escritor


«Es imposible crear sin exponerte»

Marlon Duménigo sabe que la literatura se asume como un ejercicio de riesgo. La literatura es un salto al vacío de la (in)certidumbre. Con sus historias, este joven escritor refleja uno de los ángulos de lo real. Ha escogido el vehículo de la palabra escrita para llegar a los otros. Contar es, bien lo sabe, un acto de valor y de supervivencia.

Hay quienes refieren que la literatura les llegó de repente, que el acto creativo los sorprendió en la vida cuando no pensaban, ni siquiera, ser artistas. Otros hablan de un llamado temprano de la vocación. ¿Cuál es tu historia: cómo descubres que este era el camino, o uno de los caminos, que te interesaba transitar?

Mi primer intento de hacer literatura fueron unas cuantas poesías rimadas que escribí a los 12 o 13 años, y que mi madre aún conserva y se empeña en mostrar como un trofeo infantil a los conocidos más cercanos. Digo intento a riesgo de que le palabra le quede grande, pues fueron apenas pinceladas de creación, su principal valor radica en la necesidad de expresar ciertas ideas y que el canal escogido sea precisamente la palabra escrita. Más tarde, en el servicio militar, llevaba siempre en el bolsillo derecho del pantalón una libreta doblada y un lapicero que usaba en los ratos libres para conformar una especie de bitácora que, además, contenía viñetas y reflexiones cortas; concebidas bajo la premisa de “ser escritas solo para mí”. De hecho, llené más de una libreta (al final no se cumplió eso de que eran para mí, pues todas se perdieron), aunque por ese entonces tampoco podría definirlo como una vocación. Lo más parecido a eso llegaría más tarde, en 5to año de la carrera de Ingeniería en Ciencias Informáticas y, esta vez, para bien o para mal, se cumplió el axioma de que a la tercera va la vencida. Entonces tuve la guía de Anisley Miraz Lladosa, una poeta que me animó a la escritura y a presentar mis textos al concurso de talleres literarios de Trinidad, mi Macondo, la ciudad donde viví hasta los 23 años.

La velocidad de los resúmenes hace que no mencione otros nombres y títulos de libros que influyeron de manera consciente o inconsciente en el deseo de convertirme en escritor. Un deseo que cobró otra dimensión mientras cumplía el servicio social en La Habana, cuando entré al Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso” y al Taller de Ciencia Ficción y Fantasía Espacio Abierto. Creo que este fue el punto de no retorno. Era la primera vez en mi vida que estaba rodeado de escritores, de personas con aspiraciones creativas similares a las mías y fue la primera vez que sentí una retroalimentación. Ese saber que hay otros como tú, con los mismos bloqueos literarios, ansias de publicación, cuentos inacabados y deseos de abandonarlo todo en algún punto, pero que siguen en el camino de la literatura a pesar de todo. En mi caso, porque la literatura, tras casi diez años, consigue emocionarme de la misma forma. Hace que me levante a las 5:45 de la mañana a intentar mejorar un texto y lo hago con toda la energía disponible. Eso tiene que significar algo. Solo si dejo de emocionarme con la literatura dejaré de escribir.

¿Sientes que existe una pauta, una constante, en tu proceso creativo, u optas por ser libre de cadenas vinculadas al ejercicio del oficio o a la costumbre escritural?

Al principio bastaba con la soledad y el café. Me sentaba a escribir cuando me sentía inspirado y rechazaba hacerlo esos días en los que procrastinar se vuelve tendencia. Luego asumí cierta disciplina. Actualmente escribo cinco días a la semana. Con el tiempo fui incorporando, además, rutinas que hacen más predecible o menos extraño el proceso creativo. Escribo por lo general en las mañanas, entre las 6:00 y las 9:00, con el ruido del ventilador de fondo. Solo tomo café mientras escribo y nunca comienzo a escribir la historia hasta tener la primera oración exacta. A veces tengo el resto del cuento o del capítulo en la cabeza y no lo comienzo hasta encontrar esa primera línea que dicta el tono de la historia. Cuando tengo bloqueos literarios recurro al manuscrito, lleno decenas de páginas de tinta azul o negra y caligrafía apurada que, muchas veces, no representa otra cosa que desechar caminos, decantar posibles finales o diálogos que reescribo hasta reencontrarme con el tono o la idea que me permita volver a enfrentarme al teclado y la pantalla definitiva en la laptop.

¿Cuáles sientes son los “siete pecados capitales” de un autor?, ¿qué entorpece la creación?

El acto creativo es tan personal que se vuelve casi imposible elaborar listas sobre lo que debe o no hacerse. Así que quizás esta sea la respuesta más arriesgada de todas. Para hacerlo menos difícil me tomo la libertad de no mencionar factores subjetivos como los estados de ánimo. En mi lista, el orden no obedece a jerarquías, únicamente a un sentido numérico indispensable para no pasarnos horas mencionando posibles “pecados capitales” de un escritor.

  1. No leer.
  2. No reconocer cuándo abandonar un texto.
  3. Editar mientras se escribe.
  4. No dejar “enfriar” los textos una vez terminados.
  5. Procrastinar en exceso.
  6. No ser receptivo a las críticas.
  7. Subestimar los títulos.

¿Los premios te han sido esquivos o confías que existe una arquitectura en tu vida creativa que te llevará a algún punto en específico? ¿Confías en la dinámica de los premios?

Honestamente, hubiera preferido ganar más premios de los que tengo hasta ahora. Sobre todo porque los premios son en este momento la vía más expedita para un autor de publicar su obra en Cuba y, probablemente, la única que le asegure cierta promoción. Como autor me queda intentar ser mejor en cada texto. Si los premios llegan, por supuesto que serán bienvenidos. No renuncio a los concursos como tampoco a otras vías para hacer llegar mi obra a los lectores. Al fin y al cabo no basta un premio para legitimar la calidad de una obra.

Dentro del gremio suele pasar que asociamos los nombres de los autores a sus premios, así podemos citar de memoria los premios de X autor, pero rara vez podemos mencionar los títulos de sus libros. Se debe crear expectativa alrededor de la obra galardonada. Garantizar que cuando se publique, un año después, esta no pase desapercibida entre las noticias generadas sobre los nuevos ganadores.

cortesía del entrevistado

¿Cuáles te parecen son los principales problemas de la literatura joven actual? ¿Son problemas vinculados al mundo exterior (sistema de premios, consolidación editorial, industria del libro, etc.) o más bien relacionados con el mundo interior del creador y sus relaciones con su propia obra?

Pienso que entre los problemas de la literatura hay algunos recurrentes: el tema de los premios, la promoción, la crítica literaria y la inserción en el mercado editorial. Si hablamos sobre autores jóvenes, estos tema cobran aún más vitalidad porque son escritores que no están consolidados y requieren estas oportunidades, aprovechar los focos de atención generados por un galardón más o menos importante, alguna crítica sobre su trabajo, una sólida campaña de promoción, para comenzar a formar parte del imaginario de un posible lector.

Incluso la propia etiqueta de “literatura joven” puede generar predisposición, pues se puede interpretar como la referencia a una promesa, a un escritor que aún necesita madurar. Y, aunque es cierto que el oficio de escritor requiere de experiencia, considero un error asociar la edad a la falta de madurez creativa. Se puede hacer buena y mala literatura a cualquier edad. Conozco varios escritores jóvenes, publicados e inéditos, que muestran una calidad extraordinaria en sus textos, que sencillamente hacen buena literatura, a secas.

¿Es la literatura un proceso de fricción entre la realidad del autor y la de sus personajes, o ambas esferas coinciden en algún punto? ¿Cómo te sucede a ti?

Tiene un poco de las dos cosas. Desde el punto de vista de la historia, los personajes tienen vida propia y se desenvuelven de acuerdo a un argumento narrativo que la mayoría de las veces no tiene puntos de contacto con la realidad del autor. Pero la literatura, además de argumento y estilo, necesita emoción. Es muy difícil transmitir emoción si no se ha sentido antes, creo que en este punto es donde el autor apela a su propia experiencia, ya sea apoyándose en situaciones vivenciales o porque ha recreado tanto la escena que termina viviéndola de algún modo. Al menos ese es el recurso que utilizo. Ponerme en el papel del personaje, intentar sentir y reaccionar como lo hubiera hecho él ante una determinada situación, pero desde mis emociones, que son el único recurso a mi alcance para hacerlo lucir verosímil.

Los actores siempre ponen algo de sí mismos a los personajes, creo que sucede parecido con los escritores. Es imposible crear sin exponerte un poco.

¿Cuáles son las historias que te interesa contar y los personajes que quieres representar?

Me interesan las historias en las que pueda sorprender, historias que dejen sensaciones encontradas. En las que pueda llevar al límite situaciones cotidianas, encaminarlas hacia niveles de realidad que, por lo general, mudan hacia el absurdo o el surrealismo, sin perder ese toque de verosimilitud que las haga palpables al lector, casi posibles. Me interesa trabajar con ese nivel de realidad en el que, si das un paso en una dirección, caes en la fantasía y, si vas hacia el otro, te das de bruces con tu propia existencia.

