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Eric Flores Taylor: «Apuesto por entretener y hacer pensar a los lectores»

Eric Flores Taylor habla de sus verdades como escritor y podría decirse, como bien se afirma desde lo popular, que no tiene “pelos en la lengua”. Cáustico a veces, amigo siempre, Eric y yo nos conocemos desde el año 2016: él era por entonces un joven aspirante a escritor y yo poco menos que eso, una muchachita que daba sus primeros pasos en el mundo de la creación. Parte del camino del arte lo hemos recorrido juntos. Pero siempre que converso con Eric encuentro nuevos motivos para nuevas preguntas.

—Tu libro El bestiario Pavlov contiene nueve cuentos que has escrito recientemente. ¿Cuándo crees que un escritor alcanza su madurez creativa? ¿Qué temáticas o figuras aparecen representadas en este texto específico?

—Interesante pregunta la primera. A mi entender, la madurez creativa va de la mano tanto con el desenvolvimiento que se adquiere con el lenguaje y la narrativa como con la aceptación del público. En mi opinión, ningún autor debe conformarse con menos: hallar plena satisfacción y profesionalismo en su rama creativa y disfrutar del reconocimiento de los lectores. Esa madurez es difícil de conseguir, más en nuestros lares; sin embargo, creo que aún habiendo atrapado esa elusiva presa que es la fama y la capacidad de mantenerte económicamente haciendo lo que te gusta, aún después de esto, debes seguir buscando más allá, pues si declaras la montaña escalada, en cierta medida, dejarás de escalar en el futuro.

Sobre las temáticas de El bestiario…, pues puedo decir que es la colección más variada que he preparado. Contrario a otros libros de cuentos de mi autoría, este no tiene una temática central, como fue el caso de Jaurías…, o un género específico, como sucedía con En La Habana es más difícil. El bestiario Pavlov tiene variedad de personajes, desde un gato, un ratón y una casa en un trío caótico, hasta una masa de ancianos que emigran a expensas de abandonar a su suerte a las siguientes generaciones. Los temas también son un poco anárquicos, aunque siempre apuesto por entretener y hacer pensar a los lectores. En este aspecto toco nuevamente alguna que otra leyenda urbana o crónica roja, que tan bien funcionó con Jaurías…, pongo mucha imaginación, ironía y guiños a situaciones y estereotipos que cualquiera puede reconocer e identificar (o identificarse). Hasta cierto punto, esta colección es la mayor catarsis literaria que he hecho en mi carrera como autor, pues recoge mucho de mi parecer como persona volcado en las circunstancias y breves epopeyas que viven mis personajes.

—Cada uno de tus libros, ¿marca un antes y un después en tu obra, o prefieres verlos como un proceso continuo?

—En verdad nunca los he visto como un proceso continuo. Si acaso como una muestra de mi evolución como escritor, primero, y luego como autor. Tampoco pienso que haya un antes o un después, porque tarde o temprano vuelvo a retomar algún elemento y retorno a los orígenes del relato fantástico, de ciencia ficción y terror. Por lo tanto, me quedo con lo que te dije anteriormente: es un proceso de evolución donde intento mejorar con cada libro; crecer como escritor y buscar presentarle una mayor apuesta a los lectores, para que así ellos crezcan junto a mí, hasta conformar una relación estable, sólida.

—¿En qué se diferencia El bestiario Pavlov de tus propuestas narrativas anteriores?

—Creo que ya algo de eso adelanté en la segunda pregunta que me hacías. El bestiario… es un libro de cuentos al estilo antiguo y, si me permites, voy a explicarme. Varios de los mejores libros de cuentos que conocemos hoy no tienen una temática común, un hilo central ni nada semejante. Cierto que en estos tiempos las llamadas “cuenti-novelas” y las colecciones que se retroalimentan de sí mismas no son solo moda, sino también una evolución en la manera de acercarse al lector. Pero como todo en nuestro mundo es cíclico, ¿por qué no apostar por una colección de cuentos que no tengan nada que ver entre sí? Tal y como lo hicieron en su momento Cortázar, Maupassant, Poe. No obstante, no dejo de admitir que hice un poco de trampa e incluí en El bestiario, tres cuentos que están interrelacionados y que pueden leerse de manera independiente, pero que cobran mayor fuerza cuando el lector consigue enlazar la trama. Aun así, esos “tres mosqueteros” no tienen nada que ver con el resto de los relatos. En fin, esto es lo que más diferencia este libro de otros escritos por mí; por lo demás, nuevas historias fantásticas y realistas, en tonos grises que buscan hacer invisible la línea entre la cotidianeidad y el delirio.

—¿Cómo sería tu lector ideal? ¿Qué le pides a ese lector a la hora de enfrentarse a uno de tus textos? ¿Cómo te gustaría ser leído?

—Mi lector ideal es aquel que no deja de leer, que termina mi libro y busca otro más, mío o de otros autores. Un lector desprejuiciado en cuanto a géneros narrativos y que le guste enfrentarse a nuevos retos. Si a todo esto le puedes incluir un toque de fidelidad, pues perfecto.

Lo único que le puedes pedir a un lector, desde mi punto de vista, es que te haga el honor de hojear tu texto y lea las primeras líneas de la obra; el resto siempre estuvo en tus manos y en tu capacidad como autor. Yo apuesto por atrapar en esas primeras líneas, en el primer párrafo y en la presentación de la obra. Luego solo pido que les den una oportunidad a esos textos que están pensados exclusivamente para los lectores.   

Supongo que me gustaría, en algún momento antes de pasar a otro plano, ser leído de manera más analítica. Aunque reconozco que en mis comienzos solo me preocupé por el nivel anecdótico de mis historias, he ido descubriendo que en todas hay mensajes, secretos de mi entorno y de mi realidad que se han colado en las obras; mi manera particular de ver el mundo y la vida está dentro de estos textos. He tenido la oportunidad de que algunos lectores me hayan comentado de haberlo visto en libros como Entre clones anda el juego y Jaurías; mientras que otros como Crónicas de Akaland o En La Habana es más difícil pasan desapercibidos y pocas veces provocan una segunda lectura o una mirada más profunda para descubrir todo lo que escondí en esas cuartillas. Supongo que es parte de la rutina de un autor; no sé si cuando Oscar Wilde publicó El retrato de Dorian Gray, todos sus lectores entendieron la representación directa que hacía el autor de su sociedad, más allá de otros guiños que oculta ese libro, o si acaso fue el tiempo quien tuvo la última palabra. La crítica académica y los estudiosos de la literatura pueden ayudar en este objetivo, pero nunca he contado con esa gracia que otros autores alcanzan en ese nivel. Bueno, lo dejo en manos del público y del tiempo.

—¿Te consideras aún una “joven promesa” o sientes que es una etiqueta que no hace justicia a la calidad de tu trabajo? ¿Es hora de revisitar conceptos añejos como, por ejemplo, este?

—No me consideraba joven ni cuando tenía 22 años. Pocas veces me etiquetaron como «joven promesa», quizás porque muy pocos llegaron a verme como «promesa» en sí; cuanto más un bicho raro que nadie se explica jamás como llegó a hacer nada (risas). Bueno, con esto quiero decir que lo de joven promesa no me afecta ni a mí ni a mi trabajo, aunque sé que es una etiqueta difícil de quitarse de arriba, más en un ámbito cultural como el nuestro, donde los jóvenes son los más discriminados en muchos sentidos. Creo que mi trabajo está sostenido sobre bases lo suficientemente sólidas como para no sentirme, en estos momentos, socavado por un epíteto tan deslucido.

Sobre la hora… la hora es ahora y siempre. Hay una gran gerontocracia cíclica en el mundo literario en que nos movemos. Sin embargo, las mayores editoriales no creen en eso y, rigiéndose por el mercado, dan oportunidades a «jóvenes promesas» que pasan a ser «aclamados autores» de la noche a la mañana porque ya contaban con la calidad necesaria. En nuestro panorama no tenemos la oportunidad de comparar de manera eficiente y correcta la calidad de un autor en correlación con la aceptación del público. No nos enfocamos en el mercado, luego es fácil perder de vista que es la juventud la que más puede relacionarse con su propia generación y generar, renovar lectores. Por el contrario, una «élite» literaria puede aplastar con un comentario una carrera, o al menos hacer el intento por simplemente no agradarle el carácter de la «joven promesa». De forma particular no me molesta el cartelito, sino el trato que te dan, aun cuando no te lo cuelguen. Eso sí debe cambiarse e instaurar una relación de respeto mutuo y no de subordinación automática o de menosprecio inherente a tu grupo etario.

—En este año de aislamiento social, has representado a Cuba en diversos paneles online: por ejemplo, la Feria Virtual del Libro de México y Uróboros 2020. En este nuevo mundo que nos ha tocado vivir, ¿qué importancia les confieres a los lazos y sinergias que se gestan a través de las redes sociales?, ¿crees que están cambiando las formas de comunicación del arte?

—No, no creo que esté cambiando nada; por el contrario, creo que ya existe una base bien formada de formas de comunicación para el arte por las redes y el Internet. Lo único diferente es que somos nosotros los que estamos abriéndonos a ese mundo, descubriendo que hay vida más allá del libro físico y de las ferias nacionales. En cuanto a la importancia que le veo, pienso que uno de sus puntos más fuertes es el de conectar a autores, académicos y estudiosos de las letras. Me parece que actividades de este tipo son como una señal que enviamos fuera de nuestras costas en espera de que el receptor adecuado la reciba. Claro que esto lleva tiempo, suerte y paciencia pero, si no das el primer paso, ¿cómo lo lograrás entonces? En resumen, ya la estructura existe, ahora tenemos que adaptarnos a ella y en la medida de nuestras limitaciones, tratar de introducirnos en ese universo para visibilizarnos, más aún cuando es esta acción uno de los grandes problemas para los autores del patio.

tomado del perfil de facebook de eric flores

—Tu saga Guerra de dragones es un proyecto terminado: la tercera parte de la trilogía se encuentra ya en proceso de edición en Gente Nueva. ¿Puedes comentarles a los lectores algunos detalles de la tercera y esperada parte de estos libros? Ahora, una vez culminado el esfuerzo de escribir, por más de un quinquenio, esta trilogía, ¿qué cambios has sentido que su escritura ha gestado en ti? ¿Planificas enrolarte en otros procesos de larga data en el futuro?

—Sí, tengo al menos una saga personal con tonos de trilogía, más otra en deuda con Jesús Minsal. A la mía incluso empecé a arañarle las primeras capas a principio de la pandemia, pero las circunstancias no me han favorecido con la calma y el tiempo como para avanzar lo suficiente. En otros aspectos tengo una novela grande, también con Jesús, en desarrollo y, aunque no será una saga, sí creo que tiene lo necesario como para compararse con Guerra de dragones.

Guerra es como el resto de mis obras: una evolución viva de mi manera de narrar, de escribir, de contar. Si entre la primera y la segunda parte es posible ver un salto grande en la calidad escritural, esta tercera eleva más aún las apuestas y creo que supondrá una delicia para los lectores. Pienso que la descripción y los diálogos han mantenido un nivel adecuado, mientras que otros elementos como la trama y la manera de enfocar la historia han subido de nivel. Por otra parte, las escenas de combate siguen teniendo un peso esencial en la obra: cuenta con tres capítulos enteros dedicados a batallas campales, sin mencionar otros enfrentamientos más pequeños que ayudan a matizar el resto de los episodios donde sobresalen la intriga, la política, los complots y el necesario recuento de las acciones ocurridas entre el final de la segunda entrega y el comienzo de este último tomo. Siento que con Guerra III he tocado un techo en cuanto a lo que puedo conseguir con las limitantes editoriales que tenemos actualmente; ya sabes, límite de páginas en los libros. Puede que en otro ámbito hubiera nacido una obra diferente, quizás hasta uno de esos tomos gigantes de Sanderson y Rothfuss, pero como no es el caso, hice lo que estuvo en mis manos para no traicionar ni a los lectores ni a mí en cuanto a calidad, aventura, entretenimiento y hasta complací alguna petición… que dejo de sorpresa para cuando salga el libro.

—Eres un escritor que juega con un realismo teñido de pespuntes sobrenaturales, y a veces un escritor de fantasía que habla de eventos muy reales, ¿es necesaria una definición de géneros?, ¿te gusta que te consideren un escritor de un tipo u otro de literatura?

—Ante todo soy narrador, narrador de ficción. Lo de los géneros, o subgéneros, está de más. Muchas veces utilizo la palabra profesionalidad para describir la labor de un autor y con ello me refiero a dos cosas: sostenerte con lo que haces y dentro de lo que haces, saber hacer de todo un poco. Sobre esto último es que versa mi respuesta. Me he descubierto haciendo historias con tonos románticos (que jamás pensé hacer antes), historias realistas (de las cuales me aparté mucho tiempo), de temas variados como la discriminación o el despotismo oficializado, cuentos en los que prima la experimentación estilística, el tecnicismo y el lenguaje poético (tú, que me conoces bien, sabes que esas cosas eran para mí como el ajo al vampiro). Y aquí estoy, sigo tratando de innovar cada vez que me siento a escribir, de superarme y no encasillarme en un mismo estilo, en un mismo tema o género. Ya te dije, me veo como narrador de ficción y punto. Ah, que el reconocimiento del público y algunas de mis mejores obras sean del fantástico, no tiene porque ser demérito, si acaso todo lo contrario. Y sí, el haber empezado en estos mal llamados «subgéneros» fue lo que me permitió contar con una visión lo bastante diferente como para no ser englobado dentro de ningún grupo de escritores o generaciones literarias. Pienso que ahora estoy más separado de todo y de todos, lo cual me permite una perspectiva distinta. Pero siempre puedes tener claro que nunca traicionaré mi intención de que la ficción recupere ese intrínseco carácter fantástico que tenía antes del movimiento del realismo del siglo XIX. Y tampoco traicionaré mis intenciones de algún día conseguir una obra de terror con la suficiente calidad como para que sea reconocida tanto en Cuba como en el resto del mundo.

cortesía del entrevistado

—No pocos escritores jóvenes y lectores buscan referente en ti, ¿por qué crees que sucede eso más allá de la calidad indiscutible de tu literatura?

—Hablando en buen cubano: porque no le escondo la bola a nadie. No soy de esos que dicen «métete en un grupo y has carrera hablando de cómo van a cambiar la literatura», «todo lo que haces es válido, qué bien escribes», «lee muchas cosas experimentales y raras», etc. Quienes se han acercado a mí saben que cuentan con alguien que les dice las verdades a la cara; desde «mejor no escribas» y «estudia primero una carrera y después trata de ser escritor» hasta «tienes talento de verdad, ponte pa´ esto» o «no está mal, pero tienes que arreglar…». Así fue mi iniciación en la literatura, con personas como Michel Encinosa que de una cuartilla me sacó más errores que las rectificaciones públicas después de los fracasos de un quinquenio económico. Pero no me detengo en decir lo que está mal, yo no escondo el que creo que es el camino del éxito, el que me dio resultado a mí y que puede ser o no el que le resulte a otra persona: ese es el que conozco. Otros abusan de su «poder» o de sus «reconocimientos» para usar a quienes los admiran como acólitos ciegos, sordos y mudos o, peor aún, como secuaces que transmiten una doctrina de un mismo color. Por lo demás, siempre apostamos, Jesús Minsal y yo, a ser diferentes del resto, a hacer las cosas a nuestra manera y luego ver qué pasa. Hasta cierto nivel hemos tenido resultados sin vendernos a ningún sector o grupo, creando y reconociendo enemigos en quienes fueron amigos, quedándonos solos, pero seguros de que lo que hacemos, correcto o no, es consecuente con nuestras palabras, acciones y manera de ser y pensar. Por eso, hay personas, lectores u otros escritores, que vienen y conversan conmigo o con Jesús; si cuando chocan con nuestra cruda manera de ser y de decir las cosas se asustan y prefieren otros derroteros, pues valido igual. También existen aquellos que han escuchado y consideran que la nuestra es en parte su propia verdad; algunos de estos incluso han llegado a tener sus logros, pero no gracias a nosotros, sino a su perseverancia por seguir el camino del trabajo duro, la disciplina y el amor a la profesionalidad.

