LIJ


«Cuando escribo tengo los senos abiertos y canto las tinieblas de su edad»

Confieso que la quiero. Diana Castaños es una criatura especial. Tan especial que otras calificaciones serían redundantes. He seguido su literatura desde el primer día en que tuve el placer de leer uno de sus textos. Escribe desde el riesgo y desde su verdad. Es una viajera, una nómada del arte, y sus libros parten desde esa realidad que no es una, sino plural, sencilla y hermosa.

Cortesía de la entrevistada

¿Te consideras una escritora que demora sus procesos creativos? ¿Cuál es la perfecta manera de concebir un libro?

No tengo una sola manera de crear. Es un proceso que viene desde muchas partes y constantemente. Y de vez en vez desaparece también (lo cual está bien y acepto como venga). Llevo mucho tiempo con la literatura entre los huesos y sé que ella siempre regresa. La manera perfecta de concebir un libro por estos días no es la que ha sido para mí y, estoy bastante segura, no es la manera que será: cambio mucho, a veces caóticamente.

Pero mi respuesta es esta: con Riesgo… uno que vaya desde cómo vivo mi vida personal a lo que, finalmente, se pone sobre la página en blanco. El infierno es despertarme un día sabiendo la persona en la que pude haberme convertido y nunca llegué a ser.

Ahora tomo todos los riesgos del mundo: confío en extraños; estudio los nuevos requisitos para escalar el Everest y el Annapurna; invierto mi dinero en disulfuro de molibdeno (porque es más eficiente que el grafeno para convertir agua salada en agua potable). Y amo, por primera vez, con mucha fuerza, a todo lo vivo. (Y tomo como asiento el canto de los pájaros; y cuando caigo, lo hago como el viento sobre la luz).

Después de pasar 30 días de meditación en voto de silencio en una de las islas de Las Maldivas —que sufrieron falta de agua potable a mediados de este año—, poco importa si cumplo o no lo que se espera de una cubana fuera de Cuba: si escribo sobre las putas de La Habana, o si le arreglo o no un poco los detalles imaginativos de la historia que nos contó la Revolución. Poco importa sobre qué, siempre que escriba desde la certeza que todo en la vida es impermanente.

El único riesgo es el riesgo de no hacer nada.

¿Existe el libro ideal? ¿Existe la utopía creativa? ¿Cuál sería la tuya?

El libro que escribes, el que sea, es el ideal. No hay nada que lograr excepto ser lo que eres, en este momento. Nada es para ser entendido o logrado. Lo que hay, es para ser escrito. Por alguien. De vez en vez.

Como escritora, ¿cuál es tu apuesta más arriesgada?, ¿qué buscas contar?

No hay necesidad de hacer apuestas porque no hay necesidad de llegar a ningún punto. La literatura es una manera de expresar lo que soy, una forma de vivir. Como amar a tus padres, como mirarte el cuerpo desnudo frente al espejo, también desnudo. La literatura es lo que es. Ya está en el punto en que tiene que estar en este momento de mi vida, en este momento de la vida de todos. No hay nada que lograr excepto ser. Uno cuenta lo que necesita en ese momento. Lo que sea que se cuente es lo que había necesidad de ser plasmado.

¿Crees que la paciencia y la voluntad están infravaloradas en nuestra profesión?

La vida lleva paciencia y lleva voluntad. No separo la literatura de la vida. Para mí son la misma cosa.

A tu criterio, ¿qué es lo esencial que un escritor debe poseer?

Un escritor se caracteriza por tener una necesidad imperiosa, que viene desde todas partes y hacia todas partes va, de usar la literatura como medio de expresión.

¿La literatura es un proceso sagrado o profano, o quizás una mezcla de ambos?

La literatura es lo que el escritor defina que sea, si es que le interesa definirla. Y lo que el lector que la está leyendo sienta, asuma, piense que sea. Si es que le interesa sentirla, asumirla, pensarla.

No sé qué tan cercana o alejada esté mi literatura de los templos de Dios o de los hombres. Sé que cuando escribo tengo los senos abiertos y canto las tinieblas de su edad. Y soy hermosa como un cielo bajo una paloma.

CORTESÍA DEL ENTREVISTADA

¿Se publica demasiado en los tiempos que vivimos?

Si lo comparas con otros tiempos, seguro. Pero no tengo quejas del mundo en que vivimos. No digo que sea perfecto, ni el mejor de los mundos posibles, como diría Leibniz. Pero es parte de la Gran Pintura, parte de lo que ES —o está siendo— en estos tiempos. Y no hay nada que juzgar al respecto.

En el gremio literario existen, como en todo gremio, polémicas. ¿Cuánto crees que aporta el debate al crecimiento de los autores, y al reconocimiento de sus trabas y sus valores?

No sé cuánto aporta un debate al crecimiento de los autores. Habría que ver el debate, y el autor. Habría que ver cada caso en específico. Y supongo que cada persona tendría su propia visión sobre si el debate le aportó o no. Y qué le aportó.

La verdad es que no pienso mucho en este tema. En otras palabras: no sé cuánto —ni qué— me ha aportado el debate sobre mi literatura.

¿Cómo se encuentra una voz propia para contar? ¿Es una búsqueda de toda una vida o llega un momento que, por necesidad, oficio y circunstancia, se cimienta ya un estilo?

… cuando eres la voz. Si tienes que encontrar la voz, si tienes que sentarte durante horas con la mirada en la página en blanco, o raspar ideas de la cabeza, o robarle ideas a otro, o si quieres cimentar un estilo, o tener el oficio de escritor, o cualquier otra ignorancia relacionada con el ego, entonces no tiene sentido. Puede que salgan incluso textos relativamente buenos, pero no tiene sentido.

