Fantasía


Este septiembre, otro apacible retorno del Ada (+ canciones)

Es pasada la media noche. En casa, todos duermen, o casi todos, porque unos pasos ligeros desvelan las horas. En ese instante en que la noche, el rugir de los carros afuera y el propio piso frío del apartamento habanero dejan de existir para hacer lugar al escenario poético.

Entonces ella, la dueña de los pasos a deshoras, retorna al recodo de su infancia en busca de inspiración. Pasea las calles desiertas de un pueblo llamado Jarahueca, bajo cielo de estrellas perennes. Echa su suerte con los duendes descalzos que aún yacen en los callejones y agradece a los ángeles que pasan por el parque y que, al amanecer, se habrán quedado precisamente allí, convertidos en aldeanos.

En busca de personajes y escenografía para sus canciones, se llegará al andén de la estación de trenes del mismo pueblo, pero hace muchos años ya. Cuando nuestra poeta insomne vivía la fabulación de los trenes y sospechaba que sus propios pies saltarían a bordo en un viaje que pudo ser definitivo.  

También pudiera suceder que ella tenga un cuadernito pequeño y detiene sobresaltada su paseíto por la casa en penumbras para fijar estos versos. “Queridos habitantes, /allá va el transgresor, /lleva orden de su sed, /lleva absuelto el delirio, /despertará al instante/las fauces cotidianas, /presume de habitual…”[1]

Pero esta madrugada el recuerdo transforma la nostalgia en figuración alegre, en plácido retorno. Dan ganas de rasgar par de notas si no fuera demasiado silenciosa la casa.

Travesía con
Ada Elba Pérez

• ANA LA CAMPANA 

• EL VENDEDOR DE ASOMBROS 

• TRAVESÍA MÁGICA 

• EL CANGREJO ALEJO 

• ESTELA, GRANITO DE CANELA 

• SEÑOR ARCOIRIS 

• EL DESPERTAR 

• ABUELA CANARIA

• EL TRENCITO Y
LA HORMIGA
 

 

Ada Elva se siente ligera y despreocupada como una mariposa nocturna. Enciende una lámpara tenue y comienza a rasgar en papel apuntes sobre un tren de azúcar y una hormiga golosa. Quizás la niña imaginada prefiera refugiarse en la torre alta de una iglesia donde una campana toca, toca y toca, aunque no la escuchen, la campana toca.

Sin embargo, poco de la intimidad creativa de esta muchacha podría asegurar quien describe esta escena. Porque, confieso, de su protagonista tengo un rastro de nostalgias inventadas; acaso verosímiles por tanto escuchar las anécdotas de los otros, los que sí conocieron a la hija ilustre de Jarahueca.

Digo más; ¿quién sabe si esta es la madrugada en que Ada Elba Pérez se imagina pintando los lindos colores de la felicidad? “Escribo canciones que pueden ser cuentos, fábulas, porque las fronteras en el arte no existen”[2], me responden los recortes de las entrevistas que concedió, las palabras que atesoran sus guardianes (familiares, colegas y amigos) en urna de cristal.

Solo que en mi mundo real es septiembre y, ella, la artista que se dio a la infancia y a su pueblo, cumplió 60 años. La mitad de estos vividos desde la eternidad de su obra creativa, de su gesto sensible y del cariño que le profesan aún sus coterráneos.

Porque un día gris se fue Ada Elva Pérez. Sin tiempo para despedirse de su Jarahueca, pero muy joven para irse definitivamente.

Quizás llevaba la guitarra al hombro y una partitura fresca en la memoria. Tal cual se le recuerda de niña, con alguna guitarra a rastros. O de jovencita, con las canciones de Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa o Soledad Bravo siempre a mano.

Ada Elva moldeó sus fantasías en piedra, acorde y papel. En tres décadas de vida atesoró méritos y regaló talento con caudal inagotable. Desde que en la década del 80 egresó de la Escuela Nacional de Arte se entregó a la poesía en un viaje también definitivo. Muchacha hacedora de sensibilidades que dijo de sí misma: “Soy ante todo un ser deslumbrado, una guajira deslumbrada y esos deslumbramientos trato de comunicarlos con todas las cosas que tengo a mano.”

Par de años de titulada y sus manos ya cincelaban el primer busto en Cuba y en América Latina de Alejo Carpentier. Mientras retocaba su primer hijo lírico, el poemario “Correspondencia”. Alternó infatigables versos con la instrucción en la Escuela de Arte de la Isla de la Juventud.

“Yo cada vez que hago algo me transporto y me meto en ese mundo, pero soy yo misma en ese estado de éxtasis y, luego de crear, voy al acto de trabajar una obra. No todo lo que sale del sentimiento es una maravilla, hay cosas a las que hay que ponerles la razón, el intelecto, la técnica. Hay que buscar.”

Fue como en los años que 90 empezó a alimentar de lauros su carrera como músico. Esta muchacha cuyas tonadas se quedaron inscritas en el pentagrama cubano como Siembra, sembrador (Premio Abril en música, 1990),Tonadas para el camino, Tonada para amanecer, El sitio de los ángeles, La guayabita madura… son algunas de las más conocidas-.

“Yo llegué a la música por impulsos internos, por una necesidad imperiosa de hacer este trabajo. En realidad yo no soy músico, sino (…) un ser humano que ama la música y a veces coge una guitarra, la aporrea.”

tomada de uneac

Desde que empezó a componer, su música y letras se abrieron paso entre talentosos, sobre todo obras para niños como El cangrejo Alejo, Señor Arcoíris, Ana la campana, La luna vanidosa, El trencito y la hormiga, El tonto de papel, El vendedor de asombros, Estela, granito de canela, entre otras.

Dijo al respecto: “Yo me cuido ante todo de no tratarlos como tontos.” Tan acertado punto de vista que intérpretes como Liuba María Hevia y Teresita Fernández la abordaron en sus discos. Más aún, la inmortalizaron para generaciones venideras.

Pero la joven que ahora imagino se desempeña como Instructora de Arte en la Casa de Cultura de Plaza en La Habana, por lo cual ha merecido el Diploma de Honor del Ministerio de Cultura. Escribe y conduce tres programas radiales, hace cerámica y artesanía. Compone canciones mientras escudriña las estrofas de Sor Juana. Piensa que la poesía es “el cañón de la ternura. En sus rincones anidan las estrellas y los actos cotidianos. Pero el poeta debe serlo, en primer lugar, en la vida misma.”[3]

Tiene 30 años recién cumplidos. Antes de adentrarse en esa edad madura se sumerge en las culturas mesoamericanas “Todos los asuntos que me puedan conmover son temas de mi poesía. Escribo sobre todo aquello que me emociona, que entre por las puertas por donde siempre debe entrar la poesía, que son las puertas del corazón, del sentimiento. Defiendo siempre dentro de mi poesía al ser humano y sus valores.”[4]

Viaja y riega su halo poético por el continente. Imparte conferencias en el Ateneo de Caracas y recorre los Andes. Sube el Popocatéptl o se carga los bolsillos con piedras que recoge de la casa natal de Sor Juana Inés, la gran poetiza mexicana. Hasta Francia llega la “guajira deslumbrada”, cruzando mares como quien escribe un poema más.

Y donde quiera que va lleva a cuestas su guitarra. Y dentro de la guitarra algún pedazo de su pueblo natal. Que bien pudiera ser el parque en donde corretean los gatos como niñas sueltas. O bien el pedazo de patio en que la abuela Saturnina cultiva romerillos y alimenta gallinas criollas a la sombra de los atejes. Casi todo, la noche, y lo demás, /está en el patio.

Entre todo eso y lo demás corretea Ada Elva. En ese ir y venir de campo y hogar, la abuela Saturnina la llena aún con sus embrujos, los atejes revientan de rojo, y los romerillos mecen los cabellos de la niña. Al menos así lo prefieren sus amigos y familiares; cuando las noches se vuelven largas, muy largas; allá en el norte espirituano.

Ante quienes extrañan a su Ada valiente y necesaria, esta reportera tan solo puede admitir que encontró en aquella muchacha un alma libre y a la vez con hondas raíces. Ideal de vida y de mujer he ido voy armando con los años. Acertijo del buen hacer que descifro entre las anécdotas de sus cercanos, los versos que escribió o las canciones de mi propia infancia. 

Y alguna noche de septiembre en que también me cuesta conciliar el sueño, prefiero imaginarla así, dando paseítos cortos por su apartamento habanero, que la trasborden al escenario de los sueños resoñados; mientras los carros rugen lejos, muy lejos, en la ciudad.

“El tiempo es lo más preciado que posee el hombre, es un regalo frágil, fugaz, inapelable, que solo una vez nos ponen en las manos. Dedicar tiempo es ofrendar lo más valioso, compartir una porción de algo que se acaba. Algún día será un grave delito dejarlo huir”.

Notas:

[1] Fragmento del poema de Ada Elba Pérez “Para que nadie diga que no defendí lo que soñé”.

[2] Declaraciones de Ada Elba Pérez citadas en Identidad. Boletìn de la V Bienal Identidad de homenaje a Ada Elba Pérez. No. 1, Agosto 2005.

[3] Declaraciones de Ada Elba Pérez citadas en Identidad. Boletìn de la V Bienal Identidad de homenaje a Ada Elba Pérez. No. 1, Agosto 2005.

[4] Idem.


Telefoneándole a Dios en tiempos de pandemia

“Esta obra pudo bien llamarse El amor en tiempos del Covid-19 – sostiene el promotor del Centro Cultural Mejunje Alexis Castañeda Pérez de Alejo– con respecto a la más reciente entrega de la Compañía Mejunje. Una obra que narra los soliloquios de una anciana, desde ese (des)enfoque hilarante conque suele acompañar temas de hondo contenido humano y social.

Y es que “Si puedes tú con Dios hablar” se concretó por obra y gracia del confinamiento que durante la terrible pandemia varios artistas han revertido en producción creativa.

Según figura en pancarta promocional, “era una idea que llevaba tiempo punzando la imaginación de Ramón Silverio, pero el recogimiento en su casa con tiempo para precisar detalles, más la cercanía actuante del motivo que dio pie a la historia, pues llevaron al logro.”

