Literatura
Desde Casa de las Américas otra propuesta literaria de valor
La editorial de la emblemática Casa de las Américas es siempre fuente de propuestas atractivas. Cuentos (casi) completos, del escritor puertorriqueño Manuel Ramos Otero, constituye una de sus entregas más recientes, invitación para adentrarnos en una literatura repleta de giros y situaciones interesantes, en las cuales se suelen sentir con fuerza las experiencias del autor, una de las figuras más ricas y polémicas de las letras boricuas.
Esta compilación, realizada por el también puertorriqueño Arnaldo Cruz-Malavé y con edición de la cubana Caridad Tamayo Fernández, sugiere un recorrido por toda la obra cuentística del también novelista, poeta, ensayista, activista por los derechos sexuales, crítico, promotor y creador de obras de teatro y performances, que falleció en 1990 a la edad de 42 años.
Pone a disposición de los lectores todos los relatos de sus libros Concierto de metal para un recuerdo y otras orgías de soledad (1971); El cuento de la Mujer del Mar (1979); Página en blanco y staccato (1987) y Cuentos de buena tinta (1992), a lo cual añade otros relatos inéditos hasta entonces, encontrados en la biblioteca de la Universidad de Columbia. Eso le confiere a este volumen un valor especial al constituir “el mapa más completo de su narrativa”, como expresó en su presentación el dramaturgo y crítico Norge Espinosa Mendoza.
Con diseño de Pepe Menéndez, Premio Nacional de Diseño de Cuba 2021; corrección de Ana María Caballro Labaut, y prólogo de Cruz-Malavé, la obra sugiere un viaje de percepciones desde el primer relato Hollywood memorabilia, en el cual hay constantes referencias a figuras del cine y la literatura, con una especie de monólogo del personaje principal, en el cual se percibe también la voz real de Manuel Ramos, quien vivió parte de su vida en Estados Unidos.
Al leer varios de los relatos uno tiene la sensación de participar en diálogos, en los que se suele emplear la segunda persona del singular, combinada con narraciones y estructuras a veces circulares. En ocasiones, se vuelve a un mismo elemento o situación, que adquiere dimensiones diferentes en las diversas escenas de las historias.

Cuentos (casi) completos confirma la versatilidad narrativa de Manuel Ramos, creador rebelde e impredecible, de espíritu inquieto y atrevido, que también utilizó la literatura como instrumento de guerra, batalla y autoidentificación, al decir de Espinosa Mendoza.
Autor también de la novela experimental La novelabingo (1976), el ensayo De la colonización a la culonización (1991) y los cuadernos de poesía Invitación al polvo (1991) y El libro de la muerte (1985), Ramos reflejó en su obra temas complicados para muchos en su época, desde una visión personal y con recursos diversos, incluido el humor y expresiones cortas y directas, como agujas filosas que penetran en las mentes, para motivar reflexiones en torno a fenómenos de la sociedad.
En el prólogo, Cruz-Malavé asegura que “el tema homoerótico en las letras puertorriqueñas es ya parte de una larga e influyente tradición. Pero quizás no fuera sino hasta la aparición de la figura verdaderamente fabulosa y polémica de Manuel Ramos que un escritor puertorriqueño asumió por primera vez, abiertamente y sin ambages, una identidad sexual minoritaria y disidente como escritor homoxesual”.
La compilación, disponible en la sede de Casa de las Américas en La Habana y que próximamente estará en librerías de varias provincias del país, muestra variedad dentro un mismo estilo. En las historias y en las maneras de actuar de los personajes gravitan también el ambiente de las diferentes etapas, el pensamiento y las visiones de su autor, quien participó en disquisiciones políticas sobre la realidad y la historia de Puerto Rico y su relación con EE.UU.
Ojalá este libro llegue a las manos y especialmente a las mentes de muchos. El espíritu de Manuel Ramos y la fuerza de sus letras pueden seguir siendo muy útiles para reflexionar en torno a parte de la realidad de nuestras sociedades de América.
Anita Mur: Mucho más que una historia de amor
Cuando comencé a leer la novela Anita Mur, del escritor cubano Frank David Frías Rondón, publicada por la Editorial Primigenios, lo primero que me vino a la mente fue “esto es una historia de amor preciosa”, y enseguida tuve una mezcla de sensaciones encontradas. Toda la novela transcurre en un balance perfecto: de emociones, estructura, técnicas, personajes, vivencias. Por un lado, el augurio de violencia y sangre, y del otro lado, el hermoso y sexy recuerdo de aquella colegiala recordada por el protagonista, en una costa habanera, con un hueco en el blúmer.
Desde ese mismo momento Frank David comienza a realizar la narración de texto nostálgico; repleto de precisas descripciones sinestésicas donde logra sumergir al lector dentro del texto, hacerlo parte de él. En Anita Mur logras oler y ver todo en 360 grados con gran nivel de detalles. Incluso puedes sentir el frío, el paso del tiempo, las emociones y la brisa invernal de un mes de febrero frente al mar, personaje recurrente durante toda la novela.
Frank David logró, mediante sus descripciones, que parece que la novela esté envuelta en un hermoso velo gris de invierno londinense (quizás uno de los velos que usualmente usaba la protagonista de la novela). Este es un efecto que le brinda esa atmósfera de misterio, belleza y nostalgia al texto. Logra dar vida a su novela hasta el punto en que el lector logra notar que Ana Isabel Fiss es una persona real envuelta en una trágica, romántica y hermosa historia de amor.

Las increíbles, precisas y originales descripciones no son el único logro del autor de la novela, pero quizás sí la base, cimiento o matriz de todo el libro. En Anita Mur todo funciona como un organismo vivo. Al igual que el argumento, todo parece hilado, entrelazado como un hermoso lienzo en cuatro dimensiones. Exacto, en cuatro dimensiones, ya que Frank David ha planteado su historia a través del tiempo de forma tan precisa que el lector no se pierde ni un instante y se encuentra ubicado en tiempo y espacio en todo momento. Resulta muy interesante uso de la retrospectiva en una complicada historia que abarca desde la época de inicios de los años 90 hasta la actualidad.
Frank David no ha necesitado recurrir a una magdalena para los saltos temporales o espaciales. Tampoco decirlo de forma explícita. Estos suceden de manera tan fluida y precisa, gracias al uso de diversas técnicas narrativas y capturas exactas del momento histórico narrado. Un ejemplo de esta afirmación es el capítulo cuando se narra la época del “período especial” cubano. El autor nunca menciona esas palabras ni los protagonistas realizan queja alguna. Sin embargo, el lector es capaz de identificar cada fase de este período a través de las escenas vividas/sufridas/disfrutadas por estos personajes. Me impresionó leer sobre este tema, en apariencia tan gastado por otros escritores, y que funcionara de maravilla y actual en estos momentos. Nada demodé. Prueba, además, que se puede escribir sobre cualquier tema con éxito, mientras se escriba bien. Este es uno de los casos.
Otro aspecto destacable en Anita Mur es la riqueza y dominio del lenguaje. La novela está plagada de un excelente uso de metáforas, símiles y analogías exquisitas y propias, con los cuales el autor, no solo economizó recursos narrativos, sino que enriqueció el texto con imágenes precisas y siempre de acorde con el momento específico de la historia.
Como bonus extra, (ya que no es la idea del autor, sino mi opinión como lector), Anita Mur puede parecer una crítica a la sociedad actual cubana, en la que se deja claro que nada ha cambiado de 1980 hasta la actualidad.
En esta novela/organismo vivo que es Anita Mur, lo que más me impresiona es su estructura y evolución. Frank David no realiza la clásica estructura cíclica. Más bien, es una espiral conformada por espirales narrativas en su interior. La novela está conformada por pequeñas narraciones que comienzan y se van enlazando con otras y viajan del presente al pasado como si tuvieran voluntad propia. Como un organismo vivo. Son anillos/historias/espirales donde cada palabra cuenta y nada sobra. Ni siquiera el hueco del blúmer de Ana Isabel, la foto entre los pilotes, ni el loco del barrio, ni siquiera el clima. Todo en Anita Mur está pensado para que funcione como un ancla, como un símbolo, como una pista para el lector. No puedes dejar de leer/oír/ver/oler/experimentar nada de lo que Frank David pone a tu disposición. Cada letra, signo de puntuación está meticulosamente pensado para el disfrute de esta hermosa historia. Una prueba de esto te la da la propia Anita al inicio cuando advierte: “recuerda esto —me dijo mientras exprimía la saya—, tiene un significado.”
¡Y vaya si tenía razón! ¡Todo lo tiene!
Anita Mur es una novela equilibrada en todo sentido. Como en toda historia de amor, hay luces y sombras, alegría y felicidad. Quizás es por eso que sus personajes se sienten tan vivos, sus escenas tan familiares y el lector logra sentirse identificado con la historia desde la primera página hasta la última. Este es un texto donde se disfruta tanto del viaje, como del arribo al destino final.
Como dije al inicio, Anita Mur es una historia de amor. Pero no el amor de las novelas rosa de antaño. El amor entre Abel y Ana Isabel Fiss es real. No está edulcorado. Frank David narra todo lo que sucede o puede suceder en una relación verdadera. O sea, el amor perfecto, ese que acepta y reconoce las imperfecciones de cada uno. El amor de las parejas que se apoyan, que se aman, gustan, desean y no juzga: el amor incondicional y eterno. Anita Mur también está repleto de momentos felices, acción, sexo, escenas de gran erotismo, alegría, bromas y felicidad.
El libro entero parece una fotografía de esta hermosa historia. Quizás por eso el uso de la foto de Anita que conserva el protagonista y reaparece a cada rato a modo de leitmotiv y te hacen pensar en que Anita Mur es ahora, y así será siempre un texto tal y como dice la propia protagonista: “…limpia y con brillo destacando entre tanta mierda. Dura igual que los pilotes de este río”.
Síndrome de Cotard, un delirio imposible de negar
Síndrome de Cotard (Ediciones Loynaz, 2019) es el título del libro de cuentos escrito por Anisley Miraz Lladosa. El libro reúne once cuentos que rondan la temática de la negación, en múltiples facetas sicológicas, haciendo así, honor al nombre asignado por la autora. Aunque nunca trata al síndrome de Cotard típico (en el libro está la definición justo al inicio), sí trata de la esencia de este y los trastornos asociados a la mente humana. El síndrome de Cotard es el hilo conductor de todos los cuentos. Una fina costura, visible en cada uno y entre ellos. Como es el caso del cuento inicial El tulipán en el reloj de arena.
En este relato resalta la vena poética de la autora. El cuento se puede ver como un poema, donde uno o varios de los protagonistas niegan continuamente los que sucede a su alrededor; niegan el amor, niegan el desamor, se niegan a ellos mismos… En El tulipán en el reloj de arena la autora utiliza un hermoso y bien logrado lenguaje poético plagado de analogías; donde el tulipán es aquello que lucha por emerger a pesar de las adversidades del clima o la dureza e inhóspito del terreno. Emerger del hombre y el amor incluso en condiciones difíciles y en contra de lo “políticamente correcto” o establecido por la sociedad. El caer de la arena, no es otro que el correr del tiempo. O la analogía entre las flechas y los insultos; donde estos pueden herir más que una saeta real. Hacer más daño, ya que las ofensas hieren el alma y las reales la carne.
Polifagia, es un cuento que bien podría considerarse como hiperrealista, ya que roza la frontera de lo real y lo fantástico. Quizás este sea el valor agregado más interesante del cuento y del libro. Como bien declara el concepto de este trastorno sicológico, el texto habla del aumento de la necesidad de “comer”. Aunque en este caso, Anisley vuelve a hacer uso muy sutil e inteligente de un juego de palabras que cualquier cubano será capaz de entender.
Además, la autora muestra el fruto de una profunda investigación (característica recurrente en el libro) sobre este trastorno y lo combina magistralmente con el de Cotard y la negación. La historia parece ser apreciada desde la mente del personaje principal de una forma bastante surrealista; donde llegas a creer que los orgasmos hacen el mismo efecto que la insulina. El cuento puede tener varias lecturas, en dependencia del nivel de conocimiento que tenga el lector sobre este trastorno mental y las posibles causas que lo ocasionan.
De ahí mi recomendación, no solo para este texto, sino para todos los del libro: estudien, aunque sea superficialmente cada uno de los trastornos o temas abordados, para que tengan una mejor visión de la historia. Aunque, cada cuento está tan bien escrito que es perfectamente disfrutable ignorando completamente todo.
Retractus, así es como se dice “retrato” en latín. Es un relato narrado en una atmósfera bastante oscura, lúgubre, de acorde a la historia. Retractus cuenta la investigación de un extraño caso donde una joven clama haber sido violada en un cementerio, y le piden que realice el retrato hablado del asaltante. En el texto se respira ese espíritu añejo de los cuentos de la época de Poe, Shelley y Lovecraft y al mismo tiempo conserva lo moderno de Chéjov y Stephen King. Es uno de los relatos más cortos, y como es habitual en este tipo de cuentos, al final te queda esa sensación de que la historia es más profunda de lo plasmado en el papel. Un delicioso sabor en boca de aquello nunca dicho, pero dejado ver entre toda esa atmósfera oscurecida a propósito.
Y si con cuentos anteriores la autora jugaba con los límites de lo real, ya con Danza de anillos invisibles Anisley da el salto al vacío y narra la historia de un grupo de amigos: durante una noche en una funeraria cualquiera, en una Cuba X, en un tiempo X, y alrededor de un extraño personaje aparecido de improviso. Nuevamente, no se puede saber si lo que sucede en el texto pudo o no pudo haber pasado en realidad, o es un cuento de corte fantástico. De hecho, la Cuba que se narra bien pudo/puede ser una Cuba real y los personajes ser o haber sido reales. Todo está tan bien narrado que parece estar escuchando la voz de la autora, sentir el murmullo de las voces en los salones y el olor del café. La sinestesia, empatía y caracterización de personajes son elementos perfectamente logrados en el cuento. Además, durante una parte del texto se puede apreciar un atractivo debate filosófico sobre qué es la vida y la muerte, y la mejor forma para “vivir” ambas fases.

