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Iván Fernández Real: «Todo gira en torno a la creación»

Si algo maravilloso tiene la entrega anual de Becas y Premios de la AHS es la posibilidad de escuchar nuevos nombres y fijar los rostros de aquellos jóvenes que comienzan a marcar una pauta en nuestro mundo cultural. Fue precisamente en la ceremonia de diciembre de 2020 cuando conocí a Iván Fernández Real y su obra, merecedora de la más reciente Beca Conmutaciones. Así, una vez más, las redes sociales me sirvieron para rastrear al joven artista y proponerle este diálogo y estas preguntas.

—¿Crees que el arte tiene un poder transformador de la conciencia y la espiritualidad humanas?

—Me gustaría creer eso. Al menos, el arte puede intentarlo. El hecho de lograr una transformación implica una apropiación, aceptación o al menos una reacción, un dejarse llevar del receptor, aparte de la fuerza que pueda tener la obra. Tal vez si para el autor supuso una transformación personal en primera instancia, para parte del público también sea posible.

—¿Por qué elegiste la composición como lenguaje?

—No creo que la composición llegara a mí por una decisión racional sino a través de mis estudios de violín; simplemente tocando, tal vez variando algún repertorio o haciéndolo más personal. Casi pudo haber sido un acto de inconformidad, de querer tocar o buscar una música diferente. Después vino el deseo y la necesidad de ampliar estudios, de dedicarme con mayor esmero: ahí sí está la decisión de seguir componiendo.

—Los músicos descubren muy jóvenes el llamado a la vocación, ¿cuán importante es para un artista saber desde temprano adónde lo dirigen sus pasos?

—En la medida en que cada cual descubre más temprano qué hacer con su vida, mayor experiencia y desarrollo en este sentido tendrá. Los músicos comienzan a estudiar siendo niños, lo que no necesariamente significa que sean músicos cuando crezcan, esa es una decisión personal y conlleva mayor madurez. En la música, así como en la danza y demás manifestaciones que implican el uso del cuerpo, es vital desarrollar y  potenciar capacidades físicas, y esto solo se logra entrenando, es como un deporte, implica dedicación, trabajo duro.

Si no crees en lo que haces, si no te gusta de verdad, si no te apasiona, será muy difícil alcanzar un resultado favorable. El arte conlleva gran esfuerzo, resistencia, se convierte en una obsesión, en una forma de vida.

En cualquier caso, no está de más acercarse al arte desde edades tempranas, favorece el desarrollo intelectual, la responsabilidad, la madurez, la creatividad.

—¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Qué importancia le confieres a la investigación?

—No tengo una forma ni proceso creativo estático o predeterminado, intento estar lo más conectado posible con lo que estoy haciendo y tener resueltas cuestiones técnicas antes del momento de componer. La investigación antes, durante y después me resulta fundamental, es una manera de llegar al fondo, de poder mirar desde varios ángulos lo que va saliendo, de buscar otros posibles caminos, preguntas e interrelaciones con zonas de creación artística y de pensamiento diferentes.

—¿Qué es lo más difícil de tu trabajo creativo y qué es lo más simple?

—En la obra confluyen interrogantes, experiencias cotidianas, pensamientos, lo vivido o imaginado, lo que eres, has sido, tu idea de lo que debes ser y de los que te rodean… Todo va quedando y se filtra, de manera consciente o inconsciente, en el resultado.  Difícil o simple, es un camino, se va haciendo y todo es parte del proceso, todo gira en torno a la creación, o tal vez sea que en el acto de la creación se aprehende de todo. 

—¿Cuáles son las principales herramientas de un creador y los principales errores en los que un artista podría incurrir?

—La imaginación, la creatividad, la capacidad para escuchar, ver y pensar: son herramientas que hay que afilar, conservar, desarrollar y salvar.

Los artistas son personas también, pudiera parecer obvio; el principal error: dejar de ser persona.

—Para un creador, un premio es un reconocimiento a una trayectoria de vida pero, ¿cómo lo interpretas tú?, ¿qué importancia le confieres? ¿Son los premios trascendentes más allá de la oportunidad o de la luz parcial que brindan en un momento determinado? ¿Qué es, para ti, lo realmente trascendente en la vida de un músico?

—Un premio, para mí, tal vez diga más sobre el jurado que lo decide que sobre las obras o los artistas que lo obtienen. Son opiniones, y las opiniones son recibidas como tal. Si un premio es dado, está en relación con los integrantes de un jurado, que será mejor mientras más amplio, heterogéneo y conocedor sea, y aun así, el resultado no iría en detrimento de las demás propuestas presentadas. La importancia que pudiera tener la premiación es darle movilidad al arte, lo realmente significativo sería que la música suene, que el arte pueda llegar a un público mayor, estimular el debate  entre estudiosos y público en general, y para esto no es necesario un reconocimiento (aunque sí supone una ayuda). O sea, creo necesaria la escucha y respectiva crítica de la música y el arte, no porque tenga algún premio la obra o el autor (esto no lo hace mejor ni peor), sino por la difusión y el estudio, que en definitiva va emparejado al desarrollo de la interpretación general, y a la creación o perfeccionamiento de un juicio crítico e individual sobre el arte contemporáneo.

—Aún eres estudiante de Composición del Instituto Superior de Arte y ya has obtenido la Beca Conmutaciones, que confiere la Asociación Hermanos Saíz, ¿qué posibilidades específicas te brinda esta beca?

—Precisamente eso: es una beca que incluye un apoyo importante para hacer la música y grabarla. Facilita un período de trabajo y ayuda a desarrollar un proceso de creación.

—¿Quiénes son tus principales referentes artísticos?

—Hablar de referentes artísticos sería muy complicado, pueden ser muchos y variables dependiendo de etapas, descubrimientos, proyectos.  Intento escuchar, leer y ver de la forma más abarcadora posible. Si pensara en algún referente fijo sería Johann Sebastian Bach, Lezama, Nietzsche, Martí, Webern, Tarkovski, son una especie de acompañamiento. De la creación musical cubana me interesa particularmente la obra de Julián Orbón y Carlos Fariñas, aunque intento conocer, o al menos estar enterado, de la música escrita por compositores cubanos, sobre todo después de Roldán y Caturla. Esto pudiera resultar otra obviedad pero no lo es.

—Desde el lenguaje de la composición, desde la comunicación humana que se establece al escuchar una obra musical, ¿qué intentas transmitir con tu creación a los otros?

—Simplemente intento que la música sea en sí misma suficiente. La pretensión de querer decir algo específico no me parece legítima, en definitiva cada cual entiende hasta donde puede y quiere: esos límites varían. Creo que cuando alguna obra demanda mucha explicación por parte de su autor es que algo no fue bien. Tampoco la opinión del autor debe ser tomada como modelo; si el resultado es bueno, con la obra basta. Muchas veces, el propio autor es el que limita las posibles interpretaciones y, al final, esto es lo maravilloso del arte, la  multiplicidad de lecturas.

Intento ver la música desde el sonido en sí y cómo es percibido en su totalidad. A partir de esto, todo lo que puede pasar y ser desarrollado, desde la aparente construcción de códigos con una insinuación de significación, a un estímulo sensorial, a lograr al menos una reacción, incitar, sugestionar, que quede algo en la memoria que permita hacer pensar y repensar al oyente.

—¿Cómo definirías el talento? ¿Cuánta importancia le concedes a la disciplina de trabajo? ¿Puede existir un buen músico que no combine, en su propia naturaleza, el talento con la disciplina?

—Aun con el mayor talento es imprescindible la entrega, la disciplina, el oficio, en algunos casos hasta ascético. No creo que se haya conocido músico ni artista alguno donde no confluyan talento y trabajo. Es como si el talento fuese la mezcla perfecta entre aptitud y actitud, vitales las dos, pero visto más como la capacidad de mantener una disciplina de trabajo, de estar preparados y siempre en disposición de evolucionar, de aprender, de estar instruidos e inspirados.

—¿Hasta qué punto la competencia o la emulación es saludable para la vida creativa de un músico?

—No me ocupo de esto, no me gusta la competencia en el sentido de mostrar habilidades que pueden adquirirse mediante repetición y copia, a modo deportivo, sin que haya un trasfondo.  Me parece dañino. Cada cual debe buscar su forma propia de hacer y decir. Intentar entrar o adaptarse a ciertos moldes por el hecho de competir o alcanzar algún reconocimiento puede limitar el verdadero desarrollo personal, entiéndase individualidad, la capacidad que cada cual tiene de ser de una forma única.

—En el universo particular de la experiencia humana, ¿qué lugar ocupa la música?

