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Jorge Amado: cavilar la composición

Un joven comprometido con su tiempo, su generación y su obra. Que entrega en cada nota de su música lo que su alma le indica. El violín y la composición son sus pasiones y su nombre es Jorge Enrique Amado Molina, estudiante de la Universidad de las Artes, que ha merecido múltiples galardones entre ellos recientemente el Premio Conmutaciones de la Asociación Hermanos Saíz. Más allá de sus méritos profesionales, conocer su arte y su historia ha sido un regalo en esta conversación, esencialmente porque sus palabras y gestos transpiran la humildad de un joven que desde siempre ama a la música.

––¿Cómo crees que combinas en tu carrera profesional el violín y la composición?

Es una relación que siempre ha estado desde mi punto de vista como intérprete y compositor. Creo que es inevitable porque a la hora de componer me enfoco mucho como violinista. Que me ayuda a conceptualizar lo que quiero expresar no solo desde la partitura, sino también en el performance o en el aspecto visual a la hora de la ejecución de un concierto, de la dramaturgia. Es lo que siempre he dicho, la composición me ha ayudado en la interpretación y viceversa.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Cuándo empezaste a componer?

Empecé a componer aproximadamente a los ocho o nueve años, estaba en el Conservatorio Manuel Saumell, en el nivel elemental, a través de la profesora de piano en aquel entonces, Claudina Hernández. Ella me pidió para los exámenes de piano complementario que escribiera las obras cubanas para examinarlas y así fue como empezó todo, al escribir obras para piano, no para violín.

––¿En qué momento entró el violín en tus procesos creativos?

Aún sigo viendo la composición como un hobbie, porque me doy cuenta que si uno lo piensa así fluyen mejor las cosas que si uno se enfocara en que es un trabajo. Me acerqué a la creación en este instrumento en mis estudios de nivel elemental, pero en el Conservatorio Alejandro García Caturla a través de mi maestra de violín desde entonces, Carmen Amador, quien exhortó a los estudiantes a una actividad por su cumpleaños a tocar obras y yo en lugar de llevar algo de mi programa, quise llevar algo hecho por mí.

Recuerdo que llevé una obra llamada Embrujo, creo que era por la fascinación que he recibido por la música y por dicha profesora, quien me enseñó que el instrumento lleva implícito la interpretación y la sensibilidad de uno como artista. Creo que esa obra fue la más seria que compuse en ese nivel.

Luego, en mis estudios de nivel medio en la ENA (Escuela Nacional de Arte), a través del taller de composición Carlos Fariñas, dirigido por Juan Piñera ya las obras que compuse para violín son un poco más cercanas al lenguaje que tengo en la actualidad.

––¿Por qué te gusta tanto escribir para cuartetos de cuerdas?

Creo que tiene que ver con mi zona de confort como instrumentista. En mi caso, como estoy muy vinculado a tantos cuartetos en los que he tocado tanto violín como viola. En los cuartetos me siento en confort. Ese lenguaje que tanto en los ensayos como en los conciertos me ha llegado a identificar.

––Solo me hablas de música de cámara, ¿Compones música sinfónica?

He escrito hasta este momento tres obras con formato sinfónico. Una de ellas fue un concierto para violín que fue ganadora el año pasado en el Concurso de Creación Sinfónica Ojalá 2018. Esa obra, junto una de mi amigo Daniel Toledo, fueron las obras ganadoras de dicho certamen.

Y otras dos un poco más cercanas al concepto de poema sinfónico, no exactamente, pero se acerca a esa perspectiva. Creo que las cuerdas han sido mi centro, he escrito tanto para instrumento solo, dúos, tríos, cuartetos, quintetos y hasta sextetos. Un sexteto singular: un sexteto de violas que tuve la dicha de poder escucharlo en un concierto dirigido por Anolan González, con motivo a sus 25 años de vida artística.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Quién o quiénes consideras que son tus compositores de referencia?

Realmente son muchos. Están desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Como el compositor y violinista belga Eugène Ysaÿe cuya influencia ha sido tanta que compuse una obra para violín solo durante mis estudios en la obra, llamada Isayana, que tiene mucho que ver con ese lenguaje de las armonías por tonos enteros y terceras que me resultan fascinante. Compuse ese homenaje humilde, porque él ha compuesto seis sonatas para violín solo con una duración impresionante, y en mi caso solo han sido seis minutos de música.

Después, con el paso del tiempo me han llegado otras influencias porque siento que los compositores somos un poco chef. Para conocer sabores uno visita restaurantes, crear combinaciones de sabores para uno poder crear su propio plato y después llevarlo, en nuestro caso, a la partitura, aunque no se coma, pero se disfruta al oído, o eso espero.

Mucho tiempo estuve escuchando a Prokofiev, Dimitri Shostakovich… me atrevo a decir que en la actualidad aún me influye ese lenguaje de las sinfonías y los conciertos al estilo soviético. Hubo un período durante mis estudios en el ISA (Universidad de las Artes) que me he acercado a la música del compositor chino Tan Dun, que es fascinante el modo ecléctico que tiene su lenguaje de música que va desde el minimalismo, espectralismo y serialismo.

 Dentro de las Américas me impresionan compositores desde Estados Unidos hasta Argentina. Desde Philip Glass, Steve Reich, Johnn Adams; un poquito más en Centroamérica Silvestre Revueltas, Carlos Chávez; más al sur, a Ginasteras.

Yo digo que está bien conocer de todo un poco, pero no se puede olvidar nuestra identidad y nuestro entorno sonoro. Dentro de mis influencias está Leo Brouwer, Juan Piñera y Guido López Gavilán, quienes son los más cercanos al lenguaje que quiero expresar.

––Cuando compones, ¿te centras en un estilo o tendencia en específico?

Uno nunca puede pasar por alto a los grandes maestros desde Palestrina, Johann Sebastian Bach, Tchaikovsky. Yo no suelo pensar o querer que suene a determinado estilo o tendencia. A veces me dejo llevar por la inspiración. Aunque todavía hay su polémica sobre si existe o no la inspiración. Pero me dejo llevar por lo que siento y pienso.

Una vez creada la obra, suelo sentir que algún fragmento lo saqué de mi almacén sonoro por alguna obra o compositor. Uno siempre trata de buscar un estilo propio, pero al final solemos crear una combinación de todo aquello que hemos consumido. Para mí es inevitable que haya ese tipo de influencias.

En mis comienzos, hace ya un tiempecito, me incordiaba un poco que me dijeran que una obra mía sonaba a tal compositor. Mientras yo trataba de crearme un camino propio y de diferenciarme. Pero luego me di cuenta que es algo que viene con uno.

Creo que si me enfocara en una tendencia en específico sería como un neofolklorismo por la manera en que he tratado los instrumentos desde su escrita más rítmica o contrapuntística. En la búsqueda de combinaciones que se asemejen a los conjuntos folklóricos, de la música yoruba o el propio guaguancó.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Tienes alguna experiencia en particular con esta intencionalidad?

