La Luz


Un Almac√©n 30 a√Īos m√°s joven (+Fotos)

Un Almac√©n diferente, pero que no pierde su esencia y creatividad, gracias a la luz joven del audiovisual cubano y al amor incondicional de quienes trabajan durante todo el a√Īo para lograr que cada edici√≥n del Almac√©n de la Imagen sea el espacio id√≥neo que d√© riendas sueltas a la originalidad de las nuevas generaciones de cineastas de la isla y del mundo.

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Antipoes√≠a eres t√ļ

A propósito del aniversario del natalicio de Nicanor Parra.

Se escribe uno mismo por la culpa de los dem√°s por la destrucci√≥n que quieras asumir, t√ļ decides qu√© es lo que haces, poes√≠a o antipoes√≠a, ser pat√©tico o ser rid√≠culamente un ser que no tiene ganas de intentarlo. A eso me debo, a los deseos de hacer o sentir, en un espacio que debes crear porque las circunstancias a veces condicionan la mente, porque pueden venir a imponerte sentimientos que en realidad no concretes, entonces t√ļ mandas, en tu vida y en lo que escribes.

La poesía pasa, la antipoesía también. Todo pasa, lo bueno y lo malo, es aquel concepto de impermanencia del que tanto hablamos, de ser congruentes en el ámbito de la existencia. De creerte o inventarte de un modo para que existas, para convertirte a ti en ese hombre imaginario, de noches, tardes, balcón, paisajes, hechos, mundos, sombras y hasta sexo imaginario.

  • Pero no creo en la v√≠a violenta
  • me gustar√≠a creer en algo
  • pero no creo
  • lo √ļnico que s√© hacer es verte encoger los hombros
  • y estar atada a ti y a simples ventanas de escritura.

As√≠ debe ser el poeta, pero el poeta no eres t√ļ, soy yo qui√©n recrea la poes√≠a, t√ļ vendr√≠as siendo el que duda, vendr√≠as siendo la sensaci√≥n del papel en blanco. T√ļ y yo vamos a superar la p√°gina en blanco.

Estos sean quizás los temas fundamentales de la poesía lírica, de tu asomo en primer lugar a mi pubis. Se prohíbe rezar, estornudar, escupir, elogiar, arrodillarse, venerar, aullar, expectorar. En este recinto se prohíbe dormir. Y fornicar es un acto diabólico entonces déjame explicarte, que para la penetración debes concientizar que los poetas no tienen biografía, que cada cuerpo que llevas a la cama es uno entre todos los posibles.

tomada de literalmagazine.com

Yo no me permito que nadie me diga que no comprende los antipoemas, porque tendr√© que re√≠rme a carcajadas, para eso me rompo la cabeza para llegar a la esencia de las cosas, porque no tengo ning√ļn inconveniente en meterme en camisa de once varas. Claro que no respondo si me miran echando sangre por boca y narices.

Yo nací para la escritura, estas letras que vuelan en el aire, son tan libres como mi pensamiento, como yo. No hay contradicción posible que no entiendas. Hay cuerpos atados a un instinto.

Cuando pasen los a√Īos y el aire haya cavado un foso, entre tu alma y la m√≠a no habr√° diferencias y t√ļ solo seas un hombre que am√≥ y yo una mujer que se detuvo un enorme instante frente a tus labios.


Brasil como isla poética: pórtico de antologías y selecciones

Un a√Īo despu√©s del 1er. Encuentro de Poetas del Mundo en Cuba ‚ÄúLa isla en versos,‚ÄĚ efectuado durante las Romer√≠as de Mayo de 2012, se promocionaba en la ciudad de ¬†Santiago de Cuba el libro Memoria de una isla (Apostrofes Ediciones, Santiago de Chile), antolog√≠a resultante de aquel espacio po√©tico confraternal. Con √©l, avalado en su pre√°mbulo por las palabras de la Premio Nacional de Literatura Lina de Feria, quien dijo: ‚ÄúO√≠rlos a ustedes, poetas de todo el mundo, es ampliar el diapas√≥n con el que nuestros juicios adelantar√°n la comprensi√≥n de diversas posiciones,‚ÄĚ se pon√≠an a disposici√≥n de los amantes del g√©nero textos de 60 autores de Angola, Brasil, Cuba, Chile, Colombia, Francia y M√©xico; sugerente abanico de generaciones y est√©ticas que desde la multilateralidad creativa permitir√≠an descubrir, reconocer y dialogar con las diferentes obras.¬† ¬†

La ocasi√≥n sirvi√≥ para intercambiar criterios y valoraciones, sobre todo, acerca de las obras de los poetas de la lengua portuguesa, espec√≠ficamente, de Brasil. A todas luces, ¬†fue aquello pretexto y posibilidad para (re)sintonizar con las letras provenientes de esa zona geogr√°fica de alto relieve literario. Los contertulios de esta urbe, publicados o no en Memoria‚Ķ, traer√≠an a debate la valoraci√≥n que cataloga a Brasil como una isla dentro de Latinoam√©rica, a raz√≥n de ser el √ļnico donde se habla portugu√©s, en su variante local; ¬†especificidad ling√ľ√≠stico-cultural que, imbricada con lo hist√≥rico-social, le otorga un sello inconfundible a la literatura del Gigante suramericano, que por a√Īos ha provocado profundas reflexiones de grandes figuras de su poes√≠a contempor√°nea: en el sentir de Manoel de Barros, Brasil es una ‚Äúisla ling√ľ√≠stica,‚ÄĚ mientras que Vinicius De Moraes la ve√≠a como ‚Äúuna isla de ternura: la Isla/ Brasil.‚ÄĚ

Lo expresado por de Barros y por De Moraes se encuentra en la misma cuerda reflexivo‚Äďcreativa¬† de Carlos Nejar, el poeta que significar√≠a, enf√°ticamente, en su obra La Edad de la Aurora. Fundaci√≥n de Brasil (Editorial Arte y Literatura, 2004), versi√≥n al espa√Īol y presentaci√≥n de Virgilio L√≥pez Lemus, este ‚Äúcar√°cter‚ÄĚ de isla de Brasil. Nejar coloca en varios poemas, de las tres secciones del poemario, este t√©rmino de profundo simbolismo en correlaci√≥n con el lenguaje, con la palabra: ‚ÄúEl suelo de la isla era el mismo que el lenguaje. / Cuando despertaba, con los ojos de animal, toda ella/ cintillaba. Los ojos de la isla, potros galopando entre azules (I. Brasilio y Columba. La edad que duerme. 9.). Brasil, Brasilio, Columba, isla. Palabras frescas o usadas, cocidas en/ el ladrillo, junto al horno‚ÄĚ. (I. Brasilio‚Ķ 10.). En La Edad de la Aurora‚Ķ poemario de identidad, la palabra, dice en el prefacio L√≥pez Lemus, viene del Para√≠so [‚Ķ] ‚Äúes reina de s√≠ misma. [‚Ķ]¬† y resulta una isla ‚Äďisla de islas‚Äď en la que el poeta habita. [‚Ķ]. Y el poeta sujeto de la expresi√≥n muestra la aprehensi√≥n vital a trav√©s de la poes√≠a como acto de identidad [‚Ķ]: Brasil como isla ante el cuerpo global del mundo.‚ÄĚ

La isla, para ellos y otros que as√≠ lo percibieron ‚Äďperciben‚Äď, es la met√°fora (extensamente recurrida) que determina un sentimiento identitario raigal, cuyos signos, subscribi√©ndose la explicaci√≥n de Jos√© Lezama Lima, son la imaginaci√≥n, la fidelidad a las grandes causas y la bravura. De cierto modo, las intencionalidades de los compiladores de Memoria‚Ķ remiten a esos fundamentos y, en el trabajo realizado, emerge la idea de unir ‚Äúislas‚ÄĚ para crear un continente po√©tico. Bajo este presupuesto presentaron los textos de Cyro Mascarenhas Rodrigues (1944), Odete Pereira Alves (1959), Nil Lus (cantante), Mar√≠a Vilmaci Viana Dos Santos (1962) en su idioma original, preservando el esp√≠ritu y las atm√≥sferas de las composiciones, como veh√≠culo para compartir narrativas, con temas dedicados a Cuba, el mar, las deidades, los sue√Īos. Para el lector, ante poemas casi comprensibles, era el reto de disfrutar de la experiencia, explotando a fondo las sensaciones, pues se ha dicho, con acierto, que la pose√≠a es la ciencia de las sensaciones.

Lo anterior se sustenta en las proximidades existentes entre los idiomas espa√Īol y portugu√©s; idiomas de culturas vecinas que anta√Īo, seg√ļn estudios interdisciplinarios en lengua y literatura, entre ambas se produjeron pr√©stamos l√©xicos (palabras, morfemas, expresiones) e interferencias ling√ľ√≠sticas (calcos, mezcla de c√≥digos‚Ķ), fen√≥menos de gran impacto sociocultural y trascendencia.[1] Esta familiaridad coloca en una relaci√≥n a Cuba y Brasil, pa√≠ses que se profesan ‚Äúsimpat√≠as rec√≠procas‚ÄĚ, como expresar√≠a el escritor y diplom√°tico Jo√£o Almino, sobre la base de procesos hist√≥ricos, sociales, pol√≠ticos y culturales con no pocas semejanzas. No es de extra√Īar entonces que la producci√≥n literaria brasile√Īa, en nuestro √°mbito, goce de distinci√≥n, difusi√≥n y aceptaci√≥n, gracias a entregas de casas editoriales como Arte y Literatura, Ciencias Sociales y Casa de las Am√©ricas, posiblemente las que m√°s t√≠tulos de autores de esa naci√≥n tengan en sus cat√°logos. Ello ha contribuido a que escritores de la talla de Jorge Amado, Frei Betto, Chico Buarque, Clarice Lispector, Thiago de Mello, Pessoa, Rubem Fonseca, constituyan referencias bien conocidas.¬†¬†

De esa producci√≥n literaria, a juzgar por el n√ļmero de t√≠tulos en registros institucionales, como la base de datos que el Instituto Cubano del Libro (ICL) circula peri√≥dicamente, para uso de sus dependencias, puede observarse que los g√©neros m√°s representativos son el narrativo, el dram√°tico y el ensay√≠stico; no as√≠ el l√≠rico, escasamente representado en a√Īos recientes, tom√°ndose como referencia el a√Īo 2005, cuando la 14ta. Feria Internacional del Libro de La Habana (FILH) se dedic√≥ a Brasil, donde estuvo disponible Poemas preferidos por el autor y sus lectores¬† (Arte y Literatura, 2004) de Thiago de Mello. Esto repercute, directamente, en las opciones ‚Äďal menos impresas‚Äď para ampliar los horizontes de lectura en esa direcci√≥n.

Para esa edici√≥n 14 de la FILH, Arte y Literatura tambi√©n public√≥ el libro, de naturaleza biling√ľe, Catorce poetas brasile√Īos (2004) con selecci√≥n, traducci√≥n y pr√≥logo de Ricardo Alberto P√©rez, ¬†quien utiliza el momento de la segunda Vanguardia Po√©tica Brasile√Īa del siglo XX: el movimiento concretista (liberaci√≥n de las palabras de la estructura sint√°ctica, de su significado o sonido y darles importancia por su aspecto visual) y el neoconcretista de los a√Īos 50, como apoyatura para organizar y darle coherencia a una antolog√≠a compleja, en la que se priorizan las ausencias m√°s significativas dentro de ese panorama.

En el pr√≥logo de Catorce poetas‚Ķ se plantea que ‚Äúla escritura po√©tica en Brasil [es] un universo en expansi√≥n, con centros localizados, y una amplia periferia donde viven m√ļltiples expresiones del lenguaje.‚ÄĚ Esto se corrobora a trav√©s de unos 90 poemas, en 331 p√°ginas, que sirven de coordenadas para el lector de este y otros libros de poes√≠a de esa gran naci√≥n. S√©pase que tales singularidades han sido de inter√©s para estudiosos y especialistas, que vienen a convertirse en exegetas de la triada poes√≠a‚Äďpoeta‚Äďpoema; labor demarcada, por lo general, en los m√©todos hist√≥rico, psicol√≥gico y estil√≠stico, respectivamente, que dan cuerpo a las antolog√≠as y selecciones, que se visualizan factibles para mostrar un cuadro literario lo m√°s completo posible.

En la opini√≥n de la escritora, traductora literaria y periodista uruguaya Rosario L√°zaro Igoa, el universo de las antolog√≠as de poes√≠a brasile√Īa traducidas al espa√Īol es amplio y continua aumentando, a partir de un flujo literario que se efectiviza de varias maneras, ya sea por medio de antolog√≠as de varios poetas, antolog√≠as de un solo autor, o traducciones de un libro espec√≠fico de un √ļnico poeta.[2] Igoa centra su atenci√≥n en la antolog√≠a de varios poetas, pues es donde se conjugan en un mismo movimiento dos operaciones paralelas e indisolubles: el antologar y el traducir.

En Cuba, no obstante la espor√°dica publicaci√≥n de antolog√≠as o selecciones po√©ticas, prop√≥sitos de esta √≠ndole son los que coadyuvan ‚Äďaniman‚Äď a la circulaci√≥n de la poes√≠a brasile√Īa en nuestro contexto desde otras plataformas. El poeta y ensayista cubano F√©lix Contreras es uno de los nombres que se suma a este concierto con Poes√≠a brasile√Īa, compilaci√≥n de poemas de siete poetas, ¬†publicada en la revista digital El Caim√°n Barbudo, en 2012. Este autor argumenta, en estrecha relaci√≥n con el planteamiento de Ricardo A. P√©rez, que ‚ÄúNo hay en nuestro planeta una poes√≠a m√°s parecida a su pa√≠s, que la brasile√Īa: amplia, vasta, diversa, colmada de contrastes, profunda, pluri√©tnica y pluricultural‚ÄĚ. Esta¬† concepci√≥n sirve de p√≥rtico para profundizar e indagar en ese universo, de fuerte tradici√≥n, con poetas notables y paradigm√°ticos.

