crítica


Debatir√°n sobre la cultura de nuestro tiempo en Dialogar, dialogar

Resistencia y creación: La cultura de nuestro tiempo será el tema del espacio Dialogar, dialogar este miércoles, a las cuatro de la tarde en el Salón de Mayo, del Pabellón Cuba.

 Con los panelistas Abel Prieto, presidente de la Sociedad Cultural José Martí; la joven investigadora Giselle Armas Pedraza y Jaime Gómez Triana, director del programa de estudios sobre culturas originarias de América en la Casa de las Américas, el tema será propicio para reflexionar sobre la guerra simbólica y contra las esencias de los pueblos que se libra actualmente a nivel global.

El espacio aspira a la polémica y al debate sincero valiente y responsable entre varias generaciones de cubanos desde el amor al país, en el cual pueden participar todas las personas interesadas.

Creado en mayo de 2013 por la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z y con el impulso del actual doctor en ciencias hist√≥ricas Elier Ram√≠rez Ca√Īedo, Dialogar, dialogar‚Ķ ya posee dos libros con las transcripciones de esos intercambios, los cuales fueron publicados por la editora Abril.

Entre los temas abordados m√°s recientemente se encuentran La responsabilidad colectiva, ¬Ņc√≥mo se construye, c√≥mo se destruye? y El rol de los j√≥venes creadores en la Cuba de hoy.

Un aspecto favorable es que todas las personas pueden sugerir tem√°ticas para el an√°lisis mediante el correo dialogardialogar@gmail.com

Este espacio es un homenaje permanente al pensamiento de Alfredo Guevara, quien demostr√≥ su confianza en las nuevas generaciones hasta sus √ļltimos d√≠as, por eso debe su nombre al √ļltimo libro del sobresaliente intelectual, fruto de una serie de intercambios con estudiantes en varias facultades.

Dialogar, dialogar… aspirará siempre al debate, a la polémica, a las críticas y propuestas desde el amor a la nación y sus esencias, como una posibilidad de pensar al país entre todos.

 


Casi a las en punto: Danza Espiral

En honor a la verdad debemos referir que las propuestas danzarias presentadas por Danza Espiral en la Jornada Conmemorativa a Virgilio Pi√Īera, auspiciada por el Consejo Provincial de las Artes Esc√©nicas de Pinar del R√≠o y Teatro de la Utop√≠a, si bien fueron dignas, quedaron por debajo de las expectativas que se hab√≠an generado con respecto a dicho repertorio. Esper√°bamos m√°s de las propuestas danzarias de este reconocido elenco matancero.

Fundada y dirigida desde 1987 por Lilian Padrón, Danza Espiral, ha sido un importante centro de formación de muchas generaciones de bailarines y el espacio de gestación de importantes eventos relacionados con la teoría, crítica y creación danzaria cubanas.

Una muestra de ello es el concurso que sostiene este elenco matancero, Danzan Dos, donde muchos jóvenes coreógrafos han podido presentar su quehacer artístico.

Danza Espiral, que es la tercera compa√Ī√≠a de danza contempor√°nea que surgiera en la d√©cada del 80 en nuestro pa√≠s, en su devenir ha experimentado momentos de alza y reca√≠das, pero siempre se ha mantenido activa. Entre su producci√≥n creativa m√°s significativa est√°n¬†Desde el silencio, Peces en las manos, Destinos, Quimeras, La Vida en Rosa, Kambios Konstantes o El para√≠so perdido.

Las piezas que ahora muestra en la sala Virgilio Pi√Īera pueden considerarse de peque√Īo formato y se centran en el universo literario, particularmente en algunos poemas como Vida de Flora, Las siete en punto, Un hombre es as√≠, de Virgilio. Lo cual hace que estimemos este programa en vista de que todav√≠a, si se tiene en cuenta todo el legado cultural que erigi√≥, no se trazan las suficientes ni continuadas acciones en reconocimiento de la obra pi√Īeriana. Por lo que, en cierto modo, bien acogemos las puestas en escena que Danza Espiral genera en torno a la producci√≥n literaria de Virgilio.

Sin embargo, no basta con ello. Debemos acercarnos con una mirada m√°s detenida y clara, al repertorio que Danza Espiral muestra en este minuto en Vueltabajo.

En ese sentido, es importante reconocer que estas propuestas danzarias, A las en punto, Un hombre es as√≠, Aproximaci√≥n a la adivinaci√≥n, segundo intento, Vida de Flora, fueron seleccionadas y ordenadas con una estimable coherencia dramat√ļrgica; lo cual convirti√≥ el muestrario en un gran espect√°culo.

Adem√°s, debemos se√Īalar que, aun cuando esta producci√≥n danzaria en su mayor√≠a est√° inspirada en poemas con un marcado sentido narrativo, de im√°genes fuertes, evaden la mera ilustraci√≥n del texto literario.

FOTO- ERNESTO NAVEDA
FOTO- ERNESTO NAVEDA

En su escritura escénica defienden; urden una voz propia que no traiciona el referente escrito, son aves que aunque no olvidan la ruta saben mantener su propio vuelo. Algo que nos complace, pues sobran los casos en que entre la pieza y la obra literaria no existe mucha distancia, y uno llega a preguntarse dónde está el acto creativo en ello.

