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Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (10/10)

Ya obtuve el título que buscaba… ¿y ahora qué?

El último título: Doctor

En cierta ocasión, escuché a un colega recién titulado decir: “¡Ya soy doctor y no siento nada!”. Recuerdo reírnos de la ingenuidad de la frase; no obstante, en realidad, expresaba algo que todos sentimos. Has pasado tanto tiempo empeñado en alcanzar una meta que por momentos te pareció tan distante, que una vez lograda esperabas sentirte más… no sé… más alto, más bello, más rico, con un cierto brillo en la piel y venerado por tus pares. Nada eso sucede. Los días siguientes a la defensa, además de tu nuevo andar inflado por el orgullo, te insultará la descortesía de una cotidianidad que prestó muy poca atención a una victoria que, para ti, tiene magnitudes telúricas. A fin de cuentas, el sol salió a la misma hora de siempre y puso en la tarde, justo igual que el día anterior. Aparentemente, nada se ha alterado… mas, para ti, todo cambió. ¿Qué hacer ahora?

Una vez que alcanzas el grado más alto que ofrece la ciencia, tu espectro de acción dentro del medio académico se transforma considerablemente. Ahora hay nuevas responsabilidades y otras expectativas. Desde un punto de vista formativo, poco hay que añadir. No me malentiendas, esto no significa que lo sabes todo y que no necesitas estudiar más. Eso no tiene sentido. Además, si pusiste en práctica tu programa de formación de habilidades como describimos en entradas anteriores, lo más probable es que continúes con los hábitos de estudio que desarrollaste en los últimos años. No obstante, hay otros modos de actuación en los que no tienes el mismo nivel de experiencia y en los que trabajarás en lo adelante.

Me refiero, en específico, a aptitudes personales que facilitarán tu desempeño en la diplomacia social del medio universitario. Estos tejemanejes se conocen como soft skills. Mientras, por un lado, las hard skills corresponden al núcleo duro que te hizo alcanzar el título de doctor -básicamente el dominio de teorías y metodologías de tu campo- y que, obviamente, a estas alturas ya adquiriste; las soft skills, por otro lado, te proporcionan un desenvolvimiento eficiente en tu entorno a partir de la interacción con subordinados, colegas y superiores. Es decir, no se trata de cómo performas con respecto a tu objeto de trabajo, sino de cómo te relacionas con el resto de tus compañeros.

Te recomiendo atender tres de estas softskills: organización, comunicación y liderazgo. La primera, tiene que ver con la facultad para establecer un orden efectivo de elementos y eventos; la segunda, es la propiedad de conectar con audiencias y trasmitir tus ideas; y la tercera, involucra la capacidad de establecer metas y guiar a otros hacia objetivos comunes. Como ves, son artilugios transferibles a todas las actividades de la vida diaria y, en efecto, hallarás numerosas ocasiones para ponerlas en práctica. Asegúrate de hacerte bueno, muy bueno, en ellas.

Entre las actividades que tendrás que realizar dentro de los predios académicos como doctor se encuentran las siguientes:

  1. Actualización de tus cursos con énfasis en el posgrado. Sí, ya sé que has dado clases y que tu jefe de departamento tiene la docencia como prioridad. Pero también sé que estos últimos años no estuviste frente a un aula durante mucho tiempo. Y si lo hiciste, impartir tus conferencias no estuvo entre tus tareas preponderantes, ya que la investigación absorbió tus intereses y energías. Dar una buena clase no es como montar bicicleta, sí se olvida; requiere un cuidado constante y alto nivel de preparación. Además, es muy probable que te inviten a participar de claustros de programas de maestría, que exige la reconfiguración de tus materias hacia objetivos y niveles donde no has trabajado antes. Posicionarte como un buen docente es garantía de admiración entre tus estudiantes.

Asegúrate de incorporar a las clases tus temas de investigación demostrando necesidad, importancia y actualidad. Este elemento calará en tu audiencia y, si lo manejas adecuadamente, verás como pronto muchos de tus alumnos se acercan a ti en busca de guía para desarrollar sus propias investigaciones en los tópicos que propones. Esto es fantástico. Te permitirá construir equipos y te posicionará como líder en tu ámbito.

Dos consejos al respecto: Uno, disfruta el proceso. Si te dedicas a esto es porque instruir a otros y asistirlos a alcanzar el éxito te resulta placentero. La supervisión implica poner tu tiempo y esfuerzo en función de otra persona. Como doctor, tienes la obligación ética de formar a otros. Pero ello no tiene por qué estar divorciado de tus propios planes y, por eso, he aquí mi segundo consejo: articula tus tutorías en estrategias de socialización de resultados a largo plazo. Por ejemplo: proponte organizar un libro a partir de 3 o 4 tesis que supervises. Considera que tus alumnos de hoy son los colegas de mañana y planificar un resultado mayúsculo como la publicación de un libro en junto a ellos los posiciona de manera excepcional en el terreno profesional. Todos ganan.

  1. Publicaciones y redes profesionales. El periodo siguiente a la discusión es el momento ideal para sacarle partido a los cientos de páginas que has escrito y a los muchos datos que compilaste. Como sabrás, el rendimiento de un investigador se mide por la cantidad de publicaciones en revistas académicas y las citaciones que éstas reciben. Considera que el proceso que va desde el borrador hasta su salida final en el journal toma meses y, las más de las veces, años -en dependencia de tu campo-, por lo que debes empezar a preparar tus manuscritos cuanto antes.

El poder de los artículos es tal que, en algunos países europeos, para poder aplicar a un puesto de profesor debes contar con al menos cinco textos publicados en revistas indexadas en la Web de la Ciencia (WoS) o en Scopus como primer autor. Y eso solo es el requisito mínimo para poder optar. Razón por la cual es preciso que aproveches el momentum de entusiasmo luego de tu incorporación y realizar esta tarea de inmediato. De no hacerlo, te arriesgas a perder la motivación, a que tus disminuyan actualidad y relevancia o, peor, que alguien se te adelante y presente resultados similares antes que tú.

Igualmente, distingue las asociaciones que reúnen los profesionales de tu sector y cerciórate de incorporarte a ellas. Allí podrás realizar networking y de seguro surgirán nuevas posibilidades para ti.

  1. Posdoctorales. Podría decirse que este el paso natural para un graduado. Es un puesto de investigador generalmente asociado a algún proyecto de un profesor de experiencia. Seguramente, a lo largo de tu tesis reconociste muchos posibles temas que, aunque no pertenecían al núcleo de tu estudio, aun así, los identificaste como relevantes. Exploraste un poco, reconociste un camino interesante a seguir, pero comprendiste que consumían tiempo y te llevaban hacia otro rumbo, por eso los marcaste para después, para “algún día”. Bueno, esta es la oportunidad para desarrollar esos caminos.

Los posdoctorales pueden durar hasta tres años y en muchas partes del mundo, para alcanzar un puesto de profesor asistente es menester contar con uno o varios en tu currículo. Esta es una deuda del sistema académico en Cuba, que no otorga ningún valor a estos programas. Evalúa las convocatorias internacionales y ten tu propuesta lista. Ojo, para aplicar es requisito demostrar competencias en lengua extranjera, valora entonces la posibilidad de tomar los exámenes IELTS o TOEFL.

  1. Líder de proyectos. He aquí las Grandes Ligas de la ciencia académica. Ninguna investigación se hace sin dinero y los fondos se mueven a través de los proyectos. Lo sabes perfectamente porque tu propia tesis doctoral fue financiada por uno de estos. ¿Recuerdas las soft skills que te mencioné más arriba? Pues, es este es el patio donde no se sobrevive sin esas cualidades.

Un proyecto involucra un conjunto de investigadores que trabajan juntos en una rama muy específica y realizan aportes de diverso nivel en un marco estricto de tiempo (3-6 años). Ser líder de proyecto es un puesto prestigioso por dos motivos fundamentales. En primer lugar, porque te coloca a la cabeza de un equipo de personal altamente calificado y ejercer el trabajo conlleva no solo los títulos y experiencia requeridos, sino, además, talentos en la planificación y en la gestión de presupuestos y personal. En segundo lugar, porque los proyectos son una de las formas en que las universidades atraen capital, por lo que son muy valorados en el mundo académico. Ser una persona con experiencia trayendo dinero a la institución es un punto que se ve muy… pero muy… bien en tu currículo.  

  1. Política universitaria (Administración). Lo dejé para último, pero no es menos importante. Sí, ya me imagino lo que piensas, que no quieres tener nada que ver con burócratas y la retahíla de documentos y disposiciones legales interminables que preciso conocer para participar de la política universitaria; que no quieres salir de tu campo (donde te costó tanto hacerte un hueco) y lo tuyo es la ciencia y ya está. Lo sé y también pienso así.

Pero inmediatamente a tu incorporación, notarás que ahora tienes más que decir, ya tienes cierta experiencia y, de seguro, provees ideas frescas acerca de cómo debería funcionar tu entorno. También, te sorprenderá que los decisores de tu institución te escuchan más que antes. Encima, es muy probable que tu departamento o facultad ya previó que podrías ser una opción para dirigir alguna instancia. Mi consejo: no te cierres.

La dirección te permite conocer a profundidad la organización en la que operas y eso es una gran ventaja para maximizar tu presencia e impacto. Se aprende mucho desde dentro y, si te encuentras la silla apropiada, puedes lograr una verdadera transformación en tu colectividad. Planifica esta etapa como formativa y temporal. Al igual que la dirección de proyectos, la experiencia administrativa es un activo valioso en el campo laboral académico.

…

Una vez leí, en una entrevista realizada por Studs Terkel a un corredor de bolsa en los años ochenta, cómo este planteaba que en la sociedad contemporánea había una nueva clase de pobreza, la de tiempo. La expresión causó un profundo impacto en mí y me ha hecho extremadamente sensible respecto a cómo gestiono mi tiempo. La insoslayable realidad de su finitud es espeluznante. Por eso apareció esta serie, para ayudarte tomar consciencia de tus necesidades, desarrollo y medir tu progreso.  

Estas fueron mis recomendaciones para tus primeros años luego de obtención del título. Como joven investigador, son ideas con las que yo mismo lidio día a día. Espero que te sean provechosas y las puedas adaptar a tu espacio. Recuerda invertir siempre en ti mismo y visualizar las dificultades como oportunidades disfrazadas. Suerte.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (10/10)

Ya obtuve el título que buscaba… ¿y ahora qué?

Hemos llegado al último post de esta serie. Como habrás notado, cubrimos el ciclo de obtención del título, desde hallar la motivación, establecer las dinámicas de trabajo con el tutor, gestionar tu propio programa de formación de habilidades, hasta presentar los resultados de tu estudio. Ojalá las pistas discutidas te hallan hecho mejor investigador.