Así presentó Castañeda la puesta; y ratifican sus palabras la historia real contada por el Mejunjero Mayor, quien afirma que se inspiró en su propia vecina para concebir el personaje y en las anécdotas románticas que ella le contaba cada día de confinamiento, para darle color a la trama.  

Se trata, en esencia, de una anciana que espera la llegada de su novio Jorge, hasta que descubre que este había muerto, y entonces decide entablar una comunicación telefónica con Dios.

“¿Cómo usted está, y la virgen y los demás? Salúdelos de parte mía, sabe. ¿Qué? No, yo le dije a usted que usted es un hombre casado y yo no rompo matrimonio. Siga usted con la virgen que ustedes hacen muy linda pareja.”

Ella lo que pide es que la reunifique con su pretendiente preferido, ya sea trayéndolo a él de vuelta a la vida o llevándosela al cielo. Dios, en efecto, parece escuchar su súplica, pero Jorge insiste en esquivas hacia la protagonista, y en sus zalamerías para con otras mujeres (también imaginadas por la anciana).

“Ay Jorge, ¡tú me las vas a pagar! ¡Sí señor, porque yo me voy a casar! Yo no sé si me case con el italiano, con el millonario, con Dio´, con… ¡pero esto no se va a quedar así! ¿Y sabes por qué? Porque yo todavía tengo mucho por vivir…”

Encarna a esta graciosa señora la actriz Mayuli Hernández Sánchez, a quien se agradece la identificación con la soledad de una anciana, su apropiación del escenario y la identificación con el recurso escenográfico más importante, un andador; para regalarnos un personaje creíble en un ambiente sugestivo.

El diseño escenográfico, minimalista y de gran sencillez, hace prevalecer el histrionismo, el texto locuaz y la ambientación sonora. Esta última está estructurada a partir de diversas versiones de la pieza original de Alberto Domínguez que da título a la puesta, “Perfidia”.

Pudiera decirse que el unipersonal “Si puedes tú con Dios hablar” es una amalgama tragicómica que nos invita a la reflexión desde la risa; pero que superpone la empatía y el respeto hacia quienes peinan canas. Más lejos del melodrama que rodea a la demencia fue concebida esta graciosa alegoría de la fantasía senil.

“…y mis penas, ¡mis penas sí saben nadar!”


El mundo de Daniela: boleto de ida

A sus tres años la miré como si no hubiese salido de mis entrañas. ¿“Tal vez” y “Quizás” son hermanos? Pasaron algunos segundos antes de que lograra reponerme. Casi de inmediato me vi envuelta en una explicación sobre sinónimos que en verdad no sé si fue acertada. A partir de entonces los retos se multiplican a diario. Todo alrededor de ella despierta curiosidad. Los días, todas las cosas y las palabras entre juegos y verdades se antojan laberintos. Ante mí hasta el aire, como entonces a Teresa, también me parece nuevo. Por eso El mundo de Daniela resulta espejo que comparto. Lo leí en su primer nacimiento por Ediciones Santiago, y años después de la mano de la Editorial Oriente (2018) y junto a mi Adriana fue que, en verdad, hallé el reflejo.

Desde su colección de poesía Ala y Espuela, la Editorial Oriente personalizó el primero de los libros que Teresa Melo escribió para los niños, por el que mereció el premio La rosa blanca. Este es un volumen de indagaciones sobre asuntos sencillos y complejos de la existencia, de esos que también agradece descubrir el adulto lector. Estas páginas no solo hurgan en las interrogantes de las que dispone el universo de quienes en años crecen. Si bien por la estructura literaria estos textos clasifican como poesía, sus esencias son relatos en los que la vida se personaliza y en los que en cada planta del jardín, gatos y perros, floreros, retratos, juguetes y vestidos crecen aprendizajes,  recuerdos y porvenir.

El apartado El mundo de Ellas ofrece un paisaje de letras e imágenes que bien invita a la estancia. La edición descansa en el estilo de Rosana Mena. Sergio Rodríguez tuvo a su cargo el diseño de una cubierta que desde la mesura de la grafía y los tonos al uso resume las esencias literarias. Las ilustraciones a cada una de las interrogantes y sapiencias de Daniela tuvieron para sí la segunda ocasión de la artista argentina Mariela de la Puebla, quien realizó unas completamente nuevas para este “mundo”.

Abel Prieto dijo en su dibujo-prólogo El lobo de los cuentos: “Estos poemas son demasiado bellos y demasiado tiernos y delicados y respiran por sí mismos de un modo demasiado limpio y auténtico y hay demasiada luz de la buena en este libro para venir yo con un lápiz a llenarlo groseramente de monstruos, que son, realmente, mi especialidad. (…) es por eso que aquí aparece alguien que asoma brevemente su hocico en el poema Mentiras y verdades (…). Ahí lo tienes: lo pinté lo más lindo que pude, con una flor y un elegante pulóver, incluso, para dulcificarlo”.

En el apartado Mi deseo la autora confiesa que este libro le ha sido dictado por Daniela, escrito con algunas de las frases con que su hija de tres años le hablaba. Solo discrepo en algo, Teresa, estos poemas no son pequeños.  Tal vez  en su estructura lo parezcan, pero sus respuestas al interior del ser humano alcanzan lo contrario.       

¿Alguno de ustedes olvidó cómo era ser niño? ¿Alguno abandonó el hábito de las preguntas? Los hallazgos se componen de ellas, por eso Daniela hurga a su alrededor. Las fotos muestran sitios y personas desconocidas, un antes donde no estás pero contiene las esencias de lo que eres hoy: “Yo las miro una a una/ con atención/ y a mamá le pregunto: / ¿dónde estoy yo?”. Lo confieso, para mí la parte más divertida no son esas interrogantes, porque de alguna manera sabemos que en cualquier momento nos emplazarán. En este juego lo risible casi siempre son nuestras respuestas para explicarles, por ejemplo, cómo llegaron ellos al vientre materno. Hay quien incluso desplaza las respuestas a otro adulto, y a quien le falla la voz o lo aplaza. Pero es en vano, quien busca también tiene hipótesis y no cesará hasta encontrar tu palabra.

“Mi primera palabra fue papá. / Pero él no está”. La vida es tan plural como quienes la habitan. Este libro nos introduce en un escenario donde los modelos de familia son disímiles y válidos. Palabra nos remite a un modelo fuera del clásico “Mamá, Papá y Nené”, para presentarnos la maternidad independiente como un camino donde también es posible la realización del hogar. La figura paterna es un personaje cuya presencia se reitera desde los silencios en cada una de estas páginas. Sin embargo, es un planteamiento sereno, no hay una visión traumática en esta verdad. La protagonista comparte el disfrute de su vida infantil  a través de los espacios de la casa y el entorno, y a partir de  los roles maternos que  de forma inevitable y feliz se pluralizan: “Con ella voy al patio/ a ver la tierra,/ nos mojamos las manos/ de lluvia fresca. Con ella voy al parque; / sobre la arena/ en el columpio rojo/ me balancea./ Ella tiene tesoros:/ libros, flores, botones/ y hace letras”.

ilustración del libro

El patio hogareño es muchas veces centro del universo madre-hija. En el apartado Como el mundo, cada elemento de la naturaleza cobra realce. Las flores, los colores, las hormigas, las plantas, los zunzunes y la tierra crecen en la inmensidad del entorno familiar como símbolo de amor. El patio es espacio de esta intimidad madre-hija, donde cada elemento se antoja tierra fértil para el crecimiento humano: “El patio de mi casa/ como el mundo es:/ yerbas buenas/ yerbas malas/ que las manos de mamá/ separan.

¿Sienten los ladridos, el maullar de un gato? ¿Alguna travesura de mascota interviene su lectura? Yo los percibo, acaricio sus orejas y con la ilusión los alimento. Recuento todas cuantas han pasado por mi historia. Colecciono en la memoria las miradas de mis perros y los gatos que aunque no busqué, también comieron en mi casa. Porque ellos en esta entrega literaria cobran vida.

El poema de mi gato es una reflexión sobre la ruptura de prejuicios por cualquier diferencia. El color del gato es metáfora para que entendamos: “Yo le explico bien despacio/ que no importa cuál color/ tenga su pelo sedoso:/ basta con que esté orgulloso/ de lo que ser le tocó”.

Dina, es el nombre de la perra que recibió la niña  como regalo de una amiga y crece junto a ella, y además convive con el gato rojo-amarillo. Estos poemas presentan el amor hacia las mascotas y los afectos que estas brindan a las personas: “es mi perra, me quiere/ como debieran quererse/ los ʽhumanosʼ”.

ilustración del libro

Un personaje habita muchos de los cuentos clásicos de la literatura universal. ¿Acaso será el mundo como la literatura?  Mentiras y verdades retoma al lobo como protagonista  de la cadena alimenticia que generan las diferencias: “la salamandra comió/ a la mariposa,/ el gato a unos ratones./ Unos a otros comidos y tragados”.

Sensible resulta la poética que entraña el apartado Jugando con mi primo. Sus palabras desafían la división de juegos y juguetes según las construcciones y roles de género. Desde hace cientos de años el mundo norma lo que según, rosados o azules hayamos nacido, nos toca mañana, y en recreo lo  eterniza desde el hoy. Para las niñas llegan los juegos de cocina, peluches y enfermera; para ellos los aviones, carros, soldados, espadas y pistolas. Para todos, un universo de estereotipos. Si se eliminaran las diferencias en los juegos se acortarían muchas distancias en la adultez: “Si yo juego a las espadas/ cruzando brillo con brillo/ no me parece que el juego/ vaya a cambiarme el vestido”.

En el televisor se descubre un mundo que va entre las fantasías de un dibujo animado, hasta llegar al desconcierto que traen imágenes de la guerra para un niño: “Y luego veo las llamas,/ gente que corre entre ella,/ un niño llora y me dicen: es la guerra”. “Prefiero poner entonces/ ante fuegos y tristeza/ ronda de niños y niñas/ jugando a la rueda rueda”.

Lógica comprende otra de las conversaciones hija-madre que a lo largo de estas páginas se descorren ante el lector. En casa todo adquiere un sentido sagrado, un manténgase alejado del alcance de los niños. Las formas, materias y colores invitan al tacto pero todo tiene accesos prohibidos: “-¿Y la luna, mamá?/ -No se puede tocar…/ -Es de cristal?”.  La solución literaria me parece uno de los mejores momentos en que el humor aparece en el volumen con la sutileza que caracteriza a la Melo.  

