guerra cultural


Notas sobre resistencia cultural y creación artística (Espacio Dialogar, dialogar + fotos)

Agradezco a los organizadores la invitaci√≥n. Es un lujo que la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z mantenga un espacio como este que nos permite pensarnos y que tambi√©n, de muchas maneras, nos confronta. ‚ÄúDialogar, dialogar‚ÄĚ naci√≥ para rendir tributo a Alfredo Guevara y quiero recordarlo a √©l hoy de manera especial, en este lugar que fue tambi√©n su casa y la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano porque √©l as√≠ lo quiso.

El tema que la AHS nos invita a debatir esta vez propone entre otros el an√°lisis de los v√≠nculos entre resistencia cultural y creaci√≥n art√≠stica. Intentar√© aqu√≠ un acercamiento preliminar a partir de mi experiencia profesional en la cual confluyen mi trabajo con teatr√≥logo y mi desempe√Īo como director del Programa de Estudios sobre Culturas Originarias en la Casa de las Am√©ricas.

No obstante, necesariamente, debo mencionar antes la resistencia popular que emerge en la regi√≥n ‚Äďen Ecuador y Chile‚Äď como respuesta a la desfachatez del neoliberalismo y tambi√©n la resistencia ind√≠gena que se levanta frente a ese terror√≠fico Golpe al Estado Plurinacional de Bolivia que ha remontado el proyecto colonial, excluyente, racista y fundamentalista de la conquista. Lo que ocurre hoy en Ecuador, Chile, Bolivia y ahora tambi√©n en Colombia no solo nos obliga a expresar nuestra condena a las fuerzas coloniales represoras y nuestra solidaridad con los pueblos que luchan, sino que nos exige estar atentos y pensar-obrar-sentir sin ingenuidad.

Al abordar el tema de la resistencia cultural lo primero que salta a la vista es la necesidad de comprender a fondo la diversidad de actores y contextos que hacen parte de los dis√≠miles procesos en los que esta aparece como una imperiosa necesidad de subsistencia. Ello nos permite evaluar la complejidad que entra√Īa usar una noci√≥n que, como explicara N√©stor Garc√≠a Canclini, en un texto publicado hace ya casi una d√©cada, ‚Äúes una de las m√°s gastadas y menos analizadas en la ret√≥rica cr√≠tica‚ÄĚ (2010).

Hoy, si bien sigue siendo una noci√≥n poco estudiada es, adem√°s, uno de los t√©rminos apropiados por la derecha ultraconservadora e imperial para sustentar ama√Īados procedimientos de subversi√≥n. Lo anterior obliga a poner apellidos a los procesos de resistencia siendo aquellos que enfrentan la hegemon√≠a colonial-neoliberal los que en particular me interesan.

En estos tiempos las pr√°cticas revolucionarias y descolonizadoras operan en un mundo en el cual, mediante la fuerza, pero tambi√©n con la puesta en marcha de estrategias muy sofisticadas de ‚Äúcolonizaci√≥n del deseo‚ÄĚ (Rolnik, 2019), se prefiguran escenarios ‚Äďparques tem√°ticos‚Äď para canalizaci√≥n sectorializada de la necesidad humana de expresar disenso.

Estos compartimentos estancos, que nos obligan a enfocarnos en temas espec√≠ficos al tiempo que invisibilizan otros, buscan estandarizar los comportamientos, controlar las reacciones y conducir la atenci√≥n de los individuos ‚Äďindividuos cada vez m√°s individualistas‚Äď, hacia zonas alejadas de los fundamentales conflictos del mundo.

En estos sitios est√° permitido ejercer, dinero en mano, la √ļnica libertad posible: comprar, consumir. Lo ignoran algunos, pero, en verdad, formamos parte del ciclo que no solo nos hace devenir consumidores, sino que acaba transform√°ndonos en mercanc√≠a, de modo que nuestra vida, como la del antiguo S√≠sifo, es reducida a una puesta en escena en la que permanentemente nos vendemos a nosotros mismos. Siguiendo esa l√≥gica, podemos decir con claridad que la cultura de nuestro tiempo, que es la de un capitalismo neoliberal despiadado, se caracteriza por la manipulaci√≥n a gran escala de las subjetividades ‚Äďindividuales y colectivas‚Äď, a trav√©s de muy sutiles e infinitamente diversificadas t√°cticas de dominaci√≥n que operan mediante la exaltaci√≥n de un ego√≠smo autof√°gico y sadomasoquista. Vivimos sumergidos y ahogados en un mundo que, al decir de Homi Bhabha, da ‚Äúa la cotidianidad alienante un aura de individualidad, una promesa de placer‚ÄĚ (2007).

