncia do sujeito, capaz de garantir a sua emancipa√ß√£o a partir de uma a√ß√£o guiada pela racionalidade e capaz de suprimir as desigualdades impostas pelo regime anterior. Assim, a racionalidade pol√≠tica da modernidade aponta para o reconhecimento de que apenas se possa falar em ‚Äúdireitos‚ÄĚ na medida em que haja um sujeito capaz de exerc√™-los, tendo em vista ser a sua vontade livre e racional o √ļnico fundamento da sua exist√™ncia.¬†
Ao mesmo tempo, as caracter√≠sticas do sujeito moderno deformam irremediavelmente as novas concep√ß√Ķes de direito, que recebem as suas caracter√≠sticas de modo a se adaptar ao novo fundamento te√≥rico. Em primeiro lugar, a universalidade do sujeito se manifesta em uma concep√ß√£o universalista dos direitos essenciais, v√°lidos para toda a humanidade na medida em que traduzem uma certa concep√ß√£o do que seja a ess√™ncia do humano. Nascem, assim, os ‚Äúdireitos naturais‚ÄĚ √† liberdade, √† propriedade, √† igualdade, vistos como a tradu√ß√£o √ļltima dos aspectos mais essenciais da dignidade humana. Al√©m disso, o seu individualismo faz com que apenas se possam conceber direitos atribu√≠veis a sujeitos individuais, o que d√° origem √† no√ß√£o moderna de ‚Äúdireitos subjetivos‚ÄĚ a serem opostos a quem viole a esfera de individualidade livre. No mesmo sentido, a autonomia se manifesta em uma concep√ß√£o voluntarista dos direitos subjetivos, atribuindo-se a sua titularidade apenas a quem os detenha efetivamente ‚Äď n√£o sendo mais poss√≠vel falar-se em ordens jur√≠dicas objetivamente v√°lidas ou harmonias naturais independentes da vontade subjetiva (embora se continue protegendo a ess√™ncia do humano com a afirma√ß√£o dos ‚Äúdireitos da personalidade‚ÄĚ). Por fim, a abstra√ß√£o do sujeito permite uma correspondente abstra√ß√£o de todos os novos direitos criados, atribu√≠veis a quem quer que seja, independentemente de cultura, religi√£o, etnia ou situa√ß√£o pol√≠tica, econ√īmica e social.¬†
Surge, assim, um direito natural racionalista, que indica a natureza humana como sua √ļnica fonte e aponta a raz√£o como sua via cognoscitiva. √Č esse direito, tal como pensado originalmente por Grotius, Hobbes, Locke, Rousseau, Spinoza, Puffendorf, Thomasius etc., o fundamento √ļltimo das constru√ß√Ķes mais contempor√Ęneas sobre direitos humanos, que inevitavelmente tomam a mesma concep√ß√£o transcendental de subjetividade como alicerce de suas teoriza√ß√Ķes.
Percebe-se que a pr√≥pria id√©ia de um conjunto de direitos universalmente v√°lidos n√£o pode ser considerada simples fruto do desenvolvimento da raz√£o humana. Trata-se de uma constru√ß√£o hist√≥rica, que reflete a particularidade do contexto vivido pela civiliza√ß√£o europ√©ia no per√≠odo do Iluminismo e das revolu√ß√Ķes pol√≠ticas promovidas pela burguesia, que progressivamente ocupava a posi√ß√£o de classe economicamente dominante. Como explica Michel Foucault, n√£o h√° um ‚Äúser-em-si‚ÄĚ do sujeito. Ele √© fruto de uma hist√≥ria recente, resultado de determinadas premissas hist√≥ricas que tornaram poss√≠vel a sua constitui√ß√£o ‚Äď o sujeito n√£o √© universal no tempo e no espa√ßo; ele tem uma hist√≥ria.
Essa circunst√Ęncia faz com que n√£o consigamos compreender a natureza das concep√ß√Ķes modernas de subjetividade, sen√£o como manifesta√ß√£o conceitual de um duplo emp√≠rico-transcendental: parte-se de um sujeito emp√≠rico, realmente existente, para transcendentaliz√°-lo, constituindo uma abstra√ß√£o que se torna padr√£o de refer√™ncia e fundamento de compreens√£o do pr√≥prio sujeito emp√≠rico. O sujeito se torna, assim, simultaneamente objeto e sujeito de conhecimento; ele √© o emp√≠rico que pode ser conhecido e o transcendental que tem a capacidade de compreend√™-lo. O saber obtido acerca do homem emp√≠rico √© colocado acima dele e do mundo, o define, o transcendentaliza, e o abstrai em uma categoria transcendental e universal: o Sujeito.¬†
Dessa forma, o homem √© explicado a partir do pr√≥prio homem; n√£o do homem de carne e osso, mas sim de um Homem trans-hist√≥rico, transcendental. Este Homem trans-hist√≥rico, contudo, n√£o passa de uma abstra√ß√£o do homem emp√≠rico, que n√£o √© e nem pode ser natural e universal, pois √©, em √ļltima inst√Ęncia, um homem que foi constru√≠do historicamente, resultado das inter-rela√ß√Ķes entre as diversas formas de saber-poder de uma episteme historicamente vigente.¬†
Toma-se, assim, um homem particular, historicamente existente (o homem europeu, branco, crist√£o, burgu√™s dos s√©cs. XVII e XVIII), como padr√£o de universaliza√ß√£o a partir do qual ser√° constru√≠da uma ess√™ncia do humano, o que permite que ele seja tomado como refer√™ncia para todos os povos e culturas, de todos os momentos hist√≥ricos. E o mesmo se faz com os direitos atribu√≠dos a esse sujeito; constru√≠dos com base nas caracter√≠sticas do homem particular do Ocidente Moderno, estendem a todas as demais culturas as concep√ß√Ķes de juridicidade que lhe s√£o pr√≥prias, considerando ‚Äúhumanos‚ÄĚ um conjunto de direitos que √©, na melhor das hip√≥teses, ‚Äúeuropeu‚ÄĚ e ‚Äúmoderno‚ÄĚ.¬†
Uma forma de pensamento como essa gera graves conseq√ľ√™ncias. Na medida em que se eleva a realidade espec√≠fica de uma cultura a padr√£o universal de humanidade, cria-se uma forma de opress√£o pol√≠tica e cultural, impondo-se a povos de outras culturas o padr√£o espec√≠fico tomado como universal, e julgando-se-as por esses mesmos crit√©rios. A concep√ß√£o impede, assim, o di√°logo intercultural e d√° origem a um pernicioso etnocentrismo, que tende a considerar racionais e civilizadas as concep√ß√Ķes de juridicidade pr√≥prias dos povos ocidentalizados, e julgar como b√°rbaras e inadequadas as pr√°ticas jur√≠dicas e concep√ß√Ķes de dignidade pessoal desenvolvidas por outras culturas distantes no tempo e no espa√ßo. Promove, ent√£o, uma violenta opress√£o simb√≥lica, na medida em que n√£o reconhece o direito de outras culturas de manifestar, em sua pr√≥pria linguagem, as suas concep√ß√Ķes de juridicidade e moralidade.
Percebe-se tal etnocentrismo claramente quando se observa o conte√ļdo dos direitos humanos constru√≠dos a partir do sujeito transcendental: direitos √† liberdade (pol√≠tica), √† igualdade (formal) e √† propriedade (privada) s√£o o fundamento primeiro do direito universal, que assim reflete as concep√ß√Ķes espec√≠ficas de organiza√ß√£o social e juridicidade europ√©ias. Mesmo o processo de progressiva expans√£o dos direitos humanos reflete o etnocentrismo, tanto ao incorporar apenas aqueles novos direitos constru√≠dos pela pr√≥pria tradi√ß√£o ocidental moderna (ao trabalho, √† igualdade econ√īmica, ao meio-ambiente), quanto ao lhes atribuir um estatuto inferior e meramente propositivo em face dos ‚Äúdireitos humanos de 1¬™ gera√ß√£o‚ÄĚ ‚Äď que n√£o precisam ser adiados para o futuro, na medida em que n√£o dependem de presta√ß√Ķes positivas para a sua concretiza√ß√£o (embora a propriedade privada, a igualdade formal e a liberdade pol√≠tica apenas possam ser garantidas com as presta√ß√Ķes positivas da seguran√ßa p√ļblica e do Judici√°rio).
No entanto, n√£o √© apenas no conte√ļdo que se observa o etnocentrismo dos direitos humanos. Se assim fosse, bastaria incorporar novos direitos, de outras culturas, para que fosse resolvido o problema. Ocorre que a teoria dos direitos humanos padece de etnocentrismo tamb√©m quanto √† sua forma, na medida em que n√£o √© capaz de conceber a juridicidade fora da atribui√ß√£o da titularidade de um conjunto de direitos subjetivos a um ser humano dotado de todas as caracter√≠sticas que definem o sujeito moderno. Despreza, assim, concep√ß√Ķes de juridicidade independentes do homem e da titularidade de direitos pass√≠veis de exerc√≠cio, obstruindo a manifesta√ß√£o de no√ß√Ķes evidentemente jur√≠dicas de outras culturas que prop√Ķem diferentes princ√≠pios organizadores de suas sociedades ‚Äď como as no√ß√Ķes de harmonia, ordem natural, respeito ao dever etc.
A rejei√ß√£o de concep√ß√Ķes de juridicidade e dignidade alheias √†s que fundamentam essa perspectiva nos impede de reconhecer ao humano titular desses direitos a universalidade que costuma lhe ser atribu√≠da. Afinal de contas, quem √© esse sujeito racional e aut√īnomo, individual e abstrato a quem se atribuem direitos t√£o essenciais quanto os de propriedade, liberdade, igualdade e vida? A representa√ß√£o pict√≥rica da Declara√ß√£o de Direitos parece indicar com clareza: a monarquia que se liberta dos grilh√Ķes da tirania; a imagem angelical de um sujeito et√©reo, flutuando nos c√©us com o cetro do poder da vontade; a raz√£o universal personificada no Olho da Provid√™ncia, que tudo v√™ e permanentemente zela pelo bem dos indiv√≠duos.
A própria arte europeia nos recorda, contudo, que na realidade empírica a subjetividade humana pode se manifestar de outras formas. E quando essas formas entram em conflito fica mais difícil identificar, em meio ao sangue e à lama, quem é o Homem a ser protegido pelos direitos humanos universais: o exército de Cortés que massacra os habitantes indígenas de Teocalli, ou os bárbaros astecas nus, que exercem com suas clavas macuahuitl, contra o civilizador europeu, a mesma violência que praticam contra si mesmos nos sacrifícios humanos que realizam?
 
 
Déclaration des droit de l’homme et du citoyen, Jean-Jacques-François Le Barbier (1789)
 
Invasão de Teocalli por Cortés e suas tropas, Emanuel Leutze (1848)
 
 
Em meio a tantas d√ļvidas uma certeza nos parece inquestion√°vel: o sujeito que os iluministas tinham em mente ao constru√≠rem a no√ß√£o universal de direitos humanos n√£o inclu√≠a as representa√ß√Ķes antropozoom√≥rficas de subjetividade humana encontradas na religiosidade asteca pr√©-colonial.
 
