jazz


Los desafíos de Camila Rodhe (+ fotos, video y tuit)

Era algo tímida, le temía al ridículo, pero su pasión por el jazz y la actuación es más fuerte que lo demás. Ahora encanta desde las tablas, encarna personajes con naturalidad y despierta aplausos.

Camila Rodríguez, más conocida como Camila Rodhe, es actriz del grupo El Portazo y cantante del conjunto Mestizaje, en Matanzas, su provincia natal. La obra CCPC La República Light III Temporada fue como una especie de vitrina que le permitió demostrar su fuerza y talento.

Oriunda del municipio de Cárdenas, posee entre sus principales reconocimientos el premio de actuación femenina Adolfo Llauradó (2019), uno de los más importantes entregados a jóvenes en Cuba, miembros o no de la Asociación Hermanos Saíz.

Con naturalidad, narra que cuando conoció la noticia no lo podía creer. Tal vez porque nunca imaginó que con su primer estreno como profesional podía recibir ese tipo de aplauso. “Sentí mucha alegría, sobre todo porque significa que mi trabajo va por buen camino. Cada reconocimiento de la AHS alienta a que el creador continúe con ese deber de aportar a nuestra cultura y cada vez con más ímpetu”.

— ¿Cuánto favorece tu formación actoral estar en El Portazo, un grupo que a pesar de su juventud da pasos importantes a nivel nacional?

— Ser parte de El Portazo ha sido y sigue siendo un placer y una suerte. Incluso, ya estudiando en la Academia, no tenía claro si quería ser actriz. Desde niña he amado el musical, y cuando me gradué no existía ninguna agrupación desarrollando ese género. Llegué a Matanzas y me incorporé a este grupo sin saber qué hacía allí… no tardé en entender. He aprendido el rigor, la belleza, el placer de hacer arte.

“He aprendido el riesgo, a disfrutar el proceso, a entregarme sin miedo en las tablas… Era muy cohibida, le temía al ridículo. En el El Portazo he ido conociéndome como actriz, cuáles son mis lagunas, cómo mejorarlas y cómo sacarle provecho a mis cualidades…, consciente de que la búsqueda y el crecimiento han de continuar. Tanto su director, Pedro Franco, como sus actores (a quienes admiro y respeto mucho) me han ayudado y me guían en esta búsqueda”.

— ¿Qué tipo de personajes prefieres o los asumes todos con el mismo entusiasmo? ¿Por qué?

— Creo que todavía no puedo decidir qué tipos de personajes me gusta hacer, y por eso, me entrego a todos con igual pasión… todos suponen un reto para mí. Desde la escuela me han tocado personajes dramáticos y me gusta… ahora tengo la oportunidad de hacer una comedia. Estoy tan entusiasmada como temerosa, pues nunca me he considerado una persona simpática… Se me da mejor reír que hacer reír. Pero la curiosidad y la oportunidad de descubrir de qué soy capaz son más fuertes que mi miedo, y estoy muy contenta con ello.

— También tienes experiencia como actriz de la emisora Radio 26, en Matanzas. ¿Cómo es el trabajo en ese medio? ¿Cuán enamorada estás de la actuación radial?

— Llegué a la radio gracias al actor y director del dramático de Radio 26, William Quintana, que más que mi director en este medio y mi compañero de escena, es tutor y amigo. Mi primera vez en la radio fue aterradora. Muy buenos actores me acompañaban y no sabía qué hacer (aclaro, que en la academia recibí clases de radio, aunque en ese entonces no las valoré). Pero me acogieron con paciencia y pronto descubrí el deleite.

“Es una escuela por la que todo actor debería pasar. Aprendí agilidad. Es impresionante cuántas cosas se pueden hacer de un personaje solo usando tu voz. Sin dudas es un trabajo muy difícil, pero divertido”.

— El teatro implica muchos retos más allá de la escena. ¿Cómo es en tu caso?

— No creo que sea muy diferente al resto de los actores de mi generación. Yo soy de Cárdenas, pero El Portazo radica en la ciudad de Matanzas, por lo que pronto tuve que buscar alquiler en la capital provincial, lo que supone estar lejos de mi familia y aprender a mantener todo lo que ello conlleva.

“Además de eso, y hablando concretamente del trabajo, siempre es un reto el proceso de investigación y búsqueda al que debemos entregarnos con cada obra. El público ve un resultado, pero el proceso es la parte más divertida e importante. Lleva horas de estudio, y constante búsqueda. La vida social es limitada en esos momentos y a veces tus amigos y familiares no lo entienden y eso afecta un poco tu lado emocional… Fuera de eso, nada del otro mundo”.

