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Sobrepasar los límites del sonido

A partir de las redes sociales y de una colaboración para un videoarte pude llegar hasta la obra de este artista, cuya mayor virtud podría ser la de estar siempre en constante movimiento y búsqueda interior.

René Rodríguez (Trinidad, 1979) es compositor y artista visual, graduado del Instituto Superior de Arte, con una Maestría en Composición. Ha obtenido diversos premios como compositor, entre ellos el Alejandro García Caturla de la UNEAC, el Premio por mejor música original en el Festival Broadcasting Caribbean de la UNESCO, Premio de composición en el Festival de la Canción por los 500 años de la fundación de Trinidad, y el Caracol de la UNEAC. Así mismo obtuvo tres premios de fotografía en el 22 Salón de la Ciudad de Arte Contemporáneo de La Habana en 2018. 

Su obra ha sido expuesta en importantes eventos y festivales dentro y fuera de Cuba. Como fotógrafo ha desarrollado varias exposiciones colectivas y personales.

Desde los inicios ha desarrollado su estética creativa a partir de la música electroacústica en relación con la poesía, las artes plásticas, el teatro, la fotografía y el cine, inquietudes creativas que han nutrido su sensibilidad y que le permiten ir redescubriendo el mundo con los mismos ojos asombrados y, siempre, desde la humildad.

Desde pequeño comenzaste estudios en el conservatorio de tu provincia natal, Sancti Spíritus, en la especialidad de piano, incluso formaste parte de un grupo musical infantil llamado Juventud 2000, desde donde empezaste a incursionar en el mundo de la composición musical, pero, qué fue lo que realmente te enamoró de la música.

Comenzar a estudiar desde los ocho años el piano e integrar una banda musical infantil desde 6to grado fue la consecuencia de un primer amor, de una certeza que anteriormente se venía enramando. Más que haberme enamorado de la música diría que experimenté un deseo muy fuerte desde niño por descubrir sonidos, puedo afirmar que de manera inconsciente.

De mi primera infancia trinitaria recuerdo que mi abuelo tenía un escaparate viejo en el traspatio, en él conservaba un mundo de entonadas herramientas y objetos con los que construía artefactos y me inventaba historias. Sin quererlo se convirtieron en mis primeras elaboraciones primitivas como artista. Un sonajero de botellas, hierros de diferente peso y tamaño, trozos de madera y cristal, hilos de pescar tensados, el traquear del café mientras se tostaba, trotes de caballo desde el callejón empedrado, más la fauna sonora del platanal, son algunos de los sonidos que inundaron mi entorno y de cierta forma propiciaron una necesidad. En medio de toda esa amalgama de sensaciones descubrí de a poco con el tiempo, un lenguaje por el cual podía conciliar con entera libertad mis emociones.

Durante tus años de estudiante en la ENA, desde tu experiencia como pianista y compositor, integraste varios grupos y lograste nutrirte de géneros tan diversos como el rock, la trova, fusión, pop, los géneros de la música popular tradicional cubana y el jazz. ¿Cómo aportó esta dinámica sonora a tu proceso creativo como compositor? ¿Consideras esto un ejercicio necesario para el proceso formativo de un estudiante de nivel medio?

Es, sin dudas, un camino necesario para cada estudiante en proceso de formación. La interacción con otras fuentes de conocimiento contribuyó a moldear lo que soy ahora. La academia –en mis inicios– fue un poco rígida en este aspecto. Los métodos que se manejaban no daban paso a excepciones, dentro del programa, tan imprescindibles como las expresiones populares o tradicionales. No obstante, a estas limitantes le surgieron fisuras inevitables, pues el entorno era más fuerte que los métodos implantados de la escuela europea.

Ya en Nivel Medio la dinámica fue diferente, la interacción con la música popular (el jazz, la timba, la trova y el rock, fundamentalmente, fue bien intensa. A pesar de no formar parte de la metodología habitual en este tipo de academias, de manera natural gracias al contexto y a una necesidad económica devenida de las ganancias que producen ciertos géneros populares, se fomentaron sin duda una serie de conocimientos y herramientas que enriquecieron mi arsenal de variables y estilos composicionales. Este encuentro espontáneo, casi un “quiéralo o no lo quiera” que les toca a todos los estudiantes de Nivel Medio, es fundamental para su formación, porque aporta, redirecciona y define los caminos a seguir.

Durante un tiempo te desempeñaste como profesor en la ENA y el ISA, coméntanos un poco sobre el proceso de formación que tienen los estudiantes de música en las escuelas de arte.

Bueno, siempre he creído que la enseñanza de música en las escuelas de artes es fundamental para el desarrollo de la música cubana. Los aciertos o deficiencias que pueden tener los jóvenes músicos cuando cursan la enseñanza siempre estarán reflejados en su desempeño como profesionales.

Anteriormente hablaba de aciertos, soy defensor de que la música popular cubana en los estudios es beneficiosa para el futuro de los jóvenes músicos, así como también la de América Latina que muchas veces es olvidada, o desplazada por la preferencia de nuestros ritmos y el jazz. Afortunadamente, estos repertorios están hoy mucho más presentes, sobre todo en las asignaturas de práctica de conjunto. Por otro lado, esto no implica que deje de tocarse la música clásica por ser la base del entrenamiento de todo músico, sin importar su preferencia. Creo que esto no puede perderse de vista.

¿Qué experiencias, obras, vivencias… han marcado tu formación artística?

Es difícil definir particularmente una determinada experiencia, creo que el cúmulo de acciones vinculadas al arte han ampliado mis conocimientos. Te comento algunas sin establecer un rango de importancia entre otras. No podría dejar atrás la interacción con los poetas y el canto. La trova desde niño ha sido un eje en el que permanezco rotando hasta el día de hoy. En este sentido debo citar a una persona que fue y es muy importante en mi vida y en mi carrera, un grande de la trova trinitaria: Pedrito González, fundador del movimiento de la Nueva Trova en nuestro país.

cortesía del entrevistado

Pedrito alimentó la sensibilidad artística en mí a través de las espontáneas tertulias trovadorescas que “accidentalmente” ocurrían en la sala de mi casa trinitaria. Con sus canciones, que incluían inevitablemente a Manuel Corona (obligadas Santa Cecilia y Longina), Sindo Garay, Eusebio Delfín, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, entre otros, me cautivó de poesía y trova en su totalidad. Como él, también fueron importantes las sonoridades callejeras de aquel entonces en Trinidad, cuando la añeja villa transcurría en una atmósfera apacible, lejos del actual bullicio de visitantes foráneos, denigrante música souvenir y negocios pululantes que laceran la médula espinal de las tradiciones populares. Entre estos sonidos propios, diría entrañales, se destacaban los tambores de algún toque, las canturías en la cercana Casa de la Trova, los cantos litúrgicos en la Iglesia de la Santísima Trinidad y las peñas que frente a la casa realizaba la orquesta de charanga típica Estrellas del 48 que entre boleros, danzones, sones y chachachá deleitaba con deliciosa cadencia mis oídos.

En casa tenía un viejo tocadiscos y un grupo de placas con tesoros ocultos que más tarde apreciaría en su verdadero valor. En particular obras como Las cuatro estaciones de Vivaldi, algunas cantatas de Bach (como la 121), el segundo concierto para piano y orquesta de Rachmaninov, el tercer concierto para piano y orquesta de Bartok, Manita en el suelo de Alejandro García Caturla, Las Rítmicas y el Ballet La Rebambaramba de Amadeo Roldán, un disco de Jazz con temas relevantes de Duke Ellington, la ingeniosidad al piano de Keith Jarrett, las atmósferas de Pat Metheny, Yellow Jacket y un disco con poemas de Roque Dalton y Thiago de Mello, acompañaron mis vacaciones, las noches y sus amaneceres. Debajo de la almohada mientras escuchaba esos tesoros yacía mi imprescindible Dulce María Loynaz, la edición de su poesía completa me abrió las puertas al mundo de la literatura. Así también entre obras musicales apareció Samuel Feijóo, Wichy, entre otros.