En cuanto a los personajes, me atrapan los matices. El de la historia de vida triste y que aun así te provoca una sonrisa amarga, el que se esfuerza por hacer lo correcto y termina jodiéndolo todo. Personas comunes que de pronto se encuentran en medio de conflictos inesperados que las obligan a tomar decisiones en apariencia irónicas; personajes que dialoguen sin parecernos ajenos, con nuestra percepción de lo conveniente, de lo negativo, de los estereotipos.

Existe el mito del escritor “todoterreno”, el escritor que muchos géneros abarca, ¿asumes de alguna manera este calificativo o prefieres apostar tus cartas en un solo sentido?

Hace algunos años incursioné en la poesía, pero me considero narrador. Es el género donde me siento más cómodo y el que se acerca más a mis intereses creativos. Aunque admiro a los escritores que son capaces de moverse dentro de varios géneros y saltan del teatro a la poesía o al ensayo, prefiero apostar por el cuento y la novela. Eso no descarta que en algún punto decida recorrer otros derroteros literarios.

¿Has renunciado a escribir alguna historia? ¿Por qué?

Prefiero utilizar el término aplazar, acaso un eufemismo con el cual sentirme menos culpable o tornar menos flagrante ese temor a involucrarme en una novela histórica que lleva años orbitando entre mis proyectos, y que siempre se aplaza un año más. Además de algunos cuentos cortos que he dejado a medias o ni siquiera he comenzado porque sé que no dan para más y que ni siquiera vale la pena mencionar. Esta novela biográfica sobre uno de los deportistas cubanos más destacados del pasado siglo sería la respuesta a la primera parte de tu pregunta. ¿Por qué no me decido a escribirla? Porque siento que aún no estoy listo para enfrentarme a una investigación que podría durar años antes de escribir la primera línea de la novela. Porque necesito terminar antes con otros libros que están a medio camino y aprovechar esa certitud, esa alegre confirmación de haber concluido otras novelas, para superar las crisis y los bloqueos que estoy seguro me asaltarán en ese otro proyecto, que irremediablemente tampoco empezaré en el 2021.

¿Existe la autocensura? ¿La has sentido?

Un doble sí a tus preguntas. Existe la autocensura y, de hecho, afecta de forma notable la calidad literaria. La he sentido, a veces de forma más evidente en cuanto a un argumento, un personaje; otras en formas tan sutiles como esa necesidad de edulcorar ciertas frases que pueden resultar ríspidas, incómodas… Vale aclarar que aunque resulte obvio, la autocensura no es un acto inherente al escritor, es una reacción a la censura y, como toda reacción, a veces genera un efecto más destructivo porque es el propio autor quien desarrolla mecanismos para limitar y socavar sus engranajes.

Lo peor es que se ha vuelto casi natural, una parte del proceso creativo y da al traste con muchas obras que terminan convirtiéndose en historias frías, carentes de espíritu, por el simple hecho de estar pendientes al “qué dirán”. Y no solo el “qué dirán” los decisores o las personas encargadas de evaluar o censurar tu texto, muchas veces se trata de cómo puedan reaccionar ante determinada historia tu familia, colegas, amigos… Pero es muy difícil hacer arte con tantas concesiones. Si el arte se empeña en ser complaciente se convierte en un simulacro.

cortesía del entrevistado

El papel del autor como autopromotor, ¿lo defiendes?

Definitivamente. Sobre todo en el contexto cubano en el que los espacios de promoción son tan limitados. Las alternativas de los autores de crearse páginas de Facebook, perfiles en Instagram, gestionarse espacios de presentación y otras estrategias con las que llegar al lector me parecen no solo una opción válida, sino necesaria. Lo que me parece absurdo es que toda la responsabilidad de promoción recaiga en el autor. Que las editoriales asuman que el trabajo está concluido una vez que se imprime el libro, cuando en realidad es ahí donde empieza lo difícil: llamar la atención dentro de un mercado literario plagado de propuestas, muchas de ellas interesantes. Además, el libro no solo compite contra obras literarias: se enfrenta a Internet, a sus redes sociales y sus algoritmos especializados para captar y mantener la atención de un ser humano durante horas. Si pretendemos que el libro llegue al lector, no basta con una presentación en la Feria. Son necesarias muchas, muchísimas otras acciones de promoción y, de algún modo, los escritores aprovechamos los canales digitales para hacerlo. Con impericia, cierto, improvisando sobre la marcha, con las limitaciones propias de los que intentan, qué remedio, reemplazar el rol promocional que deberían cumplir las editoriales.

Si pudieras elegir a un autor, vivo o muerto, con el que escribir a dos manos un cuento o una novela, ¿quién sería?, ¿por qué?

William Faulkner. Cuando pienso en autores es el primer nombre que arriba siempre. Después de leerlo nada quedó en su sitio. Todas las lecturas posteriores estuvieron signadas por una comparación ¿Mejor que Faulkner? No, ni de lejos. Faulkner al derecho, Faulkner al revés. Definitivo. Jodidamente Faulkner.


Ediciones La Luz sigue de fiesta de las letras en diciembre (programación)

Prepárense para lo que trae Ediciones La Luz esta semana. Se continúa homenajeando a poetas y presentando novedades editoriales.

Martes, 8

Oda a la joven luz
Dedicada a las escritoras Dulce María Loynaz y Emily Dickinson
Invitados: Belkis Méndez y Aylene Rodríguez
10:00 am

Miércoles, 9

Abrirse las constelaciones (especial)
Celebra el 75 cumpleaños del escritor Delfín Prats.
Se presentará el libro, El brillo de la superficie. Poesía reunida, Delfín Prats
Presenta: Adalberto Santos
5:00 pm

Jueves, 10

Abrirse las constelaciones
Desequilibrio, de Reynaldo Zaldívar (Ganador del Premio El árbol que silba y canta)
Colección Analekta
Presenta: Luis Yuseff
5:00 pm

Viernes, 11

Entrada de Emergencia
Lectura de poemas de Dulce María Loynaz
Presentación de Los poemas de Tor House, de John Robinson Jeffers.
Presenta: Javier L. Mola
Lectura de asociados: José Alberto Pérez e Idania Salazar


«Todo está en la mente de los lectores»

Es una persona entrañable. Y, además, uno de los escritores más prolíferos y maravillosos de nuestra pequeña isla literaria. Eldys Baratute sabe que su camino está señalado por la palabra escrita, por su zozobra y su felicidad infinitas, y es fiel a este viaje. La niña que soy, la niña que fui, lo acompaña. Esa misma niña curiosa que hoy le hace estas preguntas…

En tus obras existe, a modo de guiños hacia tus lectores, el trabajo con referentes que provienen del mundo de la Historia, la música, el cine, el arte en general. ¿Hasta qué punto te interesa la investigación de estos referentes y cuál es el papel que le concedes a la investigación a la hora de escribir literatura infantil y juvenil (LIJ)?

Respeto mucho la tradición de literatura para niños, adolescentes y jóvenes que existe en el mundo, e incluso en Cuba; por eso creo que cada tema a tratar, cada libro que se escriba, no importa del género que sea, lleva, primero, una necesidad real del autor de mostrar su verdad y, segundo, una profunda investigación para brindar todas las aristas posibles y que el lector puede tener su propia lectura. Para eso es imprescindible conocer los referentes, el contexto, los antecedentes y tener clara la caracterización psicológica de los personajes.

Yo, además, soy un autor muy referencial, trato de mostrar a los lectores elementos de arte, la literatura, la Historia. Que se queden con lo emotivo de la historia y que además incorporen a su vida ese otro conocimiento que fue importante para mi formación estética. Es una especie de regalo que les hago a los lectores. Aunque siempre trato de que ese referente no sea impuesto, sino que el lector se sorprenda al descubrirlo.

Eres, sin dudas, uno de los más queridos y grandes autores en cuanto a materia de LIJ en Cuba se refiere. Y todo eso siendo, además, un autor con mucha juventud biológica por delante. ¿De qué manera vives tu papel como escritor, antologador y crítico, teniendo el conocimiento que tu literatura es ya un referente para otros creadores?

Tú definitivamente me quieres. En otra reencarnación seríamos novios. ¿Querido? Solo por la familia, los amigos y algunos lectores. ¿Grande? Nooooo. Cada vez que leo a Nersys, a Onelio, a Eliseo, me doy cuenta de que nada de lo que haga podrá superarlos. A ver, Ela, yo fui un autor precoz, quizás un poco como tú, publiqué mi primer libro con 22 años más o menos y esa precocidad me ha hecho tener una carrera acelerada, con libros valiosos y otros menos valiosos.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

 

Quince años después de aquel primer libro te aseguro que no todo lo que he publicado tiene el valor que quisiera. Aunque también reconozco que hay algunos que me han dejado muy complacidos. Mi trabajo como antologador nace de la necesidad de promover la obra de los otros (tan imprescindible como hacer la mía); eso lo que me ha llevado también a hacer mi trabajo como crítico. Es complicado cuando además tienes que dedicarle parte de tu día a un trabajo de oficina o a promover la obra de creadores de otras manifestaciones que es básicamente lo que hecho en mi vida laboral, a hacer de jurado, lector especializado de algunas editoriales, ayudar en la labores domésticas y tratar de tener una vida.