No es raro entonces que cualquier v√≠a que socave, aunque sea en muy peque√Īa escala, los fundamentos de esa cultura global que estandariza, unifica y quiebra todo v√≠nculo con las esencias humanistas, sea asediada de la manera m√°s acerba por el imperialismo y sus √©lites locales y trasnacionales o glocales, como algunos prefieren decir.

La justicia social, la solidaridad, la reciprocidad, la complementariedad ponen en crisis el sistema totalitario y homogeneizante y escapan de la lógica del carpe diem. La reemergencia de paradigmas alternativos al neoliberalismo, basados en las propias estrategias de resistencia de los pueblos, y el despliegue con éxito de procesos sociales de matriz descolonizadora, han puesto a funcionar la vieja maquinaria del exterminio, siempre engrasada. El golpe de estado en Bolivia viene a ratificar esa práctica en un subcontinente donde el descontento popular y su expresión ciudadana colectiva crecen y se fortalecen considerablemente.

La creaci√≥n de un nuevo ej√©rcito de evang√©licos fundamentalistas trae a escena al mismo protagonista con id√©ntico objetivo: divide y vencer√°s. Pero nada de esto es nuevo, esa es la l√≥gica tras las sucesivas conquistas de Abya Yala, y, claro est√°, la que sostiene por casi 60 a√Īos un despiadado bloqueo contra nuestro pa√≠s.

Entiendo la resistencia cultural como la acción-reflexión descolonizadora y despatriarcalizadora, que visibiliza, de manera dialéctica, las tramas subterráneas de la homogenización neoliberal y busca quebrar desde las macropolíticas, pero también desde las micropolíticas, las estructuras y las narrativas de la dominación imperialista.

No hay dudas de que es esta una batalla que se da fundamentalmente a nivel de subjetividades porque una de las tareas cardinales de esa maquinaria es ocultar los conflictos de clase, g√©nero y tambi√©n los que resultan de los procesos coloniales de racializaci√≥n. Por ello algunos investigadores hablan en la actualidad de la ‚Äúinvenci√≥n de los pobres de derecha‚ÄĚ como uno de los productos m√°s exitosos del capitalismo de estos tiempos, consumidores sin conciencia de clase y sin voluntad transformadora.

Desde luego que si la estrategia es individualizar hasta la máxima expresión posible el mejor antídoto sería constituirse y fortificarse en comunidad, robustecer los lazos y redes que nos hacen uno con el otro y proteger, a lo interno, las dinámicas naturales de la diversidad, de modo que no sean utilizadas para desmontar las bases de una alianza que no ha de tener más aglutinante que la necesidad de defender la vida, de todos y todas, y el territorio donde esa vida se reproduce. Pienso, por ejemplo, en la resistencia de los pueblos indígenas del continente, avasallados permanentemente en la más absoluta invisibilidad y masacrados con las armas, la biblia, los virus, el dinero, el alcohol…

Son, sin duda, los pueblos originarios los que más genocidios y espistemecidios han resistido y de quienes más debemos aprender. Su unidad como pueblos radica quizás en un  hecho que no debemos olvidar. Para los indígenas la tierra es un ente vivo con la que estamos íntimamente relacionados, de modo que comunidad y territorio son una misma entidad no ya desde el punto de vista simbólico, sino también de manera muy concreta.

Si pensamos en la creación artística desde esta perspectiva coincidiríamos, tal vez, en que aquellas obras que contribuyen a la cohesión de la comunidad y a la afirmación de su identidad en un territorio determinado hacen parte de una cultura de resistencia frente al tsunami homogeneizador que individualiza y divide. Sin embargo, hay que ser conscientes de que no basta con sostener y enarbolar ese propósito.