Y si de filosofía se trata, nada mejor que Las verduras, la lluvia y la filosofía moderna. Esta es la curiosa reunión de X, N, G, Z, J y H, seis desconocidos que coinciden bajo el toldo de una tienda. No llegan al mismo tiempo, sino se van sumando a medidas que transcurre el relato.
El interesante debate filosófico y religioso entablado por los seis personajes, se ve desde la perspectiva de cada cual, e influenciado por sus profesiones u oficios. Esto le brinda mayor riqueza y matices al cuento. La autora logra un balanceado contrapunteo de opiniones en seis vías, argumentos y visiones totalmente diferentes; donde la protagonista, la escritora (suerte de alter ago de la autora) ejerce como especie de moderadora de tan atípico panel. Como en todas las historias, la negación hace presencia y toma peso en muchos de los argumentos filosóficos-religiosos expuestos por cada uno de los seis personajes.
Bolero para una tarde de verano, nuevamente la negación se muestra y esta vez desde una visión más profunda, sicológica, incluso hasta social; como la persona que niega la posibilidad de ser feliz. El nombre del cuento es una analogía entre un famoso bolero y Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare. El relato en sí es una intertextualidad entre lo romántico del bolero y lo cómico, absurdo y onírico de la obra teatral. Estas intertextualidades y negaciones están perfectamente tejidas para conformar el corpus de una historia, no tanto de amor, ya que lo niegan, como de sexo.
El ángulo hace la mira es el siguiente relato. Este es un cuento de esos que se te queda grabado en la memoria al terminar de leerlo. Puede considerarse como un triángulo amoroso o una historia de dos hombres enamorados de la misma mujer, o tres amigos que se aman. Pueden verlo como gusten, pero es más que eso. El cuento narra esa búsqueda del ángulo perfecto, del punto de vista y configuración óptima para tomar la mejor foto del Hotel Globo (perfecta analogía a la vida misma). A medida que transcurre la narración, entre términos fotográficos la autora va insertando fragmentos de la vida de los personajes hasta llegar a ese clímax/foto final que se queda grabada en la memoria, como esas magníficas fotografías tomadas por los protagonistas. El ángulo hace la mira aparenta ser una historia lineal, pero eso es solo la punta del iceberg, por debajo, leyendo entre líneas, hay otro cuento, uno más profundo y argumentalmente más triste e interesante.
Con Otro nombre de guerra, directa intertextualidad a la canción Con nombre de guerra, de Héroes del silencio, la autora vuelve a tejer una historia donde la letra de la canción toma un protagonismo especial en el relato. El relato narra el encuentro sexual de una pareja, de forma muy sutil y con un erotismo más implícito que explícito, pero existente y muy sensible. Toda la historia está llevada de la mano de la balada que la nombra. Es una forma muy interesante de darle varios niveles de lectura al lector cada vez que se acerque al cuento; tanto antes de escuchar la balada, como luego de oírla. Es entonces cuando logras ver bien dónde Anisley inserta el Síndrome de Cotard en su cuento.
Vana es una masterclass de tipos de vinos. Vana no es más que “vino” en latín, de ahí que la historia entera gire en torno a esta bebida. El cuento trata del cortejo más atípico entre una de las parejas de enamorados más diferente alguna vez narrada en la historia. Dos jóvenes, ella con la costumbre de guardar un corcho de botella de vino por cada hombre que haya pasado por su vida; él, coleccionista de cintas fúnebres.
En esta especie de caja china, donde las historias de varios de los corchos de la protagonista se entrelazan con la de ellos dos, la autora va describiendo la trama como si fuera una cita entre el lector y la historia. Anisley ameniza la noche con baladas de Marco Antonio Solís, varias botellas de vino y canciones de The Beatles, Deep Purple y Pink Floyd hasta llegar al plato principal. De este, lo más interesante es la forma en que el protagonista va desempolvando la historia detrás de cada corcho/hombre, mientras forma su propia estrategia de cortejo, la cual solo se revela al final.
Koniek no es el fin, aunque lo parezca. Es el décimo cuento y la autora retoma aquel lenguaje onírico, poético del primero. La historia de Sasha, la palavina que nos remonta a la época de la perestroika y del período especial. Un cuento nostálgico, lleno de referencias rusas y soviéticas de aquellos tiempos. Koniek es un cuento triste, narrado de tal manera que llega a notarse la belleza que yace tras esa tristeza de imágenes y memorias que se niegan a olvidar.
Catalepsia es el cuento que cierra este ciclo de historias y trastornos sicológicos bien raros. Y no podía ser otro que la catalepsia para terminar de movernos a través de una colección de relatos como esta. Nuevamente la autora nos lleva a otra época a través de descripciones precisas de sucesos, personajes y personalidades. En este caso específico, Anisley nos traslada a la época de la guerra de Angola.
Catalepsia es quizás el cuento con mayor profundidad sicológica, tanto en el argumento como en los personajes. La autora narra la historia de Néstor Vargas, un veterano de esta guerra. A la par de la historia en sí, el lector puede observar la evolución sicológica del personaje, apoyado en un narrador focalizado en él. Pero no solo observamos esta evolución a través de lo que nos dicta el narrador, sino también por sus propias acciones, sus remordimientos, etc.
La catalepsia es un trastorno repentino en el sistema nervioso caracterizado por la pérdida momentánea de la movilidad y de la sensibilidad del cuerpo. Durante este estado el cuerpo permanece paralizado por completo. Esto fue lo que le sucedió al protagonista de la historia y el principal gancho argumental que mantiene en ascuas al lector hasta el final. Sobre todo, porque se aprecia que la parálisis e insensibilidad del protagonista no es solo física, sino también sicológica y esta venía de muchos años atrás.
Muchas son las causas que pudieron llevar al protagonista a este estado, y son sugeridas entre pistas falsas y verdaderas a lo largo de la narración. Sin embargo, no es hasta el final cuando la autora sorprende al lector con una nueva historia de negación.
Aunque no lo haya dejado claro en cada sinopsis de cuento, todos tratan de un modo u otro algún aspecto de la negación; característica clave del Síndrome de Cotard. Los textos y el libro como un todo, tiene una gran profundidad sicológica y filosófica envueltas en un surrealismo típico cubano. Ya que, para muchos, no hay nada más surrealista que la vida real.
Por otro lado, la autora hace gala de una gran cultura y variedad de conocimientos: médicos, históricos, culturales, tecnológicos, sociales, entre muchos más. Cada cuento tiene tras sí una exhaustiva investigación que le brinda gran verosimilitud, tanto a la historia como a los personajes.
De ahí que la gran riqueza oculta en Síndrome de Cotard es que el lector pocas veces puede decir con certeza “esto no sucedió o esto no puede suceder en la vida real”. Las fronteras de lo absurdo, lo fantástico, lo real maravilloso o el realismo mágico se confunden con la realidad. Tal pareciera que mientras lees, vieras la historia a través de espejuelos mal graduados o de una ligera niebla. Todas las historias parecen espejismos engañosos donde no sabes qué es real y que no. O quizás sí sabes lo que es real y cuál es la verdad, pero te empeñas a negarlo.
Héctor Barrios y su cuaderno Bumbos encuentran un puerto
Cortesía del entrevistado La verdad es que yo llegué al revés a las huellas de este escritor. Acepto que no lo conocía, y que supe de su existencia cuando se anunció el fallo del jurado al xxii Premio Celestino de Cuento. Debía editar un fragmento del cuaderno ganador y apenas tuve en mis manos el texto quedé fascinada, me atrapó una lectura al azar:
La soledad es un árbol que produce frutos contrarios… lo terrible de la soledad es cuando es impuesta.
Héctor Leandro Barrios González es instructor de arte en la especialidad de música y licenciado en Estudios Socioculturales, un cienfueguero que como anuncia la foto de su perfil en Facebook tiene impregnado el azul del mar en sus ojos. Aceptando mi solicitud de amistad y entablando una conversación como amigos de toda la vida, me inicio a husmear en las pasiones que estremecen al autor.
Mi interés por hacer literatura creo que tiene que ver con mi relación con la lectura. Llega un momento en que esa relación que estableces con el lenguaje crea un peso, una acumulación, de tipo interna, digamos, uno llega a sentir que las palabras pesan como decía alguien: las palabras como islas, y luego esa acumulación necesita ser liberada, necesitas desprenderla de ti.
Y en este acto mismo de separación entre las palabras y un sujeto poseedor, no queda otro remedio que ser dueño, a mi juicio, de esas sensaciones de algún modo exorcizadas.
Entonces te sientas, escribes y escribes y sudas escribiendo y te cansas en el proceso, pero no puedes dejar de hacerlo.
Bumbos se titula el cuaderno que anunció la premiación hoy en la tarde, al respecto el ganador comenta:
Yo tenía escritos un par de cuentos y tenía en mi cabeza la idea de otros, la maqueta, pero no sabía cómo o por qué tenían relación. Un día voy a pescar y alguien me dijo que esas balsas en las que pesaban les decían “bumbos” y que eran insumergibles. Luego comprendí que así eran los personajes de mi libro, siempre flotando, sobreviviendo a un entorno hostil.
Barrios ha sido galardonado con el premio Girasol Sediento que auspicia la AHS de Cienfuegos, Paco Mir de narrativa, mención en el concurso Bustos Domenecq y tiene en proceso editorial el libro Las formas invisibles bajo el sello Reina del Mar Editores.
A tientas y haciendo caso a las primeras impresiones, Barrios es un escritor de narrativa con una voz de profundas sensibilidades, al saberse ganador alude:
Esta es la tercera vez que envío. La primera mandé a una dirección errónea. La segunda vez sí fue correcta, pero nada. Y ahora, esta tercera, pues… en fin. No suelo ser adulador pero me siento muy feliz de haber ganado, sobre todo porque mi cuaderno encontró un puerto, no cualquier puerto, sino Ediciones La Luz, y tengo la seguridad que nada podrá salir mal si mi libro está allá con ustedes. A veces, ahora, a solo unas pocas horas de haber recibido la noticia del premio, no llego a procesar del todo la buena nueva y me siento muy feliz y agradecido.
¡Hay un nuevo Celestino!
Después de varios días de tenaz presencia en las redes, de compartir contenidos diversos, desde audiolibros, videocuentos, paneles y talleres de técnicas narrativas, presentaciones de libros y lecturas, ya hay un nuevo Celestino.
Dazra Novak, Emerio Medina y Rafael de Águila integraron el jurado de la vigésimo segunda edición del Premio Celestino de Cuentos, convocado por Ediciones La Luz y la sección de Literatura de la AHS en Holguín. Ellos decidieron, de entre más de 50 obras en concurso, declarar ganador al cuaderno “Bumbos”, de la autoría de Héctor Leandro Barrios, “por lograr de manera acertada y sostenida el tono adecuado que dota de cohesión, organicidad y carácter sistémico un volumen de cuentos que se destaca por el cuidado y corrección del lenguaje, la madurez de las historias y el afán por lograr cierta originalidad de estilo”.
