FAMCA


«El teatro es ante todo acción»

Por esas tantas coincidencias de la vida nos conocimientos en los días difíciles de las pruebas de actitud para el Instituto Superior de Arte, entre los exámenes para las carreras de Dramaturgia y la FAMCA, en esos días extraños en los que la complicidad crea lazos de amistad para toda la vida y hace que en cada reencuentro vuelvas a tener 19 o 17 años y la misma frescura y los sueños tatuados sobre el rostro. Desde esa época me llamaba la atención su forma de acercarse al proceso creativo, de percibir la vida, de observarla, con la certeza de haberla vivido intensamente y, al mismo tiempo, con la sonrisa limpia de quien no conoce nada todavía.

Manuel Hurtado López (La Habana, 1993) se graduó en 2013 de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, en la especialidad de Escultura, pero sus inquietudes artísticas lo impulsaron a continuar estudios en la Universidad de la Artes (ISA) en el perfil de Dramaturgia, especialidad que culminó en 2019. Para este muchacho el arte es en sí un proceso de constante movimiento y búsqueda, donde lo visual, lo poético, lo extraño, lo genuino, lo vivido, lo absurdo, lo inevitable, lo atrevido, lo efímero… se conjugan siempre para dar forma a eso que él llama sus “obsesiones”, en el espacio multiforme de una mente sin fronteras que navega siempre entre las diversas aguas de la creación.

Recientemente has culminado tus estudios en el Instituto Superior de Arte en la especialidad de Dramaturgia. ¿Cómo recuerdas esta importante etapa de tu vida? ¿Qué aportó a tu visión como escritor?

El ISA es ante todo un contexto, más allá del símbolo académico que representa. Es un lugar para encontrarse con personas que comparten tus intereses, de ahí que sienta que es un espacio vital para todo creador joven. Por eso lo recuerdo con un amor celoso –como de familia mal llevada–, por las personas que habitaron ese espacio conmigo, y no solo compañeros de facultad, no solo alumnos.

Y sobre mi visión como escritor… ahí entra la parte académica. En primer lugar, entender el teatro es un ejercicio complejo, que precisa deslindarse de ideas que uno trae fijadas, sobre todo si se viene desde una práctica narrativa o poética. Y es que el teatro es ante todo acción, y en un primer momento la metáfora o la descripción pueden atentar contra el ejercicio dramático ya que la “narratividad” es sustituida por la representatividad, y la lírica por el drama. Claro que esto es totalmente violentable, y debe serlo –de ahí la narraturgia y el teatro posdramático– pero genera un nivel de conciencia en las etapas de aprendizaje… te permite saber qué debe quebrarse para innovar.

La misma lógica se aplica en las artes visuales respecto al arte abstracto, expresionista, naif, etc… Hay que conocer las reglas antes de romperlas. Es un poco cognocentrista, pero tiene lógica. Y este proceso es bien entendido por los maestros del Seminario de Dramaturgia: Roberto Viña, Yerandy Fleites y Maikel Rodríguez de la Cruz; que son por demás excelentes escritores.

Ellos, desde sus visiones particulares, te ayudan a crear una voz propia, y más importante aún, crean en ti un oficio y una estrategia para enfrentar el papel en blanco (el viejo trauma del escritor). Y para mi vieja obsesión con lo teórico aportó especialmente tener excelentes pensadores como José Alegría y Eberto García como maestros.

Cortesia del entrevistado

Además, eres egresado de la Academia de Bellas Artes San Alejandro… ¿Qué lugar ocupan las artes visuales en tus procesos creativos?

Creo que en general yo sigo pensando como artista visual. Es lógico, puesto que dediqué toda una vida a ello, y comúnmente encuentro en el arte mis referentes más ágiles. Pero no tengo conciencia, al menos a la hora de la escritura, de hacer un uso eficaz de esas herramientas. Sobre todo, tomando en cuenta que hice mi especialidad en escultura y que el uso del espacio teatral en mis textos nunca ha sido particular, sino más bien evasivo.

