Cuento


Los cubanos tambi√©n tienen sus Grim¬īs y su Andersens

Como sucediera en Europa con aquellos cuentos que inmortalizaron los hermanos Grim, en Latinoam√©rica, relatos m√°gicos y gestas de anta√Īo viajan de las bocas de padres a hijos. A√ļn la cuent√≠stica cobra valor en la transmisi√≥n de la cultura de los p√°ramos andinos en Venezuela, o en la conservaci√≥n de leyendas ind√≠genas en otros pa√≠ses como M√©xico y Estados Unidos. Incluso, para los habitantes de la ciudad moderna, la transmisi√≥n de muchas esferas del saber se da por v√≠a oral.

No en pocos casos coexisten con las grandes sociedades que tienen la comunicaci√≥n sostenidas en la escritura, otras totalmente √°grafas, donde la historia y la educaci√≥n se basan en la narrativa. En algunas de estas sus habitantes utilizan, por ejemplo, anta√Īas cantur√≠as para calcular distancias.

Pero Cuba ha marcado un camino propio en el estudio de estos anales de la oralidad, con propuestas que van m√°s all√° de la recopilaci√≥n de leyendas, de modo que sus Grim¬īs y sus Andersen, son peculiares guajiros de alma po√©tica, pero tambi√©n maestros de la palabra que se despliega en el aire. ¬†

Aparejado a estudios etnogr√°ficos de diversa √≠ndole, a principio de los a√Īos 60 ya se hablaba en la Isla de talleres especializados en la formaci√≥n de narradores orales, es decir, profesionales del arte de contar cuentos. As√≠ trascendi√≥ en salas y talleres de la Biblioteca Nacional, lo que muchos intelectuales llamaron el rescate del narrador oral, y que se traduc√≠a en un grupo de literatos, dramaturgos, y etn√≥grafos, trabajando en base a entender este acto ritual como un arte nuevo.

María Teresa Freyre de Andrade

Para 1959 asume la dirección de la Biblioteca Nacional José Martí la Doctora en Ciencias María Teresa Freyre de Andrade y, con ella, se inician proyectos culturales que revitalizarían la narración oral. Inauguró, junto al poeta Eliseo Diego, una escuela dentro de la institución que tuvo el expreso objetivo de impulsar el movimiento de narradores en la región.

Del maestro, por su parte, encontramos m√ļltiples disertaciones dedicadas a este tipo de literatura. Su difusi√≥n, explicitaci√≥n te√≥rica y sobre todo, su rescate en orden profesional. Se destacan los ensayos: Los hermanos Grim y los esplendores de la imaginaci√≥n popular, Secretos del mirar atento: En torno a Hans Christian Andersen, Las maravillas de La Bella y la Bestia, Aviso, Memoria del gato con botas, Los cuentos y la imaginaci√≥n popular.

La narradora Haydée Arteaga aseguró en una entrevista ofrecida al sitio ww.ohch.cu: y aprendí la técnica narrativa con Eliseo Diego, porque yo era narradora, pero no conocía la técnica. 

Ya en los inicios de la d√©cada del ’50, la doctora Freyre hab√≠a organizado seminarios sobre la narraci√≥n oral en el Lyceum de La Habana y, posteriormente (1962), con la inapreciable ayuda del poeta y la doctora Mar√≠a del Carmen Garcini crea el Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional.

Este estuvo dedicado a estudiar y difundir la teor√≠a y la t√©cnica del arte de contar cuentos, mediante la preparaci√≥n de narradores en toda la red nacional de bibliotecas p√ļblicas para ni√Īos del pa√≠s, y la edici√≥n de la colecci√≥n Textos para narradores, iniciada en 1966. Adem√°s se crearon talleres de narraci√≥n oral esc√©nica en el Gran Teatro de La Habana y lleg√≥ a nuestro pa√≠s la renombrada hora del cuento.

El parque Lenin fue el escenario de una eventualidad nacida a mediados de la d√©cada del 70: La Pe√Īa de los juglares. Lugares como este, plazas, espacios teatrales, fueron recorridos por el te√≥rico y la trovadora Teresita Fem√°ndez, para la redenci√≥n de la leyenda.

Otro de los hacedores de este proyecto de «rescate» fue Francisco Garz√≥n C√©spedes, quien imparti√≥ talleres del nuevo arte en los a√Īos 70 y 80 en distintos pa√≠ses. En 1979 patrocin√≥ un taller en el Teatro Nacional del que salieron narradores como Guadalupe Urbina y Mois√©s Mendelewich. Todos estos narradores orales cubanos se han nutrido tanto de la savia de la tradici√≥n oral europea como del rico legado afro e indocubano.

Juglares en pugna

Desde entonces la narrativa cubana cuenta, en cuanto a su manifestación oral, con opiniones que convergen o se disgregan; y en esta controversia persisten voces que, sin lugar a dudas, se ubicaron a la vanguardia de estos estudios en Latinoamérica.

Francisco Garz√≥n C√©spedes no solo acu√Īa el t√©rmino de Narraci√≥n Oral Esc√©nica, sino que plantea su viabilidad para la comunicaci√≥n alternativa y contribuye a la extensi√≥n de la narraci√≥n de cuentos por toda Iberoam√©rica.

El actor act√ļa para el p√ļblico/ El narrador oral esc√©nico cuenta con el p√ļblico. Garz√≥n C√©spedes no solo acu√Īa el t√©rmino de Narraci√≥n Oral Esc√©nica, sino que plantea su viabilidad para la comunicaci√≥n alternativa y contribuye a la extensi√≥n de la narraci√≥n de cuentos por toda Iberoam√©rica. As√≠ lo refleja en declaraciones para la Universidad Nacional de Educaci√≥n a Distancia de Espa√Īa

El actor en escena se muestra seg√ļn sea su personaje/ El narrador oral esc√©nico es seg√ļn su personalidad. (..) El teatro es representaci√≥n/ La Narraci√≥n Oral Esc√©nica es presentaci√≥n.

Para otros, si bien no puede desliarse la narraci√≥n oral de su componente memor√≠stico y de habilidades histri√≥nicas, o de ciertas t√©cnicas, heredadas o estudiadas por los actores, lo importante es la dosis folcl√≥rica con que se desarrolla tanto en zonas urbanas, como rurales. Las √ļltimas, con su componente m√°gico. En una entrevista realizada a la narradora Hayd√©e Arteaga en 2006 al recibir la Placa Medalla al M√©rito de la Oralidad 2006 confes√≥:

Mi abuela me ense√Ī√≥ a narrar, le debo casi todo lo que s√© (…) Narrar es compartir. Siempre que cuento alguna historia pongo en una esquina la t√©cnica y sigo el estilo que me ense√Ī√≥ mi abuela. He logrado comunicarme incluso con espectadores que hablan otro idioma.

Eliseo fue un gran promotor de la literatura infantil durante sus a√Īos de trabajo en la Biblioteca Nacional de Cuba. La ilustraci√≥n es un dibujo del poeta realizado por su hijo Rapi Diego/ Tomado de la uneac

Esas afirmaciones proveen la narrativa cubana de cierto costumbrismo y de un reconocimiento hist√≥rico. En cada viaje que hago busco a la gente m√°s vieja e investigo. Me he reunido con campesinos, con indios huicholes (en M√©xico), con los y yekuazan, a la orilla del Amazonas (por la parte de Venezuela)… ¬°Esos son los cuenteros verdaderos!, afirma Arteaga.

Por su parte, para el poeta Eliseo Diego se trata de un arte dado por im√°genes, con otros recursos literarios inmersos, pero principalmente como evocaci√≥n de la imaginaci√≥n humana, donde las palabras son usadas en su valor metaf√≥rico, polis√©mico, sinon√≠mico para lograr la creaci√≥n de un ambiente expresivo particular, mediante la expresividad est√©tica, dijo Diego en 1998 seg√ļn la revista Recre@rte.

El gran propulsor de esos estudios admiraba como en esos textos la exquisitez del estilo y la estructura po√©tica son un asunto casi lit√ļrgico, por las estructuras de los relatos que se van transmitiendo unos a otros a trav√©s de generaciones y en cuya creaci√≥n participan todos como si fueran uno solo.

Adem√°s asiste en este tipo de narrativa la sencillez de los medios escuetos, puros, ancestrales. Se trata, sin dudas de la majestad de la forma en un quehacer literario que unifica la voluntad creativa de los cubanos, sus historias de vida, y sus sue√Īos m√°s id√≠licos.


El lugar memorable

Cuando le√≠ el volumen de cuentos de Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989), Culto de acoplamiento (2015), me result√≥ ‚Äúcurioso‚ÄĚ que el relato hom√≥nimo cerrara dicha compilaci√≥n.

Ahora bien, no hay que olvidar que es el lector quien arma su propio libro y lo hará siempre de la manera que mejor le convenga. Porque en este sentido, la forma de leer sí le puede aportar significados a lo leído. Además, habrá una prolija comunidad de lectores con maneras bien personales de acercarse a la obra literaria.

