humor


Desde la virtualidad, desarrolla Las Tunas el Radio Festival Ultrasonido 2021 (+post)

Bajo el eslogan “La Radio: información constante y compañía cercana, esenciales en tiempos de coronavirus” llega la cuarta edición del Radio Festival Online Ultrasonido para, desde la virtualidad, demostrar del 6 al 9 de abril los más actuales valores del medio radial ante las audiencias.

Así lo informó el colectivo organizador, integrado por la Dirección de la Radio en Las Tunas y la Filial Provincial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), quienes ya iniciaron las sesiones de trabajo para evaluar las obras y ponencias que compiten en este, el evento más importante del Sistema Radial en el territorio.

Entre las novedades del programa destaca el Primer Coloquio Virtual Un viaje por las Ondas Hertzianas, encuentro científico que permitirá un debate entre diversas generaciones de profesionales del universo radiofónico desde sus diferentes aportes y contextos, ya sea periodístico, artístico o desde la realización.

Los materiales en concurso, sobre todo los teóricos, deberán mostrar la historia, evolución y actualidad de este importante medio de comunicación en su localidad, Cuba y el mundo, así como las más actuales maneras de reinventarse frente a las exigencias de las audiencias y las novedades de la comunicación.

Dedicado a la actuación en la Radio, al género testimonio y a los programas humorísticos, el Radio Festival Online Ultrasonido celebra además, los aniversarios 35 de la AHS y el 60 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), como homenaje a lo más representativo de la vanguardia artística cubana.

Tal y como anunció la convocatoria oficial del evento, Ultrasonido sustenta sus esencias en las propuestas de cambios en los paradigmas comunicativos que tributan a un nuevo modelo mediático en el Sistema Radial cubano e involucra a profesionales que desde diferentes ramas creativas aportan al producto final.

Aliuska Barrios Leyva, directora del Sistema de la Radio en Las Tunas, ha reiterado que el Radio Festival, que se desarrolla con carácter bienal, llegó para enriquecer el panorama competitivo de la creación radial cubana con un enfoque renovador y necesario, a su vez que reconoce la excelencia artística de las obras presentadas y el quehacer de los jóvenes y experimentados artistas.


Libro Periodista de provincia o el desafío de narrar desde el humor (+Video)

Hace poco llegó a mis manos el libro Periodista de provincia, del villaclareño José Antonio Fulgueiras, quien ha tenido experiencia como reportero en diversos medios, incluidos los periódicos Granma y Vanguardia, y actualmente como corresponsal de la agencia Prensa Latina.

Varias veces había escuchado sobre esa obra, publicada en el 2012 por la editorial Capiro e integrada por 55 crónicas breves, por lo cual me sumergí rápidamente en sus páginas. Desde la primera, Lam en Sagua,hasta la última, con igual título que todo el volumen, su autor nos propone un viaje por parajes y situaciones, en las que siempre está presente el humor.

Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y autor de otros títulos como El hombre por dentro (1994), Con el santo claro (1995), Gambia: el perfume de las raíces (2000), Víctor Mesa: el béisbol en vida (2002), Cerca del Che (2004) y Tal vez pura coincidencia (2007), Fulgueiras, nacido en Sagua la Grande en 1952, narra hechos desde el realismo y un humor, que suele provocar sonrisas y hasta carcajadas; sin embargo en el centro están siempre sus experiencias reporteriles y visiones a través de la lupa periodística y sus cualidades como cubano sato.

Algunos textos reflejan anécdotas de cuando se desempeñaba como operario C del Centro Telefónico de Sagua, pero ya sentía esa vocación inevitable de periodista y entrevistó, por ejemplo, al pintor Wilfredo Lam.

Entre las crónicas se incluye «El Migue», referida a la etapa en que el actual Presidente de la República se desempeñaba como Primer Secretario del Partido en Villa Clara, y jugaba softbol los sábados junto a periodistas y otras personas.

José Antonio Fulgueiras

Ahí está el humor y también el cariño hacia quien solía ser pitcher titular y segundo, tercero o cuarto en la alineación ofensiva, hacia quien conectó un jonrón decisivo en un torneo nacional de la prensa, propinaba ponches, pero también se molestaba un poco cuando alguien le conectaba un jit, hacia quien después fue Primer Secretario del Partido en Holguín, Ministro de Educación Superior, Vicepresidente de los Consejos de Estado y hoy lidera la nación.

A través de sus letras uno descubre al hombre bromista y amante de los deportes, que se ha ganado la admiración de muchos. En «Cien minutos con Fidel» nos acerca también al Líder Histórico de la Revolución, cuando en un recorrido estuvo en una situación incómoda al hacerle una pregunta que no tenía ninguna relación con el contexto o temas del momento.

 

Otras crónicas son «Un santo del periodismo», «Asesinato», «Pequeña agenda», «El vicio de fumar», «Blandito y Pedrito», «La prueba de conocimientos», «Confieso que pequé», «El show de travestis», «Muñecón», «El masajista», «Diles que no me maten», «La ruta de las serpientes» y «La tesis y Tartufo», estas dos últimas referidas a escenas de la etapa de estudiante. Resultan muy favorables la riqueza narrativa y el costumbrismo presentes a lo largo de las 200 páginas.

En una ocasión el Premio Nacional de Periodismo por la Obra de la Vida José Alejandro Rodríguez definió este libro como una “cebolla picante”, por esa capacidad de motivar carcajadas hasta el punto de hacer salir lágrimas a veces.

Durante su lectura uno piensa también en lo bueno que sería cultivar más en la actualidad el periodismo humorístico, una especie de imán para lectores de todas las generaciones. Aquí se presentan de forma graciosa situaciones incómodas como amenazas de algunos por críticas recibidas o rutinas productivas y maneras “cuadradas” de pensar de directivos, incluso dentro de los medios de prensa.

Uno de los riesgos de este volumen es la inclusión de anécdotas demasiado personales o “provincianas”, pero las situaciones y la manera de contarlas rebasan lo circunstancial y las peculiaridades de contextos específicos.

Entre bromas, esta obra es testimonio de las realidades y dinámicas de un periodista, fuente de conocimientos para quienes hoy ejercen la profesión con particularidades diferentes y similares.


«Solo lo auténtico no se desvanece»

Nos conocimos en el Curso de Técnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso. Corría entonces el año 2008, si la memoria no me falla. Carlos Ettiel Gómez Abreu y yo compartíamos no solo las aulas del Onelio sino también esos oportunos encuentros entre creadores que, más allá de las clases, conectaban a espíritus y artistas afines. Los años han llovido desde aquel momento, pero Carlos Ettiel continúa siendo ese muchacho auténtico que cargaba poemas, rimas y palabras. Aún sigue confiando, como yo, en la perdurabilidad del buen arte y su necesaria (r)evolución.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Es necesaria una actualización de lenguajes y referentes para dialogar con el niño lector contemporáneo, o piensas que las (r)evoluciones de la literatura infantil y juvenil deben marchar por otros caminos?

Sí. Es necesaria una actualización de lenguajes y referentes para dialogar con el niño lector contemporáneo. El niño de hoy es diferente al que fuimos los autores que hacemos literatura para este tipo de público. Algunos problemas, conflictos familiares reflejados en la literatura para niños se mantienen en el tiempo, pero hay que recontextualizarlos. Además, incluir nuevos elementos ficcionales, tramas, mundos desconocidos, personajes diferentes, en aras de diversificar temas, contextos, argumentos… que son infinitos (tantos como pueda imaginarse en varios campos poco explorados); sin embargo algunos autores insisten en repetirse, manteniéndose en su zona de confort. También debe modernizarse y atenderse el lenguaje para que no aparezcan (como suele ocurrir) expresiones del registro que delatan al adulto narrando la historia o como sujeto lírico en el caso de la poesía: el niño lo descubre con facilidad, entonces se distancia; no puede subestimarse su poder de lectura, mucho más variado y rico que el de los adultos.

Aunque tu pregunta compuesta está enlazada con una “o” (disyuntiva) no escojo entre una u otra. Para mí, ambas respuestas son un SÍ. Pienso que las (r)evoluciones de la literatura infantil y juvenil deben marchar por otros caminos. Pocos autores exploran formas o temas novedosos, pero no es la generalidad. No mencionaré nombres ni cuál es el derrotero, baste decir: es aquel que no se halla transitado aún, solo es preciso imaginar.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Escribo generalmente por las mañanas. La historia o poema da vueltas en mi cabeza durante el día, puedo soñarlo en la noche y en las primeras horas lo paso al papel. También suele llegar la inspiración a otra hora. En ese caso no espero a la mañana, debo sentarme de inmediato para no olvidarlo, pues es un crimen desperdiciar ideas. El ritmo biológico está más arriba y el cerebro más fresco entre las siete y las diez de la mañana. Para cada género no es igual el proceso creativo. La poesía demanda alta inspiración, dominio de elementos formales, más libertad espiritual. La narrativa, mayor concentración y dominio de toda la trama ya contada, características y lenguaje propio de personajes; conocimiento claro de las escenas, resúmenes, indicios, catálisis, conflictos e informantes en cada capítulo, a fin de sugerir sin regalar; que no haya efecto sin causa, que todo lleve a dos o más lecturas en la corriente subterránea de sentido, que se resuelva solo lo justo, sin excesos ni insuficiencias en ninguno de los ingredientes anteriores. Intento de manera primordial cumplir con la ley del interés (mostrando solo la punta de iceberg). 