Una de las obras sinfónicas que se llama “En conga pa´ La Habana”, estrenada por la Orquesta Juvenil Cubano Americana (Cayo, por sus siglas en inglés). Esta sí fue una conga porque me lo propuse, por el significado que tiene al terminar una festividad o celebración por la frase común de: “A paso de conga”. Esto sí fue más evidente. Pero hay ocasiones en las que no me lo propongo y salen esas combinaciones contrapuntísticas que pueden recordar algún conjunto o instrumento como los tambores batá, sin necesariamente estar el instrumento presente. Puede ser por ejemplo en un cuarteto de cuerdas, por la búsqueda de esas combinaciones o sonoridades; lo que sucede a veces sin proponérmelo.

––¿Cómo describes tu proceso creativo?

Esa es una pregunta que me hago constantemente, porque me he dado cuenta de que las composiciones yo las comienzo en momentos que emocional o profesionalmente deseo traducir a la música. Está muy influenciado por mi estado de ánimo, o por la música. Yo quisiera leer más de lo que leo, porque a final de cuentas, los compositores y creadores en general son los traductores musicales de lo que pasa en su tiempo. Las lecturas también pueden influenciar en la creación.

En estos días nublados, me encontraba un tanto melancólico y pude empezar a escribir un Adagio para orquesta de cuerdas que pienso incluir en este proyecto de Conmutaciones, y siento que el proceso creativo fluyó muy bien porque está en consonancia con lo que quiero hacer y transmitir.

––¿Cómo tu música dialoga con el paisaje sonoro de La Habana de la actualidad?

Vivo en una zona muy céntrica del Vedado y la inevitable escucha del ambiente sonoro es y ha sido importante en mi música. Hay motivos musicales, principalmente rítmicos, que he puesto en algunas de mis composiciones que después personas que conocen mi música me han dicho que reconocen el sonido de un claxon. Parece que esos sonidos están en mi subconsciente desde el tránsito o las discusiones que se generan en las paradas de las guaguas. Creo que es una manera de llevar al plano musical mi entorno.

––Háblame de tus más recientes galardones…

Este es el momento más difícil. Lo diré cronológicamente. Primero, el Concurso Internacional para Cuarteto de Cuerdas “Nuestra América” 2019, organizado por el cuarteto de cuerdas José White radicado en México. Había que presentar una obra entre 6 y 12 minutos con libertad de estilo, y ya había creado una serie de cuartetos que no cumplían los requisitos o las bases para presentarlos.

Entonces compuse una obra específicamente para este concurso. Envié la música con partitura general y particellas, por supuesto, bajo seudónimo. Resultó ser ganadora. En total fueron 24 concursantes. Realmente es una tremenda dicha que entre tantas personas haya sido premiado mi Cuarteto No. 6 “Carnavalesco”.

El Premio Conmutaciones es como una visión que he tenido desde mi primero año en el ISA. Recuerdo mi primer acercamiento a estas becas estando en un ensayo del coro mixto. En ese momento tenía tiempo para presentar algo, pero no me sentía preparado porque musicalmente no tenía diversidad.

Entonces me dije que sería más adelante y con calma. Al pasar el tiempo, ya finalizando mis estudios en el ISA, consideré que era momento de presentar un proyecto. Porque Conmutaciones es una gran oportunidad, por grabar un disco, organizar un concierto; es como una oportunidad a la que exhorto a todos a participar. El gesto de participar ya es una manera de ganar.

Estoy ansioso de comenzar con este proceso a ver qué ocurre. Yo presenté un proyecto con obras compuestas para conjuntos instrumentales de cuerdas frotadas, ya sean instrumentos solo, tríos, cuartetos, quintetos, y para finalizar me gustaría una orquesta de cuerdas como presenté en el proyecto.

Quiero simbolizar a través de una obra, al menos, cada instrumento de esta familia. Una obra que destaque el violín, el cello, viola y el contrabajo. Quiero finalizar con obras para orquesta de cuerdas que al final es como la familia reunida, es una visión bastante familiar de cómo unificar todo para hacer un hecho musical.


Intentando ser bohemio en Ciego de Ávila

Más apretado que el beso de un muñeco, estaba el café Kcharrito la noche del sábado 4 de enero en Ciego de Ávila. Ostentoso de ser la única oferta gastronómica con algunos aires de cultura bohemia en la capital provincial. Como si en esta no existiesen otras instituciones para brindar ofertas e intentar reunir, desde el seno de tan enriquecedoras opciones, a la población avileña.

Al arribo de un grupo de personas que esperaban pasar su noche del primer fin de semana del año en el patio de la UNEAC, aquel pequeño cacharrito, que mide aproximadamente tres metros de profundidad por dos y medio de ancho, era la única alternativa. 

La UNEAC, con un bar en pleno funcionamiento y buen abastecimiento, con todas sus luces apagadas recibiendo el nuevo año. La ACAA, con años de planificación y construcción, prefiere no hacer ostentos de sus planes que tiran de la línea del tiempo como si fuese un chicle, por no hablar de un café literario, idea transparente o inexistente de instituciones como el Centro Provincial del Libro, la Biblioteca Provincial Roberto Rivas Fraga y Ediciones Ávila, de eso, para qué hablar. Los atrevidos particulares son la única oferta.

Toda la bohemia de Ciego de Ávila en aquellos tres por tres. Desarrollado en un garaje donde apenas pudo aparcar un Lada, se acumuló con inicial falta de voluntad, todo aquel que cuando las escasas ofertas de áreas limpias de reggaetón de la provincia cierran, no encuentran algo menos concurrido. Amigos que no esperaban encontrarse esa noche, conocidos que nunca hubiesen coincidido en un kilómetro a la redonda, pudieron bridar o simplemente verse las caras. Algo bueno trae todo mal, qué se puede decir.

Cuando años atrás este aromático local abrió sus puertas fue la esperanza de que floreciesen otros del mismo o parecido estilo, y fuimos bendecidos. Surgió una casa del té, y otro el cual, realmente no sé si en el período que duró, dio tiempo a conocerse por un nombre; eso sí, todos de esfuerzo cuentapropista. El tiempo pasó y fue cruel, La Casa del Té cerró, ese tercero, pereció; y no soy quien para juzgar o culpar a una mala administración o al desfavorecimiento aportado por aquellas instituciones estatales que se dijo deberían servir de abastecimiento para estos emprendedores negocios, pero el único sobreviviente ha subido sus precios, al menos tres veces desde su apertura.

Supongo que la AHS no puede hacerse cargo ni llevar en sus hombros tal peso, estamos acostumbrados ya, que sea esta Organización no Gubernamental quien dé a ratos algo interesante al quehacer de los noctámbulos avileños. Con el decrecimiento y finado de algunos de sus eventos, como Semana de Arte Contemporáneo, el empobrecimiento de las opciones seguirá, en contra de nuestros deseos, en un aumento sustancial; cada vez son menos quienes apuestan por establecimientos de tales cualidades.