Es cierto que no existe una técnica palpable y popular para la conformación de los libros de cuentos. Los hábitos en este sentido son muy variados y depende, sobre todo, de la estética y la funcionabilidad. Por ejemplo, si el libro será enviado a un concurso, habría que pensar en la disposición de cada texto para impactar al jurado;  si fuera para una editorial, la cuestión podría ser diferente y permitirse ciertas libertades.

La experiencia me ha ense√Īado que los grandes autores prefieren colocar esa narraci√≥n en el lugar m√°s privilegiado, sea cual sea.

Pareciera a simple vista que es casual, pero seg√ļn las distintas dramaturgias planteadas y sugeridas en el libro, el asunto se complica y se vuelve casi un ejercicio de causa y efecto. Pero lo que s√≠ es un hecho es que sobre este cuento ha de posarse toda la atenci√≥n del lector y, con lo mismo, todas sus expectativas.

Revisito a Borges, en el que en casi todos sus vol√ļmenes de narraciones es as√≠. Juan Rulfo coloca El llano en llamas justo al medio, como si dividiera el libro en dos partes sim√©tricas: de un lado las narraciones m√°s terrenales, y despu√©s del cuento que da t√≠tulo al libro, las historias tienen un matiz m√°s de otro mundo. Garc√≠a M√°rquez colocaba este ejemplar tambi√©n al final, salvo en Los funerales de la Mam√° Grande (1962) que prefiri√≥ el pen√ļltimo puesto y en La incre√≠ble y triste historia de‚Ķ (1972) donde tambi√©n lo dispusiera justo al medio. Nuestro Virgilio Pi√Īeira dejaba el t√©rmino del libro para el cuento que le diera t√≠tulo, salvo en Cuentos fr√≠os, que posee un nombre gen√©rico; y en Muecas para escribientes (1987), donde es colocado en el mismo centro del mismo.

La ejemplificaci√≥n podr√≠a ser a√ļn m√°s larga, pero se trata de analizar el lugar que le otorgara Elaine Vilar a la destacada narraci√≥n. Pensar, como a viva voz, cu√°l sorpresa nos trae dicha decisi√≥n.

Lo comparo entonces con la estructura de una casa para que su visualización sea más práctica y de fácil comprensión.

Sabemos que en la mayor√≠a de las viviendas cada habitaci√≥n cumple un papel determinado. Y no todas tienen el mismo tama√Īo y confort. Digamos, entonces, que un libro de cuentos tendr√° que suplir las funciones de una morada por lo que el lector andar√° por √©l a la busca de comodidades entre otras cosas.

En nuestra psicolog√≠a, para el estudio de una situaci√≥n familiar determinada, se hace necesario acudir a un organigrama en el que se tendr√° en cuenta el lugar que se ha destinado no solo al paciente, sino, tambi√©n, al miembro m√°s importante de la familia, y a los ni√Īos. Asimismo, el feng shui nos da algunas ideas de c√≥mo distribuir a los miembros de la familia por las habitaciones, seg√ļn los campos de energ√≠a que las mismas poseen y la posici√≥n cardinal del inmueble.

Nada es casual.

Todo esto me lleva a pensar que en Culto de acoplamiento, el lugar reservado es el preciso para darle feliz final a la idea del libro. Y entraré a analizar algunos detalles que, si bien no son grandes descubrimientos, podría hacer la lectura más fácil a quienes, como para mí, la lectura es un franco ejercicio de raciocinio. Soy un lector bastante disciplinado y arrojado por el ejercicio de la investigación artística.

¬ŅPor qu√© Culto de acoplamiento? Ya desde el t√≠tulo de la narraci√≥n se nos dan algunas coordenadas. Culto es la acci√≥n de reverenciar algo que para algunos es sublime. Puede hacer de forma grupal o personal. Y cualquier cosa puede ser el objeto de adoraci√≥n. En este caso, se trata del acoplamiento. Que viene de unirse.

Cuando dos seres vivos se acoplan no solo se funden sus materias, sino también su espíritu y esencias. Para un ser con alguna inteligencia, se unirían subjetividades, experiencias y algo del amor. Casi siempre al acoplamiento le sobreviene un efecto, una creación. Sin caer en absolutismos.

¬ŅDe qu√© va la historia? Ya sabemos que se podr√≠a tratar de algo sexual o, por lo menos, er√≥tico. Y eso nos llamar√° a√ļn m√°s atenci√≥n, avivar√° el inter√©s.

Cuando somos los testigos de Serm, investigadora que tiene una misión que cumplir en el planeta de los mudgorgs, enseguida nos ponemos de su parte y hasta podemos ir entendiendo su psicología, el porqué de su estado de desánimo. El drama de que el sexo lo es todo para los seres vivos, incluso en la Tierra, es demasiado reduccionista para ella y no cree que sea necesario perder el tiempo en una misión como esa.

¬ŅCu√°l es la misi√≥n? Ha de escudri√Īar el acoplamiento de los mudgorgs con sexos como lanzas y estrafalarios cortejos. El objetivo final de toda esta vigilia es adue√Īarse de los supuestos conocimientos y poderes que esa especie parece mantener oculto a los ojos del mundo, aunque Serm solo cree que esas historias son pura habladur√≠as.

Ella es descubierta por uno de los mudgorgs, quien ha olido su esencia femenina y quiere copularla.

Para Serm, ‚Äúenvenenada‚ÄĚ por la savia de los mudgorgs este ser es el Hombre que tanto ha esperado y vive enso√Īaciones casi m√°gicas mientras dura la c√≥pula.

El asunto se vuelve retorcido cuando nos enteramos de que todo es una trampa. Desde la base espacial de la Tierra, se empieza a recibir la información deseada de los habitantes de este planeta y todo desde que se consumó el acoplamiento.

El cuento es hermoso y nos da una clara moraleja sobre la esencia infrahumana del ser humano y sus afanes de codicia. Bien narrada, esta invención consigue su objetivo, que es atrapar al lector y dejar que saque sus propias conclusiones.

Pero no considero que sea la mejor pieza del volumen. Sostengo que le sobran algunos detalles que no le aportan a la trama y que, de alguna forma, hacen que se aleje de ese paradigma del cuento que tanto proclamaban Quiroga, Chéjov y hasta Juan Bosch. En un cuento, los demasiados detalles hacen que se disipe la esencia del género.

Con la inserci√≥n del punto de vista del mundo mudgorg, di√°logos incluidos, se pierde un precioso tiempo y la tensi√≥n. Con la demasiada enumeraci√≥n del ensue√Īo que vive la protagonista, tambi√©n. Son destellos que, quiz√°s, con una acuciosa edici√≥n se hubiesen resuelto, si antes la goma de borrar de su autora no le pas√≥ factura. Detalles que no empobrecen la calidad del texto, pero que s√≠ pesan.

Y pesarían también en un lector, como yo, que no desea perder tiempo, sino más bien ganarlo. Una buena lectura nos aporta mucho, sobre todo en deleite y esparcimiento. Y ya eso es ganancia.

Lo hermoso de este texto, m√°s all√° de s√≠ mismo, es la invitaci√≥n que nos hace al primer cuento de la obra. Y pareciera establecer una conexi√≥n m√≠stica, como de la serpiente mordi√©ndose la cola. Recordemos que en su g√©nesis, Culto de‚Ķ arranca con ‚ÄúAl s√©ptimo d√≠a‚ÄĚ, que versa sobre un ‚Äúhombre‚ÄĚ que decide ‚Äúdormir‚ÄĚ para crear un mundo nuevo. Quiz√°s ese mismo hombre es el que se acopla a Serm en su ‚Äúdelirio‚ÄĚ y le hace ver maravillas.

Todo pareciera encajar como un mecanismo de relojería. Nada es casual, pero sí fastuoso.

Recordemos también que el tema que pareciera gravitar por sobre todos los cuentos tiene que ver con la familia, con la extensión del ser humano. Y para que esto ocurra, ha de existir el acoplamiento.

La numerolog√≠a nos ayuda a entender, adem√°s, la causalidad de que sean 11 cuentos. Y que sumados 1+1 resulte 2. N√ļmero que significa familia, pareja, cooperaci√≥n y entendimiento, estabilidad y receptividad. M√°s todo aquello que se podr√≠a abrir a la secuencia Fibonacci por la suma de dos n√ļmeros.

As√≠ llego a la teor√≠a de Hermann Ebbinghaus, en su estudio Sobre la memoria (1885) y en el que nos explica que la intensidad de un suceso es lo determinante en la duraci√≥n de su recuerdo en nosotros. As√≠ tambi√©n establece que, por lo general, lo primero y lo √ļltimo de una serie de elementos percibidos es lo que m√°s perdura en nuestra memoria. Y en el olvido, entonces, queda lo intermedio.

Nada es absoluto incluso en la ciencia.

Culto de acoplamiento no ser√° el mejor cuento del libro, pero le da su t√≠tulo y conceptualizaci√≥n. El mensaje que pudiese transmitir es poderoso y legendario. ‚ÄúLa salvaci√≥n est√° en la familia‚ÄĚ, parece decirnos. Elaine Vilar Madruga lo ha colocado en una parte importante de esa ‚Äúcasa‚ÄĚ, y me gustar√≠a pensar que es para que quede en la memoria del lector. Ese ente casi fant√°stico que le gusta sopesar y sospechar de todo lo que lee, incluso, de sus propias letras.


