Guiñol


Cuentos del Zoo, una puesta necesaria

La mezcla en escena del trabajo con títeres, con máscaras, trabajo actoral en vivo y coreografías de baile, regaló la Compañía de Teatro Océano con la pieza Cuentos del Zoo, para los niños y los amantes del teatro en general de esta ciudad santaclareña. Entrega muy dinámica y alegre de este Mejunje Teatral resulta sin dudas el libreto de Juan González Ramos, puesto en escena por Irina Aguilar.

Estrenada hace ya dos años, con motivo de los 500 de La Villa de La Habana, la obra es un montaje con retablo y tres personajes que encarnan al personal de un jardín zoológico. Idalmis Ramírez como Campana, José Yasser Alfonso, que interpreta al administrador Amapolo, e Irina Aguilar como Cristina.

foto dorisbel guillén

Ellos cuentan a los niños las peripecias de los animales que allí son expuestos y a los cuales dan vida a través de graciosos títeres. Las subtramas se nutren del folclor clásico. Son acompañadas por fragmentos de melodías tan conocidas como “Lo feo”, de Teresita Fernández, cuyas letras fueron alteradas en consonancia con la trama. Tributa así a la unidad dramática.

“Con este elenco llevamos un año de presentaciones regulares y estamos muy felices porque a los niños les gusta mucho,” dijo Aguiar, en declaraciones para el Portal del Arte Joven Cubano. También precisó que en el guion se incorporan fragmentos de los diferentes libros de texto de lectura de la enseñanza primaria.

Cuentos del Zoo desborda energía, pero no solo divierte y nutre a los niños de sabiduría popular, de buena música y colorido. Por encima de todo se avoca al cuidado de la naturaleza y de los animales. Pero no es un llamado ambientalista más, sino uno entretenido y trascendente. Toca temas como la autoestima, la camaradería, el buen gusto, el racismo, la valoración del otro.

foto dorisbel guillén

Involucra al público con preguntas directas, competencias participativas que se logran sin ruidos en la secuencia de acciones, sin perder la hilaridad de las historias secundarias ni de la trama principal del Zoo. Pues los actores devenidos titiriteros se identifican con su entorno, con los fenómenos tan cotidianos de un zoológico, que despiertan admiración en las personas como, por ejemplo, el acto de alimentar a los leones.

En opinión de Aguilar esto justifica las peripecias que se cometen y se logra una atmosfera que no solo agrada, sino que extrapola a los infantes hacia contextos y mundos de su imaginación. Se le añade un diseño escenográfico atractivo y colorido, con un retablo de recursos minimalista. Títeres de diferentes tamaños y materiales, así como textos ágiles y eficacia histriónica. 

A todo esto, se debe la mezcla de alegría y sobrecogimiento que se quedó entre los espectadores del Guiñol después de la puesta. Pues esta es una obra que continúa dialogando con su público al cerrarse el telón.  


Paradigma o ¡Ay, Shakira!, una puesta para niños reales

Si los niños dijeran todo lo que piensan, valientes cosas nos dirían. Por ejemplo, que se sienten inconformes con el color de su piel y le escriben cartas escondidas a Shakira para que les haga el milagro de un cuerpo curvilíneo y un cabello rubio, con nariz respingada. Al menos, es este el conflicto de Amanda, una niña negra acosada por los paradigmas de la industria cultural, y más específicamente por su compañera de aula.

Alrededor de este argumento gira la trama de Paradigma o ¡Ay, Shakira!, puesta del santaclareño Teatro Sobre el Camino bajo la dirección artística de Rafael Martínez; y que ha sido acogida con ovaciones entre el público infantil y adulto de diferentes escenarios nacionales. Premiada además por un jurado de niños durante el festival Titereando en la ciudad en Guantánamo.

Y es que asistimos a una obra para niños construida desde los cimientos de sus preocupaciones actuales, una tragedia que nos hace reflexionar durante y después de la puesta. A criterio de esta reportera, porque no solo se atreve al abordaje de temas considerados tabúes para el público infantil sino también porque se aleja de tratamientos lastimeros o simplistas; y por nada de este mundo se atreve a subestimar un público tan exigente y exquisito como son los infantes.