Debido al temprano horario de cese de servicios del Kcharrito, visitar discotecas o irse a dormir eran las siguientes opciones. El Patio de Artex fue entonces uno de los diversos caminos, que, para contaminar nuestros oídos, acatamos. Entre los locales repa de la provincia, que se identifican con temas como “…champán, champán, borracha…” e intérpretes como “El Chulo” se encuentran este establecimiento, en el cual, entre “col y col” puedes escuchar música bailable cubana. Y no digo: “no llegues a disfrutar al fondo de una botella de Havana Club”, pero por favor, quiero elegir, que no sea porque carezco de opciones. No quiero vivir la imposibilidad de sentirme bohemio en Ciego de Ávila.


A Reinaldo Echemendía Estrada, todo el homenaje

“El arte se llega por muchas vías, solo hay que tener talento y una buena guía. Tuve la suerte de contar con maestros excepcionales y esa es mi deuda y orgullo, por lo que el haber dedicado 45 años al arte y a la pedagogía me ha dado el 50 por ciento de todo lo que he aprendido en mi vida.”

Esta es la esencia que durante 45 intensos años de quehacer artístico ha definido la obra de Reinaldo Echemendía Estrada, músico, coreógrafo, folclorista y pedagogo; un artista versátil y auténtico que engrandece hoy la cultura camagüeyana como hijo ilustre de nuestra ciudad y formador de generaciones, porque como dijera José Martí, “ser maestro es hacerte creador, hombre recogerá quien siembre escuelas.”

Reinaldo Echemendía, director del Ballet Folklórico de Camagüey/ Foto Alejandro Rodríguez Leiva

Entre el dulce aroma del café y el diálogo franco que lo caracteriza, así transcurrió la tarde en la Casa del Joven Creador, en la peña “Estrechando Espacios”, una de los espacios habituales de la AHS y que en esta ocasión, en vísperas del Día del Educador, el público presente celebró toda una vida dedicada al cultivo del arte, de quien es hoy el director del Ballet Folklórico de Camagüey y uno de los Miembros de Honor de la filial principeña: Reinaldo Echemendía Estrada.

Durante 28 años, el Ballet Folklórico de Camagüey bajo su dirección ha distinguido a nivel nacional e internacional la escena lugareña en el rescate y promoción de lo más representativo de nuestras raíces: la cultura popular tradicional y folclórica; además de crear una proyección escénica sobre la base de la cultura local.

Un merecido reconocimiento se realizó en el Café Literario La Comarca a un hombre con una singular historia que se resume en entrega total a la música, la danza y el arte en general, con un profundo arraigo en lo que constituye parte de nuestra identidad, lo popular y tradicional llegados desde África y España.

“Las raíces folclóricas estaban en mi casa, yo respiraba la cultura tradicional”, así expresó Echemendía al describir una infancia llena de toques, cantos y bailes folclóricos que luego perfeccionaría con años de superación e investigación para ser hoy una de las voces más genuinas y verídicas si de danza y música se trata, porque su calidad como artista va más allá de la creación.

Ballet Folklórico de Camagüey/ Foto Alejandro Rodríguez Leiva

Jojazz de la loma

El Conservatorio Esteban Salas celebra con creces una amplia jornada por sus 60 años de existencia. Dicho así parece el encabezado de un hecho noticioso más, de esos que pasan a la vuelta de otro titular cualquiera. Pero no,  considero lo que voy a referir en los próximos teclasos como un eslabón de hechos socio-musicales de raíz histórico cultural.

Hace apenas pocos meses comenté en otra de mis colaboraciones la conquista del jazz en el universo estudiantil musical en santiagueras tierras. Ciertamente el nivel medio de música en la oriental urbe–acorde a situaciones contextuales entonces enunciadas– atestigua una especie de “jazzmanía” o “jazzplaga” que fructifica en el interés de las sucesivas promociones de estudiantes y en su inserción en el circuito de promoción y eventos del género en la ciudad y el país. De varias de estas participaciones aflora un importante resultado de galardones que si bien no es el único certificado que avala la calidad de la creación artística, sí constituye incentivo para el creador y una plataforma de visualización.

Digo todo esto porque la más reciente edición del Jojazz una vez más entregó lauros al talento de jóvenes jazzistas en formación, estudiantes de la referida institución de la enseñanza musical cubana. Lo cual se suma a los motivos de celebración que durante todo el año festeja el claustro de profesores, trabajadores y estudiantes del plantel. Y que de forma ineludible brinda continuidad a la saga del “Esteban Salas” en dicho certamen. David Virelles abrió los caminos que tiempo después seguirían Influencia, Okán Jazz y recién, la actual promoción.

En el caso del Cuarteto de Saxofones, con el liderazgo de Alejandro Cera Pérez, en la modalidad de pequeño formato obtuvo el Primer Premio y el galardón colateral que otorga la AHS. A propósito de un encuentro con la prensa el joven manifestó que “para la selección de nuestro repertorio pensamos en arreglos de compositores cubanos como Orlando Cuba Jazz, un arreglista muy conocido en el país, el santiaguero Ernesto Burgos y el saxofonista Paquito de Rivera. Todas las piezas tienen como denominador común la raíz cubana, la apelación a elementos de la rumba y otros componentes de nuestra música”.

La formación ya se había insertado en el evento en la pasada celebración, oportunidad en la que resulta reconocida con una mención en la categoría de interpretación. Al decir de sus integrantes este logro lo vieron como el peldaño a mayores propósitos.

Entre sus principales referentes toman el trabajo de la agrupación profesional Magic Sax Quartet, en la que algunos de sus miembros comparten la dualidad como profesores de la enseñanza artística.

Ahora los jóvenes se proponen continuar el trabajo musical y les resultan atractivas las oportunidades que brindan los premios y becas por la AHS. En este particular ya tienen la posibilidad de una realización audiovisual la cual aspiran a presentar al Cubadisco del venidero año. Además, Alejandro se propone presentarse a próximas ediciones del Jojazz por composición.

Por su parte, José Marcos Antonio Prades, también alumno de tercer año de saxo y además pianista acompañante, le regaló al Conservatorio la satisfacción de crear por vez primera la Jazz Band del centro.  Dicho formato resultó galardonado con una mención en interpretación. Este lauro es notorio para quienes en su mayoría cursan el primer y segundo año de alguna de las especialidades en música.

A propósito Marcos Antonio dialogó:

“Nos inspiramos en el trabajo de reconocidas jazz band como la de Joaquín Betancourt y quisimos hacer algo así en el Conservatorio. Desde que estudié en la Vocacional de Arte sentí atracción por lo jazzístico pues soy estudiante de saxo, pero la verdadera pasión llegó cursando el nivel medio, pues ya se tiene mayor nivel de información y conocimiento para la recepción de algo como el jazz. En lo adelante nos proponemos enriquecer el repertorio y esperamos colaborar y recibir el apoyo de la AHS y la UNEAC en nuestro crecimiento artístico”.

