Díaz-Canel


Por la cultura, por Cuba, la AHS siempre acompa√Īar√°

*Palabras del Vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz a propósito del Día de la Cultura Cubana

Compa√Īero Alpidio Alonso Grau, Ministro de Cultura

Queridos compa√Īeros:

Es un alt√≠simo honor estar aqu√≠ en esta celebraci√≥n dentro de la Jornada de la Cultura Nacional, acompa√Īando este justo reconocimiento a figuras imprescindibles para el imaginario espiritual de la naci√≥n. Todos los distinguidos hoy son maestros, son la savia que nutre y sustenta el proyecto soberano de pa√≠s que desde aquel 1868 venimos defendiendo sin reposo.

La cultura cubana recuerda hoy con alegría aquel hermoso 20 de octubre en que, por primera vez, se entonaron en la recién liberada ciudad de Bayamo las notas del Himno Nacional de Cuba. A la clarinada heroica del 10 de octubre, la siguió el gesto hermoso de un pueblo cantando su libertad.

Las naciones son más que el espacio físico que ocupan. Son imágenes, lealtades, emociones. Ser cubano, nos decía el gran Fernando Ortiz, es amar y aceptar todo lo que hace de lo cubano una condición en sí. Es asumir las glorias y aspiraciones de un pueblo y amarlo y defenderlo en cualquier lugar en que se esté.

El proyecto imperial que nos adversa, sabe que la forma m√°s efectiva del desarraigo y la derrota es aquella que vac√≠a al ser humano de las ra√≠ces que lo fundan: quitarnos lo cubano y llenarnos con la vacuidad que promueven las industrias culturales hegem√≥nicas, cambiar el culto a Mart√≠ por el culto edulcorado a h√©roes cinematogr√°ficos vac√≠os, aceptar el anexionismo, el pasado, como √ļnico destino posible, asumir la heroica resistencia de m√°s de 60 a√Īos como un absurdo, arriar todas las banderas que hemos defendido por la promesa del consumismo, que no es m√°s que la expresi√≥n m√°xima de la enajenaci√≥n y la soledad del individuo contempor√°neo.

Hoy el mundo est√° viviendo tiempos dif√≠ciles. Las derechas asesinas han vuelto al poder en numerosos pa√≠ses de nuestro continente y se prestan al juego sangriento e inhumano de rendir por hambre a la hermana Rep√ļblica Bolivariana de Venezuela, como desde hace d√©cadas se prestan al de rendir por hambre a la Revoluci√≥n cubana. El mayor imperio de la historia vive una etapa de tensi√≥n social in√©dita desde los a√Īos de la guerra civil, y en el proceso, canaliza todo su odio contra las fuerzas progresistas del continente y el mundo. Su poderoso aparato militar y de manipulaci√≥n de la conciencia est√° enfocado en subvertir y desmontar los procesos que de una forma u otra cuestionan su predominio. Por si fuera poco, una pandemia ha venido a trastocar la normalidad establecida, llev√°ndonos a cuarentenas, aislamientos y nuevas normalidades, planteando retos in√©ditos para el mundo y para Cuba.

La agresividad contra los intelectuales y artistas que, valientemente, respaldan a la Revoluci√≥n cubana y su obra va en ascenso, alimentada por los mismos intereses hist√≥ricos y por la desesperada campa√Īa electoral de un magnate.

Ante el odio, erigimos la certeza de que los artistas e intelectuales verdaderamente valiosos, dentro y fuera de la isla, permanecen al lado de la Revoluci√≥n. Son a esos a los que ponen en espurias listas y a los que amenazan y sabotean constantemente. Pero nuestros artistas cuentan con un arma inigualable, con el arma que ha sustentado las luchas de un pueblo durante generaciones: la verg√ľenza. Con la verg√ľenza respondi√≥ el Mayor General Ignacio Agramonte, cuando en una de las desesperadas jornadas de la Guerra de los Diez A√Īos, alguien le preguntara con qu√© contaba para continuar la guerra. La verg√ľenza de las mujeres y hombres de bien, de los mejores artistas e intelectuales, es nuestra mayor garant√≠a de continuidad.

Ante este panorama, la batalla que debemos librar como nación ya no es solo económica, sino que es también una batalla de símbolos. Es la batalla por un universo de representaciones. Por qué modelos de ciudadano y de nación queremos para el futuro. Es también la batalla por qué arte debemos privilegiar.

Todos los aquí reunidos y muchos más, muchísimos más, edifican con su labor cotidiana, con las ideas y la belleza que constituyen sus obras, esa defensa esencial, primera, que debe edificar cualquier pueblo contra la avasalladora ola neoliberal. Y lo hacen sin renunciar al pensamiento crítico, ese que, desde el compromiso, no duda en denunciar todo lo mal hecho y cambiar todo lo que debe ser cambiado.

Soy de los que cree, firmemente, que en la cultura se decide hoy el destino de nuestra naci√≥n. Que es la cultura, como nos indicara Fidel en m√ļltiples ocasiones, lo primero que hay que salvar. Defender nuestra cultura es defender la Revoluci√≥n, ese hecho cultural superior, como lo definiera el Presidente Miguel D√≠az-Canel. No importa que tengamos la propiedad sobre los medios de producci√≥n fundamentales, que demos la pelea a brazo partido contra el poderoso enemigo que nos persigue y ataca, si descuidamos por un segundo el necesario proceso de formar, permanentemente, a todo un pueblo en lo bueno, en lo bello y en lo justo. El socialismo no es una utop√≠a, es el √ļnico camino posible ante el absurdo del capital. Como advirtiera hace m√°s de un siglo Rosa Luxemburgo, el dilema hoy sigue siendo entre socialismo o barbarie.

Ayer, 18 de octubre, celebrábamos el aniversario 34 de la Asociación Hermanos Saíz. Todos los jóvenes de esta organización, la juventud toda del país sabemos el inmenso deber que pesa sobre nuestros hombros y aceptamos gustosos el reto de permanecer y continuar la obra de los que aman y fundan. Es un gran deber también el de continuar por la senda que ustedes han abierto.

¬°Feliz Jornada de la Cultura cubana para todos!

¬°Muchas felicidades por el merecido reconocimiento!

¬°Abrazos grandes!

¬°Muchas gracias!


¬°A bailar con Failde! (+Fotos)

‚ÄďTal d√≠a de octubre se presentan en el Pabell√≥n Cuba.

La huella de asombro se pos√≥ en el rostro de Ethiel Failde. Era el a√Īo 2013 y el olor a cascar√≥n no espant√≥ a Luis Morlote, entonces Presidente Nacional de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z, para en el medio de una reuni√≥n con los afiliados matanceros soltar aquella papa caliente.

Ethiel Failde apuesta por la promoción constante y coherente de los verdaderos exponentes del arte cubano./ Tomada de su perfil de Facebook.

‚ÄúUnos meses despu√©s est√°bamos ofreciendo nuestro primer concierto all√≠. Como si eso fuera poco, en aquel escenario conocimos al maestro Guillermo Rubalbaca, quien ante la emoci√≥n de vernos tocar el danz√≥n se subi√≥ a improvisar en el piano junto a nosotros. Adem√°s, aprovechamos el viaje para grabar nuestra tambi√©n primera aparici√≥n en Par√©ntesis, rostro televisivo de la organizaci√≥n. Justo esa presentaci√≥n la asumimos como la g√©nesis de nuestro contacto como profesionales en ese medio con car√°cter nacional‚ÄĚ, regresan esos primeros pasos con total emoci√≥n a la memoria de Ethiel Failde.

Hab√≠an pasado escasos tres a√Īos del roce inicial del joven matancero con la AHS. Desde entonces, no ha necesitado regresar a las fotos del d√≠a en que le entregaron el carn√© de asociado, para que cada instante llegue con n√≠tidos flashazos. Lo resguarda con celo en su memoria, tal y como sucede con la fecha de fundaci√≥n de su mayor pasi√≥n: la Orquesta Failde, el 14 de abril de 2012, cuando Rub√©n Dar√≠o les abri√≥ las puertas al novel colectivo en el Festival Internacional de T√≠teres, en la Atenas de Cuba.

“Desde entonces, los espacios de la AHS (talleres, reuniones, consejos) y los de la Dirección Provincial de Cultura en Matanzas han sido los primeros a donde llevo mis propuestas. De la beca El Reino de este mundo salió nuestro vínculo con la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem) y nuestro primer álbum Llegó la Failde. Justo esa producción, en 2016, mereció dos nominaciones a Cubadisco. Precisamente, la misma que el diario mexicano La Razón consideró dentro de las mejores de la región en su momento.

‚ÄúY en un Consejo Nacional hice p√ļblica la idea de organizar el Encuentro Internacional Danzonero y recib√≠ el espaldarazo de las autoridades culturales y de Miguel D√≠az-Canel, en aquel momento primer vicepresidente del pa√≠s y quien se ha mantenido siempre muy al tanto del quehacer de la Asociaci√≥n‚ÄĚ, rememora.

La Orquesta Failde defiende su m√ļsica desde la Atenas de Cuba. /Tomada de su perfil de Facebook.

S√≥lidos cimientos de su carrera como director de una de las orquestas cubanas m√°s medi√°ticas en los √ļltimos tiempos. Un camino recorrido a fuerza de mucho empe√Īo, entrega, amor y siempre escoltado por las buenas vibras de una organizaci√≥n eternamente joven, aunque muestra con elegancia sus 34 a√Īos. Razones por lo que a pocas personas sorprendi√≥ la publicaci√≥n de Ethiel Failde en su cuenta personal de Facebook: ‚ÄúLa AHS #Sost√©n #Camino #Casa #Empuje‚ÄĚ.

‚ÄúEs una organizaci√≥n que cumple un papel fundamental al nuclear a los j√≥venes artistas e intelectuales, generar espacios de di√°logo y un sistema de Becas y Premios que respaldan los primeros pasos, algo realmente muy necesario. Funciona como dispositivo que, en el caso de la m√ļsica, nos conecta con las disqueras m√°s importantes del pa√≠s, lo que posibilita el descubrimiento de nuevos talentos. Uno crece con las experiencias e ideas de sus compa√Īeros. Tiene una visi√≥n de lo que sucede en otras regiones del pa√≠s. Aprende a lidiar con la cr√≠tica, siempre necesaria, y se siente parte de la cultura cubana, reconocido por su sistema institucional, √ļtil‚ÄĚ, opina.

foto: karelis herrera/ cortesía de ethiel failde

Aprendizajes que sedujeron al jovencito de 19 a√Īos, con se√Īales a√ļn de su paso por el servicio militar, capaz de defender contra vientos, mareas y tendencias comerciales la herencia familiar. Unos a√Īos despu√©s, la Orquesta Failde mereci√≥ con creces formar parte del cat√°logo de excelencia de la AHS.

‚ÄúComo ingres√© tan temprano a la organizaci√≥n, puedo decir que soy un veterano con casi 10 a√Īos dentro de ella. He visto el paso de tres presidencias nacionales y he vivido dos Congresos. Tengo una excelente relaci√≥n con mi casa discogr√°fica y los medios de comunicaci√≥n, pero siempre ante una necesidad concreta mi primera llamada es a la AHS y si no participo o no estoy al tanto de los debates relacionados con la m√ļsica, no me siento bien‚ÄĚ, reflexiona.

La ense√Īanza art√≠stica ha estado siempre entre las preocupaciones de este asociado matancero. /Tomada de su perfil de Facebook.

‚Äď¬ŅCu√°les han sido los temas que Ethiel nunca ha dejado de plantear en esos espacios?

“Siempre he insistido mucho en la necesidad de promover mejor la obra de los jóvenes, y si es de los jóvenes que se ocupan de expresiones raigales de nuestra cultura e identidad, mucho más. Hay que lograr más sistematicidad, sentido estratégico y atractivo en las acciones comunicativas para aspirar a un verdadero posicionamiento.