— Te gusta mucho el jazz. Sin dudas tu padre, director del conjunto Mestizaje, seguramente tuvo mucha influencia en eso…

— Desde pequeña la música cubana y el jazz era todo lo que oía en casa. Crecí rodeada de discos y músicos ensayando. Pasaba horas escuchando a mi papá practicar en la batería… Siempre pensé que sería músico, pero la vida me llevó por otros caminos.

“De todas formas, nunca he podido separarme del jazz y de la música en general, ni es mi intención dejarla atrás. No fui a una escuela, pero aprendí canto coral (lo suficiente) desde los seis años de edad hasta los 15 con el maestro Reynaldo Montalvo, integrante del Coro de Cámara de Matanzas, que está bajo la dirección de José Antonio Méndez. Con él me cultivé y me enamoré más del arte”.

— Entre 2017 y 2019 tuviste varias presentaciones musicales en Egipto ¿Cómo fue la experiencia?

— Fue increíble e intimidante, porque tenía entonces 19 años, me acababa de graduar y nunca había enfrentado un público que no fuera de escuela (dígase padres y amigos que asistían a los exámenes de actuación). Era la primera vez que me alejaba tanto de mi familia y empezaba a descubrir otros lugares, otra cultura, y daba mis primeros pasos en el mundo profesional, muy importante además porque fue parte de un proceso de búsqueda sobre cuál sería mi camino. ¿Quería ser músico o actriz? Resultó que quiero ser las dos. La música siempre ha estado en mí, y la actuación me llegó por azar, aún no sé por qué, pero estoy contenta de que haya llegado.

— Llama la atención tu versatilidad como artista, a veces la música y el teatro se unen encima del escenario. Ahora mismo preparas la Comedia Musical Todos los hombres son iguales… ¿Cuál será tu papel en esa obra?

— Interpreto a Susana, un personaje algo histérico y burlón, que se deja llevar por sus amigas (Liza, que la interpreta María Laura German, y Marie, a cargo de la actriz Odette Macías), y luego las culpa por haber perdido el control.

— ¿Cuál consideras que ha sido tu principal desafío profesional hasta el momento?

— Precisamente el enfrentamiento con esta comedia musical. Ya había mencionado el hecho de que no se me da muy bien hacer reír y, para más tensión, comparto escena con actores muy simpáticos y ocurrentes. Como dice el buen cubano, he tenido que ponerme las pilas.

 

— ¿Qué sientes encima de las tablas? ¿Cuánto le temes o no a las reacciones del público?

— Lo que siento cuando subo al escenario es difícil de explicar. Son muchas cosas. Pero, sin duda, me siento libre, y sin importar cuál sea el resultado, me siento complacida… Para el público trabajamos y por eso su reacción y opinión es muy importante, eso siempre resulta aterrador, y provoca mucha tensión, pero nunca ha sido un freno para mí. Al contrario, procuro que funcione como motor impulsor. Aprender a escuchar a quienes te observan es algo muy importante.

— Por lo general, se piensa que las actrices son desinhibidas. ¿Cómo te defines como persona?

— Mitad y mitad. La profesión que he elegido me ha ido sacando esos demonios que antes temía mostrar, pero aún siento pudor en varias ocasiones.

— ¿Qué piensas del teatro cubano? ¿Cuáles son sus principales desafíos?

— Siempre se puede hacer más y mejor. Sobre todo porque en pleno siglo XXI competimos con la tecnología, y las personas ya no quieren tomarse la molestia de llegar hasta un teatro. Creo que en Cuba se hace buen teatro, y que muchas agrupaciones ya han comenzado a actualizar sus repertorios y están en la búsqueda de hacerlo más atractivo e interesante.

Pero para que la lucha tenga resultados, el teatro cubano necesita más apoyo, más allá de los festivales que ya lo respaldan. Es más fácil ir a un concierto que a una obra. Y hablo de la isla entera. He conocido personas que, aún hoy, no han visto una obra de teatro. Simplemente no se enteran, y eso es algo triste.

— En tu opinión, ¿cómo deben ser los jóvenes actores y actrices en la Cuba de hoy?

— Más arriesgados. Más estudiosos, más curiosos. El mundo cambia a minutos, y mantenernos actualizados es importante. Creo que también debemos ser conscientes de la importancia de nuestro oficio… no perder la belleza y la pasión.