Una obra de arte no es solo resultado de la voluntad del artista sino tambi√©n de un conjunto de din√°micas institucionales diversas ‚Äďel propio creador tambi√©n lo es‚Äď y podr√≠a reproducir las estructuras e incluso los mensajes de dominaci√≥n, o en peor de los casos contribuir a la afirmaci√≥n de estos por un efecto de rebote. Es lo que suele pasar con el panfleto, con las obras que ‚Äúdenuncian‚ÄĚ generalizando y con mucha creaci√≥n-propaganda que acaba repitiendo las mismas f√≥rmulas del melodrama, por ejemplo, y arrastrando, m√°s bien empujando, a los lectores-espectadores con entusiasmo militante al campo enemigo.

No existe la cultura de resistencia sin el arte crítico, capaz de proponer al lector-espectador una estrategia activa de análisis de su realidad, una actividad que en lugar de adormecerlo lo desperece e involucre. Pienso en Bertolt Brecht y en su concepción del teatro épico que no descarta la diversión, pero aspira a una productividad, la cual no puede realizarse sin un creador con sentido crítico y con una intención definida. Al respecto dice Brecht:

Sin criterios y sin intenciones es imposible realizar verdaderas representaciones. Sin saber, es imposible mostrar. ¬ŅY c√≥mo saber lo que vale la pena saberse? Si el actor no quiere ser ni un papagayo ni un mico debe hacer suyo el saber de su tiempo sobre la convivencia humana, participando en la lucha de clases. Es posible que a alguno le parezca esto rebajarse, ya que -una vez que ha quedado establecido lo que va a cobrar como actor-, coloca al arte en las m√°s sublimes esferas.

Pero las decisiones supremas del g√©nero humano se conquistan en la tierra, no en el √©ter; en el ‚Äúexterior‚ÄĚ y no en los cerebros. Nadie puede estar por encima de la lucha de clases, ya que nadie puede situarse por encima de los hombres. La sociedad no posee ning√ļn altavoz com√ļn mientras siga dividida en clases que se combaten. En arte, ‚Äúpermanecer imparcial‚ÄĚ significa ponerse del lado del partido ‚Äúdominante‚ÄĚ (1998).

La pregunta ‚Äú¬ŅY c√≥mo saber lo que vale la pena saberse?‚ÄĚ de Brecht me lleva a pensar en la necesidad de pedagog√≠as decoloniales, las cuales al decir de ¬†¬†Catherine Walsh, son entendidas como:

(‚Ķ) las metodolog√≠as producidas en los contextos de lucha, marginalizaci√≥n, resistencia (‚Ķ) lo que Adolfo Alb√°n ha llamado ‚Äúre-existencia‚ÄĚ; pedagog√≠as como pr√°cticas insurgentes que agrietan la modernidad/colonialidad y hacen posible maneras muy otras de ser, estar, pensar, saber, sentir, existir y vivir-con (2013).

Solo la voluntad de descolonizaci√≥n y de emancipaci√≥n que implica la puesta en pr√°ctica del pensamiento cr√≠tico y de una acci√≥n transformadora que vaya m√°s all√° de la resistencia misma para ‚Äúproducir modos de subjetivaci√≥n originales y singulares‚ÄĚ (2015), puede activar una creaci√≥n desregularizada capaz de transparentar los mecanismos de control, problematizar la existencia y poner a funcionar el tejido social en funci√≥n de ese equilibrio del mundo del que hablaba Mart√≠, o del ‚Äúbuen vivir‚ÄĚ andino. Parecer√° raro, quiz√°s, que yo hable de buen vivir aqu√≠, ahora que los dos pa√≠ses que han constitucionalizado ese principio ind√≠gena en el continente enfrentan una profunda crisis de paradigmas producto de la embestida neoliberal y la traici√≥n, porque sobre todo traidores hay en esta historia.

En realidad lo hago por la diferencia esencial entre la idea comunal de vivir bien, en equilibrio y armonía con el otro y con el ambiente, la madre tierra o la Pachamama si lo decimos en quechua o en aymara, y el vivir mejor que implica que algunos vivan mejor que otros, o sea que unos tengan más, acumulen más.

Pienso en el ayllu, la comunidad originaria andina, y pienso en la din√°mica creadora del teatro de grupo latinoamericano que, afincado en el deseo de construir una comunidad ut√≥pica para la comprensi√≥n y expresi√≥n de nuestras realidades, ha propuesto, fundamentalmente a partir de la segunda mitad de siglo xx, un sinn√ļmero de experiencias de convivio que radicalizan la necesidad del ser humano de confrontarse en vida con el otro, interrogar nuestras realidades e interrogarnos.