Algunos critican las técnicas aprendidas en el curso Onelio. Es cierto que deben emplearse de manera natural sin evidenciarlas burdamente; pero en mi criterio, su dominio y uso consiente deriva en resultados maravillosos: son imprescindibles para que el texto no sea mero relato y cobre verdadero valor estético literario.

La poesía clásica rimada, en sus diversas variaciones estróficas, forma parte de tu quehacer literario, ¿de qué manera la tradición puede resultar atractiva al lector de hoy?

La tradición puede y resulta muy atractiva al lector de hoy, en especial la infantil. Estas formas estróficas con métrica y rima son atrayentes para el niño. Las he estudiado para hacer nuevos experimentos que, siguiendo el canon, rompan algunos elementos de su escritura, pero mantengan una parte considerable de la estrofa, a fin de que la innovación sea aceptada por el pequeño lector y los autores; denotándose la intención escritural, la inventiva consciente que debe contribuir a algo nuevo y superior, ser acertada, y no parecer desliz impensado o imposición forzosa. Para rescatar la tradición hay que innovar. Esto debería hacerse también en la literatura para adultos. Unos pocos lo han hecho ya con la décima y el soneto; nadie, con otras estrofas.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Cuán importante es para ti la arquitectura de un libro en tanto materia estética?

Es fundamental. Cada poema, sección o capítulo debe estar muy bien ubicado y concebido en una dramaturgia general. Por ejemplo: poema pórtico, de inicio de secciones, los otros relacionados en sinergia de contenido, poesía final. (Aunque hay textos aparentemente alocados que son válidos si su diseño es funcional). La calidad de ilustraciones, su ubicación, así como la cubierta son de relevancia suprema, si no son estéticas que te echan a perder el libro.

¿Eres de aquellos autores que juzgas a un libro por su cubierta?

No juzgo a un libro por su cubierta, me baso en el autor, tema y nota de contraportada.

Por otra parte, me gusta que mis libros tengan cubierta atractiva, porque los escritores hacen como yo, van a leer detrás los elementos de interés sobre el volumen; pero el público en general no hace esto. Solo mira la cubierta: el rostro del libro, la carta de presentación. Cuando la cubierta es mala, el lector no compra el libro, ni siquiera lo pide para hojearlo.

En las relaciones del mundo editorial (con agentes, editores, ilustradores, etc.), ¿cuál consideras la más importante por sus repercusiones en la vida del autor?

No sé qué decir. Soy mi propio agente. Los ilustradores son una caja de sorpresas. Los hay muy buenos y los que dibujan muñecos horribles considerados artísticos o interpretan mal el texto que ilustran. Con los editores siempre trabajo por correo electrónico. (Algunos me hacen revisar de más, pues no le encuentran ningún error a mi obra, cuando en realidad siempre hay detalles que pulir). De estas relaciones, creo que la más importante en mi vida de autor se debe a los editores.

¿Por qué crees que el mercado internacional luce, al menos en apariencia, tan reacio en abrir sus puertas a nuevos escritores, fundamentalmente cubanos?

No creo que el mercado internacional esté reacio a abrir sus puertas a nuevos escritores cubanos. La primera barrera es nuestra. Tenemos que escribir mejor. Gestionar más; ya que apenas tenemos agentes aquí, establecer lazos con extranjeros y aprender de su experiencia, no temer a este mundo del mercado que tiene sus complejidades. Para quien vive en un pueblo aislado, sin la tecnología, relaciones ni recursos de las capitales de provincia o La Habana, este reto es mayor, pero no hay puerta que no pueda abrirse si la empujamos fuerte.

Entonces, ¿existe una verdadera apertura editorial del talento nacional a otras oportunidades más allá de nuestro contexto geográfico?

Hay una discreta apertura editorial del talento nacional a otras oportunidades más allá de nuestro contexto geográfico a partir del lento desarrollo de Internet en nuestro país, el temor y la falta de gestión, iniciativa o esfuerzo de los autores por explorar estos terrenos. Algunos se han decidido. Falta mucho camino por andar.

¿Está el niño listo para leer sobre todo tipo de temas, para conocer todo tipo de personajes, o piensas que el escritor debe ejercer algún juicio, de tipo estético pero también de cualquier otra índole, a la hora de abordar determinadas realidades?

El niño está listo para leer sobre todo tipo de temas, para conocer todo tipo de personajes. El escritor debe presentarlo con tacto, mesura, buen gusto estético, pero sin miedo a ningún tipo de argumento complicado. Esto lo tienen claro autores como Luis Cabrera, Mildre Hernández, Eldys Baratute, entre otros.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Existe la autocensura?

Sí existe la autocensura, porque muchos piensan en qué dirán los lectores sobre la trama de su texto cuando abordan un asunto difícil. En algún momento he vacilado, pues hay temas duros, cuyas interpretaciones negativas pudieran acarrear problemas al autor. Esto ocurre mucho con el humor, la crítica social, la ironía, los temas de sexo, etc. Desde hace tiempo intento no autocensurarme. Que sean otros los que me digan que está “muy fuerte”.

¿Qué lugar ocupa, dentro de tu producción, la literatura escrita para adultos? Tengo la impresión de que no es el área más conocida de tu trabajo…

Sesenta por ciento para niños; cuarenta, para adultos. Escribo bastante para adultos, aunque es menos conocida esta producción. (Siempre unos géneros encuentran mayor salida que otros, tampoco ayuda vivir en un pueblo lejos de los centros de poder). Tengo varios libros de décima, poesía, cuento, minicuento y novela para adultos en editoriales como Montecallado, El mar y la montaña, Letras Cubanas. Entre ellos los premios Francisco Riverón, Juan Francisco Manzano y Regino Boti.

El humor es una herramienta de transformación de la realidad. ¿Cómo lo empleas dentro de tu literatura?

Considero muy importante el humor. Ayuda a mantener el interés en el texto, le da realce estético (aunque algunos crean lo contrario), mueve el pensamiento, transforma la realidad. Por eso tiene un lugar distinguido en mi literatura. Tengo varios libros de décima humorística y en casi todas mis noveletas hay una fuerte dosis de humor; a veces sutil, irónico, alejado de los gags y chistes poco originales o discriminatorios. No considero que sea “menor” una décima cómica cuando el humor maneja los resortes esenciales para un elevado nivel estético de este difícil género que, como bien se dice, es muy serio aunque trate de provocar sonrisas.

¿Cuál sería tu lector ideal?

Cualquiera que se acerque a mis libros con el único propósito de disfrutar. Sin interés de aprender nada ni analizar los atributos de lo escrito. Solo por divertirse, emocionarse, encontrar deleite para su espíritu.

En los tiempos actuales, ante las (in)certidumbres que enfrentamos como creadores en un panorama nacional e internacional cada vez más cambiante, ¿a qué puede el artista aferrarse?, ¿qué es lo sólido?, ¿qué no se desvanece?

El artista puede aferrarse a los clásicos, a su intuición, a la musa que lo impulsa por senderos de espíritu y emoción, reflejando lo cercano y a la vez lo universal, los símbolos y valores, lo efímero y pueril. Lo sólido es lo sincero, el escritor no puede engañar, construir, aprovechar tendencias, sino soltar el alma. Solo lo auténtico, original y franco no se desvanece.


Barbarella D´Acevedo: «El arte es un instante de desnudez total»

Su particular nombre resuena aquí y allá. Trae sonoridades cinematográficas. Accede a las gavetas de nuestra memoria emotiva como espectadores del séptimo arte. Barbarella D´Acevedo construye sus imágenes desde la palabra, y desde la palabra invita a la desnudez y a la sinceridad del arte de la escritura, y al salto de fe que todo creador necesita

—¿Qué conexiones, menos o más evidentes, existen entre el mundo de la teatrología y el de la narrativa?

—Quizá la conexión más evidente entre ambas vertientes viene dada por el hecho de que se articulan a partir de un mismo modo de expresión, que es la palabra escrita. La narrativa puede transcurrir desde la ficción y la teatrología, por su parte, se construye como ejercicio de crítica e investigación que indaga el universo de la escena. A mí en lo personal la teatrología me brindó la posibilidad de sentirme cómoda con la escritura, y adquirir esa soltura que algunos alcanzan desde otras carreras, como pueden ser el periodismo o la filología. Justo la teatrología me permitió aventurarme también en la práctica del periodismo cultural más allá del teatro, en espacios como Esquife, la web de la AHS u Opus Habana.

—¿Cómo has transitado de la crítica teatral al género narrativo?, ¿por qué esta mutación?

—La literatura forma parte de lo que soy. Escribo desde siempre, desde niña y adolescente. Llego al teatro por una herencia hasta cierto punto familiar. Mi papá, Tomás González, fue dramaturgo y director teatral, entre otras muchas cosas; y yo pasé una etapa temprana de mi infancia participando de sus procesos de dirección, por aquel entonces frente a su grupo Teatro V, y también pude ver cómo concebía sus textos. Así, hasta cierto punto fue natural que me inclinara a estudiar teatrología. No definiría mi proceso como un tránsito, porque mientras ejercía la crítica teatral, a la par escribía aunque sin llegar a socializarlo. En la actualidad, si bien me he centrado más en la narrativa, no abandono, por ejemplo, el campo de la investigación teatral, que me sigue apasionando. Anda por ahí un libro que escribí sobre teatro asiático, con el cual no he definido aún qué hacer. Creo que ambas cosas están en mí y persisto en llevarlas a la par.

cortesía de la entrevistada

—¿Qué entiendes es el arte?

—Esa es una pregunta que yo misma me hago a menudo y cuya respuesta quizá he ido modificando a lo largo del tiempo, en tanto uno vive en proceso de transformación continua, como ser humano y como creador.