Casi un año ha transcurrido desde que comenzamos a discutir estos temas y, espero, ya obtuviste (o te encuentras más cerca de obtener) el título que ansías. El proceso ha demandado de ti tantos esfuerzos y energías que, por momentos, te pareció que no había nada más en mundo. Es un sentimiento común, todos pasamos por ahí. No combatas la confusión, por el contrario, abrázala; sé consciente de ella, deja vagar tus pensamientos y observa hacia dónde te llevan.

Como establecimos desde el primer post, un título es solo el comienzo: la entrada a una nueva esfera de actuación. Llegó la hora de redefinir nuestros objetivos y planes de vida. El propósito de este texto es discutir algunas de las opciones a las que te enfrentarás luego de graduarte y ofrecerte pistas que te ayuden a reorientar tu accionar y maximizar los beneficios.

¿Qué se hace luego de adquirir un título académico? Pues depende del título, claro está. En primer lugar, porque cada uno te capacita para cierto accionar y, en segundo lugar, porque se obtienen en distintas fases de la vida, por lo que tu performance profesional deberá (idealmente) conjugarse de manera armoniosa con ejercicios y planes de diferente naturaleza.

Mi primer título: Licenciado

¡Al fin! Luego de cuatro o cinco años recién terminaste la universidad. En realidad, has completado una fase que emprendiste desde muy pequeño, en la enseñanza primaria. Llevas quince años en la escuela y poco sabes más allá de la misma. Para la gran mayoría de las personas, aquí termina su proceso de formación profesional. El papel que recibiste te acredita para desempeñarte en un área determinada y comienzas en un trabajo. Tienes entre 21 y 25 años y toda la vida por delante: es hora de plantearte nuevas metas.

Lo primero que te sorprenderá es que las cosas a las que te enfrentas en el ámbito laboral son diferentes a los entrenamientos que recibiste. Rápidamente identificarás discrepancias entre las clases y lo que ahora debes aplicar. Asimismo, reconoces lagunas en tu formación y te vienen a la cabeza mil maneras en que hubiesen sido más efectivos los cursos que tomaste. Recuerdas tus buenos y malos profesores. Es normal. Ningún sistema educativo es lo suficientemente comprensivo como para abarcar todas las habilidades necesarias en el terreno productivo.

Tomada de internet

A veces, las tareas que tienes que cumplir en tu trabajo son verdaderamente desafiantes y novedosas en muchos aspectos. Te preguntas si en realidad estás capacitado para acometerlas y te amedrenta la ausencia, por primera vez, de una figura rectora cuya misión es asistir y motivar. Entonces te lamentas del tiempo que perdiste en la universidad y especulas acerca de lo que hubiese sucedido si hubieses prestado más atención en tal o más cual materia. Esto se llama el síndrome del impostor.

Ten calma. No te amedrentes y confía en tus capacidades. Si efectúas una autoobservación profunda también notarás fortalezas y cualidades en las que destacas. Solo necesitas más tiempo, la experiencia se encargará de ir puliendo y refinando tus destrezas. Verás que pronto te sentirás más cómodo. Te reproduzco un consejo de Seth Godin: búscate un héroe, alguien que sobresalga en tu campo e intenta ser como él. Emula sus hábitos y procura hacer ingeniería inversa de sus éxitos.

Tu héroe puede estar muy cerca, en tu propio trabajo quizás, pero no necesariamente tiene que ser así. Puede ser un autor importante o una figura pública de Alaska; da igual. Lo verdaderamente relevante son dos cosas: una, que esa figura esté relacionada con tu performance, es decir, que puedas aplicar las enseñanzas que adquieres; y, dos, que tu examen sea realista, o sea, de nada me sirve pretender imitar las propiedades de Superman para volar o de Spiderman de colgarme de las paredes.

Ahora bien, si lo que te interesa es continuar formándote, te recomiendo enrolarte lo antes posible en un programa de maestría. Ello abrirá nuevas puertas para ti. Lo único que tienes que pensar es si quieres prolongar las líneas instructivas que ya conoces (por ejemplo, si hiciste tu tesis historia del cine cubano y te incorporas a un máster en film studies) o si, por el contrario, quieres tomar rumbos completamente diferentes. Si tu opción es la segunda, entonces te recomiendo no apresurarte. Pasa algunos años más explorando el mundo laboral hasta que identifiques una nueva pasión.

De vuelta al ruedo: Máster

Hay tres tipos de estudiante de maestría. Primero, está el joven intenso que recién se graduó y que continúa con el entusiasmo y la inocencia del que no sabe otra cosa en la vida que estudiar. Se le reconoce por la emoción contenida por haber sido aprobado en el programa, el ímpetu y la celeridad con que realiza las tareas orientadas. En Cuba, a menudo, también es trabajador de la misma universidad, por lo que se le nota cierto azoramiento al tener como colegas a varios de los que, hasta hace un par de meses, fueron sus profesores.

Segundo, aquel que ha sido instado por su trabajo a tomar cursos de superación. A fin de cuentas, el objetivo de un programa de maestría es alcanzar una especialización en un área puntual de la ciencia con alta aplicabilidad en la vida profesional. Este es un investigador con cierta experiencia, aunque, siendo joven aun, se le valora más por el potencial de lo que puede llegar a ser. Es relativamente conocido por profesores y académicos del campo en su ámbito geográfico inmediato –ciudad o región– y tiene muy claro lo que le interesa adquirir del programa, por lo que discrimina su atención y esfuerzos.

El tercer tipo de estudiante es aquel que, en una fase tardía de su vida, decide buscar su título. Lo hace por muchos motivos: por la intensísima presión de los colectivos universitarios por aumentar los grados científicos de su claustro; porque, tomando en consideración los años de experiencia, ya tiene varios proyectos de investigación avanzados y no le son extraños, ni las publicaciones y ni las habilidades metodológicas de su ciencia, por lo que piensa que puede obtener el título sin muchos contratiempos; y porque es una forma de aumentar su salario, lo cual siempre es un inventivo sustancial y, como dijimos en el primer post, muy engañoso.

Generalmente, cada uno de estos comportamientos corresponde a una edad, pero no tiene por qué ser así. Cuando cursé mi maestría –yo fui del primer tipo descrito–, tuve compañeros casi con edad de retiro que mostraban una emoción en las clases verdaderamente impresionante. Hoy día, siendo profesor de varios programas de máster, he tenido como alumnos a chicos recién salidos de las aulas con la energía y las ganas de un oso perezoso. Es por eso que a estas alturas no estoy convencido que el tiempo de vida tenga mucho que ver. ¿Qué tipo de estudiante eres tú?

Tomada de internet

Mi recomendación: ten claro para qué quieres tu título. La maestría te ayuda a pulir tus mañas y a suplir las falencias de tu licenciatura. Es altamente aplicativa, por lo que debes ser ágil para incorporar lo que aprendes a tu entorno laboral. Eso te hará destacar y te permitirá comprobar que no pierdes el tiempo. Además, si tienes entre 25 y 35 años, lo más probable es que ya tengas o planees conformar tu propia familia, lo cual supone todo un universo de prioridades con las que deberás alternar. Sé práctico, mantente al día con el programa y preocúpate por terminar pronto.

Pero, una vez que defiendo mi tesis, ¿qué hago?

La respuesta más clara es: pon en funcionamiento aquello que propusiste en tu investigación y esfuérzate por aplicarlo en tu día a día. Claro que es más fácil decirlo que hacerlo. Muchas veces, los resultados de investigación encuentran mil y una barreras en los espacios administrativos de las instituciones que impiden su uso apropiado. Otras, la desidia e ignorancia de directivos desestiman propuestas valiosas y te sumen en un angustioso y exasperante estado de impotencia. Tristemente, hay por doquier gavetas y gavetas de estudios relevantes empolvándose que harían la vida de todos más sencilla. No te puedo decir nada para resolver esas situaciones.

Tomada de internet

Mis consejos son los siguientes. Primero, no des por sentado que tus resultados serán implementados en tu trabajo, incluso si desde la institución te impulsaron a tomar el máster o es muy obvio que salvarás el universo con tu propuesta. En cambio, emplea estrategias de persuasión en tu ambiente para exacerbar la necesidad y posicionar tus ideas como posibles soluciones. Es un plan a largo plazo y te tomará meses o años, por eso es preciso que comiences desde antes de terminar tu tesis. Aprovecha cualquier oportunidad para “vender” tus soluciones a compañeros y, en especial, a los directivos, así lograrás ejercer presión grupal en caso de una negativa o de un escenario adverso.

Segundo, aún si no hay nada que hacer, si en tu trabajo han ignorado olímpicamente tu opinión, no te desanimes. La investigación científica te aporta mucho, pero mucho más que un resultado final. Como he intentado demostrar en esta serie, el largo periodo que empleas haciendo una tesis te ofrece un caudal de conocimientos y de técnicas de formación que son transferibles a otras actividades profesionales y de la vida diaria. Sé consciente de ellas y utilízalas para iniciar nuevos proyectos. ¡Adelante!


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (IX)

 ¿Cómo prepararme con éxito para el día de la defensa de tesis?

Dejemos algo claro: una vez que llegas al acto de defensa, la tesis tiene más de un 80 % de probabilidad de ser aprobada. Esto quiere decir que la obtención del título al que aspiras se logra en la realización de una buena investigación, no en la defensa. El acto de presentación y evaluación de los resultados es el punto último de un proceso de años que cuenta con numerosas evaluaciones previas. Por lo tanto, si tu tutor, departamento o comité te dio el pase a la defensa, tómatelo con calma, probablemente ya estés aprobado.

Ahora bien, esto se dice fácil, pero aún hay que hacer un buen papel el día cero, a fin de cuentas, como se dice en el deporte, “esto no se acaba hasta que se acaba”. La defensa es un ejercicio complejo, que exige habilidades que debes haber desarrollado ya, como hablar en público, exponer claramente postulados científicos, sintetizar la información a trasmitir, etc. Por ese motivo, te traemos algunas recomendaciones que con las que podrás disminuir la niebla de incertidumbre y controlar la narrativa del acto de tu defensa.

Conoce a tu audiencia

He aquí es la clave más importante del éxito de una defensa. A pesar de que los tribunales son compuestos por expertos en la materia de tu tesis, es muy difícil (prácticamente imposible) que todos los evaluadores pertenezcan al mismo perfil. Lo común es que solo dos o tres miembros sean lectores ideales de tu informe. Eso hace que los tribunales conformen un micromundo de intereses encontrados, expresión de diferentes trayectorias, prestigio y experiencias.

Tu reto es construir un puente entre tu estudio y tus evaluadores. ¿Cómo crearlo? Pues haciendo lo que mejor sabes hacer, investigando. El listado de miembros se conoce con cierto tiempo de antelación. Este lapso varía en cada programa. Infórmate con tutor o jefe de programa cuál es el momento estándar en el cual se publica el tribunal. Seguramente tu tutor puede predecir con cierta seguridad quiénes podrían ser tus evaluadores.

