dossier


‚ÄúCaja de Luz‚ÄĚ para talentosos j√≥venes camag√ľeyanos

Caja de Luz es el nombre de un nuevo proyecto que auspicia la filial camag√ľeyana de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z; y que se prev√© tenga su primera edici√≥n en el pr√≥ximo mes de julio.

La iniciativa re√ļne a j√≥venes menores de 35 a√Īos, profesionales o aficionados a la fotograf√≠a, como es el caso de Alejo Rodr√≠guez, Ihordan Torres, Norlys Guerrero, Alejandro Hern√°ndez y Argel Ernesto Gonz√°lez.

Son ellos quienes formar√°n parte de la primera Caja de Luz, que incluir√°, seg√ļn la p√°gina en Facebook de la joven vanguardia art√≠stica e intelectual, un programa con conferencias, paneles, conversatorios con reconocidos creadores de la provincia, y de manera especial, exposiciones fotogr√°ficas.

Caja de Luz pretende crear un dossier a los artistas y fot√≥grafos que est√°n vinculados a la secci√≥n de Artes Visuales de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z, filial Camag√ľey.

De igual manera refiere AHS Camag√ľey que en una primera idea, la propuesta formar√≠a parte del Sal√≥n de Artes Visuales para J√≥venes Creadores Gesto, pero se decidi√≥ crear un proyecto independiente con fotograf√≠as en vivo, que hasta hoy no existe en la demarcaci√≥n, m√°s all√° de ser una subsede del evento Noviembre Fotogr√°fico, con sede principal en La Habana.

«Este es un evento que so√Īamos hace mucho tiempo. Es la primera vez que contamos con un espacio propio creado desde la AHS para los amantes de la fotograf√≠a y es algo que se agradece much√≠simo», expres√≥ el joven Alejandro Hern√°ndez.


Conversación con un hombre de la tierra

El taller respira libertad. Frente a la pared izquierda, repleta de maquetas, de esbozos de monumentos que no se han hecho jam√°s, -recuerdos tristes de la carencia o la dejadez humana, y a√ļn m√°s: promesas de futuros encargos, de futuras empresas de trabajo febril y sue√Īos recuperados-, se extiende el taller; y entre molduras, cabillas y sacos de cemento, apenas hay espacio para el hombre que esculpe.

Presidi√©ndolo est√° la maqueta de Guaicaipuro, versi√≥n de la gran pieza que, a la espera de su inauguraci√≥n oficial, a√ļn ocupa el espacio del portal, enorme y en√©rgica, como el h√©roe que representa, aquel que es como el Hatuey de la Venezuela, anta√Īo pesadilla de espa√Īoles, y hoy s√≠mbolo de resistencia y dignidad americanas. Y poco m√°s abajo, destacando en la pared principal, a la derecha est√° colgado el relieve de bronce de un pr√≥cer de Antigua y Barbudas, cuyo original est√° en el Malec√≥n de all√°; a izquierda, junto a la maqueta de aquel hurac√°n terrible al que sobreviven los brazos apretados del pueblo prudente, justo como en el monumento que da la bienvenida a las Oficinas de la Defensa Civil, entre el Cristo y la Comandancia del Che‚Ķ ah√≠, junto a esa maravilla en miniatura, atrae m√°s a los ojos, la primera maqueta del Mart√≠ de la Tribuna, ese de gesto acusador, protector incansable del ni√Īo tranquilo; y al centro, en el sitio de honor, entre dos palomas blancas, una hecha por su maestro, y otra hecha por su hijo, tiene el escultor una foto de familia, junto a una florecilla roja.

Agradecer es un gusto. En la misma mesa tiene el escultor una docena de estatuillas de las que, a pedido de su padre, más se ha dado a replicar y obsequiar. Como su original, gigante y transgresor, las estatuillas apuntan, denunciantes, a la noción de un monumento, que, de tan noble, aun no ha podido hacerse, apuntan a una maqueta que masones encargaron alguna vez para Céspedes.

‚ÄúEste C√©spedes no se ha hecho. Es una propuesta que hay, una idea que ha quedado as√≠. A veces sucede, que hay ideas que se quedan guardadas, y buen d√≠a aparece la manera de realizarlas‚Ķ Aqu√≠ cerca de la Plaza de la Revoluci√≥n hay una avenida que se tiene el nombre √©l. Y hay un espacio, como un cuchillo cubierto de c√©sped, con √°rboles y todo eso, ideal para un monumento‚Ķ La maqueta est√° llena de s√≠mbolos masones, y el m√°s claro es que, una vez en su sitio, C√©spedes se√Īalar√° la salida del sol‚ÄĚ.

‚Äú¬ŅCon qu√© lo har√≠a?, cemento y polvo de piedra. Este es un material muy bueno. Queda como una piedra, pero es‚Ķ barato -Y r√≠e- Es barato‚Ķ con esto no quiero decir que vaya a disminuir la calidad del trabajo: hay monumentos en el mundo de tremenda relevancia que est√°n hechos con ese material. Incluso a veces yo prefiero no utilizar el bronce y utilizar este material porque me resulta, como en el caso del monumento a Celia, por ejemplo, como m√°s cercano a la persona. Es la cosa de la tierra. No el bronce. A Celia yo no la concibo de bronce‚ÄĚ.