Una de las experiencias que, aunque sucedieron en momentos diferentes de mi vida, marcaron de manera trascendental mi concepción de la creación, fue la simbiosis entre dos grandes de la cultura nacional, el destacado compositor y maestro Carlos Fariñas, de quien tuve la enorme dicha de ser parte de su aula, y el importante realizador y Premio Nacional de Cine Enrique Pineda Barnet, quien me dio la oportunidad de adentrarme de manera profesional al mundo del séptimo arte. Curiosamente, ambos trabajaron en estrecho vínculo durante muchos años dando a luz resultados artísticos memorables como Soy Cuba y Cosmorama, por solo citar dos ejemplos. De alguna forma esa interacción llegó hasta mí, tanto desde la formación-profesión hasta la puesta en marcha de proyectos que articulan la trama de imagen y sonido.

¿Qué géneros musicales son más frecuentes en tus obras?

Nunca me he cuestionado la búsqueda de un género a la hora de componer, principalmente para la música culta o contemporánea de concierto, simplemente direcciono la creación según el objetivo al que va dirigido. No creo que uno sea un objeto de determinado color y textura, creo que nos movemos en direcciones de búsqueda siempre inquietas, aunque sí con un específico centro de atención.

Existen dos direcciones básicas en mi labor creativa: una vinculada a la función del oficio propiamente a través de la exigencia de los encargos, los que deciden por lo general el tipo (género) de música a desarrollar, de tal forma que deriva en una gama amplia de diversos géneros de la música culta o popular; y la dirección personal. Es en esta línea que prefiero no definirme porque considero que (como acontece generalmente en todos los casos) siento la necesidad de caminar, de cambiar, de descubrir, indagar, romper. Todos los elementos antes mencionados que marcaron mi universo en la infancia son la materia prima genérica principal, su uso no está determinado por una decisión consciente sino como un resultado de la misma interacción acumulada por años.

Ahora, sí considero una identificación con la corriente de la música experimental que pretende fundirse a través de la búsqueda de nuevos timbres. Para ello me apego a una plataforma que por sí misma cumple con todos los requisitos para volar en grande a la hora de elaborar, transformar y transmitir criterios artísticos: la música electroacústica. Pudiera decir que esta línea resulta ser la más recurrente en mi obra. A partir de esta manera de expresión he coqueteado con géneros como el Jazz, el pop, la música popular bailable, lo incidental o puramente experimental por citar algunos que vienen a mi mente, unas veces consciente –de manera que aporte al discurso audiovisual– y otras veces de forma espontánea, como bombeos intrínsecos del alma.   

Durante tu carrera has tenido la suerte de coincidir y recibir clases de destacados compositores como Carlos Fariñas, Juan Blanco, Roberto Valera, Calixto Álvarez, Tulio Peramo, Harold Gramatges, entre otros, incluso formaste parte del taller formativo de música electroacústica en los tiempos de Juan Blanco (ISA) y tuviste la oportunidad también de generar tres obras allí. Háblanos de esta experiencia en particular.

Me agrada mucho responderte esto, porque soy un poco de todas esas sabidurías académicas que recibí, más la suma de lo que cargamos en el bolso emocional del pasado. Mi desempeño en el arte habla con elocuencia de estas conexiones. Primero te mencionaré un nombre que no incluyes pero que repercutió mucho en mi inclinación por la composición: Amado Touza, mi profesor de Piano en la Escuela Nacional de Arte. Este maestro de la interpretación me enseñó a “componer” de cierta manera mientras ejecutaba a Bach, Scriabin, Debussy, Ravel, Beethoven, Lecuona; lo hacía mediante sus charlas que antecedían cada lectura, charlas en las que descubría a través del marco histórico, el análisis armónico y estructural, la esencia misma del compositor, su tema, la historia que se propone en cada obra.

Cuando me tocó “cruzar” el camino que separaba la ENA del ISA, el encuentro con las destacadas figuras que mencionas fue como el premio de la primera fase donde indirectamente inocularon en mis entrañas el placer por la creación: Touza, el medio y las circunstancias.

Catálogo. Regiones de fe/ cortesía del entrevistado

En el Instituto (actual Universidad de las Artes) tuvimos –los de mi aula– grandes privilegios al ser testigos de la sabia de glorias de la composición. Particularmente haber cursado mi carrera bajo la guía de Carlos Fariñas fue altamente significativo, tanto así que todavía hoy rebusco y hallo en sus partituras un espacio siempre elocuente de transmisión de conocimientos y alternativas, como si el comprometido maestro y obstinado compositor estuviera vivo a través de sus notas, guiando los pasos como solía hacer, con resuelto celo. Fue con Fariñas que me sentí inclinado hacia la música electroacústica. Despojado él de reservas o secretos, me reveló las mieles de la composición como si se las dictara a sí mismo. Fuerte de carácter, recio en su disciplina e inclinado con pasión a la enseñanza, fue y es como una luz para mis pasos en el oficio de la creación.

Recuerdo con mucha nostalgia a Harold, quien me preparó para las pruebas de ingreso al Instituto (curiosamente él fue el primer maestro de Fariñas). A su decir no enseñaba la composición, sino que señalaba las descomposiciones. Incentivaba el fuego interno creativo de cada alumno desde su clase de Audiciones Analíticas infundiendo en nosotros, con la dulzura que lo caracterizaba, la formación de criterios a través de la pintura, el teatro, la literatura y la danza. Casi era una exigencia al grupo de los compositores, el autoexamen con respecto al uso de las variables experimentales, las tendencias, los modelos y métodos de la música culta del siglo XX; todo ello para avivar la creatividad.

El apego a una formación integral en relación a la cultura también fue un ejercicio recurrente entre los maestros del claustro, entre ellos Juan Piñera, Roberto Valera y Tulio Peramo con especial interés, estimulaban y observaban esta inclinación en cada prueba de composición, en cada encuentro espontáneo de pasillo. Todos ellos condicionaron un criterio que asumo como baluarte junto a los ya forjados en mi experiencia de vida.

Durante nueve años, formaste parte de la compañía artística Creación, realizando trabajo comunitario en la Sierra de los Órganos, con el objetivo de difundir el arte entre los pobladores de la región. Coméntanos sobre este proyecto.

Esta experiencia marcó mucho mi vida en lo emocional y lo profesional. Recién graduado del ISA, después de todo ese cúmulo de enseñanzas recibidas, mi ritmo habitual dio un giro inesperado. Cuando muchos de mi generación siguieron desarrollando su espacio propio dentro de la creación artística, yo preferí tomarme una “pausa” en ese escenario y prestar mis conocimientos a una comunidad rural que al principio veía como ajena y que, al término del trabajo, la sentiría tan mía y cercana a partir de los lazos familiares que establecí dentro de ella. Un amasijo de nostalgias me cobija cuando pienso en esos años.

Aunque en lo aparente rompí el ritmo de búsqueda desde la escritura en el medio composicional, en realidad establecí otro patrón de pesquisa a través de la enseñanza de las artes y su puesta en práctica (aún en terrenos inexplorados como la actuación teatral y la realización de trabajos audiovisuales). Asimismo, alimenté con mayor libertad mis inquietudes por la fotografía y el video desde mi afán por archivar historias, las que más tarde serían contadas a través de documentales que testimoniaron el intenso trabajo.