Aunque cabe especificar que, según palabras del propio director general, prefieren seguir la línea de hacer teatro para la familia, ya que rara vez los niños pequeños asisten solos a las presentaciones que ofrecen en su sede del Guiñol de Santa Clara, o a las que lleva Teatro Sobre el Camino hasta los parajes del centro de la Isla.

¿Tabúes en el teatro para niños?

Entre los temas que desafían cualquier autocensura y que esta obra toca sin mayores miramientos, se encuentra la muerte. Una vez que la protagónico somete su cuerpo a una cirugía estética para transformarse en la cantante de sus sueños, dueña de una caderas y un rostro y un cabello rubio que ella desea imitar, aunque no sean naturales, porque como dice su amiga “El que no es lindo, que se opere”.

Amanda logra su objetivo, pero muere en la mesa de operaciones. En el segundo acto el alma infantil dialoga con su cuerpo inerte, escucha el llanto de sus familiares y se arrepiente del sacrificio que ha hecho. Pero ya es demasiado tarde.

Pareciera que el paradigma industrial ha ganado a la ideología cuando nos sorprende una escena más de esta tremenda entrega dramática. Se permite una retrospectiva al aula, en donde los niños se preguntan a quién les gustaría parecerse “cuando sean grandes”, y mientras se debaten entre los hermosos ídolos de la moda, el cine o la música, los interrumpe la voz en off de algún jefe de colectivo o destacamento con la tradicional consigna de “Pioneros por el Comunismo…”

“Creo que las niñas y los niños tienen el derecho a que en el teatro abordemos estos temas,” comentó Rafael Martínez, quien escribió este libreto tan necesario como atrevido. “También es responsabilidad de sus padres, maestros y aquellos que de alguna manera intervienen en su educación”, añade.

Otro tema importante al interior de la puesta es la violencia: intrafamiliar y la violencia infantil, específicamente, junto a las conductas patriarcales que atraviesan la sociedad y las familias cubanas. Se trata según Rafael de la forma violenta que tienen algunos adultos de resolver determinadas situaciones y que “van pasando de generación en generación.”

Paradigma o ¡Ay, Shakira! cuenta con un guion preciosista. Los diálogos son manejados con habilidad y la intensidad dramática va increscendo hasta lograr un punto de clímax con la operación de Amanda, y luego anticlímax con el vagar de su alma antes de elevarse definitivamente al mundo espiritual. La escena final ofrece un cierre de lujo, a modo de moraleja de la obra, pero con la apertura conceptual necesaria y el nivel de sugerencia que convierte a Paradigma… en una obra substancial.

Fragmento de la obra Paradigma o ¡Ay, Shakira!, puesta en escena por el grupo Teatro sobre el camino,
de Villa Clara, en el Teatro Eddy Suñol, de la ciudad de Holguín como parte de la oncena edición
del Festival Nacional de Teatro Joven/Foto Carlos Rafael/Archivo del Portal del Arte Joven Cubano

El reparto de Paradigma…

Por su parte los actores manejan los parlamentos con histrionismo y rigor. Además de actuar, interpretan títeres planos, con movimientos en todo su cuerpo. Los títeres en escena carecen de retablo por lo que el espectador también puede incorporar a los titiriteros en el producto final que consume. Ellos: Elizabeth Aguilera Fariñas, Yassier Fabá García y Remberto Clavelo.  

Entre camerinos ofreció declaraciones la actriz, en quien muchos santaclareños reconocen esa especie de estrella naciente, cada vez más lúdica y asertiva sobre las tablas.

“Amanda llega a un extremo, y es una niña. Pero también es un títere. Entonces, ¿cómo descubrir todo eso en la figura y que no haya un divorcio entre lo que uno siente y el títere? Es un trabajo de animación muy difícil que exige mucha atención al proceso psicológico que va pasando esta niña con el transcurso de la obra; agredida por su compañera Cecilia, por sus padres cuando intentan aconsejarla y por ella misma cuando cae en este sueño, en este letargo de lo que puede pasar si decide operarse.”

