Dibujo


La abuela Rosa y el atrevimiento literario de Eldys Baratute (+ Fotos)

*Tomado de Cubahora

¿Cuán diferente o similar a las nuestras es la abuela Rosa, personaje del escritor guantanamero Eldys Baratute Benavides? ¿Cuántas como ella caminan por nuestras calles o ahora mismo comparten historias con sus nietos en casa durante estos días de aislamiento, como medida de protección ante el nuevo coronavirus, que apaga vidas en todo el mundo.

Desde la primera página de Los novios de la abuela Rosa (Premio La Edad de Oro 2017), uno es seducido por el ambiente familiar –frase común, tal vez diría Barature-, con referencias al olor a café recién salido del colador, la canela y la vainilla, que ella les echa a los dulces.

Ya con cierta “tradición” de motivar cartas de algunos lectores preocupados por lo atrevido de sus textos, el autor aborda el tema del amor en la tercera edad, con frescura y sin pizca de aburrimiento en una armónica relación entre abuela y nieto, a quien la anciana le cuenta su pasado amoroso y le enseña fotos de varios hombres de su vida.

Más de 50 novios tuvo Rosa, quien desde el principio asegura que “cuando joven era la pata del diablo”. Alegre, sensible y romántica como pocas, ella se nos revela como una mujer especial que también tiene la decisión para luchar siempre por lo que quiere, aunque eso signifique dar el primer paso cuando de conquistar se trata.

En sus relatos del presente y el pasado uno descubre personajes ricos, singulares, que con sus acciones motivan sonrisas y también reflexiones. Ahí están Nicolás, obsesionado con las esculturas; Santiago, el del bigote largo; Juanito, criado por unas mujeres a las que le llamaban las Bernarda Alba; Efraín, el novio 51…; todos con sus particularidades.

Narración precisa, capacidad para mantener el interés, articulación atractiva de recuerdos e historias del pasado con el presente, especialmente en la parte final, interrelación entre textos y fragmentos de canciones…, son algunos de los encantos de este libro de 102 páginas, publicado por la Editorial Gente Nueva en 2018.

Resaltamos otra vez la manera en que se refleja la vida de personas de la tercera edad, quienes también tienen el derecho de reencontrar el amor de pareja y avivar entusiasmos y sueños, sin importar los años. Ojalá el dibujo animado, realizado por la televisión, sobre Los novios de la abuela Rosa se divulgue mucho más.

Eldys Baratute Benavides/ Foto: Tomada de su perfil de Facebook.

Autor de varias decenas de libros y ganador de premios, como La Rosa Blanca (2007 y 2012), La Edad de Oro (2013 y 2017) y el Premio de la Crítica Literaria (2016), Baratute Benavides vuelve a demostrar en esta novela su madurez en el reflejo de temas poco abordados por la literatura para niños en Cuba. Lo hace de una manera atractiva y valiente, elementos que ya identifican su narrativa.

Otros de sus títulos en los que se aprecia esa favorable “manía” del autor de arremeter contra prejuicios son Marité y la Hormiga Loca y Cucarachas al borde de un ataque de nervios, los cuales suelen provocar reacciones diferentes.

Él asegura que nunca se ha sentido una víctima, “cuando me pasan esas situaciones duermo sabiendo que alguien me leyó y se emocionó, para bien o para mal. Ah y que, además, ayuda a hacerme de cierta forma famoso”.

Escritor Eldys Baratute. /Foto: Tomada de su perfil en Facebook.


Capítulo #8: La técnica del acueducto (+ galería)

  • (aproximaciones a la obra de Alejandro Lescay Hierrezuelo)

I

  • ¿Cómo entender el valor de una idea?
  • ¿Dónde nos convertimos en parte de la imagen?
  • ¿Cuántos cuerpos hacen una imagen?
  • ¿Cómo escenificar el silencio?

Algunos artistas están condenados a vagar en la limitada extensión de sus ideas/de sus imágenes. No conocen la técnica del acueducto. La simple maniobra de abrir o cerrar una llave.

En un mundo tan contaminado y accesible, donde todos quieren ser “el artista”, sin conocer la técnica del acueducto y sus interioridades; hay que aprender a ver-nos frente a la llave. Una maniobra tan simple posee significados absolutos.

Alejandro Lescay/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Al recorrer la obra de Alejandro Lescay Hierrezuelo (Santiago de Cuba, 1987) podemos encontrar-nos frente a la perturbadora situación de observar-nos a partir de un gesto insospechado. Un espejismo interior que no puede negar-nos la representación de nuestra imagen.