Igualmente, destacamos que las piezas danzarias que Danza Espiral lleva a Pinar del R√≠o tienen un marcado sentido de la teatralidad. Podr√≠amos decir m√°s, a partir de lo que apreciamos, est√°n trazadas y defienden ‚Äďalgo que tambi√©n nos complace‚Äď la danza-teatro, una modalidad esc√©nica que ha sido indispensable para replantear nociones tradicionales del espect√°culo y las resonancias de la corporalidad en el hecho danzario contempor√°neo.

Y, en efecto, al realizar un repaso de estas creacionesde mano de Lilian Padrón denotamos que, en su mayoría, están erguidas sobre una bien establecida conflictividad (la circunstancia de los pies grandes de Flora; el conflicto existencial que vive el personaje ruso que tanto recuerda a Los Ciervos y encarna Lilian Padrón; la lucha de los personajes contra el paso del tiempo), germen originario de la teatralidad.

Conflictos bien definidos que mueven y generan una acción escénico-danzaria que suele correctamente plantearse, desplegarse en algunos casos y resolverse generalmente (algo que veremos más adelante).

Otro de los elementos que acent√ļa ese sentido de teatralidad en las obras de tema pi√Īeriano que lleva a escena Lilian Padr√≥n, es la producci√≥n de la imagen esc√©nica llena de texturas, de efectos luminosos, claroscuros, colores intensos (Un hombre es as√≠), apagones; la propia apariencia de los bailarines, con la que se persigue crear intensos contrastes, provocar desde la imagen del danzante (aparecer vestidos en una camisa blanca y en ropa interior o mostrando partes desnudas de su cuerpo); la utilizaci√≥n de elementos poco convencionales para iluminar la escena como los celulares (A las en punto); la falsa nieve que cae de lo alto de la escena y el tel√≥n rojo que carga Lilian Padr√≥n (Aproximaci√≥n a la adivinaci√≥n, segundo intento); el juego con las olas de emociones colectivas y particulares; la exploraci√≥n de lo grotesco (las patas de rana que representan los pies de Flora), el juego con la histeria. Elementos que en su conjunto conforman un universo on√≠rico, en muchos casos l√≠rico y bastante inquietante, pero muy teatral.

Lo que sabe acentuar Lilian Padrón, al desplegar en escena determinados procedimientos coreográficos como acumulación, el trabajo con diferentes dinámicas y tempos, la reiteración, el canon en pos de subrayar la crisis escénica en la que existen y enfrentan los sujetos que evoca en la danza y que buscan dar vida a los bailarines.

Mas debemos apuntar con relaci√≥n a las obras presentadas en la sala Virgilio Pi√Īera que estimamos que algunas de ellas, como A las empunto o Un hombre es as√≠, si bien desde el punto de vista coreogr√°fico, la construcci√≥n de la imagen esc√©nica pueden ser interesantes, sobre todo la primera de estas, quiz√°s podr√≠an desarrollarse m√°s desde el punto de vista de la acci√≥n esc√©nica y lo movimental; explorar mucho m√°s todas las posibilidades que le brinda la naturaleza de situacionesinscritas en los textos literarios de los que nacen.

En Vida de Flora podría precisarse más la dramaturgia musical y por consiguiente, los estilos danzarios que se llevan a escena, pues en muchos casos no son coherentes unos con otros, y esta evidente y no salvada incompatibilidad afecta de manera general todo lo que a nivel de relato escénico se conoce e intenta plantear.

Se extra√Īa, asimismo, en las obras que presenciamos de Danza Espiral, un sentido m√°s agudo humor virgiliano, de lo transgresor, burlesco, ir√≥nico, hist√©rico, que aflora c√≠nicamente en sus textos.

También, nos inquieta cierta falta de unidad en cuanto a la interpretación de los danzantes. Cuando nos referimos a esto, lo hacemos pensando en que los bailarines no se muestran con una misma línea interpretativa, una que demuestre que se ha curtido en ellos, desde lo movimental o corporal, la poética de Danza Espiral; y que se denotan desniveles profundos en cuanto al dominio técnico de algunos de estos. Todavía queda una labor intensa que realizar en ese sentido.

Mas, debemos se√Īalar que pese a lo antes referido, destacan en la compa√Ī√≠a el muy simp√°tico y cuidadoso, d√ļctil, Christhoper Andy Boulet, Erique Leyva y, desde luego, la vital maestra Lilian Padr√≥n, quien en su interpretaci√≥n danzaria de Aproximaci√≥n a la adivinaci√≥n, segundo Intentonos demostr√≥ que la danza no se debe ce√Īir a una corporalidad determinada (el cuerpo juvenil por ejemplo), sino que cada sujeto tiene sus propias resonancias, su discurso, su rica naturaleza expresiva y que s√≥lo hay que encontrarla.

También nos corroboró en esta pieza que todavía uno de los hitos de la danza moderna y contemporánea en Cuba, Lilian Padrón, sigue viva, activa, para que la danza fluya a través de ella.

Las presentaciones de Danza Espiral en Pinar del R√≠o, en una provincia donde la pr√°ctica danzaria est√° tan deprimida, son muy agradecibles. No obstante, consideramos que una agrupaci√≥n de merecido prestigio como esta, quiz√°s podr√≠a ‚Äúapretar m√°s la mano‚ÄĚ, desarrollar y precisar la dramaturgia esc√©nica de algunas de sus piezas y, pese a las consabidas p√©rdidas y recuperaciones del elenco, trabajar m√°s en lograr una igualdad interpretativa y est√©tica que identifique a sus bailarines de otros tantos que andan por la geograf√≠a de nuestra isla y otros lares.

