Centro Onelio


Giselle Lucía Navarro: «La palabra es una piedra que rebota dentro de mi cabeza»

Ella es una buena sinker. Agarrarla te da la sensación de tres costuras: bella, sencilla, educada. A partir de esos elementos cualquiera se iría con esa bola, como diríamos en buen cubano. O sea, creería que sus logros en tan corta carrera literaria podrían ser asunto oscuro y no profesional. Entendible si se tiene en cuenta que la predisposición podría surgir desde el amiguismo que nos desborda, los favores que algunos están siempre dispuestos a hacer a cualquier sinker que acude a los eventos, reuniones, editoriales, o viajecitos a provincia.

Perdonable también cuando muchos no son capaces de conservar en la memoria muchísimas obras de nuestros más destacados jóvenes escritores en los últimos años. Alzheimer del que escasísimos lectores escapan. Giselle Lucía es su nombre, Navarro el primer apellido y basta por ahora. Aquí no mancillaremos el talento de un artista citando los premios obtenidos, para más información: Google. Aquí, echaremos un vistazo a esta nueva creadora que nos aborda la nave deprimida. Nos llega con lenguaje directo, profundo, sin demasiados adornos para tapar el vacío como suelen hacer algunos seudointelectuales y no tan seudos, para obtener un ratito bajo la luz mortecina de una vieja farola.

Giselle Lucía es el “viento fresco luego de un verano tan largo”, como diría el trovador, es la voz que puede conectar con esos lectores dispersos, ausentes en muchos casos de nuestros más recientes artistas por el bodrio abanderado y el discurso no sincero, sino más bien oportunista y anhelante del concurso que sume una fotito en Facebook, un adulador, un rápido paso al olvido.     

¿Qué motivos o hechos determinaron el comienzo de tu carrera literaria?

Mi vida iba a estar vinculada a las letras, eso era algo inevitable. La mujer que vive dentro de mí no entiende el mundo sin la poesía. Para mí, más que un poema, es una forma de apreciar la vida, una especie de sensibilidad. La palabra es una piedra que rebota dentro de mi cabeza, no puedo evitarlo. Debo escupirla en el papel porque de lo contrario puede asfixiarme. Esa necesidad me hizo escribir.

De niña pasaba mucho tiempo en casa, escribía e ilustraba, encuadernaba mis esbozos en forma de folletos, con mucho cuidado. Nunca imaginé estudiar diseño, ahora los miro y me critico, sonrío. Durante mi infancia y adolescencia estudié danza y, entre ensayos, entrenamientos y los deberes de la escuela, no tenía tiempo para nada más. Cuando decidí que no me dedicaría a bailar sentí un gran vacío. Ahí llegó la literatura y lo inundó todo. Un día, por azar, abrí la revista Muchacha y leí un artículo sobre un taller literario, averigüé la dirección y fui. Así comencé en el grupo Silvestre de Balboa que dirigía Rafael Orta Amaro. El tiempo pasó y hoy soy quien conduce el taller. Las tertulias, los concursos, recitales, antologías y las horas de poco sueño escribiendo sin parar, todo vino tan rápido que creo que siempre estuvo ahí. La vida escribe recto sobre líneas torcidas, pero invariablemente con firmeza.

Háblame de Rafael Orta.

Las palabras no alcanzan para nombrarlo. Todo árbol crece porque alguien supo cuidar bien de la semilla. Es cierto que escribo desde niña, que gracias a mi abuela los libros se volvieron terrenos fértiles para mi curiosidad. Podríamos decir que algún tipo de talento para la palabra traje al nacer, pero lo cierto es que el día en que hablé por primera vez con este hombre y me dijo “adelante”, invitando a pasar a su taller literario, y luego, con el tiempo, repitió “confío en ti”, fue que nació la escritora.

A este hombre le debo haber forjado mi voluntad, mi confianza, mi oficio por las letras. Siempre que estoy delante de mis alumnos y comienza una clase me acuerdo de él. Llevo siete años sentada en su silla, en la misma mesa donde me sentaba de alumna. Es una mezcla de nostalgia y certeza. Creo que le he cumplido. Los maestros enseñan también al partir, porque de algún modo nunca se van.

Hay poetas que intentan decir algo en cada obra, otros, que el lector asuma el significado que más le convenga o sea capaz de entender. ¿En cuál de las dos situaciones te sientes más cómoda?

Escribo para el ser humano, apunto a su corazón. Deseo que mis poemas lleguen a su corazón y no solo a su cabeza. Los poemas que llegan a tu corazón son los que te cambian la vida. Para mí la poesía no es un entretenimiento, es algo muy serio, como una misión. Cada cual la asume a su forma. Esta es la forma en la que yo la percibo, por ello no voy disfrazar la palabra, ni inventarme un lenguaje rebuscado, ni llenar mis poemas de referencias de obras y autores solo para denotar mis horas de lectura o mi acervo cultural. Elijo la sencillez. La sinceridad y la pureza de las cosas, eso es lo que quiero transmitirles.

Federico García Lorca escribió: “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.” Si tuvieras que definirla, cuál sería tu expresión antológica.

Para mí la poesía es una necesidad espiritual, un contrapeso que me permite mantener el equilibrio entre las bellezas y crudezas de la vida.

Ganas el David 2019 en poesía. Obtienes el diploma, el cheque, las felicitaciones, abrazos. La promesa de un libro en la próxima feria. Los aduladores de un lado, los amigos del otro; los que buscan lo extraliterario, los que le vale un centavo el premio y sus arrabales. Llegas a casa, al fin sola, acostada; la noche es pura más allá de la ventana, ¿qué pensamientos te abordaron?

En lo único que pienso cuando recibo un premio y regreso a casa es en el próximo libro que escribiré, mi próximo proyecto, sea de literatura o diseño, un videoarte, una colaboración. Más que nada me provoca creatividad. El premio que recibes por una obra te da solo la gratificación de que esta culminó bien. Sientes una gran felicidad, no puedo negarlo, pero es solo eso. En realidad, el cuadro que cuelgas en la pared podría ser un sello de garantía de que tus horas sin dormir no fueron en vano. Para mí la garantía está siempre en los ojos y el corazón del lector.