Cabe precisar que en antolog√≠as y selecciones de pluralidad internacional se han incluido poetas brasile√Īos. Por ejemplo, la colecci√≥n Sur editores publicar√≠a en El m√ļltiple trino. Treinta y cinco poetas del siglo XX (2001), diez poemas del periodista y pol√≠tico brasile√Īo Carlos Drummond de Andrade (1902‚Äď1987), considerado por la cr√≠tica como uno de los mayores poetas de Brasil. Se afirma que desde sus primeros libros la poes√≠a de Drummond se destac√≥ del resto por su calidad y autenticidad, ‚ÄúToda una literatura, una po√©tica singular,‚ÄĚ enfatiza el cr√≠tico y periodista Luis Suard√≠az gestor del El m√ļltiple trino‚Ķ Y agrega que es un ‚ÄúPoeta de lo infinito y la materia/cantor sin piedad [‚Ķ]/ sin l√°grimas fr√°giles [‚Ķ],‚ÄĚ que hizo uso magistral de la iron√≠a, la s√°tira, el humor, la auscultaci√≥n de la realidad, lo cotidiano, lo pol√≠tico.

La bibliograf√≠a citada expone, de un modo u otro, que las est√©ticas y recursos de los autores brasile√Īos, sobre todo los concretistas y modernistas, han dejado una impronta en el discurso po√©tico de Brasil e incluso fuera de sus fronteras. A esto √ļltimo se aproxima el investigador Virgilio L√≥pez Lemus en el libro Oro de la cr√≠tica (Editorial Oriente, 2013), ¬†a trav√©s del cap√≠tulo Otra mirada a la poes√≠a cubana en cinco d√©cadas: 1959-2009, donde propone, por medio de un esquema, un compendio nominal para organizar autores cubanos de diferentes √©pocas. En √©l est√°n los llamados juveniles (1959-1976), donde se inscriben m√°s de cincuenta poetas, que empezaron a publicar sus obras en la d√©cada de los a√Īos 80¬ī y 90¬ī del pasado siglo XX. La mayor parte de sus integrantes, asevera L√≥pez Lemus, ‚Äú[‚Ķ] elige diversas direcciones: contin√ļan senderos de la m√©trica tradicional o experimentan hasta aproximarse al concretismo brasile√Īo [‚Ķ].‚ÄĚ Entre los juveniles est√° relacionado Ricardo Alberto P√©rez, entendido en el tema como se ha visto.

En los a√Īos en que estos escritores comienzan a visibilizarse en el panorama literario cubano, √©poca de cambios en la expresi√≥n po√©tica nacional, la cr√≠tica ya mostraba inter√©s sobre el fen√≥meno de la poes√≠a concreta brasile√Īa. La ponencia El signo y las letras: una aproximaci√≥n cr√≠tica a la poes√≠a concreta brasile√Īa de los a√Īos 60‚Äô, le√≠da por el cr√≠tico de arte Rafael Acosta de Arriba en el encuentro Jornada de la cultura brasile√Īa en Cuba, organizado por Casa de las Am√©ricas, la Universidad de La Habana y la Sociedad Brasil-Cuba, en noviembre de 1994, realizado en el cine Yara, de La Habana, supone la existencia de una recepci√≥n activa para esos contenidos. La revista Casa de las Am√©ricas, portavoz de importantes momentos culturales, publicar√≠a √≠ntegramente el texto de la ponencia,¬† en el N¬ļ 207 de 1997.

Tambi√©n las referencias bibliogr√°ficas aludidas ofrecen una idea preliminar de los m√ļltiples paisajes po√©ticos de y sobre los cultores del Gigante suramericano; paisajes como met√°foras del sentido de lugar (geogr√°fico, imaginario), de las circunstancias, del lugar externo e interno que rodea al hombre, de la percepci√≥n de pertenecer a algo. Pero, dentro de ese cuadro, existen a√ļn zonas por explorar, atendiendo al detalle que en esas compilaciones y antolog√≠as predominan nombres de una generaci√≥n que naci√≥, fundamentalmente, en la primera mitad del siglo XX, por lo que cabr√≠a indagar por la obra de aquellos que nacieron en los a√Īos 60‚Äô. Es inter√©s para el presente abordaje inquirir por los nacidos en los 70‚Äô y 80.

Comprendidos en las postrimer√≠as de los 30 o transitando ya los 40 a√Īos, estos creadores se inscriben en el n√ļcleo de los poetas brasile√Īos de hoy (actuales),¬† que seg√ļn el cr√≠tico literario carioca Antonio Carlos Secchin, ‚Äúse mueven entre la tradici√≥n l√≠rica y la necesidad de inventar nuevas formas de expresi√≥n en un pa√≠s donde el tema de lo nacional se impone.‚ÄĚ[3] Si bien por las edades que ostentan no entran en las estad√≠sticas de los m√°s de 50 millones de j√≥venes entre los 15 y 29 a√Īos, hay que advertir en ellos rasgos comunes con sus coterr√°neos, como la vasta diversidad cultural, tecnol√≥gica y pol√≠tico-econ√≥mica. Adem√°s, descuellan preocupaciones, como las de no estar ajenos a las grandes desigualdades sociales (racismo, xenofobia, pobreza‚Ķ), fen√≥menos que llevan expeditamente a sus creaciones literarias.

La selecci√≥n Todo comienzo es involuntario. Ocho poetas j√≥venes brasile√Īos, sit√ļa algunos aspectos que distinguen ‚Äďexplican‚Äď a esa generaci√≥n: ‚ÄúEllos saben la importancia de la Poes√≠a Concreta, del Neobarroco, del Language Poetry, no rechazan el di√°logo con esas tendencias inventivas, [‚Ķ] son autores actualizados, que insisten en vivir su tiempo, con derecho a explorar todas las posibilidades ofrecidas por la tecnolog√≠a, verbal y no verbal, para la creaci√≥n en nuestra √©poca‚ÄĚ[4]. En la selecci√≥n de F√©lix Contreras, sucinta pero no menos importante, se logra descifrar tales criterios a trav√©s de la obra hecha por Thiago Cervan (1985), Geovani da Silva (1989), Rodrigo M√©ndes Rodrigues (1989). Hay poemas asumidos como manifestaci√≥n, en los que el sujeto lirico cuestiona, expl√≠cita e impl√≠citamente, los diversos fen√≥menos ‚Äďopresores‚Äď omnipresentes, sobre todo, de las grandes ciudades.

Los poemas de Poes√≠a brasile√Īa, como los de otras selecciones, evidencian la necesidad de ‚Äúsancionar‚ÄĚ las disimiles problem√°ticas desde un discurso heterog√©neo, pero con numerosos lazos conectivos. Sin embargo, quien quiera ver un conjunto de poetas articulados como generaci√≥n, defendiendo un lenguaje contestatario desde lecturas hist√≥ricas, sociales, pol√≠ticas; adem√°s con ¬†(re)visitaciones a temas y personalidades de la literatura, las artes ‚Äďnacional ¬†y ¬†universal‚Äď, sin obviar los grandes temas de siempre: el amor, la esperanza, la muerte, Dios, la naturaleza, la familia‚Ķ, debe incluir en su hoja de ruta lectora a La Selecci√≥n. Once poeta brasile√Īos hoy (Ediciones Santiago, 2018).

Este libro biling√ľe de 181 p√°ginas, perteneciente a la Colecci√≥n C√≥dice, al cuidado y edici√≥n de Oscar R. Cruz P√©rez, poeta y editor santiaguero, forma parte de los empe√Īos editoriales atendibles del Sistema de Ediciones Territoriales (SET), que apuesta, cada a√Īo, por renovarse, dando a conocer lo mejor, novedoso y m√°s diverso de la literatura de otras latitudes. Se trata de una apertura impostergable, que ha venido rompiendo, creativamente, los estigmas que sobre la producci√≥n del SET sostienen algunos desconocedores de esta fortaleza de las publicaciones cubanas, que insisten aun en comparar, cualitativamente, sus producciones con las de otros sellos editoriales.

Integrado por 44 poemas, la obra es provechosa en muchos sentidos, por supuesto, desde los textos, la traducci√≥n de la guatemalteca Claudia Tobar, hasta la imagen de cubierta, un detalle de la obra S.T (2010) de Helena Freddi, que desarrolla actividades art√≠sticas y acad√©micas ligadas a pesquisas y estudios de t√©cnicas y po√©ticas gr√°ficas. Asimismo, captura de manera inequ√≠voca un proyecto po√©tico en el que late el pensamiento org√°nico en torno a la poes√≠a como herramienta de expresi√≥n social, como mecanismo cr√≠tico, con la cual las voces ah√≠ reunidas, son capaces de manifestarse desde su propia percepci√≥n de la realidad circundante. Marcelo Lotufo, su coordinador, lo propone como una ‚Äúpuerta de entrada‚ÄĚ para que los lectores cubanos se interesen por conocer los poetas brasile√Īos nacidos en esa d√©cada y la venidera; poetas que son parte de una generaci√≥n que ha renovado la poes√≠a brasile√Īa, d√°ndole un nuevo aliento, seg√ļn sus palabras.

A Marcelo Lotufo le precede la carta credencial de haber realizado, junto al poeta y escritor guantanamero Jos√© Ram√≥n S√°nchez y a los traductores Rodrigo A. do Nascimento y Mariana Ruggieri, el libro Nocaute: 6 poetas / Cuba/hoje (Ediciones Jabuticaba, Brasil, 2017), selecci√≥n en el que constan seis poetas cubanos nacidos despu√©s de los 70¬ī, del pasado Siglo: Jos√© Ram√≥n S√°nchez (1972),Oscar Cruz P√©rez (1979), Pablo de Cuba Soria (1980), Jamila Medina R√≠os (1981), Javier L. Mora (1983), Legna Rodr√≠guez Iglesias (1984).

En ambas selecciones se advierten similitudes entre los discursos po√©ticos, una forma loable, de ver (leer) c√≥mo pueden dialogar generaciones an√°logas, con intereses compartidos, en diferentes partes del orbe. Ello se debe a la dimensi√≥n manifiesta del lenguaje po√©tico, que a√ļpa, simboliza, articula, convoca.

Los poetas llamados a integrar La Selecci√≥n‚Ķ, son siete mujeres y cuatro hombres, y en observancia de sus biograf√≠as/curr√≠culos, se cumple lo que Antonio Carlos Secchin dec√≠a de la producci√≥n po√©tica ‚Äďy poetas‚Äď del Brasil contempor√°neo, que estos dominan un conocimiento t√©cnico del lenguaje, surgido de su formaci√≥n universitaria, con un mayor grado de especializaci√≥n, lo que les permite ampliar el horizonte de superaci√≥n est√©tica. Tienen los 11, efectivamente, formaci√≥n profesional como abogados, historiadores, cr√≠ticos de arte, periodistas. Adem√°s experiencias de participaci√≥n en otros campos culturales como la fotograf√≠a, las artes visuales, la traducci√≥n y la edici√≥n.¬†

Sobresaliente son sus quehaceres dentro de las letras de su pa√≠s, con¬† numerosas publicaciones que as√≠ lo demuestran, con atenci√≥n sistem√°tica de la cr√≠tica especializada. Tal es el caso de las poetas, que constituyen mayor√≠a en La Selecci√≥n‚Ķ, pertinente inclusi√≥n, pues la poes√≠a hecha por estas f√©minas, cual ¬†documento social, emplaza un discurso que da cuentas, entre los muy diversos temas al que recurren, del complejo entramado a las que est√°n sujetas las mujeres en Am√©rica Latina. En aras de profundizar en este conjunto interesante, transgresor si se prefiere, pueden encontrase abordajes cr√≠ticos que permiten comprenderlas mejor en sus dimensiones creativas, como sucede en Wonderful Witches, siete poetas brasile√Īas (1973-1984), breve pauta anal√≠tica del poeta mexicano Sergio Ernesto R√≠os,[5] que permite llegar a los poemas Micheliny Verunschk (1972), Ang√©lica Freitas (1973) y Mar√≠lia Garc√≠a (1979), ¬†donde se plasma las sensibilidades y subjetividades de cada una, que pueden confrontarse con sus poemas de La Selecci√≥n‚Ķ

R√≠os acota que Micheliny Verunschk es ‚Äúcrisol sombr√≠o mezcla de recuerdos y deseos‚ÄĚ: (En alg√ļn lugar/brazos y piernas/pe da zos que en-caja-n/ con todo los enga√Īos.). A Ang√©lica Freitas la caracteriza el ‚Äúhumor, iron√≠a y una tirante relaci√≥n con lo que huele a Cultura Oficial, a Alta Cultura‚ÄĚ: (pap√° es el presidente/mam√° es primera dama/van a acabar con todos ustedes/voy a acabar con todos ustedes/voy a vivir en Miami/ ¬°verga! ¬°en su! ¬°Culo!/ LALALALA‚Ķ). Mientras que Mar√≠lia Garc√≠a es ‚Äúdue√Īa de momentos enigm√°ticos, es capaz de hacer que los versos m√°s simples est√©n m√°s cerca de lo que aparentan‚ÄĚ (‚Äúes dif√≠cil ver las cosas/directamente‚ÄĚ, / ellas son muy luminosas/o muy oscuras).

De Ana Martins Marques (1977): activista y periodista brasile√Īa, se suscriben las l√≠neas de la presentaci√≥n de su poemario El libro de las semejanzas (Killer71ediciones,2015), que permiten conocer sus inquietudes: ‚Äú[‚Ķ] la poeta transita a trav√©s del juego metaling√ľ√≠stico (lenguaje enriquecido por formas imaginativas) y la recreaci√≥n de la frase hecha o el dicho popular (y por¬† m√°s vidas que tenga/cada gato/es el cad√°ver de un gato); a trav√©s tambi√©n de una cartograf√≠a sentimental que nos habla del amor y el desamor (t√ļ me pides que no hable de amor/ de repente tengo una ocupaci√≥n/ no verte, no llamarte/ no pensar en ti/ todo eso da cierto trabajo/ no voy a habla de amor), o desde una ir√≥nica modestia que da cuenta de los l√≠mites de la creatividad (¬Ņpensar√°n en cuchillas/rev√≥lveres/veneno?/ pues yo solo pienso en el mar)‚ÄĚ.