‚ÄúSiempre hablo de la ense√Īanza art√≠stica, de mi preocupaci√≥n por la imagen que de la cultura cubana se lleva el turista y de la necesidad de que haya coherencia en ese sentido y beneficio para los mejores exponentes. Esto es algo que a los matanceros nos toca muy de cerca, al tener a Varadero a unos minutos y ver tanta burda imitaci√≥n de Michael Jackson y tanta ‚Äúsopa‚ÄĚ.

‚ÄúEn muchas oportunidades defend√≠ la idea de crear becas para instrumentistas y vocalistas, as√≠ como para promover la m√ļsica popular. En ese sentido se han tomado buenas decisiones como la beca Elena Burke, por ejemplo.

‚ÄúCreo que fuera del √°mbito de la AHS hay pocos sistemas de premios y reconocimientos que reconozcan a los j√≥venes y los impulsen. Los premios nacionales de cualquier manifestaci√≥n son entregados por la Obra de la Vida y es bueno que as√≠ sea, pero en el intermedio conviene aupar m√°s a los j√≥venes. Ese est√≠mulo es vital para la continuidad de la cultura cubana. No hablo de un aplauso libre de cr√≠tica y de exigencias, eso ser√≠a in√ļtil y peligroso.

‚ÄúEn fin, muchos temas, muchas preocupaciones, pero siempre: dialogar, dialogar.‚ÄĚ

Ethiel Failde es uno de los directores de orquesta más jóvenes de Cuba/ Tomada de su perfil de Facebook.

Y es que Ethiel Failde, junto al biso√Īo colectivo que lidera flauta en mano, ha vivido en carne propia cu√°nto cuesta subir a los escenarios, principalmente cuando ritmos m√°s populares no mueven las cuerdas de la creaci√≥n y residen fuera de la capital, sobre todo en una isla eternamente musical, donde la mayor√≠a de sus hijos se cree con saberes para opinar o cantar.

“Que nadie piense que ha sido fácil, a los rigores lógicos del funcionamiento de una orquesta integrada por jóvenes se suma el hecho de apostar por el danzón como matriz fundamental, aunque no exclusiva de nuestro repertorio. Hemos tenido enemigos enconados.

‚ÄúPor ejemplo, a nosotros la Direcci√≥n Municipal de Cultura en Matanzas no nos program√≥ durante cinco a√Īos, en una especie de censura declarada. A partir del v√≠nculo con la AHS, que nos puso en contacto con la Egrem, y de ese primer disco, nuestra carrera ha crecido vertiginosamente en t√©rminos profesionales. Antes todo ocurri√≥ un poco m√°s lento.

Tomada de su perfil de Facebook Orquesta Failde

“Creo que eso también es una consecuencia de radicar fuera de La Habana, algo que, por cierto, no pensamos cambiar nunca, a nosotros para sacarnos de Matanzas tienen que expulsarnos, declararme persona non grata.

‚ÄúMis premisas y las de mi orquesta y equipo de trabajo han sido siempre las mismas: no creernos cosas, ensayar mucho y trabajar muy duro para que cualquier √©xito nos encuentre as√≠. La frase martiana de ‚ÄúHacer es la mejor manera de decir‚ÄĚ, una m√°xima que mi madre me inculc√≥ desde peque√Īo y que se ha convertido en un eje √©tico en mi vida.

‚ÄúEstamos siempre muy al tanto de las cr√≠ticas y consejos. Valoramos mucho cada opini√≥n que recibimos, tanto es as√≠ que nosotros empezamos con un formato, sin piano ni cantantes, y ante las cr√≠ticas de los danzoneros de Matanzas hemos ido mutando hasta la n√≥mina actual.‚ÄĚ

Con apenas un a√Īo de creada la Failde se abri√≥ pas√≥ en la televisi√≥n nacional al presentarse en el programa Par√©ntesis. /Tomada de su perfil de Facebook.

‚ÄďSer√≠a muy pretencioso pensar que los √©xitos de la Failde tienen en sus ra√≠ces a la AHS‚Ķ

No, por todo lo dicho y lo vivido que no alcanzo a resumir en estas l√≠neas y a√ļn m√°s: por el futuro.

‚Äď¬ŅCu√°nto puede hacer la organizaci√≥n para parecerse mucho m√°s a su membres√≠a y aliviar a√ļn m√°s los tropiezos l√≥gicos del mundo creativo?

‚ÄúTiene que haber una preocupaci√≥n constante por promover el di√°logo al interior del movimiento y de cara a las instituciones y a la sociedad, un di√°logo comprometido, √ļtil, cr√≠tico, no desde la c√≥moda posici√≥n de francotiradores. Conviene siempre que en los espacios nacionales se logre una variada y significativa representaci√≥n de los territorios, de cada pedacito de Cuba, donde un joven encauce una obra interesante, aportadora, sin que eso se convierta en un censo o en el cumplimiento de estad√≠sticas in√ļtiles de representatividad. Igual, se precisa de m√°s acompa√Īamiento a la labor de los territorios, al di√°logo desde all√≠ con el entramado institucional. Evitar que nadie se ‚Äúendiose‚ÄĚ, que la preeminencia est√© siempre en la obra y no en las √≠nfulas.‚ÄĚ

Arropado de una extrema humildad, minucioso en cada detalle ‚Äďdesde la afinaci√≥n de los instrumentos hasta la proyecci√≥n esc√©nica‚Äď y con una sincera sonrisa de las que seducen siempre aunque los d√≠as transiten nublados, Ethiel Failde ha logrado catapultar su Orquesta en la lista que siempre se menciona cuando se hace un recorrido por las mejores representaciones.

Su más reciente producción discográfica Failde con tumbao, nacida tras una difícil, acertada y provocadora selección de ocho temas diferentes, pero semejantes en el coqueteo constante entre la tradición y modernidad, está entre las nominaciones cubanas al Latin Grammy 2020.

El CD Failde con tumbao est√° nominado al Latin Grammy 2020. /FOTO: Miriel Santana.

‚Äď¬ŅCu√°nto hay del muchachito matancero apasionado que un d√≠a lleg√≥ a la AHS en busca de canalizar sus ganas de hacer en el director que forma parte de tan prestigiosa lista de nominados?

‚ÄúLa misma pasi√≥n, unas cuantas libras de m√°s con las que tengo que luchar a capa, espada y tenedor, y unas ganas cada vez m√°s grandes de hacer por la m√ļsica cubana. Creo que estamos en condiciones de lograr mejores cosas en la AHS de Matanzas, m√°s espacios de di√°logo, ganar m√°s terreno para los j√≥venes en la cultura y tambi√©n me gustar√≠a que la Orquesta estuviera m√°s en la Casa del Joven Creador con una promoci√≥n m√°s coherente, pero estamos muy agradecidos porque el ejecutivo nos ha abierto puertas cuando otros las cerraban en nuestras narices‚ÄĚ.

Anhelos que no corren distantes de este joven m√ļsico cubano defensor de lo m√°s aut√≥ctono de nuestra m√ļsica, ali√Īado con puntos exactos de contemporaneidad. Ha sido el equilibrio exacto de Ethiel y su Failde, la misma que pone a bailar con total cuban√≠a a gran parte del mundo.

tomada del perfil de facebook Orquesta Failde

La cultura en el centro de los disparos (+ Video y tuits)

Internet es cada vez m√°s una especie de campo de batalla. Hace alg√ļn tiempo se sol√≠an enmascarar las balas y bombas, se intentaba seducir para socavar cimientos ideol√≥gicos. Ahora se privilegia la bulla, las ofensas y hasta las amenazas de muerte como si se tratase de una lucha con f√ļsiles y espadas. Los memes, las canciones, los shows audiovisuales y los montajes son proyectiles cada vez m√°s empleados, mezclados con odio y groser√≠as.

En ese panorama lamentable, suelen ser blancos los artistas, intelectuales, periodistas, locutores, dirigentes y otros profesionales con posturas a favor de la Revoluci√≥n en las redes sociales y medios tradicionales de comunicaci√≥n, personas con gran influencia en la opini√≥n p√ļblica.

Lo sucedido recientemente contra el cantante, trompetista, compositor y arreglista Alexander Abreu, director de la popular orquesta Havana D‚Äô Primera, no es un hecho aislado. Pululan los ejemplos durante los √ļltimos meses. A unos intentan confundirlos, a otros desacreditarlos, a varios infundirles miedo.

‚ÄúHe recibido mil sms (servicio de mensajes cortos) en mi tel√©fono donde me dicen desde Gorila hasta las peores ofensas como si yo fuera un criminal de guerra. Lo √ļnico que quiero decir es que a todos los que escriben con tanto odio les tengo un coraz√≥n lleno de amor y m√ļsica‚ÄĚ, public√≥ Abreu en su p√°gina de Facebook. Una respuesta digna de las esencias del arte y de Cuba, una naci√≥n que tambi√©n enarbola el coraje y el valor.

La estrategia trazada y financiada desde Estados Unidos pretende lograr que los creadores teman vincular su arte o pronunciamientos p√ļblicos con la Revoluci√≥n y el sistema social aqu√≠, porque se podr√≠a desencadenar contra ellos una avalancha de mezquindades. Quienes mueven los hilos desde el exterior saben que debilitar el acompa√Īamiento de la cultura y sus autores a la Revoluci√≥n significa afectar el alma misma de la naci√≥n.

Vivimos en un país, en el que los iniciadores mismos de la lucha por su independencia fueron hombres de literatura y arte. Ahí estarán siempre Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, aficionado al teatro y autor de obras poéticas y musicales; y Perucho Figueredo, creador del Himno Nacional; continuadores como José Martí  y Fidel Castro, intelectual indiscutible.

El propio Fidel siempre tuvo plena conciencia de la importancia de la cultura, a la cual llam√≥ ‚Äúespada y escudo de la naci√≥n‚ÄĚ. Los s√≠mbolos, las tradiciones, el arte y el orgullo colectivo de ser cubanos deber√°n ser en todo momento aspectos esenciales para vencer cualquier obst√°culo y no dejarse enga√Īar. El l√≠der sab√≠a que la √ļnica forma de construir una obra verdaderamente perdurable es favorecer la conformaci√≥n de una identidad popular cada vez m√°s s√≥lida y defensora de la propia Revoluci√≥n y sus conquistas, como coraz√≥n fuerte de un proyecto que aspira a la superaci√≥n continua. Y en momentos muy complicados como el Per√≠odo Especial ratificaba: ‚Äúla cultura es lo primero que hay que salvar‚ÄĚ.

En la clausura del IX Congreso de la Uni√≥n de Escritores y Artistas de Cuba, el Presidente de la Republica Miguel D√≠az-Canel expres√≥: ‚ÄúSomos una Revoluci√≥n que puede presumir de haber sido contada y cantada, desde sus or√≠genes, con el talento y la originalidad de sus artistas y creadores, int√©rpretes genuinos de la sabia popular y tambi√©n de las insatisfacciones y esperanzas del alma cubana.‚ÄĚ

Las acciones de este tipo contra Cuba y lo que representa no son  nuevas. El imperio es, por supuesto, también cultural con la pretensión de imponer modos de vida, creencias…, una forma de conquista a nivel global. La guerra es desde hace mucho también simbólica.

A todo eso se suman otras complejidades como las provocadas por la Covid-19 y el bloqueo impuesto por EE.UU, persecuciones y m√°s patra√Īas contra el pa√≠s. Sin embargo, este pueblo y su Gobierno se mantienen con una fuerza tremenda y la capacidad para seguir en el camino de la dignidad, sin renunciar al progreso.