No cazo los premios. Tampoco soporto que estos se conviertan en tus apellidos. Hay una diferencia entre el escritor y el libro. El libro es el vencedor. El escritor solo es el intermediario, aunque termine cargando las glorias y culpas merecidas e inmerecidas, aunque el libro haya brotado de él. Una obra premiada es siempre un punto cuestionable, y el libro puede convertirse en el epicentro de muchas polémicas, y eso es muy bueno, genera movimiento, te indica que hay un contexto vivo alrededor. A quién le gustaría sembrar flores en un terreno baldío. Las críticas son necesarias, ayudan a que las raíces del árbol, en este caso del libro, se asienten con más fuerza.

En cualquier caso, creo que un escritor debe disfrutar profundamente el proceso creativo y aprender que los premios son simplemente eso, trozos de papel colgados en la pared, quizás el recuerdo de un momento en el que fuiste muy feliz o la certeza de un sueño medianamente cumplido. El verdadero premio es tener la sensibilidad para crear un poema, por muy humilde que este sea. El escritor joven, también el adulto, no debe permitir que los premios o reconocimientos lleguen a tocar su ego. Allí donde el ego empieza a transformarse la creación comienza a padecer.

Cuéntame un poquito sobre el dolor de parto con Criogenia.

Este libro es una parte de mi cuerpo. Escribí Criogenia con 23 años. No puedo hablarte mucho del proceso creativo en sí porque realmente brotó tan velozmente que todavía estoy sorprendida.

Estaba terminando mi tesis en el Instituto Superior de Diseño. Recuerdo que ya no soportaba estar sin escribir, completamente dedicada a temas prácticos relacionados con mi investigación de pregrado. Fue un período difícil para mí. Fuertes experiencias, fuertes golpes habían sacudido anteriormente mi vida. Me sentía exactamente así: una mujer congelada, cuyo cerebro no podía detenerse. Ese es Criogenia. Un libro con forma de mujer y poemas con forma de órganos. Es importante en mi vida no por el Premio David, sino por todo lo que encierran los poemas, todo lo que me susurra. Criogenia fue un parto necesario, milagroso. Yo necesitaba nacer en ese parto. La mujer que llevaba dentro, por algún tiempo dormida, necesitaba despertar.

El autobombo tiene defensores y detractores. Hay quienes creen que responde a la falta de un eficiente sistema promocional, cómo lo ves, siendo una autora contemporánea ligada en gran medida a las redes sociales.

Las redes sociales son como una ventana permanentemente abierta a la que te puedes asomar en cualquier momento y gritar cualquier cosa. Siempre habrá personas que reaccionen positiva o negativamente a lo que publicas. Te confieso que llevo poco tiempo en las redes, hace más o menos año y medio de mi primera publicación en Facebook o Instagram. No publico imágenes de mi vida privada, utilizo las ventajas que tiene para publicitar espacios culturales en los que participo y compartir contenido de interés asociado a la escritura.

Es cierto que, en gran medida, cuando un artista publica su obra y habla de su trabajo pareciese que se está fomentando el narcisismo, dado que es un discurso en primera persona, el escritor es quien elige el contenido a publicar, y, por lo general, siempre se muestra con una cara agradable y perfecta, también es cierto que es así cómo funciona en el mundo del marketing y la publicidad. Creo que cada artista debe ser promotor de su propia obra, nadie mejor que él para darle el verdadero sentido que lleva y evitar que se distorsione con intereses de terceros.

El libro es un producto, con otras connotaciones simbólicas, pero como producto al fin está encaminado a insertarse en un determinado mercado, en llegar a un usuario, a un lector. Por lo general cuando hay un sistema de promoción este siempre va a mover los hilos para que el contenido responda a sus intereses. Cuando una empresa o institución publicita a un autor o un libro a veces la información se transforma. Cuando el artista es el que promueve su obra esta llega limpia al público y el propio acto de promoción podría convertirse en otra obra.

Un libro necesita publicidad. Los hábitos de la lectura y el “arte inteligente” también necesitan difusión, sobre todo en un contexto como el actual, donde el flujo de información es tan diverso y rápido, a veces agresivo. En momentos en los que los hábitos de lectura se adaptan constantemente a las nuevas plataformas, los artistas deben adueñarse también de esa circunstancia. Mientras los intelectuales sigan creyendo que tal cosa no es necesaria, estarán en desventaja. El mundo del siglo XXI es visual. Y hay que darle imagen a eso que queremos comunicar. La diferencia está en la forma en la que te acercas al lector.

El lector de estos tiempos quiere no solo leer el libro, sino conocer al autor, intercambiar con él, comunicarse con él. Y las redes te permiten establecer este intercambio, de una forma rápida, ofreciéndote la posibilidad de publicar texto, imagen, video, audios, de transmitir en vivo, desde un rincón del mundo hasta todas partes del planeta. También existen muchos puntos de vistas negativos, pero creo que debemos valernos de las herramientas que nos favorecen y explotarlas a nuestro favor, haciendo un buen uso de estas.

Por supuesto, el autor debe planificar cuidadosamente la publicidad que le dará a su libro y a su obra. Todo requiere de cierta mesura, aunque sea en redes sociales donde pareciese que cualquier cosa vale. Un comentario sin base o con prejuicio puede arruinar tu imagen ante los ojos de quien te lee, de una forma instantánea. También debe fomentarse el respeto hacia la obra ajena. Un escritor debe respetar la obra de otro escritor, aunque no le agrade. El respeto es algo necesario.

Las redes sociales constituyen una forma de sociedad virtual. Cuando entras en ellas solo debes ser tú mismo. Ser coherente con tu personalidad por cualquier medio por el que te comuniques.

Relajémonos: película, canción y libro favoritos.

Es difícil. Estas preguntas nunca me relajan, porque me cuesta decidirme por una u otra. Una película que me ha marcado muchísimo es “La vita é bella”, de Roberto Benigni, me gusta mucho el cine italiano, pienso en Fellini. También en las películas de Charles Chaplin.