Todo eso te obliga a planificarte mejor el tiempo. A prescindir de cosas para poder dedicarte a la literatura. Yo renuncié a mi profesión de médico, a tener una vida de viajes de un país a otro, de batas blancas y palabras rebuscadas, por la promoción del libro y la lectura porque creo que con lo que hago puedo ayudar a formar mejores hombres y mujeres. Así que tengo que mantenerme fiel a eso. ¿Me leen los más jóvenes que yo, los que comienzan? Eso me alegra, sobre todo si en esa lectura encuentran la fuerza para decir su verdad, para creerse que lo que hacen puede emocionar y cambiar el mundo. Si encuentran las ganas de hacerlo mejor que yo, entonces eso me alegra.

A la hora de construir la dramaturgia de tus propios libros, ¿cómo lo haces?

Soy muy metódico, organizado, creo que no podría ser poeta por eso. Me paso mucho tiempo pensando la historia, meses, a veces años. Y cuando siento que estoy preparado investigo mucho, muchísimo, paso horas leyendo, buscando información, construyo los personajes y después, al final, la historia. Desecho una y otra cuando no siento que serán suficiente para ese personaje que las espera. No dejo de pensar en la historia que mis personajes necesitan (a veces cuando me baño, cuando miro la tv, cuando desayuno) hasta que se me ocurre esa que le pertenece a esos personajes.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

Tu trabajo con los personajes, tanto los que provienen de tus mundos ficcionales como aquellos que rescatas de nuestra tradición histórica, es enorme. ¿Cómo armas sus vivencias y experiencias?, ¿qué te preocupa a la hora de pensar en ellos?

Me gusta construir personajes, darles vida, carne, que parezcan reales, que sean verosímiles, que los lectores sientan que son sus amigos, que comparten sus vidas. Mientras más humanos hacemos a los personajes, más posibilidad tenemos de que la historia sea creíble. Y yo necesito que se crean lo que estoy contando.

No eres el único escritor de tu familia. ¿Cómo se combina tu trabajo creativo con el de tu pareja?

Bueno… tratamos de mantener los espacios de creación separados dentro de la casa, como islas que se acercan y se alejan dentro del mar. Hay muchas otras cosas, más domésticas que compartimos. Mis libros siempre se los doy a revisar a Raúl, es mi primer editor y yo a veces reviso sus textos, pero mientras estamos creando tratamos de no inmiscuirnos uno con el otro. Ah, eso sí, si volviera a nacer no viviría con ningún escritor. Es complicado distribuir las tareas domésticas. Y cuando a los dos nos da por escribir no hay quien cocine en la casa.

Desde hace ya buen tiempo te interesa el trabajo y el rescate de nuestros referentes históricos nacionales, fundamentalmente la figura del héroe cubano, del mambí y de aquellos otros personajes, a veces sin nombre u olvidados, que acompañaron a los héroes. ¿Por qué? ¿Crees que los niños lectores de nuestro país se han acostumbrado a un modelo de héroes que nada tiene que ver con nuestras tradiciones? ¿Hasta qué punto hemos permitido los escritores que ciertos temas históricos, tal vez aquellos más enraizados a nuestros orígenes como nación, hayan sido relegados?

El héroe cubano lamentablemente se ha convertido en una frase hecha, en una figura demasiado distante del niño, sobre todo por la forma en que se lo mostramos en las aulas. Y estamos en un momento en el que nuestros niños necesitan de nuestros héroes. Por eso mi insistencia en darles un poco de humanidad, de emoción, de mostrarlos empáticos, sensibles, con una infancia como otra cualquiera. Si logramos que nuestros niños vean a los personajes de nuestra épica como seres de carne y hueso, entonces estaríamos evitando que buscaran sus referentes en súper héroes enlatados, foráneos, que poco podrán aportarle a su formación como seres humanos. Ahora, para eso debemos romper esquemas, tradiciones empantanadas y mostrar a esos hombres capaces de amar, de equivocarse, de ser valientes y al mismo tiempo tener miedos como, definitivamente, son los hombres.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

Y sería incapaz de pensar que somos los autores los culpables de ese alejamiento entre el niño y el héroe de nuestras gestas independentistas. A los escritores nos cuesta hacerlo porque este trabajo llega investigación, lecturas, viajes interminables detrás de la historia, cotejar fuentes, entrevistar personas, pero de todas formas el problema es mucho más grande. Deben unirse muchos para revertir lo que está pasando.

Tu literatura es polémica y polisémica, y creo que esas condiciones hablan bien de la calidad de tus textos. Como escritor, ¿te molesta que en la sociedad cubana y/o en el espíritu de muchos lectores existan aún trazas que condenan como tabúes a temas que deberían ya ser entendidos como normales o comunes?

Todo está en la mente de los lectores. En su capacidad de desgranar lo que digo, lo que pretendo decir, en sus maneras de asumir este o aquella historia con prejuicios o con respeto. Si los lectores reaccionan, de la forma que sea, ya me siento complacido. No puedo pretender que todo el mundo piense igual, que la sociedad cambie de un día para otro, de que una tradición de siglos de prejuicios y exclusión desaparezca como por arte de magia. Yo escribo sobre el respeto y la inclusión, y para eso debo partir del respeto al que no le interesa la inclusión. Si con cada uno de mis libros logro transformar a un lector, un solo lector, entonces estaré haciendo algo válido.

Para ti, ¿existe aún algún tema tabú en cuanto a materia literaria se trata?

Si te dijera que hay temas tabúes estaría traicionándome a mí mismo. El tabú está en la mente de los seres humanos, en su formación, en su historia de vida, en su incapacidad de ver más allá de lo que le han obligado a ver.

¿Crees en la autocensura?

Claro, el miedo existe y la autocensura nace a causa del miedo. Yo trato de no tener ni uno ni lo otro, pero a veces también temo, como Virgilio.

¿Cuál es el papel del escritor en el mundo tan caótico que nos rodea?

Emocionar, si le arrancas una pizca de emoción al lector, entonces lo estás obligando a aferrarse a su humanidad.

La crisis de valores en los que vive no solo la sociedad cubana, sino el mundo entero, ¿influye en la literatura, en los modos en los que la producimos, la entendemos y consumimos?

El mundo con crisis o sin ella influye en la percepción que podamos tener los autores, pensar de que somos seres aislados del mundo es una tontería. No existen personas más conectadas con su contexto que nosotros, aunque querramos estar encerrados en un cuarto oscuro. Y si ese contexto influye en nosotros, entonces también influye en nuestra obra. Si yo no fuera quien soy, viviera como vivo y donde vivo, no escribiría como lo hago, probablemente sería el médico de bata blanca y palabras extrañas que algunos anhelan.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado


Vuelven Los días de Guillén a Camagüey

Camagüey vuelve a ser el de antes poco a poco. Se recupera de las ausencias, de los abrazos guardados y de sus plazas y parques vacíos.

Así llega este julio, con aires de esperanza y la satisfacción de los reencuentros; un día ideal para redescubrir la ciudad a través de la visión de Nicolás Guillén, a la que llamó «suave comarca de pastores y sombreros».

Y es que, como cada séptimo mes del año, vuelven Los días de Guillén, jornada con la que sus coterráneos celebramos su natalicio. Serán, pues, seis días para observar una urbe a través de los espejuelos del Poeta Nacional de Cuba; quererla y hacer de versos y crónicas, hechos y esencias.

El Centro Provincial del Libro y la Literatura y las filiales camagüeyanas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y la Asociación Hermanos Saíz, se unen otra vez para conmemorar la efeméride con variadas iniciativas.

Hoy, la Sala Emilio Ballagas, del Centro Cultural Librería Ateneo-Vietnam acoge el inicio de la jornada con una lectura de poemas del escritor, a cargo de diferentes escritores agramontinos.

El mismo espacio será testigo el próximo lunes de la presentación de un audiovisual sobre el autor de Poemas de amor, El gran zoo, y La rueda dentada, a cargo de Armando Pérez Padrón.

Asimismo, en Los días de Guillén reabrirá sus puertas el Centro Cultural-Librería Antonio Suárez, regalo para la urbe y para quienes le debemos al poeta, ir junto a él de aprendiz de su exquisita obra periodística y literaria. Sean bienvenidos entonces estos y todos los días, por la suerte de tenerlo eternamente. (Yusarys Benito Deliano/ Radio Cadena Agramonte) (Foto: Archivo)


Cosme Proenza, maestro a la luz de la creación

Pintor, dibujante, ilustrador y muralista, Cosme Proenza Almaguer (Báguanos, Holguín, en 1948) ha conformado una sui generis cosmovisión pictórica que lo hace distinguible y valorado en el ámbito artístico contemporáneo. El Premio Celestino de Cuento se honra con tenerlo entre sus amigos cercanos, entre sus fieles colaboradores, al entregar, desde hace varias ediciones, un grabado suyo, iluminado, al ganador de este certamen literario. Maestro de Juventudes de la AHS, Cosme Proenza ha compartido, además, la entrega del Premio, en el Salón “Abrirse las constelaciones” de Ediciones La Luz.  

obra de cosme proenza/cortesía del entrevistado

Graduado de las aulas de la Escuela Nacional de Arte, en La Habana, y del Instituto de Bellas Artes, en Kiev, Ucrania, Cosme ha creado, en series como Manipulaciones, Boscomanías, Los dioses escuchan, Mujer con sombrero, y Variaciones sobre temas de Matisse, reconocibles mitologías individuales donde lo simbólico y lo mítico, mediante el uso de diferentes signos e intertextualidades, acompañan al ser humano en un vía crucis artístico a través del estudio de los códigos del arte europeo. Su obra está basada principalmente en el análisis: “Soy un estudioso. Más bien, un investigador que trabajo con los códigos del arte europeo”, asegura el autor de “Cecilia Valdés”, “Lennon y la noche”, “Jardín”, “La expulsión del paraíso” y “San Cristóbal de La Habana”.

obra de cosme proenza/cortesía del entrevistado

Precisamente esto –el énfasis analítico, la apropiación– lo convierten en uno de los pioneros del posmodernismo cubano, cuando en el escenario insular otras corrientes predominaban. “Nadie se ha apoderado de la tradición como él, nadie con manos más firmes y ondulantes ha recreado al Bosco como él… Él tiene el poder del demiurgo, la llave del castillo encantado. Su dibujo es seguro y delicado, su tratamiento del color le da una dimensión lírica a su posmodernismo, lo fortalece, le provoca una epifanía. Su hedonismo recurre a todas las fuentes, la erótica, la lúdica, la mítica… Pocas obras de arte cubanas muestran un virtuosismo tan inusual”, asegura el escritor cubano Miguel Barnet.