Con todo, agradecemos que los de Danza Espiral, en este minuto nos regalen en Vueltabajo un acercamiento tan digno a la obra de nuestro Virgilio Pi√Īera.


El crítico en su laberinto

Los √ļltimos episodios de las redes sociales, semanas atr√°s, nos mostraron otra pol√©mica sobre el ejercicio de la cr√≠tica cultural en Cuba. Pero tranquilo lector, no me sumar√© a esta batalla entre tirios y troyanosque amenaza en convertirse en notas necrol√≥gicas para la recepci√≥n de las cr√≠ticas en programas televisivos. Al respecto, el razonamiento que inquieta este an√°lisis se dirige a reflexionar sobre los problemas y cualidades del cr√≠tico cultural por la urgencia de la reflexi√≥n colectiva.¬†

Lo criticable es resultado de la cultura. Por su parte,el especialista con su cr√≠tica es una estructura humana que pretende explicar fen√≥menos y se√Īalar sucesos, convirti√©ndolo en posible term√≥metro del pensamiento. Por tanto, es el nexo insoluble y potable entre el emisor y receptor de la cultura. Aunque su intromisi√≥n siempre atrae recelos o estorbos.

El crítico es un sujeto con poder, tiene la facilidad de catapultar o destruir con sus opiniones. Es un personaje conflictivo por naturaleza; tan amado como vilipendiado. Su profesión es un camino laberíntico y lleno de cisma. En Cuba los espacios de gestación y formación de crítica cultural no son tan amplios, este es el primer problemaa enfrentar.

Desde la academia existen varias profesiones afines al oficio y con elementos teóricos cercanos a la crítica cultural. Cada cierto tiempo, como los fenómenos astrológicos, se dan cursos de posgrados o especialización. Pero, no contamos con espacios dedicados sistemáticamente al azaroso camino de profesionalizar la crítica cultural.

Existen diversas especializaciones como la cr√≠tica literaria, teatral, cinematogr√°fica, audiovisual, musical, etc. A la vez, estas especialidades crean condiciones particulares, por ejemplo en la m√ļsica o los audiovisuales, donde existen m√ļltiples g√©neros y subg√©neros. Tal situaci√≥n demanda conceptos y manejos de c√≥digos espec√≠ficos. Entonces, es habitual que no alcancen los especialistas para cubrir las demandas culturales reales y las ideales o que el cr√≠tico se diluya en un torrencial de trabajos y no capte la esencia de contenido.

En la actualidad existe un staff de cr√≠ticos en Cuba con un trabajo consagrado en el juiciode diversas aristas resaltando la cr√≠tica musical, audiovisual y literaria. Estos cuentan con presencia fija en los medios estatales de difusi√≥n masiva. Pero los que no entren en ‚Äúeste staff‚ÄĚ, quedan subestimados por un p√ļblico que legitima esencialmente a trav√©s del empoderamiento medi√°tico de la radio y la televisi√≥n. Y cuando un experto no mediatizado o emergente cuestiona alg√ļn tema controvertido para la sociedad, acto seguido viene el registro del curr√≠culum, como si importara m√°slos papeles en pret√©ritos, que las ideas que expone.¬†

Al respecto el crítico también debe asumir un sistema axiológico muy diferente a los demás gajes del oficio del arte y la cultura. Entre los valores a ostentar debe primar la sinceridad, la responsabilidad, la honestidad intelectual y la valentía. El Apóstol de la independencia cubana, en desmedida lucidez intelectual, gigante en ejercer el juicio literario, caracterizó también en este aspecto. Este molde martiano deslinda un paradigma ideal:

Por supuesto que el crítico ha de ser hombre de peso, capaz de fallar contra sí propio, y obligado a hablarnos, como todo hombre digno de tener una pluma, sin una sola palabra más de las que necesita para expresar su pensamiento, ni dos imágenes por una, ni una imagen donde no concurran la claridad de la idea; pero de eso a ponerse echarse por el mundo a arriar banderas, y a negar so capa de críticas cuanta hermosura se ve, no deja de haber distancia. Criticar no es censurar, sino ejercitar el criterio.[i]

El crítico debe alcanzar el mérito en su trabajo. Parafraseando a un joven intelectual, el oficio demanda de virtudes trágicas. Muchas veces una crítica profesional gravita a lopersonal y viceversa. Entonces el oficio del criterio supone una dirección vertical con la polémica y de sufrir consecuencias lascivas al oficio e, incluso, la condena al ostracismo social.

De los mayores problemas que asume el cr√≠tico es: ¬Ņc√≥mo manejar a las pasiones propias y en el ejercicio de la cr√≠tica? La mayor√≠a de los manuales esgrimen en este apartado, el llamado ‚Äúobjetivismo‚ÄĚ, la condici√≥n ‚Äúinhumana‚ÄĚ de no expresar su ‚Äúhumilde opini√≥n‚ÄĚ, como si el autor fuera un amasijo sin sentimientos. Muchas veces se acusa de motivos personales una cr√≠tica y acaso: ¬Ņno lo hay en toda obra humana?