Solo tiene sentido escribir cuando no puedes hacer otra cosa. La historia, las letras, salen rugiendo de adentro tuyo. Salen disparadas, las escupes y caen sobre tu mano. Y tu mano teclea o dibuja las palabras (en dependencia de qué edad tengas y en qué siglo te muevas). Solo tiene sentido escribir cuando sabes que si no escribes, te suicidas, te tiras del décimo piso del edificio con diez pisos más cercano. Cuando sabes que dentro tienes algo —un trauma, un desgarre, un lobo comiéndote las entrañas— y, o escribes o te consumes. Entonces eres la voz.

No hay nada que encontrar. Si tienes que encontrar algo, entonces no lo eres.

¿Piensas que existe en la actualidad una crisis de la literatura?

Uno ve lo que quiere ver.

¿Los propios escritores, leen?

Habría que preguntarles a los propios escritores. Yo leo. Ahora mismo casi exclusivamente en inglés.

¿Qué limita nuestras miradas como escritores y la mirada de nuestra literatura?

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, decía Wittgenstein.

The Price of Being Young

Algunos de tus libros han cruzado ya la frontera de las publicaciones nacionales, ¿qué esperas de este cruce?

Más lectores, por supuesto. Mi principal sueño en la vida sigue siendo el mismo de cuando era pequeña: que un niño (no importa qué edad tenga, entre 9 y 99 años está bien) sea más feliz porque leyó uno de mis libros. Aunque sea por un instante. Aunque no me lo diga nunca.

¿Cuánto del periodismo narrativo está presente en el resto de tu creación?

Dado que soy una escritora que se graduó de periodismo, el periodismo narrativo es el género que fluye más vehementemente de mí.

Ahora que vivo cada mes en un país distinto, todos los géneros que escribo —poesía, narrativa, periodismo literario— tienen parte de esa pluralidad de religiones y modos de vida de los últimos 15 países que he visitado. De alguna manera, las personas, paisajes y animales que he conocido cohabitan pacíficamente dentro de mí, como el mar cuando la luna se mira ahogarse, o como el mar que ha mordido todas las playas.

Mientras más países y culturas visite y habite, más soy ese mar que se desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia.

En tu reseña biográfica hay una línea que me ha llamado mucho la atención. La cito: “Desde diciembre de 2018 vive en un país distinto cada mes.” ¿Cuánto ha cambiado tu visión como ser humano creador, esa posibilidad de estar en contacto con otros saberes, culturas y geografías?

¡Oh, me ha cambiado tanto!

En Qatar, mujeres musulmanes se compadecieron de mí porque mi clítoris está intacto.

En Japón, apliqué para un asiento en la primera nave que llevará artistas a visitar La Luna, en el 2023.

En Nueva Zelanda ayudé, como voluntaria, en el nacimiento de dos osos pandas rojos.

Estuve mar adentro (perdida y sin rumbo) por dos semanas en las costas de Australia, mientras aprendía a navegar una goleta.

En Nepal estudié los nuevos requisitos para escalar Annapurna, montaña del Himalaya.

En la India enfrenté mis sancaras en un centro de meditación vipassana.

En Indonesia ayudé a restablecer el equilibrio del sistema de los arrecifes coralinos de la islita de un kilómetro de diámetro de Gili Air, con lo que (después supe) fue dinero que los indonesios lograron gracias a la venta de hongos alucinógenos a turistas europeos.

En Europa hice inversiones en la Bolsa, con una suerte tremenda.

En Perú hice una peregrinación (caminé, literalmente, tres días) para visitar Machu Pichu.

Estudié alemán en Serbia; depuré mi francés en Marruecos.

Apliqué para el proceso de congelación de óvulos en Rusia, porque los deseos de ser madre me han nacido, pero no lo seré todavía: tengo antes muchos países a los que viajar, y mucho que escribir, incansablemente.


La fantasía ilustrada

Tuve el placer de dialogar artísticamente con Yasser Curbelo Rego, por primera vez, gracias a la coincidencia que nos ofreció mi libro Dime, bruja que destellas; el cual, en su segunda edición, será publicado en Panamá en fechas cercanas. Fue mío el privilegio: las ilustraciones de Yasser llegaron para acompañar mi viaje literario. A través de diversos emails comencé a (re)conocer más del trabajo de este increíble artista visual, quien conjuga una obra donde arte, fantasía y vida tienen la primera —y última— palabra.

¿Cómo llegas al mundo de la ilustración y qué te parece es lo más atractivo de él?

Yasser Curbelo
Yasser Curbelo

Llego a ese mundo cuando todavía era estudiante en la Escuela Profesional de Artes Plásticas Carlos Hidalgo Díaz de Pinar del Río, que comprende la etapa del 2003-2006. En un taller de creación, el profesor que impartía la clase en ese momento introdujo un ejercicio, a modo de juego, relacionado con seleccionar un texto al azar de un libro de poemas e ilustrar el fragmento que te tocara. A partir de ahí comencé a dibujar imágenes vinculadas con la literatura y me sentí atraído por ese universo que era totalmente nuevo para mí.

Luego por mediación de un amigo visité la Editorial CAUCE de Pinar del Río y comencé a trabajar con ilustraciones para adultos que posteriormente salieron publicadas en varias ediciones de su revista cultural. Al poco tiempo recibí mi primer texto infantil y comencé a ilustrar para la colección Rehilete y Fililí, también colaboraba para el Suplemento Infantil “Chinchila”, todos propios de CAUCE.