En todo ese contexto es fundamental que seamos cada vez más una familia diversa, con amor y respeto, como hijos de una madre grande, que merece todos nuestros esfuerzos. Es importante también apoyar y defender desde la ética y el valor a esos hermanos nuestros que son blancos de tanta bajeza, porque en definitiva también nos atacan a nosotros.

 


Por una universidad cultural

El soci√≥logo Alain Basail plante√≥ en una ocasi√≥n que la Revoluci√≥n cubana ‚Äúha sido un profundo cambio cultural‚ÄĚ. ¬†Y es que el primer hecho cultural importante fue la Revoluci√≥n misma, porque recogi√≥ lo mejor de nuestra tradici√≥n cultural, abri√≥ el camino y sembr√≥ las semillas para lograr una transformaci√≥n integral que se comenz√≥ a gestar de manera inmediata en su seno y que augur√≥ la construcci√≥n de un futuro pleno para todos los cubanos.

Inmediatamente despu√©s del Triunfo, se inicia el proceso de democratizaci√≥n de la cultura y de institucionalizaci√≥n en el que se sucedieron un conjunto de acontecimientos culturales, siendo los m√°s relevantes en este √°mbito la campa√Īa de alfabetizaci√≥n, la nacionalizaci√≥n de la ense√Īanza y reforma universitaria.

La Revolución, triunfante y popular, constituyó una nueva oportunidad para todos. Se reconoce la Historia y tradiciones del pensamiento social cubano más progresista como los cimientos de la nueva sociedad. Puede apreciarse así un encuentro entre la voluntad política de promover el desarrollo de la ciencia y su democratización, y el compromiso social y profesional de los actores de ese sector que permanecieron en el país (en su mayoría estudiantes y profesores universitarios).

En ese sentido, la d√©cada del 60 y en alguna medida los primeros a√Īos de los 70, est√°n marcados por una efervescencia rom√°ntica, en la que la articulaci√≥n entre gobierno y ciencia operaba de forma pr√°cticamente directa. Se iniciaba as√≠ un proceso de construcci√≥n ‚Äďque se sab√≠a largo‚Äď, de capacidades cient√≠ficas nacionales con una consciente orientaci√≥n de respuesta a las necesidades sociales, donde la Universidad se distingu√≠a como un actor primordial.

Es notorio mencionar que se plantea un salto cualitativo en la inserci√≥n de la cultura en instituciones universitarias pues desde sus inicios han sido de vital importancia para la educaci√≥n y el desarrollo del joven universitario. Destac√°ndose intelectuales y personalidades de la cultura cubana formados en las aulas de las casas de altos estudios en sus diferentes etapas hist√≥ricas, tales como Nicol√°s Guill√©n, Alejo Carpentier, Fernando Ortiz, Ra√ļl Roa Garc√≠a, Jorge Ma√Īach, Juan Marinello, Carlos Rafael Rodr√≠guez, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, entre otros tantos quienes, a su vez, fueron las personalidades que podr√≠an ser consideradas forjadores de la universidad cubana.

Carlos Rafael Rodr√≠guez compart√≠a la tesis seg√ļn la cual el socialismo solo ser√≠a posible con el nacimiento de una nueva cultura y por eso le atribuy√≥ a la universidad tal misi√≥n. Esa misma concepci√≥n sobre la necesidad de un cambio cultural y cient√≠fico de la sociedad cubana estuvo muy presente en el ideario de Ernesto (Che) Guevara, quien propugnar√≠a la necesidad de la formaci√≥n de un hombre nuevo, motivado por valores humanistas y altruistas muy diferentes a los gestados por el ego√≠smo y el individualismo, prevalecientes en la sociedad capitalista.

Lo más significativo de la formación de la cultura radica en que el desarrollo del proceso docente-educativo va más allá de la posesión de los conocimientos profesionales del individuo, porque ello implicaría un perfil cultural y espiritual sumamente estrecho y es preciso enriquecer al ser humano y a la sociedad para reconocer y apreciar los mejores valores creados por la humanidad, desde su surgimiento hasta nuestros días, pero no en un sentido solo interpretativo, sino para poder actuar en la transformación de la sociedad.

Por lo que formar la cultura del profesional que egresa de la universidad cubana implica atender la cultura integral y desarrollar la de su objeto profesional, desde el conocimiento de la historia del mismo, las diversas aristas que la componen, la contextualización cultural. Cada carrera universitaria tiene sus retos específicos, además de aquellos que son generales.

La sociedad cubana necesita que sus ciudadanos y de modo particular sus profesionales se formen en el rechazo a la discriminación, la injusticia, en la preparación para valorar a los demás sin extremismos, prejuicios o perfeccionismos, además de educar para la solidaridad, la comunicación afectiva entre los seres humanos, basada en una ética de las relaciones interpersonales; la comprensión mutua que incluye un proceso de empatía, abrirse a los demás, superar los prejuicios y el egocentrismo.

En el acertado art√≠culo La universidad en la encrucijada de Antonio Alvar Ezquerra (2011), aunque hace referencia al contexto de Espa√Īa, nos hace reflexionar oportunamente a los desaf√≠os de la Universidad que aspiramos edificar en el siglo XXI cuando expresa que ‚Äúel modelo universitario de ahora (‚Ķ) sufre algunos de los¬† males que aquejaron a la universidad del XVIII (‚Ķ): exceso de Universidades, escasa exigencia en el otorgamiento de t√≠tulos, insuficiente conexi√≥n con las demandas sociales y con los centros de desarrollo del conocimiento.‚ÄĚ

M√°s adelante afirma que si ‚Äúno asume ese modelo como propio y si la sociedad no le concede ese papel con todas sus consecuencias, la Universidad quedar√° reducida a una oficina de expedici√≥n de t√≠tulos, todo lo glamourosa que se quiera, pero lejos ya de su esencia y de su hist√≥rica raz√≥n de ser.‚ÄĚ

En distinto modo, durante la trayectoria de los jóvenes universitarios cubanos en todos los tiempos, han demostrado tener un elevado compromiso social y se identifican con las costumbres de su época. Es por ello que en el presente se debe evitar la tendencia individualista de los jóvenes, asunto directamente relacionado con la formación universitaria, y ésta se ve en la necesidad de formar comprometidos ciudadanos además de excelentes profesionales.

El día a día nos demuestra que dicho riesgo puede ser real, que determinados comportamientos de personas con estudios universitarios no contemplan la dimensión cultural en el sentido más amplio. La Educación Superior no es solamente la educación que se encuentra en el nivel más alto de un determinado sistema educativo, sino que también es la educación que permite alcanzar el nivel superior de perfeccionamiento humano.

Las máximas autoridades del sector cultural en nuestro país se han pronunciado ante la imperiosa necesidad del fomento de valores, por lo cual le atribuyen a la cultura un papel preponderante.

Tal es el caso de Miguel Barnet, presidente de honor de la Uni√≥n de Escritores y Artistas de Cuba, quien en la gala por el aniversario 50 de esa instituci√≥n, en 2011, destac√≥ que ‚Äúel arte tiene un papel esencial en el quehacer cotidiano, garantiza la calidad de vida y potencia los valores espirituales que sostienen la estructura b√°sica de la naci√≥n‚ÄĚ.

Asimismo, se√Īalaba la pol√≠tica del gobierno cubano de oponerse a la mercantilizaci√≥n de la cultura y a la ‚Äúbanalidad la creaci√≥n de los m√°s puros valores est√©ticos‚ÄĚ.

Record√≥ adem√°s, cuando Fidel dijo, en los momentos m√°s agudos del per√≠odo especial, que la cultura era lo primero que hab√≠a que salvar, ya que ‚Äúes la cultura la que nos garantiza todas las libertades, entre ellas la capacidad de pensar y razonar y nos convierte en seres humanos‚ÄĚ.

Por otra parte, Miguel D√≠az-Canel, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la Rep√ļblica de Cuba, en la clausura del Segundo Congreso de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z (en 2013), se refiri√≥ al papel de los j√≥venes, ya sean universitarios o no, ante la influencia de ‚Äúun fr√≠volo e injusto modelo civilizatorio, cuyos mensajes, aparentemente diferentes, forman parte de un discurso √ļnico, hegem√≥nico, que asocia juventud y frivolidad, felicidad y consumo, √©xito y dinero‚ÄĚ.

Valor√≥ el papel de la AHS al expresar que era ‚Äúbueno tener una vanguardia art√≠stica que pueda ser decisiva camino a una sociedad socialista pr√≥spera y sostenible, donde lo que distinga no sea la posesi√≥n material sino la riqueza del conocimiento, cultura, sensibilidad‚ÄĚ.

Tambi√©n llam√≥ a revertir la deformaci√≥n del gusto y recuperar ‚Äúel sentido est√©tico que siempre distingui√≥ al pueblo cubano. Debemos actuar, por encima de cualquier esp√≠ritu de feudo, con mayor intencionalidad e integralidad‚ÄĚ.

En la actualidad está el reclamo de formar profesionales competentes, comprometidos e identificados con la Revolución, pero también, profundamente humanos, así como sus valores y retos actuales, adaptados al conjunto de normas de convivencia, lo que constituye una necesidad para que pueda subsistir la sociedad organizada, caracterizada por la cooperación y ayuda en la lucha por la existencia y adaptación al entorno.

 

Referencias bibliogr√°ficas:

  • Basail, A. (2005): Sociolog√≠a de la cultura, Tomo 2. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, p 540.¬†
  • Monte Horruitiner, G. del y G√≥mez Morales, M. (1985). ‚ÄúLos especialistas j√≥venes y el trabajo cultural‚ÄĚ. En Revista Temas, 7, pp. 105-128.

Palabras para abrir caminos

A 59 a√Īos de aquel acto, la Uni√≥n de Escritores y Artistas de Cuba acogi√≥ el panel ¬ęPalabras a los Intelectuales: Defender la Revoluci√≥n es defender la cultura, en el que se debati√≥ acerca de la vigencia de ese discurso, justo cuando tambi√©n se cumple el primer a√Īo del IX Congreso de la Uneac.

La frase m√°s c√©lebre, m√°s citada, discutida y habitualmente sacada de contexto de aquella alocuci√≥n fue ¬ęDentro de la Revoluci√≥n todo, contra de la Revoluci√≥n nada¬Ľ.

El escritor Miguel Barnet explic√≥ su esencia: ¬ęHab√≠a que salvar a la Revoluci√≥n, hab√≠a que defenderla. Salvar la Revoluci√≥n era salvar la cultura¬Ľ.

¬ęMe di cuenta de que se iniciaba un camino diferente¬Ľ, evoc√≥ el tambi√©n presidente de honor de la Uneac, quien afirm√≥ que las Palabras a los Intelectuales complementaron otro documento esencial de Fidel Castro: su alegato La historia me absolver√°.

El director de la Oficina del Programa Martiano, doctor Eduardo Torres Cuevas, consider√≥ que en 1961, a√Īo de definiciones, se estaba creando la nueva cultura, la nueva intelectualidad, que eran continuaci√≥n de los mejores valores de la tradici√≥n nacional, pero tambi√©n determinaci√≥n de cambio.

El discurso de Fidel, seg√ļn Torres Cuevas ¬ęle dio racionalidad a un proceso: pensamiento y sentimiento‚Ķ Ah√≠ naci√≥ una cultura que no exist√≠a antes de esas palabras¬Ľ.

¬ęLa Revoluci√≥n es cultura, eso el primero que nos lo dijo fue Fidel Castro¬Ľ, concluy√≥ Torres Cuevas.

Rafael González, presidente de la Asociación Hermanos Saíz, consideró fundamental para los más jóvenes creadores el contacto directo con la historia. En las Palabras de los Intelectuales Fidel estableció una relación estrecha con los artistas y escritores, que mantuvo hasta el final.

