Eliseo Diego


Maylan y el amor a la literatura (+VIDEO)

La literatura, la edición y el periodismo se entrelazan en la vida de una mujer con alma de ángel. Maylan Álvarez Rodríguez es miembro del colectivo de Ediciones Matanzas y dueña de una modestia que gratifica al interlocutor.

Galardonada con premios como el Calendario de Poesía 2011, con su libro Naufragios del San Andrés, Maylan no cesa su creación literaria.

“Acabo de terminar mi tercera novela para niños, que fue la primera que comencé a escribir y he estado en su revisión. Hace ocho años obtuve la beca La Noche con el libro titulado Historias de bichos o como se permuta de ciudad Papiro. Es un divertimento, más que para niños, para adolescentes, y espero que pronto salga a la luz. Esta historia, ambientada entre insectos, con estrecha relación con la realidad humana, posee tintes ecológicos, de socialización y ayuda al prójimo”.

Autora de títulos como El mundo de Marcos, Otras lecturas del cuerpo y el testimonio La callada molienda, la escritora expande su obra en medio del aislamiento social provocado por la pandemia de la COVID-19.

“Cerré un poemario ambientado en mi natal Unión de Reyes, con historias de mis padres, mis historias guajiras. Y también he estado leyendo nuevos autores y releyendo otros grandes como Gabriel García Márquez”, añadió la creadora.

La labor de edición requiere de un dominio exquisito del idioma español y de las técnicas literarias. Álvarez Rodríguez hace uso de ambos recursos con los que cuenta para continuar con esta tarea desde casa.

“Estoy trabajando una obra de una joven escritora habanera llamada Taime Diéguez Mayo, merecedora del premio Milanés en la pasada edición en Matanzas. También estoy en ciernes con un libro maravilloso del matancero Aramís Quintero, dedicado a la Seña del Humor. Será un homenaje a un periodo fructífero del humor en Matanzas e incluirá fotos de la época que hará recordar a los yumurinos lo bien que lo pasaban con esta agrupación humorística durante la década de los 80”.

Maylan y el amor a la literatura

Foto: David Ávalos

Sobre su función como editora de la revista Matanzas, Maylan comenta: “De conjunto con su director Alfredo Zaldívar y Yanira Marimón, jefa de redacción, estoy trabajando este número dedicado al centenario del nacimiento de Eliseo Diego. Contiene un grupo de artículos inéditos que pienso satisfarán la curiosidad de nuevas generaciones que tal vez no conozcan a un escritor tan cubano como Eliseo Diego. El nuevo número permitirá recordar poemas y textos narrativos de este gran artista”.

Perteneciente a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Maylan coloca en cada obra su tesón y también un pedazo de su alma.

FRAGMENTO DE NAUFRAGIOS DEL SAN ANDRÉS

Mi casa está en la calle Final, pero el cartero

suele confundirse y añadir -por prudencia-

que vivo al lado del cementerio, muy cerca del río

San Andrés.

Los muertos de este pueblo hablan. Y mi cama se

orienta hacia el Norte, allí donde asechan, ajenos

A todo, excepto al escándalo que les precede.


La joven Luz con Eliseo Diego

Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, celebra el centenario del importante escritor cubano Eliseo Diego, a conmemorarse este 2 de julio, con un amplio programa de lecturas de poesía online, desde diversas plataformas digitales.

Esta jornada, hasta el próximo día seis, destaca por presentar y fundir en un mismo espacio nuevas y consagradas voces de la poesía cubana, asegura Luis Yuseff, editor jefe de La Luz.

“Durante estos días, explicó, se compartirá en el perfil en Facebook de la editorial y otras redes sociales, el audiolibro El brillo de la superficie, compilación poética del holguinero Delfín Prats, Maestro de Juventudes de la AHS, del realizador audiovisual Pablo Guerra.”

También se socializarán textos recogidos en la antología La isla en versos. Nuevas voces. Poesía Cubana, con importantes exponentes del género contemporáneo en Cuba, entre ellos Liudmila Quincoses, Adalberto Santos, Frank Castell y Yunier Riquenes.

La joven luz: entrada de emergencias. Selección de poetas en Holguín, reciente audiolibro compilado por Norge Luis Labrada y realizado por Héctor Ochoa, se presentará también como una de las novedades editoriales de La Luz dedicadas a la lírica. “Así los usuarios e internautas podrán disfrutar las jóvenes voces poéticas de Erian Peña Pupo, Alejandro Batista, Reynaldo Zaldívar, Ana García y José Luis Laguarda”, añadió.

De esta manera, La Luz recuerda la obra y la impronta en las recientes promociones de escritores de Eliseo Diego, Premio Nacional de Literatura en 1986, y quien sobresale en la literatura cubana por la lírica de su obra, donde descolló con una poética siempre entintada de relatos oníricos que se entremezclan con la realidad, y tratando temas como la trascendencia a pesar de la muerte o la soledad.

A Eliseo se le deben también traducciones y versiones de las más importantes figuras de la lírica y la literatura infantil en el mundo; y entre sus textos más conocidos se encuentran En la calzada de Jesús del Monte, Por los extraños pueblos, Libro de quizás y de quién sabe y Poemas al margen.


Eliseo Diego en la inmensidad de las pequeñas cosas

Este año celebramos el centenario de Eliseo Diego, uno los autores más importantes del corpus literario cubano y, añaden los investigadores, entre los grandes poetas en lengua española.

Eliseo, quien nació en La Habana el 2 de julio de 1920 y falleció en México, el 1 de marzo de 1994, supo calar profusamente lo que Cintio Vitier llamó “lo cubano en la poesía”, y como pocos, su obra ha ganado, según pasan los años, en vigencia y actualidad, al punto de influir en hornadas de jóvenes escritores que ven en el autor de Por los extraños pueblos, Inventario de asombros y El oscuro esplendor una de los altas cimas de la literatura cubana de todos los tiempos.

La obra de Eliseo Diego está influida, de una parte, por el mundo de su infancia, experimentado como paraíso perdido –ausencia que viene a sumarse para este escritor católico a aquella primera del Edén–, y de otra parte, a su temprana y total participación en el grupo Orígenes, esa familia que formaron en torno a la figura paterna, absoluta, de José Lezama Lima: Eliseo Diego y Cintio Vitier y sus respectivas esposas Bella y Fina García Marruz, Octavio Smith, Agustín Pi, el padre Ángel Gaztelu, Cleva Solís, Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, los músicos Julián Orbón y José Ardevol, los pintores Roberto Diago, Mariano Rodríguez y René Portocarrero, el escultor Alfredo Lozano, y el mecenas y coeditor de la revista Orígenes, José (Pepe) Rodríguez Feo (revista en la que colaborara en sus inicios Virgilio Piñera).