En cambio, a la hora de pensar “escénicamente” soy incapaz de desligarme de la experiencia del performance, el happening, la instalación, etc. Lo cual se traduce a que mis pocas creaciones “escénicas” (valgan las comillas) funcionen esencialmente como dispositivos –extraño híbrido útil al teatro. Claro que en términos dramatúrgicos soy bastante dado a reflejar mi experiencia con el arte conceptual; la necesidad de un statement, un concepto, un referente. Estos procedimientos –inconscientes en gran medida– puede que generen la extrañeza y lo poético de mis obras, pero no son ajenos de ninguna manera al proceder de cualquier escritor.

¿Cuáles son tus referentes artísticos y literarios?

Hace años que vengo trazando la misma respuesta, y es en cierto modo tramposa. Yo coloco en el edificio de mis referentes dos columnas principales: Marcel Duchamp y Heiner Müller. Por una razón esencial: el gesto. Estos artistas son quizás los culpables de la revolución del siglo XX en las artes visuales y la dramaturgia, fundamentalmente por haber borrado las fronteras en ambos medios.

Sobre ellos es fácil pisar y emancipar tu creación artística, lo cual no lo hace automáticamente algo bueno (sobre todo pensando en resultados), pero sin dudas es útil. En ese edificio multifamiliar también viven otros nombres como Cabrera Infante y Joyce, Luis Britto y Cortázar, Sergio Blanco y Rodrigo García, Nara Mansur y Dulce María, Beckett y Virgilio, Calderón de la Barca y Shakespeare, Piero Manzoni y Rauschenberg, Charlie Kaufman y Tarantino, Agamben y Harold Bloom. Es un solar, como puedes ver.

¿Qué temáticas prefieres abordar desde tu obra?

Como decías, recientemente me gradué del ISA, y fue en mi obra de tesis donde volqué gran parte de mis obsesiones. Una de ellas se resume en la siguiente frase de Lyotard: “Para hacer visible que algo es representable es necesario martirizar la representación, llevándola a sus límites”, y es este cuestionamiento a la representación y la teatralidad, de conflicto entre el ejercicio de representar y el dramatúrgico el que interesa a gran parte de mi trabajo, y pienso, debe ser implícito a todo acto teatral.

Las temáticas varían, incluso las estrategias textuales, pero los intereses son los mismos: las obsesiones con el Yo; con el teatro documental –como dice Barrientos: de fricciones más que de ficciones–; con la narraturgia y lo posdramático como herramientas. Elementos todos que forman parte de una experimentación y una búsqueda que no pretendo se divorcien de una tradición aprehendida, sino que se sume a esta.

Cortesia del entrevistado

A partir de tu participación en el Festival de las Artes y en otros proyectos comunitarios. ¿Qué espacios consideras adecuados para tus puestas en escena?

Yo vivo enamorado del teatro como espacio arquitectónico y de comunión. Mi primera y única obra teatral representada fue en la Sala Adolfo Llauradó y fue una experiencia desgarradora, sobre todas las cosas por la humildad que genera la relación público-escena. De ahí en adelante mis proyectos han ido a explorar otros espacios: habitaciones de hotel, derrumbes, garajes, almacenes, barrios, galerías.

Ha sucedido así porque estos proyectos, sin dejar de aspirar a la “teatralidad”, se han acercado al ámbito del performance y el dispositivo escénico. En estas tres obras que refiero, *99 (cobro revertido), Área de Meditación Escénica (A.M.E.), Oleyloleyloleylole Oleyloleyloleylolay, he tenido la suerte de trabajar también con dos amigos, Sofía Arango y Luis Carricaburu, de los que he aprendido mucho sobre esta otra interrelación donde el material hace “ejecutor” al espectador. Por eso pienso que todo espacio es útil, solo depende del proyecto, él es el que elije.

