Literatura cubana


El regocijo del silencio

Desde un universo lleno de sonidos, donde el poema pareciera nacer de un ejercicio de profunda meditación, la vibra creativa de Ismaray Pozo resurge como la hierba silvestre.

Esta muchacha pinareña, nacida en 1987, tiene tantas palabras y colores por compartir que, a pesar del silencio y ese halo de nostalgia o misterio que cubre su sonrisa, aquellos que la conocen no pueden ignorarla. Elegancia, sencillez y amor fueron los primeros rasgos que percibí en ella cuando la conocí.

Es poetisa, licenciada en Historia del Arte, editora, correctora y promotora cultural. Tiene dos poemarios publicados: Regresiones (Ed. Guantanamera, 2017) y Abisales (Ed. Loynaz, 2018), con este último obtuvo Mención en el Calendario 2017. Próximamente verá la luz por la editorial Extramuros tu libro La recitante, Premio Luis Rogelio Nogueras 2018.

Háblanos un poco del proceso creativo de este último cuaderno y la propuesta que nos trae

La recitante es un libro que nació pronto, pero luego de un largo proceso de acumulación, de ideas persistentes en los últimos años. Lo que estaba ahí acumulado se sedimentó por defecto. Era una necesidad. Por primera vez me planteaba hacer un libro.

Regresiones no es más que una selección de mis primeros textos, salido a la luz de una forma muy azarosa por el sello Guantanamera. Tiene un tono primitivo. Abisales fue más lúdico. El tercer brote es más consciente. La recitante es la voz (las voces) de una mujer. Esta mujer habla sobre sí y cómo ella se percibe; percibe el resto de las cosas. Y a su vez especula, desde una voz ventrilocua, lo que el resto percibe en ella. Es un libro sobre las representaciones. En la comedia, la recitante, es una farsante, una travestida/mutante.

¿Cuáles fueron los impulsos emocionales o creativos que te empujaron desde muy joven hacia el camino de las letras, especialmente la poesía?

No fue una cuestión de impulso, sino de no tener opciones, eso quiero creer. Fui una niña muy ensimismada, con gran vocación por la contemplación, el silencio. Lo aprecio. Me gusta cuando la palabra se mesura, se guarda. En aquel entonces parecía eso un problema, tener eventos de antipatía o evasión hacia la gente. Pensar, imaginar, era una ventana, una puerta anchísima. En casa teníamos un cuarto al que llamábamos “cuarto de los regueros”, pleno de libros de la colección Huracán, apolillados en su mayoría. Los libros fueron despertando una inquietud por la literatura; quería mimetizar lo leído. La poesía nació en la adolescencia, salvajemente.

¿En tus poemas, cuánto hay de la muchacha cinéfila que soñaba con ser directora de cine, de la historiadora de arte, de la mujer que eres?

Todo. ¿Qué puedo hacer sino serle fiel a mi razón? He intentado que mis textos sean más contenidos y menos frondosos. Que no sean desmedidos es su búsqueda, pero eso está dado por algo de lo que no me puedo desligar. La búsqueda ha sido una constante. El querer transitar otros caminos, no conformarme con lo hecho, sino ir de trasiego en trasiego. Mutando. Mudando como yo misma. Historia del Arte es una carrera que te abre a eso, expande, y nos deja, a los graduados, un radio, un extraradio de nombres, obras, acciones, expresiones del arte, que se quedan luego levitando, flotando en la cabeza para otras múltiples asociaciones. Es algo que no evito, de eso que flota agarro, como se hace con un globo lleno de helio. Lo dejas volar o lo tomas.

Tus libros se ofrecen como una especie de mapa que capta la sensibilidad de lo poético en otras manifestaciones del arte ¿Qué referentes artísticos y literarios han marcado tu obra?