En su obra se evidencia un conflicto ineludible: la imagen generacional vs la imagen deteriorada en el fondo. Ambas actúan como una sentencia. Colisionan en un discurso dialéctico donde se revitalizan las emociones/la memoria/identidad/el discurso. Se trata de una búsqueda autorreferencial en el cuerpo colectivo. La mutación de los rostros según la idea, según la plasticidad del contexto. Todo dentro del propio vacío existencial que lo creó. Todo desmaterializado y definido. Presente.

de la serie Los hijos de Matías Pérez/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

   Graduado de Pintura y Dibujo en la Academia Profesional de Artes Plásticas José Joaquín Tejada (Santiago de Cuba, 2007), Alejandro parece estar colocado frente a la llave. Ha conseguido hacer alrededor de 12 exposiciones personales y tener presencia en más de 45 exhibiciones colectiva. Posee una producción amplia y rigurosa que lo sitúan como uno de las nombres a seguir en los próximo años del arte cubano. No solo por el elemento cuantitativo, sino también por su exploración pictórica y conceptual.

Gaviotas (de la serie Los hijos de Matías Perez)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay
  • ¿Es un artista experimental?
  • Sí.

Desde sus primeras piezas se ha comprometido en la búsqueda de modelos renovadores. Su profanación estilística es el culto al arte vivo. Con sus fondos oscuros y complejos, nos invita a penetrar en un universo próximo. Pues las figuras que se superponen a esos oscuros son identificables en el mundo actual. Se trata de imágenes que atraviesan diversas etapas y estados del individuo.

de la serie Los Hijos de Matías Pérez III/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

II

En la serie Los hijos de Matías Pérez (la cual a mi opinión representa el desprendimiento de una adolescencia creativa), el artista encuentra una conexión con los elementos de la naturaleza. Aire/cielo/agua/nieve/ y el mundo animal/ todos en diálogo con la inventiva humana. La naturaleza vs las máquinas. El mundo de las cosas vs el mundo natural.

de la serie Los Hijos de Matías Pérez /Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

En ese vínculo yacen sus deseos y angustias por construir nuevas exploraciones en su pintura. Una mezcla de lo onírico/el lienzo/la aventura/el acrílico/el descubrimiento de lo humano/el artista y la llegada a zonas que coquetean con lo inentendible.

Esta es una serie para vivirla similar a la práctica del deporte extremo. La construcción de pasajes inusuales/anónimos también nos muestra el potente imaginario del autor.

de la serie Los Hijos de Matías Pérez III/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Alejandro necesita jugar con lo abstracto. Encuentra la convergencia necesaria entre el color, los elementos figurativos (con trasfondo en la gráfica), y la abstracción como dispositivo definitorio. Desde allí maneja los significados. Desde ese escaparate experimenta y muestra, lo que a mí entender, es el gran tema de la serie: el viaje.

de la serie Los Hijos de Matíaz Pérez/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Pudiéramos decir que es un tema recurrente en todo el arte, tal vez incluso demasiado recurrente. Pero en su hacer, el artista nos muestra el viaje con sinceridad e inspiración locuaz. Es indiscutiblemente creíble. Su viaje es el destino humano. Es el fracaso de Matías y la dicha de sus hijos. Es la actualización de nuestros recursos comunicativos/políticos/migratorios.

  • ¡Somos los hijos de Don Matías Pérez!
  • ¡Vamos a volar/soñar/transitar el espacio fuera de nuestra atmósfera!
  • ¡Nadie puede detener a los hijos de quien inventó la técnica del acueducto!
Se permuta (de la serie Lps Hijos de Matías Pérez)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

III

Alejandro Lescay es capaz de generar dentro de un mismo concepto la representación del individuo como ser múltiple y específico. A eso le añade significados conductuales que complementan figuras ensombrecidas.

Individuos todos marginados desde la representación. Desde el inacabado retrato de la vida.

Lo anterior expuesto responde a su serie Silencio. Un capítulo creativo que denota su interés por dejar las parafernalias visuales fuera y ahondar en lo oculto.

En busca de fe (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

La serie hace referencia directa al silencio como sonido/comunicación/ostracismo/incapacidad/imagen. Todos los rostros sin boca.

Cada pieza es un tratado sobre lo oculto del ser. Creo que en este punto radica el valor ideológico de la serie como puesta en escena. A veces el individuo prefiere no decir, y otras, no puede; una responde a la voluntad/capacidad de lo biológico y otra a lo social/lo político.