—En la actualidad, ¿en qué género te sientes más cómodo?

—Si hablamos de género como tal, en el sentido más tradicional de la palabra, pues creo que en el cuento, ya que me permite una libertad de tiempo que la novela me corta. No obstante, la novela me ayuda a soltarme en cuanto a la extensión y límites narrativos, siempre que cumpla con las especificidades poligráficas. El cuento me fluye bien, aunque no domino aún los límites pequeños que tanto gustan en los concursos actuales. Me gusta la extensión de entre 15 y 20 cuartillas a espacio y medio, me siento muy bien cuando hago relatos de esas dimensiones. Otra cosa: si con el cuento pruebo o experimentos con técnicas, estilos y temáticas, es en la novela donde de verdad tengo que afinar para poder introducir esa evolución escritural sin que se afecte el ritmo de la trama ni resulte antinatural para el lector. Creo que la novela es el género que más precisa de un narrador completamente invisible y fluido, pero no por eso voy a dejar de innovar en mi escritura ni voy a limitarme a hacerlo como ya sé que funciona; por el contrario, ahora una novela es un reto cada vez mayor, tanto para mí al escribirla como para el lector que la lea y sea capaz de ver cuánto he tratado de introducir de forma invisible en el texto.

Ahora, sobre el género como temática, pues me siento muy cómodo en el fantástico y en la ciencia ficción. Me resulta bastante fluido el investigar un aspecto científico y llevarlo a un conflicto humano en un ambiente futurista o ucrónico. Mi reto en cuanto a género temático sigue siendo el terror: ni le pierdo el respeto ni me llego a sentir ducho en su realización, a pesar de haber dado algunos golpecitos a su puerta.

cortesía del entrevistado

—¿Eres un escritor que busca tener un estilo perfectamente reconocible o apuestas por la pluralidad? A tu entender, ¿un escritor debe renovarse continuamente?

—Cuando hago novelas apuesto por que mi estilo sea invisible, ya lo decía arriba, así que no creo que sea reconocible dentro de otras obras afines. Cuando hago cuentos, busco cambiar constantemente y prefiero esa pluralidad que mencionas. Sobre si un escritor debe renovarse, creo que es una decisión de cada cual. Yo pienso que sí, pero mi verdad no es la de los demás y hay quienes se sienten cómodos quedándose eternamente en su zona de confort, lo cual no veo mal; simplemente yo busco más, aunque no lo consiga del todo o pocos lleguen a reconocerlo, como también te comenté.

—De los personajes de todos tus cuentos y novelas, ¿cuál es tu favorito y por qué?

—Difícil, muy difícil. Casi todos tienen un poco de mí dentro, como es natural. Voy a apostar por darte la respuesta del primero que me salta en la mente: Hyler. El nombre es un anagrama de la isla donde habita Cthulhu, según la mitología de Lovecraft. Hyler aparece en el último cuento de Crónicas de Akaland y tiene un comportamiento muy Flores Taylor, por decirlo de algún modo. A este personaje le debo una saga completa y me encantó escribir esta escena que me gustaría compartir:

El tormento duró mucho, mucho tiempo. Tanto que cuando la mandíbula y los dientes de la mujer se convirtieron en polvo, junto al resto de su esqueleto, sus chillidos aún siguieron levantando ecos entre las galerías de la caverna. Y perder cada uno de sus huesos no fue lo peor. Ahí, tirada en el suelo, convertida en un desecho de cuero y tendones, con los órganos marcándose a través de la piel, Juth aún continuaba viva.

—Me has asombrado —dijo Lasypr dirigiéndose a Hyler—. Nunca pensé que serías tan cruel con tus propios hijos. Esa, ¿qué te hizo para merecer tanto?

—Nunca daba los buenos días —respondió el dios recuperando su espada—. Era muy maleducada.

—¿Quién es Eric Flores Taylor, el escritor, y quién es Eric Flores Taylor una vez que cierra la página en blanco?

—Supongo que la misma persona, nunca había pensado en eso. Pero mientras escribo también soy parte de los personajes, soy narrador, soy un director de cine, soy el productor de una historia que no apunta a menos que al reconocimiento del público. Cuando no escribo, soy una persona que intenta ser consecuente consigo mismo y con el mundo, soy padre y esposo, amigo de quienes se lo merecen, soy nostálgico, idealista, un poco ermitaño, trato de mantener en constante tratamiento conductual mis instintos más apasionados, pero sobre todo, soy honesto y sincero hasta el punto de buscarme más problemas, enemigos y malas opiniones de las que puedo contar o recordar. Pues como dice Sabina en una de mis canciones favoritas: «por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo; más de un beso me dieron y más de un bofetón».


«La escritura y la poesía son mis paracaídas»

Pablo G. Lleonart sabe que la literatura —que la creación en sentido general— es un salto de fe al vacío. No obstante, se arma, se prepara el joven artista para que su descenso vaya acompañado por la palabra, la escritura y la poesía. Estos paracaídas lo han sostenido bien. Las redes sociales —un espacio de conexión ya no alternativo sino imprescindible, que ambos defendemos— nos hicieron contactarnos por coincidencia. Pero, nada es coincidente en esta vida, es mi creencia. Conocer un poco más de la obra Pablo G. Lleonart fue el motivo que me llevó a este diálogo.

Se ha hablado mucho (y debatido) acerca del concepto juventud en relación con el material artístico, ¿cómo se concilia una relativa corta edad biológica con la calidad de la escritura?

Pienso que para valorar la calidad literaria no podemos juzgar la edad del escritor, el texto se defiende por sí solo. Carson McCullers escribió El corazón es un cazador solitario con 23 años, Rimbaud tenía 19 cuando apareció Una temporada en el infierno. Harold Bloom con 30 años ya daba clases en Yale y había escrito tres libros sobre el romanticismo inglés considerados innovadores por la crítica. Ejemplos sobran. No obstante, a medida que se crece en edad también se gana en experiencia y se tienen más lecturas asimiladas que permiten enfrentar el ejercicio de la escritura con mayor madurez. La calidad literaria radica en el rigor y seriedad con que afrontemos el ejercicio de la escritura.

Como joven creador, ¿qué buscas, qué te interesa contar?, ¿qué no buscas y qué nunca contarías en tus historias?

Como creador busco que mis historias y mis poemas sean capaces de calar en el lector, que estos sientan los mismos placeres que yo cuando leo a Lorca, Borges y Pessoa: creo que ese sería el sueño de cualquier escritor. Me interesa abordar lo universal desde lo cubano, ser capaz de que un verso o línea que haya escrito conecte con el otro y este se sienta identificado con lo que lee. No busco la grandeza, esa se la dejo a Dante. Nunca contaría mis historias de amor, o tal vez sí.

¿Influye en tu percepción de la realidad —y en tu transformación de esa realidad en materia ficcional— los estudios de Periodismo?

Comencé estudiando Ingeniería Mecánica en la Universidad de Matanzas. En aquel entonces me interesaban los “números”, todavía me interesan; pero la carrera en su propia dinámica, como es lógico, me distanciaba de mi otra pasión: la literatura. Ante la disyuntiva opté por cambiarme para la Licenciatura en Periodismo, la cual no solo me aportaba herramientas para desarrollar habilidades a la hora de escribir sino que también me mantenía vinculado a la vida cultural de mi ciudad.  

El diálogo constante   enfrentar diversidad de criterios entre compañeros y profesores durante cinco años de la carrera de Periodismo ayudó a formar mi pensamiento crítico. Otra influencia de mi profesión quizás sea el hecho de que me ayudó a expresar las ideas de manera clara, sin muchos rodeos, lo cual el lector siempre agradece. Tanto la literatura como el periodismo se nutren de la misma materia prima, la palabra. Sería entonces, a la hora de la creación, un poco como navegar entre dos aguas.

¿Qué consideras imprescindible en la formación espiritual de un escritor joven? 

Tres cosas: leer, leer y leer, y si me dejan agregar una cuarta por aquello de que los tres mosqueteros son cuatro, diría que aprender a escuchar receptivamente. En Matanzas he tenido el privilegio de poder dialogar con personas y creadores magníficos como Alfredo Zaldívar, Laura Ruiz Montes, Ulises Rodríguez Febles, José Manuel Espino… y muchos más que han abierto siempre sus puertas al diálogo con los más jóvenes.

¿Por qué la poesía? ¿Por qué escribir?

Si hay que buscarle un “por qué” a por qué escribo, creo que se lo debo en especial a mi madre, la cual es bibliotecaria y de pequeño siempre hizo que creciera rodeado de libros. También la suerte de tener profesores durante mi formación académica que estimularon la creación, como el repentista Orismay Hernández, y la pareja formada por María Isabel Tamayo y Ulises Rodríguez Febles.

La culpa de que escriba poesía la tiene Leymen Pérez, quien me alentó en 2017 a incursionar en ese género. Hasta ese año solo escribía narrativa y me concebía como “narrador puro”. Pero ya lo dijo Billy Collins: lo malo de escribir poesía es que anima a escribir más poesía. Y desde entonces la poesía me ha cautivado por completo.

Resumiendo, la escritura en mí es una necesidad. Si Huidobro dice que la vida es un viaje en paracaídas, la escritura y la poesía son mis paracaídas, me mantienen a flote, me sostienen.

Como lector, ¿qué buscas en un buen libro? ¿Cambia esa opinión, esa percepción a la hora de ser tú quien produce/escribe un libro?

Considero que la lectura es una praxis personal. En particular, lo que me apasiona de un buen libro es el cúmulo de belleza (estética) más la extrañeza que pueden producir una serie de palabras colocadas unas tras otras, hasta que logran en mí eso que Yeats llamó “estado de fuego”, que no es más que la sensación de entelequia que nos posee cuando las palabras tocan cada fibra de nuestro espíritu. Al leer así nos sentimos plenos, realizados.

Cuando soy yo quien escribe siempre trato de separarme del texto que escribí y asumo una postura de lector que se acerca por vez primera a ese texto. Por supuesto, si yo mismo no soy capaz de conmoverme con lo que escribo, nadie lo hará tampoco.

¿Sueles leer a tus contemporáneos, tanto nacionales como internacionales?

Por supuesto, e igual pretendo que me lean. Si nosotros mismos no nos leemos, qué podemos esperar de otros. Los clásicos siempre serán un referente, un paradigma, pero el lenguaje del siglo XVII no es el mismo que el del siglo XXI, ni el lector de entonces es el de hoy. Yo apuesto por el futuro de la lectura y la literatura, y ese futuro se empieza a labrar desde la contemporaneidad. En mis anaqueles tengo libros de Shakespeare y Cervantes,  pero también los de Elaine Vilar Madruga.

¿Crees que puede aprenderse, así sea de la diferenciación o la emulación, de aquellos con los que se comparte generación, tiempo y espacio geográfico?

Creo que sí, que el escritor y el artista en sentido general deben tener siempre la capacidad de aprender de sus contemporáneos. En la medida en que seamos capaces de entrar como generación en un diálogo creativo creceremos no solo individualmente como creadores sino también que le aportaremos a la cultura cubana una mayor posibilidad de enriquecimiento simbólico.

Por ejemplo, cuando se lee a Wordsworth, Keats, Shelly, Byron sabemos que estamos leyendo a Wordsworth, Keats, Shelly, Byron pero, al mismo tiempo, en esa singularidad existe una unidad que los hace trascender a ellos individualmente y como representantes del romanticismo inglés.

¿Existe, para ti, una generación escritural? ¿Te sientes parte de una?

No creo que exista una generación, entendiendo el término generación tal y como nos referimos por ejemplo a la Generación del 27 o al grupo Orígenes. Sí me siento parte de un grupo de jóvenes que compartimos una serie de intereses literarios y temáticos porque vivimos en el mismo tiempo y espacio geográfico.

tomada del perfil de facebook del autor

Coméntame un poco de tu proceso creativo…

El escritor tiene tres fuentes de inspiración: lo que lee, lo que le cuentan y lo que vive. De ahí nos nutrimos para conformar nuestras historias. En mi caso se da la combinación de esas tres: puedo estar caminando por la Calle del Medio en Matanzas o ir en un ómnibus en uno de esos recorridos rutinarios, o leyendo sentado en mi casa… en cualquiera de esas situaciones la musa es capaz de atraparme y, una vez que lo hace, logro esbozar un primer manuscrito que con el paso del tiempo siempre reescribo y vuelvo sobre él, hasta que me convenza que tiene algún valor literario. No tengo una hora del día específica, considero que todo momento siempre es oportuno para escribir.  

El rigor del oficio, ¿es indispensable o puede ser suplido con otras herramientas simbólicas?

Mario Vargas Llosa decía que los jóvenes de hoy no están preparados para leer libros extensos porque tienen muchas cosas en mente. Al mismo tiempo atienden a un libro, a la televisión o la computadora encendida o al teléfono celular que suena… A lo que Juan Villoro respondió que eso lo ha visto con su hija. Lo interesante es que ella, decía Villoro, anda bastante atenta a todas esas cosas que refiere el Nobel peruano. O sea, antes estabas fijo en una plataforma y ahora digamos que la mente opera más como un radar, y eso al mexicano le parecía más positivo.

Estoy de acuerdo con Villoro, me parece que hoy no solo los escritores, sino todos, tenemos mayores herramientas simbólicas a las que aferrarnos y complementar eso que llamamos el rigor del oficio.

Más allá de la lectura, ¿existe un ámbito artístico, cultural, histórico, o de cualquier otro tipo que nutra tu escritura? ¿Qué temas te interesa reflejar en tu creación?

Me interesa mucho la Historia y cómo se conectan los diferentes procesos históricos unos con otros, la concatenación de los hechos que nos llevan a ser lo que somos. Eso también lo intento reflejar en mis textos.

Las redes sociales han pasado a formar —sobre todo durante el último año (este nefasto 2020), pero incluso desde mucho antes— parte indispensable del proceso de comunicación del arte y casi uno de los pocos recursos que nos ha quedado para comulgar con el otro (ya sea el otro artista o el otro lector, receptor). ¿Crees que nuestra forma de entender la creación, fundamentalmente la literatura, está destinada a cambiar gracias al influjo de las redes sociales en la vida del autor?