—Siempre ha estado y está prácticamente en todo momento de la vida. Si se quiere entender cómo es el hombre hoy, hay que estudiar sus relaciones con la música en la historia, la consumida hoy y la forma en que es consumida. Hasta ahora, la música ha sido imprescindible, y debe seguir siéndolo.


El arte del cine de la mano de José Rojas Bez

El arte del cine: formas y conceptos –cuya edición corregida y aumentada fue publicada en 2018 por la editorial Pueblo y Educación– es uno de los más recientes libros del Dr. C. José Rojas Bez (Banes, Holguín, 1948). Sustentado de un sólido sistema conceptual –que relaciona las obras de arte, los medios de comunicación y la obra de arte cinematográfico con sus consiguientes géneros– y con un “sustrato en la estética, la teoría del arte y de los medios; desarrollando nuevos conceptos así como perspectivas actualizadas sobre las ya existentes”, este libro –como leemos en las palabras de contraportada– “analiza rigurosa y sistemáticamente qué es el cine, sus cualidades, funciones y relaciones con las demás artes y medios”.

Rojas, profesor titular, investigador y ensayista, nos advierte en el prólogo “Estética, imágenes, instituciones, artes, matrices… cine”, ampliado para esta edición, que pretende “reflexionar sobre múltiples aspectos del cine, partiendo del deslinde de rasgos fundamentales suyos y el logro de un concepto riguroso y actualizado (…) hasta una metodología asumible, aunque no la única posible, para el análisis de filmes”. Este concepto de cine, que ha caracterizado en buena medida su obra, queda explícito desde el primer momento, aunque le dedique todo un capítulo a su búsqueda: “Arte de la sucesión coherente de imágenes comúnmente audiovisuales logradas mediante una matriz y una superficie”, asegura.

¿Qué es el cine? ¿Cuáles son sus rasgos definitorios? ¿Qué lo caracteriza como medio de comunicación, como industria y, en especial, como arte, según la teoría de la comunicación, la semiótica y, en especial, las teorías estéticas y del arte? ¿Cuáles son las propiedades, significados e importancia general de los planos y el montaje (sin ignorar el controvertido término de edición)? ¿Cómo enfocar, con auténtica coherencia y rigor, la cuestión de los géneros cinematográficos; sin perder de vista ni, por el contrario, doblegarnos a las correlaciones y las fecundas insinuaciones dadas por los géneros de otras artes y medios? Estas interrogantes, y muchas otras, motivan las incursiones teóricas y los replanteos de Rojas Bez a lo largo de este voluminoso texto (de aproximadamente 440 páginas) que resulta un material de consulta obligada para los estudiosos del cine, estudiantes e investigadores, pero también para aquellos interesados en comprender, en todas sus posibilidades, el universo fílmico.

Fundador de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, del Taller Nacional de la Crítica de Cine y de la Federación Cubana de Cine-Clubes, Rojas “reflexiona sobre los planos, el montaje y otros recursos expresivos como los letreros dentro del cuadro, también sobre los géneros y subgéneros (con cierto énfasis en el documental, el falso documental, el musical y el western); incluyendo breves monografías sobre el primer plano, el plano-secuencia, el plano sostenido, la cámara subjetiva, el cuadro en el cuadro, el cuadro en negro (o blanco, o un solo color), la sobreimpresión y otros recursos y productos fílmicos. Ofrece, además, una metodología para el análisis del cine (y los audiovisuales, en general) y una amplia bibliografía coherente con el texto y sus notas a pie de página”, leemos en la contraportada de El arte del cine.

Es importante subrayar que cada uno de estos ensayos posee una validez propia y puede leerse independientemente del libro, aunque en su conjunto conforman “una unidad mayor, multipartita”, pues se coordinan sistemáticamente, posibilitan las convergencias y el enriquecimiento mutuo. “Estas reflexiones nada temen a las nuevas ideas y prácticas fílmicas (y audiovisuales), a la especulación, al vuelo del pensamiento y puntos de vista personales; pero, también apegadas a la investigación, el rigor lógico y la seriedad intelectual, nunca menosprecian el caudal ya clásico de pensamiento y práctica artísticos”, destaca José Rojas Bez.

Al mismo tiempo, el autor posibilita –algo difícil en textos con una carga teórica así– “un lenguaje asequible a un público amplio, un estilo coloquial pero nunca, nunca vulgarizador; siempre alejados de la picardía de hacerse oscuros y retorcidos para parecer profundos, pero sin abandonar el rigor y la seriedad” que una investigación integradora como esta amerita en sí.

En los diferentes capítulos que conforman el corpus de este volumen, Rojas nos invita a adentrarnos en cuestiones técnicas como el plano y el montaje en el arte del cine; el cine como medio de comunicación, como arte e industria; la relación con el “sistema de las artes” y sus correlaciones; los géneros cinematográficos (el falso-documental, el noticiero, el western, el musical y obras y autores, entre deslindes y definiciones, como Carlos Saura, Metallica: Through The Never y Vals con Bashir) y el complejo ejercicio del debate y la crítica del filme.

Fundador del cine-club Dziga Vertov y la revista Arte 7 de la Universidad de La Habana; de los programas y textos de Educación Artística para la Extensión Universitaria y de la Filial de la Universidad de las Artes de Cuba en Holguín, José Rojas Bez es autor de numerosos libros y artículos en revistas especializadas, fue becario de la Fundación Carolina en Madrid, Valladolid y Barcelona, profesor visitante en universidades de América Latina y España, y ostenta disimiles reconocimientos a su trabajo como investigador, docente y ensayista en Cuba y el exterior.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (V)

¿Cómo mantener una relación saludable con tu tutor?*

En este post continuamos explorando las relaciones que se establecen entre el investigador joven y el tutor. Compartimos consejos y experiencias que te ayudarán a maximizar las enseñanzas que trae consigo el trabajo con profesionales de más calibre. Como hemos visto, la función del tutor es introducirte en el círculo de académicos que sostienen la “conversación” de la ciencia en un determinado campo. Para ello, te asiste en el diseño de una estrategia formativa a corto y mediano plazo orientada al desarrollo de capacidades. ¿Qué capacidades? Pues, cualidades imprescindibles para ejercicio profesional divididas en cuatro áreas fundamentales: habilidades intelectuales, eficacia personal, organización de la investigación y, finalmente, relaciones e influencia. En próximos posts entraremos un poco más en cada una de estos sets de destrezas. Así que, ¡estate atento al Portal del Arte Joven Cubano!

Ya sé lo que piensas. No recuerdas que tutor te haya mencionado nada de esta estructura. Solo rememoras tareas, libros recomendados y revisiones sumamente críticas de tus epígrafes. O peor, poca atención, ningún seguimiento y revisiones superfluas y demoradas. Si te ves en alguno de estos extremos es por dos motivos: por un lado, tu tutor nunca te explicó tu programa de entrenamiento y, por tanto, avanzabas a ciegas; o él mismo nunca diseñó tu desarrollo y, en consecuencia, viajabas dando tumbos. Evidentemente, ninguna de las dos opciones es buena para ti.

Entonces, ¿qué es una relación saludable entre tutor-investigador joven? Pues es una mancuerna donde cada una de las partes tiene una clara conciencia acerca de su papel y, con una filosofía colaborativa, se asisten mutuamente para el logro de objetivos comunes. Como ves, la relación con tu supervisor es tan importante que no puede ser dejada al azar. Debe ser gestionada y requiere un acercamiento estratégico. En este post te doy cuatro claves para ayudarte construir un vínculo con tu supervisor de tesis que te sirva para potenciar tu crecimiento.

Recuerda que las imágenes del post, y otras muchísimas, las encontrarás en www.phdcomics.com.

Sé consciente de las expectativas que se tienen de ti

Cuando uno ingresa a un programa doctoral, también se asocia a proyectos de investigación. Estos proyectos tienen salidas concretas, plazos que cumplir y un sinfín de parámetros que miden su rendimiento. A menudo, vemos estas estructuras como algo que no tiene que ver con uno. “De eso se encargan los doctores”, decimos; porque, en efecto, se trata de sistemas de organización de la ciencia que superan con creces nuestro alcance.

No obstante, debes tener claro que, al incorporarte a estos proyectos, te conviertes en un engranaje vital de su articulación. Las tesis doctorales son uno de los indicadores más relevantes de cualquier orden académico. Por tanto, si bien al comienzo puede que te sientas alienado, en la medida que pasen los años sentirás como todos los investigadores que en un comienzo apenas reparaban en ti, de repente van a estar pendientes de tus avances, retrocesos y estancamientos.

