Literatura
El compromiso con la verdad
Periodistas que hablan de periodistas, no es tautologÃa. Una prensa introspectiva y que medita sobre sà misma no es autofagia, narcisismo, o mirarse el ombligo como si allà estuviera el centro del mundo. Por eso son necesarios libros como El compromiso de los informes, publicado por Ocean Sur hace pocos meses.
Nada de errático y sà mucho de animal
Leer el libro de poemas Errático Animal, del poeta Jorge GarcÃa Prieto, es de lo más emocionante y al mismo tiempo maravilloso. Es un viaje de ida y vuelta del corazón a la mente con cada poema. Errático Animal fue el premio del concurso de décimas Francisco Riverón Hernández 2017, publicado por Ediciones Montecallado, Cuba, en 2018.
La intransigencia de los lectores salvará tu libro
David MartÃnez Balsa confÃa en los lectores: en su libertad de elegir, en su intransigencia, en su mirada crÃtica. Solo los lectores son capaces de salvar los libros y, por tanto, también a sus hacedores. Para David, un lector es más que un aliado; forma parte también de la estructura propia del texto y, sin ellos, las palabras no son más que hilo unido a otro hilo semejante. Conversar con David es también un pasaje al mundo de la fabulación…
En la escritura, en la creación, ¿qué consideras sea esencial o indispensable?
Persistir, no desfallecer ante los retos que imponga el acto creativo. No negaré el rol esencial que juega la inspiración en todo creador, pero si algo aprendemos es que la musa no siempre nos acompaña al abordar nuestras obras. Súmale a ello las desilusiones, los tropiezos y las dudas, todos obstáculos siempre al acecho. Por eso, encuentro indispensable la voluntad del creador para construir su obra; enfrentarse a la página en blanco, el lienzo, la partitura, aunque cada partÃcula de su ser intente llevarlo en la dirección opuesta. Arrancar, sin detenerse a esperar la inspiración. Esa fuerza, el Ãmpetu de seguir batallando, lo lleva grabado todo creador en su ADN, sin dudas.
¿Puede ser mesurable la calidad de un libro de poesÃa o de cuentos, o esto depende de las sensaciones, emociones, experiencias, referencias y del mundo estético personal de cada uno de los lectores?
Me encanta esta pregunta, pues a mi juicio, tiene un poco de trampa. Yo, en lo personal, siempre aspiro a llegarle a los lectores, provocar una sonrisa, una lágrima o al menos la satisfacción de haber disfrutado el libro al que eligieron dedicarle su tiempo. No existe mayor alegrÃa que se te acerque alguien que haya leÃdo tu novela o libro de cuentos y te diga cuán placentera le resultó la experiencia. Claro, siempre existirá una dualidad de opiniones, habrá apoyo y detractores, y eso lo encuentro igual de bien; pues, como creador, te pones a disposición del juicio del público al entregarles tu trabajo. Si la mayorÃa de las opiniones te favorecen, pues celébralo; de lo contrario, levántate, aprende y sigue.
Por supuesto, existen estándares literarios, crÃticos especializados, jurados de concursos, quienes abordan el tema desde una perspectiva más imparcial. No obstante, por muy frÃos que intentemos ser a la hora de evaluar una obra para emitir un dictamen, a veces el lado humano prevalece; la parte que siente y se conmueve ante un cuento que, tal vez, otros hallaron falto de elementos que sus contrincantes sà poseen. Estos detalles hacen difÃcil llegar a un consenso a la hora de premiar o reconocer un texto (hablo en caso de un concurso literario). Todo libro necesita una estructura sólida, fuerza en las técnicas narrativas, un lenguaje limpio (pues no vamos a pedirle a quien nos entregue un poco de su tiempo que se lea un libro en el que no hayamos dejado hasta la sangre con tal de construirlo lo mejor posible) pero, en mi opinión, no puede faltarle ese ingrediente que lleva al lector a brincar, casi sin darse cuenta, de la acción de leer a la de sentir. Eso es magia y quien pueda provocarla, no sé si su obra tendrá calidad en el más estricto sentido de la palabra, pero para mà merece aplausos.
¿Es posible definir qué es la creación? ¿PodrÃas aventurar tu definición personal?
DifÃcil, pero déjame intentarlo y ser lo más breve posible: te dirÃa que es una adicción saludable. Placer y al mismo tiempo tormento. Es una necesidad que llevas dentro, que no para de perseguirte; incluso cuando estás creando, sientes ese apremio, una especie de frenesà que disminuye, pero no cesa del todo.
¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cómo piensas la estructura o arquitectura de un libro?
Por lo general, escribo de noche o en las mañanas, aunque prefiero las noches: hay más tranquilidad. En ocasiones escucho música, otras no (depende de lo que me pida el cuerpo); eso sÃ, no puede faltar la compañÃa del café y el cigarro. A veces arranco una historia sin saber en qué acabará la cosa. Todo empieza por una escena, un personaje, o algo tan simple como una frase. Llegan de golpe y enseguida me siento frente a la computadora y trato de llevarlo todo a la página, sin saber bien el rumbo que se va dibujando mientras avanzo. Hay otros momentos en los que la historia cae completa y anoto enseguida los detalles, no vaya a ser que la musa me traicione si la descuido mucho. Siempre escribo tres versiones de un libro: la primera es un desastre, un rompecabezas armado a todo tren. En la segunda, abordada desde una perspectiva más frÃa, estructuro el libro lo mejor posible; trabajo los personajes y las escenas al detalle, elimino los excesos innecesarios, intento darle coherencia y realismo al texto. En esta versión invierto más tiempo, pues es la que entrego a mis lectores de confianza. Ya con las crÃticas que recibo, pulo una tercera versión hasta dejarla lo más digna posible de ser leÃda.
¿Cuánto valoras el contacto crÃtico con los creadores de tu propia generación?
Si algo aprendemos todos los que pasamos el Onelio es lo esencial que puede llegar a ser la comunicación con los creadores, ya sea de tu propia generación como de cualquier otra. El beneficio del contacto crÃtico es mutuo y para nada debe desestimarse; se obtienen lecciones vitales y que pueden ayudarte muchÃsimo en tu proceso creativo, asà como incentivarte a crear.
Recientemente acabas de obtener el Premio Boti por un libro escrito para niños y jóvenes…
Amarrados al puerto, el libro que mereció el Premio Regino E. Boti, es un cuaderno de cuentos escrito en el 2020, durante los momentos más difÃciles que se vivieron ese año por el coronavirus. Los cuentos que lo componen tratan precisamente este tema, vistos desde el lente de sus personajes, todos niños que viven las vicisitudes propiciadas por la pandemia, sin escapar también a las implÃcitas en el tránsito de la niñez a la adolescencia. En el libro se abordan temas como la soledad, el abuso fÃsico y emocional, la inseguridad y el temor a no ser aceptado por tus caracterÃsticas, todo fundido con las dificultades impuestas por la pandemia y lo que ello conlleva para un niño. Te confieso que nunca esperé que obtuviera premio y el galardón ha sido una muy grata sorpresa. Ahora mi anhelo es que el libro termine su viaje y llegue a los lectores lo más pronto posible, para que ellos den la última palabra.
Como escritor, siempre he preferido el realismo, aunque en ocasiones abordo el fantástico y la ciencia ficción (géneros que disfruto y respeto muchÃsimo). Creo que, como escritores, nunca debemos dejar de experimentar, de atrevernos, de probar nuevos horizontes y géneros y demostrarnos a nosotros mismos que sà se puede. Salir del área de confort, arriesgarse. El estilo propio se cultiva mediante la lectura y sobre todo, la escritura constante. Yo, en lo personal, aunque tengo mis preferencias de estilo, sigo en la búsqueda. Este libro fue mi segundo intento de alejarme del género que usualmente practico. El primer intento llegó con Los Caciques, una novela juvenil que obtuvo mención en el Edad de Oro 2020 y que la Editorial Gente Nueva me hará el honor de publicar, contando con la edición de la excelente Gretel Ãvila. Y ahora este librillo. Ambos han sido muy importantes, pues han marcado un cambio en mi forma de abordar la literatura y me han hecho comprender lo complicado que es el género infanto-juvenil y con cuánta delicadeza debe recorrerse ese terreno, pues escribir para niños y jóvenes se las trae… SÃ, mi escritura está en constante cambio y ojalá sea para mejor.
¿Crees que el oficio del escritor es el más solitario del mundo? ¿Por qué?
El oficio en sÃ, en su núcleo, es y debe ser solitario. Necesitas estar solo para dar vida y orden al cúmulo de ideas que tienes en la cabeza, pidiendo a gritos que las lleves a la página en blanco delante de ti. Esa tarea requiere concentración, disciplina y soledad. Ahora, ya culminado el proceso creativo, el escritor, como todo ser humano, debe escapar de esa burbuja y socializar: en esto incluyo el diálogo crÃtico con otros creadores, compartir su obra con lectores de confianza que le ofrezcan su opinión. El oficio es solitario, quien lo practica no necesariamente tiene que ser una persona solitaria.