Ese teatro vivo, inquietante, crítico, incómodo, distinto del drama culinario o antiespasmódico, que junta, en el caso de nuestra América, la práctica de Brecht con la del loco Antonin Artaud, ese amigo íntimo de Alejo Carpentier, que viajó a México para encontrar en los rarámuris o tarahumaras una conexión con la vida, humana y cósmica, que no existía en el París de la primera mitad de siglo. Ese quehacer efímero, pero orgánico, constituye un extraordinario reservorio de  escenarios y experiencias de resistencia.

Habría que mencionar sin duda el quehacer de figuras como Atahualpa del Cioppo, Enrique Buenaventura, Santiago García, Antunes Filho, Vicente Revuelta, Miguel Rubio y Flora Lauten, el trabajo de los grupos que ellos fundaron. Más acá en el tiempo y centrándome en Cuba podríamos mencionar a Nelda Castillo, Carlos Díaz, Carlos Celdrán, Rubén Darío Salazar, Fátima Paterson, como hacedores de una práctica siempre cuestionadora y revulsiva de esa realidad compleja que muchas veces se muestra en blanco y negro, perfecta o imperfecta, y que las obras de estos creadores discuten, porque nos obligan a abandonar nuestra zona de confort y a dirigir nuestra mirada hacia lugares incómodos de los que solemos apartar los ojos y la mente.

Obviamente, no toda creación teatral participa per se de esa cultural de resistencia, sin embargo, creo que en el teatro como manifestación se dan las bases para que esa cultura se exprese. Jorge Dubatti, un notable crítico y teórico argentino, nos recuerda:

(…) que el punto de partida del teatro es la institución ancestral del convivio: la reunión, el encuentro de un grupo de hombres en un centro territorial, en un punto del espacio y del tiempo. (…)  En tanto convivio, el teatro no acepta ser televisado ni transmitido por satélite o redes ópticas ni incluido en Internet o chateado. Exige la proximidad del encuentro de los cuerpos en una encrucijada geográfico-temporal, emisor y receptor frente a frente (…) (2007).

En la reuni√≥n de esa comunidad reflexiva que el mejor teatro activa me gusta ver un conjunto de claves que necesitamos comprender. La primera, no estamos solos. La segunda, no somos el centro del universo. La tercera, estamos realmente vivos, no somos zombis, podemos impedir ser convertidos en zombis, quiz√°s, si el mal ha avanzado demasiado, podemos incluso dejar de serlo. ‚ÄúQue nos vean la vida‚ÄĚ, dec√≠a Mart√≠ a sus colaboradores del Partido Revolucionario Cubano, y es recomendaci√≥n totalmente vigente y lo ser√° a√ļn en este mundo atestado de muertos vivientes, gente hastiada, malgeniosa, amargada que se cruza en nuestro camino diariamente y que a veces se convierte en el camino mismo.

La cultura del mundo occidental actual impone el miedo al otro y propone la soledad del corredor de fondo como salida o refugio. El teatro que prefiero rompe ese aislamiento, busca complicidades y, aunque presente las cosas m√°s terribles, esclarece y conjura, dos cosas que arte en resistencia est√° obligado a hacer.

Meyerhold y Vajtangov, ambos disc√≠pulos de Stanislavki, sol√≠an decir, a contrapelo de los postulados de su maestro, que en el teatro el √ļnico estado posible era la alegr√≠a (Ver Meyerhold, 1988 y¬† Gorchakov, 1962). S√© que hay mucha gente enojada que ha hecho grandes obras que nos ense√Īan mucho sobre los fracasos del ser humano, pero creo que la mejor de las batallas es la que se combate usando, lo que refiri√©ndose a Mart√≠, Fina Garc√≠a Marruz denomin√≥, ‚Äúel amor como energ√≠a revolucionaria‚ÄĚ (2004).

No s√© si el amor de Mart√≠ es exactamente el mismo de los Beatles ‚Äď por aquello de ‚Äúall you need is love‚ÄĚ‚Äď‚Äď pero s√≠ estoy seguro de que es el mismo estado que Meyerhold y Vajtangov llama alegr√≠a, un estado que congrega en la disposici√≥n a actuar, que conmina a hacer lo que hay que hacer. El amor y la alegr√≠a, no solo son las armas de la resistencia, son las herramientas de la resiliencia, los motores de la acci√≥n transformadora que se necesita, sea cual sea la escala de esa metamorfosis.

