Doctorado


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (V)

¿Cómo mantener una relación saludable con tu tutor?*

En este post continuamos explorando las relaciones que se establecen entre el investigador joven y el tutor. Compartimos consejos y experiencias que te ayudarán a maximizar las enseñanzas que trae consigo el trabajo con profesionales de más calibre. Como hemos visto, la función del tutor es introducirte en el círculo de académicos que sostienen la “conversación” de la ciencia en un determinado campo. Para ello, te asiste en el diseño de una estrategia formativa a corto y mediano plazo orientada al desarrollo de capacidades. ¿Qué capacidades? Pues, cualidades imprescindibles para ejercicio profesional divididas en cuatro áreas fundamentales: habilidades intelectuales, eficacia personal, organización de la investigación y, finalmente, relaciones e influencia. En próximos posts entraremos un poco más en cada una de estos sets de destrezas. Así que, ¡estate atento al Portal del Arte Joven Cubano!

Ya sé lo que piensas. No recuerdas que tutor te haya mencionado nada de esta estructura. Solo rememoras tareas, libros recomendados y revisiones sumamente críticas de tus epígrafes. O peor, poca atención, ningún seguimiento y revisiones superfluas y demoradas. Si te ves en alguno de estos extremos es por dos motivos: por un lado, tu tutor nunca te explicó tu programa de entrenamiento y, por tanto, avanzabas a ciegas; o él mismo nunca diseñó tu desarrollo y, en consecuencia, viajabas dando tumbos. Evidentemente, ninguna de las dos opciones es buena para ti.

Entonces, ¿qué es una relación saludable entre tutor-investigador joven? Pues es una mancuerna donde cada una de las partes tiene una clara conciencia acerca de su papel y, con una filosofía colaborativa, se asisten mutuamente para el logro de objetivos comunes. Como ves, la relación con tu supervisor es tan importante que no puede ser dejada al azar. Debe ser gestionada y requiere un acercamiento estratégico. En este post te doy cuatro claves para ayudarte construir un vínculo con tu supervisor de tesis que te sirva para potenciar tu crecimiento.

Recuerda que las imágenes del post, y otras muchísimas, las encontrarás en www.phdcomics.com.

Sé consciente de las expectativas que se tienen de ti

Cuando uno ingresa a un programa doctoral, también se asocia a proyectos de investigación. Estos proyectos tienen salidas concretas, plazos que cumplir y un sinfín de parámetros que miden su rendimiento. A menudo, vemos estas estructuras como algo que no tiene que ver con uno. “De eso se encargan los doctores”, decimos; porque, en efecto, se trata de sistemas de organización de la ciencia que superan con creces nuestro alcance.

No obstante, debes tener claro que, al incorporarte a estos proyectos, te conviertes en un engranaje vital de su articulación. Las tesis doctorales son uno de los indicadores más relevantes de cualquier orden académico. Por tanto, si bien al comienzo puede que te sientas alienado, en la medida que pasen los años sentirás como todos los investigadores que en un comienzo apenas reparaban en ti, de repente van a estar pendientes de tus avances, retrocesos y estancamientos.

Tu tutor es el primer interesado en tus progresos, ya que, probablemente, investigues algo que se alinea a sus intereses. Por eso, mi primer consejo es que debes tener claro cuáles son las expectativas que se tienen de ti. Solo entonces podrás traducir esas esperanzas en entregables concretos (experimentos, entrevistas, artículos publicados, eventos, softwares, archivos, lo que sea que estés construyendo), te permitirá establecer prioridades y garantizarás un adecuado nivel de satisfacción en tu entorno.

Sé diligente

Un elemento central de toda la actividad científica es el tiempo. Cuando uno piensa en la investigación, vienen a la mente resultados, títulos, conocimiento, relaciones, prácticas específicas, etc. Todas estas cosas se realizan a contrarreloj. Los plazos son condicionantes de toda la acción académica y siempre es menos del necesario para alcanzar un resultado óptimo. Por ese motivo, tu tutor te orientará ejercicios asociados a tiempos concretos. ¡Cumple tus fechas!