La tendencia de no mezclar emociones personales en la crítica a veces es disfuncional para comprender la realidad de nuestro país. Nuestra condición humana nos ha moldeado de circunstancia diferente, donde lo emocional tiene un peso decisivo para desarrollar la realidad y lograr la empatía con el receptor. Es evidente, se ha malinterpretado el esencial límite de lo objetivo de ciertas verdades o conocimientos y se ha  codificado en un inoportuno recetarios de dogmas y apotegmas.

La libertad artística y creativa brinda ciertas licencias y comodidades. Frecuentemente, han existido desacuerdos y disonancias de una críticahacia determinado fenómeno, como resulta sistemático. Entonces al crítico le surge por antonomasia de sus detractores, su alter ego nefasto: el criticón.

El criticón, también bautizado como hipercrítico u otros calificativos no dignos de mencionar, es por lo habitual el personaje insidioso de críticas con tendencias negativas, detallistas y no propositivas. Pero a veces es la etiqueta para desvirtuar o simplificar con oportunismo los comentarios acertados.

Lo más efectivo para comprender a un crítico es elevar la actual cultura del criterio, a pesar de una visible anemia que atraviesa la crítica en estos momentos. La crítica, el crítico y lo criticable es como un triángulo amoroso complicado, a veces funciona bien, a veces no.

La tríada está mediada por relaciones y conflictos de criterios, poder y aspiraciones que son imposibles de disolver. Por tanto, las dos cualidades más fuertes de un crítico deben ser su conocimiento y razonamiento. Y la capacidad de la autocrítica tiene que aspirar a la sentencia martiana de ser capaz de fallar contra sí mismo de aquel que se encuentra solo en su propio laberinto.

[i]Jos√© Mart√≠: ‚ÄúCr√≠ticos de Chicagos‚ÄĚ, en Obras Completas, tomo 13, Centro de Estudios Martianos, colecci√≥n digital, La Habana, 2007, p√°g. 462.


Soluciones nuevas a problemas viejos

Notas sobre el libro Fidel y la AHS

El 25 de noviembre del 2016, cercana la medianoche, conocimos sobre la muerte de Fidel. El timbre de mi tel√©fono no se deten√≠a. Consternado, el rostro grave de Ra√ļl, su voz entrecortada, confirmaban al pueblo y a los amigos de la Revoluci√≥n dispersos por el mundo la noticia mediante una breve comparecencia televisiva. El sencillo despacho desde donde se transmit√≠a la alocuci√≥n estaba apenas habitado por los retratos de Maceo, G√≥mez y Mart√≠.

Guardo la impresi√≥n que ayudaban, en alguna medida, a soportar el dolor entero de la Isla. Es mi recuerdo m√°s n√≠tido. Puedo sumarle una sensaci√≥n de terrible desamparo. Tambi√©n mi dosis de irritaci√≥n al constatar c√≥mo continu√≥ la programaci√≥n televisiva durante la madrugada. Los que permanecimos en vigilia decidimos mudarnos a la se√Īal de TeleSur.

Por voluntad propia la ciudad m√°s bulliciosa de Cuba enmudeci√≥. El s√°bado fue esencialmente silencioso. La Habana result√≥ sobrecogedora. Cuando intento volver sobre ese d√≠a recupero, sin embargo, la imagen repetida, el coro respetuoso de los universitarios marchando sin convocatoria oficial por la c√©ntrica calle 23 en El Vedado. Llegando por decenas a la Escalinata. Regresa tambi√©n el metal desahogado de los discursos que no fueron planificados. Un acto de hondura insospechada que encumbr√≥ la vivacidad de una juventud para muchos extraviada y ap√°tica ante la sombr√≠a y desoladora presencia de la muerte. Alg√ļn participante decidi√≥ colocar una foto de Fidel en los brazos del Alma Mater. Aquel, era territorio fidelista.

Los nueve días de duelo oficial sumergieron a la Isla en una angustia absoluta. Un amigo periodista, Wilmer Rodríguez, recogió el testimonio gráfico y la fuerza espiritual del tributo de un país. Viajó junto a la Caravana. Atrapó y supo convertir en palabras la mística que observábamos con el filtro de la televisión. Tras la voluntad de rechazar cualquier manifestación de culto, quedaba ahora la construcción del más difícil de los monumentos a Fidel, el que se funda en el estudio y el enriquecimiento en la práctica de un pensamiento como el suyo.

Unos 18 d√≠as antes de aquel viernes 25 de noviembre ‚Äďel 7 de ese mes, para ser exactos‚Äď, la inconfundible caligraf√≠a de Fidel autorizaba, en una breve nota, a Elier Ram√≠rez Ca√Īedo a publicar dos intervenciones hasta entonces in√©ditas. Eran¬† resultantes de sendos encuentros sostenidos con miembros de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z en los a√Īos 1988 y 2001. En las oficinas de la presidencia de la AHS coincid√≠ con Elier cuando lleno de entusiasmo organizaba el proyecto que se alejaba de la fantas√≠a para convertirse, no sin pocos obst√°culos, en un hecho editorial.