Tu tutor es el primer interesado en tus progresos, ya que, probablemente, investigues algo que se alinea a sus intereses. Por eso, mi primer consejo es que debes tener claro cuáles son las expectativas que se tienen de ti. Solo entonces podrás traducir esas esperanzas en entregables concretos (experimentos, entrevistas, artículos publicados, eventos, softwares, archivos, lo que sea que estés construyendo), te permitirá establecer prioridades y garantizarás un adecuado nivel de satisfacción en tu entorno.

Sé diligente

Un elemento central de toda la actividad científica es el tiempo. Cuando uno piensa en la investigación, vienen a la mente resultados, títulos, conocimiento, relaciones, prácticas específicas, etc. Todas estas cosas se realizan a contrarreloj. Los plazos son condicionantes de toda la acción académica y siempre es menos del necesario para alcanzar un resultado óptimo. Por ese motivo, tu tutor te orientará ejercicios asociados a tiempos concretos. ¡Cumple tus fechas!

Este es, quizás, el indicador que más le importará a tu supervisor. Una vez que elaboraste tu programa de trabajo y tu tutor lo aprobó, ajústate a él. Sé preciso y cumple con las tareas en las fechas previstas. Ten en cuenta que (no importa cuánto trabajo tengas que hacer) tu tutor siempre tiene más cosas que atender que tú y que él invierte su energía en formarte a ti. Cumplir los plazos asegura que él no sienta que está perdiendo su tiempo contigo.

Para ser diligente debes ocuparte de dos cosas. Una: tu plan de trabajo debe ser lo más específico posible, tanto en tareas como en la duración necesaria para cumplimentarlas. Esto es algo que se hace al comienzo de la investigación y que irás adaptando a medida que avances. Traza tareas pequeñas, puntuales, sé realista en su descripción y términos. Imprímelo y tenlo al alcance de la mano.

Dos: siempre que te reúnas con tu tutor, asegúrate de enviarle varios días antes del encuentro, un informe del trabajo realizado. Es decir, si tu tarea era realizar una serie de lecturas, por ejemplo, elabora entonces un documento donde resumas los puntos de vista de los autores revisados. Así, la reunión estará claramente orientada a discutir la calidad de lo que has hecho y tu tutor se concentrará en corregir tus deficiencias y potenciar tus virtudes. Además, dado que la tesis no es más que un reporte de investigación, las notas para tus reuniones te sirven de material base para la redacción de ese mismo informe final. Doble ganancia.  

Sé proactivo

A nadie le gusta que lo molesten cada cinco minutos con preguntas acerca de qué hacer. A tu tutor, menos. Lograr la independencia como investigador debe ser un objetivo personal para ti. Eso no significa que no busques ayuda cuando tengas inconvenientes. Todo lo contrario, ser proactivo significa que eres capaz de reconocer tus problemas, tomar las decisiones adecuadas para superarlos y emprender el camino hacia su solución. Debes construir una red de colaboración que acuda a tu servicio si lo necesitas. 

Te recomiendo dos técnicas. La primera, la tomo del diseñador Ben Burns, quien dice que: «si lo que quieres saber lo puedes “googlear”, no preguntes». El acceso a la información que se tiene hoy triplica el conocimiento acumulado por la humanidad en siglos. Úsalo, explora, halla alternativas. En Internet, no solo encontrarás un millón de tutoriales y conferencias; sino que, participando en los foros existentes, podrás intercambiar con otros jóvenes que posiblemente ya se hallan enfrentado a tu mismo problema.

La segunda táctica es construir lazos con otros investigadores de tu grupo doctoral (o de maestría o licenciatura, da igual). Tus colegas serán tus principales aliados a lo largo de los años que dura el proceso de obtención de un título académico. Con ellos, no solo pasarás muchísimo tiempo, sino que compartirás problemáticas similares, algunas relacionadas con la ciencia, pero otras muchas que tienen que ver con la vida misma. En mi caso, siempre digo que lo más valioso que gané con el doctorado fue una red de amigos extraordinarios de muchas partes del mundo, gente que no dudó en ayudarme cuando lo necesité y con los que, aun hoy, continúo colaborando. 

Con la puesta en acción de estas mañas, no tendrás que recurrir a tu tutor cada dos por tres. Ser proactivo asegurará que, cuando preguntes, te prestará toda su atención porque sabe que es algo que no puedes resolver por ti mismo. De igual forma, ser independiente y hábil hará que tu tutor te tenga en alta estima.

Sé formal

He aquí un punto crítico. Debes acostumbrarte a establecer vínculos de acuerdo con las convenciones del ámbito académico. Tu supervisor no es tu familia, no es tu amigo… al menos inicialmente. La aspiración última es que, una vez que culmines el proceso de investigación, sean colegas. ¿Por qué es difícil verlo así? Pues porque la correlación entre mentor y discípulo reproduce un sistema de que ya has visto en la estructura familiar. Muchas veces el tutor es asumido como una figura paternal. Esto es un grave peligro que puede llevar a insatisfacciones profundas.

La formalidad implica un trato de respeto. A lo largo del proceso de investigación, la red de contactos de tu tutor será parcialmente transferida a ti. Esto es una ganancia extraordinaria, pues hará que entres en contacto con especialistas que solo has conocido en libros. Asume cada encuentro gestionado a través de tu tutor como si fuera una entrevista de trabajo. Ya sea haciendo entrevistas, participando en algún seminario o conferencia, o simplemente en el pasillo de la universidad, estos académicos (que no te conocen) te asocian inmediatamente a la figura de tu supervisor. Conducirte siguiendo las normas adecuadas garantiza además que tu tutor no dudará en recomendarte a otros colegas.

…

La investigación científica es un ejercicio muy difícil. Requiere un largo proceso de acumulación de conocimientos y habilidades. Tu tutor provee una ayuda invaluable en el cultivo y control de esta evolución. Las cuatro pautas mencionadas arriba deben ser principios rectores de tu comportamiento en el espacio académico, porque harán que los obstáculos y dificultades que surjan se concentren en ámbitos identificables e incidirás en que tu tutor tenga siempre la mejor disposición para asistirte a superarlos. Cimenta tu futuro, haz tu parte.

 

 

*El autor es profesor del Dpto. Historia del Arte, Universidad de Oriente

carloslloga88@gmail.com


Viaje errante con Arthur Rimbaud por ríos impasibles

Los franceses tienen cierta predilección por la precocidad y después por el silencio o la muerte: con apenas 17 años Raymond Radiguet publicó El diablo en el cuerpo. Falleció a los 20 de fiebre tifoidea. Poco antes de morir, con 27 años, Alain-Fournier dio a conocer El gran Meaulnes. Su cuerpo fue encontrado en una fosa común alemana en los días de la Primera Guerra Mundial. Y Arthur Rimbaud, el más precoz y deslumbrante de todos esos “enfant terribles”, había zanjado en dos, con un golpe en pleno rostro, la literatura francesa para después, sobre los 19 años, olvidarse de todo eso y partir al mundo a errar “por ríos impasibles”.

Esos golpes viscerales, a fuerza de imágenes, originalidad y alucinaciones, se llaman Una temporada en el Infierno (1873) e Iluminaciones (1874). En estos poemarios Arthur Rimbaud transitó del simbolismo, influido por sus idolatrados Stéphane Mallarmé y Charles Baudelaire, a quien llamó “un dios, el rey de los poetas”, al decadentismo, al lado de su amado Paul Verlaine.

Todo esto lo hizo entre los 15 y los 19 años, si partimos del momento en que envió su primera carta a Théodore de Banville, líder del parnasianismo, con el anhelo de convertirse en “parnasiano o nada”. Le envió tres poemas, entre ellos Ofelia, para que aparecieran en El parnaso contemporáneo, publicación que reunía a los bardos del movimiento. Y aunque Banville le respondió con afecto la carta, los poemas no se publicaron en la mítica revista parisina.

Escribió desenfadadamente —dicen sus biógrafos— como una provocación antiburguesa, y a los 19 lo abandonó todo: luego de amores y tropelías, entre fugas constantes de su natal Charleville-Mézières (y retornos acompañado por la policía), por cuyas calles desfiló con un cartel que decía “Muera Dios”; de alumbrar y escandalizar, al mismo tiempo, en los salones literarios capitalinos, embriagado de ajenjo y juventud; de prisiones y deudas; de los días de la Comuna de París; de su tempestuosa relación con Verlaine, que los condujo a Londres y llevó al autor de Los poemas saturnianos a abandonar a su esposa e hijo, sobreviviendo con clases de francés hasta huir a Bruselas, cansado de los caprichos egocéntricos del escandaloso joven, con el consiguiente disparo a Rimbaud, los dos años de cárcel y el rencuentro después en Alemania, cuando el muchacho de Charleville-Mézières le entrega los originales de Las Iluminaciones.