En cuanto a la música, decir que es fundamental en mi vida. Amo el sonido tanto como la palabra y el color. Me conmueve profundamente la música de Mozart, Beethoven, Bach, el romanticismo, la ópera italiana, el impresionismo, el jazz, el flamenco, la música árabe y la música clásica indostaní.

Entre los autores que me han marcado podría mencionarte a Nazim Hikmet, John Robinson Jeffers, Franz Kafka, Walt Whitman, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Miguel Hernández, Mahmud Darwish, José Martí, Eliseo Diego, Alejandra Pizarnik, Jorge Luis Borges, Juana Borrero, Rubén Martínez Villena, Jesús Orta Ruiz y Luis Rogelio Nogueras…, aunque hay muchos otros. Libros favoritos no tengo. Siempre estudio la obra en conjunto con la vida del autor. Es precisamente esa la combinación que me atrapa.

¿Qué libros tuyos encontraremos sobre el anaquel en un futuro cercano?

Próximamente verán a la luz algunos libros que espero con ansias. Hijos que necesitan salir del cascarón editorial. Es el caso del poemario El circo de los asombros, la novela ¿Qué nombre tiene tu casa? y Criogenia. Hay otros libros en la pista de vuelo, pero el proceso editorial lleva su tiempo y prefiero no hablar todavía de ellos para no malograr su nacimiento.

De tener una carrera larga y exitosa, qué epitafio te gustaría en la tumba.

Ninguno. Creo que no existen palabras para nombrar con exactitud la vida de una mujer. Tampoco creo que me acostumbre a la idea de descansar en un hueco. No me gustan las tumbas. El cuerpo es transformación y el espíritu es libertad. Ambos no pueden sujetarse a una fosa. Además, andaré durante mucho tiempo por este mundo. Es probable que antes desaparezca la idea de los epitafios. 

Contrapeso es un libro materializado, una realidad que nos invita a visitar tu desnudez, por otra parte, Criogenia es una promesa editorial con grandes posibilidades de estar en la próxima Feria Internacional del Libro, qué puntos diferenciales existen entre ambos textos.

Contrapeso es una selección de poemas, la unión de partes dispersas, podría ser la carta de presentación de una autora joven. En él hay textos de dos libros. Por otro lado, Criogenia es un libro completo, una unidad, mucho más extenso, donde cada poema está hilvanado cuidadosamente, y debe leerse en su totalidad para entender bien el sentido de la propuesta.

Selección poética de la escritora cubana Giselle Lucía Navarro

Agradezco inmensamente la disposición de Colección Sur por publicar una representación de la obra de las últimas tres autoras en ganar el Premio David. Este pequeño cuaderno, Contrapeso, que forma parte de la colección Narciso es también el reflejo del esfuerzo y de la voluntad. Agradecer, siempre agradecer, porque es en el agradecimiento donde el ser humano realmente se conoce a sí mismo, se libera de cargas y vacíos. Agradecer las palabras del prólogo a Basilia Papastamatiu, siempre se aprende a su lado, es una mujer que admiro y quiero muchísimo. También la nota de contracubierta de Edel Morales, otro amigo entrañable. Y es necesario señalar que sin la persistencia de Alex Pausides y Karel Leyva, así como Elisa Vera y Onelia Silva en el diseño, Carlos, Katy y Marlene, en el resto de las coordinaciones editoriales, estos libros nunca hubiesen salido a tiempo para presentarse en la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Hay muchos libros parecidos en nuestra literatura de principios de siglo, escritores con el mismo discurso, los mismos intereses. Amables casi siempre, solidarios, suelen abrazarse los unos a los otros en tan solo el primer encuentro, pareciera no haber puntos encontrados. Les gusta el té, el vino, la música elitista y pasan el “Onelio”. Leen a los mismos escritores, y rara vez señalan zonas negativas en el libro de otro autor cuando ejercen la crítica. ¿Crees que hay estereotipos que deben apartar las nuevas generaciones, o te importa un rábano y te resbalas por el borde del camino?

Odio la idea de los estereotipos, las etiquetas y los grupos. No hay nada más aburrido que un grupo. Creo que eso resulta cómodo para analizar el fenómeno sociocultural, pero siempre está alejado de la realidad. La unidad del grupo debe radicar precisamente en su diversidad.

Los grupos procrean fronteras y elitismos, mientras buscan la unidad y la legitimación generan una serie de conflictos innecesarios. Al ser humano le hacen daño los grupos, pero pareciese que aún no se da cuenta de ello. La competencia por pertenecer a un gremio u otro va mutilando un montón de cosas bellas en su interior. Muchos de los conflictos que existen en el mundo son precisamente porque el hombre lucha constantemente por ser legitimado, para ser parte de un determinado grupo.

En el arte no debería existir eso. Nadie tiene las mismas vivencias, por tanto, los discursos nunca son iguales. Así como no hay dos personas iguales no existirán dos voces iguales en la poesía. Aunque seamos seres sociales debemos conservar siempre nuestra identidad, nuestra individualidad, pero sobre la base del respeto y la tolerancia que nos permite convivir en armonía.

El ser humano es un templo, en cuerpo y alma. La expresión de un artista hacia el mundo debe ser una necesidad, no la reproducción de un modelo social o una moda editorial. El artista debe ser coherente con su obra. La obra debe ser coherente con la persona. Cuando escribo o diseño no pienso en estilos, tendencias o contextos, miro a mi interior. Lo único que busco es la sinceridad conmigo misma, ser yo en todo momento, una muchacha que busca conservar la pureza de ese instinto que la persigue.

Cuatro poemas de Giselle Lucía Navarro


Lourdes Mazorra: «La literatura es un encuentro con uno mismo»

En menos de un año, la joven escritora camagüeyana Lourdes Mazorra obtuvo dos de los principales galardones disputados por los jóvenes narradores cubanos: el Premio Celestino de Cuento, organizado por Ediciones La Luz, sello de la AHS en Holguín, y el Pinos Nuevos, el pasado mayo. El primero por Las fauces, el segundo por Versiones de la sed.