Este es, quizás, el indicador que más le importará a tu supervisor. Una vez que elaboraste tu programa de trabajo y tu tutor lo aprobó, ajústate a él. Sé preciso y cumple con las tareas en las fechas previstas. Ten en cuenta que (no importa cuánto trabajo tengas que hacer) tu tutor siempre tiene más cosas que atender que tú y que él invierte su energía en formarte a ti. Cumplir los plazos asegura que él no sienta que está perdiendo su tiempo contigo.

Para ser diligente debes ocuparte de dos cosas. Una: tu plan de trabajo debe ser lo más específico posible, tanto en tareas como en la duración necesaria para cumplimentarlas. Esto es algo que se hace al comienzo de la investigación y que irás adaptando a medida que avances. Traza tareas pequeñas, puntuales, sé realista en su descripción y términos. Imprímelo y tenlo al alcance de la mano.

Dos: siempre que te reúnas con tu tutor, asegúrate de enviarle varios días antes del encuentro, un informe del trabajo realizado. Es decir, si tu tarea era realizar una serie de lecturas, por ejemplo, elabora entonces un documento donde resumas los puntos de vista de los autores revisados. Así, la reunión estará claramente orientada a discutir la calidad de lo que has hecho y tu tutor se concentrará en corregir tus deficiencias y potenciar tus virtudes. Además, dado que la tesis no es más que un reporte de investigación, las notas para tus reuniones te sirven de material base para la redacción de ese mismo informe final. Doble ganancia.  

Sé proactivo

A nadie le gusta que lo molesten cada cinco minutos con preguntas acerca de qué hacer. A tu tutor, menos. Lograr la independencia como investigador debe ser un objetivo personal para ti. Eso no significa que no busques ayuda cuando tengas inconvenientes. Todo lo contrario, ser proactivo significa que eres capaz de reconocer tus problemas, tomar las decisiones adecuadas para superarlos y emprender el camino hacia su solución. Debes construir una red de colaboración que acuda a tu servicio si lo necesitas. 

Te recomiendo dos técnicas. La primera, la tomo del diseñador Ben Burns, quien dice que: «si lo que quieres saber lo puedes “googlear”, no preguntes». El acceso a la información que se tiene hoy triplica el conocimiento acumulado por la humanidad en siglos. Úsalo, explora, halla alternativas. En Internet, no solo encontrarás un millón de tutoriales y conferencias; sino que, participando en los foros existentes, podrás intercambiar con otros jóvenes que posiblemente ya se hallan enfrentado a tu mismo problema.

La segunda táctica es construir lazos con otros investigadores de tu grupo doctoral (o de maestría o licenciatura, da igual). Tus colegas serán tus principales aliados a lo largo de los años que dura el proceso de obtención de un título académico. Con ellos, no solo pasarás muchísimo tiempo, sino que compartirás problemáticas similares, algunas relacionadas con la ciencia, pero otras muchas que tienen que ver con la vida misma. En mi caso, siempre digo que lo más valioso que gané con el doctorado fue una red de amigos extraordinarios de muchas partes del mundo, gente que no dudó en ayudarme cuando lo necesité y con los que, aun hoy, continúo colaborando. 

Con la puesta en acción de estas mañas, no tendrás que recurrir a tu tutor cada dos por tres. Ser proactivo asegurará que, cuando preguntes, te prestará toda su atención porque sabe que es algo que no puedes resolver por ti mismo. De igual forma, ser independiente y hábil hará que tu tutor te tenga en alta estima.

Sé formal

He aquí un punto crítico. Debes acostumbrarte a establecer vínculos de acuerdo con las convenciones del ámbito académico. Tu supervisor no es tu familia, no es tu amigo… al menos inicialmente. La aspiración última es que, una vez que culmines el proceso de investigación, sean colegas. ¿Por qué es difícil verlo así? Pues porque la correlación entre mentor y discípulo reproduce un sistema de que ya has visto en la estructura familiar. Muchas veces el tutor es asumido como una figura paternal. Esto es un grave peligro que puede llevar a insatisfacciones profundas.