En los años que llevas de carrera literaria has recibido no pocos premios, ¿cuánto importan estos en la vida de un autor? ¿Son acaso un tránsito más, uno necesario, si se quiere publicar con algo de facilidad?
No negaré la importancia de los premios literarios, pues además de atraer el foco sobre tu obra y elevar los ánimos, te permiten la realización del sueño de todo escritor: la publicación de su trabajo. Ahora, no debemos convertirlo en el Santo Grial, pues se corre el riesgo de una innecesaria decepción cuando no ganamos y ello vuelve más difÃcil el levantarse tras la caÃda. Te lo digo por experiencia, pues me he quedado al fly en muchos concursos (y todavÃa me faltan unos cuantos ponches más). De los premios debemos llevarnos dos cosas muy importantes. Primero: si ganas, celébralo, disfruta cada segundo del privilegio que le han entregado a tu trabajo. Y segundo: si no ganas, no te atrevas a menospreciar ni a tu obra ni a ti como escritor. Rendirse no se vale, le debes a tus libros seguir insistiendo en publicarlos y, sobre todo, seguir escribiéndolos.
Para dialogar con el lector de su tiempo, ¿la obra debe parecerse a ese tiempo, a esa realidad, o debe poetizarla, transformarla en algo más? ¿Cuál es tu apuesta?
Prefiero una mezcla de las dos opciones que ofreces. No hay motivo para que una novela o cuento, con sus transformaciones, embellecimientos y detalles que puedan resultar hasta fantasiosos, no guarde relación con su tiempo; eso sÃ, el escritor debe entregarle al lector las herramientas para hallar la conexión entre ambos.Â
¿Crees en el fatalismo geográfico? ¿Existe aún ese fatalismo para los jóvenes autores cubanos, pese al avance paulatino que han tenido las redes sociales en nuestro mundo?
En parte, sÃ. Las redes sociales y su impacto en el mundo han ayudado a muchos autores jóvenes cubanos a dar a conocer su obra no solo a nivel nacional, sino internacional (el tuyo es uno de esos casos) y creo que es maravilloso cuántos autores cubanos están publicando en revistas extranjeras o son reconocidos por editoriales de España, Latinoamérica, incluso de Estados Unidos. No obstante, ese horizonte recién empieza a expandirse y todavÃa tiene espacio para más. Lo que es digno de celebración es que estén abriéndose poco a poco las puertas para que la literatura cubana sea más reconocida a nivel mundial. Hay que seguir insistiendo.
En tu experiencia, ¿cuáles son los valores de la narrativa actual? ¿Es posible aventurar la opinión de qué sobrevivirá o no al paso del tiempo?
Hay mucho potencial en la narrativa de nuestros tiempos; sobran talento y ganas de trabajar. Creo que la pandemia ha puesto a prueba muchas determinaciones, y entre ellas cuento el afán de la literatura por crecerse ante los obstáculos. El ánimo de los jóvenes autores (y los no tan jóvenes también) es contagioso. Entre el 2020 y el 2021, las redes sociales han cobrado un auge indiscutible y basta darse una vuelta por internet para conocer el interés, el apetito y la promoción que disfruta la literatura hoy en dÃa, la disposición a defenderla a capa y espada. Escritores, editores, casas editoriales, los organizadores de certámenes, jornadas y peñas literarias, nadie ha dejado de trabajar, a pesar de las duras circunstancias; al contrario, se han superado. Asà que me atrevo a decirte que, mientras sigamos escribiendo, leyendo y disfrutando de lo que hacemos, la narrativa sobrevivirá a lo que sea.
A tu criterio, ¿cuáles son las principales herramientas, materiales o espirituales, de las que debe estar dotado un buen escritor?
Las principales herramientas de todo escritor (y me limito a repetir lo que tantos han afirmado) son la lectura y la escritura incansables. Una cosa complementa a la otra. La lectura, otra adicción saludable, te entrega todo un arsenal de herramientas con las que afrontar el oficio. Por otro lado, escribir, asà sea un párrafo al dÃa o si te parece un desastre lo que acabaste de teclear, permite conservar la agilidad en la mano. La perseverancia es también esencial y, por supuesto, la capacidad de escuchar y saber trasladar a tu obra las crÃticas sinceras que recibes de quienes te leen.
¿Cómo serÃa tu lector ideal? ¿Qué le pides a ese lector a la hora de enfrentarse a uno de tus textos? ¿Cómo te gustarÃa ser leÃdo?
Que sea despiadado conmigo, que no me perdone en lo absoluto. Al final, su intransigencia salvará mi libro. Son increÃbles los errores que cometemos los escritores en medio del vuelo creativo y no existe nada más maravilloso que el hecho de que te señalen la barbaridad que eludió todas las revisiones al texto. Gajes del oficio de los que nos salva ese lector o lectores ideales. A ellos les pido lo que me gustarÃa oÃr de todos mis lectores: la verdad. Si no lo disfrutaron, aprenderé. Si les gustó, me doy por satisfecho. De todos modos, siempre agradeceré que le hayan dedicado su tiempo a mi trabajo.
Más allá de la página en blanco, ¿quién es David MartÃnez Balsa?
Quienes conocen a este desconocido saben que es tÃmido, de pocas palabras, aunque cuando le da por hablar, su novia lo manda a tomar agua para que refresque la boca. Tomo café con sed de dragón y echo humo también como uno. Los dÃas trato de repartirlos entre la familia, mi novia, el trabajo y, claro está, la lectura y la escritura, aunque admito que desgraciadamente no siempre de forma equitativa o justa. En pocas palabras, David es un joven que trata de escribir un poquito mejor cada dÃa y busca impulsar sus libros hacia el fin del viaje: el lector, que ojalá disfrute tanto de leerme como yo de escribir ese librillo que logró llegar a sus manos.
«El trato del arte con el universo es de supervivencia»
Nunca me he cansado de escuchar la poesÃa de Eduardo Herrera Baullosa. Quienes lo conocen, saben que habla también con poesÃa, que su lenguaje está matizado por la ironÃa y la belleza de las palabras. Esa, quizás, sea su forma de supervivencia, su trato con el arte, con el universo de la creación. Cuando hecho mucho de menos la poesÃa de Eduardo, le escribo por Instagram o Messenger, ocasionalmente por WhatsApp, y asà nos ponemos al dÃa, justo como hago ahora, a modo de (pre)texto y a través de una entrevista.
¿Sientes que, con tras el paso de la pandemia, las relaciones artÃsticas o el acto comunicativo del hecho creativo variarán significativamente?

Sin lugar a dudas existe un antes y un después que afecta todos los aspectos de la vida; también las “relaciones artÃsticas†o, como defines, “el acto comunicativo del hecho creativoâ€. La nueva realidad un tanto “distópicaâ€, causante de cierta alienación –inevitable y necesaria–, nos obliga a modificar las relaciones interpersonales. A su vez, ese mismo distanciamiento fÃsico y psicológico ha potenciado otras maneras de hacer. Si en la realidad pre-pandemia las constantes eran las ferias del libro, los congresos, las lecturas literarias, tertulias, talleres, etc.; en fin, el tú a tú presencial tan enriquecedor –quedan algunos casos muy aislados que continúan de la manera tradicional–; ahora es Internet quien lleva la voz cantante y en ocasiones –al menos asà lo creo– nos ha permitido ampliar con su cualidad casi “omnisciente†las necesidades de intercambio y comunicación tan inherentes a la literatura. Ojo: no es algo nuevo, pero sin duda se ha potenciado y al parecer no será temporal o inherente a las condiciones actuales.
En estos tiempos de aislamiento, ¿qué lugar ha ocupado la poesÃa para ti? ¿Notas cambios perceptibles en su papel transformador de la realidad? ¿Qué realidad transforma, hoy en dÃa, la poesÃa?
La poesÃa siempre ha ocupado y ocupará un lugar esencial en mi vida. Ha sido asà desde que tomé conciencia de la necesidad del decir poético que obliga bien lo sabes tú–, a ese parto de introspección llevado por la necesidad de sacar “la palabra†a la fuerza de ese lugar oscuro que habita en los poetas. No nos queda de otra, porque sobrecarga la razón y el dominio de uno mismo, probado ya tantas veces.
Más que un papel transformador, la poesÃa determina la realidad: mi realidad. Le da un estado de ambigüedad a la vez que de certidumbre. AsÃ, cualquier cosa que hago –y si lo hago es porque lo pienso– está determinada por ella. Esto no significa que todo en mi vida sea poesÃa –no es poesÃa lo que sale del cuerpo fÃsico por necesidad de vida–; aunque aquà hay una paradoja: “también podrÃa serlo†cuando el hecho es reinterpretado por esa capacidad de relectura de la realidad que es inherente al arte.