A su vez, Clavelo, quien interpreta al doctor y al maestro de ambos estudiantes, confiesa que en la concepción del cirujano enfatizó “los rasgos alocados del personaje” porque a los niños también “debemos hacerles reír, aunque le estemos tratando temas tan hondos. “

Elementos que ilustran nuestra nacionalidad, como el folclor yoruba, el uniforme escolar, las enseñanzas martianas y la propia formación marxista en las aulas y que son contrapuestos a las tendencias seudoculturales del momento, la expropiación de símbolos, el bullying y la desobediencia de los hijos. Demostrando que de todo esto se nutre hoy día una mentecilla de cinco, siete y hasta 10 o 15 años de edad, aun en crecimiento. 

El tema de la discriminación racial se superpone a las diferentes subtramas, como problemática fuerte y de gran inmediatez en la sociedad cubana actual. Puesto que oprime y reduce las posibilidades de superación y, por tanto, de empoderamiento, de las personas afrodescendientes. Al abordar sus consecuencias la muerte de la protagonista adquiere un valor simbólico.

Durante todo el espectáculo se utilizan diferentes recursos sonoros de nuestro folclor, otros elementos asociados a la cubanía como el pilón, la usanza del delantal. Para marcar la negritud como una parte substancial de la cultura nacional, que el racismo puede estar matando sin que nos demos cuenta de ello.   Dijo Yassier:

“El mundo se ha encargado de hacer una élite de lo que es bello estéticamente. Y que a un lado lo que demuestra diariamente una persona en su actuar, de conducirse socialmente.”

Considera el director artístico que el bullying en nuestras escuelas y en las del mundo entero siempre ha existido.

“Sus razones pueden ser raciales, económicas, de género e identidad de género. Pero siempre está allí esa persona que se cree más fuerte y abusa de los débiles. La obra alerta sobre este conflicto que en otros países lleva a los niños al suicidio.”

“Es importante que los padres que traen a sus hijos a ver la obra se lleven a casa las inquietudes que plantea. Por ejemplo ––explica Fabá García–– yo soy padre, y algo que aquí te queda claro es que la violencia engendra violencia y debemos alejar a nuestros hijos de esa forma de comportamiento con nuestro propio modelo.”

Por último, el diseño escenográfico se nutre de la fantasía infantil y extrapola esa creatividad para la conformación de un escenario minimalista y conceptual. Explota códigos preestablecidos y que su público conoce como son las señalizaciones del tránsito y los origamis de niños tomados de las manos. Ello refuerza el dialogo entre la pieza teatral y su receptor. “Es una obra muy cubana, y que hace pensar a profundidad nuestro contexto”, resume la actriz Elizabeth Aguilera.

El grupo Teatro Sobre el Camino surgió en diciembre de 2009. Y al decir de la prensa provincial, presentó sus cartas credenciales en la sala Margarita Casallas de Santa Clara con la simpática obra Una cama a domicilio. En los últimos años trascienden presentaciones como Concierto de primavera, con la trovadora Yahily Orozco Gálvez, y Las bebidas son por Pearl.

Paradigma o ¡Ay, Shakira! plantó polémica y expectativas entre los teatristas de Cuba, desde el 2016 cuando participara de una lectura dramatizada en el Festival de Teatro de Camagüey. Se estrenó el año pasado en la ciudad de Santa Clara.

El periódico Vanguardia referencia un artículo de Francisnet Díaz Rondón, titulado “Pasión sobre el camino”, en el cual se describe la agrupación a la vuelta de sus 10 años de la siguiente manera:

“Desde su debut, el espectador encontró una propuesta diferente y atractiva, que otorgó un poco de aire fresco a la escena teatral villaclareña.”


Rumbo a las montañas

Tras el rechazo a los actos de profanación contra los bustos del Apóstol en la capital del país, y la rotunda declaratoria de la esencia martiana que caracteriza la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, los artífices de su trigésima edición partieron desde el céntrico Parque José Martí de esta urbe rumbo a su tradicional periplo artístico por las serranías de este lado del país.

Durante la ceremonia de despedida a los cruzados, Susana Orphe, secretaria del Sindicato Provincial de Trabajadores de la Cultura impuso la Medalla Raúl Gómez García al teatrista Eldys Luis Cuba, por sus veinticinco años de entrega al gremio, mientras la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) confirió el Premio Juglar Honorífico a la actriz Virginia López Arnaud.    