Lo más atractivo de este campo es poder dar vida, mediante las imágenes, a un juego de palabras o de pensamientos que tuvo el escritor(a) en su momento de creación y tratar de acercarme lo más posible a cómo quisieran que se vieran reflejadas sus ideas.

¿Un buen ilustrador tiene que ser, por necesidad, también un buen lector?

Primero tiene que ser un buen dibujante, luego por necesidad debe ser un buen lector. En mi caso particular, debo admitir con sinceridad que no soy un lector excelente. Y no por falta de interés, porque sí he leído; en mi época de Servicio Militar, por ejemplo, me interesaba mucho la literatura rusa y otros libros clásicos de diversos géneros.

Ilustraciones de Yasser Curbelo
Ilustraciones de Yasser Curbelo

Sin embargo, desde niño me sentía mucho más atraído por los dibujos interiores, al punto de pedirle casi llorando a mi mamá que me comprara el libro Amadís de Gaula —aún recuerdo el título— solo por ver las ilustraciones de dragones y caballeros.

Con el tiempo sí he tenido que leer bastantes textos y en mi caso siento la necesidad y el cuidado de ser responsable con lo que voy a ilustrar. Siempre investigo para que las imágenes se correspondan con el contexto de la historia, los lugares, la cultura, trato de llevar una coherencia para que no se desligue una cosa de la otra.

¿Cuáles son los autores y libros que te interesan?

No quiero citar a ningún autor en específico porque el trabajo que hago es por encargo, es decir, la editorial me contacta y me comenta quién va a ser el escritor a ilustrar. En algunos de los casos no conozco su obra; sin embargo, al leerlos me siento identificado y las ilustraciones fluyen con mayor facilidad porque me gusta lo que va surgiendo.

Claro, no siempre me sucede así, no todas las historias suelen cautivarme pero igual debo hacer el trabajo con la calidad que requiere. De manera general me gustan los libros que me hagan saltar la imaginación, que me brinden y me sugieran imágenes interesantes, que sean textos ingeniosos, que me motiven a trabajar en ellos sin llegar al tedio.

El mundo de la fantasía tiene un inmenso valor en tu trayectoria, ¿de qué maneras piensas que lo fantástico es capaz de dialogar con lo real a través de la imagen?

En mi obra siempre ha existido un marcado interés por lo fantástico. Será que en mi mente siempre he vivido una fantasía llena de sueños desde el punto de vista de la creación, pero esa fantasía la he tratado muy apegada a la realidad.

Me caracterizo por ser observador, me fijo mucho en los detalles. Salgo a la calle y las situaciones cotidianas me brindan ideas. A la hora de crear una obra hago mis apuntes y en el proceso de trabajo voy cambiando cosas, voy centralizándolas más en lo que quiero.

Al final, el resultado es una mezcla de elementos fantásticos que se refieren a los personajes que construyo, los cuales aparecen fusionados con fragmentos de una realidad inmediata. Es decir, construyo mis escenas en ámbitos reales, mi obra refleja las cosas que me son cercanas. Todo ese cúmulo de artilugios los pongo en función de sugerir un pensamiento estético transformado en imagen.

¿Hasta qué punto los libros son capaces de promover la obra de los ilustradores?

Las publicaciones son muy importantes tanto para el autor como para el ilustrador. Esos libros llegan a disímiles manos de niños, jóvenes y adultos. Claro, todo depende de la distribución, de la cantidad de ejemplares de impresión —a mayor tirada, más visualización de tus ilustraciones; y esto conlleva a que te conozca mayor cantidad de público y autores que aprecien tu trabajo y te soliciten a la editorial para futuros proyectos—, también influye la magnitud del alcance de esos libros.

¿Quiénes, en el mundo de las artes visuales, constituyen tus principales referentes y por qué?

Pienso que casi todos los artistas que crean dentro del amplio mundo de lo fantástico han tenido que hojear en algún momento de su vida un catálogo de arte surrealista.

Yo lo hice en mis tiempos de estudiante y quedé fascinado con la obra de Salvador Dalí, de René Magritte y, si me remonto hacia el Renacimiento, tengo que mencionar a Pieter Brueghel llamado el Viejo. En mis comienzos tuve mucha influencia del surrealismo, sobre todo cuando realizaba mis dibujos y pinturas.

Ilustraciones de Yasser Curbelo
Ilustraciones de Yasser Curbelo

Con el paso del tiempo fui desarrollando más las artes gráficas y una manera nueva de adoptar la figuración. Sin abandonar los rasgos surrealistas me fui adentrando más en lo grotesco, en lo expresionista, incluso llegué a tocar lo caricaturesco. También me gusta mucho la obra de Francisco de Goya, sobre todo sus grabados sobre metal; me encantan las ilustraciones del ilustrador francés Gustave Doré, considerado en su país el último de los grandes ilustradores.

Admiro la obra de José Luis Posada, conocido como “El Gallego Posada”, pintor y grabador español exiliado en Cuba. Me retroalimenta en gran manera ver la obra de estos grandes dibujantes con los que me identifico desde el punto de vista estilístico; en fin, que soy un amante fiel del dibujo.

¿Con cuáles libros estableces una conexión más hermosa?

La verdad es que establezco una excelente conexión con los libros que no me aburren, con los cuales no paso trabajo para crear un ambiente dentro de la historia que me cuentan. Lo voy a repetir cada vez que tenga oportunidad: es importante la imaginación del escritor, la cual se denota mediante las palabras y provoca una chispa que no se apaga en el proceso de creación de las ilustraciones. Esto me permite disfrutar cada imagen que realizo sin tener que ceñirme solamente a un compromiso editorial. 