La poesÃa sà misma no es un ente estático o disidente del cambio –por poner un ejemplo a tono con el contexto–; pensemos en ella como un virus y su extraordinaria capacidad de mutación. Son muchas las razones que hoy en dÃa coexisten y la hacen evolucionar, por mencionar algunas: por supuesto, la pandemia y su capacidad transformadora de la sociedad, pero sin dudas también la revolución tecnológica y su reescritura del tiempo y de los valores tradicionales en una abierta y dinámica génesis de la nueva generación. No hacemos –mejor dicho, no podemos hacer, por elemental responsabilidad evolutiva– la misma poesÃa que generaciones anteriores, serÃa un sinsentido.
¿Cuáles son los principales dilemas creativos que acompañan a un creador joven que ha decidido establecer su vida más allá de las fronteras geográficas en las que nació? ¿Ha cambiado el mapa de tu poesÃa al variar el espacio dónde vives? ¿Cómo?
Cuando tomé la decisión de vivir fuera de la Isla, incorporé las contradicciones “del mundo nuevo†al acto creativo; fue un hecho consciente, pero también orgánico, inevitable. No dejó de existir el yo traÃdo, simplemente la nueva realidad lo remodeló. Como artista realizo una obra abierta y dinámica –no soy para nada especial por hacerlo–, esto lleva a un análisis transformador que la mayorÃa de las veces ocurre espontáneamente. Sin dudas ha cambiado el mapa, pero también ha cambiado la vida como la conocemos, creo que para mejor.
La humanidad, en especial los artistas, necesitan del otro y de lo otro, del polvo de todos los caminos que sean capaces de pisar; que sean capaces cuestionar para captar y significar la vida. El trato del arte con el universo es de supervivencia. En Cuba se le está vedado a casi todos, no solo a los creadores. En cuanto a los dilemas creativos, se mueven con mi cuerpo a donde quiera que vaya –somos uno, y en el todo, parte–; vivir fuera no cambia significativamente las mediocridades, miserias y recurrentes degeneraciones del mundo literario. Con ellas, y con las propias, hay que cargar y seguir viviendo. Â
La ciudad y su amnios es un tema que afecta y atraviesa toda la estructura de tus libros; con más o menos evidencia. ¿De qué manera la ciudad se transforma en leitmotiv de tu creación?
En Cuba, “la ciudad†tenÃa un alma más arquitectónica: de cemento y ladrillo eran sus formas; ahora es más de carne, ha dejado de ser ciudad observable y externa para ser del hombre, del yo y del ellos. Sigue siendo ese leitmotiv aunque ahora ya no sea tan evidente.
Este es un mundo donde la poesÃa se hace esquiva en tanto cotidianidad. Sin embargo, hay proliferación de creadores, de poetas, ¿por qué ocurre, a tu criterio, esta ecuación si se quiere paradójica?
La poesÃa tiene una cualidad sanadora. ¡MÃstica! Como somos animales de pensamiento abstracto, aun sin darnos cuenta, la necesitamos para vivir; sin importar que se lea menos. Es irónico, contradictorio, polisémico en su ambivalencia que surjan más poetas, o voluntades que intentan serlo. Aunque no siempre con buenas intenciones o buenos resultados, a esa masividad no hay que tenerle miedo –ha ocurrido antes–; ya se encargará el tiempo de hacer lugar a quien de verdad vale. Hoy en dÃa hay mucha gente que no le interesa ser útil a la literatura… a nada. Su única aspiración es la fama: observador/observado, mientras más seguidores más premios, más “popularidadâ€. La creación es un ejercicio de soledad, la introspección se relaciona directamente con el creador: distanciamiento del mundo (distancia de él y de sus existencias). Al perder el individuo la fe renacentista, el intento de preservar sin meretricio las contradicciones a que está sujeta la «aventura de la escritura», es cada vez más difÃcil de lograr.
Has estado en los dos lugares de la balanza: jurado y concursante de un premio; ¿sientes que hay una semejanza en ambos roles?, ¿cómo enfrentas la labor de jurado?
No es una novedad que los grandes y medianos premios son un espaldarazo para la carrera de cualquiera. A casi todos nos ha tocado estar en ambos lugares, jurado y concursante: similitud más allá de que casi siempre el jurado sea un creador, no veo.
Estos roles son por naturaleza dicotómicos, antagonistas, no hay como darle a alguien cualquier autoridad para que automáticamente lo ecuménico desaparezca y, de paso, al placer del poder. Es algo inherente. Lo importante es la justicia, que esta prevalezca sobre los intereses degenerados que lamentablemente son los que priman muchas veces.
Lo que antes te comentaba, nadie es ajeno a esa realidad que se ve a diario en certámenes nacionales e internacionales… si hay dinero de por medio, publicación en una gran editorial o prestigio por la antigüedad y significación del certamen, todavÃa más. De ahà que en nuestro “mundilloâ€, muchos creamos que gran parte de esos premios nacen con “nombre y apellidosâ€, y que de vez en cuando, muy de vez en cuando, tocan a quien de verdad lo merece.
He visto construir en Cuba, pero también en el extranjero, la carrera de más de un escritor o escritora porque asà lo piden las instituciones que lo auspician; incluso por razones mezquinas o poco relevantes en el contexto, como puede ser el hecho de que sean amantes el jurado y el concursante. Como nadie está exento de errores como esos –nadie es perfecto–, en la medida de lo posible trato de distanciarme del individuo para evitar subjetividades. Siempre intento ser justo, aún cuando en algunas ocasiones no me gusta lo que premio (hablo de satisfacciones, no de calidad). Por eso me parecen perfectos los certámenes que son anónimos y no piden curriculares.
Con el paso de los años, al autor prolÃfero –como es tu caso– se le queda una deuda invisible con los tÃtulos que ha escrito y que, por una razón u otra, no se han publicados. ¿ConfÃas en el valor imperecedero de la buena poesÃa?, ¿te preocupa que sus temas o motivos puedan envejecer?, ¿cuáles son tus certidumbres e incertidumbre acerca de esos libros?
No podemos llamarnos a engaño, no con los tiempos que nos corren. La razón de un libro es el lector, y la razón del escritor es la publicación. Me preocupa que algunos libros se queden suspendidos en ese limbo del mal destino, por los inconvenientes de no encontrar una editorial decente. Sobre todo cuando la creación ha estado influenciada de manera particular por el contexto, o más, cuando la intención era reflejarlo o participar de él. No me preocupa el envejecimiento que necesariamente no conlleva decrepitud, me preocupa el no estar presente cuando creÃa que deberÃa estarlo. No es exagerado decir que cada vez es más difÃcil publicar, máxime cuando se trata de poesÃa y no hablo de la auto-publicación complaciente que ofrece Amazon y otras editoriales, donde el libro con toda literalidad nace muerto.
Estoy consciente que muchas cosas que he escrito no merecen ser publicadas, pero otras tantas se acumulan en las PC de los escritores con suficiente valor y sufren el mismo destino. De cualquier manera el buen arte es imperecedero, sobrevive a la vanidad de su autor, ¿pero cómo saberlo sin antes haber publicado?, no hay forma. Si no se expone (públicamente) la creación, el estar vivos y el hecho de ser valorados no existen. Quiero pensar que mi obra es lo suficientemente sincera como para sobrevivir: La que habla es mi vanidad, y aunque en concreto nadie sabe lo que se estará leyendo dentro de un siglo –si es que se lee o de qué manera, si es que logramos sobrevivir el próximo siglo– tengo que ser optimista.
¿Cómo se desarrolla el músculo de la escritura? ¿Tienes una rutina? ¿ConfÃas en el rigor del oficio o prefieres transitar por otros caminos?
De esto se ha discutido largo y tendido. Yo creo que no existe un método mágico-universal para la escritura; menos aún para la poesÃa. Soy bastante vulgar al hacerlo: escribo siempre y cuando siento deseos. Avanzo con rapidez en la poesÃa y la disfruto más. La narrativa me exige mucho, necesita método. Si escribes una oración o dos, un párrafo o dos, una página o dos diarias, estarÃamos hablando de matemáticas; no de calidad, mucho menos de literatura. Por eso creo que es algo idiosincrático. El oficio sin dudas se aprende y se perfecciona. Pero esto no funciona con la poesÃa. En la poesÃa el oficio es una pérdida de tiempo y una burla al lector. No solo hablo de la poesÃa libre; tampoco la poesÃa clásica, rimada, compleja y estructurada, se aprende por oficio en ninguna academia o talleres de Instagram.
¿Cuáles son las raÃces que nutren la teatralidad y el valor performático de tus poemas?
La existencia: mi vida… la de todos.Â
¿Hasta qué punto sientes que la poesÃa, o el lenguaje poético en concreto, transita de manera estructurada en tus textos narrativos?
Todo el tiempo. Soy de los que piensa que ningún género escrito está exento de poesÃa. Una vez dije que “La poesÃa era la MetafÃsica de la Palabraâ€, todavÃa lo creo, pero también pienso que es la gemación del pensamiento hecha con frases; conjunción lúdica entre pensamiento y lenguaje que en el subconsciente colectivo se hace a sà misma como un instinto.
