juicio online


Sesiona tribunal online del Centro del Libro y la Literatura en Villa Clara

Una vez al mes sesiona de manera online el Tribunal de lo Penal del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Villa Clara (CPLLVC). El escritor Ernesto Peña González (Juez) y la crítico de Arte y Literatura Carmen Sotolongo Valiño (Fiscal), llaman a Juicio Final a algunas de las diferentes obras literarias que surten los estantes de la Librería Provincial “Pepe Medina”.

Todo esto ocurre en complot con otros escritores y especialistas que fungen indistintamente como Abogados de la Defensa, Testigos, o simplemente acuden a la Sala de lo Solemne, ahora anclada en Internet, cada vez que ese simbólico tribunal abre una causa literaria diferente.

De lo que trata realmente este Juicio Final es del debate inteligente y ameno sobre las publicaciones de los literatos del patio, a la vez que constituye un original espacio de socialización y promoción de los diferentes títulos que publica Capiro, Sed de Belleza y otras editoriales del país.

Juicio Final Online imita el formato de un juicio, durante el cual se exponen argumentos de solidez literaria sobre el texto acusado, se entrevista a su autor, piden cuentas a testigos que validan y enriquecen el análisis en cuestión y se disfruta la polémica entre abogado defensor y fiscal. De modo que aporta tanto al público de Juicio Final como al autor escogido, quien se nutre de nuevas herramientas y caminos escriturales para próximas entregas.

Y a todo esto se suma la dosis de humor inteligente de que suelen presumir los escritores de la ciudad. Por ejemplo, en la Causa Penal #2, 2021 (Junio): “Carro fúnebre (novela), Ediciones Capiro, 2018”, el narrador Joel Sequeda Pérez recibió la siguiente sentencia:

“Juez: Por el poder que me confiere el CPLLVC declaro (siguiendo al abogado defensor), NO INOCENTE a “Carro fúnebre”, de Joel Sequeda, aunque, por sugerencia de la fiscalía, al chofer-escritor le será confiscada su licencia de conducción y deberá ejercer en adelante el oficio de flautista medieval”.

Otros como Gumersindo Pacheco y Ricardo Riverón también han comparecido a su “juicio final”, desde que el tradicional espacio que acontecía en la librería principal de la ciudad comenzó a circular en la red de redes. Fruto de sus respectivos procesos penales son una rica disertación sobre las obras respectivas: “María Virginia y yo” (Causa # 3, 2021) y “Manías crónicas” (Causa #1, 2021).

Se puede disfrutar, por ejemplo, de acotaciones tan asertivas como estas de la Fiscal Sotolongo a la popular obra de Sindo Pacheco: “Pone en boca de su atolondrado narrador atinadas observaciones acerca del lenguaje de diferentes personajes (la madre, los profesores, etc.), y gusta de asignarle significaciones inusuales a los vocablos (ojos catastróficos, por ejemplo), o de practicar inteligentes rupturas de sistema en los sintagmas nominales, como ese de María Virginia tan flaquita y tan sincera o los viejos son imaginativos y antiguos.”

A la vez que arranca hermosas confesiones en los “interrogatorios”: “Es un joven enamorado. Las personas enamoradas, aparte del amor, lo que más hacen es eso: el ridículo.”, afirma Sindo Pacheco sobre su personaje protagónico, después de lo cual sumado al emotivo alegato de su abogada (Rebeca Murga) nos resulta un verdadero acto criminal dejar pasar de largo la lectura de María Virginia.

Lo mismo sucede con las páginas de Riverón, quienes disfrutamos del debate que generó la Causa #1 después de haber leído “Manías crónicas” nos reencontramos con el texto desde el análisis profundo y pormenorizado que nos propone Sotolongo y que, a veces, aunque juega un rol dominante en esta representación casi teatral de un juicio, pareciera que se permite guiños a la sátira y al divertimento dentro de científicas disertaciones filológicas.

“Hay una pifia rara, una contradicción flagrante entre la crónica “Flipando con la revolución” y la titulada “Otras «perlas» del Club del Poste”, en relación con la posición de los actores en “El beso de la mujer araña”. En la primera, en la página 103, se dice que la citada obra “fracasó porque uno de los actores (Nelson Águila, alias Catibo) se negó a sentarse en cueros sobre las piernas de Ramón Silverio y darle un beso en la boca.” En la segunda, página 122, narrando el mismo suceso se invierten los papeles: Nelson Águila se niega “a «montar» una escena en la que Silverio, en cueros y sentado sobre sus piernas, le estampaba un beso en la boca…” Se dirá que el orden de los factores no altera el producto, pero sí la verosimilitud de las crónicas.”

El juez que preside estos juicios, el narrador Ernesto Peña, nos hizo llegar las siguientes declaraciones en exclusiva para el Portal del Arte Joven Cubano:

“El propósito de este ejercicio es combinar el humor con una crítica literaria de peso, esa que no es solo halagüeña sino que sopesa los valores estilísticos y elementos perfectibles o evidentes defectos de la obra llevada a juicio. Además, buscamos opiniones de otros lectores y sostenemos un diálogo con el autor de cada libro. Aunque se ofrece una “sentencia” conclusiva, en realidad es el público virtual quien tiene la última palabra. En fin, es asimismo una invitación a la lectura, tan necesaria en estos tiempos de pandemia, y un modo serio-divertido de promover las obras del catálogo de nuestras editoriales provinciales (Capiro y Sed de Belleza), y la labor del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Villa Clara…

En el caso de “Clara Santa Soledad”, la última de las obras llevadas a juicio, decidimos enviar una carta a Luis Cabrera firmada por sus propios personajes, que le brindarían su apoyo en ese momento difícil. La crítica, siempre certera, de la fiscal Carmen Sotolongo, invitaba a la corrección del texto… Pretendemos siempre que el lector de Internet se divierta, así que empleamos una suerte de “fustiga riendo”, de la que todos aprovechan: el autor, los críticos, las instituciones, el lector de la obra, los lectores potenciales y los amigos.”

A tono con los tiempos que corren y la necesidad de llegar a todos los públicos posibles, el Juicio Final suscita una tensión que va in crescendo en la medida que avanza el juicio simbólico, por lo que nos ofrece una narración en sí misma, sustentada en inteligentes diálogos y réplicas. Teoría que para nada resulta aburrida, ni siquiera difícil de digerir para un público que guste de la literatura, pero que esté poco educado en el discurso técnico.

Así, entre pinceladas de humor inteligente, pero sobre todo con el análisis de especialistas y voces representativas del mundo del libro en Villa Clara y en Cuba, la crítica literaria encuentra espacio en la red de redes a través de esta iniciativa, la cual agradecen por mucho los usuarios de la página de Facebook del Centro Provincial del Libro y La Literatura en Villa Clara, entre ellos la propia comunidad de escritores y artistas de la provincia, radicados aquí o en otros lugares de la Isla y del mundo.