Sus primeros libros fueron en prosa: En las oscuras manos del olvido (1942) y Divertimentos (1946). Este último destila su apasionada lectura a los cuentos de Perrault, Andersen, los hermanos Grimm, Dickens, Stevenson y Lewis Carroll, entre otros, libros que lo acompañaron asiduamente desde su niñez; y está integrado por pequeños textos de temas diversos que forman, según Vitier, “un encaje, postales de viejas playas mordidas de irrealidad, miniaturas de aire y terror”. Con estas narraciones de carácter alegórico o sobrenatural, Eliseo exorciza los miedos de la infancia, mientras hace volar la fantasía por los reinos de la magia y la ensoñación.

Sin embargo, se consideró, sobre todo, poeta: “Soy de oficio, poeta, es decir, un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en versos. Y lo hago, no por vanidad, ni por el deseo de brillar o qué se yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas”, dijo en una ocasión. Después de Divertimentos, publicó en 1949, también por Ediciones Orígenes, su primer libro de poesía, En la Calzada de Jesús del Monte, texto decisivo de su trayectoria poética, que representó el deseo de Eliseo por acercarse, con sus propios y diría él, pobres medios, y desde una perspectiva estética muy diferente, a esa “rauda cetrería de metáforas” que, según el padre Gaztelu, era “Muerte de Narciso”, de Lezama Lima. Si Lezama en el primer verso de ese poema (“Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo”) se transportaba al mítico pasado de la estirpe humana, y abrió la “otra escena del orden simbólico”, Eliseo Diego, desde el primer verso de su libro (“En la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte donde la demasiada luz forma otras paredes con el polvo”) sacaba del anonimato a aquella vía habanera que le servía habitualmente de trampolín para saltar al paraíso perdido de la infancia y de la historia de sus antepasados, situándose en un no-tiempo compuesto de un pretérito donde predomina la añoranza y la memoria.

El “Primer discurso” de este poemario –escribe Lezama– “era un precioso y sorprendente regalo, suficiente para llenar la tarde con aquella palabra que nacía para uno de los más opulentamente sobrios destinos poéticos que hemos tenido. Fue más que suficiente para que todos nos diéramos cuenta del verbo que nacía y que se imponía por la necesidad de su escritura. (…) Desde los primeros versos ese más bien enorme, le daba una peculiar dimensión a la Calzada que la inundaba totalmente con las luces de un nacimiento”. Y más adelante añade Lezama Lima en las notas que sobre Eliseo incluyera en la antología Una fiesta innombrable: “Hoy la generación de Orígenes y la poesía cubana muestran como uno de sus esplendores En la Calzada de Jesús del Monte y a su autor como una de sus más logradas cimas poéticas”.

Mario Benedetti escribiría tiempo después que “En la Calzada… es un libro fundamental, ejemplar en más de un sentido, y considero que, en la irradiación a las más jóvenes promociones cubanas, su lección de autenticidad es verdaderamente inapreciable”. Mientras María Zambrano celebrara su poesía, que permite “prestar el alma, la propia y única alma, a las cosas para que en ellas se mantengan en un claro orden, para que encuentren la anchura del espacio y el tiempo, todo el tiempo que necesitan para ser y que en la vida no se les concede”.

Además de los mencionados, Eliseo Diego publicó otros textos, como Muestrario del Mundo o Libro de las Maravillas de Boloña, A través de mi espejo, Soñar despierto, Cuatro de Oros, Poemas al margen, En otro reino frágil, Noticias de la Quimera, y Libro de quizás y de quién sabe.

Su labor intelectual lo llevó, además, por varios caminos: el ensayo, la pedagogía y las traducciones. En Conversación con los difuntos, reeditado por Ediciones Holguín, en 2016, Eliseo reunió sus diálogos poéticos con varios de sus amigos muertos, mediante la traducción literaria; esos que le hablaban desde las páginas de un libro, a través de la poesía. Así tradujo la obra 12 poetas de habla inglesa que, en varios momentos de su vida, conversaron y acompañaron, como tutelares resguardos, su existir cotidiano: Andrew Marvell, Thomas Gray, Joseph Blanco White, Robert Browning, Coventry Patmore, Ernest Dowson, Rudyard Kipling, G. K. Chesterton, Walter de la Mare, Edna St. Vincent Millay, William Butler Yeats y Langston Hughes.

En las últimas décadas de su vida, Eliseo recibió numerosos reconocimientos y vio su poesía publicada y reeditada: viajó a varios países, donde participó en encuentros y festivales, impartió conferencias, recibió reconocimientos y vio publicada su obra, como la Unión Soviética, Hungría, Suecia, Bulgaria, Nicaragua, Estados Unidos, España, México, Perú, Inglaterra, Colombia, entre otros.

En Moscú le otorgan el Premio Máximo Gorki por sus versiones al español de poemas de grandes escritores rusos; devela una tarja dedicada a Heredia en las Cataratas del Niágara, Canadá; la Casa de las Américas edita un disco, en su colección Palabra de esta América, con 20 poemas leídos en su voz; recibe la Orden Félix Varela de Primer Grado que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba; obtiene varias veces el Premio de la Crítica; en Bogotá, recibe el Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Valle en Cali, la Distinción Gaspar Melchor de Jovellanos que otorga la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba, y el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, otorgado con fallo unánime por diferentes instituciones económicas y culturales mexicanas, y que anteriormente recibieron Nicanor Parra y Juan José Arreola. En 1986 recibió el Premio Nacional de Literatura, junto a José Soler Puig y José Antonio Portuondo. Falleció a consecuencia de un infarto del miocardio vinculado a un edema pulmonar agudo. Al conocer la noticia, Octavio Paz dijo: “Solo faltaba la muerte a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la Literatura Latinoamericana”. Fue enterrado en el Cementerio de Colón, en su Habana natal, muy cerca de la tumba de su amigo Lezama Lima.

Eliseo Diego, “uno de los más grandes poetas de la lengua castellana”, nos recuerda Gabriel García Márquez, trasmitió en las formas breves –esos diminutos “fuegos vagabundos”, dijo Octavio Paz– la inexorable fugacidad de la vida y el carácter fragmentario de la memoria: la infancia, los antepasados, la ciudad y la familia, pero también el olvido, la pérdida, la muerte y su silencio final, que constituyen motores fundamentales de su escritura. Él insistió, como un padre prudente y sabio, que la poesía acompañara nuestros días. Dejémosle entrar entonces, conversemos con el necesario amigo Eliseo, bajo la luz eterna de la poesía y la mirada del poeta, con la seguridad de que “un poema no es más/que una conversación en la penumbra/ del horno viejo, cuando ya/ todos se han ido, y cruje/ afuera el hondo bosque; un poema/ no es más que unas palabras/ que uno ha querido, y cambian/ de sitio con el tiempo, y ya/ no son más que una mancha, una/ esperanza indecible;/ un poema no es más/ que la felicidad, que una conversación/ en la penumbra, que todo/ cuanto se ha ido, y ya/ es silencio”.


Recuerdan en Cuba a Eliseo Diego a centenario de su natalicio

El Ministerio de Cultura de Cuba (Mincult) organizó un programa de homenaje a propósito del centenario del natalicio del escritor Eliseo Diego, a celebrarse el 2 de julio, informó hoy la institución.