El camino fue fatigoso. La Comisi√≥n Organizadora del III Congreso luch√≥ contra los atrasos editoriales, los problemas de poligraf√≠a y las soluciones de dise√Īo que a algunos siguieron sin entusiasmarnos. Finalmente, en octubre de 2017 la Editora Abril obsequi√≥ a los delegados que asistimos al Congreso el volumen. Los discursos de Fidel se acompa√Īaron de un pr√≥logo del intelectual cubano Abel Prieto, unas breves l√≠neas a modo de ep√≠logo del entonces presidente de la AHS, Rubiel Garc√≠a, y una introducci√≥n, tambi√©n breve, en la que Elier expone algunos aspectos generales y evoca la ‚Äúconcepci√≥n totalmente revolucionaria en la manera de relacionarse el l√≠der de la Revoluci√≥n con los artistas e intelectuales cubanos‚ÄĚ.

En realidad, los tres textos que acompa√Īan los discursos formulan una evidencia en relaci√≥n a las caracterizaciones, interpretaciones y proposiciones sint√©ticas que han acompa√Īado al pensamiento de Fidel. Por mi parte intentar√© esbozar algunos comentarios que pueden facilitar otros acercamientos. No poseen en s√≠ mismos un alcance reflexivo. Siento, sin embargo, pueden contribuir al contrapunto con las ideas m√°s importantes que traslad√≥ en sus palabras. Son apenas apuntes para un debate. Lo m√°s significativo queda a buen resguardo para cuando se produzca el encuentro del lector con esta obra.

Por el destinatario que recibe por vez primera estos textos, quisiera comenzar. Si lo acompa√Īa una voluntad cr√≠tica Fidel y la AHS puede estremecer sus certezas, inquietar sus sentidos y dejar abierta una v√≠a para repensar todo lo que entendemos en los marcos de la pol√≠tica cultural. Puede tambi√©n, en direcci√≥n contraria, ofrecer argumentos bastante √ļtiles para perpetuar el absurdo. Esto √ļltimo, si nos aferramos a par√°bolas que descontextualicen, o decidimos negar el terreno polis√©mico y √ļtil de la contradicci√≥n en la que Fidel aprendi√≥ a moverse con toda holgura.

Timoneadas desde un ejercicio pol√©mico, que guarde como denominador com√ļn la responsabilidad intelectual, estos discursos terminan desalojando los sillones que nos mantienen c√≥modos. Retoman, en un √°ngulo de admirable dimensi√≥n, el espacio central que por derecho propio corresponde a la cultura en la Revoluci√≥n. Las palabras de Fidel destruyen los tabiques falsos entre estos dos universos tan conflictivos. Instalan a su vez una representaci√≥n que hincha la necesidad de retomar lo que Armando Hart desesperadamente defend√≠a como ‚Äúla cultura de hacer pol√≠tica‚ÄĚ.

La mayor√≠a de los planteamientos, debemos se√Īalar como segundo aspecto, se inscriben en el centro de una condici√≥n cultural reforzada por el mundo social que emergi√≥ con la Revoluci√≥n. Genuinamente liberadora y resistente. Una condici√≥n que hubo de someter y someterse a la reconfiguraci√≥n sistem√°tica de los mecanismos, alcances y plataformas que crecieron junto al nuevo sujeto revolucionario. Plantearse relaciones de poder m√°s horizontales e interpretaciones osadas. Luchar por fijar un estatuto antropol√≥gico y una visi√≥n procesual de sus componentes. En esencia, de acuerdo con Fanon, sentirse obligada a encarnar y corresponderse con todo el cuerpo de esfuerzos hechos por el pueblo, en la esfera del pensamiento para describir, justificar y alabar la acci√≥n mediante la cual ese pueblo se cre√≥ a s√≠ mismo y se mantiene en existencia.

Los dos discursos son portadores de un lenguaje coloquial y a veces de estilo pedag√≥gico. Reunido con creadores, esencialmente artistas y escritores, Fidel dedica el grueso de sus reflexiones a insistir en el ‚Äúestado pol√≠tico de pueblo‚ÄĚ, en ‚Äúlas condiciones excepcionales de la masa‚ÄĚ, en ‚Äúla necesidad de mezclarse con el pueblo y sus problemas‚ÄĚ, en la actitud del ciudadano com√ļn. ¬ŅNo ser√≠a √ļtil preguntarnos por qu√©?

Los emplazamientos, que no son pocos ni ligeros, tocan las fronteras de la institucionalidad de la cultura, su poder real de representación de los gremios, los mecanismos de concertación, la participación orgánica de los creadores en el entramado de decisiones que mueven la maquinaria. Con todo desprendimiento Fidel habla de los problemas tangenciales que reproduce el funcionamiento de feudos aislados en la política cultural y que son eficaces para profundizar el océano de incoherencias que tiende a lastimar este ecosistema.

Replantea el papel de la AHS y la UNEAC. Las define como organizaciones sociales. Subraya el hecho de que las organizaciones sociales no est√°n subordinadas al aparato institucional, de ah√≠ la necesaria coordinaci√≥n entre ambos actores. Deja expl√≠citamente formulado un problema hasta hoy desatendido: d√≥nde quedan, qui√©nes representan a los que hoy no son miembros de la AHS y la UNEAC. Con todos los √©nfasis posibles respalda la preferencia de ‚Äúlos errores de tener mucha libertad, a los inconvenientes de no tener ninguna.‚ÄĚ

Ambas intervenciones tienen lugar en momentos muy particulares de nuestra historia. El 12 de marzo de 1988: un a√Īo antes de su importante discurso del 26 de julio de 1989 cuando vaticin√≥ el desmerengamiento de la URSS corr√≠a ya el proceso de rectificaci√≥n de errores; es un hecho el viraje estrat√©gico en las discusiones y la concepci√≥n en torno al modelo de desarrollo. Fecha en que Fidel mismo est√° aceleradamente rescatando al Che y se intentaba retomar el dise√Īo de un socialismo con caracter√≠sticas propias.