No siempre he sido consciente de lo que quiero decir. Al principio, la poesía era salvaje, abrupta. No me despertaba eso, siquiera inquietud, ni cuestionaba que lo hecho fuese poesía. No de la manera que me lo cuestiono ahora. El cine y la música son otras constantes, muchos de los referentes que cito son musicales o cinematográficos. Loca por el jazz, cercana a un guitarrista que ha estudiado con Rodney Jones, Ed Cherry (músicos de Dizzy Gillespie), y tocado con Pat Bianchi (músico de Pat Martino), Brian Charette (músico de George Coleman). Vínculos como este han reforzado una pasión, ya vieja, por el jazz y la música de raíces negras.

Tuve inquietudes por el cine. Hice pruebas  para entrar a la FAMCA, a la EICTV de San Antonio de los Baños. Luego me di cuenta que esas inquietudes no eran deseos urgentes.

En la literatura, la poesía me roba. Creo en el chamanismo poético, el buen poeta, es un ilumidado, un develador, dispuesto a descuadrar lo que ve en infinitas posibilidades, a pulverizarse la mente y los ojos en el acto. Eso me llevó a descubrir la poesía de Emily Dickinson.

Fui conducida a leer a E.D, Pessoa, Eliseo Diego, Lina de Feria, Aimé Césaire y otras zonas de la literatura caribeña que me resultan explosivas y comprometidas: Édouard Glissant, Jacques Roumain. Luego A. Pizarnik, I.Vilariño, Clarice Lispector, Margarite Duras, Nelida Piñón, Anaïs Nin, Anne Carson, Igner Christensen (sugerida por Raydel Araoz).

He encontrado una cófrade literaria, un regalo, en Caridad Atencio, otra poeta que admiro por su fuerza, madurez, su ojo crítico brillante. Gracias a esto mi lectura se expande, por ejemplo, a la poesía norteamericana, poco explorada antes por mí, entre la obra de autoras como Susan Sontag.

Naciste en Puerta de Golpe, Pinar del Río, lugar donde resides actualmente y que quizás ha significado un golpe de inspiración para tu escritura. ¿Qué dificultades supone el hecho de ser escritora y vivir en un contexto rural?

Todo condiciona, por rebote, omisión, por carambola. El lugar puede hacer proclive que esa inquietud naciente se vuelva un estado, se pierda o permanezca. El espacio rural es cómodo para la literatura, “más tranquilo que la cara de una mujer que miente”; ahí donde escasea la polifonía, los ruidos de la ciudad, yo no encuentro más que chivas berreando, gallos, mis perros, algún que otro carro pasante, arrieros. La tensión está en otras cosas, en otras carencias. Ese no haber, hizo que buscara. El campo es un maravilloso lugar, una estación de brotes, otra de siega, rebrotes, resiegas…

Para un escritor que se inicia, las dificultades de un espacio así podrían estar dadas por la falta de visibilidad, el alejamiento de las bocas, de los censores de opinión. Pero eso no me supone un problema. Me regocijo en el silencio.

Eres graduada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. ¿Cómo influyó esta etapa en tu proceso creativo? ¿Actualmente escribes narrativa?

Me gradué en el 2016. Siempre dan ganas de volver. Pasar por el Centro Onelio lo sentía entonces como un imperativo. Sin ser de La Habana y pensando que de La Habana en algún momento tenía que marchar, estudiar allí era algo por hacer antes de irme.

 Escribí algunos cuentos. Leí uno sobre una mujer con problemas de sujesión en el mundo físico. Para resolverlo ella tenía que hacer un ejercicio: desbloquear su chakra radical haciendo pucheros. Eduardo Heras, me dijo «eso es terrible». Me cuestioné si estaba haciendo bien.

En las clases, escribía poesía. Llevaba más de 10 años escribiendo poemas, intentándolo, pero aquello era otra búsqueda. Tardía para escribir como era, no sentía que fuese mi mayor directriz, sino otro medio, como el cine, las artes visuales, la música, un método, un haz de luz sobre las cosas. Podía publicarse, y no.

Agradezco al Centro la redirección del camino. El gusto por la poesía es lo más persistente. Luego de eso, he intentado hacer algunos cuentos que después de un humazo, como en la magia, se deshacen.