Siento particular predilección por la lectura de Los Mayores. Vuelvo a él  lo mismo que maquillaje por rectificar ante el espejo. El prospecto de defectos del universo adulto es extenso y camaleónico según indiquen las circunstancias que creemos maniobra: “Mi mamá es como una niña/ que habría que regañar:/ fuma y fuma sin parar”.  “En una mano la pluma/ en la otra mano el cigarro,/ pero si mojo mis pies/ me pronostica un catarro”.  “A las personas mayores/ no las puedo comprender,/ hablan y hablan pero hacen/ lo que yo no debo hacer”.

El orbe de las protagonistas alcanza otros entrañables vínculos familiares que van de las presencias a las ausencias, de la alegría de la vida a las incógnitas de la muerte. El apartado Mi tía Alina le canta a Daniela, pues una figura compinche que le acompaña con sonrisas y regaños. Lee los cuentos como muestra del importante vínculo afectivo que puede existir en estas relaciones parentales.

ilustración del libro

Todo título infantil que se honre tiene un Tesoro. También Daniela y Teresa focalizan el personaje de la abuela en el universo familiar y en el domicilio afectivo de la mayoría de los niños. Los cuartos de las abuelas resultan islas ávidas por la navegación de esos piratas. Un broche o botón, una postal, fotos, collares y alfileres, para ellos todo resulta una cartografía: “En el cuarto de mi abuela/ hay tesoros escondidos/ en los bolsos y carteras,/ en gavetas y vestidos(…)”. “Y hay un tesoro más grande/ cuando ella en su cuarto está:/ mi abuela joven, hermosa,/ siempre mía, siempre más”.

La muerte es un tema tabú en casi todos los hogares con niños. Varios autores en la actualidad visualizan el tópico desde la literatura cubana para infantes. De las tristezas indaga en las ausencias tras la partida física de algún familiar y en la sabiduría de los niños para encontrar respuestas en las evasiones y silencios de los adultos: “En el cuadro está mi abuelo./ Pregunto dónde está/ y me dicen: ʽno estáʼ/ o ʽestá en otro lugarʽ./Y nadie dice más./ Pero mamá lo mira/ cuando nadie la ve/ y los ojos le brillan,/ está triste, lo sé. (…)”. “Pero la tristeza por el abuelo es otra./ Yo le digo: ʼno te preocupes, mami,/ donde él está,/ está mi perro Gitano/ que yo creo que se murióʽ”.

¿Qué niño no tiene jardines de palabra?, unas con posibilidades de florecer, otras, con derecho a la poda. Noel, el de los jardines toma la palabra como plataforma de valores: “Algunos de estos jardines/ parecen dar flores raras,/ pero irás aprendiendo/ en poemas y palabras/ cómo nombrar sentimientos/ y cómo mover montañas/ con la magia de las letras:/ vida y canto, fuego y alas”.

 “-¿Por qué no cambiamos tu cabeza y la mía?/ -Porque la tuya es nueva, niña mía”. Cabeza nueva es otro de los pasajes estelares para una buena carcajada. Quienes crecen te interpelan a cualquier hora y lugar con escenas que semejan la ciencia ficción. El cuerpo es nuestra primera casa, por eso sobre su anatomía y funciones a diario y por años llueven las indagaciones. Lo difícil son las respuestas.

Sueños posibles para soñar regala el Dibujo más hermoso que haya hecho Teresa Melo tal vez en su literaria vida: “Pondré a Daniela en el dibujo,/ en cada mano lleva un color./ ¿No la conoces dentro del mundo?/ Ella soy yo”.

El mundo de… es de todo aquel que pueda desandarle con su lectura. Daniela es la protagonista y como uno de los poemas, Guía de viaje que invita al universo compartido de la literatura. Transcurrieron varios años desde que Teresa y ella comenzaran este descubrimiento por un “nuevo mundo”. Ya Daniela es una inteligente y hermosa joven, creo que a la madre se le cumplieron con creces sus deseos de entonces: “Como para ella el mundo es todo nuevo, acabado de estrenar digamos, yo también trato de verlo así, para que ella, además de ser mi hija quiera ser mi amiga”.


Nunca he intentado romper moldes

No he tenido la oportunidad de conocerlo a profundidad. Me refiero a ese encuentro, provocado o al azar, que en ocasiones nos coloca a los escritores en un mismo punto del tiempo y el espacio, y que permite ciertas formas de interacción. Sin embargo, creo que he llegado a descubrir un poco de las esencias de Alexy Dumenigo Águila a través de sus obras y de las impresiones que estas han causado en mí. Quizás esta sea la mejor forma en que un escritor alcanza a conocer a otro.

¿Te consideras un narrador estrictamente de ciencia ficción o uno que hibrida en sus textos diversos géneros? ¿O eres de los que cree que la literatura no ha de dividirse en géneros, sino en categorías y jerarquías de calidad?

cortesía del entrevistado

Me gusta la ciencia ficción por las posibilidades que ofrece para contar, pero no me limito a un género. A veces escribo fantasía o relatos puramente realistas. No los clasifico hasta luego de terminar. De ahí que me resulte imposible etiquetarme como autor de ciencia ficción, ni mucho menos decir que hibrido géneros.

Trabajo con ideas y recursos narrativos, al menos en la parte consciente de la escritura. Siempre queda un porciento del texto que no sabría decir de dónde salió. En la parte que sí controlo del proceso, me gusta tomar de aquí y de allá. Intento no pensar en términos de género. Los géneros son útiles para que el público encuentre cierto tipo de libro o para que los académicos y críticos puedan organizar su discurso; pero también tienen el efecto de que, como ocurre con la ciencia ficción y la fantasía, obras muy diferentes entre sí van a caer en el mismo saco, para bien o para mal. Ahí no valen tampoco las jerarquías de calidad. Tienden a confundirse con gustos y prejuicios. Personalmente, dedico mucho tiempo a pensar en el dilema de los géneros y a veces me digo, “escribiré un cuento dentro de este género”, porque ayuda tener un punto de partida, pero luego voy adonde me lleve la historia.

¿Qué opinión te merece la literatura de ciencia ficción joven que existe hoy en día en nuestro país? ¿Cuál es un principal hándicap?

Creo que hoy los autores están mucho más informados de lo que estaban hace una década. Se trata de una ciencia ficción escrita por nativos digitales, en un mundo interconectado. Los referentes actuales pueden llegar de lugares como China o Nigeria, que antes no figuraban en nuestro mapa de la ciencia ficción. El abanico de temas y estéticas se ha ampliado mucho.

¿Hándicap? Muchos de los textos que leo de autores contemporáneos están salpicados de referencias y tópicos ya abordados en sagas literarias exitosas, series de televisión, películas, etcétera. Raras veces la mezcla se produce de forma orgánica. Parece que la ciencia ficción cubana está todavía en proceso de asimilar todas esas influencias externas. Como amante de las buenas historias, me preocupa que los argumentos se subordinen al afán especulativo y a las referencias.

¿Cuáles son los temas o asuntos que te preocupan a la hora de escribir y cómo transcurre tu proceso creativo?

Me gusta probar suerte con los tópicos de la ciencia ficción. Mis argumentos son muy diferentes entre sí. Lo mismo me pasa con otros géneros. Solo encuentro un elemento en común: el individuo. Suena demasiado vago y general pero, analizando mis cuentos y la forma en que se desarrollan, veo que el foco de atención siempre está en el mundo interior de los personajes. Mientras más imperfectos y vulnerables, mejor.

 Por raro que suene, dedico la mayor parte de mi tiempo libre a complicar la vida de personas imaginarias. En ese sentido, la ciencia ficción me ofrece un arsenal de situaciones desagradables o extrañas que puedo dejarles en el camino. Trato de no extenderme en la descripción de sociedades o tecnologías, aunque me divierta hacer lo que llamamos worldbuilding (construcción de mundos).

Casi todos mis relatos están entrelazados con el punto de vista de los protagonistas, a tal punto que un noventa por ciento de las ideas que vienen a mi cabeza acaban desechadas porque no encuentro a los personajes adecuados. Cuando aparecen los personajes ya hay conflicto, y entonces el cuento se escribe solo… lo cual es un sentido figurado, porque bastante que me cuesta. Escribo lento, a lápiz, y tengo la mala costumbre de corregir a cada rato. Ese es mi proceso creativo y no se lo recomendaría a nadie. Los horarios y la cantidad de revisiones varía con cada cuento. Y suelo reescribir mucho.

¿Es importante que los jóvenes creadores tengan referentes de las generaciones anteriores?, ¿o piensas que es preciso que los jóvenes rompan con moldes anteriores y que solo se miren en el espejo de sus contemporáneos?

Nunca he intentado romper moldes. Mis preocupaciones suelen ser mucho más inmediatas. Trato de no hacer comparaciones. Una amiga escritora me ha calificado de “arqueólogo literario” porque paso más tiempo leyendo novelas del siglo XIX que poniéndome al día con el panorama literario cubano. Desde que abandoné la condición de inédito, intento llenar ese vacío cultural, porque hay que tener de qué conversar en los eventos y ferias del libro.

Lo cierto es que leo principalmente por placer y curiosidad. Cualquier comparación de mi obra con la de mis contemporáneos me parece un acto mezquino. Cualquier comparación con los clásicos puede ser fatal para mi autoestima.

Conversemos un poco sobre el debate de si existe el fantástico o la ciencia ficción netamente cubanos, entendiendo que esa categoría no incluye la condición nativa de aquellos que escriben sino la elección de figuras, temas, leyendas, mitos, religiones, etc. propias de nuestra región geográfica. ¿Este es un riesgo que nos puede conducir a una escritura localista o constituye un paso adelante en cuanto a la idea de formar un corpus creativo de raíz nacional?

Pienso que la cultura cubana es mucho más universal y compleja de lo que parece a simple vista. Siempre se agradecen las historias fantásticas que reflejan nuestra identidad, pero se corre el riesgo de mostrar una visión caricaturesca de lo que significa ser cubano. Por atractivo que resulte un corpus creativo de estas características, no debería otorgársele más valor del que tiene ni debería limitar la elección de argumentos por parte de los autores.