Esas cuestiones norman el comportamiento. Hacen de los seres humanos un concepto desde el ojo que lo observa. Los silencios en esta muestra son más que físicos, inclusos más que decisiones conscientes. Se trata del rostro interior.

La piel que habito (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Como individuos en sociedad vivimos tras la imagen que los otros fabrican cuando nos interpretan, en lo que reprimimos y ocultamos. Somos máscaras. Personajes que viven bajo el sentido de la verdad que practican, pero que no representa ni exhibe ese rostro interior.

Nuestra expresión/comportamiento/carácter responde a una construcción social. La psiquis duerme nuestros impulsos y emociones cuando creemos que no es afín con la imagen que presentamos. En ese ejercicio (ya perenne), nuestros rostros verdaderos hacen silencio.

Sobre esa tesis descansa (también) la obra del artista. Los silencios de las personas constituyen (en este caso) una exploración de lo abyecto contra su propia naturaleza.

Silencio (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

En esta serie podemos ver a un creador posicionado frente a la llave, y también con la capacidad de abrir y cerrarla.

Su obra mantiene una conexión visible con toda su producción precedente, pero nada indica inmovilidad creativa. Los elementos sufren la desmaterialización que invade (incluso) el área conceptual. Sus fondos complejos evocan al encierro y el vacío material de cada figura. Lo figurativo nos conduce por áreas regidas por lo emotivo y sensorial.

Tras apoderarse de imágenes reales, busca re-significarlas/re-interpretarlas a través de las penas, la desesperación, la edad, los miedos, el anonimato y la aceptación de la condena.

La luz de Victoria (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Cada obra desde una intención fotográfica, vincula a estos seres con el mundo real, pero desde esa realidad otra que los hace permanecer vivos e inexistentes. Una dualidad que corresponde a la psiquis, que nos habla desde una conducta extra-verbal/extra-física. La actuación implícita en la obra Sin respirar da fe de ese agobio e incapacidad del individuo por imponer su (verdadero) lenguaje.

Sin respirar (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Con un marcado interés en el dibujo, Alejandro investiga a través del carboncillo y el lienzo. Ejercicio que desde lo pictórico naturaliza y hace más orgánica su investigación. Utiliza además, el acrílico y la técnica Scratchboard para buscar el efecto preciso en la textura. Todo esto desde una paleta reducida que deviene en armonía visual.

IV

  • ¿De qué le sirve a un creador como Alejandro Lescay la técnica del acueducto?
  • ¿Qué importancia tiene esa maniobra?   
Alejandro Lescay/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

 El mundo de los artistas es interpretación. Tener la facultad para desnudar al otro tras la exégesis de lo que esconde, es un don poco común. El acueducto es la máquina para regular el agua/idea/concepto a gran escala. La llave por el contrario, es una maniobra que permite la regulación desde lo micro/lo preciso.

En esos bordes transita Alejandro y su obra. Conoce cómo atrapar un concepto y desplegar micro-acciones para nutrirlo de manera endógena. Encuentra la diversidad en lo singular de cada gesto. No desmaya en abrir o cerrar la llave para dar paso a sus contradicciones, luego se expresa. Sabe que la técnica del acueducto no es la reproducción mecánica del gesto, sino la vía consciente por donde circula lo que callamos. 

Alberto Lescay/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

  


Los nasobucos infantiles de Luis Manuel

Cuando Luis Manuel Valdés LLauguert cosía los vestuarios del grupo Noria, y conservaba luego los retazos que sobraban, sabía que en algún momento iban a ser útiles. Su invariable hábito lo llevó a nuevas tareas, pues desde que en Cuba fuesen declarados los primeros casos de COVID-19, ya su máquina de coser se apresuraba a crear los primeros nasobucos que repartió entre amigos y vecinos de su barrio al centro de la ciudad de Matanzas.

fotos cortesía de Luis Manuel

Entre ellos unos niños testarudos, vecinos de la cuadra, se negaban a usar la prenda, sin embargo, la creatividad de este joven miembro de la AHS en Matanzas y director del proyecto de teatro callejero Noria no se hizo esperar y en unos pocos días ya tenía listos otros tantos, esta vez, con modelos muy singulares, a los cuales los pequeños no pudieron resistirse.

fotos cortesía del entrevistado

“De ese incidente viene mi motivación, pues cuando vi que con un poco de creatividad lograba que esos pequeños usaran el nasobuco, pensé que utilizando los recortes de nuestros vestuarios podía hacer otro grupo para  otros niños que los necesitaran y me enfrasqué en la tarea”, comenta Luis Manuel.

