Fernando Cabreja


Raúl Prieto entre la trova y el rock

Raúl Prieto asegura que es esencialmente un cantautor que se mueve entre la trova y el rock, aunque se siente cercano a géneros como el pop rock, la balada, el bolero, el son… Su obra viene a ser el resultado de múltiples referencias: “Trato de interactuar con todos estos géneros, defendiendo determinados valores estéticos, un cuidado por las letras, las armonías”. Por eso asegura que su “música no es necesariamente trovadoresca al estilo de los viejos juglares”, aunque durante varios años se trasladara desde su natal Báguanos con el instrumento al hombro, interpretando sus temas a guitarra limpia.

Este año Raúl Prieto celebra su aniversario 41 de vida artística, pues marca el inicio de su carrera con la entrada al Movimiento de la Nueva Trova, en 1979, con el grupo Latinoamérica. Surgida después de un concierto de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, en Casa de Las Américas, en 1968, y constituida en Manzanillo, en diciembre de 1972, la Nueva Trova tenía entonces varios exponentes en Holguín: Ramiro Gutiérrez, Aramís Mojena, Yaguajay… “En 1979 yo estaba en noveno grado y tocábamos música folclórica latinoamericana, desde Báguanos, un municipio con un potencial fuerte en la trova, aunque también hacíamos temas de la Nueva Trova y algo de son”.

foto adrián aguilera

“Estando en Latinoamérica formé parte de un grupo de pop rock llamado Kontakt, perteneciente al movimiento de aficionados, que tributaría después a la entonces Brigada Hermanos Saíz. Tocábamos esencialmente rock: Aguas claras, The Beatles, The Rolling Stones… Ahí no creábamos una obra propia, era más músico que cantautor”, dice.

“Al lado de mi casa en Báguanos vivía un marinero y crecí escuchando a Queen, The Beatles, The Rolling Stones, The Jackson 5, y de esa música es imposible no influenciarse. Además, parte de la trova tradicional cubana: Sindo Garay, Manuel Corona; la Nueva Trova desde el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic para acá, principalmente Silvio, Pablo, Carlos Varela y Santiago Feliú, que me han influido mucho. Y Fito Páez, Miguel Ríos, Víctor Manuel, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Queen, Toto, Tierra, Viento y Fuego; la generación de los 80, que realmente marcó la vida de muchos músicos. Me gusta también la música clásica, y los temas de Alejandro Sanz”.

Otro giro en su carrera llegaría con la fundación en 1986 de la Asociación Hermanos Saíz que agrupó a jóvenes escritores, artistas y promotores. Además, se vinculó al surgimiento en Holguín de las Romerías de Mayo, Festival Mundial de las Juventudes Artísticas.

“Cuando empecé a componer me moví más por la trova, pero siempre tuve el incentivo de crear un grupo musical”, asegura el autor de temas como “Sin tanta filosofía”, “Para darte más”, “A esta hora”, “En las alturas de la tarde”, “Capitán en tierra” y “Un disparo de amor”. Por eso, entrado el nuevo milenio, crea “Raúl Prieto y su grupo”, su agrupación acompañante profesional que pertenece a la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos “Faustino Oramas”. “Estamos cumpliendo 20 años”, subraya, y destaca que su hijo, Raulito Prieto, excelente bajista y uno de los jóvenes representantes de la trova en la ciudad, está al frente de la dirección musical del mismo, “compuesto principalmente por piano, teclado, batería, bajo, guitarra eléctrica, guitarra electroacústica, coro, percusión menor y trompeta”, añade.

foto adrián aguilera

Además de la música, Raúl Prieto se ha desempeñado como constante promotor de la trova: “He centrado mi trabajo en los últimos años en el desarrollo de peñas destinadas a proteger y promover la nueva trova cubana, con un poco de énfasis en el trabajo de los jóvenes. Siempre he tenido como inquietud abrirle espacio a las nuevas generaciones”.

En el Hotel Brisas Guardalavaca, con el dramaturgo Carlos Jesús García, realizó la peña “De John Lennon a la trova cubana”, “en la que queríamos mostrar la herencia de The Beatles en la música cubana, pues muchos trovadores tenemos influencia de ellos, de Bob Dylan”. Protagonizaría, además, “Tocando fondo”, en el patio de la Empresa de la Música, y “A esta hora”, espacio característico en la Casa de la Trova “Faustino Oramas”.