Recientemente estuviste escribiendo para el espectáculo C.C.P.C (La República Light), temporadas I, II y III de Teatro El Portazo. Háblanos de esta experiencia.

C.C.P.C es una obra que es coral en todo sentido. Yo apenas escribí tres pequeños textos por encargo para el espectáculo, escrito en su mayor parte, y dirigido por Pedro Franco y María Laura Germán. Lo más importante de esta experiencia fue participar de una dinámica de grupo, ver el proceso de construcción del espectáculo desde los cimientos y acercarme a una agrupación que admiro y sigo desde sus inicios. Ha sido una escuela, sin dudas, y el resultado principal de esta experiencia es estar trabajando con ellos actualmente y tratar de aportar lo recibido.

Muchos consideran que en los tiempos actuales las puestas en escena han sido desplazadas por el cine y la televisión ¿Cómo definirías el estado actual del teatro cubano?

Cortesia del entrevistado

No quiero decir que es un tiempo extraño para el teatro, porque siempre lo es. Y sin dudas el cine y la televisión son el epítome de su caída a un arte de minorías cuando hasta principios del siglo pasado era El arte de masas, y hasta la llegada del romanticismo, el género literario por excelencia desde el siglo IV a.C.

Pero recientemente leí un artículo sobre teatro contemporáneo que comentaba que en la última década ha habido un resurgir de asistencia a las salas en comparación a la última mitad del pasado siglo, lo cual habla de un creciente interés hacia las propuestas novedosas en el ámbito internacional. Y sobre Cuba, no soy quién para dar un parte médico.

Puedo decir que los grandes directores como Celdrán, Carlos Díaz, Raúl Martín, Nelda Castillo y Rubén Darío Salazar continúan haciendo grandes obras, y que jóvenes agrupaciones y directores, como Pedro Franco, José Ramón Hernández, Yunior García y Jazz Martínez-Gamboa siguen demostrando la calidad de sus propuestas.

Sin embargo, pienso que la salud de nuestro teatro se mide en las obras que asaltan inesperadamente las salas, y en los últimos tiempos hemos disfrutado mucho estas experiencias. Como la más reciente obra teatral dirigida por Osvaldo Doimeadiós, Oficio de Isla, uno de los ejemplos más certeros de un teatro inteligente, vivo y profundamente cubano.

Perteneces a la generación de escritores nacidos en los 90. ¿Qué rasgos crees que definen a tu generación?

La tecnología es gran parte de nuestra identidad, eso es un hecho. Incluso en Cuba, donde hemos llegado tarde al mundo del Internet y las redes sociales. Recientemente he descubierto, en un espacio tan frívolo como Instagram, una comunidad de poetas jóvenes de gran calidad, los cuales seguramente sean más leídos a través de estos medios de lo que podrían con impresiones a papel. Claro que el papel es la validación de esos esfuerzos, pero es un espacio que nuestra generación ha sabido aprovechar.

Casi cualquier cosa que nos defina se podría relacionar con esto, la referencialidad, la intertextualidad, la hipertextualidad, incluso, más profundamente: la muerte de los metarrelatos justifica mi sospecha de que somos una generación dada a hablar fríamente de y desde la intimidad, pero no tanto como que esa intimidad ya no exista puesto que se exhibe de antemano en nuestras redes.

Cortesia del entrevistado

¿Cuáles son tus aspiraciones en el plano creativo?

Seguir escribiendo, ante todo. Pero me interesa también dirigir teatro, dedicar mis esfuerzos futuros a eso y entrar a esa larga lista de dramaturgos-directores.


“Sigue”, Maylin Quintana

En la noche del sábado 8 de febrero Maylin Quintana vio nacer a su concierto. Digo así porque cuando un sueño se construye con tanta pasión, cariño y constancia eso sucede: nacen. El éxito de su presentación estuvo en los emotivos comentarios de quienes asistieron esa noche al Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes. Una lágrima brota cuando la música toca el corazón, eso es sentimiento es el lenguaje de la música vivo y en acción.