Paralelamente a tu faceta creativa, trabajas como promotora cultural, editora y correctora en Ediciones Loynaz. ¿Qué ha aportado esta labor a tu proceso creativo?

Mucho. Constancia, seriedad. Estar de cerca en el proceso de creación y armazón de un libro ha hecho que me involucre más, no solo en lo mío, también en lo ajeno. Agradezco a la Loynaz por todo ese aprendizaje.

¿Cómo definirías a los poetas en el siglo XXI?

El poeta del siglo XXI es un hombre de su época. Con las mismas constantes e inquietudes humanas, que son como despertares. Siempre que nace un hombre está yacente ese anillo que nos sobrepasa: “el ser”; y cada motivo reincidente que viene con “el ser”: el tiempo, el lenguaje, la acción, la narración de esa acción, el fin. Es lo mismo.

El hombre, el poeta, sigue siendo un buscador de oro.

Tenemos ahí la obra de los poetas de siglos pasados. Siento que ahora, en el arte, no se niega lo anterior. De lo anterior bebemos, nos atragantamos, nos insertamos en una gran argamasa.

¿Con qué generación te identificas más dentro del plano de la literatura cubana? ¿Cómo pudieras definir a tu generación?

La literatura cubana es riquísima. Un framboyán floreciente, eso hace que hayan nombres descoyantes como picos de iceberg en todas las generaciones. Todo el tiempo. Pero, me siento más cercana a la literatura del siglo pasado que a la del siglo XIX, incluso más cercana que a la de este siglo. Ahí está Orígenes, un parteaguas, y otros llegados después del 59, como Diáspora(s) o Palenque, grupos en sí mismos, en los que se puede identificar voluntades semejantes.

No me siento parte de ninguna generación literaria. ¿Qué nos auna a los jovenes, más allá de la búsqueda de la literatura como albergue? La literatura no se hace grupalmente. A veces coinciden en tiempo, en ideas, en lucidez intelectual, varias personas que hacen su trabajo en soledad.

Siento un ansia en los poetas jóvenes de adelantarse a su tiempo, de saltar voluptuosamente como mariposas. Paul Ricoeur habla en Volverse capaz, ser reconocido de la identidad narrativa, de la temporalidad en la identidad. Hablar ahora de mi generación, teniendo a Ricoeur en la frente, sería dejar inacabado el relato. Tendrá que pasar un tiempo para que otros hablen de mi generación. A nosotros, los jóvenes, solo nos queda trabajar, trabajar mucho. Es cosa del tiempo poner los nombres en fila india. 

¿Qué rasgos marcan la esencia de Ismaray Pozo?

Soy una loba esteparia. Solía ser más mustia. Ya me adapto, renuncio, hay en la renuncia una revelación, como dijera la Lispector. Serena. Pocas cosas me descentran o inquietan como la voluntad de hacer mal (siquiera la perversidad inocente). Salvando esa voluntad malsana que rechazo, con lo demás puedo lidiar.

¿Cuáles son tus sueños y proyectos en el plano literario para los próximos años?

Escribir y esperar. “Esperar es buscar”, dice Anne Carson. Esos son los proyectos próximos: escribir y buscar.

 

COMERSE UN PEZ SAGRADO

Christo lanzó una manta de plástico

sobre la costa. Resolvió aquietar

el bullicio donde nace un país.

Esto es una glorificación:

plastificar un pantano.

La identidad prende en los musgos primeros

donde ahora cangrejos no encuentran alimentos

sino una redención de yagua

o tobogán, algo resbaladizo (en resumen).

La peripecia de Christo es camuflarlo todo

donde allí lo torvo

donde allí todo era un ejercicio

donde el progreso vertió al mar, resonante.

Ahora imprecisos, resignificaríamos

con nuevos nombres.

 

Una podría decir, donde nace un país

hay blanca premonición (la del día)

pero lo enigmático concede al mar

la ambigüedad de los perros asustadizos.

El pez es el origen

la cola afilada, el remilgo de los pies juntísimos

el hombre podría ser una mujer

que resurge de los cuerpos marcados

del mito involuntario de la Sikán.