La Casa de José Martí en Zaragoza de España, institución cultural extranjera confirió el galardón «Con todos y para el bien de todos»Â a la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, por mantener viva la obra y legado del Héroe Nacional, agasajo que recibió Emilio Vizcaíno Ávila, director del identitario proyecto artístico.    

La Asociación Hermanos Saíz (AHS), la Dirección Provincial de Cultura, el Comité de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), y la Asamblea del Poder Popular, a igual instancia fueron otras de las organizaciones que se sumaron al reconocimiento de la valía de  este suceso sociocultural con tres décadas de historia.

Esta edición de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa está dedicada al aniversario 167 del Héroe Nacional José Martí, a la enseñanza artística, las cinco décadas de fundado el icónico Grupo Guiñol de la provincia; y en esta ocasión convoca a una veintena de conjuntos escénicos del patio, Cuba y Latinoamérica que llegarán hasta más de 180 comunidades. 

🎶 ¡A Baracoa me voy aunque no haya carretera!🎵🎼 Himno de la #CruzadaTeatralGuantánamoBaracoa que interpretan artistas del patio, de Cuba y el mundo antes de iniciar su periplo artístico y esencialmente martiano por las zonas montañosas de este lado del país por treinta ocasión.#MartíNuestro #HacemosCultura

Publicada por Radio Guantanamo en Martes, 28 de enero de 2020


Cúcara, Mácara, títere es

Los Hermanos Camejo encontraron un camino –su estética, su forma de ser– que después no fue retomado en la creación titiritera nacional. Un camino artístico multidisciplinario que bebió de la interacción con grandes figuras de las artes en Cuba como Raúl Martínez, Abelardo Estorino, Leo Brouwer, Rogelio Martínez Furé, Iván Tenorio, Martha Valdés… y que ha enriquecido el mundo del teatro, el mundo de las figuras. Fueron ellos quienes dinamitaron el ambiente titiritero en la isla, este arte milenario que surgió cuando las sombras del fuego se reflejaban en las cavernas del hombre primitivo, luego con las enigmáticas sombras asiáticas, hindúes… hasta nuestros días.

Rubén Darío Salazar, titiritero-periodista, se ha convertido, junto a su compañía Teatro de Las Estaciones, en vanguardia de la creación artística titiritera cubana. Su trabajo se enrumba hacia el rescate de la dramaturgia del teatro de figuras. Es un niño que juega en cada espectáculo, lo disfruta y nos hace disfrutar porque trabaja “desde la ciudad de Matanzas como si pusiera sus obras en París”, pero además agradece el virtuosismo de los grandes titiriteros, ya que, según nos confiesa, “la vida es también eso, agradecer”.

foto: Ernesto Herrera Peregrino

Rubén es un hombre que “fantasea” con los sueños de otros y que conquista desde su retablillo la superación humana. Es un “joven” díscolo que “donde innova, quiere sentirse como un continuador”, un seguidor de la obra de los grandes titiriteros: de los Hermanos Camejo, de Stanislavski, maestro de la actuación en vivo, o del teatro lorquiano,… siente la necesidad de “compartir, porque eso también te hace crecer”.

¿Cuánto toma Las Estaciones del teatro iniciático de títeres de los Hermanos Camejo?

Lo primero que quise hacer cuando comencé en el teatro de títeres fue saber sobre qué terreno estaba pisando. Una vez me encontraba en Francia con una amiga rumana, Margarita Niculescu, y me pregunta por los hermanos Camejo, y yo solo tenía una referencia leve sobre el Guiñol Nacional en los años 60. Ahora son una referencia potente para mí.

Algunos profesores me hablaban de ellos, pero no de la impronta que tenían y creo que fue resultado de años de silencio, pero eso me dejó muy curioso. Al llegar a Cuba comencé a investigar y a descubrir que estaba sobre “cadáveres exquisitos”, pues eran gente que habían hecho a Fernando de Rojas, a Zorrilla… y me di cuenta, además, que mi profesión era de nivel y que estaba siendo continuador de algo inalcanzable. Me sentía orgulloso de saber que tenía un linaje potente.

Esa fue mi vida hasta la publicación, en conjunto con Norge Espinosa, del libro sobre la historia del teatro guiñol en Cuba, pues habíamos entregado al país, a mi profesión, un legado testimonial, gráfico, investigativo; y entonces me sentí titiritero con orgullo.