La formalidad implica un trato de respeto. A lo largo del proceso de investigación, la red de contactos de tu tutor será parcialmente transferida a ti. Esto es una ganancia extraordinaria, pues hará que entres en contacto con especialistas que solo has conocido en libros. Asume cada encuentro gestionado a través de tu tutor como si fuera una entrevista de trabajo. Ya sea haciendo entrevistas, participando en algún seminario o conferencia, o simplemente en el pasillo de la universidad, estos académicos (que no te conocen) te asocian inmediatamente a la figura de tu supervisor. Conducirte siguiendo las normas adecuadas garantiza además que tu tutor no dudará en recomendarte a otros colegas.

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La investigación científica es un ejercicio muy difícil. Requiere un largo proceso de acumulación de conocimientos y habilidades. Tu tutor provee una ayuda invaluable en el cultivo y control de esta evolución. Las cuatro pautas mencionadas arriba deben ser principios rectores de tu comportamiento en el espacio académico, porque harán que los obstáculos y dificultades que surjan se concentren en ámbitos identificables e incidirás en que tu tutor tenga siempre la mejor disposición para asistirte a superarlos. Cimenta tu futuro, haz tu parte.

 

 

*El autor es profesor del Dpto. Historia del Arte, Universidad de Oriente

carloslloga88@gmail.com


Pensar la ciencia: Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (IV)

Los estilos de tutorías: microgestión vs autogestión. ¿Cuál me conviene?

¿Cuántas veces no has escuchado, al hablar con otros jóvenes investigadores, anécdotas increíbles de las relaciones con sus tutores? En la gran mayoría de los casos, hay un balance positivo. Es decir, la interacción instructiva con un mentor proveyó aportes significativos para el discípulo. Pero a veces, en estas historias los tutores pueden ser representados como tiranos egocéntricos que cortan la imaginación con su hostigamiento evaluador o, por el contrario, como una especie de anacoreta indiferente que va a su bola y que no les prestó ninguna atención. Estos polos no expresan (generalmente) una sucesión de hechos concretos, sino el sentir individual del joven que cuenta su vivencia. No habla tanto del tutor, sino de la experiencia concreta construida en el proceso de realización de la investigación.

En un trabajo anterior, mencionábamos que la independencia, o sea, la capacidad para reconocer problemáticas, hallar soluciones y acometerlas solo, es un requisito para la obtención de un título académico. Por supuesto que esto depende del nivel en el que te encuentras (licenciatura, maestría o doctorado). Mientras más alto sea tu nivel, más independencia se espera de ti. Pero también obedece al estilo de coaching que emplee tu tutor. Es decir, algunos supervisores gustan de la microgestión (orientación y control de todos los pasos que das en la investigación), mientras que otros dejan mayor espacio a la autogestión del investigador. En este artículo, te comento acerca de estas dos formas de tutoría y te exhorto a identificar cuál de ellas se relaciona con tu entorno específico.

Imagínalo de la siguiente forma: entre el título académico y tú se extiende un tupido bosque lleno de peligros. En la medida que avanzas en la investigación, te adentras en él. Con la microgestión, tu tutor marcha junto a ti, te indica y te empuja hacia adelante, te señala los peligros y te reprende cuando tropiezas. Es casi seguro que llegarás al otro lado, pero lo más probable es que no ganes la capacidad de avizorar los peligros, no tendrás perspectiva del universo que acabas de franquear y no tendrás la confianza necesaria para indicar a otros cómo superar el bosque.

Con la autogestión, el tutor se coloca del otro lado del bosque, junto al título que ansías y, desde allí, te da las instrucciones mínimas para que avances. Caminas solo. Tropezarás mil veces, te sentirás perdido y ansioso. Si no eres capaz de leer las orientaciones con claridad puede tomarte demasiado tiempo vencer los desafíos de la ruta, puedes extraviarte y perder la motivación, o lo peor, no salir nunca del bosque. Sin embargo, cuando llegues al otro lado, habrás atesorado un arsenal extraordinario de recursos y estarás increíblemente capacitado para superar lo que sea que te venga delante. La confianza y orgullo conseguido te permitirá guiar a futuros investigadores con la certeza de aquel que venció el bosque.