Por la fecha instituciones culturales cubanas desarrollarán acciones relacionadas con la vida y obra del Premio Nacional de Literatura 1986.

La Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), el Instituto Cubano del Libro, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Asociación Hermanos Saíz, y el Centro Cultural Dulce María Loynaz, figuran entre las instituciones promotoras del homenaje.

De acuerdo con el Mincult la celebración de la fecha consiste principalmente en la publicación de la obra, documentos y fotos de Diego en las redes sociales.

La BNJM publicará un dossier y la revista cultural La Jiribilla dedicará su número de la próxima semana al notable intelectual cubano, y el propio 2 de julio se colocará una tarja en su casa natal, en esta capital.

El día del aniversario tendrá lugar en BNJM un acto en el que intervendrán poetas, actores, estudiosos de la obra de Diego y trovadores, además se proyectarán audiovisuales y se inaugurará una exposición bibliográfica.

También el proyecto Cubapoesía convoca a un mitin poético al que confirmaron su participación intelectuales de diversos puntos del orbe.

De igual manera fuera de Cuba se recordará al ganador del Premio de Literatura Juan Rulfo 1993, iniciativa en la que destaca la organizada por la Universidad de La Sapienza, en Roma, Italia.

Diego es considerado una de las figuras más importantes de la literatura cubana, en especial de la poesía, manifestación a la que pertenece su libro En la calzada de Jesús del Monte, aunque también cultivó con éxito el ensayo y la prosa.


Ray Bradbury por los extraños pueblos

Fue en 1991, en España, cuando probablemente los cubanos tuvimos más cerca a Ray Bradbury (uno de esos años en que la vida nacional cobró los tintes casi posapocalípticos de sus historias). Entonces Eliseo Diego estrechó las manos –y quiero pensar que abrazó– al autor de Crónicas marcianas. Pero poco sabemos de ese encuentro, salvo que habían sostenido una estrecha correspondencia años antes y que, en ese momento, ambos tenían la misma edad, 71 años.

Eliseo Diego era un fabulador irremediable. Ya Divertimentos, su segundo libro, fechado en 1946, destila sus apasionadas lecturas de Perrault, Andersen, los hermanos Grimm, Dickens, Stevenson y Lewis Carroll, entre otros autores que lo acompañaron asiduamente desde su niñez. Con esas narraciones de carácter alegórico o sobrenatural, Eliseo exorciza los miedos de la infancia; hace volar la fantasía por los reinos de la ensoñación y la magia. Eliseo Diego, «uno de los más grandes poetas de la lengua castellana», nos recuerda Gabriel García Márquez, trasmitió en las formas breves —esos diminutos «fuegos vagabundos», según Octavio Paz—la inexorable fugacidad de la vida y el carácter fragmentario de la memoria: la infancia, los antepasados, la ciudad y la familia, pero también el olvido, la pérdida, la muerte y su silencio, que constituyen motores fundamentales de su escritura. Por eso no es extraño que, amante también de la literatura en lengua inglesa, haya quedado prendido de la obra del estadounidense nacido en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920, y que, con solo 30 años, escribió Crónicas marcianas, un libro que se convirtió al instante en todo un clásico.

Similares temas asediaron a Bradbury: la memoria, la pérdida, la muerte, la colonización de una raza o un pueblo por otro supuestamente superior, el fin de la cultura y con ella, el de la literatura… A veces –ahora mismo– he creído que Crónicas marcianas puede prescindir de Marte y sus habitantes, incluso puede hacerlo de los viajes interespaciales, de la colonización humana del planeta rojo… Y no perdería su esencia, su amplia «condición humana», su fuerte «realidad». ¿Por qué? Porque todo eso es una excusa de Bradbury para hablar de nosotros mismos. El hombre frente al hombre desbastándolo todo. Las arañas de Marte, los barcos de arena, y los canales de vino, no hacen más que hablar de nosotros; de los celos, el racismo, la soledad y la nostalgia, el arraigo y el deseo de exploración. El «escenario» fue Marte, pero bien pudo ser el oeste estadounidense y el despojo de las tierras ancestrales de los habitantes de esa región del país hasta reducirlos a «reservas», o la lenta y terrible colonización —él mismo escribió del tema— del continente americano por los europeos, o el racismo y la discriminación diaria… Un sustrato humanista, una condensación del mito, florece en Crónicas marcianas, al punto de que él mismo aseguró no ser un escritor de ciencia ficción, sino de un «estilo poético».

Bradbury mismo se preguntó: «¿Cómo es posible que Crónicas marcianas se reconozca tan a menudo como ciencia ficción? No encaja con esa descripción. (…) Entonces, ¿qué es Crónicas marcianas? Es el rey Tut salido de su tumba cuando yo tenía tres años, las Eddas nórdicas cuando tenía seis, y los dioses griegos y romanos que me cortejaron a los diez: puro mito», dijo.

Por otra parte, sus cuentos contienen, de forma seminal, casi todos los subgéneros fantásticos: «Los hombres de la Tierra» es un cuento kafkiano; y «La tercera expedición» esconde el germen del futuro «realismo mágico» (quizás sembrado por Faulkner en Bradbury). «Aunque siga brillando la luna» hunde sus raíces en el romanticismo inglés (su título parte de un poema de Lord Byron) para hablar de civilizaciones extraterrestres desaparecidas hace milenios y la conservación de su legado arqueológico (un tema recurrente en la actual space opera). «La mañana verde» expone de forma germinal la «terraformación» de Marte; «Encuentro nocturno» habla de universos paralelos con un lirismo pocas veces alcanzado; «Un camino a través del aire» es un cuento realista sobre el racismo a principios de siglo, en el que algunas pinceladas fantásticas enfatizan la tragedia social; y «Usher II» (además de ser un evidente homenaje a la obra de Poe) es un ejercicio distópico, incluso una suerte de esbozo de Fahrenheit 451. En «El marciano» (entre otras cosas) está el germen de los debates filosóficos propiciados por «los visitantes» en Solaris, del polaco Stanisław Lem. «Los pueblos silenciosos» es una ácida sátira sobre la soledad en un escenario «posapocalíptico», y «Vendrán lluvias suaves» una reflexión sobre un mundo posthumano. Mientras «Los largos años», con un costumbrismo casi naíf, aborda las relaciones entre seres humanos e inteligencias artificiales; y aunque su formalización es embrionaria, sus temas son similares a los que han planteado este tipo de historias a lo largo de los años y del apogeo de la ciencia ficción.

Borges, en el prólogo a la traducción al español de Crónicas marcianas, escribió que «en este libro de apariencia fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad… (…) ha preferido (sin proponérselo, tal vez, y por secreta inspiración de su genio) un tono elegíaco. Los marcianos, que al principio del libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilación los alcanza. Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo –que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena».

