La viuda alegre


Peripecias líricas de una viuda alegre

Mi Teatro L√≠rico Rodrigo Prats de Holgu√≠n no es el de las emblem√°ticas puestas que lo han hecho trascender como uno de los baluartes imprescindibles del arte l√≠rico cubano. No vi ‚Äďy por eso no puedo rememorar, ni siquiera comparar‚Äď las antol√≥gicas presentaciones de Los gavilanes, La del Soto del Parral, La tabernera del puerto, El conde de Luxemburgo, Mar√≠a La O, Cecilia Vald√©s, Amalia Batista, La Traviata, La Leandras‚Ķ entre tantas otras obras, que s√≠ conocen y rememoran los viejos seguidores de la compa√Ī√≠a. No es el Teatro L√≠rico donde hicieron historia y protagonizaron los roles principales, importantes figuras como Ra√ļl Camayd, N√°yade Proenza o Mar√≠a Luisa Clark.

Mi L√≠rico holguinero es otro; es el que ha estado en escena en los √ļltimos 10 a√Īos. Mi ‚ÄúRodrigo Prats‚ÄĚ es el de La alegre chaperona, El show de Jerry Hermans, La leyenda del beso, La princesa de las Czardas, Luisa Fernanda, La corte de Fara√≥n‚Ķ Es el del espect√°culo Viva Verdi, con direcci√≥n art√≠stica de Yuri Hern√°ndez y fragmentos de Nabucco, La Traviata, Rigoletto, Otelo y A√≠da, entre otras obras del repertorio verdiano.

Para muchos no ha sido la mejor d√©cada de la compa√Ī√≠a, pero es la que conozco. Es el L√≠rico de galas, como la que celebr√≥ su aniversario 50 en 2012; el de espect√°culos variados. Y ahora es tambi√©n el L√≠rico de La viuda alegre, famosa opereta de tres actos con m√ļsica del compositor austroh√ļngaro Franz Leh√°r y libreto a partir del original en alem√°n de Victor L√©on y Leo Stein, basado en L’attach√© d’ambassade (1861) de Henri Meilhac, y estrenada en Holgu√≠n a fines del pasado a√Īo y recientemente exhibida en el Teatro Sauto de Matanzas y en el Gran Teatro Alicia Alonso de La Habana con buena aceptaci√≥n.

Fotos Wilker López

La viuda alegre es, lo que podr√≠amos llamar, un peso pesado en la compa√Ī√≠a, una pieza antol√≥gica en su repertorio. La puesta holguinera fue estrenada ‚Äďasegura, en un libro in√©dito, el investigador e int√©rprete Mart√≠n Arranz‚Äď en 1971 y sigui√≥ toda esa d√©cada en repertorio, hasta 1988. En 1979 fue calificada como ‚Äúun √©xito indudable‚ÄĚ en la presentaci√≥n realizada en la Sala Garc√≠a Lorca del Gran Teatro de La Habana. Entonces la Orquesta la dirigi√≥, junto a Fabio Landa, el propio maestro Rodrigo Prats, uno de los autores m√°s importantes del teatro l√≠rico nacional, junto a Ernesto Lecuona y Gonzalo Roig.

Esta esperada puesta ‚Äďque sufri√≥ varias posposiciones en las fechas de su estreno, buscando la perfecci√≥n de los detalles‚Äď fue presentada recientemente en el Teatro Eddy Su√Īol como parte de las actividades por el aniversario 80 del coloso art√≠stico holguinero. Llevarla a escena es portar una tradici√≥n consabida, que hace rememorar las actuaciones de Camayd como en Conde Danilo o de N√°yade Proenza y Mar√≠a Luisa Clark como la viuda Ana de Glavary, pero es revivir y hasta insuflarle cierta contemporaneidad a una obra que se caracteriza por una trama disparatada, divertida, basada en enredos y peripecias, y por momentos insulsa, como cualquier telenovela de turno: una joven viuda, Ana de Glavary, ha heredado varios millones, pero de casarse con un parisino su fortuna abandonar√° Pontenegro, creando la ruina nacional, por lo que, alentados por el bar√≥n Mirko Zeta, embajador de ese ficticio pa√≠s en Par√≠s, varios pontenegrinos la seducen. Pero ella le interesa una antigua pasi√≥n, el conde Danilo Danilovitsch, quien jura demostrar que no se casar√° con ella solo por su fortuna, sino por amor. Lo dem√°s aqu√≠ es enredos, peripecias, y eso s√≠, muchas infidelidades conyugales.