Una vez que tienes los nombres, ponlos en una hoja de papel y revísalos con calma.Además de los puestos líderes (oponentes y jefe de tribunal) debes identificar cuáles son los que se desempeñan en el área específica de tu tesis. Esos son los que podrán comprender mejor tu trabajo: son tu audiencia ideal. Si los convences a ellos, probablemente influyan en los otros.

Debes hacer una búsqueda de los trabajos publicados por cada miembro del tribunal. ¿Quiénes son? ¿Qué investigan? ¿Cuál es su historia? ¿Cuál es su ciencia básica? ¿Cuáles son sus retos actuales? Respondiendo estas preguntas podrás tener una visión panorámica de tus interlocutores. Ahora es tiempo de planear estrategias de persuasión para cada uno de ellos. Asegúrate de que en tu presentación (incluyendo las respuestas a las preguntas del oponente) puedas “tocar” asuntos de interés individual de cada uno, cuidando no importunar o abrir un área de debate que te saque a ti de tu terreno de experticia.

Te recomiendo la siguiente táctica: una vez que tienes en tus manos los trabajos publicados por los expertos del tribunal, selecciona el más importante de cada autor. Léelo detenidamente y, a continuación, extrae del texto las palabras clave que revelen la personalidad del autor. ¡Importante! No se trata de los términos críticos del campo del que se hable, sino de las expresiones que definen el estilo de aquel que escribe. En cada texto, siempre hay cierto aliento poético o frases empleadas para ofrecer ritmo o belleza. Identifícalas y, a continuación, crea un glosario que incluirás en tu presentación.De esta manera, estarás generando empatía con un interlocutor que podrá identificarse contigo más fácilmente.

Conoce el local de tu defensa

Este es un truco práctico, pero puede ser clave. Intenta conocer el sitio exacto donde defenderás. Si es posible, asiste a otras defensas de tesis allí. Es algo que puedes hacer a lo largo de tu programa investigativo, no necesariamente en momentos cercanos a tu acto de defensa. Puedes ir incluso a defensas que no tienen nada que ve con tu rama. ¿Por qué? Porque todos los lugares ofrecen una serie de retos y posibilidades específicas y debes ser capaz de dominar los desafíos y explotar las potencialidades.

¿Hay buena acústica? ¿Buena iluminación? ¿Cuál es la distancia que separa al evaluado del tribunal? ¿Es íntimo, es informal, o, por el contrario, es un lugar frío y sobrio? ¿Se observan bien los gráficos?¿Es cómodo, es caluroso?En fin…

Asegúrate de dos elementos muy importantes. El primero es que encuentres en el sitio el volumen apropiado para que tu voz suene firme, pero apacible; segura, pero no arrogante.El volumen y tono conveniente (pitch) es un aspecto crítico en el establecimiento de una impresión positiva en tu audiencia.En YouTube podrás encontrar infinidad de videos para cantantes y actores que te enseñan a tener un mejor dominio de tu voz. Aprovéchalos y practica todo lo que puedas.

El segundo elemento es garantizar que la información visual de apoyo tenga un verdadero impacto. De nada sirve que pases horas modificando la estética de tus gráficos hasta alcanzar la perfección, si cuando los proyectes descubres que el fondo que escogiste no hacía suficiente contraste con la pantalla del sitio. El elemento visual es importante en la exposición de datos.

Ten en cuenta que el día de tu defensa estarás muy nervioso y tu mente concentrada en tu presentación, por tanto, las eventualidades del espacio no deben estar entre las cosas a manejar. Ya deben estar cubiertas.

Respeta las reglas

Los ejercicios de evaluación académica están definidos por procedimientos muy estrictos. Existen para garantizar la transparencia de la práctica, pero también, como homenaje y respeto por la academia misma. Al conocer y seguir los protocolos con minuciosidad demuestras que estás apto para continuar creciendo en las espirales de la institucionalidad de la educación y la ciencia. Son de esas cosas que se evalúan permanentemente, aunque no haya actas o planillas de valoración.

Estos cuatro puntos te pueden ayudar:

  • Evita hablar con los miembros del tribunal antes del día de la defensa, puede ser considerado como un episodio de violación ética.
  • Sé puntual y estricto con los tiempos de tu presentación y respuesta. Esta es quizás una de las cosas más difíciles. Haz hecho tanto trabajo que no quieres que nada se te quede fuera. Resume y jerarquiza contenidos. No pongas al presidente del tribunal en un escenario en el que tenga que interrumpirte.
  • Emplea lenguaje formal.
  • Muéstrate serio y honorable.

Sé positivo

Esta recomendación va ligada a las anteriores. En habla inglesa hay un refrán particularmente útil para este asunto: “Fakeituntilyoumakeit” (“Fíngelo hasta que lo consigas”). Ten en cuenta que las actitudes de tus interlocutores serán siempre un reflejo de tu propia imagen. Por lo tanto, incluso manteniéndote circunspecto y concentrado no olvides tener una sonrisa en tu rostro. El efecto de este pequeño detalle es inmediato y sorprendente. No solo es esencial para establecer un vínculo afectivo, sino que también relaja la tensión que todo ejercicio evaluativo trae consigo. La sonrisa, además de presentarte como alguien amable y receptivo (es difícil discutir con alguien que sonríe), demuestra seguridad y dominio de la escena.

Asimismo, es cardinal que durante toda la jornada evites las posturas de confrontación. Es tarea ardua, porque el ejercicio es, por su naturaleza misma, un acto de evaluación y discusión. En consecuencia, la gestión de los participantes promueve el enfrentamiento de fuerzas. Los nombres de los elementos los delatan: oponentes, tribunales, evaluación. Es por eso que no te debes dejar llevar por el cauce de los acontecimientos. Es decir, es la tarea del oponente “oponerse” a tus postulados y la función del tribunal es hacerte preguntas que toquen puntos sensibles. No debes sentirte ofendido por ello.

En su lugar, te insto a que asumas una actitud de conciliación. Espera las opiniones de los evaluadores. Asúmelas con tranquilidad y enfréntalas con la técnica del “sí, pero”. Primero admite la opinión contraria y luego expresa la tuya. Incorpora a tu lenguaje expresiones como:

  • “Esa es una posición interesante, pero nuestros objetivos nos llevaron hacia…”
  • “No lo había pensado de esa manera, en cambio, preferimos enfocarnos en…”
  • “Sin dudas es una ruta que merece mayor exploración, no obstante, el método que empleamos nos permitió…”
  • “Su interés demuestra la riqueza del tema, sin embargo, en nuestro estudio optamos por otra perspectiva”

Estas son técnicas retóricas con las que podrás negociar con tu interlocutor un punto intermedio.Emplear la primera persona del plural (nosotros) es una buena práctica, porque involucra en tu respuesta a más personas (por lo menos a tu tutor, pero puede ser todo un proyecto de investigación o una escuela de pensamiento). De nuevo, es más difícil discutir contra un colectivo que contra un solo individuo.

…

Comenzamos este artículo estableciendo el principio de que, si ya llegaste hasta aquí, es muy posible que ya hayas conseguido el aprobado. Pero hay otras cosas en juego aún. En la defensa tendrás la posibilidad única de comunicarte directamente con expertos de tu campo, por lo que una buena actuación puede abrirte puertas profesionales en el futuro. Observa, evalúa y trata tu discusión como una acción de pitching en la que te presentas como experto en una materia. Si aplicas los consejos que te dimos aquí, verás en la discusión no el punto de llegada, sino la plataforma de comienzo de tu nueva vida luego de adquirir el título al que aspiras.


Convocan al Congreso y Premio Memoria Nuestra 2021

Al aniversario 35 de la AHS y la impronta de Palabras a los intelectuales en la Política cultural cubana dedicará varias de sus sesiones el Congreso y Premio Memoria Nuestra 2021, considerado la columna vertebral del Festival Mundial de Juventudes Artísticas, cuya convocatoria fue lanzada recientemente por la Asociación en Holguín y el Comité Organizador de las XXVIII Romerías de Mayo, y que se realizará entre del 3 al 7 de ese mes.

Este Congreso tiene como finalidad el rescate de la memoria regional, histórica y cultural, así como la localización y reconocimiento de valores endógenos que fortalecen a las naciones en este momento de progresiva despersonalización cultural, y el papel de las organizaciones dedicadas a agrupar a los artistas y creadores cubanos, como punto de confluencia de las diversas maneras de pensar la sociedad desde la cultura.

Congreso Memoria Nuestra – Foto Ernesto Herrera/Archivo

El Premio, por su parte, promueve la discusión acerca de las identidades y culturas regionales en su más extensa acepción, con especial énfasis en el trabajo realizado por la Uneac y la AHS a lo largo de sus 35 y 60 años de existencia respectivamente, y la significación de Palabras a los intelectuales en la Política cultural cubana, así como la presentación de aquellos proyectos comunitarios que defiendan estos valores, explicó Yanelis Martínez, miembro del Comité organizador de este edición del Memoria Nuestra.

En este sentido se proponen las líneas temáticas: La AHS y la Uneac, espacio para crear y pensar un país, que abordará investigaciones sobre el papel desempeñado por estas organizaciones en la Política cultural cubana y la creación artística, así como personalidades destacadas en la historia de las mismas; Culturas regionales e identidades, sobre las tradiciones, manifestaciones artísticas, campos religiosos, las realidades que identifican la multiplicidad de regiones del mundo de hoy o aborden las maneras en que las diferentes manifestaciones reflejan la realidad de los pueblos; Formación y consolidación de la cultura nacional, a partir de la influencia de otras culturas y la formación de la identidad cubana; Experiencias comunitarias, presentación de proyectos que contribuyan al desarrollo, rescate y conservación de tradiciones, así como el aporte de experiencias novedosas sobre la promoción cultural; y Política cultural, diálogo entre artistas e instituciones, sobre la relación entre artistas e instituciones, con énfasis en el lugar que ocupa Palabras a los intelectuales, comentó Yanelis.

Congreso Memoria Nuestra – Foto Archivos del CCCLaLuz

Pueden participar en esta edición del Memoria Nuestra todos los investigadores jóvenes menores de 35 años, sean miembros o no de la AHS. El plazo de admisión de las ponencias cierra el 20 de abril y los autores aceptados serán notificados antes del día 30 de ese mes. Las exposiciones de las ponencias se realizarán en formato virtual a través del grupo de WhatsApp del evento Memoria Nuestra, en el cual se presentarán las ponencias y confluirán tanto los participantes como los asociados de forma general, añadió.