El presidente de la Uneac, Luis Morlote Rivas, resaltó el método que instauró Fidel en aquellas Palabras. Ese diálogo franco y distendido con los creadores fue un ejercicio cotidiano del líder de la Revolución Cubana.

Morlote instó a revisar también el discurso que Fidel pronunció semanas después en la clausura del congreso fundacional de la Uneac, en el que reafirmó el espíritu democrático e integrador de la política cultural naciente.

Los estrechos vínculos de Fidel con la Uneac, dijo Morlote, odedecieron a su interés permante por conocer el pensamiento y la acción de los creadores.

Morlote recordó el análisis que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel hizo de las Palabras a los Intelectuales en su discurso en la clausura del IX Congreso de la Uneac, donde remarcó su vigencia y proyección.

El presidente de la Casa de las Am√©ricas, Abel Prieto, reflexion√≥ sobre la idea de continuidad que defendi√≥ D√≠az-Canel en ese discurso, considerado por muchos de los que lo escucharon como ¬ęunas segundas¬Ľ Palabras a los Intelectuales.

Citando frases de la alocución de Fidel en junio de 1961 y haciendo énfasis en su contexto, Abel Prieto destacó la altura, la honestidad, la meridiana posición de Fidel durante aquellos encuentros.

Reducir Palabras a los Intelectuales a un eslogan, a una receta, es lamentable, pues es un discurso lleno de matices, que partiendo de principios sólidos, no renunciaba al diálogo, al debate. Fidel fue un excepcional constructor de consensos, afirmó Prieto.

En el esp√≠ritu de las Palabras a los Intelectuales, Abel Prieto inst√≥ a los artistas e intelectuales a pensar en c√≥mo la cultura puede seguir siendo √ļtil a la Revoluci√≥n en los tiempos tan complejos que vivimos.

Al acto asistieron el Ministro de Cultura Alpidio Alonso, la secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura, Nereida López Labrada, y miembros de la dirección de la Uneac.

El panel, moderado por la vicepresidenta de la Uneac Magda Resik, será transmitido este martes a las 4:00 p.m. por la Televisión Cubana.

*Tomado de Trabajadores


Forodebate: La representación intelectual de la Revolución: creación, pensamiento social y comunicación

La Revolución cubana, por su carácter emancipatorio, estuvo obligada a convertir la cultura en uno de los ejes centrales de su acción. El complejo escenario de transformaciones y deslindes ideológicos reconfiguró aceleradamente la dinámica del campo intelectual y sus prácticas en el país. Lo social y lo cultural dejaron de asumirse como compartimentos estancos. En el centro de esas variaciones ocupó un espacio principal el debate sobre la responsabilidad, las tareas y el papel del intelectual frente a la Revolución.

Pasadas seis décadas, la continuidad de estos análisis resulta esencial. Importantes variables se han modificado. Cambios de paradigmas y ambientes generacionales, retrocesos visibles en los escenarios en que se forma, produce y se amplifica el pensamiento cultural, tensiones no resueltas en el plano institucional, modificación del eje de resistencia intelectual de la izquierda a escala planetaria, agotamiento de los nichos de reflexión crítica sobre nuestra realidad; pudieran contabilizarse entre los desafíos principales que asumen las prácticas intelectuales en el momento actual que vive la Revolución Cubana. 

Sobre el compromiso intelectual, las responsabilidades, el rol de los intelectuales en la Revoluci√≥n, invitamos a reflexionar el venidero 7 de mayo a partir de las 10:00 a.m. en el Portal del Arte Joven Cubano, sitio web de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z. Acompa√Īar√°n esta iniciativa la Dr.Cs. Mely Gonz√°les Ar√≥stegui, Profesora Auxiliar de la Universidad Central de Las Villas, y el joven historiador e investigador Fernando Luis Rojas, especialista del Instituto Cubano de Investigaci√≥n Cultural Juan Marinello.

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La pol√≠tica cultural en los a√Īos fundadores de la Revoluci√≥n cubana. Apuntes para un dilema que no cesa.

Por Mely del Rosario González Aróstegui

Con el triunfo revolucionario en 1959, la noci√≥n del compromiso pol√≠tico para los intelectuales cubanos, su pacto con la sociedad, empieza a operar desde otra dimensi√≥n, que prioriza la acci√≥n y donde el ser de la palabra pasa por los horizontes del deber ser de la pol√≠tica y sus contenidos pragm√°ticos. El gran dilema de los intelectuales abre sus fauces, expresada en la eterna contradicci√≥n entre individuo y sociedad, entre artista y Revoluci√≥n. En este trabajo apuntamos hacia ese dilema, dilema √©tico y pol√≠tico sobre todo, del sector intelectual en Cuba, en un contexto que se mueve entre 1959 y 1961, el a√Īo de las reuniones de la Biblioteca Nacional y la celebraci√≥n del I Congreso de Escritores y artistas, momentos claves para comprender el dise√Īo y decursar de la pol√≠tica cultural en el pa√≠s.

Desde el inicio las interrogantes se multiplicaban: ¬ŅC√≥mo entender la cultura en una sociedad que entraba a una v√≠a de construcci√≥n socialista hasta entonces in√©dita? ¬ŅC√≥mo penetrar en el universo cultural cubano siendo sus defensores y a la vez los detractores de muchas visiones, c√≥digos, mitos de nuestra cultura merecedores de olvido y repudio? ¬ŅC√≥mo defender la cultura nacional sin cerrarse al mundo, sin negar la diversidad, sin rechazar lo for√°neo que tambi√©n puede llegar a enriquecernos? Porque el problema de la cultura, en un proyecto como el de la Revoluci√≥n cubana, asumido como proyecto de liberaci√≥n desde el Tercer Mundo, privilegia l√≥gicamente los cambios culturales y pol√≠ticos, que no pueden esperar al desarrollo objetivo y por supuesto tambi√©n necesario de sus fuerzas productivas.

En la v√≠a al socialismo no puede desestimarse la necesidad de encontrar los m√©todos, sistemas de est√≠mulos, instituciones y dem√°s mecanismos adecuados al sector de las actividades intelectuales, precisamente ‚Äúporque el campo espec√≠fico de la funci√≥n del intelectual es el campo de la lucha ideol√≥gica‚ÄĚ (Barral, 1968:4). El intelectual produce elementos que se integran como cimientos en el campo subjetivo de la sociedad: valores, ideas, comportamientos, costumbres, ciencia. Pero no hay que olvidar que este campo ideol√≥gico es tambi√©n un campo de lucha de clases, campo indispensable en el logro del triunfo revolucionario. En esta lucha siempre existir√°n individuos que intentar√°n frenar las nuevas transformaciones, por diferentes razones, y habr√° que encontrar las formas de lucha id√≥neas en cada momento para neutralizar cualquier posici√≥n individualista y reaccionaria.

La cuesti√≥n aqu√≠ ser√≠a encontrar el l√≠mite y el equilibrio entre el inter√©s del artista y el inter√©s del proyecto revolucionario, la f√≥rmula a trav√©s de la cual el inter√©s individual se refrenda en el proyecto colectivo y viceversa. Est√° claro que las f√≥rmulas tienen que ser inventadas y reinventadas constantemente, que no pueden alejarse de las circunstancias y las necesidades de cada contexto hist√≥rico. Pero ¬Ņc√≥mo encontrar este equilibrio, esta confluencia de heterogeneidades, en un contexto en que a√ļn los caminos no estaban del todo delineados y donde decenas de senderos se bifurcaban en el trayecto? ¬ŅC√≥mo asumir una postura coherente con el inter√©s del individuo/artista y el inter√©s del individuo/revolucionario?

No debe desestimarse, en este entramado de conflictos del mundo ideol√≥gico vinculado al sector intelectual y art√≠stico, la forma en que desde el a√Īo 1959 se trabaj√≥ con el sector de la cultura, no siempre dirigido por intelectuales o artistas propiamente. El Gobierno revolucionario compuls√≥ a la direcci√≥n de las instituciones culturales a muchos revolucionarios, a√ļn y cuando no eran propiamente del sector. As√≠ lo reconoce Alfredo Guevara cuando dice que m√°s que intelectuales eran animadores culturales y no protagonistas de la creaci√≥n, eran m√°s pol√≠ticos que intelectuales. ‚ÄúAl triunfo de la Revoluci√≥n √©ramos guerrilleros, simplemente.‚ÄĚ (Estupi√Ī√°n, 2009:14).

Pero la Revoluci√≥n, con un proyecto que hab√≠a conmovido y trastocado tan profundamente las ideas y los sentimientos de todos los cubanos, ahora exig√≠a elaboraciones intelectuales m√°s revolucionarias, porque ya no depend√≠a de lo que en el fondo es decisivo en el capitalismo: la reproducci√≥n de tipo capitalista de las relaciones, sino de una intencionalidad creadora de relaciones, de una visi√≥n cultural que sostuviera las relaciones sociales y las transformara cualitativamente diferentes al sistema anterior. De manera que la necesidad y el car√°cter del proceso exig√≠a un pensamiento reflexivo y una radicalizaci√≥n hacia cambios que se acercaran a los ideales m√°s subversivos de la historia de Cuba, vinculados a la b√ļsqueda de una sociedad m√°s justa, m√°s digna, antimperialista y humana. La pol√≠tica se impon√≠a inevitablemente en el entorno, y exig√≠a de definiciones en al campo de la cultura.

Si tenemos en cuenta los logros alcanzados en el campo de la cultura nacional en Cuba, la relaci√≥n entre pol√≠tica y cultura podr√≠a parecer una mezcla sencilla, sin embargo no lo es. Como afirmara el escritor, poeta, dramaturgo y ensayista cubano Ant√≥n Arrufat al recibir el Premio Nacional de Literatura 2000, en cualquier momento de la historia ‚Äúla relaci√≥n inevitable del artista con el Estado o el Poder no ha sido f√°cil ni placentera (‚Ķ)‚ÄĚ (Arrufat, 2001: 3).

Las pautas de la pol√≠tica cultural de la Revoluci√≥n en defensa de ese ideal social que ya desbordaba los l√≠mites de la sociedad cubana para extenderse a toda Am√©rica Latina y el Tercer Mundo quedaron recogidas en ‚ÄúPalabras a los intelectuales‚ÄĚ. En un ambiente de muchas tensiones y controversias, se reunieron con Fidel Castro en la Biblioteca Nacional las figuras m√°s representativas de la intelectualidad cubana, artistas y escritores discutieron sus puntos de vista sobre distintos aspectos de la vida cultural y sus posibilidades de creaci√≥n.[1]

En este contexto, la inconsistencia pol√≠tica del intelectual ante un cambio radical de la sociedad, interpretada como ambivalencia y miedo por muchas de las figuras de la dirigencia revolucionaria, fue vista por algunos como algo inevitable en este sector, por lo que se ha dado en llamar el ‚Äúpecado original de los intelectuales‚ÄĚ. Fidel fue en este sentido muy cuidadoso, para no herir m√°s a√ļn las susceptibilidades ‚Äúel campo de la duda queda para los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sienten tampoco revolucionarios‚ÄĚ (Castro, 1960:8). Consider√≥ que no se deb√≠a renunciar al convencimiento de todos aquellos que albergaran alguna duda, que estuviesen confundidos o no comprendieran bien el alcance del proceso.

La visión de que dentro de la Revolución estarían todos aquellos intelectuales que estaban de acuerdo con sus posiciones económicas y sociales a pesar de no coincidir exactamente con sus posiciones filosóficas e ideológicas fue un momento de distensión que tranquilizó a muchos intelectuales preocupados por el curso radical de la Revolución. Fidel consideró a este sector de la intelectualidad cubana un reto para el proceso, en tanto debía prestársele una mayor atención, que permitiera un mayor acercamiento, pero en el sentido de ganarlos, no para discriminarlos. Y en eso estaría la grandeza de la obra revolucionaria, que solo renunciaría a quienes fueran activamente contrarios a la Revolución.

