Lino


Cuando las palabras cantan

Lluvia de rocío se antojan las canciones. Golpean mi rostro con su ternura. El tiempo se derrama amanecer. Marzo las trajo.  Misa del espíritu, sus voces y guitarra me devolvieron los amores de Manuel Corona y otros troveros de mis andanzas. Espacios perpetuos del alma, llévenme consigo.

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Yisel, con Y

Una joven aldeana de la Renania medieval inspira el amor de Loys, bajo cuyos andrajos de pueblerino se encuentra el duque Albrecht. Hilarion, cazador, tiembla de celos. En dos actos de un ballet con m√ļsica de Adolphe Adam suele contarse la historia de Giselle. Pero la Directora Art√≠stica Idania Garc√≠a Casta√Īeira prefiri√≥ decirlo de otra manera.

Para contarnos su Yisel, bebió de la pieza romántica y dispersó su propia versión sobre las tablas. Una que recurre al humor en registro coloquial, para presentarnos personajes con identidad y carisma. Cuyo referente inspira a lo sublime, pero que a la velocidad de la luz nos aterriza en la circunstancia bucólica de Gisselle.

Y por si pareciera poco atrevida la parodia, tres t√≠teres interpretan a los personajes principales y nos conducen por una suerte de secuela jocosa de la obra original. Estos son presentados mediante la recurrencia a algunos actos y la m√ļsica incidental o en primer plano, en muchas ocasiones, del cl√°sico; trascendencia textual que agradece el p√ļblico, pero que responde tambi√©n a cierto objetivo pedag√≥gico detr√°s de esta entrega.

foto Dorisbel Guillén

‚ÄúTanto los ni√Īos como los adultos que no conocen la obra original pueden acercarse a la trama, porque es narrada con naturalidad y desenfado‚ÄĚ, explica al Portal del Arte Joven Cubano Idania Garc√≠a, quien adem√°s de actuar y dirigir, concibi√≥ este original y todo el dise√Īo escenogr√°fico y sonoro.

Comenta tambi√©n que el trabajo con t√≠teres fue un elemento de singular importancia en esa intenci√≥n subyacente. Debido entre otros aspectos, a que ‚Äúresultan muy atractivos se logra sensibilizar al p√ļblico con la representaci√≥n de valor universal.‚ÄĚ

De este modo, la reconocida actriz de la Compa√Ī√≠a Teatral Mejunje se desdobla en escena a trav√©s de tres personajes, dos de ellos masculinos; t√≠teres que manipula con maestr√≠a y a los cuales imprime con su voz matices espec√≠ficos.¬†

En escena, Yisel, es maniobrada por Denet Garc√©s √Āguila Garc√≠a, quien cuenta con cinco a√Īos de estudio del ballet, pero asume por primera vez la actuaci√≥n y tambi√©n se inicia como titiritera. ‚ÄúIntercambiamos experiencias‚ÄĚ; afirma acerca de lo que signific√≥ colaborar con la directora en el montaje de pasos y figuras propias del ballet.

Pero aun cuando esta retroalimentación pudiera mantener una intensidad dramática, puesto que se nutre de recursos bastante atractivos, pasado el primer acto comienza a resentirse el ritmo de la obra teatral. Puesto que los diálogos se tornan algo vacíos. El romance se convierte en melodrama. Se entiende, está claro, la intencionalidad, la ironía hacia el edulcoramiento del romance. Pero redunda en un estancamiento momentáneo del ritmo narrativo que nos deja también un sabor superfluo del tema.

Aun así, captan la atención la recurrencia a localismos jocosos, destellos de improvisación y la gran originalidad de la puesta en sí. Se superpone a todo esto el magistral manejo de los títeres.

Madre e hija so√Īaron esta singular puesta que tuvo su debut en marzo del a√Īo pasado con motivo del ejercicio de graduaci√≥n de Denet √Āguila. Una vez egresada de la Escuela Provincial de las Artes de Villa Clara seguir√° convidando a su disfrute en la sede del Proyecto Mejunje y en otros escenarios del pa√≠s.

La invitaci√≥n se agradece, si se tiene en cuenta que esta ‚ÄúGiselle‚ÄĚ, convida a las propias lecturas paralelas de la leyenda una vez que nos atrevemos a despojarla del preciosismo del ballet para encontrarla en otras po√©ticas. Y es que mientras Yisel ‚Äď‚Äďla puesta‚Äď‚Äď nos hace re√≠r, podr√≠amos preguntarnos nosotros tambi√©n: ¬ŅC√≥mo pudo haber sucedido realmente?


Lino, por siempre trovador

Prefiero aferrarme a los nacimientos antes que a los adioses. Por estos días de septiembre pero de 1930 vería la luz en Guantánamo un hombre imprescindible para la trova, la radio, la prensa, en fin, para la cultura cubana.