De esta manera su nombre ha empezado a visibilizarse en el panorama literario cubano, con la fuerza del primer empuje, exitoso además. En ambos casos el jurado subrayó el aliento poético de sus cuentos, la atmósfera, el ritmo y la fluidez de sus historias… El del Celestino estuvo integrado por Félix Sánchez, María Liliana Celorrio y Rubén Rodríguez; y el del Premio Pinos Nuevos, por Julio Travieso, Dazra Novak y Raúl Flores Iriarte. Licenciada en Periodismo y graduada recientemente del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde obtuvo la beca Caballo de coral, Lourdes asegura que la literatura, sobre todas las cosas, es un encuentro con uno mismo.

Con ella nos encontramos, a través de las redes, con la excusa del Celestino de por medio.

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

Recibiste con Las fauces el XX Premio Celestino de Cuento, uno de los galardones más disputados por los jóvenes narradores cubanos. Este será tu primer libro… Y nada menos que con el Celestino. ¿Qué ha significado para ti haber obtenido este Premio?

Siempre he dicho que, de manera general, los premios tienen dos ventajas: comienzan a visibilizarte en un panorama bastante complejo y te alientan a seguir trabajando, más fuerte que antes. El Celestino, al ser el primer premio y también la primera publicación, me deja esa sensación de descubrimiento del mundo del libro en Cuba, iniciación en un proceso editorial desde la autoría y sobre todo reafirmación de certezas que ya venían acompañándome. Pero la razón de escribir no puede ser los premios; sigo convencida de que la escritura es un encuentro con uno mismo, por tanto, del Celestino agradezco formar parte de la familia de Ediciones La Luz.

El jurado destacó “la buena construcción de sus personajes, las atmósferas de los relatos, el aliento poético que embellece las historias, lo que influye positivamente en el ritmo y la fluidez de las narraciones, así́ como la adecuada selección del narrador”. ¿Qué encontrará el lector cuando, ya publicado, se adentre en esas páginas?

No puedo decirte qué encontrará el lector, cuando uno pública hace una ofrenda al público, la obra deja de pertenecerte. Espero que cada lector encuentre sus propias respuestas, sus propias dudas y también sus propias batallas.

¿Existe un hilo conductor en estos cuentos, algo que de alguna manera los una?

Este es un libro que indaga en las significaciones para el ser humano de la pérdida y el dolor. No creo que deba decirte más, por aquello de la ofrenda y de que el lector se acerque a Las fauces buscando sus propios caminos.

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

Hablemos de tus influencias literarias… ¿Qué autores incluirías –además de Julio Cortázar, que sé te interesa bastante– en una especie de “canon literario” creado por ti?

Más que un canon literario, puedo decirte qué autores prefiero y no precisamente con algún tipo de jerarquía. La literatura argentina me encanta: Julio Cortázar (lo siento, no puedo dejar de mencionarlo), Abelardo Castillo, Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares…

También Gabriel García Márquez, Horacio Quiroga, Alejo Carpentier, Onelio Jorge Cardoso, Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Virginia Wolf, Antón Chéjov y Mario Benedetti. Ya ves, no es un canon, no suelo hacer estas listas porque leo bastante variado y cada vez que nombro autores, siento que me falta alguno y quedo en deuda.

Te menciono dos cuestiones que quisiera nos comentes… La primera sobre la relación del periodismo, pues eres periodista de formación, con la literatura y sus convergencias…

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

Yo siempre he defendido que el periodismo es el hijo moderno de la literatura y me disgusta que los vean escindidos. Siento que nos empeñamos en poner etiquetas cuando lo más importante es narrar y un periodista es también un narrador de hechos.

La diferencia entre un periodista y un escritor de ficción es principalmente de estilo, modalidades de trabajo y técnica. Esto no lo digo yo, sino Alejo Carpentier. Siempre que se habla de periodismo y literatura recomiendo la conferencia de Carpentier que se titula “El periodista: un cronista de su tiempo”, de 1975, en la cual queda zanjada excelentemente esta vieja polémica.

Hay escritores cuya obra periodística parece una antología de cuentos, por el manejo preciso de las técnicas narrativas en el ejercicio periodístico; en Cuba, por ejemplo, Onelio Jorge Cardoso. Muchos grandes escritores de ficción han sido periodistas, porque el periodismo es una escuela imprescindible para la síntesis, el manejo de los adjetivos, la inmediatez, las técnicas narrativas…

Esto me hace pensar que el periodismo cubano hoy necesita retomar ese “estilo narrativo”, potenciándolo en la academia. Tenemos guías certeras en cuanto a todo lo que puede lograrse desde la escritura; Reynaldo Cedeño es uno de esos periodistas.

La segunda cuestión es sobre tu reciente paso por el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde obtuviste la beca Caballo de coral que otorgan al finalizar…

El Centro Onelio es una de las mejores experiencias que he tenido. Esta escuela te acorta y te alarga el camino, porque organiza tu manera de leer, recomienda autores, ofrece técnicas y herramientas; pero, al mismo tiempo, abre muchísimas puertas y comienzas a ver todo de manera distinta, a leer con otras pautas, a cuestionarte la realidad y a pensar en otros temas. El “Onelio” me regresó con muchas ganas de escribir; a mí no me dio el famoso bloqueo pos-Onelio. Además, fue la primera experiencia de leer algo en público y esto es muy importante a la hora de aceptar críticas, saber escuchar es una virtud. Yo estoy muy agradecida por la oportunidad de recibir clases de escritores como Eduardo Heras León, Raúl Aguiar y Sergio Cevedo.

Obtuviste también el Pinos Nuevos 2020 con Versiones de la sed… Hablemos un poco de un premio también importante que visibiliza la obra de los jóvenes escritores en Cuba…

Sí, es un premio también importante. Es el segundo concurso en el que participo. Sigo diciendo que me niego a trabajar en base a concursos, pero reconozco que en el complejo panorama editorial del mundo y de la Isla, una de las formas más directas y rápidas de publicación es a través de estos premios, más allá de toda la carga subjetiva del proceso de selección y premiación o de las inconformidades que pudieran generar las decisiones finales. Son riesgos que se corren, por eso no se trata de que digas voy a escribir para tal concurso a ver si público. E

n mi caso, escribo y tengo proyectos terminados, luego aparecen estas oportunidades: la convocatoria del Celestino llegó por esos azares a los que Cortázar llama vida, y la del Pinos Nuevos por una recomendación de otra escritora. Lo que sí tengo claro es que solo presento cuando estoy dispuesta a que un libro tome su propio camino y yo humildemente lo deje ir.