Ella veladora se sacrifica:

ve rodar la cabeza del chivo.

Había bajado del monte el Inocente

huyendo de otra mujer que bebería la sangre

de sus testículos. Y hacia ella fue a parar

el Inocente, a la mu(jer)erte última.

La primera muerte llegará cuando

el sol no rasgue la nata sintética

sobre las cabezas.

 

La Sikán la Sikaneka/ sin país

rehogó los ojos en una cesta

de otro Cristo, ahora preocupado

por el amor al prójimo ─menos humano

menos inteligente─

no se sacrifica por los otros

esto que a mí me cuenta tanto

[el horror de la cucaracha al ver el miedo ajeno

es más que su propio horror terebrante]

Cristo no sabía de aquellos hombres lobos

menguando peces a zarpazo.

El mundo era más antiguo a todo, a él mismo

a otro Krzysztof Kieslowski.


Entre letras y sueños

La vida de Giselle Lucía Navarro Delgado, egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en 2015, diseñadora de modas y licenciada en Diseño Industrial, está íntimamente relacionada con la literatura. Impresiona que con apenas 24 años de edad ya posee una sobresaliente lista de reconocimientos y lauros, incluidos La Edad de Oro de Poesía (2018) y el Pinos Nuevos de Literatura Juvenil (2019), por solo mencionar los más recientes. Hace muy poco, volvió a estar en el centro de atención al recibir el David, en la categoría de Poesía, uno de los más prestigiosos para escritores inéditos en Cuba.

Ese día tenía la luz de los versos en la sonrisa, los gestos y las palabras de humildad. Ella asegura que el libro galardonado, Criogenia, es uno de sus hijos más amados. «Disfruté escribirlo. Cada poema fue una especie de catarsis interior. En el cuaderno se observa el interior del cuerpo de un humano en estado de congelación. Los órganos del cuerpo simbolizan partes de la conciencia, pedazos de la vida y la experiencia. Fragmentos que no pueden separarse dentro de su realidad y que conforman el carácter de la persona que es.

«En cuanto al proceso creativo, lo escribí velozmente. Cada verso fue brotando en cadena. Siento que necesitaba escribirlos».

Por mucho que observa el diploma del David, esta carismática joven aún no logra asimilarlo. «Los escritores enviamos a los concursos con una esperanza y, aunque no quieras, los nervios te traicionan y es inevitable que dudes. Siempre existe una incertidumbre.

«El David es importante. Tiene una historia marcada por nombres prestigiosos de nuestras letras. Además, viene acompañado por la energía especial de ser un premio que impulsa y abre puertas. Para muchos se convierte en el primer libro publicado. Todos los escritores jóvenes aspiran a obtenerlo y siempre te parece inalcanzable.

«El jurado, integrado por personas a las que admiro como creadores y como seres humanos, la obra de Alicia Leal en el diploma y la interpretación que hizo Leydis Guerrero de uno de mis poemas, constituyen otros galardones. Para una escritora joven e inédita como yo, no puede existir mayor felicidad».

Coordinadora del grupo literario Silvestre de Balboa y profesora de la Academia de Etnografía y Tradiciones de la Asociación Canaria de Cuba, Giselle siente pasión por las letras desde la infancia, cuando comenzó a escribir por su necesidad de plasmar vivencias, expresar sentimientos, llenar espacios vacíos.

«Mi abuela era maestra y me enseñó a leer y escribir antes de ir a la escuela. Me la pasaba redactando y dibujando, entre otras tantas cosas. A medida que fui creciendo esa necesidad se transformó en una pasión, una costumbre.

«Luego empecé como alumna en el Grupo Literario Silvestre de Balboa, con el poeta Rafael Orta. Él me impulsó mucho. Me enseñó el oficio del escritor, que al menos debe redactar una línea todos los días y que siempre debe ser sincero consigo mismo. La semilla ya estaba, pero sin él no hubiese brotado. Le debo a mi maestro cada logro.