Porque podemos asumir que hemos perdido la guerra cultural o seguir pelando, sin odios como tambi√©n dec√≠a Mart√≠ ‚Äď en frase que, por cierto, ha sido recordada recientemente por un autoproclamado maestro de democracias‚ÄĒ, sin odio, s√≠, ‚Äúpero ‚Äďy vuelvo a Mart√≠‚ÄĒ ni una l√≠nea atr√°s de nuestro absoluto derecho‚ÄĚ (en Garc√≠a Marruz, 2004). Qu√© es digo yo el derecho fundamental, obvio, a la vida.

Vivir una cultura de resistencia nos exige no dar nada por sentado, preguntarnos una y otra vez con qué espejuelos miramos el mundo, desmontar el colonialismo internalizado en nosotros mismos y a interactuar conscientemente con los demás, lectores, espectadores, y también con el resto de las instituciones no para afincar nuestro ego, sino para disolverlo en esa acción que transforma y construye. No será fácil claro, habrá traiciones, distorsiones, derrotas, y aprenderemos de ellas si estamos en vida y no nos dejamos matar.

En su √ļltimo ensayo, Roberto Fern√°ndez Retamar, a quien no puedo dejar de recordar si se habla de creaci√≥n y resistencia porque a √©l debemos ese Caliban nuestro americano, que sigue siendo una extraordinaria met√°fora de la potencia emancipadora y descolonizadora que hay que preservar, propon√≠a una interrogante que hoy, si miramos a Bolivia o a Hait√≠ es a√ļn m√°s pertinente. Se preguntaba el poeta:

¬ŅQu√© destino es dable esperar, para un mundo sumido de modo creciente en la barbarie, de quienes, mientras consideran inferiores a etnias que no son la suya y como tales las tratan (as√≠ hab√≠an actuado los nazis), niegan cosas tan obvias y tan peligrosas para todos, incluso desde luego para los Estados Unidos, como el calentamiento global?

‚ÄúA pesar de la respuesta que al parecer se impone ‚Äďpropon√≠a el autor m√°s adelante‚ÄĒ volvamos a confiar en la esperanza‚ÄĚ (2019).

El amor de Martí, la alegría de los directores de teatro rusos y la esperanza que siempre invocaba Retamar soy hoy mis calves para entender la resistencia. Confiemos en los pueblos y asegurémonos que estamos del lado de los que aman y construyen esa sociedad más justa que traerá, en palabras del paradigma indígena andino, el tiempo del Buen Vivir.

 

Referencias bibliogr√°ficas:

Bhabha, Homi K. (2007). El lugar de la cultura. Manantial. Buenos Aires.

Brecht, Bertolt (1998). ‚ÄúPeque√Īo √≥rganon para el teatro‚ÄĚ, en¬†Conjunto, No. 110, julio-septiembre, La Habana, pp. 4-16.

Dubatti, Jorge (2007). Filosofía del teatro I, Atuel, Buenos Aires.

Fern√°ndez Retamar, Roberto (2019).‚ÄĚNotas sobre Am√©rica‚ÄĚ, en¬†Casa de las Am√©ricas, No. 294, enero-marzo, La Habana, pp. 27-37

Garc√≠a Canclini, N√©stor (2009).¬†‚Äú¬ŅDe qu√© hablamos cuando hablamos de resistencia?‚ÄĚ, Estudios visuales: Ensayo, teor√≠a y cr√≠tica de la cultura visual y el arte contempor√°neo, No 7, Espa√Īa, pp. 15-36.

García Marruz, Fina (2004). El amor como energía revolucionaria en José Martí, Centro de Estudios Martianos, La Habana.

Gorchakov N. (1962). Lecciones de Regisseur por Vajtangov. Editorial Quetzal. Buenos Aires.

Guattari, Féliz y Rolnik, Suely (2015). Micropolíticas. Cartografías del deseo, Casa de las Américas, La Habana.

Meyerhold, V. E. (1988). El teatro teatral. Arte y Literatura, La Habana.

Rolnik, Suely (2019). Esferas de Insurrección: Apuntes para descolonizar el subconsciente, Tinta y Limón Ediciones. Buenos Aires.