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

Ambos jurados –el del Celestino y el Pinos Nuevos– han subrayado el “aliento poético” de los cuentos…

Lo dije para el periódico Adelante, “a mí este tipo de elogio me deja sin aliento”. Como autora tengo más posibilidades de enmascarar mi voz a través de la narrativa, pero la poesía me resulta más dolorosa, es un desnudo literario y tiene muchos riesgos, para empezar el lector te ve descubierta en los versos. Ahora recuerdo que mis compañeros y profesores del Onelio también comentaron ese “aliento poético” en el texto que leí en clases. Que mis cuentos me salgan con aliento poético no es un propósito explícito, ellos salen y al parecer me estoy quedando también desnuda en la narrativa.

¿Qué crees caracteriza tu generación, si acaso crees pertenecer a una generación literaria?

No me siento capaz de caracterizar una generación literaria, para ello tendría que haber leído muchísimo a los escritores de esta generación y no lo he hecho con la amplitud que me gustaría, y también creo que deberían pasar unos años más, mirar con la perspectiva que el tiempo te concede.

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

¿Cómo valoras el panorama literario cubano desde tu perspectiva como joven escritora?

Si me preguntas por la literatura cubana de manera general, pues es indiscutible que Cuba constituye uno de los paradigmas literarios en el continente y en el mundo. Si se trata de cómo una joven escritora se inserta en el panorama literario cubano, eso es ya un proceso más complicado, que el solo hecho de publicar no garantiza, porque entraña niveles de calidad, compromiso y responsabilidad no siempre presentes y esto me lleva a una preocupación: en ocasiones, lamentablemente, la calidad literaria de la obra no está entre los primeros parámetros a la hora de decidir publicar o no un libro. Pero, de manera general y desde mi corta experiencia, considero que el panorama literario cubano es un prolífico paisaje de autores, temáticas y estilos.

¿Expectativas con Las fauces? ¿Con el trabajo de Ediciones La Luz?

Las expectativas con Las fauces han ido cumpliéndose poco a poco. Me quedan algunas que corresponden al proceso en el cual se encuentra el libro. La edición es otro momento de suma creatividad y entendimiento con la obra, que además implica a muchas más personas que el autor. En ese trayecto estamos. Ediciones La Luz ha tenido mucha paciencia conmigo, una autora que se inicia, y por eso le agradezco a su equipo la profesionalidad. Han sido además una escuela y una familia.

 


Viaje a la fantasía

Es la juventud el relevo, en esta etapa de la vida los artistas crean con ímpetu sus obras. En la literatura, por ejemplo, casi todos comienzan a esbozar sus primigenios poemas, cuentos o novelas antes de cumplir las 35 primaveras.

No fue diferente para Abel Guelmes Roblejo, quien ya anda con paso seguro en la narrativa. A pesar de su corto bregar en el mundo de las letras, ha tenido el placer de recibir dos galardones en concursos especializados: el primero fue el de la revista Juventud Técnica, en el año 2017, con un cuento de ciencia ficción; el segundo, el Oscar Hurtado, hace dos años, en la categoría de fantasía. Su último y no menos importante lauro fue el premio La Gaveta, del año pasado –un certamen organizado por la revista homónima, de la Asociación Hermanos Saíz en Pinar del Río, y no especializado en estos subgéneros–, en el apartado de cuento.

En entrevista exclusiva con BOHEMIA nos habla sobre sus primeras experiencias en el mundo de la creación literaria, así como sus éxitos actuales; la importancia de los talleres para los escritores y lo más importante: no dejar nunca de leer y nutrirse de los más sabios.

“Comencé a escribir en el año 2013 –rememora–. Desde ese entonces me acerqué al taller Espacio Abierto y al proyecto Dialfa, ya que eran los únicos lugares afines a mis gustos literarios, además tenía conocimiento de que en ellos se reunían escritores. Estaba prácticamente como una página en blanco y quería nutrirme de sus conocimientos.

Viaje a la fantasía.

En 2017 vio publicado su primer libro.

“Al inicio creía que narrar era fácil. Un día me senté y tecleé en la computadora 12 páginas de mi primer cuento. Aún lo tengo, es desastroso; solo que en aquella época no lo veía así, incluso lo envié a un concurso. Sin proponérmelo, su género era la fantasía; en aquel momento no sabía la existencia de estas diferenciaciones, para mí era solo escribir un texto.

“En mi primera sesión de Espacio Abierto, escuché algunas narraciones con los mismos errores que la mía, y me di cuenta de que necesitaba más lecturas. Debía respetar este oficio que recién había descubierto y hacerle honor a quienes me estaban enseñando”.

– ¿Personalmente, en qué devino ese taller?

-Es mi casa, mi familia. Allí sigo aprendiendo en cada encuentro y he puesto en práctica todo lo asimilado en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. He crecido en la literatura y como persona. No fuera lo que soy hoy, como escritor, si no existiera Espacio Abierto. Para mí sí resulta imprescindible.

“Es literal y literariamente mi taller, aunque no de forma exclusiva, es tan mío cómo de cualquier escritor que se le acerque, a fin de cuentas, es un espacio accesible para todos. Ha ayudado, ayuda y ayudará a muchísimos literatos, no solo de La Habana, también de otras provincias”.

-¿De qué manera el Centro Onelio contribuyó en tu formación?

-Entré en el propio año 2013. Allí aprendí las técnicas narrativas, a amar y respetar el oficio de la literatura, a cuidarlo y atenderlo a diario. Cambió mi forma de ver todo. Está entre las mejores experiencias de mi vida. No solo conocí gente maravillosa y me integré a esa hermandad, también a magníficos escritores”.

-¿Por qué escribes ciencia ficción y fantasía?

-La afición al género fantástico en general (lo que incluye a la ciencia ficción) viene de las lecturas que tuve en la infancia. Entre mis autores preferidos en esa época se encontraban Julio Verne y Poe, por mencionar sólo dos.