Es un poco lo que te respondía anteriormente, el escritor del siglo XVIII no tenía televisión ni Internet, por lo tanto su comunicación con el otro y sus procesos creativos respondía también a ese contexto histórico. Hoy podemos estar intercomunicados, hoy puedo hablar e intercambiar ideas con poetas de disímiles latitudes y eso forma parte de nuestro día a día, lo que por supuesto hace apenas cien años hubiera resultado imposible. Yo soy de los que defienden la idea del canon literario de Harold Bloom, el cual no ve el canon como un cuerpo ideal, sino como un cuerpo sobreviviente y que es y será capaz de mantenerse durante el decursar de los tiempos.

La influencia de Shakespeare y Cervantes será eterna y las nuevas tecnologías podrán hacer que encontremos otras formas de acceder y de (re)interpretar los clásicos, pero nunca podrás obviarlos porque tienen la capacidad de conocernos y nosotros de reconocernos en ellos. El placer estético de leer una obra universal jamás podrá ser suplantado por las redes sociales. Que usemos otras plataformas para exponer y multiplicar la literatura no implica que cambie los genes de lo que es la literatura desde Homero hasta la actualidad.

¿Cuál es tu visión sobre el fenómeno del libro digital aplicado a la realidad cubana actual? ¿Están los lectores listos para ello? ¿Y los autores?

El libro digital es un hecho en el mundo del siglo XXI. El lector siempre agradecerá las facilidades que brindan las tecnologías para hacerse con la literatura que consume. Además, es una ventaja poseer miles de libros en el teléfono en vez de que ocupen un espacio físico de la casa. El problema que veo en el contexto cubano es la infraestructura necesaria para llevar acabo semejante transformación, y así poder hablar de un mercado digital del libro. El lector cubano me parece más preparado para ese cambio que los propios autores. El lector joven, sobre todo, ha crecido leyendo mucha literatura digital. Pero a los autores les será más difícil asimilar, no ver sus libros en físico, no poder firmarlos ni interactuar con el potencial lector.

¿Cómo te gustaría que definieran tu estilo? ¿Cómo lo definirías tú?

Leymen Pérez dice que soy un escritor intertextual, y estoy de acuerdo con él. Me gusta una idea de Laura Ruiz Montes sobre mi primer poemario, Habitantes de Marte, en la que dice que anclo en el trópico una traducción de lo universal. Creo que lo más importante del estilo radica precisamente en tener estilo, que cuando me lean reconozcan a Pablo G. Lleonart.


«Solo lo auténtico no se desvanece»

Nos conocimos en el Curso de Técnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso. Corría entonces el año 2008, si la memoria no me falla. Carlos Ettiel Gómez Abreu y yo compartíamos no solo las aulas del Onelio sino también esos oportunos encuentros entre creadores que, más allá de las clases, conectaban a espíritus y artistas afines. Los años han llovido desde aquel momento, pero Carlos Ettiel continúa siendo ese muchacho auténtico que cargaba poemas, rimas y palabras. Aún sigue confiando, como yo, en la perdurabilidad del buen arte y su necesaria (r)evolución.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Es necesaria una actualización de lenguajes y referentes para dialogar con el niño lector contemporáneo, o piensas que las (r)evoluciones de la literatura infantil y juvenil deben marchar por otros caminos?

Sí. Es necesaria una actualización de lenguajes y referentes para dialogar con el niño lector contemporáneo. El niño de hoy es diferente al que fuimos los autores que hacemos literatura para este tipo de público. Algunos problemas, conflictos familiares reflejados en la literatura para niños se mantienen en el tiempo, pero hay que recontextualizarlos. Además, incluir nuevos elementos ficcionales, tramas, mundos desconocidos, personajes diferentes, en aras de diversificar temas, contextos, argumentos… que son infinitos (tantos como pueda imaginarse en varios campos poco explorados); sin embargo algunos autores insisten en repetirse, manteniéndose en su zona de confort. También debe modernizarse y atenderse el lenguaje para que no aparezcan (como suele ocurrir) expresiones del registro que delatan al adulto narrando la historia o como sujeto lírico en el caso de la poesía: el niño lo descubre con facilidad, entonces se distancia; no puede subestimarse su poder de lectura, mucho más variado y rico que el de los adultos.

Aunque tu pregunta compuesta está enlazada con una “o” (disyuntiva) no escojo entre una u otra. Para mí, ambas respuestas son un SÍ. Pienso que las (r)evoluciones de la literatura infantil y juvenil deben marchar por otros caminos. Pocos autores exploran formas o temas novedosos, pero no es la generalidad. No mencionaré nombres ni cuál es el derrotero, baste decir: es aquel que no se halla transitado aún, solo es preciso imaginar.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Escribo generalmente por las mañanas. La historia o poema da vueltas en mi cabeza durante el día, puedo soñarlo en la noche y en las primeras horas lo paso al papel. También suele llegar la inspiración a otra hora. En ese caso no espero a la mañana, debo sentarme de inmediato para no olvidarlo, pues es un crimen desperdiciar ideas. El ritmo biológico está más arriba y el cerebro más fresco entre las siete y las diez de la mañana. Para cada género no es igual el proceso creativo. La poesía demanda alta inspiración, dominio de elementos formales, más libertad espiritual. La narrativa, mayor concentración y dominio de toda la trama ya contada, características y lenguaje propio de personajes; conocimiento claro de las escenas, resúmenes, indicios, catálisis, conflictos e informantes en cada capítulo, a fin de sugerir sin regalar; que no haya efecto sin causa, que todo lleve a dos o más lecturas en la corriente subterránea de sentido, que se resuelva solo lo justo, sin excesos ni insuficiencias en ninguno de los ingredientes anteriores. Intento de manera primordial cumplir con la ley del interés (mostrando solo la punta de iceberg). 

Algunos critican las técnicas aprendidas en el curso Onelio. Es cierto que deben emplearse de manera natural sin evidenciarlas burdamente; pero en mi criterio, su dominio y uso consiente deriva en resultados maravillosos: son imprescindibles para que el texto no sea mero relato y cobre verdadero valor estético literario.

La poesía clásica rimada, en sus diversas variaciones estróficas, forma parte de tu quehacer literario, ¿de qué manera la tradición puede resultar atractiva al lector de hoy?

La tradición puede y resulta muy atractiva al lector de hoy, en especial la infantil. Estas formas estróficas con métrica y rima son atrayentes para el niño. Las he estudiado para hacer nuevos experimentos que, siguiendo el canon, rompan algunos elementos de su escritura, pero mantengan una parte considerable de la estrofa, a fin de que la innovación sea aceptada por el pequeño lector y los autores; denotándose la intención escritural, la inventiva consciente que debe contribuir a algo nuevo y superior, ser acertada, y no parecer desliz impensado o imposición forzosa. Para rescatar la tradición hay que innovar. Esto debería hacerse también en la literatura para adultos. Unos pocos lo han hecho ya con la décima y el soneto; nadie, con otras estrofas.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Cuán importante es para ti la arquitectura de un libro en tanto materia estética?

Es fundamental. Cada poema, sección o capítulo debe estar muy bien ubicado y concebido en una dramaturgia general. Por ejemplo: poema pórtico, de inicio de secciones, los otros relacionados en sinergia de contenido, poesía final. (Aunque hay textos aparentemente alocados que son válidos si su diseño es funcional). La calidad de ilustraciones, su ubicación, así como la cubierta son de relevancia suprema, si no son estéticas que te echan a perder el libro.

¿Eres de aquellos autores que juzgas a un libro por su cubierta?

No juzgo a un libro por su cubierta, me baso en el autor, tema y nota de contraportada.

Por otra parte, me gusta que mis libros tengan cubierta atractiva, porque los escritores hacen como yo, van a leer detrás los elementos de interés sobre el volumen; pero el público en general no hace esto. Solo mira la cubierta: el rostro del libro, la carta de presentación. Cuando la cubierta es mala, el lector no compra el libro, ni siquiera lo pide para hojearlo.

En las relaciones del mundo editorial (con agentes, editores, ilustradores, etc.), ¿cuál consideras la más importante por sus repercusiones en la vida del autor?

No sé qué decir. Soy mi propio agente. Los ilustradores son una caja de sorpresas. Los hay muy buenos y los que dibujan muñecos horribles considerados artísticos o interpretan mal el texto que ilustran. Con los editores siempre trabajo por correo electrónico. (Algunos me hacen revisar de más, pues no le encuentran ningún error a mi obra, cuando en realidad siempre hay detalles que pulir). De estas relaciones, creo que la más importante en mi vida de autor se debe a los editores.

¿Por qué crees que el mercado internacional luce, al menos en apariencia, tan reacio en abrir sus puertas a nuevos escritores, fundamentalmente cubanos?

No creo que el mercado internacional esté reacio a abrir sus puertas a nuevos escritores cubanos. La primera barrera es nuestra. Tenemos que escribir mejor. Gestionar más; ya que apenas tenemos agentes aquí, establecer lazos con extranjeros y aprender de su experiencia, no temer a este mundo del mercado que tiene sus complejidades. Para quien vive en un pueblo aislado, sin la tecnología, relaciones ni recursos de las capitales de provincia o La Habana, este reto es mayor, pero no hay puerta que no pueda abrirse si la empujamos fuerte.

Entonces, ¿existe una verdadera apertura editorial del talento nacional a otras oportunidades más allá de nuestro contexto geográfico?

Hay una discreta apertura editorial del talento nacional a otras oportunidades más allá de nuestro contexto geográfico a partir del lento desarrollo de Internet en nuestro país, el temor y la falta de gestión, iniciativa o esfuerzo de los autores por explorar estos terrenos. Algunos se han decidido. Falta mucho camino por andar.

¿Está el niño listo para leer sobre todo tipo de temas, para conocer todo tipo de personajes, o piensas que el escritor debe ejercer algún juicio, de tipo estético pero también de cualquier otra índole, a la hora de abordar determinadas realidades?

El niño está listo para leer sobre todo tipo de temas, para conocer todo tipo de personajes. El escritor debe presentarlo con tacto, mesura, buen gusto estético, pero sin miedo a ningún tipo de argumento complicado. Esto lo tienen claro autores como Luis Cabrera, Mildre Hernández, Eldys Baratute, entre otros.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Existe la autocensura?

Sí existe la autocensura, porque muchos piensan en qué dirán los lectores sobre la trama de su texto cuando abordan un asunto difícil. En algún momento he vacilado, pues hay temas duros, cuyas interpretaciones negativas pudieran acarrear problemas al autor. Esto ocurre mucho con el humor, la crítica social, la ironía, los temas de sexo, etc. Desde hace tiempo intento no autocensurarme. Que sean otros los que me digan que está “muy fuerte”.

¿Qué lugar ocupa, dentro de tu producción, la literatura escrita para adultos? Tengo la impresión de que no es el área más conocida de tu trabajo…

Sesenta por ciento para niños; cuarenta, para adultos. Escribo bastante para adultos, aunque es menos conocida esta producción. (Siempre unos géneros encuentran mayor salida que otros, tampoco ayuda vivir en un pueblo lejos de los centros de poder). Tengo varios libros de décima, poesía, cuento, minicuento y novela para adultos en editoriales como Montecallado, El mar y la montaña, Letras Cubanas. Entre ellos los premios Francisco Riverón, Juan Francisco Manzano y Regino Boti.

El humor es una herramienta de transformación de la realidad. ¿Cómo lo empleas dentro de tu literatura?

Considero muy importante el humor. Ayuda a mantener el interés en el texto, le da realce estético (aunque algunos crean lo contrario), mueve el pensamiento, transforma la realidad. Por eso tiene un lugar distinguido en mi literatura. Tengo varios libros de décima humorística y en casi todas mis noveletas hay una fuerte dosis de humor; a veces sutil, irónico, alejado de los gags y chistes poco originales o discriminatorios. No considero que sea “menor” una décima cómica cuando el humor maneja los resortes esenciales para un elevado nivel estético de este difícil género que, como bien se dice, es muy serio aunque trate de provocar sonrisas.

¿Cuál sería tu lector ideal?

Cualquiera que se acerque a mis libros con el único propósito de disfrutar. Sin interés de aprender nada ni analizar los atributos de lo escrito. Solo por divertirse, emocionarse, encontrar deleite para su espíritu.

En los tiempos actuales, ante las (in)certidumbres que enfrentamos como creadores en un panorama nacional e internacional cada vez más cambiante, ¿a qué puede el artista aferrarse?, ¿qué es lo sólido?, ¿qué no se desvanece?

El artista puede aferrarse a los clásicos, a su intuición, a la musa que lo impulsa por senderos de espíritu y emoción, reflejando lo cercano y a la vez lo universal, los símbolos y valores, lo efímero y pueril. Lo sólido es lo sincero, el escritor no puede engañar, construir, aprovechar tendencias, sino soltar el alma. Solo lo auténtico, original y franco no se desvanece.


Barbarella D´Acevedo: «El arte es un instante de desnudez total»

Su particular nombre resuena aquí y allá. Trae sonoridades cinematográficas. Accede a las gavetas de nuestra memoria emotiva como espectadores del séptimo arte. Barbarella D´Acevedo construye sus imágenes desde la palabra, y desde la palabra invita a la desnudez y a la sinceridad del arte de la escritura, y al salto de fe que todo creador necesita

—¿Qué conexiones, menos o más evidentes, existen entre el mundo de la teatrología y el de la narrativa?

—Quizá la conexión más evidente entre ambas vertientes viene dada por el hecho de que se articulan a partir de un mismo modo de expresión, que es la palabra escrita. La narrativa puede transcurrir desde la ficción y la teatrología, por su parte, se construye como ejercicio de crítica e investigación que indaga el universo de la escena. A mí en lo personal la teatrología me brindó la posibilidad de sentirme cómoda con la escritura, y adquirir esa soltura que algunos alcanzan desde otras carreras, como pueden ser el periodismo o la filología. Justo la teatrología me permitió aventurarme también en la práctica del periodismo cultural más allá del teatro, en espacios como Esquife, la web de la AHS u Opus Habana.

—¿Cómo has transitado de la crítica teatral al género narrativo?, ¿por qué esta mutación?

—La literatura forma parte de lo que soy. Escribo desde siempre, desde niña y adolescente. Llego al teatro por una herencia hasta cierto punto familiar. Mi papá, Tomás González, fue dramaturgo y director teatral, entre otras muchas cosas; y yo pasé una etapa temprana de mi infancia participando de sus procesos de dirección, por aquel entonces frente a su grupo Teatro V, y también pude ver cómo concebía sus textos. Así, hasta cierto punto fue natural que me inclinara a estudiar teatrología. No definiría mi proceso como un tránsito, porque mientras ejercía la crítica teatral, a la par escribía aunque sin llegar a socializarlo. En la actualidad, si bien me he centrado más en la narrativa, no abandono, por ejemplo, el campo de la investigación teatral, que me sigue apasionando. Anda por ahí un libro que escribí sobre teatro asiático, con el cual no he definido aún qué hacer. Creo que ambas cosas están en mí y persisto en llevarlas a la par.

cortesía de la entrevistada

—¿Qué entiendes es el arte?

—Esa es una pregunta que yo misma me hago a menudo y cuya respuesta quizá he ido modificando a lo largo del tiempo, en tanto uno vive en proceso de transformación continua, como ser humano y como creador.