Más allá de las aventuras, el misterio y la siempre búsqueda del mito, sabemos que Eliseo admiró la ciencia ficción.Y que llegó a escribirse con Bradbury. En cierta ocasión escribió que tuvo una «sincera admiración por escritores como H. G. Wells y C.S. Lewis, y por supuesto por Ray Bradbury, que han escrito obras de las llamadas de ciencia ficción», pero que con este género le ocurría «lo que con la niñita de cierta rima no sé si inglesa o norteamericana, y que una apresurada traducción diría así: Había una vez una niñita/ que tenía un ricito/ justo en el medio de la frente./ Cuando era buena/ era muy, pero muy buena,/ y cuando era mala/ era horrenda».

En un cuadernillo, titulado «Sobre los viajes al espacio exterior», Eliseo reunió varios poemas inspirado por sus lecturas del género y «con las vistas de la Luna tomadas por los astronautas norteamericanos». «Ya la luna no sería más la que veían o imaginaban nuestros abuelos. ¿Cómo sería, entonces, el mundo que se abriría a los ojos de nuestros descendientes?», añadió.

Aquí incluyó los poemas «Ascensión», «Madre tierra», «A través del espejo», «Hacia los astros», «Constelaciones» y «Ascuas» (dedicado a Bradbury, y dialogantes con la narrativa poética del autor de Fahrenheit 451). En ellos abordó temas como el espacio, las constelaciones, la luna, los viajes espaciales, la pequeñez del hombre en el universo… Atrás, por fin, está la madre Tierra en su conmovedora pequeñez: por fin la vemos toda: sus orillas nos caben en los ojos: es apenas como una linda bola nada más. Y hay algo en ella de azorada, de vieja que se turba como si fuese de saber que la vemos así, que nos da lástima que se nos pueda, un día, morir («Madre tierra»).

En otro de sus poemas (en «Desde la eternidad») nos habla de las «diminutas dichas», entre ellas:

  • La luz de la mañana.
  • La luz de la tarde.
  • El trueno que nos despierta en la noche.
  • La lluvia que nos arrulla nuevamente.
  • Las estrellas a las que les cantaba Ray Bradbury.
  • El viento en la cara, una boca en otra boca, una mano en otra mano…

Con el autor de El vino del estío dialoga en «Ascua», que fuera incluido además en Poemas al margen:

A Ray Bradbury

  • Todo se aviene, ves, a un punto de oro:
  • el mar color de bronce, el bosque oscuro
  • y el unicornio y leviatán fundidos
  • en un copo de fuego, un ascua pura
  • en medio del abismo.
  • Cómo pueden
  • los astronautas regresar un día
  • desde lo enorme a la minucia
  • innumerable de la hierba.
  • Quién
  • sabrá el camino al tiempo del rocío.

Ambos confiaron en el mito y la imaginación, pero también en el hombre. «La ciencia y las máquinas pueden anularse mutuamente o ser reemplazadas. El mito, visto en espejos, permanece», escribió el autor de El hombre ilustrado. Ambos, cuyos centenarios celebramos este 2020 —Eliseo un poco antes, el 2 de julio; Bradbury más de un mes después, el 22 de agosto—poblaron sus historias con una mirada poética y melancólica que nos sobrecogen aun y que, imagino, predominó en aquel encuentro español en 1991 entre estos dos grandes autores.


Premios Calendario: Poder de la letra joven (+Fotos)

Muchos volvemos a las páginas durante estas jornadas de coronavirus y aislamiento, conscientes de que la literatura también salva, con su poder para cultivar el espíritu, transmitir conocimientos y hacernos soñar. Decenas de autores ahora mismo escriben en sus casas, conforman mundos con mezclas de fantasía y realidad. Seguramente en el futuro tendremos libros, nacidos durante esta etapa de temores y esperanza, que conquistarán concursos y llegarán a nuestras manos con el encanto de lo auténtico.

Los textos ganadores del premio Calendario, uno de los más importantes en Cuba, siempre son buenas opciones para adentrarnos en lo mejor de la literatura de jóvenes en el país. Hoy les proponemos acercarnos a varios que tal vez ya usted adquirió en las ferias del libro del 2019 ó el 2020, o puede encontrar en diferentes librerías. Todos fueron publicados por la Casa Editora Abril y sus autores son miembros de la Asociación Hermanos Saíz. Estas son obras con el poder de lo atrevido y el talento, pasos de quienes desean crecer siempre.

Leidy González es una de las autoras jóvenes que da pasos importantes en el panorama literario de Cuba.

HÉROES MÁS HUMANOS

El mensajero (2020), escrito por la villaclareña Leidy González Amador, tiene el encanto de lo ágil y preciso, el humor y la historia. Narra las peripecias de un niño llamado Manu Tejeda, hijo de un mambí a las órdenes de Antonio Maceo, que murió como consecuencia de heridas de guerra. El pequeño, delgado y algo “entrometido”, también se suma a las tropas insurrectas empeñado en cumplir la voluntad de su padre.

El infante, fruto de la imaginación de la autora, al igual que otros personajes como Julián Planazo y el negro Cebiche, nos muestra su visión de sucesos y hombres reales de la contienda de 1895, como el propio Maceo, Quintín Banderas, Máximo Gómez y Panchito Gómez.

Ahí va él, caminando entre los demás, lleva cartas como mensajero, siente hambre, cansancio, pero sigue en la invasión hacia Occidente, disfruta las anécdotas y bromas de los más viejos, prueba el aguardiente, es curado con hiervas de una herida en la pierna, pierde a su mejor amigo en la manigua, tiene dolor y orgullo…

González Amador, ganadora también de los premios nacionales Hermanos Loynaz 2013 y 2017; Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2015; Eliseo Diego (2016), Fundación de la Ciudad Fernandina de Jagua 2017 e Ismaelillo 2019, vuelve a demostrar su fuerza como escritora, a pesar de tener solo 31 años de edad.

Los lectores cubanos, especialmente los infantes, necesitarán siempre de propuestas literarias como esta. Ojalá El mensajero, texto para pequeños y adultos, esté en las escuelas primarias, tenga una versión digital suficientemente atractiva y pase también a la vida como audiolibro, con la certeza de que en las creaciones más recientes de la narrativa cubana hay personajes con suficiente fuerza para encantar a los más pequeños y ser referentes muy autóctonos y atractivos.

LAS LÍNEAS Y LA VIDA

Elizabeth Reynosa /Foto: AHS

Portada del libro Líneas de tiempo..

Publicada también en el año 2020, la novela Líneas de tiempo, de la granmense Elizabeth Reinosa nos hace reflexionar sobre el significado de la vida misma, en la cual hay tristezas, anhelos y desesperanzas.

Compuesta por 82 páginas, presenta cuatro capítulos o líneas, denominadas Infancia (1939-1955), Juventud (1956-1970), Adultez (1971-2000) y Vejez (2001-2016), con una armónica narración que presenta relatos breves. Desde Patio (1943), fecha en la cual asumimos que el personaje protagónico tenía cuatro años, hasta Retrospectiva (2016), el lector encuentra sufrimiento, miedos, golpes, sueños y también dolor y pesimismo, como en Estragos (1978), con la certeza de que “…la felicidad solo dura unos minutos…”.