Congreso Memoria Nuestra – Foto Archivos del CCCLaLuz

Los interesados deben enviar sus ponencias a las siguientes direcciones electrónicas: mnuestra05@gmail.com y ahs@baibrama.cult.cu La hoja de presentación debe incluir: Título, Nombre y apellidos, carné de identidad, provincia, centro o institución al que pertenece, correo y teléfono. Además, un resumen de no más de 250 palabras y palabras claves. La ponencia no debe exceder las 15 cuartillas, incluyendo bibliografía, imágenes, tablas u otros recursos, y debe estar en formato Word, tamaño carta (8 ½ x 11), Arial 12, interlineado 1,5. Las citas y referencias bibliográficas serán según las normas APA.

Un jurado, integrado por catedráticos, profesores e investigadores de reconocido prestigio, otorgará dos premios, uno de investigación y otro de proyecto sociocultural comunitario, consistentes en certificado y mil pesos cubanos, así como las menciones que estime.

Congreso Memoria Nuestra – Foto Archivos del CCCLaLuz

Cada año, en las Romerías de Mayo, se realiza este certamen de pensamiento, que por su importancia y aportes al conocimiento y a las tradiciones de los pueblos se ha convertido en columna vertebral de este megaevento, que es el Festival de Juventudes Artísticas.

Reconocidos investigadores, académicos y creadores han realizado su conferencia inaugural y sido miembros del jurado, entre ellos: Natalia Bolívar, Eduardo Torres Cuevas, Fernando Martínez Heredia, José María Vitier, Virgilio López Lemus y Luis Álvarez.

Congreso Memoria Nuestra – Foto Ernesto Herrera/Archivo

Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (6/10)

Habilidades a desarrollar durante una investigación científica (II)

En este post continuamos explorando el rango de competencias que debes adquirir durante tu proceso de obtención de un título académico. La primera parte estuvo dedicada al (1) Conocimiento y habilidades intelectuales y a la (2) Eficacia personal; en esta ocasión, nos adentramos en la (3) Organización de la investigación y en las (4) Relaciones, impacto e influencia.

Recuerda que cada una de estas esferas se descompone en un sinfín de habilidades y modos de comportamiento. Su dominio te ayudará a desempeñarte con suficiencia y confianza en los espacios universitarios y científicos, además de facilitarte la realización del acto mismo de la investigación. El refinamiento de tales mañas toma años de entrenamiento y algunas te serán más sencillas de adquirir que otras en dependencia de tus experiencias, circunstancias y carácter. Pero no debes descuidar ninguna de estas áreas, pues conforman los pilares de la actuación profesional en el mundo académico de hoy.

Gráfico propio creado a partir de la ilustración de Pablo Stanley (www.blush.design.com)

El objetivo de este texto es ayudarte a descomponer cada esfera en procedimientos mínimos a incorporar a tu rutina. Además, espero señalarte las amenazas fundamentales que hallarás en el camino, así podrás evitarlas o salir victorioso en su enfrentamiento. La mayoría de los eventos descritos corresponden a situaciones con las que yo mismo lidié y frente a las que estuve, en más de una ocasión, a punto de “arrancarme los pelos”. Aunque nada podrá prevenir el sinfín de atolladeros que supone hacer una tesis, quizás estos escritos te ayuden a desbrozar un poco tu sendero. Espero que así sea.

Obtener un título no tiene por qué ser un drama sórdido. Ya sabemos que es difícil, lento, y que puede tornarse un alud de inseguridades e insatisfacciones. Pero también sabemos que es gratificante, prestigioso y divertido. Debemos aprender a convertir ese periodo en una fase de crecimiento personal continuo, instruirnos en nuevos sets de artilugios y encontrar en los escollos los desafíos en los que ponemos a prueba nuestros instrumentos.     

Organización de la investigación

Ser capaz de organizar tu investigación es un requerimiento para orientarla hacia el éxito. Implica su disección en objetivos, de los que se desprenden las tareas y su adecuada disposición en el tiempo. La identificación de metas y la administración de tus esfuerzos para alcanzarlas es el primer eslabón de una conducta profesional armoniosa. Es arduo de lograr porque conlleva un alto grado de concentración de energías en un pequeño número de actividades. Generalmente, los jóvenes que comienzan sus investigaciones científicas tienen ambiciones diversas y un alto nivel de creatividad, lo cual se traduce, en ocasiones, en dispersión, agotamiento y dificultades para sostener el interés en tiempo. Llevar a cabo un estudio entraña performar con consistencia ante un elevado número de tareas que mantienen un único objetivo. Los estudiantes tienden a enfocarse en muchas cosas al mismo tiempo, a aburrirse y cambiar de interés constantemente. Eso es contraproducente con el nivel de enfoque requerido para completar una tesis. No es una tarea para finalistas y la procrastinación es tu principal enemigo.

Una de las claves para alcanzar la estabilidad en tu quehacer a mediano y largo plazos es el desarrollo de hábitos productivos. Es lo más engorroso de adquirir y no todos los investigadores lo logran. Para hacer un doctorado no es necesario madrugar, ni quedarse despierto durante noches enteras. Esas son cosas comunes durante la etapa de estudiante porque las metas son inmediatas (un examen, una presentación, etc.), pero son imposibles de sostener durante años. Te matan la motivación, la capacidad de concentración y, eventualmente, tu rendimiento baja.

He aquí, quizás, uno de los aspectos de mayor diferencia entre un nivel académico y otro. Hacer un doctorado es radicalmente distinto a otras tesis que has realizado porque, entre otras cosas, involucra la voluntad de cambiar tu forma de vida. Es imperioso desarrollar un sistema de trabajo que sea beneficioso y saludable.

La gestión de la investigación significa que, una vez que reconociste tus tareas, debes segmentarlas hasta acciones mínimas que has de desempeñar en tu día a día. Esto te permitirá no solo ejecutar los trajines con mayor celeridad, sino medir su alcance y observar, tangiblemente, tu progreso.

Organiza tu jornada, tu semana, tu mes; distingue qué acción sirve para qué; diseña tu propio sistema y practícalo con disciplina. En Internet podrás encontrar muchos modelos de organización de tu tiempo. Van a menudo acompañados de títulos pomposos como “La rutina productiva de Elon Musk”, o cosas así. En general, son una tontería, pero uno siempre encuentra elementos pequeños aplicables a nuestro contexto. Aprovéchalos. Oblígate a ti mismo a cumplirlos y, no lo dudes, verás los resultados.

Cualquiera que sea tu esquema de quehaceres no olvides dos cosas: una, tu ajetreo debe estar orientado por objetivos (específicos, medibles, alcanzables) y asegúrate de dedicar algunas horas a la semana para las siguientes tareas:

  1. 1- Revisar bibliografía de tu campo. Estar actualizado de lo que sucede en tu esfera es más que importante, por lo que te recomiendo dedicar la primera hora de tu mañana a revisar un artículo o capítulo de libro relacionado con tu investigación. Te ayudará a comenzar en el tono común empleado en tu ciencia.

  2. 2- Leer ficción.Ya sé lo que piensas. ¡Hay tantos textos científicos que revisar que no tienes tiempo para dedicarlo a la lectura recreativa! Conozco muchos colegas que tienen este criterio. Lamentablemente, está bastante expandido en el mundo científico. No es casualidad que esos mismos colegas son de los que peor escriben y de los que más sufren con las revisiones de sus propios artículos cuando los presentan a publicaciones, a pesar de estar bien preparados y tener resultados que exponer.

¡Atención a una trampa en la que no debes caer! Incorporar a tu rutina textos de ficción te ayuda increíblemente a mejorar tu redacción porque facilita el desarrollo de herramientas retóricas, amplía considerablemente tu vocabulario y dominio de metáforas, y porque te demuestra que la buena escritura (no importa el tema) no tiene por qué ser aburrida. Además, unas pocas páginas en tus horarios libres ayudan a distender el cansancio del día y potencian tu imaginación.

  1. 3- Escribir… algo. Puede ser que aun no tengas resultados concretos que llevar al papel. No importa. El trance de tener una idea en tu cabeza y articularla de manera convincente para tener un efecto persuasivo en otros no puede tomarse como una banalidad. De hecho, todos sabemos que es bieeeeen difícil y enfrentarse a la página en blanco puede ser una verdadera tortura.

La redacción productiva es una habilidad, no un talento genético, por lo que se puede aprender y entrenar. No esperes obtener todos los datos para comenzar a escribir a tu tesis. Hay muchos otros ejercicios que puedes aplicar: escribe reseñas de los libros más recientes que se publiquen en tu ciencia (así, además de ejercitarte, incorporas publicaciones necesarias en tu currículo y ya vas construyendo el estado del arte de tu propio informe); escribe críticas a procesos culturales de tu entorno (una exposición, una película, una obra de teatro).Y más, mucho más. Un libro muy útil para trazar estrategias de escritura es How to Write a Lot. A Practical Guide to Productive Academic Writing, de Paul J. Silvia (descárgalo aquí https://b-ok.lat/bokk/932163/d4d179). A mí me sirvió de mucho.

Añadir estas tareas a tus costumbres te harán mucho más eficiente a la hora de acometer los ejercicios investigativos (el núcleo duro de tu tesis). Es preciso que no las veas como una estructura rígida, sino que moldees tus dinámicas de acuerdo con el momento en que te encuentras en tu estudio.

Relaciones, influencia e impacto

Tu influencia en el terreno científico se mide a partir de tu incidencia en el trabajo de otros. Para ello, no es suficiente que el resultado de tu ejercicio investigativo tenga la calidad necesaria para ser aceptado en la comunidad académica. Esto es solo un principio sine qua non. Además, es imprescindible trabajar en tus habilidades comunicativas, ya sea en su modo escrito u oral. La imagen del científico en su laboratorio que no habla con nadie ni se relaciona con nadie es una ficción cinematográfica.

En tu carrera, encontrarás disímiles ocasiones donde tu capacidad de expresar ideas con claridad, precisión y elocuencia será puesta a prueba. Hay muchos ejemplos: en la redacción de tus artículos científicos o en publicaciones de divulgación (como este post que lees ahora mismo); en las clases que impartes, conferencias que asistes o posters que presentas; puede ser incluso en tus conversaciones informales y entrevistas con expertos de tu campo, editores o informantes clave de tu investigación.

Trabaja en tus habilidades retóricas: se consciente de estrategias de persuasión (cómo involucrar a tu receptor, ya sea lector o audiencia), organización de ideas y argumentos de manera coherente, así como de un apropiado balance entre el lenguaje técnico, coloquial y metafórico.

Además, debes sumar que la pandemia nos ha puesto ante la realidad indiscutible de que tales habilidades han de ser adaptadas también a su ejecución en entornos virtuales. Debemos reconocer cuanto antes que gran parte de la comunicación presente y futura ha de estar mediada por una pantalla. Cuanto antes lo asumamos, más posibilidades tendremos para prepararnos. Nunca es suficiente el tiempo que emplees en esto.