√Črica Z√≠ngaro (1980), que dedicada en la actualidad a la reflexi√≥n humor√≠stica sobre su propio trabajo po√©tico, experimenta con el lenguaje y recontextualiza los mensajes ‚Äďsubliminares‚Äď de la internet como se observa en el siguiente fragmento de ‚Äúteor√≠a de los g√©neros‚ÄĚ: ‚Äúeste poema fue escrito con datos tomados de Google Inc,/ y la poeta se exime de responsabilidad por la distribuci√≥n de esta informaci√≥n [‚Ķ]‚ÄĚ. As√≠ como problemas √©ticos inherentes a la ciencia, la tecnolog√≠a y la innovaci√≥n cient√≠fica, el ser humano presa y diana de sus propias dilemas presentes en Problemas metaf√≠sicos: ‚ÄúLa tecnolog√≠a/a favor/ de la salud/ del consumidor: Huevo transg√©nico/ Huevo transfigurado/Huevo industrializado/gen√©tico/& genuinamente/transformado/ para usted [‚Ķ] Coma sin culpa‚ÄĚ. ¬†En Nina Rizzi (1983), por su parte, con m√°s de nueve libros en su haber, encontramos una poes√≠a poderosamente √≠ntima, feminista y a ratos casi documental de un activismo social y cultural: ‚Äú¬°a la mierda co¬īel lirismo!/poes√≠a concreta/es tu verga erecta entre/mis grietas y callejones. O ‚Äďes necesario cuidar bien el coraz√≥n/temando un saludo mientras/las manos incendian un veh√≠culo aqu√≠ en la calle/-es necesario politizarla herida [‚Ķ]-es necesario cuidar bien el coraz√≥n‚ÄĚ, dice.Adelaide Iv√°nova (1982) periodista y activista que trabaja en poes√≠a, fotograf√≠a, traducci√≥n y publicaci√≥n, es la editora de la revista anarquista-feminista MAIS PORN√Ē, PVFR, ¬†de modo que sus poemas ‚Äúel broche,‚Ä̬† ‚Äúla sentencia,‚ÄĚ ¬†‚Äúla moral‚ÄĚ y ‚Äúel martillo,‚ÄĚ son coherentes con sus postulados creativo-profesionales; ‚Äúel martillo‚ÄĚ, ilustrativo de los temas ‚Äďpreocupaciones‚Äďque la ocupan,¬† forma parte de libro hom√≥nimo y trata sobre la violencia y la sexualidad femenina. El libro hom√≥nimo fue publicado por primera vez en Lisboa (Portugal), en 2016, adem√°s posee una edici√≥n brasile√Īa de 2017. El poema es un claro manifiesto de lucha contra esa violencia (f√≠sica‚Äďsimb√≥lica): ‚Äúduermo con martillo/ debajo de la almohada/ si alguien entra de nuevo/ y furtivo/ en mi cuarto no basta que/ sea una mierda, tener un hierro/ d√°ndome toques en la cabeza‚ÄĚ.

Entre las (opciones) est√©ticas (√©ticas) de los poetas La Selecci√≥n‚Ķ se entrev√©n elementos de contactos apreciables que los ha llevado a enrumbar proyectos literarios comunes o participar del o los circuitos culturales de sus ciudades/ pa√≠s, lo cual es sumamente importante, pues brinda informaci√≥n relativa al momento hist√≥rico, intelectual, cultural y acad√©mico desde donde se posicionan y defienden el movimiento ‚Äďcorpus‚Äďliterario del que forman parte. Ejemplo de lo anterior ¬†es Fabiano Calixto (1973) quien ha compartido labores de edici√≥n en la revista literaria Modo de User e Co., con Mar√≠lia Garc√≠a y Ang√©lica Freitas.

En la poes√≠a de la representaci√≥n masculina de La Selecci√≥n‚Ķ la historia y la geograf√≠a adquieren intensas relaciones en la que se establecen asociaciones simb√≥licas abiertas y creativas, con sucesos acaecidos y problem√°ticas, pret√©ritas y actuales, corroborando la literatura puede contribuir al conocimiento hist√≥rico territorial desde otra forma de entender el (micro-macro) universo a partir de apreciaciones sugestivas (juicios, valoraciones), a veces, agudamente cr√≠ticas.¬† Fabiano Calixto, aborda el paisaje anacr√≥nico de la cosmopolita urbe paulista: ‚Äúante la lluvia, el mendigo/ya estaba muerto/ [‚Ķ] la boca ya estaba llena/de sangre, de hormigas/de granizo‚ÄĚ. En Pedazos esqueleto dice: ‚ÄúLa ave. Paulista corriendo es tan graciosa/ parece una cobra de marshmallow/ un viaje √°cido/una anguila electrocutando lenguas‚ÄĚ. Mientras Tarso de Melo (1976) retrata el problema pa√≠s en un poema alegato como es Un pa√≠s: ‚ÄúUn pa√≠s que se esconde de s√≠ mimo. Un pa√≠s que segrega, /excluye, amordaza. Sofoca su parte¬† incomoda. [‚Ķ]Un pa√≠s grandioso, como el pa√≠s sin¬† futuro/¬† [‚Ķ]¬† Un pa√≠s imbatible en las tareas del error.‚ÄĚ, de Melo, adem√°s, tematiza la impronta de la colonizaci√≥n en el devenir de Brasil con Ellos quieren m√°s: ‚Äú516 a√Īos. Y los ind√≠genas que est√°n en las tierras que les/ interesan a los blancos son muertos en los montes: sin registro [‚Ķ] 516 a√Īos. Y los negros que enfrentan los l√≠mites/ definidos por los blancos son muertos [‚Ķ] 516 a√Īos‚Ķ‚ÄĚ, ¬†y contin√ļa hablando sobre las mujeres, los pobres, los ni√Īos. Sobre los desencuentros que resume posteriormente en el poema Convenci√≥n. El poeta y artista visual Reuben ‚Äúcavalodad√°‚ÄĚ da Rocha (1984) es considerado uno de los poderes m√°s extra√Īos y fascinantes de la poes√≠a brasile√Īa contempor√°nea, como se introduce en una entrevista para el suplemento Pernambuco, de perfil literario.¬† Cavalodad√° se ve a s√≠ mismo como un animal salvaje que vive en una megal√≥polis del tercer mundo. Y su escritura combina muchos elementos cient√≠ficos y tecnol√≥gicos (me preocupa la tecnolog√≠a en busca de una posible contemplaci√≥n en este mundo de chatarra) con elementos ancestrales y primitivos (Nac√≠ en una isla, me gusta hablar con el viento, con el movimiento de las mareas, con la gradaci√≥n de la luz solar)[6]: ‚ÄúESTUVE AQU√ć MUCHAS VECES/todav√≠a encuentro bonito/extra√Īos seres ligerezas/ extra√Īas paz precipicio. [‚Ķ] estuve aqu√≠ desde temprano/reincidente celeste/hirviendo oxigeno/protones de polen planetas/la gracia plural de los √°tomos/color intimo de las part√≠culas [‚Ķ]. O /TEMPORADA DE CAZA/AL INDIO KA¬īAPOR/drones tele dirigen/kano√©s/caip√≥s/‚ÄĚ. Italo Diblasi (1988), cuyos textos han sido publicados tambi√©n en la citada revista Modo de User e Co tampoco queda indiferente ante el drama humano en la gran ciudad, ante los desaf√≠os de este mundo: ‚ÄúEl espect√°culo est√° ah√≠/ pero nadie lo ve/ hab√≠a y eso/ bastaba-espejos/ mostrador de deseos/ vendido a plazos‚ÄĚ (Un drama sin apoteosis); el silencio cruel del asfalto, los muros de concreto, los trasiegos inciertos por la(s) avenida(s): ‚ÄúYo vi la muerte lapidar tus alas/de fr√≠os metales/mientras el hambre retorc√≠a/la carne cruda de los real. Un arabesco surrealista gritaba/antiguos c√°nticos herejes/y eran tristes las melod√≠as decapitadas/en la oscuridad de la urbe‚ÄĚ (Breve anotaci√≥n en la Avenida Central).¬†La lectura de los poemas de estos 11 poetas confirma que, efectivamente, la escritura po√©tica de los creadores j√≥venes en Brasil, es un universo en expansi√≥n que explora todas las posibilidades ofrecidas por la tecnolog√≠a, verbal y no verbal. Parecen poemas con temas de intercambio y ello, sin dudas, responde a la forma intr√≠nseca que encontraron para reinventar (se) su pa√≠s, su isla. ¬†La fuerza de la palabra encuentra resonancias a trav√©s de una antolog√≠a hecha ‚Äúcontra [‚Ķ] vociferaciones belicosas y vac√≠as, contra pol√≠ticas para mantener a sectores desinformados [‚Ķ] un dialogo po√©tico de lecturas y preocupaciones [‚Ķ] la b√ļsqueda de la diversidad a trav√©s del entendimiento y respeto mutuos‚ÄĚ, concordar√≠amos con Marcelo Lotufo.¬†¬†

Notas y referencias bibliogr√°ficas

[1] Dolores Corbella, Alejandro Fajardo (editores) Espa√Īol y portugu√©s en contacto: Pr√©stamos l√©xicos e interferencias. Editorial GmBh, Berl√≠n/Boston, 2017.

[2] Rosario L√°zaro Igoa: ‚ÄúEl universo de las antolog√≠as de poes√≠a brasile√Īa en traducci√≥n al castellano‚ÄĚ. Disponible en http://www.traduccionliteraria.org/1611/art/lazaro.htm

[3] Antonio C. Secchin: ‚ÄúPoes√≠a de Brasil: minimizar lo nacional.‚ÄĚ Disponible en https://elpais.com/cultura/2013/10/08/actualidad/1381236313_683936.html

[4] Todo comienzo es involuntario. Ocho poetas j√≥venes brasile√Īos. En Revista EL NAVEGANTE N¬ļ2 a√Īo 2 – Noviembre de 2007¬† Escuela de Literatura – Universidad del Desarrollo, Chile.¬† Disponible en ¬†Proyecto Patrimonio ‚Äď 2007 http://www.letras.mysite.com/ll231107.html

[5] Revista La Colmena 64, octubre-diciembre 2009. (Formato Pdf)

[6] Gianni Paula de Melo: ‚Äúentrevista a Reuben da Rocha‚ÄĚ en Sexta 29 diciembre de 2017. Disponible en ¬†https://www.suplementopernambuco.com.br/entrevistas/2028-entrevista-reuben-da-rocha.html

 


Maylan y el amor a la literatura (+VIDEO)

La literatura, la edici√≥n y el periodismo se entrelazan en la vida de una mujer con alma de √°ngel. Maylan √Ālvarez Rodr√≠guez es miembro del colectivo de¬†Ediciones Matanzas¬†y due√Īa de una modestia que gratifica al interlocutor.

Galardonada con premios como el Calendario de Poesía 2011, con su libro Naufragios del San Andrés, Maylan no cesa su creación literaria.

‚ÄúAcabo de terminar mi tercera novela para ni√Īos, que fue la primera que comenc√© a escribir y he estado en su revisi√≥n. Hace ocho a√Īos obtuve la beca La Noche con el libro titulado¬†Historias de bichos o como se permuta de ciudad Papiro. Es un divertimento, m√°s que para ni√Īos, para adolescentes, y espero que pronto salga a la luz. Esta historia, ambientada entre insectos, con estrecha relaci√≥n con la realidad humana, posee tintes ecol√≥gicos, de socializaci√≥n y ayuda al pr√≥jimo‚ÄĚ.

Autora de títulos como El mundo de Marcos, Otras lecturas del cuerpo y el testimonio La callada molienda, la escritora expande su obra en medio del aislamiento social provocado por la pandemia de la COVID-19.

‚ÄúCerr√© un poemario ambientado en mi natal Uni√≥n de Reyes, con historias de mis padres, mis historias guajiras. Y tambi√©n he estado leyendo nuevos autores y releyendo otros grandes como Gabriel Garc√≠a M√°rquez‚ÄĚ, a√Īadi√≥ la creadora.

La labor de edici√≥n requiere de un dominio exquisito del idioma espa√Īol y de las t√©cnicas literarias. √Ālvarez Rodr√≠guez hace uso de ambos recursos con los que cuenta para continuar con esta tarea desde casa.

‚ÄúEstoy trabajando una obra de una joven escritora habanera llamada Taime Di√©guez Mayo, merecedora del premio Milan√©s en la pasada edici√≥n en Matanzas. Tambi√©n estoy en ciernes con un libro maravilloso del matancero Aram√≠s Quintero, dedicado a la Se√Īa del Humor. Ser√° un homenaje a un periodo fruct√≠fero del humor en Matanzas e incluir√° fotos de la √©poca que har√° recordar a los yumurinos lo bien que lo pasaban con esta agrupaci√≥n humor√≠stica durante la d√©cada de los 80‚ÄĚ.

Maylan y el amor a la literatura

Foto: David √Āvalos

Sobre su funci√≥n como editora de la revista Matanzas, Maylan comenta: ‚ÄúDe conjunto con su director Alfredo Zald√≠var y Yanira Marim√≥n, jefa de redacci√≥n, estoy trabajando este n√ļmero dedicado al centenario del nacimiento de Eliseo Diego. Contiene un grupo de art√≠culos in√©ditos que pienso satisfar√°n la curiosidad de nuevas generaciones que tal vez no conozcan a un escritor tan cubano como Eliseo Diego. El nuevo n√ļmero permitir√° recordar poemas y textos narrativos de este gran artista‚ÄĚ.

Perteneciente a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Maylan coloca en cada obra su tesón y también un pedazo de su alma.

FRAGMENTO DE¬†NAUFRAGIOS DEL SAN ANDR√ČS

Mi casa est√° en la calle Final, pero el cartero

suele confundirse y a√Īadir -por prudencia-

que vivo al lado del cementerio, muy cerca del río

San Andrés.

Los muertos de este pueblo hablan. Y mi cama se

orienta hacia el Norte, allí donde asechan, ajenos

A todo, excepto al esc√°ndalo que les precede.


No apto para mayores: Lecturas de una intrusa

Un ni√Īo descalzo se lanza al ataque. Porta una espada de palo, el palo del vampiro. Una cazuela protege su cabeza en el combate. Lo acompa√Īa una legi√≥n de hormigas con armamentos. Qu√© nombre le pondr√© al protagonista de estas historias. Busco entre mis vecinas a Sary. ¬ŅEn cu√°ntas familias descubro a su amigo Ariel?

‚ÄúLa guerra en secreto comenz√≥ el d√≠a que le dije a mam√°: esto es conversaci√≥n de Menores.‚ÄĚ Y con esta declaraci√≥n b√©lica se hace a la luz de la literatura cubana un libro que muestra sombras del universo infanto-juvenil y las familias. Es un volumen donde asoma la crudeza, el dolor, ese que por mucho tiempo se excluy√≥ de las narrativas pensadas para las edades tempranas.

De la autor√≠a de Yunier Riquenes, llega en 2018 este libro a la tutela de la Editorial Oriente. El t√≠tulo tuvo su primera luz por Ediciones Caser√≥n. La presente, cuenta con la edici√≥n de Zaylen Claver√≠a, el dise√Īo de cubierta corre a cargo de Naskicet Dom√≠nguez, mientras que Amels Rodr√≠guez se ocupa de las ilustraciones. La guerra comprende 16 combates, o m√°s bien 15, y una rendici√≥n de las armas con tratado de paz.