—¿Qué importancia le concedes a la Asociación Hermanos Saíz como aglutinadora, impulsora de proyectos y defensora de los jóvenes escritores, artistas e investigadores?

— Justo esa. Como jóvenes creadores, contar con una asociación que nos respalde, aliente y oriente en este camino, es muy importante.

—¿Cuáles son tus principales sueños en el mundo creativo?

— Rescatar el musical en Cuba. Creo que es muy importante, sobre todo porque somos una isla muy rítmica, y este es un género de mucho virtuosismo, belleza y grandeza que nunca debió perderse.


Vida a la canción

Los carretones bajan por las lomas y el pregonero anuncia al que de bizcochuelo viene del Caney. Allá, un bolero estremece. En cualquier esquina repiquetea un son. La ciudad de los coros y conciertos también saluda. Los muchachos bailan ritmos que a muchos incomodan. En un escenario diverso, donde su gente hace la música a pie, cuatro cubanas le ponen vida a la canción.

El 8 de abril de 2012 Vocal Vidas propone la unión musical de Ana Josefina Hernández Rosillo, quien en el rol de soprano asume la dirección general del proyecto; mientras que las directivas musicales descansan en la responsabilidad de Maryoris Mena Faez, voz de contralto; Koset Muñoa Columbié cumple la función vocal de mezzosoprano y Annia del Toro Leyva la de contralto. Ellas provienen de su formación como cantoras del Coro Madrigalista y las une la experiencia de cantar juntas a partir del año 2000.

Vocal Vidas/ cortesía de la agrupación

Sus conceptos encuentran raíz en la tradición de los cuartetos femeninos en Cuba, varios de ellos legendarios como Las D´Aida, Hermanas Valdivia, las D´Enriquez, y más reciente en el tiempo, su principal inspiración, Gema 4.

Resulta habitual encontrarlas en el ir y venir de algún ensayo o en los preparativos de sus presentaciones. El resultado se patentiza en sus producciones audiovisuales y fonográficas. Soy Cubana (2016) ha sido un documental premiado en varios festivales estadounidenses. Distinguen en su discografía, Vocal Vidas (producción independiente, 2012) y Canción y Vida (EGREM, 2016). Con este último alcanzaron el Premio CUBADISCO en la categoría de Agrupación Vocal Instrumental. En las notas al fonograma el compositor santiaguero Rodulfo Vaillant expresó: “Escuchar a Vocal Vidas (…) es una de esas experiencias de placer estético de las que uno nunca sale ileso.”

Con los arreglos realizados por Yurka González, la producción musical de Rafael Guédez, la ejecutiva de Rodulfo Vaillant y contemporáneas interpretaciones, las santiagueras exponen un trabajo vocal muy acertado. Quien escuche el fonograma se percatará de las dos líneas que en lo musical distinguen a Vocal Vidas: por una parte un repertorio que apela a la música cubana desde el son, el bolero, la canción, a una zona que se asienta en lo más genuino del cancionero afroamericano, donde sobresalen varios estilos del jazz.

A lo largo de su carrera se han insertado en importantes certámenes del panorama nacional e internacional. Vale destacar su presencia en ediciones del Encuentro de Voces Populares, con la organización de la maestra Argelia Fragosos, en cuyas oportunidades han protagonizado concurridos conciertos como en el espacio del  Museo Nacional de la Música.


Jam Session: Notas para una descarga

Si este libro en manos de los lectores se sumara al concierto jazzístico, ganaría la música cubana. A pesar del desarrollo histórico del género en nuestro país, su paralelo teórico no observaba una dedicación en similares proporciones, muy a pesar del ejercicio de nombres como los de Leonardo Acosta, o los valiosos aportes no publicados de Danilo Orozco y la contribución de trabajos de Borges-Triana, Claudia Fallarero, entre otros autores más o menos noveles que se han dado cita en números de la revista Clave dedicados al tema y en otras publicaciones aisladas.

Unido a esto está el hecho de que investigadores y periodistas muchas veces concentraron su pensamiento en el panteón sagrado de este hacer musical. Solo en tiempos cercanos y gracias a las arenas esparcidas por unos pocos jóvenes investigadores, es que se intenta visualizar en letra impresa o digital la obra de las nuevas promociones de jazzistas.