“Mi vida ha sido un poco la interacción, no el reflejo. Reflejar es otra cosa. He interactuado con todo este mundo y esa interacción marca mi forma de ser y de pensar. Cuando trabajo con el código de Occidente estoy trabajando con un código que no nos es ajeno, porque Cuba fue colonizada, hablamos el idioma de una cultura milenaria, con los sedimentos árabes y demás que ya esa cultura traía. Logramos tener la riqueza de vocablos aborígenes, africanos… porque somos un maremágnum de mezclas”.

obra de cosme proenza/cortesía del entrevistado

“Soy un resultado más de eso. Creo que reflejo algo que tiene que ver mucho con lo cubano, pero no con lo cubano sígnico, desde el punto de vista de lo que la gente reconoce o cree reconocer como cubano. Cuba es más que eso: no puedo permitirme concebirnos como una palma real o un cocotero con cuatro mulatas bailando debajo y tomando ron. Debo sentir que me gusta el cuadro, que lo que estoy haciendo es bueno, o al menos digno. Lo grande que tiene el arte es precisamente su capacidad de expansión. La belleza es imperdonablemente adhesiva, no hay manera de escapar de ella”, asegura.

Su obra, recogida en exposiciones como Voces del Silencio y Paralelos. Cosme Proenza: Historia y Tradición del Arte Universal, integran el imaginario colectivo del cubano y sus múltiples resonancias universales, y lo reafirma como uno de los artistas hispanoamericanos dueño de una de las cosmovisiones más originales en los últimos tiempos; es un verdadero honor tenerlo entre los amigos del Premio Celestino de Cuento.

obras de cosme proenza/cortesía del entrevistado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Quédate en casa y lee

Los libros tienen la capacidad de hacernos soñar, reír, llorar, sentir, viajar a otros mundos y hasta vivir otras vidas. Dicen, que con un buen texto en manos, los problemas se quedan en pausa y desaparece todo a nuestro alrededor.

Quizás por ello, para mi entrevistado –el joven ilustrador pinareño Yancarlos Perugorría Díaz–, utilizar sus redes sociales para promover la lectura en familia e incentivar a las personas a quedarse en casa, es también una manera de batallar contra la COVID-19.

“Desde chiquito siempre fui un lector crónico y esta me pareció una buena oportunidad para crear conciencia de la necesidad de mantenerse en casa y aprovechar este tiempo para leer, instruirnos y motivar el amor por las letras.

“De esta forma es que surge la idea de hacer una especie de concurso o sorteo, a través de mis redes sociales, mediante el cual yo regalo cada semana libros que tengo en mi casa por derecho de autor, y así la ganancia es doble, porque la gente se mantiene en la casa, se cuida, protege a los suyos, y a la vez lee, uno, dos tres o tantos ejemplares les sea posible”.

¿Y en qué consiste exactamente la iniciativa?

Tomada del perfil de Facebook del entrevistado

“La verdad, es muy sencilla. Para no hacer algo así sin sabor, lo que hago es –a través de una publicación en mi página de Facebook– comentar una obra, sobre qué trata, las enseñanzas que trasmite y, al mismo tiempo, incluyo el mensaje, o la convocatoria a quedarse en el hogar, permanecer tranquilos y velando por nuestro bienestar.

“Para participar es muy simple, solo deben dejar un “like” o un comentario y luego yo, en dependencia de la cantidad de “me gusta” que tenga el post, hago un sorteo y entre mi niña y yo sacamos al azar los números que resultan ganadores, y todo este proceso lo trasmitimos en vivo por Facebook para que las personas lo puedan ver”.

Desde hace varias semanas, Yancarlos permanece alejado del bullicio de la ciudad. En una comunidad intrincada del municipio pinareño de San Luis, ha encontrado refugio junto a su familia, sin embargo, a pesar de la lejanía, sus sorteos se mantienen.

“Yo voy a seguir, hice un compromiso y no tengo intención de romperlo. Aquí las condiciones son diferentes; estoy bastante alejado del pueblo, la zona de wifi me queda como a seis o siete kilómetros de donde me quedo, muchas veces tengo que ir caminando porque no hay transporte, pero no importa, vale la pena cualquier sacrificio si podemos influir, aunque sea un poco, en la manera de pensar de las personas.

“Hasta ahora la idea parece haber gustado a muchas personas, eso me motiva aún más, y como puse en uno de mis últimos escritos, solo espero que cuando todo esto pase leer un texto nos haya servido de algo”.  

Los libros que regalas, ¿son de autores cubanos o extranjeros? ¿actuales o más antiguos?

Los autores son diversos –no importa la nacionalidad–, el primero fue de un escritor mexicano, después de Alberto Peraza, luego Nersys Felipe, en planes también está Nelson Simón, y así sucesivamente hasta que me quede sin textos o hasta que pase la pandemia.

Acá les dejo el ganador del número 16 de la revista Chinchila. Gracias a todos por participar, mil gracias por sus comentarios. Un abrazo. #QuédateEnCasa

Publicada por Yancarlos Perugorria en Domingo, 26 de abril de 2020

¿Y por qué involucrar a tu hija? ¿Tiene algo que ver con que sean materiales infantiles o también promueves la participación de toda la familia?

Mi niña es mi musa, mi razón para hacer los trabajos y ella siempre está presente en todos mis proyectos y este no es la excepción. La primera vez que fui a hacer la premiación estaba cerca y me dijo, “Papá yo quiero ayudarte”, y a partir de ahí ha estado siempre, y creo que funciona muy bien porque así también incentivamos a la familia, a que les lean a los más pequeños o que los niños nos cuenten a nosotros las historias, a su manera.

¿Cuál sería el mensaje para todos los cubanos?

Mi gente, para ustedes solo una frase: Quédense en casa y lean. Cuídense y cuiden a los suyos.

Quizás, si iniciativas como la del joven ilustrador Yancarlos Perugorria Díaz se multiplicaran en toda Cuba, estas pudieran convertirse también en armas contra la COVID-19, porque, sin dudas, el arte también salva.


Premios Calendario: Poder de la letra joven (+Fotos)

Muchos volvemos a las páginas durante estas jornadas de coronavirus y aislamiento, conscientes de que la literatura también salva, con su poder para cultivar el espíritu, transmitir conocimientos y hacernos soñar. Decenas de autores ahora mismo escriben en sus casas, conforman mundos con mezclas de fantasía y realidad. Seguramente en el futuro tendremos libros, nacidos durante esta etapa de temores y esperanza, que conquistarán concursos y llegarán a nuestras manos con el encanto de lo auténtico.

Los textos ganadores del premio Calendario, uno de los más importantes en Cuba, siempre son buenas opciones para adentrarnos en lo mejor de la literatura de jóvenes en el país. Hoy les proponemos acercarnos a varios que tal vez ya usted adquirió en las ferias del libro del 2019 ó el 2020, o puede encontrar en diferentes librerías. Todos fueron publicados por la Casa Editora Abril y sus autores son miembros de la Asociación Hermanos Saíz. Estas son obras con el poder de lo atrevido y el talento, pasos de quienes desean crecer siempre.

Leidy González es una de las autoras jóvenes que da pasos importantes en el panorama literario de Cuba.

HÉROES MÁS HUMANOS

El mensajero (2020), escrito por la villaclareña Leidy González Amador, tiene el encanto de lo ágil y preciso, el humor y la historia. Narra las peripecias de un niño llamado Manu Tejeda, hijo de un mambí a las órdenes de Antonio Maceo, que murió como consecuencia de heridas de guerra. El pequeño, delgado y algo “entrometido”, también se suma a las tropas insurrectas empeñado en cumplir la voluntad de su padre.

El infante, fruto de la imaginación de la autora, al igual que otros personajes como Julián Planazo y el negro Cebiche, nos muestra su visión de sucesos y hombres reales de la contienda de 1895, como el propio Maceo, Quintín Banderas, Máximo Gómez y Panchito Gómez.