Como escritor cubano, puedo escribir historias que se desarrollen en Nueva York o Japón, incluso con situaciones que parecen sacada de un cómic norteamericano, y siempre habrá algo de cubanía en el modo de representar esos rasgos culturales foráneos.

Los grupos literarios, ¿beneficiosos o negativos para un escritor?

Si algo hemos aprendido durante la pandemia del coronavirus es que, por mucho que la sociedad nos corrompa, el aislamiento no nos hace ningún favor. Eso aplica también a la formación de los escritores. El Centro Onelio, el Taller Espacio Abierto y el taller literario de la UCI han sido claves en mi aprendizaje y no sé qué rumbo hubiera tomado mi escritura sin ellos. Posiblemente no hubiera pasado de ser un hobby.

Mi experiencia personal en estos grupos puedo calificarla como positiva. Es verdad que se corren riesgos. Puede ser difícil para un autor formarse un criterio propio bajo la influencia de un grupo. Siempre hay una parte de nosotros que quiere agradar, que busca ser aceptada y disolverse en la multitud. Depende de hasta qué punto el escritor consiga mantener su individualidad. Pero no hay duda de que se aprende. De lo bueno y de lo malo.

Háblame un poco de tu libro Izokumi, Premio Calendario de Ciencia Ficción en el 2019.

cortesía del entrevistado

Izokumi es el último de cuatro cuentos que conforman el libro. Y los cuentos no guardan relación entre sí. Así que es difícil explicarlo como un todo, aunque por lo general mis presentadores se las arreglan para definirlo mejor que yo (aquí pondría un enlace a la reseña de Abel Guelmes que está en el blog de Espacio Abierto).

La colección inicia con Edén, una reescritura de un cuento de Edgar Allan Poe en clave de ópera espacial. Luego viene el cuento más largo de todos, Tiempos convulsos, donde me di el gusto de contar una historia de intriga y espionaje en un 1962 alternativo, donde la Crisis de los Misiles toma un nuevo giro.

Hostal 51 es un cuento que escribí y reescribí varias veces sin parar de reirme de mis propios chistes. Lo mejor es que a otros también les ha hecho gracia. Trata de un hostal que alquila a extraterrestres en la Cuba de hoy, o al menos la Cuba de hace unos meses.

Izokumi es una historia sobre universos paralelos y el bombardeo nuclear a Nagasaki, en 1945, y es mi cuento favorito del libro. El hilo que conecta las narraciones, si hay alguno, podría ser el tratamiento de los personajes y su manera de afrontar la adversidad, pero ese es el tipo de explicación que los autores nos inventamos sobre la marcha. Si alguien me dice a la cara que son solo cuatro cuentos que reuní para ganar un concurso, posiblemente no se me ocurra nada que contestar.

Leí con curiosidad, y hasta con un poco de sorpresa, que de los tres jurados que concedieron dicho premio, solo uno estaba vinculado directamente al mundo de la ciencia ficción y la fantasía. ¿Es positivo que nuevos jurados, provenientes de la literatura mainstream, valoren las obras que se enfocan en el género fantástico? ¿Se corre un riesgo o se amplía un espectro de referencias?

A menudo se oye decir que la literatura de género no es tomada en serio ni por la crítica ni por otros escritores. En ese sentido, la inclusión de autores ajenos al género, pero de vasta trayectoria y autoridad en el mainstream, permite que exista ese acercamiento tan deseado.

Me gusta pensar que esos jurados pueden expandir sus horizontes y su comprensión de la literatura popular, al mismo tiempo que aportan un punto de vista estrictamente literario. Lo ideal sería mantener un equilibrio en la mesa donde se valoran de los manuscritos, pero con un número impar se hace difícil. De hecho, la contradicción entre la calidad literaria y el carácter especulativo es inherente a este tipo de obra. Incluso si hubiera un único jurado, la elección siempre va a ser complicada, por eso los veredictos del Premio Calendario de Ciencia Ficción siempre están sujetos a polémica.

Es difícil encontrar libros perfectamente balanceados. Sin embargo, un buen libro de ciencia ficción debería ser capaz de convencer incluso a los lectores más novatos. La literatura de género muchas veces tiende a aislarse dentro de sus propios límites y creo que ese es el mayor riesgo.

¿Hay variedad estética y estilística en los textos de los escritores de ciencia ficción de nuestro país o se repiten las maneras de contar?

Siempre hay algo de imitación, sobre todo cuando se trata de autores que dan los primeros pasos en la escritura. Es normal. A medida que estos escritores ganan experiencia, se puede notar un estilo y una estética particular. No creo que haya dos autores cubanos de ciencia ficción que escriban igual. Todos tienen sus inquietudes y sus maneras.

¿Hasta qué punto crees que la reciente conectividad de nuestro país con mundo de la media enriquece los márgenes culturales de los escritores?

Es difícil estimar hasta qué punto. Son muchas las bondades del Internet y sus desafíos. Tengo cerca de 10 GB en videocursos de escritura y libros de teoría narrativa que no podré estudiar ni viviendo mil años, por no hablar de la cantidad de ficción que tengo al alcance de un click. Es casi desesperante. Antes, las opciones eran más reducidas y había más tiempo para procesar las experiencias. Ahora, lo que se gana en amplitud e inmediatez, se pierde en intensidad. Y los horizontes de los lectores se amplían también, o al menos su acceso a la información. Eso influye mucho en la forma de escribir, porque se lee distinto.

También, debido a la escasez de vías para promocionar y comercializar las obras literarias dentro del país, Internet es para muchos el camino más rápido y directo hacia una carrera literaria. Es muy popular la idea del escritor/divulgador/influencer, todo en uno. Los autores son mucho más conscientes del medio en que se distribuye su obra y pueden recibir retroalimentación. Parece que la literatura va dejando de ser un oficio solitario.

En mi experiencia personal, la conectividad puede ser también un enemigo de la productividad. Pero es uno de los riesgos que debemos correr. Habrá que adaptarse, porque el Internet no se irá a ninguna parte.

¿Cómo definirías tu propio estilo?

Siempre tengo en mente una frase de Hemingway cuando pienso en el estilo. Decía, más o menos, que son aquellos errores que se repiten en la obra de un autor mientras este trata de crearse un estilo. Yo ni siquiera busco definirlo. Otras personas lo han descrito como sencillo y directo. Mis cuentos están llenos de imperfecciones que se repiten, también de obsesiones que se manifiestan en la forma y el contenido. Arranco con la frase que me parece más esclarecedora y, como nunca me gustó la gramática, voy hasta el final intentando no tropezar con los adjetivos, los advervios o las oraciones subordinadas. Trato, en general, de no complicar las cosas, incluso cuando las ideas que manejo puedan ser excéntricas.


Bradbury, el último poeta marciano

  • “Los libros cosen las piezas y los pedazos del universo para hacernos con ellos una vestimenta”.

Ray Bradbury (1920-2012)

Dos caballeros vestidos con armaduras esperan en la oscuridad la llegada de un dragón al que deben matar. Ellos no lo han visto nunca, pero lo describen como una criatura enorme y monstruosa de un solo ojo, que escupe fuego y echa humo. Cuando por fin se produce el tan temido enfrentamiento, la historia da un giro insospechado…

Es la sinopsis El Dragón, el primer cuento que leí de Ray Douglas Bradbury. No por ser el primero se convirtió en mi relato favorito, me impactó la manera en que presentaba dos de los temas más importantes de su obra: la especulación sobre el tiempo y la amenaza del futuro.

Al dedicarle La Luz esta edición del Premio Celestino a uno de los tres grandes de la ciencia ficción (CF) he vuelto a hojear parte de la correspondencia que además de consejos para un principiante, me obsequió un corpus de lecturas que provocaron emociones y ayudaron a dar sentido a la experiencia de vivir a un adolescente bajo la metáfora de lo anticipado y lejano.

El descubrimiento de este autor comenzó por el artículo “Las manzanas marcianas de Ray”, publicado en el periódico ¡Ahora!: ¿Un padre que construye un cohete en el patio de su casa para darles a sus niños la alegría de un viaje a marte?, ¿bomberos cuyo trabajo no es apagar fuegos sino encenderlos para quemar libros?, ¿una sociedad donde leer libros era un delito?, ¿sujetos que memorizan obras completas para preservarlas y transmitirlas oralmente a otros?, ¿humanos como extraterrestres en Marte?, ¿invasores extraterrestres que encuentran en los niños humanos sus aliados?, ¿un curioso personaje con el cuerpo completamente cubierto de tatuajes que están mágicamente vivos?, ¿y todos estos argumentos nacían de la mente de un autor de CF que no se adaptaba a la tecnología? ¿¿¡!??

Además de paladear mi apetito literario, aquel artículo se convirtió en el catalizador para conseguir los libros de Bradbury. Encontré Tres de Bradbury (una inolvidable edición de los 80 con carátula azul que incluía Fahrenheit 451, Crónicas marcianas y El hombre ilustrado) y la que sería mi obra favorita de este autor: El vino del estío, una novela que nada tiene que ver con la ciencia ficción.

Pero yo necesitaba más, mi curiosidad por ese autor rara avis crecía. La búsqueda continuó y entre tanto buscar y buscar encontré hasta su dirección postal. Le escribí, y para sorpresa mía y de muchos otros, respondió.

Así comenzó mi intercambio de cartas con este autor amante de los gatos, incapaz de manejar un automóvil y que nunca dependió de una computadora.

“Nadie puede enseñar a escribir ciencia ficción, aunque muchas veces se ha intentado” – fue su primera sentencia en la correspondencia –. “Lee poesía y encontrarás las mejores ideas”, “se debe escribir rodeado de libros” y “todo lo que necesitas saber sobre cómo escribir lo encuentras en Huckleberry Finn”.

Las recomendaciones literarias y las lecciones no se detuvieron hasta que obró para que llegara a mis manos su libro de ensayos Zen in the art of writing. Descubrí en aquel texto en inglés reveladoras páginas sobre su infinito placer de escribir, el porqué y el cómo.

Aunque la mayor lección que aprendí fue que existen libros que nunca se deben prestar, y menos si este es una primera edición, con dedicatoria y firma incluida de un autor incluido en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción, con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y con un asteroide (¡nada más y nada menos que un asteroide!) nombrado Bradbury 9766 en su honor.