Ahora mismo pienso que el arte es un instante de sinceridad, de desnudez total.  Solo desde la sinceridad se puede pretender conmover a otros. Debe resultar capaz de generar un impacto en quien lo aprecia, aun si se trata solo de su propio creador. O sea, requiere de dos: un emisor y un receptor, si bien el receptor puede ser muchas veces el propio artista…

El arte es algo que te cambia, ante lo cual no puedes permanecer impasible; muchas veces, en mi caso, tiene que resultar visceral. Quizá la transformación que genera solo opera a nivel intelectual y no emotivo. Eso también es válido. Pero si una obra, de la naturaleza que sea, te deja sintiendo o pensando, o cuestionándote, si te genera placer o incluso malestar, entonces es arte. Y eso ni siquiera tiene que ver con sus posibles estéticas, o conceptos como “lo bello” o “lo feo”, o lo clásico, lo moderno o lo posmoderno. De ahí que puedan entenderse como arte obras tan contrapuestas, a simple vista, como La Gioconda de Leonardo da Vinci y el performance de Marina Abramović, The artist is present.

—¿Puede hacerse una calificación o se puede ejercer un criterio estético sobre qué es un buen o mal libro? ¿En qué basamos nuestros criterios de calidad en la Cuba de hoy?

—Tal vez un libro se puede calificar como bueno o malo desde un punto de vista estético que reconozca sus “cualidades” o “defectos” a nivel de técnica, sintaxis, o sea, desde la cáscara, lo externo. A mi parecer, el dominio técnico es importante, pero esto no es lo único que determina si un libro es bueno o malo. Todos conocemos a autores, cuyos nombres incluso pueden llegarnos ahora como símbolos de renovación y vanguardia, que en su momento rompieron con una tradición que por demás respondía entonces a determinado criterio o canon estético; canon que puede cambiar y cambia, incluso gracias a esos que se han lanzado a hacer la diferencia.

Más allá de esto, que tiene que ver con la renovación formal, conocemos a autores que a pesar de escribir aparentemente “mal”, o sea, de tener una sintaxis poco afortunada, poseen una obra capaz de conmover con una fuerza mayúscula, y eso los ha hecho trascender a lo largo del tiempo y ser reconocidos. Y también los casos opuestos, obras “bien hechas” que no dicen nada.

El virtuosismo puede ser esencial si no se usa para enmascarar una carencia de contenidos o sentimientos. Si pensamos en el ballet, por ejemplo, un bailarín puede hacer 30 fouettés, pero si no lo hace con alma, con verdad interior, entonces su ejecución se convierte en mero acto de circo. Algo similar ocurre con los libros.

Otra cosa: en la Cuba de hoy tenemos que aprender a escuchar también a los lectores, ver qué libros consumen, buscan, les atraen, y conocer sus motivos y motivaciones.

—Sobre la dinámica de los premios, ¿es este un pacto de fe de los escritores, un salto al vacío, o solo estrategia de promoción?

—En los premios se combinan esas tres cosas. Yo los veo muchas veces como una oportunidad de que un autor que inicia su carrera se pueda dar a conocer y alguien apueste por él, de modo que consiga entrar en el mundo editorial y publicar. Creo que desde ese punto de vista, los premios son importantes.

Constituyen, sí, un salto al vacío. Ganar puede depender de que justo tu obra sea capaz de conmover a un jurado, de entrar en sintonía con este, que además se va a centrar también en sus valores técnicos y en una cosmovisión del mundo que deberá compartir contigo mientras dure al menos su lectura.

el hada marrana Barbarella

—¿Cuál es el principal obstáculo de un autor cubano en la realidad actual que nos ha tocado vivir?

—La mayor desventaja que enfrenta un autor cubano en el presente tiene que ver con el mundo editorial y la dificultad que afronta a la hora de encontrar espacios para publicar. Incluso si halla esos espacios y su obra es aceptada, tiene que sufrir situaciones como la crisis de papel, los retrasos en los planes editoriales de un año a otro (propiciados también a causa de ese primer punto), y la posterior demora de los poligráficos. A veces el tiempo que transcurre entre la escritura de un libro y su publicación se convierte en algo tortuoso para muchos autores.

Otro tema escabroso en nuestro contexto es el lugar que puede llegar a ocupar el libro digital, en tanto no estén articuladas las estrategias para su distribución y venta, y los espacios para este fin; tampoco existe un lector mayoritario que cuente con el hábito de consumirlo. Pienso también en particular: los libros para niños, por ejemplo.

—Transitar el espacio geográfico de publicación, ¿es un paso obligatorio para un autor o un escaño que puede ser o no transitado?

—Agradezco mucho la oportunidad de haber publicado en editoriales extranjeras como Primigenios o DMcPherson, que me han brindado espacios y han creído en mí, permitiéndome también el intercambio con otros receptores. Ofrecen una opción bien interesante y digna de ser tenida en cuenta, con catálogos donde figuran un sinnúmero de escritores nacionales. 

Aun así, creo que todo autor cubano desea darse a conocer en primer lugar a nivel nacional, en tanto le es necesaria también la interacción con esos lectores más cercanos desde el punto de vista geográfico y con otros escritores del propio país… Creo incluso que publicar en Cuba, máxime con las dificultades que se encuentran para ello, le añade más “credibilidad” a cualquier autor. Por eso sí considero que esto, más que un paso obligatorio, opera casi como una necesidad.

—¿Qué lugar tiene para ti, en la narrativa, lo erótico y lo humorístico? ¿Qué herramientas textuales te brindan estas temáticas?

—El humor a veces me nace sin que me dé cuenta. En dependencia de la historia que estoy concibiendo, ella misma me va a llevar hacia un tono más serio o sarcástico en relación con sus propias necesidades. Lo que quiero decir es que muchas veces ni me lo planteo, sino que brota de manera espontánea.

Lo erótico es otra cosa. Me interesa explorarlo porque, pese a formar parte natural de la vida humana, muchas veces permanece relegado en materia de creación. Creo que hasta hoy a muchos les resulta perturbador o provocador. Incluso si contamos con obras como las de Henry Miller o Anaïs Nin, el tabú con respecto al sexo en el arte, con respecto a la desnudez, sigue existiendo.

Yo misma, en mis primeros textos, cuando llegaba a una escena erótica, pues la asumía desde la elipsis. En principio fue un reto romper con esto, atreverme a “hablar” sin miedo ni frenos, también desde la sensualidad del cuerpo.

Además, tengo una concepción muy personal sobre el amor como el más universal de los sentimientos humanos, sin lugar a dudas, que se encuentra permeada también por el erotismo. El amor posee toda clase de matices, puede incluir lo platónico y romántico, pero también la sexualidad, y si esta forma parte de la vida, tiene entonces que estar presente en el arte a fin de que resulte veraz…

Justo por eso, lo que empezó como un desafío personal ahora viene a estar presente en cuanto escribo, y forma parte de mis proyectos más recientes, tanto en lo referido a la poesía como en lo concerniente a la narrativa.

Incluso es posible “contar” una historia o historias desde lo erótico, convirtiendo esto en el centro de la trama y en el motor que hace avanzar cuanto acontece, que incide en la evolución de los personajes. Es algo que me pasa, por ejemplo, con la novela que tengo entre manos ahora mismo. Quizá mi mayor reto consiste en atreverme a seguir ese camino con total libertad, incluso si se trata de un camino que asusta por momentos, pues me deja un tanto expuesta. Una vez más, tiene que ver con esa sinceridad que busco en la literatura.

—Los lenguajes de la ciencia ficción, ¿son actualizaciones del contexto real o parten de una nueva realidad, una realidad otra, que tributa solo al terreno de lo fantástico?

—Por lo menos desde mis propios procesos me he planteado la ciencia ficción desde ambas perspectivas. Tengo historias que pertenecen solo al terreno de lo fantástico, aun si entran dentro de “lo posible” quizá en un futuro distante, para las cuales construyo e imagino otros mundos. Y otras que actualizan el contexto real, lo revisitan, como es el caso de mis historias enclavadas en el género y que tienen a La Habana como escenario, donde parto de lo que conozco para explorar determinados temas o personajes.  

—¿Cómo transcurren tus procesos creativos?

—Para escribir un cuento, a veces paso entre una y dos semanas pensando, escribiendo en mi cabeza… y entonces me siento y sale. Después viene la reescritura.

antología Alta Definición

En lo referido a la novela, por lo general, durante cada proceso creativo vivo un enorme caos interior, lo cual me lleva a tratar de mantener un orden externo que me permita conservar la a veces falsa creencia de que preservo algún tipo de control sobre mi obra. Es como si, al pretender contar una historia, tuviera todos los componentes a mano y poco a poco debiera decidir, con los ojos vendados, cuáles usar y en qué orden hacerlo.

Cada proceso es diferente también. En lo que se refiere a la novela, por ejemplo, a veces comienzo un camino y me doy cuenta de que no es el indicado. En eso tiene que ver bastante la intuición. En ciertas ocasiones se manifiesta solo como un sentimiento de inconformidad y hasta de infelicidad con respecto a lo que he escrito, y entonces lo mejor es borrar esos primeros capítulos donde uno tantea el tono o los personajes, y recomenzar de cero.

Toda historia comienza con una “visión”… A veces “veo” a los personajes mientras ejecutan determinada acción o los “escucho hablar”… y yo estoy ahí y me apropio de eso.