Ahí va él, caminando entre los demás, lleva cartas como mensajero, siente hambre, cansancio, pero sigue en la invasión hacia Occidente, disfruta las anécdotas y bromas de los más viejos, prueba el aguardiente, es curado con hiervas de una herida en la pierna, pierde a su mejor amigo en la manigua, tiene dolor y orgullo…

González Amador, ganadora también de los premios nacionales Hermanos Loynaz 2013 y 2017; Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2015; Eliseo Diego (2016), Fundación de la Ciudad Fernandina de Jagua 2017 e Ismaelillo 2019, vuelve a demostrar su fuerza como escritora, a pesar de tener solo 31 años de edad.

Los lectores cubanos, especialmente los infantes, necesitarán siempre de propuestas literarias como esta. Ojalá El mensajero, texto para pequeños y adultos, esté en las escuelas primarias, tenga una versión digital suficientemente atractiva y pase también a la vida como audiolibro, con la certeza de que en las creaciones más recientes de la narrativa cubana hay personajes con suficiente fuerza para encantar a los más pequeños y ser referentes muy autóctonos y atractivos.

LAS LÍNEAS Y LA VIDA

Elizabeth Reynosa /Foto: AHS

Portada del libro Líneas de tiempo..

Publicada también en el año 2020, la novela Líneas de tiempo, de la granmense Elizabeth Reinosa nos hace reflexionar sobre el significado de la vida misma, en la cual hay tristezas, anhelos y desesperanzas.

Compuesta por 82 páginas, presenta cuatro capítulos o líneas, denominadas Infancia (1939-1955), Juventud (1956-1970), Adultez (1971-2000) y Vejez (2001-2016), con una armónica narración que presenta relatos breves. Desde Patio (1943), fecha en la cual asumimos que el personaje protagónico tenía cuatro años, hasta Retrospectiva (2016), el lector encuentra sufrimiento, miedos, golpes, sueños y también dolor y pesimismo, como en Estragos (1978), con la certeza de que “…la felicidad solo dura unos minutos…”.

Como expresó Rafael de Águila, integrante del jurado que otorgó el Calendario de Narrativa en 2019 junto a Francisco López Sacha y Ahmel Echevarría, Líneas del tiempo es “rotunda, dura, telúrica, viñética, angustiosa, escrita como a zarpazos tristes”.

Reinosa Aliaga consigue una especie de doble sentido entre el título general, los de los capítulos, las partes de la narración y el ferrocarril y los trenes, pues estos dos últimos elementos atraen a su personaje desde la niñez, un ser que no tiene apellidos ni es ubicado en ciudad o poblado específico.

El lugar de los sucesos pudiera ser cualquiera, pero se siente mucho el sabor a Cuba, el ambiente de este país y el vínculo con algunos hechos de la historia nacional, incluidos Balseros (1994) y Presagios (1998). Esta es la vida de un hombre, que pudiera transcurrir en etapas sin definir, más allá de los años marcados. En su estilo preciso y limpio, la novela tiene también poesía; sin dudas una obra que despierta sensaciones agradables durante y después de su lectura.

UN LIBRO PARA CORREGIR

Un sistema inventado para corregir: El discurso penitenciario y la prisión en la Cuba decimonónica (2020), del joven licenciado en Derecho Adrián Jesús Cabrera Bibilonia es sin dudas una obra interesante.

Ganador del Calendario en la categoría de Ensayo, posee un estilo coloquial y tiene de literatura en cuanto a estilo, a pesar de la hondura de sus exposiciones y análisis.

Según las palabras del propio autor, profundiza en la manera en que la prisión logró su existencia, la necesidad de crear espacios de encierro para moralizar y corregir. O lo que es lo mismo: el nacimiento de un fundamento de por qué el estado moderno puede y debe castigar: la “corrección del delincuente”. Que es, además, un fundamento perfectamente reconocible en la contemporaneidad.

Nacido en La Habana en 1994, Cabrera Bibilonia estudia temas penitenciarios desde su etapa como alumno en la Universidad de La Habana, con una visión más cercana a lo humano y lo social. Para él, “un libro siempre debe tener como máxima transformar comportamientos cotidianos”, por eso considera esencial transcender el campo académico y calar en las personas.

MUNDO DE ROMPIMIENTOS

Cuando despiertes (2018), del también habanero Daniel Burguet es indudablemente una propuesta bien lograda en cuanto a formas y contenidos.

Constituida por 88 páginas y siete relatos, presenta una armónica interrelación entre ellos, con buen empleo de las técnicas narrativas y la variedad de estructuras, con exactitud en los diálogos, y la construcción de personajes y ambientes con un alto nivel de realidad, a pesar de lo suigéneris de los escenarios y sus protagonistas.

Como expresó Eric Flores Taylor, miembro del jurado que le concedió el galardón, esta obra “es una muestra de la literatura de ciencia ficción más humanista y menos tecnológica, donde los gadgets (dispositivos pequeños con un propósito y una función específica) revolucionan el mundo ficticio, mas no por ello son el epicentro de la trama”.

En esta obra hay “tacos” (aparatos para programar como deseas que sea el día…), objetos voladores, un ser con el poder de dirigir guerras desde su casa y verlo todo en una gran pantalla…, pero lo más importante son siempre las personas, sus pensamientos y modos de comportarse, sus amores y desamores, el miedo, las incomprensiones, las traiciones y los sueños en medio de un mundo a veces negro, siempre desafiante.

Daniel Burguet, un muchacho delgado con el pelo largo, recrea dos “realidades” paralelas: la de los conectados y la de los desconectados, ambas con diversos puntos confluyentes, conflictos y anhelos.

Desde el primer cuento, Anatomía de la melancolía, hasta el último, El ojo cosmológico, gravita una especie de metafísica que va creciendo con cada página, dentro de una dramaturgia en la que a veces hay aparente tranquilidad, pero también sangre, muerte, sorpresa y sensibilidad hasta en los seres más impensados.

Llama la atención como el final del último relato cierra también el libro y aporta un elemento que enriquece historias anteriores. Cuando despiertes tiene algo de novela, pero sobre todo de sensibilidad en dos mundos de rompimientos y coincidencias, como es a veces la existencia de los seres humanos.

CONFLICTOS ENTRE NÚMEROS Y LETRAS

Portada del libro Los impares

Los impares, de Claudia Damiani Cavero, cautiva por la diversidad de formas narrativas y cierta singularidad de las historias. Compuesta por 14 cuentos, la obra abarca cierta experimentación en la relación entre las matemáticas, la vida y los temas de conversación de sus personajes, con diálogos que, en ocasiones despiertan sonrisas.

Los argumentos de ellos en leves disputas verbales revelan el conocimiento de teorías y particularidades de las ciencias, aunque los sucesos ocurran en lugares como un pasillo durante una guardia escolar en la madrugada.

Su autora aseguró que para escribirlo utilizó por primera vez la búsqueda de información a conciencia en función de la literatura, algo que se nota en sus páginas, sin restar frescura y ritmo a la narración.

El jurado que le concedió el galardón, integrado por Daniel Díaz Mantilla, Atilio Caballero y Aida Bahr, resaltó que presenta una “cambiante gama de conflictos, emanados de las relaciones interpersonales y la cotidianidad”.

Graduada de Diseño Gráfico, su autora, una muchacha de cabello rubio, espejuelos y aparente timidez, logra una buena construcción de los personajes quienes actúan y hablan con naturalidad, en coherentes relaciones entre ellos, sus acciones e ideas. El humor nunca parece ser objetivo, pero sí capa subterránea.

Es interesante como emplea la segunda persona del singular en algunas narraciones, especie de conversación con los lectores o meditaciones en voz alta. Ganadora también del Premio David (2018) la primera gran pasión de Damiani Cavero fueron las historietas, por eso no sorprende que actualmente sea también ilustradora y autora de la imagen de portada.


Capítulo #9: Geometría Interior

(apuntes sobre la poesía de Yainier Salazar Benítez)

La joven literatura cubana es un Cubo de Rubik. Un rompecabezas mecánico tridimensional que posee seis colores uniformes. Donde un mecanismo de ejes permite mezclar y girar de manera independiente sus caras. El objetivo: las caras deben volver a quedar en un solo color.

De esta manera se articula la escritura contemporánea cubana. Los mismos colores y los mismos propósitos. Un resultado que marca una pluralidad de voces similares sin la intención juiciosa de marcar estilos ni vanguardia. Un buen amigo me dice que es el resultado de nuestra amplia gama de concursos y las bondades del sistema editorial cubano, y que de esa mezcla deben surgir voces para la posteridad.

Durante este debate diario entre colegas del gremio me he asomado con ahínco a la obra de algunos escritores de mi generación. Una búsqueda que me ha traído grandes sorpresas.

Entre mis asombros está Geometría interior, el primer poemario de Yainier Salazar Benítez (Manzanillo, 1987) publicado por la editorial Sed de Belleza en 2018. El libro editado por Idiel García y con diseño de cubierta de Héctor Gutiérrez es un golpe al facilismo. Entre sus páginas aparecen tres conceptos contundentes: la introspección como recurso del lenguaje, la sencillez como hábito y lo infinito como representación.