El 18 de octubre de 2001: ya la Batalla de Ideas está en desarrollo, ha iniciado la municipalización de la educación superior, la universalización del conocimiento asume el desafío de la informatización de la sociedad, se intenta reproducir un movimiento de masas en apoyo a un nuevo modelo de transición socialista, en medio de una ofensiva ideológica orientada al rescate de valores revolucionarios y antimperialistas tras las grietas del Período Especial, dando paso a programas concretos de recuperación en todos los órdenes, visibilizando un estamento de vanguardia con la nuevas generaciones e intentando, sobre todo, que la recuperación espiritual se anticipe a la recuperación material y logre contribuir ella.

Un √ļltimo comentario. Se ha extendido bastante la tesis que subraya la intervenci√≥n del 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional como el texto program√°tico y fundador de nuestra pol√≠tica cultural. Si fuera correcta, omitir√≠amos el cuerpo de consideraciones contenido en el autoalegato que se convirti√≥ en el Programa de la Revoluci√≥n. Es una simple convocatoria a pensar en ello.

En La Historia me Absolver√° estaba ya vertida la suerte democratizadora, de anch√≠simo alcance y visi√≥n sociol√≥gica del movimiento cultural al que aspir√°bamos. All√≠ no se habla, es cierto, del racimo de las Bellas Artes ni de las corrientes literarias. Mas se define el concepto de pueblo. Se ahonda en la problem√°tica martiana de la Naci√≥n. Se pacta la visi√≥n de futuro de una vanguardia que busca compatibilizar el universo de aspiraciones y proyectos individuales, con la moral, la pol√≠tica y los sue√Īos colectivos que antepon√≠a en sus realizaciones pr√°cticas la Revolucion.

Resulta inexacto pasadas seis décadas insistir en la apreciación limitada de que en esa reunión se dilucidaban presupuestos estéticos. La verdad la dominamos hoy. El marco, la convocatoria y los conflictos que desembocaron en la cita de algunos intelectuales con Fidel y otros dirigentes revolucionarios, sacó a la superficie un enfrentamiento por el poder entre dogmáticos, liberales y también oportunistas. Por cierto, en su intervención del 2001 Fidel deja la mesa servida para que nos impliquemos en explorar con profundidad esas dicotomías.

El texto de aquel temprano junio de 1961 es por s√≠ mismo la columna vertebral de la inmensa mayor√≠a de los asuntos que Fidel enfoca en los discursos que esta compilaci√≥n nos propone. Como es de esperar, √©l logra, a pesar de nosotros mismos, vencer las descontextualizaciones, las deformaciones que sirvieron de base para la gris√°cea marca que acompa√Ī√≥ a la cultura en los 70 y que de vez en cuando asoma en la gaveta de alg√ļn bur√≥crata. No por acostumbrados deja de sorprender la capacidad dial√©ctica para escapar a los mecanicismos y no dejarse atrapar en las limitaciones propias de todo lo que es iniciador y por ende experimental. Reconoce el valor hist√≥rico de aquellas ideas, pero no duda en afirmar que estamos ‚Äúen una √©poca nueva y tenemos que aplicar a la cultura el principio de soluciones nuevas a problemas viejos, y soluciones nuevas a problemas nuevos‚ÄĚ.

En el cuadro de una sociedad es preciso no menospreciar lo indirecto. Las lecturas correctas entre lo fenoménico y lo esencial son imprescindibles. Las interpretaciones complacientes no nos ayudan mucho. La narrativa del presente solo puede autentificarse buceando profundo en las oscuras cavernas de la memoria.

Gracias al trabajo del investigador Elier Ram√≠rez, estos discursos llegan ahora remontando la escala del tiempo. Los que nos vamos incorporando al campo intelectual y sus pr√°cticas podremos recurrir a ellos para mediar en los contextos pol√≠ticos, materiales e ideol√≥gicos, con el √ļnico fin de crear nuestra obra. Desde ella hacer retroceder vertiginosamente las fuerzas del conservadurismo, la rutina y la restauraci√≥n neoliberal que se esconden bajo el manto redibujado de la neutralidad de la cultura, que sabemos no existe.

Las reflexiones de Fidel penetran ahora con fuerza tel√ļrica en esa contradicci√≥n. Para dicha colectiva funcionan como recurso de aprendizaje. Plantean un problema inacabado. Sirven de sost√©n para que completemos nuestra perspectiva irregular de los hombres y las cosas. Sin empecinamientos. Asumiendo que la rectificaci√≥n siempre puede liberarnos. Comprendiendo que ‚Äúm√°s que decir nuestras verdades, hay que ir a los lugares a escuchar y aprender de las verdades de los otros.‚ÄĚ


Yo, crítico

La crítica es el duro camino de polémica y la confrontación de diversos criterios. Otra visión es el análisis de los fenómenos y el desmontaje de los elementos técnicos y conceptuales de cualquier hecho cultural.

