Palabras al viento


Héctor Ochoa y el sonido de la literatura

Dice el musgo que brota es quizás el libro para niños más importante que se ha publicado en Ediciones La Luz; se condensan en él estéticas diversas de poetas e ilustradores cubanos nacidos a partir de 1970. Por su impacto ante la crítica y los lectores, así como premios de edición, el texto fue escogido para su adaptación al formato de audiolibro en la colección Quemapalabras, de este sello editorial.  

La pieza se realizó bajo la dirección del joven Héctor Ochoa, que escogió este proyecto como ejercicio de culminación de estudios en la filial holguinera de la Universidad de las Artes, en la especialidad de dirección de medios audiovisuales.

En un diálogo con el creador durante la presentación del producto al público infantil en la escuela Primaria Especial La Edad de Oro, Ochoa explica la manera en que lo llevó a cabo.

¿Al niño Héctor le gustaba la literatura?

Cuando era pequeño mis abuelos siempre me leían por las noches antes de dormir, así que desde temprano me acerqué a la literatura, de esa manera, incluso sin saber leer. Tenía un libro que se llamaba Nachito que era de cuentos sobre un niño campesino. Era mi tesoro en esa época.

Podrías haber escogido otro libro, pero ¿por qué uno para niños?

Mientras más temprano sea el acercamiento a la literatura, antes obtendremos conocimientos que necesitamos para desarrollarnos como personas. Desde niños es bueno tener esta idea, si no podemos leer, al menos escucharlo y el formato del audiolibro es lo que me motivó a llevar la literatura a los más pequeños.

¿Por qué escogiste la poesía para tu audiolibro?

Porque la poesía, como acto comunicador, es enriquecedora, invita al autoconocimiento, a conocer el entorno, la sociedad, y de una manera amena y agradable.

¿Cuáles fueron los criterios de selección para escoger los poemas que constituirían el audiolibro?

La intención era recrear la cronología de un día en la vida de un niño. Lo hice pensando en darle un horario a cada texto y así darle una forma dramática al orden de cada uno.

¿Cómo fue el proceso de realización?

Trabajé con la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento, que son profesionales y yo soy nuevo en este ámbito y siento que estoy entrometido en un medio que no es el mío, pero lo disfruté mucho y espero que quienes lo escuchen disfruten también.

Luego de Dice el musgo…, Héctor Ochoa se enroló en otra realización vinculada al mundo del audiolibro, también con el sello de la AHS en Holguín: La Joven Luz. Entrada de Emergencias. Selección de poetas en Holguín. Esta vez reunía a autores bisoños que daban voz a sus propios versos. El lanzamiento a principios de año de este título dio una mirada distinta al novel director sobre este tipo de realizaciones, esta vez sin actores, con otro destinatario.

Por lo pronto Héctor parece enamorado del sonido, trabaja en la radioemisora municipal de la Ciudad de los Parques y sueña con nuevos programas, también para niños. De seguro volveremos a oír de él.


Confesiones como palabras al viento

Considerada por la crítica especializada como una de las compañías de narración oral más importantes en el ámbito nacional, Palabras al viento ha basado su trabajo en la experimentación con la oralidad, pero también con las posibilidades de los recursos escénicos.

No es un colectivo de narradores orales en el ámbito más restrictivo del término: su más reciente estreno, Confesiones, inspirado en El libro de los abrazos, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, confirma que Palabras al viento ha desbordado conscientemente esos límites, para abrirse a las amplias posibilidades de la creación artística.

Fotos Wilker López

Fermín López Hernández, director artístico y general de la compañía, partió para estructurar el espectáculo de doce de las historias que integran El libro de los abrazos y que “funcionan como unidades independientes, entrelazadas con la magia de los tecnicismos de la escena, dándole poder a la voz humana”.

Son relatos fuertes, incluso varios de las más impactantes anecdóticamente en el libro, por tanto era necesario una especie de distanciamiento brechtiano, asegura, que en momentos es roto en busca de una cercanía casi palpable, incluso del diálogo. La cortina que los divide a mitad del escenario, al inicio y al final de Confesiones, que persigue este distanciamiento necesario, queda desplazada cuando narran “Celebración del coraje/ 2”. Aquí un actor llega al escenario, intercambia con el público, lo interroga, lo hace pensar en el coraje, incluso cuando quien está frente al pelotón de fusilamiento es un asesino.

Fotos Wilker López

Si bien es cierto que cada una de estas historias son unidades independientes que pueden impactar de por sí, por su fuerza y realización, la estructura dramatúrgica que las agrupa le da coherencia y eficacia al discurso escénico de Confesiones. La torna compleja, ambiciosa, para un público no complaciente, que espera la confrontación, al salir del teatro con varias preguntas en la cabeza y con los sentimientos algo estrujados.

Esa experimentación escénica de la que hablábamos, sui generis en los colectivos de narración oral, que usualmente explotan, sobre todo, las posibilidades de la palabra y en ocasiones la música, es, en cambio, un sello distintivo del grupo holguinero, fundado en 2004.

Confesiones parte de la confluencia de otras manifestaciones en función del lenguaje del cuento narrado oralmente. Básicamente narran, pero también actúan. Esta puesta y su trabajo reciente, como la versión de Bodas de sangre, el clásico de Federico García Lorca, tienen mucho de teatro, en la estructura escénica, en la vitalidad de actuación, en el manejo del cuerpo como medio de expresión más allá de la palabra.

Además, Palabras al viento potencia la escenografía, minimalista, esencial, capaz de trasmitir la fuerza y al mismo tiempo la sencillez de las breves historias de Galeano; el vestuario, cuyo diseño fue realizado por el propio Fermín López; las luces, cálidas o apoyando el distanciamiento y la cercanía con el espectador, en dependencia del momento. Ellos recrean atmósferas, apoyan las historias, evocan emociones.

Fotos Wilker López

Los personajes, insisten en recordarnos ellos, son caracterizados solo por la voz. “La alambrada”, por ejemplo, es de una belleza plástica encomiable, un derroche de virtuosismo e inventiva en la escena, gracias al director, y al joven actor Lainier Verdecia.

La Compañía de Narración Oral Palabras al viento, que celebra su aniversario15, ha recibido varios reconocimientos, como el Premio de la Ciudad de Holguín en tres ocasiones (2014, 2017, 2019), el Juglar Honorífico de la Uneac y el premio Contar la vida. Además, destaca su trabajo con Ediciones La Luz, reconocido sello de la AHS en Holguín, en audiolibros como Retoños de almendros y el reciente, Dice el musgo que brota.

Siete actores en escena –Yenxi Cruz, Yordanis Sera, Rocío Pérez, Lainier Verdecia, Yeriber Pérez, Linet Fardales y Daniel Núñez, estos últimos miembros del taller de la Compañía– nos demuestran que “no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo”. Ellos insisten en la narración oral como posibilidad para seguir creyendo cada día.

Fotos Wilker López

Fotos Wilker López