A partir de los 2000 se observa un ambiente cognitivo creador en los predios académicos a favor de los procesos que rodean la jazzista creación. Tal efervescencia ha brotado en la Universidad de las Artes y en los centros universitarios del país, con la emergencia de tesis de grado desde disciplinas como la musicología, Historia del Arte, Comunicación Social y Periodismo, fundamentalmente. Tales estudios, salvadas las excepciones, perecen justo al momento de la celebrada cuantificación del ejercicio. Unas pocas ven la luz de alguna publicación y en algunos casos, cuando más, se han socializado sus saberes en los espacios teóricos de eventos culturales afines.

También es cierto que muchos de los autores de tesis en opción al grado de esto o aquello, luego de descubrir el agua fría, ignoran el cómo trasladar la redacción académica al discurso del ensayo, artículo, testimonio o cual sea el lenguaje de la publicación dirigida al amplio lector, más allá de las geografías de las altas casas de estudio.

Por todo lo anterior me atrevo a aseverar que los exiguos resultados aparecidos en el surrealista rublo de “tiempos recientes” intentan cubrir un vacío de varias décadas. Sin embargo, Jam Session. La Nueva Generación, páginas que hoy coloco a consideración de posibles lectores, de ninguna manera presenta una historiografía sobre el género, sino que ofrece desde la multiplicidad de enfoques un retrato aproximado de una franja de las jóvenes generaciones de jazzistas cubanos. Lo recibo como una compilación de enfoques que tienen como sedimento común una sociología musical del modo jazz.

Creo que este creciente interés por el estudio del entorno jazzístico cubano, sobre todo a partir de los 2000, pudiera obedecer a un panorama más optimista, no en cuanto a creación y calidad musical harto probada, sino en cuanto a los aspectos sociomusicales, socioculturales, institucionales y de promoción que han posibilitado una mayor visualidad a escala social.

Ya hemos conversado en otros espacios de la escritura y la oratoria sobre el rol de festivales y eventos nacionales como el Jazz Plaza a partir de 1980, y desde 1998 el Jojazz, unido a otras paradas organizadas por la UNEAC y la AHS como el Amigo del Jazz y el Jazz Na Má en las respectivas filiales santiagueras, entre otros espacios isla adentro. Estas celebraciones devienen momento de reconocimiento y legitimación para sus participantes.

La creación de clubes para la promoción del género unido al talento de jóvenes que entrecruzan las fuentes del jazz con los afluentes que provienen del acervo musical cubano de raíz, despiertan la inquietud en quienes cartografían el universo sonoro en la Cuba de hoy. Las más insospechadas posibilidades de hibridación que signa la emancipación del jazz con músicas y estilos varios –que van desde la médula ósea de géneros etiquetados como “música cubana”, cruzan puentes de múltiples vías hasta llegar incluso a la electrónica– le garantiza nuevos y también heterogéneos públicos.

Estos discursos de lo jazzístico se reciben por vías como la radio o TV, spots televisivos para eventos de disímil naturaleza, lo cual redunda en canales informativos que de modo paulatino pudieran contribuir a la formación de audiencias. Las plataformas de Internet y el uso de las redes sociales colocan a los músicos ubicados en la diáspora al alcance de una tecla, se difuminan los límites geoculturales, lo que simboliza parcela de cultivo para los investigadores sociales.

Los jóvenes jazzistas y procesos sociomusicales que trae a su escenario Jam Session…, forman la continuidad de una tradición musical, a la que imprimen sus propios aportes y estilos, con lo cual contribuyen a delinear la historia del género en lo que va de siglo XXI.

Los cuatro ensayos convocados comparten el interés por la revisión del movimiento de jóvenes jazzistas. Quienes estudian cada una de las temáticas son o se convirtieron en practicantes del espacio que analizan, lo que les posibilita abordar la creación, la interpretación y el consumo del jazz desde el centro de la tierra.

La presente compilación propone un espacio de debate, a partir de la muestra de resultados obtenidos por estudiosos noveles. El punto de mirada recae en promociones cercanas aun en el tiempo de compositores e instrumentistas, que en la mayoría de los casos visibilizaron su obra preliminar a partir de la participación en el concurso Jojazz.

Para esta publicación fueron seleccionadas tres tesis de grado en las especialidades de Musicología y Comunicación Social. Camila Cortina desde la historiografía y los estudios culturales estudia las formas en que se conserva la “cubanidad” en la vida y obra de músicos radicados en España.

Pedro Sureda se detiene en las particularidades que individualizan la interpretación de dos jóvenes músicos, a partir del estudio de los procesos de síntesis musicales que identifican sus estilos personales. Es el caso de Harold Lopez Nussa y Rolando Luna.

