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Navarrete en su riego

Su figura, en aquellos años, no podía determinarse con meros cálculos de alguna tendencia o género. En escena era histriónico. Cantaba sus canciones de una distintiva manera que a nadie imitaba pero a muchos atraía. Y en los momentos más álgidos de los conciertos, cuando más emocionado estaba el público, rompía la frecuencia musical para recitar un poema, podríamos decir medio surrealista, incluso dadá. A partir de una frase que escogía al azar comenzaba la sucesión indetenible de sintagmas, la relación de fenómenos tan opuestos como podía ser una rosa y el crecimiento del Producto Interno Bruto. Todo esto, en el fondo, podía parecer baldío, pero encerraban una peculiar poética. Yunior Orestes Navarrete educó a los auditorios a su estética; luego de eso no hubo presentación donde alguien, desde la muchedumbre, gritara:

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Macondo, a punta de lápiz

El artista que ha inspirado a músicos, escritores —de quien han hablado vehementemente figuras monumentales de la cultura como el escritor Gabriel García Márquez—, es también autor de una intensa producción visual, que no sólo nos ha hecho descubrir transmutaciones asombrosas en la figura humana, sino la carga emotiva y temporal que reside en cada objeto, sus historias personales y las metáforas en torno a Suyú. [+]


Reciclar (para o por) el Arte

«Simplemente espectacular»… Así definen muchos de los que tuvieron la oportunidad de presenciar los shows que en los pasados días de Bienal de Diseño en La Habana y en el marco del séptimo Festival de las Artes del ISA que propuso el grupo de creación colectiva Cuban Trashion. [+]