Como expresó Rafael de Águila, integrante del jurado que otorgó el Calendario de Narrativa en 2019 junto a Francisco López Sacha y Ahmel Echevarría, Líneas del tiempo es “rotunda, dura, telúrica, viñética, angustiosa, escrita como a zarpazos tristes”.

Reinosa Aliaga consigue una especie de doble sentido entre el título general, los de los capítulos, las partes de la narración y el ferrocarril y los trenes, pues estos dos últimos elementos atraen a su personaje desde la niñez, un ser que no tiene apellidos ni es ubicado en ciudad o poblado específico.

El lugar de los sucesos pudiera ser cualquiera, pero se siente mucho el sabor a Cuba, el ambiente de este país y el vínculo con algunos hechos de la historia nacional, incluidos Balseros (1994) y Presagios (1998). Esta es la vida de un hombre, que pudiera transcurrir en etapas sin definir, más allá de los años marcados. En su estilo preciso y limpio, la novela tiene también poesía; sin dudas una obra que despierta sensaciones agradables durante y después de su lectura.

UN LIBRO PARA CORREGIR

Un sistema inventado para corregir: El discurso penitenciario y la prisión en la Cuba decimonónica (2020), del joven licenciado en Derecho Adrián Jesús Cabrera Bibilonia es sin dudas una obra interesante.

Ganador del Calendario en la categoría de Ensayo, posee un estilo coloquial y tiene de literatura en cuanto a estilo, a pesar de la hondura de sus exposiciones y análisis.

Según las palabras del propio autor, profundiza en la manera en que la prisión logró su existencia, la necesidad de crear espacios de encierro para moralizar y corregir. O lo que es lo mismo: el nacimiento de un fundamento de por qué el estado moderno puede y debe castigar: la “corrección del delincuente”. Que es, además, un fundamento perfectamente reconocible en la contemporaneidad.

Nacido en La Habana en 1994, Cabrera Bibilonia estudia temas penitenciarios desde su etapa como alumno en la Universidad de La Habana, con una visión más cercana a lo humano y lo social. Para él, “un libro siempre debe tener como máxima transformar comportamientos cotidianos”, por eso considera esencial transcender el campo académico y calar en las personas.

MUNDO DE ROMPIMIENTOS

Cuando despiertes (2018), del también habanero Daniel Burguet es indudablemente una propuesta bien lograda en cuanto a formas y contenidos.

Constituida por 88 páginas y siete relatos, presenta una armónica interrelación entre ellos, con buen empleo de las técnicas narrativas y la variedad de estructuras, con exactitud en los diálogos, y la construcción de personajes y ambientes con un alto nivel de realidad, a pesar de lo suigéneris de los escenarios y sus protagonistas.

Como expresó Eric Flores Taylor, miembro del jurado que le concedió el galardón, esta obra “es una muestra de la literatura de ciencia ficción más humanista y menos tecnológica, donde los gadgets (dispositivos pequeños con un propósito y una función específica) revolucionan el mundo ficticio, mas no por ello son el epicentro de la trama”.

En esta obra hay “tacos” (aparatos para programar como deseas que sea el día…), objetos voladores, un ser con el poder de dirigir guerras desde su casa y verlo todo en una gran pantalla…, pero lo más importante son siempre las personas, sus pensamientos y modos de comportarse, sus amores y desamores, el miedo, las incomprensiones, las traiciones y los sueños en medio de un mundo a veces negro, siempre desafiante.

Daniel Burguet, un muchacho delgado con el pelo largo, recrea dos “realidades” paralelas: la de los conectados y la de los desconectados, ambas con diversos puntos confluyentes, conflictos y anhelos.

Desde el primer cuento, Anatomía de la melancolía, hasta el último, El ojo cosmológico, gravita una especie de metafísica que va creciendo con cada página, dentro de una dramaturgia en la que a veces hay aparente tranquilidad, pero también sangre, muerte, sorpresa y sensibilidad hasta en los seres más impensados.

Llama la atención como el final del último relato cierra también el libro y aporta un elemento que enriquece historias anteriores. Cuando despiertes tiene algo de novela, pero sobre todo de sensibilidad en dos mundos de rompimientos y coincidencias, como es a veces la existencia de los seres humanos.

CONFLICTOS ENTRE NÚMEROS Y LETRAS

Portada del libro Los impares

Los impares, de Claudia Damiani Cavero, cautiva por la diversidad de formas narrativas y cierta singularidad de las historias. Compuesta por 14 cuentos, la obra abarca cierta experimentación en la relación entre las matemáticas, la vida y los temas de conversación de sus personajes, con diálogos que, en ocasiones despiertan sonrisas.

Los argumentos de ellos en leves disputas verbales revelan el conocimiento de teorías y particularidades de las ciencias, aunque los sucesos ocurran en lugares como un pasillo durante una guardia escolar en la madrugada.

Su autora aseguró que para escribirlo utilizó por primera vez la búsqueda de información a conciencia en función de la literatura, algo que se nota en sus páginas, sin restar frescura y ritmo a la narración.

El jurado que le concedió el galardón, integrado por Daniel Díaz Mantilla, Atilio Caballero y Aida Bahr, resaltó que presenta una “cambiante gama de conflictos, emanados de las relaciones interpersonales y la cotidianidad”.

Graduada de Diseño Gráfico, su autora, una muchacha de cabello rubio, espejuelos y aparente timidez, logra una buena construcción de los personajes quienes actúan y hablan con naturalidad, en coherentes relaciones entre ellos, sus acciones e ideas. El humor nunca parece ser objetivo, pero sí capa subterránea.

Es interesante como emplea la segunda persona del singular en algunas narraciones, especie de conversación con los lectores o meditaciones en voz alta. Ganadora también del Premio David (2018) la primera gran pasión de Damiani Cavero fueron las historietas, por eso no sorprende que actualmente sea también ilustradora y autora de la imagen de portada.


Palabras y hashtags compartidos en Romerías

La literatura tiene en las Romerías de Mayo un espacio distintivo. Con antecedentes en el que se denominara Encuentro de Poetas del Interior, creado por Lourdes González, y desde 1997 con el nuevo nombre, que llega hasta nuestros días, Palabras compartidas, es la gran sombrilla bajo la cual poetas, narradores, ensayistas, editores, promotores, dialogan sobre el mundo literario y presentan sus textos.
 