Variación del alba/ cortesía del entrevistado

Todo esto sería inmencionable sin el soporte que fue la compañía artística Creación, integrada por músicos formados en nuestras academias de arte y dirigida por Omar Rojas y Manyú Bernal. Creación trazó como meta sembrar –con ambicioso empeño– cultura en un terreno áspero y en apariencia difícil de penetrar: una comunidad donde la tendencia al alcoholismo primaba en sus derredores por la ausencia de propuestas culturales frecuentes. En Cabeza, Minas de Matahambre, Creación apuntó con el arma de la cultura y la sensibilidad del arte para dar en el blanco. Así muchas personas entregadas al ocio, la violencia y el alcohol, cambiaron esa situación por un instrumento musical. También impartimos talleres de pintura, música y teatro para los pequeños de la comunidad y de otras zonas aledañas. A estas clases alternábamos programaciones de cine móvil para niños y adultos. Hasta cada rincón llegábamos en tractor o en carreta, no importaba el medio, solo importaba llegar y hacer la función.

Desgraciadamente, muchas de estas poblaciones serranas padecen de hábitos negativos motivados por el ocio. Aún no es suficiente el sano esfuerzo de las organizaciones del Gobierno y la cultura. La concientización al respecto por los promotores culturales es vital, de no ser así, la globalización cultural –mediante las tendencias comunicativas actuales– propiciará quebrantar principios y valores necesarios para engranar con tino el motor de la sociedad. Como diría nuestro José Martí: “La ignorancia mata a los pueblos”. Una muestra así, sencilla, donde un puñado de voluntades se unen para llevar luz a través del arte, es un ejemplo de lo mucho que puede hacerse. 

En casi 10 años se hicieron muchas cosas, no solo talleres, actuaciones de música, de teatro infantil, también se organizaron conciertos y festivales que fueron cimiento de muchos artistas reconocidos hoy en la escena nacional e internacional, y que en ese entonces incursionaron como aficionados al arte. Cabe añadir que lejos de la sensación del aplauso de los grandes escenarios, experimenté una emoción insuperable: el milagro oculto detrás de una sonrisa agradecida.

En diversas ocasiones has incursionado en el teatro y el cine, ¿qué retos debe asumir el compositor musical cuando se enfrenta a estos medios?

Como primer requisito, y diría que fundamental, respetar la obra con el fin de establecer un discurso narrativo equilibrado entre las partes. El compositor debe adaptarse al canon previamente establecido por el libreto teatral o el guion cinematográfico. La música debe apuntalar psicológicamente la trama, pero nunca prevalecer donde no se establece como protagonista sino como parte del engranaje total.

Es imprescindible que haya un orden entre la exposición de los diferentes elementos que componen la escena para apoyar finalmente la narrativa de la misma, he aquí donde radica el desafío del ejercicio composicional. Es de por sí un reto negarse a sí mismo hasta cierto punto (sin dejar de serlo) y corresponder estrechamente las exigencias del director. Cuando esta línea de trabajo se respeta, por muy simple que sea el acabado, habrá sin duda un resultado óptimo, el deseado. Fariñas me legó una enseñanza con respecto a esto, él insistía en hacer énfasis en la objetividad dramática, pero siempre yendo más allá en busca de una estética más subjetiva y evitando el realismo frío.   

En medio de tu obra como compositor, despertaron en ti fuertes inquietudes hacia otras ramas del arte. Has incursionado en la fotografía, y en el XXII Salón de la Ciudad, organizado por el Centro Provincial de las Artes Plásticas, obtuviste varios reconocimientos, entre ellos el Premio de la Universidad de las Artes, por tu obra “Coreografía ideológica”. Desde el 2008 hasta la fecha vienes realizando audiovisuales, en los cuales la música, como elemento predominante, dialoga con lo visual y lo poético a modo de experimentación, recurrentemente en colaboración con otros artistas. ¿De dónde surgen estos impulsos, y cómo se mezclan en tu creación musical?

Como bien te decía, el cúmulo de experiencias antes mencionadas, dieron al traste con una serie de herramientas que fui asumiendo como derroteros en mi manera de contar historias (cada obra se debe a un acontecimiento determinado). La articulación entre la música y otras expresiones artísticas como la fotografía y el video se me hace necesaria una vez que descubro en ellas una manera más de componer: veo a estos medios “externos” como “instrumentos musicales” con los cuales se sustenta el objeto temático de cada obra.

Para explicarme mejor: cuando ejerzo la creación a través de la fotografía es imposible no incorporar en ella los sonidos cotidianos que acompañan la instantánea, esto no siempre condicionado hacia la realización de una obra musical, pero sí como inminente acompañamiento. Lo mismo sucede cuando compongo música electroacústica. En este último caso, por lo general, cada sonido utilizado lo trato de forma natural (fijado esto en parte por los fundamentos estéticos de la escuela “concreta” de Pierre Schaeffer), a partir de lo cual implemento una mixtura tras la relación visual que se desprende de cada sonido, a veces utilizada en contraste o contraposición, otras apoyando fielmente lo expuesto.

Uno de los resultados que surgen como consecuencia de esta necesidad de “contar” a través de diferentes fuentes sonoras y visuales son mis electrodocumentales o también llamados poemas visuales. En estos trabajos (con características análogas al cine documental) dispongo con absoluto empeño unificar estos lenguajes para, a través de los procesos de desarrollo comunes en cada obra, mostrar un resultado artístico.  

¿Consideras que, al nadar entre tantas aguas, tu proceso creativo como compositor musical te permite generar un universo más rico y propenso a la experimentación, teniendo en cuenta que el impulso creativo es único y que lo que varía es el modo de manifestarse?

Realmente lo considero una ventaja a mi favor. Partiendo de la música como eje principal, creo que en la gama de alternativas se fortalece aún más el objeto final del arte. Por poner un simple ejemplo: entre los medios expresivos, el tratamiento del timbre siempre ha centrado mucho mi atención. A lo largo de la historia, este elemento no ha dejado de corresponder al desarrollo técnico de los instrumentos y, posteriormente, a los progresivos avances tecnológicos en el campo de la música por computadoras. Hasta el día de hoy, esta búsqueda de sobrepasar límites en la exploración de nuevos paisajes tímbricos confluye a la par de los convencionalismos estéticos.

Una de las herramientas fundamentales que articulo en mis trabajos, por este motivo, es la transformación del sonido a través de estos mecanismos de síntesis a partir de sonidos acústicos o puramente electrónicos, previamente procesados. No obstante, mis recursos no cesan de inquietud y búsqueda, por lo que no se limitan solo a esta corriente –que de por sí tiene aún mucha tela por donde cortar si de descubrimientos se trata–, sino que toma prestados elementos “ajenos” al mundo sonoro musical para asimilarlos como si fueran notas de un pentagrama, tal es el caso de la fotografía y la edición de video, como bien dije antes. Estos últimos elementos fungen como herramientas que aportan, dosifican y sostienen el discurso del material de arte.

Hace unos meses, tras haber colaborado con otros artistas, tuve la oportunidad de trabajar contigo, a través de tu poema “Otra vez en el principio”, imágenes del malecón habanero, sonidos ambientales del entorno, la voz de la poeta y otros elementos afín a la estructura dramatúrgica del trabajo, pude dar a luz al audiovisual titulado “Adagio”. Este material es ejemplo de los excelentes resultados de una colaboración donde la simbiosis entre sensibilidad y sencillez, conspiran en el acabado de una obra, tanto partiendo de la búsqueda de nuevas herramientas expresivas como de la comunión estrecha entre artistas en dinámica consonancia. 

¿Qué rasgos definen a René Rodríguez, como artista y ser humano?

Me cuesta responderte eso, pues no me lo pregunto ni a mí mismo. Me considero un ser contemplativo, amistoso, familiar… mi música es resultado de ello. La gran mayoría de los procesos creativos intervienen con el fin de fomentar esta necesidad espiritual; lo considero el combustible vital para la armonía de las cosas que me rodean. Para darle forma al mundo necesito sentir que cada paso está acoplado a ciertos hilos invisibles que mueven la maquinaria de la vida: la magia de un abrazo, de una sonrisa, el milagro del perdón y del deseo.