Después de la burbuja
Alicia intentaba imaginarse cómo serÃa vivir de esa forma extraordinaria, pero la idea la dejaba perpleja…
LEWIS CARROLL
Â
Cuando leà El niño en la burbuja (Gente Nueva, 2018), de Leonel Daimel GarcÃa, no me sentà defraudado ni desmotivado. Todo lo contrario. Con cada párrafo leÃdo querÃa seguir descubriendo qué nuevas referencias históricas y bibliográficas evocaba ese volumen.
Es una historia para leerse de un tirón sin importar edades. La buena literatura no es ajena a la exquisita lectura. Y se agradece. Aunque nada nuevo hay bajo este sol.
SÃ, las referencias casi exactas a la inolvidable Alicia en el paÃs de las maravillas (1865) de Lewis Caroll no me desanimaron y la lectura se me volvió casi el juego de saber cómo Leonel se desprende, lÃnea a lÃnea, de esta influencia.
SÃ, los fantasmas eruditos de El principio (1943) de Antoine de Saint-Exupéry, me obligaron a recordarlo con cada enseñanza ofrecida a Ye, protagonista de la burbuja. Pero de una manera asimilada, al hacerme llegar al final de la lectura casi sin darme cuenta, y para comprobar que la asimilación de las buenas ideas produce buenas ideas. Aunque no necesariamente.
SÃ, desde su tÃtulo me remità a la historia de David Vetter, el niño paciente de una enfermedad genética llamada SÃndrome de Inmunodeficiencia Combinada Severa. Pasó toda su vida en una burbuja de plástico inmunizado construida por la NASA. Más querÃa saber los paralelismos entre David y el Ye, de Leonel.
Salvo los paralelismos poéticos y subjetivos de “vivir en una burbujaâ€, para estos niños nada comunes, no hay nada más que los una o los intercomunique.
La burbuja de David Vetter es real, fabricada para la conservación de su vida. La de Ye, es inmaterial, creada por el propio Ye como una vÃa de escape; la puerta del conejo, la de la habitación en Caroline, o la caÃda del avión de El Principito.
Ye necesita escapar de una realidad lacerante por sus excesivos tabúes. Aunque no se manifieste del todo, la punta del iceberg nos cuenta de lo introvertido del carácter de Ye en su etapa de adolescente, al vivir en un mundo fantasioso a conveniencia y en el que tampoco pareciera estar a salvo.
SÃ, también veo esa misma especie de burbuja creada por Caroline (2002), la niña de la magistral novela de Neil Gaiman, cuyos padres no tienen tiempo de atender por lo ocupados que están laboralmente. Caroline se escapa varias veces a un mundo mágico, tétrico, tuvo que lidiar con sus deficiencias y superar sus propios miedos.
¿Qué serÃa de la canción Because de John Lennon, sin el Claro de luna de Beethoven? ¿O el Esta tarde vi llover de Armando Manzanero sin la armonÃa de la época del Doo-Wop? ¿Qué fuera de la obra ya tardÃa de Wifredo Lam sin la amistad o influencia de Pablo Picasso?
Y creo que el asunto no radica en las influencias, sino en lo nacido de ellas. Y Leonel Daimel consigue una novela corta a la altura de las mejores novelas referenciales de la literatura infantil.
(https://www.facebook.com/leoneldaimel.garciaaguilar/posts/1237200753113399)
El estilo narrativo es preciso y dibuja muy bien cada escena, asà permite la lectura perfecta. Sin embargo, para algunos, ese sintetismo pudiera ser un arma de doble filo, sobre todo, cuando de tanto abreviar se omite, casi por accidente, el detalle más indispensable. En este sentido, creo logrado el contar lo justo para que nuestra mente (no importa la edad) le agregue la corporeidad necesaria a cada imagen o situación dramática.
Con esto consigue dos cosas, a mi juicio, imprescindibles. Primero, resulta más interesante la lectura desde la misma organicidad del acto de leer. Y, segundo, atrapa la complicidad del lector al poder sentirse como una fracción del demiurgo de esa novela.
A dos niños de 11 y 10 años les di a leer una buena parte del libro delante de mÃ. En los dos noté el interés acrecentado con el avance de la lectura. VeÃa inmovilidad casi total, dilatación de las fosas nasales, respiración más lenta haciéndose casi imperceptible. Introspección.
Avanzados en la lectura, sus expresiones corporales fueron mudándose hacia otra fase, ya de movilidad.
Hasta que, llegado el final del libro, los supe liberados, pero alegres. Descansados, pero felices. Me explicaron sentirse dueños y escribas de un libro hecho por muchas personas, porque iban visualizando lo no descrito en sus páginas. Y lo vivieron todo, con alegrÃa, miedo y cierta nostalgia.
Fue un buen experimento que quizás nunca más vuelva a repetir en mi vida.
Las 13 ilustraciones, a cargo del experimentado animador y dibujante Alain R. Cuba, consiguen el objetivo de ponernos, al alcance de los ojos, la primera visualidad de esta historia. Porque es bien sabido del derecho de cada lector de ponerle la imagen deseada a los personajes y de montar en su mente las escenas de la mejor manera posible y a su antojo.
Son dibujos originalmente a color, y que en una impresión a blanco y negro pierden la primera de sus atracciones. Incluso, se afean al quedar a merced de la impresión y la saturación de las tintas. Se pudo haber pensado en trabajos más sobre la base de las lÃneas.
Pero no por ello dejan de ser hermosas. Me recuerdan, de alguna forma, el estilo de Disney.
Es crucial el mensaje devenido del encuentro con esta novela breve. Como el mejor de los abrazos. Como requisito para su comprensión solo ha de tenerse más de nueve años de existencia: la vida es hermosa, hay que vivirla y no necesariamente dentro de una burbuja.
Sin ánimos de hacer spoiler. Ye, es un niño especial. Un niño que ve la vida con sus propios ojos coloreados. Es infeliz, pero sabe que tiene algo por hacer con lo cual obtendrÃa su felicidad. Supone, casi por intuición, que vivir en una burbuja le resolverÃa el problema. Pero aprende, por fin, el tamaño de su error.
Primera lección: los problemas se resuelven, no se ignoran.
En el mundo imaginario, Ye va comprobando que las personas viven ensimismadas en situaciones complejas. Nadie pareciera encajar en su mundo o en su propia historia. Y es porque la vida se hace, se rehace. Uno no se sienta a soplar el cÃrculo con agua enjabonada para ver salir una burbuja. Uno vive, no se deja vivir.
Asà lo visualiza en cada vagón del tren. Asà lo deberÃamos ver. También comprendemos la presencia de Algo, o Alguien, en el papel del dictador de nuestros actos. Como el escriba. O los signos que, en la comunicación verbal, parecen tener mayor preponderancia de la supuesta.
Ye es juzgado y sentenciado, al estilo de la Reina de Corazones en Alicia, “¡Que le corten la cabeza!â€, pero a ser borrado como letra repetida que pareciera ser. Ojo, aquà hay mensaje encriptado. No es una letra duplicada. Ye tiene preferencias por lo que es afÃn a sà mismo. Como Narciso pudo sentirse atraÃdo por su reflejo en el agua.
Ese, a mi entender, es la causa de todos sus conflictos. Esa es la diadema de su “saber(se) distinto a los otros niños, y es, apenas, por tener un nombre tan particularâ€.
Una vez que Ye se encuentra con Ele, otro niño con caracterÃsticas personológicas similares a las suyas, que “traÃa en su rostro una sonrisa como de fotografÃa de revistaâ€, es como si se abriera otra puerta mágica a un mundo verdadero. El mundo del autorreconocimiento.
Aquà noto yo un sabor agridulce con la penúltima escena. Ye y Ele se van a Ninguna Parte, tomados de la mano, y compartiendo el mismo asiento del mismo tren. ¿Por qué a Ninguna Parte?
Ninguna Parte se me antoja un lugar nefasto, como la localidad que en un mapa ha sido borrada a cal y canto. ¿Es que Ye y Ele se marchan a una especie de destierro personal y humano? Luego lo pienso, y pueden ser otras muchas cosas.
Sea como sea, leerse este libro es como el viaje hacia el interior que todos debemos hacer algún momento de nuestras vidas. No importa la edad que se tenga. No importan las rarezas adquiridas.
Su final es una sentencia hermosa, obsequio para cualquier humano de estos tiempos: aunque creas que vas a ninguna parte, si te acompaña la persona correcta, siempre terminarás llegando a algún lugar.
Asà queda explicado mi duda anterior, ¿por qué a Ninguna Parte?
Talleres literarios, ¿son realmente necesarios?
En varias conversaciones con amigos escritores hemos caÃdo en la misma pregunta, ¿son necesarios los talleres literarios para la formación de los escritores? Como bien reza el dicho: “para que el mundo sea mundo, tiene que haber de todoâ€. Por lo tanto, hay los que dicen que sà y los que dicen que no.