«Tras su fallecimiento me quedé trabajando en la Academia, al frente del grupo literario. Ya son seis cursos en los que he ejercido como profesora en los que he aprendido muchísimo. Enseñar es muy gratificante y lleva tu ego creativo a otro plano. Transforma tu actitud ante la vida y la profesión. Mi palabra fue madurando al mismo tiempo que yo».

—¿Cuán difícil es para un joven publicar en Cuba?

—Muchas veces el destino de tu libro está sujeto a un premio. Los concursos literarios se han convertido en la pista de vuelo de numerosos textos. Para un escritor joven es muy difícil publicar. Dada la dificultad que existe con el papel, las editoriales priorizan a autores con premios u otros ya reconocidos.

«Enviar directamente a una editorial puede convertirse en un proceso largo. En cambio, los concursos agilizan el proceso y te traen otras bendiciones. El libro sale con prontitud, mayor calidad en la encuadernación y recibe más promoción.

«Cuando eres inédito y sin premios casi nadie te ve, eres prácticamente invisible. A veces las personas se sorprenden cuando ven que un escritor novel recibe varios lauros en un año o de repente tiene varias publicaciones, pero no saben que quizá ese joven tenía una buena obra acumulada, la cual necesitó el empujón de un premio para salir de la gaveta».

—¿Cuán favorable o no es incluir lo vivencial en la literatura? ¿Es peligroso o no que los lectores perciban tu voz en cada relato o poema?

—Creo que de algún modo lo vivencial siempre está presente. Escribas lo que escribas, la voz del ser humano que somos sale a relucir. Es muy difícil crear obviando por completo las experiencias. Lo vivido te sorprende de golpe en la punta de tus palabras. Y aunque tu obra tenga mucho de tu historia, eso solo lo pueden identificar las personas más cercanas. La palabra trastoca tu historia del mismo modo que transforma la realidad en las biografías y las novelas históricas. El peligro está en tu mente, lo creas tú. El autor decide hasta qué punto exponer su vida en el cuerpo de sus textos.

—¿Qué referentes tienes en la literatura?

—De la literatura cubana me ha marcado la obra de Martí, Eliseo Diego, Juana Borrero, Dulce María Loynaz y Rubén Martínez Villena; con este último existe la complicidad geográfica de haber nacido en el mismo pueblo, Alquízar.

«Entre los escritores extranjeros: Borges, Whitman, Virginia Wolf, Alejandra Pizarnik, Huidobro, Kafka… por citar algunos. Disfruto la lectura de poetas de diversas partes del mundo, sobre todo de aquellos que no son tan difundidos en nuestro país y provienen de otras lenguas. En el caso de Criogenia, hay numerosas citas que hacen referencia a poetas libaneses e hindúes».

—Algunos consideran que la literatura cubana no vive un buen momento. Comparan a los autores actuales con los de otras generaciones. ¿Qué piensas?

—Eso siempre sucede. El ser humano vive comparando, quizá eso es lo que impulsa el desarrollo y permite los adelantos tecnológicos. En el caso de la literatura no es diferente. Cada momento tiene sus peculiaridades. El contexto marca siempre la obra de un poeta.

«Los intereses, los problemas sociales, las costumbres, los estilos de vida, las vivencias y las necesidades de una generación u otra no son los mismos; por tanto, los modos de crear no pueden ser los mismos, viéndolo desde el punto de vista generalizado y obviando que cada autor es un universo y recibe a su vez otro tipo de influencias específicas determinadas por la propia experiencia.

«No debemos comparar una generación con otra. Nunca sabremos qué hubiera sucedido con Cervantes o Shakespeare si hubiesen nacido en los tiempos de las redes sociales y las publicaciones digitales, en medio de un mundo agitado, plagado de estímulos y distracciones. Cada generación merece su oportunidad, alzar su voz y hacer las cosas a su manera lo mejor posible. Hay nuevas voces emergiendo, que todavía necesitan madurar y seguir creciendo, pero que van en el camino adecuado».