¿Cuál es el valor de la formación académica? ¿Qué puede ofrecer la formación que el talento no, y viceversa?

La formación académica es de mucho valor para un artista. Es la que te moldea y te da las herramientas de aprendizaje para dar tus propios pasos en el camino que decidiste escoger. Pienso que algunos seres humanos vienen al mundo con habilidades especiales; otros las van adquiriendo, y algunos poseen un talento innato o, como decimos a veces, un don.

Ese talento te permite llevar ventaja desde que comienzas como estudiante: haces cosas de manera natural mientras que otros necesitan de una orientación. El talento, vinculado a la academia, da como resultado la formación de un artista más completo, ya que se adquieren conocimientos que luego se pueden utilizar para un mejor enfoque en la carrera artística.

¿Cuál es la mejor forma de dialogar con un público lector a través de la imagen? ¿Hasta qué punto piensas que una ilustración puede enriquecer o desfavorecer al mundo ya contenido en el libro?

Se dialoga al crear imágenes que no pierdan relación con el contenido de la lectura. He visto libros donde el texto no resulta interesante, simplemente porque no todas las obras que se realizan son geniales, hay unas muy buenas y otras no tanto; pero, al final, las ilustraciones le dan vida a ese libro.

También existen textos con historias muy buenas y una excelente edición; sin embargo, las ilustraciones no están a la altura o existe mala calidad de impresión, fallo que nos golpea en muchas ocasiones.

Yo mismo he tenido mis decepciones cuando he realizado ilustraciones de calidad y el resultado final ha sido malo por este motivo. Sé que a veces las condiciones no son óptimas por la escasez de recursos, también reconozco el esfuerzo de las editoriales, pero creo que hay que velar por lo de uno… me refiero a que debe haber un representante de la editorial en el momento de la impresión y no solo enviar el paquete.

En el campo de la promoción, ¿cuáles son las principales herramientas de un artista visual? ¿Cómo se promociona la obra de un ilustrador, más allá del libro como objeto artístico?

Ilustraciones de Yasser Curbelo
Ilustraciones de Yasser Curbelo

Es muy importante la promoción en las redes sociales, la creación de un sitio web donde puedas mostrar tu trabajo y así compartirlo con los demás. Además, también se puede realizar promoción a través de las instituciones que nos respaldan con sus circuitos galerísticos, como el Fondo Cubano de Bienes Culturales y el Consejo de las Artes Visuales.

Pienso que las editoriales nacionales deberían trazarse nuevas estrategias para la promoción de sus ilustradores porque, en la mayoría de los casos, se quedan en la simple presentación y en la distribución de los libros que, en muchas ocasiones, no llegan a cubrir todos los espacios, se quedan en un circuito reducido; sí, escuchas hablar de ellos pero no tienes la oportunidad de adquirirlos.

En mi experiencia personal, desde que estoy en este medio he tenido muy pocas oportunidades de conocer personalmente al autor del libro que voy a ilustrar y eso no debería suceder: el trabajo fluiría más si el autor y el ilustrador tuvieran un contacto cercano.

No quiero decir que esto es algo que no se hace nunca, pero sí creo que la editorial es la encargada de propiciar esos encuentros y de promocionar con más fuerza la obra de sus ilustradores. Las editoriales no deben conformarse con ver solo una impresión en papel o cumplir con el plan editorial del año; al final, este es un trabajo muy serio al que uno le pone el corazón y le dedica su tiempo.

En cuanto a visualidad, ¿crees que nuestros libros se encuentran actualizados, que sobreviven a una comparación estética con los libros de otras geografías? ¿Qué puede ofrecer la ilustración cubana al mundo?

En nuestra geografía existen excelentes dibujantes e ilustradores, dotados con suficiente talento para trabajar con cualquier editorial. Lo que nos golpea siempre por cuestiones de recursos es la calidad de impresión de los libros.

Muchos ilustradores se quedan insatisfechos porque los filtros que aplicaron no se ven, las imágenes van descargadas de tinta o aparecen ilustraciones quemadas. Los equipos de imprenta ya no dan para más, aunque también debo destacar el esfuerzo de nuestras editoriales para que estos libros salgan a la luz y se muestren a todo tipo de público en nuestras Ferias del Libro cada año.

Todavía en ese sentido no podemos competir con la impresión de editoriales extranjeras. Como ves, no estoy hablando de la calidad de ilustración, pero evidentemente si imprimes una imagen a color en óptimas condiciones materiales, esa ilustración gana mucha visualidad.

Por otro lado, pienso que la ilustración cubana puede ofrecer al mundo rasgos de nuestra cultura que, traducida en imágenes, muestra una manera particular de hacer. Eso sin adoptar completamente las influencias foráneas; es decir, puedes nutrirte de las nuevas tecnologías e informarte de lo que se hace en el mundo en cuestiones de arte digital —que es lo que más se está manejando en el campo de la ilustración actual— pero sin dejar a un lado la estética que nos identifica.

En el amplio campo de la ilustración de la isla, ¿qué piensas puede ofrecer tu obra?

La verdad no sé hasta qué punto sea novedosa. Al menos creo que he aportado un granito más en este mundo de la ilustración del cual sigo aprendiendo, en el que me perfecciono día y día y al cual trato de aportar una obra de calidad, que pueda ser del disfrute del público que la consuma. Sí puedo asegurar que mientras esté trabajando en el campo de la ilustración, lo haré con la entrega que me caracteriza y el amor inseparable que tengo hacia la creación.