√Č verdade que os direitos humanos tamb√©m t√™m sido utilizados como elemento da luta pol√≠tica emancipat√≥ria, inclusive por povos que n√£o compartilham das premissas culturais que deram origem √† concep√ß√£o, e mesmo contra as pr√≥prias pretens√Ķes hegem√īnicas do ocidente. Perspectivas te√≥ricas e pol√≠ticas comprometidas com o anticolonialismo continuam a sustentar a utilidade da concep√ß√£o na luta emancipat√≥ria, defendendo a sua instrumentaliza√ß√£o em circunst√Ęncias espec√≠ficas quando se mostrem √ļteis, a sua relativiza√ß√£o em perspectiva multicultural ou a sua tomada como senso comum a viabilizar um di√°logo intercultural de direitos.
Apesar da boa vontade dessas perspectivas, contudo, parece excessiva a ingenuidade de acreditar que possamos nos apoiar no principal suporte conceitual do universalismo, do colonialismo e do imperialismo sem termos nossas pr√≥prias demandas e nossa pr√≥pria subjetividade instrumentalizadas pelo universalismo, pelo colonialismo e pelo imperialismo. Afinal, formular em nome dos direitos humanos universais as demandas locais por reconhecimento, dignidade e liberta√ß√£o implica em ressignificar esse conjunto de demandas locais como demandas universais ‚Äď o que, por sua vez, implica em promover a reabsor√ß√£o do homem emp√≠rico de carne e osso no homem transcendental da identidade universal. N√£o √© poss√≠vel expressar a pluralidade em uma linguagem que somente reconhece o Um.
Dessa forma, o trabalho não deve ser dedicado a promover a tradução das demandas locais na linguagem dos direitos humanos universais, nem o objetivo deve ser a reinserção da pluralidade na unicidade do sujeito transcendental; o que devemos buscar é a superação do monólogo etnocêntrico em prol de um diálogo multicultural, que se traduza em maior abertura para o outro e maior compreensão de nossas próprias particularidades históricas.
 
Novos Sentidos
Se s√£o muitos os sentidos de subjetividade, e se s√£o muitas as concep√ß√Ķes de dignidade pessoal, de que serve a b√ļssola dos direitos humanos, nesse mundo de muitos p√≥los que se atraem e se repelem? Como poderia nos guiar a sua agulha fixa a apontar o norte, quando h√° tantos nortes quantas s√£o as culturas participantes do debate? Ainda que se reconhe√ßa que a teoria dos direitos humanos √© apenas a linguagem espec√≠fica do Ocidente moderno, com a qual somos obrigados a dialogar na qualidade de ‚Äúocidentais‚ÄĚ (embora ‚Äúperif√©ricos‚ÄĚ), n√£o h√° qualquer justificativa para a sua manuten√ß√£o como l√≠ngua franca do di√°logo geral; a bem da verdade, nem mesmo no interior da pr√≥pria cultura ocidental, que h√° pelo menos cinq√ľenta anos tem enfrentado a crise do sujeito aut√īnomo e racional na busca de novos fundamentos para a a√ß√£o pol√≠tica e a luta por justi√ßa.
√Č claro que se compreende plenamente a apresenta√ß√£o das reivindica√ß√Ķes de culturas oprimidas em termos de direitos humanos; como j√° sabia o Montezuma de Calvino, ‚Äú√© preciso mover-se no mesmo espa√ßo que o inimigo para lutar contra ele‚ÄĚ, e a v√≠tima acuada vai sempre se utilizar da arma mais pr√≥xima para se defender, como puder, da agress√£o. No entanto, √© dever do te√≥rico comprometido com a emancipa√ß√£o a constru√ß√£o de uma abertura para o novo, com a cria√ß√£o de novos espa√ßos para a produ√ß√£o de novos instrumentos que possam ser utilizados pelas v√≠timas para a sua autoprote√ß√£o. E, de prefer√™ncia, que n√£o sejam os instrumentos simb√≥licos do pr√≥prio agressor, mas armas produzidas pelos pr√≥prios interessados, a partir de sua linguagem, de sua vis√£o de mundo e de sua pr√≥pria concep√ß√£o de resist√™ncia pol√≠tica e dignidade pessoal.¬†
A luta não é mais travada com armas, pela força; no mundo pós-colonial a verdadeira batalha ocorre no nível da cognição, pelo poder de pensar a si mesmo e ao outro, constituindo os seus próprios significados com liberdade. A guerra é simbólica, pois quem pensa o outro domina a sua essência, o enquadra em um padrão e determina a sua posição no quadro de sentido vigente. Também tinha consciência disso o Montezuma de Calvino:
MONTEZUMA ‚Äď V√™s como te contradizes, homem branco? Mat√°-los… Eu queria fazer algo ainda mais importante, faz√™-los entrar na ordem dos meus pensamentos, assegurar-me da verdadeira ess√™ncia deles, deuses ou dem√īnios malignos, pouco importa, ou seres como n√≥s, sujeitos a vontades divinas ou demon√≠acas, em suma, fazer deles ‚Äď de seres inconceb√≠veis que eram ‚Äď algo em que o pensamento pudesse se deter e pudesse influenciar, ent√£o, s√≥ ent√£o, poderia t√™-los feito meus aliados ou meus inimigos, reconhecido-os como perseguidores ou como v√≠timas.¬†
EU ‚Äď Para Cort√©s, ao contr√°rio, estava tudo claro. Esses problemas, ele n√£o se colocava. Sabia o que queria, o espanhol.¬†
MONTEZUMA ‚Äď Para ele e para mim era igual. A verdadeira vit√≥ria que ele se esfor√ßava em conseguir contra mim era esta: pensar-me.
EU ‚Äď E conseguiu?
‚¶Ā MONTEZUMA ‚Äď N√£o. Pode parecer que tenha feito de mim o que quis: enganou-me muitas vezes, pilhou meus tesouros, usou minha autoridade como escudo, enviou-me para morrer apedrejado por meus s√ļditos: mas n√£o conseguiu ter a mim. O que eu era ficou fora do alcance de seus pensamentos, inating√≠vel. Sua raz√£o n√£o conseguiu envolver minha raz√£o em sua rede. √Č por isso que voltas a me encontrar entre as ru√≠nas do meu imp√©rio ‚Äď dos vossos imp√©rios. √Č por isso que vens interrogar-me. Depois de mais de quatro s√©culos de minha derrota, n√£o tendes mais certeza de haver-me vencido. As verdadeiras guerras e as verdadeiras pazes n√£o ocorrem na terra, mas entre os deuses.¬†
 
Mas se h√° uma guerra simb√≥lica, √© necess√°rio avaliar quem est√° conseguindo pensar a quem. Quem estabeleceu os termos do pensamento; quem estabeleceu as condi√ß√Ķes em que o di√°logo se faz poss√≠vel. Nos √ļltimos s√©culos a guerra simb√≥lica tem sido vencida por um grupo claramente identific√°vel de deuses, e √© esse grupo que tem estabelecido o quadro de sentido no interior do qual o outro pode ser pensado ‚Äď os deuses da raz√£o, da autonomia da vontade, da subjetividade transcendental, abstrata, universal, individual. Nosso dever, como outros perif√©ricos em rela√ß√£o √† totalidade hegem√īnica estabelecida, √© resistir, n√£o nos deixarmos pensar, e construirmos novos quadros de sentido a partir dos quais sejamos capazes de pensar a nossa pr√≥pria ess√™ncia ‚Äď inventando um novo espa√ßo a ocupar e nos incluindo no quadro multipolar de culturas em nossos pr√≥prios termos.
Somente conseguiremos permitir a emerg√™ncia de novas concep√ß√Ķes de dignidade pessoal se abrirmos espa√ßo para que elas se manifestem, abrindo m√£o das concep√ß√Ķes que atualmente monopolizam o debate te√≥rico e pol√≠tico. Para isso √© necess√°rio dar um passo em dire√ß√£o ao novo, superando o sentido estreito da teoria dos direitos humanos em prol de uma concep√ß√£o mais ampla de eticidade intercultural dial√≥gica. Se √© verdade que o fundamento dos direitos humanos √© uma ‚Äú√©tica da insatisfa√ß√£o‚ÄĚ, n√£o h√° raz√£o para nos satisfazermos com o seu pr√≥prio universalismo moral; √© urgente a explos√£o dos muros da subjetividade transcendental, √ļnico modo de abrirmos o campo da autonomia moral √† invas√£o de novas concep√ß√Ķes de eticidade e dignidade pessoal. E isso significa tamb√©m desistir da teoria dos direitos humanos tal como elaborada pelo racionalismo moderno.
√Č um passo dif√≠cil, esse a ser dado na dire√ß√£o do impens√°vel. √Č como se larg√°ssemos a √ļltima t√°bua de salva√ß√£o que nos mant√©m flutuando no mar de barb√°rie que nos circunda. Mas flutuar, s√≥, n√£o basta; a t√°bua nos impede de nadar. √Č preciso ter coragem de enfrentar a moment√Ęnea perda de sentido de nosso mundo, para que consigamos prosseguir em busca de outros novos; √© preciso matar o Homem para que possamos ser homens.
Talvez a sobreviv√™ncia extempor√Ęnea da teoria dos direitos humanos reflita apenas a dificuldade do Ocidente de conviver com os seus pr√≥prios crimes, uma vez que tenham perdido o seu significado. N√£o √© a barb√°rie futura o que tememos; ela j√° est√° entre n√≥s, escondida nos interst√≠cios do vazio sujeito transcendental. O que tememos √© a perda de sentido da barb√°rie presente. Como acusa, novamente, o Montezuma de Calvino:
EU ‚Äď Era tarde! V√≥s, astecas, √© que dever√≠eis ter desembarcado perto de Sevilha, invadido a Estremadura! A hist√≥ria tem um sentido que n√£o se pode mudar!¬†
MONTEZUMA ‚Äď Um sentido que tu, homem branco, queres lhe impor! Do contr√°rio o mundo desaba sob teus p√©s. Eu tamb√©m tinha um mundo que me sustentava, um mundo que n√£o era o teu. Eu tamb√©m queria que o sentido de tudo n√£o se perdesse.¬†¬†
EU ‚Äď Sei por que eras t√£o apegado a isso. Porque, se o sentido do teu mundo se perdesse, ent√£o as montanhas de cr√Ęnios empilhados nos ossu√°rios dos templos tamb√©m n√£o teriam mais sentido, e a pedra dos altares se tornaria uma bancada de a√ßougueiro conspurcada de sangue humano inocente!¬†
MONTEZUMA ‚Äď √© assim que hoje tu, homem branco, enxergas as tuas carnificinas.
 