Las Estaciones – Un niño llamado Pablo. /Foto: Sonia Almaguer, cortesía de Las Estaciones.

Yo fui una persona antes del libro y otra después. Carucha ya no estaba viva cuando el libro fue impreso, pero sí estuvo en el proceso de creación y estaba al tanto de lo que sucedía con su arte en la isla. Desde entonces, para salvaguardar su legado, el concurso Uneac se llama Hermanos Camejo, y mi sala lleva el nombre Pepe Camejo…

Tengo en mi proyecto creativo ese vínculo que da la investigación y he hecho muchas obras que ellos hicieron: El patico feo, La caperucita roja, Pinocho, La caja de los juguetes… porque su teatro tenía un componente clásico y famoso que le aporta mucho a lo que hago.

Me llama la atención revisitar ese repertorio que ellos hicieron y saber por qué lo hacían, qué tenía de interesante y atractivo. Era meterme en esa camisa y ver qué se sentía, y se sentía bien difícil, pero no imposible, porque en ellos encontré el sentido esencial de la cubanía. Asumir el riesgo de comenzar un proyecto exploratorio de su obra y no tenerlo todo tan claro, tener algunas zonas de misterios que uno debe ir conquistando, eso es lo importante.

Las Estaciones – Un niño llamado Pablo. /Foto: Sonia Almaguer, cortesía de Las Estaciones.

 Sobre todo aproveché la experiencia que ellos asumieron de trabajar con personas como Leo Brouwer, Martha Valdés, Miriam Ramos, Iván Tenorio, Raúl Martínez, y eso era el completamiento de la profesión, era enriquecer la profesión, y es lo que yo también he hecho al trabajar con la soprano Bárbara Llanes, con el trovador William Vivanco, el cineasta Marcel Beltrán, con el pintor Alfredo Sosabravo, porque las buenas influencias hay que defenderlas, asumirlas y superarlas, y en eso estamos, porque la superación lleva tiempo.

 Acompañar la obra de los Camejo, defenderlos, continuarlos, es para mí es un ejercicio tremendamente hermoso.

¿Cómo asume Rubén Darío el “atrevimiento consciente” del teatro de figuras para adultos?

El mundo entero, o casi en su mayoría, a nivel artístico respeta y tiene consideración por el teatro de figuras, que es una potencia artística en cuanto a los elementos que utiliza. Ver el espectáculo de El Rey León de Julie Taymor con un nivel artístico y tecnológico impresionante, óperas como La isla encantada o Alicia en el país de las Maravillas, del Royal Ballet, que son espectáculos concebidos con títeres grandísimos obrados por los mismos bailarines, es un riesgo consciente creativo que se tiene que asimilar, que se debe probar…

Desconocer hoy el títere para adultos es como perderse una gran parte de la teatralidad rica e imaginativa que tienen los muñecos; y creo que ha sido un proyecto que no he querido abortar nunca y por eso me he tomado mi tiempo. Además, para este tipo de teatro se debe trabajar mucho y, además, equivocarte trabajando.

 Para eso hay que investigar, enamorar al colectivo con el cual trabajas para que sueñen contigo, para que viajen en ese mundo infinito de los títeres.

Las Estaciones protege las tradiciones del teatro para títeres, pero al mismo tiempo asume las técnicas de animación más experimentales y novedosas. Hablemos de dos cuestiones que no necesariamente tienen que contraponerse: tecnología y asiduidad al teatro.

Con la tecnología la tenemos difícil, competir con eso es casi imposible. He visto muchos espectáculos donde existe un derroche de tecnología y he quedado anonadado. En esos mismos espacios he presentado espectáculos donde los más adelantado ha sido la luz negra, que es de los años 50, y otros elementos convencionales como títeres planos, sombras, máscaras… y nos han elogiado mucho el hecho de presentar un espectáculo artesanal en medio de un espacio donde se presentan obras totalmente auxiliadas por la tecnología.

foto: Ernesto Herrera Peregrino

A veces quisiera contar con la tecnología para hacer cosas nuevas, pero a la vez la tecnología se come al ser humano y crea para su vida cosas que él pudiera crear de manera natural. El punto está en aprovechar lo hermoso que tiene el títere artesanal, lo tradicional.