El ganador, además del premio en metálico, una pieza del ilustre artista plástico holguinero Cosme Proenza y el certificado acreditativo, verá su libro publicado en el sello que funge como entidad convocante y abrazará uno de los premios para jóvenes narradores, más anhelados en Cuba.
El jurado determinó, además, de forma unánime, “por el consistente empleo del lenguaje y la solidez de las historias, otorgar la primera mención a la obra Happy Ballantine’s”, de Katherine Perzant. Recibieron igualmente menciones Own Corner, de Erian Peña, y Levitando, de Darcy Bo.
Tras dar a conocer los resultados del Premio, el comité organizador del evento lanzó la convocatoria del Celestino en su edición vigésimo tercera para 2022, año en el que además se estará celebrando un cuarto de siglo de vida de Ediciones La Luz.
Wildesigners productions: salvajes creativos
Entre los contenidos que comparte Ediciones La Luz en redes sociales con motivo del Premio Celestino de Cuento en su edición vigésimo segunda, destaca la hechura de las cápsulas audiovisuales que representan cuentos de Augusto Monterroso compartidos por jóvenes autores de la sección de literatura de la Asociación Hermanos Saíz, de Holguín.
Eclosión sonora de los huevos de dinosaurio (+audio)
La colección Quemapalabras, dedicada a los audiolibros dentro del catálogo de Ediciones La Luz suma un nuevo título entre los que destina a homenajear a importantes figuras de la literatura cubana e internacional.
El nuevo volumen “10×10 Huevos de dinosaurio”, celebra el centenario de Augusto Monterroso, el ícono de los relatos breves en la literatura hispanoamericana, autor del célebre cuento El dinosaurio.
Como nidada cálida, reposan aquí diez textos, leídos en las voces de igual cantidad de jóvenes narradores de la sección de literatura de Asociación Hermanos Saíz en Holguín.
Repiten así una fórmula que comenzó con el homenaje sonoro a Cintio Vitier, en “10×10 Una cantidad misteriosa”. Como en ese caso, la selección de esta decena de piezas estuvo a cargo de Elizabeth Soto, poeta y editora, a quien se suma Dj Arte, añadiendo el complemento de la música electrónica que se imbrica con las narraciones.
Soto comenta acerca del proceso de producción del audiolibro que este se distingue de los anteriores “porque nos adentramos en la narrativa y no en la poesía, entonces como la obra de Monterroso tiene una vis peculiar, seleccioné textos que estuvieran alrededor de la ironía o el trabajo literario.
“Partí de la esencia de la brevedad y de lo que presupone que el mundo sea perfecto pero confuso. A partir de ahí la dramaturgia de una selección en voces de jóvenes escritores y habiendo trabajado en la psicología de estos narradores, escogí los relatos, para que a la hora de narrarlos estuviera implícito un porciento de identificación con el texto”.
En cuanto a la preparación de los narradores para la lectura de dichos cuentos, en esta ocasión se realizaron ejercicios previos que permitirían cadencia, fluidez, entonación ante los micrófonos. Al respecto explica la compiladora:
“Contar un cuento no tienen la misma cadencia que leer poesía, por eso me pareció oportuno crear una especie de taller con Fermín López, director de la compañía de narración Oral, Palabras al Viento y que nos revelara los vericuetos de la voz.
“Siento que este ha sido un paso importante dentro de esta biblioteca sonora que vamos creando y que de algún modo ya se escucha con marcado lirismo y profesionalidad”.
Grabado en los estudios de Radio Angulo y bajo el cuidado de Amalio Carralero, el nuevo audiolibro tiene entre sus tracks cuentos como La oveja negra, La Brevedad y Subcomedia.
La presentación de esta novedad editorial llega en días del Premio Celestino de Cuentos en su vigésimo segunda edición. Desde las redes sociales será posible escuchar y descargar esta propuesta que apuesta por la memoria de la voz.
El dinosaurio en el fondo del pozo (dossier + videos y fotos)
¡ Y comenzó el Celestino!
Por: Liset Prego
Con una amplia programación a través de distintas plataformas digitales comenzó la vigésimo segunda edición del Premio Celestino de Cuento. El certamen que convoca la sección de literatura de la AHS en Holguín y su sello editorial La Luz, está dedicado este año al aniversario 35 de la Asociación y al centenario de Augusto Monterroso.
Con la presentación del jurado, los narradores Dazra Nova, Rafael de Águila y Emerio Medina oficialmente se abre el concurso al que enviaron sus textos más de 50 narradores de todo el país. Mientras el jurado delibera, en las redes se comparten contenidos audiovisuales de lecturas, paneles, presentaciones de libros, talleres relacionados con la narrativa de ficción, el microrrelato, la vida y obra de Monterroso y muestras del trabajo de los miembros de la sección de literatura de Holguín.
Entre las novedades editoriales de La Luz llegarán: Sexo Chatarra, de María Liliana Celorrio; Cuando te llamas princesa, de Enrique Pérez Díaz; Una brizna de tiempo, Rafael de Águila, La casa de los gatos perdidos, de Liset Prego, y Fauces, de Lourdes Mazorra.
Las editoriales Caja China y Ácana estarán presentando Camomila y otros relatos, compilación de los finalistas y el ganador del concurso internacional de minicuentos El Dinosaurio, y La mujer del último show, de Lourdes González.
Bajo el nombre Colección La Brevedad se comparten también relatos en audio de escritores de diferentes provincias.
Otra novedad será el Taller de Técnicas Narrativas Contar con La Luz que desde Telegram permitirá intercambiar nociones sobre la construcción textual y lecturas de los talleristas, así como trova, con el invitado Rey Montalvo.
El 18 de junio se dará a conocer el premiado en este Celestino, desde las redes sociales de Ediciones La Luz y desde el Portal del Arte Joven Cubano.
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Las lecciones de Monterroso
Por: Liset Prego
No hace falta ser un lector muy sagaz para notar la profusión de animales en los textos de Augusto Monterroso. Estas criaturas no son atrezo en las narraciones, toman los roles protagónicos con organicidad, y vuelcan en sus desdichas o peripecias toda la voluntad edificante del autor.
Escritos de este modo los textos se transforman en un espejo burlesco que no refleja al lector, pero quizás sí a su alter ego animal personificado. Aunque el propio Monterroso insistía en que no había en su literatura un afán moralizante, es imposible no encontrar en sus sarcásticas letras, pautas morales, desafíos existenciales resueltos con la sapiencia del fabulista, o magnificados para hacerlos notar.
Él mismo dijo:
“…si alguien quiere extraer de ellos alguna moraleja, está en su derecho y puede hacerlo. Corregir las malas costumbres de la gente es una tarea demasiado fácil que hay que dejar a las autoridades. El escritor debe ocuparse de lo verdaderamente arduo: el buen uso del gerundio, por ejemplo, o de la preposición a, que se acostumbra emplear mal. Yo me gano la vida corrigiendo esta mala costumbre”.
Otra obviedad que emerge de la lectura de este autor es su afán perfeccionista, el cuidado de no permitirse ningún exceso, la precisión, tanto que, parafraseando al genio, aseguró que no escribía, corregía. Noten si le preocupaba la exactitud de sus palabras, de las estructuras. Era un perseguidor de la sintaxis precisa, una virtud valiosísima en su ramo, debo decir.
Augusto Monterroso, apuesta por el no ser, él, que no fue mexicano, ni hondureño, ni guatemalteco, sino todo a un mismo tiempo. El escritor de brevedades más ilustre, quizás, de las letras hispanas, cree que un libro es un zoológico de defectos humanos. Un bestiario de aquello que no teme cuestionar en sus congéneres y que atribuye a los animales, sin importar si el pacto tácito entre el lector y la fábula adjudica tal o más cual rasgo a cada criatura. Monterroso subvierte el acuerdo, lo renueva, cada animal puede ser cualquier cosa y servir de instrumento en sus relatos.
Los disfraces de bestia con los que viste Monterroso a sus personajes son el pretexto para enunciar atributos humanos, conflictos propios de la especie, y cada uno viene además envueltos cuidadosamente en ironía. La nueva fábula donde establece el diálogo con criaturas del mundo animal reconstruyendo una convención que basa en la parodia, en el absurdo, suele tener la misma naturaleza moralizante que es común en el género, pero de una manera inesperada.
Los animales parlantes, en la obra de Augusto Monterroso, vuelven a la literatura para adultos, de la que habían sido cortésmente relegados, como cosa de textos fantásticos y literatura para niños.
En el artículo «Augusto Monterroso y el arte del devenir animal», de Iván Aguirre, el investigador puntualiza que:
“En primera instancia están los animales que representan humanos, aquellos que son más signos retóricos que un ente de ficción con personalidad o rasgos vitales suficientemente desarrollados en la trama. Animales como la oveja negra, el conejo, el león y las moscas que representan algo específico, aunque no sea lo que corresponde en el mundo de la fábula y la mitología popular. Luego están los animales testigo, como la jirafa relativista, que sirven de testigo no-humano ante la ridiculez o absurdo del hombre en su comportamiento destructivo. Y finalmente los animales que están en un proceso erróneo de devenir animal a partir de cambiar o negar su naturaleza: La rana quería ser una rana auténtica, La mosca que soñaba que era un águila y el perro que deseaba ser un humano”.
Todo puede ser representado por un animal, cada concepto con el que nos alecciona, o sacude, para decirnos, “miren, qué tontos hemos sido”, aunque él mismo rechace que sea esta su voluntad. Aquí tipo y arquetipo están retratados y el lector puede escoger qué traje usar, si será león o conejo, oveja o dinosaurio, rana o mono, porque están dados así principios éticos, perfiles psicológicos, supuestos estéticos, concepciones sociopolíticas, y la filosofía vital del artista.
Leyendo a Monterroso puedes reír socarronamente, reflexionar, comparar con tus conocidos a tal o más cual personaje, a la manera del mono que quería ser escritor satírico. Siembra dudas, planta cara a la hipocresía, la desafía abiertamente, así que ya no importa si alguien lo creyó un émulo de Esopo. Si alguien quiere vivir bajo sus códigos, será una mejor persona, si quiere disfrutar de su prosa y tomar de ella un patrón de la redacción adecuada, será un mejor lector o escritor, o ambos. Cumple así el autor de «El dinosaurio» su propósito declarado y el que escapó a su intención y domó el espíritu de sus relatos, autónomos una vez que el público se adueñó de ellos.
Porque aún sin quererlo, cien años después y pese a su oposición, la fábula todavía está allí.
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Celebración de la memoria: Las fauces, de Lourdes Mazorra
Por: Adalberto Santos
Múltiples son los caminos de la exploración interior. Senderos que pueden conducir a la realización personal o la debacle del yo. Y al comienzo de cada uno de ellos abandonamos algo y cargamos con las expectativas e incertidumbres que el desandar pueda depararnos. Ante nosotros, cada día se abre, como una boca inmensa y preñada de incógnitas, donde el destino se inscribe a golpe de paso, y en cuyo umbral nos detenemos, a veces que con temor, ante la niebla que frente a nosotros extiende el devenir.