Cuando por una escueta nota en la Revista Buenos Días supe que mis trovas de marzo no contarían con la física presencia de Lino Betancourt, solo tuve el impulso de derramarme en teclas. La pasada edición del Festival Pepe Sánchez hube de compartirlas con el auditorio y en especial con Fabián Betancourt. Hoy que la radio acerca sus fiestas y, por supuesto, a Lino en su posteridad.

 

Lino Betancourt junto a Augusto Blanca. Foto. Pepe C√°rdenas. Archivo de la autora.

Cuando el martes 9 de junio de 2015 el d√≠a despertaba, una vez m√°s me acompa√Ī√≥ la voz del entra√Īable amigo Lino en una de sus Citas con la Trova. Cu√°l no ser√≠a la sorpresa al presentar Mercedes como primer tema. De la firma de Manuel Corona, en mi familia, la canci√≥n es mucho m√°s que un nombre.

Conoc√≠ a Lino Betancourt alg√ļn temprano amanecer ¬†all√° por el 2002. Desde aquel d√≠a su voz y ense√Īanzas se hicieron presentes desde las ondas radiales que llegaban al cuarto de la residencia estudiantil en la Universidad de Holgu√≠n. Por Lino creci√≥ la pasi√≥n por la trova que ya hab√≠a sembrado mi abuela materna. ¬†

Gracias a su magisterio descubrí a varios de los grandes trovadores que había dejado en el propio Santiago. Con sus presentaciones llegaron guitarras y voces de toda Cuba y me arropé en un océano de canciones.

Am√≥, escribi√≥ e hizo tanto por la trova en Cuba y los trovadores que se consider√≥ uno de ellos. Nos trajo tantas hermosas canciones, sus historias y creadores siempre en tiempo presente que era como vivir el instante mismo en que surgieron o popularizaron las trascendentales piezas de la m√ļsica cubana. Lino se erigi√≥ en hacedor de canciones desde su palabra oral o escrita. Cada una de sus anotaciones y di√°logos era una invocaci√≥n. Por eso no es exagerado si digo que dramaturgia mediante, junto a √©l compartimos el instante tambi√©n con cada uno de los trovadores-soneros de nuestra Rep√ļblica Musical.

En el 2008 tuve el reto ‚Äďjunto al equipo de la otrora √Ārea de Investigaci√≥n Musical Pablo Hern√°ndez Balaguer‚Äď de realizar las coordinaciones del Coloquio del Festival de la Trova Pepe S√°nchez. Aquella ocasi√≥n me regal√≥ la oportunidad de tener de cuerpo y alma presente a uno de los iniciadores del primero de los festivales trovadorescos en el pa√≠s, estrechamente ligado tambi√©n a los momentos fundacionales de la Casa de la Trova en Santiago de Cuba.

Lino Betancourt y-Victor Casaus.

En el 2009 Eduardo Sosa y Leydis Torres le otorgaron la Presidencia Honor√≠fica del espacio te√≥rico. Gustaba de comenzar cada edici√≥n con la interpretaci√≥n de Tristezas, pieza vertebral de la trova cubana. Para tal encomienda reclam√≥ siempre la interpretaci√≥n de Cheli Romero, importante representante de la trovadoresca al estilo ‚Äútradicional‚ÄĚ por estos predios.

Por Las Bayamesas, d√ļo de hermanas del cat√°logo musical santiaguero sent√≠a especial adoraci√≥n. Ellas aparec√≠an a√Īo tras a√Īo en las jornadas del espacio te√≥rico, en ocasiones para realizar la ilustraci√≥n musical de los temas impartidos por Lino; y en otras, para regalarle el beso y abrazo. En similar modo, en cada marzo expres√≥ su admiraci√≥n y afectos por trovadores como Gladys del Monte, Xiomara Vidal, las Hermanas Ferr√≠n, el d√ļo cienfueguero As√≠ Son y Jos√© Aquiles.

A Eduardo Sosa le uni√≥ una amistad profunda que trascendi√≥ las presidencias de ambos en d√≠as del ‚ÄúPepe S√°nchez‚ÄĚ. Ambos compartieron los escenarios de las conferencias impartidas por Lino e ilustradas musicalmente por Sosa, en Cuba y Espa√Īa y en otras geograf√≠as que ahora mismo no acierto a nombrar.

Eduardo¬† le profes√≥ el amor y el respeto de los m√°s gratos alumnos. Por eso hoy, cuando interpreta uno de esos temas que nombra de la Banda Sonora de todos los cubanos, puede hacerse acompa√Īar de las esencias hist√≥ricas que dieron causa de vida a cada canci√≥n.