“En la actualidad sigo sin proponerme escribir un género en específico, más bien hago un cuento o una novela, en resumen, una historia. Eso no niega que tenga preferencia por lo fantástico al escribir y al leer, porque es una literatura que no tiene límites preestablecidos, es libre, solo la restringe la imaginación del autor, quien crea un mundo nuevo. No es como en el realismo, donde se recrea una historia ya con reglas estrictas en un universo conocido”.

Viaje a la fantasía.

Además de este volumen, incluido en la colección Hojas de Hierba, de Ediciones Loynaz, sus obras en integran varias antologías.

-¿Qué te aportó haber obtenido el premio en el concurso de la revista La Gaveta?

-Gané el primer premio en este certamen con el libro Menú Completo. Fue maravilloso que reconocieran de esta manera mi trabajo. “He cumplido así varios sueños: publicar en mi país, ser leído por mis amigos, emocionarme porque algunos desconocidos me digan que les gustó y verlo en un stand en la Feria Internacional del Libro de la Habana.

“Es un volumen de cuentos, donde los relatos se centran en el absurdo. Creé una serie de historias, en apariencia comunes, que se van desarrollando hasta llegar a niveles irracionales. Quería demostrar que los géneros literarios pueden utilizarse como pretexto, porque lo que importa es lo que cuentas; por eso en mi libro encontrarás cuentos humorísticos (o rayando el humor), de suspense y románticos.

“Recibir ese premio es una prueba de que en Cuba hay quienes ven más allá de los géneros literarios y se fijan en lo que uno quiere decir como creador”.


El Dios literario de Maylín Arencibia

*Tomada de Cubahora

 

La psicología y la literatura son sus dos grandes pasiones. Asegura que la primera le proporciona una suerte de esqueleto lógico para la construcción de los personajes, de quienes suele crear una especie de estructura clínica. El Centro Nacional Onelio Jorge Cardoso, donde se graduó del curso de técnicas narrativas en 2011 y actualmente se desempeña como especialista de Relaciones Públicas, es fuente de buenas sensaciones, sueños y compromiso creativo y profesional.

Ganadora de reconocimientos como los primeros premios en el IV Certamen Poético Internacional Alonso Quijano (España, 2011) y el Concurso de Relato Corto Ciudad de Torrevieja (España, 2012), la joven escritora Maylín Arencibia Gómez, radicada en La Habana, hace poco sonrío otra vez con la satisfacción del éxito al obtener la beca Frónesis, que entrega la Asociación Hermanos Saíz, por su proyecto de novela Un Dios Estéril.

Con entusiasmo, expresa que esa obra constituye una deuda personal con sus memorias familiares. “Lo que comenzó en un repaso intencional por mi genealogía, devino en una labor de recuperación de tradiciones orales familiares sobre la emigración española en la Cuba de finales del siglo XIX y principios del XX.

”Mientras más hurgaba, más testimonios impresionantes surgían: gente pobre con nombres de reyes, mujeres que levitaban, fortunas enterradas en los traspatios, hijos ilegítimos, empresarios analfabetos, niños muertos, niños vivos… Los encuentros filosóficos de un caballero católico con un jefe santero, la coronación de una reina de Galicia en una tintorería. Un pescador mujeriego con una mujer tuerta. La hija de un rey casada con un camionero.

”Ahí está la materia prima, pero Un Dios Estéril ya no es una recopilación de historias. Esta novela en construcción es una pregunta: ¿Son ellos la mitad de lo que somos? Ahí aparece Adalberto, el cubano que quiere ser ciudadano español. Personaje que empieza su búsqueda con otra pregunta, acaso más simple, acaso más profunda ¿Y si me aparece una herencia? Intento ahora saldar la deuda con el presente. Y de paso descubrir cuál es en realidad ese Dios estéril”, dice esta carismática muchacha, licenciada en Psicología, guionista de televisión y ganadora del segundo lugar en cuento en XVIII Premio Farraluque de Literatura Erótica (2014).

—¿Cómo enfrentas el proceso creativo, es un acto serio que te exiges como autora, o lúdico y espontáneo?

—Es todo eso y más. No puede haber nada más serio que aquello que involucra un receptor. Ni nada más espontáneo que esa vocecita que te saca de la realidad inmediata para recordarte las ideas pendientes, a veces a gritos. Lo que sí puedo responder es que en mi caso se trata de un proceso lento, una gestación de elefante, cargada de manías y algoritmos. Pero una vez sobre el teclado, la masa va cogiendo forma. Y fluye.

—¿Cuánto de ti hay en tus historias? ¿Cuán favorable o no es que los lectores perciban tu voz en cada relato o novela?

—La mayoría de mis historias son sobre mí sin serlo. Reconozco la incapacidad para retratarme objetivamente, pero sí escribo de lo que observo en el mundo y me duele, o me conmueve, que es en definitiva otra forma de dolor. Y ya en ese punto son mías. Soy yo quien las vive, cada vez.

Con respecto a la segunda pregunta hay algo interesante. Durante mucho tiempo me inquietaba la necesidad de definir un estilo, de encontrar, como dices: esa voz. Esa marca con la que pudiera identificarme, y mejor aún, que otros pudieran notar. Eso fue y es aún un fracaso total. Mis relatos y novelas nacen ya con voz propia. Cada historia me dice lo que necesita. A veces me apego más al lirismo, en otras ocasiones a una prosa descarnada y dura. Hay momentos en que necesito recurrir a un narrador clásico, neutral, y en otros no sé explicar lo que quiero si no empleo el absurdo o la introspección. Uso tantos tonos como sea posible, según lo que me interese transmitir. Mi literatura es como la esquizofrenia, un todo fragmentado en millones de voces y discursos. Aprendí a aceptarla, y ella, en cambio, me agradece.

—¿Cuán favorables son tus conocimientos de Psicología para la literatura en aspectos como la construcción de los personajes y el desarrollo total de las historias?

—Esta es la pregunta que más voy a disfrutar en responder, porque me hablas de mis dos grandes pasiones. Me acerqué a ambas bajo una misma vocación: entender. Y las dos me han abierto las puertas a un universo de posibilidades en la creación… y en la comprensión.