El último elemento que debes considerar como un pertrecho a incorporar a tu arsenal de joven investigador es el impacto. Es el último porque está relacionado con la recepción de tu actividad académica, es resultado de todos los anteriores y su logro total no está en tus manos. Esto no quiere decir que sea arbitrario. Por el contrario, encarna un mayor nivel de gestión, conlleva una administración integral de todo tu empeño a largo plazo.

El impacto es el indicador de la influencia y esta se logra tomando en cuenta una conveniente diseminación de tus trabajos. De nada sirve alcanzar un resultado científico relevante y saber presentarlo a otros, si la audiencia hacia quien lo orientas es incapaz de hacer un buen uso del mismo. El científico de hoy no puede, bajo ningún concepto, ser un anacoreta.

En un ambiente apropiado, un buen artículo puede lograr una amplia circulación, lo cual se traduce en reconocimiento y mejores oportunidades profesionales. ¿Cómo identifico mi audiencia ideal? Pues debes tener en cuenta que la ciencia es un gremio y, como tal, tiene sus espacios exclusivos de comunión. Las tres plazas fundamentales de intercambio de ideas corresponden a las publicaciones académicas (journals), congresos y sociedades profesionales. Tus pares, los especialistas como tú, se agrupan alrededor de estos espacios y hacia allí debes posicionar tus resultados.

…

El universo de competencias descrito te ayudará a formarte con solidez. Cerciórate de que tus acciones contribuyan a fortalecer tus aptitudes y sé reflexivo con respecto a tu propio apertrecho de habilidades y deficiencias. Ten paciencia y asegura mantenerte motivado. Pronto verás el crecimiento y, créeme, no pasarás desapercibido entre tus tutores y colegas.


Iván Fernández Real: «Todo gira en torno a la creación»

Si algo maravilloso tiene la entrega anual de Becas y Premios de la AHS es la posibilidad de escuchar nuevos nombres y fijar los rostros de aquellos jóvenes que comienzan a marcar una pauta en nuestro mundo cultural. Fue precisamente en la ceremonia de diciembre de 2020 cuando conocí a Iván Fernández Real y su obra, merecedora de la más reciente Beca Conmutaciones. Así, una vez más, las redes sociales me sirvieron para rastrear al joven artista y proponerle este diálogo y estas preguntas.

—¿Crees que el arte tiene un poder transformador de la conciencia y la espiritualidad humanas?

—Me gustaría creer eso. Al menos, el arte puede intentarlo. El hecho de lograr una transformación implica una apropiación, aceptación o al menos una reacción, un dejarse llevar del receptor, aparte de la fuerza que pueda tener la obra. Tal vez si para el autor supuso una transformación personal en primera instancia, para parte del público también sea posible.

—¿Por qué elegiste la composición como lenguaje?

—No creo que la composición llegara a mí por una decisión racional sino a través de mis estudios de violín; simplemente tocando, tal vez variando algún repertorio o haciéndolo más personal. Casi pudo haber sido un acto de inconformidad, de querer tocar o buscar una música diferente. Después vino el deseo y la necesidad de ampliar estudios, de dedicarme con mayor esmero: ahí sí está la decisión de seguir componiendo.

—Los músicos descubren muy jóvenes el llamado a la vocación, ¿cuán importante es para un artista saber desde temprano adónde lo dirigen sus pasos?

—En la medida en que cada cual descubre más temprano qué hacer con su vida, mayor experiencia y desarrollo en este sentido tendrá. Los músicos comienzan a estudiar siendo niños, lo que no necesariamente significa que sean músicos cuando crezcan, esa es una decisión personal y conlleva mayor madurez. En la música, así como en la danza y demás manifestaciones que implican el uso del cuerpo, es vital desarrollar y  potenciar capacidades físicas, y esto solo se logra entrenando, es como un deporte, implica dedicación, trabajo duro.

Si no crees en lo que haces, si no te gusta de verdad, si no te apasiona, será muy difícil alcanzar un resultado favorable. El arte conlleva gran esfuerzo, resistencia, se convierte en una obsesión, en una forma de vida.

En cualquier caso, no está de más acercarse al arte desde edades tempranas, favorece el desarrollo intelectual, la responsabilidad, la madurez, la creatividad.

—¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Qué importancia le confieres a la investigación?

—No tengo una forma ni proceso creativo estático o predeterminado, intento estar lo más conectado posible con lo que estoy haciendo y tener resueltas cuestiones técnicas antes del momento de componer. La investigación antes, durante y después me resulta fundamental, es una manera de llegar al fondo, de poder mirar desde varios ángulos lo que va saliendo, de buscar otros posibles caminos, preguntas e interrelaciones con zonas de creación artística y de pensamiento diferentes.

—¿Qué es lo más difícil de tu trabajo creativo y qué es lo más simple?

—En la obra confluyen interrogantes, experiencias cotidianas, pensamientos, lo vivido o imaginado, lo que eres, has sido, tu idea de lo que debes ser y de los que te rodean… Todo va quedando y se filtra, de manera consciente o inconsciente, en el resultado.  Difícil o simple, es un camino, se va haciendo y todo es parte del proceso, todo gira en torno a la creación, o tal vez sea que en el acto de la creación se aprehende de todo. 

—¿Cuáles son las principales herramientas de un creador y los principales errores en los que un artista podría incurrir?

—La imaginación, la creatividad, la capacidad para escuchar, ver y pensar: son herramientas que hay que afilar, conservar, desarrollar y salvar.

Los artistas son personas también, pudiera parecer obvio; el principal error: dejar de ser persona.

—Para un creador, un premio es un reconocimiento a una trayectoria de vida pero, ¿cómo lo interpretas tú?, ¿qué importancia le confieres? ¿Son los premios trascendentes más allá de la oportunidad o de la luz parcial que brindan en un momento determinado? ¿Qué es, para ti, lo realmente trascendente en la vida de un músico?

—Un premio, para mí, tal vez diga más sobre el jurado que lo decide que sobre las obras o los artistas que lo obtienen. Son opiniones, y las opiniones son recibidas como tal. Si un premio es dado, está en relación con los integrantes de un jurado, que será mejor mientras más amplio, heterogéneo y conocedor sea, y aun así, el resultado no iría en detrimento de las demás propuestas presentadas. La importancia que pudiera tener la premiación es darle movilidad al arte, lo realmente significativo sería que la música suene, que el arte pueda llegar a un público mayor, estimular el debate  entre estudiosos y público en general, y para esto no es necesario un reconocimiento (aunque sí supone una ayuda). O sea, creo necesaria la escucha y respectiva crítica de la música y el arte, no porque tenga algún premio la obra o el autor (esto no lo hace mejor ni peor), sino por la difusión y el estudio, que en definitiva va emparejado al desarrollo de la interpretación general, y a la creación o perfeccionamiento de un juicio crítico e individual sobre el arte contemporáneo.

—Aún eres estudiante de Composición del Instituto Superior de Arte y ya has obtenido la Beca Conmutaciones, que confiere la Asociación Hermanos Saíz, ¿qué posibilidades específicas te brinda esta beca?

—Precisamente eso: es una beca que incluye un apoyo importante para hacer la música y grabarla. Facilita un período de trabajo y ayuda a desarrollar un proceso de creación.

—¿Quiénes son tus principales referentes artísticos?

—Hablar de referentes artísticos sería muy complicado, pueden ser muchos y variables dependiendo de etapas, descubrimientos, proyectos.  Intento escuchar, leer y ver de la forma más abarcadora posible. Si pensara en algún referente fijo sería Johann Sebastian Bach, Lezama, Nietzsche, Martí, Webern, Tarkovski, son una especie de acompañamiento. De la creación musical cubana me interesa particularmente la obra de Julián Orbón y Carlos Fariñas, aunque intento conocer, o al menos estar enterado, de la música escrita por compositores cubanos, sobre todo después de Roldán y Caturla. Esto pudiera resultar otra obviedad pero no lo es.

—Desde el lenguaje de la composición, desde la comunicación humana que se establece al escuchar una obra musical, ¿qué intentas transmitir con tu creación a los otros?

—Simplemente intento que la música sea en sí misma suficiente. La pretensión de querer decir algo específico no me parece legítima, en definitiva cada cual entiende hasta donde puede y quiere: esos límites varían. Creo que cuando alguna obra demanda mucha explicación por parte de su autor es que algo no fue bien. Tampoco la opinión del autor debe ser tomada como modelo; si el resultado es bueno, con la obra basta. Muchas veces, el propio autor es el que limita las posibles interpretaciones y, al final, esto es lo maravilloso del arte, la  multiplicidad de lecturas.

Intento ver la música desde el sonido en sí y cómo es percibido en su totalidad. A partir de esto, todo lo que puede pasar y ser desarrollado, desde la aparente construcción de códigos con una insinuación de significación, a un estímulo sensorial, a lograr al menos una reacción, incitar, sugestionar, que quede algo en la memoria que permita hacer pensar y repensar al oyente.

—¿Cómo definirías el talento? ¿Cuánta importancia le concedes a la disciplina de trabajo? ¿Puede existir un buen músico que no combine, en su propia naturaleza, el talento con la disciplina?

—Aun con el mayor talento es imprescindible la entrega, la disciplina, el oficio, en algunos casos hasta ascético. No creo que se haya conocido músico ni artista alguno donde no confluyan talento y trabajo. Es como si el talento fuese la mezcla perfecta entre aptitud y actitud, vitales las dos, pero visto más como la capacidad de mantener una disciplina de trabajo, de estar preparados y siempre en disposición de evolucionar, de aprender, de estar instruidos e inspirados.

—¿Hasta qué punto la competencia o la emulación es saludable para la vida creativa de un músico?

—No me ocupo de esto, no me gusta la competencia en el sentido de mostrar habilidades que pueden adquirirse mediante repetición y copia, a modo deportivo, sin que haya un trasfondo.  Me parece dañino. Cada cual debe buscar su forma propia de hacer y decir. Intentar entrar o adaptarse a ciertos moldes por el hecho de competir o alcanzar algún reconocimiento puede limitar el verdadero desarrollo personal, entiéndase individualidad, la capacidad que cada cual tiene de ser de una forma única.

—En el universo particular de la experiencia humana, ¿qué lugar ocupa la música?

—Siempre ha estado y está prácticamente en todo momento de la vida. Si se quiere entender cómo es el hombre hoy, hay que estudiar sus relaciones con la música en la historia, la consumida hoy y la forma en que es consumida. Hasta ahora, la música ha sido imprescindible, y debe seguir siéndolo.