No soy un gran conocedor de talleres literarios, ya que solo he asistido de forma activa a dos: el Taller de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción “Espacio Abierto†(EA) del que soy uno de los coordinadores; y al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, del cual me gradué en 2014. El Centro Onelio no es un taller en sÃ, pero le daré tratamiento de taller en este texto, ya que, en algún momento del curso, se realizan talleres a los cuentos de los matriculados. Asà que plantearé mis criterios basándome en las experiencias adquiridas en ellos.
De EA se ha hablado mucho, e incluso se nos ha llamado “la mafia de la ciencia ficción en Cubaâ€. ¿Los argumentos? Varios. Entre los más frecuentes está el que “todos de los jurados de los concursos de ciencia ficción y fantasÃa en el paÃs, son de EAâ€, y por esa razón, “todos los ganadores de estos concursos pertenecen a EA o se reparten los premiosâ€.
Eso es totalmente falso. Entre los jurados de importantes concursos nacionales de ciencia ficción y fantasÃa han estado escritores y editores que no pertenecen al taller, como es el caso de MarÃa Elena Llana, Raúl Flores y Gretel Ãvila, por solo mencionar algunos. Además, no es el taller el que selecciona los jurados. Ah, que la mayorÃa o la totalidad de los ganadores de estos concursos especializados en ciencia ficción y fantasÃa pertenezcan a un taller que se dedique a estos géneros, como lo es EA, es otra cosa. ¿Por qué será?
Y si nos repartiéramos los premios, deberÃa ir a pedir el último en la cola para recibir los mÃos. En fin…
Del Centro de Formación Literario Onelio Jorge Cardoso (o el Centro Onelio) también se ha hablado, y mucho. Sin embargo, el mayor reproche que se le hace al Centro, es decir que no tiene razón de ser, o que su función está magnificada por sus organizadores. Ya que, cuando se dice que, la mayorÃa de los escritores cubanos ganadores de premios y menciones a nivel mundial son egresados del Onelio, afirman que el Centro no tuvo nada que ver en esos logros.
O sea, que sin el Centro Onelio o EA, la literatura cubana estarÃa igual o puede que, incluso, mejor. Â
Es cierto aquello que dijo el Premio Nobel José Saramago durante su visita al Centro Onelio, cuando afirmó que en el tiempo de Shakespeare y Cervantes no existÃan talleres literarios. De hecho, Saramago confesó nunca haber estado en uno. Otros escritores alegan que, con todos los talleres existentes hoy en dÃa, aún no ha aparecido el próximo Shakespeare, Cervantes o Saramago.
No existÃan, cierto. De hecho, los talleres literarios (ya como talleres) comenzaron a tener auge en la década del 60’; y antes de ellos, habÃa excelentes escritores sin necesitarlos.
Es lógico también que, debido a que muchos de los escritores cubanos son egresados del Onelio, casi todos los ganadores de premios y menciones a nivel mundial, sean de este Centro. Al mismo tiempo, esto no es enteramente un logro del Onelio. Del mismo modo que, cuando un miembro de EA se gana un concurso de ciencia ficción o fantasÃa, tampoco es un logro exclusivo del taller.
Sin embargo, ¿quién tiene la herramienta para medir hasta qué punto influyeron, o no, alguno de estos talleres en su vida como escritor. Si preguntas dicen “mucho, poco o nadaâ€, pero ¿y la medida exacta? Hasta de los errores y las malas experiencias se aprende. Por eso se les llama experiencias. O sea, si pasaron el curso del Centro Onelio o asisten a los talleres y grupos de WhatsApp de EA, siempre va a existir esa mayor o menor influencia en sus logros.
¿Para qué sirven los talleres literarios?
Como dice el Maestro Heras: para brindar herramientas. El mismo Maestro en su charla de bienvenida afirma a los que entran al curso del Centro Onelio, que ellos no van a crear escritores ya que, de hecho, lo son. El Centro solo les brindará una guÃa (mala o buena, correcta o no, depende de cómo lo reciba cada quien, pienso yo), las herramientas necesarias y la teorÃa literaria para escribir correctamente. Unas de las frases que más me gusta del Maestro Heras, es cuando dice que, al terminar el curso, de ahà saldrán mejores escritores o lectores o editores y de ser posible, mejores personas. En mi experiencia personal, creo haber salido tal y como lo pronosticó el Maestro.
Hay quienes pasan la primaria, secundaria y hasta la universidad y no sabe escribir ni la mitad de bien que un joven de 18 años acabado de matricular al Centro Onelio, o miembro del Taller Espacio Abierto. ¿Eso quiere decir que las escuelas no sirven? No lo creo. Cada cual aprovecha las enseñanzas de los talleres y las escuelas a su manera. Incluso, hay quienes no las aprovechan en absoluto. Pero ya eso no es culpa de los talleres o centros de enseñanza, sino de la persona.
Algo más que se fomenta en los talleres literarios es la introducción a determinadas obras, temáticas, géneros: a abrir la mente a todo tipo de literatura y a otros autores. Una función importantÃsima de los talleres como EA y el Centro Onelio, es que apuesta por lo humano, por el crecimiento del escritor más allá de lo literario. En EA y en el Onelio se fomenta la competencia sana y leal: tanto personal como con el prójimo. Esa competencia en la que te alegras tanto de tus logros como de los ajenos.
En ambos talleres se ofrecen conocimientos, herramientas, ayuda y asistencia en la búsqueda de esa entelequia personal y profesional. Además, se inculca esa ética profesional y el respeto hacia el artista. Ya que a uno puede gustarle la obra de otro o no, eso es normal; lo que sà no se enseña en ninguno de estos dos talleres es a ofender al escritor.
Además, una de las funciones principales de ambos talleres es la de promover la lectura y la literatura. Ninguno de los detractores de los talleres ha podido jamás negar esta parte. Hoy en dÃa, en Cuba (para no hablar del mundo) se ha perdido el hábito de leer. No obstante, en todos estos talleres se insiste en que se lea y se haga a diario. Tanto en Espacio Abierto como en el Centro Onelio se han realizado y se están gestando programas para la promoción de la lectura y la literatura. Ah, ¿son estas tareas propias y exclusivas de los talleres literarios? No, no lo son. Pero, ellos se suman a esta causa.
¿Son imprescindibles estos dos talleres para la existencia de la buena literatura en Cuba?
No lo son. ExistÃa y existe excelente literatura en Cuba fuera de estos talleres. Sin embargo, es imposible demostrar que serÃa mejor sin ambos talleres. Los escritores que han bebido de los conocimientos de escritores más veteranos y experimentados han adquirido herramientas que, sin estos talleres, podrÃan haber demorado meses o años en aprenderlas y quizás más tiempo aún para perfeccionarlas.
Al igual que una persona puede construir un puente sin ser ingeniero, podemos asegurar que un ingeniero puede levantar este puente en menor tiempo y con mayor calidad. Esta es la función de los talleres: acelerar el florecimiento y formación de los escritores que se acercan a ellos.
Por supuesto, con esto no quiero decir que los talleres literarios son perfectos o lo mejor que le podrÃa pasar a un escritor. Como muchas son las buenas experiencias en los talleres, también son muchÃsimas las malas. En ocasiones los talleres suelen ser contraproducentes, desmotivacionales o negativos para algunos escritores emergentes. No lo negaré nunca. Me constan varios ejemplos en los cuáles a jóvenes escritores les dijeron que “mejor se dedicaran a otra cosaâ€.
Hay que tener en cuenta que tanto el Taller Espacio Abierto como el Centro Onelio están conformados por personas. Seres humanos imperfectos por naturaleza. Siempre va/n a existir esa/s persona/s que te quiera/n hundir o desanimar, consciente o inconscientemente. También esos que, con buenas intenciones, solo hacen más mal que bien. Estos aspectos negativos se ven, sobre todo, en talleres especializados como EA cuando asiste alguien que no es conocedor o fanático del género.
¿Cuál es la solución?
Estudiar y leer mucho. Tener fuerza de voluntad, autoestima y saber discernir la ayuda de lo que no lo es. Elegir aquellos criterios, consejos o comentarios que más creas que pueden ayudar a tu camino como escritor. El resto, ignóralo. Toma el grano y deja la paja. Eso fue lo que hicieron esos escritores a los que les “aconsejaron†que se dedicaran a otra cosa. Hoy por hoy son reconocidos por sus colegas, han publicado varios libros y ganado múltiples premios a nivel internacional. Han sabido crecerse ante las dificultades.
¿Estas situaciones negativas solo se ven reflejadas en la literatura, o solo en los talleres literarios? Por supuesto que no. ¿Estos consejos solo se pueden aplicarse a los talleres literarios? Otra vez: no.
Como dije, los talleres literarios están conformados por personas, buenas y malas. Todas imperfectas. También lo es la sociedad. Si van a criticar o atacar, no dirijan sus ataques a los talleres, y sà a esas personas en particular.