También de manera inicial la provincia tuvo representación en el evento en el apartado de composición. Enmanuel Zamora Despaigne, alumno de tercer curso de piano básico protagonizó la página. Entre 14 composiciones de alta calidad tuvo el reconocimiento del comité organizador a las dos obras en competencia, En las nubes y Con los pies en la tierra, las que a su decir elaboró como un collage de cubanía.

Los integrantes de los formatos que participaron en esta edición se sienten motivados e influidos por la más reciente historia de otras formaciones e intérpretes que le han antecedido en el plantel musical, meritorios también de lauros. Reconocen que el cultivo del jazz sienta ya una tradición dentro de las más recientes promociones de jóvenes en la academia musical santiaguera. Esperan insertar su música en el circuito para la promoción del jazz en Santiago de Cuba en espacios como La jutía conga en la UNEAC, el Iris Jazz Club, así como en la red de eventos asociados en el territorio y más allá de sus demarcaciones.

Las noticias se suceden unas a las otras, la historia se compone de hechos que trascienden. Los jóvenes casi siempre tienen el don de protagonizarla.


Réquiem para un trompeta

Nunca me acostumbraré a la ausencia y sus golpes. Avocada en los preparativos para la creación del Museo de la Música en la santiaguera urbe, me había decidido a entrevistar a unos cuantos de esos personajes a los que la cotidianidad se encarga de volver cotidianos. Solo había transcurrido un mes y seis días desde que tuviera el encuentro con el maestro Inaudis Paisán Mallet, figura eminente de la música en Cuba, cuando llegó la noticia de su deceso. No era un presagio, incluso llegamos a burlarnos de la posibilidad. ¿Quién no se acostumbra a los achaques? Uno siempre piensa que los viejos le acompañarán un tiempo más…

Hoy que no son días de festival de la trova ni se conmemora fecha alegórica alguna, aprovecho para compartir aquel encuentro y de paso sirva un día cualquiera para recordar a los grandes.

Yo nací el 17 de agosto de 1930, pero me inscribieron dos años más tarde, en el ʻ32. A los cinco años comencé mis estudios en una escuela paga, de ahí a la escuela número 5 en Moncada entre Trinidad y San Germán.

Se activan las alarmas. Escritora detiene tecla.

Inaudis Paisán Mallet y La Estudiantina Invasora.

Marta, la hija, vive con el señor mayor y además de encargarse por los horarios de medicinas y alimentos, es una especie de albacea familiar. Ambos se comprometieron vía telefónica a hurgar entre maletas y papeles, en todo aquello que pudiese contribuir a la salvaguarda del patrimonio musical.

Sí, yo la voy a ayudar, ¿cómo es que se llama usted?, pero fíjese, yo estoy vivo, no he muerto.

Y ambos echamos a reír. El encuentro quedó pactado para el lunes 21 de julio de 2014, a las 10:00 A.M.

Marta toma el auricular, tú preguntas que a mi papá todos lo conocen por aquí.

Estoy a tres días de sentarme frente a uno de los trompetas fundadores de la Orquesta Sinfónica de Oriente en 1962; trompeta también de la legendaria orquesta Chepin-Chovén. De lo clásico a lo popular, o viceversa, estos hombres solían ser geniales en todos los ámbitos.

Aunque vive con Marta, también sus hijos varones están cerca. Nuestra conversación sería custodiada por la albacea y su hijo Tomás. Poco tiempo después pasarían uno de los nietos, y su otro hijo, director de la orquesta Sonora Huracán. Su hermano menor llegaría desde El Cobre. No es nada extraordinario, es habitual.

Viaje de ida

En el Distrito no he tenido amigos ni enemigos. Solo había llegado en alguna ocasión. Pero ya Teresa, autóctona ciudadana y defensora de la zona me ha explicado la ruta. ¿Dónde está la shopping? Sigo la calle en línea recta, camino un poco y allá quedan los edificios R. 14.

Ya he dicho que es julio. No hace falta describir el clima. Llego. Es el último piso de cinco. La puerta entreabierta, toco.

La conversación

Un apartamento común y corriente, sin nada de más ni de menos. De pronto se borran algunas interrogantes previstas. Tengo frente a mí a Inaudis Paisán y su familia, prestos todos a brindar tiempo e información.

¿Tú trajiste con qué grabarme?

Luego de la escuela no. 5 paso a la superior de Romero, en Carnicería, ahí curso el bachillerato. Todo esto paralelamente a la música.

Mi interlocutor realiza pausas, lleva la mirada a algún archivo de esos primeros años.

Comencé mis estudios musicales con mi padre Juan Paisán y Mallet, quien ejecutaba el saxo y el clarinete. Fue músico de la banda municipal, de las orquestas La Caribe y la emblemática orquesta de Mercerón.

Inaudis Paisán/Foto Giusseppe lo Bartolo.

Marta rebusca en el archivo del padre, trae fotos, distinciones, partituras, y una guayabera que usara con frecuencia en las presentaciones con La Estudiantina Invasora.

Llega la enfermera. Hay que chequearle la tensión arterial al viejo por las cosas de la edad.

Seguimos saqueando la memoria.

Al fallecimiento del padre en 1946, Inaudis comienza su vida musical de modo perseverante. Aunque buena parte de su vida profesional fue casi autodidacta. No es hasta que siendo músico de la Sinfónica de Oriente, sale una circular donde se exige que todos sus integrantes debían poseer el nivel medio, titulación que alcanza en 1986.

Su primera agrupación fue el conjunto del tresero Mozo Borgellás. En este periodo integra varios conjuntos como el grupo Maracaibo de José Castañedas, el Actualidades; después el Maravillas de Beltrán, hasta llegar al Copa Club. En este lugar vivió el inicio de Los Modernistas de Pacho Alonso.

Sin embargo, a pesar de integrar numerosas agrupaciones, sería la orquesta Chepin-Chovén la que marcaría su carrera en lo popular.

También pertenecí a Chepín y su Orquesta Gigante, con la que grabé números como Bodas de oro, El Platanal de Bartolo, Diamante Negro, Reina Isabel, entre otras piezas populares.

Gracias a la idea y la obra de Juan Almeida en 1972, Chepin y Chovén se unen nuevamente, yo salgo de la Sinfónica de Oriente para integrarme otra vez a la orquesta. No obstante regreso a ésta cinco años más tarde, cuando era dirigida por el maestro Enrique Castro.