Ahora mismo pienso que el arte es un instante de sinceridad, de desnudez total.  Solo desde la sinceridad se puede pretender conmover a otros. Debe resultar capaz de generar un impacto en quien lo aprecia, aun si se trata solo de su propio creador. O sea, requiere de dos: un emisor y un receptor, si bien el receptor puede ser muchas veces el propio artista…

El arte es algo que te cambia, ante lo cual no puedes permanecer impasible; muchas veces, en mi caso, tiene que resultar visceral. Quizá la transformación que genera solo opera a nivel intelectual y no emotivo. Eso también es válido. Pero si una obra, de la naturaleza que sea, te deja sintiendo o pensando, o cuestionándote, si te genera placer o incluso malestar, entonces es arte. Y eso ni siquiera tiene que ver con sus posibles estéticas, o conceptos como “lo bello” o “lo feo”, o lo clásico, lo moderno o lo posmoderno. De ahí que puedan entenderse como arte obras tan contrapuestas, a simple vista, como La Gioconda de Leonardo da Vinci y el performance de Marina Abramović, The artist is present.

—¿Puede hacerse una calificación o se puede ejercer un criterio estético sobre qué es un buen o mal libro? ¿En qué basamos nuestros criterios de calidad en la Cuba de hoy?

—Tal vez un libro se puede calificar como bueno o malo desde un punto de vista estético que reconozca sus “cualidades” o “defectos” a nivel de técnica, sintaxis, o sea, desde la cáscara, lo externo. A mi parecer, el dominio técnico es importante, pero esto no es lo único que determina si un libro es bueno o malo. Todos conocemos a autores, cuyos nombres incluso pueden llegarnos ahora como símbolos de renovación y vanguardia, que en su momento rompieron con una tradición que por demás respondía entonces a determinado criterio o canon estético; canon que puede cambiar y cambia, incluso gracias a esos que se han lanzado a hacer la diferencia.

Más allá de esto, que tiene que ver con la renovación formal, conocemos a autores que a pesar de escribir aparentemente “mal”, o sea, de tener una sintaxis poco afortunada, poseen una obra capaz de conmover con una fuerza mayúscula, y eso los ha hecho trascender a lo largo del tiempo y ser reconocidos. Y también los casos opuestos, obras “bien hechas” que no dicen nada.

El virtuosismo puede ser esencial si no se usa para enmascarar una carencia de contenidos o sentimientos. Si pensamos en el ballet, por ejemplo, un bailarín puede hacer 30 fouettés, pero si no lo hace con alma, con verdad interior, entonces su ejecución se convierte en mero acto de circo. Algo similar ocurre con los libros.

Otra cosa: en la Cuba de hoy tenemos que aprender a escuchar también a los lectores, ver qué libros consumen, buscan, les atraen, y conocer sus motivos y motivaciones.

—Sobre la dinámica de los premios, ¿es este un pacto de fe de los escritores, un salto al vacío, o solo estrategia de promoción?

—En los premios se combinan esas tres cosas. Yo los veo muchas veces como una oportunidad de que un autor que inicia su carrera se pueda dar a conocer y alguien apueste por él, de modo que consiga entrar en el mundo editorial y publicar. Creo que desde ese punto de vista, los premios son importantes.

Constituyen, sí, un salto al vacío. Ganar puede depender de que justo tu obra sea capaz de conmover a un jurado, de entrar en sintonía con este, que además se va a centrar también en sus valores técnicos y en una cosmovisión del mundo que deberá compartir contigo mientras dure al menos su lectura.

el hada marrana Barbarella

—¿Cuál es el principal obstáculo de un autor cubano en la realidad actual que nos ha tocado vivir?

—La mayor desventaja que enfrenta un autor cubano en el presente tiene que ver con el mundo editorial y la dificultad que afronta a la hora de encontrar espacios para publicar. Incluso si halla esos espacios y su obra es aceptada, tiene que sufrir situaciones como la crisis de papel, los retrasos en los planes editoriales de un año a otro (propiciados también a causa de ese primer punto), y la posterior demora de los poligráficos. A veces el tiempo que transcurre entre la escritura de un libro y su publicación se convierte en algo tortuoso para muchos autores.

Otro tema escabroso en nuestro contexto es el lugar que puede llegar a ocupar el libro digital, en tanto no estén articuladas las estrategias para su distribución y venta, y los espacios para este fin; tampoco existe un lector mayoritario que cuente con el hábito de consumirlo. Pienso también en particular: los libros para niños, por ejemplo.

—Transitar el espacio geográfico de publicación, ¿es un paso obligatorio para un autor o un escaño que puede ser o no transitado?

—Agradezco mucho la oportunidad de haber publicado en editoriales extranjeras como Primigenios o DMcPherson, que me han brindado espacios y han creído en mí, permitiéndome también el intercambio con otros receptores. Ofrecen una opción bien interesante y digna de ser tenida en cuenta, con catálogos donde figuran un sinnúmero de escritores nacionales. 

Aun así, creo que todo autor cubano desea darse a conocer en primer lugar a nivel nacional, en tanto le es necesaria también la interacción con esos lectores más cercanos desde el punto de vista geográfico y con otros escritores del propio país… Creo incluso que publicar en Cuba, máxime con las dificultades que se encuentran para ello, le añade más “credibilidad” a cualquier autor. Por eso sí considero que esto, más que un paso obligatorio, opera casi como una necesidad.

—¿Qué lugar tiene para ti, en la narrativa, lo erótico y lo humorístico? ¿Qué herramientas textuales te brindan estas temáticas?

—El humor a veces me nace sin que me dé cuenta. En dependencia de la historia que estoy concibiendo, ella misma me va a llevar hacia un tono más serio o sarcástico en relación con sus propias necesidades. Lo que quiero decir es que muchas veces ni me lo planteo, sino que brota de manera espontánea.

Lo erótico es otra cosa. Me interesa explorarlo porque, pese a formar parte natural de la vida humana, muchas veces permanece relegado en materia de creación. Creo que hasta hoy a muchos les resulta perturbador o provocador. Incluso si contamos con obras como las de Henry Miller o Anaïs Nin, el tabú con respecto al sexo en el arte, con respecto a la desnudez, sigue existiendo.

Yo misma, en mis primeros textos, cuando llegaba a una escena erótica, pues la asumía desde la elipsis. En principio fue un reto romper con esto, atreverme a “hablar” sin miedo ni frenos, también desde la sensualidad del cuerpo.

Además, tengo una concepción muy personal sobre el amor como el más universal de los sentimientos humanos, sin lugar a dudas, que se encuentra permeada también por el erotismo. El amor posee toda clase de matices, puede incluir lo platónico y romántico, pero también la sexualidad, y si esta forma parte de la vida, tiene entonces que estar presente en el arte a fin de que resulte veraz…

Justo por eso, lo que empezó como un desafío personal ahora viene a estar presente en cuanto escribo, y forma parte de mis proyectos más recientes, tanto en lo referido a la poesía como en lo concerniente a la narrativa.

Incluso es posible “contar” una historia o historias desde lo erótico, convirtiendo esto en el centro de la trama y en el motor que hace avanzar cuanto acontece, que incide en la evolución de los personajes. Es algo que me pasa, por ejemplo, con la novela que tengo entre manos ahora mismo. Quizá mi mayor reto consiste en atreverme a seguir ese camino con total libertad, incluso si se trata de un camino que asusta por momentos, pues me deja un tanto expuesta. Una vez más, tiene que ver con esa sinceridad que busco en la literatura.

—Los lenguajes de la ciencia ficción, ¿son actualizaciones del contexto real o parten de una nueva realidad, una realidad otra, que tributa solo al terreno de lo fantástico?

—Por lo menos desde mis propios procesos me he planteado la ciencia ficción desde ambas perspectivas. Tengo historias que pertenecen solo al terreno de lo fantástico, aun si entran dentro de “lo posible” quizá en un futuro distante, para las cuales construyo e imagino otros mundos. Y otras que actualizan el contexto real, lo revisitan, como es el caso de mis historias enclavadas en el género y que tienen a La Habana como escenario, donde parto de lo que conozco para explorar determinados temas o personajes.  

—¿Cómo transcurren tus procesos creativos?

—Para escribir un cuento, a veces paso entre una y dos semanas pensando, escribiendo en mi cabeza… y entonces me siento y sale. Después viene la reescritura.

antología Alta Definición

En lo referido a la novela, por lo general, durante cada proceso creativo vivo un enorme caos interior, lo cual me lleva a tratar de mantener un orden externo que me permita conservar la a veces falsa creencia de que preservo algún tipo de control sobre mi obra. Es como si, al pretender contar una historia, tuviera todos los componentes a mano y poco a poco debiera decidir, con los ojos vendados, cuáles usar y en qué orden hacerlo.

Cada proceso es diferente también. En lo que se refiere a la novela, por ejemplo, a veces comienzo un camino y me doy cuenta de que no es el indicado. En eso tiene que ver bastante la intuición. En ciertas ocasiones se manifiesta solo como un sentimiento de inconformidad y hasta de infelicidad con respecto a lo que he escrito, y entonces lo mejor es borrar esos primeros capítulos donde uno tantea el tono o los personajes, y recomenzar de cero.

Toda historia comienza con una “visión”… A veces “veo” a los personajes mientras ejecutan determinada acción o los “escucho hablar”… y yo estoy ahí y me apropio de eso.

En ocasiones se trata de visiones muy borrosas y paso semanas intentando percibir adónde me conducen, entender “qué debe pasar”, es decir, los sucesos necesarios para que la historia se concrete.

Empiezo a contar por aquellas partes en que me siento más cómoda. Trato también de tener claro el final, o los finales posibles, aunque estos cambien en el proceso.

Con respecto a ese mantener el orden externo al que me refería, en determinadas ocasiones he tratado de fijar una escaleta tentativa, una especie de estructura más o menos rígida a la cual atenerme. Pero nada es inamovible. Justo en el proceso que llevo ahora, por la propia naturaleza de la historia, más emotiva que otras que me he trazado, he prescindido de esta herramienta y aun si por momentos pienso que voy a ciegas, tengo la sensación de que la historia me va encontrando a mí, en lugar de yo a ella, y halla, a su vez, su propia manera de fluir.

La poesía es bien distinta. La poesía me alcanza de golpe sin que pueda negarme.

—¿Cuánto de teatralidad llevan tus textos?

—Algunas personas, amigos, otros escritores, me han comentado que muchos de mis textos les resultan teatrales, en cuanto al tratamiento que le doy a la concepción de los personajes, el manejo de los diálogos e incluso en los escenarios. Cuando otros me lo dicen me percato de que pueden tener razón, porque entonces me releo desde esa perspectiva, pero muchas veces ni siquiera soy consciente de la teatralidad de algunos de mis textos en la medida en que los voy creando. Quizá es algo que está ahí y que, al formar parte de mí, brota sin que medie una intención.

—¿Cuáles son tus principales referentes nacionales en cuestiones de lectura?

—Tengo muchos referentes nacionales e internacionales que me son imprescindibles y a los que regreso una y otra vez. En general, la literatura latinoamericana me resulta vital, en tanto me permite estudiar y entender las maneras en que otros y otras han bregado con la lengua española y han salido ilesos. Me son imprescindibles nombres como los de Cortázar, Carlos Fuentes y Elena Garro.

Entre los cubanos me resultan vitales Alejo Carpentier, Virgilio Piñera, Carilda Oliver Labra, y Dulce María Loynaz en su poesía, pero especialmente en Jardín, esa novela donde en apariencia no pasa nada pero que me descubre una comprensión del mundo que es en esencia muy femenina.

Además me mantengo al tanto de lo que escriben autores más actuales, pues es importante acercarse a esas voces que nos son contemporáneas. Hablo de Yoss, de Erick Mota, por solo mencionar algunos.

—Las marcas de lo femenino, en tanto cuestión biológica pero también creativa, ¿son perceptibles en los textos?

—Esa es una pregunta que me he hecho varias veces y creo que la respuesta sería afirmativa.

Quizá un rasgo característico de las mujeres escritoras es el peso que le dan a la sensorialidad por encima de la acción, a ese aparente no pasar nada en una novela como Jardín, de la Loynaz, donde todo ocurre en un plano otro que tiene que ver con lo afectivo y que, desde esa dimensión lírica y hasta un tanto impresionista, sí resulta; pienso en tal sentido también en la obra de Virginia Woolf.

La poesía femenina hace a menudo una propuesta poco complaciente, más directa y descarnada en sus modos de decir, que tiene que ver también con una manera de sentir muy propia de las mujeres; pienso en las voces de Idea Vilariño, Cristina Peri Rossi, Sylvia Plath, Anne Sexton, la propia Carilda Oliver, o la más reciente ganadora del Premio Nobel, Louise Glück. Es como si ellas no tuvieran miedo a mostrarse, a exponer incluso una cierta vulnerabilidad, y su fuerza proviene justo de ahí… Un equivalente para mí a nivel pictórico sería Frida Kahlo, capaz de convertir una experiencia vital, como puede ser un aborto, en obra de arte.

cortesía de la entrevistada

 —¿La ciencia ficción y la fantasía son terrenos propios de la literatura masculina o es este un concepto que ha sido superado gracias al paso de los tiempos y a la propia obra de las autoras?

—Durante mucho tiempo quizá tanto la fantasía como la ciencia ficción fueron considerados terrenos propios de la literatura masculina, aunque siempre han logrado sobresalir nombres femeninos, y pienso en Mary Shelley o en Úrsula K. Le Guin, y de modo más reciente en J. K Rowling.

En términos generales tenemos que ser conscientes de que, más allá de un género u otro, históricamente la literatura masculina ha prevalecido por encima de la femenina; por razones sociales y de todo tipo existen más escritores hombres que mujeres.

Afortunadamente en Cuba la ciencia ficción cuenta hoy con voces femeninas. Tenemos esa marca que dejara Daína Chaviano, un antecedente importante en lo referido al tema y otras más jóvenes que se han ido sumando y ya tienen una carrera sorprendente, como Malena Salazar.

—En el panorama literario joven cubano, ¿cuáles piensas que son los asuntos más acuciantes que deben debatirse y que, de una forma u otra, podrían resultar de relevancia para el futuro escritural del país?

—Algo esencial a tratar tiene que ver con la necesidad de propiciar oportunidades y espacios para que los jóvenes puedan socializar sus textos. Sé que existen ya muchos, pero a veces no son suficientes. Incluso lograr que una obra sea acogida dentro de un plan editorial resulta complicado debido en buena medida a los problemas crónicos de imprenta y a que se priorizan autores ya legitimados. Esta situación provoca que muchos autores tengan que buscar alternativas en editoriales extranjeras, a veces solo con fines promocionales, sin esperanzas de que su obra sea conocida o reconocida en el panorama nacional, ni de ser remunerados por ella. Tampoco existen suficientes herramientas de divulgación y promoción cuando un autor gana un premio o publica, que garanticen su inserción en cierto mercado del libro, por demás inexistente.

—¿Cómo definirías tu propio estilo?