Nada de esto es razón para desacreditar el trabajo de los talleres literarios. Independientemente de la existencia de malas personas o malos momentos, también hay muchÃsimas buenas personas, escritores que han dedicado parte de sus vidas a ayudar a los demás.
Además, lo que en verdad habla por los talleres literarios, su mayor logro, es la afluencia de miembros, la permanencia en ellos y la participación. Si EA o el Centro Onelio fueran tan malos, negativos o innecesarios como algunos dicen, ¿por qué llevan más de una década de trabajo cada uno? ¿Por qué razón muchos egresados del Onelio quieren volver? ¿Por qué, escritores que pertenecen a EA, luego de irse del paÃs o tomar otro camino en sus vidas, siguen participando desde la distancia y defendiéndolo?
Sin embargo, en ningún momento ningún taller debe acreditarse el logro del escritor, ya que era escritor desde antes de entrar al taller. Quizás si Cervantes o Shakespeare hubieran asistido a talleres literarios, la cantidad de Quijotes, Hamlets u Otelos serÃan mayores. Quizás no. Eso nunca lo sabremos con certeza.
Por lo tanto, en mi opinión, ¿son imprescindibles los talleres literarios? No, no lo son. Ah, pero ¿son necesarios? SÃ, y mucho: son vitales hoy en dÃa.
Imágenes de ruralidad en lente citadino
“En honor a la verdad, no existe poesÃa sin paisajeâ€; opina el escritor Ricardo Riverón Rojas, coordinador de la exposición fotográfica “Componer otro paisajeâ€, una muestra que deleita a quienes visitan la sede de la UNEAC en Villa Clara estos meses de junio y julio.
CapÃtulo #16: Fosa Común II (+Video)
(notas sobre la poética de Onel Pérez Izaguirre)
III
Hay en este libro una búsqueda por elaborar una realidad nueva y paralela para volver inmediato el pasado. Una realidad donde la frustración, los deseos y la enfermedad colectiva tengan un sentido más concreto. Una realidad que reitera su cómica o trágica irrelevancia, que confiere importancia a elementos especÃficos del pasado a través de una ironÃa desmedida. Una búsqueda que suele transformar el presente en pasado y por momentos el pasado en posteridad.
Hay un rejuego con la voz del poeta, en ocasiones te habla al oÃdo y en otras quiere ser impersonal. Su intención, tal vez, es mostrarnos la enfermedad a partir de sus sÃntomas y definirla como un mal de la memoria. Un mal común y asumido con normalidad por el cotidiano.
La segunda parte Sistema de fosas, está integrada por 12 textos. Estos son: Sistema de fosas, Reciclaje, El arca, La pared, Inercia, Origen, Última vigilia, Medicina interna, Acrobacia, AnatomÃa del reflejo, El eterno retorno y Lectura introductoria. Se trata de una serie de poemas cuyo núcleo es afÃn con el concepto general del libro: ¿dónde entierro los cadáveres que me agobian?
Crecer dentro de una fosa
es tierno y difÃcil
decÃan mis viejos;
pero abajo
las ratas eran mi paisaje,
un espejo con quien pensar
el silencio.
(P. 27)
Sistema de fosas abre este cuadro y nos desgarra el paladar. El poeta emerge desde su fosa más profunda: la memoria/la experiencia. El saber de la vida transita por ese sendero: “todo lo que ha sacrificadoâ€, “todo lo que le han quitadoâ€, “todo lo que abandonó†y “toda su feâ€. Este es un texto sobre la resignación del individuo ante sus circunstancias, un pasaje a zonas oscura donde yacen sus sentimientos y dolores.
Desde ahà nos comparte su condición de animal/asesino, con un trozo de fe para esperar el supuesto cambio. Hay que saber empujar los lÃmites, hay que saber contemplar la foto del abuelo.
es difÃcil distinguir,
derrumbar el muro
cuando se lleva adentro.
(P. 32)Â

Onel Pérez no solo construye fosas, también pretende derrumbar los muros que lleva adentro. Cada fosa es su propia Caja de Pandora, cada muro es una respuesta a los fantasmas que emergen tras el aire delgado de la mirada.
Origen es un poema donde el autor busca desprenderse de la responsabilidad de construir fosas y ser memoria, pero no puede. Sabe que donde está parado ya anduvieron otros y tampoco pudieron cambiar su destino. Sabe que la poesÃa es una enfermedad sin cura.
Ser parte de la memoria o ser memoria solamente.
(P. 33)
“Contramaestre y MartÃâ€, “los héroes y la feâ€. Ambas lÃneas de pensamiento están en cada página de este libro. Tal vez el poema Última vigilia sea uno de los más explÃcitos, de los más concluyentes en cuanto a las imágenes que estas ideas proyectan en su poesÃa.
                       Nadie entiende
sobre qué piedra se construye
la profundidad,
la desidia en que creÃamos.
                         Martà y Moisés
entre la zarza
purificando la perla.
(P. 34)
El cuerpo como carne, como sÃmbolo de la existencia terrenal, empieza a cobrar importancia a partir de los poemas: Medicina interna, Acrobaciay AnatomÃa del reflejo. Los hechos humanos tienen consecuencias sobre la carne. Los hechos humanos necesitan más que fosas comunes para construir la memoria.
Hay
que
pasar
la
trampa
del
cuerpo.
Volver
a
la
fruta.
(P. 36)
Existe un estado primario a la carne según el poeta. La carne confunde con la memoria. Hace trampas al necesitar la experiencia. El cuerpo es un melodrama para el poeta: su mayor fosa, su mayor miedo. El cuerpo es el espejo de la confusión. Dentro guardamos los horrores de la vida material. Ese espejo se alimenta de nuestras posesiones y norman nuestra conducta. Descubrirlo es dañino, ignorarlo también.
Lectura introductoria es el texto que cierra esta segunda parte del libro. Es un poema que no introduce nada nuevo, sino que resume que tan fácil es intervenir su entorno. Como los barbaros puede subvertir el lenguaje de su medio (lleno de antiguos héroes y fe) sin importar las distancias. Resistir a lo absurdo es una demanda de los códigos, los cuales presionan hasta dejarnos con la lengua afuera.
Los códigos
amenazan con
destruirnos,
método común en
las naciones antiguas.
(P. 39)
Para el poeta los elementos externos a su contexto han cambiado el juego. Su Contramaestre, su casa y su cuerpo, sucumben ante la conspiración de otros lenguajes. Si algo pudiera introducir nuevo este poema es la noción de lo absurdo como definición a las relaciones que se generan con el entorno, teniendo a los individuos y sus historias particulares como centro.Â
IV
Este libro sin dudas es el proyecto literario de poeta, con sus búsquedas técnicas y estéticas, un libro cuyo lenguaje lo hace notable entre su generación. Pero también es un libro de la gente. De cuerpos de carne suave que resisten a los barbaros y justifican lo absurdo de existir entre fosas comunes. ¿Fosas de la memoria?
La tercera parte Cloaca, tiene nueve poemas. Los cuales son: Cloaca, Troya, Hemorragia, Otra bulla, Carne ajena, Conversación con Nerval, De cada cual según cada cual, Mercado negro y Basurero. Estos textos son un dibujo de esas fosas que va abriendo la experiencia en el ser. Habla de individuos abandonados a su suerte, en la desesperanza y en la agonÃa.
Cada año aparecen en mi barrio borrachitos jóvenes
vienen a relevar a los de más experiencia.
Son resistentes al sol, al polvo, al aroma de los perros.
Lo han perdido todo,
Hasta el money que no alcanza.
(P. 43)
Cloaca es un poema visceral. Narra la trayectoria de algunos individuos sentenciados a perecer por la miseria que generan los vicios y los deseos. ¿Es el alcohol el problema o una salida desesperada? Estos individuos no poseen nada que los haga perdurar, aunque el alcohol siempre será una salida desespera.

En la pantalla
el caballo agoniza
en su último relincho
mientras los socios del barrio
chupan la hierba
para no pensar.
Los grandes héroes son piedras
en el camino.
(P. 44)
En Troya estamos en presencia de otro grupo social que coexiste en el barrio. “Buscas vidas†que cortan cabeza y prefieren no pensar. Es significativo que se llame Troya un poema donde el caballo muere y la mente del individuo en cuestión se enajena de ese hecho. Sobrevivir ya es suficiente, pensar es una categorÃa la cual es mejor en ellos si no es explorada. Hemorragia reafirma su obsesión por el aburrimiento de los más jóvenes y la bebida como respuesta a la desesperación. Pero si algo es válido para tener en cuenta es cómo el personaje del padre empieza a ser protagonista en cada suceso, en cada imagen, en cada idea. El padre que no estuvo ahora es omnipresente. ¿Será el padre de todos?