Muchos califican a Bradbury como autor de culto, maestro del cuento poético dentro del género, en contraposición de otros que lo ven como un autor “blando” al no ubicar sus historias dentro de las vertientes más “hard” de la CF. Lo cierto es que este autodidacta escritor transformó el modo en que se entendía la literatura del género al producir un cambio con respecto al modo de concebirse los relatos, a pesar de que siempre se consideró como un escritor de fantasía. “En mis obras no he tratado de hacer predicciones acerca del futuro, sino avisos”, escribió quién demostró como nadie que el humanismo y la poesía, combinados con la CF o la fantasía, son una mezcla poderosísima para el deslumbramiento de las posibilidades de la imaginación.

Su influencia es visible en autores de CF de nuestro país como Oscar Hurtado, Ángel Arango y Miguel Collazo; mientras que en el audiovisual, los cuentos “Remedio para melancólicos”, “Sol y sombra”, “El cohete” y “El hombre ilustrado” fueron adaptados para la televisión y recontextualizados en el ámbito cubano sin que esto afectara el sentido cardinal de la historia.

Bradbury no sólo cultivó la ciencia ficción y la literatura de corte fantástico, sino que escribió también libros realistas e incluso incursionó en el relato policial, escribió también poesía, guiones para el cine y la televisión y piezas de teatro. Pero muchos concuerdan al afirmar que lo mejor de este autor fueron sus primeras obras de ciencia ficción: Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas. Ambas, a pesar de la época en que fueron escritas, pueden considerarse como objetos de estudio de un experimento de sociología del futuro, sujetas a la exigencia premonitoria de la verdad.

“¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad?”, escribía Jorge Luis Borges en el prólogo de Crónicas marcianas. Mensajes de alarma extrema, tramas tan lejanas y ajenas como cercanas y posibles.

Y es que todo es absolutamente cierto con este autor. Su prosa poética marca la diferencia para afirmar que la ciencia ficción, considerada muchas veces como una rama desdeñable de la literatura, también vale para ajustar cuentas con el presente: “No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Tampoco harán falta las bibliotecas si nadie las dinamiza y si tampoco nadie es invitado a usarla. Continuamos siendo imperfectos, peligrosos y terribles, y también maravillosos y fantásticos. Pero estamos aprendiendo a cambiar”.

A pesar del miedo y la incertidumbre en estos días de confinamiento, revisitar a Bradbury se torna acto de resistencia personal ante la alfombra roja del inconcebible futuro de nuestra humanidad.


Entre el espanto y la ternura, Celestino canta

Todo hombre se parece a su dolor.

André Malraux

Solo la infancia es nuestra.

El resto pertenece a los extraños.

Don DeLillo

  • …la historia de la literatura cubana de los últimos treinta años[1] se ha caracterizado por ser una historia de las exclusiones y, por supuesto, las instancias ideológicas y políticas han sido protagonistas en ello. Así, se ha promovido una bifurcación que remite a la existencia de dos literaturas cubanas en pugna: una dentro del país y otra en el extranjero, una comprometida con la Revolución y otra en contra del proyecto revolucionario. En esta historia de las exclusiones hemos participado todos.[2]

Uno de los autores que ha quedado oculto tras ese velo de silencio es Reinaldo Arenas (Holguín, 1943-Nueva York, 1990). Y aunque su última novela, Antes que anochezca (1992), logra mayor fama internacional —por la coyuntura de ser su texto más abiertamente irreverente, además del impacto por su publicación póstuma—; fue su primera obra, Celestino antes del alba (1967, primera mención del Premio Uneac en 1965), la que formó parte de un corpus narrativo que introduce en el ámbito literario cubano a un tipo de narrador con características muy especiales, el narrador niño, que será retomado con ímpetu en los años ochenta por una nueva generación de escritores, corriente conocida como «cuentística del deslumbramiento»,[3] «narrativa de la adolescencia» o «de la ética».[4]

Celestino antes del alba recrea el enfrentamiento con su entorno de un niño de campo, cuya voz describe la realidad tal como se le presenta, matizada por las alucinaciones que toman vida en su imaginación. De su argumento poco convencional se desprende el tema de la eterna defensa de la belleza y la realización personal. Los recursos del lenguaje y las técnicas narrativas hacen gala de un manejo excepcional que estalla en la mayor contribución artística de esta novela: la persona que enuncia el discurso desde un «yo» que la identifica como narrador-niño-protagonista y que queda indisolublemente ligada al personaje de Celestino, quien asume la función de receptor del discurso (narratario).

Desde el propio título esta novela nos revela el lirismo de sus páginas. Y es que en más de una ocasión su autor afirmó su mayor aspiración: ser recordado por la poesía implícita en sus novelas y relatos. Celestino antes del alba encierra dos sustantivos claves para la comprensión del texto: el primero, propio, adelanta al lector que el relato narra la historia de un personaje masculino (Celestino), mientras el segundo aporta la ubicación temporal —en el caso de que se interprete como lo sucedido al personaje en una noche— aunque en la lectura se comprueba su significado metafórico. El vocablo alba alude a la iniciación del día, al amanecer, la aurora, la primera luz antes de la salida del sol, pero además proviene del latín albus, que significa blanco, y es ese precisamente uno de los momentos más disfrutados por el niño protagonista de la novela, cuando la neblina cubre todo el campo con su espesa luz blanquecina. Pero el momento al que se refiere es al que le antecede, la noche, hora destinada al sueño, espacio que desarrolla la trama. Todas las acciones están condicionadas por los destellos de lúcida conciencia mental del estado de vigilia que alternativamente acompaña al sueño: «Ahora es mejor que dejes tranquila tu imaginación, pues en cuanto dejes de soñar y duermas más, ellos no te habrán de molestar. No pienses, o piensa menos […] Ya sabes: piensa menos, sueña más, y duerme, y duerme».[5]

Los procesos del razonamiento infantil mantienen activa una elevada capacidad imaginativa que conduce el pensamiento por un mundo donde la fantasía es asumida como única rectora mientras los límites de lo posible se disuelven. Ello encierra la significación lírica de esta historia que enuncia el maravilloso mundo de la infancia, ese fragmento de la existencia humana en que todo asombra y sorprende. Es la etapa de descubrimiento y reconocimiento de una realidad que deslumbra con cada nueva sensación, mientras se va dirigiendo esa sensibilidad hacia la aceptación o el rechazo de los objetos, provocada por el conocimiento asociativo de la percepción sensitiva que les corresponde. Así, el niño que despierta en estas páginas retiene la agradable sensación que le despierta el olor de la tierra cuando llueve o la frescura en sus pies cuando la pisa.

La novela concluye en el umbral de la adolescencia, del alba como despertar ante esa realidad que se impone a la imaginación, dejando atrás el mundo de ensueños habitado por brujas y duendes. El fin de la infancia se indica simbólicamente en la muerte del personaje. Muerte que es salvación, ascensión al limbo, a la eterna inocencia que perseguía en sus viajes a la luna para escapar de un ambiente repulsivo y miserable.

Arenas recrea el enfrentamiento de un niño de campo con su entorno, cuya voz describe la realidad tal como se le presenta, matizada por las alucinaciones que toman vida en su imaginación. El clímax de la narración se halla en la vida fabulada de ese niño marcado por el sufrimiento que le provoca la ausencia del padre y los maltratos de una familia que lo repudia porque representa la frustración de la madre abandonada, que amenaza a cada instante con suicidarse. Para escapar de la soledad, la pobreza, la ignorancia y el convencionalismo de su familia, incapaz de enfrentar la crueldad y el horror de su circunstancia, se inventa un álter ego, personaje que encarna al primo Celestino, el poeta que escribe en los árboles. La poesía es la vía de salvación inicial ante la insulsa vida que le imponen, que encuentra su antagónico en la figura del abuelo que derriba con su hacha los troncos escritos. La escritura y la creatividad se defienden como una forma de rebelión contra la autoridad destructiva de la familia.

La historia transcurre entre los juegos, invenciones y tristezas del protagonista y las constantes persecuciones de la familia que no acepta la identidad diferente y contradictoria de un niño «débil» y «amanerado». Tres diferentes finales multiplican las lecturas de esta novela circular y con cada uno se anuncia la implacable muerte del protagonista, que tiene lugar en el último final. La historia, que comenzó en el pozo con los gritos de la madre anunciando un suicidio que no se atreve a cometer, termina justo allí con la liberación por fin alcanzada de su protagonista, quien entre sombras anuncia lo sucedido antes que las luces del alba alcancen a entregarle otro tiempo para contar, vivir.

Otro de los motivos que se reitera en toda la trama es la muerte, como acto de rebeldía y liberación, lo que destaca algunas de las obsesiones fundamentales de su autor: la nostalgia, el misterio de la madre y el amor a la libertad. Y es que la novela trabaja con evocaciones de corte autobiográfico: «Es autobiográfico también el ambiente, la brutal inocencia con que se expresan los personajes […] en lo que respecta a la aparición de las brujas y los duendes, los primos muertos, el coro de tías infernales, el acoso de infatigables hachas, los desplazamientos del personaje hacia la luna (las huidas) sin obtener resultados ventajosos».[6] 

La concepción del relato es novedosa por la desfiguración espacio-temporal: el espacio se reduce y comprime hasta ubicarse solo en la casa, mientras la historia carece de linealidad, esto se logra con el uso de varios métodos para fraccionar o recuperar el tiempo a través de las asociaciones casuales y la memoria, que se proyecta como un ejercicio de lucidez. La constante exploración del recuerdo y del universo imaginario da lugar a una hábil disposición para presentar la estratificación de la memoria y de la capacidad de invención de la mente infantil, en una prosa que a veces se aproxima al estilo de la lírica. Esta mezcla de realidad e imaginación forma un entretejido de alucinación donde el triunfo de la pureza es todo un símbolo. Se incorpora una técnica narrativa que fractura la continuidad de la trama en la búsqueda de una ambigüedad entre verdad y fantasía, entre mundo exterior e interior, que asume sin limitaciones la irracionalidad y el absurdo. Por tanto, esta obra transita entre lo que pudiera clasificarse como novela surrealista u onírica.