La tecnología hay que asumirla poco a poco en la medida que puedas tenerla realmente. Esta es una especialidad de riesgos, sueños, investigación; de esa forma podrás lograr cosas que ni te imaginas. En las contradicciones a nivel creativo va el riesgo de equivocarte o acertar, y para suerte nuestra, hemos acertado bastante, porque hemos trabajado y experimentado mucho.

Teatro de Las Estaciones se mantiene a la vanguardia del teatro de figuras en la isla, con un estilo inconfundible y una límpida e irrepetible iconografía. ¿Cómo asume este reto?

Siempre que escucho la palabra vanguardia para referirse a Las Estaciones siento que el pecho me palpita porque es un compromiso bastante grande mantenerse a la vanguardia, pues significa mantenerse joven eternamente.

Los premios que hemos alcanzado han sido un resultado muy subjetivo de un jurado muy real, pero también hay que aprender que siempre no se puede tener un galardón en la mano, que cuando no lo tienes debes luchar por alcanzarlo.

Viajar también ha sido un privilegio para Las Estaciones, y eso lo hemos aprovechado. Además, nos mantiene en la vanguardia nuestras aproximaciones a la danza, la pintura, la música, el cine, el circo… Pero el teatro de adultos con actores te da también una coordenada diferente que te permite no enraizarte sobre ciertos patrones preestablecidos.

Pero lo que nos hace vanguardia es también no subvalorar nada y tomar de diferentes estéticas teatrales. Ser vanguardia es no aferrarte a nada y conocerlo todo del teatro de figuras, es ser auténtico en lo que haces. Pero lo más importante, es saber sentarte y levantarte y saber saltar, ver el mundo a distancia y verlo también de cerca, porque para la vanguardia no hay fórmulas, y también saber que la vanguardia dura poco.

Las Estaciones – Un niño llamado Pablo. /Foto: Sonia Almaguer, cortesía de Las Estaciones.

Es también exploración de la cubanidad…

No imaginas cuánto… Yo le debo a Dulce María Loynaz hacer un espectáculo con el Bestiario que ella escribió cuando adolescente, son poemas perfectamente representables. Le debo a Eliseo Diego hacer teatro con sus cuentos y sus poemas. Le debo de alguna manera a Virgilio Piñera hacer una Electra Garrigó con títeres. En el mundo de lo “cubano” todavía hay cosas que estoy dispuesto a realizar y defender, y de ese cocinar constante salen las obras más bellas, aunque decididamente la vida no me alcanzará para hacer todo lo que sueño.

¿Cómo logra la fusión del muñeco del retablo con la presencia en vivo del actor?

Stanislavski creo que le puso un reto al actor: actuar bien en vivo, y eso marcó a la profesión, la mezcla de un buen actor y un buen titiritero, son cosas que no pueden estar en contradicción, y si no eres buen actor, difícilmente serás buen titiritero.

Puedes manipular bien y lo harás brillantemente, pero vas a tener que salir en algún momento fuera y contactar con el público, intercambiar, y tienes que hacerlo bien.

 Hay que demostrar siempre que los titiriteros no somos menos y que somos excelentes actores y titiriteros. La esencia está en saber aplicar una cosa en la otra.

El actor titiritero debe disfrutar con el títere, lo que no es sinónimo de robarse el protagonismo del muñeco, la gracia está en creerte que el muñeco existe y es quien te está hablando. Hay que tener, además, una imaginación poderosa y eso, yo se lo robo a los niños, porque mantienen una organicidad tremenda cuando juegan y creen en la animación de los objetos como si fueran de verdad. Ellos son los mejores maestros.

foto: Ernesto Herrera Peregrino

La imaginería literaria de Norge Espinosa siempre se desdobla ante el público a través del títere de Teatro Las Estaciones, entre ellas la multipremiada obra Por el Monte Carule… ¿Qué simboliza este acercamiento a Bola de Nieve en la trayectoria de Teatro …?

Uno tiene figuras en la vida que va conociendo y te van moviendo el alma; uno es Martí, que siempre vuelvo a él. Otra figura es Lorca, que leerlo es único, y ya he hecho cuatro espectáculos sobre sus textos.