El arte del cine de la mano de José Rojas Bez

El arte del cine: formas y conceptos –cuya edición corregida y aumentada fue publicada en 2018 por la editorial Pueblo y Educación– es uno de los más recientes libros del Dr. C. José Rojas Bez (Banes, Holguín, 1948). Sustentado de un sólido sistema conceptual –que relaciona las obras de arte, los medios de comunicación y la obra de arte cinematográfico con sus consiguientes géneros– y con un “sustrato en la estética, la teoría del arte y de los medios; desarrollando nuevos conceptos así como perspectivas actualizadas sobre las ya existentes”, este libro –como leemos en las palabras de contraportada– “analiza rigurosa y sistemáticamente qué es el cine, sus cualidades, funciones y relaciones con las demás artes y medios”.

Rojas, profesor titular, investigador y ensayista, nos advierte en el prólogo “Estética, imágenes, instituciones, artes, matrices… cine”, ampliado para esta edición, que pretende “reflexionar sobre múltiples aspectos del cine, partiendo del deslinde de rasgos fundamentales suyos y el logro de un concepto riguroso y actualizado (…) hasta una metodología asumible, aunque no la única posible, para el análisis de filmes”. Este concepto de cine, que ha caracterizado en buena medida su obra, queda explícito desde el primer momento, aunque le dedique todo un capítulo a su búsqueda: “Arte de la sucesión coherente de imágenes comúnmente audiovisuales logradas mediante una matriz y una superficie”, asegura.

¿Qué es el cine? ¿Cuáles son sus rasgos definitorios? ¿Qué lo caracteriza como medio de comunicación, como industria y, en especial, como arte, según la teoría de la comunicación, la semiótica y, en especial, las teorías estéticas y del arte? ¿Cuáles son las propiedades, significados e importancia general de los planos y el montaje (sin ignorar el controvertido término de edición)? ¿Cómo enfocar, con auténtica coherencia y rigor, la cuestión de los géneros cinematográficos; sin perder de vista ni, por el contrario, doblegarnos a las correlaciones y las fecundas insinuaciones dadas por los géneros de otras artes y medios? Estas interrogantes, y muchas otras, motivan las incursiones teóricas y los replanteos de Rojas Bez a lo largo de este voluminoso texto (de aproximadamente 440 páginas) que resulta un material de consulta obligada para los estudiosos del cine, estudiantes e investigadores, pero también para aquellos interesados en comprender, en todas sus posibilidades, el universo fílmico.

Fundador de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, del Taller Nacional de la Crítica de Cine y de la Federación Cubana de Cine-Clubes, Rojas “reflexiona sobre los planos, el montaje y otros recursos expresivos como los letreros dentro del cuadro, también sobre los géneros y subgéneros (con cierto énfasis en el documental, el falso documental, el musical y el western); incluyendo breves monografías sobre el primer plano, el plano-secuencia, el plano sostenido, la cámara subjetiva, el cuadro en el cuadro, el cuadro en negro (o blanco, o un solo color), la sobreimpresión y otros recursos y productos fílmicos. Ofrece, además, una metodología para el análisis del cine (y los audiovisuales, en general) y una amplia bibliografía coherente con el texto y sus notas a pie de página”, leemos en la contraportada de El arte del cine.

Es importante subrayar que cada uno de estos ensayos posee una validez propia y puede leerse independientemente del libro, aunque en su conjunto conforman “una unidad mayor, multipartita”, pues se coordinan sistemáticamente, posibilitan las convergencias y el enriquecimiento mutuo. “Estas reflexiones nada temen a las nuevas ideas y prácticas fílmicas (y audiovisuales), a la especulación, al vuelo del pensamiento y puntos de vista personales; pero, también apegadas a la investigación, el rigor lógico y la seriedad intelectual, nunca menosprecian el caudal ya clásico de pensamiento y práctica artísticos”, destaca José Rojas Bez.

Al mismo tiempo, el autor posibilita –algo difícil en textos con una carga teórica así– “un lenguaje asequible a un público amplio, un estilo coloquial pero nunca, nunca vulgarizador; siempre alejados de la picardía de hacerse oscuros y retorcidos para parecer profundos, pero sin abandonar el rigor y la seriedad” que una investigación integradora como esta amerita en sí.

En los diferentes capítulos que conforman el corpus de este volumen, Rojas nos invita a adentrarnos en cuestiones técnicas como el plano y el montaje en el arte del cine; el cine como medio de comunicación, como arte e industria; la relación con el “sistema de las artes” y sus correlaciones; los géneros cinematográficos (el falso-documental, el noticiero, el western, el musical y obras y autores, entre deslindes y definiciones, como Carlos Saura, Metallica: Through The Never y Vals con Bashir) y el complejo ejercicio del debate y la crítica del filme.

Fundador del cine-club Dziga Vertov y la revista Arte 7 de la Universidad de La Habana; de los programas y textos de Educación Artística para la Extensión Universitaria y de la Filial de la Universidad de las Artes de Cuba en Holguín, José Rojas Bez es autor de numerosos libros y artículos en revistas especializadas, fue becario de la Fundación Carolina en Madrid, Valladolid y Barcelona, profesor visitante en universidades de América Latina y España, y ostenta disimiles reconocimientos a su trabajo como investigador, docente y ensayista en Cuba y el exterior.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (V)

¿Cómo mantener una relación saludable con tu tutor?*

En este post continuamos explorando las relaciones que se establecen entre el investigador joven y el tutor. Compartimos consejos y experiencias que te ayudarán a maximizar las enseñanzas que trae consigo el trabajo con profesionales de más calibre. Como hemos visto, la función del tutor es introducirte en el círculo de académicos que sostienen la “conversación” de la ciencia en un determinado campo. Para ello, te asiste en el diseño de una estrategia formativa a corto y mediano plazo orientada al desarrollo de capacidades. ¿Qué capacidades? Pues, cualidades imprescindibles para ejercicio profesional divididas en cuatro áreas fundamentales: habilidades intelectuales, eficacia personal, organización de la investigación y, finalmente, relaciones e influencia. En próximos posts entraremos un poco más en cada una de estos sets de destrezas. Así que, ¡estate atento al Portal del Arte Joven Cubano!

Ya sé lo que piensas. No recuerdas que tutor te haya mencionado nada de esta estructura. Solo rememoras tareas, libros recomendados y revisiones sumamente críticas de tus epígrafes. O peor, poca atención, ningún seguimiento y revisiones superfluas y demoradas. Si te ves en alguno de estos extremos es por dos motivos: por un lado, tu tutor nunca te explicó tu programa de entrenamiento y, por tanto, avanzabas a ciegas; o él mismo nunca diseñó tu desarrollo y, en consecuencia, viajabas dando tumbos. Evidentemente, ninguna de las dos opciones es buena para ti.

Entonces, ¿qué es una relación saludable entre tutor-investigador joven? Pues es una mancuerna donde cada una de las partes tiene una clara conciencia acerca de su papel y, con una filosofía colaborativa, se asisten mutuamente para el logro de objetivos comunes. Como ves, la relación con tu supervisor es tan importante que no puede ser dejada al azar. Debe ser gestionada y requiere un acercamiento estratégico. En este post te doy cuatro claves para ayudarte construir un vínculo con tu supervisor de tesis que te sirva para potenciar tu crecimiento.

Recuerda que las imágenes del post, y otras muchísimas, las encontrarás en www.phdcomics.com.

Sé consciente de las expectativas que se tienen de ti

Cuando uno ingresa a un programa doctoral, también se asocia a proyectos de investigación. Estos proyectos tienen salidas concretas, plazos que cumplir y un sinfín de parámetros que miden su rendimiento. A menudo, vemos estas estructuras como algo que no tiene que ver con uno. “De eso se encargan los doctores”, decimos; porque, en efecto, se trata de sistemas de organización de la ciencia que superan con creces nuestro alcance.

No obstante, debes tener claro que, al incorporarte a estos proyectos, te conviertes en un engranaje vital de su articulación. Las tesis doctorales son uno de los indicadores más relevantes de cualquier orden académico. Por tanto, si bien al comienzo puede que te sientas alienado, en la medida que pasen los años sentirás como todos los investigadores que en un comienzo apenas reparaban en ti, de repente van a estar pendientes de tus avances, retrocesos y estancamientos.

Tu tutor es el primer interesado en tus progresos, ya que, probablemente, investigues algo que se alinea a sus intereses. Por eso, mi primer consejo es que debes tener claro cuáles son las expectativas que se tienen de ti. Solo entonces podrás traducir esas esperanzas en entregables concretos (experimentos, entrevistas, artículos publicados, eventos, softwares, archivos, lo que sea que estés construyendo), te permitirá establecer prioridades y garantizarás un adecuado nivel de satisfacción en tu entorno.

Sé diligente

Un elemento central de toda la actividad científica es el tiempo. Cuando uno piensa en la investigación, vienen a la mente resultados, títulos, conocimiento, relaciones, prácticas específicas, etc. Todas estas cosas se realizan a contrarreloj. Los plazos son condicionantes de toda la acción académica y siempre es menos del necesario para alcanzar un resultado óptimo. Por ese motivo, tu tutor te orientará ejercicios asociados a tiempos concretos. ¡Cumple tus fechas!

Este es, quizás, el indicador que más le importará a tu supervisor. Una vez que elaboraste tu programa de trabajo y tu tutor lo aprobó, ajústate a él. Sé preciso y cumple con las tareas en las fechas previstas. Ten en cuenta que (no importa cuánto trabajo tengas que hacer) tu tutor siempre tiene más cosas que atender que tú y que él invierte su energía en formarte a ti. Cumplir los plazos asegura que él no sienta que está perdiendo su tiempo contigo.

Para ser diligente debes ocuparte de dos cosas. Una: tu plan de trabajo debe ser lo más específico posible, tanto en tareas como en la duración necesaria para cumplimentarlas. Esto es algo que se hace al comienzo de la investigación y que irás adaptando a medida que avances. Traza tareas pequeñas, puntuales, sé realista en su descripción y términos. Imprímelo y tenlo al alcance de la mano.

Dos: siempre que te reúnas con tu tutor, asegúrate de enviarle varios días antes del encuentro, un informe del trabajo realizado. Es decir, si tu tarea era realizar una serie de lecturas, por ejemplo, elabora entonces un documento donde resumas los puntos de vista de los autores revisados. Así, la reunión estará claramente orientada a discutir la calidad de lo que has hecho y tu tutor se concentrará en corregir tus deficiencias y potenciar tus virtudes. Además, dado que la tesis no es más que un reporte de investigación, las notas para tus reuniones te sirven de material base para la redacción de ese mismo informe final. Doble ganancia.  