Hacemos un alto, nos sentamos en el pasillo exterior a los apartamentos. Paisán aprovecha para mencionarme su integración a la banda municipal, y a la del Ejército Rebelde en 1959. Sus hijos me muestran lauros como las medallas por la Cultura Nacional, la Lázaro Peña, la Jesús Menéndez, la Raúl García; la distinción José Martí; y la placa José María Heredia, entre tantas otras.

Tengo frente a mí a un viejo excepcional, que vive en un quinto piso, donde cuesta subir los años.

Y llega la Invasora

En 1991 Inaudis Paisán Mallet pasa a dirigir la Estudiantina Invasora hasta su jubilación en el 2013 por afecciones de salud.

Me recuerda que la Estudiantina nace el 24 de febrero de 1927 y sus directores fueron Luis y Manuel Varela, Pedro Fernández, Roberto Nápoles, hasta que él asumiera la responsabilidad. Cuando Paisán toma la dirección mantiene prácticamente el formato con que se creó, aunque dejó un solo Tres, dos guitarras, dos cantantes encargados del güiro y las maracas, un timbal, contrabajo y una trompeta. En este periodo la agrupación realiza grabaciones con los sellos Magic Music y EGREM.

De su obra como compositor Paisán distingue piezas como los danzones Mayarí arriba, Magalis, Belkis, Yaquelin, Yamila y Yamilé, Veracruzana. Similar importancia otorga a  Katerine, Mónica, Esmilda, Claramina, Descarga en el Monte, En el tiempo, Konacli, Milurgia para un flautista, dedicado a su amigo Enrique Navarro, flautista de la Sinfónica de Oriente.

Viaje de regreso

La trompeta de Inaudis está en el son santiaguero, en el legado a la Sinfónica, la Estudiantina, en mis oídos, en los oídos de quienes fueran sus discípulos, en la gente que lo escucha y no sabe que ese sonido lleva un nombre.

El viejo sonríe el cansancio de los años, la familia me despide.

No necesito preguntar, conozco bien el camino. Abordo la camioneta, es un milagro tomar asiento. Pasan algunos días para que los apuntes lleguen a tecla.


Un sonido en movimiento

Hace más de un año… ¡hace más de un año asere, increíble!, dice Pepe Gavilondo que parece todavía no creerlo. Al fondo el poeta versa que “lebrel, ligero y dividido al esparcir su dulce acometida”, y la música de Ensemble Interactivo de La Habana me hace reafirmar la idea de que hay músicas que nos hablan.

Desde hace algún tiempo los integrantes de esta agrupación que a ratos rompe la cotidianidad de La Habana con sus ingeniosas propuestas querían hacer converger su música con la obra de algún poeta preferiblemente latinoamericano.

¿Pero cómo nació este proyecto? ¿Por qué José Lezama?

“Espera que eso te lo tiene que explicar Yasel, que fue el principal creador de la propuesta”, y la entrevista se llena de este espíritu de creación colectiva que tanto defienden los integrantes del Ensemble, sin formalismos, sin trabas, una conversación que fluye como la música.

Yasel Muñoz (Foto Eddos)
Yasel Muñoz (Foto Eddos)

“Lezama creo que fue la mejor decisión porque su discurso tiene muchos puntos de conexión con lo que hacemos, y ese deseo de encontrar raíces profundas de lo que puede ser lo cubano, el mito insular. Tenemos un discurso que abarca muchas latitudes del arte y la sociedad, de misterios telúricos que él toca sin dejar de ser introspectivo y ese es el punto fundamental en el que convergen los discursos de un artista de hace medio siglo y artistas del siglo XXI”, explica Yasel Muñoz, quien es flautista, compositor y arreglista.

El proyecto, ganador de la beca de creación El Reino de este mundo, de la Asociación Hermanos Saíz, es una simbiosis total entre la poesía de Lezama y la música del EIH. Con un contenido musical que emana de la poesía lograron crear un solo discurso que recorre fragmentos de tres de los poemas más conocidos de Lezama: Noche insular jardínes invisibles, Rapsodia para el mulo, y El arco invisible de Viñales.

“Este trabajo pretende acercar a todo aquel que tiene a Lezama como un personaje muy respetado, porque todos sabemos que tiene una obra bastante grande y consolidada pero es demasiado respetado o temido, y también sacarlo un poco de esa zona de élite. Es cierto que su discurso es hermético como lo han caracterizado muchos investigadores pero eso se desmantela en un poema como la Rapsodia del mulo, donde combinamos el discurso poético con las percusiones y ritmos afrocubanos, y lo volvemos un poco más cálido, sin quitarle la esencia al poema, pero lo volvemos más cercano incluso para públicos que no consumen poesía.”

La falta de prejuicios en cuanto a poética, forma y contenido unen a Lezama y a estos jóvenes músicos, que no temen explorar con la voz, las manos, con una botella o una lata; incluso si hay que desarmar el propio instrumento… pues se desarma, y esa falta de barrotes los hace tan brillantes como al poeta.

Ensemble Interactivo de La Habana  (Foto Eddos)
Ensemble Interactivo de La Habana (Foto Eddos)

El proceso de creación de la pieza fue minucioso para lograr una analogía entre la estructura y la forma de los poemas y de la música. El proyecto, que es además un video, incluye la participación de un narrador.

Para Pepe, la poesía de Lezama despierta una gran cantidad de emociones, sensaciones, colores, un entramado que tiene que ver con lo que ellos han creado colectivamente, “es la libertad de buscar la cubanía universal o la universalidad nacional, la libertad del sonido, del color… son muchos los puntos en común.”

Lo estrenamos cuando todavía estaba en proceso, en la Bombilla verde –añade– y la idea es cada ciertos meses retomarlo, porque es un proyecto grande que agota por toda la energía y creatividad que requiere.

Cuando componen los proyectos normalmente no vuelven a repetirlos, pero “esto ha sido tan profundo y tan importante que se ha quedado, y lo seguiremos haciendo porque cada vez lo repensamos y lo sentimos diferente”, explica.

La obra de Ensemble pasa como un tornado, como un buen tornado, llega sin previo aviso y tras su paso no puedes quedarte indiferente, algo cambia muy adentro.

Nació a consecuencia de un taller de improvisación impartido en 2009 por el artista catalán Josep María Balanyá, quien “nos dejó con las ganas de seguir improvisando, y ahí comenzamos a autoformarnos”, añade Luna Tinoco, flautista colombiana y fundadora de la agrupación.

Luna Tinoco (Foto Eddos)
Luna Tinoco (Foto Eddos)

“Nuestra propuesta ha sido bastante innovadora pero siempre ha sido bien recibida, ahora con un poco más de público, pero en los inicios siempre hubo una recepción del público, aunque fuera de sorpresa. Lo nuevo siempre choca pero la gente agradece esa novedad”.

“Es el hecho de estar improvisando, crear algo que solo pasa una vez y nadie sabe exactamente qué verá, manejamos mucho el espacio, y eso hace que la gente sea partícipe de lo que está pasando, al contrario de la música académica que es muy distante, seria, con nosotros las personas se han sentido más afines.”