“Es el texto el que pondrá límites siempre”

Desde que conocí la obra de Yancarlos Perugorría Díaz sentí encantamiento. Palabra en desuso esa que habla de magia, de ese proceso que es emocional a la vez que intelectual, de ese proceso que visibiliza acción y reacción. El ejercicio del talento de Yancarlos es una de sus bazas de triunfo. Esta entrevista busca identificar la fórmula de su creatividad.

¿Existe una fórmula que explique el talento?

Personalmente no creo que exista fórmula alguna. Cualquier proceso de creación debe partir siempre desde la sensibilidad. Para esta última sí puede existir en parte una fórmula: un fragmento nace con el individuo y es inherente a él, y el resto consiste en la idea de que en donde pudiese existir una fórmula hay también una vinculación y una disposición del individuo por extenderla o elevarla. Estas son tareas que debe estar dispuesto a llevar a cabo durante su mortal existencia.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Tienes algún método específico para crear?

Me considero demasiado emocional, de ese estado parte mi proceso creativo. Utilizo el dolor, el rencor, la esperanza, la vergüenza, el amor, la ira, el enojo, el pasado, el presente, el futuro, los errores, los aciertos… Son ellos los medios que empleo para enfrentarme a la obra de un autor. Debo hacerla personal para traducirla en una especie de huellas visuales que están en función siempre de complementar al texto.

FOTOS: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO
FOTOS: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

En tu labor como ilustrador has tenido la oportunidad de colaborar tanto con autores noveles como consagrados. ¿Es difícil trabajar por encargo o forma parte del oficio y la disciplina?

Pienso que las lecciones nos llegan desde cualquier dirección, solo debemos educarnos en ser receptivos, en saber que nunca tendremos un conocimiento absoluto sobre nada. Un niño me ha enseñado tanto acerca de la ilustración como los grandes maestros, un animal me ha enseñado más sobre el amor y la sensibilidad que lo que he visto en muchas personas. Es cuestión de estar dispuesto a aprender a cada segundo.

Has recibido algunos de los premios más importantes de ilustración de nuestro país. Pienso en La rosa blanca y en el Premio Anual de Diseño del Libro Raúl Martínez. Dicen algunos que los reconocimientos, cuando se reciben a edades muy tempranas, solo envanecen al artista y cortan su desarrollo, ¿qué opinas de esto?

He tenido la gran alegría de recibir importantes reconocimientos por mi trabajo, que en gran medida han posibilitado la visibilización de mi obra. Eso es algo que agradeceré siempre a cada persona que me ha apoyado, desde jurados hasta ese lector que vive en algún lugar recóndito. Sí, por supuesto que es muy fácil permanecer a la sombra de lo ya hecho y vivir relamiéndote de los logros obtenidos.

Para mí lo obtenido ya pasó, ya quedó atrás, me concentro en lo que hago en el presente que es lo que importa, igual mañana ya no me va a interesar ni recordaré lo que estaba haciendo hoy. Es fácil regodearse en el ego de los lauros obtenidos, esto conlleva a dejar de superarte y crear. Yo no trabajo para ganar premios, nunca lo hice y espero no fracasar tanto como para que en un futuro ese sea mi único objetivo. Trato de hacer lo que me gusta lo mejor que puedo, pensando siempre en regalárselo a mi pequeña hija. ¡Yo solo dibujo para ella!

En la vida creativa de todo artista, hay un momento que marca un antes y un después, ¿cuál es el tuyo?

Como ser emocional al fin, he tenido momentos que han marcado el antes y el después de muchas etapas por las que he pasado, por las que ha pasado mi trabajo, pero si tuviera que ser más preciso y nombrar uno sería sin duda el regalo que me hizo la vida de ser papá. Hay un antes y un después a partir de ese punto.

Me gustaría que me conversaras un poco sobre el valor, positivo o negativo, que le otorgas a la influencia artística. ¿Qué voces o visualidades han impactado en tu imaginario?

Sería injusto mencionar nombres de personas que han influido en mi trabajo y forma de pensar porque correría el ingrato error de no recordarlos a todos. Mejor quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecer a todo el que se acercó a mí e influyó intelectual y visualmente en cada una de las etapas de mi vida: la lista iría desde el trabajo de un niño de unos pocos años hasta grandes obras nacionales y universales.

La influencia artística es un fenómeno común a lo largo de la historia del arte. Un valor positivo de la apropiación visual ocurre cuando el motivo es el estudio y la superación, los cuales conducen al individuo a la realización de un estilo influenciado, en cierta medida, a la hora de proponer un discurso visual pero aportándole características y elementos desde el enfoque personal. Esto puede culminar en la creación de una nueva identidad. Un valor negativo de la apropiación radica en llegar hasta un estilo visual, asimilarlo y quedarte estancado en él, es un peligro inminente. Hay que exigirse.

Soñemos: si tuvieras la oportunidad de que un autor, nacional o internacional, te pidiera le ilustraras un libro, ¿a quién elegirías?

He tenido el inmenso placer de trabajar con grandes autores nacionales y del extranjero, y aunque eso no se compara con todos los que me restan y con los que también quiero trabajar, sería injusto mencionar nombres, porque cada autor es como un universo con su obra. No prefiero nombres y, como tenemos la posibilidad de estar soñando en esta pregunta, el lugar de origen no es importante; importante para mí sería que ese autor me propusiera ilustrar un libro de esos que, al leer la primera línea, sabes es un libro mágico. Sin duda ese sería el autor que elegiría.