Otra bulla nos trae nuevamente a Ãngel Escobar, pero esta vez acompañado de Gérard de Nerval y Albert Camus. Nombres que esperan la reunión con el poeta. Nombres que no pueden evitar el derrumbe de la Torre de Babel situada en medio de Contramaestre. Nombres que saben que el poeta es un silencio construido igual que sus fosas y que debe escribir el poema que nadie puede escribir.
En Conversación con Nerval por ejemplo, trae a la mesa al francés Nerval (el poeta), a los bárbaros (los invasores) y a Martà (el héroe). A través de su mirada, la belleza de la noche no le deja dormir y estos personajes nos permiten temer, rabiar y gritar. En De cada cual según cada cual, Marx (el filósofo) aparece pero no evita la reducción simbólica del sujeto. Las ideas del viejo Marx no funciona en tierras de cuervos y matarife, allà la vida es más simple, allà la vida es igual de injusta.
Ella muge y tiemblo.
Aun después de muerta,
muge
y tiemblo.
(P. 51)
Mercado negro es el texto donde dos ideas cierran su ciclo: “el campo y los animales†y “el sacrificio animalâ€. Ambas ideas son coherentes con la vida del Onel Pérez. Él vive en un territorio agrÃcola, posee conocimientos sobre las prácticas rurales porque siempre ha estado allÃ. Siente que puede tener la habilidad de un cuervo y el dolor de una vaca. Se siente poeta y matarife.
He vivido entre ratas mucho tiempo.
Sus costumbres ya no son las de antes:
se nutren del sudor delas más tiernas.
(P. 52)
Basurero es el último poema del libro, donde el poeta reafirma vivir en una cloaca. Un contexto que lo ha cambiado, que no le permite dejar de cavar fosas para cadáver y vivos. Nadie vendrá a rescatar al poeta, no se encenderá ninguna luz entre las paredes que se derrumban.Â
Cuando alguien cuestiona si he cambiado,
huelo la intensidad de su rabia
y le digo lo que aprendÃ:
todos los dÃas están cazando ángeles.
(P. 52)
Onel Pérez Izaguirre posee una voz distinta, especial, espacial. Su obra es un escáner a su contexto visto desde un presente que es devorado por el pasado. La memoria v.s la presencia. Su permanencia dentro de su casa tambaleante es propositiva con su lenguaje. No busca herir sino cerrar las heridas. No busca silenciar sino permanecer. Habrá que seguir su obra en lo adelante, la cual promete ser un registro sincero de su realidad que también es la nuestra. Mientras tanto, él escarba en la tierra y escribe, hurga en la memoria y escribe. Asà resiste, asà habita.
El mensaje más valioso de El mensajero
Al salir de la presentación de los premios Calendario 2019 estaba muy feliz, ya que pude comprar el premio en Narrativa Infantil El mensajero, de la autora Leidy González Amador, y este es un género que casi nunca alcanzo en este evento. Â
El mensajero (Casa Editora Abril, Cuba) narra la historia de Manu que, tras la muerte de su padre Manuel Tejeda, quien era parte del Ejército Libertador, decide unirse a los mambises y a la lucha por la libertad de Cuba durante la guerra del 95. El mensajero es una historia de superación, amor a la Patria, honor, dedicación, cubanÃa, sacrificio y amistad, aderezada con solo una pizca de referencia a la acción de las batallas.
La novela está magnÃficamente narrada. La autora tiene un estilo elegante y atractivo que hace que la lectura fluya, atrape y puedas leerte el libro en un dÃa, de un tirón. Cada uno de los personajes (Teresa, Encarnación, Julián, Cebiche, Panchito, Maceo, Máximo Gómez, Manu, e incluso CernÃcalo y QuintÃn Banderas, quienes hicieron una aparición corta) está perfectamente caracterizado y son fáciles de identificar, aun cuando no se hace referencia a su nombre.

Un valor agregado de esta novela son los datos históricos de la guerra del 95 y las referencias a las principales batallas peleadas por los generales Gómez y Maceo, con énfasis en el cruce de la trocha de Júcaro a Morón. La autora hace alarde de un amplio conocimiento de las costumbres mambisas, las armas y el momento histórico narrado. Gracias a eso, podemos disfrutar de pequeñas escenas de la arquitectura de la época, lenguaje, forma de vida de diferentes clases sociales, la idiosincrasia del cubano de entonces, sucesos históricos poco conocidos (disimulados en la ficción), un bosquejo de la vida de los familiares de los mambises. Incluso muestra un poco de las costumbres religiosas y medicinales de la época. Digo pequeñas escenas, ya que la autora, de manera muy sabia, supo colocar estos datos como pinceladas a lo largo de la narración para enriquecer la novela, sin abrumar de información innecesaria al lector.
Algo muy interesante de El mensajero es que, a pesar de estar en plena invasión de Oriente a Occidente, la guerra se muestra de forma referencial a través de los ojos de Manu. La autora se enfoca en las acciones de lo que ocurre en el campamento y se aleja de esas escenas bélicas lo más que puede.
Quizás el mayor logro fue el de la construcción del protagonista principal, Manu. Mayor logro y apuesta, ya que para nadie es desconocido que es muy difÃcil escribir y pensar como lo hiciera un niño. Y más aún, uno de aquella época. Sin embargo, el personaje protagónico resulta tan real y logrado que hizo que buscara, en los libros de historia e Internet, si este peculiar personaje realmente existió.
El mensajero expone la vida de Manu durante los años que duró la guerra de independencia. De forma muy sutil y elegante, página a página el lector logra ver cómo Manu crece ante sus ojos fÃsica y sicológicamente a través de los sucesos aquà relatados.
A pesar de todas estas maravillas encontradas en el libro, habÃa algo que me hace ruido en El mensajero y no supe qué era a ciencia cierta mientras leÃa. No obstante, pude descifrar este ruido: en mi opinión, esta novela no es literatura infantil (LI). Juvenil, sÃ, pero no creo que pueda considerarse infantil, y en la carátula del libro dice que fue merecedora del premio en Narrativa Infantil.

Es cierto que este género ha sido y es uno de los más difÃciles de conceptualizar ya que todo depende de la objetividad de quiénes lo definen. No obstante, crÃticos, lectores y escritores han concordado en varios puntos que son imprescindibles en la literatura infantil.
La literatura infantil debe ser dirigida a los niños. El rango etario va desde recién nacidos hasta los 10 años, aproximadamente. O sea, debe funcionar para toda esta etapa, aunque hay dos subdivisiones: antes y después de los seis años, que es cuando los niños comienzan a leer.Â
El lenguaje debe ser sencillo, no rebuscado y sin caer en “ñoñerÃasâ€, ya que una de las funciones de la literatura infantil es incrementar el vocabulario del niño. Sobre la trama, se dice que debe ser lineal o no muy compleja, ya que el niño debe entender de qué va historia del libro o se aburrirá. Lo recomendable para este público tan difÃcil es que el libro sea entretenido, alegre, sin violencia excesiva o escenas de extrema crueldad que lo asusten o provoque algún trauma o rechazo. En el caso de la violencia, debe estar disimulada, y lo menos descrita posible. Esta debe ser un medio para un fin. El tema debe ser interesante o atractivo para los niños, de modo que no suelten el libro.
La aventura y la acción son elementos claves en una novela para el público infantil. Esto se debe a que, aunque el texto puede tener varios niveles de lectura (para jóvenes o adultos). Y la lectura principal debe ser dirigida al lector infantil.
En mi opinión, aquà es donde está el ruido. Y le digo ruido porque no es un error de la autora. De hecho, el libro es magnÃfico. Solo que no para infantes. La historia principal tiene una profundidad que un niño común (ya que hay casos de niños genios) no logrará captar, y es algo muy importante para la comprensión total de la novela. Sobre todo, la última frase del libro. La novela tiene muchas acciones dramáticas, pero nada o casi nada de acción.
 En El mensajero no hay alegrÃa en ningún momento. Comienza con una muerte, amenaza con varias en el transcurso de la novela y termina con otra. El protagonista pasa por situaciones muy fuertes y peligrosas. Si bien la autora no describió las peleas de la guerra, sà brindó una detallada visión del campamento mambÃ. Sobre todo, la de aquel que ejerció como figura paterna de Manu durante la invasión: un hombre traumado por la pérdida de su familia, alcohólico, violento y que lo alentaba a beber también.
Como dije antes, uno de los logros de la autora fueron las descripciones, con imágenes muy precisas y detalladas que denotan el gran oficio de Leidy González Amador. Sin embargo, eso le juega en contra en este caso, ya que, gracias a esa magnÃfica pluma, el lector logra ver y sentir el sufrimiento y el deterioro fÃsico y mental de la madre de Manu causado por la preocupación y miedo de perder a su hijo. También, el dolor y odio de Julián Planazo. Y hasta el hambre y las carencias del campamento mambÃ.
El mensajero es la historia de la guerra del 95, y las guerras no son lindas. Manu estuvo a punto de morir de una fiebre. Caminó descalzo media isla, incluso caminaba afiebrado con la herida infectada y herido dificultándosele el paso. Tuvo que presenciar la muerte de cercanos a él, borracheras, entre otras crueldades propias de un campamento mambÃ. En toda la novela, la única cosa que se le puede llamar alegrÃa la tuvo al final, y está tan rodeada de tristeza que pasa desapercibida.