—No sé si tengo un estilo. Quizá les toque a otros definirlo. Pero creo que, si me caracterizo por algo en mi escritura, es por el deseo de experimentar en el aspecto temático y formal, no me conformo con haber alcanzado un punto, sino que aspiro a seguir más allá; de ahí la exploración también a nivel de géneros. Además tiendo a esa búsqueda continua de sinceridad a la hora de contar cualquier historia. Y cada vez intento hacerlo lo mejor que puedo.


«Los escritores somos esclavos de las historias»

El inicio del cuento fue el primer libro de Sigrid Victoria Dueñas que leí. En aquel entonces aún no conocía el rostro de la escritora, ni había tenido la oportunidad (el privilegio) de compartir con ella las páginas de una antología. Me acerqué a Sigrid como una lectora más, una lectora enamorada de la historia que aquella muchacha había contado. Desde entonces, y con igual intensidad, he seguido las otras historias de Sigrid. Me sigo considerando, como en aquel primer encuentro, una de sus fieles lectoras.

¿Crees que es útil, más allá de una intención valorativa o crítica, las definiciones genéricas en cuanto a literatura se trata?

Hmmm… Qué buena pregunta. El problema sería para quién resulta útil. Puede que un lector agradezca saber de antemano a qué género pertenece el libro que va a leer, si está dentro de sus preferencias o no… Para determinados autores, moverse a conciencia dentro de un género les permite utilizar los recursos del mismo, recurrir a la intertextualidad con otras obras afines. Pero también existen libros que cruzan alegremente las fronteras de toda definición y que se apropian de aquello que contribuye a contar la historia. Creo que la utilidad de las definiciones está sujeta a muchos factores, demasiados como para ser categórica al respecto.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cómo piensas la estructura de tus libros?

No los pienso. Ellos llegan, tocan a la puerta y a mí lo único que me queda es abrirla. A veces, muy educados, se presentan de principio a fin y me advierten cómo va a ser nuestra relación. Otras veces empiezan por el final y esperan, desconfiados, a que yo demuestre ser digna de la historia antes de contármela por completo. Los escritores somos esclavos de las historias. Nada que hacer al respecto, ellas mandan.

¿Existe, en la actualidad, un lector más preparado para entender la ciencia ficción y la fantasía, o ese lector existió en todos los tiempos?

Siempre ha existido un lector capaz de asumir ese “qué pasaría si…” De lo contrario, la ciencia ficción y la fantasía no habrían llegado al lugar en que están hoy en día. Ahora, sí me parece que ha aumentado la cantidad de lectores con gusto por lo fantástico y con la capacidad de comprenderlo. Sobre todo en nuestro país, cada vez son más los lectores amantes del género que pueden apreciar una obra fantástica, criticarla, valorarla… Sí, hay más lectores listos para el fantástico en la actualidad.

Cada vez que una crítica negativa amenaza —con menos o más razón— al campo nacional de la ciencia ficción y la fantasía, los autores tienden a unirse para defender el género. ¿Existe un coto de protección mutua, donde el diálogo con escritores y críticos (quizás provenientes de otros campos de escritura que no sean el propiamente fantástico) se hace casi imposible? ¿Cómo podrían abrirse las mentes de uno y otro lado para conciliar opiniones?

No puedo negar que hubo un momento en que los amantes del fantástico sentíamos algo de desprecio o animosidad por parte de la crítica y la postura editorial en Cuba. Ignoro si ese fenómeno sigue dándose, hoy que tantos espacios se han abierto a la ciencia ficción y la fantasía. Es de esperarse que el escritor/lector del fantástico se ponga a la defensiva si escucha críticas mal fundamentadas de personas que solo han tratado de leerse a Bradbury y Asimov, y cuyas opiniones se basan mayormente en el cine, el peor enemigo de la ciencia ficción. Eso hicimos muchos de nosotros, que no entendíamos por qué el lector de fantástico podía leerse, además, a Cortázar y disfrutarlo, mientras que el crítico que prefería el mainstream no lograba abstraerse lo suficiente como para leer Hyperion y se atrevía a opinar sin una verdadera base.

Hoy en día, me parece que lo mejor que pudiera pasarle al género sería tener una alianza con la crítica profesional. ¡Nos haría tanto bien tener la visión externa, acertada, oportuna, de un crítico para nuestros libros! En general, siento que en Cuba hace falta más crítica literaria, no solo para el fantástico.

Seguro que si pudiéramos encontrar buenas reseñas de libros en la prensa, escritores y lectores mejoraríamos en conocimiento y criterio de selección. En cuanto a cómo lograrlo, me parece que lo primero que se necesita es buena voluntad. El resto vendrá solo.

Durante mucho tiempo, se defendió en el gremio del fantástico la idea de no cerrar premios, de conceder lauros incluso a obras con determinados grados de deficiencia escritural, para así proteger las pequeñas y muy soñadas búsquedas que nos costaron años ver materializadas. En la actualidad, ¿debemos seguir premiando a obras con deficiencias, o el género ha ganado la calidad suficiente como para valorar, en igual proporción, el valor del riesgo y la responsabilidad con el lector? ¿Premiar o no premiar, sin importar consecuencias? ¿Dar un premio desierto: es una pérdida para el género o una ganancia? 

Tu pregunta pone de relieve uno de los problemas de las publicaciones en Cuba. Para mí, el mal está en que vemos el concurso como un aval de calidad. En una competencia de patinaje, pongamos por caso, puede que todos los atletas se caigan, pero el premio se lo lleva el que mayor puntaje logre, aunque todo el mundo sepa que existen mejores atletas que no se presentaron a esa competencia. En un concurso no se premia al mejor libro jamás escrito, se premia al mejor de los que participaron. En mi opinión personal, un jurado siempre debe ser capaz de escoger la mejor obra entre las que están participando. ¿Dónde está el problema? En que al no existir un premio de la crítica, un premio de la popularidad, un premio al más vendido, o al más leído… ganar un concurso es la manera de publicar, de obtener reconocimiento, etc. Y, por supuesto, si es un premio que incluye publicación, recae sobre el jurado la responsabilidad hacia el público, lo cual tampoco me parece adecuado.

 Si un premio significara solo una sugerencia de publicación, los editores quedarían en libertad de rechazar el libro, o de trabajar con él y mejorarlo, en lugar de imponer a las editoriales obras cuestionables. Así que pienso que está muy bien no dejar un premio desierto, y que la batalla por la calidad del género debe darse en otros terrenos. En el de lograr una crítica profesional que avale los libros, por ejemplo.

Escribes ciencia ficción, fantasía y literatura infantil, géneros que han sido erróneamente tildados como literatura menor o géneros menores, ¿crees que el autor decide en serio qué escribir o cómo hacerlo, o cada obra llega con un empaque previamente dispuesto, al que el autor debe solo amoldarse?

Creo que varía, según el libro y el autor. En mi caso, ya te dije, soy esclava de las historias. Nunca me frenó lo que se opinara del género de estas, debían ser contadas de esa forma, jamás traté de adaptar ninguna a otro género. Pero conozco autores que planifican el libro desde el título hasta el punto final y logran obras maravillosas.

Ni siquiera creo que para un autor todas las obras sean iguales. Algunas se impondrán, otras se dejarán moldear y las habrá que surjan a conciencia, para cumplir con los términos de un concurso o de una publicación, y esas no valen menos si el resultado final es digno. No he conocido a nadie para el que todas las experiencias creativas hayan sido iguales.

¿Hasta qué punto tu trabajo se vio marcado o influido por la coexistencia, en tiempo y espacio, de otras voces jóvenes a las que, como a ti, les interesaba el mundo de lo fantástico? ¿Cómo crees que un escritor joven puede encontrarse a sí mismo y a sus historias en un contexto tan marcado por la comparación y las conexiones con el otro/los otros?

Oh, para mí… No puedo menos que pensar que mis amigos y colegas fueron una bendición. Me guiaron, me alentaron, me criticaron y ayudaron a mejorar. No sería quién soy como persona, mucho menos como escritora, sin esos grandes compañeros de viaje en la literatura y en la vida.

Un buen grupo, interesado en lo mismo que tú, dispuesto a soñar contigo, a retroalimentarte, a reír y llorar con tus historias, a decirte claramente que no lograste contar lo que pretendías, a leerse una y otra versión de lo mismo hasta que nace el libro definitivo… Una experiencia así solo enriquece.

Creo que el verdadero escritor no es débil, ni se pierde entre las voces de los demás. Los otros, sobre todo si son afines, como me ha pasado a mí, son un tesoro que agradecer. ¿La comparación, la conexión? No he tenido mayores incentivos en mi vida. Cada uno de mis libros publicados, y los que permanecen inéditos, han sido forjados en esa fragua.

¿Los premios influyen en la carrera de un escritor? ¿Ralentizan su camino si le dan exceso de ego?, ¿paralizan?, ¿dinamizan?, ¿cuál sería el punto medio?

Sí, los premios influyen, por lo que hablábamos antes de que son uno de los escasos avales con que cuenta un escritor en Cuba. Las editoriales y el mundo literario en general te prestan más atención, los lectores leen la contracubierta de tu libro y al ver que ha ganado premio se deciden a comprarlo… En cuanto al exceso de ego, es un riesgo que se corre ante cualquier forma de reconocimiento. Depende más de la calidad como persona del escritor que de la cantidad de premios que reciba.

Has estado en contacto con varios grupos, proyectos y talleres literarios, ¿su saldo es, a la larga, positivo en la vida y la trayectoria de un escritor? ¿Existe un punto en el que el taller se convierte en un lastre o esto puede ser evitado por el autor mediante alguna estrategia o intención?

Los buenos talleres son un refugio, una escuela y un lugar de crecimiento para el escritor. Y por un buen taller me refiero a un espacio donde haya buena intención hacia la historia, donde la crítica acertada no se detenga ante una falsa noción de amistad, donde todos se enfoquen, no en la historia que yo hubiera contado con tu idea, sino en la mejor forma de contar la historia que tienes tú. Encontré algo así en el Taller Espiral, que después pasó a llamarse Convergencia. Todavía hoy no me atrevo a considerar un libro terminado hasta que Anabel Enríquez o Javier de la Torre le dan el visto bueno. No creo que un buen taller se convierta nunca en un lastre. ¿Cuál es el escritor que ha llegado tan alto que no necesita crecer más? Y están los nuevos. ¡Se aprende tanto cuando enseñamos!

Es bueno para el alma poner un granito de arena en la formación de un nuevo talento y leerte un libro de alguien a quien conociste cuando novato, al que has ayudado y que te ha llenado el correo con sus ensayos, y sentir ganas de haberlo escrito tú… Los buenos talleres literarios no solo forjan libros, también dan forma a amistades genuinas y te hacen mejor persona.

Como guionista, ¿qué retos entraña este oficio que no habías enfrentado antes en la escritura tradicional de un libro?

Ah, el guion… Ahí donde somos amos de las historias, no sus esclavos… para terminar siendo esclavos, nosotros y el guion, de la productora. Es, en efecto, un mundo totalmente distinto de la escritura de un libro. Para mí, el guion es algo que se planifica, que se analiza, que se estudia hasta en sus más mínimos detalles. Tienes que estar pendiente del tiempo, de no narrar imposibles, escribes con las necesidades de producción en mente… El guion ha sido una lección de disciplina, por encima de todo lo demás. Y trae sus propias alegrías y decepciones. El actor que es justo como imaginaste al personaje, que se te acerca entusiasmado a comentarte cuál fue su escena favorita, que te pide que añadas algo a su papel, y al que ves repitiendo tus diálogos con tanta entrega.

La escena que no se filmó según tus instrucciones, y que luego escuchas criticar en la calle (siempre el responsable es el guionista), con ganas de gritar de frustración, de imprimir lo que escribiste y dejar caer las copias desde un helicóptero para que todos vean que no fuiste tú, ¡que no es tu culpa, caramba! Pero el saldo final de retos superados y fallidos ha sido bueno. Hacer guion me enseñó humildad, paciencia, trabajo en equipo… Ha sido una gran experiencia.

De todos tus libros, ¿podrías escoger alguno, el perdurable, acaso el más querido?

Supongo que sería el primero, Los noseniqué tienen la panza rayada. Era el primero en todos los sentidos: el primer premio literario, la primera publicación… Nada volvió a ser igual después de ese librito, ya estaba ese sentido de la responsabilidad hacia lo que escribía, la posibilidad de que algún día otra persona leyera esa página, que ya no era solo mía… Y ese primer libro está lleno de sueños, sueños del futuro que quería tener, de la vida que quería llevar, del tipo de escritora en que quería convertirme… Es un libro ingenuo, escrito por una niña que no sabía nada y se lo imaginaba todo. Y todavía amo las cosas que imaginé en ese tiempo. Son sueños que disfruto compartir con las personas que lo leen.


«Todo está en la mente de los lectores»

Es una persona entrañable. Y, además, uno de los escritores más prolíferos y maravillosos de nuestra pequeña isla literaria. Eldys Baratute sabe que su camino está señalado por la palabra escrita, por su zozobra y su felicidad infinitas, y es fiel a este viaje. La niña que soy, la niña que fui, lo acompaña. Esa misma niña curiosa que hoy le hace estas preguntas…

En tus obras existe, a modo de guiños hacia tus lectores, el trabajo con referentes que provienen del mundo de la Historia, la música, el cine, el arte en general. ¿Hasta qué punto te interesa la investigación de estos referentes y cuál es el papel que le concedes a la investigación a la hora de escribir literatura infantil y juvenil (LIJ)?

Respeto mucho la tradición de literatura para niños, adolescentes y jóvenes que existe en el mundo, e incluso en Cuba; por eso creo que cada tema a tratar, cada libro que se escriba, no importa del género que sea, lleva, primero, una necesidad real del autor de mostrar su verdad y, segundo, una profunda investigación para brindar todas las aristas posibles y que el lector puede tener su propia lectura. Para eso es imprescindible conocer los referentes, el contexto, los antecedentes y tener clara la caracterización psicológica de los personajes.

Yo, además, soy un autor muy referencial, trato de mostrar a los lectores elementos de arte, la literatura, la Historia. Que se queden con lo emotivo de la historia y que además incorporen a su vida ese otro conocimiento que fue importante para mi formación estética. Es una especie de regalo que les hago a los lectores. Aunque siempre trato de que ese referente no sea impuesto, sino que el lector se sorprenda al descubrirlo.

Eres, sin dudas, uno de los más queridos y grandes autores en cuanto a materia de LIJ en Cuba se refiere. Y todo eso siendo, además, un autor con mucha juventud biológica por delante. ¿De qué manera vives tu papel como escritor, antologador y crítico, teniendo el conocimiento que tu literatura es ya un referente para otros creadores?

Tú definitivamente me quieres. En otra reencarnación seríamos novios. ¿Querido? Solo por la familia, los amigos y algunos lectores. ¿Grande? Nooooo. Cada vez que leo a Nersys, a Onelio, a Eliseo, me doy cuenta de que nada de lo que haga podrá superarlos. A ver, Ela, yo fui un autor precoz, quizás un poco como tú, publiqué mi primer libro con 22 años más o menos y esa precocidad me ha hecho tener una carrera acelerada, con libros valiosos y otros menos valiosos.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

 

Quince años después de aquel primer libro te aseguro que no todo lo que he publicado tiene el valor que quisiera. Aunque también reconozco que hay algunos que me han dejado muy complacidos. Mi trabajo como antologador nace de la necesidad de promover la obra de los otros (tan imprescindible como hacer la mía); eso lo que me ha llevado también a hacer mi trabajo como crítico. Es complicado cuando además tienes que dedicarle parte de tu día a un trabajo de oficina o a promover la obra de creadores de otras manifestaciones que es básicamente lo que hecho en mi vida laboral, a hacer de jurado, lector especializado de algunas editoriales, ayudar en la labores domésticas y tratar de tener una vida.