FOTOS: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO
FOTOS: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

Uno de los saltos más deseados por los artistas jóvenes hoy día es el reconocimiento internacional, ¿crees que es sobrevalorado?

El reconocimiento siempre es positivo en cualquier ámbito. La aceptación acentúa la creación aunque no es totalmente imprescindible para la realización de la obra. En lo personal tiene tanto mérito y vitalidad el reconocimiento obtenido dentro como el que se obtiene fuera. Al final, sin importar el orden, uno siempre acaba condicionando al otro, por lo cual no se debe correr el riesgo de subestimar a ninguno.

¿Cómo promocionas tu trabajo?

Trato de promocionarlo a través de cualquier medio posible. A través de los mismos autores, mediante la creación de un perfil social específicamente de trabajo y utilizándolo en todas las redes y plataformas posibles.

Y por último, si tuvieras que definir tu estilo, ¿qué palabras escogerías?

A pesar de ser graduado en Artes Plásticas, nunca tuve ningún roce con la ilustración. Este programa fue desconocido para mí hasta que tuve la oportunidad de realizar mi primer trabajo. Por ende me siento más como autodidacta, y como tuve que iniciar mi preparación como ilustrador el mismo día de la primera prueba para un libro, me dediqué a la investigación profunda de todo lo que tuviera que ver con esta variada y difícil especialidad.

Todo lo anterior me sirvió para mantener una identidad y tratar de adaptarme visualmente a lo que necesita el libro, a ese estilo que le aportará más. No adapto el libro a mi estilo, mi habilidad la pongo en función de lo que el texto necesite. Voy desde el collage al dibujo a líneas, y luego a un estilo más gráfico, etc. Es el texto el que pondrá los límites siempre.


“Sigo armándome de un dedal y una aguja”

Luego de largos meses de espera —meses sin saber qué tal marchaba el mundo interno de estas preguntas— descubrí que aguardar por esta entrevista y por Eudris Planche tenía todo el sentido. Desde que leí Hermanas de intercambio, su opera prima, supe que se me hacía necesario dialogar con un autor como Eudris, uno capaz de hablar de lo crudo y de lo hermoso, uno que renuncia a las etiquetas de la literatura y conversa sin tabúes de los males —y la belleza— del oficio.

La pregunta podría parecer redundante: se habla mucho de literatura infantil y juvenil, ¿crees que hay paternalismo en la forma en que sus autores entienden sus propias obras? ¿Somos conformistas los escritores del presente?

Comenzaré también por una introducción: se habla mucho de literatura infantil y juvenil (LIJ) entre los autores que la cultivan o leen. Para otros todavía sigue considerándose un género menor. No es algo nuevo. Aquellos que se creen “verdaderos” escritores la desechan. O se acercan convenientemente a ella con la convicción de que es un género fácil.

En esa ruta dejan caer algunos textos bastante cuestionables. A veces se reconoce una supuesta novedad en las obras literarias que clasifican “para adultos” y son temas más que trillados en la LIJ. Y viceversa. Diciendo esto, me es imposible dejar de reflexionar en una cuestión: ¿quiénes son los escritores verdaderos? Un autor como Roberto Bolaño utiliza en varias ocasiones ese término, “escritores verdaderos”. ¿Es verdadero Faulkner y Hemingway no, solo porque este último no me guste tanto como el anterior? ¿Qué define lo verdadero? ¿Quién los clasifica? ¿Son ambos verdaderos o tengo el don, como lector/escritor, de decidir quién no lo es? ¿Puede uno mismo insertarse y salirse de lo verdadero como si se tratara de un templo? ¿Qué es lo verdadero?

Considero que deberíamos leer más. O sencillamente como ya he dicho en otras entrevistas: no clasificar. El mal viene de ahí. Aceptemos de una vez que existe la literatura sin apellidos. Voy a citarte, y puedes usarlo como pie de página, la respuesta que di en entrevista a Enrique Pérez Díaz. Un fragmento de ella:

“Decir que solo existe una literatura, en un mundo donde como concepto existe algo a lo que se le conoce –queramos o no– como Literatura Infantil y Juvenil, sería negar la gran tradición de este género y los alcances que ha logrado. Quizás deberíamos llamarle solo literatura. Sin apellidos. Porque, ¿acaso no lo es? Una literatura que puede ser buena o mala según percepciones. Yo le llamo LITERATURA. Y la verdad es que detesto esas divisiones (me cuesta emplearlas) que surgen a veces con el objetivo de entender mejor de qué se habla. (…) Más que comprensión, lo que veo es gran confusión. De aquí la génesis de muchos de los problemas, que aún hoy, atraviesa esa literatura que clasificamos como Infantil y Juvenil.”

En cuanto a lo referente al paternalismo y la forma en que los autores entienden sus propias obras, fíjate que usas el posesivo “su” dos veces para dejarme bien claro el centrarme en los autores de LIJ, pero cumpliendo con mi propia introducción, hablaré de manera general. Creo que el paternalismo es un fenómeno que compete a toda la literatura, a sus creadores. Tu pregunta deviene en afirmación. Hay paternalismo y mucho.

 Semeja a algunas formas del patriarcado: voy a cuidar de ti, hijo (libro), voy a protegerte. Devuélveme el favor más tarde. Garantízame el lobby, mal que bien yo te cuido. Te protejo. Soy tu condón. Y nada de autocrítica. Ni admitirlas del exterior.

Parados frente al espejo pareciera que los autores dijéramos “mi criterio es el mejor, el verdadero” (internalización: pura y total convicción de que lo que hago está bien). Mi consejo: sin (auto)crítica no hay auto que camine por la carretera de lo auténtico. Y cuidado con aquel que haga uso de la crítica que tanto clamamos. Me recuerda aquella advertencia bíblica: “si alguno añadiere (…) Dios traerá sobre él las plagas”. ¿Estaremos preparados para ser criticados o para el halago?