¬ŅCu√°ntos padres no sienten que la corporalidad de sus hijos cual esclavitud les pertenece, que es zona geogr√°fica de sus acciones para lo que entiendan? Aun sin ‚Äúmalas intenciones‚ÄĚ la maternidad-paternidad suele construirse desde una relaci√≥n de poder-subalternidad y no siempre de respeto e igualdad como individuos. Por eso creo que sin pecar en generalizaciones, la letra de Riquenes ahonda en realidades ‚Äúleg√≠timamente invisibles‚ÄĚ.

Yunier, al igual que otros escritores de literatura para ni√Īos y j√≥venes de su generaci√≥n, introducen tem√°ticas antes vetadas, temas como la violencia, la muerte, prejuicios de disimiles √≠ndoles, la fe religiosa y otros, aparecen con toda intenci√≥n en sus narraciones.

Los relatos coinciden en la visualizaci√≥n de las relaciones de poder, subalternidad o antagonismo con que de modo tradicional se han entendido en muchas familias las relaciones entre padres e hijos. En algunos momentos se abordan tambi√©n el modo en que los conflictos de pareja repercuten en el estado emocional de los ni√Īos. Las narraciones explicitan actos de violencia que en el seno de la sociedad casi siempre son entendidas como algo normal:

El inicio de la guerra

  • ‚ÄúA veces me pregunto por qu√© Los Menores no podemos tomar nuestras propias decisiones, por qu√© no podemos escoger la ropa que queremos usar, por qu√© siempre, si mam√° o pap√° sacan un short, y uno reclama, ellos dicen: dale, ponte ese; no comprenden que a uno le interesa andar con pantal√≥n para verse m√°s grande. Pero no entienden, si no te lo pones te dan un golpe‚ÄĚ.

Los Adversarios

  • ‚ÄúSi uno los enfrenta en la cocina te pueden amenazar con cucharas, vasos, espumaderas, sartenes, o cualquier otro utensilio‚ÄĚ.

Predominan las narraciones breves, cuyo dinamismo en ciertos pasajes ilustran escenas violentas y remedan como en el cartel de apertura, ¬†n ring de boxeo: ‚ÄúHalaban por la derecha, por la izquierda. Derecha, izquierda. Derecha, izquierda, hasta que pegu√© un grito‚ÄĚ. ¬†

Y también estos pasajes hurgan en el universo y la psicología de los infantes y en las carencias y desatenciones emocionales que sobrevienen a las rupturas familiares:

Los Adversarios

  • ‚ÄúCambian de ciudades y se lo llevan todo. O lo dejan todo a tu nombre. Ordenan y hay que recoger, apurarse para ir a donde vayan, en el corto tiempo que tienen‚ÄĚ.

Esta p√°gina describe c√≥mo todo ni√Īo tiene d√≠as en que finge alg√ļn malestar para quedarse en casa. Ante la presunta afecci√≥n recibe mayores atenciones y mimos de los adultos. Nos invita de manera impl√≠cita a reflexionar si realmente se necesitan situaciones como √©stas para dedicarle tiempo y afectos a los hijos.

Hay momentos  en que esta narrativa pareciera recrear escenas de extrema violencia:

  • ‚ÄúSi descubren que mientes, vuelven a ser los de antes y te mandan a la escuela despu√©s de una tanda de golpes‚ÄĚ.

¬ŅA ustedes les parece crudo? S√≠ lo es, tanto como la verosimilitud de los conflictos al interior de algunos hogares que hoy se definen como ‚Äúdisfuncionales‚ÄĚ. No valen generalizaciones por supuesto, pero todos escuchamos historias como √©stas nacidas de la cotidianidad, o peor, hemos sido testigos en nuestros entornos y hasta quiz√°s alguien encuentre alg√ļn referente familiar. En los c√≥digos del sistema cultural y h√°bitos de interacci√≥n familiar-popular del √°rea cubano-caribe√Īa, la violencia se asimila en m√ļltiples ocasiones como una conducta normal. Muchas familias no reparan en ello, ni siquiera tienen conciencia de la dimensi√≥n de sus actos.

Un par de chancletas ‚Äďlas de la contracubierta‚Äď definen la ilustraci√≥n de este relato. El signo es el m√°s ilustrativo en la comunicaci√≥n que define este tipo de interacciones familiares. Padres-hijos-chancletas es una tr√≠ada muy ilustrativa dentro de la simbolog√≠a familiar cubano-caribe√Īa, nos guste o no, antes m√°s, quiz√°s menos ahora. Chancletas, cintos y otros accesorios son √≠conos de la violencia f√≠sica y psicol√≥gica por estos contextos, y solo en tiempos recientes desmontados de su altar gracias por ejemplo a campa√Īas de bien p√ļblico lideradas por los medios de informaci√≥n.

Las historias acontecen en un escenario rural donde emergen adem√°s el tema del amor del ni√Īo hacia el entorno, el paisaje natural y los animales. El infante a menudo se arma para su campa√Īa belicista con s√≠mbolos de amor y paz, otras veces es preso de las contradicciones propias de la edad:

 Formación y Ataque

  • ‚ÄúEnseguida form√© el ej√©rcito. No contaba con tanques de guerra, soldados de plomo ni robots de √ļltima tecnolog√≠a; confiaba en el r√≠o, la paloma y las ovejas. Form√© el ej√©rcito sin lema, himno ni bandera.‚ÄĚ

La voz que nos conduce en estas narraciones pretende salvar a las ovejas del palo del vampiro, quiere evitarles el sacrificio y traza junto a éstas una estrategia que adopta códigos de la fábula. El desenlace del relato es optimista. Concluye con un excelente toque de humor muy apropiado al entorno campesino:

  • (La madre del ni√Īo): -Menos mal que comi√≥, Sary. Ya me estaba preocupando este muchacho. M√≠rame aqu√≠ ‚Äďse√Īal√≥ la cabeza‚Äď. Sent√≠ que algo me cay√≥ al salir del r√≠o.
  • -Es mierda de p√°jaro, dicen que eso es buena suerte.
  • -¬°Por ahora no! ‚Äďripost√≥ enojada, oli√©ndose el dedo-. ¬°Es mierda!
  • (‚Ķ)
  • Sonre√≠, desde otro flanco el ataque hab√≠a continuado sin instrucciones previas.

En C√≥mo vuelven a nacer las ovejas el conflicto reitera la preocupaci√≥n y el sufrimiento del ni√Īo ante el sacrificio de las ovejas en el instrumento El palo del vampiro. Tal proceso de la faena campesina se describe al detalle. El personaje del padre se representa como un hombre rudo que asume las faenas y el sacrificio de los animales como un hecho natural, lo cual recibe el cuestionamiento del hijo.

A partir de este motivo central se deslindan otros subtemas como una insinuaci√≥n de soslayo a los primeros afloramientos er√≥ticos; otros, como las afectaciones medioambientales, y de modo relevante hasta la √ļltima oraci√≥n del compendio, se introduce el subtema de la fe religiosa. El protagonista le cuestiona a Ariel, compa√Īero de mesa y amigo sobre lo ver√≠dico de la existencia de ‚Äú√Čl‚ÄĚ, ‚Äúese Se√Īor‚ÄĚ o ‚ÄúDios‚ÄĚ.

Hay ciertos tonos jocosos en el abordaje del tema al cuestionamiento de la fe que no le restan trascendencia y respeto, pues desde la voz de la infancia resultan permisibles y hasta simp√°ticos:

  • ‚ÄúSus padres hablan mucho de √Čl:
  • Compraron un televisor: GRACIAS A DIOS
  • Alcanzaron mangos en el mercado: GRACIAS A DIOS
  • Llegaron temprano: GRACIAS A DIOS
  • Pero si llegan tarde, o no consiguen nada: DIOS SABR√Ā POR QU√Č, GRACIAS, DIOS M√ćO.‚ÄĚ

M√°s adelante en otros relatos se formulan preguntas como qu√© es la Biblia o si ¬ŅDios es escritor?

La problem√°tica medioambiental, los desastres, el cambio clim√°tico y sus consecuencias afloran en El tren de agua y en La paloma sube y baja del cielo. En el primero, las aguas dulces adquieren protagonismo por sus significados en el escenario campestre y en los nexos afectivos del ni√Īo, a quien preocupa c√≥mo su ausencia afecta las costumbres de las personas en ese entorno.

En este relato los personajes de los padres aparecen representados con mayor benevolencia. La narración remite a una retrospectiva, cuando los padres no eran padres, y solo eran jóvenes que se enamoraban:

  • ‚ÄúMe cont√≥ que nac√≠ gracias a esa poza, a la pasi√≥n que mam√° y pap√° desbordaron. Entonces eran unos muchachos y no pensaban tanto como Mayores. Mam√° con el pelo largo y la risa tierna, y pap√° luciendo los mejores saltos en el trampol√≠n‚ÄĚ.

En el segundo ejemplo, los desastres medioambientales tienen lugar desde la metáfora del vuelo de una paloma por diversas zonas del planeta en destrucción.

En la significación popular la hoja de la yagruma, por sus diferentes tonalidades a cada lado, es referente de comparación con la hipocresía humana. Así en La tercera cara de la hoja de la yagruma, el protagónico compara las relaciones de Los Mayores con dicha hoja:

  • ‚ÄúSi Sary llega a la casa, Los Mayores piensan de blanco; si mam√° habla con pap√°, hablan de verde. Si Sary habla con mam√°, parecen las mejores amigas; si hablan mam√° y pap√°, Sary es una gorda desvergonzada y mentirosa.‚ÄĚ

Aparecen otras cuestiones con base en la identidad y las creencias populares del tipo: ‚ÄúY dicen Los Mayores que cuando una paloma canta, se va a morir un viejo‚ÄĚ.

El Ladrón de Agua es un hermoso relato que habla de cómo la escasez, la mentira y la hipocresía destruyen la amistad entre los adultos. Tiene momentos donde se percibe un excelente sentido del humor.

Faltas de Ortograf√≠a aborda la importancia de la buena ortograf√≠a y el valor de la amistad, pues es Ariel, su compa√Īero de mesa, quien le exhorta y brinda herramientas para mejorar este aspecto. Este cuento trata el modo en que seres de diferentes credos pueden sostener una amistad, pues es Ariel hijo de una familia cristiana, no as√≠ en el caso de los protagonistas.

‚ÄúLe pregunt√© a mam√° y a pap√° qu√© cosa era el amor, si uno lo descubr√≠a por los olores‚ÄĚ. En ¬ŅQu√© puede ser el amor? Aparecen discordias capaces de separar todos los afectos posibles. La celebraci√≥n del cumplea√Īos de Diana, la perra de la vecina Sary, se torna met√°fora pretexto para abordar el asunto de exclusiones por motivos de razas o posicionamientos sociales. Pero esta historia de amor, a la complicidad de varios personajes, tuvo un desenlace feliz:

  • ‚ÄúCuando Sary peg√≥ el grito, era tarde: por primera vez Lobito amaba a una perra, aunque no fuera de su clase.‚ÄĚ

‚ÄúA veces creo que Los Mayores no saben del amor, si supieran no suceder√≠an esas cosas.‚ÄĚ Se cuestiona el personaje en La batalla naval de las hormigas, mientras indaga en las manifestaciones de los conflictos conyugales de sus padres y el modo en que le afectan. Se describen algunos signos de violencia en la comunicaci√≥n de la pareja. Ri, como el protagonista nombra cari√Īosamente al r√≠o, es el refugio cada vez que tiene alguna tristeza en casa. Compara a las personas con las hormigas y admira el modo en que estas forman su propio ej√©rcito y enfrentan unidas la adversidad. ‚ÄúA veces el ej√©rcito de las hormigas es invencible‚ÄĚ.

No Apto para Menores expone las incomprensiones generacionales como lo que se considera adecuado o no en la televisi√≥n para la recepci√≥n de los infantes. Se reiteran temas como la fe cristiana, las destrucciones causadas por las guerras y los problemas medioambientales. Como el ni√Īo de estas tramas es de pensamiento inquieto se pregunta si realmente existen diferencias entre algunas manifestaciones sentimentales-er√≥ticas (besos) entre las aventuras y las novelas. Se menciona el t√≥pico de las manifestaciones de afectos er√≥ticos en las primeras edades y sus ‚Äútravesuras‚ÄĚ para manifestarlas.

Me conmociona la lectura de El Club de la Pelea. Tras la conclusión de un acto de agresión extrema entre colegas de aula concluye el relato:

  • ‚ÄúLa maestra habl√≥ de los colomb√≥filos, los hombres que cuidan palomas; algunos, cuando andaban por pueblos lejanos, enviaban mensajes con ellas; otros las echaban a competir contra el tiempo y sobrevolaban campos y ciudades sin saberlo. Pero las palomas no deb√≠an ser nunca una raz√≥n para la pelea entre los hombres, y mucho menos para la muerte. De eso yo estaba convencido.‚ÄĚ

Qu√© actitud asumimos los adultos cuando los ni√Īos se pelean. Si les da verg√ľenza no lo digan. Una cosa es lo que se admite en p√ļblico y otra la que se adopta cuando es el ni√Īo de casa el que forma parte del conflicto. Genera contradicciones:

  • -‚ÄúSi te hal√≥ el pelo o te cogi√≥ la goma no me des las quejas, p√°rtele la cabeza, t√≠rale la silla; no dejes que te cojan la baja.‚ÄĚ

Los c√≥digos y manifestaciones de violencia del mundo adulto se trasmiten a las siguientes generaciones, de modo que se perpet√ļan en la sociedad.

  • En Por d√≥nde se pierden los aviones se plantea ¬†‚ÄúSi hab√≠a un buen lugar para castigar a Los Mayores era adonde iban los aviones. (‚Ķ) Pero nos quedar√≠amos sin padres, maestros, t√≠os, m√©dicos, payasos, panaderos, y unas cuantas personas m√°s‚ÄĚ.

Infecciones invita a la reflexión en torno al amor a los animales e introduce el tópico de la ingratitud de algunas personas hacia estos. Aborda lo relacionado con el abuso animal. 