En cuanto a los componentes formales, es preciso subrayar la incorporación de procedimientos innovadores y experimentales que enriquecen los recursos técnicos del género, como el empleo del monólogo interior con que se trata de captar los estados de conciencia del protagonista, que por momentos se convierte en caótico debido al sinsentido del lenguaje que intenta reproducir estados de completo desgarramiento interior.

«Nueva, revolucionaria, con desaliño inherente y necesario, Celestino antes del alba, se coloca como uno de los más legítimos experimentos de lo más joven de nuestra novelística […] Es una obra tensa, ambigua»,[7] «[…] una de las novelas más hermosas que se haya escrito jamás sobre la infancia, la adolescencia y la vida en Cuba».[8]

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[1] Hago mías las palabras de Rogelio Rodríguez Coronel en su intervención en el encuentro “Cultura e identidad nacional”, celebrado en junio de 1995 en La Habana.

[2] Rogelio Rodríguez Coronel: Cuba, novela, revolución (“Colección Aché”). Universidad de La Habana, Facultad de Artes y Letras, [s.f.], p. 26.

[3] Francisco López Sacha: “El personaje reflexivo en la nueva cuentística”, en Revolución y Cultura, No.1, ene/85, Ciudad de La Habana, p. 24-31.

[4] Luis Manuel García: “Contar el cuento”, en La Gaceta de Cuba, agosto 1988, p. 2-4.

[5] Reinaldo Arenas: Celestino antes del alba, Ediciones Unión, La Habana, 1967, p. 45.

[6] Reinaldo Arenas, apud Miguel Barnet: «Celestino antes y después del alba», en La Gaceta de Cuba, año 6, No. 60, julio-agosto 1967, p. 21.

[7] Barnet, op. cit.

[8] Carlos Fuentes, apud Lourdes Arencibia Rodríguez: Reinaldo Arenas entre Eros y Tánatos. Soporte Editorial, Colombia, 2001. p. 59.


Querernos de lejos

Cerramos los ojos y, por un instante, parece que nos trasladamos hacia el mismo centro de la vetusta, hermosa y señorial villa de Santa María del Puerto del Príncipe, con el trazado asimétrico de sus calles, donde cualquiera puede desorientarse pero no perderse porque los camagüeyanos, amables y orgullosos de su urbe le enseñarán, de inmediato, el rumbo a seguir.

En eso pensamos al apreciar la más reciente obra del joven creador Iván Carbonell Guerra, Machuty, licenciado en la especialidad de Instructor de Arte, Miembro de la Asociación Hermanos Saíz, a quien la terrible pandemia, la COVID-19, le ha servido de motivo de inspiración. De sus pinceles e inagotable fantasía, nació Querernos de lejos, acerca de la cual accedió, amablemente, a contarnos vía correo electrónico.

– ¿Qué te propusiste con Querernos de lejos?

Con mi obra trato de representar la dramática situación de contingencia sanitaria que vive el mundo a causa del nuevo coronavirus, la terrible COVID-19 que ya ha cobrado más de 270 000 vidas humanas en todo el mundo, y lamentablemente también en Cuba.

Mi intención es hacer un llamado a la reflexión de la humanidad a protegerse y tomar conciencia de cumplir las medidas orientadas por las autoridades de la Salud y, sobre todo, quedarse en casa para evitar la propagación de este siniestro virus.

En cuanto a las estructuras arquitectónicas, en algunas zonas de la obra las líneas se acentúan y desempeñan un papel esencial, con lo cual le da mayor expresividad y solidez a la pintura; con ello dejo bien definido que nuestras trincheras para vencer esta batalla contra la pandemia son nuestros hogares. Además, utilizo texturas, resultado de una constante experimentación en que estoy inmerso y se funden con trazos de carboncillo que le aportan frescura y contraste a los elementos compositivos.

Por otra parte, recurro a una armónica gama de matices con el propósito de establecer un diálogo estrecho entre la obra y el espectador.

– ¿Qué técnica utilizaste?

Emplee en la conformación una técnica mixta, ya que me permitió trabajar con varios materiales y me brindó la posibilidad de combinarlos entre sí, dando como resultado los efectos visuales que deseaba.

– Nos parece percibir una visión del Camagüey colonial en esta obra, ¿es así?

Esto es algo que muchas veces no te propones, directamente, pero aflora al manejar los pinceles. Siempre que puedo represento a mi ciudad de Camagüey desde mi visualidad creativa, en muestra de admiración, respeto y cariño a la tierra que me vio nacer y que es el pilar fundamental de mi formación artística como creador.

Siempre he representado, implícitamente, la ciudad de Camagüey, sobre todo ese Camagüey colonial lleno de ricas tradiciones identitarias que me acompañan donde quiera que esté.

Camagüey es una tierra que seduce a todos, tanto visitantes como sus pobladores. Es un homenaje a la tierra del Mayor, de Guillén y de tantos héroes y creadores, y por supuesto para todos aquellos héroes que en los hospitales, los laboratorios, cuidando el orden interior y en otras disímiles tareas luchan, desde sus diversos frentes, para vencer esta pandemia.


Premios Calendario: Poder de la letra joven (+Fotos)

Muchos volvemos a las páginas durante estas jornadas de coronavirus y aislamiento, conscientes de que la literatura también salva, con su poder para cultivar el espíritu, transmitir conocimientos y hacernos soñar. Decenas de autores ahora mismo escriben en sus casas, conforman mundos con mezclas de fantasía y realidad. Seguramente en el futuro tendremos libros, nacidos durante esta etapa de temores y esperanza, que conquistarán concursos y llegarán a nuestras manos con el encanto de lo auténtico.

Los textos ganadores del premio Calendario, uno de los más importantes en Cuba, siempre son buenas opciones para adentrarnos en lo mejor de la literatura de jóvenes en el país. Hoy les proponemos acercarnos a varios que tal vez ya usted adquirió en las ferias del libro del 2019 ó el 2020, o puede encontrar en diferentes librerías. Todos fueron publicados por la Casa Editora Abril y sus autores son miembros de la Asociación Hermanos Saíz. Estas son obras con el poder de lo atrevido y el talento, pasos de quienes desean crecer siempre.

Leidy González es una de las autoras jóvenes que da pasos importantes en el panorama literario de Cuba.

HÉROES MÁS HUMANOS

El mensajero (2020), escrito por la villaclareña Leidy González Amador, tiene el encanto de lo ágil y preciso, el humor y la historia. Narra las peripecias de un niño llamado Manu Tejeda, hijo de un mambí a las órdenes de Antonio Maceo, que murió como consecuencia de heridas de guerra. El pequeño, delgado y algo “entrometido”, también se suma a las tropas insurrectas empeñado en cumplir la voluntad de su padre.

El infante, fruto de la imaginación de la autora, al igual que otros personajes como Julián Planazo y el negro Cebiche, nos muestra su visión de sucesos y hombres reales de la contienda de 1895, como el propio Maceo, Quintín Banderas, Máximo Gómez y Panchito Gómez.

Ahí va él, caminando entre los demás, lleva cartas como mensajero, siente hambre, cansancio, pero sigue en la invasión hacia Occidente, disfruta las anécdotas y bromas de los más viejos, prueba el aguardiente, es curado con hiervas de una herida en la pierna, pierde a su mejor amigo en la manigua, tiene dolor y orgullo…

González Amador, ganadora también de los premios nacionales Hermanos Loynaz 2013 y 2017; Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2015; Eliseo Diego (2016), Fundación de la Ciudad Fernandina de Jagua 2017 e Ismaelillo 2019, vuelve a demostrar su fuerza como escritora, a pesar de tener solo 31 años de edad.

Los lectores cubanos, especialmente los infantes, necesitarán siempre de propuestas literarias como esta. Ojalá El mensajero, texto para pequeños y adultos, esté en las escuelas primarias, tenga una versión digital suficientemente atractiva y pase también a la vida como audiolibro, con la certeza de que en las creaciones más recientes de la narrativa cubana hay personajes con suficiente fuerza para encantar a los más pequeños y ser referentes muy autóctonos y atractivos.

LAS LÍNEAS Y LA VIDA

Elizabeth Reynosa /Foto: AHS

Portada del libro Líneas de tiempo..

Publicada también en el año 2020, la novela Líneas de tiempo, de la granmense Elizabeth Reinosa nos hace reflexionar sobre el significado de la vida misma, en la cual hay tristezas, anhelos y desesperanzas.

Compuesta por 82 páginas, presenta cuatro capítulos o líneas, denominadas Infancia (1939-1955), Juventud (1956-1970), Adultez (1971-2000) y Vejez (2001-2016), con una armónica narración que presenta relatos breves. Desde Patio (1943), fecha en la cual asumimos que el personaje protagónico tenía cuatro años, hasta Retrospectiva (2016), el lector encuentra sufrimiento, miedos, golpes, sueños y también dolor y pesimismo, como en Estragos (1978), con la certeza de que “…la felicidad solo dura unos minutos…”.

Como expresó Rafael de Águila, integrante del jurado que otorgó el Calendario de Narrativa en 2019 junto a Francisco López Sacha y Ahmel Echevarría, Líneas del tiempo es “rotunda, dura, telúrica, viñética, angustiosa, escrita como a zarpazos tristes”.

Reinosa Aliaga consigue una especie de doble sentido entre el título general, los de los capítulos, las partes de la narración y el ferrocarril y los trenes, pues estos dos últimos elementos atraen a su personaje desde la niñez, un ser que no tiene apellidos ni es ubicado en ciudad o poblado específico.

El lugar de los sucesos pudiera ser cualquiera, pero se siente mucho el sabor a Cuba, el ambiente de este país y el vínculo con algunos hechos de la historia nacional, incluidos Balseros (1994) y Presagios (1998). Esta es la vida de un hombre, que pudiera transcurrir en etapas sin definir, más allá de los años marcados. En su estilo preciso y limpio, la novela tiene también poesía; sin dudas una obra que despierta sensaciones agradables durante y después de su lectura.

UN LIBRO PARA CORREGIR

Un sistema inventado para corregir: El discurso penitenciario y la prisión en la Cuba decimonónica (2020), del joven licenciado en Derecho Adrián Jesús Cabrera Bibilonia es sin dudas una obra interesante.