Todo eso te obliga a planificarte mejor el tiempo. A prescindir de cosas para poder dedicarte a la literatura. Yo renuncié a mi profesión de médico, a tener una vida de viajes de un país a otro, de batas blancas y palabras rebuscadas, por la promoción del libro y la lectura porque creo que con lo que hago puedo ayudar a formar mejores hombres y mujeres. Así que tengo que mantenerme fiel a eso. ¿Me leen los más jóvenes que yo, los que comienzan? Eso me alegra, sobre todo si en esa lectura encuentran la fuerza para decir su verdad, para creerse que lo que hacen puede emocionar y cambiar el mundo. Si encuentran las ganas de hacerlo mejor que yo, entonces eso me alegra.

A la hora de construir la dramaturgia de tus propios libros, ¿cómo lo haces?

Soy muy metódico, organizado, creo que no podría ser poeta por eso. Me paso mucho tiempo pensando la historia, meses, a veces años. Y cuando siento que estoy preparado investigo mucho, muchísimo, paso horas leyendo, buscando información, construyo los personajes y después, al final, la historia. Desecho una y otra cuando no siento que serán suficiente para ese personaje que las espera. No dejo de pensar en la historia que mis personajes necesitan (a veces cuando me baño, cuando miro la tv, cuando desayuno) hasta que se me ocurre esa que le pertenece a esos personajes.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

Tu trabajo con los personajes, tanto los que provienen de tus mundos ficcionales como aquellos que rescatas de nuestra tradición histórica, es enorme. ¿Cómo armas sus vivencias y experiencias?, ¿qué te preocupa a la hora de pensar en ellos?

Me gusta construir personajes, darles vida, carne, que parezcan reales, que sean verosímiles, que los lectores sientan que son sus amigos, que comparten sus vidas. Mientras más humanos hacemos a los personajes, más posibilidad tenemos de que la historia sea creíble. Y yo necesito que se crean lo que estoy contando.

No eres el único escritor de tu familia. ¿Cómo se combina tu trabajo creativo con el de tu pareja?

Bueno… tratamos de mantener los espacios de creación separados dentro de la casa, como islas que se acercan y se alejan dentro del mar. Hay muchas otras cosas, más domésticas que compartimos. Mis libros siempre se los doy a revisar a Raúl, es mi primer editor y yo a veces reviso sus textos, pero mientras estamos creando tratamos de no inmiscuirnos uno con el otro. Ah, eso sí, si volviera a nacer no viviría con ningún escritor. Es complicado distribuir las tareas domésticas. Y cuando a los dos nos da por escribir no hay quien cocine en la casa.

Desde hace ya buen tiempo te interesa el trabajo y el rescate de nuestros referentes históricos nacionales, fundamentalmente la figura del héroe cubano, del mambí y de aquellos otros personajes, a veces sin nombre u olvidados, que acompañaron a los héroes. ¿Por qué? ¿Crees que los niños lectores de nuestro país se han acostumbrado a un modelo de héroes que nada tiene que ver con nuestras tradiciones? ¿Hasta qué punto hemos permitido los escritores que ciertos temas históricos, tal vez aquellos más enraizados a nuestros orígenes como nación, hayan sido relegados?

El héroe cubano lamentablemente se ha convertido en una frase hecha, en una figura demasiado distante del niño, sobre todo por la forma en que se lo mostramos en las aulas. Y estamos en un momento en el que nuestros niños necesitan de nuestros héroes. Por eso mi insistencia en darles un poco de humanidad, de emoción, de mostrarlos empáticos, sensibles, con una infancia como otra cualquiera. Si logramos que nuestros niños vean a los personajes de nuestra épica como seres de carne y hueso, entonces estaríamos evitando que buscaran sus referentes en súper héroes enlatados, foráneos, que poco podrán aportarle a su formación como seres humanos. Ahora, para eso debemos romper esquemas, tradiciones empantanadas y mostrar a esos hombres capaces de amar, de equivocarse, de ser valientes y al mismo tiempo tener miedos como, definitivamente, son los hombres.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

Y sería incapaz de pensar que somos los autores los culpables de ese alejamiento entre el niño y el héroe de nuestras gestas independentistas. A los escritores nos cuesta hacerlo porque este trabajo llega investigación, lecturas, viajes interminables detrás de la historia, cotejar fuentes, entrevistar personas, pero de todas formas el problema es mucho más grande. Deben unirse muchos para revertir lo que está pasando.

Tu literatura es polémica y polisémica, y creo que esas condiciones hablan bien de la calidad de tus textos. Como escritor, ¿te molesta que en la sociedad cubana y/o en el espíritu de muchos lectores existan aún trazas que condenan como tabúes a temas que deberían ya ser entendidos como normales o comunes?

Todo está en la mente de los lectores. En su capacidad de desgranar lo que digo, lo que pretendo decir, en sus maneras de asumir este o aquella historia con prejuicios o con respeto. Si los lectores reaccionan, de la forma que sea, ya me siento complacido. No puedo pretender que todo el mundo piense igual, que la sociedad cambie de un día para otro, de que una tradición de siglos de prejuicios y exclusión desaparezca como por arte de magia. Yo escribo sobre el respeto y la inclusión, y para eso debo partir del respeto al que no le interesa la inclusión. Si con cada uno de mis libros logro transformar a un lector, un solo lector, entonces estaré haciendo algo válido.

Para ti, ¿existe aún algún tema tabú en cuanto a materia literaria se trata?

Si te dijera que hay temas tabúes estaría traicionándome a mí mismo. El tabú está en la mente de los seres humanos, en su formación, en su historia de vida, en su incapacidad de ver más allá de lo que le han obligado a ver.

¿Crees en la autocensura?

Claro, el miedo existe y la autocensura nace a causa del miedo. Yo trato de no tener ni uno ni lo otro, pero a veces también temo, como Virgilio.

¿Cuál es el papel del escritor en el mundo tan caótico que nos rodea?

Emocionar, si le arrancas una pizca de emoción al lector, entonces lo estás obligando a aferrarse a su humanidad.

La crisis de valores en los que vive no solo la sociedad cubana, sino el mundo entero, ¿influye en la literatura, en los modos en los que la producimos, la entendemos y consumimos?

El mundo con crisis o sin ella influye en la percepción que podamos tener los autores, pensar de que somos seres aislados del mundo es una tontería. No existen personas más conectadas con su contexto que nosotros, aunque querramos estar encerrados en un cuarto oscuro. Y si ese contexto influye en nosotros, entonces también influye en nuestra obra. Si yo no fuera quien soy, viviera como vivo y donde vivo, no escribiría como lo hago, probablemente sería el médico de bata blanca y palabras extrañas que algunos anhelan.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado


Peñas y tertulias literarias regresan a la ciudad de Holguín

Las peñas y tertulias son actividades que tradicionalmente ocupan un lugar muy importante en la animación sociocultural de la ciudad de Holguín. Desde hace pocas semanas la Asociación Hermanos Saíz, luego de varios meses de confinamiento social provocado por la presencia de la COVID-19 en el país, reanudó su programación habitual.

En esta propuesta de actividades sobresalen, junto a los espacios de la trova, la música electrónica y el rock, las actividades literarias, las que cuentan con una amplia tradición y con su público específico.

Las peñas de literatura organizadas por la AHS ocupaban espacios reconocidos en la vida cultural holguinera. Locaciones que se mantenían ofreciendo programación y otras que fueron emblemáticas para los amantes de las letras, vuelven a recibir a los amantes de las letras.

Tomada del perfil de Ediciones La luz

Con respecto a estos últimos, Liset Prego, editora de Ediciones La Luz, se refirió a que “las peñas siempre han sido importantes centros de socialización de la cultura en el territorio. Luego de una larga espera motivada por la epidemia de la COVID-19, estos espacios vuelven a ganar protagonismo. Una buena noticia es que la AHS logró recuperar el Gabinete Caligari, que siempre ha sido un importante espacio informal para compartir diferentes expresiones artísticas. Dentro de esas expresiones del arte que allí ocuparán espacios otra vez, se encuentra la literatura, debido a que sus peñas fueron unas de las tradicionales animadoras del sitio. De igual manera se realizan peñas en otros lugares como las destinadas al público infantil en las escuelas de la localidad.”

Foto Yusmel Pérez

Para conocer más acerca de los espacios literarios promovidos en esta fase por la AHS, Norge Labrada, presidente de la Sección de Literatura en Holguín, explicó que “se mantienen las peñas que ya son tradicionales organizadas por Ediciones La Luz y por la sección. Entre ellas Abrirse las constelaciones, es el espacio donde se presentan las novedades editoriales. Muchas de ellas son los libros que ya se habían preparado para la feria del libro y como no se realizó, por la situación que conocemos, se estaban acumulando, aunque desde finales de agosto ya los veníamos presentando. Esta peña se realiza los miércoles a las 6:00 P.M., aquí en la sede de Ediciones La Luz, y su anfitrión es Luis Yuseff.”

“También alterna en nuestra sede con Abrirse las constelaciones, la peña Oda a la joven luz, que es un espacio que está dedicado al intercambio y a la lectura de los textos de los jóvenes que se vienen sumando a la sección de literatura, fundamentalmente los de nuevo ingreso. Este espacio no tiene un conductor habitual, en cada ocasión la conduce alguno de los miembros.”

Sobre el retorno del Caligari a la vida cultural de la AHS, Norge expresó que “a la programación se suma en el Gabinete Caligari, los viernes a las 5:00 P.M., un espacio nuevo que se llama Entrada de emergencia. Su nombre corresponde a una antología publicada por la editorial dedicada a la poesía con textos de 15 poetas de la Asociación, que contó además, con un audiolibro y estuvo acompañado de una amplia campaña A la Luz se lee mejor. Las primeras ediciones se realizaron en septiembre y tuvo muy buena acogida”.

Foto Yusmel Pérez

Tampoco dejó de lado referirse a los momentos que, durante el año se suman al programa de eventos y celebraciones: “Palabras compartidas es otro de los espacios tradicionales. Se ha reservado para los eventos como Romerías de Mayo, Feria del libro, Premio Celestino y Fiesta Iberoamericana. Este es un espacio más íntimo que tiene un carácter conversacional, de acercamiento más personal hacia los autores”.

Sobre la programación concebida para los niños comentó que “con el reinicio del curso escolar se retomó el espacio Piñata de letras, dedicado al público infantil, este se hace en la escuela especial La Edad de Oro y está conducido por Lizue Martínez.”

Foto Yusmel Pérez

Los protagonistas de estos espacios son los escritores de la Sección de Literatura en Holguín. Sobre su composición actual su presidente dijo que “la Sección de Literatura de la AHS holguinera actualmente cuenta con 28 miembros. La mayor parte de ellos son poetas, eso lo confirmamos cuando se realizó la antología –Entrada de emergencia–, los que quedaron fuera de ella es porque eran narradores. En la provincia hay muchos más poetas que narradores”. Las últimas incorporaciones fueron Miguel Montero, joven holguinero que se dedica a la narrativa, acaba de ser seleccionado para la beca Onelio Jorge Cardoso, y Erick Hernández, un decimista de Velasco que hasta ese momento era desconocido. A él lo presentó Joaquín Osorio, y se le hizo el crecimiento a la Asociación. En estos momentos se entregaron dos expedientes para el proceso de incorporación, son dos muchachas que esperamos tenerlas pronto en la sección, a finales de octubre o noviembre”.

Antes de concluir Norge se refirió a cómo aprovechan los medios digitales para dar a conocer las producciones literarias de los jóvenes y de la editorial. En este aspecto dijo explicó que realizan “un grupo de acciones de promoción que en las redes sociales, estas actividades recibieron un impulso mayor durante los meses de confinamiento por la COVID-19, aunque la Ediciones La Luz y la sección ya realizaban actividades en diversas plataformas”.

Foto Yusmel Pérez

Continuó ofreciendo datos de las acciones que llevan a cabo: “Todas estas actividades que realizamos de manera presencial las promocionamos en las redes sociales y tienen un respaldo con los materiales audiovisuales de los videopoemas que se hicieron para la antología y los videocuentos del Premio Celestino. Tenemos en las redes sociales una programación intencionada para promocionar estos materiales. También aprovechamos los aniversarios de escritores cubanos y universales, sobre los que hacemos spots y postales que se insertan en nuestras peñas y otros espacios.

A los presentadores que participan en las peñas les pedimos las presentaciones en formato digital para poder utilizarlas en estos medios. Para esto contamos con Lilian Sarmiento, que es estudiante de Periodismo y miembro de la sección, quien es la responsable del equipo que trabaja en el diseño y actualización de los sitio digitales”.

Oros espacios literarios que ofrece la AHS holguinera son Salón de última espera, peña conducida por Zulema Gutiérrez, que tiene lugar en el Café del arte joven, en la sede de la Asociación; y la peña Atrapasueños, orientada hacia el público infantil y se desarrolla con una frecuencia mensual en la escuela Manuel Ascunce, en horas de la mañana.  

De esta manera, la Asociación Hermanos Saíz contribuye a reanimar la ciudad holguinera en la etapa post pandemia.         


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (III)

¿Cómo elijo a mi tutor? Tres preguntas que te ayudarán a tomar tu decisión 

La figura del tutor recibe varios nombres de acuerdo con los programas activos en diferentes países. Puede ser supervisor, director de tesis, consejero académico, etc. No es casualidad. Las funciones de un tutor son numerosas y todas denotan un compromiso con la ciencia (la búsqueda de la verdad), la generación futura (o sea, tú) y la humanidad (el compromiso de traspaso de experiencias es un acto profundamente generoso).

Todos sabemos, sin embargo, que la relación apropiada con el tutor puede garantizar un impulso extraordinario a tu carrera o puede sepultarte en la marea de procesos burocráticos y competidores activos en la esfera científica. Elegir al tutor apropiado es una tarea crítica al iniciar cualquier proyecto de investigación.

Con este post iniciamos una serie dedicada a la relación entre el joven investigador y el tutor. Está dividida en tres partes. En esta primera entrega, damos pistas para que hagas esta elección de forma correcta. Me concentro en elementos absolutamente profesionales. Hay otras variables que son relevantes y debes tomar en cuenta como el carácter, la empatía y la ética. Pero estas son de naturaleza personal, por tanto, dependen de la interacción humana y del sistema de relaciones que seas capaz de construir. Por eso no las atiendo aquí.  

Lo más importante para una elección apropiada del tutor es la alineación de los intereses científicos. Debes encontrar los puntos comunes y situar tu atención allí. Ello supone que conoces las investigaciones desarrolladas previamente por tu tutor y eso es fácil de averiguar. Solo tienes que realizar una búsqueda de sus publicaciones. Concéntrate en el período que va de los últimos 3 a 5 años. Busca sus perfiles en Google Scholar o en redes sociales profesionales como Academia.edu o LinkedIn. Hoy día, los académicos agrupan sus trabajos publicados en estos repositorios.

