Palabras al viento


A Bremen viajan los músicos con Palabras al viento

Varios de los niños de mi generación crecimos tardíamente con las creaciones de los estudios de animación soviéticos Soyuzmultfilm: Erizo en la niebla, ¡Me las pagarás! (El lobo y la liebre), Cheburashka y El misterio del tercer planeta eran repetidos por la televisión cubana, de entonces solo dos canales, junto a los animados cubanos y las viejas producciones de Disney. Digo tardíamente porque no fueron tan comunes –y por tanto la añoranza es menor– que en la generación anterior, la que tuvo su infancia en los 80. Ya a finales del siglo e inicios del próximo milenio, eran menos frecuentes verlos.

Uno de aquellos animados fue Los músicos de Bremen, producido por la Soyuzmultfilm en 1969 y que tuvo sus secuelas en Sendero de los Músicos de Bremen (1973) y Los Nuevos Músicos de Bremen (2000), basados libremente en el cuento de los hermanos Grimm. En esos años vimos también otra versión de aquella peculiar historia de cuatro animales músicos: Los trotamúsicos, serie de la televisión española (TVE) en 1989 con 26 episodios, creada por el historietista Cruz Delgado y que se mantuvo una década en su parrilla.

Pensaba en esto –y en las versiones de mi padre, cuando yo era un niño, con sombras chinescas creadas con sus manos en el techo del cuarto– cuando disfrutaba el más reciente estreno de la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento, precisamente Los músicos de Bremen, presentado en la sala Alberto Dávalos del Teatro Eddy Suñol de Holguín; y que me reafirmó que, además de ser uno de los colectivos de su tipo más importantes en el país, Palabras al viento explota en su trabajo la experimentación con la oralidad y también las posibilidades que los recursos escénicos le aportan a las obras.

No es –como he escrito en más de una ocasión– un colectivo de narradores orales en el ámbito más restrictivo del término: Los músicos de Bremen, con dirección general de Fermín López y artística de Yeriber Pérez, desborda estas clasificaciones, aunque en menor medida que otro de sus estrenos recientes, Confesiones, para volverse más minimalista, más de las expresiones del cuerpo y las capacidades interpretativas de los actores (subrayar que con esta puesta lograron uno de los objetivos de trabajo del grupo: que uno de sus actores, Yeriber en este caso, fuera capaz de dirigir alguna de las obras).

Bastan solo dos narradores sobre el escenario, Blanca Isabel Pérez Ricardo y Lainier Verdecia Blanco, para que las peripecias de cuatro personajes animales (un burro, un perro, un gato y un gallo) que huyen de sus hogares y del maltrato de sus amos, en busca de la ciudad alemana de Bremen, donde piensan incorporarse a su banda de conciertos, encuentren justo asidero en la narración oral y sus posibilidades, gracias también al arreglo de la maestra mexicana Sara Zepeda y a la estética que define el grupo.

Ambos actores aprovechan sus capacidades musicales e interpretan los instrumentos que caracterizan a los personajes en escena: guitarra, flauta, pandero y el “latófono” (este último, cuenta Fermín, lo hicieron a partir de un juguete artesanal consistente en latas de conservas o similares, unidas mediante una cuerda, que al ser pulsada emite sonidos). Lainier Verdecia es, además de actor, un reconocido cantautor joven de la ciudad.

De todo esto se pertrechan para entregarnos una obra divertida e ingeniosa, que rescata el clásico que muchos padres disfrutaron y que ponen hoy al alcance de los niños. Lo hacen –y ahí parte de su atractivo– incorporando aquellos juegos infantiles hoy casi en desuso, que los pequeños de mi generación y las anteriores, ingenua y felizmente, practicábamos en el barrio o en el patio de la escuela y que hoy, ante la avalancha del Internet y los teléfonos celulares desde edades cada vez menores, son escasos. Cada juego da pie a las peripecias de los personajes, al desenvolvimiento dramatúrgico, a las búsquedas que, en la propia dirección artística, asume un colectivo que, desde sus primeras puestas, han apostado por la interacción con el público y lo lúdico.

Con un diseño de vestuario atractivo y una escenografía aún más minimalista que hace que los instrumentos se “conviertan” con una chispa de imaginación en personajes de la historia, Palabras al viento –ganador, entre otros reconocimientos, del Premio de la Ciudad de Holguín en tres ocasiones (2014, 2017, 2019), el Juglar Honorífico de la Uneac y el premio Contar la vida–, nos recuerda a través de Los músicos de Bremen el valor de la amistad y la perseverancia y sobre todo, la necesidad de seguir cada uno los sueños.


Héctor Ochoa y el sonido de la literatura

Dice el musgo que brota es quizás el libro para niños más importante que se ha publicado en Ediciones La Luz; se condensan en él estéticas diversas de poetas e ilustradores cubanos nacidos a partir de 1970. Por su impacto ante la crítica y los lectores, así como premios de edición, el texto fue escogido para su adaptación al formato de audiolibro en la colección Quemapalabras, de este sello editorial.  

La pieza se realizó bajo la dirección del joven Héctor Ochoa, que escogió este proyecto como ejercicio de culminación de estudios en la filial holguinera de la Universidad de las Artes, en la especialidad de dirección de medios audiovisuales.

En un diálogo con el creador durante la presentación del producto al público infantil en la escuela Primaria Especial La Edad de Oro, Ochoa explica la manera en que lo llevó a cabo.

¿Al niño Héctor le gustaba la literatura?

Cuando era pequeño mis abuelos siempre me leían por las noches antes de dormir, así que desde temprano me acerqué a la literatura, de esa manera, incluso sin saber leer. Tenía un libro que se llamaba Nachito que era de cuentos sobre un niño campesino. Era mi tesoro en esa época.