Ojos para no ver las cosas simples: escritos en tinta blue

He le√≠do en alg√ļn sitio, en estos d√≠as tambi√©n de infodemia, que las personas que prefieren el azul padecen de seguro de trastornos siqui√°tricos. No s√© qu√© pensar. Me gusta el azul. Y tengo la impresi√≥n de que a Martha Acosta √Ālvarez le gusta el azul. ¬ŅNos hace seres comunes en la insanidad? Quiz√°s‚Ķ Pero he visto un p√°jaro azul suyo describir un drama de a√Īoranza y pesar, de libertad no plena; una habitaci√≥n con vistas al mar, donde se definen los odios y amores, el qui√©n soy y qui√©n es el otro. O una chica, posible y triste, de vinilo soldado, con ojos grises, pasto de la rapi√Īa y la codicia del sexo. Todo en azul. Una tinta que va describiendo desde el fondo de cada historia una secuencia com√ļn, un tono en la palabra que ahonda y apela a profundas reflexiones, donde el dolor interior est√° siempre presente, aun cuando se espere el posible fin de un mundo mientras se cena.

Las ficciones de Martha Acosta llevan en com√ļn, adem√°s, la eterna b√ļsqueda de sus personajes: b√ļsqueda del reconocimiento del yo en los ojos de quien se ama, b√ļsqueda de un tiempo otro donde se fue feliz o donde se hallar√≠a la felicidad, b√ļsqueda de la verdadera esencia humana en medio de esa convenci√≥n que llamamos sociedad. Pero no hay en esta b√ļsqueda una √ćtaca definitiva ni un telar insistente. Solo la p√°lida, azul insinuaci√≥n, de una respuesta que se bifurca en un abanico de posibilidades. ¬ŅEs Martha Acosta una autora azul? ¬ŅUna mujer blue? ¬ŅAlguien que describe desde la aparente calma y la sonrisa la tormentosa realidad que esconde el alma humana? Tal vez‚Ķ ¬†

Solo s√© que esta invitaci√≥n, tambi√©n p√°lidamente blue, para adentrarnos en la lectura de los seis cuentos que propone Ojos para no ver las cosas simples, no puede ser definitiva ni definitoria. Leer a Martha Acosta es adelantar m√°s preguntas que respuestas, es adentrarnos en un mundo quiz√°s enga√Īosamente azul, pero lleno de invitaciones y tonalidades que no pueden ser descritas terminantemente, sino esbozadas, sugeridas, como el p√°jaro azul que describe una historia entra√Īable, o ahora que lo pienso, como mirar al fondo de los ojos de esta joven autora, parad√≥jicamente negros, y encontrar all√≠ un destello azul, como de acero mortal, mientras con una sonrisa suya nos describe posibles modos de ver la vida en blue, y a√ļn dejarnos con la inquietud de quien habla del amor, calladamente, mientras afuera, tras los cristales, el mundo se deshace. ¬†¬†


Animal de otra raza: Eros con nosotros

¬ęQue llueva la carne palpitante. Jadea, carne. Llora. ¬°Reza!¬Ľ. De este modo, con este mantra o urgencia, terminan los once cuentos que propone Maribel Feli√ļ en esta especie de autoantolog√≠a eminentemente er√≥tica. Y aunque este ensalmo puede llamar por s√≠ solo la atenci√≥n, y servir√≠a acaso como m√≠nimo bot√≥n de muestra, ser√≠a demasiado breve e imperfecto: la poiesis er√≥tica de Maribel Feli√ļ es m√°s que una mera y desenfrenada invitaci√≥n al aquelarre. La narrativa de Maribel parte de un secreto y hondo conocimiento del goce, descrito s√≠, ficcionado tambi√©n, pero vivido desde una personal√≠sima experiencia. Y por ello no teme aventurarse, casi con sa√Īa, en temas como la zoofilia o la pedofilia con pulso firme. Un pulso que adem√°s maneja con poder la palabra, sin excesivo temor por lo que pudiera parecer procaz. Maribel ha conocido las aguas del cuerpo, del √≠ntimo y propio, y sabe que nada hay m√°s puro y hermoso que beber de ellas sin atavismos.

He dicho poiesis er√≥tica, t√©rminos que dif√≠cilmente ser√≠an complementarios, pero en la obra de Feli√ļ son un arma m√°s filosa a√ļn que cualquier situaci√≥n, por escabrosa que pareciera. La insinuaci√≥n de una imagen po√©tica, sombras que adelantan el filo de lo no revelado, de una sustancia que palpita y fluye secretamente hasta derramarse, acompa√Īa buena parte de su obra potenciando sus efectos de seducci√≥n. Tambi√©n el juego est√° presente, circulando aparte de sus cuentos. Juega con lo simb√≥lico sexual, que puede venir desde el t√≠tulo de una canci√≥n, hasta la trama misma donde lo que se cuenta es codificado a trav√©s de esos s√≠mbolos en una trasmigraci√≥n, nuevamente, po√©tica.

Animal de otra raza es, si se quiere pues, un libro peligroso. Peligroso para los pacatos y temerosos, pues ciertamente el animal descrito aquí es fiero y dulce, y habita en cada uno de nosotros. Su liberación está signada por el más puro y natural goce vital. Una raza auténtica de quienes hacen de él una victoria continua y que, de seguro, no quedarán impávidos ante la lectura de este itinerario del placer, peligroso y torturante a veces, pero descritos con una precisa dosis de sensible voluptuosidad.


Bukowski y la estética de la perversión

  • Digan lo que digan, siempre hay algo malo escondido en los hombres que huyen del vino, de las cartas, de las mujeres hermosas o de una buena conversaci√≥n.

¬†La afirmaci√≥n de Voland en El Maestro y Margarita, de Bulgakov, parece escrita ex profeso para canonizar a uno de los malditos de las letras norteamericanas: Charles Bukowski. Devenido mito de la literatura underground, paradigma del realismo sucio y personaje favorito de s√≠ mismo, Bukowski bebi√≥, jug√≥ y am√≥ en proporciones escandalosas, y por alguna causa su estilo es a√ļn visible en toda una tendencia dentro de la literatura cubana contempor√°nea.

Cientos de cuentos, una treintena de poemarios y cuatro novelas publicadas lo definen como un autor prol√≠fico. Lo pasmoso es que la mayor parte de su obra la publicase despu√©s de cumplir cincuenta a√Īos, y que en poco tiempo convirtiera en figura pol√©mica a un hombre que nunca vot√≥, ni milit√≥ en partido pol√≠tico o movimiento literario alguno. La m√°quina de follar; Se busca una mujer; Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones; Escritos de un viejo indecente; bajo esos t√≠tulos se publicaron sus cuentos en editoriales baratas, tan s√≥rdidas como su escritura. Esos cuentos, como las novelas (Factotum, Cartero, Mujeres y La senda del perdedor) hablan sobre borrachos, putas de mala muerte, peleas de bar e incontables escaramuzas sexuales, y ocurren en bares, hoteluchos, garitos, oficinas mugrientas y traspatios. En todas las historias el protagonista es el mismo: Henry Hank Chinasky, el √°lter ego de Bukowski.

Nacido en la ciudad alemana de Andernach en 1920, Bukowski fue el resultado de la uni√≥n de un soldado norteamericano con una joven lugare√Īa, y la familia se traslad√≥ a Los √Āngeles cuando el hijo ten√≠a dos a√Īos de edad. El romanticismo de lo que parece ser una com√ļn historia de amores de guerra se anula por las noticias sobre el comportamiento violento y desp√≥tico de Bukowski padre: un mit√≥mano que hac√≠a creer a los vecinos que era ingeniero cuando en realidad trabajaba en una lecher√≠a, y que meti√≥ la cara de Bukowski adolescente en su propio v√≥mito cuando este ensuci√≥ la alfombra en su primera borrachera. Buscando el alcohol como paliativo de su timidez, acrecentada por erupciones en el rostro que no lo hac√≠an nada atractivo para las muchachas, el joven Bukowski huy√≥ de la casa paterna para entregarse a sus dos grandes pasiones: la bebida y el sexo. La primera lo empujaba hacia el segundo, y este, al neg√°rsele, lo volv√≠a de regreso a la primera.

Hizo una vida errabunda y desordenada, trabaj√≥ en un sinn√ļmero de empleos, viaj√≥ por los estados de la Uni√≥n, pero su destino final volvi√≥ a ser Los √Āngeles, donde trabaj√≥ en una oficina de correos hasta que la publicaci√≥n de su novela Cartero, en 1970, le decidi√≥ dedicarse exclusivamente a la escritura. A pesar de su empe√Īo autodestructivo, la condici√≥n de lector impenitente lo hab√≠a marcado para siempre.