¿Qué hacen de estos libros un parteaguas? Primero el cambio abrupto de ser un poeta que exaltaba la belleza del verso y trataba de encontrar perfección, a desdeñar el verso como tal e irrespetar todas las reglas de composición, creando una poesía ambigua y volátil que sería alabada por simbolistas y más tarde por los surrealistas. Este deseo de Rimbaud de ir en contra de todo lo establecido desembocó en Las Iluminaciones, libro en que el poeta finalmente se libera de las ataduras del verso y se expresa en un lenguaje poético puro, sin ambages. El libro posee casi exclusivamente poemas en prosa, cuyas únicas excepciones son Marina y Movimiento, los primeros poemas en verso libre escritos en lengua francesa. Y aunque influenciados por los poemas en prosa de El Spleen de París, de Charles Baudelaire, las prosas de Rimbaud difieren grandemente con las del primero al no poseer elementos prosaicos como las narraciones de eventos o transiciones. Estas diferencias también contribuyeron al carácter surrealista de Las Iluminaciones, logrados por las alucinaciones y los momentos ensoñadores de sus versos, recalcadas por el uso de las palabras por su poder evocativo más que por su significado literal en el poema, lo que hace que —más allá de los aspectos estilísticos— Las Iluminaciones posean muchas imágenes sensoriales.

Después, dicen los investigadores, desaparecieron esas imágenes. Eso que Gastón Baquero llamo “las purificaciones de lo visual que se dieron en Rimbaud” y que, como “un Cristóbal Colón de las palabras”, contribuyó “sin proponérselo, desde luego, a devolverles a los vocablos una capacidad creadora, una potencia que el verbalismo y la oratoria les habían arrebatado”. Obrero en Alejandría; soldado desertor en Jaba, Indonesia; capataz de cantera en Chipre; empleado en una agencia que exportaba café, pieles y caucho en Yemen; traficante de marfil, oro, cuero y armas en Arabia y África; explorador, colono, geógrafo y fotógrafo, la segunda mitad de su vida se nos muestra como el contrapunto de la primera. Las fotografías de los años que pasó en Harar, ciudad islámica poblada de mezquitas en la actual Etiopía, lo muestran adulto, lejos de la imagen de adolescente transgresor y rebelde, descreído y ateo, fumador de hachís y bebedor incontrolable, conocedor de los poderes de su belleza y juventud.

Rimbaud no es el adolescente de aquel famoso retrato de 1871 reproducido en incontables antologías. Ni del cuadro Un rincón de la mesa, donde Henri Fantin-Latour retrató a los poetas de su época, y Verlaine y Rimbaud aparecen a la izquierda, juntos (Rimbaud vestido de negro, con el pelo rubio desordenado, y la mano en el rostro, anhelante). Ahora lo vemos en Harar con traje blanco de algodón crudo, delgado y descalzo, consumido por el agotamiento y el sol etíope, que ha curtido con duros rasgos las líneas de un rostro que aún nos mira como “un animal sagrado en la blancura solar”. La acumulación de trabajos, privaciones y fatigas lo convierten en una criatura penetrada hasta los tuétanos de polvo y silencio (la misma criatura capaz de escribir Yo es otro y Hay que ser absolutamente modernos).

Lejos quedaba su pasión por la poesía. Es como si todo lo que tuvo que alterar, desordenar, desarmar, lo hubiera hecho en un abrir y cerrar de ojos, sabiendo que el poeta debía hacerse “vidente” por medio de un “largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos”. Es como si este abandono, que sustituye por una relación epistolar con su hermana Isabel y su madre, en la que no hay —dicen los investigadores— rastros de literatura, fuera su mejor poema. Es como si ese chiquillo malcriado nos mirara a los ojos y, haciendo una gran travesura, nos dijera: “Qué esperan, ya todo está hecho, ya el barco ebrio zarpó, ya hice lo mío”.

Las cartas —fechadas entre 1878 y 1891— destilan una cada vez más cotidiana aceptación del trabajo físico, de los sufrimientos, de la familia, del tiempo y el destino. “Ya no puedo ir a Europa porque me moriría en invierno y porque ya estoy demasiado habituado a la vida nómada; en fin, ya no tengo posición”, le escribe a la madre. Y añade Rimbaud: “La soledad es una mala cosa. Por mi parte, siento no haberme casado y tener una familia. Pero ahora estoy condenado a errar. […] Puedo desaparecer en medio de estas tribus sin que nadie tenga noticia”.  

Incluso los pedidos o comentarios que le hace a la dureza lejana de su madre por momentos nos suenan delirantes y al mismo tiempo poéticos: tratados de metalurgia hidráulica, arquitectura naval, pólvoras y salitres, mineralogía, geodesia, química y astronomía, manuales de curtidor, del perfecto cerrajero, del fabricante de ladrillos, lozas y bujías, del fundidor de metales y el armador de navíos; o un teodolito, un sextante, una brújula de reconocimiento, una colección mineralógica, un aparato de agrimensor, un barómetro aneroide.  

Pero uno termina preguntándose hasta qué punto un poeta como Rimbaud puede deshacerse de la poesía y optar —como si nada hubiese pasado— por una vida estable de trabajo, aburrido ya de su desaforada existencia anterior, según algunos han afirmado, o con el objetivo de volverse rico e independiente para después poder ser un poeta y un hombre de letras libre de penurias económicas, a diferencia de aquellos bardos a los que admira, según especulan otros.

De alguna manera poemas de Una temporada en el infierno anticipan los días finales de Rimbaud:

Mi jornada está cumplida; abandono Europa. El aire marino quemará mis pulmones; los climas perdidos me tostarán. Nadar, segar la hierba, cazar, fumar sobre todo, beber licores fuertes como metal fundido, como hacían esos queridos antepasados alrededor de la hoguera.

Regresaré con miembros de hierro, con la piel oscura, con la mirada furiosa: por mi máscara se me creerá de una raza fuerte. Tendré oro: seré ocioso y brutal. Las mujeres cuidan a esos feroces lisiados que regresan a los países cálidos, me mezclaré en los asuntos políticos. ¡Salvado! Ahora estoy maldito, me horroriza la patria. Lo mejor es dormir, perfectamente ebrio, sobre la playa.

Marchó a África, donde climas perdidos lo tostaron y el aire marino quemó sus pulmones. Bebió, cazó, fumó, segó la hierba y oscureció su piel, entre hombres de otra raza. Logró una pequeña fortuna como traficante de armas, y sí, las mujeres lo cuidaron, lisiado, después de regresar a Francia, la patria que lo horroriza, con fuertes dolencias en una rodilla producto de un carcinoma, para perder una pierna en un hospital de Marsella, y morir allí, meses después, con solo 37 años, como si fuera su manera de dormir, perfectamente ebrio, sobre la playa de los días, como aquel barco que “navegaba por ríos impasibles”, sabiéndose maldito pero eterno.

Epílogo:

Ahora mismo, en París —terreno fértil para este tipo de polémicas con bandos irreconciliables, tribunas en los medios e intercambio de descalificativos— Rimbaud y Verlaine vuelven a ocupar titulares y a dividir a más de un bando. Ambos poetas y amantes podrían entrar en el Panteón, el templo laico de la República, donde reposan los “grandes hombres” de la Nación, y un puñado de mujeres. La iniciativa para trasladar sus restos al monumento agita en Francia un debate entre literario y político. ¿Es hora, por fin, de honrar a dos de las mayores glorias de su literatura y entronizar en su pedestal más alto a los malditos? ¿O “canonizar” de esta forma a Arthur Rimbaud y Paul Verlaine supone un insulto póstumo a quienes les habrían horrorizado los homenajes oficiales? Firmas y comunicados circulan de ambas partes: los que se oponen y quienes creen que es un acto de justicia. Los primeros están inconformes con la identificación de Rimbaud y Verlaine como pareja. Aseguran que la relación de ambos formaba parte más bien de una provocación antiburguesa. Ven, además, en el intento de “panteonizarles” una señal de “la americanización que invade la cultura francesa”. Y una tatarasobrina-nieta del joven poeta se queja en Le Monde: “Todo el mundo pensará que son homosexuales, pero no es verdad”. En cambio, los que llevan el proyecto afirman: “Hay una idea un poco iconoclasta detrás de todo esto, un poco provocadora. Pero, más allá de esto, está la idea de hacer entrar la poesía y la juventud en el Panteón. Y de desempolvar un poco este lugar”.