Cuando ya al fin se declara el cese al fuego podemos llamarle Gaby al peque√Īo que nos condujo estas p√°ginas por esta guerra secreta. Es su cumplea√Īos y aunque cada lector pueda calcularle un a√Īo de m√°s o dos de menos, celebra junto a sus padres, vecina y amigo que ya est√° creciendo. Las armas han sido depuestas en La debilidad de los adversarios, cap√≠tulo de conciliaci√≥n. Los personajes aparecen en una dimensi√≥n de mayor equilibrio y matices en sus caracterizaciones. Se difuminan los extremos con que antes el ni√Īo hab√≠a juzgado a sus padres, pues como reconoce ‚ÄúNunca pude hacer un enfrentamiento real contra Los Mayores‚ÄĚ. El aroma de la comida de mam√° resulta irresistible. Gaby quer√≠a pedir perd√≥n a sus padres por declararles la guerra aunque fuera secreta. El festejo del cumplea√Īos fue motivo de esperanza.¬†

Hay reconciliación también en la naturaleza:

  • ‚Äú‚ĶNo hab√≠a ni una nube gris, pero se desprendi√≥ tremendo aguacero, como si Dios se hubiera puesto a hacerle cosquillas al cielo para que riera a carcajadas.
  • Ariel y yo nos fuimos a escuchar el arrullo de la paloma que hab√≠a puesto los huevos en la yagruma, a mirar como Ri engordaba y gritaba, con el pecho abierto: voy a llegar, voy a llegar de nuevo al mar.‚ÄĚ

Cosme Proenza, maestro a la luz de la creación

Pintor, dibujante, ilustrador y muralista, Cosme Proenza Almaguer (B√°guanos, Holgu√≠n, en 1948) ha conformado una sui generis cosmovisi√≥n pict√≥rica que lo hace distinguible y valorado en el √°mbito art√≠stico contempor√°neo. El Premio Celestino de Cuento se honra con tenerlo entre sus amigos cercanos, entre sus fieles colaboradores, al entregar, desde hace varias ediciones, un grabado suyo, iluminado, al ganador de este certamen literario. Maestro de Juventudes de la AHS, Cosme Proenza ha compartido, adem√°s, la entrega del Premio, en el Sal√≥n ‚ÄúAbrirse las constelaciones‚ÄĚ de Ediciones La Luz. ¬†

obra de cosme proenza/cortesía del entrevistado

Graduado de las aulas de la Escuela Nacional de Arte, en La Habana, y del Instituto de Bellas Artes, en Kiev, Ucrania, Cosme ha creado, en series como Manipulaciones, Boscoman√≠as, Los dioses escuchan, Mujer con sombrero, y Variaciones sobre temas de Matisse, reconocibles mitolog√≠as individuales donde lo simb√≥lico y lo m√≠tico, mediante el uso de diferentes signos e intertextualidades, acompa√Īan al ser humano en un v√≠a crucis art√≠stico a trav√©s del estudio de los c√≥digos del arte europeo. Su obra est√° basada principalmente en el an√°lisis: ‚ÄúSoy un estudioso. M√°s bien, un investigador que trabajo con los c√≥digos del arte europeo‚ÄĚ, asegura el autor de ‚ÄúCecilia Vald√©s‚ÄĚ, ‚ÄúLennon y la noche‚ÄĚ, ‚ÄúJard√≠n‚ÄĚ, ‚ÄúLa expulsi√≥n del para√≠so‚ÄĚ y ‚ÄúSan Crist√≥bal de La Habana‚ÄĚ.

obra de cosme proenza/cortesía del entrevistado

Precisamente esto ‚Äďel √©nfasis anal√≠tico, la apropiaci√≥n‚Äď lo convierten en uno de los pioneros del posmodernismo cubano, cuando en el escenario insular otras corrientes predominaban. ‚ÄúNadie se ha apoderado de la tradici√≥n como √©l, nadie con manos m√°s firmes y ondulantes ha recreado al Bosco como √©l… √Čl tiene el poder del demiurgo, la llave del castillo encantado. Su dibujo es seguro y delicado, su tratamiento del color le da una dimensi√≥n l√≠rica a su posmodernismo, lo fortalece, le provoca una epifan√≠a. Su hedonismo recurre a todas las fuentes, la er√≥tica, la l√ļdica, la m√≠tica‚Ķ Pocas obras de arte cubanas muestran un virtuosismo tan inusual‚ÄĚ, asegura el escritor cubano Miguel Barnet.

‚ÄúMi vida ha sido un poco la interacci√≥n, no el reflejo. Reflejar es otra cosa. He interactuado con todo este mundo y esa interacci√≥n marca mi forma de ser y de pensar. Cuando trabajo con el c√≥digo de Occidente estoy trabajando con un c√≥digo que no nos es ajeno, porque Cuba fue colonizada, hablamos el idioma de una cultura milenaria, con los sedimentos √°rabes y dem√°s que ya esa cultura tra√≠a. Logramos tener la riqueza de vocablos abor√≠genes, africanos‚Ķ porque somos un marem√°gnum de mezclas‚ÄĚ.

obra de cosme proenza/cortesía del entrevistado

‚ÄúSoy un resultado m√°s de eso. Creo que reflejo algo que tiene que ver mucho con lo cubano, pero no con lo cubano s√≠gnico, desde el punto de vista de lo que la gente reconoce o cree reconocer como cubano. Cuba es m√°s que eso: no puedo permitirme concebirnos como una palma real o un cocotero con cuatro mulatas bailando debajo y tomando ron. Debo sentir que me gusta el cuadro, que lo que estoy haciendo es bueno, o al menos digno. Lo grande que tiene el arte es precisamente su capacidad de expansi√≥n. La belleza es imperdonablemente adhesiva, no hay manera de escapar de ella‚ÄĚ, asegura.

Su obra, recogida en exposiciones como Voces del Silencio y Paralelos. Cosme Proenza: Historia y Tradici√≥n del Arte Universal, integran el imaginario colectivo del cubano y sus m√ļltiples resonancias universales, y lo reafirma como uno de los artistas hispanoamericanos due√Īo de una de las cosmovisiones m√°s originales en los √ļltimos tiempos; es un verdadero honor tenerlo entre los amigos del Premio Celestino de Cuento.

obras de cosme proenza/cortesía del entrevistado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Una conversación íntima a La Luz

  • Llegado el tiempo de las inevitables conversaciones.
  • Cuando una palabra no es exactamente una palabra
  • sino un disparo entre dos.
  • L.Y.

Sobre qué escribir entonces.

Entro a su oficina y la sonrisa es la primera bienvenida.

A decir verdad, se trata de un amigo-guía, más allá de un amigo-jefe.

Con versos revoloteando por la cabeza supongo que planifica la jornada,

entre risas y tazas de café,

un humor exquisito se concentra y reparte alas para crear.

Así de libres somos bajo su manto.

Luis Yuseff: Luz Yuseff ‚ÄĒdecimos con cari√Īo.

Es el artífice de los proyectos de nuestro sello editorial, un hombre que no queda sin alternativas.

Creo, sin temor a equivocarme, que este don viene marcado por la poes√≠a. Es cierto que el poeta presume de una cosmovisi√≥n poco natural, reconoce luces y si hay alguna sombra es porque seguramente ha plantado un √°rbol. Y aunque lentos van sucedi√©ndose los d√≠as estamos tranquilos porque ¬ęel hombre¬Ľ algo inventa, algo se le ocurrir√° ‚ÄĒrepetimos a coro.

Al principio de este evento epidemiol√≥gico, cuando la incertidumbre era la √ļnica respuesta, el equipo editorial padec√≠a de una angustia l√≥gica, todos los eventos a los que estamos acostumbrados se suspender√≠an y los escritores en sus casas solo tendr√≠an como opci√≥n leer, surgen entonces las constantes conversaciones con nuestro jefe editor y ah√≠, en ese lazo √≠ntimo y concomitante, no quedamos n√°ufrago de su voz.

Estamos hablando del creador de aquella pe√Īa literaria que por manera ininterrumpida condujera durante m√°s de diez a√Īos ¬ęTarde de Ateneo¬Ľ, en la que se presentaron novedades editoriales de Cuba y el mundo, autores de diversos sellos que en muchas ocasiones interactuaban con el p√ļblico, ¬ęLa Isla en versos¬Ľ, otro espacio para las presentaciones de los esenciales escritores de la provincia; ¬ęSala del Miraletras¬Ľ, donde se han estrenado materiales audiovisuales relacionado con estos temas afines; ¬ęAbrirse las constelaciones¬Ľ, otra oportunidad en la que los adeptos han podido disfrutar de figuras de renombre como Lina de Feria, Virgilio L√≥pez Lemus, Joaqu√≠n Borges Triana, entre otros.¬† ¬†

Yuseff se comunica con facilidad, y por esto ha sabido llevar con parsimonia inigualable eventos de grandes magnitudes, como el Coloquio Iberoamericano de Letras y Palabras Compartidas.

Si no puede haber p√ļblico, c√≥mo le hacemos para que nuestros lectores conozcan todo el trabajo que hemos estado haciendo en el a√Īo. Vamos a trabajar con las redes ‚ÄĒnos dice‚ÄĒ todo lo haremos en formatos digitales. Para ello ha creado un equipo creativo con el que comparte tantas ideas como vengan a su mente. Estas luces y estos cuerpos, ¬°qu√© equipazo! ‚ÄĒsonre√≠mos‚ÄĒ; es m√°gico trabajar de este modo. Y aunque hay d√≠as en que se proh√≠be tener amigos, cuando los tiene los ha amado con el ardor de la p√≥lvora mojada en la garganta‚Ķ con el delirio del que est√° viviendo sus √ļltimos d√≠as.

Así ha sabido llevar el autor de Aspersores una vida, una editorial, una pandemia, aun estando su barriada en cuarentena absoluta, nos ha mostrado otros caminos a seguir.

  • A trav√©s de las ventanas
  • las luces intermitentes
  • estremecen los sitios con colores burbujeantes.

Su oficina es ¬ęel sitio donde mejor se est√°¬Ľ, nuestras conversaciones fluyen entre abrazos, halagos a las disimiles especies de caracoles que ostenta en cada rinc√≥n. Pedirle alguno es un acto desafiante, que solo lo m√°s cercanos se atrever√≠an, pero lo ofrece, como mismo ofrece su experiencia. Tomo un Helix aspersa y lo conservo con un Silencio profundo.


Las voces de La Luz y los hombres del centenario (+ audio)

El sonido se disipa y si quedan los falsos abalorios, no habremos comprendido nada. Los podcasts precisan necesariamente el sentido directo de las palabras. Liset Prego, editora de Ediciones La Luz, es la voz que incita a la lectura en colaboración conjunta desde su proyecto La NarraTK y nuestra casa editora.

El podcast Los hombres del centenario es un tríptico donde se recogen cuentos de Charles Bukowski, Isaac Asimov y Ray Bradbury. Tienes la facilidad de ir haciendo varias cosas mientras consumes literatura, la rutina se hace más llevadera, sobre todo en tiempos donde la tecnología ha apartado a muchos del placer del olor al libro impreso, he aquí otra manera de estar conectados. Prego y su esposo Marjel Morales Gato, quien precisa la edición, alojan estos proyectos en la plataforma spreaker.com. En esta edición del Celestino de Cuento, nuestro sello insiste porque #ElSonidoEsUnaPuertaSeguraHaciaElCorazón.

Clase, de Charles Bukowski

No estoy muy seguro del lugar. Alg√ļn sitio al Noroeste de California. Hemingway acababa de terminar una novela, hab√≠a llegado de Europa o de no s√© d√≥nde, y ahora estaba en el ring peg√°ndose con un t√≠o. Hab√≠a periodistas, cr√≠ticos, escritores ‚ÄĒbueno, toda esa tribu‚ÄĒ y tambi√©n algunas j√≥venes damas sentadas entre las filas de butacas. Me sent√© en la √ļltima fila. La mayor parte de la gente no estaba mirando a Hem. Solo hablaban entre s√≠ y se re√≠an.

El sol estaba alto. Era a primera hora de la tarde. Yo observaba a Ernie. Ten√≠a atrapado a su hombre, y estaba jugando con √©l. Se le cruzaba, bailaba, le daba vueltas, lo mareaba. Entonces lo tumb√≥. La gente mir√≥. Su oponente logr√≥ levantarse al contar ocho. Hem se le acerc√≥, se par√≥ delante de √©l, escupi√≥ su protector bucal, solt√≥ una carcajada, y volte√≥ a su oponente de un pu√Īetazo. Era como un asesinato. Ernie se fue hacia su rinc√≥n, se sent√≥. Inclin√≥ la cabeza hacia atr√°s y alguien verti√≥ agua sobre su boca.

Yo me levanté de mi asiento y bajé caminando despacio por el pasillo central. Llegué al ring, extendí la mano y le di unos golpecitos a Hemingway en el hombro.

‚ÄĒ¬ŅSe√Īor Hemingway?

‚ÄĒ¬ŅS√≠, ¬Ņqu√© pasa?

‚ÄĒMe gustar√≠a cruzar los guantes con usted.

‚ÄĒ¬ŅTienes alguna experiencia en boxeo?

‚ÄĒNo.

‚ÄĒVete y vuelve cuando hayas aprendido algo.

‚ÄĒMire, estoy aqu√≠ para romperle el culo.

Ernie se rió estrepitosamente. Le dijo al tío que estaba en el rincón.

‚ÄĒPonle al chico unos calzones y unos guantes.

El tío saltó fuera del ring y yo le seguí hasta los vestuarios.

‚ÄĒ¬ŅEst√°s loco, chico? ‚ÄĒme pregunt√≥.

‚ÄĒNo s√©. Creo que no.

‚ÄĒToma. Pru√©bate estos calzones.

‚ÄĒBueno.

‚ÄĒOh, oh… Son demasiado grandes.

‚ÄĒA la mierda. Est√°n bien.

‚ÄĒBueno, deja que te vende las manos.

‚ÄĒNada de vendas.

‚ÄĒ¬ŅNada de vendas?

‚ÄĒNada de vendas.

‚ÄĒ¬ŅY qu√© tal un protector para la boca?

‚ÄĒNada de protectores.

‚ÄĒ¬ŅY vas a pelear en zapatos?

‚ÄĒVoy a pelear en zapatos.

Encendí un puro y salimos afuera. Bajé tranquilamente hacia el ring fumando mi puro. Hemingway volvió a subir al ring y ellos le colocaron los guantes.

No había nadie en mi rincón. Finalmente alguien vino y me puso unos guantes. Nos llamaron al centro del ring para darnos las instrucciones.

‚ÄĒAhora, cuando caigas a la lona ‚ÄĒme dijo el √°rbitro‚ÄĒ, yo…

‚ÄĒNo me voy a caer ‚ÄĒle dije al √°rbitro.