Como dir√≠a en su poema ¬ęD√≠as como navajas, noches llenas de ratas¬Ľ: siendo muchacho divid√≠ en partes iguales el tiempo/ entre los bares y las bibliotecas; c√≥mo me las arreglaba para proveerme/ de mis otras necesidades es un puzzle; bueno, simplemente no me preocupaba demasiado por eso/ ‚ÄĒsi ten√≠a un libro o un trago entonces no pensaba demasiado/ en otras cosas‚ÄĒ/ los tontos crean su propio para√≠so.

Y tambi√©n: pero eran los fil√≥sofos quienes satisfac√≠an/ esa necesidad/ que acechaba en alguna parte de mi confuso cr√°neo: vadeando/ por sus excesos y su/ vocabulario cuajado/ a√ļn me asombraban/ saltaban hacia m√≠/ brincaban/ con una llameante declaraci√≥n l√ļdica que parec√≠a ser/ una verdad absoluta o una puta casi/ absoluta verdad,/ y esta certeza era la que yo buscaba en una vida/diaria que m√°s bien parec√≠a un pedazo de/ cart√≥n.

Para terminar con: qu√© grandes tipos eran esos viejos perros, me ayudaron a atravesar/ esos d√≠as como navajas y noches llenas de ratas;/(…)/ mis hermanos, los fil√≥sofos, me hablaban como nadie/ venido de las calles o alguna otra parte; llenaban/ un inmenso vac√≠o./ Qu√© buenos muchachos, ah, ¬°qu√© buenos muchachos!

Bukowski es a la vez parte y consecuencia de la contracultura californiana. Como en Ginsberg y Kerouac, su discurso pertenece al hombre com√ļn que no puede ni quiere hacer suyo el sue√Īo americano, y disfruta agrediendo la perfecta simetr√≠a de la moral burguesa. Pero digo consecuencia porque Charles Bukowski no tuvo las mismas expectativas que sus coet√°neos hacia la obra creativa; tal vez sinti√≥ menos urgencia en ostentar su inconformidad con el orden y la moral. Aunque public√≥ un cuento en la revista Story en 1944, antes de dar a conocer el resto de su obra le toc√≥ leer lo que escrib√≠an los Kerouac y los Ginsberg que, a pesar de su rebeld√≠a y sus alegres locuras, siempre se las arreglaron para publicar a tiempo y eran santificados y aplaudidos por los j√≥venes de su edad. De ah√≠ que Bukowski pertenezca a la generaci√≥n beat pero sea un beat tard√≠o, un ep√≠gono si se quiere de la loca y transgresora ola que vir√≥ al rev√©s las letras americanas.

Entre sus influencias literarias, adem√°s de sus adorados Henry Miller y C√©line (aquel franc√©s acusado luego de nazista), es pues perfectamente distinguible la prosa violenta y vivaz de Jack Kerouac y su atrevida exaltaci√≥n de la libertad sexual. La opini√≥n de Bukowski sobre otros escritores norteamericanos nos llega signada por su √°lter ego Chinasky en varias de sus obras: ¬ęDejando a un lado a Dreiser, Thomas Wolfe es el peor escritor norteamericano, Burroughs es terriblemente aburrido, Faulkner una nulidad. Saroyan ser√≠a bueno si no fuera tan optimista¬Ľ. O si no: ¬ę¬ŅHemingway? No. Muy torvo, demasiado serio. Buen escritor, frases magn√≠ficas. Pero la vida para √©l siempre fue una guerra total. Nunca se soltaba, no bailaba nunca¬Ľ.

Detrás de esas boutades de eterno transgresor, había sin embargo un respeto hacia la escritura que no lograron quitarle ni las propias burlas sobre sí mismo. Escribía en una carta en 1961:

Yo sol√≠a jugar un juego conmigo mismo, un juego llamado isla desierta, y mientras estaba tirado en la c√°rcel, en la clase de arte o caminando hacia la ventanilla de diez d√≥lares en las carreras, me preguntaba, Bukowski, si t√ļ estuvieras en una isla desierta, t√ļ solo, y no fueras encontrado nunca excepto por p√°jaros y gusanos, ¬Ņtomar√≠as una vara y rascar√≠as palabras sobre la arena? (‚Ķ) la escritura, por supuesto, como el matrimonio, la ca√≠da de la nieve o las llantas de los autos, no siempre perdura. T√ļ puedes ir a la cama el mi√©rcoles en la noche siendo un escritor y despertar el jueves por la ma√Īana y ser otra cosa totalmente diferente. O puedes irte a la cama el mi√©rcoles por la noche siendo un plomero y despertar el jueves por la ma√Īana siendo un escritor. Este es el mejor tipo de escritores… Muchos de ellos mueren. Claro. Por sus arduos intentos; o por otro lado, porque se vuelven famosos y todo lo que escriben es publicado y ya no tienen que buscar m√°s. La muerte tiene muchas avenidas. Y si a pesar de todo t√ļ dices que mi material te gusta, quiero que sepas que si se vuelve roto, no ser√° porque trate demasiado duro o muy poco, ser√° porque me he quedado o sin cervezas o sin sangre. Para lo que sirva, puedo permitirme esperar: tengo mi vara y tengo mi arena.

Sin embargo, es raro encontrar la franqueza de ese empecinamiento en la obra publicada en espa√Īol. Bukowski disfrut√≥ tanto de su papel de automarginado que termin√≥ convirti√©ndose al final de su vida en lo que menos intent√≥ devenir: fen√≥meno medi√°tico. Ordinaria locura (1981), de Marco Ferreri, y El borracho (1987), de Barbet Schroeder y protagonizada por Mickey Rourke, son filmes inspirados en su vida, y lo transformaron en el mismo tipo de √≠dolo que hab√≠a sido Kerouac en su juventud. Un √≠dolo de la est√©tica de la perversi√≥n, de la suciedad y la podredumbre.

Lo que pudi√©ramos llamar el ¬ęcredo bukowskiano¬Ľ est√° en el poema ¬ęC√≥mo ser un gran escritor¬Ľ: tienes que templarte a muchas mujeres/ bellas mujeres,/ y escribir unos pocos poemas de amor decentes/ y no te preocupes por la edad/ y los nuevos talentos./ Solo toma m√°s cerveza, m√°s y m√°s cerveza./ Anda al hip√≥dromo por lo menos una vez/ a la semana/ y gana/ si es posible./ aprender a ganar es dif√≠cil,/ cualquier pendejo puede ser un buen perdedor./ y no olvides tu Brahms,/ tu Bach y tu cerveza./ no te exijas./ duerme hasta el mediod√≠a./ evita las tarjetas de cr√©dito/ o pagar cualquier cosa en t√©rmino./ acu√©rdate de que no hay un pedazo de culo/ en este mundo que valga m√°s de 50 d√≥lares/ (en 1977)./ y si tienes capacidad de amar/ √°mate a ti mismo primero/ pero siempre s√© consciente de la posibilidad de/ la total derrota/ ya sea por buenas o malas razones./ un sabor temprano de la muerte no es necesariamente/ una mala cosa./ qu√©date afuera de las iglesias y los bares y los museos/ y como las ara√Īas, s√© paciente,/ el tiempo es la cruz de todos./ m√°s/ el exilio/ la derrota/ la traici√≥n/ toda esa basura./ qu√©date con la cerveza,/ la cerveza es continua sangre./ una amante continua./ agarra una buena m√°quina de escribir/ y mientras los pasos van y vienen/ m√°s all√° de tu ventana/ dale duro a esa cosa,/ dale duro./ haz de eso una pelea de peso pesado./ haz como el toro en la primera embestida./ y recuerda a los perros viejos,/ que pelearon tan bien:/ Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun./ si crees que no se volvieron locos en habitaciones min√ļsculas/ como te est√° pasando a ti ahora,/ sin mujeres/ sin comida/ sin esperanza…/ entonces no est√°s listo/ toma m√°s cerveza./ hay tiempo./ y si no hay,/ est√° bien/ igual.

La marginalidad engendr√≥ en la obra de Bukowski algunas aristas que pueden resultarnos a√ļn hoy pol√©micas, aunque ya estemos curados de espanto por la posmodernidad. Por ejemplo, su relaci√≥n con las mujeres tuvo una intensidad ambivalente: no era capaz de prescindir de ellas, pero no les hac√≠a tampoco ninguna concesi√≥n. Era lo que se dec√≠a de √©l cuando el escritor chileno Poli D√©lano lo entrevista en su casa de Los √Āngeles en 1987. Te han acusado de machista, le dice. La respuesta que le da es la misma del ¬ęgran poeta¬Ľ de uno de sus cuentos a su joven entrevistador, cuando le pregunta qu√© piensa sobre la liberaci√≥n femenina: ¬ęEn cuanto ellas se dispongan a lavar el auto, a empujar el arado, a perseguir a los dos tipos que acaban de asaltar la tienda de licores o a limpiar alcantarillas, en cuanto ellas se dispongan a que les vuelen las tetas de un balazo en el ej√©rcito, yo estar√© listo para quedarme en casa y lavar los platos y aburrirme recogiendo hilachas de la alfombra¬Ľ. ¬ęMe acusan mucho por mis personajes favoritos¬Ľ, le dijo Bukowski aquella noche. ¬ęSi pinto a una mujer que es basura, las feministas se me echan encima, mientras que si pinto un hombre que es basura, no me dicen nada¬Ľ.