Hay mucho ego umbilical. Demasiada premura por el parto en la literatura contemporánea. Y contemporánea es. En cuanto a “literatura” tengo mis dudas. La velocidad, la aspiración al lobby más que a calar en lo profundo, me parece arbitraria si de calidad hablamos. “La literatura no es para apurados”, diría una gran maestra (Liliana Heker) desde su ejemplo y experiencia de escritora. Pero al parecer, el siglo de seguir consejos quedó atrás.

En cuanto al conformismo: si vamos a lo general, si se trata de encajar, ser simpático, no buscarse problemas, coincidir con las opiniones del grupo… hay conformismo por doquier. Hay mucha militancia en la literatura. Y habrá que ir un poco a la historia (informarse) para corroborar que a la larga eso solo tendrá el valor de panfleto. De la epidermis no pasará.

La crítica entre nosotros semeja al Facebook. Consiste en decir (léase dar clic) Me gusta/Me encanta/Me divierte/ Me asombra/Me enoja/ Me entristece. Y solo un pequeño grupo emite comentarios, que casi nunca son profundos. O simplemente nos regalamos caritas (emoticones).

Acostumbramos a llamar “doble moral” (y es un error) a lo que el psicólogo social Kelman identificara como un subtipo de conformidad (el cumplimiento). En público estoy de acuerdo, me reservo mis verdaderas opiniones. Habría mucho que decir de eso. Subtipos sobran en relación a este fenómeno que vivimos.

Mimetismo es otro de los grandes males. Uno de sus objetivos claves: la cultura del camuflaje. Me uno a ti o me institucionalizo para sobrevivir. Es una tendencia que se acerca a la selección natural.

Pasa inadvertido y sobrevivirás: otro mandamiento. La literatura es desenfado. Cualquiera con un poco de cultura lo sabe. La sapiencia está emigrando de nuestras mentes para ser sustituida por lo ridículo, si tomamos ridículo como una palabra menor que no define este fenómeno. En Walden, Thoreau decía: “Si un hombre no marcha a igual paso que sus compañeros, puede que eso se deba a que escucha un tambor diferente. Que camine al ritmo de la música que oye, aunque sea lenta y remota”. He ahí una gran enseñanza.

¿Cuál es la principal carencia estética de la literatura infantil y juvenil en los tiempos que corren?

La misma que ha tenido siempre: ponerle un apellido. Para mí ese es el mayor problema. Pero ya instaurado y conviviendo con él, la principal carencia pasaría a no tener en cuenta el destinatario. Existen otras…

¿Consideras que haces una obra novedosa?

Considero que trabajo y leo mucho. Que sé muy poco aún e intento saber más. Que mis búsquedas son variadas y no tienen fronteras. Que a la hora de contar de mis “vivencias” hago preguntas. Cuestiono esa realidad que a veces no lo es tanto, sabiendo que lo real es solo un criterio social. Y las sociedades son múltiples, así como los individuos que formamos parte de estas. La habilidad estará en cómo hacer de eso una herramienta.

¿Crees que existe un “caldo de cultivo”, menos o más dañino, en la literatura nacional, donde los mismos autores una y otra vez se reciclan?

Podrían enumerarse dos vertientes: una (con el permiso de los tibetanos) semeja al Dalai Lama, que aun estando en vida tiene siete reencarnaciones. Por supuesto, en este caso no hay divinidad ninguna. Simples y vulgares “corta y pega”.

 Número dos: tendencia a repetirse libro tras libro sin un ápice de evolución. Y resulta que a eso le están llamando estilo. Pasa como en la agricultura: emplear productos químicos para acelerar la cosecha. De ahí semejantes malformaciones literarias. Y OJO, no son solo fenómenos nacionales. Pero pongámonos de acuerdo en algo, seamos sinceros: lo nacional siempre se va a leer en un sentido más crítico. No podemos escapar de ello.

¿Qué calificas como buena y mala literatura?

Ya no se trata de lo bueno y lo malo. En la actualidad y ante las circunstancias involutivas que están sucediendo, donde el “sujeto” no tiene la mayoría de las veces (ni lo reconoce, probablemente no pueda) conocimientos que respalden criterios, hablar de lo bueno y malo en términos de bien y mal, normal y anormal, correcto e incorrecto al estilo Foucault, está desfasado. Demasiado manido.

Los libros no son libros. Los escritores no son escritores. Una reseña en una revista es una nota asumiendo una falsa identidad. Lees un comentario de un libro y para comparar o festejar lo literario prevalecen más las referencias al cine o a la televisión. Y no por cultura, no porque el arte beba de todo. Aspiramos a que nos lean, pero no somos capaces de estar media hora sin comprobar las notificaciones de Facebook, sin aspirar a ser observados.

cortesía del entrevistado.

¿Es posible lograr que dejen de ver series y nos lean si como escritores no somos capaces de hacerlo para ponernos a leer? No digamos ni siquiera escribir. Igual no hay fórmulas. Tengo que hacer la aclaración para los lectores menos inteligentes. La literatura siempre se ha tratado de apostar horas y a lo mejor no te sale bien. De eso hay que estar claro y aun así intentar avanzar y superarse. Un autor como David Foster Wallace en un momento determinado fue un adicto de la televisión, reflexionó sobre ello. Dejó también una obra literaria que lo convirtió en un escritor de culto. Pero solo hubo un Wallace.