Las dos técnicas tienen pros y contras. Por un lado, con la microgestión tu tutor construirá junto contigo las actividades diarias que debes realizar y será muy específico con respecto a los resultados a alcanzar. Es un sistema que potencia el adiestramiento en cuestiones técnicas, en el cómo hacer. Con él, es casi seguro que adquieras un cuerpo de habilidades de manera rápida, estarás cerca de investigadores con más experiencia que tú y evitarás las incertidumbres de moverte en ámbitos epistémicos desconocidos. Si eres astuto y buen observador, cultivarás infinidad de aptitudes que de otro modo podría tomarte años dominar.

El sacrificio que trae consigo la microgestión radica en que tendrás al tutor respirándote en el cuello todo el tiempo y eso es una presión con la que tendrás que lidiar. Asimismo, esta técnica de supervisión sucede mayormente cuando el tutor tiene un interés marcado en los resultados que obtendrás, por tanto, se espera un crédito compartido.

Por otro lado, en la autogestión posees más libertad para explorar los posibles cauces de tu estudio. Tienes mayor espacio para las pequeñas equivocaciones. Además, disfrutarás muchísimo de tus logros, ya que serán fruto de tu autonomía, crecimiento y maduración. Tu tutor no te molestará con frecuencia y es común que funcione solo como un revisor atento de tu informe de tesis. Suena bien, ¿verdad?

El peligro está en que no tienes toda tu vida para completar la investigación. Tienes un tiempo limitado, por lo que el desarrollo de capacidades tiene que ser acelerado. Es muy difícil lograrlo en solitario, mantener la motivación y la disciplina de trabajo. Debes sumar que hay muchos procesos en los que la representación de un investigador de peso es muy valiosa. Por ejemplo, en los trámites burocráticos a menudo se requieren firmas y cabildeos en los que la ayuda de tu tutor es invaluable. Te ahorra tiempo y energías, te permite mantenerte enfocado. Igualmente, la participación en eventos, el encuentro con personalidades de tu ámbito y el proceso mismo de publicación de resultados, es un paisaje más llano y amigable cuando junto a tu nombre marcha un peso pesado con título de doctor.

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Evidentemente, un apropiado balance entre un modo y otro es la situación ideal. Los tutores siempre, siempre, siempre, desean el buen resultado de sus discípulos. No solo porque, para el momento de la defensa ya habrá empleado mucho tiempo en ti, sino también porque en ello va involucrado también su propio prestigio.

Como ves, no hay una única forma de cruzar el bosque. Cada quien tiene su historia. Mi consejo es que, antes de elegir a tu tutor, infórmate con otros investigadores jóvenes acerca de cuáles son los estilos de cada quién. Elige de acuerdo con tus intereses. Y si no puedes hacerlo, si ya te ves embarcado en alguna de estas naves, aprovecha los beneficios que trae cada sistema. Maximízalos y suple tú mismo las carencias innatas de cada uno. No olvides que cuanto más profunda sea tu inmersión en la formación de habilidades, más fácil será para ti construir experticia, crecerá tu confianza y, como resultado, aumentará tu independencia. Entonces, ya no necesitarás que alguien te diga qué hacer.


Pensar la ciencia: Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (II)

Estableciendo el enfoque (II): Razones por las que no debes hacer un doctorado

En la primera parte de esta reseña les comenté acerca de algunos motivos que te pueden servir de impulso para enrolarte en una investigación doctoral. Esta vez, traigo para ti tres razones por las que no deberías hacerlo. Si recién terminaste tu máster o licenciatura, probablemente te enfrentes con algunas de estas situaciones. Recuerda que, aunque cada vez son menos, en algunos países como Cuba, no es un requisito tener un título de máster para hacer el doctorado. Si te sientes identificado con alguna, piénsalo dos veces antes de que te veas arrastrado a situaciones poco beneficiosas para ti. Así ahorrarás tiempo, esfuerzo y sinsabores.

  1. Embullo

He aquí el primer escenario ante el que debes estar alerta. En ocasiones, uno trabaja en colectivos jóvenes y hacen actividades juntos. No solo comparten oficina y horas de trabajo, también salen en grupo e inventan un sinfín de acciones extraprofesionales. Los lazos que los unen son estrechos y transitaron por los años de la carrera como un solo bloque. Ahora también comparten los avatares del ambiente profesional y se valora la posibilidad de enfrascarse en la labor investigativa. ¡Atención!