Reinier Aldazabal propone un análisis de los usos sociales que vivencian los públicos que asisten a los conciertos realizados en La Habana que tienen como núcleo el jazz hecho por recientes promociones de músicos. A partir de la descripción de las principales prácticas comunicativas consustanciales a dichas audiencias durante las presentaciones, son objeto de análisis aquellos elementos que actúan como mediadores individuales e institucionales entre el público y la música, y que transversalizan los usos que se hacen de ella.

A ellos concurre como portada un texto de la musicóloga Claudia Fallarero publicado en la revista Clave que resultó ser el punto de partida de varias aristas de estas investigaciones y que aborda, desde criterios  generacionales, los elementos musicales que caracterizan la novel creación jazzística.

Concluye la descarga un catálogo que recoge parte de las producciones discográficas de jóvenes exponentes del género desde 1998 hasta fechas cercanas a la publicación del título.

Aun cuando los autores en congregación apelan a la mención de nombres de la actual escena jazzista, el principal logro del volumen reside en la triangulación de métodos y procesos de la investigación cultural. La revisión de estas páginas propuestas por la colección d’ Música del sello CIDMUC (¡2012!!!!) –que como muchos otros títulos perdieron el sello de garantía como “novedad literaria” y hoy habitan su madurez en más de una librería cubana– bien pueden significar una invitación para que otros críticos, periodistas e investigadores del país se ocupen de visibilizar las omisiones y zonas no constreñidas en este volumen, con el fin de la prolongación de la descarga desde una mirada contextualizada a cada territorio.


Sonar en Cubano: mis pretextos para comprar espejos

Primer Movimiento (Moderatto)

En Cuba todos “saben” de béisbol, medicina, cocina y música. Los debates en torno a tumbaos, cantantes, sonoridades y disímiles cuestiones del espacio sonoro, acontecen lo mismo en esquinas, centros laborales, fiestas, que en espacios académicos. Incluso en el discurso de presuntas “voces autorizadas”, el término “Música Cubana” suele presentar una condición reduccionista, especie de postal para exportación donde géneros canonizados por la academia o el gusto popular se presentan cual rostro homogéneo de la identidad sonora insular. Nada más falso, puesto que disímiles sonoridades en cada etapa se integran al concierto.

He disfrutado reencontrarme en mi estantería con las entrevistas compiladas en Sonar en Cubano. Músicos en La Gaceta de Cuba, un material donde coinciden varios de los personajes más polémicos de los últimos 40 años en materia musical. Los textos que conforman el volumen aparecieron en la citada publicación en el periodo del 2000 al 2011 aproximadamente.

¿Qué es la música cubana? ¿Para qué sirve contar la música? La compilación realizada por Arturo Arango y Norberto Codina, salida a la luz por la Editorial Oriente en 2012, propone un punto de conciliación entre el lenguaje popular y el académico.

En el arte de abordar la música con-ciencia algunas revistas culturales y las propiamente especializadas en los cursos de las siete notas, llevan la delantera. Si bien una mirada por los anaqueles dedicados al arte musical en cualquier librería del país arroja una diversidad de títulos, creo hallar juicios de actualidad y transdisciplinariedad en los ensayos, artículos y entrevistas circulados en las publicaciones seriadas.

Los entrevistadores se plantean indagar en varios de los ámbitos que inciden en la obra de cada creador en cuestión y el modo en que son devueltas a sus públicos. Ese sentido analítico dota de un carácter imperecedero las conversaciones que el soporte impreso preserva más allá del momento mismo de la publicación.

La Gaceta que a Cuba suena, presenta caminos múltiples para abordar la obra de los creadores que concurren a la cita. Las entrevistas asumen un enfoque sociomusical desde aristas como las identidades músico-culturales, la atención a los consumos culturales, la preocupación por los públicos, el tema de la diáspora, un acercamiento a la temática de género, los nexos entre los músicos, sus producciones musicales y las instituciones culturales, entre otros ejes temáticos que trascienden todo aislamiento cognitivo.

Segundo Movimiento (Alegro  andante)

Como advierte Arango, desde 1992 una de las características de la publicación ha sido sacar a la luz entrevistas que en el seno de la redacción de la revista llaman “de personalidades”, he ahí uno de los vórtices filosos por los cuales transita esta selección, al asumir una categoría quizás demasiado excluyente y cuestionable.  