Cerca de 25 piezas con diseños sumamente originales fueron donadas por él a varios círculos infantiles de la cabecera provincial. Luis Manuel cuenta con orgullo la alegría con que fueron recibidos, incluso los niños de su barrio le han otorgado nuevas funciones en a veces intentan usarlos como títeres.

“El objetivo esencial es crear una pieza que resulta imprescindible en estos tiempos, pero más personalizada, de manera que los niños se sientan motivados a usarla y se protejan.

fotos cortesía del entrevistado

“Por supuesto, es un trabajo que lleva tiempo y recursos, porque recrear estos personajes de cuentos o dibujos animados requiere un esfuerzo extra y a veces no tenemos suficiente material, pero lo importante es saber que a los niños les gustan y que estamos colaborando al enfrentamiento del coronavirus”.

Junto a Luis Manuel y su madre, otros artesanos de la Red de Educadores Populares se suman a esta tarea de crear para los más pequeños en tiempos de Coronovirus.

“Vamos a seguir aportando mientras se pueda, son tiempos de solidaridad y si tenemos la posibilidad de ayudar, lo seguiremos haciendo”, dijo con seguridad.

fotos cortesía de Luis Manuel

Los nasobucos infantiles de Luis Manuel

Cuando Luis Manuel Valdés LLauguert cosía los vestuarios del grupo Noria, y conservaba luego los retazos que sobraban, sabía que en algún momento iban a ser útiles. Su invariable hábito lo llevó a nuevas tareas, pues desde que en Cuba fuesen declarados los primeros casos de COVID-19, ya su máquina de coser se apresuraba a crear los primeros nasobucos que repartió entre amigos y vecinos de su barrio al centro de la ciudad de Matanzas.

fotos cortesía de Luis Manuel

Entre ellos unos niños testarudos, vecinos de la cuadra, se negaban a usar la prenda, sin embargo, la creatividad de este joven miembro de la AHS en Matanzas y director del proyecto de teatro callejero Noria no se hizo esperar y en unos pocos días ya tenía listos otros tantos, esta vez, con modelos muy singulares, a los cuales los pequeños no pudieron resistirse.

fotos cortesía del entrevistado

“De ese incidente viene mi motivación, pues cuando vi que con un poco de creatividad lograba que esos pequeños usaran el nasobuco, pensé que utilizando los recortes de nuestros vestuarios podía hacer otro grupo para  otros niños que los necesitaran y me enfrasqué en la tarea”, comenta Luis Manuel.

Cerca de 25 piezas con diseños sumamente originales fueron donadas por él a varios círculos infantiles de la cabecera provincial. Luis Manuel cuenta con orgullo la alegría con que fueron recibidos, incluso los niños de su barrio le han otorgado nuevas funciones en a veces intentan usarlos como títeres.

“El objetivo esencial es crear una pieza que resulta imprescindible en estos tiempos, pero más personalizada, de manera que los niños se sientan motivados a usarla y se protejan.

fotos cortesía del entrevistado

“Por supuesto, es un trabajo que lleva tiempo y recursos, porque recrear estos personajes de cuentos o dibujos animados requiere un esfuerzo extra y a veces no tenemos suficiente material, pero lo importante es saber que a los niños les gustan y que estamos colaborando al enfrentamiento del coronavirus”.

Junto a Luis Manuel y su madre, otros artesanos de la Red de Educadores Populares se suman a esta tarea de crear para los más pequeños en tiempos de Coronovirus.

“Vamos a seguir aportando mientras se pueda, son tiempos de solidaridad y si tenemos la posibilidad de ayudar, lo seguiremos haciendo”, dijo con seguridad.

fotos cortesía de Luis Manuel

Alfarero de la belleza (audios, fotos y poemas)

Esbozos de perfiles en blanco y negro, con aforismos disímiles, están dispersos ante mis ojos. Mientras, los acordes de Over the rainbow (en español, Sobre el arcoíris) toman la cocinita y el patio, en donde Lezama, la mascota de casa, aúlla la melodía. Si por casualidad el clarinete da una nota falsa, mi anfitrión explica con toda naturalidad que no es su culpa, que le falta esa tecla y no ha tenido tiempo para componerlo.