En el frontispicio del Panteón, iglesia reconvertida por la Revolución Francesa en templo laico y civil, se lee: “A los grandes hombres, el reconocimiento de la patria”. Hay escritores allí: de Voltaire y Rousseau a Victor Hugo. Y hay parejas. Arthur Rimbaud y Paul Verlaine no entrarían en el Panteón como pareja —lo que horrorizaría a muchos—, pero el gesto reivindicativo no escapa a nadie. Son grandes poetas: Verlaine, un escritor importante de su tiempo; Rimbaud, un revolucionario de la poesía, un precursor con décadas de anticipación del surrealismo, el dadaísmo, el cubismo, y un hombre que hizo de su breve vida una obra en sí. Su irradiación alcanza a todos los ámbitos y épocas: la generación beat, los hippies, el rock and roll, Mayo del 68…

En una habitación en Londres, donde las autoridades pusieron una tarja, escribió Luis Cernuda en Birds in the night (1962): “Rimbaud y Verlaine, rara pareja, vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron. […] ¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos? Ojalá nada oigan”.


Pensar la ciencia: Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (IV)

Los estilos de tutorías: microgestión vs autogestión. ¿Cuál me conviene?

¿Cuántas veces no has escuchado, al hablar con otros jóvenes investigadores, anécdotas increíbles de las relaciones con sus tutores? En la gran mayoría de los casos, hay un balance positivo. Es decir, la interacción instructiva con un mentor proveyó aportes significativos para el discípulo. Pero a veces, en estas historias los tutores pueden ser representados como tiranos egocéntricos que cortan la imaginación con su hostigamiento evaluador o, por el contrario, como una especie de anacoreta indiferente que va a su bola y que no les prestó ninguna atención. Estos polos no expresan (generalmente) una sucesión de hechos concretos, sino el sentir individual del joven que cuenta su vivencia. No habla tanto del tutor, sino de la experiencia concreta construida en el proceso de realización de la investigación.

En un trabajo anterior, mencionábamos que la independencia, o sea, la capacidad para reconocer problemáticas, hallar soluciones y acometerlas solo, es un requisito para la obtención de un título académico. Por supuesto que esto depende del nivel en el que te encuentras (licenciatura, maestría o doctorado). Mientras más alto sea tu nivel, más independencia se espera de ti. Pero también obedece al estilo de coaching que emplee tu tutor. Es decir, algunos supervisores gustan de la microgestión (orientación y control de todos los pasos que das en la investigación), mientras que otros dejan mayor espacio a la autogestión del investigador. En este artículo, te comento acerca de estas dos formas de tutoría y te exhorto a identificar cuál de ellas se relaciona con tu entorno específico.

Imagínalo de la siguiente forma: entre el título académico y tú se extiende un tupido bosque lleno de peligros. En la medida que avanzas en la investigación, te adentras en él. Con la microgestión, tu tutor marcha junto a ti, te indica y te empuja hacia adelante, te señala los peligros y te reprende cuando tropiezas. Es casi seguro que llegarás al otro lado, pero lo más probable es que no ganes la capacidad de avizorar los peligros, no tendrás perspectiva del universo que acabas de franquear y no tendrás la confianza necesaria para indicar a otros cómo superar el bosque.

Con la autogestión, el tutor se coloca del otro lado del bosque, junto al título que ansías y, desde allí, te da las instrucciones mínimas para que avances. Caminas solo. Tropezarás mil veces, te sentirás perdido y ansioso. Si no eres capaz de leer las orientaciones con claridad puede tomarte demasiado tiempo vencer los desafíos de la ruta, puedes extraviarte y perder la motivación, o lo peor, no salir nunca del bosque. Sin embargo, cuando llegues al otro lado, habrás atesorado un arsenal extraordinario de recursos y estarás increíblemente capacitado para superar lo que sea que te venga delante. La confianza y orgullo conseguido te permitirá guiar a futuros investigadores con la certeza de aquel que venció el bosque.

Las dos técnicas tienen pros y contras. Por un lado, con la microgestión tu tutor construirá junto contigo las actividades diarias que debes realizar y será muy específico con respecto a los resultados a alcanzar. Es un sistema que potencia el adiestramiento en cuestiones técnicas, en el cómo hacer. Con él, es casi seguro que adquieras un cuerpo de habilidades de manera rápida, estarás cerca de investigadores con más experiencia que tú y evitarás las incertidumbres de moverte en ámbitos epistémicos desconocidos. Si eres astuto y buen observador, cultivarás infinidad de aptitudes que de otro modo podría tomarte años dominar.

El sacrificio que trae consigo la microgestión radica en que tendrás al tutor respirándote en el cuello todo el tiempo y eso es una presión con la que tendrás que lidiar. Asimismo, esta técnica de supervisión sucede mayormente cuando el tutor tiene un interés marcado en los resultados que obtendrás, por tanto, se espera un crédito compartido.

Por otro lado, en la autogestión posees más libertad para explorar los posibles cauces de tu estudio. Tienes mayor espacio para las pequeñas equivocaciones. Además, disfrutarás muchísimo de tus logros, ya que serán fruto de tu autonomía, crecimiento y maduración. Tu tutor no te molestará con frecuencia y es común que funcione solo como un revisor atento de tu informe de tesis. Suena bien, ¿verdad?

El peligro está en que no tienes toda tu vida para completar la investigación. Tienes un tiempo limitado, por lo que el desarrollo de capacidades tiene que ser acelerado. Es muy difícil lograrlo en solitario, mantener la motivación y la disciplina de trabajo. Debes sumar que hay muchos procesos en los que la representación de un investigador de peso es muy valiosa. Por ejemplo, en los trámites burocráticos a menudo se requieren firmas y cabildeos en los que la ayuda de tu tutor es invaluable. Te ahorra tiempo y energías, te permite mantenerte enfocado. Igualmente, la participación en eventos, el encuentro con personalidades de tu ámbito y el proceso mismo de publicación de resultados, es un paisaje más llano y amigable cuando junto a tu nombre marcha un peso pesado con título de doctor.

…

Evidentemente, un apropiado balance entre un modo y otro es la situación ideal. Los tutores siempre, siempre, siempre, desean el buen resultado de sus discípulos. No solo porque, para el momento de la defensa ya habrá empleado mucho tiempo en ti, sino también porque en ello va involucrado también su propio prestigio.

Como ves, no hay una única forma de cruzar el bosque. Cada quien tiene su historia. Mi consejo es que, antes de elegir a tu tutor, infórmate con otros investigadores jóvenes acerca de cuáles son los estilos de cada quién. Elige de acuerdo con tus intereses. Y si no puedes hacerlo, si ya te ves embarcado en alguna de estas naves, aprovecha los beneficios que trae cada sistema. Maximízalos y suple tú mismo las carencias innatas de cada uno. No olvides que cuanto más profunda sea tu inmersión en la formación de habilidades, más fácil será para ti construir experticia, crecerá tu confianza y, como resultado, aumentará tu independencia. Entonces, ya no necesitarás que alguien te diga qué hacer.


Sueños y audacia para realizarlos

El trabajo de Crítica e Investigación 2019-2020 en la Asociación Hermanos Saíz

El Pensamos Cuba del año 2019, realizado en La Habana, fue un evento muy bien logrado en su organización y realización. Constituyó una oportunidad excepcional para el encuentro de asociados de Crítica e Investigación de varias provincias del país. [+]


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (III)

¿Cómo elijo a mi tutor? Tres preguntas que te ayudarán a tomar tu decisión 

La figura del tutor recibe varios nombres de acuerdo con los programas activos en diferentes países. Puede ser supervisor, director de tesis, consejero académico, etc. No es casualidad. Las funciones de un tutor son numerosas y todas denotan un compromiso con la ciencia (la búsqueda de la verdad), la generación futura (o sea, tú) y la humanidad (el compromiso de traspaso de experiencias es un acto profundamente generoso).

Todos sabemos, sin embargo, que la relación apropiada con el tutor puede garantizar un impulso extraordinario a tu carrera o puede sepultarte en la marea de procesos burocráticos y competidores activos en la esfera científica. Elegir al tutor apropiado es una tarea crítica al iniciar cualquier proyecto de investigación.

Con este post iniciamos una serie dedicada a la relación entre el joven investigador y el tutor. Está dividida en tres partes. En esta primera entrega, damos pistas para que hagas esta elección de forma correcta. Me concentro en elementos absolutamente profesionales. Hay otras variables que son relevantes y debes tomar en cuenta como el carácter, la empatía y la ética. Pero estas son de naturaleza personal, por tanto, dependen de la interacción humana y del sistema de relaciones que seas capaz de construir. Por eso no las atiendo aquí.  