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Apuntes para una historia de los derechos humanos en Chile: el Partido Comunista de Chile y el movimiento de Derechos Humanos entre dictadura y democracia

El siguiente trabajo busca revisar la relevancia del paradigma de los derechos humanos, en las transformaciones experimentadas por la izquierda durante la dictadura militar y el proceso de transición a la democracia y la postdictadura en Chile; tomando, para esto, el caso del Partido Comunista, en su relación con las organizaciones del movimiento de derechos humanos que se articula en dicho periodo, desde su propia experiencia y práctica política. Pero, nos interesa revisar lo anterior, partiendo de la consideración de que las transformaciones experimentadas por la izquierda en Chile han sido investigadas desde sus contenidos ideológicos y políticos, pero no desde el paradigma de los DDHH, directamente.
Al revisar esta relaci√≥n, constatamos, en primer lugar que el movimiento de DDHH en Chile, as√≠ como la relevancia del paradigma e ideas propuestas desde las organizaciones que se vincularon a √©l, no ha sido una tem√°tica suficientemente desarrollada por las investigaciones que se han centrado en la historia reciente de nuestro pa√≠s; siendo muy escasos los trabajos respecto a esta materia en Chile. En contraposici√≥n a ello, los temas de estudio que emergen despu√©s del golpe de Estado de 1973, s√≠ han concitado la atenci√≥n de los investigadores. Como se√Īala Valdivia, existe un desbalance en la producci√≥n historiogr√°fica, donde aparecen temas sumamente cubiertos, mientras otros corresponden a ‚Äúsilencios‚ÄĚ de la disciplina; uno de ellos son los estudios en torno a las organizaciones de DDHH y los actores que tuvieron un papel relevante en la resistencia y la lucha por la defensa de los derechos humanos.
La segunda constatación que podemos mencionar, y en contraste con la realidad chilena, es que los estudios relacionados con la temática de los DDHH, junto con los movimientos que surgen a su alero, tanto en Chile como en América Latina, sí han concitado la atención de investigadores extranjeros, quienes los han analizado como un elemento clave para entender los procesos políticos y sociales que emergen a partir del desarrollo de las dictaduras en América Latina, en el contexto de la Guerra Fría; así como la relevancia de esta narrativa en las transformaciones de la izquierda, en términos de su discurso y práctica política.
Partiendo del estado de este debate, nuestra propuesta aborda elementos de la práctica política del PCCh dentro del paradigma de los DDHH, donde destaca su experiencia como víctima directa de la represión y la violencia dictatorial; y su vinculación con las organizaciones del movimiento de derechos humanos en Chile; la cual se proyectó luego en el nuevo contexto democrático.
De esta forma, en diálogo con las miradas que han observado los cambios operados en la izquierda chilena, durante la dictadura y la postdictadura, desde el debate y la reflexión ideológica acerca de ciertas categorías, revisaremos una dimensión no considerada en este análisis; es decir, el paradigma de los DDHH; pero además, desde una dimensión que considera la práctica y la experiencia como elementos generadores de cambios en lo ideológico y lo político. Nos acercamos a un enfoque que busca realizar una historia social de la política. Es decir, cómo las organizaciones sociales influyen en las organizaciones políticas y viceversa.
Desde nuestra consideración, el paradigma de los Derechos Humanos en Chile fue un factor político fundamental en la derrota de la dictadura; y también en los procesos de cambio y transformación de la izquierda durante la postdictadura. El PCCh fue resignificando su relación con dicho paradigma, generando nuevas interpretaciones del tema; a partir del impacto de la represión que experimentó durante la dictadura; y luego, mediante su participación al interior de las organizaciones vinculadas a la defensa de los derechos fundamentales durante democracia.
Así, la práctica política y la experiencia del PCCh en torno a los DDHH, generó cambios en su visión de mundo, lo cual repercutió en las formas en que este partido se adaptó al nuevo contexto democrático; y que lo conduce a la proyección, en su lectura política de la realidad, de una continuidad de la dictadura luego de 1990, al identificar la persistencia de deudas en torno a la resolución de los casos de violaciones a los derechos humanos.
De esta manera, el paradigma de los DDHH influy√≥ en la historia reciente de Chile; en el sentido de que gener√≥ cambios en la concepci√≥n sobre m√ļltiples temas; incorpor√°ndose como un nuevo componente en la historia pol√≠tica nacional y marcando la historia de la transici√≥n, al constituirse como un elemento de continuidad entre dictadura y democracia.
El Partido Comunista y el movimiento de DDHH durante dictadura
El movimiento de Derechos Humanos en Chile, fue una de las primeras formas de resistencia a la dictadura que se expresa luego del golpe de Estado de 1973; y fueron también las demandas que agruparon a las organizaciones de este movimiento, las que constituyeron las banderas de lucha más emblemática contra el régimen de Pinochet.
Las organizaciones que lo compusieron lograron articularse poco tiempo despu√©s del golpe de Estado, como una respuesta a la pol√≠tica represiva y violenta de la dictadura; fund√°ndose al alero de tres instituciones vitales de la sociedad chilena en ese minuto: la Iglesia, la familia y los partidos pol√≠ticos. Arrimadas a la actividad de estos organismos, se comenzaron a constituir grupos de personas organizados por la situaci√≥n de sus familiares detenidos o desaparecidos. De ah√≠ surgen una serie de organizaciones que van a desarrollar una lucha por los Derechos Humanos durante los a√Īos que dur√≥ la dictadura. Dentro de las m√°s emblem√°ticas destacan la Agrupaci√≥n de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), la Agrupaci√≥n de Familiares de Ejecutados Pol√≠ticos (AFEP) y la Agrupaci√≥n de Familiares de Presos Pol√≠ticos (AFPP).
Como indicamos anteriormente, al ser el PCCh una de las organizaciones políticas golpeadas por la dictadura su vinculación con las organizaciones de DDHH fue un proceso natural que se dio a través de la participación de sus militantes al interior de estas. Fue normal que las familias de militantes, al saber que sus seres queridos eran detenidos, buscaran ayuda en el partido y en sus redes de apoyo; por lo que, al interior de las organizaciones de DDHH, se encontraron participando militantes o familiares directos de militantes de este partido.
Pero más allá de la relación inicial entre ambos actores, durante la dictadura podemos ubicar ciertas situaciones traumáticas y coyunturas de represión que son relevantes en tanto permiten acelerar la conformación de estas organizaciones y definir la postura del PCCh en torno a las violaciones de los DDHH y las exigencias de verdad y justicia en estos casos.
La primera ocurre en julio de 1975, cuando en diversos diarios y revistas extranjeros, fue publicada la noticia de la muerte de 119 militantes de movimientos de izquierda en supuestos enfrentamientos internos. Esta maniobra de manipulación de la información fue dirigida por el régimen militar, en la denominada Operación Colombo; en un momento en que los familiares de dichas personas desconocían su paradero ya que habían sido detenidos por los órganos represivos del Estado. Sin embargo, para las organizaciones de DDHH y el PCCh, estas publicaciones fueron la primera evidencia de que el régimen estaba asesinando a los detenidos y detenidas por razones políticas.
Un segundo acontecimiento relevante ocurre en el mes de septiembre de 1976, cuando el mar, en el sector de Los Molles devolvi√≥, con evidentes se√Īales de tortura, el cuerpo de Marta Ugarte, miembro de la direcci√≥n clandestina del partido comunista que hab√≠a sido detenida por el r√©gimen en agosto de ese mismo a√Īo. La aparici√≥n su cuerpo desminti√≥ la versi√≥n que los medios oficialistas divulgaban a la opini√≥n p√ļblica internacional, y que negaba la existencia de detenidos desaparecidos. Sus hermanas Berta e Hilda, junto a otros familiares de ejecutados pol√≠ticos, a partir de este momento, comienzan a constituir los primeros lazos de la que despu√©s ser√≠a la Agrupaci√≥n de Familiares de Ejecutados Pol√≠ticos AFEP.
En agosto de 1978, en los hornos de una mina de cal abandonada en la comuna rural de Lonqu√©n, fueron encontraron los restos √≥seos humanos de 15 campesinos, de entre 17 y 51 a√Īos, que hab√≠an sido detenidos en 1973 por las fuerzas policiales de la localidad. Este fue el primer hallazgo de varios detenidos desaparecidos asesinados en recintos clandestinos.

Romería a los hornos de Lonquén, 25 de feberero de 1975.

Estos acontecimientos adem√°s lograron romper el cerco comunicacional instalado por el r√©gimen, ya que fueron ampliamente conocidos por la poblaci√≥n del pa√≠s. A partir de este momento, es decir, a fines de la d√©cada de los 70, las organizaciones de DDHH comienzan a tener una participaci√≥n m√°s p√ļblica en su lucha por la verdad y la justicia, a trav√©s de distintas formas de visibilizar sus demandas. Entre ellas se cuentan las primeras manifestaciones p√ļblicas desde el golpe de Estado, como las huelgas de hambre, encadenamientos a edificios p√ļblicos y tambi√©n, la participaci√≥n en instancias internacionales; donde denunciaron las violaciones de los DDHH que ten√≠an lugar.
Manifestación de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos en las rejas del Palacio de Justicia, Chile. 18 de abril de 1979.
De igual forma, la postura del PCCh respecto a los casos de violaciones a los Derechos Humanos se cristalizó, desde un inicio, en una posición que no admitía concesiones en relación con este tema en ninguna circunstancia. Así, el trabajo del PCCh durante la dictadura, coordinó acciones enfocadas a la defensa de los derechos humanos en el interior del país, a través de la participación directa de sus militantes en la organización de las primeras agrupaciones de familiares y, complementariamente, en el exterior, por medio de sus militantes en el exilio; quienes enfocaron parte de su trabajo político habitual hacia la visibilización de las violaciones de los DDHH en Chile a través de distintas actividades; que convocaban a la comunidad internacional al rechazo y al aislamiento de la dictadura de Pinochet.
Si bien las manifestaciones que denunciaron las violaciones de los derechos humanos fueron unas de las primeras y pocas expresiones en contra de la dictadura que se producen durante la década de los 70, esto cambió a partir de 1983; con el inicio de movilizaciones masivas y los llamados a jornadas de protesta nacional contra la dictadura que marcaron esa década; y que se extendieron, casi ininterrumpidamente, hasta 1986; retomando después esta práctica hasta el término de la dictadura.
Fueron estas movilizaciones, promovidas por un sector de la oposici√≥n a la dictadura en el que se ubicaron los comunistas, las que terminaron por acelerar el proceso de transici√≥n a la democracia; ya que los episodios de movilizaciones y violencia en la protesta amenazaron, en alg√ļn momento, con poner en una situaci√≥n compleja a la dictadura; quien prefiri√≥ negociar con los sectores de la oposici√≥n m√°s moderada, el proceso de traspaso del poder.
Es en este contexto que el PCCh articuló su Política de Rebelión Popular de Masas; la que buscaba, a través de diversas formas de lucha, incluyendo el uso de la violencia directa contra el régimen, hacer caer la dictadura. En este cuadro, donde la movilización de masas adquirió relevancia, la lucha de las organizaciones de DDHH y la denuncia de estos temas, también fue importante para el PCCh en su elaboración política.

