Miriam Ramos


Por La Habana (+ video)

El disco Por La Habana que Miriam Ramos concibió en el año 1999 y que salió al encuentro de la gente en el 2000, apunta a la ciudad como esencia sonora. Aquí aparece lo inspiradora que ha sido para tantos autores y para la artista, quien incluyó en la selección En mi canción retozas, un tema de su autoría que, por cierto, es uno de los más hermosos.

El pianista Tony Pérez tuvo a su cargo los arreglos en la misma medida en que respaldó a la intérprete en ese homenaje a La Habana. Los compositores elegidos son de primer orden: César Portillo de la Luz, Julio Gutiérrez, Marta Valdés, Silvio Rodríguez, Carlos Varela, entre otros.

Miriam Ramos, habanera raigal, trazó una ruta en este CD que va más allá de ser un depósito de canciones. La artista le conoce a la capital sus encantos y sus contrastes, la seductora razón por la que tantos se enamoran de la ciudad que está a las puertas de sus 500 años.

Dos décadas tiene este disco dedicado a La Habana, donde quedan expuestos, al alcance de una escucha atenta, cuánta vida han derramado los autores inspirados, el buen gusto de Miriam Ramos a la hora de elegir y arropar cada canción, en ese tránsito exquisito que son sus discos y su manera de entender y proyectar la música; pero, además, el material permite a través de las obras ir directo hacia lo que los compositores le han visto a la capital de todos los cubanos.

Cada creador ha dibujado su Habana y la ha puesto a sonar, llena de matices, giros melódicos que abrigan en mayor o menor medida el imaginario musical de todos.


Una intérprete de primeras veces

La cantante Miriam Ramos Heres fue la más reciente invitada al espacio Encuentro con que se realiza cada tarde de jueves en el Salón de Mayo del capitalino Pabellón Cuba. A grandes rasgos, la también compositora y guitarrista conversó sobre sus primeros pasos en el mundo de la música y su más reciente fonograma.

Una hora bastó para que su público se reencontrara con ella y los que no la conocíamos tanto descubriéramos a una mujer sobre todo honesta. De Miriam se ha escrito poco o no tanto como ella merece; sin embargo, en lo que sí casi todos coinciden es que es una intérprete de primeras veces.

Tal vez, se atañe a su carácter compulsivo y a la perfección que quiere alcanzar, pero cada una de sus presentaciones son únicas. Sobre el tema, la propia cantante señaló que si las cosas no le salen lo mejor posible en cada momento será por falta de talento, pero nunca de ganas.

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Criada en el seno de un hogar musical, Ramos conoció desde bien temprano la música clásica. De su formación diría que es una “convencida de la importancia de la familia” y el cuidado de la educación.

Sus regalos iban siempre encauzados a la música y recuerda con agrado una ocasión en que sus padres le obsequiaron un tocadiscos y cuando las melodías de Chopin invadían su casa.

Para la década del 60, con los estudios en los conservatorios Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, su preparación se torna más completa; y es en la Escuela de Superación Profesional Ignacio Cervantes donde se gradúa en la especialidad de canto, aunque la guitarra la aprendió de forma autodidacta.

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Al recodar su primer concierto, Miriam comenta que “no tenía esa ambición artística, solo sentía cosas por la música”, pero compartir el escenario con el pianista Frank Emilio le hizo sentir más seguridad.

Aquello fue por 1964 en el Museo Nacional de Bellas Artes, y desde allí siempre se ha sentido muy bien acompañada, pues busca en los músicos esa interpretación que vaya a los detalles y a la minuciosidad de la obra.

Para Miriam lo importante nunca ha sido que la miren en la escena o rogar por los aplausos, no se siente una persona vanidosa; sino que sientan junto a ella la obra que defiende.

Se considera una artista que busca y sigue luchando en cada entrega, de ahí la armonía consigo misma. Tal vez, ese equilibrio sea la sensación de quietud cuando habla.

En su repertorio, como dice Marta Valdés, ha tratado de alejarse de “las lentejuelas y las cancioncitas”, pues siempre ha defendido lo que cree que es bueno, lo que la complace, lo que le sirve como herramienta para una reflexión.

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Aun cuando el precio del buen gusto es alto, Miriam afirma que “hay mucha gente en el mundo que ha superado la verdad y han hecho cosas muy importantes”, a pesar de que su obra se haya conocido años después de su muerte.

Sobre su faceta como compositora, conversa sin creerlo. Y es que sus canciones nacen del desbordamiento y no solo de la inspiración, sino a partir de una angustia rara que acompaña el estado de ánimo. En una entrevista diría “un buen día cojo la guitarra y nace la canción, todo junto texto y música”, pues evidentemente ese es su género.

Al preguntarle sobre si existían más intérpretes o cantantes expresó que en la actualidad hay personas que entienden la música en línea general, aunque sea más que unas notas, “un concierto no es la demostración de tus capacidades, son tus capacidades en función de decir otras cosas”.