Walsh, Catherine (Ed) (2013). Pedagogías decoloniales. Prácticas insurgentes de resistir, (re)existir y (re)vivir, Abya Yala, Quito.

* Versi√≥n de las palabras le√≠das en el Encuentro ‚ÄúDialogar, Dialogar‚ÄĚ convocado por la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z bajo el tema Creaci√≥n y resistencia. La cultura de nuestro tiempo‚ÄĚ. El encuentro se realiz√≥ el 27 de noviembre de 2019 en el Sal√≥n de Mayo del Pabell√≥n Cuba con la conducci√≥n de Yasel Toledo Garnache y la participaci√≥n de Abel Prieto Jim√©nez y Gisselle Armas.


Los jóvenes cubanos siempre cantarán a la paz

La jornada juvenil por la paz y contra el bloqueo tendrá lugar el sábado 21 de en el Pabellón Cuba, sede de la Asociación Hermanos Saíz, donde cientos de jóvenes se unirán para, desde el arte, continuar luchando por un mundo mejor para todos.

Obras ganadoras del concurso Un mundo de paz es posible, auspiciado por la Asociaci√≥n Cubana de Comunicadores Sociales, integrar√°n la exposici√≥n que ser√° inaugurada a las 2:00 P.M. como una de las acciones convocadas por la AHS, las federaciones estudiantiles de la Ense√Īanza Media y Universitaria, el Movimiento Juvenil Martiano y la Brigada de Instructores de Arte Jos√© Mart√≠, para celebrar el D√≠a Internacional de la Paz y contribuir a la Campa√Īa Nacional contra el Bloqueo.

Los jóvenes cubanos, representados en las organizaciones estudiantiles y culturales, expresaremos el rechazo al fortalecimiento de la política de Estados Unidos hacia Cuba, agudizado con la administración de Donald Trump, refirió Aymeé Pujadas Clavel, de la Asociación Cubana de las Naciones Unidas, organización que también se suma a la convocatoria.

Agregó que la jornada por la paz es también un grito contra la intervención extranjera en los asuntos internos de nuestros países y la utilización de la guerra cultural, mediática y subversiva contra gobiernos electos democráticamente.

Póster de la Jornada.

En la jornada también será presentado el libro 5 temas polémicos sobre Cuba, de Elier Ramos y Rodolfo Romero; y los asistentes podrán disfrutar de la proyección del documental Derechos de Revolución, de la realizadora Karen Brito, en la sala Alfredo Guevara.

Yasel Toledo Garnache, vicepresidente de la AHS, destacó el gran concierto con el cual concluirá la actividad en el Pabellón Cuba, y que tendrá como protagonistas a jóvenes creadores cubanos, y estará bajo la dirección artística de Nerys González.

A√Īadi√≥ que esta iniciativa tiene una importancia vital en las actuales circunstancias que vive el pa√≠s, ante el recrudecimiento del bloqueo impuesto por los Estados Unidos a Cuba hace m√°s de 60 a√Īos. ‚ÄúEste va a ser un canto a la alegr√≠a y una demostraci√≥n de que el arte siempre ser√° esencia del pueblo cubano sin importar cuan complejas sean las circunstancias‚ÄĚ, afirm√≥.


Chernóbyl y la guerra cultural

Las formas en que se manifiesta la guerra cultural en el contexto actual son diversas y muchas de ellas revisten un atractivo innegable. Dicha guerra se libra, fundamentalmente, en el sinuoso campo de batalla de la ideolog√≠a y las representaciones culturales, de ah√≠ que sus expresiones resulten elusivas o aparezcan como algo diferente a lo que son. Detr√°s de esta guerra lo que se negocia y decide es la hegemon√≠a simb√≥lica, la de convertir una cultura, una determinada forma de entender el mundo y el modelo econ√≥mico que subyace tras ellas, en el √ļnico modelo v√°lido, en el √ļnico posible.

Las expresiones de esta cultura dominante son entonces, por esencia, conservadoras, ya que consagran lo establecido y niegan u ocultan todo lo que adverse el orden que ellas defienden. Reproducir y aceptar estas l√≥gicas es reproducir y aceptar un determinado estado de cosas; desnudar y comprender la forma en que act√ļan es desnudar y comprender los mecanismos de dominaci√≥n ideol√≥gica y construcci√≥n de hegemon√≠a que las sustentan.