El doctorado es la ruta de un lobo solitario y las razones que motivan a tus compañeros no tienen que ser las tuyas. Además, el proceso te exigirá conocimientos y habilidades únicas que deberás desarrollar y que no son transferibles de un investigador a otro. No caigas en la trampa del comportamiento del grupo. Tómate tu tiempo y asume tus decisiones con responsabilidad.

las imágenes que acompañan el post son de www.phdcomics.com. No olvides visitar su sitio
  1. Compromisos laborales

Este es el segundo ambiente que debes avizorar con cautela. El número de doctores en el claustro de un departamento es un indicador central de su performance. Debes sumar, que la investigación científica es uno de los motores que atraen proyectos y, con ellos, financiamiento. Por esa razón, las universidades tienen la formación doctoral como una de sus prioridades y ejercen mucha presión sobre sus profesores para encauzarlos en ese rumbo. Es importante que tengas muy claro tus motivos. Solo así podrás alinear los objetivos de la institución donde trabajes con tus propias aspiraciones personales.

Aquí debes tener algo en cuenta. En Cuba, el título de doctor no es imprescindible para trabajar como profesor universitario, a diferencia de la mayoría de los países. No obstante, este es un panorama en transformación, y si te interesa dedicarte a la academia, el doctorado es el primer gran paso para asegurar ese destino. De modo que, al integrarte a un claustro universitario, debes avizorar los proyectos de investigación activos en tu ámbito y orientarte de inmediato hacia el que más te interese. Preparar tu carrera profesional investigativa te permitirá prever los indicadores de tu institución y así evitar el apremio. 

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  1. Dinero

Este es el último consejo. Si revisas otros blogs sobre temas similares, encontrarás que muchos recomiendan el doctorado como una forma de generar nuevos ingresos. Y tienen razón… en parte. Como ya dijimos, el título de doctor hace que suba tu valor en el mercado laboral y eso viene acompañado con un mejor pago por tus servicios profesionales (también en Cuba). Más importante aún, durante el proceso investigativo tendrás la posibilidad de intercambiar con otros académicos de tu rama y expandirás considerablemente tu red de trabajo. Comúnmente, eso atrae también oportunidades de empleo. Hasta aquí todo bien.

Pero no te engañes, los beneficios económicos del doctorado no compensarán nunca el tiempo y la energía que conlleva el obtenerlo (en ningún lugar del mundo). La investigación, como todas las profesiones, demanda ímpetu y entrega absoluta. Por ello, la motivación ha de encontrarse en el proceso mismo y en las satisfacciones de hacer lo que te gusta de manera cotidiana. El dinero no puede ser la zanahoria que hace andar a la tortuga, pues se trata de una recompensa pírrica.

Piénsalo de la siguiente manera: como investigador, eres un profesional que intercambia su tiempo por dinero. El doctorado te permitirá alcanzar un mayor nivel de especialización por lo que también aumentará el valor de tu tiempo. Hasta aquí todo bien y si esto te hace feliz no hay ningún problema. Pero en tu día a día como académico de una universidad, difícilmente te enfrentarás a la creación de productos en los que estés involucrado directamente en su comercialización.

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Si lo que te interesa es acumular riqueza entonces deberás dar vuelta a esa fórmula. Es decir, dejar de canjear tiempo por dinero y generar bienes o servicios que solucionen una necesidad de tu entorno. Es decir, debes identificar los flujos de capital de tu área y encauzarte hacia ellos. El doctorado no está en esa ruta.

Hay mejores opciones, por ejemplo, dirigir tus habilidades hacia la producción, el sistema empresarial o de emprendimiento. Las historias de millonarios que abandonaron superuniversidades, como Bill Gates o Mark Zuckerberg, están mal contadas. No hicieron su capital por haber dejado de estudiar, sino que crearon nuevos elementos de alta demanda y se colocaron más cerca del flujo de capital. Como dijimos, la formación doctoral no está en línea con ese fin.  