En ocasiones se trata de visiones muy borrosas y paso semanas intentando percibir adónde me conducen, entender “qué debe pasar”, es decir, los sucesos necesarios para que la historia se concrete.

Empiezo a contar por aquellas partes en que me siento más cómoda. Trato también de tener claro el final, o los finales posibles, aunque estos cambien en el proceso.

Con respecto a ese mantener el orden externo al que me refería, en determinadas ocasiones he tratado de fijar una escaleta tentativa, una especie de estructura más o menos rígida a la cual atenerme. Pero nada es inamovible. Justo en el proceso que llevo ahora, por la propia naturaleza de la historia, más emotiva que otras que me he trazado, he prescindido de esta herramienta y aun si por momentos pienso que voy a ciegas, tengo la sensación de que la historia me va encontrando a mí, en lugar de yo a ella, y halla, a su vez, su propia manera de fluir.

La poesía es bien distinta. La poesía me alcanza de golpe sin que pueda negarme.

—¿Cuánto de teatralidad llevan tus textos?

—Algunas personas, amigos, otros escritores, me han comentado que muchos de mis textos les resultan teatrales, en cuanto al tratamiento que le doy a la concepción de los personajes, el manejo de los diálogos e incluso en los escenarios. Cuando otros me lo dicen me percato de que pueden tener razón, porque entonces me releo desde esa perspectiva, pero muchas veces ni siquiera soy consciente de la teatralidad de algunos de mis textos en la medida en que los voy creando. Quizá es algo que está ahí y que, al formar parte de mí, brota sin que medie una intención.

—¿Cuáles son tus principales referentes nacionales en cuestiones de lectura?

—Tengo muchos referentes nacionales e internacionales que me son imprescindibles y a los que regreso una y otra vez. En general, la literatura latinoamericana me resulta vital, en tanto me permite estudiar y entender las maneras en que otros y otras han bregado con la lengua española y han salido ilesos. Me son imprescindibles nombres como los de Cortázar, Carlos Fuentes y Elena Garro.

Entre los cubanos me resultan vitales Alejo Carpentier, Virgilio Piñera, Carilda Oliver Labra, y Dulce María Loynaz en su poesía, pero especialmente en Jardín, esa novela donde en apariencia no pasa nada pero que me descubre una comprensión del mundo que es en esencia muy femenina.

Además me mantengo al tanto de lo que escriben autores más actuales, pues es importante acercarse a esas voces que nos son contemporáneas. Hablo de Yoss, de Erick Mota, por solo mencionar algunos.

—Las marcas de lo femenino, en tanto cuestión biológica pero también creativa, ¿son perceptibles en los textos?

—Esa es una pregunta que me he hecho varias veces y creo que la respuesta sería afirmativa.

Quizá un rasgo característico de las mujeres escritoras es el peso que le dan a la sensorialidad por encima de la acción, a ese aparente no pasar nada en una novela como Jardín, de la Loynaz, donde todo ocurre en un plano otro que tiene que ver con lo afectivo y que, desde esa dimensión lírica y hasta un tanto impresionista, sí resulta; pienso en tal sentido también en la obra de Virginia Woolf.

La poesía femenina hace a menudo una propuesta poco complaciente, más directa y descarnada en sus modos de decir, que tiene que ver también con una manera de sentir muy propia de las mujeres; pienso en las voces de Idea Vilariño, Cristina Peri Rossi, Sylvia Plath, Anne Sexton, la propia Carilda Oliver, o la más reciente ganadora del Premio Nobel, Louise Glück. Es como si ellas no tuvieran miedo a mostrarse, a exponer incluso una cierta vulnerabilidad, y su fuerza proviene justo de ahí… Un equivalente para mí a nivel pictórico sería Frida Kahlo, capaz de convertir una experiencia vital, como puede ser un aborto, en obra de arte.

cortesía de la entrevistada

 —¿La ciencia ficción y la fantasía son terrenos propios de la literatura masculina o es este un concepto que ha sido superado gracias al paso de los tiempos y a la propia obra de las autoras?

—Durante mucho tiempo quizá tanto la fantasía como la ciencia ficción fueron considerados terrenos propios de la literatura masculina, aunque siempre han logrado sobresalir nombres femeninos, y pienso en Mary Shelley o en Úrsula K. Le Guin, y de modo más reciente en J. K Rowling.

En términos generales tenemos que ser conscientes de que, más allá de un género u otro, históricamente la literatura masculina ha prevalecido por encima de la femenina; por razones sociales y de todo tipo existen más escritores hombres que mujeres.

Afortunadamente en Cuba la ciencia ficción cuenta hoy con voces femeninas. Tenemos esa marca que dejara Daína Chaviano, un antecedente importante en lo referido al tema y otras más jóvenes que se han ido sumando y ya tienen una carrera sorprendente, como Malena Salazar.

—En el panorama literario joven cubano, ¿cuáles piensas que son los asuntos más acuciantes que deben debatirse y que, de una forma u otra, podrían resultar de relevancia para el futuro escritural del país?

—Algo esencial a tratar tiene que ver con la necesidad de propiciar oportunidades y espacios para que los jóvenes puedan socializar sus textos. Sé que existen ya muchos, pero a veces no son suficientes. Incluso lograr que una obra sea acogida dentro de un plan editorial resulta complicado debido en buena medida a los problemas crónicos de imprenta y a que se priorizan autores ya legitimados. Esta situación provoca que muchos autores tengan que buscar alternativas en editoriales extranjeras, a veces solo con fines promocionales, sin esperanzas de que su obra sea conocida o reconocida en el panorama nacional, ni de ser remunerados por ella. Tampoco existen suficientes herramientas de divulgación y promoción cuando un autor gana un premio o publica, que garanticen su inserción en cierto mercado del libro, por demás inexistente.

—¿Cómo definirías tu propio estilo?

—No sé si tengo un estilo. Quizá les toque a otros definirlo. Pero creo que, si me caracterizo por algo en mi escritura, es por el deseo de experimentar en el aspecto temático y formal, no me conformo con haber alcanzado un punto, sino que aspiro a seguir más allá; de ahí la exploración también a nivel de géneros. Además tiendo a esa búsqueda continua de sinceridad a la hora de contar cualquier historia. Y cada vez intento hacerlo lo mejor que puedo.


Un festival de pueblo

                                                   I

CARTEL DE PROMOCIÓN DEL FESTIVAL DE TEATRO AFICIONADO. FOTO: CORTESÍA DEL COMITÉ ORGANIZADOR.

Regreso a la cuna que me vio nacer, como dice la popular canción, al municipio de Fomento donde es tradición, desde hace poco más de tres décadas, la realización del Festival Nacional de Teatro Aficionado «Olga Alonso». En esta fiesta teatral que implica a grupos de todo el país, y en últimas ediciones también a grupos extranjeros, con la habitual complicidad del avezado público local, pues fui primero un simple espectador, luego, con el tiempo desarrollé mis primeras inquietudes como director y presenté en varios encuentros mis puestas en escena. Hoy, mi participación allí cobra otra dimensión, en este caso como metodólogo de teatro del Consejo Nacional de Casas de Cultura, mas, nunca he dejado de asistir a la cita.

Con esta primicia he intentado mirar con ojo indagador la edición XXXI correspondiente a este 2020, celebrado entre durante el mes de marzo, donde, quiero comenzar aplaudiendo que el programa se realzó con la inclusión de las esperadas presentaciones de las puestas en escena, tanto de la muestra nacional como la internacional; así como de talleres y actividades colaterales que complementaron y prestigiaron la cita.

El festival se mostró diverso, dinámico e intenso. Entre las novedades de la programación se puede resaltar la creación de un nuevo espacio para la presentación de performances, y para la ocasión nos visitó, por la parte cubana, el proyecto de David Valera con una intervención titulada Ese tipo humano, engañosamente civilizado; mientras que, por la parte extrajera, tuvimos la oportunidad de presenciar Observaciones, de la compañía alemana Uniater/Fritzaho. Ello evidencia que los artistas aficionados también se mueven en la búsqueda de nuevos horizontes creativos, y la exploración de nuevas tendencias y prácticas escénicas.

II

El festival recibió a 12 grupos de nueve provincias del país, ocho en calidad de competencia y cuatro de invitados. Nueve grupos extranjeros de cinco países llegaron hasta el enclavado municipio ubicado en el centro de Cuba: Portugal, Alemania, Italia, México y Colombia. Y, además, recibimos a Cheikn Okbaoui, el representante de la UNESCO en Argelia. Celebro que el festival recibiera una muestra extranjera amplia y de calidad, grupos que pertenecen a la Asociación Internacional de Teatro Amateur AITA, lo cual evidencia un interés puntual de los miembros por la parte cubana de que nuestros creadores dialoguen con otras experiencias.

La compañía Xutil Teatro Circo de México, que dirige Yalú Déciga, con el espectáculo Las aventuras de Trapeador y Cotonete, fue una de las propuestas que sobresalió, poniendo a dos actores que interpretan a Cotonete y Trapeador, personajes creados para representar las más diversas formas de andar e interactuar en la calle con los espectadores: protagonistas de un arte que incorpora, además, técnicas del clown, circo. Tuve la oportunidad de verlos en Bejucal unos meses antes, en la jornada de teatro Blanca Becerra, y confieso que encontrarme de nuevo con ellos fue una dicha.