Siguieron otras instrucciones.

‚ÄĒMuy bien, volved a vuestros rincones; y cuando suene la campana, salid a pelear. Que gane el mejor. Y ‚ÄĒse dirigi√≥ hacia m√≠‚ÄĒ ser√° mejor que te quites ese puro de la boca.

Cuando sonó la campana salí al centro del ring con el puro todavía en la boca. Me chupé toda una bocanada de humo, y se la eché en la cara a Hemingway. La gente rió.

Hem se vino hacia m√≠, me lanz√≥ dos ganchos cortos, y fall√≥ ambos golpes. Mis pies eran r√°pidos. Bailaba en un cont√≠nuo vaiv√©n, me mov√≠a, entraba, sal√≠a, a peque√Īos saltos, tap tap tap tap tap, cinco veloces golpes de izquierda en la nariz de Pap√°. Divis√© a una chica en la fila frontal de butacas, una cosa muy bonita, me qued√© mir√°ndola y entonces Hem me lanz√≥ un directo de derecha que me aplast√≥ el cigarro en la boca. Sent√≠ c√≥mo me quemaba los labios y la mejilla, me sacud√≠ la ceniza, escup√≠ los restos del puro y le pegu√© un gancho en el est√≥mago a Ernie. √Čl respondi√≥ con un derechazo corto, y me peg√≥ con la izquierda en la oreja. Esquiv√≥ mi derecha y con una fuerte volea me lanz√≥ contra las cuerdas. Justo al tiempo de sonar la campana me tumb√≥ son un s√≥lido derechazo a la barbilla. Me levant√© y me fui hasta mi rinc√≥n.

Un tío vino con una toalla.

‚ÄĒEl se√Īor Hemingway quiere saber si todav√≠a deseas seguir otro asalto.

‚ÄĒDile al se√Īor Hemingway que tuvo suerte. El humo se me meti√≥ en los ojos. Un asalto m√°s es todo lo que necesito para finalizar el asunto.

El tío con la toalla volvió al otro extremo y pude ver a Hemingway riéndose.

Sonó la campana y salí derecho. Empecé a atacar, no muy fuerte, pero con buenas combinaciones. Ernie retrocedía, fallando sus golpes. Por primera vez pude ver la duda en sus ojos.

¬ŅQui√©n es este chico?, estar√≠a pensando. Mis golpes eran m√°s r√°pidos, le pegu√© m√°s duro. Atacaba con todo mi aliento. Cabeza y cuerpo. Una variedad mixta. Boxeaba como Sugar Ray y pegaba como Dempsey.

Llevé a Hemingway contra las cuerdas. No podía caerse. Cada vez que empezaba a caerse, yo lo enderezaba con un nuevo golpe. Era un asesinato. Muerte en la tarde.

Me ech√© hacia atr√°s y el se√Īor Hemingway cay√≥ hacia adelante, sin sentido y ya fr√≠o.

Desat√© mis guantes con los dientes, me los saqu√©, y salt√© fuera del ring. Camin√© hacia mi vestuario; es decir, el vestuario del se√Īor Hemingway, y me di una ducha. Beb√≠ una botella de cerveza, encend√≠ un puro y me sent√© en el borde de la mesa de masajes. Entraron a Ernie y lo tendieron en otra mesa. Segu√≠a sin sentido. Yo estaba all√≠, sentado, desnudo, observando c√≥mo se preocupaban por Ernie. Hab√≠a algunas mujeres en la habitaci√≥n, pero no les prest√© la menor atenci√≥n. Entonces se me acerc√≥ un t√≠o.

‚ÄĒ¬ŅQui√©n eres? ‚ÄĒme pregunt√≥‚ÄĒ. ¬ŅC√≥mo te llamas?

‚ÄĒHenry Chinaski.

‚ÄĒNunca he o√≠do hablar de ti ‚ÄĒdijo.

‚ÄĒYa oir√°s.

Toda la gente se acerc√≥. A Ernie lo abandonaron. Pobre Ernie. Todo el mundo se puso a mi alrededor. Tambi√©n las mujeres. Estaba rodeado de ladrillos por todas partes menos por una. S√≠, una verdadera hoguera de clase me estaba mirando de arriba a abajo. Parec√≠a una dama de la alta sociedad, rica, educada, de todo ‚ÄĒbonito cuerpo, bonita cara, bonitas ropas, todas esas

cosas‚ÄĒ. Y clase, verdaderos rayos de clase.

‚ÄĒ¬ŅQu√© sueles hacer? ‚ÄĒpregunt√≥ alguien.

‚ÄĒFollar y beber.

‚ÄĒNo, no, quiero decir en qu√© trabajas.

‚ÄĒSoy friegaplatos.

‚ÄĒ¬ŅFriegaplatos?

‚ÄĒS√≠.

‚ÄĒ¬ŅTienes alguna afici√≥n?

‚ÄĒBueno, no s√© si puede llamarse una afici√≥n. Escribo.

‚ÄĒ¬ŅEscribes?

‚ÄĒS√≠.

‚ÄĒ¬ŅEl qu√©?

‚ÄĒRelatos cortos. Son bastante buenos.

‚ÄĒ¬ŅHas publicado algo?

‚ÄĒNo.

‚ÄĒ¬ŅPor qu√©?

‚ÄĒNo lo he intentado.

‚ÄĒD√≥nde est√°n tus historias?

‚ÄĒAll√° arriba ‚ÄĒse√Īal√© una vieja maleta de cart√≥n.

‚ÄĒEscucha, soy un cr√≠tico del New York Times. ¬ŅTe importa si me llevo tus relatos a casa y los leo? Te los devolver√©.

‚ÄĒPor m√≠, de acuerdo, culo sucio, s√≥lo que no s√© d√≥nde voy a estar.

La estrella de clase y alta sociedad se acercó:

‚ÄĒ√Čl estar√° conmigo. ‚ÄĒLuego me dijo‚ÄĒ. Vamos, Henry, v√≠stete. Es un viaje largo y tenemos cosas que… hablar.

Empecé a vestirme y entonces Ernie recobró el sentido.

‚ÄĒ¬ŅQu√© co√Īo pas√≥?

‚ÄĒSe encontr√≥ con un buen tipo, se√Īor Hemingway ‚ÄĒle dijo alguien.

Acabé de vestirme y me acerqué a su mesa.

‚ÄĒEres un buen tipo, Pap√°. Pero nadie puede vencer a todo el mundo.

Estrech√© su mano: ‚ÄĒNo te vueles los sesos.

Me fui con mi estrella de alta sociedad y subimos a un coche amarillo descapotado, de media manzana de largo. Condujo con el acelerador pisado a fondo, tomando las curvas derrapando y chirriando, con el rostro bello e impasible. Eso era clase. Si amaba de igual modo que conducía, iba a ser un infierno de noche.

El sitio estaba en lo alto de las colinas, apartado. Un mayordomo abrió la puerta.

‚ÄĒGeorge ‚ÄĒle dijo‚ÄĒ, t√≥mate la noche libre. O, mejor pensado, t√≥mate la semana libre.

Entramos y había un tío enorme sentado en una silla, con un vaso de alcohol en la mano.

‚ÄĒTommy ‚ÄĒdijo ella‚ÄĒ, desaparece.

Fuimos introduciéndonos por los distintos sectores de la casa.

‚ÄĒ¬ŅQui√©n era ese grandul√≥n?

‚ÄĒThomas Wolfe ‚ÄĒdijo ella‚ÄĒ. Un co√Īazo.

Hizo una parada en la cocina para coger una botella de bourbon y dos vasos.

Entonces dijo:

‚ÄĒVamos.

La seguí hasta el dormitorio.

A la ma√Īana siguiente nos despert√≥ el tel√©fono. Era para m√≠. Ella me alcanz√≥ el auricular y yo me incorpor√© en la cama.

‚ÄĒ¬ŅSe√Īor Chinaski?

‚ÄĒ¬ŅS√≠?

‚ÄĒLe√≠ sus historias. Estaba tan excitado que no he podido dormir en toda la noche. ¬°Es usted seguramente el mayor genio de la d√©cada!

‚ÄĒ¬ŅSOlo de la d√©cada?

‚ÄĒBueno, tal vez del siglo.

‚ÄĒEso est√° mejor.

‚ÄĒLos editores de Harperis y Atlantic est√°n ahora aqu√≠ conmigo. Puede que no se lo crea, pero cada uno ha aceptado cinco historias para su futura publicaci√≥n.

‚ÄĒMe lo creo ‚ÄĒdije.

El crítico colgó. Me tumbé. La estrella y yo hicimos otra vez el amor.

Cómo ocurrió, de Isaac Asimov

Mi hermano empezó a dictar en su mejor estilo oratorio, ese que hace que las tribus se queden aleladas ante sus palabras.

‚ÄĒEn el principio ‚ÄĒdijo‚ÄĒ, exactamente hace quince mil doscientos millones de a√Īos, hubo una gran explosi√≥n, y el universo…

Pero yo había dejado de escribir.

‚ÄĒ¬ŅHace quince mil doscientos millones de a√Īos? ‚ÄĒpregunt√©, incr√©dulo.

‚ÄĒExactamente ‚ÄĒdijo‚ÄĒ. Estoy inspirado.

‚ÄĒNo pongo en duda tu inspiraci√≥n ‚ÄĒasegur√©. (Era mejor que no lo hiciera. √Čl es tres a√Īos m√°s joven que yo, pero jam√°s he intentado poner en duda su inspiraci√≥n. Nadie m√°s lo hace tampoco, o de otro modo las cosas se ponen feas)‚ÄĒ. Pero, ¬Ņvas a contar la historia de la Creaci√≥n a lo largo de un per√≠odo de m√°s de quince mil millones de a√Īos?

‚ÄĒTengo que hacerlo. Ese es el tiempo que llev√≥. Lo tengo todo aqu√≠ dentro ‚ÄĒdijo, palme√°ndose la frente‚ÄĒ, y procede de la m√°s alta autoridad.

Para entonces yo había dejado el estilo sobre la mesa.

‚ÄĒ¬ŅSabes cu√°l es el precio del papiro? ‚ÄĒdije.

‚ÄĒ¬ŅQu√©?

(Puede que esté inspirado, pero he notado con frecuencia que su inspiración no incluye asuntos tan sórdidos como el precio del papiro).

‚ÄĒSupongamos que describes un mill√≥n de a√Īos de acontecimientos en cada rollo de papiro. Eso significa que vas a tener que llenar quince mil rollos. Tendr√°s que hablar mucho para llenarlos, y sabes que empiezas a tartamudear al poco rato. Yo tendr√© que escribir lo bastante como para llenarlos, y los dedos se me acabar√≠an cayendo. Adem√°s, aunque podamos comprar todo ese papiro, y t√ļ tengas la voz y yo la fuerza suficientes, ¬Ņqui√©n va a copiarlo? Hemos de tener garantizados un centenar de ejemplares antes de poder publicarlo, y en esas condiciones, ¬Ņc√≥mo vamos a obtener derechos de autor?

Mi hermano pensó durante un rato. Luego dijo:

‚ÄĒ¬ŅCrees que deber√≠amos acortarlo un poco?

‚ÄĒMucho ‚ÄĒpuntualic√©‚ÄĒ, si esperas llegar al gran p√ļblico.

‚ÄĒ¬ŅQu√© te parecen cien a√Īos?

‚ÄĒ¬ŅQu√© te parecen seis d√≠as?

‚ÄĒNo puedes comprimir la Creaci√≥n en solo seis d√≠as ‚ÄĒdijo, horrorizado.

‚ÄĒEse es todo el papiro de que dispongo ‚ÄĒle asegur√©‚ÄĒ. Bien, ¬Ņqu√© dices?

‚ÄĒOh, est√° bien ‚ÄĒconcedi√≥, y empez√≥ a dictar de nuevo‚ÄĒ. En el principio… ¬ŅDe veras han de ser solo seis d√≠as, Aar√≥n?

‚ÄĒSeis d√≠as, Mois√©s ‚ÄĒdije firmemente.

El tío Einar, de Ray Bradbury

‚ÄĒLlevar√° s√≥lo un minuto ‚ÄĒdijo la dulce mujer del t√≠o Einar.

‚ÄĒMe opongo ‚ÄĒdijo el t√≠o Einar‚ÄĒ. Y eso s√≥lo lleva un segundo.

‚ÄĒHe trabajado toda la ma√Īana ‚ÄĒdijo ella, sosteni√©ndose la espalda delgada‚ÄĒ, ¬Ņy t√ļ no me

ayudar√°s ahora? El tamborileo anuncia lluvia.

‚ÄĒPues que llueva ‚ÄĒdijo el t√≠o Einar con despreocupaci√≥n‚ÄĒ. No dejar√© que me traspase un

relámpago sólo por airear tus ropas.

‚ÄĒPero lo haces tan r√°pido…

‚ÄĒRepito, me opongo.

Las vastas alas alquitranadas del tío Einar zumbaban nerviosamente detrás de los hombros

indignados.

La mujer le alcanzó una cuerda delgada con cuatro docenas de ropas recién lavadas. El tío

Einar sostuvo la cuerda entre los dedos, mir√°ndola con profundo desagrado.

‚ÄĒDe modo que hemos llegado a esto ‚ÄĒmurmur√≥ amargamente‚ÄĒ. A esto, a esto, a esto.

Parecía a punto de derramar unas lágrimas tristes y ácidas.

‚ÄĒAnda, no llores, o las mojar√°s de nuevo ‚ÄĒdijo la mujer‚ÄĒ. Salta ahora, pas√©alas.

‚ÄĒPas√©alas. ‚ÄĒLa voz del t√≠o Einar sonaba hueca, terriblemente lastimada.‚ÄĒ Pues yo digo: que

truene, ¬°que llueva a c√°ntaros!

‚ÄĒNo te lo pedir√≠a si fuese un d√≠a hermoso y soleado ‚ÄĒdijo la mujer, razonable‚ÄĒ. Todo mi lavado

ser√≠a in√ļtil si no me ayudas. Tendr√© que colgarlas en la casa…

Esto convenció al tío Einar. Sobre todas las cosas odiaba las ropas que cuelgan como banderas

o festones, de modo que un hombre tiene que arrastrarse por el suelo para cruzar un cuarto.

Saltó en el aire, y las vastas alas verdes zumbaron.

‚ÄĒ¬°S√≥lo hasta la valla de la pradera!

Una sola voltereta, y arriba: las alas mordieron el hermoso aire fresco. Antes que uno pudiese

decir: ¬ęel t√≠o Einar tiene alas verdes¬Ľ ya navegaba a baja altura por encima de la granja,

arrastrando las ropas en un largo lazo aleteante detr√°s de los golpes pesados de las alas.