A pesar de estas afirmaciones amargas, am√≥ al menos a dos mujeres que compartieron su vida estable y largamente. La muerte de la primera, con quien tuvo a su hija Marina, gener√≥ textos y poemas estremecedores. En una carta a John Webb en 1962 escrib√≠a: ¬ęCon respecto a la muerte de mi mujer el 22 de enero √ļltimo, no hay mucho que decir, excepto que yo ya no ser√© el mismo. Quiz√° intente escribir sobre eso, pero est√° todav√≠a demasiado cerca. Puede que siempre est√© demasiado cerca. (‚Ķ) Hoy estoy solo, casi afuera de todas ellas: de las nalgas, los pechos, los vestidos limpios como trapos nuevos en la cocina. No me tomes a mal, todav√≠a tengo 1,80 y 90 kilos de posibilidad, pero yo pod√≠a mejor con la que ya no est√°¬Ľ.

Y uno entre muchos de sus poemas m√°s citables, a mi juicio, titulado ¬ęElogio al infierno de una dama¬Ľ: Algunos perros que duermen a la noche/ deben so√Īar con huesos/ y yo recuerdo tus huesos/ en la carne/ o mejor/ en ese vestido verde oscuro/ y esos zapatos de tac√≥n alto/ negros y brillantes,/ siempre puteabas cuando/ estabas borracha,/ tu pelo se resbalaba de tu oreja/ quer√≠as explotar/ de lo que te atrapaba:/ recuerdos podridos de un/ pasado/ podrido, y/ al final/ escapaste/ muriendo,/ dej√°ndome con el/ presente/ podrido./ hace 28 a√Īos/ que est√°s muerta/ y sin embargo te recuerdo/ mejor que a cualquiera/ de las otras/ fuiste la √ļnica/ que comprendi√≥/ la futilidad del/ arreglo con la vida./ las dem√°s s√≥lo estaban/ inc√≥modas con/ segmentos triviales,/¬†criticaban/ absurdamente/ lo peque√Īito:/ Jane, te asesinaron por saber/ demasiado./ vaya un trago/ por tus huesos/ con los que/ este viejo perro/ sue√Īa/ todav√≠a.

Es indudable que la etiqueta impuesta a Bukowski por sus contempor√°neos se dej√≥ llevar por la comodidad: era m√°s f√°cil fijarse en su prosa agresiva y provocadora, directa y sucia, que en el mundo de reflexiones y c√≥digos que manejaba en su poes√≠a. Y fue tambi√©n (lamentablemente) mucho m√°s f√°cil de imitar. Si su imagen p√ļblica era tan tra√≠da y llevada (¬Ņescritor que bebe o borracho que escribe?), qu√© podemos esperar de los juicios sobre su obra. Todav√≠a hay quien afirma que Charles Bukowski es una abominaci√≥n para la literatura‚Ķ Por suerte √©l nunca pareci√≥ preocuparse mucho por la trascendencia.

La huella del realismo sucio es f√°cilmente rastreable en la literatura cubana. Aunque tuvo algunos anuncios notables como Matarile, de Guillermo Vidal, su explosi√≥n (p√ļblica) coincide con los cuentos publicados en los 90 por algunos de los llamados nov√≠simos, sobre todo los pertenecientes al grupo de los ‚Äúfriquis‚ÄĚ: Ronaldo Men√©ndez, Ricardo Arrieta, Ra√ļl Aguiar, Ver√≥nica P√©rez Konina, Ena Luc√≠a Portela y Jos√© Miguel S√°nchez (Yoss). Todos eran o hab√≠an sido miembros entre 1987 y 1988 del grupo conocido como El Establo, el cual se nucle√≥ en La Habana alrededor del escritor Sergio Cevedo y tuvo la intenci√≥n de subvertir el canon de la decencia ¬ęsinflictiva¬Ľ imperante en las letras cubanas. La necesidad de mostrar zonas y temas de la marginalidad hasta ese momento vedadas justific√≥ el uso del estilo bukowskiano en la narrativa de los noventa, pues con su tratamiento directo, casi brutal, lograron caracterizar a personajes de nuestro tiempo que no exist√≠an porque no ten√≠an voz.

Como toda tendencia transgresora, el realismo sucio ha ganado defensores, imitadores huecos y detractores furibundos. Pedro Juan Guti√©rrez y Zoe Vald√©s son hoy dos de los escritores cubanos m√°s le√≠dos en el mundo y a la vez los m√°s cuestionados, no solo por las comunes razones de √©tica y est√©tica, sino porque algunos se preguntan si es ‚Äújusto‚ÄĚ que los lectores de otras tierras crean que todos en Cuba hablan y viven en un perpetuo estado de marginalidad. ¬ŅHay que poner un l√≠mite al uso del lenguaje grosero? ¬ŅEste debe servir solo para ubicar a un personaje en un entorno determinado, ergo lo dem√°s es abuso de la groser√≠a por la groser√≠a? ¬ŅY si el abuso de la groser√≠a se ha vuelto necesario para burlarse de la propia groser√≠a? ¬ŅLas palabras groseras no terminan siendo aceptadas hasta por la Real Academia cuando se incorporan definitivamente al habla cotidiana? ¬ŅQu√© puede ser peor: el lenguaje grosero o la groser√≠a de las ideas?

Cualquier indagaci√≥n en ese sentido, adem√°s de ser desgastante, no tiene a√ļn ninguna consistencia: es el tiempo quien se ocupar√° de ubicar lo ¬ęsucio¬Ľ donde corresponda. Poco le importaba a Bukowski el juicio de sus contempor√°neos, la trascendencia, las poses de los escritores de √©xito. Detr√°s de sus alardes alcoh√≥licos y sexuales hab√≠a un ser indefenso que parec√≠a querer vivir solo para esperar la muerte. Ah√≠ quedan sus textos y los de sus seguidores para que la posteridad siga haciendo su propio juicio.


Ray Bradbury por los extra√Īos pueblos

Fue en 1991, en Espa√Īa, cuando probablemente los cubanos tuvimos m√°s cerca a Ray Bradbury (uno de esos a√Īos en que la vida nacional cobr√≥ los tintes casi posapocal√≠pticos de sus historias). Entonces Eliseo Diego estrech√≥ las manos ‚Äďy quiero pensar que abraz√≥‚Äď al autor de Cr√≥nicas marcianas. Pero poco sabemos de ese encuentro, salvo que hab√≠an sostenido una estrecha correspondencia a√Īos antes y que, en ese momento, ambos ten√≠an la misma edad, 71 a√Īos.

Eliseo Diego era un fabulador irremediable. Ya Divertimentos, su segundo libro, fechado en 1946, destila sus apasionadas lecturas de Perrault, Andersen, los hermanos Grimm, Dickens, Stevenson y Lewis Carroll, entre otros autores que lo acompa√Īaron asiduamente desde su ni√Īez. Con esas narraciones de car√°cter aleg√≥rico o sobrenatural, Eliseo exorciza los miedos de la infancia; hace volar la fantas√≠a por los reinos de la enso√Īaci√≥n y la magia. Eliseo Diego, ¬ęuno de los m√°s grandes poetas de la lengua castellana¬Ľ, nos recuerda Gabriel Garc√≠a M√°rquez, trasmiti√≥ en las formas breves ‚ÄĒesos diminutos ¬ęfuegos vagabundos¬Ľ, seg√ļn Octavio Paz‚ÄĒla inexorable fugacidad de la vida y el car√°cter fragmentario de la memoria: la infancia, los antepasados, la ciudad y la familia, pero tambi√©n el olvido, la p√©rdida, la muerte y su silencio, que constituyen motores fundamentales de su escritura. Por eso no es extra√Īo que, amante tambi√©n de la literatura en lengua inglesa, haya quedado prendido de la obra del estadounidense nacido en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920, y que, con solo 30 a√Īos, escribi√≥ Cr√≥nicas marcianas, un libro que se convirti√≥ al instante en todo un cl√°sico.

Similares temas asediaron a Bradbury: la memoria, la p√©rdida, la muerte, la colonizaci√≥n de una raza o un pueblo por otro supuestamente superior, el fin de la cultura y con ella, el de la literatura‚Ķ A veces ‚Äďahora mismo‚Äď he cre√≠do que Cr√≥nicas marcianas puede prescindir de Marte y sus habitantes, incluso puede hacerlo de los viajes interespaciales, de la colonizaci√≥n humana del planeta rojo‚Ķ Y no perder√≠a su esencia, su amplia ¬ęcondici√≥n humana¬Ľ, su fuerte ¬ęrealidad¬Ľ. ¬ŅPor qu√©? Porque todo eso es una excusa de Bradbury para hablar de nosotros mismos. El hombre frente al hombre desbast√°ndolo todo. Las ara√Īas de Marte, los barcos de arena, y los canales de vino, no hacen m√°s que hablar de nosotros; de los celos, el racismo, la soledad y la nostalgia, el arraigo y el deseo de exploraci√≥n. El ¬ęescenario¬Ľ fue Marte, pero bien pudo ser el oeste estadounidense y el despojo de las tierras ancestrales de los habitantes de esa regi√≥n del pa√≠s hasta reducirlos a ¬ęreservas¬Ľ, o la lenta y terrible colonizaci√≥n ‚ÄĒ√©l mismo escribi√≥ del tema‚ÄĒ del continente americano por los europeos, o el racismo y la discriminaci√≥n diaria‚Ķ Un sustrato humanista, una condensaci√≥n del mito, florece en Cr√≥nicas marcianas, al punto de que √©l mismo asegur√≥ no ser un escritor de ciencia ficci√≥n, sino de un ¬ęestilo po√©tico¬Ľ.