Pareciese que tu obra está en constante crecimiento y búsqueda, ¿en el espacio creativo, con qué sueñas?

Creo que con todo, se quiera o no, de forma natural se mantiene en eterno crecimiento. Aun cuando dejamos de caminar, solo lo hacemos en relación a un criterio, bien sea propio o social, más allá de cada postura a través del tiempo se perpetúan inevitablemente ideas y sueños.

Los míos en particular surgen casi siempre del espontáneo paso a paso. Creo que la sucesión de eventos del día a día nos depara un mundo de preguntas por contestar o por dejar en blanco (esto también contiene música), muchas de ellas acumuladas en el pequeño closet del alma, amontonadas y alocadas, prestas a brindar su servicio cuando el intelecto lo precise.

¿Con qué sueño? Con soñar siempre. El día que deje de anhelar un proyecto me habré perdido a mí mismo dentro de todo.


Oficio de teatro en una Isla milagrosa (+ fotos y video)

Obertura

  • Vamos a crecer los chamacos ni yonkis ni mal estudiados

  • Y con valor, saber que dar amor es condición que se vale

  • Que al paso por la vida somos ambientales

  • Se dan las proteínas como los minerales

  • Es la evolución que yace de los cafetales…

  • Halando parejo, fortificando futuro

  • Pero que no me falte consuelo, mi mango maduro

  • Halando parejo, fortificando futuro.

Determinando acontecimiento hace que me disponga a escribir y escoger un fragmento para el inicio en mis notas esencialmente de la canción Wacho a la cosecha del compositor cubano William Vivanco. Porque lo que asevera la letra de “crecer”, “halar parejo” y “fortificar un futuro”, son tres verbos importantes que se expresan en la composición del espectáculo que a continuación analizo. Fue una de las muestras que se presentó también en la última edición del evento Traspasos Escénicos realizado por la Facultad de Arte Teatral en el ISA durante el mes de marzo.

imagen tomada de Cuba escena

I

Camino a la entrada

También lo exponen el equipo de creación y realización de Oficio de Isla, una puesta en escena dirigida por Osvaldo Doimeadiós. Asistir al muelle Juan Manuel Díaz, espacio fuera de los circuitos privilegiados de la programación teatral habanera, pero propicia para representar una producción de esta magnitud, bajo el manto del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Centro Promotor del Humor con la colaboración de la Oficina 500, Carnaval Habana, entre otras instituciones.

Estoy en la función y pienso en mi generación. Considero que ha crecido desconociendo hechos de la Historia de Cuba. El viaje de 1 273 maestros cubanos a la universidad de Harvard en el verano de 1900. Se trató de un momento único, pues el país –bajo ocupación estadounidense− estaba a punto de iniciar su vida como nación independiente. Fue un instante tenso y hermoso, una prueba para todos los que participaron, una suma de lecciones cuyo significado inquieto sigue estremeciendo hoy lo mismo que entonces.

Es la segunda vez que veo a Doimeadiós, reconocido actor, ejerciendo como director teatral. Aseguro que la destreza es el resultado que obtuvo en La Cita, un texto de Andrea Doimeadiós y vuelve a crear otra interesante propuesta para la escena teatral cubana.

En Oficio…, la composición espacial erigida por el director señala una teatralidad que le graba al espectáculo hechos particulares en la elaboración de su estructura dramática: I Camino desde la entrada, II Ara, III Tengo una hija en IHarvard, IV ¡Arriba con el himno!, V Travesías, VI Salida al patio lateral.  Son los títulos de los cuadros y espacios que establecen el orden para el proceso de representación.

imagen tomada de cuba escena

II

Ara

En Ara, que viene siendo como el segundo cuadro del espectáculo, se representa interviene coreográficamente Grettel Montero, con movimientos precisos, plenos de toda una plasticidad que revelan al espectador lo que en un principio fue nuestra Isla desde su descubrimiento, la alternancia y repetición al bailar en el pequeño espacio diseñado para representar los signos más acreditados y componer mediante la danza el despertar de una Isla que sin dudas surgen todo tipo de milagros.

imagen tomada de cuba escena

III

Tengo una hija en Harvard

Tengo una hija en Harvard, texto de Arturo Sotto, conforma en su relato la historia de una joven maestra escogida para su visita a dicha universidad norteamericana. Su prometido se opone al viaje. El acontecimiento va generando un conflicto entre la idea opuesta por sus padres hasta entrar el padre Orozco como concordia en el asunto. Con diálogos bien construidos, el autor recrea el ambiente en que se enmarca la fábula en una unidad temática. Apropiados registros construyen los actores que logran el equilibrio en las actuaciones en sentido general.  Se activan resortes espectaculares con la inclusión en vivo de la banda de música de Rancho Boyeros que se implican como personajes dentro del tejido del concepto de la puesta, brindándole una musicalidad efectiva.

Y cuando me leo más claro que oscuro

Del clarín escuchad el sonido

Somos los primeros

Somos los primeros.

imagen tomada de cuba escena

IV

Arriba con el himno

En un cuarto bloque del espectáculo, bajo el título de Arriba con el himno, del autor Ignacio Sarachaga, vemos cómo se enriquece con escenas del teatro vernáculo, acto que le añade al compuesto heterogéneo del espectáculo un matiz especial    

Que nadie sienta miedo ya estamos llegando

Hay un itinerario (pá cumplir la meta)

Consejito sano (pá cruzar el río)

Y lo aprende quien lo entienda (nos vamos pal surco)

Quien roba caballo paga con castigo

Y si viene, viene, viene un dominó

Ya estamos jugando, jugando…

Otra vez entrecruzo en un acto de libertad otras frases de la canción de Vivanco y sin miedo a originar un trabajo que ya dejó mucho que decir.

imagen tomada de cuba escena

V

Travesías

Su director va cerrando la dramaturgia con Travesías, una instalación y performance que es un concepto del propio director Osvaldo Doimeadiós y con la realización plástica de Guillermo Ramírez y Patricia Díaz Martínez, hasta llevarnos a la salida del patio lateral.

Estos son los seis momentos que dividen la obra, conforman la estructura de este relato con tonos de humor, pero sin llegar a ser una comedia pura. Todo está bien pensado en Oficio de Isla, con cuidadoso diseño de vestuario creado por Oscar Bringas que le aporta a la obra pureza y neutralidad visual que supongo ha querido mostrarnos.

  •         Vivimos en una Isla, es preciso levantarse cada mañana ver el sol, el horizonte como amenaza el lugar de promisión para saber lo que es…

Es este un montaje que, sin dudas, dialoga con un presente. Las instantáneas que se exponen a la salida fueron tomadas hace casi 120 años. En la cosecha de Doimeadiós del presente relata lo que fuimos, somos o aspiramos ser, y estas fotos vienen a recordarnos de dónde venimos y de qué estamos hechos los cubanos en un acto artístico de altos quilates estéticos y de una sensibilidad sorprendente.

Con Oficio sobre el teatro en una Isla milagrosa, director, actores y todos los que en el espectáculo intervienen, desde sus particularidades conceptuales, hacen del espacio una convergencia perfecta con los cientos de espectadores que asisten allí a ver verdadero arte, un acto puro de teatralidad.


Fórmula del éxito, avatares y cavilaciones de Rosana Rivero

*Tomado del periódico ¡ahora!

Rosana Rivero Ricardo es una joven periodista holguinera que desde el ámbito de la cultura ha entregado en el último lustro, su quehacer profesional a informar al público holguinero de todo cuanto en materia de arte acontece en la provincia.

Con ingeniosidad teje sus textos y busca constantemente crecer, si no en estatura, en lo profesional. En los meses recientes varios premios le han demostrado que sus empeños fructifican, aunque ya sus lectores lo advirtieran antes que los jurados. Aquí cuenta fórmulas del éxito y avatares profesionales. Revelaciones que comparto con los lectores.
 
En los últimos meses recibiste de la vida muchas sorpresas, algunas más tristes, otras pueden considerarse hitos en la vida de cualquier persona. El Premio de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena ¿en qué lugar se ubica en este escalafón?
 
Dicen que la felicidad nunca es completa. En el plano personal hoy siento la ausencia de uno de los pilares fundamentales de mi vida: mi abuelo. No obstante, me reconforta pensar que buena parte de estos resultados se los debo a él, quien me impulsó a superarme siempre.
El Premio de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena se ubica en primerísimo escaño de mis alegrías, junto al resto de los reconocimientos que he recibido en los últimos cuatro meses: Premio Nacional de la Crónica, Premio Provincial La Estrella de Cuba y Premio de la Ciudad 2020.
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El “Villena”, convocado por la Asociación Hermanos Saíz, es un certamen que ha ganado muchísimo prestigio. Esta vez se enviaron más de un centenar de obras.
El concurso realza al Periodismo Cultural, una temática a veces subvalorada en otros certámenes periodísticos, tanto provinciales como nacionales, al equipararlos con textos de Periodismo Económico, Jurídico, de Salud, etcétera.
Asimismo, reconoce la labor de los jóvenes periodistas menores de 35 años, uno de sus requisitos. Cuando lo descubrí ya tenía 27. Había perdido cuatro años. Pensé que iba a llegar a los “ta” sin obtenerlo.
Un premio nacional siempre se recibe con alegría. Le da visibilidad a tu obra más allá de tu zona de influencia, en mi caso, la provincia de Holguín. Para un periodista, aunque lo niegue, el reconocimiento social siempre es importante.
Mas el agasajo no es solo para quien escribe, sino para el medio para el cual trabaja. Esa es otra de mis satisfacciones: insertar el nombre del periódico ¡ahora! en el panorama nacional. Sin las nuevas posibilidades que ofrece la plantilla del sitio web www.ahora.cu, no hubiese logrado este resultado. Tampoco sin el apoyo del Equipo Multimedia, una nueva estructura creada por el director de nuestra Casa Editora, aprovechando las potencialidades de nuestros Recursos Humanos, para estar en la puntera del desarrollo del Periodismo Hipermedia en el país.
 
¿Cómo fue el proceso creativo de esta serie de productos que resultó premiado?
En 2018 se comenzó a gestar, desde la dirección del Complejo Cultural Eddy Suñol, el gran suceso que sería el aniversario 80 del Teatro, celebrado el 2 de junio de 2019. Informativamente la prensa local debía seguir los acontecimientos, pero quise hacer algo distinto para homenajear a la institución y sus protagonistas, a menudo personas desconocidas. Sentía que se lo debía a mi Teatro, donde de pequeña disfruté de puestas infantiles.
 
Permaneció una década cerrado, pero cuando reabrió en 2011 estuve en la gala de apertura, aunque después tuviese que regresar a pie a la casa: cuatro kilómetros con los tacones en la mano. Ahora, como periodista, siempre me tiene reservada una luneta en la fila de la prensa.
No he tenido la posibilidad de visitar todos los teatros de Cuba y no puedo hacer comparaciones objetivas. Mas todos los artistas de convocatoria nacional que han estado en el “Suñol” coinciden en algo: este es uno de los mejores teatros de la Isla, no solo por su confort -aunque la acústica no sea la mejor y el escenario sea pequeño e incompleto-, sino por la calidad de sus trabajadores. Eso quería reflejarlo.
Disfruté mucho las entrevistas que fueron la base sobre la que se sustentó cada producto web. Conocí a Hipólito Velázquez, octogenario tramoyista por varias décadas del “Suñol”, cuya familia se dedicó por entero al teatro. Ellos me abrieron la puerta de su casa. Conversar con grandes personalidades del canto lírico no solo holguinero, sino nacional, como María Luisa Clark, conocida como “La Voz de Oro de Cuba”, fue otro momento único. Me divertí mucho con las anécdotas, que suelen pasarle en plena actuación a estos artistas.
 
Con frecuencia tus textos tienen una vocación historicista, hurgan en el pasado para traer al lector o usuario de las redes, verdaderas revelaciones o encuentros con sus nostalgias, los trabajos que te hicieron merecedora de este premio entran en ese grupo ¿Cómo fue el proceso de investigación y luego el creativo?
 
Siempre tuve afinidad por la Historia. Me gradué como Máster en esa especialidad. El periodista escribe en presente lo que será historia. Pero el Periodismo es también una buena herramienta para traer el pasado hasta nuestros días. He intentado explotar eso del modo más ameno posible, para que los más adultos se encuentren con sus recuerdos y los más jóvenes conozcan lo que fue.
Consulté a personas que pudieran aportarme información, sugerirme temas y personalidades a entrevistar. De ahí salió una larga lista de tópicos, que incluyó los tres trabajos seleccionados para el concurso. Entrevisté a trabajadores del Teatro, ya retirados, y algunos de los que están en activo, como su director Roger Rodríguez, quien mucho colaboró con la realización de estos trabajos. Otro intercambio clave fue con Martín Arranz, intérprete jubilado del Teatro Lírico de Holguín, quien, además, de ofrecerme sus impresiones como protagonista y espectador de las presentaciones en el Teatro, me facilitó su libro sobre la historia del Teatro en Holguín.
Pensé la serie como un trabajo multimedial y me apoyé en un equipo de fotógrafos, diseñadores, videógrafos, editores para que el producto saliera lo más integral posible. Tuve que aprender hasta a hacer los llamados Time Line o Línea del Tiempo, apoyada en las herramientas digitales, que ofrece la web. Hubo cosas que salieron y otras no. Los podcasts, por ejemplo, no pudieron añadirse por detalles de la tecnología.
Gracias a esta serie conocí mucho mejor el “Suñol”. Subí hasta el techo de la Sala Principal. Las bombillas quedaban a mis pies. A esa altura las lunetas parecen sillas de muñecas.
Entre los momentos más divertidos y, a la vez místicos, estuvo el proceso de realización del artículo dedicado a los fantasmas del Teatro, no incluido dentro de las obras premiadas. Dicen que allí habita el fantasma de Raúl Camayd, fundador y director del Lírico holguinero por varios años. Muchos de quienes han “sentido” estas presencias prefirieron no compartir sus anécdotas. Yo, por sí o por no, prefiero no quedarme la última a la salida de cada función.
 
El Periodismo cultural plantea el reto de la especialización en un abanico diverso de expresiones del arte, cuáles consideras los más importantes desafíos de esta forma de ejercicio profesional.
 
Ahí está el reto: saber de todo un poco, porque en una provincia un periodista cultural, para poder emitir criterios válidos sobre todos los sucesos, que acontecen en su territorio, no puede especializarse en una única manifestación artística, como debería ser, por el gran volumen de información, que se debe manejar. Incluso una manifestación artística demandaría una mayor especialización para ser más certeros. Por ejemplo, en la danza podría el periodista centrarse en el ballet o la danza, o en un periodo específico.
 
¿Cómo describirías que debe ser la relación ideal creador-periodista?
 
De amistad, no de enemistad. Ellos, junto al receptor, conforman un “trinomio cuadrado perfecto”, en términos matemáticos. El artista, sin un público que decodifique su obra está incompleto. A su vez, el crítico funciona como una brújula, para indicarle el mejor de los caminos a ambas variables. Por ejemplo, el crítico puede alabar o cuestionar aspectos de una obra basado en sus conocimientos. El creador obtiene así una opinión especializada de su trabajo, para continuar por esa línea, o si lo desea, mejorarla. Al público, por su parte, el crítico puede sugerirle a cuáles hechos artísticos debe prestar mayor atención por sus valores.
Lo que no debe suceder es que el artista vea en el crítico a su enemigo y lo emplace, esgrimiendo argumentos como el desconocimiento de su trayectoria anterior o el esfuerzo realizado, para desarrollar su obra de arte. El público lo que disfruta es el resultado final de la pieza, y eso es lo que también evalúa un especialista.
 
La crítica de arte es uno de los temas más cuestionados dentro del periodismo cultural. Acusados a veces de poco serios, epidérmicos o inexistentes, los textos críticos son manzana de la discordia cuando aparecen ¿cómo has vivido la experiencia de la crítica?
 
No he realizado mucha crítica artística y es algo que, a su vez, se me cuestiona en mi entorno laboral. Solo llevo cinco años de ejercicio profesional y considero, que todavía me falta experiencia, aunque en todo este periodo he intentado especializarme a través de cursos, talleres, diplomados y hasta mi maestría, que es en Historia y Cultura.
 
Es una labor compleja y delicada que tiende a herir susceptibilidades. En todos los encuentros de Periodismo Cultural, que se realizan a lo largo de la Isla se insiste en que Cuba es ínfima la crítica cultural y que los periodistas de la temática debemos potenciarla. Los artistas también han planteado en sus asambleas y congresos la importancia de que resurja la misma. No obstante, algunos se quejan y les parecen mal las opiniones que se emiten acerca de sus obras, sobre todo, si se trata de un periodista joven. Por tanto, un crítico siempre está en el filo de la navaja. Casi nunca queda bien, lo mismo si escribe o no escribe su opinión.
Personalmente tuve una buena experiencia en esa relación creador-crítico. En una ocasión comenté en el periódico ¡ahora! sobre un estreno del grupo humorístico Etcétera. Su director, Eider Luis Pérez, agradeció los elogios y, en la segunda puesta, mejoró los aspectos negativos señalados.
 
Tienes desde hace años el encargo de entregar una página semanal con el acontecer artístico holguinero ¿cómo divides el tiempo para asistir a los incontables acontecimientos que acaecen en la ciudad, escribir, investigar, etcétera.?
 
El Periodismo Cultural es una de las pocas especializaciones periodísticas que te dan la posibilidad de trabajar divirtiéndote. No veo mi labor como una obligación, sino como una posibilidad infinita de recreación, conocer disímiles creadores sin moverme de mi ciudad, disfrutar de espacios, que tienen al buen arte como protagonista. Valorándolo de este modo, las ideas, la escritura y la investigación fluyen espontáneamente.
 
¿Existe una manifestación del arte con la que te sientas más cómoda al escribir?
 
Las artes plásticas. Junto a la arquitectura es la manifestación en la que se enfatiza cuando recibimos Historia del Arte en la carrera de Periodismo. Esto te dota de un conocimiento sistematizado en periodos y figuras, tanto del ámbito universal como nacional. Eso no ocurre, por ejemplo, con las artes escénicas. He estado en un Diplomado de Crítica Artística impartido en la filial holguinera de la Universidad de las Artes y en un curso similar en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí y en ambos se ha prescindido del estudio de la Danza. Esas ausencias curriculares demandan mayor esfuerzo y autopreparación, y uno tiende a escribir en el ámbito que más cómodo se siente.
 
Cuando alguien ha tenido un buen año, todos se preguntan si tuvo una fórmula para el éxito. ¿cuál es en tu caso?
Enviar mis trabajos a los concursos. Nunca creí mucho en mí ni en mi obra, la verdad. Por eso no incursionaba en los certámenes. Rubén Rodríguez, nuestro periodista, escritor y editor, me envalentonó a hacerlo.
Comencé a participar desde el año pasado. Intervienes en los eventos y talleres y aprendes algunos secretos, como comprender su naturaleza y escoger, dentro de tus textos, los que más se ajusten a esta.
Intento ponerle el mejor “sazón” a todo lo que cocino, periodísticamente hablando. Por eso, no escribo un artículo pensando: “este lo voy a enviar a tal Premio”. No obstante, el olfato periodístico te indica el tema que puede convertirse en un buen trabajo y, hasta sin premeditarlo, le pones un poco más de tu tiempo y esfuerzo. En mi caso, hay artículos premiados que han nacido tras un largo proceso creativo. Sin embargo, otros nacen de la casualidad, la espontaneidad. Lo ideal es trabajar lo mejor posible siempre.
Si tuviera una fórmula del éxito diría que esta funciona si, al “despejar la X”, obtengo como resultado la retroalimentación con mis lectores. Sus comentarios en las calles, en la web de ¡ahora!, sus correos electrónicos corrigiéndome datos, sugiriéndome temas o felicitándome: esos son los mejores premios.

Érase otra vez

La verdad no sé qué fuimos a buscar a tan tempranas horas Nelson y yo a la avenida Garzón. La ardilla parecía desafiar el paso de mi amigo que le dejó petrificada en aquella portada. Yo lo sacudía, aquel era uno de los títulos de mi librero infantil y no entendí cómo fue a parar a una venta de libros de uso. Pero Nelson no entiende mi agonía. Como muchos niños en los ʻ80 pasé largas temporadas en reinos lejanos y trasmontanos. Mi mundo era una especie de Moscú tropical. ¡Y vaya misterios tiene la literatura y el universo onírico! Horas después me tropecé con la ardilla de la editorial Raduga y pasados unos instantes de nostalgia perdió total importancia.

Comencé a desmarañar el estante, estaba segura, en aquellos paseos por las librerías mi madre se las ingeniaba cual diplomática literaria transnacional. De niña jugaba con libros y no solo los leía. Armaba siluetas de barcos multiétnicos y me introducía en ellos, el enorme tamaño de mi casa se apresta. Entonces la literatura incluso me resultaba más placentera porque no andaba en posturas críticas y otras manías del adulto lector. Solo me dejaba llevar por las aguas y el velero, y fui feliz.

Y gracias a esa especie de selección natural tuve acceso a lecturas de los más diversos parajes literario-culturales. Polvo y recuerdos mediante, al modus de corsarios y piratas a la toma del botín, acabo de reencontrar otro de mis más queridos títulos por entonces, Cuentos y Leyendas Vietnamitas:

…En pueblos solitarios, campesinos y terratenientes, lagos y hadas

Cursaba el año 1984 cuando la editorial Gente Nueva sacaba a la luz el título ya nombrado. Los cuentos y leyendas contenidos en el volumen estuvieron basados en relatos orales o composiciones escritas de los estudiantes vietnamitas que en la década del ʻ65al ʻ75 del pasado siglo vinieron a Cuba becados para estudiar en la Universidad de La Habana y cursaron estudios en la Escuela de Letras y Arte de la Facultad de Humanidades. Los hijos del arroz tomaron clases de idioma español en la Licenciatura en Estudios Hispánicos para extranjeros y fueron alumnos de Marta Santo Tomás Sánchez a cargo de la selección y adaptación de los relatos compilados. En el prólogo se aclara que la adaptadora procuró la conservación del estilo directo y sencillo de los relatos originales.

Me estaba ratos admirando las larguísimas trenzas de Tam, la protagonista de una de las leyendas, que distingue en la imagen de cubierta. Deseé comer de las tandas del arroz que ella escogía. Comparé nuestros sombreros de yarey con los de aquellos muchachos de ojos rasgados. Sentí hambre de los frutos que daban mágicos árboles, lancé flechas y crucé el lago a la espalda del barquero cuyo rostro tuve que inventar.  La calidad del papel no competía con las ediciones predominantes en mi librero, pero las ilustraciones a cargo de Enrique Martínez, a pesar de ceñirse al dibujo en blanco y negro, lograron captar las esencias de las narraciones y transportarlos con audacia a la infancia cubana de entonces. 

En aquel momento echaba a volar y ya, como correspondía. Ahora vuelo menos y me percato de algunas particularidades con referentes inmediatos a aquel entorno cultural oriental, diferente de los patrones del arte y la literatura occidental. Por ejemplo, las hadas de los cuentos tradicionales vietnamitas no son sólo del sexo femenino, pueden ser de ambos sexos, jóvenes o ancianos. Hay diversidad también en la tipología de las hadas, las hay jóvenes y bellas a semejanza de su parentela europea, pero también aparecen en la representación de ancianos y ancianas. Hadas al fin comparten sustratos como la habilidad para aparecer y desaparecer, tomar figuras de animales, genios o espíritus, ayudar a los buenos y castigar a los malos:

Veamos el momento de la aparición de la entidad del hada-anciano en dos de los relatos:

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

(Tam y Cam)

“Tam pensó que su mamá la castigaría y se echó a llorar desconsoladamente. De pronto, se le apareció un anciano de barbas largas y blancas como la nieve, quien con voz dulce le preguntó:

-¿Por qué lloras tanto, niña?

-Ay, abuelo, trabajé toda la mañana para llenar mi cesta de peces, pero mientras me bañaba desaparecieron todos y temo que mi mamá me castigue.

Entonces el anciano le dijo:

-Mira, hijita, no llores más, aquí tienes peces.

(El bastón mágico)

“…De pronto, el tronco del árbol se estremeció, y del mismo surgió un anciano de larga barba, todo vestido de blanco, con un bastón en la mano. El anciano tocó a Manh con el bastón, y le habló así:

-Manh, tú trabajas mucho y vives pobremente; sin embargo, eres bueno y siempre tienes paciencia y modestia. Toma este bastón para que te ayude a vivir mejor. Puedes pedirle lo que necesites, pero nunca pidas demasiado…”

Se observa un gran parecido entre el cuento Tam (granito de arroz partido) y Cam (fina cáscara blanca del arroz) y el conocidísimo La Cenicienta. Según aporta la compiladora, los alumnos vietnamitas atestiguaron el origen tradicional de este relato, muy popular en la nación asiática desde muchas generaciones atrás. Cualquier semejanza tendrá sus vaivenes literarios y antropológicos entre las olas del Mar Adriático que servía de puente entre el lejano Oriente y Europa. Gracias a la divulgación de diversos personajes gran cantidad de cuentos, leyendas y fábulas europeas arrancan de raíces orientales. Me vienen a la idea algunas teorías de base antropológica como el paralelismo o el difusionismo cultural que contribuirían a explicar estas y otras coincidencias que acaecen entre estos cuentos y leyendas y sus pares simbólico-culturales del ámbito occidental.

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

Aparecen en la versión vietnamita marcas de identidad y la cultura popular como son los propios hábitos alimenticios y un plato básico en dicha cultura como el arroz y las tareas compartidas de base familiar como el acto de escogerlo. El famoso zapato aparece como zapatillas de seda bordadas al modo del atavío femenino oriental, y por supuesto en relación con la búsqueda de un pie chico como concepto oriental de la belleza femenina. Aunque debemos recordar que los pies de las hermanastras de Cenicienta tampoco cupieron en el zapatico de cristal, otra coincidencia en los conceptos estéticos entre uno y otro relato.

Los cuentos tradicionales vietnamitas tienen además de su encanto narrativo, que los hace atractivos para niños y adultos, significativos valores éticos y culturales. En muchas de las leyendas se exaltan las más nobles virtudes humanas. En numerosos cuentos se aprecia la relación entre el hombre y la naturaleza, se describen los animales y las plantas y las relaciones sociales de la época.

Aparecen con reiteración temas como la enfermedad y la muerte. La segunda, en la mayor parte de los relatos es la solución-enseñanza fatal que marca el fin de los personajes negativos; sin embargo, en uno solo de los relatos la muerte se plantea como un suceso excelso, un fin heroico, símbolo de resistencia y tenacidad. Tal es la tesis que se plantea en “El pájaro Ko-Kan-Kac-Fuc”:

“…muchos jóvenes cayeron en el camino, y al morir se convertían en pájaros que revoloteaban y cantaban “Ko-Kan-Kac-Fuc” (¡Vence las dificultades!) para dar ánimo a los que continuaban la penosa marcha.

Después de muchas semanas de camino, llegaron  a un despejado valle: era la entrada al país del este, donde se vivía en paz y abundancia. Allí se establecieron los vietnamitas y tuvieron una vida dichosa; los niños jugaban, reían y cantaban. Y los hombres y mujeres que trabajaban en los campos eran estimulados por el canto de las aves que gritaban “Ko-Kan-Kac-Fuc”, simpáticos pájaros que hasta el día de hoy se encuentran en los bosques de Vietnam.”

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

 Las historias se basan en la oposición entre el bien y el mal en las que los “malos”, a sus contravalores suman el ser “gordos y feos” como ocurre en “El origen de los monos” con los personajes del terrateniente, mujer e hijas. Hay igual gran semejanza con la Cenicienta pues el anciano de barba blanca y largo bastón transforma a la sufrida Teo, sirvienta de los primeros, “en una muchacha hermosísima con un vestido esplendoroso. Su boca era rosada como una flor, sus ojos de mirada dulce y brillante, ninguna muchacha era tan bella como Teo. Al verla, todos los jóvenes de la aldea se sintieron cautivados por su belleza.” En esto coinciden los cuentos de antaño y varios del presente anclado a la pantalla, la felicidad femenina pende atada a la conquista del universo varonil. Así han sido y ¿serán? educadas las futuras reinas del hogar en varias regiones del orbe. El escarmiento para los malvados llega por obra de sus propios defectos, que les convierten en monos peludos y feos.

El triunfo de la bondad sobre la codicia aparece en “El árbol de fruta”, que tiene como protagonista la fruta oriental conocida como grosella china, árbol característico del paisaje vietnamita. También aparecen representadas las relaciones antagónicas entre miembros cercanos de la parentela,  relación disfuncional en la literatura que tanto ancló en la narrativa de varias culturas. Por solo mencionar cercanos referentes podríamos citar el conflicto entre el Meñique martiano y sus hermanos. Como en aquel y en otros, el símbolo del árbol que da frutos a quien lo merece se debate entre las bondades de Dong (hermano menor según ¿casualidad literaria?) y la enseñanza o fatalidad para Thu y su esposa, cuya codicia culmina por arrojarlos al mar.

En “La inteligencia” se representa la figura del campesino no solo con valores como la laboriosidad, también como persona de audacia ante las contingencias, capaz de solucionar difíciles situaciones. “El bastón mágico” es otra de las páginas protagonizadas por el personaje del campesino cuyo antagonista es un poderoso e inconforme terrateniente quien al final del relato resulta muerto por su propia codicia, como resultado de los golpes que recibe del bastón arrebatado al campesino. Hágase notar una vez más la recurrencia a la muerte como enseñanza fatal a los personajes negativos. Por su parte, el campesino es pobre, trabajador, persistente en sus labores, paciente, modesto, solidario con los de su clase y feliz. Los elementos de la naturaleza como el símbolo árbol resultan recurrentes en estas narrativas. El árbol da sombra para aliviar la fatiga del campesino y durante el sueño de aquel se transforma en “un anciano de larga barba, todo vestido de blanco, con un bastón en la mano”. El bastón será el objeto de la discordia que dará bienestar al sensato trabajador y aleccionará con la muerte al terrateniente.

“El sol, la luna y las estrellas” entraña  una narrativa al modo génesis donde las flechas de un viejo cazador y su hijo (en el sentido de la cristiana trinidad: Padre (cazador) –Hijo y espíritu santo (disparo de la flecha)– organizan el cosmos en un Sol, un sol herido ante el primer disparo del hijo inexperto que se trastoca en luna, estrellas y luceros que devinieron “de los pedazos luminosos de los soles muertos” por los disparos anteriores del Padre. Formación a partir de la que se libera a la Tierra del intenso calor emanado por los innumerables soles en existencia. El arco y la flecha del padre e hijo salvan a la humanidad. Nada más semejante a la tesis cristiana.