¿Qué tal la experiencia del concierto en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes?

Fue una hermosa experiencia. La reacción del público fue mucho más favorable de lo que yo esperaba que fuera. Estuvieron muchas personas. Estoy feliz de todo lo que se logró, de la música que interpretamos y escogimos. Me gustó mucho todo lo que sucedió esa noche. Muchas personas me dijeron que lloraron y se emocionaron y eso me ha gustado mucho porque eso para nosotros los músicos es muy importante. Fueron varias las personas que les llegaron a fondo en sus emociones todo lo que sucedió esa noche.

foto susan leal/ cortesía de maylin quintana

¿Cómo hiciste la selección de las canciones?

La selección parte del disco Sigue, que es el nombre de uno de los temas que conforman el disco.  Fue grabado por una Beca de Creación de la Asociación Hermanos Saíz “El reino de este mundo”. El disco está compuesta por canciones mías, excepto tres “Cuando tú no estás”, del Dúo Iris, que canto junto a ellos; “Solo salen”, de Roly Berrío; y una que interpreto a voz y dos bajos de Wello Rivas, un compositor mexicano ya fallecido. La selección parte de ahí y se incorporaron otros temas que yo he interpretado siempre como “Alfonsina y el mar”, con Carlos Ledea; “A la felicidad”, de Haydée Milanés, que fue con la que cerré el concierto.

Además de la promoción de tu disco ¿Qué motivos te llevaron a hacer este concierto?

Los deseos de que muchas personas estaban insistiendo para que hiciera el concierto. En Bellas Artes desde hacía rato Tony me había dicho que tenía las puertas abiertas del teatro.

¿Qué músicos te acompañaron en el concierto?

Estuvo José Portillo en el piano, Jose Raúl en el bajo, Alejandro Chávez en la batería, María Beatriz en los coros. Como invitados Emir Santa Cruz en el saxofón, Yoandy Argudín en el trombón, el Dúo Iris y Carlos Ledea.

¿Qué videoclips acompañarán el fonograma?

Ya se grabó, gracias a la misma Beca de Creación de la AHS tuvimos el presupuesto para hacerlo. El video lo grabó Reggie Guedes, egresado de la FAMCA (Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual). Estoy muy feliz con todo el proceso, me encantaron las tomas y escenas que se hicieron. El videoclip está en proceso de edición y lo estamos esperando. Este año queremos presentarlo al Premio Lucas.

Otro de los videos fue un Live Session que hice con el Almacén Cuba. Con el resultado de “Tu luz”, que fue otro de los temas que grabamos; todo quedó muy bien. Son excelentes personas y hacen un excelente trabajo.

foto susan leal/ cortesía de maylin quintana

¿Qué otros proyectos tienes para el 2020?

A lo largo de este año me propongo empezar a promover la música del disco que es algo bien importante. Quiero buscarle una disquera, ir trabajando para el disco.

¿Y el bajo?

Incorporarlo. Este año va incorporado a mi música completamente. Quiero relacionarlo con todo lo que está en el disco, que no fue grabado por mi sino por David Faya y bajo la producción de él y de William Rivero.

¿Qué invitados tuviste en el disco?

El disco tuvo a David Faya y a William Rivero como productores. Faya también fue el arreglista de los temas. Tuvieron invitados buenísimos: el Dúo Iris, Roly Berrío, Michel Herrera, Yoandy Argudín, y José Portillo. Los músicos que grabaron son muy buenos. Estuvo Miguel Ángel (Wiwi) y Adrián Estévez en el piano, Tato Vizcaíno y Reinier Mendoza en el drums. En la percusión menor estuvo Degnis Bofill, en las guitarras estuvo Lino Lores. Fueron músicos excelentes y grandes amigos. Un disco que se hizo con mucho amor.