A lo largo de la historia la crítica del arte ha sido una importante herramienta para establecer cánones y legitimar los nuevos caminos de creadores en pos de establecer jerarquías culturales.

En el pasado Congreso de la UNEAC parte de los debates estuvieron centrados en el papel de la cr√≠tica art√≠stica como parte del desarrollo de los entornos culturales en Cuba. Un importante comentario en dicho c√≥nclave de la vanguardia de los artistas y escritores cubanos fue el de Jorge N√ļ√Īez, presidente de la UNEAC en el territorio m√°s oriental de Cuba. √Čl se√Īalaba el dif√≠cil papel del cr√≠tico, ‚Äúquien camina en una cuerda floja‚ÄĚ, porque la instituci√≥n cultural as√≠ como el creador cuando son objetos de una cr√≠tica, ‚Äúno siempre favorable‚ÄĚ, enfila los ca√Īones hacia el cr√≠tico.

Esta situación es más compleja cuando el representante de una institución cultural hace todo lo posible por desmontar los criterios adversos ejercidos por el crítico. En la mayoría de los casos muchos profesionales optan por no continuar ejerciendo el universo polémico dando paso a malas prácticas culturales y al ejercicio errado de la política cultural.

A partir de la experiencia adquirida ejerciendo la cr√≠tica art√≠stica fuera de los predios habaneros, podemos afirmar que las situaciones pol√©micas son a√ļn m√°s grandes. Los directivos culturales tienden a colgarte cartelitos que se convierten en terrenos minados frente a otras instituciones y creadores, lo que te convierte en enemigo p√ļblico n√ļmero uno.

En el libro del Doctor en Ciencias Eduardo Morales, P√≥lemos cr√≠ticos, donde este prominente profesor y cr√≠tico de arte hace un excelente an√°lisis del ejercicio de la cr√≠tica de arte y cultural en Cuba, podemos comprobar a trav√©s de sus p√°ginas lo carente que se encuentra el ejercicio del criterio en el √°mbito nacional. En el mismo, Morales plantea lo importante que es poner en crisis la obra de arte, cuesti√≥n que no es muy com√ļn m√°s all√° de las redes sociales.

Muchos no entienden que en la medida en que los medios oficiales dejen aristas en blanco, los llamados alternativos van conquistando terreno. Esto se puede ver a partir de los interesantes an√°lisis que a cada rato se leen en las redes sociales y que en ocasiones edulcoran la realidad.

Se pide la crítica, pero muchos medios no ven con buenos ojos este ejercicio. La gran mayoría del periodismo cultural cubano solo se basa en informar y describir los hechos de la cultura artística literaria.

Aprender que el √ļnico camino de la cr√≠tica es se√Īalar, polemizar, poner en crisis la obra, adem√°s de acompa√Īar los procesos art√≠sticos, hubiese ahorrado no pocos tropiezos en la aplicaci√≥n de la pol√≠tica cultural. Buscarse problemas por ejercer una cr√≠tica y sostenerla, es la segunda parte del camino.

En este √ļltimo punto debemos aprender de la obra de Rufo Caballero, quien en m√°s de una ocasi√≥n recibi√≥ fuertes presiones por sus cr√≠ticas y quien nunca cedi√≥ a otro camino que no fuera el de seguir ejerciendo su profesi√≥n.

Por este empe√Īo, es que muchos lo recordamos, am√©n de que existen otros muy buenos cr√≠ticos, que consecuentemente siguen ejerciendo la pol√©mica. Por eso, Yo, cr√≠tico, sigue caminando por las calles pidiendo a gritos una mayor representatividad en la participaci√≥n activa de los fen√≥menos contempor√°neos de la cultura cubana. Tal vez, despu√©s de colocar a la cr√≠tica y a los cr√≠ticos en el lugar que le corresponde, muchas zonas oscuras de nuestro entorno sociocultural se meng√ľen o desaparezcan.


La sociedad de la vigilancia

La ficci√≥n orwelliana de una sociedad comunista futura donde el Gran Hermano nos vigila a todos, donde la privacidad de nuestros hogares deja de ser un derecho y es sustituida por el ojo perenne de vigilantes sin rostro, es hoy realidad en los modernos y capitalistas estados de Occidente. Peor a√ļn, en virtud de la prepotencia imperial, es hoy una realidad posible para cualquier ciudadano de la cada vez m√°s conectada «aldea global».

Esta es la lecci√≥n fundamental que se desprende de la lectura del m√°s reciente libro publicado en Cuba del periodista espa√Īol Ignacio Ramonet (El imperio de la vigilancia, Editorial Jos√© Mart√≠, 2017). En sus poco m√°s de cien p√°ginas el autor recorre diversos aspectos de la m√ļltiple y compleja realidad que se abre m√°s all√° de la comodidad de los ordenadores hogare√Īos, con su entramado de grandes empresas, programas esp√≠as, gigantescas redes de almacenamiento y filtrado de datos, c√°maras de vigilancia, sat√©lites, agencias fantasmas, servicios de inteligencia y los famosos «contratistas», cuyo reconocimiento social descansa en los «importantes» (y costosos) servicios brindados desde la guerra de Afganist√°n a principios de los 2000 e, incluso, antes.

La «guerra contra el terrorismo» ha escalado hasta convertirse en una guerra de vigilancia, aunque ser√≠a m√°s correcto decir que el terrorismo fue la excusa necesaria para la m√°s reciente fundamentaci√≥n de los modernos estados policiales.