Lourdes Mazorra, creo poder afirmarlo, conoce este temor, y frente a la perspectiva del camino ha decidido detenerse y traducir para nosotros, desde la alegoría que es Las fauces, múltiples situaciones y personajes que exploran desde la autorrealización hasta la añoranza del amor, todos ellos transcritos desde lo que parece ser el recuerdo brumoso de vidas pasadas. La prosa de Mazorra llega así pues, envuelta en una brumosa incertidumbre donde cada historia, cada personaje se mueve en el escorzo de un paisaje interior relatado con lentos y difuminados trazos: una vieja vitrina, que representa el legado y permanencia de lo familiar, se vuelve leitmotiv de una historia de fantasmas; una foto antigua rememora los pasajes de un amor que fue, o un añejo hotel, que acaso existe o no, se vuelve escenario de una pasión repetida contra el fondo de una ciudad que existió alguna vez. Todo llegando con la torcida certeza del recuerdo.

Lourdes Mazorra, quiero creer, se declara pues «silenciosa espectadora». No desarma con mano experta o atrevida las palabras, no propone situaciones límites y alucinantes, no ejercita una dinámica narrativa de vértigo: su manera de contar es cauta y queda, reverente de dioses y diablillos tutelares, desde un Abelardo Castillo hasta un (casi inevitable) García Márquez. Dicho así, de pronto, parecería lectura aburrida, pongamos por caso para un millennial transgresor. Lejos de ello. La lectura, pues, de Las fauces, es un ejercicio de detenimiento y solaz ante la inevitable vorágine de la vida. Es un llamarse a la evocación como ejercicio de saneamiento y paz ante el excesivo acumulo de signos, muchos de ellos confusos y triviales al uso. Es también la posibilidad de repensar, aun desde la imaginación y lo simbólico aquello que consideramos valioso o no, desde una vocación serena, como quien acude al favor de la memoria frente a las esas múltiples fauces que el vivir pareciera extender hacia nosotros.
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«Decamerónicos. Cuentos aislados» para sobrevivir a la peste de este siglo
Por: Liset Prego
Nuclearse alrededor de la literatura, conspirar en su nombre y en pro de la belleza, puede ser ingenuo, algo fuera de este tiempo, pero ellos insisten. Trece años hay entre el nacimiento de la primera y la última de estas voces narrativas holguineras que se reúnen como homenaje a la Asociación Hermanos Saíz, en su aniversario 35.
Diez miembros de la sección de literatura de Holguín que persisten en el afán del cuentero, obcecados en relatar, por encima de la abulia, de la alienación, de la paranoia, unen sus cuentos breves, escritos sin prisa, sin la urgencia de su generación o generaciones, pues hay entre ellos un puente que une lo analógico y lo ontogénicamente digital.

Se encuentran aquí contenidos frente a la cuartilla, diciendo solo lo preciso. Una virtud parece la de intentar que las palabras sean el sostén de la cordura en estos días.
Como en el Decamerón de Giovanni Bocaccio, esperan su turno para contar, e invitan a leer como un refugio ante la enfermedad que asola afuera, proponen confiados la compañía segura del libro.
Decamerónicos II, es un segundo intento por juntar a una decena de autores en medio de la pandemia por Covid-19. La primera vez fue un podcast con igual voluntad, donde diferían las ciudades de origen de los escritores.
En el número 39 de la colección Analekta, la misma donde Delfín Pratts y Lina de Feria dejaron reposar sus versos, confiados en que los soportes no son la verdadera medida del texto, llegan al papel impreso, algunos por primera vez, acogidos en el amparo fértil de La Luz, que pone el foco ahora sobre estos cuentos aislados.
Idania Salazar, Andrés Cabrera, Miguel Montero, Armando Ochoa, Norge Luis Labrada, Luis Alfonso Lofforte, Elizabeth Soto, Lilian Sarmiento, Susel Legón y Erian Peña examinan la condición humana, la otredad disfrazada de lo heterogéneo para sorprendernos en su rareza. Catan sometimientos, violencias, miran con distancia prudencial a la locura alucinante, atestiguan crímenes pasionales o pasiones criminales, contemplan el milagro de la luz y la sombra; saben de la literatura y su artesanía, indagan en el eterno conflicto del ser y la apariencia, de la norma y lo que la desborda. Se asoman al pozo que es cada historia, y ahondan con sarcasmo o ternura, con miedo o en la zozobra que no alcanza a medir las honduras de la palabra.
Los jóvenes narradores no quieren que la peste moderna los detenga. Quieren contar, a toda costa, y en la distancia, reúnen sus relatos. Sus voces se distinguen, ritmos, referentes, estilos que empiezan a cuajar, a parecer más propios, tanteos, ensayos, cavilaciones, siempre en busca de la síntesis, un juego con la poesía es este modo de narrar. Son discípulos de Monterroso quien, cien años después, los insta a apostar por la brevedad, los reta a sobrevivirle en un mundo perfecto pero confuso.
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La casa de los gatos perdidos
Por: Rubén Rodríguez
Me da mucha satisfacción presentar este libro, a cuya autora me une una relación profesional y afectiva. También porque he estado cerca durante su concepción y realización. La casa de los gatos perdidos, ópera prima de la escritora y periodista Liset Prego, no es solo un canto de amor a los animales, sino un llamado a la diversidad, la tolerancia y la aceptación.
A través de una familia peculiar, monoparental, la de Ricardo y su hija Ana, se presenta una decena de relatos: las historias de los felinos que van adoptando sucesivamente.

Y con cada gato que llega o se va, nos queda la presentación y resolución de un conflicto. Porque, utilizando el antiguo recurso de la fábula, Liset Prego caracteriza en sus protagonistas animales a la sociedad humana.
Del mismo modo, el barrio deviene cápsula donde están representadas actitudes, virtudes y prejuicios humanos, corporizados en el vecindario. Lo cual supone el matiz crítico intrínseco que contienen varias de las historias, pero renunciando al didactismo, las obviedades y el paternalismo, que suelen lastrar a algunos textos escritos para niños.
Luego de la presentación simple donde se declara el amor incondicional de esta familia por sus mascotas, se desgranan los relatos –no siempre felices– donde se alternan diversos tonos, incluso aquellos referidos a un desenlace dramático, resuelto con delicadeza por la autora.

Fluidez, amenidad, ritmo, armonía y sencillez, sin renunciar a la elegancia del lenguaje, caracterizan –desde el punto de vista formal– a este cuaderno, que cuenta con un valor agregado: las estupendas ilustraciones de Dagnae Tomás, prolijas y ricas en detalles e ideales para colorear.
Vale señalar que la gráfica ha captado la esencia de las historias y personajes, con gran sensibilidad y constituye un complemento perfecto. Se logra así la deseada simbiosis entre texto e ilustración, que considero indispensable en un libro destinado a los más pequeños.
Me resta solamente recomendar la lectura de La casa de los gatos perdidos, primer libro de Liset Prego. Y como sé por experiencia que «libro llama libro» y ya comenzó la temporada ciclónica, esperemos que lluevan otras obras de Liset Prego. Precisamente, sobre ciclones trata el proyecto en que trabaja actualmente. Habrá que evacuar a los gatos perdidos, digo yo…
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La mujer del último show
Por: Mariela Varona
La Editorial Ácana de Camagüey acaba de poner a nuestra disposición La mujer del último show, un libro de Lourdes González Herrero con prólogo de su editor, el Premio Nacional de Literatura Luis Álvarez Álvarez.
De entrada les aviso que es un libro de cuentos inquietantes. Para transitar por ellos siempre habrá dos opciones. La habitual es recomendable: leer un cuento cada vez, impregnarse de su atmósfera, saborear y detenerse en las ideas más felices o en las más provocadoras. Pero mi opción, y la que sin duda usarán otros lectores, también es válida: leer sin parar las ciento treinta y seis páginas donde caben once relatos y caer en trance.
El libro abre con un relato noir, titulado «Claroscuro». En él, un enano muy cinéfilo se entromete entre un ladrón y su víctima, y la obsesión por el cine negro clásico lo transfigura. El cuento resulta hilarante porque ni el ladrón, ni la anciana objeto del robo representan con eficacia sus roles en la historia. Diríase que son actores de teatro que no han logrado aprenderse el guion de la obra, y es por eso que el enano determina adueñarse del papel protagónico.

A lo largo del libro encontramos dos cuentos más donde aparece el género negro, pero narrados en claves muy diferentes. «Blackmail (Chantaje)» es una historia de desamor fugaz y demoledora entre un presidiario y una mujer borracha que baila sola en un bar. La potencia de esta singular pieza narrativa estremece y duele como un latigazo. «Las manos rojas», en cambio, es un diálogo entre dos personajes masculinos —uno joven, otro viejo— tratando de esclarecer si uno de ellos cometió o no un asesinato. Los dos hombres se muestran tan simples y empecinados que me remiten a los personajes de Rulfo.
En el libro hay tres relatos que exploran la relación del escritor con la literatura y de esta con la vida. «Sobre el uso de las armas de fuego» es un diálogo entre un autor y su personaje. El Narrador discute —no amigablemente— con su personaje Benigno Piñón, un tipo obsesionado con poseer un arma. En «Naturaleza muerta» un escritor que no ha vivido lucha por encontrar dentro de sí la pasión necesaria para narrar la pulsión sexual, que cree le garantizará el éxito. Por su parte, en «Días de lectura» Un hombre racionaliza las etapas de lectura de un libro que le resulta a la vez fascinante y agotador, y entabla una relación imaginaria con el escritor y su fotografía de solapa.
Entre estos dos cuerpos —el relato noir y la reflexión sobre la escritura— hallamos tres textos que no tienen un denominador común en cuanto a género, tema o estilo, pero sirven como pausa generosa para la densidad de los que ya comenté. Uno de ellos es el tercer relato del volumen, titulado «La gran soirée», donde se cuentan los divertidos avatares de un grupo de amigos “colados” en una fiesta súper fastuosa que deriva en orgía. Quien conoce a Lourdes González puede imaginarla leyendo este cuento en público y escuchar perfectamente las risas del auditorio.
La sexta historia es la única donde Lourdes renuncia a la atemporalidad de los otros diez relatos y trabaja a partir de un personaje real: la viuda del cosmonauta Yuri Gagarin. En «La trascendencia según V.G.» la anciana Valentina Goriácheva escribe una carta donde pone su pasado y el de su marido en su justo lugar. Cuando reflexiona sobre la fama, el valor, la trascendencia, y cómo esos conceptos pueden torcer para siempre el destino de una familia, veo el poder de la prosa de Lourdes González puesto en función de reivindicar a todo un universo de esposas olvidadas.
En el octavo puesto cae el relato que da título al libro: «La mujer del último show». Se trata de una mujer transgénero llamada Francisco, quien canta en un cabaret de mala muerte y, entre su amiga Ivys y una paloma que cuida con obsesión, sueña con ser actriz e intenta darle sentido a su vida. En este cuento hermoso y lleno de delicadeza siento palpitar, junto al oficio narrativo, el enorme talento poético de Lourdes, que nada tiene que ver con el uso de frases o giros poéticos, sino con la intensidad con la que va tejiendo el relato hasta dejarlo descansar, como si la paloma de Francisco se quedara dormida.
Entonces, al final, el libro desemboca en dos cuentos muy inquietantes, como si Lourdes González o su editor no quisieran que los lectores terminen de leérselo y se vayan tranquilamente a dormir.