‚ÄĒ¬°Ahora!

De vuelta ya del viaje el tío Einar trajo flotando las ropas, secas como granos de maíz, y las

depositó en las mantas limpias que la mujer había preparado.

‚ÄĒ¬°Gracias!

‚ÄĒ¬°Bah! ‚ÄĒgrit√≥ el t√≠o Einar, y vol√≥ a rumiar sus pensamientos debajo del manzano.

Las hermosas alas sedosas del tío Einar le colgaban detrás como las velas verdes de un barco,

y cuando estornudaba o se volvía bruscamente le chirriaban o susurraban en los hombros.

Era uno de los pocos de la familia con un talento claramente visible. Todos los primos y

sobrinos y hermanos oscuros viv√≠an ocultos en pueblos peque√Īos del mundo entero, hac√≠an

cosas mentales invisibles o cosas con dedos de bruja y dientes blancos, o descendían por el

cielo como hojas en llamas, o saltaban en los bosques como lobos plateados por la luna.

Vivían relativamente a salvo de los seres humanos comunes. No así un hombre con grandes

alas verdes.

No era que odiara sus alas. Lejos de eso. En su juventud había volado siempre de noche,

pues las noches son momentos excepcionales para un hombre alado. La luz del día tiene sus

peligros, siempre los tuvo, siempre los tendría; pero en las noches, ah, en las noches había

navegado sobre islas de nubes y mares de cielo de verano. Sin correr ning√ļn peligro. Hab√≠a

disfrutado realmente de aquellos vuelos.

Pero ahora no podía volar de noche.

De regreso a un alto paso en ciertas monta√Īas de Europa, luego de una reuni√≥n de familia en

Mellin Town, Illinois (hace algunos a√Īos), hab√≠a bebido demasiado vino tinto. ¬ęPronto estar√©

bien¬Ľ, se hab√≠a dicho a s√≠ mismo, vagamente, mientras volaba bajo las estrellas del alba,

sobre las lomas que se extend√≠an m√°s all√° de Mellin, y so√Īaba a la luz de la luna. Y de

pronto…, un crujido en el cielo…

Una torre de alta tensión.

¡Como un pato en una red! Un tremendo siseo. La chispa azul de un cable le cruzó y

ennegreció la cara. Las alas golpearon hacia adelante parando la electricidad, y el tío Einar se

precipitó cabeza abajo.

Cayó en el prado iluminado por la luna al pie de la torre y fue como si alguien hubiese arrojado

desde el cielo una voluminosa guía de teléfonos.

A la ma√Īana siguiente, temprano, se incorpor√≥ sacudiendo violentamente las alas empapadas

de roc√≠o. La √ļnica luz era una d√©bil franja de alba extendida a lo largo del este. Pronto esa

franja se coloraría y todos los vuelos quedarían restringidos. No había otra solución que

refugiarse en el bosque y esperar escondido en los matorrales a que otra noche ocultara los

movimientos celestes de las alas.

Así conoció el tío Einar a la que sería su mujer.

Durante el día, un primero de noviembre excepcionalmente cálido en las tierras de Illinois, la

joven Brunilla Wexley sali√≥ a orde√Īar una vaca perdida; llevaba en la mano un cubo plateado

mientras se deslizaba entre los matorrales y le rogaba inteligentemente a la vaca invisible

que por favor volviera a la casa o la leche le reventar√≠a las entra√Īas. El hecho casi seguro de

que la vaca volvería sola cuando las ubres necesitaran realmente atención no preocupaba a

Brunilla Wexley. Era una buena excusa para pasear por el bosque, soplar flores de cardo y

morder hojas; todo lo que estaba haciendo Brunilla cuando tropezó con el tío Einar.

Dormido junto a un arbusto, parecía un hombre debajo de un alero verde.

‚ÄĒOh ‚ÄĒdijo Brunilla, entusiasmada‚ÄĒ. Un hombre. En una tienda de campa√Īa.

El t√≠o Einar despert√≥. La tienda de campa√Īa se abri√≥ detr√°s como un alto abanico verde.

‚ÄĒOh ‚ÄĒdijo Brunilla, la buscadora de vacas‚ÄĒ. Un hombre con alas.

As√≠ se lo tom√≥ ella. Estaba sorprendida, s√≠, pero nunca le hab√≠an hecho da√Īo, de modo que

no le tenía miedo a nadie, y esto de encontrarse con un hombre alado no pasaba todos los

días, y se sentía orgullosa. Empezó a hablar. Al cabo de una hora eran viejos amigos, y al

cabo de dos horas Brunilla hab√≠a olvidado las alas. Y el t√≠o Einar le confes√≥ de alg√ļn modo

cómo había llegado a parar a este bosque.

‚ÄĒS√≠, ya not√© que est√°s golpeado por todos lados ‚ÄĒdijo Brunilla‚ÄĒ. Esa ala derecha tiene mal

aspecto. Será mejor que te lleve a casa y te la arregle. De todos modos, no podrías volar así

hasta Europa. Y adem√°s, ¬Ņqui√©n quiere vivir en Europa en estos d√≠as?

El tío Einar se lo agradeció, aunque no entendía muy bien cómo podía aceptar.

‚ÄĒPero vivo sola ‚ÄĒdijo Brunilla‚ÄĒ. Pues, como ves, soy bastante fea.

El tío Einar insistió diciendo que todo lo contrario.

‚ÄĒQu√© amable eres ‚ÄĒdijo Brunilla‚ÄĒ. Pero soy fea, no me enga√Īo. Mis padres han muerto. Tengo

una granja, grande, toda para mí sola, lejos de Mellin Town, y necesito a alguien con quien

hablar.

Pero ¬Ņella no sent√≠a miedo?, pregunt√≥ el t√≠o Einar.

‚ÄĒOrgullo y celos ser√≠a m√°s exacto. ¬ŅPuedo?

Y Brunilla acarició las membranosas alas verdes con una envidia cuidadosa. El tío Einar se

estremeció y se puso la lengua entre los dientes.

De modo que no hab√≠a otro remedio: ir a la casa de ella en busca de medicinas y ung√ľentos,

y qué barbaridad, qué quemadura en la cara, ¡debajo de los ojos!

‚ÄĒSuerte que no quedaste ciego ‚ÄĒdijo Brunilla‚ÄĒ. ¬ŅC√≥mo pas√≥?

‚ÄĒBueno… ‚ÄĒdijo el t√≠o Einar, y ya estaban en la granja, notando apenas que hab√≠an caminado

un kilómetro y medio mirándose a los ojos.

Pasó un día y otro, y el tío Einar le dio las gracias desde el umbral y dijo que debía irse, que

apreciaba mucho el ung√ľento, los cuidados, el alojamiento. Ca√≠a la noche y entre ahora, las

seis, y las cinco de la ma√Īana ten√≠a que cruzar un continente y un oc√©ano.

‚ÄĒGracias, adi√≥s ‚ÄĒdijo, y despleg√≥ las alas y ech√≥ a volar en el crep√ļsculo y se llev√≥ por delante

un arce.

‚ÄĒ¬°Oh! ‚ÄĒgrit√≥ Brunilla, y corri√≥ hacia el cuerpo inconsciente.

Cuando el tío Einar despertó, al cabo de una hora, supo que ya nunca más podría volar en la

oscuridad; había perdido la delicada percepción nocturna. La telepatía alada que le había

se√Īalado la presencia de torres, √°rboles, casas y colinas, la visi√≥n y la sensibilidad tan claras

y sutiles que lo habían guiado a través de laberintos de bosques, acantilados y nubes, todo

había sido quemado para siempre, reducido a nada por aquel golpe en la cara, aquella

chicharra y aquel siseo azul eléctrico.

‚ÄĒ¬ŅC√≥mo? ‚ÄĒse quej√≥ el t√≠o Einar en voz baja‚ÄĒ. ¬ŅC√≥mo ir√© a Europa? Si vuelo de d√≠a, me ver√°n,

y ay, qué pobre chiste, ¡quizás hasta me bajen de un tiro!

O quiz√° me encierren en un jard√≠n zool√≥gico, ¬°qu√© vida ser√≠a esa! Brunilla, ¬Ņqu√© puedo hacer?

‚ÄĒOh ‚ÄĒmurmur√≥ Brunilla, mir√°ndose los dedos‚ÄĒ. Ya se nos ocurrir√° algo…

Se casaron.

La Familia asisti√≥ a la boda. En una inmensa precipitaci√≥n oto√Īal de hojas de arce, sic√≥moro,

roble, olmo, los parientes susurraron y murmuraron, cayeron en una llovizna de casta√Īas de

Indias, golpearon la tierra como manzanas de invierno, y en el viento que levantaban al llegar

a la boda sobreabundaba el aroma del pasado verano. La ceremonia fue breve como una vela

negra que se enciende, se apaga con un soplido, y deja un humo en el aire. La brevedad, la

oscuridad, esa cualidad de movimientos invertidos y al revés se le escaparon a Brunilla, atenta

sólo a la pausada marea de las alas del tío Einar, que murmuraban dulcemente sobre ellos

mientras concluía el rito. En cuanto al tío Einar, la herida que le cruzaba la nariz estaba casi

curada, y tomando del brazo a Brunilla sentía que Europa se debilitaba y desvanecía a lo lejos.

No tenía que ver demasiado bien para volar directamente hacia arriba o descender en línea

recta. Fue pues natural que en esta noche de bodas tomara a Brunilla en brazos y volara

verticalmente hacia el cielo.

Un granjero, a cinco kilómetros de distancia, a medianoche, le echó una ojeada a una nube

baja y alcanzó a ver unos resplandores y unas débiles estrías luminosas.

‚ÄĒLuces de tormenta ‚ÄĒdijo, y se fue a la cama.

El t√≠o Einar y Brunilla no descendieron hasta la ma√Īana, junto con el roc√≠o.

El matrimonio prosper√≥. Le bastaba a Brunilla mirar al t√≠o Einar, y pensar que era la √ļnica

mujer del mundo casada con un hombre alado. ¬ę¬ŅQu√© otra mujer podr√≠a decir lo mismo?¬Ľ, le

preguntaba al espejo. Y la respuesta era siempre: ¬ę¬°Ninguna!¬Ľ.

El tío Einar, por su parte, pensaba que el rostro de Brunilla ocultaba una verdadera belleza,

una bondad y una comprensión admirables. Consintió en algunos cambios de dieta para

conformar a Brunilla, y tenía cuidado con las alas cuando andaba dentro de la casa; las

porcelanas golpeadas y las lámparas rotas irritan siempre los nervios, y el tío Einar se

mantenía a distancia de esos objetos. Cambió también de hábitos de dormir, pues de

cualquier modo ya no podía volar de noche. Y ella a su vez arregló las sillas, acomodándolas

a las alas, poniendo unas almohadillas extras aquí o quitándolas allá, y las cosas que decía

eran las que más agradaban al tío Einar.

‚ÄĒEstamos a√ļn encerrados en capullos, todos nosotros ‚ÄĒdec√≠a Brunilla‚ÄĒ. Mira qu√© fea soy, pero

un día romperé la cáscara y extenderé un par de alas tan delicadas y hermosas como las

tuyas.

‚ÄĒHas roto la c√°scara ‚ÄĒdijo el t√≠o Einar.

Brunilla pensó un momento.

‚ÄĒS√≠ ‚ÄĒadmiti√≥ al fin‚ÄĒ. Hasta s√© qu√© d√≠a ocurri√≥. En los bosques, ¬°cuando buscaba una vaca y

encontr√© una tienda de campa√Īa!

Los dos rieron, y sintiendo el abrazo del tío Einar, Brunilla supo que gracias al matrimonio

había salido de la fealdad, así como una espada brillante sale de la vaina.

Tuvieron ni√Īos. Al principio el t√≠o Einar temi√≥ que nacieran con alas.

‚ÄĒTonter√≠as, ojal√° fuera as√≠ ‚ÄĒdijo Brunilla‚ÄĒ. Nunca les pondr√≠amos el pie encima.

‚ÄĒNo ‚ÄĒdijo el t√≠o Einar‚ÄĒ, ¬°pero se te subir√≠an a la cabeza!

‚ÄĒ¬°Ay! ‚ÄĒllor√≥ Brunilla.

Nacieron cuatro hijos, tres ni√Īos y una ni√Īa, tan movedizos que parec√≠an tener alas. A los

pocos a√Īos saltaban como renacuajos, y en los d√≠as calurosos de verano le ped√≠an al padre

que se sentara bajo el manzano y los abanicara con las alas refrescantes y les contara

historias fantásticas a la luz de las estrellas acerca de islas de nubes y océanos de cielos y

formas de nieblas y viento y el sabor de un astro que se le disuelve a uno en la boca, y de

c√≥mo bebes el helado aire de la monta√Īa, y c√≥mo te sientes cuando eres un guijarro que cae

desde el monte Everest y te transformas en un capullo verde abriendo las alas como los

pétalos de una flor poco antes de golpear el suelo.

Eso había sido el matrimonio del tío Einar.

Y hoy, seis a√Īos despu√©s, aqu√≠ estaba el t√≠o Einar, aqu√≠ estaba sentado, envenen√°ndose

debajo del manzano, sintiéndose cada vez más impaciente y malévolo, no porque así lo

deseara sino porque después de la larga espera era todavía incapaz de volar en el abierto

cielo nocturno; nunca había recuperado el sentido extra. Aquí estaba, desalentado, convertido

en un mero parasol, descartado y verde, abandonado ahora por los veraneantes infatigables

que en otro tiempo hab√≠an buscado el refugio de la sombra transl√ļcida. ¬ŅTendr√≠a que estar

aqu√≠ para siempre, sin atreverse a volar de d√≠a porque alguien pod√≠a verlo? ¬ŅNo ser√≠a ya otra

cosa que un secador de ropas para Brunilla o un abanico para ni√Īos en las noches calurosas

de agosto? Hasta hac√≠a seis a√Īos hab√≠a sido siempre el mensajero de la Familia, m√°s r√°pido

que una tormenta. Volando sobre lomas y valles, como un bumer√°n, y aterrizando como una

flor de cardo. Siempre hab√≠a dispuesto de dinero; ¬°a la Familia le era muy √ļtil el hombre con

alas! Pero ¬Ņahora? Amarguras. Las alas estremecieron y barrieron el aire y sonaron como un

trueno cautivo.

‚ÄĒPap√° ‚ÄĒdijo la peque√Īa Meg.