Este año, las Romerías de Mayo 2020, singularizadas por su desarrollo en las redes sociales y la televisión nacional, a causa de la expansión de la COVID- 19, propone unas Palabras compartidas virtuales, sin perder la calidez, que habitualmente posee este evento.
Organizado por la sección de literatura de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, y con Ediciones La luz como anfitrión, esta vez , está dedicado al centenario de Eliseo Diego y contará con la cooperación de los diferentes sellos de la AHS en el país: Sed de Belleza, Aldabón, Áncora y Reina del Mar Editores. Estos se convertirán en espejos de las publicaciones en redes sociales de contenidos generados desde la sede habitual.
En este propósito colaborará, además, Claustrofobias. Promociones Literarias, con la publicación de galerías fotográficas de los eventos de literatura convocados por la Asociación en cada una de las sedes de estas editoriales y en las ferias del libro. Así como la socialización de títulos digitales a través de La Estantería Cubana, joven canal de Telegram con gran aceptación entre el público lector.
De este modo llegarán a los internautas, postales, libros digitales del catálogo de La Luz, videopoemas de autores de La joven Luz: Entrada de Emergencias. Selección de poetas en Holguín, que fuera el primer Ebook publicado por esta casa y que cuenta ya con un audiolibro. También podcasts con producciones autóctonas y audios de Eliseo Diego.
El agasajo al Sistema de ediciones territoriales en su aniversario 20, continuará en Palabras Compartidas, donde se espera la especial participación de la autora Teresa Melo.
Todas las jornadas estarán atravesadas por la línea de pensamiento y creación, que defiende la campaña de promoción del libro y la lectura cuyo slogan reza: A la luz se lee mejor y que desde inicios de 2020, ha convertido a las redes sociales en sala de presentación, librería y escenario fundamental para las acciones desarrolladas por el sello holguinero de la AHS.
El día 7, cuando Ediciones La Luz cumple 23 años de fundada se espera inundar las redes con galerías de fotos de participantes en los espacios literarios de Romerías en años anteriores, Ebooks, postales y será el momento de mostrar los videos de felicitación donde autores, fotógrafos e ilustradores del catálogo, lectores y amigos de La Luz, han ido enviando como respuesta a la invitación que desde hace varios días enviara el director de este sello Luis Yuseff.
De libros y de autores, nuevas tecnologías y soportes diversos, estará pletórico este año Palabras Compartidas, en el que también se celebran los tres siglos de la fundación del pueblo de Holguín. Su brillo dependerá de la construcción colectiva y la participación de los amantes de las letras tanto dentro, como fuera de la Isla en un verdadero Festival Mundial de Juventudes Artísticas.

Alfarero de la belleza (audios, fotos y poemas)

Esbozos de perfiles en blanco y negro, con aforismos disímiles, están dispersos ante mis ojos. Mientras, los acordes de Over the rainbow (en español, Sobre el arcoíris) toman la cocinita y el patio, en donde Lezama, la mascota de casa, aúlla la melodía. Si por casualidad el clarinete da una nota falsa, mi anfitrión explica con toda naturalidad que no es su culpa, que le falta esa tecla y no ha tenido tiempo para componerlo.

Entonces comprendo que alguien más estuvo ojeando los dibujos dispersos sobre las losas carmelitas del mini bar de Boitel. Que muchísimos otros reporteros han debido interpelarlo desde que apareció la noticia de su Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén. Y me siento un poco dichosa de compartir este espacio privado con uno de los poetas más célebres de Cuba, dueño de una casa en donde cohabitan ángeles dorados y brujas voladoras, y dueño también de una sencillez cómoda, de una suerte de espiritualidad muy rara y agradable.

Dicen en la villa, que tanta gloria se debe a que Remedios la bella besó sus manos con alquimias de poesía y que en agradecimiento, Luis Manuel Pérez Boitel trajo hasta su regazo más de medio centenar de premios y lauros de casi todos los tipos y desde los más remotos parajes.

Entre estos, el Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña en Lengua española, en México, con el poemario Artefactos, para dibujar una nereida así como el Premio a la Trayectoria de SELAE que otorga la Sociedad de Escritores Latinoamericanos y Europeos, con sede en Italia, por el conjunto de su obra poética. Dentro de Cuba lo prestigia el Premio Casa de las Américas y entre más de una veintena de certámenes importantes, el reciente Nicolás Guillén.

El intérprete de Over the rainbow, y el firmante de aquellos dibujos sobre cartulina, realmente es conocido por unos cerca de 25 libros entre poemarios, prosa poética y crítica literaria. Es asiduo en eventos de gran prestigio dentro y fuera de la Isla. Ha recibido condecoraciones como la de Hijo ilustre de la Villa de San Juan de los Remedios, en la provincia Villa Clara, así como la Medalla por los XXV años de la Asociación Hermanos Saíz y la Distinción por la Cultura Cubana. También es Miembro de honor de la Unión Hispanoamericana de Escritores.

Una vez que nos ponemos serios me muestra la que asumo como biblioteca o cuarto de estudio. Lecturas y borradores están en pilas o regados por el piso, al pie de la computadora de mesa, me hacen pensar que Boitel no tiene horarios establecidos para concebir un verso, sino que brotan de él como un artefacto divino.

¿Te planteas la poesía como un oficio o como una forma de asumir la vida?

Yo creo que ante todo la poesía es una necesidad espiritual. Pero también uno está apostando por edificar una especie de monumento que valide la estética propia y esa visualidad que tenemos sobre la vida y sobre el mundo mismo. Te exige superación como cualquier otro oficio que se hace día a día. Por ejemplo, lecturas que mejoren la estética que uno pudiera asumir como perspectiva de su obra. Pero también el arte y la literatura se pueden sostener sobre experiencias vitales que son mucho más enriquecedoras que el oficio.

En el año 97, apenas egresado de la Universidad Central de Las Villas, ganas con el poemario Unidos por el agua, el premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara ¿Cuándo decidiste darle formato de poeta a toda esa sensibilidad que te habita?

Cuando estudiaba en la Escuela Primaria “Alejandro de Río” estuve vinculado al taller literario de una asesora importante en Remedios, Yolanda Meriño. En esa etapa también estudié artes plásticas, danza, guitarra, trompeta. De pronto estaba en una clase de ajedrez, o de pin pon, o de atletismo. ¡Hasta esgrima practiqué! Se trataba de esa belleza que tiene la infancia de indagar, explorar, que deja una huella en las personas, aunque no tengas asumido tu camino. Recuerdo, por ejemplo, que en el año 80 fui el mejor lector de un grupo que habíamos formado aquí en Remedios.

Todo esto generó que en mi etapa de universitario me vinculara al círculo de escritores de Santa Clara, a través del taller que se realizaba en la UCLV. Comencé a participar en festivales estudiantiles y estaba al tanto de las nuevas publicaciones. Algunos autores llegaban hasta allí y sostenían ese diálogo tan importante con los jóvenes. La facultad tenía el encanto de estar asociada a la carrera de Filología y a veces algunos  amigos me pasaban las obras de su plan de estudios.

Luego sucedió que, aunque me gradué con un promedio de 5,56 puntos, tuve dificultades para obtener mi ubicación laboral, y me sumergí en la literatura. A todo esto, se sumó que mi padre, a quien le dediqué mi primer libro, murió dos años después con un periódico en las manos que anunciaba ese pequeño suceso editorial. La emoción de mi primer libro publicado por Capiro y el orgullo de mi padre fueron motivaciones suficientes para seguir escribiendo poemas.

tomada del perfil de facebook del entrevistado

En el 2002 te agencias un puesto dentro de la élite latinoamericana cuando el poemario Aún nos pertenece el otoño resultó Premio Internacional Casa de las Américas, entre 354 obras de 18 países. ¿Qué significó para ti?