Se trata de «Una boutique en el desierto» y «Una situación horrorosa y exultante, aviesa». En el primero, narrado en primera persona por un ser que vive solo y miserable en el desierto, su existencia cambia cuando descubre que alguien ha construido como por arte de magia una tienda lujosa para compradores inexistentes. No se sabe si es una alucinación o la superposición de realidades que generan los mundos paralelos, pero funciona perfectamente como una provocadora metáfora de la realidad.
En el último, un grupo humano se enfrenta a otro que le resulta extraño, ajeno. No se sabe quiénes son ni de dónde llegaron, y el miedo al Otro, a lo desconocido, va convirtiendo tanto al grupo autóctono como al invasor en enemigos mortales. Las estrategias que sugieren los personajes para deshacerse del problema son un muestrario de lo peor de eso que llamamos “humanidad”.
Estos dos últimos cuentos transpiran una atmósfera muy a lo Bradbury que, mientras leemos, sugieren un futuro distópico y alucinante. Pero más tarde el lector toma conciencia de que esas historias pueden suceder ahora, hoy, y nadie puede negar que hayan sucedido en algún pasado y que podrían suceder en un futuro inmediato. Porque están creadas con la conciencia de lo que el ser humano puede construir o destruir, y son metáforas poderosas del mundo que habitamos ahora mismo.
Es indudable que Cortázar tenía razón cuando afirmaba que «el resultado de la batalla entre la vida y la expresión de la vida es el cuento mismo, una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia». También tiene razón José Luis Serrano cuando afirma en la nota de contracubierta que en este libro «La realidad es distorsionada y recompuesta mediante estrategias narrativas que sacan a la luz las estructuras deformes de lo cotidiano».
Y después de invitarlos a la lectura, mejor hago silencio. Y no cualquier silencio, sino el que pone Lourdes González en el último cuento de su libro: «un silencio de paisaje chino con largas hojas afiladas contra un cielo sin nubes».
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Sexo chatarra: las provocaciones de María
Por: Mariela Varona
Un título como este es una provocación. Porque, ¿puede el sexo ser tan efímero, tóxico y fácil de consumir como las hamburguesas con papas fritas? ¿Puede algo que se ingiere o consume ser irresistible o inevitable para el degustador, y tener luego consecuencias catastróficas? Este libro de María Liliana Celorrio intenta probar que sí: el sexo —o más bien el universo erótico de ciertos personajes— puede moverse entre circunstancias alevosas.
Pero debemos poner atención en la segunda parte del título: no es solo Sexo chatarra, es también Los perfectos crímenes del corazón. Porque la pulsión del sexo, en los seres humanos, estaría mutilada si la razón —o el corazón, como quiera llamársele— no alentara los más temibles y arrebatados proyectos. Entre la naturaleza desnuda del sexo y las trampas de la razón, entonces, podemos apostar que anda este libro.
Desde la cubierta, una mujer bocabajo, crucificada en una cama, comienza también a provocar a los lectores. Lo mismo puede tratarse de una mujer rendida y feliz, que terminó exhausta después de una noche de placer, que una mujer violada, golpeada, inconsciente o muerta después de servir de objeto a algún crimen pasional. La fotografía de Lianet Martínez parece concebida ex profeso para ilustrar este libro. Después de contemplar a la mujer de la cubierta, el lector puede intuir que cuando comience a transitar por el desfile de historias que van desde el júbilo hasta el horror, quedará atrapado sin remedio en la provocativa marea de María Liliana Celorrio.
Esta mujer hace una broma desde la dedicatoria: «Dedico estos cuentos a sus protagonistas: mis amantes. A los que vendrán, los espero en el próximo libro». Pero sus protagonistas, casi sin excepción, son mujeres. María Liliana indica con sutileza que los hombres que figuran como partenaires en estos relatos al menos pueden vanagloriarse de algo, porque contribuyeron a la gestación de extraordinarios personajes femeninos. Quienes tenemos la suerte de conocer a la Celorrio personalmente sabemos que el humor ilumina su vida y su literatura.

Las mujeres que pueblan los cuentos de Sexo chatarra se parecen a ella hasta cierto punto. Porque ella ha sido muchas mujeres al mismo tiempo, y el desenfado de contar historias centradas en sus avatares amorosos es proverbial desde Mujeres en la cervecera. Ese es el título del libro de cuentos que dio a su autora un merecidísimo Premio de la Crítica en el año 2005 y obligó a la ciudad letrada de Cuba a poner sus ojos en ella para siempre. Pero María Liliana no siempre escribe desde la mujer que es, sino también desde las mujeres que podría ser. Sus personajes femeninos son, incluso, las mujeres en que temería convertirse y aquellas que fueron palideciendo en su interior hasta disolverse.
Fui testigo del placer que dio a Luis Yuseff editar este libro. Mas no fue placer de complacencia o comodidad, todo lo contrario. Luis Yuseff necesita los retos para ser feliz. Y el reto de contener en un solo volumen el torrente magnífico de la prosa de María Liliana valía la pena. Creo que para Ediciones La Luz en pleno, este libro fue también un reto y un placer tremendos. Porque una mujer como la Celorrio no solo trae consigo al catálogo de la editorial un nombre y su prestigio: participar en su historia personal es una forma de trascendencia.
Quien tenga miedo a las palabras fuertes, que se indigne y cierre el libro. Que se ofenda y cierre el libro también quien tenga miedo de encontrarse con el sexo en todas sus variantes: emergente, feliz, ocasional, frustrante, amoroso, ridículo, agotador, apasionado, sucio, animal, extasiado, con violencia. Quienes sigan sin miedo la mano de María Liliana Celorrio encontrarán el temblor de la rabia, el desamor, la soledad y la desidia entre las sábanas de los matrimonios desdichados y las mujeres adúlteras. Pero encontrarán también canciones y regocijos, confidencias entre amigas, madres fieras protegiendo a sus cachorros, pícaros gestos de la intimidad, en fin, la poesía en medio de la sordidez humana.
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Un libro debe ser un regalo
Por: Enrique Pérez Díaz
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.
Pablo Neruda
Imagínense una casa que no es igual a ninguna otra y de la cual salen maullidos a cada rato y, en el silencio de la noche, bajo la luna llena, se pueden ver, de repente, las peculiares siluetas de unas gráciles figuras que, sobre el tejado, los aleros o en la cornisa de un ventanal, escapan furtivas hacia los mayores misterios de la oscuridad.
En el día, volverá a ser una casa normal en apariencia, aunque en verdad tampoco se parezca a ninguna, pues la casa de los gatos perdidos siempre ha sido y será el mejor puerto seguro para aquellos mininos que, despreciados por el mundo, allí busquen cobija contra el maltrato, la incomprensión y la desidia de los humanos.
Ana y su padre Ricardo son dos personas muy especiales. Por suerte para los felinos ellos no son de los humanos prejuiciosos que les atribuyen a los gatos todo tipo de defectos y enfermedades que ha consagrado la tradición popular. Verdaderos defensores de la especie, son seres sensibles que abogan por ayudar a los pobres animalitos que encuentran desvalidos por las calles.
¿Alguna vez te has puesto a pensar cuanto maltrato puede recibir un callejero? ¿Acaso has pensado que los callejeros eligieron esa forma de vida por simple vocación? ¿Podrá ser agradable para una criatura viva de cualquier edad —desde la más tierna a la más avanzada— vagar por calles y calles en busca de un mendrugo, evadiendo pedradas o palizas, húmedo de lluvia, sediento bajo un sol inclemente, sobre un asfalto grasiento y sin sentir la cobija de una mano que se tienda a su paso por el mundo?
Lamentablemente hay muchos callejeros en todas las ciudades, pues el nacimiento indiscriminado de especies aquellas que se han convertido en domésticas, la irresponsabilidad de quienes un día los compraron y los avatares de la existencia suelen crear situaciones de indefensión que favorecen que muchas criaturas queden en el desamparo más terrible.
Sobre tema tan actual parece sensibilizarnos un libro singular, escrito por una de estas personas sensibles que todavía en el mundo abundan: se trata de La casa de los gatos perdidos, de la periodista Liset Adela Prego, publicado recientemente por la Ediciones La Luz, de la AHS, en Holguín.
Con edición del poeta Luis Yuseff, diseño de Roberto Ráez, ilustraciones de Dagnae Tomás, diagramación de Norge Luis Labrada y corrección de Mariela Varona, este sencillo volumen nos confirma una vez más la excelencia editorial de esta casa que, entre sus frentes más notables, cuenta con la esmerada edición de textos para los niños.

De manera sencilla, coloquial, cual si estuviera conversando con nosotros, la autora nos va desgranando las venturas y desventuras de toda una serie de personajes gatunos que se presentan en La casa de los gatos perdidos y van dejando su huella en el cariño y añoranza de sus moradores humanos. Nadie es dueño. Nadie es amo. Liset reivindica a la especie desde la propia redención que significa para alguien —y de eso saben mucho los gatos— elegir su camino, sus propios pasos en la vida. Justamente por ello, estos gatos son itinerantes, eligen su albedrío y acuden a la casa cuando requieren de ella y luego, un buen día, desaparecen sin más, dejándonos únicamente su sombra, que se va lejos, bajo el cielo estrellado de una noche cualquiera.
Por eso el pacto entre especies que se da entre padre e hija y los gatos itinerantes nos confirma que quien desea ayudar, nada exige al desposeído, que las buenas acciones no esperan recompensa y que el amor, el verdadero y solidario amor, lleva en sí mismo su propia dádiva.
Bienvenido este tipo de libros que puedan mostrar a la infancia los más auténticos valores de la vida y la convivencia entre quienes habitamos el planeta.
En un mundo donde a veces un niño es más feliz acariciando un celular que el suave pelaje sedoso de un gatico o un perro, hacen falta libros tan sensibles y sinceros como esta obra que nos llama a la reflexión.
Sobre el desfile de gatos, pues evidentemente la autora es una amante de ellos pues los retratos de Pimienta, Lilita, Fiona, Shakespeare, Susana, Garabato, Tito, Feici y Tuiti, Socrates, Zafira, Cosme, Macusa e Itza nos dejan con deseos de conocerlos.
La levedad de sus pasos en el hogar que los acoge, la timidez de su mirada huidiza, o el ronroneo que acompaña nuestro sueño, son imágenes que se nos quedan grabadas en la retina y adentro, muy adentro del alma, allá, donde único pueden resguardarse los mejores sentimientos, los más grandes sueños, donde en verdad, florece la esperanza.
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Una reina que se llama Princesa
Por: Kenia Leyva
Cuando te llamas Princesa, todos piensan que tu vida es color de rosa, que el mundo gira alrededor de tus deseos, pero en este caso, en esta historia, no es así. Enrique Pérez Díaz con sutileza, imaginación e ingeniosidad, nos teje una narración en la que los conflictos familiares, generacionales y afectivos, son enmascarados desde un focalizador niño, donde la percepción de la realidad es dibujada desde la ficción y la búsqueda continua del amor.

Es loable destacar cómo la esencia de estas historias, fluye paralela a nuestra identidad. Cada personaje, sus vidas, es Cuba, un pueblo mestizo, rebelde, trabajador y que sueña. Al leer las páginas de este libro, viene a la memoria el poema «Balada de los dos abuelos», de Nicolás Guillén. Cómo la irreverencia, gallardía, optimismo de estas abuelas y sus antepasados, crean en Princesa un temperamento fuerte, pero sin impedirle soñar en grande y ver la vida en todo el esplendor de sus colores y matices.
Estamos en presencia de un libro objeto de arte, con una factura visual apreciable. Una propuesta que se disfruta por su frescura y narración fluida. Logra como propósito mayor una complicidad con cada personaje, el lector puede visualizarlos, verlos moverse, gesticular, escuchar sus voces, memorizar frases inscritas en la oralidad del cubano.
Cuando te llamas Princesa, es un canto al amor a la igualdad, a la importancia de la familia, y sobre todo a la esperanza y a la capacidad de soñar como recurso indispensable para entrar en un reino donde lo imposible siempre será realidad, donde la fantasía es boleto necesario para viajar por la vida.
Ediciones La Luz apuesta una vez más por una publicación, que no solo dará grandes satisfacciones al autor, sino a esta editorial que al igual que el personaje de este libro, busca incesante la belleza y no deja de soñar a pesar del tiempo y las adversidades.
«La literatura es un ritual de sanación»
A Isabel Cristina López Hamze la he llamado siempre Isabelita, desde aquellos tiempos en que ambas coincidimos en el ISA: ella, ya maestra; yo todavía alumna. Lo primero que se descubre en Isabelita es su sonrisa. Es amable. Es buena persona. Y nada de eso es postura, ni cartulina, ni confeti. Tardé años en descubrir a Isabel Cristina en su rol de escritora. La conocía, claro que sí, como una joven mente teatrológica, como investigadora y, ya lo he dicho, como profesora. Sus publicaciones en Facebook me hicieron seguir cada vez más sus letras y, luego de leer su primera obra, Estática milagrosa, le pedí esta entrevista, en un afán por descubrir más que su sonrisa amable o su pensamiento teatral. Este es el viaje de Isabelita a través del ritual de sanación de la escritura.
¿Cómo ocurre el tránsito entre Isabel Cristina, teatróloga, e Isabel Cristina, escritora? ¿En qué difieren, si acaso difieren, tus procesos de creatividad y pensamiento cuando debes enfrentarte al oficio crítico y luego al oficio creativo?
Siempre quise ser escritora. Aún guardo libretas de la escuela de cuando tenía 10 años que son un documento surrealista. En una página hay una clase de matemática o de español y en la otra hay dibujos rarísimos y descripciones de mis compañeritos del aula, un párrafo sobre las telenovelas, las cucarachas alemanas o cualquier otro tema cotidiano. Después, cuando estaba en la secundaria, ya no solo escribía en las libretas de la escuela, escribía sobre la gente, y luego mi mamá y mi papá me imprimían la hojita y yo se la entregaba a la persona que me había inspirado. Recuerdo cuando le llevamos la hojita impresa al primer violín de la Orquesta Sinfónica de Oriente. De aquello hace más de veinte años, pero todavía me acuerdo de la cara que puso Marco Tulio Niño Wong cuando salió de la Sala Dolores y se leyó mi poema que, visto desde ahora, era una especie de crítica impresionista de su brillante ejecución musical. Yo escribía mucho y además leía mis cuentos y mis poemas a la gente. No tuve pena, en mi infancia y adolescencia, de mostrar las cosas que escribía. Esa pena llegó después, con la Teatrología.
Siempre me gustó escribir sobre la realidad, pero no tanto como para ser periodista. La otra opción que valoré fue Filología, pero uno de mis mejores amigos me dijo que esa carrera era para eruditos y yo nunca he sido tan buena con las letras así que no opté por ella. Mi amigo estudió Derecho y se hizo Doctor en Ciencias a los 27 años; yo estudié Teatrología, la mejor carrera del mundo.