Entonces comprendo que alguien más estuvo ojeando los dibujos dispersos sobre las losas carmelitas del mini bar de Boitel. Que muchísimos otros reporteros han debido interpelarlo desde que apareció la noticia de su Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén. Y me siento un poco dichosa de compartir este espacio privado con uno de los poetas más célebres de Cuba, dueño de una casa en donde cohabitan ángeles dorados y brujas voladoras, y dueño también de una sencillez cómoda, de una suerte de espiritualidad muy rara y agradable.

Dicen en la villa, que tanta gloria se debe a que Remedios la bella besó sus manos con alquimias de poesía y que en agradecimiento, Luis Manuel Pérez Boitel trajo hasta su regazo más de medio centenar de premios y lauros de casi todos los tipos y desde los más remotos parajes.

Entre estos, el Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña en Lengua española, en México, con el poemario Artefactos, para dibujar una nereida así como el Premio a la Trayectoria de SELAE que otorga la Sociedad de Escritores Latinoamericanos y Europeos, con sede en Italia, por el conjunto de su obra poética. Dentro de Cuba lo prestigia el Premio Casa de las Américas y entre más de una veintena de certámenes importantes, el reciente Nicolás Guillén.

El intérprete de Over the rainbow, y el firmante de aquellos dibujos sobre cartulina, realmente es conocido por unos cerca de 25 libros entre poemarios, prosa poética y crítica literaria. Es asiduo en eventos de gran prestigio dentro y fuera de la Isla. Ha recibido condecoraciones como la de Hijo ilustre de la Villa de San Juan de los Remedios, en la provincia Villa Clara, así como la Medalla por los XXV años de la Asociación Hermanos Saíz y la Distinción por la Cultura Cubana. También es Miembro de honor de la Unión Hispanoamericana de Escritores.

Una vez que nos ponemos serios me muestra la que asumo como biblioteca o cuarto de estudio. Lecturas y borradores están en pilas o regados por el piso, al pie de la computadora de mesa, me hacen pensar que Boitel no tiene horarios establecidos para concebir un verso, sino que brotan de él como un artefacto divino.

¿Te planteas la poesía como un oficio o como una forma de asumir la vida?

Yo creo que ante todo la poesía es una necesidad espiritual. Pero también uno está apostando por edificar una especie de monumento que valide la estética propia y esa visualidad que tenemos sobre la vida y sobre el mundo mismo. Te exige superación como cualquier otro oficio que se hace día a día. Por ejemplo, lecturas que mejoren la estética que uno pudiera asumir como perspectiva de su obra. Pero también el arte y la literatura se pueden sostener sobre experiencias vitales que son mucho más enriquecedoras que el oficio.

En el año 97, apenas egresado de la Universidad Central de Las Villas, ganas con el poemario Unidos por el agua, el premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara ¿Cuándo decidiste darle formato de poeta a toda esa sensibilidad que te habita?

Cuando estudiaba en la Escuela Primaria “Alejandro de Río” estuve vinculado al taller literario de una asesora importante en Remedios, Yolanda Meriño. En esa etapa también estudié artes plásticas, danza, guitarra, trompeta. De pronto estaba en una clase de ajedrez, o de pin pon, o de atletismo. ¡Hasta esgrima practiqué! Se trataba de esa belleza que tiene la infancia de indagar, explorar, que deja una huella en las personas, aunque no tengas asumido tu camino. Recuerdo, por ejemplo, que en el año 80 fui el mejor lector de un grupo que habíamos formado aquí en Remedios.

Todo esto generó que en mi etapa de universitario me vinculara al círculo de escritores de Santa Clara, a través del taller que se realizaba en la UCLV. Comencé a participar en festivales estudiantiles y estaba al tanto de las nuevas publicaciones. Algunos autores llegaban hasta allí y sostenían ese diálogo tan importante con los jóvenes. La facultad tenía el encanto de estar asociada a la carrera de Filología y a veces algunos  amigos me pasaban las obras de su plan de estudios.

Luego sucedió que, aunque me gradué con un promedio de 5,56 puntos, tuve dificultades para obtener mi ubicación laboral, y me sumergí en la literatura. A todo esto, se sumó que mi padre, a quien le dediqué mi primer libro, murió dos años después con un periódico en las manos que anunciaba ese pequeño suceso editorial. La emoción de mi primer libro publicado por Capiro y el orgullo de mi padre fueron motivaciones suficientes para seguir escribiendo poemas.

tomada del perfil de facebook del entrevistado

En el 2002 te agencias un puesto dentro de la élite latinoamericana cuando el poemario Aún nos pertenece el otoño resultó Premio Internacional Casa de las Américas, entre 354 obras de 18 países. ¿Qué significó para ti?