«El camino fácil sería traicionarme»

Nos conocimos mientras cursábamos estudios en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Por aquellos días siempre me llamó la atención la huella fotográfica que se palpaba en sus cuentos. Cerrabas los ojos y parecía que estabas viendo una película. Tiempo después supe que estudiaba Dirección de cine.

José Luis Aparicio Ferrera nació en 1994, en Santa Clara. Ha ganado en tres ocasiones la Beca de Guion que convoca la Asociación Hermanos Saíz. Integró el Jurado Mezcal del 33 Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) y el jurado del Premio Sara Gómez del 40 Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano. Es miembro de la Junta Directiva de la Muestra Joven ICAIC. Sus trabajos han sido seleccionados y exhibidos en festivales de varios países.

Este joven realizador, a pesar de su corta edad, tiene mucho que expresar, y su discurso se va consolidando poco a poco en cada una de sus obras. Entre sus principales fortalezas podrían estar la persistencia, la búsqueda constante y dedicación, armas necesarias para emprender un camino en el complejo universo cinematográfico.

José Luis Aparicio. foto cortesía del entrevistado.

Desde joven tienes una marcada inclinación por el séptimo arte. ¿De dónde proviene esta pasión?

No sabría explicarlo. Mi primera pasión fueron los libros, sobre todo las novelas de aventuras, fantasía y ciencia-ficción. Devoré cuanto título pude de la editorial Gente Nueva, nada más que me enseñaron a leer. Luego, cuando tenía ocho o nueve años comencé a escribir poemas y cuentos policiacos. En ese entonces soñaba con una vida de escritor.

El cine se convirtió en algo serio durante mi adolescencia. Desde niño no me despegaba del televisor, veía todo tipo de series y películas, omnívoramente. El descubrimiento de directores como Woody Allen, Stanley Kubrick o David Lynch me hizo más consciente de las posibilidades expresivas del medio. Después llegaron las cámaras de video caseras, comenzó el rejuego con la técnica, el componente artesanal… El cine se transformó en una obsesión, casi enfermiza, que persiste hasta el día de hoy.

Eres graduado en Dirección de Cine, Radio y Televisión de la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) de la Universidad de las Artes (ISA). Cuéntanos sobre esta etapa. ¿Cómo es el proceso de formación de los jóvenes realizadores en Cuba?

La verdadera formación de los cineastas, en Cuba y en el resto del mundo, es fundamentalmente autodidacta. Las mejores escuelas de cine te proporcionan ciertas nociones técnicas o teóricas que complementan tu desarrollo, pero la pelea real es la de uno mismo con la tradición, y se realiza en privado, en el bullicio de una beca o en la soledad de una sala de cine.

Hay que ver películas, todas las que se puedan, constantemente… y hay que leer, y filmar, y consumir todo el arte posible. Solo así hay esperanzas.

La FAMCA es una facultad muy limitada económicamente, pero esto no debería ser excusa para justificar sus principales problemas. En el último año y medio, por ejemplo, hemos presenciado una vuelta de la censura y el fundamentalismo político, por encima de la libertad de creación de sus alumnos.

Lo anterior, junto al eterno problema de los planes de estudio, rígidos y obsoletos, y a la escasez de profesores verdaderamente capacitados, conforma un panorama difícil. Sin embargo, conservo muy buenos recuerdos de esa etapa. Los debo, en su mayoría, a profesores como Joel del Río, Gustavo Arcos, Mario Masvidal, Jorge Molina, Alán González y Marta Díaz… A ellos y a otros pocos les estaré siempre muy agradecido.

¿Qué propuesta estética ofreces desde tus materiales audiovisuales?

No creo que se pueda hablar de una estética específica, única, bien definida, en los audiovisuales que he realizado hasta la fecha. Tampoco es algo que me quite el sueño. Desconfío de los artistas que encuentran una fórmula que se les da bien y la repiten obra tras obra. Tengo miedo a acomodarme, a no tomar riesgos. Muchos de los creadores que prefiero cambian constantemente, se retan y salen de sus zonas de confort. Mutar o desaparecer, como los Beatles. Ese es mi mantra. Solo me interesa conservar el misterio, la ambigüedad… El camino fácil sería traicionarme. Prefiero el fracaso.