Manifestación de agrupaciones de familiares en el contexto del llamado a la sexta jornada de protesta nacional, 27 de octubre de 1983.
Es posible rastrear lo anterior en los documentos de debate de la organización. El documento de convocatoria a la Conferencia Nacional de 1984, indicaba que en un eventual escenario de retorno a la democracia, era ineludible la investigación y el juicio de los crímenes cometidos contra los DDHH en Chile; con el objetivo de que esto no volviera a repetirse; marcando, de esta forma, la posición inflexible del PCCh respecto a estos asuntos.
De igual forma, en el documento de convocatoria al pleno de su comit√© central en enero de 1985 se llama a ‚Äúmultiplicar la actividad por la defensa de los derechos humanos, acrecentar a√ļn m√°s la lucha solidaria del exterior, elevar la participaci√≥n de los familiares de los detenidos, relegados, asesinados y desaparecidos por el r√©gimen. Tenemos que ser capaces de transformar esta actividad en un factor que pese en la conciencia de los militares y lleve a un nivel a√ļn mayor el aislamiento del r√©gimen‚ÄĚ.
Como indicamos, la propia experiencia de los comunistas en la lucha por la defensa de los derechos humanos durante la dictadura, fue significativa tambi√©n en su dise√Īo para terminar con el r√©gimen; acompa√Īando este tema su pr√°ctica pol√≠tica a lo largo de la dictadura; lo cual termin√≥ por situar este tema como uno de los elementos m√°s significativos para la organizaci√≥n en la proyecci√≥n de una democracia plena.
El Partido Comunista y las organizaciones de Derechos Humanos en democracia
Para adentrarnos en esta cuestión, es importante contextualizar cómo se desarrolló el proceso de transición a la democracia en Chile y cómo el PC se situó en él. Tal vez lo más significativo para este estudio es que este proceso presentó varios nudos y cuestionamientos derivados del modo particular en que se produjo; es decir, a través de una negociación entre la oposición moderada al régimen y los propios integrantes de este.
De esta forma, para el PCCh fue posible sostener que varios de los elementos centrales instalados por el r√©gimen militar se mantendr√≠an en acuerdo con el nuevo gobierno electo; lo que estaba lejos de las aspiraciones que los comunistas hab√≠an esbozado para un nuevo contexto democr√°tico. Recordemos que el PCCh fue impulsor de una pol√≠tica insurreccional para terminar con el r√©gimen de Pinochet, por tanto, en este cuadro, qued√≥ totalmente excluido del proceso de negociaci√≥n de la transici√≥n y luego relegado a la marginalidad institucional; al quedar tambi√©n excluido del sistema de representaci√≥n pol√≠tica luego de desarrollarse nuevamente elecciones del parlamento en el a√Īo 1989, con un nuevo sistema electoral binominal.
Todo lo anterior influy√≥ en que los comunistas chilenos recibieran el nuevo contexto democr√°tico atravesando, a la vez, una de las crisis internas m√°s grandes de su historia como organizaci√≥n; la cual coincidi√≥, adem√°s, con los cuestionamientos internacionales a la viabilidad de los proyectos socialistas, luego de la ca√≠da de la URSS y que afectaron a la mayor√≠a de los partidos comunistas y de izquierda en el mundo. Esto fue relevante porque puso en cuestionamiento la posibilidad de dar continuidad y viabilidad a una organizaci√≥n y un proyecto como el de los comunistas en Chile, marcando el contexto en el cual estos se movieron en el escenario pol√≠tico nacional, al menos durante los primeros a√Īos de la postdictadura.
En este escenario, el PC chileno, durante la década de 1990, se esforzó por sobrevivir como colectividad, intentando adaptarse a la nueva realidad democrática del Chile postdictadura. Esto lo hizo, principalmente, a través de la persistencia de su participación en los movimientos sociales; ya que sería la forma en que le fue posible subsistir e influir en la política nacional, ante la exclusión institucional a la cual se vio enfrentado.
Por otra parte, y en relaci√≥n con las organizaciones del movimiento de DDHH, el momento de retorno a la democracia ampli√≥ sus expectativas respecto a la b√ļsqueda de una soluci√≥n al problema que las hab√≠a movilizado durante a√Īos. Principalmente porque el programa inicial del gobierno de Patricio Aylwin (1990-1994) reconoc√≠a lo relevante de este tema junto con la necesidad de encontrar la verdad y la justicia para las v√≠ctimas de la dictadura.
En el programa Aylwin se se√Īalaba que el gobierno se empe√Īar√≠a en el establecimiento de la verdad en los casos de violaciones de derechos humanos que se hubiesen cometido a partir del 11 de septiembre de 1973; se procurar√≠a el enjuiciamiento, de acuerdo con la ley penal vigente, de las violaciones de los derechos humanos y se derogar√≠an las normas procesales, dictadas bajo el r√©gimen militar y que pon√≠an obst√°culos a la investigaci√≥n judicial en estos aspectos. Esto dio lugar a la suposici√≥n de que el gobierno promover√≠a la derogaci√≥n o nulidad del Decreto Ley de Amnist√≠a y buscar√≠a formas de reparaci√≥n a las v√≠ctimas de la dictadura.
Sin embargo, esto no sucedi√≥. El gobierno debi√≥ mediar entre posturas muy excluyentes. Por un lado, las de las organizaciones de DDHH, y por otro, las provenientes de un sector que agrupaba a los partidos de la derecha y las Fuerzas Armadas. Sector, este √ļltimo, con gran poder en el pa√≠s y cuyos integrantes esperaban que el nuevo gobierno promoviera una pol√≠tica de ‚Äúborr√≥n y cuenta nueva‚ÄĚ con estos temas.
Por esto, y a pesar de estar presente en su propuesta de gobierno, al interior del ejecutivo no existió un consenso respecto del alcance de las políticas de reparación en esta materia; lo que finalmente significó el incumpliendo de su programa y, particularmente, la no derogación del decreto de Ley de Amnistía de 1978; que impedía juzgar los crímenes cometidos durante la dictadura, ya que se consideró que esta medida no era viable políticamente en ese minuto y generaba importantes tensiones con las FFAA y la derecha. El gobierno estimó que no se encontraba en disposición de asumir tales conflictos ante la inminente amenaza de una regresión autoritaria, un fantasma recurrente durante el gobierno de Patricio Aylwin y que se hizo presente en varios conflictos que se dieron en ese momento entre el ejecutivo y las Fuerzas Armadas.
De esta forma, la persistencia de estos enclaves autoritarios luego de la inauguración del régimen democrático en Chile, justificó la importancia del movimiento de Derechos Humanos. Sin embargo, este se vio severamente limitado en su acción por las restricciones de los otros enclaves y especialmente por el riesgo de la regresión autoritaria.
Los conflictos que involucraron al PCCh, en su relaci√≥n con el movimiento de DDHH, en este nuevo escenario democr√°tico son varios. Sin embargo, para los efectos de este trabajo, hemos querido destacar tres; los cuales creemos que son significativos para entender la forma en que se desarroll√≥ este proceso; debido a que tambi√©n fueron coyunturas que desencadenaron puntos de conflicto entre los gobiernos democr√°ticos que se desarrollan en los primeros a√Īos de la postdictadura (1990-1998) y el movimiento de DDHH en Chile; las que fueron moldeando la actitud, la pol√≠tica y las formas de actuar del PCCh en este muevo contexto.
La primera de ellas corresponde a la creaci√≥n de la Comisi√≥n Nacional de Verdad y Reconciliaci√≥n en 1990 por parte del presidente Aylwin; esta constituye una de las primeras medidas de los gobiernos democr√°ticos en la l√≠nea del esclarecimiento de las violaciones de los DDHH ocurridas en dictaduras. Dicha Comisi√≥n busc√≥ esclarecer el alcance de estos casos y hacerlos p√ļblicos para que la sociedad chilena pudiera conocer una parte de su historia.
AFDD frente a La Moneda, esperando a la entrega del Informe Rettig. 8 de febrero de 1991.
El trabajo de la Comisi√≥n dio como resultado el denominado Informe Rettig. En dicho informe, que se mantuvo en el marco de los poderes investigativos y no judiciales, se reconoci√≥, por parte del Estado, la existencia de violaciones a los DDHH en los 17 a√Īos de dictadura pinochetista; lo cual fue valorado por parte de las organizaciones de DDHH y el mismo PCCh. Pero, si bien podr√≠amos considerar estos esfuerzos como un paso importante, el resultado y el proceso mismo dej√≥ muchos temas pendientes y no resueltos que fueron r√°pidamente se√Īalados por las organizaciones de Derechos Humanos.
Tal vez, una de las m√°s complejas tuvo que ver con que los resultados s√≥lo hicieron referencia a las v√≠ctimas asesinadas, no considerando las detenciones, torturas, campos de concentraci√≥n, a los exiliados ni exonerados pol√≠ticos. Adem√°s, se critic√≥ por parte de las organizaciones de DDHH que el trabajo de la Comisi√≥n Rettig parti√≥ de la base de la existencia de la Ley de Amnist√≠a, por lo que en ning√ļn momento se busc√≥ hacer justicia para los casos que el informe describ√≠a. En este sentido, el llamado de las organizaciones al gobierno apunt√≥ a que se indicara el paradero de los detenidos desaparecidos y qui√©nes hab√≠an sido los responsables de los cr√≠menes que el Informe revelaba, para luego derogar la Ley de Amnist√≠a y hacer justicia sobre los casos denunciados.
En el caso del Partido Comunista, sus reparos coincidieron con los de las organizaciones de DDHH. Pero adem√°s, el PC critic√≥ que el informe dejara entrever juicios e interpretaciones pol√≠ticas e hist√≥ricas que tend√≠an a ‚Äúrelativizar las responsabilidades de la derecha y a legitimar a los hechos el golpe de Estado junto con sus tremendas consecuencias‚ÄĚ. Esto, debido a que en el Informe se se√Īalaban los hechos del 11 de septiembre como consecuencia del proceso de confrontaci√≥n violenta que hab√≠a caracterizado al gobierno de la Unidad Popular y, adem√°s, se homologaba el uso de la violencia como herramienta de autodefensa, apoyada por el PC contra la dictadura, a la violencia ejercida por la represi√≥n dictatorial. De ah√≠ las profundas diferencias que exist√≠an, seg√ļn el PC, en la interpretaci√≥n de los hechos hist√≥ricos que el informe indicaba.
Partiendo de esta coyuntura, el PC concluyó que el país se encontraba en un momento político marcado por los asuntos relacionados con los DDHH; lo cual se puede observar en los documentos y declaraciones de esta organización en dicho periodo. Por ello, buscó proyectar un movimiento de masas que diera sustento a sus reclamos en torno a dichos temas; ya que entendían que la temática relacionada con los derechos humanos les permitía articular demandas estratégicas, para resolver la contradicción principal del periodo que los comunistas definían como democracia versus continuismo de la dictadura. De ahí su interpretación del Informe Rettig como un hecho político que abría paso a un nuevo momento en el proceso de transición y que debía seguir articulando movilizaciones por la verdad y la justicia; ya que todo avance en este sentido, implicaba un paso adelante en el desplazamiento y desmantelamiento del poder paralelo que mantenían los ex integrantes de la dictadura, en el enjuiciamiento político del continuismo; para reducir así la influencia de la derecha y acelerar la democratización de las instituciones del Estado.
Un segundo momento tiene que ver con la intensión, por parte de los gobiernos democráticos, de aprobar Las Leyes de Punto Final; lo cual acrecentó las diferencias entre los comunistas y los gobiernos de la época. Esto ocurre durante el segundo gobierno de la Concertación, en el mandato del presidente Frei, quien tuvo una actitud distinta respecto de los temas de DDHH; debido a que, en reiteradas oportunidades, buscó superar los temas no resueltos en esta materia; asumiendo que los esfuerzos se habían desarrollado durante el gobierno anterior. En este contexto, promovió propuestas de modificaciones legales en acuerdo con algunos sectores de la derecha y de las FFAA, para abordar, entre otros asuntos, el cierre de los casos pendientes en términos de violaciones de los DDHH; lo cual abrió nuevamente un conflicto entre el gobierno y las organizaciones de DDHH.
La primera iniciativa en esta l√≠nea se produce cuando el gobierno, en agosto de 1995, env√≠a un paquete de tres proyectos de ley al senado; que buscaban resolver, de forma jur√≠dica, reivindicaciones de las Fuerzas Armadas, a cambio de algunos avances en aspectos democr√°ticos. El primero de ellos establec√≠a una propuesta de punto final a los juicios, por lo cual fue duramente criticado. El segundo entregaba facultades a los presidentes de la rep√ļblica para destituir a los comandantes en jefe de las fuerzas armadas. El tercero modificaba la composici√≥n del Consejo de Seguridad Nacional y el Tribunal Constitucional, adem√°s de poner fin a los senadores designados. La llamada ‚ÄúLey Frei‚ÄĚ fue rechazada, para luego, meses despu√©s, ser propuesta nuevamente con algunas modificaciones, las que finalmente tambi√©n fueron rechazadas en el parlamento
Destacamos, en este contexto, el rol que jugaron las organizaciones del movimiento de DDHH, las cuales levantaron distintas iniciativas en contra de estas medidas. Por otra parte, el desarrollo de estos acontecimientos permitió que los planteamientos del PCCh sobre estos puntos tuvieran visibilidad y repercusión a nivel nacional; al marcarse, comunicacionalmente, como uno de los actores contrarios a lo que proponía el gobierno en el marco de este conflicto.
En el a√Īo 1994, adem√°s, se lleva a cabo el XX Congreso el PC; en el cual, uno de los temas a debate de mayor relevancia fue el de los DDHH, que deriv√≥ en una posici√≥n intransable al respecto. Dentro de las resoluciones aprobadas se reafirm√≥, adem√°s, la insuficiencia del Informe Retting, en tanto constituy√≥ ‚Äúuna verdad parcial‚ÄĚ; adem√°s de la cr√≠tica al concepto de ‚Äújusticia en la medida de los posible‚ÄĚ y un rechazo a los intentos por imponer una Ley de ‚ÄúPunto Final‚ÄĚ por parte de los gobiernos de la Concertaci√≥n. Finalmente, se plantea la necesidad de constituir un movimiento por los derechos humanos de forma permanente. En coherencia con lo anterior, la destacada dirigente de la AFDD, Sola Sierra, es reelegida como miembro de su comit√© central, lo cual habla de una alta valoraci√≥n de su rol como dirigente y la importancia que se le imprime a su presencia como militante al interior de esa organizaci√≥n.