En los tiempos actuales de la escritura, donde todos los temas parecen ya haber sido tocados, donde ya nada parece tabú, ¿existen aún historias que tengamos miedo a contar? ¿Qué frontera temática aún no conquistamos?

¿Frontera temática? La de volver atrás. Ser escritores verdaderamente y no otra cosa. Se supone que el camino esté ahí. Hay una aceleración enorme por escribir sobre temas de los cuales en el pasado solo se tocaban aristas, pero en muy pocos autores hay una investigación a fondo de la génesis de un conflicto, de la reflexión. A veces parecemos malos periodistas y no escritores de ficción. Tengamos mucho cuidado con eso, en querer sustituir una carencia de nuestro mundo cotidiano.

Considero que los autores de no ficción, están logrando un fenómeno literario bastante interesante y de calidad. Hay que prestarle atención, nos puede aportar con creces.

Como escritor, ¿a qué le tienes miedo? ¿Y cómo lector?

Te voy a contar algo: el día que murió Saramago tomé todos los libros que tenía de él y armé una especie de altar en mi biblioteca. Encima de un mantel los coloqué y delante prendí una vela. Me quedé dormido y desperté por el humo de un pequeño incendio. Nadie nunca supo de este incendio. Escondí la evidencia.

Yo le rendiría culto a cualquiera que escribiera una novela tan simbólica como Ensayo sobre la ceguera. En ese libro (en lo que revela) y en todo lo que he dicho está la respuesta.

¿Existe el llamado de la vocación o, simplemente, se elige ser escritor?

Es mejor saberse lector que escritor, la palabra escritor está demasiado prostituida y cualquiera la ejerce. En las filas hay personas que no lo son o no lo son tanto. El llamado de la vocación quedó atrás. La palabra escritor habría que actualizarla. Redefinirla. Encontrarle otras aristas porque en la contemporaneidad se le usa mucho y a veces sin sentido.

Hubo un tiempo en que venía enlazada a lo culto, quizás lo culto podría eliminarse teniendo en cuenta algunos autores que nunca lo fueron. Pero la palabra lectura, lector, estaría siempre ligada a ello.

Una definición más contemporánea de escritor, que este a tono con todo lo que hemos venido conversando vs. criticando, podría provenir del diccionario satírico de Andrés Neuman. Me refiero a BARBARISMOS. Ahí se define a escritor como “individuo que fracasa en el intento de ser exclusivamente lector”. A lo que debería añadirse, “para intentar ser exclusivamente famoso sin el más mínimo sentido de la autocrítica”.

Quién mejor para hablar de libros que un escritor. Bella frase. Pero vivimos en la época en que los escritores hablan más de series que de libros Con un escritor ahora también se habla de premios. Muy pocas veces de libros. Y eso tiene otras causas, lógicas causas para detenernos en otro momento a hablar más. Como diría Bolaño: “No todo está perdido, ferdydurkistas”.

¿Cuánto impacta en ti el criterio de los otros; sea ese otro lector, crítico o autor que comparte contigo tiempo y espacio?

El criterio de los otros para mí es pura selección. A la hora de crear, lo que considero y me sirve, lo exploto. El resto pasa al olvido. Disfruto escuchar tanto a los personajes de ficción como a los de este mundo no tan real. Lectores hay muchos y con diversos criterios. Hay que estar claro en la vida. Cada respuesta que te doy, Elaine, podría beber de la anterior. Yo bebo del pasado. Lo hago de mi presente. Y de ese cauce vivo. Ahora mismo no dejo de pensar en el mundo que estoy creando.

¿Qué es lo que consideras arte joven? ¿Se fundamenta solo en un criterio de edad o existe una fórmula para evitar el inmovilismo, el anquilosamiento de la obra?

Movimiento. Aventura. No parar. No esperar por nadie. Todo aquello que no esté adoctrinado. Eso es arte joven. Buscar y buscar. Hacer sin nada. No importa la edad biológica del semental. O usando criterios de género: no importa el óvulo. Hazlo florecer.

Conozco a jóvenes, por ejemplo, que no hacen arte joven. En la próxima entrevista pregúntame nombres, ya es hora de comenzar a citarlos. Arte joven es aquel que da miedo. Conmocionar. Fracturar. Arte joven también es lo que hace Ivette Vian con casi 80 años. Vive creando con las mismas convicciones y en continuo ascenso.

El libro Hermanas de intercambio fue finalmente publicado por Gente Nueva, luego de cierta espera editorial. Ya nacido el hijo-libro, ¿qué te ha quedado de esta experiencia más allá del objeto arte?

Experiencia. Eso quedó. Reconocimiento a lo anteriormente opacado por el humo, porque ni neblina llegó a ser y el viento se lo llevó. Quedó disfrutarlo, aún lo hago. Sacarle el mayor provecho y seguir tan claro como antes e incluso más. Encerrarme a leer y crear sin apuros. Sin solicitudes de ningún tipo. Lo he dicho otras veces incluso, si alguien tiene bien claro lo que quiere en la vida, ese soy yo. Casi desde niño. Y de pueril solo me quedan algunos de mis personajes. Yo sé cuál es mi tambor, el que debo seguir. Y bailo al ritmo de este, eso me oxigena.

Hay escritores incómodos, escritores que hincan, cuyas obras son agujas, ¿te consideras ese tipo de autor, consideras a tu obra dentro del rango de lo filoso?

¿Filoso? Como le dije una vez a Enrique, yo sigo armándome de un dedal y una aguja. Luchando contra molinos con cada vez menos cordura y más determinación. Acaso inteligencia.