A partir de esta peña, fundada en 2006, nacería su primer disco: A esta hora, licenciado por Bis Music en 2008. “Es un disco bien variado, que tiene trova, son, bolero, rock… Ahora acabo de grabar mi segunda producción, que será patentada por la Egrem: Rostro de nadie. Es un disco con una sonoridad mucho más amplia, un formato de agrupación grande, pues contiene baladas, boleros, algo de flamenco, country…”, asegura.

Ahora sus empeños están encaminados al desarrollo de la Feria de los Trovadores, “una especie de cofradía, un gremio que incluye a trovadores de las nuevas generaciones. Así surgió la Feria: una plataforma donde podemos interactuar todos los trovadores, con una agrupación que funciona como el Grupo de Experimentación y acompaña a todos los artistas, para que puedan tener la posibilidad de enriquecer su espectro armónico, darse a conocer desde el inicio con una propuesta musical más amplia. Pusimos mi grupo en función de eso y empezamos a llamar a los creadores que profesionalmente estaban en la Empresa de la Música con la idea de que se fueran sumando”.

foto adrián aguilera

La Feria, realizada por la Dirección Provincial de Cultura de Holguín, “que la ha sostenido de forma ininterrumpida, con creces”, y con el apoyo de otras instituciones, ha consolidado espacios en El Callejón de los Milagros, del Complejo Cultural Plaza de La Marqueta, la Casa de la Trova “Faustino Oramas”, de Artex, y el Álbum-Café “El Chorrito”, de la Egrem, donde trovadores como Fernando Cabreja, Manuel Leandro Ibarra, Lainier Verdecia, Raulito Prieto, y Tony Fuentes, intercambian con un público cada vez más creciente. La Feria realizó, además, el concurso para trovadores noveles “Para una imaginaria María del Carmen”, ganado en esa ocasión por Oscar Sánchez.

La Feria, añade Raúl Prieto, quien es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, “ha sido una especie de cantera, una plataforma interactiva para darles la posibilidad a los jóvenes y además, retroalimentarnos con las nuevas tendencias, porque creo que quien no se sume a las nuevas generaciones y a las tendencias contemporáneas, retrocede. Uno mantiene su estilo, su escencia, su concepto, pero aprende”.

Mientras espera la salida al mercado por la Egrem de su disco Rostro de nadie, Raúl Prieto explota su línea de autor, escribiendo para varias voces interesadas en interpretar sus textos. Además, ve elevarse a sus hijos, también en el mundo del arte, y se sabe un cantautor –además de un creador tremendamente sencillo y talentoso– que desde la trova y las raíces encuentra amplios horizontes donde crecer como músico.


Fernando Cabreja: Un poeta amparado por una guitarra

Fernando Cabreja se niega a hacer canciones facilistas que lo coloquen “en la punta de la lista”. Asegura que “pudiera hasta llenar cualquier teatro”, haciendo sopa o vendiéndose barato, pero tiene “un corazón insobornable que no acepta ningún trato”.

Ni facilista ni oportunista, Cabreja –especie de cronopio cortaziano nacido en Sagua de Tánamo, Holguín, en 1959– prefiere catalogarse en una de sus canciones más conocidas como “un tipo torpe, algo bohemio, medio loco, que siempre está fuera de foco”.

Asiduo de peñas, tertulias y descargas improvisadas, guitarra en ristre, Cabreja rompió el falso mito de que un concierto de trova no llena un teatro. El coloso holguinero Eddy Suñol, abarrotado en sus dos plantas, fue sede de Fuera de foco, primer gran concierto de este artista que celebró sus 60 años de vida, 40 de ellos dedicados a la música y resumidos también en el cancionero Como una luna en pie, publicado por Ediciones La Luz.

Fotos Carlos Rafael

“Vengo de la tradición de los trovadores de las primeras décadas del siglo XX. Soy autodidacta, pues estudié Historia del Arte en la Universidad de La Habana y aprendí mirando los acordes de músicos que realmente sabían: conocí elementos de la armonía, el solfeo, la composición, trucos a la hora de crear una canción, pues el hecho creativo de la composición musical no tiene reglas y mucho menos recetas”, asegura Cabreja.

Las cálidas luces, una escenografía intimista compuesta por varias farolas citadinas y un banco, como si estuviera en un parque cualquiera, gracias a una adecuada dirección de arte, hicieron del concierto, más allá de la música de Cabreja y gracias precisamente a ella, una cita memorable. Acompañado de su guitarra y varios invitados en su primer momento, y del grupo del cantautor Raúl Prieto después, Cabreja desgranó temas como “Levántate”, primero que compuso “después de salir de la República Federativa de Moa”, lugar donde inició su carrera artística y fundó la Asociación Hermanos Saíz en 1986.