Al interesarme por el proceso de creación, “nosotros tenemos demasiados instrumentos” agrega de inmediato el compositor colombiano Santiago Barbosa. Y comienza a enumerar el arsenal que tanto llama la atención de los públicos en las presentaciones.

“Una gran parte son los de percusión y los de viento, pero también tenemos ocarinas, flautas aborígenes latinoamericanas, angollas, cosas construidas por nosotros con tubos, silbatos, más guitarritas, violines, dulcimer, objetos como el waterfone o ʻballenófonoʼ, marimbas, acordeones, utilizamos la voz, gritamos, o sea, no tenemos todos los instrumetos del mundo pero sí un gran abanico de sonidos.”

Con todos esos instrumentos comienzan a explorar, y el éxtasis se apodera de la habitación. Los sonidos más insospechados se unen a la sinfonía. “También es complicado porque tenemos muchas cosas y a veces no sabemos qué utilizar”, dice.

Santiago Barbosa (Foto Eddos)
Santiago Barbosa (Foto Eddos)

“Además es de iniciativa, tenemos una campana y alguien llega y comienza a tocarla y de repente suena muy bien con un ganchito y alguien hace una voz… pero todo es sobre la práctica. En ocasiones los procesos creativos los hemos hecho compuestos, pero generalmente venimos aquí y exploramos a partir de una idea, nos sumamos e improvisamos en un rico proceso de creación colectiva».

“Se disfruta mucho y se saca el potencial creativo que tienen los instrumentistas, es un trabajo formador para el grupo pero también muy bueno para los intérpretes. Empiezas a manejar los sonidos de otra forma.”

A pesar de ser un hombre antiasociaciones y dogmas, crees y apuestas por la Asociación Hermanos Saíz…

Pepe Gavilondo (Foto Eddos)
Pepe Gavilondo (Foto Eddos)

“Uno puede ser antidogmático, antiasociación, tener espíritu libre y hacer sus propios proyectos como lo hacemos nosotros, que no pertenecemos a empresas ni queremos ni vamos nunca a pertenecer a ninguna empresa ni instituto, y no por desprecio, sino porque queremos ser ciento por ciento los que controlamos nuestro destino. Ese ha sido siempre uno de nuestros objetivos, incluso nosotros no cobramos nada; este es un proyecto colectivo de familia haciendo lo que queremos y creemos que es necesario dentro del arte actual cubano.

“Pero no podemos negar la ayuda que es real y el apoyo de ciertas instituciones. A nosotros la Unión de Escritores y Artistas de Cuba siempre nos ha ayudado y nos han brindado espacios para nuestra música, igual que la Casa de las Américas, la Fábrica de Arte Cubano; y nosotros sentimos mucho orgullo de formar parte de eso.

“A mi me llamaron la atención con la beca El Reino de este mundo, presentamos el proyecto y felizmente nos la otorgaron, y ese fue el dinero justo para hacer este material, la AHS al rescate.

“Lo mismo pasó con mi disco personal, yo con mis recursos nunca hubiese podido grabar un disco de música sinfónica, pero gracias a la AHS y a Colibrí lo tengo.”

Ensemble Interactivo de La Habana

El proyecto, ganador de la beca de creación El Reino de este mundo, de la Asociación Hermanos Saíz es una simbiosis total entre la poesía de Lezama y la música del EIH. Lograron crear un solo discurso que recorre fragmentos de tres de los poemas más conocidos de Lezama: Noche insular jardínes invisibles, Rapsodia para el mulo, y El arco invisible de Viñales. Muy pronto podrás ver el vídeo completo en nuestro canal de Youtube y los detalles del proyecto en www.ahs.cu

Publicada por Asociación Hermanos Saíz en Viernes, 29 de noviembre de 2019


Un concierto reluciente, rechinante y Aterciopelado

Las altas expectativas del público cubano fueron superadas con creces ayer en el Pabellón Cuba, por la fluida fusión que lograron la banda colombiana Aterciopelados, y la joven agrupación cubana Toques del Río. No hubo un instante de calma. Todos enloquecieron felizmente con temas emblemáticos del rock latinoamericano como Florecita Rockera y Cosita seria.

Pero no solo los clásicos de Aterciopelados se escucharon en la escena, la banda también interpretó canciones de su más reciente producción «Claroscura», disco ganador del Grammy Latino 2018 en la categoría Mejor Álbum de Música Aternativa.

 Concierto Aterciopelados y Toques del Río (Fotos Juan Carlos Pérez)

Concierto Aterciopelados y Toques del Río (Fotos Juan Carlos Pérez)

Con la mezcla de música y audiovisuales, el espectáculo tomó fuerza al interpretar canciones como “Cuerpo” y “Piernas” que representan la actitud “neofeminista” defendida por Andrea Echarri (voz y líder del grupo junto a Héctor Buitrago).

Toques del Río, que ya se ha ganado un lugar cimero en la preferencia de los jóvenes cubanos, también defendió su repertorio con hits como “Pa´ que te sosiegues”, “Mambo”, y “Maní”.

Aterciopelados destacó la intención de trabajar en próximos proyectos con la joven agrupación cubana debido a la excelente conexión que lograron en el escenario;  “sería muy grato seguir explorando lo que podemos hacer juntos”, expresó Héctor Buitrago.

Aterciopelados fue el primer grupo que consiguió una amplia popularidad al mezclar elementos musicales del folclore colombiano y del rock clásico para llevar al mundo su mensaje de conciencia social, y denunciar injusticias políticas, los derechos de las mujeres y los problemas del medio ambiente. Según la revista Rolling Stone, su álbum Río (2008), es uno de los diez mejores discos latinos de la historia.

La presentación estuvo dedicada al Aniversario 500 de La Habana, como todas las actividades del Festival Patria Grande, organizado por la Asociación Hermanos Saíz, el Instituto Cubano de la Música y Tertius Orbis, con el apoyo del Ministerio de Cultura de Cuba.

El Festival Internacional Patria Grande, que concluirá el próximo día 16, ha demostrado que la música puede transformarse en un espacio de encuentro y de intercambio de experiencias, como lo soñó desde su fundación el músico, promotor y productor argentino Sebastián Heredia, quien en los últimos años ha logrado nuclear en la capital cubana a reconocidas y emergentes bandas de todo el continente.   

Entre las bandas cubanas y foráneas que participan en esta sexta edición destacan Tijuana No!, Los Rabanes, Zeus, Jorge Kamankola, Tendencia, Tracks, Collector, Los Locos Tristes, Némesis y Bandera en Blanco.