La psicología, (en mi caso el psicoanálisis lacaniano) me proporciona una suerte de esqueleto lógico para la construcción de los personajes. Te confieso que no puedo diseñarlos sin saber de antemano la estructura clínica, esbozar algo del deseo y conocer fundamentalmente la relación, casi siempre mortífera, con su propio goce, que es en definitiva para mí la esencia de cada personaje e incluso de las historias. Aun cuando no utilice estos elementos en la escritura; tengo que saberlos, conocerlo todo. La literatura, como la concibo, no se trata de contar historias, sino de contar a alguien.

—¿Todavía se puede aspirar a lo verdaderamente nuevo en la literatura o los autores deben conformarse con dominios de técnicas y abordajes de historias de alguna manera reflejadas por otros?

—Es probable que ya se hayan tocado todos los temas y que se hayan usado todas las técnicas y formas posibles, pero desde el mismo momento en que un escritor toma algo de la realidad, lo procesa, lo amolda, lo reinventa y lo escupe sobre el papel, ya es nuevo. Mejor o peor logradas se podrán repetir muchas cosas, pero la visión de cada cual es lo que hace una obra única. Cabría entonces procurar que las hazañas estilísticas ayuden. Creo que sería hora de concentrarnos más en la sinceridad de lo que se expresa. Es posible que ahí, sin darnos cuenta, aparezca lo nuevo. O no. Pero esa labor crítica ya corresponde a otros.

—Algunos consideran que la literatura cubana no vive un buen momento. ¿Comparan a los autores actuales con otras generaciones? ¿Qué piensas?

—Es una vieja práctica aquella de comparar lo actual con lo anterior. Y no siempre sale bien parado el presente. Casi nunca. Es algo que está en el imaginario colectivo. Me viene a la mente el refrán “Todo tiempo pasado fue mejor”, pero me gusta más la filosa reflexión de Ernesto Sábato en El Túnel: “…ni el diablo sabe qué es lo que recordará la gente, ni por qué…”. Y a riesgo de caer en la ironía de usar como máxima para mi respuesta una frase de más de 70 años; te contesto: Creo que aún está viva, la literatura cubana. Late en muchísimas voces, bien sonoras y definidas. Las anteriores nos dejaron ese legado. No me creo que un estado de salud se defina por una época. Hay mucho más en juego. La literatura cubana existe y resiste en el discurso de cada tiempo. ¿Mejor o peor? No voy a ser yo quien lo juzgue.

—¿Qué importancia le concedes al curso de técnicas narrativas del centro Onelio Jorge Cardoso?

—Otra pregunta que me agrada. Imagínate, pasé por el Centro Onelio entre 2010 y 2011, y ahora trabajo como especialista en Relaciones Públicas de ese lugar. Para mí es el destino y sus antojos. Un ciclo que se cierra y se abre con perspectivas cada vez más interesantes. El Centro Onelio marca mi vida desde todas las maneras posibles. Fue mi entrada verdaderamente seria en la literatura y hoy por hoy mi mayor compromiso profesional.

Podría aprovechar este apartado para, cumpliendo con mi trabajo y respondiendo a tu pregunta, hacer una especie de promoción solapada del curso de técnicas narrativas, pero en cambio voy a emplear el suspenso. A ver si continuamos conquistando cada año más solicitudes al curso, que ya sobrepasa los mil egresados. Esos, los que ya han estado, saben de lo que hablo.

—¿Cuán difícil o fácil es publicar hoy en Cuba para una escritora joven?

—No es fácil y tampoco difícil. Creo que es natural. Es algo que está ocurriendo orgánicamente. Los sistemas están creados. Las editoriales de la AHS hacen un trabajo encomiable con la difusión de la literatura joven (crisis y dificultades aparte…). Los premios han resultado una vía expedita para alcanzar la letra impresa y algo de promoción. Pero olvidamos, quizás, que existen otras posibilidades. Conozco varios escritores publicados por la vía tradicional, que desde las redes están logrando resultados interesantísimos, y cuyos textos llevan entonces un carácter más inmediato y más íntimo. El escritor se adapta a los tiempos. El escritor cubano, adapta el tiempo a sí mismo y a su realidad. Y eso me encanta.

—Si pudieras promover autores jóvenes o libros específicos de la literatura cubana más reciente, ¿cuáles serían?

—Esta es una de esas preguntas trampas. Exige una respuesta imposible de conseguir, al menos para mí. En primer lugar, porque quizás los autores que me impactan no quepan en el reducido espacio de esta entrevista, o porque en la premura de la respuesta olvide algún nombre, pero básicamente porque no puedo afirmar algo sabiendo que aún me faltan textos y autores por conocer.

“Asignatura pendiente. Sin embargo, sí me comprometo con algo. Y no solo es mi criterio, sino también de la institución que represento: Apostamos por esa voz que más allá de las técnicas, o gracias a ellas, se hace escuchar, porque lo que tiene para decir da igual si es sucio, complaciente, incómodo o blando, mientras sea honesto”.

—¿Cómo te defines como escritora y persona?

—Definirse como persona nombraría todo lo demás. Sin embargo, es ardua la tarea. Es preferible verse en los ojos del mundo. Bueno, malo o regular. Hay algo de verdad en la concepción de los otros sobre uno mismo que a veces, casi siempre, no se desea saber o no se reconoce como propia. Como acá tenemos la imposibilidad de que puedas hacer semejante encuesta, trataré de elaborar algo cercano a lo que soy.

Y te confieso, me siento incómoda cuando me llaman “escritora”. Respeto el título y quizás por eso lo postergo. Te pongo un ejemplo del psicoanálisis: Lacan dijo que la función final de un análisis es la producción de un analista. Quizás la producción final de mi literatura sea mi nacimiento como escritora. Por ahora no lo soy. Y no sé si algún día me autorice a llamarme así. De momento, soy una psicóloga que escribe.

—¿Qué referentes tienes en la literatura, cubanos y extranjeros? ¿Por qué?