Cubierta del Libro Geometría Interior (diseño de Héctor Gutiérrez)

Yainier es una anomalía en el engranaje literario de la Cuba actual. Sus caras y colores representan un catálogo espiritual de las acciones del individuo. La poesía no es un juego, es un llamado singular y persigue las normas sensibles de la memoria. Ve el mundo a través de figuras vivas. Porque para él todo puede engendrar y poseer la vida. No circunscribe el concepto de la vida a ningún otro, su percepción es ilimitada al igual que sus definiciones.   

No es de extrañarnos que su intuición lo lleve a involucrarse con normas conceptuales que rigen el infinito. Su poesía son cuerpos geométricos sincronizados desde las matemáticas. En su libro los números nombran lo insospechado, habitan como seres de permanencia eterna y modifican cada valor. Yainier no puede escapar de las disposiciones conceptuales de su escritura y se arrastra junto a ellas en una dinámica afín con la meditación. Se re-interpreta, acude a la experiencia de los sentidos y explora. No hay victimización, se asume. Entonces presenta lo insólito como un milagro poético.    

Geometría interior se estructura en tres partes: AB Lluvia poligonal, BC Vegetación y CA Vértigo de las aguas. Tres momentos que denotan las condiciones: autor vs memoria/autor vs contexto/autor vs espíritu.

Al nombrar cada uno de los segmentos del libro, saltan a la vista los enunciados: AB, BC y CA. Elementos que hacen referencia a conceptos básicos y criterios de congruencia en la geometría. En esta ocasión nos remite a un triángulo isósceles. Una figura con dos lados iguales y un tercero desigual. Una figura imperfecta y a la vez armónica/virtuosa.

El triángulo constituye por su naturaleza, la primera de las superficies geométricas y la base adoptada para conocer todas las medidas. Nuestros antepasados consideraban de origen sagrado las propiedades de esta figura. Su simbología tiene un lugar de preferencia en los preceptos filosóficos y esotéricos.

¿Dónde radica la geometría de este cuaderno?

¿Transcurre al interior de un triángulo?

¿Por qué isósceles?

¿Cómo leer más allá de las palabras?

Yainier Salazar nos muestra las dos primeras partes del libro como líneas de pensamientos paralelos. Ambas conceden la misma longitud pero distintos rostros del autor.

AB Lluvia poligonal posee la duda del acróbata. Está contaminado por parajes existenciales e imágenes concretas. Voces del hombre que es y del dibujo que será. Hay pena pero no lamento.

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Minuto de silencio. Una cruz en cada ojo. Nubes que parten hacia parajes oscuros. ¿Fumar salva del marasmo? Toda esa furia es hambre. En el cenicero caen dientes como pétalos. Cadalsos. Irreversiblemente cadalsos. (P. 13)    

Imágenes de Manzanillo (por Rubén Aja Garí)

BC Vegetación milita en sucesos destilados por la experiencia poética. Son motivos que no puede evadir en medio de su tratado existencial. Motivos que rellenan espacios sensoriales desde su explicación franca. Un ejemplo es el poema Instalación.

III

Bajo el océano

permanece

el árbol de los cosenos.

En los cables de alta tensión

crecen las azucenas.  (P. 53)

Imágenes de Manzanillo (por Rubén Aja Garí)

Al final el poeta nos deja una gran metáfora: CA Vértigo de las aguas. Un fragmento del libro que complementa las partes anteriores. Se trata de la base del triángulo isósceles. Esta fracción denota una consecuencia de la primera parte del libro. Parece un mismo cuerpo. Pudiera ser el principio como mismo ejerce de final. A este momento se le adhieren búsquedas más genéricas. Intenta que el universo entre en el ojo de una aguja, un ojo triangular.

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Cada segundo vamos hacia la tierra. Cada segundo, la tierra viene un poco hacia nosotros. (P. 69)

Geometría interior puede leerse de manera intuitiva. Pero una lectura ejercida desde todos los significantes que componen el libro podría abrirnos a un sinfín de interpretaciones. En su composición habitan elementos (transcendentes) que no pueden ser comprendidos a plenitud, sin la aprehensión previa de las normas conceptuales que lo regulan. Esta es una capacidad que viene implícita en su exploración.    

Su ejercicio exige conectar/ascender/fluir. Transita por áreas que serían desdeñables para otros poetas y sobrevive. Se desmarca a través de conceptos amplios/ideológicos/ ¿metafísicos? No evade la construcción sociocultural del mundo pero su búsqueda pertenece a otro estado.

Algunos de los preceptos más determinantes de la poesía metafísica se pueden encontrar en su escritura. Donde tanto la naturaleza como el arte son desnudados/desmantelados en busca de la ilustración, la comparación y la alusión.

Sin llegar a ser páginas abstractas, sí hay un componente visible de esta categoría entre sus versos. Una herramienta que utiliza para filtrar la realidad.

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¿Existe el salto? ¿Las cárceles son tan estrechas? La flotabilidad de los peces continúa siendo gris. (P. 15)

Imágenes de Manzanillo (por Rubén Aja Garí)

El poeta no oscurece. Hay una variedad de colores que matizan las imágenes dentro de la metáfora. No le basta con la identidad visual de cada elemento de la naturaleza, necesita agregarles otros relieves.

Mandarria

Dicen que la noche no es azul.

¿Qué saben los sabuesos

de atrapar un conejo?

Dos golpes sobre la testa

y bailar.

Pero la expansión ocurre adentro.

La mandarria es una mancha.

El conejo persiste. (P. 36)

Como una pintura íntima, su paleta se compone de aquellos pigmentos más personales. Sus dudas nacen de aquello que solo ofrece perplejidad por su estatus, pero que convida a re-interpretar/codificar. En ese dilema todo elemento adquiere una nueva voluntad y con esta un nuevo color. 

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Arroyos de sangre bajo la piel del universo. Piedra azul. Los cúmulos son historia. Caen hacia la gravedad. (P. 69)

Geometría Interior es un paisaje poético donde los elementos de la naturaleza, encuentran significados filosóficos. En él convergen distintos modos de relación/interpretación/obsesión del autor con los hechos que lo circundan. Sus influencias provenientes de las artes visuales y cinematográficas son evidentes. Desde ahí puede guiar al lector, por un espacio donde el tiempo se expresa a otro ritmo. No es difícil leer este libro y sentirse en una película de Terrence Malick o de Carlos Reygadas. ¿Poética de la contemplación? El ciclo natural de las cosas. La edad como una estación inmortal.

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El señuelo del pescador es un regaliz envuelto en capas infinitas y doradas. El pescador es un niño. (P. 69)  

Imágenes de Manzanillo (por Rubén Aja Garí)

El poeta necesita encontrar una explicación a la existencia de la belleza. Medita sobre la extensión humana del mundo/el cosmos/el tiempo. Lo atormenta la modificación de los objetos (piezas sensibles). ¿Qué es la existencia? ¿Cómo sobrevivimos a ella? En esas interrogantes se puede descubrir que todo lo que existe es bello por condición natural. La existencia es la palabra que utilizamos para eternizar la belleza. Un gran poeta debe platearse la eternidad desde la belleza, nada compite con semejante sentencia.

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Los barrotes no son de acero. Más bien de inercia. (P. 72)

Imágenes de Manzanillo (por Rubén Aja Garí)

Otro elemento perceptible, es la sintonía con el yo espiritual. Un término delicado a la hora de definir debido a sus diferentes acepciones. Pero que conjuga cuatro conceptos ineludibles en Geometría Interior: psique, ser, alma y conciencia.

Se trata de uno de los cuestionamientos más antiguos de la humanidad y que Salazar Benítez introduce desde pequeños detalles. ¿Ambiciona? Claro que sí. Pero a partir de su relación espacial con los objetos/la memoria/la naturaleza. Así provoca un lenguaje simbólico y concluyente.

El agua, los peces, los colores, la lluvia, un niño, un árbol, la cárcel y la tierra, son conceptos repetitivos. En su conjunto crean imágenes poderosas y auto-referenciales. No son de naturaleza externa al autor, más bien actúan como representación de sus estados emotivos-conscientes.

Para Yainier Salazar Benítez, la poesía puede ser un gesto instintivo. Un instrumento capaz de echar abajo los límites mientras su expansión lo trasciende todo. Sus vivencias habituales son traducidas en figuras, cuyos significados necesitan explicarse mediante la palabra. No miente. Transgrede categorías científicas y de asociación. Intenta re-orientar la percepción lógica, sensible y emocional en un mismo discurso. Lo sublime y lo ordinario asumen la misma presencia/permanencia. Se muestra próximo y sincero, aunque en su poesía todas las orillas son equidistantes.


La inagotable búsqueda de la belleza

Escuché su música por primera vez el día que estuvo de invitado en el espacio que conduzco en el Centro Dulce María Loynaz, y confieso que lo que más cautivó mi atención fue la forma en que dialogaba con el instrumento, el modo sutil con que intentaba llegar a cada sonido, como si fuese un tesoro que podría escapársele de las manos en cualquier momento, como si cada vez que se enfrentase a la guitarra tuviese que seducirla para, junto a ella, habitar el espacio de la próxima canción.

Aunque Carlo Fidel Taboada (Matanzas, 1989) transitó por otros caminos, desde el ajedrez hasta sus estudios universitarios en Ingeniería Civil, y le tomase un tiempo decidirse, la música en él era un terreno inevitable. Podría ser el espejo frente al que se asoma para observar sus propias realidades, desde esa aparente calma con la que persigue incansablemente la sencillez de lo pequeño, lo esfímero y hermoso de todas las emociones que envuelve el sonido en las diversas experiencias de la vida.