En su momento de esplendor, la temible Gestapo tuvo apenas unas decenas de miles de funcionarios y, por extensa que fuera su red de informantes, no podía llegar a la intimidad de todas las casas, conocer los gustos, expectativas y temores de los cientos de millones de seres humanos que llegaron a estar bajo su control directo o indirecto.

Las modernas redes de vigilancia, fundadas en los recursos de las grandes potencias occidentales, dejan en ridículo a la tristemente famosa policía secreta nazi. La falible y limitada acción humana es sustituida por el impersonal y casi perfecto proceder de las máquinas. Incansablemente, potentes servidores procesan noche y día toneladas de datos, buscando palabras claves que permitan identificar con antelación a posibles enemigos, aunque también captando las expresiones de descontento de sus respectivas sociedades, generando con tiempo los adecuados mecanismos de respuesta que permitan canalizar una posible situación revolucionaria sin perjuicios para el sistema.

Aunque a algunos parece no importarles, otros se organizan en diversas formas intentando articular una respuesta com√ļn contra esa violaci√≥n a la privacidad, que permite a gobiernos y empresas pensar por ellos e imponerles lo que consideran, bas√°ndose en fr√≠os algoritmos y los previos historiales en la web. Estas formas de resistencia, que Ramonet recoge en su libro, van desde procesos judiciales hasta difusi√≥n de claves que permitan a los usuarios proteger sus datos de una posible intromisi√≥n interna.

Sin embargo, la esencia de estas propuestas, y la esencia misma del libro de Ramonet, radica en considerar que la sacrosanta democracia ha sido violentada y es preciso rescatarla. No atinan a articular una crítica coherente a un problema que excede los marcos de una determinada administración y deviene un problema sistémico.

La democracia burguesa contempor√°nea da el derecho a sus ciudadanos, cada cierto n√ļmero de a√Īos, de elegir qui√©n es la cara visible del aparato estatal, pero nunca somete a votaci√≥n y control popular los poderosos capitales que son quienes verdaderamente detentan el poder en sus respectivas sociedades. De ah√≠ que apelar a una supuesta recuperaci√≥n de la democracia, sin romper los mecanismos de reproducci√≥n de los intereses del capital y, conectado con ellos, los de la √©lite pol√≠tica asociada, no llevar√≠a a ninguna soluci√≥n efectiva.

La respuesta a este «imperio de la vigilancia», como bien lo define Ramonet, no puede ser al nivel de individuo ni puede evitar el cuestionamiento mismo del sistema imperialista, que no es m√°s que una de las fases del capitalismo como sistema.

Vuelve a la memoria una famosa interrogante, entrelazada en el argot de la pol√≠tica norteamericana: si todos somos v√≠ctimas de este aparato de vigilancia global, entonces ¬Ņqui√©n vigila al vigilante?


PRE-MORTEN: una forma de vida

Ven, mi caballo, a que te encinche: quieren

Que no con garbo natural el coso

Al sabio impulso corras de la vida,

Sino que el paso de la pista aprendas,

Y la lengua del l√°tigo, y sumiso

Des a la silla el arrogante lomo: _

Ven mi caballo: dicen que en el pecho

Lo que es cierto, no es cierto: (…)

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†(‚ÄúAcad√©mica‚ÄĚ)

Versos libres. José Martí.

 

No peco del instinto apolog√©tico de las rese√Īas literarias si digo que en el sistema editorial cubano hacen falta m√°s libros como Pre-Morten, de Yasmani Rodr√≠guez Alfaro. Como buena alumna que desech√≥ hace tiempo el aprendizaje reproductivo por el pensamiento, dar√©, como en las pruebas de la escuela mi Argumente su respuesta.

[+]


El p√ļblico de los espacios literarios: La gran depresi√≥n

Fuente: Sitio web del Caim√°n Barbudo

Hab√≠amos hecho todo lo humanamente posible: invitaciones personales, por tel√©fono, impresas, anuncios en la radio y la televisi√≥n, establecimos un horario accesible para la mayor√≠a, buscamos a un escritor reconocido, un libro de precio m√≥dico y, por si fuera poco, gestionamos un brindis. Sin embargo, llegado el momento de la actividad hab√≠a solo dos personas dispuestas a participar, y una de ellas, como han de sospechar, era el invitado. Los promotores se miraban impotentes, el autor asumi√≥ su rol con dignidad y present√≥ el volumen como a sala llena. Al finalizar, nuestra √ļnica visitante, una se√Īora sesentona, degluti√≥ cada miga de la merienda mientras intercambiaba con el escritor sobre cuestiones climatol√≥gicas, se disculp√≥ por no comprar el libro y desapareci√≥. [+]


Los retos del periodismo cultural

Fuente: Cuba Sí

Se hace periodismo cultural en Cuba, se hace puntualmente excelente periodismo. Contamos con profesionales de probadas capacidades. Pero con todo, nosotros creemos que son m√°s los retos que las realizaciones. Es importante, por supuesto, informar, promover, orientar al p√ļblico sobre las diferentes opciones. Y eso se hace en Cuba. Pero no siempre se hace atendiendo a las jerarqu√≠as art√≠sticas, que aunque no son inamovibles, s√≠ est√°n establecidas. [+]