Lo más importante para una elección apropiada del tutor es la alineación de los intereses científicos. Debes encontrar los puntos comunes y situar tu atención allí. Ello supone que conoces las investigaciones desarrolladas previamente por tu tutor y eso es fácil de averiguar. Solo tienes que realizar una búsqueda de sus publicaciones. Concéntrate en el período que va de los últimos 3 a 5 años. Busca sus perfiles en Google Scholar o en redes sociales profesionales como Academia.edu o LinkedIn. Hoy día, los académicos agrupan sus trabajos publicados en estos repositorios.

Aquí te dejo tres interrogantes que debes tomar en cuenta para una evaluación de tu posible tutor.

Como siempre, te recuerdo que las imágenes de este post pertenecen a phdcomics.com.

¿Cuán activo es en el proceso de investigación?

Si no tiene mucha presencia online o si sus publicaciones son muy antiguas, puede ser un indicador de que tu tutor tiene otras prioridades aparte de la socialización de sus resultados. En Cuba, donde el salto a las publicaciones online es relativamente reciente, es común que muchos profesores de más edad y amplia experiencia no estén volcados a la investigación científica, sino que tengan áreas de experticia más desarrolladas en los ámbitos de la docencia, la política universitaria o la dirección de proyectos. Por el contrario, un investigador prolífico, con muchos trabajos insertados en revistas de nivel, es habitualmente una buena señal.  

Ten en cuenta si la autoría de sus trabajos es compartida y con quiénes, ya que es también habitual que las publicaciones académicas respondan a resultados obtenidos por grupos de trabajo, ya sean tutor-doctorando o equipos de investigadores. Si son textos de autoría compartida, asegúrate de buscar además a los otros autores.

En la misma cuerda, si notas que existe una diferencia notable entre tu tutor y el otro autor (por ejemplo, contraste significativo de edad o de nacionalidad), es posible que se trate de algún doctorando anterior. Ahonda un poco más en la vida profesional de esos posibles doctorandos (dónde trabajan y en qué campo), intentando encontrar un patrón. Busca tu reflejo en sus éxitos. Puedes ser tú en los próximos años. Si tomas en cuenta que hoy todo el mundo expone su vida en las redes sociales, esto es algo que no te llevará más de diez minutos.  

¿Dónde las ha publicado?

Reconocer la naturaleza de las publicaciones es esencial para el profesional de la investigación. Generalmente, las revistas tienen nichos claramente definidos signados por los contenidos que publican. Por tanto, la presencia de tu tutor en determinados espacios es señal clara de sus intereses. Debes analizar dos elementos:

Uno: si se trata de publicaciones locales, nacionales o globales. Esto te mostrará las áreas de influencia del autor. Aquí no hay elementos buenos ni malos. Simplemente examina dónde tu posible tutor ha posicionado su área de influencia y cuál es la que más te conviene.

Dos: si se trata de un generalista o de un especialista. Me explico: analiza si todas sus publicaciones pertenecen a revistas de un mismo perfil o, por el contrario, abarcan un espectro amplio. Los autores generalistas son investigadores que participan en muchos proyectos y pueden exhibir resultados en distintos campos de una misma ciencia. O sea, sus empeños se expanden de manera horizontal. Es muy probable que con ellos encuentres puntos comunes con mayor facilidad.

En otro sentido, un autor especialista concentra sus publicaciones en un nicho pequeño y específico. Su accionar crece de manera vertical. Estos tienden a ser particularmente más profundos en esos espacios puntuales y tienen más posibilidades de posicionarse como voces de autoridad. Si tu propuesta de tesis no encaja a la perfección con su perfil, lo más probable es que no sea un buen match para ti.

¿Cuál es el impacto de sus publicaciones?

Hoy día hay sistemas métricos para evaluar el impacto (esta es una palabra clave) de la ciencia y estos están en vías de perfeccionamiento. Pueden serte útiles. Usa Google Scholar para conocer el índice H de tu tutor. Recuerda que el índice H se calcula tomando en cuenta la relación entre trabajos publicados y citaciones recibidas por cada texto. Asimismo, con una pesquisa rápida sabrás la cantidad de citaciones recibidas, lo que te permitirá identificar cuál ha sido su texto más influyente.

Pero debes ir más lejos. Mientras estas técnicas son muy fáciles de aplicar para una rápida evaluación de académicos en todo el mundo, en Cuba aún no son muy explotadas. Es decir, no todos los investigadores tienen sus perfiles actualizados y muchos ni siquiera saben que existen. Además, son cifras que otorgan mucha importancia a los artículos, en detrimento de otras formas como los libros (a menos que hayan sido publicados por alguna editorial académica de prestigio global como Francis & Taylor, Routledge, Springer, De Gruyter, Palgrave Macmillan, Sage, etc.).

A ello debemos sumar que estos rankings solo evalúan revistas académicas, por lo que el ámbito cubano está completamente fuera de este universo, sobre todo en las humanidades y ciencias sociales. Puedes encontrar a autores (generalmente de avanzada edad) de muchísimo prestigio que puntúan muy mal en las métricas contemporáneas. Por ese motivo, debes buscar también en el contexto nacional y local. No te dejes llevar solo por las cifras, ellas no evalúan los contenidos de los textos.

…

Encontrar a tu tutor ideal es algo que debes afrontar con responsabilidad. No lo tomes a la ligera. Tu futuro puede depender de ello. Las respuestas a estas tres preguntas te facilitarán evaluar mejor tus posibilidades y, en última instancia, a tomar una mejor decisión. No dejes las cosas al azar. Toma el control de tu vida y de tu carrera. 

*Profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.


«Creo firmemente que la radio tiene cada vez más que tender al Arte»

Es incansable, nadie lo duda. Zenaida Costales Pérez* junta los espacios de su realización personal y profesional entre los indescriptibles ambientes de una cabina radial, un aula universitaria o la tribuna de un evento académico o gremial. Su alta dignidad científica no le ha hecho olvidar su esencia de reportera. Amante del relato, sigue buscando los sonidos del país, quizás sin percatarse que poco a poco esa labor se va convirtiendo también en patrimonio del rico bregar de la radio en Cuba.

El contexto pandémico –sobran las explicaciones– ha evitado que esta entrevista pudiera desarrollarse en un estudio radial o en algún resquicio de lo que prometían ser las intensas jornadas de trabajo del Festival Lloga. Media un cuestionario que bregó entre sinuosas rutas digitales, pero la maestría pedagógica salda nuevamente el infortunio de las distancias.  

El Festival y Concurso Antonio Lloga In Memoriam, en su edición XXX aniversario, se privilegia al sumarla a las sesiones teóricas, a la vez que le reconoce con la Distinción “Maestra de la Radio”. Compartimos las respuestas de la “profe” Zenaida a la espera de que en otra cita de la radio joven se materialice el abrazo prometido.

tomada del perfil de facebook de zenaida costales perez

La enunciación en distintos escenarios del concepto de la “radio joven” implica la lógica aparición de un sintagma antagónico. De asumirlo Zenaida Costales de ese modo, ¿cree que se contraponen o coexisten en Cuba una radio joven y otra vieja? ¿Cómo se imbrica esta noción con su sentencia de que “estamos asistiendo a la construcción de una nueva radio, la que nos hace falta, una radio que se parezca a nuestro pueblo”?

Los recorridos teóricos de la radio junto a la multimedialidad de su nueva narrativa sonora conducen a replantear al medio radiofónico en la convergencia de sus lenguajes, donde el quehacer de la “Nueva Radio” irrumpe como un paradigma, un cambio de ruta que exige nuevas competencias profesionales, rutinas productivas y supera la tradicional estructura organizativa lo cual implica un cambio en la mentalidad, una nueva cultura de trabajo que fomente roles en función de la producción comunicativa diferenciada y la generación de contenidos en varias plataformas.

En el escenario mediático radiofónico cubano conviven la radio tradicional y la emergencia de una nueva radio. Cada una aporta lo mejor de sus prácticas.  Asistimos a una forma de gestión emergente con las capacidades necesarias para afrontar las demandas mediáticas radiofónicas contemporáneas. Algunos puntos a favor de esta práctica podrían encontrarse en la gestión de los contenidos y en el fomento de la interactividad y las relaciones de producción al interior de cada medio que permite, por decirlo de alguna manera, mantener una agenda unida y coherente dentro de un amplio espectro.