Tomada de Internet/Fotos de la serie Chernóbyl

Es en ese sentido en el cual nos proponemos leer la muy aplaudida serie de HBO Chernóbyl, la cual rescata, más de tres décadas después, el terrible accidente en la central nuclear Vladimir Ilich Lenin en la actual Ucrania. Con una cuidada factura, actuaciones de primera, una fotografía impresionante y una recreación detallista de los escenarios y ambientes de la época, la serie nos invita a revivir los trágicos esfuerzos que siguieron al accidente para evitar que los altos niveles de radiación se salieran de control de forma irreversible.

Más allá del desgarrador drama humano, que la serie recrea magistralmente, subyacen discursos que son típicos a esta clase de productos audiovisuales. Usar una historia profundamente humana para pasar de contrabando un contenido turbiamente ideológico es algo que la industria del entretenimiento ha perfeccionado a lo largo de décadas. Una lectura responsable debe pasar entonces por encima de lo emocional e ir directo a las esencias que se mueven detrás de los conflictos.

Surge entonces la pregunta: ¬Ņqu√© sentido tiene el atacar el socialismo sovi√©tico en el contexto actual, d√©cadas despu√©s de su colapso? Las respuestas son varias. La primera est√° en el rescate de una ret√≥rica de guerra fr√≠a por parte de la ultraderecha en el poder en algunos de los pa√≠ses pol√≠ticamente m√°s importantes del mundo. Esta ret√≥rica viene pareja a la reemergencia de Rusia como potencia fundamentalmente militar y el auge de la econom√≠a china.

Tomada de Internet/Fotos de la serie Chernóbyl

Socavar la legitimidad moral y política de la Unión Soviética es socavar la legitimidad de la Rusia actual, la cual es, en muchos sentidos, su heredera política. Así lo interpretaron los rusos, quienes se proponen filmar su propia visión del desastre. Pero también este tipo de productos sirven para desvirtuar la validez misma del socialismo como alternativa.

Esta serie se suma entonces a una larga lista de productos audiovisuales, literarios y de otra índole que insisten en la presentación de las sociedades este-europeas como realidades profundamente opresivas, donde el pensamiento auténtico siempre es vigilado y coartado, donde todos los burócratas son demagogos insensibles, que repiten consignas y no se preocupan por sus ciudadanos, y donde la intelligentsia, que ellos mismos han contribuido a formar, es vista con recelo y temor.

Desde la primera escena, Chern√≥byl ya est√° apelando a estas representaciones. As√≠ acudimos al suicidio, dos a√Īos despu√©s de los hechos, de uno de los personajes m√°s importantes en todo el drama de la central nuclear: un profesor cuya acci√≥n heroica evit√≥ que el da√Īo fuera a√ļn peor y cuya muerte est√° llena de desencanto e incomprensi√≥n.

El progreso de los hechos es narrado contraponiendo constantemente la negligencia criminal de los funcionarios con el heroísmo desinteresado del pueblo soviético, el cual es una víctima de su propio gobierno. Lo que falló en Chernóbyl, comprendemos, fue un modelo. En el capitalismo fallan los individuos; en el socialismo el problema es sistémico.

Sin embargo, esta serie debe servirnos para reflexionar sobre varias cuestiones. En primer lugar sobre las m√ļltiples implicaciones y riesgos de la energ√≠a at√≥mica, detr√°s de cada uno de cuyos fallos los gobiernos, no solo el sovi√©tico, han tendido siempre un manto de silencio.

Tomada de Internet/Fotos de la serie Chernóbyl

En segundo lugar, y ya que la serie lo pone nuevamente sobre el tapete, están las insuficiencias reales del modelo soviético y las lecciones que toda práctica socialista debe extraer de sus errores. La extrema verticalidad en la toma de decisiones, el no vincular adecuadamente a los científicos y los resultados de la ciencia con la dirección y la producción, el estalinismo y su influencia en la práctica histórica del socialismo posterior, la inadecuada socialización de la riqueza, la verdadera democratización y control de la dirigencia por las bases, la creación de una propiedad efectivamente social, etc.

Pero est√° tambi√©n ‚Äďuno de los problemas neur√°lgicos a la hora de analizar la experiencia sovi√©tica‚Äď, el de la naturaleza de la burocracia en el socialismo; su existencia como un sector que se coloca por encima de la sociedad y cuyos beneficios y posici√≥n privilegiada lo llevan a incubar, como un virus, la corrosiva conciencia peque√Īoburguesa, m√°s peligrosa porque no va atada a ninguna forma espec√≠fica de propiedad, sino a la miserable mentalidad del filisteo.