Adhesi√≥n de la brigada de propaganda del PCCh, en el marco de la campa√Īa contra las leyes de punto final. Enero 1995.
La tercera coyuntura que nos ocupa es la que acompa√Īa la detenci√≥n de Pinochet en Londres, en 1998; que resulta relevante para analizar la vinculaci√≥n del PCCh con el movimiento de DDHH en Chile, durante la postdictadura. Cabe se√Īalar que, durante ese mismo a√Īo, la figura de Pinochet levant√≥ varios episodios de conflicto. En el mes de enero, el PC interpuso la primera querella en su contra, por los delitos de genocidio, homicidios m√ļltiples calificados, inhumaci√≥n ilegal, secuestro y asociaci√≥n il√≠cita; lo cual sent√≥ un precedente relevante para los intentos posteriores de enjuiciarlo. Por otra parte, durante el mes de marzo, Pinochet deja su cargo como comandante en jefe del Ej√©rcito para asumir el de senador vitalicio. Este hecho gener√≥ acciones de protesta y rechazo de varios sectores de la sociedad; as√≠ como el despliegue de iniciativas para impedir su nombramiento institucional como senador.

Gladys Marín, secretaria general del PCCh junto a Eduardo Contreras presentan la primera querella contra Pinochet.
Meses despu√©s, el 16 de octubre de ese mismo a√Īo, se produce su detenci√≥n en Londres, a partir de la solicitud de extradici√≥n del Juez espa√Īol Baltazar Garz√≥n, quien buscaba interrogarlo por acusaciones de violaciones a los derechos humanos.
La reacci√≥n del gobierno chileno, a partir de la detenci√≥n de Pinochet, fue rechazar la extradici√≥n del exdictador a Espa√Īa, apoyando su defensa jur√≠dica. Esto se justifica a partir de un cuestionamiento a la legalidad de la detenci√≥n; se se√Īal√≥ que el exgeneral contaba con inmunidad diplom√°tica por su calidad de senador vitalicio, de acuerdo con la Constituci√≥n chilena vigente. Tambi√©n se cuestion√≥ la territorialidad de la jurisdicci√≥n penal, por lo cual se se√Īal√≥ que no correspond√≠a juzgarlo en tribunales extranjeros.
Esta coyuntura evidenció las limitaciones y dificultades de la transición chilena con relación a las violaciones de los derechos humanos en un contexto internacional, en el cual los hechos por los cuales se condenaba a Pinochet eran considerados, desde todo punto de vista, crímenes de lesa humanidad.
Por otra parte, la detención de Pinochet reavivó, nuevamente, el conflicto por los casos pendientes de violaciones de los derechos humanos en dictadura y el resurgimiento de un sentimiento antipinochetista; que el PCCh aprovechó para reimpulsar sus críticas contra la institucionalidad chilena, la cual, aseguraban, era el resultado de un modelo heredado de la dictadura.
Es importante dar cuenta de las manifestaciones que cruzan el desarrollo de esta coyuntura, impulsadas por las organizaciones de derechos humanos. De esta forma, fue posible visibilizar la demanda contra de la impunidad; la cual, a partir de la apertura de este conflicto, daba cuenta de que lograba agrupar a un sector importante de la sociedad que se opuso y fue contrario a la dictadura. Por otra parte, permiti√≥ identificar a un sector antag√≥nico que apoy√≥ abiertamente al r√©gimen de Pinochet y que ahora tambi√©n se movilizaba por la defensa del exdictador. As√≠, se hizo evidente una vez m√°s, el enfrentamiento entre sectores de la sociedad que ten√≠an visiones contrapuestas respecto a un periodo reciente y no superado hasta ese momento por la transici√≥n a la democracia en Chile; por lo que, para el PCCh, esta fue la reafirmaci√≥n de que se manten√≠a vigente la tensi√≥n entre dictadura versus democracia en el debate p√ļblico y pol√≠tico.
La actitud del gobierno para traer de vuelta a Pinochet, marc√≥ a√ļn m√°s la distancia con el Partido Comunista, los que con esto terminaron de homologar a la Concertaci√≥n con la derecha, que ante este hecho, logra identificar por completo a la Concertaci√≥n con la derecha, se√Īalando su complicidad con la dictadura. Esta actitud tambi√©n marc√≥ un quiebre en el propio oficialismo y en quienes hab√≠an apoyado al gobierno; lo cual permiti√≥ que los comunistas acercaran sus posiciones a un sector de la poblaci√≥n que antes hab√≠a apoyado a la Concertaci√≥n, pero que ahora se sent√≠a decepcionado al evidenciarse la postura de esta ante la detenci√≥n de Pinochet.
Esta coyuntura, además, se cruzó con el desarrollo del XXI Congreso Del PCCh. Dentro de sus resoluciones, se reiteró la importancia de las tareas del movimiento por la defensa de los derechos humanos; también se pretendió una perspectiva más amplia e integral de los DDHH, que incluyera las demandas y la lucha del pueblo mapuche y tuviera una dimensión latinoamericana, opuesta a la impunidad ante cualquier acto de represión de que fueran objeto otros movimientos sociales en el continente. Lo anterior es significativo, ya que, a pesar de lo difícil que resultó para esta organización mirar la temática de los DDHH desde otra dimensión que no fuera la vinculada a los casos ocurridos durante la dictadura, se evidencia un esfuerzo por dar un salto en un sentido más amplio. Es discutible si el objetivo se logró o no, pero al menos, dentro de la delimitación de su política y sus debates internos, se puede observar esta preocupación.
Por otra parte, el PCCh determin√≥ levantar la candidatura presidencial de Gladys Mar√≠n, aprovechando la coyuntura de la detenci√≥n del dictador para posicionarse como una alternativa pol√≠tica a la Concertaci√≥n. Sin embargo, a pesar de que, efectivamente, existi√≥ una valoraci√≥n positiva por parte de la poblaci√≥n chilena respecto de la consecuencia entre las ideas y el actuar del Partido Comunista, de sus militantes y, particularmente, de la figura de Gladys Mar√≠n; existi√≥ tambi√©n una percepci√≥n de que su discurso se encontraba centrado en el pasado y era monotem√°tico, al solo mostrarse como un referente en relaci√≥n con el tema de los DDHH y la b√ļsqueda de la verdad y la justicia. Esto dio pie a las cr√≠ticas hacia la organizaci√≥n, en el sentido de que se se√Īal√≥ la carencia de un proyecto pol√≠tico capaz de administrar el pa√≠s; lo cual, creemos, influy√≥ como un factor determinante, en los resultados de las elecciones presidenciales de 1999; donde su propuesta s√≥lo alcanz√≥ un 3,19% de las preferencias.
Complementariamente, el PCCh y las organizaciones de DDHH que se articularon a partir de esta coyuntura, plantearon la necesidad de modificar en profundidad la institucionalidad vigente; lo cual implicaba la discusi√≥n de una nueva Constituci√≥n, debido a que las actuales condiciones en Chile no permit√≠an el ejercicio de la justicia en el pa√≠s: articul√°ndose, de esta forma, una campa√Īa para exigir la realizaci√≥n de un plebiscito para modificar la Constituci√≥n.
Luego de un proceso judicial que dur√≥ 16 meses, Pinochet fue liberado por la justicia inglesa, apelando a su estado de salud y, parad√≥jicamente, por razones humanitarias. Despu√©s de esto, vuelve a Chile. Ya en el pa√≠s, y a partir de la querella presentada por el PCCh en 1998, se inicia el proceso en su contra, al cual se sumaron m√°s de 200 querellas por violaciones de los derechos humanos y en las cuales el movimiento de DDHH tuvo un rol activo, al denunciar y acompa√Īar el juicio en su contra, exigiendo el fin a la impunidad en estos casos.
Conclusiones
A partir de este análisis, consideramos pertinente ampliar la investigación acerca de aquellos temas que versan sobre los periodos de dictadura y democracia en Chile, así como la tensión entre ellos; en cuanto marco histórico en que el movimiento de DDHH y el PCCh, asumen determinadas posiciones que determinarían su identidad y sus propuestas políticas. Evidenciándose, también, la relación entre ambos; que nos permite sostener la tesis acerca de la particular influencia ejercida por el movimiento de DDHH sobre el PCCh. Ello permitió que dicha organización política pudiera desarrollar, al alero de aquel movimiento, su actividad política, tanto en la dictadura como en la democracia; y, en situaciones críticas, ayudó a la supervivencia de la organización.
Esto, sin duda, determinó que el paradigma de los DDHH fuera especialmente relevante para el PCCh, encontrándose fuertemente arraigado en su identidad política y en la configuración de un imaginario particular. Ello se manifestó, en primer lugar, en el compromiso de la organización con la demanda de la verdad y la justicia para las víctimas de la dictadura y en la defensa de los DDHH.
Esto √ļltimo se asocia a la experiencia de la dictadura y se establece como elemento propio de la cultura militante de los comunistas, relacionado directamente con ellos. El recordar a sus muertos y desaparecidos, junto con la exigencia de justicia para ellos y sus familias, como un compromiso intransable del PCCh, permiti√≥ mantener viva una memoria asociada a este pasado traum√°tico, pero que encontraba una proyecci√≥n en ese momento y le daba sentido a su accionar pol√≠tico. Esto contribuy√≥ al desarrollo de un estilo confrontacional, por parte del PCCh, con los gobiernos de la Concertaci√≥n, en su rol de oposici√≥n; al tensionarse esta relaci√≥n a partir de determinadas coyunturas asociadas a temas de DDHH que se desarrollan en la d√©cada de los 90.