Empezó prácticamente una carrera maratónica sobre la que ahora mismo me pregunto; ¿cómo pude escribir tanto en tan poco tiempo? Solo sé que siguieron sucediéndose proyectos. Miraba la poesía con diferentes perspectivas y en esa medida iba cambiando de figuraciones, enriqueciendo el mundo imaginario que rodea a la poesía.

Marcas estilísticas de tus textos podrían ser: la peculiaridad con que abordas la naturaleza humana, las imágenes exquisitas del mundo exterior, la temática amorosa…

Trato de que mis libros sean diferentes. Por ejemplo, Para no quedar en el Andén[1] cuenta un viaje en el tren espirituano desde La Habana. Es una especie de poesía río de cien páginas. Mediante una fusión entre lo poético y el lenguaje narrativo, fundamentalmente lo coetáneo, intento crear mundos paralelos. Cuando lo comparas con La Sagrada Familia encuentras la misma fluidez, el mismo choque poético y de tiempo narrativo, y una visualidad estética de un hecho que puede ser comprensible mediante la poesía. Pero tanto este como Aun nos pertenece el otoño; tienen otra vertiente, otra ilación.

Creo que esto ha sido un divertimento durante toda mi vida; que los libros sean fundamentalmente una propuesta artística. Como una especie de pieza de teatro detallada y preciosista en todos sus aspectos. Para que haya dramaturgia y versatilidad a nivel de tono y de tiempo poético.

Yo no escribo ningún poema aislado, yo escribo libros y los concibo como propuesta estética que funcione como un artefacto de cierta belleza.

Tu propia obra ha sido sometida, con éxito, al ojo crítico de importantes jurados. Has ejercido tú mismo la crítica. Pero, ¿cuáles autores son aquellos que ganan tu admiración?

Yo leo a todo el mundo. Cuando egresé de la universidad, con un raro misterio fui sustituyendo mis libros de derecho por libros de poesía. Rilke me gusta mucho[1], Siempre creo que todos los poetas admiramos a Mallarme, Rimbaud, la poesía francesa, la española del 27. En la poesía cubana te pudiera mencionar a Martí, a Julián del Casal, a Heredia y a la poesía de Orígenes con exponentes como Lezama y Eliseo Diego.

En una ocasión, hace unos 20 años, el escritor y periodista santaclareño Arístides Vega escribió acerca de la obra de su coterráneo: “Testimonios de soledad, de amor y desamor, de dureza y vitalidad…”

La Naturaleza del Estío, poemario ganador del Permio Nacional Nicolás Guillen, ¿qué temas va dejando atrás y qué novedades propone?

Es un libro donde exploro el contexto del país, el tema de la insularidad, la belleza de los campos. Me inspiro en los poetas origenistas que manifestaban la estética de la genealogía insular. Porque como acuña Cintio Vitier la historia de Cuba y sus poetas se han refugiado en la contemplación del paisaje.

Quise concebir una obra que afianzara lo cubano y la belleza de nuestra vida a modo general. La contemplación de nuestros paisajes me permite encontrar la paz que uno pierde en la vorágine de otras cosas. Encontrar un refugio que no atente contra la belleza.

¿Te sientes partícipe de alguna generación o movimiento especifico de poetas?

Las generaciones se han acuñado a partir de un estudio de la crítica literaria sobre las principales vertientes que se han sucedido en el país. Lamentablemente, cuando uno estudia a Portuondo y Mirta Aguirre, puede apreciar que sus conceptos de generación se refieren a una academia, pero no se enmarcan en un tiempo mismo, como sí lo hace hoy por hoy la crítica; que segmenta como si fuera un chorizo la generación del 50, del 70, del 80, etc.

No se puede buscar una ruptura estética por década, porque no te da la medida de la dimensión o la visualidad que pueda tener la poesía misma. Se debiera, en este sentido, hacer estudios más amplios que comprenda un distanciamiento aeectivo y en el tiempo a la hora de validar, por ejemplo, el estado actual de la literatura. Porque muchas veces se obvian voces y no se abarca lo que está sucediendo realmente en las provincias.”

¿Cuánto duele escribir un poema?

Más que un dolor es un placer. Hedónicamente una aptitud. Es visualizar algo que ya estaba escrito en mi memoria. Cuando lo leo transcrito al papel me doy cuenta de si es verdaderamente bueno o no.