As√≠ pues, habr√≠a que conformar una pol√≠tica para esa parte de los intelectuales y escritores que no coincid√≠an con todas las proyecciones de la Revoluci√≥n, o no entend√≠an algunas de sus medidas, pero que nunca se enfrentar√≠an a ella para destruirla o hacerle un da√Īo irreversible. Esos intelectuales deb√≠an encontrar su lugar, un campo donde trabajar y crear, donde su esp√≠ritu creador tuviera oportunidad y libertad para expresarse. Pero siempre dentro de la Revoluci√≥n, porque la Revoluci√≥n tambi√©n ten√≠a el derecho de defenderse, de ser y de existir, ‚Äúpor cuanto la Revoluci√≥n significa los intereses de la Naci√≥n entera, – define Fidel- nadie puede alegar con raz√≥n un derecho contra ella‚ÄĚ (Castro, 1960:8). Que no se convirtiera este mensaje en frase manida o discurso vac√≠o, he ah√≠ el gran reto, no siempre bien encauzado y respondido por quienes han tenido en sus manos los resortes de la pol√≠tica cultural en Cuba.

El dilema entre la política y la creación artística.

No hubo tema m√°s debatido en estos a√Īos de dise√Īo de la pol√≠tica cultural que no fuera el relacionado con la libertad de creaci√≥n art√≠stica. El tema ya hab√≠a surgido en las conversaciones de Fidel con Sartre y que Lisandro Otero recogi√≥ en el libro Conversaciones en la Laguna. El propio Fidel declar√≥ que tambi√©n esta cuesti√≥n le hab√≠a sido planteada por el escritor norteamericano Wright Mills, de forma que ya hab√≠a tenido la oportunidad de ir esclareciendo la posici√≥n del gobierno revolucionario.

Muchas de las m√°s interesantes interrogantes se dieron precisamente vinculadas a la dicotom√≠a que surge luego de estas reuniones de la Biblioteca Nacional a partir del problema de la creaci√≥n art√≠stica en la revoluci√≥n: ¬ŅC√≥mo mantener el esp√≠ritu de la creaci√≥n art√≠stica en los cauces que marcaban las palabras de Fidel? ¬ŅC√≥mo ser consecuentes con la l√≠nea: ‚ÄúDentro de la Revoluci√≥n todo; contra la Revoluci√≥n ning√ļn derecho‚ÄĚ, sin dejar de ser creativos y originales? ¬ŅQui√©n trazaba la l√≠nea divisoria entre el ‚Äúdentro‚ÄĚ y el ‚Äúcontra‚ÄĚ? ¬ŅC√≥mo impedir que en nombre de la ‚Äúdefensa‚ÄĚ de la Revoluci√≥n se escondieran posiciones oportunistas y se cometieran excesos de todo tipo? ¬ŅC√≥mo neutralizar a la mediocridad que lleva al dogmatismo por no poder interpretar y actuar en la dial√©ctica que tiene que imprimirse al proyecto socialista? ¬ŅC√≥mo observar la necesaria e inevitable correlaci√≥n pol√≠tica/cultura sin que la cultura se convierta en lo que se√Īalaba Fernando Mart√≠nez: en ‚Äúfrente‚ÄĚ que se atiende ‚Äúpol√≠ticamente‚ÄĚ? (Mart√≠nez, 2009:33)

No era nueva la idea de que dentro de una revolución de carácter socialista habría de llevarse a efecto un cambio en la conciencia de los hombres que construirían la nueva sociedad, y ese cambio tenía mucho que ver con el surgimiento de una nueva cultura y la eliminación paulatina de los rasgos propios de la ideología burguesa. Fidel enfatiza entonces en la necesidad de que se produjera una revolución cultural dentro del proceso de revolución económica y social que vivía la sociedad cubana.

Ya en los momentos en que se desarrollan las reuniones de la Biblioteca Nacional se habían producido mejoras en las condiciones de vida y trabajo de muchos artistas, había comenzado la construcción de Casas de Cultura, el impulso a las instituciones culturales, había comenzado la inmensa obra educacional. Se mostraban garantías, y muchas de ellas se aseguraban como proyección futura, por eso se insiste en que era imposible que la Revolución fuera a liquidar las condiciones que ya había traído consigo.

Las instituciones culturales hab√≠an pasado una etapa dif√≠cil, entre la usual carencia de recursos y abandono y la cooptaci√≥n de funcionarios y voceros. A pesar de que Cuba pose√≠a una riqu√≠sima historia de la literatura y las artes, ellas eran sobre todo asunto individual y de peque√Īos grupos, que sobreviv√≠an con duros esfuerzos, compart√≠an esas tareas con el periodismo y con trabajos muy ajenos para ganarse la vida, o consegu√≠an papeles y encargos en radio, y televisi√≥n.

Ambrosio Fornet reconoce que los artistas cubanos se hab√≠an formado en una fecunda contradicci√≥n, con la clara conciencia de que su tradici√≥n era la vanguardia. ‚ÄúDe ah√≠ que, -dice- mientras los economistas hablaban de la necesidad de salir definitivamente del subdesarrollo, nosotros habl√°ramos de instalarnos definitivamente en la modernidad. Rechaz√°bamos el latifundio, el racismo y el realismo socialista, -para poner tres ejemplos muy dis√≠miles entre si- por la misma raz√≥n: todos eran signos de atraso. La Revoluci√≥n se nos aparec√≠a como el medio m√°s r√°pido y seguro de lograr nuestro objetivo no solo en el campo de la cultura, sino en todos los aspectos de la vida social‚ÄĚ (Fornet, 2009a:6).

Por otra parte, Fornet tambi√©n enfatiza en que las transformaciones radicales de la vida social, y con ellas la aparici√≥n de un p√ļblico masivo, eran factores que no pod√≠an dejar de influir en la obra de los ‚Äúproductores‚ÄĚ culturales. Ahora los intelectuales y artistas podr√≠an crear con total autonom√≠a, gracias al apoyo de instituciones aut√≥nomas y a la subvenci√≥n estatal, que los libraba de las ‚Äúservidumbres del mercado‚ÄĚ. Abordar con tanta nitidez las ventajas que para los propios artistas tra√≠a el proceso revolucionario, aclar√≥ a muchos que, incluso siendo beneficiados en el orden de la seguridad social y las condiciones id√≥neas para la creaci√≥n, se dejaban llevar por la confusi√≥n ideol√≥gica del momento y los prejuicios hacia un orden que a todas luces impon√≠a mayor radicalizaci√≥n.

Es cierto que en los predios de algunas instituciones culturales, incluso creadas por la Revoluci√≥n, como fueron por el ICAIC y el magazine Lunes de Revoluci√≥n, ya se hab√≠an producido fuertes encontronazos, (tal es el caso de la intensa discusi√≥n surgida a partir de la negativa del ICAIC de exhibir el documental PM), pero tambi√©n es verdad que hoy se conocen m√°s a fondo las razones, que llevan a desestimar una sobrevaloraci√≥n de esta cuesti√≥n para la etapa. Un criterio de Garrand√©s subraya esta idea: ‚Äúlas pol√©micas son buenos term√≥metros para medir la temperatura intelectual de una √©poca pero no son su verdad‚ÄĚ (Garrand√©s, 2008:286).

Tampoco se pueden obviar los cuestionamientos temerosos de intelectuales como Virgilio Pi√Īera, sobre los l√≠mites que se estaban imponiendo a la creaci√≥n intelectual en la Revoluci√≥n. Otras figuras prestigiosas, como fue el caso de Guillermo Cabrera Infante, llegaron a prever la posible existencia de un ‚Äúestalinismo cubano‚ÄĚ (Otero, 1984:108).

Fuera del contexto hist√≥rico en que se desarrollaban estas discusiones resultar√≠a imposible comprender los l√≠mites que comenzaban a imponerse en la esfera del arte y la literatura. Pero si tenemos en cuenta el condicionamiento pol√≠tico de las mismas, remarcadas por las palabras de Fidel, visualizar√≠amos la raz√≥n fundamental que llev√≥ a posiciones concebidas por algunos como ‚Äúde censura cultural‚ÄĚ: la preocupaci√≥n esencial en esos momentos era la Revoluci√≥n misma, amenazada de muerte por sus enemigos externos e internos. Esta visi√≥n pol√≠tica del momento se impuso y coloc√≥ frente a los intelectuales cubanos el dilema desprovisto de toda m√°scara.

Fidel conduce a la siguiente reflexi√≥n: ‚Äú¬ŅCu√°l debe ser hoy la primera preocupaci√≥n de todo ciudadano? ¬ŅLa preocupaci√≥n de que la Revoluci√≥n vaya a desbordar sus medidas, de que la Revoluci√≥n vaya a asfixiar el arte, de que la revoluci√≥n vaya a asfixiar el genio creador de nuestros ciudadanos, o la preocupaci√≥n de todos no ha de ser la Revoluci√≥n misma? Porque lo primero es eso: lo primero es la Revoluci√≥n misma y despu√©s, entonces, preocuparnos por las dem√°s cuestiones. Esto no quiere decir que las dem√°s cuestiones no deban preocuparnos, pero que en el √°nimo nuestro, tal y como es al menos el nuestro, nuestra preocupaci√≥n fundamental ha de ser hoy la Revoluci√≥n‚ÄĚ (Castro, 1960:7).

Esta posici√≥n perme√≥ las posturas de las m√°s importantes instituciones culturales surgidas al calor del proceso revolucionario, incluso alrededor de otros muchos elementos en discusi√≥n, como fueron el derecho de definir qu√© significaba la Revoluci√≥n y a qui√©n correspond√≠a la libertad de opinar sobre ella o juzgarla. Pero sobre todo esta l√≠nea del pensamiento de Fidel en ‚ÄúPalabras a los intelectuales‚ÄĚ mostr√≥ una necesidad latente, caracter√≠stica del proceso de defensa de la Revoluci√≥n: la unidad de todas las fuerzas para consolidarla. Y es que, tal y como sugiere Julio C√©sar Guanche, en el fondo de toda esta batalla lo que est√° en cuesti√≥n es el rumbo de la Revoluci√≥n y la calidad del socialismo que habr√≠a de construirse en Cuba.

A√Īos m√°s tarde, Alfredo Guevara reflexiona sobre todo este proceso y considera que no fue la simple prohibici√≥n de un filme lo que signific√≥ la prohibici√≥n de PM, sino la implantaci√≥n una pol√≠tica de principios de defensa de la Revoluci√≥n en unos d√≠as en que ya se esperaba un ataque armado y por todas partes se emplazaban ametralladoras y anti a√©reas. ‚ÄúProhibir es prohibir; y prohibimos (‚Ķ) Lo que no est√°bamos dispuestos, y era un derecho, era a ser c√≥mplices de su exhibici√≥n en medio de la movilizaci√≥n revolucionaria‚ÄĚ (Guevara, 1998:89). Sin embargo, Alfredo reconoci√≥ que quiz√°s en a√Īos posteriores hubiera permitido que el film siguiera su curso, porque aunque las condiciones nunca han sido del todo favorables para el proceso revolucionario cubano, el enfrentamiento ser√≠a de otro tipo.

Por otra parte, si de reconocer el papel jugado por la pol√≠tica en todo este dilema de los intelectuales se trata, hay que observar la forma en que √©sta pugnaba todo el tiempo por salir disfrazada de ‚Äúcriterios est√©ticos‚ÄĚ. Cuando profundizamos en las dis√≠miles pol√©micas art√≠sticas que desde los primeros a√Īos comenzaron a suscitarse, nos percatamos que no eran m√°s que la legitimaci√≥n cultural de posiciones pol√≠ticas, inscribi√©ndose en un debate que no era solo est√©tico, ni acad√©mico, ni literario ni cinematogr√°fico. Era un debate profundamente pol√≠tico, donde los intereses de clases acechaban, donde el ideal peque√Īo burgu√©s se asomaba temeroso.