El Secadero. foto cortesía del entrevistado.

¿Cuáles referentes artísticos han marcado tu obra?

Jorge Luis Borges, Woody Allen, David Lynch, Guillermo Cabrera Infante, Paul Thomas Anderson, Virgilio Piñera, Agnes Vardà, René Magritte, Roman Polanski, Salvador Dalí, Quentin Tarantino, los Hermanos Coen, Stanley Kubrick, Charlie Kaufman, Hayao Miyazaki, Orson Welles, Edward Hopper, Werner Herzog, Martin Scorsese, Maya Deren, David Cronenberg, Chris Marker, Monty Python, Les Luthiers… Es una lista larga que crece constantemente. No estoy seguro de que hayan marcado mi obra, pero sí mi visión del arte y la vida, mis actitudes, mi educación sentimental.

También cursaste el Taller de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. ¿Qué te aportó en el proceso creativo de los guiones?

La “Onelio” fue muy importante, no solo por el contacto con profesores como Eduardo Heras León y Raúl Aguiar, sino también porque me permitió tomar el pulso a los escritores de mi generación. Eso como cineasta lo considero fundamental: escapar a la vida cultural fragmentada o sectaria que a veces sufrimos en nuestro país.

 La influencia en mi trabajo como guionista es evidente, pues las técnicas narrativas no son patrimonio exclusivo de un medio u otro. A partir de mi paso por el centro, mis narraciones se hicieron más sólidas y conscientes, más complejas y a la vez más precisas en su despliegue técnico.

La FAMCA, por otro lado, carece de la especialidad de guion. La “Onelio” vino a suplir muchas lagunas en mi formación, me hizo recuperar el placer y la pasión por la lectura que experimenté en mi niñez y adolescencia.

Has obtenido diversos premios con tus cortometrajes y has participado en el 39 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y en el 14 Festival Internacional de Cine de Gibara. ¿Qué influencia ejercen estos eventos en la carrera de un joven realizador?

Una influencia decisiva. Sería ingenuo decir lo contrario. Si no has participado en un festival o recibido algún premio, estás en desventaja a la hora de, por ejemplo, aplicar a un fondo de ayuda a la producción o solicitar una beca de cualquier tipo.

La calidad artística, por estos lares, no siempre es lo esencial para salir adelante. También es necesario algún respaldo o reconocimiento, al menos en un sentido estratégico. Hacer currículo, como solemos decir.

No obstante, la oportunidad de compartir tu trabajo, de polemizar y debatir al respecto, no puede ser tomada por sentado, más en nuestro contexto, donde escasean los festivales y las ventanas de exhibición y distribución, así como los espacios de crítica y pensamiento.

 Mantener y desarrollar eventos como la Muestra Joven, con lo difícil que esto resulta en ocasiones, es una preocupación que debería ser de todos los cineastas en el país.

El secadero. foto cortesía del entrevistado.

¿Cuáles son los principales retos que enfrenta actualmente el cine independiente en Cuba?

Es una pregunta complicada de responder, sobre todo porque atravesamos un período de cambios, de incertidumbre… Más allá de las dificultades económicas y prácticas de la producción, creo que los principales retos se enfrentan en el campo de lo estético.

El cine cubano tiene muchas deudas, no siempre se hace las preguntas adecuadas. Yo quisiera ver un cine más diverso, más preocupado por la memoria de la nación, más complejo y menos complaciente, donde coexistan las películas de entretenimiento con las de autor, el cine de género con el realismo social…

 El principal reto es actualizarse, eliminar el rezago que nos separa de nuestros espectadores naturales y del resto del mundo. Desde hace décadas, salvo contadas excepciones, las películas que hacemos no se ven en ninguna parte, ni siquiera en la isla.