Boitel al igual que su coterráneo Caturla nunca ha abandonado Remedios…

Uno tiene que estar donde es feliz.

Publicada por Luis Boitel en Martes, 11 de febrero de 2020

Después de un Casa, un Nicolás Guillen, entre más lauros internacionales, ¿hacia dónde se empinan sus ambiciones literarias?

Uno no escribe nunca para premios, estos solo llegan. Lo importante, más allá de la dotación económica, es ganar un lector, establecer diálogos y ganar un poco de tiempo para poder seguir escribiendo. Los premios validan tu obra, pero uno escribe para las personas. Entre las cosas que estoy soñando se encuentran algunos guiones para teatro. Es un mundo del que me gustaría beber más.

Le diré algunas palabras que extraje al azar de sus poemas, ¿podría decirme que evocaciones le traen?

—Adelante

—Andén

—Ese lugar a donde todo el mundo va.

—Árbol

—La dimensión de lo que se puede alcanzar

—Espuma

—Es como un segmento que va dejando el tiempo

—Belleza

—Lo que pretendemos encontrar

—Casa

—Puede ser país, continente.

—Poesía

—Es algo que va a sobrepasar la vida y que siempre querremos defender como si fuera realmente el reino de Dios.

 

CARTA ASTRAL PARA DIBUJAR UNA REALIDAD QUE NO ENCUENTRO EN TU NOMBRE

 

Qué puedo decirte, madre mía, a la hora del mal dormir entre jeringuillas y fragmentos de un linfoma que parece te llevaba poco a poco. Después del chinesco hospital, los cristales de la noche, el traspiés que oficia el cáncer entre tus arterias, cómo decirte tanta verdad, una verdad absoluta que no podría creer nunca, por la que respondías como un animalito tembloroso, el más frágil de los animalitos asediado por la multitud, imposible de entender en su propia sombra. La definición de un extraño sueño que descubro en tus ojos, en la planicie de tus ojos, por ejemplo, cuando acudíamos a la salita del hospital y yo te ofrecía regalos para que no imaginaras la sangre que faltaba, los estertores de esta aciaga existencia de la que no puedo despedirte. Entonces indagabas el porqué de aquella gente moribunda cruzando frente a nosotros, por qué tanta soledad en los rostros de los paseantes y de uno mismo.  Nada nos era ajeno, ni apenas el día que me dijiste que no querías ir más al tratamiento, que ya las venas habían colapsado y que era algo injusto que no podía seguir ocurriendo. Entonces mirabas alrededor, y no hallaba razón ni pedestal, no hallaba el sendero para trasmitirte el estado de necesidad, las injusticias de Dios, y de la vida que siempre es incierta. Duró un año el temor, la súplica y el desasosiego de cuidar de ti, madre mía, de sentirme a tu lado el más pequeño de los hombres, un principiante, el incomprendido por la turba, el que escapó de todo pacto por alcanzar la felicidad, y tú no sabías nada; en ese instante donde decidí dejarlo todo a Dios, pero salvarte. Así fue la rutina de los días, la búsqueda por minimizar las secuelas de las quimioterapias y de tus venas necrosadas.  Madre mía, qué difícil es dejarte en un poema para que elijas entre la pátina de la enfermedad y la manida palabra existencia. Qué difícil es dibujar una realidad que no encuentro en tu nombre, cuál misterio ofrece Dios para que la muerte no sea ni el fin ni el principio. A duras penas, puedo explicarte, madre mía, sobre estas cosas, y temo en el aciago tiempo que nos encumbra, mientras te preguntaba por los árboles del patio, por los días de navidad y la familia. Qué puedo hacer, madre mía, si no pude sustituir mis venas por las tuyas, si en tu mirada siempre encontré un rencor injusto, diría yo, amargo, por la inexplicable hora de la transfusión, por la herida que mucho más se hacía en mí junto al lamento. Nada sabías, madre mía, nada sabías. Cómo podré revivir tantos motivos diversos, fingir que se está feliz por el hecho de hablar de la felicidad. Callar simplemente, cambiar de conversación como si nada sucediera, pero es terrible el candil y la expectativa por los medicamentos que no llegan.  Mientras prefiera que sigas peleando por la casa y el país, insistir que todo ha sido un sueño y tenga lágrimas nada más, y no pueda hablarte de porvenir, de los hijos que no sé si tendré; ah para qué tantas preguntas. Madre mía, si un día piensas que intenté escapar de esa realidad, que no cuidé bien de ti, que también he sido un animalito tembloroso perdido en su soledad. Qué puedo decirte, madre mía, que me perdone, que me perdone.