Pero todas las posiciones, tanto las m√°s ortodoxas como las m√°s contestatarias y herejes, discut√≠an abiertamente, y le imprim√≠an un car√°cter aut√©nticamente atractivo a estos a√Īos. Problem√°ticas de car√°cter est√©tico, novedosas o universales, en las condiciones nuevas del socialismo en Cuba, provocaron acaloradas discusiones te√≥ricas y no menos ‚Äúataques‚ÄĚ te√≥ricos individuales, confrontaciones que vieron la luz en las publicaciones peri√≥dicas que propici√≥ el movimiento del pensamiento est√©tico desde diversas formaciones ideo est√©ticas (Pogolotti, 2006:vii).

Estas pol√©micas continuaron desarroll√°ndose entre Mirta Aguirre y Jorge Fraga (sobre la literatura y el arte, en la que tambi√©n interviene el poeta Rafael Alcides con sus tesis sobre la literatura y el arte revolucionarios); entre Jes√ļs D√≠az, Ana Mar√≠a Simo de ediciones ‚ÄúEl Puente‚ÄĚ y el poeta Jes√ļs Orta Ruiz, (Indio Nabor√≠). Fueron todas ellas pol√©micas que provocan el est√≠mulo a continuar los ex√°menes acerca de los principales temas est√©ticos a debate con el prop√≥sito de establecer su continuidad en el proceso de creaci√≥n revolucionaria.

Pero nada es sencillo en este an√°lisis, porque en un contexto tan complejo, estaban los intelectuales y artistas, con todos sus miedos, asustados con esa revoluci√≥n que desbordaba sus intereses y sus propias necesidades. Tal y como corresponde a las relaciones sociales, ning√ļn an√°lisis puede ser ‚Äúen blanco y negro‚ÄĚ, de manera tal que el veredicto que sol√≠a darse: -«ese no est√° claro, tiene problemas ideol√≥gicos», comenz√≥ a difundirse de una manera peligrosamente subjetiva, cuando en muchos casos lo que ocurr√≠a era que personas con¬† suficiente autoestima y responsabilidad social e ideol√≥gica como para negarse a aceptar medidas que luego fueron reconocidas como desafortunadas, expresaban su inconformidad o se√Īalaban desaciertos pol√≠ticos.

No siempre se tuvieron en cuenta los proyectos personales de los diferentes actores sociales de la etapa estudiada, protagonistas de la oleada revolucionaria, y en el deseo de satisfacer las demandas y sue√Īos colectivos se subestim√≥ al individuo y a su universo de intereses. La reducci√≥n del yo en el «nosotros» constituy√≥ un problema muy evidente en aquellos a√Īos, porque no se supo encontrar la justa medida entre los intereses sociales y los individuales. Ese ha sido un problema muy generalizado en las sociedades del llamado ‚Äúsocialismo real‚ÄĚ: el individuo, con sus intereses y sus necesidades se pierde en el entramado social, provocando exclusiones y rechazos injustificados.¬†

Entre 1959 y 1961 la Revoluci√≥n victoriosa solo daba sus primeros pasos y ya se observaban asombrosos resultados, pero no todos los que se esperaban, dadas las expectativas existentes en un pueblo que era due√Īo de una hermosa tradici√≥n de lucha y resistencia. Hay que insistir en el hecho de que no siempre los que tuvieron la misi√≥n de dirigir los espacios abandonados por los antiguos due√Īos o los nuevos espacios creados por la Revoluci√≥n en el poder ten√≠an la preparaci√≥n y la formaci√≥n adecuadas. Las buenas intenciones de defender el proceso revolucionario se empa√Īaban con frecuencia por el dogmatismo, el totalitarismo y la mediocridad de los propios actores sociales. Proliferaron posiciones extremistas entre aquellos que no llegaban a entender dial√©cticamente la construcci√≥n de un sistema tan complejo como el socialismo, que puede producir r√°pidamente profundos cambios econ√≥micos, sociales y pol√≠ticos, pero que no siempre llevan aparejados, con esa misma rapidez, los cambios de la conciencia social de las grandes masas.

Por otra parte, hay que considerar que las pol√≠ticas realmente en curso fueron transformando los roles de los sujetos sociales y que en esos nuevos roles iba implicada una ruptura con la ideolog√≠a dominante y una inclinaci√≥n espont√°nea hacia una ideolog√≠a m√°s radical, m√°s revolucionaria, m√°s socializante. Es por esto que, al decir de Juan Vald√©s Paz, ‚Äúel proceso de transformaci√≥n acelerada de la sociedad prepar√≥ m√°s que el discurso,‚Ķporque el discurso ideol√≥gico estaba bastante centrado en la pol√≠tica en ese momento y era bastante incluyente, mientras que los procesos reales eran bastante diferenciadores y excluyentes‚ÄĚ (Gonz√°lez, 2012b:76)

Todo lo que no fuera ‚Äúclaramente revolucionario‚ÄĚ era excluido, y la claridad revolucionaria, desde el punto de vista pol√≠tico, ideol√≥gico y moral, era interpretada de una manera muy conflictual. Se abogaba por la unidad revolucionaria y contra el sectarismo, pero m√°s tarde cualquier postura intermedia lleg√≥ a ser considerada una debilidad, porque se corr√≠a el riesgo de estar con el enemigo o de estar con el ‚Äúpol√≠ticamente incorrecto‚ÄĚ.

En un proceso donde confluyen tantos rebeldes e inconformes, son inevitables las contradicciones. Es saludable tratar que estas diferencias puedan expresarse, ventilarse, en un ambiente de debate, y que la unidad que resulta indispensable para la defensa de los objetivos del proceso se construya sobre el consenso generado a partir de la discusi√≥n abierta entre distintas posiciones revolucionarias. Pero comenz√≥ a proliferar, con el pretexto de no dar espacio al enemigo, una unidad construida verticalmente, sobre la base de la obediencia y la disciplina sin cuestionamientos ante directivas de organismos superiores. Ese esp√≠ritu fue caldo de cultivo para muchos de los errores cometidos en la implementaci√≥n de la pol√≠tica cultural, entre los que se destaca, a la luz del debate que nos ocupa, el desprecio y el miedo por la diversidad, situaci√≥n que a√ļn se confronta incre√≠blemente, en algunos de los espacios nacionales. Hay quienes todav√≠a no logran comprender que la inclusi√≥n de todos y todas en un proyecto social, a√ļn y colmando de sentido pol√≠tico la lucha por la diversidad, no tiene por qu√© conducir a la fragmentaci√≥n y al individualismo, sino todo lo contrario, debe llevar a una mayor unidad y al colorido rostro de un socialismo m√°s humano, que desarticule todas las formas de discriminaci√≥n y promueva la m√°s intensa participaci√≥n popular en todos los procesos sociales.

Por otra parte habr√≠a que considerar tambi√©n el criterio acerca de las insuficiencias de las concepciones del mundo y de la vida que hab√≠an regido frente a las pr√°cticas, urgencias y exigencias de la Revoluci√≥n, que provocaron en ocasiones actitudes negativas y simulaciones, movidas por los valores y h√°bitos de la sociedad anterior, y en alguna medida tambi√©n por el escaso desarrollo de la nueva sociedad. Que hab√≠a que lograr justicia social, igualdad, educaci√≥n y salud, seguridad social y solidaridad humana era cuestiones del consenso de todos, lo que no estaba claro y totalmente definido era c√≥mo lograrlo…..y era l√≥gico, porque generalmente, esas respuestas est√°n en el camino, no en el fin. Todos hablaban del socialismo, pero hab√≠a notables diferencias acerca de c√≥mo concebirlo y c√≥mo entender, sin extremismos, la transici√≥n hacia √©l.

Los numerosos sucesos que se desatan en los primeros a√Īos del triunfo del 59 comienzan a mostrar la necesidad imperiosa de que la Revoluci√≥n abrazara a todos sus hijos en su proyecto social.¬† Pero entonces aparece la otra gran dicotom√≠a: ¬ŅC√≥mo hacer coincidir a todos en la unidad que se propugnaba si los hijos eran de diversas ideolog√≠as, diversas religiones, diversas preferencias sexuales?

Con todos sus aciertos, errores e insuficiencias, los intelectuales cubanos entraron a la historia de los sesenta en Cuba con una impronta marcada por el per√≠odo de los tres a√Īos fundadores. Reconocieron natural que entre los revolucionarios cubanos se presentaran diferencias y divergencias en cuanto a los caminos del socialismo y al marxismo, entre otras cosas porque existi√≥ un denominador com√ļn que gui√≥ las conciencias y las voluntades de los que mantuvieron las ideas y posiciones m√°s dis√≠miles: la defensa de la Revoluci√≥n cubana, con su justicia socialista y su car√°cter de liberaci√≥n nacional. Ese denominador com√ļn mantiene su impronta, a√ļn y cuando m√°s profundamente contradictorio se vuelva su entorno y su propio esp√≠ritu, a√ļn y cuando no se supere del todo el ‚Äúcomplejo del intelectual‚ÄĚ y el desprecio de los algunos funcionarios hacia este sector. Aun as√≠, al decir de Aurelio Alonso: ‚ÄúLa intelectualidad cubana es una intelectualidad con porcientos de asimilaci√≥n de su propio papel, de lo que le toca, de lo que puede jugar,¬† de lo que vale la pena ser¬† jugado m√°s all√° del vivir mejor. Yo creo que es importante lo que se ha logrado ante todo.¬† (…) Yo creo que en nuestra intelectualidad hay quien rechaza esto de manera brutal y te dicen ¬ęqu√©date ah√≠ con lo que t√ļ tienes que yo me voy, yo me monto en el avi√≥n y me quedo en la pr√≥xima¬Ľ,¬† pero la mayor√≠a no tiene esa actitud, la mayor√≠a te dice: ¬ęyo sigo aqu√≠ porque esta cosa es tan m√≠a como tuya¬Ľ¬† y vamos a ver, porque en definitiva de aqu√≠ a cien a√Īos Portocarrero sigue siendo Portocarrero y el 90 por ciento de los ministros que han pasado por este pa√≠s en un Ministerio nadie se acuerda de ellos, a lo mejor ni los nietos. Porque esa es la historia de la sociedad y sus intelectuales‚ÄĚ (Gonz√°lez, 2012a:15).

Bibliografía

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Fornet, Ambrosio 2009¬™. ‚ÄúLa D√©cada prodigiosa‚ÄĚ en Narrar la Naci√≥n (La Habana, Editorial Letras Cubanas) p.358

Garrandés, Alberto 2008ª.  El concierto de las fábulas (La Habana, Editorial Letras Cubanas)

González Aróstegui, Mely 2012a Entrevista a Aurelio Alonso Material inédito en Cuba: Cultura e ideología. Dilemas y controversias entre el 59 y el 61. ISBN 978-959-250-734-0, Santa Clara, Biblioteca de la Universidad Central de las Villas.

González Aróstegui, Mely 2012b. Entrevista realizada a Juan Valdés Paz en Cuba: Cultura e ideología. Dilemas y controversias entre el 59 y el 61. ISBN 978-959-250-734-0, Santa Clara, Biblioteca de la Universidad Central de las Villas.

Guevara, Alfredo 1998ª.  Revolución es lucidez, (La Habana, Ediciones ICAIC)

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Mart√≠nez Heredia, Fernando 2009b ‚ÄúEl mundo ideol√≥gico cubano de 1959 a marzo de 1960‚ÄĚ en Andando en la historia. (La Habana, Ruth Casa editorial. Instituto cubano de investigaci√≥n Cultural Juan Marinello). p.208

Sartre visita a Cuba. Ideolog√≠a y Revoluci√≥n. Una entrevista con los escritores cubanos. Hurac√°n sobre el az√ļcar. 1960. Ediciones revolucionarias. La Habana.