Ganador del Calendario en la categoría de Ensayo, posee un estilo coloquial y tiene de literatura en cuanto a estilo, a pesar de la hondura de sus exposiciones y análisis.

Según las palabras del propio autor, profundiza en la manera en que la prisión logró su existencia, la necesidad de crear espacios de encierro para moralizar y corregir. O lo que es lo mismo: el nacimiento de un fundamento de por qué el estado moderno puede y debe castigar: la “corrección del delincuente”. Que es, además, un fundamento perfectamente reconocible en la contemporaneidad.

Nacido en La Habana en 1994, Cabrera Bibilonia estudia temas penitenciarios desde su etapa como alumno en la Universidad de La Habana, con una visión más cercana a lo humano y lo social. Para él, “un libro siempre debe tener como máxima transformar comportamientos cotidianos”, por eso considera esencial transcender el campo académico y calar en las personas.

MUNDO DE ROMPIMIENTOS

Cuando despiertes (2018), del también habanero Daniel Burguet es indudablemente una propuesta bien lograda en cuanto a formas y contenidos.

Constituida por 88 páginas y siete relatos, presenta una armónica interrelación entre ellos, con buen empleo de las técnicas narrativas y la variedad de estructuras, con exactitud en los diálogos, y la construcción de personajes y ambientes con un alto nivel de realidad, a pesar de lo suigéneris de los escenarios y sus protagonistas.

Como expresó Eric Flores Taylor, miembro del jurado que le concedió el galardón, esta obra “es una muestra de la literatura de ciencia ficción más humanista y menos tecnológica, donde los gadgets (dispositivos pequeños con un propósito y una función específica) revolucionan el mundo ficticio, mas no por ello son el epicentro de la trama”.

En esta obra hay “tacos” (aparatos para programar como deseas que sea el día…), objetos voladores, un ser con el poder de dirigir guerras desde su casa y verlo todo en una gran pantalla…, pero lo más importante son siempre las personas, sus pensamientos y modos de comportarse, sus amores y desamores, el miedo, las incomprensiones, las traiciones y los sueños en medio de un mundo a veces negro, siempre desafiante.

Daniel Burguet, un muchacho delgado con el pelo largo, recrea dos “realidades” paralelas: la de los conectados y la de los desconectados, ambas con diversos puntos confluyentes, conflictos y anhelos.

Desde el primer cuento, Anatomía de la melancolía, hasta el último, El ojo cosmológico, gravita una especie de metafísica que va creciendo con cada página, dentro de una dramaturgia en la que a veces hay aparente tranquilidad, pero también sangre, muerte, sorpresa y sensibilidad hasta en los seres más impensados.

Llama la atención como el final del último relato cierra también el libro y aporta un elemento que enriquece historias anteriores. Cuando despiertes tiene algo de novela, pero sobre todo de sensibilidad en dos mundos de rompimientos y coincidencias, como es a veces la existencia de los seres humanos.

CONFLICTOS ENTRE NÚMEROS Y LETRAS

Portada del libro Los impares

Los impares, de Claudia Damiani Cavero, cautiva por la diversidad de formas narrativas y cierta singularidad de las historias. Compuesta por 14 cuentos, la obra abarca cierta experimentación en la relación entre las matemáticas, la vida y los temas de conversación de sus personajes, con diálogos que, en ocasiones despiertan sonrisas.

Los argumentos de ellos en leves disputas verbales revelan el conocimiento de teorías y particularidades de las ciencias, aunque los sucesos ocurran en lugares como un pasillo durante una guardia escolar en la madrugada.

Su autora aseguró que para escribirlo utilizó por primera vez la búsqueda de información a conciencia en función de la literatura, algo que se nota en sus páginas, sin restar frescura y ritmo a la narración.

El jurado que le concedió el galardón, integrado por Daniel Díaz Mantilla, Atilio Caballero y Aida Bahr, resaltó que presenta una “cambiante gama de conflictos, emanados de las relaciones interpersonales y la cotidianidad”.

Graduada de Diseño Gráfico, su autora, una muchacha de cabello rubio, espejuelos y aparente timidez, logra una buena construcción de los personajes quienes actúan y hablan con naturalidad, en coherentes relaciones entre ellos, sus acciones e ideas. El humor nunca parece ser objetivo, pero sí capa subterránea.

Es interesante como emplea la segunda persona del singular en algunas narraciones, especie de conversación con los lectores o meditaciones en voz alta. Ganadora también del Premio David (2018) la primera gran pasión de Damiani Cavero fueron las historietas, por eso no sorprende que actualmente sea también ilustradora y autora de la imagen de portada.


Dan a conocer ganadores del Concurso de Literatura Fantástica Oscar Hurtado

Dada la situación sanitaria existente en el país y la imposibilidad de realizar la premiación del XI Concurso de Literatura Fantástica Oscar Hurtado, los organizadores deciden hacer pública las actas del fallo en los tres géneros convocados, tal y como presentamos a continuación.

ACTA JURADO DE CUENTO

Siendo el sexto día del cuarto mes del año 2020, que pasará definitivamente a la historia como el año del coronavirus, los abajo firmantes, luego de varias conversaciones telefónicas, emails y chateos de WhatsApp, desde el confinamiento protector de nuestras casa, bunkers, nasobuco incluido por si las moscas, han terminado por ponerse de acuerdo a pesar de sus inevitables discrepancias y deciden:

En la categoría de cuento de Fantasía otorgar cuatro menciones:

La primera mención, por lograr un relato de fantasía anclado en nuestras raíces tainas y escrito con grandestreza narrativa, fluidez y dominio del lenguaje es para Juracán del autor con seudónimo Deminán, y que se nombra David Domínguez Francisco.

La segunda mención, por lograr un notable ambiente de novela negra fantástica, y una eficaz trama de suspense que reúne a Jack el Destripador con el mismísimo Mefistófeles en un bar,se otorga a BARadamantis del autor con seudónimo Choly, y cuyo nombre real es Jorge Mederos Aguilar.

La tercera mención por ser una fantasía satírica eficaz, divertida y bien contada a El heredero firmada con el belicoso nombre de Áyax y que resultó ser Lázaro Yusniel Lorenzo.

Y la cuarta mención por un relato bien construido que destila un especial candor al narrar la amistad entre una niña ciega y una criatura alada a El Ángel presentado con seudónimo Aiden y cuyo autor es Denis Luis Angueira Saborit.

Y el premio Oscar Hurtado 2020 en fantasía, por ser un relato excelentemente hilvanado que encierra una historia dentro de otra, ambas imaginativas e interesantes, y que deviene una pieza original dentro del tantas veces trillado camino de la fantasía épica a El precio de la grandeza escrito bajo el seudónimo de Axel y que no es otro que el escritor tunero José Alejandro Cantallops.

En la categoría de Ciencia Ficción otorgar también cuatro menciones a los siguientes relatos:

Por el fino y original humor que despliega para convertirlo en algo más que otro cuento cubano típico de inventores locos a Energía Descargable, de autor con seudónimo Murphy y nombre real Maikel Díaz Rosales.

Por la calidad de la narrativa y las ideas inquietantes que despliega, y a pesar de que de ciencia ficción solo tiene un ligero barniz a Políticamente Incorrecto de una tal Coraline quien en esta realidad se llama María Jesús Chávez y es santiaguera de pura cepa.

Por la eficacia e imaginación conque nos narra una escena erótica entre un ente extraterrestre y dos cubanos a Utopía firmado Francis, que resultó ser Pedro Luis Azcuy.

Por la originalidad de las ideas que maneja la descripción inquietante de un mundo que busca una felicidad artificial acosta de su misma humanidad a  El menú del día escrito por Nagathve, cuyo nombre real es Nathaly Vega y vive en Matanzas.

Y conceder el premio Oscar Hurtado en ciencia ficción a un relato muy bien estructurado y mejor escrito que conjuga originalidad con eficacia narrativa,y del cual solo lamentamos que haya sido tan brevea Crezcan los niños del autor José A. Oniria, que resultó ser Alejandro Manuel Rodríguez Cruz.

Y para terminar se le otorga el premio especial del jurado al relato que mejoraborda  el tema de los robots y las IAs, por ser el cuento mejor logrado, con una historia original y fluida con un cierto aroma a Odisea Espacial 2001, a Galantis, firmado por Temponauta que no es otro que Jonathan Sánchez Marrero.

El jurado quiere reconocer la participación masiva en este concurso con 103 relatos, destacar que este año, la calidad de los cuentos fantásticos excedió notablemente a los de ciencia ficción, y recordarle a los autores que lo más elemental en un concurso es cumplir con la bases del mismo ya que dos de los relatos finalistas tuvieron que ser descartados por no cumplir con el límite de páginas establecidas.

Y para que todo esto conste en los anales de los premios Oscar Hurtado firman la presente acta:

Yoss                         

Erick J. Mota                          

Carlos A. Duarte

ACTA JURADO DE POESÍA

La Habana, 7 de abril de 2020

El jurado del Premio de Poesía Oscar Hurtado 2020 se reúne por vía correo electrónico para deliberar sobre los textos presentados al concurso. Tras revisar una veintena de textos se acuerda por unanimidad que:

  1. En muchos de los textos presentados se aprecia poca madurez poética, y en otros la temática fantástica y de ciencia ficción se aborda superficialmente.
  2. b) Se decide otorgar Mención a los textos:

Detrás del paraíso, de Morgana, de la poeta: Leyta Edith Sánchez Sosa.

Bestia salvaje, de Fuego en el Encausto, del poeta: Alberto Rodríguez Rodríguez

Canción para después del vino, de El viajero, del poeta: Amilcar Rodríguez Cal

Patricia en la tierra, de Yo de San Mernardis, de la poeta: Marianela Labrada Hernández

  1. Finalmente, se decide otrogar el Premio a la obra Uncanny Valley, presentada bajo el seudónimo de Charizard, dado que es el texto que denota mayor limpieza en el lenguaje y sostiene un mejor ritmo y unidad en el discurso, con un final bien logrado, demostrando un mayor dominio de la palabra. La ganadora es la poeta: Janelle Pumariega Santana
  2. Al resto de los participantes se les recomienda continuar profundizando en la estructura del lenguaje poético, y en las lecturas sobre el género fantástico y la ciencia ficción.