La lupa debe situarse en la realidad cubana y en sus demandas informativas. En ese contexto la penetración de Internet y el acceso a la información segmentan a las audiencias, que ya no solo estarían en diversas plataformas, sino que tendrían una base práctica para emitir criterios y participar de las propuestas de comunicación. El medio que no esté preparado para afrontar ese desafío quedará desfasado y cederá ese espacio frente a otras propuestas.

tomada del perfil de facebook de zenaida costales perez

Algunos suponen que la experimentación en el ámbito de la radio se concreta en la inmersión de las producciones radiales en Internet, no obstante, usted ha insistido en distintos espacios gremiales y académicos en la necesidad de un cambio en las estrategias discursivas, las competencias profesionales y la narrativa radial en un contexto de migración de las audiencias hacia otros escenarios comunicativos y mediáticos. ¿Puede aportar otras dimensiones respecto a esta problemática?

Creo firmemente que la radio tiene cada vez más que tender al Arte. Ello es una certeza. Esos sonidos, más que nunca, son también patrimonio y memoria de las culturas. Por ello considero que otra dimensión importante para la radio es el uso de sus archivos sonoros, como auténtica marca del tiempo. Ellos reafirman sus usos sociales, políticos, y hasta de entretenimiento. Se han convertido, además, en una fuente de datos sobre la historia, la cultura y la sociedad, y para saberlos emplear se necesita no solo competencias profesionales, sino narrativas sonoras inteligentes para los nuevos escenarios comunicativos que están en los móviles, en las tabletas…

Entre tales desafíos y certezas se redefine la radio, que asume el influjo de paradigmas, tendencias y cambios, auténtica reivindicadora del uso de las sonoridades de nuestras realidades con urgentes reconfiguraciones. 

Zenaida Costales une la pasión por la radio y la enseñanza. Tomada de la página web de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

En esa búsqueda constante para registrar y transmitir las sonoridades del país usted ha encontrado, y cito: “un vacío de relatos en Cuba”. ¿Puede identificar algunas causas? ¿Qué papel tiene la formación de los jóvenes radialistas en transformar esa realidad?

El relato está en nosotros mismos aunque a veces no lo vemos. La gente aprendió a mirarse y pocas veces a escucharse. Obviando así la significación de la oralidad. Las sonoridades son imágenes donde están los dolores de la sociedad, la alegría de la gente. Hay que habitar en ellas para poder contarlas. Los jóvenes tienen la alta responsabilidad de aprender a mirar a través de los sonidos… Entrenar la imagen sonora que habita en sus sentidos. Y para ello deben asumir lo escrito hace algún tiempo por el francés Eugene Enríquez:

“El relato, oral o escrito, es en principio la expresión de un ser vivo, que se reconoce como tal, que narra sucesos, que evoca su experiencia, sus sentimientos, sus emociones de manera concreta, que habla de su universo social y que envía un mensaje cuyas claves entrega a los otros. Si está bien construido, si es capaz de despertar la imaginación y hacer soñar, hechizará a quienes lo escuchen, pues los hará salir de sí mismos y los invitará a un viaje imprevisto e imprevisible…”

En un reciente artículo publicado junto a Lys Máriam Alfonso Bergantiño, en la revista Cuestión titulado “La radio: vacuna sonora contra la Covid-19 en Cuba”, destaca el resurgimiento renovado de la radio cubana en esta nueva coyuntura sanitaria a partir de la imbricación entre las radios comunitarias y las emisoras nacionales, la presencia en Internet con audio real y el aumento de la audiencia. ¿En qué medida estas circunstancias resulta un punto de inflexión en ese proceso de resurgimiento de la radio cubana?

La credibilidad de la radio y su capacidad para generar empatía con los oyentes son algunas de las razones que han permitido que durante estos meses de pandemia las escuchas lograran un aumento significativo. Así lo han descrito diferentes investigaciones, no solo cubanas. Y es precisamente esa sensación de acompañamiento, complicidad y cercanía de la radio, la que hace que en situaciones de crisis esté presente.

En Cuba, durante desastres naturales que con frecuencia azotan la isla, como ciclones y huracanes, la radio ha sido la única vía para mantenerse informado. Y ahora, en medio de la situación generada por la Covid-19, se reinventa y amplía sus ondas para participar junto a la ciudadanía en el enfrentamiento a esa enfermedad.

Para la profesora Zenaida Costales la radio cubana se reinventa y amplía sus ondas para participar junto a la ciudadanía en el enfrentamiento a la Covid 19. Tomada del sitio www.envivo.icrt.cu

Completo la respuesta acotando la última conclusión del artículo citado por usted y de mi autoría junto a Lys Máriam Alfonso:

“Los realizadores y periodistas de la radio, desde sus casas, llevaron la información oportuna a la audiencia, matizada con ruidos ambientes e historias de resistencia personal. Radio Rebelde encadenó a la mayoría de las emisoras del país para garantizar la información, Radio Reloj informó minuto a minuto, Radio Progreso retomó antiguas radionovelas y dramatizados, Radio Enciclopedia transmitió sosiego con la música instrumental, Radio Taíno y CMBF se encargaron de las manifestaciones artísticas. Las emisoras provinciales y municipales cumplieron el propósito de llevar el relato de sus comunidades al discurso país, de permanecer al lado de los oyentes, especialmente, en los escenarios más difíciles. Sin dudas, junto a los médicos, héroes indiscutibles de esta contienda, la comunicación social destaca como vencedora en la cobertura mediática a la pandemia”.

“La radio cubana, en especial, reivindica su espacio en la preferencia durante situaciones de crisis, desastres o emergencias. Reafirmó en estos meses de #QuédateEnCasa su vocación de servicio, su capacidad para orientar, informar y entretener pero, sobre todo, su don para acompañar, transmitir confianza. Entonces, qué suerte, ¡Tenemos Radio!”

Usted ha sido reconocida por su entrega pedagógica en la formación de nuevas generaciones de periodistas y radialistas, a lo que se suma el reconocimiento en esta edición del Festival Antonio Lloga In Memoriam. ¿En estas circunstancias que han dinamitado los procesos tradicionales de enseñanza, cuáles son los métodos que ha encontrado Zenaida Costales para continuar con esta labor?

La enseñanza del periodismo radiofónico se convirtió para mí en un ejercicio pedagógico trascendental como herramienta del discurso contemporáneo por excelencia: Seducción, espectáculo, imaginario lúdico, posibilidades de apropiación y construcción de discursos, con el desarrollo y expansión de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs), pasaron a ser los caminos para una teoría-práctica transformadora, involucrada directamente con la realidad circundante. La potenciación del relato sonoro, su construcción dramatúrgica (que incluyó el papel del docente en la concepción y puesta escena de la clase) y la innovación individual y colectiva para enfrentar la transformación social, se convirtieron en modos y medios experimentales de la experiencia pedagógica.

Para la profesora Zenaida Costales la radio cubana se reinventa y amplía sus ondas para participar junto a la ciudadanía en el enfrentamiento a la Covid 19. Tomada del sitio www.envivo.icrt.cu

Relatos y autorelatos realizados en clases, escritos y orales y desde un enfoque radiofónico propiciaron amplios debates teóricos y prácticos sobre aspectos de la realidad con intencionalidad pedagógica. Se privilegió el quehacer práctico y la evaluación individual y colectiva de los resultados con una amplia participación de las docentes junto a los estudiantes, y se registró en soporte digital gran parte de los procesos.

El convertir al espacio docente en un escenario de reconocimiento y autorreconocimiento, de cara a la realidad contemporánea, con un carácter altamente inclusivo, permitió elevar la autoestima de los estudiantes y potenciar el espíritu movilizador-transformador consciente hacia su realidad.

tomada del perfil de facebook de zenaida costales perez

*Doctora en Ciencias de la Comunicación (2010), profesora titular de la Universidad de La Habana. Miembro de la Comisión Nacional de la carrera de Periodismo. Periodista con más de 25 años de experiencia de la plata Matriz de la red nacional de emisoras de Cuba, Premio al Mérito Periodístico otorgado por la Radio Cubana. Actual Vicedecana de Postgrado, Investigación y Relaciones Internacionales de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Línea de investigación: “Lenguajes y discursos de la información y la comunicación.”


Pensar la ciencia: Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (II)

Estableciendo el enfoque (II): Razones por las que no debes hacer un doctorado

En la primera parte de esta reseña les comenté acerca de algunos motivos que te pueden servir de impulso para enrolarte en una investigación doctoral. Esta vez, traigo para ti tres razones por las que no deberías hacerlo. Si recién terminaste tu máster o licenciatura, probablemente te enfrentes con algunas de estas situaciones. Recuerda que, aunque cada vez son menos, en algunos países como Cuba, no es un requisito tener un título de máster para hacer el doctorado. Si te sientes identificado con alguna, piénsalo dos veces antes de que te veas arrastrado a situaciones poco beneficiosas para ti. Así ahorrarás tiempo, esfuerzo y sinsabores.