En el ISA leí los clásicos de la literatura y el teatro, aprendí sobre los genios de las artes visuales, sobre los talentos musicales más grandes. El fuerte vínculo con la teoría, la investigación y el conocimiento del arte y la literatura que me proporcionó la carrera inhibieron mis ganas de crear. Yo creo que cuando niña era una escritora en potencia y luego me convertí en teatróloga. Claro que los teatrólogos también crean, pero desde otra perspectiva. Desde que entré al ISA hasta el 2016 escribí decenas de reseñas críticas, artículos, ensayos y dos tesis: una de licenciatura y otra de maestría, pero no escribí nada que no estuviera asociado a mi trabajo como crítica e investigadora teatral. Mis ganas de ser escritora se despertaron gracias a que un día mi primo Abraham Hamze, que también es teatrólogo, me abrió una cuenta de Facebook.
Actualmente sigo escribiendo críticas, ensayos teatrales y una tercera tesis, esta vez de doctorado. Para esas labores intelectuales debo usar un lenguaje académico y cuando escribo sobre las cosas de la vida, entonces uso un lenguaje coloquial. Sentarme a escribir sobre teatro es estresante, casi tortuoso, sentarme a escribir un cuento o una crónica es muy relajante y divertido. Sin embargo, creo que ambos ejercicios de escritura se complementan. Muchas de mis reflexiones sobre el teatro están permeadas por esa mirada a lo cotidiano, a lo que parece insignificante, pero tiene gran relevancia para algunos. Así mismo, los textos que escribo sobre otros temas tienen una aparente liviandad, porque así los concibo desde el lenguaje y los abordajes, pero en realidad están calzados por una invisible densidad que vive en mi parte teatrológica.
¿Qué te aporta tu conocimiento del teatro a tu concepción de la escritura?
Ya te dije que para mí la Teatrología es la mejor carrera del mundo. Siempre digo que soy teatróloga, en todos los espacios, aunque la gente no entienda bien qué significa. Ese es uno de los encantos de mi carrera. Tuve la suerte de tener profesores excepcionales. También tuve la suerte de ser una estudiante aplicada y tener compañeros aplicados con los que compartir lecturas y puntos de vista. Me leí casi todos los libros que mandaron en el ISA y no solo los de teatro, sino también los de filosofía, historia, literatura, estética, psicología… Mi concepción de la escritura y mi concepción de la vida están atravesadas por el teatro. Más bien por la manera de entender la escena.
En el teatro hay muchos planos de significación: plano gestual, objetual, espacio-temporal, lingüístico, verbal, representacional, ficcional, intertextual, simbólico, metafórico… Todos esos niveles de sentido también pueden coexistir en otras esferas de la vida. Haber aprendido a descifrar los códigos del teatro y transpolar esa experiencia a otros escenarios de la vida me ha permitido ver lo que otros no pueden ver a simple vista. Ese es un talento que tenemos los teatristas. Mi trabajo como crítico también me ha enseñado a ponerme en el lugar del creador, a atender con igual interés las más disímiles estéticas. Esos son aprendizajes válidos para la escritura, para la creación y también para ser una mejor persona.
Si tuvieras que definir tu estilo en pocas palabras, ¿cuáles eligirías?
No creo que tenga ningún estilo aún, pues llevo muy pocos años escribiendo de manera sistemática. Lo que más la gente conoce son las crónicas que escribo para las redes sociales, pero escribo otras cosas que no muestro. Hasta ahora solo he estado como los pitcher, “calentando el brazo”, como me dijo un día Francisco López Sacha cuando le conté que yo quería escribir novelas. “¡Oh, pá eso hay que calentar bastante el brazo!”
Me gustaría tener un estilo que para mi papá era el mejor: “Todos los estilos y ningún estilo, he ahí el estilo.”
Las redes sociales han servido, al menos para ti, como un cimiento de posibilidades no solo comunicativas, de asociación y conexión, sino también creativas. ¿Cambia el lenguaje de la creación cuando lo concibes para ser pensado y comunicado desde la inmediatez de la red, o apuestas por un lenguaje universal que se adapte a las particularidades de cada proceso receptor?
Gracias al Facebook yo volví a interesarme por la creación. Al principio era un juego divertido, una forma de expresarme diametralmente opuesta a la crítica teatral. Con el tiempo, ese juego se fue poniendo serio, pues la gente me escribía cuando dejaba de publicar, me llamaban a la casa, me exigían de alguna manera que escribiera algo nuevo. Con los años se ha convertido en una especie de experimento. He descubierto qué cosas les gustan a la gente de Facebook. Por ejemplo, un texto cotidiano sobre mi perrita o sobre el pan de la bodega gusta más que un poema escrito por mí. Gustan las historias personales, los temas como las cosas de niños, los viejitos, las muertes, los nacimientos, los cumpleaños, la política… Y también gusta una manera determinada de narrar.
Yo escribo textos muy diferentes a los que publico en Facebook. Textos más abstractos, o más densos, con otro estilo y cuando he publicado alguno, a pesar de tener ya a mucha gente que me sigue, no les ha parecido bueno. Me gusta tensar esa cuerda y de vez en cuando subir algo rarísimo que descontrola a la gente. Eso forma parte del experimento.
Escribir para la inmediatez de las redes es una estrategia de lenguaje, un estudio de los gustos y de los deseos de la gente. Es muy interesante ver dónde se unen los gustos, las experiencias, las tristezas y las alegrías de un público tan diverso como el de mi perfil de Facebook. Tengo amigos de todo tipo: peluqueras, funcionarios, periodistas, artistas, músicos, viceministros, campeones panamericanos, estudiantes, maestros, premios nacionales, raperos, caricaturistas, torneros, disidentes, evangélicos, campesinos, héroes. Tengo amigos en China, Japón, Dinamarca, Estados Unidos, en casi todos los países de América. Es increíble, pero en un punto toda esa gente diferente se conecta. Es muy lindo cuando uno escribe algo sin grandes pretensiones y ves a personas de muchos lados identificadas con tu historia. También me gusta descubrir que hay temas que mueven a determinadas personas o grupos y otros que no causan ese efecto. Ambas reacciones de los lectores son parte de mi experimento, que es una manera de buscar ese lenguaje universal, una manera de “calentar el brazo” para cuando pueda escribir novelas, que es mi sueño.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cuánto tiempo le dedicas a la escritura?
Escribo mucho en el celular, quizás porque no tengo tanto tiempo para sentarme delante de una computadora. Antes escribía en las guaguas, en las paradas, caminando. Escribía a mano en las reuniones y en las clases cuando los estudiantes se demoraban demasiado en hacer la tarea. Ahora, desde que nació mi segundo hijo, escribo mucho en la mente, pues paso casi todo el tiempo con él. Cuando duerme en mis brazos durante el día escribo en el celular, con una sola mano. Rezo para que se quede dormido en el lado izquierdo y poder escribir con la derecha, sino, me toca escribir en la mente. Muchas veces voy escribiendo por pedacitos en el teléfono de mi hijo grande, en el de mi esposo, en el de mi madre, en un tablet, en lo que esté cargado en ese momento. En las noches, cuando el bebé duerme, unifico todos los picotillos que escribí durante el día y los paso a la computadora. Después edito y a veces desecho lo que quedó.
Como mi mente va más rápido que mis manos, siempre tengo una lista grande de temas para escribir. Escribo de las cosas que me pasan, por eso hay temas que nunca se tachan de la lista y se van quedando eternamente ahí. Yo hablo de lo que quiero escribir. Una vez un amigo me dijo que eso era muy malo, que cuando uno habla de lo que quiere escribir nunca lo escribe. Quizás me ha pasado con algún que otro texto que se quedó en la oralidad, pero casi todas las ideas llegan a ser escritas.
Generalmente Jorge Ricardo, mi compañero de vida, y yo trabajamos juntos. Como él es fotógrafo siempre hacemos foto y texto. A veces hacemos el texto primero y él crea la imagen en función de la escritura, pero muchas veces la foto viene primero y escribo para complementar la imagen. Es muy divertido trabajar de esa manera.
Escribo todos los días de mi vida. Hago textos para Facebook, escribo cuentos para completar un libro que ya va por su séptima versión, escribo crónicas sobre maternidad, escribo parte de mi tesis de doctorado, escribo cartas a mis amigos, escribo para mis estudiantes del ISA, escribo informes de tutoría y oponencia, escribo guiones para un programa de televisión.
Con Estática milagrosa. Listas para vencer y no para ser vencida apuestas por una estructura externa que bebe, sin lugar a dudas, de la relación de tus textos con las redes, ¿hasta qué punto te preocupa lo novedoso en tu escritura?, ¿has pensado la medialidad propia de un libro físico en relación o comparación con la medialidad propia del mundo del Facebook, espacio natural en el que fue concebido el libro?
Lo novedoso no es algo que yo busque de forma arbitraria. Para mí es más importante lo genuino que lo novedoso. Creo que en el caso de las listas hay cierta novedad en la estructura, pero no tanto, ya que otras personas han escrito listas antes que yo. Cuando escribí la primera lista no pensé en si era novedoso o no, fue algo espontáneo. Un día quería subir un montón de fotos a mi perfil y como la conexión estaba tan lenta hice una lista con la descripción de las fotos. Así surgió la idea de las listas en casa de mi amiga, la actriz y dramaturga Eileen López Portilla. No fue algo muy pensado. Luego vino un análisis clave: las listas son dinámicas, se leen rápido, su estructura es buena para las redes. Pero ya te digo, ese análisis vino después.