Trovador, cantautor, músico, guitarrista…, ¿cómo te defines?

Definir cada uno de estos términos es sin duda una tarea para musicólogos e investigadores. En algún momento me he propuesto desentrañar esta problemática y cada vez que emprendo dicha labor, quedo insatisfecho. La verdad no me siento cómodo con ninguna etiqueta. En algunos contextos me viene mejor el término trovador, en otros cantautor y en otros simplemente músico.

Mi esencia es muy trovadorezca, pero no encajo totalmente en ese término. Exploto el máximo de mis posibilidades en la guitarra, es un elemento clave en mi quehacer, pero también lo es la armonía, la experimentación, el uso de texturas disonantes, etc. Además, hago orquestaciones para mis canciones. En fin, no me agradan las etiquetas.

Es evidente que la música ocupa un lugar inevitable e importante en tu vida, pero exactamente, qué significa la música para ti.

De acuerdo con mi experiencia y desde mi visión como compositor, la música es un lenguaje para compartir nuestra espiritualidad, existen muchos lenguajes para esto, la religión, por ejemplo, es uno de ellos. El elemento sonoro está en nuestras vidas desde que entramos al mundo, pero nos demoramos un poco en descubrir que los sonidos están estrechamente relacionados con las emociones.

Para mí la música es la mejor forma que he encontrado para compartir mi espiritualidad a través de las emociones que despierta una canción, y digo canción a conciencia. Porque la canción es la manera en que pienso la música, en términos estructurales y desde el punto de visto creativo. Me gustaría moverme hacia otras zonas como el trabajo instrumental pero es inevitable para mí ir primero a la canción de forma natural, después entran todos los matices del universo sonoro, cada sonido es bienvenido, no discrimino.

Durante tu infancia y adolescencia tu vida estuvo intensamente vinculada al ajedrez, luego cursas tus estudios universitarios en la carrera de Ingeniería Civil. Ambos mundos giran en torno de la precisión, la disciplina, la matemática…, elementos que también podrían desbordarse en tu creación musical. ¿Cuánto queda del ajedrecista y del ingeniero civil en el Carlo Fidel que hace música?

El ajedrez fue algo que llegó a mi vida en la niñez. Vino de la mano de mi padre que es un ferviente aficionado del juego ciencia. Crecí en la academia de ajedrez de Matanzas, no solo en estatura, también como ser humano. Conocí casi toda la isla en topes y competencias nacionales y pude conocer temprano como la competitividad puede convertirnos en seres tóxicos e infelices. Tuve algunos buenos resultados y parecía que mi vida iba en ese rumbo, hasta que decidí estudiar Ingeniería Civil en la Universidad de Matanzas.

Para ese tiempo ya había escrito mi primera canción (Giselle) y otras que al parecer eran muy malas, porque no trascendieron, de aquellos tiempos solo sobrevivió esa canción. La he intentado borrar muchas veces del repertorio pero a la gente le agrada y además me ha dado muchas alegrías, le tengo mucho cariño.

Estudiar Ingeniería fue una mala decisión, es algo de lo que me arrepiento, era muy joven, a veces repetimos patrones de comportamiento sin ser conscientes de lo que somos en esencia. Del ajedrez queda mucho en mí, la disciplina, la certeza de que las habilidades se adquieren con estudio y entrega. Del Ingeniero queda la lección de estar atento a no perder el camino, algo que, peligrosamente, puede suceder en cualquier momento.

cortesía de carlo fidel

¿Cuáles son tus referentes musicales, literarios y artísticos en general?

Me es dificil hablar de mis referentes, tengo muchos. Hay muchos músicos que me han marcado pero creo que hay algunos que han llegado a calar profundo en mi espiritualidad, te hablaré de algunos de ellos. Silvio Rodríguez llegó en mi niñez, por mi madre, cuando descubrí la guitarra, esta me llevó a la obra de Silvio de inmediato. Despúes, cuando empecé a estudiar con profundidad descubrí la obra de Leo Brouwer. Él fue la introducción a esa parte de la música que es casi críptica para quien no viene de una educacón musical formal, donde el universo tonal desaparece y son otras los medios expresivos para comunicar. Recuerdo que iba de Matanzas a La Habana solo para los conciertos y las clases magistrales de aquellos festivales que organizaba Leo, a veces no tenía claro dónde pasaría la noche, pero lo que sí estaba claro era que tenía que escuchar esas músicas, me seducían.

Otro músico que me ha marcado profundamente es Egberto Gismonti. Gismonti tiene como base de su obra el folclor brasileño, juega con las diferentes formas de su folclor y utiliza elementos provenientes de muchas músicas.

Me gusta mucho Jacob Collier, Marta Valdés, Nick Drake, Damien Rice, Badi Assad, Bartock, Pedro Luis Ferrer y muchos más. En la literatura siento una atracción fuerte por la obra de Digdora Alonso, poeta de mi ciudad, una mujer callada, tranquila. En su obra encuentro la profunda belleza de lo breve, de lo pequeño, de lo inadvertido.

En otras ocasiones has dicho que no sabes qué es lo que te inspira a escribir canciones, en tal caso, sucede que tus períodos creativos son fluctuantes y a veces puedes demorar más de un año en terminar una canción. ¿Qué es lo que más disfrutas dentro de ese proceso creativo? ¿Tienes algún ritual que facilite el acto de concebir tu arte?

Realmente no tengo ninguna rutina para componer. Sí tengo la disciplina de sentarme a trabajar, pero cada encuentro con la guitarra y el papel en blanco es un inicio, un bautismo. Sé que a otros les funciona la rutina para la creación, en mi caso no es así. Precisamente el hecho de variar la manera en que estudio genera ciertas sorpresas que a veces se convierten en canciones.

Me gusta torcer las cosas, abrirlas, tentar el azar, hallar el patrón en lo amorfo, todo esto con absoluto sentido lúdico, que es lo que me permite disfrutarlo a sobremanera. Yo decidí vivir en torno a la música porque me divertí muchísimo con la guitarra en mis manos, eso es lo que persigo siempre, quiero que sea así hasta el final, hasta el último acorde.

En 2019 obtuviste el Primer Premio en el XVIII Festival Internacional de la Canción de Autor Abril para vivir, en Granada. Háblame de la canción galardonada y de esta experiencia.

En realidad fueron dos canciones las premiadas. El festival consistía en enviar dos canciones y luego, si eras seleccionado para la final, defender las dos canciones ante un jurado integrado por músicos y poetas, así no solo es premiada la composición, también lo es la interpretación.

Las canciones premiadas fueron “Frente al Espejo” y “Giselle”, la última canción que había escrito hasta ese momento y la primera, respectivamente. Ambas canciones son bastante exigentes en la guitarra, en el caso de “Frente al Espejo”, tiene pasajes en la voz que también tienen cierta complejidad. La primera es una canción que describe la sensación de tristeza, de depresión profunda, y la segunda es una canción de amor hacia una mujer.

Sé que los premios son solo reconocimientos de acuerdo con las sujetividades de los jurados, pero de algún modo nos hace sentir dichosos, nos legitiman en ciertos ámbitos. Ese concurso me permitió entrar en cierto circuito de la canción de autor en España, conocer a otros cantautores con canciones impresionantes, hacernos amigos. Fue una experiencia maravillosa.

Actualmente cuentas con dos proyectos discográficos: Resiste mi vida y En los brazos del mundo, a la espera del apadrinamiento de algún sello discográfico. Háblanos un poco de ambos proyectos.

Resiste mi vida fue un primer intento de disco. Yo andaba trabajando en la Dirección Provincial de Planificación Física por aquellos tiempos, terminando el servicio social y tenía algunas horas ociosas de escritorio. Aproveché y escribí todos los arreglos de ese disco, me sirvió de mucho porque en el proceso tuve que estudiar bastante, además, tenía la intención de presentarme a las pruebas del ISA por composición (hecho que no pude concretar por no tener título de nivel elemental ni nivel medio), por lo que estaba trabajando realmente duro en el piano y la armonía. Al final el disco no se grabó con las condiciones óptimas de sonido y su factura estuvo bastante lejos de los estándares discográficos. También hubo muchas dificultades en cuestiones de producción, lo que al final terminó manchando un proceso que, por definición, tiene que ser esencialmente de gozo.

El segundo disco, En los brazos del mundo, fue una alegría de principio a fin, con algunos momentos tensos en el proceso, claro, pero eso es normal. En general fue muy gratificante el trabajo de mesa y las sesiones de estudio, lo disfrutamos muchísimo todos los implicados. Repetí la misma experiencia de escribir los arreglos y esta vez no me preocupé por convocar a super músicos, llamé a mis amigos, a los que sabía que se iban a involucrar emocionalmente en el proyecto. Eso es fundamental, porque el resultado del estudio es el trabajo de todos, lo que suena en ese recinto no es propiedad de nadie, es el conjunto y las energías de varias personas, si esas personas lo disfrutan, es muy probable que nazca la belleza. Ahí conté con la participación de un ser extraordinario, Noslen Porrúa, una persona a la que le debo muchísimo, tanto como el hecho de no haber abandonado la música en un momento crucial de mi vida.

cortesía de carlo fidel

¿Cómo armas el cuerpo de tus discos? ¿Es una recopilación de canciones aleatorias, o todas entre sí cuentan fragmentos de una misma historia?