Para que así conste firman,

Giselle Lucía Navarro

Raúl Aguiar                 

María Cristina Martínez          

ACTA DEL JURADO CATEGORÍA DE ARTÍCULO TEÓRICO:

A los 14 días del mes de abril del 2020, año difícil si los hay, los jurados del concurso Oscar Hurtado en la modalidad de artículo teórico (e incluyendo ensayo, reseña, crónica, etc), tras algunas deliberaciones telefónicas (todo el mundo quedó en casa, aunque nadie se lavó las manos… con el veredicto) acordó otorgar:

MENCIONES a los textos:

Los espejos de la posguerra. Ucronías, fake news y viceversa, enviado por el autor cuyo seudónimo es Albert Speer, quién resultó ser Amílcar Rodríguez Cal, por su interesante y exhaustivo análisis que es también guía de lectura de las ucronías con punto jonbar en la II Guerra Mundial.  

Y: Simpatía por el diablo, de la autora con seudónimo Margot Tenenbaum, que se nos reveló luego como Barbarella d’Acevedo, por su trabajo en doble función de reseña de “El Maestro y Margarita” y breve discusión de la vida Mijail Bulgakov, claramente invitante a la lectura de una obra sobresaliente y peculiar dentro del género fantástico y la literatura universal.  

Y el PREMIO único a:

Creación de guiones para videojuegos RPG de mundo abierto, escondido bajo el oportuno seudónimo de Player One, y siendo nada más y nada menos que Roger Durañona, por un desarrollo muy personal de sus ideas, que cuenta con experiencias de primera mano, en cuanto a la narrativa detrás los videojuegos RPG y cómo contribuir a convertirlos en genuinas piezas de entretenimiento intelectual.

Y para que así conste, firman la presente:

Rinaldo Acosta                                 

Raúl Aguiar                           

Gabriel Gil


Capítulo # 4: Zona de confort

(historia de una piedra que observa y canta)

Un poeta es un ser que suda/escupe/finge/bosteza/canta. Sí, un poeta es una piedra que canta. Así pudiéramos definir a Roberto Fournier, guantanamero radicado en Santiago de Cuba. Pudiera hacer una biografía o ficha técnica sobre él como escritor, a la manera convencional de los textos sobre escritores, pero no. Hoy quisiera encontrarme con esa biografía a partir de sus versos, encontrar los carteles de neón que faltan para el poeta.

Mi primer contacto con su poesía fue en la feria del libro de Santiago de Cuba 2017, allí me firmó su libro. Era entonces La cantidad rosada, cuaderno que salía bajo el sello Editorial La Luz, de Holguín.

Aquel es un cuaderno de una voz propia. Duro. Experimental. Era el llamado de un hombre ante su derrota y sus victorias más personales. Aquel era un cuaderno escrito en dos territorios: “dentro de la jaula” y “fuera de ella”. Aquel es un libro con paisajes de la familia: un primo/el armario que gime/la madre que busca y sabe. Entre sus páginas se pueden encontrar vivencias/fantasías eróticas/cuerpos para deseo/canibalismo. Esas páginas poseen una sinfonía particular: quemadura con saliva.

Hoy, el poeta vuelve a la carga. Su causa no es menor, su espuela huele a salitre y estiércol.

Publicado por la editorial El Mar y la Montaña de su provincia natal, el 2019 nos deja Zona de confort. Este es su segundo libro/bocanada de aire/suicidio. Un tratado sobre la fragilidad personal de un ser que se coloca desnudo ante el lector. Una piedra que canta.

I

El libro hace tres registros vivenciales. El primero busca la definición del poeta. Un poeta terrenal que lidia con entidades que lo superan, imágenes para el rezo. Figuras donde se combinan identidad/fe/memoria/el mar como fuerza y angustia/la huida.

Estas primeras secuencias de poemas responden a un camino que no es llano, que no conduce a su carne sino a la superficie, a un espacio breve donde se escucha gemir. El agua es un elemento para purificar instantes sin una imagen total. Se trata de un ritmo que él necesita, un ritmo para el confort.  

No hay ángel que aferre la utopía,

el frágil sino de paseantes y balseros:

Oshún bajo los puentes,

abonando risas, memorias…

demasiado reposo…

No hay carteles de neón

para el poeta…          

Los versos anteriores son el telón de boca. Son las palabras para mentar la distancia propuesta. Luego aparecen otros nombres para ejercer su comportamiento. Resulta necesario encontrar al poeta tras sus dominios: una niña ahogada, los embarcaderos, Nelson, Playa Blanca, Yuseff, piedras, ZONA DE CONFORT.

Hay una conexión que nace desde la inconformidad con el agua, con el mar que se lleva personas, con la bahía que aparece ingenua a la vista del sol. Es un peón en cualquier arista y sabe que no quedará íntegro ante su condición de hombre-palabra.

Demasiado intrincadas

demasiados fragmentos

para un altar…

El poeta ha visto demasiado la misma imagen y sabe que ya no es efectiva. Renuncia a la voluntad de la memoria, renuncia a bailar sin complicidad y sin agonía. Suda. Cada palabra es un compromiso con la caída. Suda. Luego vuelve sobre la quietud y nace, es la fuerza que posee.

Formas de la quietud,

la misma fuerza que ejerzo

para nacer…

Ready to fly de Viela Valentin

II

El segundo registro que hace Fournier en el libro de su cuerpo y la memoria lleva un título: Formas de la quietud. Un verso que es utilizado con anterioridad y que ofrece una simbología específica al lector. Si bien en la primera parte encuentra la complicidad con imágenes que huyen de lo cotidiano, sin tanto protagonismo dentro de estas; en la segunda se muestra dentro de la imagen como un observador presente y definitivo. Nos recuerda a la voz más natural que pudiéramos encontrar en las páginas de La cantidad rosada, es un Fournier sin pesos en los hombros. 

En este segmento utiliza la prosa poética, diálogos, personajes y locaciones reales. Hace una revista de momentos significativos por su valor textual y asume una postura en la definición del yo-poeta. La voz cambia. Si en la primera parte la lírica definía el matiz y el ritmo pausado/respiracional, aquí hay una intención por mostrarse como la piedra que yace en el parque. Como la piedra que observa y canta.

Dos viejos alemanes pasan en traje de baño. Un manisero ¾frente a dos policías adolecentes¾, apunta al globo azul que estalla sobre la hierba, en los ojos de un “chico de a dólar”.

Como una piedra que suda frente a un muchacho hermoso, la poética de Fournier resbala y produce una transgresión sensible a la mirada. Allí donde todos habitamos, él encuentra voces, rostros, amapolas con olor humano, mierda de pájaros que cae.

Encuentra un apóstol a quien le dan las espaldas los cibernautas. Su realidad es la de un hombre-piedra. Una criatura que observa y no puede cambiar nada, solo contemplar y modificar el significado. Es un muchacho chévere, gentil, ausente, morboso, sincero, mágico. Sus deseos nacen de lo cotidiano, del día a día. Vaga el camino con exactitud y lo resignifica. Tiene el golpe de la POESÍA-SURF.

La palabra no puede sino alegar empacho, inapetencia, disfunción “herejtil”. Una vez articulada, ensanchada la zona pélvica, crece la mano…

En estas páginas el poeta se entrega. Abre el cuerpo y propone el goce, el juego, la acción que en parte lo mueve a ser una piedra humana, una piedra de am-bien-te. Roberto Fournier no solo tiene la necesidad de mostrar imágenes, también necesita el diálogo, necesita incorporar voces que lo construyan desde fuera de la jaula.

El poeta asume su papel en la jungla. No teme. Asume sus experiencias homoeróticas como material sensible. Ama sin censura y aboga por un abrazo.

Si el muchacho se queda una parada antes, la guagua que atraviesa la ciudad es otra.

Sus versos poseen la ternura de un adolescente y la libertad del futuro (donde nada es lo que será). Ser sincero es una condición que no puede evitar, que no podría corregir nunca. Allí te percatas que el poeta no solo es la piedra que observa y canta, también es el parque/los alemanes/los policías/el manisero/o el Apóstol. Entonces manda su carta (cifrada e inconclusa) al editor, al amigo Fraguela. Nada impide que le crea a Roberto, que descubra su biografía sensorial/carnal. Transito páginas sediento de imágenes y aparece una que define al autor frente a sus deseos:

La huida es un tatuaje para saberse puro.

III

La tercera parte del libro se titula Parte sensible. Tomado de un poema que aparece con anterioridad, utilizando así la misma conexión que en la segunda parte del cuaderno. Aquí declara que es un terreno sensible al que se enfrenta el lector, pero el lector ya no podría sorprenderse con los tópicos que lo envuelven. Fournier quiere ser profanado por el lector, revive sus experiencias porque quiere retratar con el poema todo lo que sucede. En este punto su lenguaje armoniza con la figura que se nos ha creado verso tras verso.

Lo que sigue no es La Guantanamera sino

lo que quiera o no mostrar el Decisor.

Se lanza a la aventura. Prueba que lo vivencial es su recorrido más exacto. Lengua/pene/Youtube/un virus. Su zona de confort está en las fórmulas que posee para dominar la experiencia de vida y transformarla en palabras. La ira no existe, todo posee calma, deshielo.

Sin embargo, es perceptible el dolor como una constante ante la violencia. Un travesti perseguido/una mujer degollada/aguacates caros. Su fuerza es humana y eso engrandece sus palabras.

Mañana, la misma cortadura.

Leña, el hombre adoctrinado.

Imagen-realizado-durante-la-grabación-de-Bitácora-Joven

Podemos decir que Roberto Fournier encontró la belleza. Su cuaderno es la resonancia de su imagen corporal y emotiva. Allí está la llave y el cerrojo de la jaula, allí está él sentado, como una piedra que observa y canta para recordar a un muchacho cualquiera en una guagua.

¿Hay oscuridad? Sí, y también hay luz. Su inspiración radica en el retrato de su biografía. Es arrastrado por el sexo, los elementos del mar y la tierra, deidades, amigos, familiares, amantes. Nada escapa a su mano. Nada obstruye el camino al poema. Los carteles de neón que le faltan como poeta ya están implícitos en sus textos; allí descansan al azar las imágenes con las que construye su zona de confort.