No dudo que muchos de los que en este volumen se reúnen ostenten todas las cualidades para merecer el calificativo, pero… ¿acaso todos? Yo preferiría defender la idea de que hay artistas cuyo devenir en la cultura musical cubana les merece aparecer en esta u otras páginas sin que necesariamente deban optar por el adjetivo.  

Por otra parte, estoy segura que cada uno de los entrevistados encontrará su lector-escucha ideal; sin embargo, muchos lectores ––entre los que me incluyo–– quedamos a la espera de que, ya sea La Gaceta en proyecto de continuidad o cualquier otro equipo editorial, ofrezcan cabida además de…, a otras voces del país, innecesariamente desapercibidas.

Aun así y a pesar de las ausencias citadas por el prologuista y aquellas que cada lector pueda extrañar, justo es señalar que entre el conjunto de músicos y entrevistadores a estas páginas convocados no aparecen falsos congraciamientos.  La música, como en pocos acercamientos, se despoja del halo mítico, anecdótico, ingenuo, para funcionar como vocero de los diferentes contextos socioculturales que aparecen reflejados.

Tercer Movimiento (Piano Forte)

¿Quién le tiene miedo a la música? Parecería una interrogante absurda de formular. Sin embargo, ausencias, solapamientos, eufemismos para abordar ciertas zonas de la creación musical en Cuba, en la mayor zona de la bibliografía correspondiente pueden contestar.

¿Por qué aún no cuentan con la misma visibilidad los estudios de rock, rap, música electrónica…?  O en el otro extremo, ¿por qué a pesar del amplio reconocimiento social al que se asocia la llamada música de concierto, apenas es reconocida por la bibliografía?

¿Quién le tiene miedo a la música? Es un estribillo que me reitero a diario cuando no encuentro suficientes publicaciones que visibilicen de forma responsable estudios en torno a lo que denomino “Sonidos Incómodos” de la nación. Sonidos que en el argot institucional se han convertido en términos tabú con inadecuadas políticas para el tratamiento de sus cultores y audiencias, así como para una zona considerable del análisis intelectual que opta por el silencio o casi siempre por juicios carentes de seriedad científica, sustituidos por lamentos catárticos.

La música cubana abarca sonidos plurales, de ahí que las entrevistas compiladas en este libro trasciendan las definiciones y acojan exponentes de la música popular, la llamada música de concierto, el jazz, la cancionística y el rap. Las conversaciones aquí contenidas logran la coexistencia responsable de zonas tan aparentemente distantes como la timba de los 90 y 2000, hasta la pianística de concierto, por solo citar algunos ejemplos.

Permítanme presentar someramente a los artistas que por estas páginas, además de virtuosismo musical, muestran capacidad de análisis y conciencia de su arte creativo, y los contextos donde éste transita:

No me sorprende que a las puertas del volumen nos reciban los criterios que Juan Formell  ofreciera a Abel Sierra Madero y Nora Gámez en No veo el Relevo… Uno de los líderes indiscutibles de la popular bailable cubana manifestó su preocupación en cuanto a la revitalización de ésta en las generaciones de músicos más jóvenes. El vanvanero discurrió en torno a disímiles tópicos como el fenómeno de la timba durante y después del denominado periodo especial; el intergénero en relación con el reguetón, asuntos como los espacios para su socialización y públicos; música-músicos, redes de comercialización y medios de difusión. Se avezó en asuntos como bloqueo versus desarrollo de la música cubana, ejes todos que demuestran el alcance social de esta manifestación.

César Pupy Pedroso, se remite a los momentos en que un grupo de músicos muy jóvenes entre los que contaba él mismo, siendo integrantes de la Revé forman los Van Van. Expresa sus criterios respecto a la música cubana en la coyuntura de los 60 y los 70 de la vencida centuria, momentos en que a pesar de las contradicciones, considera que el baile cubano no sufrió crisis como muchas veces se apunta.

En ésta y todas las entrevistas concernientes al universo bajo la etiqueta de lo popular bailable cubano la entidad “Bailador” cobra una connotación sociológica y es abordado como fenómeno de comunicación.

Norberto Codina (izq.), Director de La Gaceta de Cuba y Darsi Fernández, en la presentación de “Sonar en cubano”. Foto: Marianela Dufflar/ Tomada de Cubadebate

No puedo negar que Algunos secretos malditos de José Luis Cortés es una de las entrevistas del libro que más me seduce a la idea de releer una y otra vez sus páginas.