APERTURA DEL FESTIVAL. FOTO: ALEJANDRO MENÉNDEZ

Por su parte, en la muestra cubana imperó el teatro de sala, no hubo esta vez grupos de teatro de calle, y solo uno fue de teatro de títeres. Uno de los montajes que más conmovió fue Terapia del sumidero, del grupo Teatro del Retorno, de San Antonio de los Baños, ante el cual, como mencioné antes, el «avezado espectador foméntense» pudo disfrutar de un teatro experimental, y con una concepción diferente a lo que habitualmente se ha presentado en el festival. Desde un espacio alternativo en el patio del museo, reutilizado como escenario, emerge la reflexión de la propia obra, un ritual interpretado por dos actores con máscaras de pico de ave —parecida a las que usaron los médicos especialistas para tratar a aquellos que padecían de la peste—, el río Ariguanabo —que nace y muere en el territorio del municipio—, así como la relación del hombre con la naturaleza. Estos son los pretextos espaciales que escoge Alexander Diego Gil para la representación, un ritual que parecía que nos estuviera advirtiendo sobre lo que días después llegó a la isla: una pandemia que aun el hombre no ha podido detener. No es casual que el grupo recibiera el Premio de Mejor Diseño Escenográfico, por la exquisitez de su concepción.

BK2. FOTO: ALAIN MIRA.

Solo dos monólogos comparecieron en el festival. De la provincia de Las Tunas llegó el grupo La Corniza con el archiconocido argumento de Emelina Cundeamor, del importante dramaturgo Eugenio Hernández Espinosa, e interpretado por Beatriz Sabrina Ricardo. Con este texto, Hernández Espinosa, dramatiza una problemática identitaria sobre inacabados procesos coloniales racistas, aún vigentes en muchos microsectores de nuestra sociedad. La joven actriz logra mostrar a una mulata que expone entre comentarios sarcásticos, con un humor certero: el desmoronamiento de su matrimonio. Su director, Miguel Ángel Amado, supo guiar a la actriz en una concepción que resultó concentrarse en el trabajo del actor, y para ello utilizó solamente una mesa, una silla, una peluca y otros objetos muy elementales con los cuales logra concentrar la acción, y que permiten vislumbrar la confluencia social del personaje; de ahí que la actriz obtuviera el Premio a la Mejor Actuación Femenina.

BK2 es el título del otro monólogo que estuvo en competencia, a cargo del grupo habanero Té−Atro, escrito y dirigido por Elio Fidel López Vela, quien supo hallar, antes que todo, la verdad de un personaje en su accionar a partir del mismo verbo, y que el actor Iván Collazo Garcés asumió con una madurez impecable. El texto muestra a un joven estudiante que para ganar dinero trabaja de transformista en un bar nocturno, el personaje establece un diálogo con la realidad de muchos jóvenes en el presente. El dormitorio de una beca es el espacio que ha escogido el director para desarrollar la acción. Iván Collazo logra con intensidad ciertas atmósferas para representar el universo del personaje a partir de las emociones que va desencadenando, cada recurso que encontró para su interpretación lo hicieron ganador del Premio a la Mejor Actuación Masculina. 

Cenital Teatro, grupo del municipio sede, presentó Pasaporte, una obra de Yunior García, texto que ha sido representado por varios grupos en el movimiento de artistas aficionados, pero, que, esta vez, el director Génder Hernández realizó un montaje sencillo, sin perder la estructura de la obra. El director logra una armonía en la escena que construye, básicamente, desde la concepción del espacio y los elementos que lo conforman, pues la escenografía tiene un impecable acabado constructivo que supo adaptar de manera funcional para cada una de las escenas.

En sentido general se aprecia un montaje en el que cada actor domina un registro de caracterización que atrapa al espectador y lo identifica, y ahí radica su principal arma. Merecido fue, entonces, que el jurado decidiera otorgarle el Premio a la Mejor Puesta en Escena.

III

Fue una idea loable que la crítica especializada estuviera por segunda vez en el evento. El prestigioso crítico e investigador teatral Jaime Gómez Triana, invitado especial a esta edición, opinó a propósito: «Creo que los más relevante definitivamente es el público del evento. La cercanía que todo el pueblo tiene al teatro. El festival tiene una gran relevancia en términos de lo que hace para la comunidad en particular. El pueblo también lo espera, lo desea y contribuye a su éxito». Gómez Triana realizó un taller de crítica, que constituyó un espacio idóneo para la superación técnica de los directores, actores, instructores y metodólogos que asistieron al certamen. Otro taller que se efectuó y que los participantes agradecieron fue «Ejercicios escriturales para mundos mínimos», impartido por la maestra Blanca Felipe Rivero.

ENTREVISTA. FOTO: ALEJANDRO MENÉNDEZ.

El evento continúa la tradición de programar presentaciones a las comunidades, barrios y escuelas del municipio. El Juglar del Cisne presentó la obra de títeres Beatriz y los Papas Malvas en la comunidad de Jíquima, donde los niños y toda la familia pudo disfrutar de esta agrupación de Pinar del Río, por los resultados y el amplio repertorio que han venido desarrollando en la modalidad de teatro de títeres, este grupo es ya un referente importante en el país.

Positivo fue invitar de nuevo a la Compañía Teatral La Andariega, de la provincia de Camagüey, de una marcada participación en la historia de este encuentro anual. En esta ocasión presentó Cuentos de Palacio, con una gran aceptación por parte el público. Resulta válido destacar las actuaciones de niños que hacen teatro con una verdad y calidad artística en la escena.  

TALLER DE LA CRÍTICA. FOTO: ALEJANDRO MENÉNDEZ

Para esta edición en especial se creó una comisión curatorial que realizó una audición a los grupos por las provincias del país para seleccionar la muestra nacional. Y es que realizar un evento de esta magnitud requiere del esfuerzo y la dedicación de los organizadores que, en cada proceso, antes y durante el festival, deben mantener el diálogo cómplice, para poder continuar realizando mejores ediciones.

Me gustaría terminar invitando a una reflexión, y es que un festival de tanta significación para el movimiento de artistas aficionados del país, y con tan honda marca identitaria en los pobladores de Fomento, amerita que se pueda construir una sala de teatro en la Casa de Cultura con recursos técnicos mínimos, como equipos de luces y de audio. Ello facilitaría poder invitar grupos de la vanguardia artística que han mostrado su interés por participar del evento, pero se han visto limitados, precisamente, por estas cuestiones técnicas. Grupos y espectáculos que, sin dudas, prestigiarían nuestro Festival Nacional de Teatro «Olga Alonso».


Pablo Alejandro Suárez Marrero: «Vuelvo a mis orígenes»

Recuerdo con nostalgia aquellos tiempos de la infancia en que Pablo Alejandro Suárez Marrero y yo jugábamos en los jardines de la Escuela Elemental de Música Alejandro García Caturla. Nos unía no solo la amistad, sino igual pasión por el mundo de la literatura y el arte. Los años han pasado y la amistad ha adquirido nuevas formas, más hermosas y pulidas gracias a las memorias que compartimos. Pablo es un excelente flautista, profesor e investigador. Su creación posee todas las esencias de Cuba, esencias que Pablo mismo reconoce mestizas. Esta entrevista es nuestro viaje de regreso a la infancia y mi deuda personal con un amigo al que hecho mucho de menos.

Como artista e investigador interdisciplinario, ¿sientes que el arte, en sus diversas manifestaciones, se encuentra enraizado en la naturaleza del ser que eres?

Desde hace un tiempo pienso que el arte es una forma particular de producción subjetiva, por lo que creo que es parte sustantiva de mi ser y uno de los determinantes de mi existencia. A su vez, también considero que es sustancial al quehacer diario de cada uno de los seres humanos, con mayor o menor función estética. Esa noción de arte es una de las diferencias sustanciales entre nosotros, los demás seres vivos y la naturaleza toda. Soy artista, y creo que es una de las pocas cosas que jamás podré dejar de ser.

¿Piensas que el rigor investigativo es variable o débil entre los miembros de nuestra generación?

Esta es una pregunta difícil. Creo que, entre los miembros de nuestra generación, el rigor investigativo es variable y tiende a la baja. Lamentablemente aún existen juicios de valor negativos hacia la investigación de/para/desde el arte. Muchas veces me encuentro con instrumentistas, compositores, directores de orquesta e ingenieros de sonido que durante sus formaciones profesionales no cursaron materias relacionadas con la investigación musical. Ello, a la larga, demerita su quehacer diario, que se vería enriquecido con la aplicación de métodos, técnicas y herramientas propias del quehacer científico. Ambos saberes, lo teórico y lo práctico, no deberían estar divorciados, pues ambos forman parte de los procesos creativos. Existe una intención de revertir esa realidad desde la Universidad de las Artes (ISA), ojalá se concrete, para que el rigor investigativo no sea privativo de perfiles terminales como musicología, teatrología y danzología.

Tus horizontes creativos han asumido nuevos márgenes simbólicos, geográficos y de pensamiento, ¿cuáles son las rutas en las que hoy en día te encaminas?

cortesía del entrevistado

Sin dudas vuelvo a mi origen. Como sabes, soy matancero y mestizo,  condiciones que asumo como altos valores. Tuve la suerte y fortuna de coincidir contigo y otros jóvenes creadores actuales en el conservatorio Alejandro García Caturla y después en la Escuela Nacional de Música, así como tuve de colofón para mi formación profesional cubana el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Posteriormente, vine a México a estudiar la Maestría en Artes en la Universidad de Guanajuato como becario del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica de este país. Esto me posibilitó abrir un horizonte de expectativas hacia expresiones culturales diversas.

No solo enfrentarme a las diferencias de una nueva realidad, sino a la posibilidad de construir una carrera personal y profesional desde un punto inicial. En Cuba hacía muchísimas cosas al día, fundamentalmente labores de docencia, investigación, gestión e interpretación del patrimonio musical. Actualmente lo sigo haciendo, pues ya sabes que disfruto hacer lo que hago; por lo que “le echo ganas”, como dicen por acá.