Esta novela funciona perfectamente para el público adulto, incluso para el joven, ya que aporta datos curiosos de aquella época y una visión muy interesante, minuciosa y muy poco narrada de la guerra: la vida del campamento. Los lectores adultos y jóvenes disfrutarán muchÃsimo de esto en la novela, a mi entender. Es el fruto de una minuciosa investigación al parecer.
Toda esta visión la autora lo explica desde la inocencia de los ojos de un niño. Pero, que este sea el protagonista, no convierte al libro en una historia infantil. Pensar eso serÃa un error. Narrar enfermedades, muertes, violencia, abusos, odio y hambre a través de los “inocentes†ojos de un niño, no elimina el hecho de que siguen siendo enfermedades, muertes, violencia, abusos, odio y hambre; solo que mejor disfrazados.
El mensaje, el sentimiento patriótico, la tesis de El mensajero y la riqueza de la historia, solo podrán captarlo y disfrutarlo el público joven y el adulto. El infantil quedará esperando el final feliz, la aventura, la acción, el humor y la alegrÃa. Enseñanzas…, es posible que adquiera alguna, en dependencia de la edad y si termina el libro. Sin embargo, el mensaje de El mensajero es posible que el niño no lo vea hasta que crezca.
CapÃtulo #16: Fosa Común (Parte I)
(notas sobre la poética de Onel Pérez Izaguirre)
I
¿Cómo se construye una fosa común?
¿Para qué construirla desde la poesÃa?
¿Será una solución eficaz a la enfermedad del “ser poeta�
Enterrar esos cadáveres que por alguna razón no tienen sepultura propia en un foso creado desde la poesÃa, puede minimizar el contagio masivo de la enfermedad que generan. Esta es una acción tÃpica de la guerra. Esta es una acción tÃpica de las utopÃas. ¿Anonimato? Todo poeta construye fosas para amedrentar el insomnio y la migraña. Todo poeta vive en guerra. Todo poeta es utópico.
Fosa común, también es el libro de Onel Pérez Izaguirre (Contramaestre, 1988) con el cual obtuvo el premio PoesÃa de Primavera 2017 en la provincia de Ciego de Ãvila. Un jurado integrado por Carmen Hernández Peña, Eduard Encina y Luis Yuseff, estimó ganador del certamen a un libro diseñado para dar sepultura a algunos cuerpos del agobio colectivo. Cuerpos engendrados a través de los ciclos de la historia Cuba y la memoria de un poeta.
El cuaderno fue editado por Carmen Hernández Peña, el diseño fue de Lizardo Gómez Cedeño, y la ilustración fue de Andrés Batista. Ediciones Ãvila lo publicó en 2018 y, desde entonces, las fosas comunes que describe y construye el poeta fueron públicas para el lector.Â
El libro posee una estructura externa sencilla, fácil de recorrer y de comunicar(se). El poeta la divide en tres momentos para que la lectura sea también un descubrir. Una manera de acentuar lo rostros que desea mostrar(nos). Una fórmula para invitarnos a la morbosa acción de componer el cadáver colectivo que se esconde entre estas páginas. Entre estas fosas yacen, también, fragmentos de un poema generacional. Â

II
La primera parte, Alcantarillas, posee 13 poemas, los cuales son: Lenguaje directo, Nota oficial, Paso de ceremonia, Trance, Fosa común, Año de gracia, EconomÃa polÃtica, La situación, Arte del suicida, Pequeña carta a CH.B., Lobo del hombre, Variaciones en torno a los bárbaros y Último apunte del Diario de campaña.
Estos son poemas sobre la identidad del poeta. Escribe desde la contradicción de la existencia y los significados humanos. Escribe sobre la Patria y la abraza con todos sus defectos.
Mi patria es la contradicción,
lo que está fuera de ella
no sirve y sirva.
(P. 9)
Leguaje directo es un texto que marca la contundencia estilÃstica y conceptual de un poeta que construye fosas, entierra cuerpos y luego los exhuma frente a todos. Aparece una referencia al poeta José Kozer, quien subraya a la Patria como centro de gravedad. Para Onel Pérez, la Patria es el sentido de lo que yace dentro de ella. Su casa, su contradicción y su acción de destruir todo a su alcance. Estas ideas se conectan con el segundo texto, Nota oficial, donde introduce a nuevos personajes: la madre, Lezama, Gorbachov y al gordo (quien medita del otro lado de la pantalla). En este poema se observa la contradicción en el cuerpo del otro. El poeta habita desde la contemplación del suceso.
Mi madre mira el noticiero
y los muros de la casa
se tambalean.
(P. 10)Â
La casa es un signo imprescindible en su lenguaje. Allà llegan las angustias y los pesares. El gordo es un extraño tras la pantalla que medita, llega junto a las noticias y hace tambalear la casa con la misma fuerza que tiembla el poeta. Para él, “Morir por la Patria es callarâ€.
Pasos de ceremonia continua el discurso sobre la resistencia del poeta y sus circunstancias. Admite los sacrificios que están por venir y alerta sobre la pausa necesaria.Â
Imiten.
La espiga sigue cosechando frutos,
engorda hacia la multitud,
traspasas dudas.
(P. 13)
Hay que apretar el paso y cerrar los labios, nada cambia. Los pasos de ceremonia son la exactitud a la que se somete un individuo poético/polÃtico/normal. Asà Onel empieza a mostrar su postura sobre el poder.
El poder desfigura,
hace rodar
cabezas
con eficacia:
una, dos, tres cabezas
cayendo
hacia el poder.
(P. 14)Â
Trance es un texto demoledor contra la imagen del poder. El poeta es un espejo frente al golpe, frente a las cabezas que ruedan en dirección al mismo sujeto que las cortan. Fosa común llega entonces como respuesta a esos cortes. Una respuesta que se hace desde la experiencia familiar. Desde un registro a la memoria como motor impulsor de nuestras emociones. El poder está cerca y tiene otras guerras que ganar, debe sobrevivir a la ausencia.Â
Crecà sin padre,
como un perro que sangra
por la boca.
Â
Nadie siente ese dolor,
sino el poeta cuando preguntan
si existe.
(P. 15)Â Â Â Â Â

Para el poeta la poesÃa es lo único que no le abandona. La imagen del poder está al acecho, igual que la figura del padre ausente. No se debe embarrar las manos seleccionando un bando, esa acción no sirve de nada. Las fosas comunes del poeta son un espacio para inocular la ausencia con el olvido. Luego llega Año de gracia, un poema que nos reafirma que la primera fosa construida por el poeta es familiar. Un hueco para ocultar el miedo y el dolor de la madre. Un espacio para poder asomar la cabeza sobre el techo y respirar.
Con el pan al cuello
las estrellas caÃan a ráfagas
sobre el zinc.
(P. 16)
En el devenir de los textos de esta primera parte, leemos el testimonio de un individuo que se siente solo y desmembrado. Alguien que asume que la pérdida es segura y que ha creado su propio miedo. Alguien que asume que escribir puede ser traumático.
Hay referencias importantes a otros poetas a parte de los ya nombrados. Hombres que también cavaron fosas para enterrar cuerpos enfermos y malditos: Ãngel Escobar y Charles Baudelaire. Un aspecto que justifica la aparición de estos nombres es la reflexión creada a partir del oficio del “ser poetaâ€. El rejuego con la maldición del que observa y escribe, para filtrar la realidad a tal punto que sea convertida en poesÃa. Para Izaguirre, la poesÃa es el arte del suicida. Es el calvario de una máquina, que a la vez, es un hombre lobo o una carne que grita. Esa poesÃa se encuentra en su aldea donde los bárbaros han impuesto variaciones en torno a su presencia.

El poema que finaliza este segmento del libro: Último apunte del Diario de Campaña, es una puerta que cierra algunos tópicos y al mismo tiempo abre otros caminos. El poeta ha dotado su escritura de simbolismos que le son naturales a él por su cotidianeidad y su cercanÃa con la historia local. En muchos cuerpos ha aparecido el héroe en esta primera parte: la madre, los poetas y el hombre que resiste. Pero en este texto evoca al mayor héroe de nuestra historia y eso hace que la heroicidad en sus personajes adquiera otra connotación.
En el fondo Remanganaguas,
las vÃsceras del Apóstol.
Un caballo jadea
mientras escribo y canto:
«la luz no es para sordos»,
y la penetrante sabana se cierra
para que no entren moscas.
(P. 24)
Martà tuvo su primer entierro en Remanganaguas, allÃ, según los pobladores, descansa el corazón de la Patria. Muy cerca el poeta vive en su aldea y ve crecer una torre donde ahoga el canto. Donde los bárbaros beben su vino en un silencio que no agoniza.            Â