Bradbury mismo se pregunt√≥: ¬ę¬ŅC√≥mo es posible que Cr√≥nicas marcianas se reconozca tan a menudo como ciencia ficci√≥n? No encaja con esa descripci√≥n. (‚Ķ) Entonces, ¬Ņqu√© es Cr√≥nicas marcianas? Es el rey Tut salido de su tumba cuando yo ten√≠a tres a√Īos, las Eddas n√≥rdicas cuando ten√≠a seis, y los dioses griegos y romanos que me cortejaron a los diez: puro mito¬Ľ, dijo.

Por otra parte, sus cuentos contienen, de forma seminal, casi todos los subg√©neros fant√°sticos: ¬ęLos hombres de la Tierra¬Ľ es un cuento kafkiano; y ¬ęLa tercera expedici√≥n¬Ľ esconde el germen del futuro ¬ęrealismo m√°gico¬Ľ (quiz√°s sembrado por Faulkner en Bradbury). ¬ęAunque siga brillando la luna¬Ľ hunde sus ra√≠ces en el romanticismo ingl√©s (su t√≠tulo parte de un poema de Lord Byron) para hablar de civilizaciones extraterrestres desaparecidas hace milenios y la conservaci√≥n de su legado arqueol√≥gico (un tema recurrente en la actual space opera). ¬ęLa ma√Īana verde¬Ľ expone de forma germinal la ¬ęterraformaci√≥n¬Ľ de Marte; ¬ęEncuentro nocturno¬Ľ habla de universos paralelos con un lirismo pocas veces alcanzado; ¬ęUn camino a trav√©s del aire¬Ľ es un cuento realista sobre el racismo a principios de siglo, en el que algunas pinceladas fant√°sticas enfatizan la tragedia social; y ¬ęUsher II¬Ľ (adem√°s de ser un evidente homenaje a la obra de Poe) es un ejercicio dist√≥pico, incluso una suerte de esbozo de Fahrenheit 451. En ¬ęEl marciano¬Ľ (entre otras cosas) est√° el germen de los debates filos√≥ficos propiciados por ¬ęlos visitantes¬Ľ en Solaris, del polaco StanisŇāaw Lem. ¬ęLos pueblos silenciosos¬Ľ es una √°cida s√°tira sobre la soledad en un escenario ¬ęposapocal√≠ptico¬Ľ, y ¬ęVendr√°n lluvias suaves¬Ľ una reflexi√≥n sobre un mundo posthumano. Mientras ¬ęLos largos a√Īos¬Ľ, con un costumbrismo casi na√≠f, aborda las relaciones entre seres humanos e inteligencias artificiales; y aunque su formalizaci√≥n es embrionaria, sus temas son similares a los que han planteado este tipo de historias a lo largo de los a√Īos y del apogeo de la ciencia ficci√≥n.

Borges, en el pr√≥logo a la traducci√≥n al espa√Īol de Cr√≥nicas marcianas, escribi√≥ que ¬ęen este libro de apariencia fantasmag√≥rica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vac√≠os, su tedio americano, su soledad‚Ķ (‚Ķ) ha preferido (sin propon√©rselo, tal vez, y por secreta inspiraci√≥n de su genio) un tono eleg√≠aco. Los marcianos, que al principio del libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilaci√≥n los alcanza. Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desenga√Īo la futura expansi√≥n del linaje humano sobre el planeta rojo ‚Äďque su profec√≠a nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena¬Ľ.

M√°s all√° de las aventuras, el misterio y la siempre b√ļsqueda del mito, sabemos que Eliseo admir√≥ la ciencia ficci√≥n.Y que lleg√≥ a escribirse con Bradbury. En cierta ocasi√≥n escribi√≥ que tuvo una ¬ęsincera admiraci√≥n por escritores como H. G. Wells y C.S. Lewis, y por supuesto por Ray Bradbury, que han escrito obras de las llamadas de ciencia ficci√≥n¬Ľ, pero que con este g√©nero le ocurr√≠a ¬ęlo que con la ni√Īita de cierta rima no s√© si inglesa o norteamericana, y que una apresurada traducci√≥n dir√≠a as√≠: Hab√≠a una vez una ni√Īita/ que ten√≠a un ricito/ justo en el medio de la frente./ Cuando era buena/ era muy, pero muy buena,/ y cuando era mala/ era horrenda¬Ľ.

En un cuadernillo, titulado ¬ęSobre los viajes al espacio exterior¬Ľ, Eliseo reuni√≥ varios poemas inspirado por sus lecturas del g√©nero y ¬ęcon las vistas de la Luna tomadas por los astronautas norteamericanos¬Ľ. ¬ęYa la luna no ser√≠a m√°s la que ve√≠an o imaginaban nuestros abuelos. ¬ŅC√≥mo ser√≠a, entonces, el mundo que se abrir√≠a a los ojos de nuestros descendientes?¬Ľ, a√Īadi√≥.

Aqu√≠ incluy√≥ los poemas ¬ęAscensi√≥n¬Ľ, ¬ęMadre tierra¬Ľ, ¬ęA trav√©s del espejo¬Ľ, ¬ęHacia los astros¬Ľ, ¬ęConstelaciones¬Ľ y ¬ęAscuas¬Ľ (dedicado a Bradbury, y dialogantes con la narrativa po√©tica del autor de Fahrenheit 451). En ellos abord√≥ temas como el espacio, las constelaciones, la luna, los viajes espaciales, la peque√Īez del hombre en el universo‚Ķ Atr√°s, por fin, est√° la madre Tierra en su conmovedora peque√Īez: por fin la vemos toda: sus orillas nos caben en los ojos: es apenas como una linda bola nada m√°s. Y hay algo en ella de azorada, de vieja que se turba como si fuese de saber que la vemos as√≠, que nos da l√°stima que se nos pueda, un d√≠a, morir (¬ęMadre tierra¬Ľ).

En otro de sus poemas (en ¬ęDesde la eternidad¬Ľ) nos habla de las ¬ędiminutas dichas¬Ľ, entre ellas:

  • La luz de la ma√Īana.
  • La luz de la tarde.
  • El trueno que nos despierta en la noche.
  • La lluvia que nos arrulla nuevamente.
  • Las estrellas a las que les cantaba Ray Bradbury.
  • El viento en la cara, una boca en otra boca, una mano en otra mano‚Ķ

Con el autor de El vino del est√≠o dialoga en ¬ęAscua¬Ľ, que fuera incluido adem√°s en Poemas al margen:

A Ray Bradbury

  • Todo se aviene, ves, a un punto de oro:
  • el mar color de bronce, el bosque oscuro
  • y el unicornio y leviat√°n fundidos
  • en un copo de fuego, un ascua pura
  • en medio del abismo.
  • C√≥mo pueden
  • los astronautas regresar un d√≠a
  • desde lo enorme a la minucia
  • innumerable de la hierba.
  • Qui√©n
  • sabr√° el camino al tiempo del roc√≠o.

Ambos confiaron en el mito y la imaginaci√≥n, pero tambi√©n en el hombre. ¬ęLa ciencia y las m√°quinas pueden anularse mutuamente o ser reemplazadas. El mito, visto en espejos, permanece¬Ľ, escribi√≥ el autor de El hombre ilustrado. Ambos, cuyos centenarios celebramos este 2020 ‚ÄĒEliseo un poco antes, el 2 de julio; Bradbury m√°s de un mes despu√©s, el 22 de agosto‚ÄĒpoblaron sus historias con una mirada po√©tica y melanc√≥lica que nos sobrecogen aun y que, imagino, predomin√≥ en aquel encuentro espa√Īol en 1991 entre estos dos grandes autores.


Anuncian Premio La Gaveta 2020

La Gaveta, revista de arte y literatura de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Pinar del Río, dio a conocer recientemente los resultados de la XII edición de su certamen literario en el género cuento para adultos.

El jurado, integrado por los escritores Mar√≠a Caridad Gonz√°lez, N√©stor Montes de Oca y Alberto Peraza, despu√©s de varias sesiones de trabajo aislado en las que leyeron y analizaron los libros en concurso, decidi√≥ por unanimidad entregar el premio al texto¬†La b√ļsqueda tab√ļ,de Barbarella Gonz√°lez Acevedo y una menci√≥n a¬†Habana Heavy Metal, de Nelson P√©rez Espinosa.