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Introducción al dossier sobre derechos humanos (Zona crítica.)

Este dossier de Zona crítica dedicado a los derechos humanos se distingue por algunas cualidades más bien insólitas. Entre ellas, la centralidad social y política del tema escogido, la complejidad de los problemas que formula, el diverso origen de sus autores, el rigor y profundidad de sus análisis, la pluralidad de enfoques y disciplinas encontradas. Tanto es así, que leerlos me ha dado esa corcomilla como lector, y aun peor como editor, de querer tenerlos delante y acribillarlos a preguntas. Me conformo apenas, entonces, con lo que puedo colocar en esta breve introducción.
Una visión sobre los derechos humanos desde la historia resulta más bien rara. Aunque no se limita solo a entenderlos como parte de una época, esta visión requiere considerar su historicidad, su pertenencia a una subjetividad social históricamente determinada; a verlos también como criaturas de un momento. Esta visión epocal despoja de sentido, por ejemplo, que las prácticas de dominación del imperio romano sobre las tribus extranjeras, que ellos denominaban bárbaros, se identifiquen como racistas, adjudicándoles los atributos que les damos hoy al término raza o a lo que se ha llamado pensamiento racializado. Naturalmente que, para cualquier enfoque histórico riguroso, el significado de conceptos tales como la persona humana, la democracia, la libertad, la justicia, en la cultura de los griegos y los romanos de la época clásica, era muy diferente al que puede tener en las nuestras hoy.
Pero abordar el problema de los derechos humanos desde la historia -decía antes- no se reduce a ello. Más allá de la validez de visiones que cada campo del conocimiento aporta, su principal utilidad como enfoque, estaría en mirarlos dentro de las circunstancias sociales y culturales en las que son interpretados, adoptados y ejercidos; también en un presente visto como historia, aquí y ahora.
La cuestión implícita mayor no se cifra en interrogarnos sobre su universalidad, sino en apreciar su sentido en las circunstancias específicas de cada polis. No se trata -por supuesto- de disolverlos dentro de una infinita casuística de culturas y hábitos, sino de poder medir su alcance y su índole en las relaciones y las representaciones sociales, especialmente, las de la dominación y el poder.
Una perspectiva como esta implicar√≠a una mirada multidisciplinaria, que re√ļna facetas y matices, y que en lugar de describir un agregado de significados superpuestos, permitiera articularlos como interpretaci√≥n coherente. La medida de esta coherencia ser√≠a su eficacia para explicar y analizar regiones como la nuestra, pero tambi√©n, otras mucho m√°s dis√≠miles de esa cultura occidental hegem√≥nica que llamamos globalizaci√≥n.
Esta tarea compartida se desarrolla cuesta arriba, naturalmente, por la prevaleciente ideologizaci√≥n del tema. Pero tambi√©n por los d√©ficits culturales en su tratamiento. Junto a la reacci√≥n inmune ante la carga ideol√≥gica que impregna el debate sobre los derechos humanos, las carencias culturales los emborronan todav√≠a m√°s. Frente a ese d√©ficit, no basta con una elaboraci√≥n conceptual desde las ciencias y t√©cnicas jur√≠dicas. Aunque este enfoque jur√≠dico resulta imprescindible, algunos de sus exponentes tambi√©n comparten d√©ficits culturales respecto a contenidos t√©oricos en otros campos del conocimiento. Discutir acerca de las libertades, la democracia, los derechos individuales, el bien com√ļn, la dignidad humana, etc., supone hacerlo con recursos m√°s convincentes hoy que El contrato social o El esp√≠ritu de las leyes.
Apreciar la naturaleza de los derechos humanos, no solo como una definición discursiva, requiere también analizar el entramado que articula la libertad de expresión, manifestación, reunión, asociación, como parte del campo de lo político, entendido como vida en la polis.
Cuando Hanna Arendt dec√≠a que el primero de los derechos humanos, por encima de la libertad y la justicia, era «el derecho a tener derechos,» se inspiraba en la experiencia de la II Guerra mundial; en particular, los jud√≠os alemanes como ella, que hab√≠an perdido su ciudadan√≠a y un Estado que los reconociera. En esa visi√≥n dirigida a rescatar la dignidad y los derechos de esos refugiados, se representaba lo humano como condici√≥n inmanente a la vida, previa a la pol√≠tica. De ah√≠ surgi√≥ la llamada apor√≠a o paradoja de los derechos humanos, que la filosof√≠a y la sociolog√≠a pol√≠tica han debatido largamente.
Lo humano, en la lucha por los derechos, no es una condición previa, despolitizada -que también critican los autores de este dossier- sino se dirige a hacer valer la igualdad entre los que intervienen directamente en la política y los que participan en ella, o se quejan de no poder participar, desde su condición ciudadana. Ya se trate de una acción que pone a prueba ese orden, reafirmándolo en sus propios términos y reclamándole consecuencia, o que se rebela contra él, impugnándolo y negándose abiertamente a acatarlo, sea de modo violento o no; en ambos casos, es el campo de lo político el que le otorga sentido social, o sea, humano.
La condici√≥n pol√≠tica de la sociedad civil es esencial para explicarse la pol√≠tica no constre√Īida al poder del Estado y los discursos de los dirigentes, ni flotante sobre la sociedad real; tampoco una red de normas y leyes, por fundamentales que estas sean. Porque la pol√≠tica y lo pol√≠tico no se confunden, en ninguna parte, con ese conjunto institucional o instrumental; ni se pueden entender integralmente como una burbuja de poderes y disposiciones; sino en su implantaci√≥n en la sociedad civil, donde se generan las luchas por los derechos humanos.
Si tom√°ramos por un momento, como material de estudio, a la Revoluci√≥n cubana, habr√≠a que entenderla, desde sus or√≠genes, como un proceso de reivindicaci√≥n radical de esos derechos. No lo fue por poner en obra la Constituci√≥n de 1940 -algo que tambi√©n hizo- sino por instaurar un campo de lo pol√≠tico radicalmente nuevo, que ensanch√≥ el espacio participativo de los ciudadanos a una escala mayor, y transform√≥ a fondo la esfera p√ļblica. Esa esfera, donde la prensa del establishment se hab√≠a ido retirando, fue m√°s democr√°tica que en ninguna forma republicana anterior; en la medida en que impuls√≥ la participaci√≥n ciudadana y transform√≥, como nunca antes, la cultura pol√≠tica establecida a favor de los m√°s pobres y de sus derechos.
Se pasa a veces por alto que esa revoluci√≥n, no contenida en una instituci√≥n u organizaci√≥n particular, hab√≠a reconstituido el horizonte de la naci√≥n, de manera que en sus confines cupieran los condenados de la tierra, marginados en todas las rep√ļblicas previas. Al situar la justicia social y la libertad -a diferencia de la pr√©dica de Arendt- por encima de todo, restringir√≠a los derechos de los privilegiados. Aunque con menos costo humano y material que todas las revoluciones anteriores, los restringi√≥ de todas formas.
Por supuesto, aquella sociedad donde la nación y la democracia se confundían con el proceso mismo, liderado por una vanguardia y una doctrina que demandaban de cada ciudadano un compromiso de acción política y de transformación liberadora, ya quedó atrás.
No tengo espacio, ni viene al caso, que trate de continuar esta evocaci√≥n hist√≥rica de los derechos humanos en Cuba m√°s all√° de aquella etapa temprana. Soslayarlo aqu√≠ no quiere decir, para nada, que nuestra historia est√© medianamente hecha. Significa m√°s bien que ha sido muy pobre, y que tomarla por lo que se ense√Īa y difunde, es una pena. Vista como efem√©rides, o como historia de las ideas, antes o despu√©s de 1959, resulta apenas una disertaci√≥n aburrida y falsa. En vez de un sonsonete de lugares comunes y frases hechas, el di√°logo pol√≠tico con el pasado, si fuera original, es la √ļnica manera de entender el presente como historia.
Aunque ning√ļn an√°lisis sobre derechos humanos se puede limitar a las citas del texto constitucional, no debe soslayarse la m√°s reciente Constituci√≥n cubana (2019) que, parad√≥jicamente, ha sido m√°s criticada o alabada, que analizada en su valor respecto al tema de los derechos humanos y los cambios en el sistema pol√≠tico. En el nuevo texto, que parte de proclamar, de forma in√©dita, que se trata de un «Estado socialista de derecho,» se promueve «la libertad de creaci√≥n art√≠stica en todas sus formas de expresi√≥n, conforme a los principios humanistas en que se sustenta la pol√≠tica cultural del Estado y los valores de la sociedad socialista (Art. 15, h); se ‚Äúreconoce, respeta y garantiza a las personas la libertad de pensamiento, conciencia y expresi√≥n‚ÄĚ(Art.54); ‚Äúlos medios fundamentales de comunicaci√≥n social, en cualquiera de sus manifestaciones y soportes, son de propiedad socialista de todo el pueblo o de las organizaciones pol√≠ticas, sociales y de masas‚ÄĚ (Art.55); ‚Äúla actividad creadora e investigativa en la ciencia es libre‚ÄĚ (Art.101, f).
Una adici√≥n, que a menudo se pasa por alto, fue la referida a la mayor autonom√≠a y poder de los gobiernos locales; en particular, las ‚ÄúGarant√≠as a los derechos de petici√≥n y participaci√≥n popular‚ÄĚ (Art. 200). En estas se recogen ‚Äúel derecho de la poblaci√≥n del municipio a proponerle el an√°lisis de temas de su competencia‚ÄĚ al gobierno local; la obligaci√≥n de este a analizar, ‚Äúa petici√≥n de los ciudadanos, los acuerdos y disposiciones propias o de autoridades municipales subordinadas, por estimar aquellos que estos lesionan sus intereses, tanto individuales como colectivos, y adoptar las medidas que correspondan.‚ÄĚ
Es difícil comprender el proceso de transición y cambio político en curso como la simple aplicación de una nueva normativa constitucional. Otras mediaciones anteceden al ejercicio de los derechos individuales y colectivos, en particular la producción legislativa, así como la implementación y aplicación de las políticas por parte de las instituciones y su interacción con las demandas de la sociedad real.
Reconectando con mi plan original de interrogantes, se me ocurren dos, solo para ilustrar la complejidad de nuestro tema: ¬ŅEs posible que en la lucha por conquistar un orden donde se respete de manera irrestricta la dignidad humana se cometan violaciones a algunos derechos humanos espec√≠ficos? O que, por ejemplo, ¬Ņen el enfrentamiento a una amenaza mayor a la vida humana, digamos, una pandemia, no solo se cometan acciones que limiten derechos reconocidos, como la privacidad, la libertad de movimientos o de respeto a credos religiosos, mientras dure la crisis de salud, sino que se adopten de manera permanente, por razones de seguridad humana?
Para preguntas y palabras introductorias, creo que estas son ya demasiadas. La restantes las reservo para un encuentro futuro con estos autores, en forma presencial o virtual, como se dice ahora. Porque a esta pléyade de intelectuales, historiadores, juristas, antropólogos, profesores de filosofía, de Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, no pienso perderla de vista.
Agradezco a Adrian J. Cabrera, coordinador de la Sección de Crítica e Investigación de la AHS de La Habana, por invitarme a escribir estas palabras desordenadas, a manera de introducción, a este dossier de Zona crítica. A la AHS, y a todos los autores reunidos aquí, les comparto mi sincera envidia por ese sentimiento que da iniciar el camino de una publicación con una carga como esta.
¬°Buen viaje!