Aquí te dejo tres interrogantes que debes tomar en cuenta para una evaluación de tu posible tutor.

Como siempre, te recuerdo que las imágenes de este post pertenecen a phdcomics.com.

¿Cuán activo es en el proceso de investigación?

Si no tiene mucha presencia online o si sus publicaciones son muy antiguas, puede ser un indicador de que tu tutor tiene otras prioridades aparte de la socialización de sus resultados. En Cuba, donde el salto a las publicaciones online es relativamente reciente, es común que muchos profesores de más edad y amplia experiencia no estén volcados a la investigación científica, sino que tengan áreas de experticia más desarrolladas en los ámbitos de la docencia, la política universitaria o la dirección de proyectos. Por el contrario, un investigador prolífico, con muchos trabajos insertados en revistas de nivel, es habitualmente una buena señal.  

Ten en cuenta si la autoría de sus trabajos es compartida y con quiénes, ya que es también habitual que las publicaciones académicas respondan a resultados obtenidos por grupos de trabajo, ya sean tutor-doctorando o equipos de investigadores. Si son textos de autoría compartida, asegúrate de buscar además a los otros autores.

En la misma cuerda, si notas que existe una diferencia notable entre tu tutor y el otro autor (por ejemplo, contraste significativo de edad o de nacionalidad), es posible que se trate de algún doctorando anterior. Ahonda un poco más en la vida profesional de esos posibles doctorandos (dónde trabajan y en qué campo), intentando encontrar un patrón. Busca tu reflejo en sus éxitos. Puedes ser tú en los próximos años. Si tomas en cuenta que hoy todo el mundo expone su vida en las redes sociales, esto es algo que no te llevará más de diez minutos.  

¿Dónde las ha publicado?

Reconocer la naturaleza de las publicaciones es esencial para el profesional de la investigación. Generalmente, las revistas tienen nichos claramente definidos signados por los contenidos que publican. Por tanto, la presencia de tu tutor en determinados espacios es señal clara de sus intereses. Debes analizar dos elementos:

Uno: si se trata de publicaciones locales, nacionales o globales. Esto te mostrará las áreas de influencia del autor. Aquí no hay elementos buenos ni malos. Simplemente examina dónde tu posible tutor ha posicionado su área de influencia y cuál es la que más te conviene.

Dos: si se trata de un generalista o de un especialista. Me explico: analiza si todas sus publicaciones pertenecen a revistas de un mismo perfil o, por el contrario, abarcan un espectro amplio. Los autores generalistas son investigadores que participan en muchos proyectos y pueden exhibir resultados en distintos campos de una misma ciencia. O sea, sus empeños se expanden de manera horizontal. Es muy probable que con ellos encuentres puntos comunes con mayor facilidad.

En otro sentido, un autor especialista concentra sus publicaciones en un nicho pequeño y específico. Su accionar crece de manera vertical. Estos tienden a ser particularmente más profundos en esos espacios puntuales y tienen más posibilidades de posicionarse como voces de autoridad. Si tu propuesta de tesis no encaja a la perfección con su perfil, lo más probable es que no sea un buen match para ti.

¿Cuál es el impacto de sus publicaciones?

Hoy día hay sistemas métricos para evaluar el impacto (esta es una palabra clave) de la ciencia y estos están en vías de perfeccionamiento. Pueden serte útiles. Usa Google Scholar para conocer el índice H de tu tutor. Recuerda que el índice H se calcula tomando en cuenta la relación entre trabajos publicados y citaciones recibidas por cada texto. Asimismo, con una pesquisa rápida sabrás la cantidad de citaciones recibidas, lo que te permitirá identificar cuál ha sido su texto más influyente.

Pero debes ir más lejos. Mientras estas técnicas son muy fáciles de aplicar para una rápida evaluación de académicos en todo el mundo, en Cuba aún no son muy explotadas. Es decir, no todos los investigadores tienen sus perfiles actualizados y muchos ni siquiera saben que existen. Además, son cifras que otorgan mucha importancia a los artículos, en detrimento de otras formas como los libros (a menos que hayan sido publicados por alguna editorial académica de prestigio global como Francis & Taylor, Routledge, Springer, De Gruyter, Palgrave Macmillan, Sage, etc.).

A ello debemos sumar que estos rankings solo evalúan revistas académicas, por lo que el ámbito cubano está completamente fuera de este universo, sobre todo en las humanidades y ciencias sociales. Puedes encontrar a autores (generalmente de avanzada edad) de muchísimo prestigio que puntúan muy mal en las métricas contemporáneas. Por ese motivo, debes buscar también en el contexto nacional y local. No te dejes llevar solo por las cifras, ellas no evalúan los contenidos de los textos.

…

Encontrar a tu tutor ideal es algo que debes afrontar con responsabilidad. No lo tomes a la ligera. Tu futuro puede depender de ello. Las respuestas a estas tres preguntas te facilitarán evaluar mejor tus posibilidades y, en última instancia, a tomar una mejor decisión. No dejes las cosas al azar. Toma el control de tu vida y de tu carrera. 

*Profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.


Los entresijos de la literatura

En ella se cumple el lugar común: Malena Salazar Maciá no necesita presentación alguna. Su rostro es conocido no solo entre los lectores y escritores del fantástico cubano, sino más allá de las fronteras geográficas que nos circunscriben a un universo de referencias.

En honor a la verdad, debo confesar que me he aprovechado de la amistad que nos une para hacerle responder esta entrevista. Malena aceptó, por supuesto, sin que mediaran demasiadas excusas, impelida quizás por esta distancia física que no nos permite ahora compartir café juntas, anécdotas ni películas. Sea cual sea el formato que nos sirva como (pre)texto para dialogar, es innegable que Malena Salazar Maciá se ha convertido en más que una “joven promesa”. Ese concepto tan debatido y que aún cargan algunos de nuestros mejores creadores literarios, nos obliga a repensar, acuciantemente, cuál es el lugar que ocupan los creadores jóvenes en el tejido escritural de la nación.

En tiempos recientes, algunos de los autores de las generaciones más jóvenes del fantástico cubano han tenido el privilegio de ser traducidos a otras lenguas, ¿cuál ha sido tu experiencia? ¿Sientes que el mundo de la traducción es una posibilidad otra hacia diferentes públicos y mercados?

cortesía de malena salazar

Hasta el momento, he tenido la suerte de ser traducida mayormente al inglés y al japonés de la mano de Toshiya Kamei; no obstante, algunas de mis historias también han sido elegidas para ser llevadas al alemán y al croata. No sería cierto si afirmara de forma categórica que alguna que otra vez no albergué la idea de ver algunas de mis obras en otros idiomas, sin embargo, lo curioso es que las traducciones llegaron en períodos en que no tenía contemplada la posibilidad. Así que fue una sorpresa agradable ver cómo mis textos en español se convertían, poco a poco, en otras palabras, construidas a través de otros abecedarios, otras reglas, conceptos similares que capturaban la esencia del original. La experiencia se completa cuando se logra una publicación; porque tampoco es sencillo colocarse en el mercado o llegar a un determinado público. También existen muchos escritores y traductores talentosos a nivel internacional que buscan un lugar para sus trabajos. 

El mundo de la traducción me gustaría compararlo con la posibilidad que alberga la idea de la existencia de mundos paralelos: abre miles de puertas al intercambio con lectores y escritores de culturas diversas. Promueve la posibilidad de retroalimentación literaria, de estudio de nuevas temáticas, de adquisición de conocimientos sobre el constante movimiento de las problemáticas socio-económicas y políticas en otras latitudes.

Cuando se trasciende el ámbito semántico de la lengua madre, ocurre un cambio sustancial en las historias, ¿cómo concilias el ejercicio de la escritura con la potencial idea de una traducción futura? ¿Piensas en eso a priori?

La traducción es, también, arte. El traductor no solo debe tener un conocimiento multicultural vasto, sino ser capaz de conservar el espíritu del texto original cuando lo lleva a otra lengua, debido a que a veces, muchas palabras, frases y conceptos no poseen una traducción precisa a otros idiomas, o la estructura de la historia no resulta adecuada para llegar a lectores que descubren por primera vez algo escrito en otro país, en otra lengua. El traductor debe conocer la mente y el estilo del autor. Debe volverse, de cierta forma, el segundo autor.

No pienso en futuras traducciones cuando escribo un texto. Deseo que la historia se desarrolle en su propio ambiente, con los elementos que le son innatos debido a su temática, al estilo, al tono que deseo darle. Después es que puede apreciarse la belleza del proceso de renacer en otro idioma: el ejercicio intelectual de interpretación que debe realizar el traductor.

cortesía de malena salazar

En los dos últimos años has sido una de las autoras más premiadas a nivel nacional. Pocos concursos del género fantástico se te han resistido, ¿qué harás cuando no te queden otros certámenes de literatura fantástica en los cuales competir? ¿Sientes que el verdadero aliciente del escritor se encuentra en el premio o acaso tus resortes creativos se encumbran hacia otras vías?

Exploraré otros géneros literarios. Me gustaría incursionar en el mainstream, el policíaco y el teatro. Sin embargo, quiero hacerlo después de estar segura de cuáles son sus elementos, después de crearme una base a través de lecturas y análisis de obras de dichos géneros, tal y como procedí con la fantasía y la ciencia ficción.

Tomé la participación en los concursos para medir, poco a poco, cuánto mejoraba o retrocedía en mi literatura, en qué fallaba, por qué y cómo podía solucionar esos problemas y errores. Me sirvieron también para conocer a escritores de todo el país y ganar experiencia a través de sus consejos.   

No es esta la primera entrevista que tengo el placer de pensar para ti. En nuestro primer diálogo eras aún una autora novel que comenzaba a lidiar con los trazos del Premio David en la categoría de ciencia ficción, ¿cuánto ha cambiado la autora de Nade desde entonces hasta estos tiempos?

A veces hago comparaciones entre Nade y mis textos recientes. No surge como algo premeditado sino que, en algún momento, ese primer libro cae en mis manos y siento el deseo casi hipnótico de abrirlo en una página al azar, leer párrafos, diálogos, personajes. Y noto los cambios. Veo un progreso. De Nade hasta mi último escrito, sea cuento o novela, existen detalles sutiles (y otros no tanto) que marcan cuántos obstáculos he superado, cuántos consejos he escuchado y asimilado, cuántos errores he subsanado. Me percato de que el camino continúa.

Siempre digo que, cada vez que leo algo nuevo, percibo cuánto me falta por crecer como autora.   

¿Eres una creadora a la que le gusta reescribir sus libros? Si, por ejemplo, pudieras retornar a esa Nade primigenia que publicó Ediciones Unión en su colección Premio David, ¿cambiarías algo?

Corregiría errores en la dramaturgia y el estilo escritural, desarrollaría de forma más justa a los personajes, pero no cambiaría la esencia de la historia. Me gusta ese “por qué” y “cómo” fue concebida, me gusta que tenga la ingenuidad de una opera prima. Si realizara un cambio sustancial, si la reescribiera por completo, ya no sería la misma Nade que me enseñó tanto y me acercó a los lectores.  

Has comenzado a transitar, con muy buen paso, en la literatura infantil y juvenil. ¿Cómo llegas al género? ¿Por qué tu interés como escritora se ha enfocado en esa nueva lupa de sentido y producción? ¿Qué posibilidades te ofrece la literatura infantil y juvenil?

Lo sentí como una asignatura pendiente: de niña, leí a Excilia Saldaña, Enrique Pérez Díaz, Dora Alonso y Julia Calzadilla, así que durante mi crecimiento como autora me presionaba una deuda invisible con ellos, con la propia literatura infantil. Sus libros me inculcaron el amor por la lectura y la escritura. Son parte de mí, de la fuente a la que regreso a cada rato para aprender los entresijos de la literatura.

No fue una decisión precipitada: tardé un tiempo en convencerme de que estaba lista para escribir para niños, que es uno de los públicos lectores más exigentes que puedan existir. Por el momento, disfruto mucho creando estas historias porque me permiten recordar esos sentimientos que me provocaba el leer a los autores que funcionan como mis pilares. Me gustaría acercar a los niños a la lectura a través de mis textos. Quizás algunos de ellos, como yo, sientan el llamado literario y se armen de letras.   

La pandemia nos ha obligado a revolucionar y repensar no solo la literatura, sino su modo de comunicación al público, ¿qué tal la experiencia?

Antes de la pandemia, las redes sociales, Internet, los medios de comunicación masiva… comenzaban a volverse herramientas útiles para los escritores. Con la llegada de la covid-19 se han reafirmado o, quizás, se han convertido en un elemento indispensable tanto para trabajar como para la socialización, donde se hace necesaria la distancia.

¿Piensas que son pocos los autores jóvenes que se interesan por la ciencia ficción y la fantasía? ¿Hasta qué punto pueden los autores de generaciones anteriores, incluso siendo jóvenes, apoyar e impulsar a los más noveles?

Durante la pandemia y gracias a una mayor incursión en las redes sociales, he descubierto que en Cuba existen muchos jóvenes con deseos no solo de leer ciencia ficción y fantasía, sino también de crearla. A través de Twitter, Facebook e Instagram, muchos realizan publicaciones de sus obras e intercambian, sin tener conocimiento de que existen otros escritores, premios y la colección Ámbar de Gente Nueva que aborda el fantástico. Cuando lo descubren, exigen orientación inmediata acerca de estos autores, y cómo pueden acercarse más a esta comunidad que ya existía.

Si algo ha caracterizado a los autores del fantástico cubano, es el apoyo mutuo y hacia los jóvenes que comienzan a través de asesorías, invitándolos a talleres, recomendándoles libros e instándolos a participar en concursos. Todos forman parte de este proceso, sin importar la generación. Los autores jóvenes escuchan a los veteranos y viceversa. Cada persona, desde su punto de vista, es capaz de arrojar luz sobre una temática poco explorada por otros.

De esa forma, los creadores más jóvenes adquirimos y compartimos experiencias que nos colocan en condiciones de, también, capacitar a los noveles, o a los que comienzan a leer a los autores cubanos.


«Soy un arquitecto de mi propio infierno o paraíso»

Rolando (Roly) Ávalos Díaz recibió la herencia familiar, el don del arte, y lo transformó en su propia materia de expresión, en su tuétano creativo. La ciudad de su poesía forma ya parte del amnios que le regala nuevas preguntas al mundo. Y son esas preguntas (y sus respuestas) las que hoy el poeta nos ofrece.

Hablemos primero de la tradición poética que es parte de tu ADN, que constituye una particular herencia simbólica. ¿Hasta qué punto sientes que tu necesidad de entender la poesía parte de este legado?

Crédito Rodrigo Valero González/ cortesía del entrevistado

En efecto, existe una tradición poética en la familia, el arte del repentismo, que viene de mi abuelo materno fallecido, Jesús Díaz Martínez; primero, la heredaron algunos de sus hijos (mis tíos y mi madre), y después la hemos practicado varios primos. Esta vertiente de la oralidad, más que una tradición poética, la veo como un ritual entrañable y ocurre cuando coincidimos todos o casi todos en reuniones familiares, como los cumpleaños.