¬†‚ÄúSiempre es de nuestro inter√©s que las obras presentadas sean in√©ditas y no est√©n sujetas a compromiso editorial o concurso alguno. Utilizamos el sistema de plicas por lo que el autor env√≠a su obra bajo un seud√≥nimo y, en sobre aparte, sus datos‚ÄĚ, refiri√≥ Liyanis Carvajal P√©rez directora de la revista.

El premio del concurso es √ļnico y consiste en la remuneraci√≥n de 2 000 pesos en CUP por derecho de autor, pues el cuaderno se publicar√° como parte de la colecci√≥n Hojas de hierba y bajo el sello Loynaz.

En el caso de la mención, el reconocimiento será la publicación en la página web de la revista.

“Nuestro jurado es de lujo, prestigiosos escritores y maravillosas personas que conocen nuestro trabajo, nos son cercanos y, especialmente, son artistas que admiramos como creadores y por su ética profesional.

‚ÄúSi un concurso da prestigio y aumenta el valor del curr√≠culo de un artista, tambi√©n lo hace saber que escritores que admiras fueron los que determinaron que el premio te fuera otorgado. Es por eso que somos tan cuidadosos en ese aspecto‚ÄĚ, a√Īadi√≥.

En esta duodécima edición del concurso, en medio de tiempos de pandemia, el jurado deliberó vía telefónica luego de estudiar y analizar las obras presentadas, en las que predominaron técnicas narrativas muy actuales y novedosas, motivo por el cual extendieron la felicitación a todos los participantes.


Premian en Universidad de Córdoba a joven autor cubano

El joven autor holguinero Andrés Cabrera fue ganador del concurso Literario de Gerontoliteratura con perspectiva de edad convocado por el Programa de Adultos Mayores de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

El texto ganador se titula El viejo Cusid√≥. Se trata de un cuento perteneciente al libro Sue√Īo con los muertos, un volumen in√©dito a√ļn donde el narrador con un ingenio a toda prueba crea fant√°sticas situaciones que rozan a veces con el absurdo, pero narradas con gran habilidad y soltura.

Andr√©s Cabrera comenta que El Viejo Cusid√≥ aborda ‚Äúla relaci√≥n de amistad de un ni√Īo y un viejo donde el ni√Īo narra desde su punto de vista m√°gico realista, su relaci√≥n con el anciano.‚ÄĚ

Cabrera es egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y poemas suyos se encuentran el libro La Joven Luz. Entrada de Emergencias. Selección de poetas en Holguín, publicado en versión digital y audiolibro por el sello de la Asociación Hermanos Saíz, Ediciones La Luz.


Desiderio Navarro: ‚ÄúHe logrado bastante, pero no logro convencerme‚ÄĚ

*Tomado de Adelante

Desiderio Navarro¬†no suele conceder entrevistas. ‚ÄúCada palabra se me convierte en un drama‚ÄĚ, me dijo, pero hab√≠a accedido en seguida a nuestra petici√≥n. Alguien se preguntaba el porqu√© de un homenaje a este camag√ľeyano en¬† un evento para mirar el audiovisual. Quiz√° no se conoc√≠a de su entusiasmo de medio siglo atr√°s, donde est√° parte de la g√©nesis del¬†Taller Nacional de Cr√≠tica Cinematogr√°fica,¬†ni se ‚Äúsospechaba‚ÄĚ que desde¬†Adelante¬†comenz√≥ a estimular el pensamiento cr√≠tico en el v√≥rtice de la cultura.

‚ÄĒ¬ŅC√≥mo recuerda al Desiderio que viv√≠a en Camag√ľey?

‚ÄĒEse per√≠odo inicial, sobre todo a partir de los seis a√Īos, fue, ante todo, el de la b√ļsqueda √°vida de libros y la lectura incesante ‚Äďprimero, de qu√≠mica, biolog√≠a, psicolog√≠a, filosof√≠a y ling√ľ√≠stica. Fui un autodidacta nato: un d√≠a, mis padres descubrieron que hab√≠a aprendido a leer solo, y desde entonces estimularon en m√≠ el estudio y procuraron mi desarrollo intelectual en la medida de sus limitadas posibilidades econ√≥micas. Mi mejor regalo de Reyes Magos fue un escritorio, hecho por mi pap√° en calidad de Gaspar, Melchor o Baltasar. Gracias a una licencia del entonces Ministro de Educaci√≥n, Armando Hart, a los quince a√Īos pude ingresar en la Universidad de las Villas para estudiar Qu√≠mica, pero pronto me vi obligado a dejar la carrera.

Con el Premio Literario de Cuento de la UNEAC Provincial en 1965, me descubro a m√≠ mismo como escritor y mis lecturas se reorientan hacia la literatura, el teatro, el cine y las artes pl√°sticas ‚Äďsin abandonar la filosof√≠a. Poco tiempo despu√©s, la Direcci√≥n Provincial de Teatro me contrata como asesor del Conjunto Dram√°tico de Camag√ľey me contrata como Asesor del Conjunto Dram√°tico de Camag√ľey en su per√≠odo de oro, que transcurri√≥ en un contexto nacional de luchas ideo-est√©ticas entre ideas de vanguardia, de un lado, y realistas-socialistas, populistas, sovietizantes, cuyo desenlace, como es sabido, fue favorable a estas √ļltimas.

Hay que recordar que el primer ataque p√ļblico contra Lezama Lima, publicado en Bohemia, provino de Camag√ľey, y el √ļnico ataque contra la extraordinaria puesta en escena de Vade Retro por Pedro Castro, con actores de la talla de H√©ctor Echemend√≠a, Yolanda Cu√©llar, Mercedes Arnaiz y Rogelio Meneses, provino de un escritor del propio Camag√ľey. En ese tenso contexto tambi√©n hac√≠an sus obras los artistas pl√°sticos Juan V√°zquez, Santos Serpa y Gabriel Guti√©rrez, as√≠ como los escritores Carlos Victoria, Jos√© Rodr√≠guez Lastre y Francisco Garz√≥n. Y por entonces escrib√≠ sobre algunos de ellos. En 1968 dej√© Camag√ľey, y, poco tiempo despu√©s, tambi√©n lo hicieron casi todos los creadores mencionados.

‚ÄĒ¬ŅCu√°les influencias del ambiente familiar y del contexto de su ciudad natal reconoce en la forja de su personalidad?

‚ÄĒTuve las mejores influencias culturales que puede tener, en una ciudad muy conservadora, un autodidacta cuyas lecturas se adelantaban a su edad y cuyos intereses se sal√≠an de las materias y bibliograf√≠as establecidas: las influencias de quienes ante esa voluntad de saber ‚Äúheterodoxa‚ÄĚ no pon√≠an obst√°culos, sino ofrec√≠an las mejores sugerencias y pr√©stamos que pod√≠an: Eduviges Montalb√°n, maestra en la Escuela Primaria 6; Adela Rivas, profesora de Qu√≠mica en el Colegio Pinson; Osvaldo Mor√°n Arteaga y Antonio Mart√≠nez Caballero, profesores de Qu√≠mica y Psicolog√≠a, respectivamente, en el Instituto de Segunda Ense√Īanza, y Josefa Cruz, bibliotecaria de la Biblioteca Provincial. Las sugerencias de Fefa y las de Carlos Victoria Olivera, a quien conozco en ocasi√≥n del mencionado premio, abrieron ante m√≠ un extraordinario mundo de obras modernas y de vanguardia ‚ÄďKafka, Joyce, Eliot, Eluard…‚ÄĒcuyas inquietudes existenciales, sociales y est√©ticas nada ten√≠an que ver con lo poco de literatura de otros tiempos que me hab√≠an hecho leer ‚Äďun tanto formalmente– como asignatura.

‚ÄĒ¬ŅQu√© sentimientos le producen los t√©rminos Cineforum y Adelante?

‚ÄĒEn el peri√≥dico¬†Adelante¬†se public√≥ no s√≥lo mi primera obra literaria premiada, sino tambi√©n mi primera obra ‚Äúcr√≠tica‚ÄĚ, m√°s informativa que propiamente anal√≠tico-interpretativa, seg√ļn las exigencias de la √©poca y el objetivo que me hab√≠a propuesto de ganar nuevos receptores ‚Äúno-iniciados‚ÄĚ para la literatura y las artes de vanguardia. As√≠, segu√≠ escribiendo en¬†Adelante¬†lo mismo sobre La muerte de un bur√≥crata que sobre La felicidad de Agnes Varda, labor cr√≠tica que, ya en La Habana, continuar√≠a en las p√°ginas de Uni√≥n, Granma, La Gaceta de Cuba y Cuba Internacional.

‚ÄúEn ocasi√≥n de la primera Semana de Cine Cubano que organic√© en 1966 con la participaci√≥n de las m√°s destacadas figuras y obras del cine nacional del momento, pude informar en Adelante sobre el Cineforum, que no era m√°s que el sue√Īo de un Taller de Apreciaci√≥n y Cr√≠tica Cinematogr√°fica como el que muchos a√Īos despu√©s realizar√≠an con inimaginables creces Juan Antonio Garc√≠a Borrero, Luciano Castillo y Armando P√©rez, nucleando a un equipo de excelentes colaboradores, atrayendo a los mejores representantes del cine y la cr√≠tica nacionales, y dando acceso a enormes caudales de selectas obras nacionales y extranjeras.