Emir García Meralla había concebido la entrevista para la revista Salsa Cubana como parte de un dossier dedicado a las figuras o hechos polémicos dentro de nuestra escena musical. Era el año 2003 y no fue sólo hasta el 2008 que pudo materializar su idea pero esta vez acogida desde La Gaceta. Bajo el sobrenombre del Tosco, José Luis Cortés desde finales de los 80, y sobre todo durante la década siguiente, fue uno de los representantes de la timba más cuestionado en la Isla.

Por su parte, el compositor y productor musical Joaquín Betancourt ubica su reflexión en la interrogante ¿Música para el bailador o Música para sobrevivir? Disyuntiva agudizada de los 90 en adelante.

Y como Cuba no es sólo baile, aquí aparecen las teclas trocadas en ideas hacia el piano de Mayarí, Frank Fernández. Y es que el propio entrevistador, Emir García Meralla[1], asegura, bien como ejecutante del piano, como profesor, productor discográfico o como espectador.

Una de las disquisiciones más punzantes es aquella que intenta colocar como eternos contrarios el desarrollo de los géneros populares y el de la llamada música de concierto o “culta”.

Sin embargo, el entrevistado opina que: “Hacer bien la música popular es tan difícil como hacer bien la música de concierto, lo fácil es hacer mal cualquiera de las dos. Para eso no hace falta talento”.

Ernán López Nussa, pianista y compositor; músico que se pasea por el jazz, la música de concierto y la pianística popular, es otro de los estilos a los que estas páginas dan voz. De sus opiniones nos llegan momentos que marcaron el desarrollo musical como lo fuera Afrocuba hasta llegar al Ernán de Habana Report en sus varias etapas.

El tercer pianista de esta nómina es Ulises Hernández, defensor del reconocimiento a la formación de pianistas en Cuba desde comienzos del siglo XIX, aunque no se hable propiamente de una escuela cubana de piano.

Otra de las entrevistas que manifiesta el carácter diverso y abarcador de Sonar en Cubano, es la conversación sostenida con el director de orquesta Manuel Duchesne Cuzán, quien destacó como director de importantes orquestas sinfónicas del mundo, y quien frente a la Orquesta Sinfónica Nacional fuera el responsable de la música de casi la totalidad de los dibujos animados cubanos producidos por el ICAIC en décadas pasadas.

La Gaceta también evocó el diálogo que por 1962 sostuviera Octavio Cortázar con Gilberto Valdés y Gonzalo Roig en torno a la versátil y controvertida Rita Montaner. Ambas conversaciones transcurren desde el talento de la artista, a los abruptos giros y excentricidades de su carácter, e incluye anécdotas en disímiles etapas de su trayectoria. Creo que merece la pena esta visita a partir de terceros en tanto quizás Gonzalo Roig tuviera razón cuando sentenció: “Lo que sí le puedo decir es que Cuba no sabe aún quién era Rita”.

Un acorde llamado Cotán nos devela la guitarra popular de Octavio Benedino Sánchez, Banes 1922.

Sus entrevistadores le eternizaron en 1994, dos años antes de su fallecimiento y nos revelan “¿quién era este hombre que invitó a beber a Errol Flynn, que estuvo en la casa que habitó Martí en Tampa, que fue atrapado por el flash junto a Gary Cooper, sembró pinos con Fidel, fue amigo de Ernest Hemingway, conoció a Faustino Oramas cuando todavía no era el Guayabero y a finales de los sesenta se vinculó al quehacer de la primera generación de la Nueva Trova cuando todavía eran vistos como muchachos inquietos ?”

Con la voz que trajo al mundo, Marta Valdés nos presenta más allá de la cantautora y compositora que es, a la periodista y una de las personalidades más comprometidas con el quehacer musical. Y es que como bien la presenta Darsi Fernández, es “pensadora recia y profunda, una persona de imponente cubanía, una mujer con criterios sólidos y atendibles sobre casi todo”.

Considero que la entrevistadora cae en la reiteración cuando de conversar con mujeres músicos y artistas se trata, al formular la pregunta respecto a si la creadora en cuestión fue víctima o no del machismo. Pero también he de confesar que en materia de respuestas, Marta Valdés ofrece un camino diferente:

“La única manifestación de machismo más o menos sutil que me han aplicado a lo largo de mi vida como creadora, la he percibido cuando me miden siempre en relación con otras compositoras, pero jamás de igual a igual con compositores, y eso ha sido una tendencia general a lo largo de más de medio siglo.”

