Literatura cubana


Los autores de una misma generación se influyen

Daniel Burguet escribe sobre la muerte, sobre el fantástico cotidiano y la surrealista realidad que nos rodea. Su literatura es crítica y convincente incluso cuando nos arranca una sonrisa o carcajada.

Hace algunos años conocí uno de sus primeros cuentos y, desde entonces, he intentado seguir su obra y a un Daniel a quienes los amigos, de manera fraternal, llaman El Señor Muerte, en alusión a uno de los personajes icónicos —y muchas veces presente— en los cuentos de Burguet.

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La cruzada de la escritura

Este es un diálogo que empezó en Cuba y que ha continuado luego gracias al influjo de las redes. Al fin y al cabo, la palabra país es más vasta que la extensión de tierra. País es, también, ese espacio virtual que guarda a nuestros amigos y colegas. Maielis González Fernández viste la piel de narradora con facilidad. En ocasiones, esta se confunde, se troca —como las cabezas en el libro de Thomas Mann— con la de estudiosa de la literatura.

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Transformar los espacios culturales de acuerdo a estos tiempos

Quienes integraron la Comisión Literatura, crítica e investigación —del 3er. Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) estuvieron debatiendo sobre la mejor manera de transformar los espacios culturales y de aprovechar al máximo las plataformas digitales, tabletas electrónicas y teléfonos celulares para la promoción literaria y socialización de las obras.

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Lina de Feria abre las puertas de su casa fundacional

Hay libros que son mitos dentro de la literatura de un país, obras fundacionales en el corpus de una nación: Casa que no existía, poemario escrito por Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945) cuando apenas sobrepasaba los 22 años, es uno de esas obras parteaguas de un momento histórico y de una generación poética. Se trata de un cuaderno que irradia una multiplicidad de emanaciones y afluentes entre las más jóvenes generaciones de escritores cubanos a más de medio siglo de publicado.

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La completa lucidez en los caminos de Yordán

El Facebook nos ha vuelto a poner en contacto luego de las distancias. Conocí a Yordán Rey hace ya varios años, tal vez en el 2006 (si la memoria no me juega una mala pasada, esa es la fecha que afirmaría como primera en nuestro encuentro): él se erigía como una de las pocas voces jóvenes que anclaban su creación en los caminos de una tradición poética japonesa, capaz de beber de la insularidad caribeña. Yordán Rey es más que un aprendiz de la escritura y de la vida: para él, la literatura es el oficio laico más sagrado del mundo. Sus libros se han conocido en Cuba y, justo ahora, también el público español tendrá el gusto de compartir las historias del niño Yordán; esas que hablan de la trascendencia y de este momento anclado en el presente (quizás, también, el más trascendente de todos). Así, mediante la magia de las comunicaciones que propicia la red de redes, llegan mis preguntas y sus respuestas.

 

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