Lino junto al Trío Palabras. Foto Pepe Cárdenas. Archivo de la autora.

Por Lino conocimos además la maravilla del Trío Palabras. Las convidó en una primera oportunidad para ilustrar musicalmente una de sus conferencias y quedaron por siempre entre nosotros. Lino y las muchachas de Palabras hacían un impresionante acople trovadoresco. Era difícil deslindar los límites entre la palabra cantada y la guitarra a la oralidad de Lino, porque más bien lograron un impresionante trabajo a voces entre tanta maestría y pasión.

Nunca le gust√≥ que presentara sus temas como ‚ÄúConferencias‚ÄĚ y siempre mantuve una sana porf√≠a. Lino fue de esos intelectuales medi√°ticos al que conocedores, prensa y amantes de la trova esperaban con ansias. Cada una de sus clases aconteci√≥ a sala repleta fuera cual fuera el sitio escogido. Y tambi√©n era un hombre modesto que confi√≥ a Silvina D√≠az y a m√≠ muchos aspectos concernientes a la organizaci√≥n del evento.

A partir de nuestras andanzas teórico-trovadorescas el maestro se convirtió en un amigo cercano. Sentía predilección por almorzar en Las Gallegas, restaurant particular especializado en la elaboración del carnero u ovejo como decimos por acá.

Y cuando los ‚Äúemprendedores‚ÄĚ cerraron sus puertas Lino lo sinti√≥ profundamente. En m√°s de una ocasi√≥n visitamos juntos el Santuario del Cobre. Conversamos mucho sobre la trova, la familia, la vida‚Ķen la Casa de la Trova, la UNEAC, el Ven Caf√©, el restaurant El Barrac√≥n y otros espacios.

Algunos fueron los sustos que Silvina y yo pasamos cuando hacía sus escapadas santiagueras. De cuna guantanamera, Lino sintió un fuerte lazo con la hospitalaria urbe, y tenía buenos amigos y conocidos a los que gustaba visitar.

Lino Betancourt junto a Yorisel Andino y Silvina Díaz. Foto Giusseppe lo Bartolo.

Era un hombre muy familiar y como ya he dicho, buen amigo. Nos mencionaba mucho a Deysi, su esposa, cuya partida f√≠sica pocos a√Īos atr√°s le afect√≥ sobremanera. Igual conversaba sobre su hijo y con especial reiteraci√≥n y orgullo hablaba del nieto Fabi√°n. Su casa acogi√≥ amigos como Dorita, la trabajadora de la Empresa de la M√ļsica encargada de sus viajes y hospedajes, a quien profes√≥ una bella amistad.

Legó una importante literatura trovadoresca impresa y digital. Libros y artículos de su autoría se convirtieron en materia de obligada presencia en mi librero y mesa de trabajo. Conservo con risas y nostalgias sus originales dedicatorias que iban del verso a la caricatura.

Y como trovador al fin, era a veces un poco bellaco. Gustaba de torturarnos el o√≠do a periodistas y estudiosos con lo atesorado en su archivo personal. Una de sus bromas predilectas fue prometer el obsequio a m√°s de uno del Diario de Manuel Corona. Respecto a esto √ļltimo hace un tiempo ya me coment√≥ se hallaba inmerso en el proyecto de su publicaci√≥n por una prestigiosa editorial cubana.

En 1918 fueron compuestas cinco canciones que con el tiempo conformarían parte indisoluble de los sonidos de la nación cubana. Manuel Corona presenta a la trascendental Longina; Mujer Bayamesa llega en la representación de Sindo Garay; Miguel Companioni le cantó entonces a una Mujer Perjura; mientras Oscar Hernández en el sendero de una vida triste hallaba una flor y para la posteridad regaló la melodía Ella y Yo.  

Tras cada una de estas canciones persisten las historias y an√©cdotas que junto a sus creadores, les inmortalizaron, y sobre las que en marzo del 2018 nuestro Lino disertara con el t√≠tulo de ‚ÄúCinco Canciones Centenarias de la trova cubana‚ÄĚ.

El viejo se había puesto un tanto nervioso con algunas incertidumbres logísticas. Por suerte, a pocas horas de comenzar la edición, Sosa logró convencerlo.

Alguna vez en que estaba abrumada conversamos vía telefónica. Dijo que rogaría a Dios. No sé si lo haría, pero las luces de su amor llegan hoy hasta aquí.

Cuando el martes 9 de junio de 2015 el d√≠a despertaba, ya hab√≠amos escogido nombre de trova y canci√≥n para ella. Sobre las seis de la ma√Īana, la voz de Lino me dio la confirmaci√≥n y entre contracciones, aquello de creer en el destino. Adriana Mercedes, mi hija de cuatro a√Īos, alg√ļn d√≠a lo sabr√°.