Si comparo el Facebook y una publicación impresa, puedo decirte que no es común que un mismo contenido coexista en ambos universos. El mundo de las redes es tildado de banal, de tonto, de vanidoso y un libro es un libro. Internet aguanta todo lo que le pongan, aguanta más que el papel. A pesar del impacto inmenso que hoy en día puede tener un contenido en las redes sociales, no se acerca al que puede tener un libro impreso en el ámbito profesional de la literatura. A pesar del alcance de lo virtual, creo que la gente nunca va a dejar de creer en los libros. A mí nadie me dijo que era escritora hasta que Ediciones La Luz editó mi primer libro. Es muy simpático porque las listas fue lo primero que escribí y después de eso he transitado por varios estilos, he madurado, he aprendido a lidiar mejor con las palabras. Pero lo que me legitima como escritora es ese libro, no importa cuánto escribí antes o cuánto escribo ahora para las redes, cuántos comentarios, compartidos o likes, hace falta un libro para que la gente diga: “¡Oh, es escritora!”
Quisiera que me comentaras un poco cómo nació la idea de convertir tus listas de Facebook en un libro. ¿Qué tal el trabajo editorial con Ediciones La Luz?
Cuando escribía las listas nunca pensé que serían un libro, aunque mucha gente me decía que las reuniera para publicar. La persona que me dijo: “manda tus listas a La Luz” fue mi amigo, el dramaturgo, narrador y poeta Roberto Viña, que ya había publicado con ellos y quedó encantado con el trabajo de la editorial. A mí me gustan mucho los libros de La Luz. Tengo en mi casa una pequeña colección de libros editados por ellos y en dos ocasiones he presentado publicaciones de amigos. Que mi primer libro sea editado por Ediciones La Luz es un sueño. Para mí fue una sorpresa que la propuesta fuera aceptada para el plan editorial y una sorpresa aún más grande que saliera tan rápido. Tú sabes que los libros pueden pasan años en los planes editoriales y otros años más en la imprenta. Tuve la suerte de ser bien aconsejada por mi amigo Bobby y también el impulso de mi mamá que me dijo: “manda, niña, manda, que no pierdes nada”.
El trabajo con la editora Liset Prego fue muy bueno. Primero, ella se conectó con el libro desde el punto de vista emocional y eso fue maravilloso. Creo que se hizo un cuidadoso trabajo de edición y de diseño. Fue un proceso muy profesional, muy colaborativo y no sé hasta qué punto sea así, pero yo sentía que Luis Yuseff, el director de la editorial, estaba muy al tanto de todo, de cada detalle. Eso es algo admirable.
Después de que el libro salió yo comencé a descubrir la mujer extraordinaria que es Liset Prego, todos los puntos que tenemos en común y me siento muy privilegiada de que ella haya sido la editora.
La maternidad, Cuba, la familia, el amor, la crítica social, la ilusión por el futuro, incluso cuando todo parezca desmoronarse alrededor, son algunos de los leitmotivs que he encontrado en tu opera prima. ¿Crees que este libro habla, precisamente, de la esperanza? ¿Ves o entiendes a la literatura como un camino que ha de conducir hacia la felicidad? ¿O hacia dónde, si no?
Tal vez el libro hable de la esperanza, no sé. No me planteé que hablara de nada específicamente. Esas listas son una especie de registro de los paisajes a mi alrededor, que a mí me gusta verlos como paisajes esperanzadores a pesar de los derrumbes. Me encantaría que muchos lo vieran como un libro sobre la esperanza.
La literatura es para mí un ritual de sanación. Escribir es analgésico para mí. Cuando extraño mucho a mi papá escribo sobre él y me siento más cerca, más feliz con su otra presencia. Cuando me molestan cosas del pasado, escribo cambiando los sucesos y con esa nueva versión fabulada me siento más contenta. Cuando algo me hiere o me mortifica, solo tengo que sentarme y escribir sobre eso. Inmediatamente pasa a otro plano de la realidad donde todo o casi todo está sublimado, desacralizado, burlado, trasgredido, entonces ya no duele, sino que causa sentimientos encontrados y, en esa contradicción, está el progreso. En el equilibrio entre lo triste y lo alegre, lo serio y lo ligero, lo profundo y lo llano, lo vivo y lo muerto, lo hermoso y lo feo está, para mí, la felicidad a la que la literatura puede conducirte a veces.
Si tuvieras que anunciarle a un potencial lector los temas de Estática Milagrosa, si tuvieras que adelantarle un poco de la esencia del libro, ¿qué le dirías?
Le diría que es un libro de cosas pequeñas. Un libro para leer en un viaje en guagua. Un libro apto para todas las edades. Un libro que cabe en un bolsillo de atrás del pantalón, que se puede doblar como una libreta de la secundaria. Un libro de aprendizaje. Un libro que trata sobre la vida de una muchacha cubana que se parece a la vida de otras personas en el mundo, porque es un libro de cosas pequeñas y esas cosillas tristes o alegres son las que conectan a la gente. Es un libro de listas, que puede retratarte en alguno de sus puntos.
¿Has pensado escribir teatro o poesía?
Teatro nunca. Poesía sí. Pero me han convencido varios amigos poetas de que siga haciendo crónicas o intentos de narrativa. En mi experiencia creo que hacer poesía es muy complejo, aunque es muy fácil hacer una mala poesía.
Provienes de una familia de artistas. Tu padre fue un gran y querido poeta. ¿Hasta qué punto sientes que esa herencia genética, ese legado, está presente en tu trabajo creativo?
Mis abuelas cantaban y declamaban, se sabían muchas historias. Una fue maestra Normalista y la otra estudió en un colegio de señoritas. Así que sus cuentos y sus experiencias eran muy diferentes. Una era católica y la otra espiritista. Una vivió en Carretera del Morro y la otra en Pinarito de Cambute. Una pintaba paisajes al óleo y la otra era una artista de la cocina. Mis abuelas murieron hace muchos años, pero ellas influyen de forma determinante en mi personalidad creativa.
Por otro lado, mi mamá no es una artista, pero es una mujer muy culta, ha leído mucho, lo mismo clásicos de la literatura que obras contemporáneas. Ella está muy al tanto de todo lo que pasa en el mundo, sabe de un golpe de estado en algún país, de los más recientes descubrimientos arqueológicos, de las investigaciones de la NASA, del último disco de Bad Bunny. Ella es mi brújula, mi Internet con corazón y mi más ferviente crítica. Y mi papá era mi socio, mi hermano, mi amigo, mi amor más grande. Mi papá era un tipo muy genial, muy creativo, muy inventor, muy simpático. En todo lo que escribo está su marca, no me refiero a su impronta poética, sino a su condición de papá, a su personalidad. Estática Milagrosa, mi primer libro, está dedicado a él y los otros que aún no he escrito también están dedicados él.
En tu opinión, ¿cuáles son las principales necesidades de los artistas jóvenes en la Cuba de hoy? ¿Y los principales desafíos creativos y sociales de estas mismas voces?
Hace unos años participé en Santa Clara en el Magdalena sin Fronteras, un evento organizado por Roxana Pineda, una de las artistas que más admiro. Allí conocí a muchas mujeres increíbles. Conocí a Julia Varley, actriz del Odin Teatret, una mujer extraordinaria con una sabiduría y una belleza admirables. De ella aprendí la importancia de hablar en primera persona. Creo que después de ese Magdalena no he vuelto a hablar en nombre de otros. Hablo de mi experiencia, de mi pequeñísimo entorno familiar y profesional. Las necesidades de los jóvenes artistas son muy disímiles, como disímiles son las realidades de la Cuba de hoy. Algunos demandan más conexión a Internet, otros un piano de cola, otros piden libertad de expresión, otros la posibilidad de presentar su obra en espacios de primera línea. Las necesidades pueden variar, incluso pueden ser materiales, estéticas o espirituales. Pero yo considero que todas, si provienen de un artista joven de la Cuba de hoy, deben considerarse como necesidades legítimas.
Mi necesidad parte, esencialmente, de defender lo bello, lo inspirador, lo enaltecedor. Son valientes los que denuncian los horrores, los que alzan su voz nombrando las injusticias, pero también hay valentía en defender la belleza, porque ya lo feo, lo injusto y el horror andan sueltos por el mundo. Son también valientes los que pintan a la luna asomándose, tímida y hermosa, detrás de un árbol mientras estallan las bombas en el Medio Oriente. Son también valientes los que siembran árboles mientras las ballenas blancas son atravesadas por el arpón. Creo que, como el resto de las necesidades posibles, la mía también es legítima, sin embargo, he sufrido en varias ocasiones de una extraña especie de censura, porque no suelo mostrar las cosas malas, lo criticable. O tal vez mi manera de cuestionar la realidad es otra, menos directa, menos ácida, más esperanzadora.
Esa es mi necesidad: defender la vida, la belleza, la armonía de nuestras almas con el alma de la naturaleza. Y mi desafío creativo es que no se banalice lo lindo, lo bueno, lo suave, lo alegre. Mi desafío es que no se desvalorice mi visión porque me guste sacar el lado más positivo a las cosas. Mi desafío es que la gente siga viendo la estrellita tintineante en medio de la noche más oscura, que no se pierdan las ganas de bailar, de cantar, de amar, de jugar, de ser feliz, aunque el mundo esté lleno de injusticias. Para eso escribo y para eso vivo.

¿Existe un diálogo profundo, de intercambio y creación, entre los creadores de una misma generación, y entre los jóvenes y los veteranos?
Los creadores de una misma generación, aunque tengan intereses artísticos diferentes, comparten modos de producción, referentes, modos de vida. El contexto provoca una empatía inevitable, aunque no siempre conduce a un diálogo profundo. En el mejor de los casos las alianzas creativas entre los artistas de una misma generación dan lugar a movimientos, procesos y experiencias colectivas que marcan el ritmo de los tiempos. Así ha sucedido y así ha quedado en la Historia. Sin embargo, tal vez no han sido visibilizados de igual forma los vínculos entre artistas de diferentes generaciones. Muchas veces oigo hablar de los jóvenes y de los viejos, como dos extremos irreconciliables. Te puedo contar que una de las personas con las que más me conecto, que ha leído todo lo que escribo es mi amiga Ivette Vian, que ya pasa de los setenta. Ella es mi estrella. Creo en los aprendizajes mutuos que brotan del diálogo intergeneracional, en el deseo de unos y otros de encontrarse, en la voluntad de superar el estéril dilema entre lo viejo y lo nuevo. Del intercambio profundo entre generaciones solo puede salir un arte joven. Como cuando vemos en el teatro a un maestro como Carlos Díaz montando textos de Rogelio Orizondo o Agnieska Hernández. O a Fernando Pérez dirigiendo una película coral en la que intervienen seis directores noveles.
Coméntame un poco de tu libro de crónicas y fotos en coautoría con Jorge Ricardo, titulado A Baracoa me voy…, el cual se encuentra en proceso de edición en México por la Editorial Rosa Luxemburgo.
Ese libro, al igual que el documental “El lenguaje de la montaña” estrenado en 2019, es el resultado del viaje más maravilloso que hemos hecho. Jorge Ricardo y yo nos fuimos juntos a Guantánamo a participar en la 28 edición de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa con el objetivo de hacer un documental. Convivimos 34 días con los artistas y los pobladores de las comunidades intrincadas de la serranía. Dormimos en casas de campaña, nos bañamos en los ríos, nos dimos unos sustos de muerte sobre el camión, vimos más de ochenta funciones, nos asombramos ante las bellezas naturales de una Cuba hasta entonces desconocida. Hicimos muchos amigos actores, campesinos y pescadores. Jorge y yo nos hicimos muy amigos viviendo en condiciones extremas de campaña, nos enamoramos y regresamos a La Habana con muchos planes: un documental, una exposición fotográfica, un libro y un hijo. Todos los planes fueron cumplidos. El libro A Baracoa me voy… tiene esa energía. Es un cuaderno de viaje con más de cien fotografías que relata el descubrimiento de paisajes y gentes increíbles. Cuando los textos parecen demasiado inverosímiles, las fotos son la hermosa evidencia de que lo que vivimos es real. Fue una suerte tremenda que la Fundación Rosa Luxemburgo publicara nuestro libro. Cuando la pandemia lo permita se podrá presentar y podremos llevarle algunos ejemplares a los cruzados en Guantánamo y eso nos hará muy felices, porque está dedicado a ellos.
Más allá de la página en blanco, ¿quién es Isabel Cristina?
Soy una muchacha feliz con una familia maravillosa. La familia que siempre soñé construir y para la que mis padres me prepararon toda la vida. Este año cumplo los 33 y dicen que esa es la edad de cambiar el mundo. Yo sé que no voy a lograrlo porque no tengo habilidades sobrehumanas, pero seguiré intentando sacar el lado alegre de las cosas, seguiré llevando una semilla en la cuenca de la mano y confiando plenamente en la promesa de la germinación.
Orígenes seguirá teniendo la palabra
El día 18 de mayo aún continuábamos recibiendo materiales de varias provincias del país. El equipo coordinador del evento ponía en marcha su mejor estrategia para descargar las informaciones y, a último minuto, las peripecias con el diseñador nos hicieron entrar en pánico. Nos abrumó la idea de no poder llevar a cabo en fecha la Jornada Literaria Orígenes. De no haber podido realizarse según calendario perdía su objeto histórico: el de rendir tributo al Apóstol el día19. Pero como el empeño y la entrega a lo que hacemos es la fuerza de ese motor impulsor que no claudica, el evento rompió en la mañana del 18 justo a las nueve en punto con la entrevista al Comité Organizador: el Coordinador de la Célula de Contramaestre Arnaldo Sariol, realizador audiovisual, quien fuera parte indispensable de la producción para el evento; el presidente de la filial santiaguera Juan Edilberto Sosa Torres, director del Grupo de Experimentación Escénica LA CAJA NEGRA, y la vicepresidenta Lisbeth Lima Hechavarría, escritora santiaguera. Amén de que además se contó con el trabajo del vicepresidente Erick Pérez Martín, músico, director de la banda D’Nova, quien estuvo a cargo de todo el proceso de producción y el equipo de comunicación.