Sabrás que mis rutas son diversas pero convergentes: estudio el Doctorado en Artes en la misma universidad mexicana que me acogió como estudiante de posgrado y que me ha dado la posibilidad de integrarme al claustro docente de su departamento de Música y Artes Escénicas como profesor a tiempo parcial. A la misma vez, desde hace un año también imparto clases en la Escuela de Música de León, en otra ciudad del mismo estado, lo que me hace disfrutar la posibilidad de viajar. Desde mediados del 2018 funjo como coordinador-redactor principal en El Filarmónico, y he estado colaborando como flautista en diferentes agrupaciones de música de cámara y sinfónica.

Como redactor principal de El Filarmónico, un espacio virtual para reflexionar sobre la escena musical actual, ¿hasta qué punto sientes que la crítica establece un precedente artístico a seguir? ¿Cómo se puede combatir, desde la creación, el mal gusto y la banalidad creativa?

El Filarmónico surge en el 2018 como una inquietud de reflexionar sobre la escena musical actual. Entendemos que es necesario documentar el quehacer musical de hoy para que sea estudiado con posterioridad, teniendo en cuenta las distancias históricas. Y esto yo no lo encontraba ni en la prensa, ni en los sitios web del ámbito cultural. Lo que nació como proyecto personal ha crecido mucho en apenas dos años, ahorita es una plataforma de información, comentarios y artículos sobre música con un sitio web y presencia en las redes sociales,  en la que se vinculan publicaciones especializadas con acciones de investigación y gestión de eventos académicos. Para ello, se cuenta con un equipo de trabajo en el que convergen profesionales de la cultura, la música y el marketing digital, así como un número variable de estudiantes de programas especializados en la práctica musical. 

A pesar de que estos alumnos cursan la materia de Crítica Musical, ven en ello pocas posibilidades laborales, pues no existe el medio especializado para ese ejercicio profesional. A pesar de que la crítica puede sentar precedentes artísticos, también ha estado en crisis durante demasiadas décadas, diría yo; por lo que su alcance y prestigio profesional es poco o casi nulo. Casi siempre les digo a los alumnos que desean hacer sus prácticas en El Filarmónico, que la crítica musical debería estar enfocada a la creación y educación de públicos en una primera instancia; pero de escuchas conscientes con herramientas operativas, que les permitan cuestionar con respeto los diferentes gustos musicales y asumir como propias aquellas expresiones que les sean afines. 

En la producción del pensamiento simbólico de la nación llamada arte, de la cual todos los creadores somos habitantes, ¿cuáles crees son los necesarios cambios, accidentes o evoluciones que necesitamos llevar a cabo?

cortesía del entrevistado

Fíjate que desde la segunda mitad del siglo XX se han estado produciendo cambios y accidentes en el pensamiento simbólico sobre el arte, de los cuales no hemos sido totalmente conscientes ni partícipes. Como todo proceso histórico, toma tiempo que se afiance en la sociedad, se acepten sus aportes y se desestimen aquellos aspectos que no se adecuan a realidades diferentes de las que germinaron.

Entre otros quisiera hacer énfasis en cuatro cambios provenientes de las ciencias sociales y humanísticas que impactaron y aún producen quehaceres en las artes: el giro lingüístico y su influencia en el análisis de la historia; el giro performativo y el entendimiento de lo teatral en el quehacer social; el giro decolonial y sus planteamientos culturales sobre las relaciones de poder; así como el giro sensorial y el creciente cambio de estudio sobre el ser humano como ser sensapiente. Entonces, en paráfrasis de nuestro sabio Fernando Ortiz: conocer para pensar, pensar para hacer y hacer para cambiar.

Lo interesante de todo ello es que Cuba ha sido vanguardia en dos de estos “accidentes”: el giro lingüístico y la influencia de los Anales franceses en la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana; así como el giro decolonial con la publicación de Música y descolonización (1982), de Leonardo Acosta.

Tus áreas de interés investigativo y creador abarcan la interpretación crítica de las relaciones entre música y humor en la escena popular, los estudios de performance y la etnomusicología en América Latina, el Caribe y Cuba. ¿Consideras que el arte es un inmenso corpus en el que se entroncan las diversas manifestaciones, y que es posible la pretensión de analizarlo como un todo, o apuestas por una investigación que vaya a lo particular, al fenómeno en sí?

En síntesis, creo que el arte es un inmerso reflective corpus que se expresa en lenguajes artísticos particulares, pero cuya mayor riqueza radica en las relaciones y redes que tejen ese todo expresivo. A la hora de analizarlo, por cuestiones operativas y limitaciones propias, apuesto por objetos de estudio con limitaciones tempo-espaciales; pero siempre intento agotar su multidimensionalidad y entender las relaciones con un todo mayor.

La escena popular ha sido el espacio donde se expresan los músico-humoristas que estudio, los estudios de performance me han servido como herramienta interdisciplinaria para abordar sus creaciones y la etnomusicología como soporte disciplinar normado. Las relaciones entre estos sintagmas que, en apariencias, parecieran dispersos, me han llevado a un abordaje transdisciplinar y a una superación constante de mis propios límites epistémicos.

La música, el humor y la crítica social han sido objeto de tus análisis en no pocas publicaciones, ¿de qué manera sientes que la risa, la que provoca la sonrisa amarga o agridulce, la crítica que se sostiene en un discurso autónomo, puede provocar microcambios estructurales en el pensamiento de una nación o de una comunidad?

Por nuestra condición histórica de trashumantes, la personalidad del ser latinoamericano es generalmente porosa y permeable. Ello hace que la risa altisonante y agridulce, propiciada desde el humor musical, sea uno de los factores que nos permitan adecuarnos al entorno social cada vez más cambiante. En un contexto de [g]localización cultural creciente, la risa cumple una doble función social: como válvula de escape y como crítica a las dolencias de los pueblos. En ese sentido dialéctico y a nivel microsocial, la risa puede provocar cambios estructurales en el pensamiento o reproducir patrones de conductas estructuradas en sociedad. Pues el que ríe provocado por un humor inteligente, casi siempre cuestiona a su realidad, no solo como partícipe del chiste. Entonces puede convertirse en un agente social para el cambio, siempre interpelado por la risa como resiliencia y capacidad de adaptación al medio.

Entonces coincides en que desde el humor se han hecho, históricamente, las críticas más descarnadas hacia la realidad social que nos ha tocado vivir…

El humor muy pocas veces se ha tomado en serio, realidad que han vivido los humoristas en sus más variados lenguajes artísticos y, por extensión, los que nos dedicamos a estudiarlo desde la academia. En pocos países, como Cuba, España y el Reino Unido, se les ha dado un espacio institucional y un marco propicio para su desarrollo. Sin embargo, no es suficiente lo hecho, se sigue perpetuando la idea del humor como arte liminal. Esa situación contextual hace que el humor, como expresión humana, sea crítico, ácido, duro hacia una realidad social que lo margina.

Desde el punto de vista artístico, considero que ahí radica su riqueza creativa y debilidad: el reinventarse en un contexto que lo quiere poco o nada. Riqueza porque, cada un tiempo relativamente corto, los humoristas crean nuevos recursos discursivos que los ayudan a mantenerse en un medio agreste. Debilidad, pues es muy difícil que las expresiones humorísticas sean perecederas, a no ser que sean documentos; de ahí la importancia de un quehacer académico. Recordemos que no pocos humoristas han muerto por hacer reír al público, fundamentalmente a ese sector radicalizado e intolerante con la diversidad expresiva.

¿Hasta qué punto la intertextualidad en el humor nos permite una revisitación de la historia?

cortesía del entrevistado

Las cosas de la vida: en un primer momento llegué a los estudios del humor por querer buscar la historia de vida de mi abuela materna. Ella, profesora de Teoría de la música —que creo tuviste la oportunidad de conocer— me hablaba de su juventud y de las puestas en escena del Conjunto Nacional de Espectáculos en el Teatro Karl Marx de La Habana, fundamentalmente del Génesis según Virulo y de La esclava contra el árabe. Realmente, yo me reía de sus anécdotas y cuentos, así como simpatizaba con las canciones hilarantes que ella intentaba reproducir desde su memoria. En un segundo momento, durante una estancia académica que realicé en México, el profesor que me acogió me habló de Alejandro García (Virulo), me puso a escuchar su discografía y enriqueció cada tarde de ese verano del 2015 con apreciaciones músico-contextuales del cubano.

Te hago estas dos anécdotas porque el humor fue mi ventana abierta a descubrir el pasado reciente de nuestra historia y música nacionales, una relatoría que yo solo conocía de forma parcial y que se vio alimentada por las vivencias de receptores históricos de dentro y fuera de la Isla. Ya planteado el marco contextual y asumido el humor como objeto de estudio viable, empiezo a escudriñar en los mecanismos creativos de este cantautor cubano, fundador del Movimiento de la Nueva Trova, miembro y posterior director del Conjunto, y fundador de lo que después sería el Centro Promotor del Humor. Una de sus principales herramientas es la intertextualidad, y aquello me pareció un dèjá vu; volví a vivir una y otra vez lo que ya me había sucedido en mi propia experiencia, yo tenía una apropiación intertextual de su cancionística, que a su vez es también intertextual.