Podrías haber escogido otro libro, pero ¿por qué uno para niños?

Mientras más temprano sea el acercamiento a la literatura, antes obtendremos conocimientos que necesitamos para desarrollarnos como personas. Desde niños es bueno tener esta idea, si no podemos leer, al menos escucharlo y el formato del audiolibro es lo que me motivó a llevar la literatura a los más pequeños.

¿Por qué escogiste la poesía para tu audiolibro?

Porque la poesía, como acto comunicador, es enriquecedora, invita al autoconocimiento, a conocer el entorno, la sociedad, y de una manera amena y agradable.

¿Cuáles fueron los criterios de selección para escoger los poemas que constituirían el audiolibro?

La intención era recrear la cronología de un día en la vida de un niño. Lo hice pensando en darle un horario a cada texto y así darle una forma dramática al orden de cada uno.

¿Cómo fue el proceso de realización?

Trabajé con la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento, que son profesionales y yo soy nuevo en este ámbito y siento que estoy entrometido en un medio que no es el mío, pero lo disfruté mucho y espero que quienes lo escuchen disfruten también.

Luego de Dice el musgo…, Héctor Ochoa se enroló en otra realización vinculada al mundo del audiolibro, también con el sello de la AHS en Holguín: La Joven Luz. Entrada de Emergencias. Selección de poetas en Holguín. Esta vez reunía a autores bisoños que daban voz a sus propios versos. El lanzamiento a principios de año de este título dio una mirada distinta al novel director sobre este tipo de realizaciones, esta vez sin actores, con otro destinatario.

Por lo pronto Héctor parece enamorado del sonido, trabaja en la radioemisora municipal de la Ciudad de los Parques y sueña con nuevos programas, también para niños. De seguro volveremos a oír de él.


Confesiones como palabras al viento

Considerada por la crítica especializada como una de las compañías de narración oral más importantes en el ámbito nacional, Palabras al viento ha basado su trabajo en la experimentación con la oralidad, pero también con las posibilidades de los recursos escénicos.

No es un colectivo de narradores orales en el ámbito más restrictivo del término: su más reciente estreno, Confesiones, inspirado en El libro de los abrazos, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, confirma que Palabras al viento ha desbordado conscientemente esos límites, para abrirse a las amplias posibilidades de la creación artística.

Fotos Wilker López

Fermín López Hernández, director artístico y general de la compañía, partió para estructurar el espectáculo de doce de las historias que integran El libro de los abrazos y que “funcionan como unidades independientes, entrelazadas con la magia de los tecnicismos de la escena, dándole poder a la voz humana”.

Son relatos fuertes, incluso varios de las más impactantes anecdóticamente en el libro, por tanto era necesario una especie de distanciamiento brechtiano, asegura, que en momentos es roto en busca de una cercanía casi palpable, incluso del diálogo. La cortina que los divide a mitad del escenario, al inicio y al final de Confesiones, que persigue este distanciamiento necesario, queda desplazada cuando narran “Celebración del coraje/ 2”. Aquí un actor llega al escenario, intercambia con el público, lo interroga, lo hace pensar en el coraje, incluso cuando quien está frente al pelotón de fusilamiento es un asesino.

Fotos Wilker López

Si bien es cierto que cada una de estas historias son unidades independientes que pueden impactar de por sí, por su fuerza y realización, la estructura dramatúrgica que las agrupa le da coherencia y eficacia al discurso escénico de Confesiones. La torna compleja, ambiciosa, para un público no complaciente, que espera la confrontación, al salir del teatro con varias preguntas en la cabeza y con los sentimientos algo estrujados.

Esa experimentación escénica de la que hablábamos, sui generis en los colectivos de narración oral, que usualmente explotan, sobre todo, las posibilidades de la palabra y en ocasiones la música, es, en cambio, un sello distintivo del grupo holguinero, fundado en 2004.

Confesiones parte de la confluencia de otras manifestaciones en función del lenguaje del cuento narrado oralmente. Básicamente narran, pero también actúan. Esta puesta y su trabajo reciente, como la versión de Bodas de sangre, el clásico de Federico García Lorca, tienen mucho de teatro, en la estructura escénica, en la vitalidad de actuación, en el manejo del cuerpo como medio de expresión más allá de la palabra.

Además, Palabras al viento potencia la escenografía, minimalista, esencial, capaz de trasmitir la fuerza y al mismo tiempo la sencillez de las breves historias de Galeano; el vestuario, cuyo diseño fue realizado por el propio Fermín López; las luces, cálidas o apoyando el distanciamiento y la cercanía con el espectador, en dependencia del momento. Ellos recrean atmósferas, apoyan las historias, evocan emociones.

Fotos Wilker López

Los personajes, insisten en recordarnos ellos, son caracterizados solo por la voz. “La alambrada”, por ejemplo, es de una belleza plástica encomiable, un derroche de virtuosismo e inventiva en la escena, gracias al director, y al joven actor Lainier Verdecia.

La Compañía de Narración Oral Palabras al viento, que celebra su aniversario15, ha recibido varios reconocimientos, como el Premio de la Ciudad de Holguín en tres ocasiones (2014, 2017, 2019), el Juglar Honorífico de la Uneac y el premio Contar la vida. Además, destaca su trabajo con Ediciones La Luz, reconocido sello de la AHS en Holguín, en audiolibros como Retoños de almendros y el reciente, Dice el musgo que brota.

Siete actores en escena –Yenxi Cruz, Yordanis Sera, Rocío Pérez, Lainier Verdecia, Yeriber Pérez, Linet Fardales y Daniel Núñez, estos últimos miembros del taller de la Compañía– nos demuestran que “no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo”. Ellos insisten en la narración oral como posibilidad para seguir creyendo cada día.

Fotos Wilker López

Fotos Wilker López