  1. Embullo

He aquí el primer escenario ante el que debes estar alerta. En ocasiones, uno trabaja en colectivos jóvenes y hacen actividades juntos. No solo comparten oficina y horas de trabajo, también salen en grupo e inventan un sinfín de acciones extraprofesionales. Los lazos que los unen son estrechos y transitaron por los años de la carrera como un solo bloque. Ahora también comparten los avatares del ambiente profesional y se valora la posibilidad de enfrascarse en la labor investigativa. ¡Atención!

El doctorado es la ruta de un lobo solitario y las razones que motivan a tus compañeros no tienen que ser las tuyas. Además, el proceso te exigirá conocimientos y habilidades únicas que deberás desarrollar y que no son transferibles de un investigador a otro. No caigas en la trampa del comportamiento del grupo. Tómate tu tiempo y asume tus decisiones con responsabilidad.

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  1. Compromisos laborales

Este es el segundo ambiente que debes avizorar con cautela. El número de doctores en el claustro de un departamento es un indicador central de su performance. Debes sumar, que la investigación científica es uno de los motores que atraen proyectos y, con ellos, financiamiento. Por esa razón, las universidades tienen la formación doctoral como una de sus prioridades y ejercen mucha presión sobre sus profesores para encauzarlos en ese rumbo. Es importante que tengas muy claro tus motivos. Solo así podrás alinear los objetivos de la institución donde trabajes con tus propias aspiraciones personales.

Aquí debes tener algo en cuenta. En Cuba, el título de doctor no es imprescindible para trabajar como profesor universitario, a diferencia de la mayoría de los países. No obstante, este es un panorama en transformación, y si te interesa dedicarte a la academia, el doctorado es el primer gran paso para asegurar ese destino. De modo que, al integrarte a un claustro universitario, debes avizorar los proyectos de investigación activos en tu ámbito y orientarte de inmediato hacia el que más te interese. Preparar tu carrera profesional investigativa te permitirá prever los indicadores de tu institución y así evitar el apremio. 

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  1. Dinero

Este es el último consejo. Si revisas otros blogs sobre temas similares, encontrarás que muchos recomiendan el doctorado como una forma de generar nuevos ingresos. Y tienen razón… en parte. Como ya dijimos, el título de doctor hace que suba tu valor en el mercado laboral y eso viene acompañado con un mejor pago por tus servicios profesionales (también en Cuba). Más importante aún, durante el proceso investigativo tendrás la posibilidad de intercambiar con otros académicos de tu rama y expandirás considerablemente tu red de trabajo. Comúnmente, eso atrae también oportunidades de empleo. Hasta aquí todo bien.

Pero no te engañes, los beneficios económicos del doctorado no compensarán nunca el tiempo y la energía que conlleva el obtenerlo (en ningún lugar del mundo). La investigación, como todas las profesiones, demanda ímpetu y entrega absoluta. Por ello, la motivación ha de encontrarse en el proceso mismo y en las satisfacciones de hacer lo que te gusta de manera cotidiana. El dinero no puede ser la zanahoria que hace andar a la tortuga, pues se trata de una recompensa pírrica.

Piénsalo de la siguiente manera: como investigador, eres un profesional que intercambia su tiempo por dinero. El doctorado te permitirá alcanzar un mayor nivel de especialización por lo que también aumentará el valor de tu tiempo. Hasta aquí todo bien y si esto te hace feliz no hay ningún problema. Pero en tu día a día como académico de una universidad, difícilmente te enfrentarás a la creación de productos en los que estés involucrado directamente en su comercialización.

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Si lo que te interesa es acumular riqueza entonces deberás dar vuelta a esa fórmula. Es decir, dejar de canjear tiempo por dinero y generar bienes o servicios que solucionen una necesidad de tu entorno. Es decir, debes identificar los flujos de capital de tu área y encauzarte hacia ellos. El doctorado no está en esa ruta.

Hay mejores opciones, por ejemplo, dirigir tus habilidades hacia la producción, el sistema empresarial o de emprendimiento. Las historias de millonarios que abandonaron superuniversidades, como Bill Gates o Mark Zuckerberg, están mal contadas. No hicieron su capital por haber dejado de estudiar, sino que crearon nuevos elementos de alta demanda y se colocaron más cerca del flujo de capital. Como dijimos, la formación doctoral no está en línea con ese fin.  

…

Con estos consejos terminamos las primeras entradas de esta reseña. La prioridad de Estableciendo el enfoque, en sus dos partes, fue presentarte algunas de las interrogantes que afronta todo joven que comienza su camino como investigador. Los análisis y soluciones son solo mi opinión y nada más. Coloca en tu balanza imaginaria los pros y contras de una carrera científica. Para mí, el ejercicio de la indagación, la búsqueda de los “por qués”, el comprender mejor el ambiente donde vivo, es una pasión. Dicen que el que trabaja en lo que le gusta es una persona con suerte, porque eso significa que no trabajará nunca. En esta columna te ayudaremos a alimentar el entusiasmo por la ciencia y a superar con éxito los retos de la vida académica. Te espero.  

 

* El autor es profesor del Dpto. Historia del Arte, Universidad de Oriente


El «Lloga» ya irradia su magia

La 30 edición del Concurso Taller Nacional Antonio Lloga in memoriam comenzó en Santiago de Cuba. En el Centro Cultural Francisco Prat Puig, se presentó la exposición del joven artista Miguel Yaimel Cosme Pérez titulada Edén 2.0.

Un total de 21 obras que se insertan en la pintura, el perfomance y desde una visión experimental, representa un lugar concebido por Dios, en el que situó al hombre luego de haberlo creado. La incorporación de los elementos dentro de cada pieza muestra el proceso de deshumanización por el que este ha atravesado en el juego vitalicio de la creación. El joven artista visual es miembro del Taller Aguilera y profesor de la Universidad de Oriente.

foto jorge carlos albear brito

“Es mi segunda expo personal y que me cogieran para inaugurar este evento es una evidencia de fe, confianza y responsabilidad, porque la obra dice mucho del artista y uno debe cumplir las expectativas de uno como creador, así como de las personas que están alrededor de uno. Aun no soy miembro de la Asociación Hermanos Saíz, pero me pienso presentar en el crecimiento de abril y creo que tengo la posibilidad porque me he encargado de fortalecer mi currículum en las artes visuales.”

foto jorge carlos albear brito

–¿Por qué Edén 2.0?

Soy una persona que cree mucho en el mejoramiento humano y considero que los males de la actualidad, su solución, están en manos del mismo hombre. Esta es una versión mejorada de mi interpretación del Edén que es el paraíso donde Dios creó al hombre. Entonces todos tenemos la oportunidad de ser mejores personas, ser mejores unos con otros. Esta muestra es un llamado a las personas.

Cuando hice mi primera expo el año pasado necesitaba otra más digerible visualmente, menos cruda, con respecto a la parte figurativa. Entonces trabajé en base a crear estos personajes de manera muy libre. No quiero que de mi obra las personas solo vean los cuadros, quiero que se involucren más y, debido a eso, hay una ambientación sonora hecha por One two N Project.

foto jorge carlos albear brito

foto jorge carlos albear brito

Junto a los actores pedí que rompieran cánones, que existiera mucha libertad en el proceso creativo. El Spa Terafis dio su aporte en la ambientación olfativa con los inciensos y lo que quiero es que el público se involucre con las obras. Me ha influido mucho el maestro Botalín, Carlos René Aguilera, José Julián Aguilera Vicente, porque siempre las veo en el Taller Aguilera y, además de la investigación, eso me nutre mucho.

foto jorge carlos albear brito

El “Lloga in memoriam” está dedicado a la experimentación radial y al aniversario 90 de la emisora provincial CMKC de la ciudad Héroe. Para esta segunda jornada el programa prevé la videoconferencia denominada Experimentación, innovación y tendencias contemporáneas de la radio, a cargo de la Dra.C. Zenaida Costales y la MsC Sandra Paul, vicedecana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

A través de las plataformas digitales el “Lloga” ofrecerá noticieros, cápsulas de artistas y radioescuchas, punto fuerte del evento, aunque esta vez se traslada a la página de YouTube de la Asociación Hermanos Saíz.

Hasta el domingo 20 los radialistas disfrutarán de un evento atípico, pero sin perder el brillo que lo catapulta como el evento más viejo y prestigioso del país.  

foto jorge carlos albear brito