Dora Alonso, otra figura que conocí, con la que compartí, amé y amo todavía. Y está también Bola de Nieve, un artista completamente titiritero, oírlo cantar es como oír a un títere. Las letras de sus canciones son un retablillo.

Ese es un espectáculo (Por el Monte Carule) dedicado a Raquel Villa, hermana del Bola, a quien conocí y quien nos acompañó en el público en una de las puestas.

Las Estaciones – Un niño llamado Pablo. /Foto: Sonia Almaguer, cortesía de Las Estaciones.

El Bola es muy rico de interpretar por sus fraseos y sus interpretaciones en inglés, francés, italiano y hasta en chino. En la cultura cubana hay personajes perfectamente representables en el mundo de los muñecos y hay que enmarcar bien la mirada en esos personajes para representar, para promocionar, porque el teatro no puede ser algo estático, tiene que promover otras cosas.

Con la representación del Bola le estás legando al mundo un diapasón grandísimo de la cultura cubana y al mundo del títere, porque el retablo es para aforarse, no para ocultarse, y el retablo de Las Estaciones nunca ocultará nada, porque no podemos ir por la vida ocultando sensaciones, ni inspiraciones, hay que compartir con los demás lo que te hace palpitar, es de alguna manera, quizás una utopía, la forma de que no te olviden.

Hablemos del Taller Internacional de Títeres de Matanzas con más de dos décadas de creado…

Si realmente crees en el arte titiritero tienes que crear un espacio donde confluyen referencias mundiales para el desarrollo de este arte en la isla. Cómo puedes exigirle a la gente desarrollo y crecimiento si no le facilitas, en mi caso que conozco a grandes personalidades, esa experiencia.

 Durante muchos años luché para que viniera Fabrizio Montecci, uno de los grandes directores del teatro de sombras en el mundo, para que enseñara este arte en Cuba, pues lo traje y lo compartí con mis compañeros. Y el taller es eso, un espacio para dialogar, compartir, conocer, difundir… Es también abrir un proyecto como “Nuevos rostros del títere cubano”, para jóvenes de 18 a 35 años, básicamente proyectos working in progress de jóvenes interesados en hacer teatro de figuras.

El Taller abre también una zona para la Unión Internacional de Marionetas (Unima) y la proyección de documentales y otros materiales relacionados al arte titiritero.

¿Cree que el teatro para títeres en estos momentos es subvalorado?

Siento mucha lástima de las personas que lo subvaloran, porque es desconocimiento. No me gusta cuando mis colegas lo maltratan y no se dan cuenta de que el primer responsable de que el arte no se valore es el artista, ahí está el secreto.

Si tú no te quieres a ti mismo, nadie te querrá, sino te respetas, nadie te respetará. El arte debe superarse y el éxito de uno está en uno mismo, porque la vanguardia, esa que tanto me atemoriza por efímera, es siempre inabarcable.

Las Estaciones – Un niño llamado Pablo. /Foto: Sonia Almaguer, cortesía de Las Estaciones.

Si Rubén reencarnara en uno de sus personajes, si tuviera la oportunidad de insuflarle vida a uno de sus títeres, en cuál lo haría… ¿Qué personaje interpretaría a Rubén Darío?

La pregunta del siglo… No tengo hijos, mis hijos son mis muñecos y los quiero a todos por igual. Tal vez en término fantasioso y metafórico, si reencarnara en alguno, me encantaría ser Pelusín del Monte y tener una abuela como María Pirulín que me hiciera boniatillo, dulce de frutabomba y mantecados, que la molestara y ella me devolviera con besos y décimas.

Me gustaría poder entrar en esa imaginería fabulosa que Dora Alonso logró trasmitirle a un niño como Pelusín sin existir. Eso es una mentira entre comillas, quien conoció a Dora Alonso, sabe que Pelusín era Dora: sin miedo a nada, osada, simpática, dicharachera.

Es que uno es también un personaje, no hay que olvidar que estamos en el gran retablo del mundo. Pienso que debo ser un títere bastante díscolo, pues siempre estoy creando y haciendo cosas. Y quisiera ser todos mis personajes, quiero vivir una vida: hoy Federico, y mañana Martí, luego Bola de Nieve, seguidamente Dora Alonso… Es que soy un personaje, un personaje que me disfruto mucho.