Los ni√Īos miraban la cara pensativa y oscurecida del padre.

‚ÄĒPap√° ‚ÄĒdijo Ronald‚ÄĒ, ¬°haz m√°s truenos!

‚ÄĒHoy es un d√≠a fr√≠o de marzo, llover√° pronto y habr√° muchos truenos ‚ÄĒdijo el t√≠o Einar.

‚ÄĒ¬ŅVendr√°s a vernos? ‚ÄĒpregunt√≥ Michael.

‚ÄĒ¬°Corred, corred! ¬°Dejad reflexionar a pap√°!

Estaba cerrado al amor, a los hijos del amor y al amor de los hijos. Sólo pensaba en cielos,

firmamentos, horizontes, infinitudes, de noche o de día, a la luz de las estrellas, la luna o el

sol, cielos nublados o claros, pero siempre cielos, firmamentos y horizontes que se extendían

interminables en las alturas. Y aquí estaba ahora, navegando en el césped, siempre abajo,

para que no lo vieran.

¡Qué estado miserable, en un pozo hondo!

‚ÄĒ¬°Pap√°, ven a mirarnos, es marzo! ‚ÄĒgrit√≥ Meg‚ÄĒ. ¬°Y vamos a la loma con todos los ni√Īos del

pueblo!

‚ÄĒ¬ŅQu√© loma es √©sa? ‚ÄĒgru√Ī√≥ el t√≠o Einar.

‚ÄĒ¬°La loma de las Cometas, por supuesto! ‚ÄĒcantaron los ni√Īos.

El tío Einar los miró por primera vez.

Cada uno de los ni√Īos ten√≠a en las manos una cometa de papel, y el calor de la excitaci√≥n y

un resplandor animal les encendía las caras. Los deditos sostenían unas pelotas de cordel

blanco. De las cometas, rojas y azules y amarillas y verdes, colgaban colas de algodón y

trozos de seda.

‚ÄĒ¬°Remontaremos las cometas! ‚ÄĒle dijo Ronald‚ÄĒ. ¬ŅNo vienes?

‚ÄĒNo ‚ÄĒdijo el t√≠o Einar tristemente‚ÄĒ. No tiene que verme nadie o habr√° dificultades.

‚ÄĒPuedes esconderte y mirar desde los bosques ‚ÄĒdijo Meg‚ÄĒ. Hicimos las cometas nosotros

mismos. Pues sabemos cómo.

‚ÄĒ¬ŅC√≥mo lo sab√©is?

‚ÄĒ¬°Porque somos tus hijos! ‚ÄĒfue el grito instant√°neo‚ÄĒ. ¬°Por eso!

El t√≠o Einar mir√≥ a los ni√Īos largo rato. Suspir√≥.

‚ÄĒUn festival de cometas, ¬Ņno es as√≠?

‚ÄĒ¬°S√≠, se√Īor!

‚ÄĒGanar√© yo ‚ÄĒdijo Meg.

‚ÄĒ¬°No, yo! ‚ÄĒcontradijo Michael.

‚ÄĒ¬°Yo, yo! ‚ÄĒpi√≥ Stephen.

‚ÄĒ¬°Dios de las alturas! ‚ÄĒrugi√≥ el t√≠o Einar, saltando hacia arriba, batiendo el ensordecedor timbal

de las alas‚ÄĒ. ¬°Ni√Īos, ni√Īos, os amo tiernamente!

‚ÄĒPap√°, ¬Ņqu√© pasa? ‚ÄĒdijo Michael, retrocediendo.

‚ÄĒ¬°Nada, nada, nada! ‚ÄĒenton√≥ Einar. Flexion√≥ las alas hasta el punto m√°ximo de propulsi√≥n y

embestida. ¬°Bum! Las alas golpearon como c√≠mbalos. La ola de aire tir√≥ a los ni√Īos al suelo‚ÄĒ

¡Lo conseguí, lo conseguí! ¡Soy libre de nuevo! ¡Fuego en la caldera! ¡Pluma en el viento!

¬°Brunilla! ‚ÄĒEinar llam√≥ a la casa. Brunilla apareci√≥ en el umbral.‚ÄĒ ¬°Soy libre! ‚ÄĒllam√≥ Einar,

emocionado y alto, de puntillas‚ÄĒ. Escucha, Brunilla, ¬°ya no necesito la noche! ¬°Puedo volar de

día! ¡No necesito la noche! ¡De ahora en adelante volaré todos los días y cualquier día del

a√Īo! Pero… pierdo tiempo, hablando. ¬°Mira!

Y mientras Brunilla y los ni√Īos lo miraban preocupados, Einar sac√≥ la cola de algod√≥n de una

de las cometas y se la ató al cinturón, a la espalda; tomó la pelota de cordel, se puso una

punta entre los dientes y les dio la otra punta a los ni√Īos ¬°y vol√≥, arriba, arriba en el aire,

alej√°ndose en el viento de marzo!

Y los ni√Īos de Einar corrieron por los prados, cruzando las granjas, soltando cordel al cielo

soleado, trinando y tropezando, y Brunilla, de pie en el patio, saludaba con la mano y reía, y

los ni√Īos fueron a la loma de las Cometas sosteniendo la pelota de cordel entre los dedos

√°vidos, y orgullosos, todos tirando y tironeando y dirigiendo. Y los ni√Īos de Mellin Town

llegaron corriendo con sus peque√Īas cometas para soltarlas al viento y vieron la gran cometa

verde que saltaba y oscilaba en el cielo y exclamaron:

‚ÄĒ¬°Oh, oh, qu√© cometa! ¬°Qu√© cometa! ¬°Oh, c√≥mo me gustar√≠a una cometa parecida! ¬ŅD√≥nde,

dónde la consiguieron?

‚ÄĒ¬°La hizo pap√°! ‚ÄĒgritaron Meg y Michael y Stephen y Ronald, y tironearon animadamente del

cordel y la zumbante y atronadora cometa se zambulló y remontó en el cielo, y cruzando una

nube dibujó un largo y mágico signo de exclamación.


Antes que anochezca, Celestino ir√° repartiendo alas (+ audio)

«Antes que anochezca iremos repartiendo alas.» Celestino despierta en Holgu√≠n con un dossier repleto de cuentos en las voces de j√≥venes escritores de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z. Otros entendidos se aproximan a la vida de los centenarios Charles Bukowski, Isaac Asimov y Ray Bradbury, a los que estar√° dedicado este evento.

En su XXI edición, Celestino de Cuento no se detiene, la gente no sabe nada del mundo, pero tiene cómo saberlo. Ediciones La Luz una vez más precisa podcast, cápsulas promocionales, postales, así que no te asombres de mi astucia sino de tu ignorancia que la hace resaltar, sonreímos, la irreverencia y la medida están conferidas a los escritores de buena voluntad.

Invadimos la privacidad del lector con la idea perenne de hacer prevalecer su ingenio, la actitud creativa ante la vida: desde el punto de vista mágico, desde el punto de vista del misterio, que es imprescindible para toda formación.

¬†Iremos aplastando el tedio de estos d√≠as, piensa menos, sue√Īa m√°s y duerme. Debemos retomar las √©pocas de ensue√Īo, redescubrir en cada texto el alba. Alucinas. Ya no queda casi ning√ļn √°rbol en pie. Nadie apaga luces, al contrario, es la estaci√≥n incandescente, el resplandor del arte que persiste, #alaluzseleemejor, insistimos. Si t√ļ no existieras yo tendr√≠a que inventarte.


Bradbury, el √ļltimo poeta marciano

  • ‚ÄúLos libros cosen las piezas y los pedazos del universo para hacernos con ellos una vestimenta‚ÄĚ.

Ray Bradbury (1920-2012)

Dos caballeros vestidos con armaduras esperan en la oscuridad la llegada de un drag√≥n al que deben matar. Ellos no lo han visto nunca, pero lo describen como una criatura enorme y monstruosa de un solo ojo, que escupe fuego y echa humo. Cuando por fin se produce el tan temido enfrentamiento, la historia da un giro insospechado…

Es la sinopsis El Dragón, el primer cuento que leí de Ray Douglas Bradbury. No por ser el primero se convirtió en mi relato favorito, me impactó la manera en que presentaba dos de los temas más importantes de su obra: la especulación sobre el tiempo y la amenaza del futuro.

Al dedicarle La Luz esta edición del Premio Celestino a uno de los tres grandes de la ciencia ficción (CF) he vuelto a hojear parte de la correspondencia que además de consejos para un principiante, me obsequió un corpus de lecturas que provocaron emociones y ayudaron a dar sentido a la experiencia de vivir a un adolescente bajo la metáfora de lo anticipado y lejano.

El descubrimiento de este autor comenz√≥ por el art√≠culo ‚ÄúLas manzanas marcianas de Ray‚ÄĚ, publicado en el peri√≥dico ¬°Ahora!: ¬ŅUn padre que construye un cohete en el patio de su casa para darles a sus ni√Īos la alegr√≠a de un viaje a marte?, ¬Ņbomberos cuyo trabajo no es apagar fuegos sino encenderlos para quemar libros?, ¬Ņuna sociedad donde leer libros era un delito?, ¬Ņsujetos que memorizan obras completas para preservarlas y transmitirlas oralmente a otros?, ¬Ņhumanos como extraterrestres en Marte?, ¬Ņinvasores extraterrestres que encuentran en los ni√Īos humanos sus aliados?, ¬Ņun curioso personaje con el cuerpo completamente cubierto de tatuajes que est√°n m√°gicamente vivos?, ¬Ņy todos estos argumentos nac√≠an de la mente de un autor de CF que no se adaptaba a la tecnolog√≠a? ¬Ņ¬Ņ¬°!??

Además de paladear mi apetito literario, aquel artículo se convirtió en el catalizador para conseguir los libros de Bradbury. Encontré Tres de Bradbury (una inolvidable edición de los 80 con carátula azul que incluía Fahrenheit 451, Crónicas marcianas y El hombre ilustrado) y la que sería mi obra favorita de este autor: El vino del estío, una novela que nada tiene que ver con la ciencia ficción.

Pero yo necesitaba m√°s, mi curiosidad por ese autor rara avis crec√≠a. La b√ļsqueda continu√≥ y entre tanto buscar y buscar encontr√© hasta su direcci√≥n postal. Le escrib√≠, y para sorpresa m√≠a y de muchos otros, respondi√≥.

Así comenzó mi intercambio de cartas con este autor amante de los gatos, incapaz de manejar un automóvil y que nunca dependió de una computadora.

‚ÄúNadie puede ense√Īar a escribir ciencia ficci√≥n, aunque muchas veces se ha intentado‚ÄĚ ‚Äď fue su primera sentencia en la correspondencia ‚Äď. ‚ÄúLee poes√≠a y encontrar√°s las mejores ideas‚ÄĚ, ‚Äúse debe escribir rodeado de libros‚ÄĚ y ‚Äútodo lo que necesitas saber sobre c√≥mo escribir lo encuentras en Huckleberry Finn‚ÄĚ.

Las recomendaciones literarias y las lecciones no se detuvieron hasta que obró para que llegara a mis manos su libro de ensayos Zen in the art of writing. Descubrí en aquel texto en inglés reveladoras páginas sobre su infinito placer de escribir, el porqué y el cómo.

Aunque la mayor lección que aprendí fue que existen libros que nunca se deben prestar, y menos si este es una primera edición, con dedicatoria y firma incluida de un autor incluido en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción, con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y con un asteroide (¡nada más y nada menos que un asteroide!) nombrado Bradbury 9766 en su honor.

Muchos califican a Bradbury como autor de culto, maestro del cuento po√©tico dentro del g√©nero, en contraposici√≥n de otros que lo ven como un autor ‚Äúblando‚ÄĚ al no ubicar sus historias dentro de las vertientes m√°s ‚Äúhard‚ÄĚ de la CF. Lo cierto es que este autodidacta escritor transform√≥ el modo en que se entend√≠a la literatura del g√©nero al producir un cambio con respecto al modo de concebirse los relatos, a pesar de que siempre se consider√≥ como un escritor de fantas√≠a. ‚ÄúEn mis obras no he tratado de hacer predicciones acerca del futuro, sino avisos‚ÄĚ, escribi√≥ qui√©n demostr√≥ como nadie que el humanismo y la poes√≠a, combinados con la CF o la fantas√≠a, son una mezcla poderos√≠sima para el deslumbramiento de las posibilidades de la imaginaci√≥n.

Su influencia es visible en autores de CF de nuestro pa√≠s como Oscar Hurtado, √Āngel Arango y Miguel Collazo; mientras que en el audiovisual, los cuentos ‚ÄúRemedio para melanc√≥licos‚ÄĚ, ‚ÄúSol y sombra‚ÄĚ, ‚ÄúEl cohete‚ÄĚ y ‚ÄúEl hombre ilustrado‚ÄĚ fueron adaptados para la televisi√≥n y recontextualizados en el √°mbito cubano sin que esto afectara el sentido cardinal de la historia.

Bradbury no sólo cultivó la ciencia ficción y la literatura de corte fantástico, sino que escribió también libros realistas e incluso incursionó en el relato policial, escribió también poesía, guiones para el cine y la televisión y piezas de teatro. Pero muchos concuerdan al afirmar que lo mejor de este autor fueron sus primeras obras de ciencia ficción: Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas. Ambas, a pesar de la época en que fueron escritas, pueden considerarse como objetos de estudio de un experimento de sociología del futuro, sujetas a la exigencia premonitoria de la verdad.

‚Äú¬ŅQu√© ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las p√°ginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad?‚ÄĚ, escrib√≠a Jorge Luis Borges en el pr√≥logo de Cr√≥nicas marcianas. Mensajes de alarma extrema, tramas tan lejanas y ajenas como cercanas y posibles.

Y es que todo es absolutamente cierto con este autor. Su prosa po√©tica marca la diferencia para afirmar que la ciencia ficci√≥n, considerada muchas veces como una rama desde√Īable de la literatura, tambi√©n vale para ajustar cuentas con el presente: ‚ÄúNo hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Tampoco har√°n falta las bibliotecas si nadie las dinamiza y si tampoco nadie es invitado a usarla. Continuamos siendo imperfectos, peligrosos y terribles, y tambi√©n maravillosos y fant√°sticos. Pero estamos aprendiendo a cambiar‚ÄĚ.

A pesar del miedo y la incertidumbre en estos días de confinamiento, revisitar a Bradbury se torna acto de resistencia personal ante la alfombra roja del inconcebible futuro de nuestra humanidad.