Por la ruta de la canción de autor podremos hallar a Santiago Feliú y Gerardo Alfonso, de manera inevitable no puedo obviar el hipervínculo que estas entrevistas trazan con un libro como Trovadores de la Herejía y La luz, bróder la luz. 

Como para gustos el arcoíris, la melómana que soy se hubiese complacido un poco más si en lo que respecta al universo del rap, más allá del mito Orishas y sin descontar la página que les concierne, La Gaceta por aquellos años se hubiese acercado a otros exponentes (¿acaso también personalidades o al menos variopintos personajes?) que representaron y en algunos casos aun representan este decir de modo más inmediato en la Isla.

Sin embargo, dentro de la llamada escena alternativa o canción cubana contemporánea creo oportuna traer ante lectores y escuchas, a alguien como Yusa, cuyo trabajo es prácticamente desconocido en Cuba, sobre todo en los ámbitos ajenos a la capital.

Descemer Bueno, X Alfonso y Kelvis Ochoa cierran esta entrega desde la llamada escena alternativa. La manera en que ellos observaron para esta entrega el fenómeno musical en relación con los procesos sociales y el tiempo de la creación nos develan interesantes percepciones desde la óptica de tres artistas representativos del escenario musical cubano más o menos reciente.

Si eres de los que considera la historia nacional puede ser contada desde varias perspectivas, incluyendo el devenir musical, te invito a alborotar algún rincón de estante donde todavía y de modo lamentable dormite el título. Sumergirse en Sonar en Cubano implica el debate y, sobre todo, una lectura a la “música como espejo social”.

[1] Este nombre está ligado a gran parte de los acontecimientos y la historia de la música cubana del último medio siglo.


Como todo un quinceañero

Para los latinos los festejos por los 15 años son de gran relevancia. Con la misma elegancia que caracteriza a estos jolgorios juveniles arribó a su XV edición el Coloquio Internacional de Jazz ¨Leonardo Acosta in memoriam¨. Cuatro días en los que su directora y coordinadora general Neris González Bello llevó a cabo un interesantísimo programa académico.

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Aguas de Marzo

Qué mejor momento que este final de año 2019 para el primer concierto del dúo Aguas de Marzo. Hermosa ocasión seleccionaron estas jóvenes intérpretes para estrenar escenario en el marco de P1_La Habana_Titón, en la Fundación Ludwig de Cuba, el pasado viernes 13 de diciembre.

Aguas de Marzo es un dúo de guitarra y laúd conformado por Patricia Díaz Mora y Sofía Pedrera González. La particularidad de este proyecto está en la unión de los timbres de ambos instrumentos, algo que a nivel visual también es interesante. Este formato de cámara es singular dentro del panorama musical habanero. En estos momentos, ambas cursan el cuarto año en la Universidad de las Artes (ISA). 

Noel Gutiérrez hizo un arreglo de “Alfonsina y el mar” para dar inicio a este concierto, en el que el agua fue símbolo unificador de lo que significa del concepto, la propuesta y el nombre de esta agrupación. Su repertorio está conformado también por arreglos de temas icónicos de la producción musical latinoamericana y cubana. Obras que generalmente se escuchan en dos guitarras y que con esta unión de guitarra y laúd recrean otro ambiente sonoro.

Fotos cortesía del Dúo Aguas de Marzo

La música cubana tuvo su representación en el momento que interpretaron el arreglo de José Manuel Ordás a “Germania”, obra del trovador cubano Sindo Garay. Un punto de giro en el programa de concierto es la obra “Wemilere” de Rey Guerra, obra que presenta los ritmos y entonaciones de la festividad afrocubana.

Lo curioso de esta propuesta de música instrumental, es que el relieve o como se suele decir “la voz cantante”, la lleva un instrumento que identifica el campo cubano y por extensión a la música cubana en general.

Para finalizar el concierto, se unieron a Aguas de Marzo, en el laúd Evelyn García y la tresera Olivia Soler, para interpretar una obra del Guajiro Miranda, “Plectro jazz latin son”.


Rumba, guitarra y saxofón

Aunque la lluvia movió de sitio actividades como las delPatio de Pepe,esto no impidió que el público y los artistas invitados disfrutaran de un arcoíris sonoro durante el Entremúsica, evento sonoro más importante que tiene la AHS en Las Tunas dedicado al maestro Leo Brouwer y con la rumba como protagonista, ycuya decimotercera edición incluyó, también, a otros génerosmusicales.

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