Entonces sí, el humor permite revisitar la historia cuantas veces sea necesario; ya sea porque el humorista adecua su performance a los diferentes escenarios y contextos sociales, o porque los espectadores nos apropiamos del mismo performance en diferentes momentos de la vida. Ambos, creador y público, continuamente resignificamos nuestras relaciones con el humor de múltiples formas, pero expresamente intertextual.

Tu formación primigenia como flautista, ¿hasta qué punto sigue hoy presente en tu vida creativa y cómo se entronca con tus actuales objetos de estudio?

Sin dudas, no sería lo que soy sin haber estudiado flauta, y debo asumirla como una cuasi iniciación dionisiaca al pensamiento musical. Como intérprete, en Cuba tuve la oportunidad de colaborar con conjuntos de cámara y con la Orquesta Sinfónica Nacional, en una o dos ocasiones. Mientras que en México fundamentalmente me he desenvuelto en la música de cámara, y ya ahorita, como integrante del Guanajuato Flute Studio y como flautista invitado por la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato.

Esta variada experiencia como intérprete me llevó a cuestionarme lo que soy como persona, y entender que soy flautista, mientras que la docencia e investigación han sido caminos oportunos y, si quisiéramos, estables para insertarme en la sociedad profesional.

Claro está, las relaciones entre los tres ámbitos me han conducido a replantear la interpretación de nuevos repertorios, estrenar obras de jóvenes compositores que no me hubiera atrevido a realizar en otro momento, y me han ayudado a entenderme como performer, con las implicaciones que ello conlleva en el diario. A su vez, estudiar el humor me permite entender las ironías, parodias y sarcasmos que conforman nuestras realidades.

cortesía del entrevistado

Esta pregunta es quizás la más personal de todas, y por eso la he reservado para el final de la entrevista. Yo recuerdo muy bien al niño que fuiste y veo con orgullo (e inmensa alegría) los caminos que has transitado. Esa pasión primigenia por el arte que nació en las aulas de la Escuela Elemental de Música Alejandro García Caturla, ¿sientes que fungió como un hilo conector en tu vida creativa?, ¿qué recuerdos perdurables te has llevado de esa experiencia?

“Caturla”, como siempre le llamamos por vagancia léxica, fue el detonante de una personalidad inquieta, creativamente hablando, y diferente. Participar de los talleres literarios de la profe Ana Luz de Armas me inició en los placeres de la escritura y me dio la posibilidad de compartir con creadores de mi generación que aprecio y valoro, entre los cuales estás tú en primer plano.

Pero, sobre todo, estudiar en el Conservatorio, después en la ENA y luego en San Gerónimo me inculcaron el tesón de hacer lo que me gusta por sobre todas las cosas: luchar por ver una obra musical terminada, una escala melódica lo mejor tocada posible, un ensayo académico publicado en alguna revista y la satisfacción de que los estudiantes entiendan el poco conocimiento que puedo trasmitirles en mis clases.

Experiencias hay bastantes [y unas lagrimitas también], pero los recuerdos pasan por tocar mucha música y disfrutar cada momento con amigos; personas que se han quedado para toda la vida y que, al vernos en una guagua, en la cola del Coppelia o simplemente encontrarnos de casualidad en alguna de las calles habaneras, nos sigamos saludando como si los años no hubieran pasado: nos ponemos al día con pocas palabras, y yo siento que nos relacionan algo más que espacios geográficos y lugares comunes.


Del golpe al verso (+ fotos)

Jennifer nunca había visto a una viejita desnuda. Degar desconocía el mundo de un asilo. Leinier no imaginaba tanta tragedia encajada en la memoria de las personas. Solo un poeta como César Vallejo creó la palabra que contiene la vivencia más “trilce” de sus vidas.

Todavía sienten esa mezcla de triste con dulce, el sabor fijado al pecho por la estancia en el hogar Manuel Ramón Silva, donde ayudaron a cuidar durante 15 días a 246 ancianos de Camagüey. En la sexta provincia más envejecida de Cuba, uno de cada cinco habitantes sobrepasa los 60 años de edad.

Degar-Foto cortesía Golpe a golpe

Los jóvenes llegaron en plena cuarentena como parte del grupo de 13 artistas en nombre de Golpe a Golpe, el proyecto sociocultural que en diciembre cumplirá 14 años de búsqueda y de abrazo al alma de comunidades vulnerables. Celebrará 20 si se cuentan sus antecedentes como Pista Abierta, también concebido y dirigido por el promotor cultural Yunielkis Naranjo Guerra.

foto cortesía Aymée Amargós

Jennifer Collymore Torres, la cantante de pop con ocho meses en la agrupación, quedó en trance cuando le dijeron “ey, ven a acá, debes ayudar a secarlas y a vestirlas”. La lista fue honda como las urgencias de aquellos rostros con miradas perdidas y encontradas.

Degar Humberto Puentes Hernández se impactó desde el primer pie dentro del amplio edificio de 1878. La beca para él equivalía al recuerdo del servicio militar. Otra vez dejaría de ver a los suyos por un tiempo bien finito, pero aun hoy, ya en su casa, sigue angustiado. Se imaginó en el espejo de ejecutantes del saxofón y de la percusión que conoció: “Nadie quiere estar lejos de la familia”.

Leinier Paredes Rosales sí llevaba en el equipaje de cantante y humorista claves contra la desolación. Por sus ocho años en Golpe a Golpe pudo colaborar durante 15 días en el Esmeralda devastado por el ciclón Irma en 2017. Con sus colegas de entonces limpió el pueblo bajo el sol y ganó aplausos en noches de apagón. Para todo había remedio allá, pero no para las historias topadas aquí de muerte de hijos y de padres abandonados.

foto Cortesía de Aymée Amargós

Otro guion construyeron para la dinámica del grupo: madrugar, cargar el agua para el baño, alimentar, escuchar y comprender. En las tardes, a eso de las tres, una sala rompía la rutina como escenario para el arte de los muchachos. Se sabían con talento para la magia, la danza, el humor y la música. Durante la estancia probaron su capacidad para ser buenas personas.

El doctor Yuri Emilio Copa Ruiz, director del hogar, calificó de maravilloso el trabajo de los jóvenes artistas. Se infiere el alivio por entretener a los aptos, como identifica a los ancianitos que solían pasear por la ciudad y llevan tres meses sin poder salir. El 28 de mayo entró el segundo grupo de jóvenes, del proyecto Abriendo brechas, extensión de Golpe a Golpe en la célula de la Asociación Hermanos Saíz en Florida. Ese relevo de 14 sumó a la oferta la proyección de audiovisuales y una peña danzonera.

Leinier -foto Cortesía de Aymée Amargós

En cuanto a los primeros, Jennifer hasta ganó el nombre de Agustina. Así la llamaba una señora con sed de permanente compañía. La chica nerviosa de 18 años logró un estado de bienestar. Con Degar, tres años mayor, cantaba a dúo para calmar a quien echaba a llorar por contar sus penas. Ella se despidió con estilo de pop y él con su rap titulado El amor es fuerte.

A sus 29 años, Leinier tiene una coraza con zonas sin blindaje. Lo comprobó con el alud de tantos relatos, aunque dio con la cura en los poemas, los chistes y el cantar de los propios ancianos en una instalación de salud donde varios están cerca de cumplir el centenario: “Echo de menos a esas viejitas…”

foto cortesía Golpe a golpe

La imagen de arrugas queribles afianza el sentido de la vida para ese grupo de jóvenes. Mayo significó una inmersión cada vez más profunda a la raíz de un proyecto de creación fundado para andar del golpe al verso.

Leinier-Foto cortesía Aymée Amargós

hogar de ancianos Manuel Ramón Silva/
Foto cortesía de Aymée Amargós


Juan Padrón, Maestro de Juventudes: «Â¡Hasta la vista compay!»

El historietista, caricaturista y cineasta cubano Juan Padrón, creador de los legendarios animados de Elpidio Valdés, falleció este 24 de marzo, tras permanecer hospitalizado durante casi un mes.

Su hijo, Ian Padrón, dio a conocer la lamentable noticia en su perfil de Facebook.

Trayectoria biográfica de Juan Padrón:

Nació en enero de 1947 en el Central Carolina, en la provincia de Matanzas.

Graduado de la Licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de La Habana (1978). Ya desde 1973 trabaja en los Estudios de Animación ICAIC.

Siempre cerca de los #JóvenesCreadores estuvo #JuanPadrón, el pillo manigüero e insurrecto mambí. Gracias maestro por…

Publicada por Asociación Hermanos Saíz en Martes, 24 de marzo de 2020

Desempeñó diversas funciones como parte su quehacer artístico, que incluyen la historieta y el cine. En 1963 inicia su carrera artística como humorista en el Semanario “Mella”. Publica historietas y chistes en los suplementos “El Sable”, “La Chicharra” y “Dedeté” del periódico “Juventud Rebelde”, donde crea las series “Vampiros”, “Zoológico”, “Comejenes”, etc. En 1970 crea el famoso personaje Elpidio Valdés, que aparece por primera vez en las páginas del semanario “Pionero” y que luego se incluyó tanto en series como películas de animación.

Ha tenido una destacada labor dentro de la realización de animados. Ha desarrollado diversas funciones, entre las que pueden mencionarse: elaboración de guiones, diseño escenográfico, de story board, diseño de personajes, animación, dirección de animación y voces. Ha sido jurado en certámenes nacionales e internacionales.

