Eros


Inaugura AHS exposición alegórica a siglos pasados

Una remembranza al quehacer pictórico de siglos pasados, especialmente a los estilos barroco y manierismo, realiza la exposición Cacofonía, del artista de la plástica Ignacio Alejandro Rodés Mederos, que fue inaugurada la víspera en la sede tunera de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

A través de 12 piezas, el autor nos acerca a representaciones de artistas con una labor notoria en las artes visuales, como son el nerlandés Rembrandt Harmenszoon van Rijn, el español José de Ribera y el italiano Michelangelo Merisi de Caravaggio, tres exponentes del barroco, movimiento cultural y artístico que se desarrolló en Europa y sus colonias americanas entre el siglo XVI y XVIII.

Por su parte, el manierismo surgió en Italia a comienzos del siglo XVI y se caracterizó por la abundancia de formas difíciles y poco naturales.

Ignacio trabaja mayormente en esos cuadros las técnicas del óleo sobre lienzo y el óleo sobre tabla, aunque también hay dos “frutos” de arte digital, abordados desde la manipulación. Él reinterpreta las obras del período clásico y les aporta elementos de la modernidad, aunque en algunos casos los cambios son más visibles que en otros, tal fue su intención.

“Estas piezas nacieron poco a poco durante un año. Mi formación no es de academia y esta es una forma de aprender, pues estudio con los maestros del pasado. A las intervenciones que hago las llamo ‘cacofonías’. Me gusta tratar de modificar obras que ya están aprobadas y son cumbres del arte occidental”, dijo el hacedor de la muestra.

“Ahora lo que me interesa es crear un objeto de representación, pero más adelante pienso experimentar con otros tópicos y técnicas. El que pretenda ser artista debe estar en un constante crecimiento. Quiero ampliar los formatos; usar modelos reales para la representación, sin abandonar por ello este método de estudio y trabajar mucho para perfeccionar mi quehacer”, añadió el creador.

Cacofonía es un viaje al pasado, un boleto cultural en el que ganamos en conocimiento y apreciación estética, una excelente opción para este verano.


Animal de otra raza: Eros con nosotros

«Que llueva la carne palpitante. Jadea, carne. Llora. ¡Reza!». De este modo, con este mantra o urgencia, terminan los once cuentos que propone Maribel Feliú en esta especie de autoantología eminentemente erótica. Y aunque este ensalmo puede llamar por sí solo la atención, y serviría acaso como mínimo botón de muestra, sería demasiado breve e imperfecto: la poiesis erótica de Maribel Feliú es más que una mera y desenfrenada invitación al aquelarre. La narrativa de Maribel parte de un secreto y hondo conocimiento del goce, descrito sí, ficcionado también, pero vivido desde una personalísima experiencia. Y por ello no teme aventurarse, casi con saña, en temas como la zoofilia o la pedofilia con pulso firme. Un pulso que además maneja con poder la palabra, sin excesivo temor por lo que pudiera parecer procaz. Maribel ha conocido las aguas del cuerpo, del íntimo y propio, y sabe que nada hay más puro y hermoso que beber de ellas sin atavismos.

He dicho poiesis erótica, términos que difícilmente serían complementarios, pero en la obra de Feliú son un arma más filosa aún que cualquier situación, por escabrosa que pareciera. La insinuación de una imagen poética, sombras que adelantan el filo de lo no revelado, de una sustancia que palpita y fluye secretamente hasta derramarse, acompaña buena parte de su obra potenciando sus efectos de seducción. También el juego está presente, circulando aparte de sus cuentos. Juega con lo simbólico sexual, que puede venir desde el título de una canción, hasta la trama misma donde lo que se cuenta es codificado a través de esos símbolos en una trasmigración, nuevamente, poética.

Animal de otra raza es, si se quiere pues, un libro peligroso. Peligroso para los pacatos y temerosos, pues ciertamente el animal descrito aquí es fiero y dulce, y habita en cada uno de nosotros. Su liberación está signada por el más puro y natural goce vital. Una raza auténtica de quienes hacen de él una victoria continua y que, de seguro, no quedarán impávidos ante la lectura de este itinerario del placer, peligroso y torturante a veces, pero descritos con una precisa dosis de sensible voluptuosidad.