Fotos Wilker López

Fr√≠vola, puede ser. Cargada de inverosimilitud, tambi√©n. De por s√≠ ‚Äďy esto debemos subrayarlo‚Äď la opereta es un g√©nero musical animado y peculiar, cuya caracter√≠stica fundamental consiste en contar con una trama inveros√≠mil y disparatada, a partir de di√°logos hablados y canciones entre los que se intercalan historietas, llamadas couplets por los franceses, y bailes como la zarzuela o el canc√°n (como sucede en La viuda alegre). Se desarroll√≥ en Par√≠s primero y en Viena, Austria, despu√©s, a lo largo del siglo XIX. La viuda alegre, estrenada en 1905, no deja de poseer estas caracter√≠sticas del g√©nero.

La puesta holguinera, con dirección general de María Dolores Rodríguez y artística de Abel Carballosa, respetó la obra original, su concepción escénica, en buena medida la trama que desarrolla, la propia hilaridad que la peculiariza, aunque matizando varios parlamentos.

M√°s all√° de revisitar el g√©nero, lo homenaje√≥, cuidando cada detalle. ¬ŅC√≥mo hacer que una obra como La viuda alegre, creada para el gusto y la diversi√≥n del p√ļblico vien√©s de 1905, pueda interesar a los espectadores contempor√°neos en Cuba? En ello interviene ‚Äďm√°s all√° de La viuda‚Ķ como obra de arte, como opereta cl√°sica llevada a escena y grabada much√≠simas veces en varias partes del mundo‚Äď la direcci√≥n art√≠stica, la puesta en escena, la espectacularidad que de por s√≠ porta la obra, lo atractivo que llega a ser el desenvolvimiento dram√°tico, la calidad de las actuaciones‚Ķ No es una t√≠pica zarzuela, una gran √≥pera, sino un divertimento oper√≠stico, con una historia que, en su esencia, puede ser bien contempor√°nea, cotidiana, pero que por eso no deja de ser fr√≠vola, superficial, palaciega, casi vodevilesca.

Fotos Wilker López

Pero vayamos a algunas peculiaridades de la visualmente atractiva puesta holguinera. El ‚ÄúRodrigo Prats‚ÄĚ se ha caracterizado por las excelentes voces de sus int√©rpretes, los m√°s j√≥venes salidos de las aulas de la Filial de Canto en la Universidad de las Artes en Holgu√≠n. Esta puesta ‚Äďen la noche en que la vi, y siempre mis consideraciones ser√°n sobre ella‚Äď tuvo en el escenario a int√©rpretes j√≥venes junto a voces consagradas de la compa√Ī√≠a.

El desenvolvimiento escénico, actoral, viene a ser una de las limitantes, en buena medida, del teatro lírico cubano. Es un tema que han subrayado críticos en varias ocasiones. No es solo cantar bien, de por sí todo un mérito, sino saberlo conjugar con la actuación (por eso lo de teatro) y en ocasiones, como sucede aquí, hasta con el baile.

Los int√©rpretes de La viuda alegre lo hicieron lo mejor posible. Combinaron la actuaciones ‚Äďalgunos, claro est√°, mejor que otros‚Äď con el dominio de sus voces. A veces mejor, otras con falta de expresividad, matices, fuerza‚Ķ El conde Danilo, interpretado tambi√©n por el vers√°til y experimentado Alfredo Mas, estuvo en la piel del estudiante Carlos Manuel Gonz√°lez, quien lo supo sacar adelante con dominio y gracia, cuando muchos pensaron que un personaje como este le quedar√≠a amplio al joven. A Carlos Manuel hay que agradecerle tambi√©n la valent√≠a con que asumi√≥ al conde.

La viuda ‚Äďsobre su personaje recae buena parte del peso de la obra‚Äď fue interpretada por una atractiva Yuliannis S√°nchez, que nos ofreci√≥ un personaje agradablemente fr√≠volo y en buena medida superficial, como amerita, intentando subrayar en el escenario el binomio necesario: el canto y la actuaci√≥n. En lo particular, destaco al ya veterano Alfredo Calzadilla, como el bar√≥n Mirko Zeta, en lo que fue una clase de versatilidad esc√©nica. El resto del elenco ‚Äďel personaje de Niegus es aqu√≠ una delicia‚Äď le aport√≥ su parte de diversi√≥n, desenvolvimiento y gracia a una obra que posee esos matices.