El Vedado, La Habana, 15 de junio de 2021.

Artista visual, estudiante de Humanidades y Psicolog√≠a. Sus l√≠neas investigativas vinculan los estudios fenomenol√≥gicos de las emociones y la identidad femenina. Ha colaborado con distintos medios digitales, como autora de art√≠culos, coordinadora de dossier, dise√Īadora y artista visual. Es miembro del proyecto La Historia como Arma.

  1. 1.Wendy P√©rez Bereijo: Artista visual, estudiante de Humanidades y Psicolog√≠a. Sus l√≠neas investigativas vinculan los estudios fenomenol√≥gicos de las emociones y la identidad femenina. Ha colaborado con distintos medios digitales, como autora de art√≠culos, coordinadora de dossier, dise√Īadora y artista visual. Es miembro del proyecto La Historia como Arma.
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Hacia una concepción polisémica de la dignidad humana en el discurso de los derechos humanos

El sustento del discurso pol√≠tico se puede descubrir al contestar las siguientes preguntas: ¬Ņqui√©n es el ser humano para el Estado?, ¬Ņqu√© tipo de relaci√≥n se da entre estos dos? y ¬Ņc√≥mo se define y se debe construir el bien com√ļn en una sociedad? Dependiendo de las respuestas a estas interrogantes y del an√°lisis del contexto concreto, se postulan los medios para lograrlo. Por lo que una manera de analizar las estructuras conceptuales del discurso pol√≠tico es, precisamente, indagar c√≥mo responde a esas cuestiones. Este mismo ejercicio cr√≠tico puede aplicarse a cualquier acci√≥n de gobierno, pol√≠tica p√ļblica, propuesta legislativa o discurso de los derechos humanos.
El discurso pol√≠tico, aun cuando buscara con toda sus fuerzas ser neutral, caer√≠a irremediablemente en un discurso normativo. La mera pretensi√≥n de una postura ‚Äúneutral‚ÄĚ o ‚Äúamoral‚ÄĚ supone una argumentaci√≥n del por qu√© no deber√≠a contener premisas morales. Incluso, desde la l√≥gica de incluir s√≥lo proposiciones pragm√°ticas, se tendr√≠a que justificar, igualmente, por qu√© normativamente el argumento pragm√°tico es el que debe permanecer como criterio.
En ambos casos, premisas morales entrar√≠an en juego en la discusi√≥n. Ello no significa que toda postura pol√≠tica sea calificada como ‚Äú√©ticamente correcta‚ÄĚ, cosa que supone ya un juicio valorativo distinto a la mera pretensi√≥n moral que se encuentra impl√≠cita en el discurso. Tampoco pretendemos decir que la pol√≠tica sea una mera extensi√≥n o derivaci√≥n de la √©tica; lo que buscamos es resaltar que el concepto del deber es un vaso comunicante, un ‚Äúlugar‚ÄĚ com√ļn donde sus fronteras se tocan, se influyen y retroalimentan.
Adem√°s de la complejidad te√≥rica y pr√°ctica que supone la articulaci√≥n de ambas disciplinas, la situaci√≥n se complica si nos hacemos conscientes de nuestros tiempos. Nos encontramos en un momento crucial, en una √©poca nueva; nos descubrimos en tiempos posmodernos en los que desconfiamos del metarrelato impl√≠cito en las ideolog√≠as, hemos experimentado injusticias y manipulaci√≥n derivadas de las premisas que aluden a la ‚Äúraz√≥n del Estado‚ÄĚ. Somos m√°s cr√≠ticos con las expectativas de progreso de la Modernidad, conscientes de que necesitamos volver a definirnos. Quiz√° este sea el rasgo m√°s distintivo de estos tiempos, estamos en una crisis del significado.