El escultor repasa las historias que guarda cada palmo del taller, permite las fotos y las preguntas, cuenta anécdotas y peripecias, cuenta de su hijo y cómo le gusta también la escultura, cuenta de la importancia del trabajo duro, de la ética y el respeto. Habla de la historia, de lo que queda por hacer, de las grandes deudas de los cubanos con las generaciones precedentes. Se le van iluminando los ojos. Se hablaba de Martí.

‚Äú¬ŅEsa maqueta? Aquello fue tambi√©n una propuesta que se hizo hace much√≠simo tiempo porque se quer√≠a hacer una escultura de Mart√≠ en Dos R√≠os, ecuestre. Y al final no se hizo‚Ķ No s√©‚Ķ parece no, no hubo una coordinaci√≥n‚Ķ‚ÄĚ

En sus d√©cadas de trabajo, decenas de monumentos el escultor a dedicado a Mart√≠, sea porque el rostro del Ap√≥stol protagoniza la pieza, sea porque una l√≠nea de su ideario acompa√Īa el conjunto o ilumina la tarja, sea porque la pieza se ha de colocar, como regalo, en una escuela, en un hospital, o en alg√ļn otro lugar sagrado.

Sus obras comparten el universo con las de much√≠simos otros artistas, de los cuales gran parte tambi√©n han puesto de s√≠ en obras martianas; martianas por su fin, por su filosof√≠a, por su contenido. Y tantos de ellos, como el escultor, han pensado en el momento aquel del 19 de mayo en Dos R√≠os…

Esculpido qued√≥, congelado en el tiempo, en esa versi√≥n de Anna Hyatt Huntington de la ca√≠da de Mart√≠ en combate. La esculpi√≥ con 82 a√Īos, para luego no volver a hacer otra gran estatua ecuestre. En el lienzo qued√≥ tambi√©n: en la tela herida, destruida en su arrebato por el propio autor, Valderrama, a los 25 a√Īos (‚ÄúLa muerte de Mart√≠‚ÄĚ en Dos R√≠os, 1917); en los oleos et√©reos de Carlos Enr√≠quez, que aun corren indetenibles componiendo el raptado de Mart√≠ por esas dos musas azules, tal vez esp√≠ritus de sendos r√≠os (‚ÄúDos R√≠os‚ÄĚ, 1939); o bajo la lluvia de corazones palpitantes y venosos, al pie de la palma nueva de Alicia Leal (‚ÄúLa muerte de Mart√≠‚ÄĚ, 1998); o en el Mart√≠ desnudo, sobre el caballo alado que en pleno galope vio Bonachea (‚ÄúCuando la muerte sedujo al maestro‚ÄĚ, 2001); o en ese instante c√°lido e irrepetible en el que Mart√≠ abre los brazos y ve su esp√≠ritu √≠rsele al vuelo, junto a las impredecibles pinceladas de Bullaudy (‚ÄúNo se conquista la vida sino con la muerte‚ÄĚ, 2010). Incluso en la ternura infinita del Mart√≠ so√Īado por Oliva, abrazado por las ni√Īas anhelantes, lejos de los trotes y los caballos y la guerra, se percibe la nostalgia de la p√©rdida, la inevitabilidad de la partida, la cercan√≠a de la muerte.

A caballo lo pens√≥ el escultor, a caballo lo model√≥ en la maqueta para el encargo de Dos R√≠os. Est√° ah√≠, en el rinc√≥n del taller, junto a la maqueta de Jos√© Maceo. Pero el caballo de este Mart√≠ no galopa, y el jinete no agoniza por el impacto de la bala, ni se inclina, ni se tiende, ni cae, y el esp√≠ritu no se le sale, ni viene nadie a besarle, y no hay plantas, ni flores, ni estrellas‚Ķ El Mart√≠ del escultor se eleva entero, caballo y todo, con sus cuatro cascos. Qu√© reto de dise√Īo y de ingenier√≠a el de este Mart√≠ elevado, llamado por los cielos, con todo y caballo.

‚ÄúPorque a Mart√≠ yo nunca me lo he imaginado cayendo. Y no lo quer√≠a hacer cayendo ah√≠ en Dos R√≠os tampoco. Lo quer√≠a hacer elev√°ndose. Y que el caballo se elevara. No est√° todav√≠a logrado, pero yo quer√≠a buscar la forma de que estuvieran en ascenso‚ÄĚ, dijo al fin Andr√©s Gonz√°lez.

Y en ascenso sigue ahí, la maqueta que dormita, el proyecto inacabado, la idea de un Martí que se eleva, más allá de la frustración de la muerte anticipada, del supuesto sosiego de la inmortalidad alcanzada. Tan vez flote sin dirección un día, cuando en el reino de este mundo no quede grandeza que conquistar. Hasta entonces se elevará, y con él, nosotros, mientras haya sacrificios que hacer, batallas que dar. Eso andaba pensando yo, mientras continuaba conversando con aquel hombre de la tierra.