Los jóvenes creadores cubanos sentimos profundamente el fallecimiento hoy de nuestro Maestro de Juventudes Juan Padrón,…

Publicada por Asociación Hermanos Saíz en Martes, 24 de marzo de 2020

Ha fungido como director cinematográfico de varios animados realizados con diferentes técnicas y duración. Entre sus títulos se incluyen: la serie de Elpidio Valdés, Filminutos, Quinoscopios, Mafalda y Más se perdió en Cuba; largometrajes tales como “Una aventura de Elpidio Valdés”, “Elpidio Valdés contra dólar y cañón”, “¡Vampiros en La Habana!”, “Mafalda”, “Más se perdió en Cuba”, “Más vampiros en La Habana”.

Entre los reconocimientos obtenidos por su trayectoria y por las obras que ha dirigido se encuentran:

  • Distinción por el Centenario de “La Edad de Oro”.
  • Premio CIFEG que otorga esa institución como reconocimiento.
  • Premio Nacional de Cine (2008).
  • “Distinción por la Cultura Nacional”,
  • Medalla “Alejo Carpentier”,
  • Los premios “Rubén Martínez Villena” y “El Diablo Cojuelo”,
  • “Réplica del Machete de Máximo Gómez”,
  • “Orden Félix Varela”
  • Premio “Espacio por la Obra de la Vida” de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales de Cuba.
  • “¡Viva papi!”: en 1982 obtuvo Segundo Premio Coral. IV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana; en 1989, fue seleccionado entre las 30 mejores películas de animación por el Consejo Cultural del Instituto de Cine.
  • “Elpidio Valdés contra dólar y cañón”: en 1983 obtuvo Segundo Premio Coral. V Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana.
  • “¡Vampiros en La Habana!”: en 1985 obtuvo Tercer Premio Coral. VII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana. 1986.- Diploma de Honor.
  • “La fiesta de los hongos”: en 1991, obtuvo Segundo Premio Coral. XIII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana.
  • “Más vampiros en La Habana”: en 2003 obtuvo Primer Premio Coral. XXV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana.
  • Tres de sus filmes forman parte de la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Satiricón, para reír con ganas (I)

Pocos eventos en Holguín –una de las ciudades cubanas con una dinámica cultura más activa– logran el nivel de participación popular que el Festival de Humor para Jóvenes Satiricón.

Desde mucho antes de las presentaciones, las entradas están agotadas, pero aun así las personas van por aquello de que quizás a último momento puedan entrar y reírse un poco. Y así lo hacen, incluso de pie, al final del pasillo y las lunetas, para no perderse la carcajada.

El Satiricón –así a secas, como la gente lo llama– ha logrado posicionarse y ser esperado cada año, como se esperan las Romerías de Mayo o la Feria Internacional de Artesanía Iberoarte, pero con la peculiaridad de que a todos les gusta reírse de buena gana.

Es cierto, podría decirse, que el humor las tiene todas para ganar frente a otras manifestaciones menos populares, pero lo que hace atractivo al Satiricón, evento que realizó del 23 de febrero al 1 de abril su VII edición, es la selección, la curaduría digamos, que lo hace representativo de lo mejor de esta manifestación cuya vanguardia se agrupa en el Centro Promotor del Humor, dirigido por el actor Kike Quiñones. Incluso Kike lo ha dicho varias veces: el Satiricón funciona como un espacio de confluencias de las diferentes maneras de trabajar la creación humorística en el país.

Esta edición, dedicada al aniversario 15 del grupo Etcétera, a los 25 del dúo Caricare, integrado por Onelio Escalona y Mireya Abreu, y al desempeño femenino en el humor cubano, fue ejemplo de la popularidad de este evento que atrae a toda la familia, auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz y el Consejo Provincial de las Artes Escénicas con el objetivo de promover una manifestación tan seria como el humor inteligente.

Fotos Kevin Manuel Noya

En la escena…

El Teatro Eddy Suñol –cuyo aniversario 80 celebró el pasado año con una amplia jornada de programación– fue el principal escenario del evento: la sala principal Raúl Camayd, de dos pisos, y la Sala Alberto Dávalos, acogieron las presentaciones del Satiricón.

Pagola la paga, Kike Quiñones, Carlos Gonzalvo (el profesor Mentepollo), Etcétera, Rigoberto Ferrera, El Portazo, Caricare, el ventrílocuo Narciso Alfonso, La oveja negra y La leña del humor vienen protagonizando desde hace varias ediciones las noches del Eddy Suñol, salvo Narciso Alfonso, Rigoberto Ferrara, por primera vez en el Satiricón, y El Portazo.

Hubo de todo un poco en esta semana humorística en Holguín: espectáculos totalmente nuevos, otros con momentos ya conocidos, sátira, crítica social, parodias… Rigoberto presentó Rigoterapia, donde combina la música en vivo –él al piano como todo un showman– y varios sketch, que lo reafirman como un humorista hábil, capaz de hilvanar como pocos un discurso mordaz –que son varios al mismo tiempo– y sacarnos sonoras carcajadas con temas de nuestra más apremiante cotidianidad. El Portazo, colectivo matancero dirigido por Pedro Franco, presentó El recitalito. No puedo, tengo ensayo, puesta que abordamos con más detenimiento en este mismo sitio.

La oveja negra puso Burogracias; La leña del humor junto a Kike Quiñones presentó Hay que ser pacientes, y Etcétera, anfitrión de la cita, obsequió Contentos empeñados y estrenó aquí, pues ya lo había hecho en La Habana, su espectáculo Bienreídos a mis 15.

Satiricon
Satiricon

Caricare en clave de 25

Si 20 años no es nada, 25 tampoco, parecen decirnos los “muchachos” de Caricare con el mismo ímpetu con que se lanzaron en vuelo kamikaze a la escena hace ya esa cantidad de años. Sí, en vuelo suicida, porque para hacer humor en Cuba –donde es cosa tan seria y al mismo tiempo tan cotidiana, y donde el humorista sufre y goza con los mismos problemas y alegrías de todos– hay que tener literalmente las pilas puestas y recargables. Y porque el humorista en Cuba es una especie de gurú, un líder de opinión.

En ese cuarto de siglo, además de sumar años al calendario, han engordado un poco, y aplatanado en Holguín, pero también han crecido como profesionales del humor, recibido numerosos premios por su trabajo y hasta alguna que otra gira a pueblos hermanos; porque si de algo están seguros Mireya Abreu y Onelio Escalona es que el humor, además de hacernos reír a quijada suelta y olvidar las penas, nos hace mejores personas.

Para ello apuestan por la sátira social y la parodia, apoyándose en lo mejor de la tradición humorística nacional, de la que beben constantemente, y también de la foránea. Su humor subvierte los clichés del género y se encamina hacia un manejo más inteligente de códigos universales, que el espectador enterado puede comprender con soltura. Y quien no los domine, aun así se divierte con las peripecias de Mireyita y Onelio.

Fotos Kevin Manuel Noya

Sus recientes presentaciones en el VII Festival de Humor para Jóvenes Satiricón demuestran que Caricare sigue tan losado e innovador como en los primeros años de fundado. Y lo más importante, el grupo tiene un público que los sigue y agradece sus funciones. No se han cansado, la cotidianidad no los venció, pues Caricare se ha aprovechado de ella –aunque sea difícil hacerlo– para crear nuevos monólogos y sketch.

En espectáculo Chirrín Chirrán, dedicado al actor William Delgado, nos hacen partícipes de un encuentro entre una chimenea y una cigüeña que desean realizar una cooperativa no agropecuaria, lo que les permite trabajar la sátira social; los funerales y las costumbres y peculiaridades de su práctica en Cuba; el ventrílocuo Alexis y su muñeco Mogollón, texto que Eduardo del Llano escribió para el grupo Nos y otros y que Caricare llevó a escena recientemente; una canción protagonizada por peculiares pingüinos; la relación entre un martillo y una puntilla o la despedida de duelo de un “jefe integral”, el entrañable Lalo… En la noche estuvieron acompañados también por el ingenioso ventrílocuo Narciso, “el mejor malabarista del mundo”, y sus peculiares muñecos, presencia que se agradece pues amplía el diapasón de posibilidades del humor.

Satiricon
Satiricon

El que ríe último…

El humor cubano ahora mismo –el Satiricón así lo demuestra– no deja de ser irónico y cortante con cuestiones sociales y hasta políticas de la realidad nacional e internacional, pero al mismo tiempo sigue cargando con varios de sus estereotipos y chichés.

Lo viene haciendo desde siempre, podríamos pensar. Recordándonos que no hay mejor manera de mirar la realidad –mírese la tradición vernácula, la caricatura, el folclore campesino y programas como Alegrías de sobremesa, La tremenda Corte, Detrás de la fachada y el actual Vivir del cuento– a través del prisma de una sonrisa

Si los abandonara –cuestión difícil pues parten de nuestra identidad y de ese choteo cotidiano que nos hace reírnos hasta de nosotros mismos, descrito incluso en la literatura del siglo XIX, un poco antes de que fuera caracterizado por el necesario Jorge Mañach–, quizás no recibiría tantos aplausos como cuando nos reímos del “otro”, el “diferente”. Aunque “el otro” seamos nosotros mismos, estos chistes siguen siendo hilarantes, a pesar de que nos reconozcamos como objeto de burla y pasto de humoristas.

De todo esto –la realidad social y sus idas y venidas, la burocracia, las religiones, la sexualidad, el racismo, la política, el lindo y el feo– se apertrechan nuestros humoristas. Las personas se reconocen en ello y por qué no, también se ríen de sí mismos.

Por tanto, para bien del género y disfrute de todos, el Satiricón seguirá llenando las salas y reafirmándose como uno de los eventos más esperados y aplaudidos en Holguín.