 Concierto Aterciopelados y Toques del Río (Fotos Juan Carlos Pérez)

Concierto Aterciopelados y Toques del Río (Fotos Juan Carlos Pérez)

 Concierto Aterciopelados y Toques del Río (Fotos Juan Carlos Pérez)

Concierto Aterciopelados y Toques del Río (Fotos Juan Carlos Pérez)


Con-Ciencia para dialogar la música

En ocasiones manifiesto mi no adicción para hablar de voces canonizadas. Desde hace algunos años disfruto echar algunas conversaditas con alguien que más que un teórico fuera de serie, para mí es un amigo. Habrán transcurrido unos cinco años desde que vía digital sostuve este diálogo con Joaquín Borges-Triana, para muchos, el Joaco. Se trata de una de tantas conversaciones con el melómano crítico, indagador, oyente y acucioso promotor de lo que denominó “Canción Cubana Contemporánea”. No obstante al tiempo transcurrido, gusto de volver a estas “tecladas”, y aprovecho para ponerlas a disposición de los que por la escucha sueñan.

–Joaco, cuando de hablar de música cubana o hecha en Cuba se trata prevalecen dos discursos fundamentalmente, el popular y el académico. ¿Crees que exista un punto de conciliación? ¿Al pueblo le interesa el discurso académico?

En mi opinión, ese punto de conciliación entre el discurso popular y el académico sobre la música lo debe desempeñar la prensa en sus distintos modos de proyección, digamos la diaria, la semanal, la mensual, con las distintas características que en cada una de ellas debe asumir el trabajo periodístico, es decir, desde el puramente informativo hasta el de análisis crítico, ya sea semiespecializado, especializado o no. Lo que pasa es que por diversas razones, una estructura así como la que sugiero entre nosotros hoy no funciona o si funciona, lo hace mal, por lo menos en cuanto al asunto de la música se refiere. Por supuesto que al pueblo no le interesa el discurso académico acerca de la música, ni tan siquiera lo conoce.

 –¿Quiénes son los académicos “autorizados” para abordar el entresijo musical? Hoy más que nunca la ciencia musical se debate entre musicólogos, sociólogos, historiadores del arte, filólogos y periodistas. ¿Existen hoy en Cuba estudios transdiciplinarios que logren conectar estos saberes?

Antiguamente en el ámbito foráneo lo musical era solo abordado por la Musicología y la Etnomusicología. En el caso cubano, dado que no existen las diferencias establecidas entre una y otra rama, como sí sucede en muchos otros lugares del mundo, sino que solo contamos con la Musicología, en la división interna del trabajo científico es a dicha manifestación a la que “oficialmente” le han asignado abordar el entresijo musical. Lo que sucede es que en el plano internacional, desde comienzos de la década de los 80 del pasado siglo, en buena medida gracias al rock y al pop, surgieron los que se conocen como Estudios de Música Popular, que primero tuvieron un fuerte énfasis en las manifestaciones sonoras que les dieron origen y en consecuencia un enfoque muy anglosajón, pero que luego se fueron abriendo a todo lo que acontece en materia de música popular a escala universal. En esta perspectiva académica, entran las distintas ramas de las ciencias sociales y que han visto en la música un importantísimo objeto de investigación, desde enfoques multi, inter y/o transdisciplinarios. Lamentablemente en Cuba estamos aún en pañales en este sentido, aunque por fortuna empiezan a aparecer jóvenes cientistas sociales interesados en aproximarse al tema.

 –A la perspectiva musicológica se unen las herramientas que brindan el análisis del discurso, los enfoques de género, consumos culturales, identidades, diáspora… ¿hemos asumido esta otra posibilidad de estudiar los procesos musicales o aún estamos lejos?

Efectivamente, en el caso cubano, en sentido general y con sus naturales excepciones, todavía estamos muy lejos de asumir esta otra posibilidad de estudiar los procesos musicales y que hoy se utiliza tanto en otros sitios del mundo. Pienso que ello tiene que ver con la subvaloración que de la música ha existido en nuestro país, en especial entre nuestros académicos e intelectuales, que solo han visto en la manifestación una expresión de “gozadera” y, por tanto, no se han percatado de que a través de estudiar la música es posible analizar a su vez muchos de los fenómenos que en el presente se dan en la sociedad cubana.

–El análisis de la expresión sonora está plagado de estereotipos, reduccionismos y silencios. La expresión “Música Cubana” a menudo restringe su significado sólo al ámbito de lo popular bailable, suelen obviarse la amplia gama de sonoridades que conforman el concierto cubano. ¿Compartes la idea de “Sonidos Incómodos”?

Sí, me parece que es una idea que expresa exactamente ese reduccionismo al que se refiere la pregunta. Hay que tener en cuenta que entre los cientistas sociales cubanos siempre ha habido una preocupación mayor por la tradición de la música folklórica, en especial la de origen afro, canonizada como espacios de “pureza” artística o patrimonial. Al ámbito urbano suele vérsele como un espacio de mezcla e influencia externa; menos puro, digamos, y donde se cree que han primado sólo criterios comerciales.

 –¿Quién le tiene miedo a la música? ¿Por qué aún no cuentan con la misma visibilidad los estudios de rock, rap, música electrónica…?

Yo respondería con una frase de Silvio Rodríguez: “los delimitadores de las primaveras”, entre los que se incluyen esos “patrulleros de la tradición” que suelen pasar por alto que la cultura cubana siempre ha estado abierta a los cuatro vientos y ha tenido una asombrosa capacidad para asimilar patrones culturales foráneos, hoy expresada en la nueva sensibilidad que se da entre artistas de varias generaciones, portadora de una lógica diferente y que borra las fronteras convencionales o estamentos estancos a los que siguen aferrados esos “patrulleros de la tradición” y que le tienen miedo a la música.

 –Y el reguetón, ¿se ha convertido en una palabra tabú para el análisis intelectual?

En el no. 5 de este año (2014), correspondiente a los meses de septiembre-octubre, en La Gaceta sale publicado un texto del desaparecido Danilo Orozco, que en mi opinión resulta fundamental para entender esto del reguetón. Con la sapiencia que siempre le caracterizó, Danilo deja claro cómo la picaresca textual de la música popular cubana pasa por un proceso de continuidad y ruptura en el reguetón, lo cual es parte del proceso histórico mediante el cual expresiones musicales subalternas consiguieron erosionar las barreras defensivas de las élites letradas y a la postre desarticular su resistencia, incorporando, desde el espacio del baile popular, los ritmos y vocablos proscritos al acervo nacional.

Quien se piense que el reguetón solo es expresión de lo banal y proposición de un simple divertimento, no se da cuenta de que la manifestación, al resultar un ideal que integra referencias y preferencias culturales, patrones de gusto y estilos de vida, está cuestionando convenciones sociales, quebrando normas, subvirtiendo patrones y códigos legitimados por la práctica social anterior, con lo cual genera sus propios espacios de intercambio, de disfrute, y promueve una imagen de éxito, diferente a la que entre nosotros ha prevalecido en lo concerniente al ascenso social.