Cada mañana el locutor y miembro destacado de nuestra AHS, Dayron Chang, nos ponía al tanto con los Noti Orígenes, donde no fueron pocas las sorpresas que se sucedieron a lo largo del evento. Se contó con un amplio programa donde los paneles y conversatorios nutrieron la parte teórica, resaltando momentos tales como: Digo lo ineludible: ideas como músculos en la prosa de Eduard Encina, a cargo de Jorge Labañino Legrá (Contramaestre, Santiago de Cuba). Abriendo con esta conferencia inaugural rendimos tributo al Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz, el escritor Eduard Encina, fundador del evento junto a Arnoldo Fernández Verdecia, historiador, a quien se dedicaron las siguientes entrevistas: Desde los Orígenes, sobre la fundación de la Jornada, por Lisbeth Lima Hechavarría, con el realizador audiovisual Arnaldo Sariol Valdés y Remanganaguas, ruta histórica en Contramaestre, por Yanetsy Ariste (Pinar del Río).
Esta XIII edición del Orígenes estuvo dedicada la traducción en el panorama literario actual, vistiéndonos de lujo con los panelistas: Oscar Cruz y Aida Bahr (Santiago de Cuba), ambos con una trayectoria notable en este hacer. Siguiendo esta misma temática contamos con la colaboración de la Asociación de Traductores de Santiago de Cuba con el conversatorio Los textos que Martí tradujo, por Lilian Sanz.

Tuvimos la presentación del Boletín Literario Otro Criterio, por Ernesto Andrés (Lezama), poeta y miembro de la AHS en la célula de Contramaestre, momento que estableció un nexo con la interesantísima propuesta, colaboración de los Miembros de Honor de la Célula de Songo La Maya: Eloy Díaz y Rogelio Ramos, con el conversatorio Martí y el pensamiento crítico, necesidad de una crítica artística especializada en nuestros días. Y en este recuento sobre lo fructífero en materia cognitiva, no puedo dejar de mencionar las conferencias magistrales por intelectuales santiagueros como Israel Escalona y Luis E. Jerez, con el conversatorio Martí y la intelectualidad del presente, Influencia martiana en la joven literatura de la Isla, por Rodolfo Tamayo y El pensamiento económico en Martí, en homenaje al aniversario 130 de su discurso ante la conferencia monetaria, por Reynier Rodríguez Pérez.
Pero no solo Literatura e Historia inundaron las redes por esos días, el arte todo fue protagonista de esta edición, por primera vez online, en donde el Grupo de Experimentación Escénica LA CAJA NEGRA estrenó su serie Juegos de Agua, presentando videos performans a obras clásicas de nuestra literatura como A la del amor más triste, El amor indeciso, ambos materiales por Adolfo Guzmán Pacheco, y Balada del amor tardío, por Dalia Ramón León, ambos de Santiago de Cuba, rindiendo tributo a nuestra poetisa Dulce María Loynaz.

Se inauguró la expo fotográfica Híbridos de un texto. Curada por Edgar Brielo (Jefe de la sección de artes visuales de la AHS Santiago) y Miguel Y. Cosme (Santiago de Cuba, artista visual), con la participación de creadores de todas partes del país, entre ellos la destacada artista de la plástica Tahimi Cugat Estevez (Santiago de Cuba).
La música amenizó cada noche al cierre en conciertos con los trovadores de La Habana, Inti Santana y EL GAPE, quien acaba de ganar el Premio Cubadisco 2021. Desde Villa Clara Yatser Rodríguez, presidente de la filial de la AHS en el territorio, nos deleitó como miembro del movimiento de trovadores “Trovuntivitis”, y del movimiento Caña Santa, la joven y talentosa trovadora Yeni Turiño, quien ya nos había acompañado en la edición del Orígenes en 2017. Y, por supuesto, no podían faltar los chicos del quehacer trovadoresco en el municipio Contramaestre, entre los que destacó el concierto del grupo Diástoles, integrado por Luis Ariel Fernández, Chicho Vega, Leonel Ramírez Alcolea y Livan Leyva. Además, participaron otros trovadores como: Yanco León (Bayamo), Henry Fonseca y Roe Alejandro (Contramaestre).

La peña literaria El Escriba, espacio habitual de la programación de la filial santiaguera que cada mes presta atención a un género literario distinto, realzando el quehacer de los principales exponentes en el país, llegó ese mes a su décima edición desarrollándose dentro del marco del evento. Dedicó su temática al haiku como mínima expresión poética teniendo como invitado al haijin Yulier Canuto Pérez (La Maya, Santiago de Cuba), coordinador principal del proyecto Pensar en Haiku. Se abordó la temática de Martí y el Haiku. Influencia de la cultura japonesa en la obra martiana y haijines en Cuba (http://www.ahs.cu/pensar-en-haiku/). En la sección “Café con Letras”, dedicada siempre al vínculo con la AHS, el invitado fue el joven escritor Darío Cisneros Borruel.
El día 19 de mayo en horas tempranas de la mañana se hizo entrega de una ofrenda floral en el Cementerio de Remanganaguas en conmemoración del aniversario 126 de la caída en combate del Apóstol, José Martí, a nombre de la AHS en Santiago de Cuba, su filial de Contramaestre y las autoridades del territorio. También llegaron hasta donde se encuentran los restos del colega y amigo Eduard Encina, aquellos que no dejan de sentir su ausencia. Se le dedicaron unos versos y el momento nos envolvió a todos, aun en la distancia, de una nostalgia propia del que ha sentido el vacío que dejó Encina en Orígenes.
Se presentaron novedades literarias de editoriales santiagueras: Ediciones Caserón, por Rodolfo Tamayo Castellanos, Ediciones Santiago, por Rainer Martínez, y la Editorial Oriente, la cual recién arribó a su 50 aniversario, por Roberto Carlos Founier. Además, tuvimos las presentaciones de las novedades literarias de las editoriales de la AHS: Ediciones La Luz, por Lilian Sarmiento, Elizabeth Soto y Liset Prego (Holguín). Editorial Sed de Belleza, por Alejandro Hernández, (Villa Clara), y Editorial Áncoras, por Yadian Carbonell Hechavarría (Isla de la Juventud). Y no podían faltar nuestras revistas santiagueras en el marco del evento cuyas presentaciones corrieron a cargo de Oscar Cruz, con la revista literaria La Noria, Rodolfo Tamayo con la revista Caserón, y la revista Viña Joven por Noel Pérez (Santiago de Cuba).

Los proyectos literarios del país también tuvieron su espacio. El Proyecto Islíada, del escritor Rafael Grillo, uno de los repositorios más nutridos de la literatura cubana contemporánea, así como de otros exponentes latinoamericanos, con cerca de 500 autores, celebró su décimo aniversario en el marco del evento Orígenes. Callejas, desde Trinidad, nos compartió en su intervención los objetivos fundamentales de su quehacer, donde la promoción artístico-literaria es faro para las nuevas voces. Por su parte, el Proyecto 5ta Dimensión, de literatura de Ciencia Ficción y Fantasía, coordinado por la escritora y periodista María de Jesús Chávez Vilorio, nos puso al tanto de las perspectivas futuras una vez superada esta etapa de la pandemia. El taller se mantendrá los 2dos y 3eros viernes de cada mes, y la peña, como cada 4to sábado, seguirá teniendo lugar en la programación de la Casa del Joven Creador.
Un momento de mucha fuerza dentro del programa fue la intervención del Proyecto Diversas con el conversatorio: Mujeres piensan a Martí. Este proyecto, dedicado al enfoque de género y a la desmitificación respecto a las creencias populares, pretende desde el arte enarbolar el quehacer de la mujer y la potencia de su voz. Por ende, en esta decimotercera edición del evento, pensar a Martí desde la concepción femenina, con la presencia de Sahay Fajardo, coordinadora principal del proyecto, Taína Barthel y Ada Lescay matizó con nuevos aires al Orígenes.

Los invitados agradecieron el obsequio de dos libros en el evento, uno de ellos José Martí, el apóstol de Remanganaguas, de Arnoldo Fernández y Antonio Isacc Hechavarría, a cargo de quien corrió la presentación del mismo. Se mostraron deslumbrados ante las sorpresas de la historia mientras la voz de Arnoldo narraba, como si camino a Remanganaguas fuéramos, la ruta histórico funeraria de los restos del Apóstol y el maravilloso mito que envuelve las tierras del cementerio en ese lugar, donde la magia no deja de acompañar a quienes lo visitan.
Los propósitos de esta XIII edición de la Jornada Literaria Orígenes se cumplieron dejando tras de sí una memoria histórica invaluable para la Asociación. Se logró dar un vuelo nacional al evento donde contamos con la participación de escritores de todas partes de la Isla. En las lecturas de poesía Nada en el polvo ni en la cal se encierra contamos con invitados tales: Reynaldo García Blanco (Santiago de Cuba, Premio Casa de las Américas), Onel Pérez (Contramaestre, Santiago de Cuba, Premio Poesía de Primavera), Mailin Ciria Castro (Contramaestre, Santiago de Cuba), Ernesto Andrés (Lezama) (Contramaestre, Santiago de Cuba), Jorge Labañino Legrá (Contramaestre, Santiago de Cuba, Premio La Gaceta), Hansrruel Aldana (Guantánamo), Gisselle Lucía (La Habana), Eddy Serrano Castillo (La Maya, Santiago de Cuba), Karla Gil (Guantánamo), Yess Ramirez (Guantánamo), Reinyer Rodríguez Pérez (Santiago de Cuba), Drian Orduñez (Guantánamo), Rdolfo Tamayo Castellanos (Santiago de Cuba), Roberto Fournier (Guantánamo).

Y, en las lecturas de narrativa Memoria es un taller de la existencia, contamos con escritores de la talla de Elaine Vilar Madruga, Abel Guelmes Roblejo, Barbarella D’ Acevedo, Rafael Grillo, Malena Salazar Maciá, de La Habana. Alejandro Rama (Las Tunas, Premio Calendario 2020), Raúl Piad (Matanzas, Premio Calendario 2020), Javier Pupo (Contramaestre, Santiago de Cuba), Ana Lisandra López Méndez (nuevo ingreso, Contramaestre, Santiago de Cuba), Argenis Sánchez Osorio (Mayarí Arriba, Santiago de Cuba), María de Jesús Chávez Vilorio, Darío Cisneros Borruel (Santiago de Cuba) y César David Guerrero Paz (Palma Soriano, Santiago de Cuba).
Así fue, amigos, el programa de este evento en Santiago de Cuba, cargado de primicias y con un ritmo que conquistó la comunidad online, donde una vez más el trabajo de la Asociación Hermanos Saíz enarboló la bandera del hashtag más usado ahora mismo en redes por el gremio artístico joven: #ElArteSalva. Celebrando el aniversario 35 de la AHS, echamos a andar seguros de que en la edición XIV el Orígenes seguirá teniendo la palabra.