…

Con estos consejos terminamos las primeras entradas de esta reseña. La prioridad de Estableciendo el enfoque, en sus dos partes, fue presentarte algunas de las interrogantes que afronta todo joven que comienza su camino como investigador. Los análisis y soluciones son solo mi opinión y nada más. Coloca en tu balanza imaginaria los pros y contras de una carrera científica. Para mí, el ejercicio de la indagación, la búsqueda de los “por qués”, el comprender mejor el ambiente donde vivo, es una pasión. Dicen que el que trabaja en lo que le gusta es una persona con suerte, porque eso significa que no trabajará nunca. En esta columna te ayudaremos a alimentar el entusiasmo por la ciencia y a superar con éxito los retos de la vida académica. Te espero.  

 

* El autor es profesor del Dpto. Historia del Arte, Universidad de Oriente


Pensar la ciencia: Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (I)

Recientemente terminé mi doctorado en Film Studies & Visual Culture en la Universidad de Amberes (Bélgica) y la Universidad de Oriente. Este fue el fin de varios años de investigación y el logro de una aspiración personal encubada por mucho tiempo.

Pero la ruta para alcanzar esta meta personal fue infinitamente más tortuosa de lo que imaginé. No solo porque el acto de la investigación científica es per se un ejercicio de alto compromiso y empeño, sino porque atravesar el campo de obstáculos del entorno institucional académico puede ser (y casi siempre lo es) verdaderamente agotador.

Por eso nace este escrito, para compartir con todos aquellos involucrados en la investigación las experiencias y tácticas que te permitan hacer frente con éxito a los retos del ejercicio científico. La mayoría de las historias y consejos que compartiremos acá apuntan al proceso de doctorado, pero solo porque este es el último peldaño de la formación académica y donde las cosas se vuelven más complicadas. No obstante, todas nuestras reflexiones son transferibles a cualquier acto de indagación, de modo que, si aun estudias una carrera o estás haciendo tu maestría, solo tienes que sustituir la palabra “doctorado” por “investigación” y listo.

Posiblemente los temas que tratemos los encuentres también en otros blogs. Es normal. Las peripecias del proceso investigativo son universales y han marcado las vidas de los científicos por siglos. Aquí aspiramos atemperar esas experiencias al entorno cubano. Nos interesa reconocer las particularidades del ámbito académico de Cuba (te adelanto que no son tantas como imaginas) y darte pistas para navegar con éxito en su interior. De ese modo, pretendemos que te sea más útil[1].

caricatura de Jorge Cham/ Tomadas de www.phdcomics.com

Cinco razones por las que debes hacer un doctorado

Esta publicación se orienta hacia las razones por las que, siendo joven investigador, debes hacer un doctorado. Aunque aquí te expongo los criterios que me funcionaron a mí, en ellos van las historias también de varios de mis colegas.

Comencemos por el principio. ¿Por qué hacer un doctorado? A continuación, te comparto las cinco razones que me llevaron a involucrarme en el proceso. Fueron las metas que me ayudaron a mantenerme motivado y con el enfoque suficiente como para “no tirar todo por la borda” ante los obstáculos que enfrenta todo doctorando.

  1. 1- Oportunidades de trabajo

He aquí, en mi opinión, la primera y más importante de todas. El ejercicio de realización de doctorado debe ser visto como una inversión. Es decir, en él depositarás más tiempo y energías que en ningún proyecto que hayas emprendido hasta ahora. ¿Por qué lo harías? Pues porque el título de doctor es la “patente de corso” que te permitirá operar en las aguas del ámbito académico. Por tanto, solo recomiendo sumergirse en esta aventura si se aspira a un puesto en una universidad. Ése es el único lugar donde el doctorado es un baremo definitivo de tu performance profesional.

Si ese no es tu caso, no te lo recomiendo. Fuera de la academia, no hay correspondencia entre el esfuerzo y el beneficio. Si lo que te interesa es desarrollar habilidades o adquirir conocimientos, los másters pueden ser mejor opción. Recuerda que puedes hacer varios y especializarte en diversos campos. Sé pragmático.

  1. 2- Pasión por el tema de investigación

Vale, esto lo sabemos todos. Pero también es una verdad como una casa. En otro tiempo (no hace tanto), el doctor era una figura con un vasto conocimiento, cuya experticia desbordaba las ciencias específicas y alcanzaba un alto nivel de erudición. Era algo reservado para investigadores de avanzada edad, con prestigio y larga trayectoria. La situación actual es otra.