Estas problem√°ticas y muchas otras deben estar constantemente en nuestro debate p√ļblico, no solo asociadas al fen√≥meno de un producto audiovisual determinado. M√°xime cuando nuestro socialismo, en el proceso de relativa sovietizaci√≥n de los setenta, incorpor√≥ muchas de estas caracter√≠sticas y deficiencias. Resulta clave entonces aprender de los errores del modelo sovi√©tico para intentar resolver en el nuestro las contradicciones que ellos no pudieron resolver.

Chern√≥byl de HBO juega todav√≠a una √ļltima funci√≥n. La gran apuesta, en la guerra cultural que se nos hace, es la desmemoria. Presentar el socialismo sovi√©tico, a√ļn el de los primeros a√Īos de Gorbachov, como absurdo, negligente, ignorante, opresivo, es ocultar la realidad de un siglo XX donde la URSS fue un actor capital. Es construir el olvido de la esperanza que esta potencia represent√≥ para millones de personas que emerg√≠an del brutal capitalismo colonial y que se resist√≠an a aceptar como √ļnica opci√≥n para existir como naciones independientes, un capitalismo entreguista y subdesarrollado.

Nuestro primer acto de resistencia radica entonces en salvar la memoria. Salv√°ndola de la reescritura y del olvido, salvamos la certeza del car√°cter hist√≥rico de todas las formaciones humanas, salvamos el sacrificio de todos aquellos que lucharon por un mundo mejor y asumimos sus aciertos y errores. Salvamos la certeza de que hoy, m√°s que nunca, el socialismo es la √ļnica alternativa ante la creciente irracionalidad del capital.

Después del disfrute estético que pudieran representar estos productos, debemos siempre buscar las esencias ideológicas que los determinan. Solo así seremos capaces de dar la batalla en el propio campo en que se plantea: el de las conciencias y representaciones de las personas.


Las maneras jóvenes de hacer radio

Acercarse a la historia de un sitio tan popular como el Chorro de Maita, en el municipio de Banes, a través de las vivencias y testimonios de sus habitantes es una de las principales virtudes del programa El ojo del caimán mira hacia el Chorro de Maita, de los realizadores Rolando Limonta y Carlos Rojas de Radio Banes, que obtuvo el Gran Premio en la edición XXII del Taller de Radio Joven convocado por la filial holguinera de la Asociación Hermanos Saíz.

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Que no sea una moda pasajera

En el a√Īo 2013 y bajo las lluvias de mayo nacieron en la sede nacional de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z (AHS) los encuentros de Dialogar Dialogar, un homenaje perenne al eterno Maestro de Juventudes, Alfredo Guevara; quien jam√°s ces√≥ de insistir en la necesidad de crear una cultura de intercambio dial√≥gico.

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Los símbolos nacionales y la guerra cultural

Desde hace varios meses ‚Äďy estimulado por un incidente bochornoso‚ÄĒest√° presente en el conjunto de medios que circulan en la actualidad cubana un debate acerca de la utilizaci√≥n en espacios p√ļblicos de nuestros s√≠mbolos nacionales, la bandera de Estados Unidos y las implicaciones que advierten los participantes en el debate. Esto es muy positivo, porque ayuda a defender y exaltar el patriotismo en la coyuntura peligrosa que estamos viviendo e invita a definirse en un terreno que es favorable a la patria, en un momento en que el curso cotidiano incluye muchas cosas en las que no es necesario definirse, que resultan desfavorables a la patria y la sociedad que construimos a partir de 1959.

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Los más humildes también crearon la nación

He escogido este tema por lo necesario e importante[1] que es hoy para nosotros. Las investigaciones culturales y el conocimiento que ellas aportan han logrado desarrollos muy notables en la Cuba actual, que pudieran ser influyentes en diferentes terrenos. Ante todo, ponen en relaci√≥n aspectos entra√Īables de la vida del pueblo, los grupos sociales y las personas con las actividades cient√≠fico sociales, lo que sin duda ayuda a estas a sentirse valiosas adem√°s de serlo, y a la sociedad a apreciar m√°s a los conocimientos. [+]