Otero, Lisandro 1984 ‚ÄúUn lunes para Cabrera Infante‚ÄĚ en Disidencias y coincidencias en Cuba, (La Habana, Editorial Jos√© Mart√≠) p. 108.

Pogolotti, Graziella, 2008 ‚ÄúLos pol√©micos sesenta‚ÄĚ en Pol√©micas culturales de los 60 (La Habana, Editorial Letras Cubanas)¬† p.vii ¬†

[1] ‚ÄúPalabras a los intelectuales‚ÄĚ fue entonces el documento que recogi√≥, a modo de resumen, las ideas de Fidel sobre todas estas problem√°ticas, convirti√©ndose en uno de los documentos b√°sicos de la pol√≠tica cultural cubana.

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Política cultural

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Provocaciones para una construcción simbólica

Por Fernando Luis Rojas López

Agradezco a la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z (AHS) la invitaci√≥n a este foro. El evento Memoria Nuestra se ha caracterizado por, desde las exposiciones de los propios asociados y j√≥venes participantes, convertirse en un escenario de discusi√≥n colectiva e intercambio de saberes. Por ello, m√°s que concurrir a este foro en calidad de ¬ęespecialista¬Ľ prefiero hacerlo en condici√≥n de ¬ęfacilitador¬Ľ. Para mi alegr√≠a comparto este rol con la profesora, investigadora y compa√Īera Mely Gonz√°lez de la UCLV.

Dada la amplitud tem√°tica que refleja la convocatoria a este foro, me limito a esbozar algunos problemas que considero acompa√Īan el tema y realizar comentarios puntuales.

Primero: ¬ŅPol√≠tica cultural o Pol√≠ticas culturales?

Este problema se presenta al menos en dos dimensiones identificables. Una, relacionada con el espacio geo-pol√≠tico e institucional. La incidencia de ¬ęproblem√°ticas¬Ľ internacionales no se limita a sus efectos en materia de econom√≠a, comunicaci√≥n, movimiento internacional de las personas, etc.; todo ello tiene un correlato con la ¬ęatenci√≥n¬Ľ a las pol√≠ticas de los organismos internacionales. De hecho, se han incorporado c√≥digos discursivos vinculados a organizaciones del sistema de Naciones Unidas y ello incluye las que se dedican a la cultura. Existe tambi√©n la que pudiera considerarse centro en las referencias tradicionales a ¬ępol√≠tica cultural de la Revoluci√≥n¬Ľ, identificada con el ambiente nacional y, espec√≠ficamente, estatal. Por √ļltimo, puede encontrarse la propia generaci√≥n, lectura e implementaci√≥n que se realiza por organizaciones, instituciones, territorios, etc.

Por tanto, en mi criterio existe una clara diferencia entre lo que se denomina ¬ęprincipios de la pol√≠tica cultural de la Revoluci√≥n¬Ľ y ¬ęla pol√≠tica cultural¬Ľ que, en su condici√≥n descentrada (internacional, nacional, territorial-organizativa) es diversa.

Otra dimensi√≥n tiene que ver con las continuidades y rupturas que se evidencian en este y otros terrenos en los m√°s de sesenta a√Īos que han transcurrido desde 1959. Al discutido ‚Äďcrom√°tica y temporalmente‚Äď Quinquenio gris acu√Īado por Ambrosio Fornet, agrego tres ejemplos para ilustrar la complejidad del proceso.

En su libro p√≥stumo Decirlo todo. Pol√≠ticas culturales (en la Revoluci√≥n cubana) publicado por la editorial Ojal√° en 2017, Guillermo Rodr√≠guez Rivera identifica el par contradictorio pol√≠tica cultural inclusiva y pol√≠tica cultural excluyente, siendo caracter√≠stica esta √ļltima del periodo que media entre 1971 y 1976.

Juan Vald√©s Paz en La evoluci√≥n del poder en la Revoluci√≥n cubana ‚Äďque analiza desde 1959 hasta la actualidad‚Äď se√Īala para el periodo 1975 a 1991: ¬ęA partir de 1976 la pol√≠tica cultural qued√≥ escindida en una pol√≠tica m√°s abierta para las actividades art√≠stico-literarias y una pol√≠tica regresiva y dogm√°tica para las ciencias sociales y human√≠sticas, las cuales eran subordinadas a la instauraci√≥n de una cierta ideolog√≠a de Partido y de Estado¬Ľ.

Y en 2014 apuntaba Fernando Mart√≠nez Heredia en Ciencias sociales cubanas: ¬Ņel reino de todav√≠a?:¬†

No repetir√© aqu√≠ lo que he escrito y dicho acerca del subdesarrollo inducido que sufrieron el pensamiento y las ciencias sociales cubanas a inicios de los a√Īos setenta, ni acerca de los rasgos de aquella desgracia (…) en los an√°lisis que hagamos hoy es imprescindible tener en cuenta que se volvieron cr√≥nicos, y que en cierta medida se mantienen todav√≠a (…) A menudo los cambios impulsados se han reducido a puestas al d√≠a que no brindan mucho m√°s que buena imagen, pero suelen reforzar el colonialismo mental, y tambi√©n a permisividades conquistadas. Pero hoy tenemos avances muy grandes. Contamos con mayor cantidad que nunca de especialistas calificados, cientos de monograf√≠as muy valiosas, centros de investigaci√≥n y docentes muy experimentados, y un gran n√ļmero de profesionales con voluntad de actuar como cient√≠ficos sociales conscientes y enfrentar los desaf√≠os tremendos que est√°n ante nosotros.

Sirvan estos tres ejemplos para mostrar que las din√°micas de continuidad y ruptura, y las lecturas que se hacen sobre ellas, pueden ser bastante heterog√©neas. ¬ŅHablamos entonces de ¬ępol√≠tica cultural¬Ľ o de ¬ępol√≠ticas culturales¬Ľ? ¬ŅLas ¬ędesviaciones¬Ľ de ¬ęla pol√≠tica¬Ľ son o no expresi√≥n de pol√≠ticas nuevas?

Como me he detenido más de lo necesario en este primer problema, me limito a esbozar algunos otros en términos de interrogantes.

Segundo: ¬ŅC√≥mo asumimos, al hablar de Pol√≠ticas culturales, los correlatos entre eso que se ha llamado ¬ęel contexto¬Ľ y los ¬ęestudios particulares¬Ľ? ¬ŅPuede hacerse desde perspectivas binarias?

Tercero: ¬ŅC√≥mo enfrentamos las porosidades y sinton√≠as que tienen las luchas por la hegemon√≠a en los terrenos pol√≠tico, cultural y art√≠stico-literario?

Cuarto: ¬ŅDe qu√© manera valoramos las din√°micas propias y destiempos que se presentan en las pugnas o pol√©micas en estos terrenos?

Quinto: ¬ŅC√≥mo particularizamos las gradaciones y diferencias entre procesos que pueden denotar luchas por el poder (en cualquier √°mbito), construcci√≥n de identidades diferenciadas, pluralidad en la b√ļsqueda del consenso o ejercicio acad√©mico de contrastaci√≥n de resultados?

Sexto: ¬ŅQu√© lugar ocupan las ciencias y la educaci√≥n cu√°ndo de ¬ępol√≠ticas culturales¬Ľ se habla?

S√©ptimo: ¬ŅC√≥mo se enfocan las din√°micas entre la creaci√≥n en el llamado ¬ęexilio¬Ľ, la migraci√≥n, la producci√≥n internacional y desde el espacio geogr√°fico cubano?

Octavo: ¬ŅQu√© expresa el hecho de que, en varios acercamientos a publicaciones que desaparecieron durante estas seis d√©cadas se toma como punto de partida el cierre ‚Äďque no deja de constituir un asunto central‚Äď y se estructura metodol√≥gicamente la narrativa sobre la publicaci√≥n acomod√°ndola solo a su desenlace?

Termino esta provocación, que ojalá llegue a tal, con un comentario.

Hace casi un a√Īo, durante el Congreso de la UNEAC, el actual presidente cubano Miguel D√≠az-Canel manifest√≥:

(‚Ķ) siempre me ha preocupado que de aquellas palabras [Palabras a los intelectuales] se extraigan un par de frases y se enarbolen como consigna. Nuestro deber es leerlo conscientes de que, siendo un documento para todos los tiempos, por los principios que establece para la pol√≠tica cultural, tambi√©n exige una interpretaci√≥n contextualizada (‚Ķ) ser√≠a contradictorio con la originalidad y fuerza de ese texto, pretender que norme de forma √ļnica e inamovible la pol√≠tica cultural de la Revoluci√≥n. Eso ser√≠a cortarle las alas a su vuelo fundador y a su esp√≠ritu de convocatoria¬Ľ.

No constituye un dato menor, si asumimos que la intervenci√≥n de 1961 ha tenido un lugar central en los acercamientos a la historia intelectual cubana del √ļltimo medio siglo, y un car√°cter regulador ‚Äďal menos discursivamente‚Äď en buena parte de la pol√≠tica y pr√°ctica gubernamental hacia los artistas y escritores.


Palabras a los intelectuales, D√≠az-Canel y el Congreso de la Uneac, 58 a√Īos despu√©s

El Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, concluido este 30 de junio, volvió a demostrar el compromiso, conciencia crítica y profundidad reflexiva de la vanguardia intelectual cubana.

Nos atrevemos a resaltar que tambi√©n confirm√≥ la altura de Miguel D√≠az-Canel Berm√ļdez, actual presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, como hombre de pensamiento y arte, como pol√≠tico con una claridad meridiana y sensibilidad de luz hacia la creaci√≥n.

Al escucharlo era inevitable recordar Palabras a los intelectuales, consideraciones del l√≠der revolucionario Fidel Castro, que sirvieron de conclusiones a tres intensas jornadas de intercambios con escritores, artistas y otros integrantes de la intelectualidad del pa√≠s en la Biblioteca Nacional, en La Habana, exactamente 58 a√Īos antes.

Este domingo de 2019, en la sala tres del Palacio de Convenciones de La Habana, se escucharon varios aplausos, frases de apoyo y una expresi√≥n muy particular: ‚Äú¬°Segunda parte!‚ÄĚ, ‚Äú¬°Segunda parte!‚ÄĚ…

Varios de los escritores y artistas presentes lo comentaron luego en los pasillos: esta fue la continuidad de aquella intervención de Fidel, plataforma de la política cultural del país. Verdaderamente Díaz-Canel denunció y analizó con mucho valor, precisión y exactitud los problemas y retos fundamentales relacionados con la cultura en la actualidad, pero sobre todo destacó la necesidad del trabajo y la construcción en conjunto para enfrentar los nuevos desafíos.

La lectura de ambos documentos, el de 1961 y el de 2019, revela puntos de contacto en el enfoque de las ideas, concepci√≥n socialista e inter√©s en impulsar el desarrollo cultural de la naci√≥n, a favor de los autores y el pueblo, situando al ser humano en el centro de los sue√Īos.

Y el an√°lisis m√°s reciente es efectivamente continuidad, porque incluye valoraciones sobre el funcionamiento del sistema de instituciones, confeccionado, precisamente, luego de aquel discurso de Fidel, y porque en esencia mantiene los mismos objetivos, pero en contextos diferentes.

Algunos de los intelectuales presentes hace 58 a√Īos tambi√©n se encontraban en la ocasi√≥n m√°s reciente, incluido Miguel Barnet, quien entreg√≥ la presidencia de la Uneac al joven Luis Morlote, quien se desempe√Īaba como Primer Vicepresidente de esa organizaci√≥n.