Fotos Wilker López

Si algo pudi√©ramos recomendarles en esta parte a La viuda alegre holguinera, es, sobre todo, cuidar algunos detalles relacionados con la actuaci√≥n, con el dominio esc√©nico tan necesario en sus int√©rpretes; incluso varias interpretaciones pudieran mejorar, matizarse, cuidar detalles vocales, para el bien de una obra que requiere de pleno dominio y versatilidad sobre el escenario, a la par del desparpajo, la futilidad, de una historia, que corre el riesgo, con sus enrevesados vericuetos, de aburrir un poco. Y aburrir ‚Äďlo sabemos muy bien‚Äď es todo lo contrario que se ha propuesto el L√≠rico de Holgu√≠n, por eso la direcci√≥n art√≠stica de Abel Carballosa y la direcci√≥n coreogr√°fica de Alejandro Mill√°n han insistido tanto en el dinamismo y la contemporaneidad de la puesta.

Por otra parte, el ‚Äúempaque‚ÄĚ es visualmente atractivo, sugerente, uno de los grandes logros de la puesta, remiti√©ndonos al Par√≠s de plena belle √©poque. Alejandro de la Torre realiz√≥ el dise√Īo de vestuario y escenograf√≠a cuidando los m√°s peque√Īos detalles de manera casi artesanal. Cada traje, especialmente los de la viuda, fueron trabajados velando las telas y la pedrer√≠a, los cambios de las modas de la √©poca‚Ķ La embajada de Pontenegro en Par√≠s, la mansi√≥n de la viuda, con su jard√≠n c√≥mplice de infidelidades y rejuegos; adquieren una verosimilitud ‚Äďdentro del g√©nero, claro‚Äď que el p√ļblico agradece. Del avant premier mostrado el pasado a√Īo aqu√≠, la obra sin dudas creci√≥ mucho.

Es necesario subrayar tambi√©n el trabajo coreogr√°fico de Mill√°n al frente del ballet del L√≠rico, la direcci√≥n coral de Damaris Hern√°ndez ‚Äďvemos incluso al coro incorporarse a las coreograf√≠as‚Äď, y la direcci√≥n musical de Oreste Saavedra, dirigiendo la Orquesta de C√°mara de Holgu√≠n y m√ļsicos invitados. Oreste altern√≥ batuta con el joven Edel Almeida, para interpretar desde el foso del Eddy Su√Īol las compasiones que Leh√°r creara; sin dudas un lujo contar en las presentaciones, como anta√Īo, con m√ļsica en vivo.

Fotos Wilker López

La viuda alegre, del Teatro L√≠rico Rodrigo Prats de Holgu√≠n, es una pieza ambiciosa y necesaria por m√°s de una cuesti√≥n: rescata una obra antol√≥gica no solo del mundo de las operetas, sino del repertorio de una compa√Ī√≠a que celebr√≥, precisamente en uno de los d√≠as de estreno, su aniversario 57. Porque la devuelve para un p√ļblico que a√Īora los a√Īos de esplendor del L√≠rico y que vio esta puesta, pero tambi√©n para los espectadores j√≥venes, √°vidos no solo de teatro l√≠rico, sino de teatro en sentido general. Porque pone sobre el escenario a consagrados y j√≥venes, incluso estudiantes, para el bien de una obra que busca ser contempor√°nea, pero sin dejar de tributar al cl√°sico; por el cuidado detalle en el dise√Īo de vestuario y la escenograf√≠a ‚Äďcuesti√≥n que, a priori, el p√ļblico se lleva en la retina‚Äď, las interpretaciones, la mixtura entre actuaci√≥n y danza, la m√ļsica en vivo‚Ķ Porque La viuda alegre, incluso con los detalles o sugerencias que cualquiera puede indicarles ‚Äďsi hay una cosa que el p√ļblico holguinero cree saber es de teatro l√≠rico‚Äď, es un camino, un punto de crecimiento esperado ansiosamente, una necesidad para la vida cultural de la ciudad, que ha podido mostrarse en otras partes del pa√≠s, incluso esperamos vuelva al propio Eddy Su√Īol. En resumen: una obra que, por esperada, por darlo el L√≠rico de Holgu√≠n todo en ella, se manosea, se comenta de boca en boca, se piensa, pero, sin dudas, tambi√©n se agradece.