‚ÄúLamentablemente, una repercusi√≥n de la pol√©mica sobre Vade Retro me alej√≥ de las p√°ginas de Adelante hasta la presente entrevista. Y, entre muchas otras cosas, agradezco al Taller de Cr√≠tica Cinematogr√°fica el motivo de este reencuentro con sus p√°ginas‚ÄĚ.

‚ÄĒEl dominio de otras lenguas no le invalida hablar en buen cubano. ¬ŅQu√© significa para usted ser pol√≠glota?

‚ÄĒEl traducir m√ļltiples lenguas es la parte menos importante de mi trabajo, pero es lo que yo llamo ‚ÄĚla parte circense‚ÄĚ,‚ÄĚmalabar√≠stica‚ÄĚ, la que llama la atenci√≥n y que, lamentablemente, alguno que otro utiliza para desviar las miradas de lo m√°s importante de esta faceta divulgativa de mi trabajo: el rigor del trabajo de investigaci√≥n, lectura y selecci√≥n practicado en el oce√°nico pensamiento mundial sobre las m√°s diversas disciplinas art√≠sticas y culturales. Tambi√©n esa labor de divulgar traducciones propias y ajenas de textos valiosos comenz√≥ en Adelante, cuando publiqu√© un art√≠culo sobre el surrealismo del destacado cr√≠tico franc√©s, Jos√© Pierre, miembro del Grupo Surrealista.

‚ÄúEn mayo pr√≥ximo arribar√© a la cifra de 500 traducciones de textos te√≥ricos de 38 pa√≠ses en traducci√≥n de veinte idiomas. A diferencia de tantos que, cuando, en medio de nuestras carencias informativas nacionales, consiguen un libro valioso del extranjero, lo usan, lo citan, pero lo mantienen ‚Äúenguacado‚ÄĚ en su casa, yo no soporto la sensaci√≥n de estar leyendo un texto importante, interesante, sea en espa√Īol y, m√°s a√ļn, en otro idioma, mientras a mi alrededor cr√≠ticos, investigadores, profesores, estudiantes y otros interesados en el tema no tienen acceso al mismo. Y me duele no tener m√°s tiempo para darle a tanta gente todo lo extraordinariamente valioso del pensamiento te√≥rico cultural mundial que desconocen y necesitan, cada vez m√°s‚ÄĚ.

‚ÄĒEl conocimiento humano est√° en Internet, donde lo que vale, cuesta. ¬ŅC√≥mo ha logrado para el¬†Centro Cultural Criterios¬†la gratuidad de lo sobresaliente del pensamiento te√≥rico contempor√°neo?

‚ÄĒDurante d√©cadas lo he logrado gracias a mis propios recursos –los de mis becas y premios internacionales–; pero, sobre todo, gracias a la generosidad de editoriales, revistas, bibliotecas, universidades, ministerios de cultura y academias de ciencia de Europa y Norteam√©rica; y, a√ļn m√°s decisivamente, gracias a la simpat√≠a hacia mi trabajo de cientos de las m√°s importantes figuras te√≥ricas internacionales, algunos de los cuales, como Iuri Lotman, me han cedido todos sus derechos en espa√Īol por gran parte de su obra, o solidariamente han pagado ellos mismos, por m√≠, a su casa editora los derechos ya cedidos.

‚ÄĒSi tuviera que definir, en t√©rminos de apertura intelectual, ¬Ņqu√© color le dar√≠a al m√°s reciente quinquenio? ¬ŅD√≥nde estamos en presente despu√©s de tanto debate de pasado?

‚ÄĒCreo que no se podr√≠a hablar de un √ļnico color, sino de algo as√≠ como un cuadro neoexpresionista en el que todav√≠a a veces sobre grandes planos verdes y azules se ven bruscos brochazos grises. Un cuadro, por lo dem√°s, en expansi√≥n, como una obra de Cesare, pero no en todas direcciones.

No creo que haya habido tanto debate de pasado: ha habido un poco de historiograf√≠a, y bastantes memorias ‚Äďque algunos tratan de devaluar calific√°ndolas de ‚Äúcatarsis‚ÄĚ–, pero muy poco an√°lisis, reflexi√≥n e intercambio de argumentos y contraargumentos.

‚ÄúYa el s√≥lo hecho de que se siga haciendo referencia al propio debate de 2007 con la expresi√≥n ‚Äúguerrita de los emails‚ÄĚ revela cu√°n poco ha habido de reflexi√≥n. Pues no hubo ninguna guerra: los que fueron objeto de cr√≠tica nunca respondieron‚ÄĚ.

‚ÄĒ¬ŅDe qu√© se piensa en Cuba ahora, seg√ļn su opini√≥n? Este pa√≠s trascendi√≥ en otros siglos por la hondura y alcance de grandes pensadores, pero en las √ļltimas d√©cadas pareciera que, m√°s all√° de la ejecutoria pol√≠tica directa de varias figuras, no abundan las personalidades que marquen pauta por esa labor invaluable de pensar un pueblo. ¬ŅCoincide con eso?

‚ÄĒResulta dif√≠cil saber lo que se est√° pensando en el medio intelectual, as√≠ en general. Entre otras cosas, porque desde los 70 se desalent√≥ la figura del intelectual p√ļblico revolucionario, o sea, cr√≠tico, y ahora estamos pagando los costos de ello. Habr√≠a que ver cu√°nto pensamiento aflorar√≠a en nuestra vida p√ļblica cuando se le ponga fin a la invisibilizaci√≥n del intelectual en la esfera p√ļblica en general y en los medios masivos en particular, donde su presencia, m√°s all√° de dos o tres programas sobre temas rodeados de una previsible unanimidad, se ve reducida a la informaci√≥n sobre aniversarios, premios, eventos internacionales, o al espect√°culo de la puesta a prueba de su cultura general. Y hablo de intelectual no en la acepci√≥n d√©bil de trabajador no manual, sino en el sentido fuerte original del que interviene en la esfera p√ļblica sobre asuntos extra art√≠sticos, sociales.

‚ÄĒ¬ŅCu√°l siente sea el lugar del intelectual cubano en ese acercamiento Estados Unidos-Cuba que muchos ven solo desde t√©rminos pol√≠ticos o comerciales? ¬ŅNo estamos abocados ya al tiroteo principal de esa guerra de pensamiento?

‚ÄĒHasta ahora, a lo largo de d√©cadas, gran parte de las contradicciones ideol√≥gicas se han resuelto no por v√≠as propiamente ideol√≥gicas, sino sobre todo por v√≠as administrativas –parametraci√≥n en los 70, depuraci√≥n, el «tapabocas revolucionario», invisibilizaci√≥n medi√°tica, exclusiones y obstaculizaciones, etc.–; en este nuevo per√≠odo de democratizaci√≥n tecnol√≥gica y m√°xima apertura a la presencia personal y cultural extranjera es cuando, si se quiere defender las propias ideas, se tendr√° que hacerlo mediante una verdadera lucha ideol√≥gica: escuchar, analizar, explicar, argumentar y contra-argumentar. Del imponer habr√° que pasar al proponer. Para defender no se podr√° ofender. Y para vencer habr√° que convencer.

‚ÄĒAhora regresa a Camag√ľey para celebrar medio siglo de vida intelectual. ¬ŅQu√© ventajas le ha brindado pensar de todo?

‚ÄĒEl t√≠tulo de mi libro al que haces referencia —¬†A pe(n)sar de todo–, como puedes imaginar, no es un mero juego de palabras. Esa voluntad o impulso de pensar de todo, pero de manera independiente, al margen de los cambiantes pensamientos «ortodoxos» dominantes en cada momento, m√°s bien me ha dado desventajas en muchos √≥rdenes ‚Äďhasta un bruxismo arrasador desde los 70. A veces me digo que, para ser el hijo de un hojalatero nacido y criado en calle de tierra, totalmente autodidacta, he logrado bastante, pero no logro convencerme. La gran desventaja de ser realmente intelectual es que se te va la vida y nunca has pensado, estudiado o hecho lo posible, lo suficiente, lo necesario. La √ļnica verdadera ventaja es que te realizas en esa lucha de S√≠sifo.


Decamerónicos: Cuentos de jóvenes escritores

Decamer√≥nicos. Cuentos aislados es un podcast creado por Liset Prego que da voz a 10 j√≥venes autores ¬†cubanos con 10 relatos breves en 10 jornadas. Voces que unen en proyecto surgido en cuarentena con m√ļsica de Manuel Leandro S√°nchez y con la realizaci√≥n de Marjel Morales Gato.

El lanzamiento en este d√≠a es un homenaje a Ediciones La Luz por sus 23 a√Īos de fundada.¬†

Puedes acceder de manera gratuita a través de los siguientes enlaces https://t.me/lanarratk o https://www.ivoox.com/podcast-decameronicos-cuentos-aislados_sq_f1908329_1.html