Fotos Carlos Rafael

“El concierto significó el comienzo de mi vida, pues la obra de arte, la canción en este caso, hasta que no interactúa con el público, no existe”, destacó del “preámbulo y portada” de sus 60 años, con coordinación y producción de su esposa, la reconocida cantautora infantil Edelis Loyola, y arreglos de su hija, Edelis Cabreja, flautista además, donde elementos de la música cubana se fusionaron con el funk, el jazz y otros géneros.

Cabreja interpretó canciones –ha compuesto más de 150 canciones, pero interpreta en su repertorio alrededor de 30– como “Alta Marea”, nombre de la peña que realiza en la Casa de la Trova “Faustino Oramas” y que fundara en Moa en 1998; “Muchacha en la ciudad”, acompañada en la flauta por el talento de su hija; “Mi fortuna”, junto al saxofonista Osmar Julio Matos; “Valga la distancia”; “Volviste a mí”, con el violinista Airán González, concertino de la Orquesta Sinfónica de Holguín; “Cosas en común”, “Ya estoy contigo”, “Turbonadas”, “Apuntes de un juglar”, “Algo más de la vida” y “Fuera de foco”.

En su peña Alta Marea, Fernando Cabreja se acompaña por un poeta. Él es esencialmente “un poeta amparado por una guitarra”, que incluso ha sido recogido en varias antologías. Por eso en el concierto invitó a José Luis Serrano, Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén, a compartir uno de sus textos en una especie de descarga performática donde trova y poesía se unieron y compenetraron de la mejor manera posible.

Fotos Carlos Rafael

De Como una luna en pie, cancionero presentado en el Álbum-Café El Chorrito de la Egrem en Holguín y en la Feria Internacional del Libro de La Habana, Fernando Cabreja asegura: “El libro resultó un objeto de arte muy funcional y que se parece mucho a mí. Incluye 60 textos de canciones mías de diferentes etapas de mi vida, desde 1984 hasta más recientes. Es imprescindible hablar de la labor que hizo conmigo Serrano como antologador, él es quien mejor conoce mi obra desde un punto de vista analítico, conceptual”.

Como una luna en pie es el título de una de los temas incluidos en el libro y además del concierto que Cabreja realizó hace unos años en el habanero Centro Pablo de la Torriente Brau. Ahora trabaja en un disco –el primer en su amplia carrera– en los Estudios Siboney, Santiago de Cuba: Cuando todo coincida “redondeará varias etapas de mi vida e incluirá elementos del blues, el son, la balada, del rock, el country, el bolero”.

Durante un tiempo vivió en el alargado y vibrante Chile, junto a su esposa Edelis Loyola: “Estuve del 2014 hasta 2016 y logré tener un espacio fijo en La Calera, una comuna ubicada en la Región de Valparaíso. También me presenté en Santiago de Chile, junto al trovador chileno Juan Francisco Lastra”, comenta este miembro de honor de la AHS y quien defendió, en sus inicios, la trova desde la célula de Moa.

Fotos Carlos Rafael

El final del concierto no pudo ser más apoteósico y necesario: Fernando Cabreja, el maestro de trovadores, llamó a todos los cantautores presentes, muchos que vinieron desde geografías tan distantes como Moa y Estados Unidos. Y juntos –Raúl Prieto, Alito Abab, Raulito Prieto, Manuel Leandro Ibarra, Eider Greseski, Leinier Domínguez, entre otros– corearon aquello de “Y si te cae el peso de la soledad, dale un paseo tranquilo a tu ciudad”.

Cabreja se considera un trovador: un hombre que apoya “la canción reflexiva y verdadera, como decía Víctor Heredia, aquella que te convoca a pensar. Defiendo la canción espontáneamente raigal, natural, sin adornos ni artificios. No la otra, que tienes que ponerle muchos oropeles para que funcione y camine. Como decía Sindo Garay: “la canción un poco desnuda, una canción buena, a capella, incluso sin guitarra, camina”.

Fernando Cabreja cree –como Violeta Parra– que “la canción es un pájaro sin plan de vuelo, odia las matemáticas y adora los remolinos”. A esa canción se aferra y por ella vive.