Desde niño escucho décimas, desde adolescente las improviso. También a partir de los 11 años, aproximadamente, empecé a escribir, y entonces me pareció natural ser como Alexis Díaz-Pimienta (uno de mis tíos por parte de madre), escribir e improvisar, y llevar esas dos carreras al unísono. En muchas ocasiones, por la admiración que le tengo, me he sentido influido por la obra de mi tío, me he descubierto tics en mis procederes que homenajean pasajes de su obra, maneras de construir semejantes, y luego he advertido el peligro. Ha sido una relación muy cercana también, de familiaridad, de trabajo, de lector, de espectador.

He debido desligarme a propósito para crecer, para hallar mi camino, y en ello ando todavía. Pero creo que uno al final le pone su voz y su sello; con sus propias lecturas se va perfilando y adquiere una personalidad, construye otro itinerario poético, aun cuando no se lo proponga, y aunque se haya heredado de alguna manera una determinada tradición gracias a parentescos familiares.

En algunos de tus libros, la anatomía de la ciudad es un tema recurrente que distingue y define al sujeto poético. ¿Este mapeo lo entiendes como una geografía espiritual de la ciudad que el poeta refleja, o que al menos intenta reflejar en su trabajo?

Crédito Estudio fotográfico Cuba Alternativa/ cortesía del entrevistado

Sí, me atrae reflejar el accidente de nacer en una ciudad, de criarse en un barrio y no en otro, la gitanería de las mudanzas por municipios periféricos, la mitología de la urbe y cómo esta produce metáforas, cómo genera lenguajes, cómo acoge con hospitalidad o desampara al emigrante o al habitante, dejándolo en brazos de la orfandad más terrible, quiénes fueron sus personajes históricos, quiénes sus celebridades. Como dijera un personaje de Celebrity, la película de Woody Allen, y cito de memoria: “A una ciudad se le conoce por sus celebridades”.

Me interesa el modo en que nombramos una piedra inanimada que nos ve crecer, enamorarnos y morir mientras continúa viva, bajo la lluvia de la erosión de los siglos; el afecto particular que le tenemos a un árbol, a una esquina, a un monumento, al segundo piso de un edificio en un reparto llamado El Roble, en Guanabacoa, al banco roto de un parque, a los baches de la cuadra de una barriada marginal o a los ruidos nocturnos de una bronca.

¿Qué es el hábitat urbano, cuánto condiciona o define en quienes la padecemos y vivimos, qué significa, quiénes son mis coterráneos, mis vecinos, en qué consisten sus vidas, sus sueños, sus realidades? Igualmente son bienvenidos los arquetipos, estereotipos o ciencias sociales, así como los vocablos identidad, idiosincrasia, y cada elemento que me sirva para dar con los contornos del mapa de esa geografía espiritual.

¿De qué manera congenias el ejercicio más mediato del repentismo y la improvisación con el hecho de concebir la dramaturgia particular de un libro de poesía?

Son hogares a los que uno entra por puertas distintas. Cuando improviso no hago literatura escrita, y cuando escribo un libro de poesía no me apuro en acabar una décima, ni tengo delante un público esperando, ni un laúd y una guitarra secundando mi proceso creativo y presionándome para que en pocos segundos responda a mi adversario repentista. Incluso, cuando escribo, no solo escribo décimas, sino sonetos o poemas en verso libre.

tomada del perfil de facebook de roly Ávalos díaz

Son procesos diferentes que responden a circunstancias creativas específicas, pero tampoco es que sean demasiado opuestos. Por ejemplo, la narrativa, la poesía, y aun la dramaturgia pura, dotan a la mente del improvisador de códigos y elementos que enriquecen su vocabulario, su alcance, su imaginario, su proyección; y al escritor, ante el Word o ante el papel, le ofrece cierto ritmo de hallazgos para dar con las palabras exactas y construir, a modo de guion, la escaleta de su libro y el campo semántico de su poemario. Son ejercicios que no se repelen, te aseguro que se alimentan, aunque se busquen otros resultados y sea otro el receptor.

En el proceso creativo, ¿a qué paso le confieres mayor importancia?

Les doy importancia a todos los pasos, me parece. Soy feliz cuando consigo respetarlos, cuando la fase de corrección no interrumpe al germen, al balbuceo de las ideas iniciales ni al brote de las primeras oraciones. Pienso que tampoco es recomendable detener abruptamente la investigación porque nos morimos de ansiedad por escribir el capítulo de una novela. Casa paso posee un encanto y nos prepara para el siguiente.

Desde luego que cada cual tiene su propia metodología y todos los libros no se escriben del mismo modo ni en un periodo más o menos comprobable; a veces se abandonan proyectos durante meses o años, parece que van a morir y sin embargo resurgen con más bríos, o resulta que sí, que somos más maduros y así lo mostramos a la hora de abordarlos, tenemos una mayor perspectiva. Aunque, ojo, esto también puede funcionar como autoengaño o pretexto para la procrastinación o miedo a enfrentar el momento decisivo de concretar la obra.  

tomada del perfil de facebook de roly Ávalos díaz

¿Entiendes la poesía como un acto divino o mundano, o una mezcla de ambos registros?

Como es arriba, es abajo. Lo divino está conectado con lo mundano, son el anverso y el reverso, la cara y la cruz de una misma moneda que lanzamos al aire. Aunque estamos hechos más de mundo que de divinidad y lo que escribimos tiene la última palabra. Me parece que los autores, salvo los políticos o los religiosos, no estamos para dar lecciones de moralidad o de civilidad, no en primera instancia, sino para plasmar inquietudes más humanas y veraces.

¿El poeta tiene un papel definido en el mundo, más allá de la esfera del arte?

Si tiene algún papel o algún compromiso social, si algo nos define, es el propio acto creativo, es el de hacer lo más poéticamente posible nuestro trabajo, para lo cual no nos alcanzará la vida entera. Llevar y traer palabras, metáforas, sinestesias, símiles… y el solo hecho de hacernos querer y entender gracias a lo que enunciamos o callamos, puede ser una carga terrible o un argumento tan legítimo que se debe valorar en su justa medida, y no debe ser puesto en las manos de cualquiera.

Puede pensarse que el trabajo de un poeta consiste en sacudir, como un relámpago, las conciencias de sus lectores, más allá de la transmisión lírica/empática de sentimientos, reflexiones y emociones. Esa es una posible forma de entenderlo. Pero otra puede ser la de emplear con sabiduría y responsabilidad el poder de las palabras. Un poeta nombra y le regala nuevas preguntas al mundo. Estamos hechos de preguntas. El arte de gozar estéticamente, tratando de responderlas, es uno de los juegos más serios que existen.

tomada del perfil de facebook de roly Ávalos díaz

¿Cómo manejas el mundo de la autorreferencialidad a la hora de escribir? ¿Es la poesía, por necesidad, un ejercicio de autorreferencia?

Antes, muy en los inicios, creía que a la hora de escribir, si utilizaba escenas de mi propia vida estaba siendo, sin duda, autorreferencial; pero luego he comprendido que desde el mismo momento en que uno escribe, sea narrando o poetizando, ya es otro, un personaje o un sujeto lírico… aunque hable de su propia biografía, que de algún modo casi siempre está.

En mis libros la autorreferencia, cuando la hay, es un añadido, un recurso, uno de sus colores, una de mis herramientas creativas. En mi primer libro, Mundo pañuelo, la mayoría de los poemas aluden a experiencias o visiones propias acerca de la existencia, no hay pretendidos enmascaramientos o la gestación de heterónimos; da la impresión, tras una lectura rápida, y parafraseando a Ortega y Gasset, de que soy yo mismo hablando de mí mismo y de mis circunstancias aunque, claro, esto puede leerse como una verdad o una mentira a medias. En mi segundo libro, Boca de lobo, en parte también, pero no siempre.

Por tanto, no creo que la poesía sea necesariamente un ejercicio autorreferencial, entre otras cosas porque mirar a los ojos a un sujeto lírico es dar con un espejismo, o con un juego de espejos que se repite hasta el infinito. Además, no sé quién soy cuando escribo (muchas veces quienes pregonan autoconocimiento promueven su arrogancia), escribo para descubrirme. Y no solo porque pongo pensamientos por escrito, sino incluso para averiguar cuánto me desconozco o qué podría estar pensando, o cuántas personas soy.  

¿Crees que los propios escritores tienen un conocimiento verdadero de la literatura que se gesta más allá del contexto regional limitado en el que viven? ¿Cómo romper esos moldes preconcebidos? ¿Cómo hacer que la literatura cubana eclosione y rompa finalmente el cascarón de su zona de confort?

cortesía del autor

En general creo que es algo superficial el conocimiento que tenemos los propios escritores acerca de otras literaturas allende los mares, y las razones pueden ser varias, aunque se ha ido reduciendo poco a poco la falta de acceso o contacto —al menos electrónicamente— con libros y autores que se han editado o reeditado poco o nunca por acá, por ejemplo.

Existen maravillosas bibliotecas virtuales que se abastecen gracias a las donaciones que hacen los usuarios con títulos digitalizados que antes compraron en formatos Word, Epub o PDF, y deciden compartirlo. También hay títulos de autores cubanos, por cierto. Tarde o temprano, de alguna manera, siempre nos encontramos con lo que más vale y brilla universalmente en materia de arte y literatura, ya sea a través de publicaciones nacionales (revistas, tabloides, suplementos en periódicos, blogs, etc.) que nos enteran (también es su deber) sobre cuán ancho y ajeno es el mundo de las letras fuera de Cuba; igual mediante el catálogo de Arte y Literatura, que con cierta regularidad reimprime clásicos; o directamente a través de enlaces en las redes sociales, las verdaderas ladronas del show en lo que va de siglo XXI.

¿Cómo romper estos moldes y dejar de, solamente, leernos los unos a los otros con riesgos de acabar en la endogamia creativa? Supongo que estando atentos a la lectura o relectura de obras maestras que han vencido al tiempo, en vez de fijar la atención solo en la mesa de novedades. No conozco reglas únicas ni los criterios que manejan o el verdadero poder que tienen quienes dirigen las políticas editoriales y deciden qué se distribuye y se vende o no. Por otro lado, cada cual arma su propia brújula lectora y su canon individual. Opino que deben potenciarse más los intercambios en eventos internacionales.

Eres uno de los uno de los directores del grupo poético-teatral-musical RolleX, ¿cómo entender el acto performativo cuando se tiene a la comunicación de la poesía como el primer escaño de sentido?

Cuando el acto poético se enfrenta al espectador, ¿qué resortes se disparan en ti?

cortesía del autor

Ya hace más de dos años que existe RolleX. Alex Díaz Jr., mi primo, y yo, lo dirigimos y todo el tiempo expandimos, a través de los medios a nuestro alcance (espectáculos, talleres, redes sociales, etc.) el concepto de neorrepentismo, un término que acuñara hace años Alexis Díaz-Pimienta en ese ensayo investigativo para eternas consultas que es Teoría de la improvisación poética.

En este libro se definen las proyecciones de una nueva generación de improvisadores formados gracias los Talleres Especializados de Repentismo en todo el país a partir de la década del 2000 y que, por otra parte, aparecen en su total dimensión gracias a puestas en escena que, ya de por sí, engloban las otras manifestaciones artísticas; el repentismo en medio de un diálogo interdisciplinario. Debo decirte que un espectador amante de la poesía, cuando tiene la oportunidad de disfrutar de cerca un arte tan antiquísimo de la oralidad como es la improvisación poética, devuelve enseguida, con sus reacciones a flor de piel, con sus gestos, con su risa, en los casos favorables, una adrenalina muy agradecida, muy generosa, que los escritores —después del acto solitario de la escritura— desconocemos de una manera tan tangible.

Hay más gente que ama la poesía de la que suponemos. Por supuesto, habrá algunos que disfruten más la llamada poesía culta y otros la llamada poesía popular, ambas expresiones legítimas de la cultura. Si a nuestros espectáculos, con fines poéticos que oscilan de un lado a otro, les agregamos dosis de acompañamiento musical (con músicos, instrumentación y géneros variopintos), dosis de teatro y algo de performance, además de la proyección de un corto audiovisual en torno al desarrollo de una acción poética, entonces el favor del público es mayor, la buena vibra y la energía que recibimos de vuelta superan las expectativas.

Pocos momentos, por no decir ninguno, son tan gratos (tan gratos y tan arriesgados) para un hacedor de versos, para un repentista, en suma, que ese acto creativo de protagonizar un espectáculo cuya trama suceda en versos, tanto desde la declamación (que es lo típico) como desde la improvisación.

Tu libro Mundo pañuelo fue publicado en 2016 por el sello español Guantanamera, y en 2018 fue traducido al idioma inglés bajo el título Small World. ¿Cómo ha resultado la experiencia de apreciar tu poesía en una lengua para la cual no fue originalmente concebida? ¿Sientes que la poesía trasciende la experiencia limitada de un idioma?

Lo he recibido con alegría y extrañeza, consciente de que definitivamente la poesía es políglota y al mismo tiempo tiene muchas capas intraducibles, o que habría que traducir en bloque y no literalmente. Se precisa un rigor, una sensibilidad y un conocimiento de la lengua que merece muchísimo respeto. Los lectores que desconocemos otros idiomas y queremos leer a Flaubert, Dostoievski, Brecht o Cesare Pavese, los amantes de esas grandes cimas de la literatura, dependemos de los grandes traductores del francés, del ruso, del alemán o del italiano.

Small world, según me han explicado algunos conocedores del inglés, no significa precisamente “mundo pañuelo”, ni siquiera como una interpretación de la idea global del poemario. Es una aproximación y, diría, una traducción quizás más en serie que en serio. De cualquier modo lo agradezco y me siento honrado de haber visto, antes de lo que suponía, mi primer libro traducido, ¡vaya honor!, ¿no?, con unas luces y sombras todavía intraducibles para mí.  

tomada del perfil de facebook de roly Ávalos díaz

¿Cómo construyes, desde lo emocional, lo espiritual y lo racional, tu propio ejercicio creativo?

De tantas maneras, querida Elaine. Trabajo mucho con la nostalgia, los sueños, las pesadillas, los recuerdos que obsesionan y atormentan, inmediatos o lejanos, las supersticiones, los miedos, los símbolos, secuencias cinematográficas y bandas sonoras, la violencia del paso del tiempo, los textos y las vidas de los otros. Trabajo con el dolor, los destellos y los espejismos. Así, con esa masa informe y aparentemente intangible, construyo mis universos, soy un dios por un rato cada día, arquitecto de mi propio infierno o paraíso. Emocional y espiritualmente me involucro y, sobre todo, incubo, bendita fiebre, la materia incognoscible con la que me conecto de forma subterránea, así escriba sobre mi vecina de enfrente o en torno a cualquier asunto trivial o vida ajena íntima.

Me apoyo de la buena o la mala memoria, esa que modifica las reminiscencias. El subconsciente es un pozo bastante hondo. Suelo anotar ideas, pasajes descriptivos, frases u oraciones que escucho o me llaman la atención y alimentan la obra que ande pariendo. Los canales de inspiración me atacan por la espalda, se me insinúan de sinuosas maneras o se me desnudan nítidamente. Después tengo que sentarme a trabajar con ello, sudar esa orfebrería y conseguir un arte final publicable.