APUNTES PARA RECORDAR

 

Fotos: Marcelino V√°zquez/ Tomada de ACN

A los más jóvenes nos han llegado algunas escenas aisladas de aquel encuentro de Fidel y los creadores, gracias a narraciones orales y textos de algunos de los participantes, pero indiscutiblemente lo mejor es sumergirnos en el documento, en todas sus ideas, sin repeticiones ni aprehensiones simples de oraciones.

El 16, 23 y 30 de aquel junio de 1961 referentes de la cultura cubana, como Nicol√°s Guill√©n, Alfredo Guevara, Lisandro Otero, Roberto Fern√°ndez Retamar, Lezama Lima, Alejo Carpentier, Virgilio Pi√Īera, Graziella Pogolotti y el mencionado Barnet, quien apenas ten√≠a 21 a√Īos de edad, dialogaron con el hombre vestido de uniforme verdeolivo, el barbudo llegado de la Sierra Maestra, el mismo que gui√≥ a los rebeldes hacia el triunfo sobre un ej√©rcito muy superior, pero que tambi√©n era un ser humano de pensamiento elevado y sensibilidad art√≠stico-literaria.

Estuvieron presentes, adem√°s, otros como Osvaldo Dortic√≥s, Ra√ļl Roa, Carlos Rafael Rodr√≠guez y Armando Hart.

En su artículo Cuando se abrieron las ventanas de la imaginación, Otero expresa que Dorticós pronunció las palabras introductorias al debate, cuando manifestó que la cultura, con todos sus cauces y matices, debía servir al pueblo, una idea reiterada después por Fidel, y ahora por Díaz-Canel.

Todo suced√≠a en situaciones muy complejas. Ya hab√≠a ocurrido la invasi√≥n de mercenarios por Playa Gir√≥n, bandas armadas operaban en monta√Īas del pa√≠s asesinando campesinos y maestros de la campa√Īa de alfabetizaci√≥n, reinaba una hostilidad muy clara de Estados Unidos hacia Cuba y tambi√©n inconformidades internas de quienes en el pasado pose√≠an la mayor cantidad de los recursos, abusaban del pueblo y no compart√≠an la declaraci√≥n del car√°cter socialista de la Revoluci√≥n‚Ķ

La razón aparente del encuentro fue la prohibición del documental PM (Pasado Meridiano) por la dirección del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, pero verdaderamente la disyuntiva solo reafirmó la necesidad de un intercambio de opiniones y visiones acerca de la creación y la función de la cultura en el nuevo panorama.

Si vemos hoy aquel audiovisual, de Sabá Cabrera, hermano del escritor Guillermo Cabrera Infante, con duración de apenas 14 minutos, que reflejaba la vida nocturna de bares habaneros, nos parecería casi increíble su efecto en aquel momento.

El propio Otero asegur√≥: ‚ÄúSi este documental se hubiese rodado en otro instante de la historia habr√≠a sido olvidado a la semana siguiente, pero naci√≥ en una hora de enfrentamiento de camarillas. La pel√≠cula pas√≥ por televisi√≥n, pero fue vista con objeciones en el Instituto del Cine. La acusaban de escamotear la presencia de milicianos, de obreros, de maestros alfabetizadores en la imagen que se ofrec√≠a del pueblo; quienes aparec√≠an en las diversiones nocturnas eran marginales, lumpen. Mostrar una parte de la verdad, dec√≠an, era una forma de mentir sobre la realidad cubana‚ÄĚ.

LAS LIBERTADES Y LA INCLUSI√ďN, ELEMENTOS ESENCIALES DE LA REVOLUCI√ďN

 

FOTO/Marcelino V√ĀZQUEZ HERN√ĀNDEZ/ Tomada de ACN

De Palabras a los intelectuales, muchos suelen mencionar solamente la frase ‚ÄúDentro de la Revoluci√≥n todo, contra la Revoluci√≥n nada‚ÄĚ.

¬ŅQu√© significa esa expresi√≥n? ¬ŅAcaso es recomendable mencionarla de manera individual? ¬ŅCu√°nto m√°s dijo Fidel en aquella ocasi√≥n?

Recordamos el p√°rrafo anterior y el que la contiene:

“La Revolución tiene que comprender esa realidad, y por lo tanto debe actuar de manera que todo ese sector de los artistas y de los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentren que dentro de la Revolución tienen un campo para trabajar y para crear; y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tiene oportunidad y tiene libertad para expresarse. Es decir, dentro de la Revolución.

‚ÄúEsto significa que dentro de la Revoluci√≥n, todo; contra la Revoluci√≥n, nada.¬† Contra la Revoluci√≥n nada, porque la Revoluci√≥n tiene tambi√©n sus derechos; y el primer derecho de la Revoluci√≥n es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revoluci√≥n de ser y de existir, nadie ‚ÄĒpor cuanto la Revoluci√≥n comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revoluci√≥n significa los intereses de la naci√≥n entera‚ÄĒ, nadie puede alegar con raz√≥n un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro‚ÄĚ.

El l√≠der aclar√≥ que, incluso, quienes no fueran genuinamente revolucionarios pod√≠an trabajar, crear y expresarse dentro de la Revoluci√≥n, pero a la vez ning√ļn inter√©s personal pod√≠a ser superior al de toda una naci√≥n y un proyecto que ya hab√≠a fundado importantes instituciones para el desarrollo cultural.

Más adelante reforzó la idea de la inclusión:

‚ÄúLa Revoluci√≥n no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella; la Revoluci√≥n debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario. (‚Ķ) La Revoluci√≥n solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios‚ÄĚ.

Precisamos que varias de esas ideas recibieron el aplauso de los asistentes, un mensaje de apoyo y confianza, construido en las diferentes partes del diálogo, como también sucedió en la ocasión más reciente.

Fidel enfatizó en la libertad no solo artística, sino general:

‚ÄúPerm√≠tanme decirles en primer lugar que la Revoluci√≥n defiende la libertad, que la Revoluci√≥n ha tra√≠do al pa√≠s una suma muy grande de libertades, que la Revoluci√≥n no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupaci√≥n de alguno es que la Revoluci√≥n vaya a asfixiar su esp√≠ritu creador, que esa preocupaci√≥n es innecesaria, que esa preocupaci√≥n no tiene raz√≥n de ser‚ÄĚ.

‚ÄúLa Revoluci√≥n no puede pretender asfixiar el arte o la cultura cuando una de las metas y uno de los prop√≥sitos fundamentales de la Revoluci√≥n es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un patrimonio real del pueblo‚ÄĚ.

Resaltamos la profunda sinceridad de quien en medio de muchas dificultades reafirmaba la importancia que le concedía a lo artístico y espiritual, por eso el afán de limar asperezas.

El propio Fidel manifestó:

‚ÄúEs cierto que aqu√≠ se est√° discutiendo un problema que no es un problema sencillo. Es cierto que todos nosotros tenemos el deber de analizarlo cuidadosamente. Esto es una obligaci√≥n tanto de ustedes como de nosotros. No es un problema sencillo, puesto que es un problema que se ha planteado muchas veces y se ha planteado en todas las revoluciones‚ÄĚ.

Reconoci√≥ que los dirigentes de la Revoluci√≥n no ten√≠an la madurez intelectual. Y agreg√≥: ‚ÄúEn realidad, ¬Ņqu√© sabemos nosotros? En realidad, nosotros todos estamos aprendiendo. En realidad, nosotros todos tenemos mucho que aprender‚ÄĚ.

Habl√≥ tambi√©n de sue√Īos que se concretaron luego, como la creaci√≥n de academias y la formaci√≥n de instructores de teatro, m√ļsica y danza que ense√Īaran en ciudades y zonas rurales, en escuelas y cooperativas.

Y a√Īadi√≥: ‚ÄúMas la Revoluci√≥n no pide sacrificios de genios creadores. Al contrario, la Revoluci√≥n dice: pongan ese esp√≠ritu creador al servicio de esta obra‚Ķ‚ÄĚ

UN CONGRESO PARA PENSAR A CUBA DESDE LA CULTURA

 

FOTO/Marcelino V√ĀZQUEZ HERN√ĀNDEZ/ Tomada de ACN

Cómo quedó claro en este IX Congreso de la Uneac, Palabras a los intelectuales es, indiscutiblemente, un texto con vida, pero la Cuba de hoy necesita escribir su política cultural, en un entorno muy diferente con influencias del mundo digital, a veces convertido en selva, y nuevos actores sociales, algunos de los cuales privilegian la comercialización por encima de cualquier elemento de calidad artística o cuando la batalla en lo simbólico adquiere dimensiones muy superiores a las de hace casi seis décadas.

El propio D√≠az-Canel lo dijo: ‚ÄúEn el Congreso se ha hablado varias veces de las Palabras a los intelectuales. No concibo a un artista, a un intelectual, a un creador cubano, que no conozca aquellas palabras, a un dirigente que prescinda de sus principios. Siempre me ha preocupado que de aquellas palabras extraigan un par de frases y se enarbolen como consignas. Exigen una interpretaci√≥n contextualizada. Fidel plante√≥ un punto de partida, la relaci√≥n entre vanguardia art√≠stica y pueblo. Hoy tenemos que traer sus conceptos a nuestros d√≠as‚ÄĚ.

Cuando uno lee o escucha los planteamientos realizados a lo largo del amplio proceso de reflexiones y debates en todas las provincias como parte de este cónclave, percibe la profundidad de los análisis y el propósito de aportar a la sociedad y al país, mucho más allá de una organización, algo que deberá distinguir siempre a las vanguardias artísticas e intelectuales de cualquier generación.

El discurso de clausura, pronunciado por Díaz-Canel, debe ser guía permanente para los dirigentes de todos los sectores y para los trabajadores de las instituciones culturales, para creadores y cualquier ciudadano relacionado con la vida artística, literaria e intelectual de la nación.

Los aplausos fueron más numerosos por la capacidad de Díaz-Canel para hablar de las diferentes problemáticas, con mezcla de belleza formal y verbo directo, adjetivos exactos y análisis profundos.

Refirió la pertinencia de una labor conjunta para perfeccionar el proyecto cultural de país de manera que irradie más en todas las direcciones; mencionó anhelos generales y aspectos específicos sobre los artistas y también las funciones y el compromiso de las empresas y las instituciones con ellos.

Alert√≥ que debemos estar ‚Äúatentos a los que ponen por delante el mercado y no la cultura, el ego√≠smo sin compromiso social‚Ķ‚ÄĚ. Y asegur√≥ que ‚Äúlos l√≠mites comienzan donde se irrespetan los s√≠mbolos y los valores sagrados de la Patria‚ÄĚ.

‚ÄúConstruir y defender un proyecto socialista como el cubano significa defender el humanismo revolucionario. Como en los tiempos de Palabras a los intelectuales, la Revoluci√≥n defiende el derecho a su existencia, que es la existencia de sus creadores y de su pueblo‚ÄĚ, dijo el mandatario, quien critic√≥ con fuerza el incumplimiento de algunas empresas de la cultura en su funci√≥n social.

En momentos en que la administraci√≥n de Estados Unidos destina m√°s fondos a la subversi√≥n, ‚Äúno vamos a limitar la creaci√≥n, pero la Revoluci√≥n que ha resistido 60 a√Īos no va a dejar sus espacios institucionales a quienes sirven a sus enemigos‚ÄĚ, dijo.

Lo mejor sería que este Congreso no termine nunca y su espíritu renovador se mantenga siempre como elemento indispensable para superar disímiles retos.

Quienes deseen tener una visión integradora de la cultura cubana en Revolución, sus desafíos y proyecciones, necesariamente deben analizar los dos discursos, hijos de contextos diferentes dentro de un proyecto social eminentemente humanista, inclusivo, artístico y revolucionario.