—Si pudieras promover a diez autores jóvenes o libros específicos de la literatura cubana más reciente, ¿cuáles serían?

—Es difícil. La lista sería interminable. Existen muchos libros y escritores cuya obra merece ser más difundida. Cuba es una isla que ha dado y continúa dando muchos frutos en el campo de las letras. De los más jóvenes podría mencionar a Elizabeth Reinosa, Elaine Vilar, Roly Ávalos, Ismaray Pozo, Noel Alonso Ginoris, Liliana Rodríguez, Yunier Riquenes, Daniel Duarte, Antonio Herrada, Yenis Laura Prieto, Osmany Echevarría, Moisés Mayán, Martha Luisa Hernández, y otros que recién comienzan.

—¿Qué piensas sobre el reflejo y «análisis» de la literatura cubana actual en los medios de comunicación?

—En este sentido hemos mejorado. Existen programas televisivos, algunos de ellos impulsados por la Asociación Hermanos Saíz (AHS), que potencian la promoción de autores y libros, lo cual se refuerza con los programas radiales y la prensa, en su edición impresa y digital.

«En la actualidad existe una amplia red de publicaciones digitales que son propicias para la difusión de textos de diversos estilos, ideologías y géneros, ya sean de autores reconocidos o inéditos, aunque todavía se debe trabajar intensamente en el desarrollo de la crítica literaria, ya que por lo general se adopta una postura neutral ante el análisis. Las redes sociales también han cobrado auge y funcionan como una rápida e importante vía de promoción para los autores y los eventos literarios.

«Convivimos en un contexto más díficil, debido a que la globalización de la información y el desarrollo de las tecnología ha generado una especie de marisma cultural en el cual puede crecer cualquier cosa, incluso la mediocridad. Los recursos del marketing y la promoción son esenciales. Los escritores pueden tener un producto de calidad, pero si este no se presenta del modo adecuado puede tener el efecto contrario. De la misma forma que creas tu libro debes encaminarlo. En el siglo XXI debemos ser promotores de nuestra propia obra. Las videoentrevistas, los spots publicitarios y el videoarte constituyen herramientas muy valiosas».

—¿Cómo te defines como escritora y persona?

—Me considero una persona sensible y perseverante, pero sobre todo una soñadora. 

—¿Qué premio anhelas? ¿Cuáles consideras que son los más importantes o deseados por escritores jóvenes cubanos?

—Me atrevo a decir que entre los más anhelados por los escritores jóvenes están el David, el Pinos Nuevos y el Calendario. Luego, según el género al que te dediques, hay otros más específicos como La Edad de Oro, en el caso de literatura infantojuvenil, o el Cortázar en cuento. En mi caso, el premio que más anhelo es que uno de mis libros pueda transformar para bien la vida de una persona.

—¿Cuáles son tus principales sueños en el mundo creativo?

—En el plano de las letras, me gustaría que mi obra se traduzca y mis libros lleguen a otras orillas. Deseo que mis versos inspiren otros versos, despierten a quien todavía duerme o hagan feliz a quien esté triste. Sueño que algún niño crezca con mis letras y, con mi libro en sus brazos también sueñe, aprenda a dibujar su propia historia y sonría.

*Publicado originalmente en Juventud Rebelde


¿Qué proponen las editoriales cubanas?

Tomado de: Granma

Lo que mostrarán algunas casas editoriales para la venidera Feria Internacional del Libro

LETRAS CUBANAS, UN PAÍS EN SUS PÁGINAS

Desde su fundación en 1977, Letras Cubanas ha sido la editorial insignia del Instituto Cubano del Libro. En estos 42 años de trabajo ha asumido la vasta tarea de dar a conocer lo más valioso de la literatura y el arte cubanos, tanto a través de títulos de ficción, en todos sus géneros, y de la ensayística en su más amplio espectro temático.

Letras Cubanas presentará entre sus novedades: Carpentier y el Minotauro de Bayreuth, de Rafael Rodríguez Beltrán; El corazón desnudo, de Félix Sánchez Rodríguez; Fidel AND Malcon X, de Rosemari Mealy y Los perros de Amundsen, de J.L. Serrano.