Empezó prácticamente una carrera maratónica sobre la que ahora mismo me pregunto; ¿cómo pude escribir tanto en tan poco tiempo? Solo sé que siguieron sucediéndose proyectos. Miraba la poesía con diferentes perspectivas y en esa medida iba cambiando de figuraciones, enriqueciendo el mundo imaginario que rodea a la poesía.

Marcas estilísticas de tus textos podrían ser: la peculiaridad con que abordas la naturaleza humana, las imágenes exquisitas del mundo exterior, la temática amorosa…

Trato de que mis libros sean diferentes. Por ejemplo, Para no quedar en el Andén[1] cuenta un viaje en el tren espirituano desde La Habana. Es una especie de poesía río de cien páginas. Mediante una fusión entre lo poético y el lenguaje narrativo, fundamentalmente lo coetáneo, intento crear mundos paralelos. Cuando lo comparas con La Sagrada Familia encuentras la misma fluidez, el mismo choque poético y de tiempo narrativo, y una visualidad estética de un hecho que puede ser comprensible mediante la poesía. Pero tanto este como Aun nos pertenece el otoño; tienen otra vertiente, otra ilación.

Creo que esto ha sido un divertimento durante toda mi vida; que los libros sean fundamentalmente una propuesta artística. Como una especie de pieza de teatro detallada y preciosista en todos sus aspectos. Para que haya dramaturgia y versatilidad a nivel de tono y de tiempo poético.

Yo no escribo ningún poema aislado, yo escribo libros y los concibo como propuesta estética que funcione como un artefacto de cierta belleza.

Tu propia obra ha sido sometida, con éxito, al ojo crítico de importantes jurados. Has ejercido tú mismo la crítica. Pero, ¿cuáles autores son aquellos que ganan tu admiración?

Yo leo a todo el mundo. Cuando egresé de la universidad, con un raro misterio fui sustituyendo mis libros de derecho por libros de poesía. Rilke me gusta mucho[1], Siempre creo que todos los poetas admiramos a Mallarme, Rimbaud, la poesía francesa, la española del 27. En la poesía cubana te pudiera mencionar a Martí, a Julián del Casal, a Heredia y a la poesía de Orígenes con exponentes como Lezama y Eliseo Diego.

En una ocasión, hace unos 20 años, el escritor y periodista santaclareño Arístides Vega escribió acerca de la obra de su coterráneo: “Testimonios de soledad, de amor y desamor, de dureza y vitalidad…”

La Naturaleza del Estío, poemario ganador del Permio Nacional Nicolás Guillen, ¿qué temas va dejando atrás y qué novedades propone?

Es un libro donde exploro el contexto del país, el tema de la insularidad, la belleza de los campos. Me inspiro en los poetas origenistas que manifestaban la estética de la genealogía insular. Porque como acuña Cintio Vitier la historia de Cuba y sus poetas se han refugiado en la contemplación del paisaje.

Quise concebir una obra que afianzara lo cubano y la belleza de nuestra vida a modo general. La contemplación de nuestros paisajes me permite encontrar la paz que uno pierde en la vorágine de otras cosas. Encontrar un refugio que no atente contra la belleza.

¿Te sientes partícipe de alguna generación o movimiento especifico de poetas?

Las generaciones se han acuñado a partir de un estudio de la crítica literaria sobre las principales vertientes que se han sucedido en el país. Lamentablemente, cuando uno estudia a Portuondo y Mirta Aguirre, puede apreciar que sus conceptos de generación se refieren a una academia, pero no se enmarcan en un tiempo mismo, como sí lo hace hoy por hoy la crítica; que segmenta como si fuera un chorizo la generación del 50, del 70, del 80, etc.

No se puede buscar una ruptura estética por década, porque no te da la medida de la dimensión o la visualidad que pueda tener la poesía misma. Se debiera, en este sentido, hacer estudios más amplios que comprenda un distanciamiento aeectivo y en el tiempo a la hora de validar, por ejemplo, el estado actual de la literatura. Porque muchas veces se obvian voces y no se abarca lo que está sucediendo realmente en las provincias.”

¿Cuánto duele escribir un poema?

Más que un dolor es un placer. Hedónicamente una aptitud. Es visualizar algo que ya estaba escrito en mi memoria. Cuando lo leo transcrito al papel me doy cuenta de si es verdaderamente bueno o no.

Boitel al igual que su coterráneo Caturla nunca ha abandonado Remedios…

Uno tiene que estar donde es feliz.

Publicada por Luis Boitel en Martes, 11 de febrero de 2020

Después de un Casa, un Nicolás Guillen, entre más lauros internacionales, ¿hacia dónde se empinan sus ambiciones literarias?

Uno no escribe nunca para premios, estos solo llegan. Lo importante, más allá de la dotación económica, es ganar un lector, establecer diálogos y ganar un poco de tiempo para poder seguir escribiendo. Los premios validan tu obra, pero uno escribe para las personas. Entre las cosas que estoy soñando se encuentran algunos guiones para teatro. Es un mundo del que me gustaría beber más.

Le diré algunas palabras que extraje al azar de sus poemas, ¿podría decirme que evocaciones le traen?

—Adelante

—Andén

—Ese lugar a donde todo el mundo va.

—Árbol

—La dimensión de lo que se puede alcanzar

—Espuma

—Es como un segmento que va dejando el tiempo

—Belleza

—Lo que pretendemos encontrar

—Casa

—Puede ser país, continente.

—Poesía

—Es algo que va a sobrepasar la vida y que siempre querremos defender como si fuera realmente el reino de Dios.

 

CARTA ASTRAL PARA DIBUJAR UNA REALIDAD QUE NO ENCUENTRO EN TU NOMBRE

 