La modernidad l√≠quida ha permeado nuestros conceptos: ‚Äúhoy est√° en tela de juicio lo invariable de la idea‚ÄĚ. Vattimo lo expone con su controvertida tesis de que la Verdad es violencia (pensamiento fuerte) y su propuesta hermen√©utica por una verdad no metaf√≠sica (pensamiento d√©bil). No hay Ser como lo permanente, s√≥lo hay acontecimiento o devenir en el tiempo, cambiante y dado en una √©poca hist√≥rica. En el mundo de la modernidad l√≠quida, la solidez de las cosas, como ocurre con la solidez de los v√≠nculos humanos, se interpreta como amenaza.
A pesar de la crisis del significado, paradójicamente, el devenir del mundo nos exige una postura; nos encontramos en un momento desbordado de acontecimientos que nos interpelan constantemente, el mundo de la política se está reconfigurando en sus distintos niveles, prácticas y retos. Si bien este tópico puede ser abordado desde distintas aristas; consideramos que un tema que puede ayudarnos a proponer un discurso filosófico y político sólido para responder a problemáticas como la promoción de la paz, el terrorismo, la discriminación, la inmigración, el cambio climático, la trata de personas, la desigualdad social, la violencia de género, las nuevas dictaduras, entre muchas otras, es precisamente, el discurso que alude a los derechos humanos.
La importancia del discurso de los derechos humanos en la reconfiguraci√≥n de la pol√≠tica es evidente. Si observamos su funci√≥n en 1948, cuando fueron proclamados oficialmente en la Declaraci√≥n Universal de los Derechos Humanos, y lo comparamos con el tremendo impacto que han tenido desde entonces, nos damos cuenta del trascendente rol que han alcanzado. Se han convertido en est√°ndares en discusiones como: a) las condiciones de soberan√≠a leg√≠tima; b) si la comunidad internacional tiene derecho a intervenir (en diferentes formas, hasta acciones militares) contra gobiernos o grupos de poder que los violen de manera masiva y sistem√°tica; c) si los pa√≠ses son elegibles para ingresar a la Uni√≥n Europea; d) la responsabilidad de los cuarenta y siete gobiernos que son miembros del Consejo de Europa (incluyendo Rusia, Turqu√≠a, Hungr√≠a) ante un tribunal internacional como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que emite sentencias vinculantes que a menudo llevan a una alteraci√≥n de legislaci√≥n nacional, adem√°s, son la columna vertebral y la raz√≥n de ser de varias instituciones internacionales (por ejemplo, la Alta Comisi√≥n de las Naciones Unidas) y ONG influyentes y una fuente de inspiraci√≥n para millones de activistas en todo el mundo, proporcion√°ndoles un lenguaje com√ļn y una base compartida de iniciativa pol√≠tica. Independientemente de la frecuencia con que se violen los derechos humanos, estas normas han dejado de ser meras ocasiones de indignaci√≥n y protesta moral; se han convertido en normas de decencia pol√≠tica con repercusiones concretas.
Si bien los derechos humanos han tenido un gran impacto, es tambi√©n cierto que la reflexi√≥n sobre ellos no ha logrado estar a la altura de las exigencias de las discusiones que han surgido para su defensa y correcta aplicaci√≥n. Para algunos autores, es dudoso que en estos tiempos nos encontremos en mejores condiciones para responder a cuestiones como: a) ¬Ņpor qu√© son derechos humanos?; b) ¬Ņen qu√© se diferencian de los derechos morales?; c) ¬Ņson simplemente derechos pol√≠ticos?; d) ¬Ņson una extensi√≥n de los derechos naturales tradicionales o son fundamentalmente diferentes?; e) ¬Ņqu√© bienes humanos, libertades o prerrogativas deben proteger?; f) ¬Ņcu√°l es la relaci√≥n entre democracia y derechos humanos?; g) ¬Ņes la democracia un derecho humano?; h) ¬Ņlos derechos humanos son inherentemente est√°ndares occidentales? ¬ŅTienen una aplicaci√≥n leg√≠tima en contextos no infundidos con una cultura p√ļblica liberal-democr√°tica?
Todas estas importantes cuestiones tienen como punto de partida esta otra pregunta que apunta a la ra√≠z de la cuesti√≥n y que, por ende, es de √≠ndole filos√≥fica: ¬Ņcu√°l es el fundamento de los derechos humanos?, es decir, ¬Ņpor qu√© son est√°ndares que debemos obedecer? El discurso pol√≠tico en torno a √©stos ha construido sus premisas desde tres principales enfoques:
El primero identifica los derechos humanos con estándares que tienen una normatividad vinculante, simplemente porque necesitamos los beneficios que éstos protegen. Los partidarios de esta perspectiva argumentan que son vinculantes porque sin ellos las sociedades apenas pueden prosperar o florecer tanto como podrían. Por lo tanto, los derechos humanos no protegen ninguna dignidad intrínseca de la persona. Más bien protegen y satisfacen las necesidades fundamentales que deben tomarse en serio mientras nos preocupemos por el bienestar de las personas.
Otra escuela de pensamiento argumenta que los derechos humanos son vinculantes porque han llegado a desempe√Īar un papel en la pol√≠tica internacional. Dado que, de hecho, definen los l√≠mites de la autoridad de un gobierno sobre su territorio, ipso facto deben tomarse en serio. No hay necesidad de una base filos√≥fica pues ya tienen una base de facto. Son condiciones previas de la soberan√≠a leg√≠tima y, si se violan, generan motivos ampliamente aceptados para la intervenci√≥n de la comunidad internacional en los asuntos internos de un Estado.
Finalmente, hay estudiosos de una orientaci√≥n m√°s ortodoxa o tradicional que intentan rescatar la idea de que los derechos humanos son est√°ndares leg√≠timos y vinculantes porque las personas tienen una dignidad intr√≠nseca que se debe respetar. Esta escuela m√°s tradicional capitaliza y ampl√≠a la l√≠nea a menudo escuchada de que los individuos tienen ciertos derechos «en virtud de su humanidad», al encontrar en la noci√≥n de humanidad alg√ļn rasgo positivo que los derechos humanos deben proteger.
La primera perspectiva puede apodarse tambi√©n como ‚Äúreduccionista‚ÄĚ o ‚Äúinstrumental‚ÄĚ, en tanto que el fundamento de los derechos humanos alude m√°s bien a la defensa de bienes o capacidades, ya sea la agencia racional, la de m√ļltiples bienes o la de capacidades (oportunidades) para que los individuos puedan realizar sus funciones. La justificaci√≥n es instrumental porque los derechos humanos son medios √ļtiles para realizar ciertas caracter√≠sticas de la vida humana que se consideran valiosas y dignas de protecci√≥n. Y son reduccionistas en tanto que se fundamentan en funci√≥n de uno o varios bienes. La cuesti√≥n a resolver desde esta perspectiva es: ¬Ņcu√°les caracter√≠sticas de la vida humana?; pues depender√° de aqu√©llas que consideremos valiosas o dignas para encontrar los criterios para decidir cu√°ndo se trata de un derecho humano.
A la segunda perspectiva se le objeta que cualquier teoría de los derechos humanos debería tener una condición de fidelidad en la manera en que son presentados en los documentos fundacionales y en la manera en que los activistas luchan por ellos. Es dudoso, sin embargo, que reducir el tema a su función política, realmente haga justicia a cómo se entienden estos derechos en la práctica. Hay una intuición central en los documentos: la dignidad intrínseca de los seres humanos.
La tercera perspectiva puede ser apodada como ortodoxa, en tanto conserva la intuición de los documentos fundacionales como es la Declaración de los Derechos Humanos, especialmente en las tesis que aluden al valor de la persona como fundamento básico de los derechos humanos:
Los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto m√°s amplio de la libertad.
La perspectiva ortodoxa suele centrarse en los argumentos que expresan el valor de la persona, m√°s que el valor de lo que es el inter√©s de esa persona. Las principales objeciones son precisamente en esta l√≠nea, pues c√≥mo interpretar ‚Äúun ser de cierto tipo cuyos intereses vale la pena proteger‚ÄĚ, ¬Ņno supondr√≠a que por ser ‚Äúde esa naturaleza‚ÄĚ no podr√≠amos detener sus intereses cuando afectan a otros?, ¬Ņqu√© tipo de valor tiene este ser y c√≥mo funciona como fuente de derechos humanos? En √ļltima instancia, ¬Ņcu√°l es el contenido de la dignidad? Derivado de estas preguntas, algunos consideran que este significado de dignidad es metaf√≠sico y que dificulta, por ende, su uso en el contexto pol√≠tico.
Otra objeci√≥n, aludiendo al fundamento metaf√≠sico de la dignidad ontol√≥gica, es la de Nussbaum; quien considera que para hacer que un enfoque basado en la idea de dignidad sea adecuado para la base de los principios pol√≠ticos en una sociedad democr√°tica pluralista, se requiere primero trabajar para desarrollarlo de una manera no metaf√≠sica, articulando la idea relevante de dignidad, de una manera que muestre el n√ļcleo √©tico de esa idea, pero que no insista en vincularla con doctrinas metaf√≠sicas o psicol√≥gicas involucradas, sobre las cuales difieren las religiones principales y las concepciones seculares.
Las pretensiones de reconocer la dignidad humana suponen un valor que no depende de nuestros gustos subjetivos. Si s√≥lo se tratara de una preferencia subjetiva, no habr√≠a modo de aludir a una dignidad humana que sustentara los derechos humanos. Precisamente, la conciencia, y por as√≠ decirlo, la indignaci√≥n compartida ante el exterminio, la esclavitud, la trata de personas, entre otros cr√≠menes, suponen que hemos descubierto la existencia de ‚Äúalgo‚ÄĚ en la persona, que no puede ser utilizado s√≥lo como un medio ordenado al Estado o alguna otra instituci√≥n.
El ser humano es persona y tiene dignidad, esto significa que tiene un carácter absoluto: él es en sí mismo lo principal, radical, punto de partida y referencia. Más allá de sus facultades o de su capacidad de sociabilidad, el ser humano se revela como dotado de dignidad por la que debe ser tratado como un fin en sí mismo. En este sentido es que decimos que no tiene precio y que, por ende, no puede ser intercambiable. Su valor, por así decirlo, es invaluable.
Hoy en día el concepto de dignidad humana constituye uno de los ejes rectores del debate sobre derechos humanos. Los crímenes contra la humanidad tienen lugar cuando el ser humano no reconoce la humanidad que comparte con el otro. El antisemitismo (no simplemente el odio a los judíos), el imperialismo (no simplemente la conquista) y el totalitarismo (no simplemente la dictadura), uno tras otro, uno más brutalmente que otro, han demostrado que la dignidad humana precisa de una nueva salvaguardia; que sólo puede ser hallada en un nuevo principio político, en una nueva ley en la Tierra, cuya validez debe alcanzar esta vez a toda la humanidad y cuyo poder deberá estar estrictamente limitado, enraizado y controlado por entidades territoriales nuevamente definidas.
No siempre queda claro qué significa tener dignidad y de dónde le viene al ser humano el ser digno. Si no explicitamos estos supuestos, corremos el riesgo de no contar con criterios claros que nos permitan saber qué es lo que se transgrede, para que sea necesario manifestar la violación de un derecho humano.
La discusión del fundamento de los derechos humanos se puede abordar también desde lo que entendemos por dignidad humana; los tres enfoques para argumentar el discurso de los derechos humanos, suponen una manera de asumirla. En nuestra opinión, la dignidad es polisémica, es decir, tiene distintos significados:
a) La ¬ędignidad de la sustancia humana¬Ľ como tal (dignitas humanae substantiae) El mismo ser de la persona y su dignidad residen en el nivel de su esencia y de su naturaleza substancial; esto es, un ser humano posee una dignidad inalienable, no √ļnicamente ‚Äúcuando funciona como persona‚ÄĚ, sino siempre y en virtud de ‚Äúser una persona‚ÄĚ. La base de esta dignidad es el ser sustancial de un hombre y sus potencias, y no solo su realizaci√≥n; se caracteriza como indivisa porque cada persona humana la posee entera, en el mismo grado y es indestructible.
Esta acepci√≥n de dignidad se encuentra en el enfoque que defiende una dignidad ontol√≥gica como fundamento √ļltimo de los derechos humanos. Desde este significado adquieren sentido los derechos humanos relacionados con la vida, as√≠ como el derecho a no ser mutilados, torturados, v√≠ctimas de abusos sexuales o expuestos a infecciones.
b) La dignidad de la personalidad despertada (del ser racionalmente consciente y de la vida de la persona). La vida consciente no es un mero accidente, sino un cierto modo de actualidad del ser personal. Desde este significado de dignidad, ésta sí se acrecienta y disminuye en la medida que ejercitamos nuestra agencia racional. Esta acepción es la que se encuentra en el discurso instrumental y reduccionista. Aquí podemos encontrar los derechos humanos como la libertad de expresión o el derecho de actuar conforme a la conciencia.
c) Dignidad moral. Esta acepci√≥n apunta, espec√≠ficamente, a concebirla como una conquista, no como una posesi√≥n; surge √ļnicamente de las virtudes √©ticas, de las perfecciones morales de la justicia, del amor a la verdad y la bondad. Esta dignidad no es inalienable ni nos pertenece de forma autom√°tica como personas. Es el fruto de los actos moralmente buenos y por ello resulta radicalmente diferente del primer tipo de dignidad. La dignidad moral subyace a muchos otros derechos humanos, tales como el derecho a una buena reputaci√≥n o el derecho a r√©plica en una acusaci√≥n injusta.
d) Dignidad otorgada o regalada. Se trata de los dones que dotan a todos los hombres o a algunos de una dignidad ‚Äúgratuitamente concedida‚ÄĚ; pueden ser naturales, inmanentes en las personas como son la belleza, la inteligencia, la genialidad, el encanto o la fuerza de car√°cter, etc√©tera. Estos √ļltimos dones constituyen una dignidad especial en, por ejemplo, los genios y los artistas. Tambi√©n los roles y las funciones sociales pueden conferir a la persona nuevas dimensiones de la dignidad, que tienen como resultado nuevos derechos. Por ejemplo, el oficio de juez, concedido a un hombre o una mujer por la sociedad, puede dar lugar a una nueva dignidad y a un nuevo derecho: el derecho a la independencia del juez o de la jueza.
Despu√©s de exponer las diversas acepciones de la dignidad humana; y de analizar c√≥mo a partir de √©stas pueden encontrarse distintos fundamentos y tipos de derechos humanos, podemos darnos cuenta de que los m√ļltiples significados apuntan diferentes fuentes de √©sta. El an√°lisis del discurso de los derechos humanos debe hacerse especialmente desde estas coordenadas. Esto, sin embargo, no resuelve todav√≠a el problema en las discusiones de la colisi√≥n entre derechos humanos, pues queda a√ļn preguntarnos cu√°l de sus sentidos es la m√°s importante: la dignidad innata o la adquirida. La discusi√≥n puede plantearse en t√©rminos de si es la dignidad ontol√≥gica la m√°s importante o m√°s bien aqu√©lla que construimos por nuestros actos racionales o morales. En realidad, ambas son importantes. La importancia de la primera radica en que es la condici√≥n de posibilidad de las dem√°s y, en cierto sentido, la m√°s b√°sica. Las acepciones de dignidad que se adquieren desde la agencia racional o los actos moralmente buenos, son importantes en tanto que nos afirman como personas.
En el fondo, resistirnos a reducir la noción de dignidad a una sola de sus acepciones es apostar por una postura, en cierto sentido, iuspersonalista; entendiendo por ésta una perspectiva donde la defensa de la dignidad de la persona humana es el eje central del quehacer moral y jurídico.
Se trata, como planteaba Kant, de considerar a la persona con dignidad. Con un valor en s√≠ mismo (absoluto). En la segunda formulaci√≥n del imperativo categ√≥rico: ‚ÄúObra de tal modo que consideres a la humanidad tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como fin y nunca solamente como un medio‚ÄĚ, Kant nos proporciona el fundamento material de todo derecho humano. La constituci√≥n del ser humano como sujeto moral, mediante la raz√≥n y la libertad, ordena al mismo tiempo el reconocimiento de s√≠ mismo como de cualquier otro, en calidad de objeto moral, en calidad de persona.¬†
Los derechos humanos son exigencias filosóficas y jurídicas que responden a la justicia que la misma dignidad humana reclama. La persona es fuente auto-originante de lo que en justicia le es debido. Precisamente, en esto radica la diferencia teórica y práctica del papel del Estado respecto a los derechos humanos, si éste debe reconocerlos u otorgarlos. Si seguimos el discurso de la dignidad, podemos decir que lo característico de los derechos humanos es que se reconocen.
El actual principio ‚Äúpro persona‚ÄĚ (pro homine), se ha convertido en una pauta para la regulaci√≥n jur√≠dica de los derechos humanos en nuestro pa√≠s y en el contexto internacional. Este fundamento se concibe como un criterio hermen√©utico que informa a toda la doctrina de los derechos humanos. Conforme a lo que hemos expuesto, consideramos fundamental que √©stos sean interpretados desde una noci√≥n de dignidad polis√©mica y no un√≠voca.
Debemos evitar el error de considerar que no todos los seres humanos son personas o que s√≥lo existe una fuente de la dignidad. Es necesario, si se nos permite la expresi√≥n, lidiar con los significados de dignidad en las discusiones sobre los fundamentos de los derechos humanos y la colisi√≥n entre √©stos, sin caer en el error com√ļn de reducir el ser de la persona a su actualizaci√≥n o realizaci√≥n efectiva y plena. Pues cuando sufrimos este descuido, excluimos a muchos.
Si nos hacemos conscientes de lo que implica afirmar la dignidad de la persona, las pautas de la discusión y el análisis de los fundamentos del discurso ético, tendrán que ir en función de buscar, progresivamente, el mayor beneficio y reconocimiento de las personas y, en especial, de los más vulnerables.

Notas y referencias: