Escuela Cubana de Guitarra


Cada artista verdadero tiene su sello auténtico

Si una palabra pudiera definir las esencias de Yalit González González, esa palabra sería la ética. Ha labrado su camino como concertista, músico y pedagoga desde el ara de lo bien hecho, ha transmitido a sus estudiantes no solo el aprendizaje de una técnica, sino también la enseñanza invaluable de que el arte es una materia transformadora de la espiritualidad humana. Con su guitarra, con su Verdad, con su amor, Yalit ha transmutado —para bien— todo a su paso. Tengo el privilegio de considerarla mi amiga. Tuve, además, el privilegio de ser su estudiante de guitarra en la Escuela Nacional de Arte y en el Conservatorio “Amadeo Roldán”. Esta entrevista intenta resumir mi afecto, mi admiración y mi infinito agradecimiento hacia el hermoso ser y hacia la virtuosa guitarrista que es Yalit.

¿Por qué elegiste el camino de la música, y específicamente la guitarra?

La música fue una elección que tomé muy temprano en mi vida. El ambiente de mi hogar fue muy propicio para mis intereses, a todos les gustaba este arte. En casa había un piano «Pleyel», de mi mamá, que estaba destinado a ser mi primera herencia. Mi madre se percató de mis inclinaciones musicales y me llevó a dar clases de piano con Mildred, una excelente maestra que vivía muy cerca de mi casa en mi natal Holguín. Mildred consideraba que yo tenía aptitudes musicales y que debía iniciar estudios académicos.

cortesía de la entrevistada

Cuando tenía unos nueve años, pusieron un documental de María Luisa Anido en la televisión cubana. María Luisa Anido, la extraordinaria guitarrista argentina, la «Gran Dama de la Guitarra», estaba en pantalla tocando un instrumento precioso. Ahí me quedé prendada de la guitarra. El sonido que escuché de esas cuerdas que vibraban me enamoró para siempre. Fue algo fulminante, se me despertó una fascinación, una pasión que ya más nunca me abandonó.

Desde ese momento le dije a mi madre que yo quería tocar ese instrumento. Ella prestó oídos a mi petición y me llevó a hacer las pruebas de ingreso a la escuela de arte.

Mi entrada a la Escuela Vocacional de Arte de Holguín fue el inicio de mis estudios en la carrera de la música clásica; pasé por varios conservatorios hasta culminar los trece años instituidos en Cuba para ello, con la Licenciatura de la Universidad de las Artes (ISA). Tuve el privilegio de recibir en las escuelas y Universidad de música en Cuba, una enseñanza de primer nivel, dentro de un sólido Sistema Nacional de Enseñanza Artística.

De manera que todo comenzó así: el día en que escuché tocar la guitarra a la gran María Luisa Anido, yo elegí este instrumento. Mi familia decidió apoyarme para siempre. Mi madre y mi padre son artífices de mi carrera; sin el apoyo y esfuerzo de ellos, jamás hubiera podido cumplir mis sueños de ser concertista y permanecer siéndolo. A la dedicación de ellos se unió la de mis abuelos, mi tío Alberto y la de mis hermanos Yanot y Alberto, quienes también desde el primer día me apoyaron y disfrutaron cada minuto de mi quehacer artístico; hoy siguen haciéndolo. A esto se sumó, con el tiempo, una conspiración de muchas otras personas para hacer mis sueños realidad.

En la tradición guitarrística cubana, ¿qué voces no pueden faltar?

La tradición guitarrística cubana es vasta y sólida. Innumerables son las voces que no pueden faltar por sus valiosos aportes. ¡Tantos! Simplemente: incontables.

Tu dualidad como guitarrista concertista y como profesora de dicho instrumento, ¿a qué nuevos caminos, tanto espirituales como técnicos, te ha encomendado?

Esta dualidad me ha llevado por muchos caminos

Lo primero de lo que me ocupé, recién graduada, fue de profundizar en estudios que había realizado en el programa de la carrera, pero en los que yo quería ahondar más: la psicología y la pedagogía. Me interesé, entre otros asuntos, por el tema de la psicología del artista, del cual había aprendido mucho con el querido maestro Tajonera en el ISA. Él tenía muchos apuntes y yo me le volví a acercar para seguir profundizando.

También comencé una labor de promoción de jóvenes talentos, invitando a conciertos a estudiantes con un alto rendimiento; lo mismo para actuar como solistas que como integrantes de la orquesta de guitarras de la ENA, que preparé y dirigí durante los trece años de mi jefatura del departamento de guitarra en dicha institución. Posteriormente seguí con estudiantes del Conservatorio «Amadeo Roldán», donde hoy dirijo la Cátedra. Actualmente, se trata de una labor que he extendido ya con estudiantes de diferentes proyectos culturales; todos de altísimo nivel.

Además, expresamente, comencé a hacer una recapitulación mental de todo lo asimilado de mis maestros, para que no se me quedara nada de lo que aprendí sin enseñarles a mis estudiantes. Eso lo he podido hacer porque tuve el privilegio de estudiar con maestros extraordinarios. Mi primer maestro fue Orlando Vega, seguidamente estudié con el maestro Edel Aguiar, luego con el maestro Félix Puig. A mi llegada a La Habana fui alumna de la clase del maestro Jesús Ortega en el ISA. Posteriormente, del maestro Joaquín Clerch.

Puedo decir, con un orgullo inmenso, que estos, mis maestros de guitarra, me hicieron el regalo hermoso del cual soy deudora: todos me enseñaron con gran pasión, haciendo énfasis en lo que ellos sabían que yo tenía que perfeccionar. Tengo que dar, por todo esto, muchas gracias a Dios, a Cuba, a mis queridos maestros, a la Escuela Cubana de Guitarra, al Sistema Nacional de Enseñanza Artística cubano.

tomada del perfil de facebook de la entrevistada

Entonces, además de expresar a mis maestros mi agradecimiento por lo que me enseñaron, me siento con el deber de enseñar a otros lo que yo aprendí gratis y de primer nivel.

A esta enseñanza le sumo la recibida en las clases magistrales con el maestro Leo Brouwer; con los maestros Shin-Ichi Fukuda, Costas Cotsiolis, Eliot Fisk, entre otros. También recuerdo las clases magistrales con Nelsys Díaz, Esteban Campuzano, María Elena Mendiola, Louis Aguirre, Harold Gramatges, Alfredo Diez Nieto. Intento y no quisiera que se me quedara nunca un nombre por decir de quienes me aportaron en el instrumento, escuchándome tocar, tanto guitarristas como músicos de otras especialidades. Por ejemplo, estudié el laúd, instrumento afín a la guitarra, con el maestro Manuel Paneque. A este legado de tantos se le unió el de innumerables maestros de otras asignaturas que también hicieron de mí lo que soy como artista.

De manera que lo aprendido de quienes me enseñaron, más lo que he aprendido por mi cuenta sin que nadie me lo dijera, constituyen el arsenal que entrego a mis alumnos cada día. La dualidad concertista-pedagoga ha sido una bendición, porque tener que recordar a cada instante lo aprendido para así enseñarlo, me produce una constante  recreación y  presencia de las fuentes de las que he bebido.

La enseñanza de la guitarra en Cuba, ¿cuáles son sus principales horizontes y potencialidades?

La enseñanza musical en Cuba es de primer nivel y está apoyada por un sólido Sistema Nacional de Enseñanza Artística. Además, la Escuela Cubana de Guitarra es, a mi modo de ver, una de las mejores del mundo. Su excelencia ha sido probada como se prueban las escuelas: por sus indiscutibles y brillantes resultados. Extraordinarios maestros cubanos y extranjeros se han formado en esta escuela y han mostrado sobrada maestría y altísimo nivel. Funcionan los métodos de enseñanza, la organización, el debate fructífero, el compartir de experiencias. Es un tesoro de Cuba.

En el mundo musical, en el mundo interpretativo, ¿quiénes son tus principales referentes?

Leo Brouwer, David Russell, Manuel Barrueco, Eliot Fisk, Shin-Ichi Fukuda, Costas Cotsiolis, John Williams, Juliam Bream, Pepe Romero, Juan Carlos Laguna, Paco de Lucía, Joaquín Clerch, Sergio Vitier, Vladimir Horowitz, Pancho Amat, César López, José María Vitier, Luciano Pavarotti, Itzhak Perlman, Teresa Carreño, Daniel Baremboim, María Callas, entre otros.

A la hora de enfrentarte a una nueva partitura, ¿cómo divides y entiendes tu proceso creativo?

Generalmente sigo una organización preconcebida, pero eso puede variar. Suelo buscar, desde los primeros momentos, el conocer todo lo posible sobre obra-autor-época. A la par, me voy formando una idea sonora de lo que se trata. Casi de inmediato preparo y decido cuáles digitaciones voy a utilizar. Pienso que se pueden preconcebir algunas cosas predecibles de cierto modo, a la vez que se da paso a interpretar música. En esta interpretación aparece lo impredecible, en una recreación y constante cambio; todo en búsqueda de lo mejor que se pueda alcanzar.

¿Qué papel juega, para un instrumentista, la investigación?

Pienso que un músico dedicado a su instrumento es en sí un investigador. Cuando hablamos del universo investigativo científico académico, sucede como en algunos otros ámbitos, que investigar es el momento de enriquecerse de ideas y compartir con los demás el saber, fruto de la investigación.

En la Universidad de las Artes de Cuba tuve el privilegio de estudiar la Maestría en Interpretación. El maestro Lino A. Neira Betancourt (esa gloria del universo investigativo musical cubano que lamentablemente ya no está entre nosotros) nos impartió Metodología de la Investigación; ahí comencé a sentir la alegría de investigar. Mi tutora de tesis, la maestra Gretchen Jiménez Alonso, toda ella una institución en este universo investigativo, me afianzó una idea que facilita la creatividad: que el músico en activo puede encontrar una alegría especial («quasi» diversión) al tener que teorizar y escribir sobre lo investigado y el cómo lo ha hecho. De manera que mi viaje por este tipo de maestría culminó con esa felicidad de adentrarme en un universo altamente exigente, riguroso, capaz de llevarme a interrogarme a mí misma. Fue un aporte feliz a mi crecimiento personal y artístico.

Otra institución donde luego he encontrado otros horizontes en el campo de la investigación científica académica, ha sido el «Instituto de Estudios Eclesiásticos Padre Félix Varela». Ahí recibí clases de las maestras Teresa Díaz Canals y Yanais Barzaga Medina; otras grandes conocedoras de la materia. Este prestigioso instituto es un lugar donde quise estudiar otra carrera más: Licenciatura en Humanidades, que espero terminar en breve. Los horizontes investigativos en los que he puesto mi vista son, si se quiere, totalmente ajenos a la música. Esto ha sido para mí una aventura en un mundo igualmente fascinante, exigente y riguroso. El tutor de mi tesis, el presbítero Yosvany Carvajal Sureda, todo una institución en el mundo académico investigativo, ha sido otro maestro que me ha llevado a perfeccionar lo lingüístico, la capacidad de síntesis y la búsqueda de un enfoque más universal en lo que realizo.

Además del rigor del oficio, ¿qué más es indispensable en la vida de un músico? ¿Qué otras herramientas espirituales lo acompañan?

Indispensable en la vida de un músico puede ser encontrar el espacio adecuado y los momentos para la práctica de su instrumento y la creación. Además, en su ámbito más cercano, el músico debería rodearse de personas que le contribuyan espiritualmente a fomentar su crecimiento como artista.

En su individualidad, cada persona puede buscar las herramientas que necesita y que estén más acordes a su personalidad. Yo he utilizado la lectura, el escribir (me encanta escribir crónicas), la práctica de yoga, el contemplar la naturaleza, ver documentales con aval científico y artístico, etc.

Dentro de la técnica del instrumento, ¿qué te resulta esencial y qué visibilizas más a la hora de interpretar?

Específicamente, la relajación.

¿Cuáles son los compositores que más defiendes y las piezas en las que te sientes más cómoda?

Cuando tengo una obra frente a mí, la defiendo y defiendo a su compositor con todo. Nunca he tocado una pieza que yo no crea posee todos los valores para ser interpretada y presentada en cualquier foro.

Dentro de este sentir, puedo decir que ha cobrado en mí una especial  responsabilidad la interpretación de la música para guitarra sola de Sergio Vitier García-Marruz. Me encanta la música de este compositor gloria de la cultura cubana. Tuve el honor de que el maestro Sergio me permitiera hacer la primera transcripción de su integral de obras para guitarra sola, con lo cual quedaron escritas esas joyitas que son una síntesis de los elementos conceptuales rítmico-armónicos que están comprendidos en su música en general. Grabar estas piezas en uno de mis discos, con su dirección musical, fue algo extraordinario para mí. Todo esto me incentivó a hacer mi tesis de maestría en interpretación. Por la grandeza musical y personal del compositor, por el honor que me hizo y el gusto que me demostró por mi interpretación de sus obras para guitarra, estas se quedarán para siempre en mi repertorio y las seguiré interpretando adonde quiera que vaya.

Tengo predilección también por autores como Leo Brouwer, Joaquín Rodrigo, Francisco Tárrega, Agustín Barrios (Mangoré), Joaquín Clerch,  J.S.Bach, Gaspar Sanz, Mario Castelnuovo Tedesco, etc. Obras que me encantan: «Un día de noviembre», de Leo Brouwer; «Concierto de Aranjuez», de Joaquín Rodrigo; «Milonga», de Jorge Cardoso; «Preludio», de Sergio Vitier; «Recuerdos del Alhambra» y «Variaciones sobre el carnaval de Venecia de Paganini», de Francisco Tárrega; «Guitarresca» de Joaquín Clerch; «Capricho diabólico», de Castelnuovo Tedesco, entre otras.

Para aquellos neófitos en materia musical, ¿qué preparación conllevan los conciertos?

Un músico que domina su instrumento es capaz de tocar un concierto ahora mismo y aquí mismo. El músico al tocar realiza un esfuerzo físico-mental-emocional y vibra con cada nota que toca, y cada nota que hace sonar le produce más y más emoción.

El músico está preparando su concierto desde el mismo instante en que está montando una obra. El músico está trabajando desde que practica a solas: trabaja en cada ensayo, trabaja en el concierto. Todas las veces que hay un músico tocando, hay un músico trabajando. Ser músico es una profesión que lleva profunda y constante dedicación.

De manera que el día del concierto es el día de mostrar un trabajo musical arduo y es la ocasión en la que el músico utiliza especialmente todas sus energías físicas, mentales y emocionales para entregarse en el arte que ama. Esa preparación, que empezó desde su estudio individual y que es interminable, le da la seguridad en lo que va a hacer.

Hay elementos propios de la individualidad de cada artista que se notan especialmente el día del concierto. Hay músicos que no les gusta pensar en otra cosa que en la música cuando van a tocar; por tanto, ese día rehúyen de todo lo musicalmente ajeno. Hay particularidades, tendencias propias de cada cual que son muy bonitas. Lo importante será siempre dar lo mejor al público en el concierto.

A muy temprana edad obtuviste el Premio Especial otorgado por el maestro Leo Brouwer en el 8vo Concurso Internacional de Guitarra de La Habana, ¿puede decirse que ese momento marcó, en tu experiencia creativa, un antes y un después? ¿Por qué?

Marcó mucho en mí. El quehacer musical de Leo Brouwer es indiscutiblemente inmenso y extraordinario, para Cuba y para el mundo. El maestro Leo es un genio de la música y además es una gran persona. Recibir de sus manos mi primera guitarra, su  premio en ese Concurso Internacional de Guitarra de La Habana, fue para mí el símbolo de que mis sueños de ser guitarrista concertista no solo estaban haciéndose realidad, sino que nada podría hacerme dudar en mi camino musical. Con un aval así, siendo yo tan joven (con apenas cumplidos 18 años) mi emoción fue indescriptible. Antes sabía que podía tocar; ahora sabía que iba a hacerlo para toda mi vida. Mi gratitud hacia el maestro Leo Brouwer es eterna.

Como concertista te has presentado en los más importantes escenarios nacionales e internacionales, y has sido dirigida por algunos de los grandes maestros del mundo, ¿cuál es el camino del éxito? ¿Puede el éxito contabilizarse, cuantificarse?

Para mí, el camino del éxito precisa estudio, disciplina, perseverancia, organización. Hay que saber lo que se quiere y luchar éticamente por ello. Se necesita ser siempre uno mismo, perseguir una meta realista con tenacidad y amor.

No puede contabilizarse el éxito. Lo tienes, lo vives, te alegra por la emoción que sientes en cada concierto. Cada nueva actuación es un éxito, es un acto nuevo de amor al arte y a la música.

La música es un universo altamente competitivo. ¿La emulación es positiva o negativa para el concertista? ¿Cuándo esa emulación sana cruza los límites y puede convertirse en patológica? ¿Cómo puede un maestro, desde el aula y el atril, ayudar a que el joven concertista forme no solo un cuerpo físico musical, sino también una conciencia ética y espiritual ante el hecho artístico?

En este universo específico, mis ocupaciones y preocupaciones siempre han sido lo que realizo yo. Estoy segura de lo que hago. Pienso que cada cual tiene mucho que aportar. Cada artista verdadero tiene su sello auténtico por el cual brilla. No necesitamos competir con nadie para demostrar lo que somos.

Sabemos que hay emulación en la música, por ejemplo, con la realización de concursos. Pienso que los concursos tienen de positivo la libertad para presentarse, la posibilidad de las personas de auto-medirse, la competencia fraterna, el compartir experiencias, el incentivo a estudiar más, el descubrimiento de talentos, etc. Una emulación se hace patológica cuando ya no se mira con los ojos de la fraternidad y entonces empiezan a surgir celos, envidia, falsos testimonios, etc.

Inculco a mis alumnos lo que yo practico: que cada cual tiene una riqueza que es parte de su individualidad y que lo va a hacer único dentro de su ámbito. Cultivar esa riqueza, con el estudio, es lo que importa.

En todos estos años de experiencia artística, que has sabido conjugar con tu madurez como instrumentista y tu juventud biológica, ¿cuáles son tus memorias más vivas?

Tocar y grabar a dúo con Joaquín Clerch, en su disco homenaje a Carlos Fariñas             (la «Música para dos guitarras»). Tocar y grabar a dúo, en mi primer disco, con Sergio Vitier García-Marruz. La actuación bajo la dirección orquestal del maestro japonés Yoshikazu Fukumura con la orquesta «Solistas de La Habana», interpretando el «Concierto Elegíaco», de Leo Brouwer. Mi actuación en Vietnam, en la «Vietnam Ópera House», con su orquesta Sinfónica dirigida por el maestro Fukumura. Tocar junto a Abel Acosta, Pancho Amat y Adel González en el Museo Nacional de la Música. Grabar la emblemática obra «Integración», de Sergio Vitier, junto a Javier Zalba  y Luis Bárbaro Rodríguez. Tocar a dúo con Alejandro Acosta en el Teatro «Amadeo Roldán». Mi actuación con la Orquesta Sinfónica de Villa Clara, dirigida por María Elena Mendiola.

Otros momentos inolvidables fueron haber sido invitada por el maestro Leo Brouwer a interpretar su música en el Primer Festival de Música de Cámara «Leo Brouwer» y mi presentación en Pyonyang, Korea del Norte. Además, mi concierto en la «Casa de Arte» en Santiago de los Caballeros y mi concierto final en Dublín, Irlanda.

Cada instante de actuación con mi guitarra ha sido hermoso para mí.

Si tuvieras que aventurar o calibrar cuáles han sido los factores humanos, técnicos y espirituales que han sembrado tu camino, ¿cuáles serían estos?

Dios, mi familia, mis amigos, mis maestros, el amor a la música, el estudio, la fidelidad y la perseverancia.

tomada del perfil de facebook de la entrevistada

Creo que vale la pena detenerse y contar. Porque nada de lo que he logrado, lo he logrado sola. Ahora pienso que, durante esta entrevista, ya te había mencionado algunos de estos factores como mi familia con su apoyo extraordinario. Hay algunos que ya no están físicamente, como mi padre, pero lo tanto que luchó por mi carrera, me hace sentir en cada concierto que todo tiene que quedar muy bien para que él siga orgulloso de mí. Hoy, especialmente, quedan mi madre y mis  hermanos Yanot y Alberto luchando a mi lado, apoyándome en todo, y sé que lo harán hasta el final. Tengo que agradecerles tanto amor y entrega que me han profesado. Se sumaron, con el tiempo, familiares como mi primo Julián y mi sobrinito Alberto (el más grande de mis fans).

También te he mencionado ya el valor de la enseñanza de mis maestros de guitarra. Cada uno de ellos me dejó un legado especial, sumado al de los de maestros de diferentes especialidades. Hoy, felizmente, sigo aprendiendo y otros me siguen aportando. El ser resultado del sistema de enseñanza artística en Cuba y, además, de la escuela cubana de guitarra, ha sido un elemento decisivo para mí.

Me quedan entonces por decirte otros factores tan imprescindibles como los ya mencionados. Dios, que ha sido mi baluarte, mi imprescindible extraordinario. Nada habría podido hacer sin Dios. Nada puedo hacer sin Dios. En este sentido de la fe, he tenido el privilegio de contar con mi director espiritual que es una personalidad de gran prestigio y reconocimiento en su ámbito: el padre Jaime A. Palacio González (ocd), quien con su fe extraordinaria y radicalidad en la consagración a Dios, me ha inculcado valores éticos que están desde las mismas raíces del cristianismo, como el valor de los demás y el no cansarse de hacer el bien. He aprendido así a «echar las redes» todos los días en la búsqueda de la superación espiritual, personal y artística.

Mis amistades forman parte inseparable de mi existencia. Son tantas que quisiera yo poder decirlas todas, pero mi memoria me podría traicionar en estos momentos y no me lo perdonaría. Puedo asegurarte que estoy muy orgullosa de tener tantos amigos. Tengo amigos «a prueba de balas», tengo amigos de oírles decir: «Tú no estás sola», «Es más, nunca has estado sola», «Si quieres, ven para mi casa a pasar el ciclón», «Si quieres que te acompañe a ese lugar difícil me avisas», «Ven a mi cumpleaños»,  «Te esperamos para la fiesta y si no vienes, te vamos a buscar». Entonces, yo creo que eso es un privilegio. Por eso, ellos son también parte de mis imprescindibles. Como ves, tengo mucho y muchos a quienes agradecer. Todos estos factores han sembrado mi camino y son mis baluartes. 

Más allá de la música, en el sitio donde el cuerpo del instrumentista se desprende del cuerpo del instrumento, ¿quién es Yalit?

Soy una mujer de fe. Creo en Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo, y creo que Dios ha sido muy bueno conmigo. Jesucristo es el centro de mi vida, Amor, todo. En Él y por Él vivo y soy lo que soy.

Soy cubana, orgullosa de serlo: amo y defiendo a mi Cuba.

Creo que lo que importa en la vida no es en quién o en qué se cree, sino cómo se proyecta eso en función del bien común. Cultivo la fidelidad y la sinceridad. Me encanta la Verdad. Tengo mucho que agradecer a Dios, a Cuba, a mi familia, a mis amigos, a mis maestros. Uno de mis deseos es que nunca me sea tarde para decirle a todos los que aprecio, cuánto los aprecio. Por eso, siempre busco y procuro que la vida me dé la oportunidad de mostrarles todo el cariño de mi corazón.


Carlos Ernesto Varona: “No tengo límites”

Conocí a Carlos Ernesto Varona Velázquez cuando ambos soñábamos ser guitarristas. Eran aquellos los años de la niñez y la posibilidad. El tiempo ha pasado desde entonces y, como siempre, se ocupó de transformar todo a su paso. Sin embargo, no cambió la certeza de Carlos Ernesto, su amor infinito hacia el instrumento y hacia la música. Lo invito, lo provoco con una pregunta que habla, también, de las memorias que compartimos…

—¿Sientes que tu formación en las escuelas elementales de Arte fue esencial para la conformación del artista que eres hoy?

—Por supuesto. Para mí es un poco contradictorio porque uno tiene muy corta edad cuando comienza a recibir una educación. Sin embargo, ese es, al mismo tiempo, el momento más importante en la formación de un músico.

cortesía del entrevistado

—De esa experiencia, ¿cuál consideras que fue tu aprendizaje mayor?

—Sería injusto decir que solo hubo un gran aprendizaje. En la enseñanza de un artista, los aprendizajes son de diferentes tipos y todos se complementan. Para poder hacer música se necesita tener un bagaje cultural amplio y que te permita canalizar y expresar tus habilidades.

—En la actualidad, ¿cuál es la salud de la Escuela Cubana de Guitarra?

—Considero que es buena: hay muchos jóvenes guitarristas de nuevas generaciones que apuestan y desean mantener el legado de Nicola. Gracias a la información que nos brindan hoy las plataformas digitales se puede estar más al tanto de lo que ocurre a nivel internacional. Así se tiene una retroalimentación en la que se evidencia la importancia mundial que ha tenido nuestra escuela.  

cortesía del entrevistado

—¿La tradición guitarrística clásica en nuestro país se ha visto afectada o modificada por el avance de la música popular, o este avance se ha integrado de forma orgánica y ha resultado en beneficio de lo clásico?

—El sector de la música clásica no tiene tanta demanda del público como solía ser años atrás. Algunos eventos, por tradición, mantienen quizás a ese público que tuvo alguna vez, pero la sociedad actual se aleja mucho de consumir ese tipo de música. Partiendo de esto, te digo que lo clásico no se ha visto afectado por lo popular; se ha integrado para hacer llegar un arte refinado a un público mayoritario que suele consumir otro tipo de música. Esta no es una tendencia actual, siempre se ha incluido en el programa de guitarra clásica, debido a que este es un instrumento que es también muy popular. Un ejemplo de esto es El manisero, de Moisés Simons o Drume Negrita, de Eliseo Grenet, piezas que han sido llevadas al repertorio de la música de concierto. Tuve el placer de interpretar hace poco El Concierto de las Islas, de Rafael Guedes: en el primer movimiento se encuentra una guajira, en el segundo un bolero, y en el tercero un danzón-son.

—¿Cómo enfrentas tu rutina de entrenamiento musical?

—Mi rutina de entrenamiento va enfocada más al aspecto musical, a que la técnica esté en función de la música. Los años como estudiante me ayudaron mucho en la cuestión técnica, pero con el paso del tiempo uno empieza a entender mejor la música y a darle más valor a este aspecto que es el esencial. Luego busco cómo resolver técnicamente para poder respetar así el discurso musical que quiero comunicar.

cortesía del entrevistado

—¿Qué piensas es indispensable en la formación de un joven guitarrista?

—Es indispensable el interés que tenga ese joven por aprender. La guitarra es un instrumento de mucha exigencia porque uno es quien crea el sonido desde y con sus propias manos. No es un instrumento que tenga un mecanismo que ejecute el sonido, como sucede con el piano, donde uno presiona una tecla y hay un mecanismo que es el que percute la cuerda. En la guitarra, ambas manos están en contacto directo con la cuerda, cosa que hace un poco complejo obtener un resultado en un tiempo breve; y constantemente la dificultad va in crescendo a medida que avanzas en repertorio.

—¿Hasta qué punto la pasión por la guitarra es importante en el desarrollo del instrumentista? ¿Qué papel juega la disciplina?

—Como ya te mencioné, la pasión y el interés son fundamentales. Ahora, la disciplina debe existir siempre. Nada se logra si no existe disciplina.

cortesía del entrevistado

—Es una realidad que muchos de nuestros mejores guitarristas históricos no se encuentran en activo como instrumentistas; y buena parte de los que sí se encuentran activos no viven ya en Cuba. ¿Piensas que este es un fenómeno que se puede revertir y que tiene alguna repercusión en la formación de las nuevas generaciones?

—De los guitarristas que no se encuentran activos, sería inapropiado juzgar el porqué de su inactividad: las razones son personales. De los que están activos y no están en Cuba es un orgullo que, habiendo sido formados por la Escuela Cubana de Guitarra, sean los que formen parte ahora mismo de la meca de la guitarra en el mundo.

cortesía del entrevistado

La mayor demanda musical en Cuba, un país tropical y caribeño, siempre va a ser de música popular. Siempre existió un Ernesto Lecuona y un Bola de Nieve, excelentes músicos ambos, pero cada cual en su vertiente. Los tiempos cambian y la música clásica fue la música popular de otros momentos históricos; lo cual hace que en países europeos exista una mayor tradición de lo clásico, debido a que es su cuna natural y es lógico que por esto haya una mayor demanda, lo que a su vez posibilita que la tradición sea más fructífera. No tengo certeza de que se pueda revertir o no este fenómeno en nuestro país, de acuerdo a lo que te he comentado.

Por otro lado, aunque tengamos excelentes guitarristas que, tal como mencionas, ya no están en activo o no viven en cuba, lo cierto es que quedan muy buenos profesores y guitarristas clásicos en las escuelas, y esto tiene una positiva repercusión en la formación de las nuevas generaciones. Además, los guitarristas que viven y trabajan fuera de Cuba regresan a nuestro país e imparten clases magistrales, dan conciertos, por lo cual no se encuentran desconectados de nuestra escuela de guitarra, y pueden ser faro para los jóvenes en formación.  También los nuevos aprendices se nutren de las tecnologías, el internet, las redes sociales y las diversas plataformas que los profesores emplean para subir videos. Por ejemplo, hay algunos en los que se explican —a modo de clase online— los análisis técnico-musicales de las obras clave en la formación de un guitarrista.

—¿Qué piezas prefieres interpretar?

—Las piezas que prefiero interpretar son aquellas con cuyo lenguaje me identifico. No puedo hacer algo con lo cual no me sienta implicado, pues no estaría comunicando nada. En el montaje del repertorio no tengo límites, pero sí escojo a la hora de dar un concierto aquellas obras con las que más me identifico, pues esa identificación es la que le haré llegar al público.

—¿Qué es lo que más aprecias de tu práctica como maestro?

—Ver que mis alumnos crezcan en la música. Y digo en la música porque la guitarra es solo uno de los tantos medios que hay y que expresa esta rama del arte.

—¿Hasta qué punto la competitividad y la emulación sanas son importantes para el desarrollo de un guitarrista?

—La mejor competitividad y emulación que puede existir es con uno mismo. Lo importante es ver cómo se evoluciona y mejora a través del tiempo. El crecimiento profesional de cada persona es diferente e individual. Cada cual tiene su tiempo, pero eso no significa que todos no podamos llegar a una misma meta si se tienen las condiciones necesarias.  

—¿Cómo te insertas en la dinámica de concursos, becas, premios y festivales?

—Cuando era estudiante, los concursos Isaac Nicola se habían eliminado, eran solo festivales. El intercambio junto a guitarristas de tu generación y también de otras generaciones es muy importante, ya que uno se nutre de otras experiencias. No he sido la persona que se destaca más por su frecuente participación en concursos, pero sí hay algo positivo en esto, y es que uno se traza una meta a corto plazo, lo cual te ayuda a la superación como músico. Veo el concurso no como la búsqueda de un reconocimiento. Si el reconocimiento llega, eso es bueno, pero lo más valioso está en disfrutar y aprender del proceso.

cortesía del entrevistado

—¿Quiénes son tus referentes de instrumentistas clásicos?

—La lista sería interminable. Aprendo de todos, no solo de los que dominan la guitarra. Uno no puede limitarse al instrumento que toca, la música es más grande que un solo instrumento.

—No siempre el talento es suficiente para que un instrumentista triunfe, ¿cuáles serían los otros factores?

—Ya hemos hablado en preguntas anteriores de la importancia de la motivación y la disciplina. También influye la perseverancia y la capacidad de estar abierto a aprender continuamente, desarrollar tus competencias y hacer surgir otras nuevas, aumentar el conocimiento en todo sentido. Otra cuestión es estar interesado en promocionar tu arte y hacerse ver por un público más amplio en los medios de comunicación existentes.

—¿Sientes que hay suficiente presencia de artistas jóvenes cubanos en el panorama mundial? ¿Cómo sucede en el caso de los guitarristas?

—Sí, realmente la juventud cubana se impone en la música del mundo, y en el caso de los guitarristas sucede también. Vemos cómo hay músicos de formación clásica que se insertan en proyectos nuevos de música popular, en los que la guitarra forma parte indispensable, y estos artistas lo hacen con una calidad admirable.

—¿Cuál es el principal desafío al estrenar una obra o enfrentarte por primera vez a una pieza? ¿Surgen en ese momento dudas o certezas, o una mezcla de ambas cosas?

—Lo más difícil es enfrentar una obra que no se haya ejecutado antes, o sea, un estreno mundial. Al no existir un precedente de ejecución, uno va a ser quien marcará una pauta en ese sentido. Yo he tenido el placer de interpretar e incluso grabar estrenos mundiales. El día de mañana —no importa si se trata de otros músicos que ejecuten la pieza o sea yo mismo el que vuelva a la partitura— se podrá otorgar una nueva perspectiva a esas obras que estrené, para así descubrir aristas diversas, pero ya teniendo un punto de partida.

—¿Qué se puede aprender de la observación crítica que la práctica no ofrece?

—La práctica es el criterio de la verdad… y la música no es teoría, sino un ejercicio práctico, pero debe existir una guía que vaya más allá de lo teórico. O sea, la teoría puede dar una explicación a la práctica, pero no aporta a la práctica en tanto el aprendiz no asimile el conocimiento teórico. Por tanto, es importante siempre que esa observación crítica llegue con la ayuda de un maestro o un tutor, el cual ya haya interiorizado previamente el enfoque teórico. Pero en general, la observación crítica musical siempre va a producirse desde un punto de partida, y ese punto es la práctica.

cortesía del entrevistado

—Durante los años 2015 y 2019 fuiste guitarrista de la Compañía Lizt Alfonso Dance Cuba. Esta experiencia, ¿qué aportó a tu carrera individual? ¿De  qué manera sientes que tu mirada como músico se vio modificada por la intervención y presencia de otras artes?

—El flamenco es un estilo folclórico foráneo que tenemos cerca gracias a las influencias españolas en el arte cubano, pero a la misma vez no es algo que uno aprenda en la academia. La Compañía Lizt Alfonso va más allá de la guitarra, que es en lo que principalmente tuve que enfocarme: esta nueva práctica me costó mucho trabajo. Esos años constituyeron un ejercicio de superación musical para mí y, además, adquirí un sentido del espectáculo en general; o sea, aprendí a no ver los elementos por separado sino el funcionamiento como sistema: un engranaje perfecto donde los bailarines, los músicos, la producción, todos están en función de un mismo objetivo. El resultado final como un todo es lo que le llega al público. En este caso, la música está en función del baile y al mismo tiempo el baile está en función de la música, lo que crea una sinergia escénica que es el espectáculo que disfrutamos.

—Junto a tu pareja, la cantautora Paloma Henríquez, fundaste el Dúo Nu9ve, ¿la vida personal y la música colisionan y se fusionan en este proyecto?

—Realmente no es una colisión sino más bien una fusión de dos personas, de dos experiencias de vida diferentes. Esa manera de ver la vida es la que unimos en un proyecto a través de la música, donde se mezclan las melodías y letras de Paloma con las armonizaciones y arreglos míos. Buscamos una homogeneidad en el discurso artístico.

cortesía del entrevistado

—¿Qué nuevos paradigmas de creación ha develado para ti?

—No puedo estar distante de lo que pasa en la música actualmente y vamos a decir que estamos permeados por los usos cotidianos de las tecnologías. Es un reto integrar las nuevas tecnologías, como por ejemplo el live looping, en lo que es el lenguaje musical de Nu9ve, pero siempre persiguiendo un lenguaje asequible para la audiencia, un lenguaje que puede ir desde canciones muy trovadorescas hasta algunas tendencias más alternativas actuales.