 –Algunas corrientes o estilos de la música han adoptado la denominación underground, ¿Consideras este término pudiera aplicarse a algunos estudios y perspectivas analíticas del hecho sociomusical?

Creo que es importante dejar claro que en el lenguaje académico, el término undergroundse emplea para referirse a escenas alternativas no comercializadas, en virtud de que la mayoría de los intérpretes de ellas están ocultos e inaccesibles a las personas que no se hallen al tanto de dicha escena. Si aceptamos dicha definición de gentes como Roy Shuker en su célebre Diccionario del rock y la música popular, por supuesto que el término pudiera aplicarse a algunos estudios y perspectivas analíticas del hecho sociomusical.

–Eres de los que sostiene la idea de narrar la historia de la nación a través del devenir musical, te has aventurado en títulos como La luz bródery otros, ¿y las editoriales, manejan lo suficiente esta posibilidad?

Penosamente tengo que decir que no. En sentido general, las editoriales cubanas tienen muy poco interés por los libros sobre música y menos desde la perspectiva que yo los escribo. Mi tesis doctoral, un estudio acerca de la escena de lo que he dado en llamar Música Cubana Alternativa, se publicó en Barcelona y ha estado años en una editorial cubana que aprobó el texto, pero que por una razón u otra no lo ha sacado.

Tengo otro libro en el mercado internacional (editado en USA), que es un trabajo sobre la relación entre música cubana y diáspora en los últimos años. De este (en una institución de nuestra esfera editorial y de la que no daré el nombre) me dijeron que el material no era de interés para los lectores en el país. Ahora está a punto de concluirse una antología de ensayos que he compilado acerca del tema del reguetón en Cuba y que por lo pronto, también saldrá de inicio fuera del país. En fin, a lo mejor en un futuro nuestras editoriales se interesan por estos temas.

 –Sin hacer gala de datos estadísticos que no poseo, observo en librería algunos títulos de música morir de polvo y olvido. Como autor-lector, ¿crees que exista en el país una política de promoción que contribuya a la eficaz comercialización de estos libros?

Para nada. Una política así es algo que brilla por su ausencia. Ello es parte del desinterés o subvaloración que entre nosotros se da por el análisis del hecho musical, cosa verdaderamente lamentable y no porque lo diga yo. Humberto Eco, que sin discusión alguna es uno de los más grandes pensadores de las últimas décadas a nivel mundial, ha escrito que para comprender la sociedad contemporánea, de manera obligatoria hay que estudiar el mundo de las discotecas y de todo lo asociado a dichos sitios, comenzando –¡claro está!– por la música consumida por los jóvenes. Tal afirmación es también aplicable a la realidad cubana, aunque muchos no lo quieran ver así. Digo yo.

 –Más allá del estante, ¿qué otros escenarios favorecen la promoción y comercialización de la literatura referida al ámbito musical?

En primerísimo lugar, el escenario docente. Pero ocurre que tampoco entre nosotros existen cátedras donde los posibles interesados puedan acercarse al estudio de la música desde la perspectiva multi, inter y/o transdisciplinaria por la que yo me decanto y me he pronunciado en esta entrevista.

Así, por ejemplo, a los estudiantes de Musicología ni a los de Sociología se les imparte una asignatura tan importante como es en la actualidad Sociología de la Música, materia que a escala internacional ha generado abundante producción bibliográfica. Lo mismo cabe afirmarse de los Estudios de Música Popular, que no forman parte del programa docente de ninguna carrera.

Si esto fuera de un modo diferente, en ese escenario docente por obligación se favorecería la promoción y comercialización de la literatura referida al ámbito musical, como sucede en muchos sitios del mundo, en los que las editoriales asociadas a las distintas universidades son las que en primer lugar publican esta clase de libros, tanto para el consumo de los académicos como para el de cualquier ciudadano de a pie interesado en la materia.


¡Los Rabanes en La Habana!

¡Que energía! ¡Que locura! Los Rabanes se interpusieron a la lluvia, y estremecieron a La Habana con su presentación el pasado sábado en el Pabellón Cuba, como parte de la sexta edición del Festival Internacional Patria Grande, que tiene por sede esta ciudad hasta el 16 de noviembre.

La legendaria banda panameña, abridora de espectáculos tan renombrados como los de Metallica, contagió a todo el público con su atrevida propuesta que fusiona a la artillería metálica con ritmos latinos como el Reggae y el Ska.

Los Rabanes (Foto tomada de internet)
Los Rabanes (Foto tomada de internet)

El “power trío” de guitarra, bajo y batería hizo enloquecer al público con su versión del clásico “Perfidia” de José Alfredo Jiménez, tema que integró el repertorio junto a “Suicidio en Neva York”, “De colores”, y el  hit  “Señorita me gusta su style”, esta última covertida en un emblema en muchos países de habla hispana.

Uno de los momentos más especiales fue la interpretación de la canción Son Maracaibo, de Benny Moré, músico cubano que ha sido un referente para Los Rabanes desde la creación del grupo, según destacó Emilio Regueira (Guitarra y Voz).

“Siempre soñamos con venir a este país, adoptamos su música desde nuestros inicios, bajo la influencia de Benny Moré; y a partir de ahora seremos embajadores de esta Isla que tanto defiende las tendencias del rock y las mezclas de tradiciones”.

En el concierto interpretaron varios temas del disco “Kamikaze”, seleccionado como “Mejor Álbum Rock Alternativo” en los Grammy Latinos en el año 2007.

Los Rabanes estuvieron precedidos en la escena por el grupo cubano Divergente, cuya propuesta explora géneros como el blues, el funky y el pop rock. La joven banda interpretó temas de su reciente demo, en el cual recogen anécdotas imprescindibles para entender el contexto que rodea las producciones de los noveles artistas de la Isla.

Entre las bandas que subirán hasta el día 16 al escenario central del Pabellón Cuba como parte del Patria Grande destacan Los Aterciopelados (Colombia), Tijuana No! (México), y las agrupaciones cubanas Toques del Río, Zeus, Jorge Kamankola, Tendencia, Tracks, Collector, Los Locos Tristes, Némesis y Bandera en Blanco.

El Festival, organizado por la Asociación Hermanos Saíz, el Instituto Cubano de la Música y Tertius Orbis, con el apoyo del Ministerio de Cultura de Cuba, está dedicado al Aniversario 500 de La Habana.

Seguimos en el Patria Grande con Divergente de Cuba y estos del video, Rabanes de Panamá. Excelentes músicos!!!

Publicada por Rafael González Muñoz en Sábado, 9 de noviembre de 2019


Rock desblock

Contra todos los bloqueos, comenzaron ya a sonar en La Habana las guitarras de la Patria Grande, y hasta el próximo 16 de noviembre vibrarán los escenarios del Pabellón Cuba y del Maxim Rock, con la presencia de reconocidas agrupaciones defensoras de subgéneros como el metal y el rock-fusión.

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