Las que mejor suerte han corrido son las independientes, para mí las más arriesgadas, las más interesantes. Es una lástima que el abandono legal, la censura y la desidia hayan coartado este desarrollo. Sin embargo, no han podido detenerlo.

Una de tus últimas creaciones es el cortometraje de ficción El secadero, ganador de los Premios a la Mejor Producción y del Público en la 18va Muestra Joven del ICAIC, que recientemente en este mes obtuvo el Premio a Mejor Ficción del Bannabáfest, Tercer Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos de Panamá. Háblanos un poco del proceso creativo de esta obra.

El Secadero es un corto de 28 minutos que transcurre en La Habana de 1993, una Habana inventada por nosotros pero que conserva algunos lazos con la realidad.

Su guion está inspirado en algunos personajes y situaciones de La máquina, un cuento del escritor cubano Jorge Enrique Lage, pero en este caso se trata de una versión extremadamente libre. Un asesino en serie decapita policías. Mario, un oficial desencantado, encuentra la cabeza de la séptima víctima. Junto a su compañero, Camacho, debe llevarla a la estación. Una distracción momentánea conduce al extravío de la cabeza, que es robada junto a sus bicicletas policiales. Ambos descenderán al underground habanero para recuperarla…

Así comienza una historia con tintes de neo-noir, pero que es realmente una comedia negra, con mucha influencia de Tarantino y los Hermanos Coen. Es mi último corto y con el que más feliz me siento hasta la fecha.

Debía representar mi tesis de graduación de la FAMCA, pero fue censurada por la nueva dirección de la facultad. Sin preverlo, terminó convertida en mi primera obra verdaderamente independiente. Se realizó gracias a una campaña de crowdfunding y con el apoyo de varias productoras no estatales. Luego de los premios en la Muestra Joven, ha tenido un recorrido internacional por festivales de Chile, Argentina, Alemania, Estados Unidos, Panamá y México. Espero que cuente con más oportunidades de exhibirse en nuestras pantallas.

Recientemente fuiste seleccionando para la III Residencia Internacional de Cine Castello Errante, dedicada a la formación de jóvenes cineastas italianos y latinoamericanos. ¿Qué te llevas de esta experiencia?

Castello Errante es una de las mejores experiencias que he tenido en mi formación profesional. Tener la oportunidad de conocer la cultura italiana, de visitar Roma y recorrer los pasillos del Centro Sperimentale di Cinematografia o los foros de Cinecittà, es algo realmente invaluable.

 Más importante aún fue estrechar lazos profesionales y personales con un puñado de jóvenes cineastas de diversas procedencias, italianos y latinoamericanos. Los 35 días que compartí junto a ellos me cambiaron, me devolvieron fuerzas para seguir intentando este oficio tan difícil.

A todos ellos y al staff de la residencia les agradezco mucho, así como a la Muestra Joven, al ICAIC y a la Embajada de Cuba en Italia, que lo hicieron posible.

¿En qué proyecto te encuentras trabajando en estos momentos?

Ahora mismo estoy terminando la post-producción del largo documental Sueños al pairo, sobre la vida y obra del músico cubano Mike Porcel, un proyecto que co-dirijo junto a Fernando Fraguela.

Sigo enfrascado en la distribución de El Secadero y entro en la pre-producción de un nuevo corto, cuyo título provisional es El Tikrit, con guion del cineasta santiaguero Carlos Melián.

 También estoy desarrollando dos proyectos de largometraje: La zona muda, una ficción situada en el universo ficcional de El Secadero, co-escrita junto al guionista Daniel Delgado, y Distintos modos de cavar un túnel, un documental sobre el poeta cubano Juan Carlos Flores, que concebí junto al también poeta Ramón Hondal.

Hay más ideas, más proyectos… Es el tiempo que no alcanza.


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