Sé proactivo

A nadie le gusta que lo molesten cada cinco minutos con preguntas acerca de qué hacer. A tu tutor, menos. Lograr la independencia como investigador debe ser un objetivo personal para ti. Eso no significa que no busques ayuda cuando tengas inconvenientes. Todo lo contrario, ser proactivo significa que eres capaz de reconocer tus problemas, tomar las decisiones adecuadas para superarlos y emprender el camino hacia su solución. Debes construir una red de colaboración que acuda a tu servicio si lo necesitas. 

Te recomiendo dos técnicas. La primera, la tomo del diseñador Ben Burns, quien dice que: «si lo que quieres saber lo puedes “googlear”, no preguntes». El acceso a la información que se tiene hoy triplica el conocimiento acumulado por la humanidad en siglos. Úsalo, explora, halla alternativas. En Internet, no solo encontrarás un millón de tutoriales y conferencias; sino que, participando en los foros existentes, podrás intercambiar con otros jóvenes que posiblemente ya se hallan enfrentado a tu mismo problema.

La segunda táctica es construir lazos con otros investigadores de tu grupo doctoral (o de maestría o licenciatura, da igual). Tus colegas serán tus principales aliados a lo largo de los años que dura el proceso de obtención de un título académico. Con ellos, no solo pasarás muchísimo tiempo, sino que compartirás problemáticas similares, algunas relacionadas con la ciencia, pero otras muchas que tienen que ver con la vida misma. En mi caso, siempre digo que lo más valioso que gané con el doctorado fue una red de amigos extraordinarios de muchas partes del mundo, gente que no dudó en ayudarme cuando lo necesité y con los que, aun hoy, continúo colaborando. 

Con la puesta en acción de estas mañas, no tendrás que recurrir a tu tutor cada dos por tres. Ser proactivo asegurará que, cuando preguntes, te prestará toda su atención porque sabe que es algo que no puedes resolver por ti mismo. De igual forma, ser independiente y hábil hará que tu tutor te tenga en alta estima.

Sé formal

He aquí un punto crítico. Debes acostumbrarte a establecer vínculos de acuerdo con las convenciones del ámbito académico. Tu supervisor no es tu familia, no es tu amigo… al menos inicialmente. La aspiración última es que, una vez que culmines el proceso de investigación, sean colegas. ¿Por qué es difícil verlo así? Pues porque la correlación entre mentor y discípulo reproduce un sistema de que ya has visto en la estructura familiar. Muchas veces el tutor es asumido como una figura paternal. Esto es un grave peligro que puede llevar a insatisfacciones profundas.

La formalidad implica un trato de respeto. A lo largo del proceso de investigación, la red de contactos de tu tutor será parcialmente transferida a ti. Esto es una ganancia extraordinaria, pues hará que entres en contacto con especialistas que solo has conocido en libros. Asume cada encuentro gestionado a través de tu tutor como si fuera una entrevista de trabajo. Ya sea haciendo entrevistas, participando en algún seminario o conferencia, o simplemente en el pasillo de la universidad, estos académicos (que no te conocen) te asocian inmediatamente a la figura de tu supervisor. Conducirte siguiendo las normas adecuadas garantiza además que tu tutor no dudará en recomendarte a otros colegas.

…

La investigación científica es un ejercicio muy difícil. Requiere un largo proceso de acumulación de conocimientos y habilidades. Tu tutor provee una ayuda invaluable en el cultivo y control de esta evolución. Las cuatro pautas mencionadas arriba deben ser principios rectores de tu comportamiento en el espacio académico, porque harán que los obstáculos y dificultades que surjan se concentren en ámbitos identificables e incidirás en que tu tutor tenga siempre la mejor disposición para asistirte a superarlos. Cimenta tu futuro, haz tu parte.

 

 

*El autor es profesor del Dpto. Historia del Arte, Universidad de Oriente

carloslloga88@gmail.com


Viaje errante con Arthur Rimbaud por ríos impasibles

Los franceses tienen cierta predilección por la precocidad y después por el silencio o la muerte: con apenas 17 años Raymond Radiguet publicó El diablo en el cuerpo. Falleció a los 20 de fiebre tifoidea. Poco antes de morir, con 27 años, Alain-Fournier dio a conocer El gran Meaulnes. Su cuerpo fue encontrado en una fosa común alemana en los días de la Primera Guerra Mundial. Y Arthur Rimbaud, el más precoz y deslumbrante de todos esos “enfant terribles”, había zanjado en dos, con un golpe en pleno rostro, la literatura francesa para después, sobre los 19 años, olvidarse de todo eso y partir al mundo a errar “por ríos impasibles”.

Esos golpes viscerales, a fuerza de imágenes, originalidad y alucinaciones, se llaman Una temporada en el Infierno (1873) e Iluminaciones (1874). En estos poemarios Arthur Rimbaud transitó del simbolismo, influido por sus idolatrados Stéphane Mallarmé y Charles Baudelaire, a quien llamó “un dios, el rey de los poetas”, al decadentismo, al lado de su amado Paul Verlaine.

Todo esto lo hizo entre los 15 y los 19 años, si partimos del momento en que envió su primera carta a Théodore de Banville, líder del parnasianismo, con el anhelo de convertirse en “parnasiano o nada”. Le envió tres poemas, entre ellos Ofelia, para que aparecieran en El parnaso contemporáneo, publicación que reunía a los bardos del movimiento. Y aunque Banville le respondió con afecto la carta, los poemas no se publicaron en la mítica revista parisina.

Escribió desenfadadamente —dicen sus biógrafos— como una provocación antiburguesa, y a los 19 lo abandonó todo: luego de amores y tropelías, entre fugas constantes de su natal Charleville-Mézières (y retornos acompañado por la policía), por cuyas calles desfiló con un cartel que decía “Muera Dios”; de alumbrar y escandalizar, al mismo tiempo, en los salones literarios capitalinos, embriagado de ajenjo y juventud; de prisiones y deudas; de los días de la Comuna de París; de su tempestuosa relación con Verlaine, que los condujo a Londres y llevó al autor de Los poemas saturnianos a abandonar a su esposa e hijo, sobreviviendo con clases de francés hasta huir a Bruselas, cansado de los caprichos egocéntricos del escandaloso joven, con el consiguiente disparo a Rimbaud, los dos años de cárcel y el rencuentro después en Alemania, cuando el muchacho de Charleville-Mézières le entrega los originales de Las Iluminaciones.

¿Qué hacen de estos libros un parteaguas? Primero el cambio abrupto de ser un poeta que exaltaba la belleza del verso y trataba de encontrar perfección, a desdeñar el verso como tal e irrespetar todas las reglas de composición, creando una poesía ambigua y volátil que sería alabada por simbolistas y más tarde por los surrealistas. Este deseo de Rimbaud de ir en contra de todo lo establecido desembocó en Las Iluminaciones, libro en que el poeta finalmente se libera de las ataduras del verso y se expresa en un lenguaje poético puro, sin ambages. El libro posee casi exclusivamente poemas en prosa, cuyas únicas excepciones son Marina y Movimiento, los primeros poemas en verso libre escritos en lengua francesa. Y aunque influenciados por los poemas en prosa de El Spleen de París, de Charles Baudelaire, las prosas de Rimbaud difieren grandemente con las del primero al no poseer elementos prosaicos como las narraciones de eventos o transiciones. Estas diferencias también contribuyeron al carácter surrealista de Las Iluminaciones, logrados por las alucinaciones y los momentos ensoñadores de sus versos, recalcadas por el uso de las palabras por su poder evocativo más que por su significado literal en el poema, lo que hace que —más allá de los aspectos estilísticos— Las Iluminaciones posean muchas imágenes sensoriales.

Después, dicen los investigadores, desaparecieron esas imágenes. Eso que Gastón Baquero llamo “las purificaciones de lo visual que se dieron en Rimbaud” y que, como “un Cristóbal Colón de las palabras”, contribuyó “sin proponérselo, desde luego, a devolverles a los vocablos una capacidad creadora, una potencia que el verbalismo y la oratoria les habían arrebatado”. Obrero en Alejandría; soldado desertor en Jaba, Indonesia; capataz de cantera en Chipre; empleado en una agencia que exportaba café, pieles y caucho en Yemen; traficante de marfil, oro, cuero y armas en Arabia y África; explorador, colono, geógrafo y fotógrafo, la segunda mitad de su vida se nos muestra como el contrapunto de la primera. Las fotografías de los años que pasó en Harar, ciudad islámica poblada de mezquitas en la actual Etiopía, lo muestran adulto, lejos de la imagen de adolescente transgresor y rebelde, descreído y ateo, fumador de hachís y bebedor incontrolable, conocedor de los poderes de su belleza y juventud.

Rimbaud no es el adolescente de aquel famoso retrato de 1871 reproducido en incontables antologías. Ni del cuadro Un rincón de la mesa, donde Henri Fantin-Latour retrató a los poetas de su época, y Verlaine y Rimbaud aparecen a la izquierda, juntos (Rimbaud vestido de negro, con el pelo rubio desordenado, y la mano en el rostro, anhelante). Ahora lo vemos en Harar con traje blanco de algodón crudo, delgado y descalzo, consumido por el agotamiento y el sol etíope, que ha curtido con duros rasgos las líneas de un rostro que aún nos mira como “un animal sagrado en la blancura solar”. La acumulación de trabajos, privaciones y fatigas lo convierten en una criatura penetrada hasta los tuétanos de polvo y silencio (la misma criatura capaz de escribir Yo es otro y Hay que ser absolutamente modernos).

Lejos quedaba su pasión por la poesía. Es como si todo lo que tuvo que alterar, desordenar, desarmar, lo hubiera hecho en un abrir y cerrar de ojos, sabiendo que el poeta debía hacerse “vidente” por medio de un “largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos”. Es como si este abandono, que sustituye por una relación epistolar con su hermana Isabel y su madre, en la que no hay —dicen los investigadores— rastros de literatura, fuera su mejor poema. Es como si ese chiquillo malcriado nos mirara a los ojos y, haciendo una gran travesura, nos dijera: “Qué esperan, ya todo está hecho, ya el barco ebrio zarpó, ya hice lo mío”.

Las cartas —fechadas entre 1878 y 1891— destilan una cada vez más cotidiana aceptación del trabajo físico, de los sufrimientos, de la familia, del tiempo y el destino. “Ya no puedo ir a Europa porque me moriría en invierno y porque ya estoy demasiado habituado a la vida nómada; en fin, ya no tengo posición”, le escribe a la madre. Y añade Rimbaud: “La soledad es una mala cosa. Por mi parte, siento no haberme casado y tener una familia. Pero ahora estoy condenado a errar. […] Puedo desaparecer en medio de estas tribus sin que nadie tenga noticia”.  