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

Las relaciones entre los hombres y los animales domésticos se exponen en “Gato y perro”, donde se plasma una versión muy simpática del origen de la enemistad entre uno y otro animal.

En “El barquero”, la historia lleva a retablo el personaje del esposo dedicado cuyo sacrificio –hada mediante– cura de una terrible enfermedad a la esposa, a la vez que queda sumido en la pobreza. La mujer ahora rozagante de salud aparece como un ser malvado, malagradecido y ¡oh gran casualidad!, traicionero, lo cual desencadena en que debe devolver al hombre las tres gotas de su sangre que la salvaron y al hacerlo se desploma convirtiéndose en un mosquito hembra que hasta estas teclas busca con desesperación libar la sangre de los humanos.

La “Leyenda de Than Yung y el caballo de hierro” encarnan la narración épica en una especie de parábola con la aún reciente victoria del pueblo vietnamita.

El cuento “El sapo, tío del emperador del Cielo” asume un argumento medioambientalista pues centra la historia en la desaparición de la lluvia “En tiempos remotos, cuando sólo de plantas y animales se cubría la Tierra y aún el hombre no había surgido”. Es otra muestra de la estrecha unión entre realidad y fantasía, pues ¿no es cierto que los sapos anuncian la lluvia con su canto?:

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

“-En el futuro, si vuelve a haber sequía, ¿qué debemos hacer?

El emperador del cielo respondió:

-No es necesario que suban…

-Entonces propongo, que cuando haya sequía le avise por medio del rechinar de mis dientes.

A la sugerencia del sapo, el emperador contestó:

-Acepto, cada vez que oiga tu rechinar dejaré que la lluvia vaya enseguida junto a ustedes.

(…)

Desde entonces, cada vez que el sapo llama al cielo, la lluvia acude inmediatamente para alegrar y propiciar la vida de todos en la Tierra.”

El personaje del Sapo es simpático y muy positivo, tienes actitudes como el liderazgo y encarniza la tenacidad y valentía que promueven otros valores como la justicia. La fábula llama a la unión de empeño y aceptación entre diferentes.

Como colofón, el volumen recoge una leyenda que extiende sus raíces a páginas histórico-culturales del panorama vietnamita. “La torre de la tortuga o el lago de la espada restituida” sitúa el hecho narrativo en Hanoi, en un lago “en cuyo centro se alza una alta torre, conocida por la torre de la tortuga y el lago recibe el nombre de lago de la espada restituida”.

La torre en cuestión se ubica en medio del lago Hoan Kiem. Y el origen de los nombres de la torre y el lago remontan al lector a una lección de historia:

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

“Hace más de quinientos años, Vietnam se vio invadida por una dinastía china. Para defender  a su pueblo, al frente de los vietnamitas se puso un guerrero llamado Le-Loi, quien había sido hasta entonces un humilde campesino.”

El pasaje se refiere al momento histórico con fecha de 1408, cuando la Dinastía Ming invadió Vietnam. Veinte años más tarde los vietnamitas derrotaron a los chinos bajo la dirección de Le-Loi, quien más tarde fundó la Dinastía Lê Quan y renombró la ciudad como Tonkin.

Sin embargo, según fuentes digitales consultadas, Le Loi  no fue un campesino sino un terrateniente devenido general vietnamita que, efectivamente, obtuvo la victoria de independencia para Vietnam de China y fundó la  dinastía Le (1428–1788). Entre sus logros se mencionan  las reformas agrarias que hizo para ayudar a los campesinos. Fue el héroe vietnamita más homenajeado de su tiempo.

La recreación  con la que concluye la compilación de relatos apela a elementos de la fantasía épica y el mito, donde las aguas del lago constituyen elemento fundamental.

Carta no enviada a la Editorial

La casa de la infancia de Nelson era pequeña en demasía como para hacerle un lugar a los libros, según sus padres. Jugar tenía horario específico pasado el cual los juguetes eran encaramados en una caja fuera del alcance de los niños. Nelson como una inmensa población mundial y anónima no es un buen lector ni de prospectos pero sí se hizo buena gente y amigo mío. Cuando supo de nuestra onírica travesía soltó su carcajada procaz, y me regaló el pie forzado para una relectura en días en que puedo abrigar a quien soy en cualquier sitio de mi estante.


La radio en Antena

Un post en Facebook dio inicio a la nueva temporada de Antena Este, la peña dedicada a la radio que promueve la sección de audiovisuales de la filial provincial de la Asociación Hermanos Saíz en Santiago de Cuba. Reacciones, comentarios y muestras de cariño, llegadas desde distintas partes del país, saludaron el nuevo empeño.

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Debatirán Ignacio Ramonet y Rosa Miriam Elizalde sobre colonialismo 2.0 en Dialogar, dialogar

El catedrático y periodista español Ignacio Ramonet, doctor en Semiología e Historia de la Cultura, y Rosa Miriam Elizalde, doctora en Ciencias de la Comunicación y vicepresidenta de la Unión de Periodistas de Cuba, serán los invitados en el espacio Dialogar, dialogar este 19 de febrero, para debatir en torno al Colonialismo 2.0 y los desafíos de la izquierda. ¿Qué hacer?

A partir de las cuatro de la tarde de ese día debe comenzar el intercambio en el Salón de Mayo, del Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz, en el cual pueden participar todas las personas interesadas, quienes tendrán la posibilidad de preguntar, expresar sus opiniones y enriquecer el debate.

También deben asistir estudiantes universitarios, incluidos algunos de la facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, quienes la semana anterior realizaron un taller con parte del equipo de Dialogar, dialogar, sobre algunas particularidades del tema, especialmente en el país caribeño.

Autor de libros como “El imperio de la vigilancia”, “La explosión del periodismo”, “¿Qué es la globalización?”, “Propagandas silenciosas” y “La tiranía de la comunicación”, Ramonet tiene amplia experiencia en el análisis de fenómenos relacionados con la comunicación, las plataformas digitales y las disputas políticas e ideológicas en diversas regiones del mundo.

Fundadora del prestigioso sitio digital Cubadebate, autora o coautora de obras como “Clic Internet” y ganadora en varias ocasiones del premio periodístico Juan Gualberto Gómez, el más importante concedido en su país para reconocer la obra de un periodista durante un año, Elizalde es una profesional con amplio reconocimiento en el campo de la comunicación y las nuevas tecnologías, por su dominio de la teoría y la práctica, demostrado en diversos proyectos como Dominio Cuba.

Creado en el año 2013 por iniciativa de la Asociación Hermanos Saíz, Dialogar… se mantiene como una plataforma para el intercambio sincero, valiente y responsable entre varias generaciones de cubanos, con líneas temáticas relacionadas con la cultura, la historia y la sociedad en general.

Los temas más recientes han sido “José Martí en la hora actual de Cuba”, “La responsabilidad colectiva, ¿cómo se construye, cómo se destruye?”; “El rol de los jóvenes creadores en la Cuba de hoy”; “Resistencia y creación: La cultura de nuestro tiempo”; y “El dirigente como servidor público”.

Este espacio es un homenaje permanente al sobresaliente intelectual Alfredo Guevara, fallecido en abril de 2013, quien fue eternamente joven por sus ideas y la capacidad para polemizar y soñar junto a las nuevas generaciones.

Las transcripciones del Dialogar, dialogar pueden leerse en dos libros, titulados Hacia una cultura del debate, en sus volúmenes uno y dos, los cuales fueron publicados por la Casa Editora Abril.


La amarga soledad del Pinto

La noche del Pinto, basada en un original de Reynaldo Montero, fue la entrega de Teatro D` Sur para este Mejunje Teatral. Una puesta resentida en aspectos como el diseño escenográfico y sonoro, pero que logra comunicarse con el espectador gracias –porque hay que agradecerle en verdad–, a la actuación de Jorge Luis Castillo.

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