GENTE NUEVA, EL SELLO DE LOS QUE SABEN QUERER

Complacer y fomentar el hábito de lectura en los más pequeños no es tarea sencilla. Esa ha sido la misión fundamental de editoriales como Gente Nueva, que en sus más de 50 años de fundada es ejemplo de una larga tradición de textos que de seguro marcaron la infancia de muchos cubanos, permitiendo que creciéramos intelectualmente.

Este año, la casa editora incluirá en su catálogo 12 títulos novedosos dentro de la literatura infantil y juvenil, entre los que se encuentran: Adivinar un circo, de José Manuel Espino; El conejo que vivía en un sombrero, de Luis Castillo; Ángel de otoño, de Enrique Pérez Díaz, y Luz del universo, de Luis Cabrera Delgado.

JOSÉ MARTÍ, LITERATURA DE EXCELENCIA

Varias son las novedades de esta editorial, fundada en 1983 para la divulgación de la literatura cubana en su variedad de géneros y temáticas, entre lectores de diferentes lenguas. La prestigiosa institución creó en el año 2002 una nueva colección: Biblioteca familiar. Decenas de títulos de relevantes personalidades de la literatura cubana y universal han formado parte de este proyecto educativo y cultural.

Entre los títulos que presentará ahora cuentan La guerra tuvo seis nombres, de Eduardo Heras León; La mar nos llevará (La mer nous emportera), de Khaled Naïli, y Mala sangre (Manavais sang), de Rachid Mokhtari, ambos de la República Argelina Democrática y Popular; De Petrogrado al socialismo en Cuba, Cien años después, de un colectivo de autores del Instituto de Filosofía y la Universidad de La Habana, y La sabiduría de los oráculos. Ifá, Los Caracoles y El Coco, de Natalia Bolívar.

De Eduardo Heras León, la José Martí ha editado también Desde la platea, selección de excelentes crónicas de ballet que el autor escribiera, entre 1968 y 2007. ¡Epá, Nguba, Mindo…Maní!, de Niubis García Mendoza; Carlitos y el Conjunto Boca Sana, de un colectivo de autores, y Rogelio Alberto y el arcoiris, de Alberto Rocasolano.

ARTE Y LITERATURA, LETRAS UNIVERSALES PARA TI
Fundada en 1967, la Editorial Arte y Literatura es una de las instituciones de la cultura cubana que, a través de diez colecciones y por más de 50 años, ha ofrecido a sus lectores las maravillas de la literatura universal.
Con seis novedades (y la presentación de muchos otros de sus títulos), la más universal de las editoriales cubanas llega a la Feria con las siguientes propuestas: la novela de ciencia ficción Frankenstein, de Mary W. Shelley; El fantasma de la ópera, de Gastón Leroux; Orgullo y prejuicio, de  Jane Austen, y Thérèse Raquin, de Émile Zola, de Ediciones Huracán; Jane Eyre, de Charlotte Brontë (clásicos); y Drácula, de Bram Stoker.

ORIENTE, PARA TODOS LOS GUSTOS

El sello editorial santiaguero fue el primero creado fuera de La Habana. A casi 50 años de su fundación, la Casa continúa divulgando los más altos valores de la creación literaria. Una de sus principales metas es fomentar el hábito de lectura desde edades tempranas, a partir del diálogo entre los más diversos temas: cultura, deportes, ciencia y técnica.
Algunos de los volúmenes que se presentarán en esta edición de la Feria, serán El libro de las presentaciones, de Eduardo Heras León; El año milagroso, novela de Mohamed Magani, afamado escritor de nacionalidad argelina, y 69 La sexualidad vigilada, del autor cubano Carlos Esquivel. Además, la editorial traerá propuestas para los más pequeños como No apto para mayores, del autor Yunier Riquenes, y el libro para colorear Fauna exclusiva de Centro y Suramérica, de Rafael Borroto Galbes.