Incluso los pedidos o comentarios que le hace a la dureza lejana de su madre por momentos nos suenan delirantes y al mismo tiempo poéticos: tratados de metalurgia hidráulica, arquitectura naval, pólvoras y salitres, mineralogía, geodesia, química y astronomía, manuales de curtidor, del perfecto cerrajero, del fabricante de ladrillos, lozas y bujías, del fundidor de metales y el armador de navíos; o un teodolito, un sextante, una brújula de reconocimiento, una colección mineralógica, un aparato de agrimensor, un barómetro aneroide.  

Pero uno termina preguntándose hasta qué punto un poeta como Rimbaud puede deshacerse de la poesía y optar —como si nada hubiese pasado— por una vida estable de trabajo, aburrido ya de su desaforada existencia anterior, según algunos han afirmado, o con el objetivo de volverse rico e independiente para después poder ser un poeta y un hombre de letras libre de penurias económicas, a diferencia de aquellos bardos a los que admira, según especulan otros.

De alguna manera poemas de Una temporada en el infierno anticipan los días finales de Rimbaud:

Mi jornada está cumplida; abandono Europa. El aire marino quemará mis pulmones; los climas perdidos me tostarán. Nadar, segar la hierba, cazar, fumar sobre todo, beber licores fuertes como metal fundido, como hacían esos queridos antepasados alrededor de la hoguera.

Regresaré con miembros de hierro, con la piel oscura, con la mirada furiosa: por mi máscara se me creerá de una raza fuerte. Tendré oro: seré ocioso y brutal. Las mujeres cuidan a esos feroces lisiados que regresan a los países cálidos, me mezclaré en los asuntos políticos. ¡Salvado! Ahora estoy maldito, me horroriza la patria. Lo mejor es dormir, perfectamente ebrio, sobre la playa.

Marchó a África, donde climas perdidos lo tostaron y el aire marino quemó sus pulmones. Bebió, cazó, fumó, segó la hierba y oscureció su piel, entre hombres de otra raza. Logró una pequeña fortuna como traficante de armas, y sí, las mujeres lo cuidaron, lisiado, después de regresar a Francia, la patria que lo horroriza, con fuertes dolencias en una rodilla producto de un carcinoma, para perder una pierna en un hospital de Marsella, y morir allí, meses después, con solo 37 años, como si fuera su manera de dormir, perfectamente ebrio, sobre la playa de los días, como aquel barco que “navegaba por ríos impasibles”, sabiéndose maldito pero eterno.

Epílogo:

Ahora mismo, en París —terreno fértil para este tipo de polémicas con bandos irreconciliables, tribunas en los medios e intercambio de descalificativos— Rimbaud y Verlaine vuelven a ocupar titulares y a dividir a más de un bando. Ambos poetas y amantes podrían entrar en el Panteón, el templo laico de la República, donde reposan los “grandes hombres” de la Nación, y un puñado de mujeres. La iniciativa para trasladar sus restos al monumento agita en Francia un debate entre literario y político. ¿Es hora, por fin, de honrar a dos de las mayores glorias de su literatura y entronizar en su pedestal más alto a los malditos? ¿O “canonizar” de esta forma a Arthur Rimbaud y Paul Verlaine supone un insulto póstumo a quienes les habrían horrorizado los homenajes oficiales? Firmas y comunicados circulan de ambas partes: los que se oponen y quienes creen que es un acto de justicia. Los primeros están inconformes con la identificación de Rimbaud y Verlaine como pareja. Aseguran que la relación de ambos formaba parte más bien de una provocación antiburguesa. Ven, además, en el intento de “panteonizarles” una señal de “la americanización que invade la cultura francesa”. Y una tatarasobrina-nieta del joven poeta se queja en Le Monde: “Todo el mundo pensará que son homosexuales, pero no es verdad”. En cambio, los que llevan el proyecto afirman: “Hay una idea un poco iconoclasta detrás de todo esto, un poco provocadora. Pero, más allá de esto, está la idea de hacer entrar la poesía y la juventud en el Panteón. Y de desempolvar un poco este lugar”.

En el frontispicio del Panteón, iglesia reconvertida por la Revolución Francesa en templo laico y civil, se lee: “A los grandes hombres, el reconocimiento de la patria”. Hay escritores allí: de Voltaire y Rousseau a Victor Hugo. Y hay parejas. Arthur Rimbaud y Paul Verlaine no entrarían en el Panteón como pareja —lo que horrorizaría a muchos—, pero el gesto reivindicativo no escapa a nadie. Son grandes poetas: Verlaine, un escritor importante de su tiempo; Rimbaud, un revolucionario de la poesía, un precursor con décadas de anticipación del surrealismo, el dadaísmo, el cubismo, y un hombre que hizo de su breve vida una obra en sí. Su irradiación alcanza a todos los ámbitos y épocas: la generación beat, los hippies, el rock and roll, Mayo del 68…

En una habitación en Londres, donde las autoridades pusieron una tarja, escribió Luis Cernuda en Birds in the night (1962): “Rimbaud y Verlaine, rara pareja, vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron. […] ¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos? Ojalá nada oigan”.


Pensar la ciencia: Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (IV)

Los estilos de tutorías: microgestión vs autogestión. ¿Cuál me conviene?

¿Cuántas veces no has escuchado, al hablar con otros jóvenes investigadores, anécdotas increíbles de las relaciones con sus tutores? En la gran mayoría de los casos, hay un balance positivo. Es decir, la interacción instructiva con un mentor proveyó aportes significativos para el discípulo. Pero a veces, en estas historias los tutores pueden ser representados como tiranos egocéntricos que cortan la imaginación con su hostigamiento evaluador o, por el contrario, como una especie de anacoreta indiferente que va a su bola y que no les prestó ninguna atención. Estos polos no expresan (generalmente) una sucesión de hechos concretos, sino el sentir individual del joven que cuenta su vivencia. No habla tanto del tutor, sino de la experiencia concreta construida en el proceso de realización de la investigación.

En un trabajo anterior, mencionábamos que la independencia, o sea, la capacidad para reconocer problemáticas, hallar soluciones y acometerlas solo, es un requisito para la obtención de un título académico. Por supuesto que esto depende del nivel en el que te encuentras (licenciatura, maestría o doctorado). Mientras más alto sea tu nivel, más independencia se espera de ti. Pero también obedece al estilo de coaching que emplee tu tutor. Es decir, algunos supervisores gustan de la microgestión (orientación y control de todos los pasos que das en la investigación), mientras que otros dejan mayor espacio a la autogestión del investigador. En este artículo, te comento acerca de estas dos formas de tutoría y te exhorto a identificar cuál de ellas se relaciona con tu entorno específico.

Imagínalo de la siguiente forma: entre el título académico y tú se extiende un tupido bosque lleno de peligros. En la medida que avanzas en la investigación, te adentras en él. Con la microgestión, tu tutor marcha junto a ti, te indica y te empuja hacia adelante, te señala los peligros y te reprende cuando tropiezas. Es casi seguro que llegarás al otro lado, pero lo más probable es que no ganes la capacidad de avizorar los peligros, no tendrás perspectiva del universo que acabas de franquear y no tendrás la confianza necesaria para indicar a otros cómo superar el bosque.

Con la autogestión, el tutor se coloca del otro lado del bosque, junto al título que ansías y, desde allí, te da las instrucciones mínimas para que avances. Caminas solo. Tropezarás mil veces, te sentirás perdido y ansioso. Si no eres capaz de leer las orientaciones con claridad puede tomarte demasiado tiempo vencer los desafíos de la ruta, puedes extraviarte y perder la motivación, o lo peor, no salir nunca del bosque. Sin embargo, cuando llegues al otro lado, habrás atesorado un arsenal extraordinario de recursos y estarás increíblemente capacitado para superar lo que sea que te venga delante. La confianza y orgullo conseguido te permitirá guiar a futuros investigadores con la certeza de aquel que venció el bosque.

Las dos técnicas tienen pros y contras. Por un lado, con la microgestión tu tutor construirá junto contigo las actividades diarias que debes realizar y será muy específico con respecto a los resultados a alcanzar. Es un sistema que potencia el adiestramiento en cuestiones técnicas, en el cómo hacer. Con él, es casi seguro que adquieras un cuerpo de habilidades de manera rápida, estarás cerca de investigadores con más experiencia que tú y evitarás las incertidumbres de moverte en ámbitos epistémicos desconocidos. Si eres astuto y buen observador, cultivarás infinidad de aptitudes que de otro modo podría tomarte años dominar.

El sacrificio que trae consigo la microgestión radica en que tendrás al tutor respirándote en el cuello todo el tiempo y eso es una presión con la que tendrás que lidiar. Asimismo, esta técnica de supervisión sucede mayormente cuando el tutor tiene un interés marcado en los resultados que obtendrás, por tanto, se espera un crédito compartido.

Por otro lado, en la autogestión posees más libertad para explorar los posibles cauces de tu estudio. Tienes mayor espacio para las pequeñas equivocaciones. Además, disfrutarás muchísimo de tus logros, ya que serán fruto de tu autonomía, crecimiento y maduración. Tu tutor no te molestará con frecuencia y es común que funcione solo como un revisor atento de tu informe de tesis. Suena bien, ¿verdad?

El peligro está en que no tienes toda tu vida para completar la investigación. Tienes un tiempo limitado, por lo que el desarrollo de capacidades tiene que ser acelerado. Es muy difícil lograrlo en solitario, mantener la motivación y la disciplina de trabajo. Debes sumar que hay muchos procesos en los que la representación de un investigador de peso es muy valiosa. Por ejemplo, en los trámites burocráticos a menudo se requieren firmas y cabildeos en los que la ayuda de tu tutor es invaluable. Te ahorra tiempo y energías, te permite mantenerte enfocado. Igualmente, la participación en eventos, el encuentro con personalidades de tu ámbito y el proceso mismo de publicación de resultados, es un paisaje más llano y amigable cuando junto a tu nombre marcha un peso pesado con título de doctor.

…

Evidentemente, un apropiado balance entre un modo y otro es la situación ideal. Los tutores siempre, siempre, siempre, desean el buen resultado de sus discípulos. No solo porque, para el momento de la defensa ya habrá empleado mucho tiempo en ti, sino también porque en ello va involucrado también su propio prestigio.

Como ves, no hay una única forma de cruzar el bosque. Cada quien tiene su historia. Mi consejo es que, antes de elegir a tu tutor, infórmate con otros investigadores jóvenes acerca de cuáles son los estilos de cada quién. Elige de acuerdo con tus intereses. Y si no puedes hacerlo, si ya te ves embarcado en alguna de estas naves, aprovecha los beneficios que trae cada sistema. Maximízalos y suple tú mismo las carencias innatas de cada uno. No olvides que cuanto más profunda sea tu inmersión en la formación de habilidades, más fácil será para ti construir experticia, crecerá tu confianza y, como resultado, aumentará tu independencia. Entonces, ya no necesitarás que alguien te diga qué hacer.