Qué puedo decirte, madre mía, a la hora del mal dormir entre jeringuillas y fragmentos de un linfoma que parece te llevaba poco a poco. Después del chinesco hospital, los cristales de la noche, el traspiés que oficia el cáncer entre tus arterias, cómo decirte tanta verdad, una verdad absoluta que no podría creer nunca, por la que respondías como un animalito tembloroso, el más frágil de los animalitos asediado por la multitud, imposible de entender en su propia sombra. La definición de un extraño sueño que descubro en tus ojos, en la planicie de tus ojos, por ejemplo, cuando acudíamos a la salita del hospital y yo te ofrecía regalos para que no imaginaras la sangre que faltaba, los estertores de esta aciaga existencia de la que no puedo despedirte. Entonces indagabas el porqué de aquella gente moribunda cruzando frente a nosotros, por qué tanta soledad en los rostros de los paseantes y de uno mismo.  Nada nos era ajeno, ni apenas el día que me dijiste que no querías ir más al tratamiento, que ya las venas habían colapsado y que era algo injusto que no podía seguir ocurriendo. Entonces mirabas alrededor, y no hallaba razón ni pedestal, no hallaba el sendero para trasmitirte el estado de necesidad, las injusticias de Dios, y de la vida que siempre es incierta. Duró un año el temor, la súplica y el desasosiego de cuidar de ti, madre mía, de sentirme a tu lado el más pequeño de los hombres, un principiante, el incomprendido por la turba, el que escapó de todo pacto por alcanzar la felicidad, y tú no sabías nada; en ese instante donde decidí dejarlo todo a Dios, pero salvarte. Así fue la rutina de los días, la búsqueda por minimizar las secuelas de las quimioterapias y de tus venas necrosadas.  Madre mía, qué difícil es dejarte en un poema para que elijas entre la pátina de la enfermedad y la manida palabra existencia. Qué difícil es dibujar una realidad que no encuentro en tu nombre, cuál misterio ofrece Dios para que la muerte no sea ni el fin ni el principio. A duras penas, puedo explicarte, madre mía, sobre estas cosas, y temo en el aciago tiempo que nos encumbra, mientras te preguntaba por los árboles del patio, por los días de navidad y la familia. Qué puedo hacer, madre mía, si no pude sustituir mis venas por las tuyas, si en tu mirada siempre encontré un rencor injusto, diría yo, amargo, por la inexplicable hora de la transfusión, por la herida que mucho más se hacía en mí junto al lamento. Nada sabías, madre mía, nada sabías. Cómo podré revivir tantos motivos diversos, fingir que se está feliz por el hecho de hablar de la felicidad. Callar simplemente, cambiar de conversación como si nada sucediera, pero es terrible el candil y la expectativa por los medicamentos que no llegan.  Mientras prefiera que sigas peleando por la casa y el país, insistir que todo ha sido un sueño y tenga lágrimas nada más, y no pueda hablarte de porvenir, de los hijos que no sé si tendré; ah para qué tantas preguntas. Madre mía, si un día piensas que intenté escapar de esa realidad, que no cuidé bien de ti, que también he sido un animalito tembloroso perdido en su soledad. Qué puedo decirte, madre mía, que me perdone, que me perdone.

 

CANCIÓN RUSA PARA DELFÍN PRAFTS

Siempre hubo alguien entre tú y yo

siempre hubo algo poderoso intercediendo

Delfín Prats

 

Apenas bastaría la primera y única carta para cortar

estas amarras que ha dejado el tiempo, pues ciertamente Delfín,

siempre hubo algo entre tú y yo, que no puede ser

comparable a estas calles de Rusia que van cambiando

de nombre, de simetría sobre la noche,  tártara noche esta,

de justificación para nosotros mismos. 

Quién pudo cruzar tantos océanos para llegar a tu inexplorable isla

fue un cobarde, alguien que no tiene excusa

para dejarte un sobretodo con la postal de 1980, una canción rusa

y aquel poema que me dedicaras, desde un olvidado parque de Holguín.

A quién pude callar en esa soledad inequívoca de bancos dispersos,

en esta mutilación que los periódicos hacen, si en aquel poema

tenía yo la mejor carta de triunfo, unos veinte años menos.  Pero te marchaste

Delfín, sin darme aquellas otras pruebas, en la catedral

del Cristo Salvador las estampillas no son iguales, tu nombre

por ejemplo, un garabato en la pared en sepia. Un trago de vodka a granel

como salutaciones de estas otras comarcas por la soledad y el tiempo

que nos deja, como magro cielo sobre las cosas que ya no están.

Mi casa ha sido de alabastros  y libros que en invierno cubren y soportan

esta rara manía de llamarte, de no saber ya nada de ti. Dividiría yo los días

por uno de esos licores rusos y ese modo de hacer

el amor sobre tapices famosos y libros de algebra analítica.

Para qué tanta poesía ─ me dijiste ─ muchacho, tan bello como la nieve

de San Petersburgo.  Entonces nunca más supe de ti.


Concurso Eliseo Diego ya tiene sus ganadores

 

Yasmani en el momento de la entrega del premio que aconteció en la noche de este martes en la Casa del Joven Creador avileña/Periódico Invasor/ Fotos: Alejandro García Sánchez

 

Los escritores avileños Masiel Mateos Trujillo y Yasmani Rodríguez Alfaro resultaron los máximos ganadores en los apartados de Poesía para adultos y Literatura para niños, respectivamente, en el Concurso Literario Eliseo Diego.

Con Infernus gran pas de deux, Mateos Trujillo ofrece un poemario dedicado a la figura materna y al diálogo entre una escritora con sus inquietudes, y su madre, quien incluso después de fallecida, continúa guiándola.

Yasmani Rodríguez Alfaro, obtuvo el primer premio con A la sombra del mago: “Todo se lo debo a mi niña, Viensay, la cual con solo tres añitos me llena de imaginación. Tampoco puedo pensar este premio sin reconocer la importancia de los talleres, el de Félix, y Santa palabra, de Eduardo Pino.

«En estos espacios continúo aprendiendo sobre las técnicas narrativas; y las polémicas que allí salen a la luz, ese halo crítico que subsiste en estos, me han sido de vital ayuda. Mi primer libro, Pre-morten, presentado en la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana, aunque es aparentemente muy diferente desde su temática para adultos, marcó una línea que considero presente en todos mis textos: el interés en discursar sobre cuestiones filosóficas.

«Preguntas ineludibles: ¿de dónde soy?, ¿quién soy? y ¿hacia dónde voy?, creo que el lector siempre las encontrará entre líneas”, declaró Yasmani, jefe de sección de artes visuales de la AHS avileña.

En Poesía para adultos, Claudette Betancourt, del municipio Morón y miembro activa de la Asociación Hermanos Saíz, obtuvo mención con la obra La gozosa acritud del verbo violar.

Los cuadernos de la bruja, de la joven escritora Evelin Queipo Balbuena, miembro de la AHS en Camagüey, fue reconocido con una mención en Literatura para niños.

El certamen literario, convocado por el Centro Provincial del Libro, este año demuestra que vuelve a cobrar vitalidad, con dos jornadas que contaron con actividades como una mesa de opinión acerca de la impronta literaria de Eliseo en los escritores contemporáneos y las deudas que cada uno de ellos tiene con su figura.

Periódico Invasor/ Fotos: Alejandro García Sánchez

También se realizó un encuentro, de la escritora Niurky Pérez García con los integrantes de taller especializado en literatura infantil Adelante Compay Grillo, del escritor Félix Sánchez. Y no faltaron las lecturas de poesías de autores del territorio como Carmen Hernández Peña, Vasily Mendoza, Leydy Vidal, Leonesky Buquet, entre otros.

Cuando la voluntad persiste, los anhelos pueden materializarse, y muestra de ello fue esta edición del premio Eliseo Diego, para el cual se recepcionaron 26 ejemplares de literatura para niños y 14 de poesía para adultos, no solo de Ciego de Ávila, sino de Camagüey, Holguín, Sancti Spíritus, La Habana y Santa Clara.

Desde ya, la convocatoria para el próximo año se encuentra abierta en las categorías de narrativa para adultos y ensayo.