Trato de que exista una conexión delgada entre los temas, implícita. No solo desde lo letrístico, también desde el discurso musical. Me gusta que el disco suene sobrio, que no se convierta en un taller de experimentación. Pero no me puedo resistir a la idea de probar algunas bondades que te permite el estudio. No creo que el disco sea una recopliación de canciones lo más fiel posible a la propuesta en vivo, pero tampoco abogo por el exceso desde el punto de vista orquestal. Siento que debe existir un término medio. En el disco En los brazos del mundo hay arreglos para tríos de cuerda, y percusión, piano solo. Es muy probable que yo no cuente con estos instrumentos en la mayoría de mis presentaciones en vivo, pero tanto en el disco como en vivo la guitarra es eje central de la propuesta, por lo que no creo que exista contradicción.

Has vivido la mayor parte de tu vida en Matanzas, tu ciudad natal y lugar donde resides actualmente, un contexto de una vasta riqueza en las diversas manifestaciones artísticas. ¿En qué medida crees que la condición de ser matancero ha influido en tu obra?

Matanzas es mi lugar. Es a donde pertezco. Creo que existe una conexión, una raíz misteriosa que nos conecta a la tierra que uno identifica como suya. Entre esos rasgos comunes que tenemos Matanzas y yo se encuentran la introspección, ese universo puertas adentro. Imáginate, todos mis comienzos están en sus calles, en su bahía. Puedo vivir en cualquier otro lugar, pero no voy a sentir ese lazo de serenidad que siento cuando estoy en Matanzas, ese “estar a salvo”.

Has estado de gira en España y Argentina, ¿cómo sientes que fue la acogida de tu música en esas latitudes? ¿Estos intercambios culturales que le aportaron a tu obra?

Argentina fue el primer país que visité, he estado dos veces. Es un país maravilloso, existe una cultura de amor profundo por la canción de autor, por el folclor. Imagínate, es un país con una enorme extensión territorial, su riqueza cultural es increíble. Y sucede algo extraordinario, además de tener ese vasto patrimonio musical autóctono han hecho suyo el rock como ningún otro país de Latinoamérica. Fueron pioneros en abordar el rock and roll desde una identidad propia, ahí tenemos a Charly García, el flaco Spinetta, Fito Páez, León Gieco, Pedro Aznar, Soda Estéreo, y muchísimos artistas increíbles.

Mi primer viaje fue una aventura personal, recuerdo que coordiné un par de conciertos y me lancé con la esperanza de encontrar otras oportunidades una vez que estuviera allá, estaba completamente solo. En esa oportunidad conocí de primera mano la dinámica de los cantautores de allá, lo difícil que es para los jóvenes, los peligros tentadores que existen, los desastres del sistema económico, político y social, las bondades. Fue aleccionador.

La segunda vez fue maravilloso. Fui con Noslen Porrúa en una gira coordinada por el Centro Pablo de la Torriente Brau. Tuvimos más de 30 conciertos. Cantamos con Liliana Herrero, compartimos escenario con Peteco Carabajal, Teresa Parodi, algo de ensueño.

En el caso de España fue todo a raíz del concurso. Eso me regaló experiencias tremendas, por ejemplo, cantar en el mítico café madrileño Libertad 8, sentir la energía de ese lugar. Recuerdo que de más jóven miraba videos de Pedro Guerra cantando ahí y pensaba que ojalá un día yo pudiera dar un concierto en ese sitio. Bueno, pasó.

Lo más interesante de la experiencia de viajar a otros países es lo que uno aprende sobre otras realidades, así como la percepción que existe de Cuba en otras latitudes. Es sumamente interesante y aleccionador.

Háblame de Atemporal Trío.

Atemporal trío está integrado por el cantautor Noslen Porrúa, la cantante Jessica Zequeira y yo. Conformamos un repertorio con canciones mías y de Noslen. Hacemos trabajo a tres voces y dos guitarras, fundamentalmente. Nosotros tres tenemos una relación muy cercana, Noslen y Jessica son esa familia que uno escoge. Nos conocemos desde hace varios años y prácticamente no podemos estar un día sin hablarnos. También debo decir que esto no es algo muy común dentro de la canción de autor cubana, salvo el colectivo de La Trovuntivitis en Santa Clara, no ha existido un espíritu fuerte de unión entre cantautores cubanos, al menos en tiempos recientes. Es muy frecuente que los egos aislen a los artistas. Yo he sido víctima de mi propio ego. Pero asumo Atemporal Trío como una manera de contener a ese peligroso animal que debe mantanerse lejos de nuestra vida, tanto en lo personal como en lo artístico.

A finales de 2019 obtuviste el Primer Premio en el certamen Una Canción para Teresita, que convoca el Centro Pablo de la Torriente Brau. Háblanos de esta sorpresa.

Concursé con una canción titulada Nostalgia cuya temática central es la mirada que puede tener un adulto hacia su niñez. De las canciones que he escrito, es una de las que más quiero. En su estructura es arriesgada, tiene una sección instrumental bastante dilatada al final y transita por caminos armónicos poco comunes, realmente me sorprendió que el jurado tomara en cuenta una canción como esta para el primer premio.

Un valor agregado del concurso fue participar en el concierto final. Sentí una energía hermosísima en el tan querido Patio de las Yagrumas del Centro Pablo de la Torriente Brau. El lugar estaba lleno de público y al final todos terminamos con una canción de Teresita, los niños presentes se sumaron al escenario y todo el público cantó. Fue un tributo verdaderamente amoroso.

Recientemente grabaste tu primer video clip “En los brazos del mundo” ¿Qué importancia le confieres al audiovisual dentro de la promoción de la obra de un cantautor? ¿Te sientes conforme con el resultado final? 

El mundo de hoy es esencialmente para mirar. Gran parte del contenido que se genera va orientado primero hacia lo visual. No creo que que sea algo negativo, simplemente es así y eso nos obliga a dominar ciertos códigos y herramientas. En mi caso asumo el video clip como un medio expresivo más, no creo que sea una simple herramienta de promosión para el músico.

Me gusta que la visualidad de mi obra tenga mucho de arte, y utilice criterios estéticos creativos. Para este clip le di la libertad al director, Leomar González, de construir una visualidad a partir de su propia interpretación de la canción, muchas cosas cambiaron a partir de la primera propuesta de él, pero al final ambos estuvimos conforme con el resultado.

Fuiste semifinalista del concurso International Songwriting Competition, con la canción No se hablará. Háblame de esta experiencia. ¿Qué importancia le confieres a los concursos y festivales dentro de la carrera de un joven cantautor?

La participación en concursos es algo que he ido descubriendo sobre la marcha. Creo que es una manera de dar a conocer mi trabajo y que llegue a otro de público. También es una manera de incertarse en ciertos ámbitos que son vedados para artistas noveles que no gozan de un círculo de amistades influyentes. Ayudan a que la gente se fije más en la obra, aunque resulta un poco incómodo cuando solo te conocen por el premio, pues es un hecho que el arte muchas veces está contaminado por una jerarquización absurda.

¿Cuál crees que sea la misión del cantautor en estos tiempos?

No me creo una voz autorizada para hablar por todos los cantautores, mucho menos en términos de misión o cuaquier tipo de compromiso estético. Sí puedo hablar de mi próposito. Yo necesito ser sincero, ser real, urgar siempre hasta la última fibra de mi esencia y estar atento a todo lo que sucede fuera, para luego devolver un testimonio, un soplo de amor que vaya directo a la sensibilidad de quien me escucha. Si en algún momento he logrado conmover, entonces en ese instante se ha cumplido mi propósito en este mundo.

¿Dentro del contexto musical, qué experiencias te gustaría vivir, algún sueño por cumplir?

La próxima canción. Siempre. Ese es el sueño más grande. Tengo otros “pequeños sueños que también ayudan a vivir”, pero la próxima canción siempre será mi siguiente proyecto a corto o largo plazo.

¿Qué rasgos crees que identifican a Carlo Fidel?

Siempre me resulta difícil hablar de mí. Creo que lo que más me distingue es la inagotable búsqueda de la belleza. Eso, la belleza real, la que obliga a crecer, la que duele.


Convocan al XXV Premio de Poesía La Gaceta de Cuba

El Consejo Editorial de La Gaceta de Cuba, con el auspicio de la Corporación de Arte y Poesía Prometeo, convoca al XXV Premio de Poesía La Gaceta de Cuba.

Podrán participar los escritores y artistas cubanos, residentes en el país, sean miembros o no de la UNEAC, y sin límite de edad.

Igualmente, se concursará con uno o varios poemas de tema libre, cuya extensión no exceda los doscientos versos.

Las obras deberán ser totalmente inéditas, no tener compromiso de publicación, ni estar concursando en otro certamen.

Podrán ser enviadas por correo electrónico, en formato Word o PDF, a la dirección arturango@gmail.com, acompañadas de los datos del autor.

Los trabajos se recibirán hasta el lunes 18 de mayo del 2020.

El fallo del jurado se dará a conocer en junio del 2020.