BOLOÑA,  LA HABANA EN SUS PÁGINAS

Ediciones Boloña, casa editorial de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, presentará variadas publicaciones en las que sobresalen los temas de carácter histórico, en especial los dedicados a La Habana, con un amplio diapasón de disciplinas, géneros y autores.
Sobresalen La Habana nuestra de cada día, de Laidi Fernández de Juan, un volumen donde la crónica aborda con total desenfado pasajes de costumbres, detalles, hábitos y humor entrelazados, como rasgos inherentes al cubano de hoy y de siempre; Severiano de Heredia. El mulato cubano alcalde de París, de Paul Estrade, ensayo biográfico sobre un habanero que logró abrirse paso en Francia hasta alcanzar altos cargos públicos. Llegó a ser alcalde de París, así como el primer ministro negro que tuvo Europa. Ven la luz también, entre otros, Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, de Cirilo Villaverde y Crónicas habaneras, de Alejo Carpentier, un homenaje al medio milenio de la fundación de la ciudad.
 
MATANZAS, ATENAS LETRADA

Con 40 años de existencia, Ediciones Matanzas clasifica entre las más significativas dentro del Sistema de Ediciones Territoriales. Para la Feria, entre otras novedades, propone los siguientes títulos: Con la lengua de la pluma. Cartas enviadas y recibidas por José Jacinto Milanés (1835-1852), Compilación, introducción y notas de Cira Romero. Epistolario; No me preguntes cuándo, de Arturo Arango; Umbral para una era imaginaria, de Virgilio López Lemus. Ensayo; La ciudad ilustrada. Matanzas 1899-1902. Identidad y resistencia, de Urbano Martínez Carmenate. La novela El harén de Oviedo, de Marta Rojas, se reedita como homenaje a Matanzas, en el aniversario 325 de su fundación.

LA LUZ, LUZ EN SUS PROPUESTAS

En su abanico literario las propuestas de la Editorial La Luz, cuyos volúmenes abarcan una rica variedad de lecturas para los más diversos públicos, rezan en esta ocasión, un título que honra a Heras León, también crítico de danza. El libro, El aula inmensa de la vida, contiene un compendio de entrevistas que le fueron realizadas durante los últimos 30 años. Para los niños saldrán obras como Dice el musgo que brota, de Eldys Baratute, una compilación de 30 autores cubanos que escriben poesía para los pequeños y Monstruos. Pequeño inventario, de Maikel José Rodríguez, es una colección de más de 300 criaturas fantásticas que forman parte de diversas mitologías universales. Estructuras del silencio, de Eduard Encina, es otra de las propuestas, en este caso, un homenaje al desaparecido escritor.


Los autores de una misma generación se influyen

Daniel Burguet escribe sobre la muerte, sobre el fantástico cotidiano y la surrealista realidad que nos rodea. Su literatura es crítica y convincente incluso cuando nos arranca una sonrisa o carcajada.

Hace algunos años conocí uno de sus primeros cuentos y, desde entonces, he intentado seguir su obra y a un Daniel a quienes los amigos, de manera fraternal, llaman El Señor Muerte, en alusión a uno de los personajes icónicos —y muchas veces presente— en los cuentos de Burguet.

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La cruzada de la escritura

Este es un diálogo que empezó en Cuba y que ha continuado luego gracias al influjo de las redes. Al fin y al cabo, la palabra país es más vasta que la extensión de tierra. País es, también, ese espacio virtual que guarda a nuestros amigos y colegas. Maielis González Fernández viste la piel de narradora con facilidad. En ocasiones, esta se confunde, se troca —como las cabezas en el libro de Thomas Mann— con la de estudiosa de la literatura.

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Transformar los espacios culturales de acuerdo a estos tiempos

Quienes integraron la Comisión Literatura, crítica e investigación —del 3er. Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) estuvieron debatiendo sobre la mejor manera de transformar los espacios culturales y de aprovechar al máximo las plataformas digitales, tabletas electrónicas y teléfonos celulares para la promoción literaria y socialización de las obras.

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