Hoy, el doctorado es concebido como un aporte concreto a un campo disciplinar cada vez más especializado. Por eso, en lugar de ampliar el espectro de tu sapiencia, la investigación te fuerza a estrecharlo y a alcanzar, en cambio, mayor profundidad en el arribo a conclusiones. No eres doctor de todo. Eres doctor en algo muy específico y nada más. Si no te apasiona lo que haces y disfrutas cada pequeño resquicio de sabiduría, estarás cavando un pozo de infelicidad. En cambio, la pasión por el tema provee del entusiasmo y la satisfacción que te propulsará hacia tu meta. Sé honesto.

  1. 3- Prestigio profesional

Como alguien nuevo en un determinado campo de estudios, nadie presta mucho interés a lo que tienes que decir. Encima, eres joven y eso en la ciencia no es precisamente una virtud. Puede que tus ideas sean extraordinarias, que tengan el potencial para revolucionar el pensamiento de un área. Nada de eso importa. En la academia solo puedes hablar y ser escuchado por tus pares. Los títulos académicos determinan los círculos de debate en el que participan los científicos y son solo el pase de entrada al circuito más elevado de la discusión.

He aquí una anécdota ilustrativa: mientras hacía mi doctorado me encontraba afiliado a varias revistas de mi campo (film studies). La misma semana que me titulé y cambié mi perfil biográfico agregando el Dr. C. antes de mi nombre, recibí dos convocatorias para publicar y una petición para que fungiera como revisor ciego de tres países diferentes. Había entrado en otra arena. Sé orgulloso.

  1. 4- Crecimiento personal

Antes te dije que el doctorado reducía y profundizaba tu enfoque sobre cierto campo científico. Eso como fundamento epistemológico. Pero para lograrlo, deberás desarrollar un catálogo fantástico de habilidades que, por el contrario, sí expanden tus capacidades como ente social.

Aprenderás, por ejemplo, a organizar y planificar tu trabajo orientado a la eficiencia; aumentará tu capacidad de comprensión en otros idiomas (por lo menos, en el inglés); mejorarás tus destrezas de comunicación al enfrentarte a ejercicios de evaluación y eventos; amplificarás tu potencial de carga de trabajo al lidiar con la presión de fechas de entrega, entre muchas, muchas otras cosas.

Cada uno de estos elementos son activos incorporados a tu parque personal y te preparan para afrontar con éxito las demandas de la vida profesional. Chris Do lo dice de la siguiente manera: eres especialista hacia el exterior y generalista hacia el interior. Sé hábil.    

  1. 5- Nuevas relaciones

Finalmente, la aventura de la investigación te pondrá en un camino que no recorrerás solo. Conocerás a muchos otros que lo emprenden junto contigo. Las relaciones que construyas en el proceso son esenciales en tu proyección de futuro. Junto a ti están los científicos más prominentes de los próximos 20 años, también están los políticos y gestores de la ciencia del mañana.

Cimenta tu red de colaboración sobre la base de la generosidad. No dudes en enseñar a otros lo que ya has aprendido tú y verás cómo eso vuelve a ti. Funda tu red de colegas y, más importante aún, crea amigos. Disfruta compartir con ellos y sé atento a cómo otros resolvieron sus inconvenientes. Allí hay claves que puedes aplicar tú. Sé perspicaz.

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Estas razones me impulsaron a emprender este camino. Es un periplo difícil, por lo que tener claro este núcleo me permitió establecer los objetivos de vida que quería alcanzar. La motivación es esencial. Encuentra las causas que te inspiran, apunta a un objetivo y sé estratégico.

Por último, disfruta el viaje, no veas en los obstáculos un impedimento sino un desafío, e identifica qué cualidades debes desarrollar para superarlo. Cuando lo logres, celébralo. La investigación científica es una vocación de vida y una oportunidad para convertirte en un individuo valioso.

 

*El autor es profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oriente

 

Notas

[1] Ojalá en el camino se sumen otros colegas y podamos construir una comunidad. No dudes en escribir, plantear preguntas y sugerencias, así iremos corrigiendo el camino, porque nuestro propósito es pensar en soluciones. De igual forma, si tienes una opinión diferente a algo que subimos, replica de inmediato, desde la AHS animamos el debate.