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El carnaval no es la fiesta

Que algunas instituciones gubernamentales y parte del pueblo crean que los carnavales veraniegos son la opción más alta, exquisita y verdadera para la gente, es un peligro atroz. Que todo presupuesto, organización, empeño, se diluya en los que fueron los carnavales de Cienfuegos, por ejemplo —¿no sé por qué es difícil darse cuenta de ello?—, es casi imperdonable. Nada original hubo allí, salvo una marea humana que se abalanzaba entre ellos mismos, la cerveza, el horrible diseño conceptual de todo, y la suciedad. Yo aun no entiendo la venda en los ojos que, culturalmente, existe en cuanto a estos temas: ¿por qué un carnaval tiene que ser una fiesta cultural tan degradante y de mal gusto? No quiero comparar al carnaval de Cienfuegos con las Parrandas de Remedio, pero es correcto decir que siempre hay que mirar a un bien superior.

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