 

CANCIÓN RUSA PARA DELFÍN PRAFTS

Siempre hubo alguien entre tú y yo

siempre hubo algo poderoso intercediendo

Delfín Prats

 

Apenas bastaría la primera y única carta para cortar

estas amarras que ha dejado el tiempo, pues ciertamente Delfín,

siempre hubo algo entre tú y yo, que no puede ser

comparable a estas calles de Rusia que van cambiando

de nombre, de simetría sobre la noche,  tártara noche esta,

de justificación para nosotros mismos. 

Quién pudo cruzar tantos océanos para llegar a tu inexplorable isla

fue un cobarde, alguien que no tiene excusa

para dejarte un sobretodo con la postal de 1980, una canción rusa

y aquel poema que me dedicaras, desde un olvidado parque de Holguín.

A quién pude callar en esa soledad inequívoca de bancos dispersos,

en esta mutilación que los periódicos hacen, si en aquel poema

tenía yo la mejor carta de triunfo, unos veinte años menos.  Pero te marchaste

Delfín, sin darme aquellas otras pruebas, en la catedral

del Cristo Salvador las estampillas no son iguales, tu nombre

por ejemplo, un garabato en la pared en sepia. Un trago de vodka a granel

como salutaciones de estas otras comarcas por la soledad y el tiempo

que nos deja, como magro cielo sobre las cosas que ya no están.

Mi casa ha sido de alabastros  y libros que en invierno cubren y soportan

esta rara manía de llamarte, de no saber ya nada de ti. Dividiría yo los días

por uno de esos licores rusos y ese modo de hacer

el amor sobre tapices famosos y libros de algebra analítica.

Para qué tanta poesía ─ me dijiste ─ muchacho, tan bello como la nieve

de San Petersburgo.  Entonces nunca más supe de ti.


Dibujar manga no está mal: estancarse, sí

Poco ruido y muchas nueces es la máxima del Taller de historieta Éramos 13. Desde su fundación en Sancti Spíritus en el 2015 hasta ahora, varios de sus integrantes han alcanzado premios y menciones en las Jornadas ArteCómic de Camagüey, el más completo evento que en Cuba se dedica al noveno arte. Esta vez Beatriz Valdés Gómez, de 15 años de edad, fue reconocida «por oxigenar con su calidad gráfica las posibilidades de la historieta cubana, especialmente viniendo de una muy joven representante», según consignó el jurado. Aunque el futuro es impredecible, ella supone cuál es el suyo.

Beatriz Valdés Gómez/ Perfil de Facebook

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Víctor Manuel feat. Lescay-Guayacán en full HD

A primera vista el espectador se desconcierta.  ¿Era una exposición de artes plásticas o una expo fotográfica? Y tras la segunda mirada permanece el desconcierto ante estos dibujos-fotografías fielmente recreados en los nueve lienzos con los que Víctor Manuel Alcolea rinde homenaje al artista que él llama Guayacán, quien es para el resto del mundo Alberto Lescay Merencio o simplemente Lescay. [+]


Las obras son más importantes que yo

El dibujo llegó a su vida antes que decidiera estudiar Ingeniería en Ciencias Informáticas. Javier Castillo (La Habana, 1994) siempre tomó con seriedad su vocación artística. A través de los años su pasión autodidacta fue consolidando conocimientos, experiencias y búsquedas que en la actualidad ha generado obras donde la imagen es complementada por textos o ideas, y donde rige, por encima de todo, un sentido humanista. [+]


El huidizo cuento de los muñequitos cubanos

A mi hijo le gusta, entre otras muchísimas cosas, los muñequitos de Elpidio Valdés; para él todos los caballos son Palmiches y le encanta subirse a una escoba o en una sombrilla o en un plumero (en todo menos en su caballo de rueditas) e imaginarse jinete ágil. Pocas cosas lo alegran más (excepto los dulces y los caramelos) que tener en sus manos un ejemplar de los animados del televisor. Por una cuestión u otra, y en contra de mi gusto más personal, tiene en su cajón a Mickey Mouse, un Monster Machine, a Winnie Pooh y su amigo tigre, un ejemplar minimalista de Dora la Exploradora… y en otros formatos figuran: una chancletas y una camiseta con Bob Esponja, otra con los protagonistas de Paw Patrol y un vaso del Rayo McQueen y el loco de Mate.

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