—Partiendo de que mi acercamiento a la literatura ha devenido de alguna manera en un interés y rigor prácticamente científicos; te diré que siento predilección por aquellos autores complicados. Los que han muerto por sus propias manos, los que sufrieron y los que aún sufren. Los rotos, los esquizofrénicos, los sucios. Me atraen sus fantasmas y por eso necesito sus letras: Joyce, Poe, Cortázar, Proust, Virginia Woolf, Bukowski, Artaud, Hemingway, Pessoa, Kafka, Alejandra Pizarnik, Pavese…

Menciono otros quizás no tan rotos pero que me han impactado: Saramago, Piglia, Kundera, Rulfo, Clarice Lispector… Y de los autores cubanos, me es difícil elegir. Con Virgilio Piñera creo que en algún momento llegué al punto del fetiche. Me han marcado también las búsquedas de Padura, la objetividad de Pedro Juan, el dolor de Carlos Montenegro, la magia de Carpentier. Sin olvidar a Wichy, Juan Carlos Flores, Ariel Ribeaux… No voy a seguir.

—¿Cuáles son tus principales sueños en el mundo creativo?

—Que me alcance el tiempo, que fluyan las ideas y que me siga conmoviendo lo suficiente el mundo para que merezca la pena contarlo.


Convocatoria del Curso de técnicas narrativas 2019

Con el objetivo de continuar estimulando la formación y el desarrollo de los jóvenes narradores, el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, convoca a los jóvenes narradores de toda la Isla, de 16 a 35 años edad, al próximo curso de técnicas narrativas.

Los interesados en participar deberán enviar tres cuentos o un fragmento de novela y los siguientes datos personales: NOMBRE Y APELLIDOS, CARNÉ DE IDENTIDAD, EDAD, DIRECCIÓN, TELÉFONO, CORREO ELECTRÓNICO, Y UN BREVE CURRÍCULO, para ser evaluados por la dirección del Centro a:

Centro Dulce María Loynaz
Curso de Técnicas Narrativas
Calle 19 #502 esquina a E
Vedado, Ciudad de La Habana

El plazo de admisión de los textos ce rrará el viernes 20 de diciembre de 2019. LAS SOLICITUDES DE LA HABANA, ARTEMISA Y MAYABEQUE SE ENTREGARÁN DIRECTAMENTE EN EL CENTRO DULCE MARÍA LOYNAZ.

Las solicitudes de los aspirantes de otras provincias podrán ser enviadas a: cursos.centronelio@gmail.com

Los aspirantes seleccionados serán notificados con suficiente antelación a la fecha de comienzo del curso.

El curso para los participantes de La Habana, Artemisa y Mayabeque comenzará en enero y las clases serán los sábados de 9:00 a 1:00.

Los participantes de las demás provincias se reunirán en dos encuentros nacionales de una semana de duración cada uno, en los meses de marzo y junio. Los gastos de transporte, alojamiento y alimentación para este grupo corren por cuenta del Centro Onelio.

Por más información llamar a:

Yamila Peñalver al 7-764-1786 o a Maylin Arencibia al 52740206.

También pueden escribir a: cursos.centronelio@gmail.com


El regocijo del silencio

Desde un universo lleno de sonidos, donde el poema pareciera nacer de un ejercicio de profunda meditación, la vibra creativa de Ismaray Pozo resurge como la hierba silvestre.

Esta muchacha pinareña, nacida en 1987, tiene tantas palabras y colores por compartir que, a pesar del silencio y ese halo de nostalgia o misterio que cubre su sonrisa, aquellos que la conocen no pueden ignorarla. Elegancia, sencillez y amor fueron los primeros rasgos que percibí en ella cuando la conocí.

Es poetisa, licenciada en Historia del Arte, editora, correctora y promotora cultural. Tiene dos poemarios publicados: Regresiones (Ed. Guantanamera, 2017) y Abisales (Ed. Loynaz, 2018), con este último obtuvo Mención en el Calendario 2017. Próximamente verá la luz por la editorial Extramuros tu libro La recitante, Premio Luis Rogelio Nogueras 2018.

Háblanos un poco del proceso creativo de este último cuaderno y la propuesta que nos trae

La recitante es un libro que nació pronto, pero luego de un largo proceso de acumulación, de ideas persistentes en los últimos años. Lo que estaba ahí acumulado se sedimentó por defecto. Era una necesidad. Por primera vez me planteaba hacer un libro.

Regresiones no es más que una selección de mis primeros textos, salido a la luz de una forma muy azarosa por el sello Guantanamera. Tiene un tono primitivo. Abisales fue más lúdico. El tercer brote es más consciente. La recitante es la voz (las voces) de una mujer. Esta mujer habla sobre sí y cómo ella se percibe; percibe el resto de las cosas. Y a su vez especula, desde una voz ventrilocua, lo que el resto percibe en ella. Es un libro sobre las representaciones. En la comedia, la recitante, es una farsante, una travestida/mutante.

¿Cuáles fueron los impulsos emocionales o creativos que te empujaron desde muy joven hacia el camino de las letras, especialmente la poesía?

No fue una cuestión de impulso, sino de no tener opciones, eso quiero creer. Fui una niña muy ensimismada, con gran vocación por la contemplación, el silencio. Lo aprecio. Me gusta cuando la palabra se mesura, se guarda. En aquel entonces parecía eso un problema, tener eventos de antipatía o evasión hacia la gente. Pensar, imaginar, era una ventana, una puerta anchísima. En casa teníamos un cuarto al que llamábamos “cuarto de los regueros”, pleno de libros de la colección Huracán, apolillados en su mayoría. Los libros fueron despertando una inquietud por la literatura; quería mimetizar lo leído. La poesía nació en la adolescencia, salvajemente.

¿En tus poemas, cuánto hay de la muchacha cinéfila que soñaba con ser directora de cine, de la historiadora de arte, de la mujer que eres?

Todo. ¿Qué puedo hacer sino serle fiel a mi razón? He intentado que mis textos sean más contenidos y menos frondosos. Que no sean desmedidos es su búsqueda, pero eso está dado por algo de lo que no me puedo desligar. La búsqueda ha sido una constante. El querer transitar otros caminos, no conformarme con lo hecho, sino ir de trasiego en trasiego. Mutando. Mudando como yo misma. Historia del Arte es una carrera que te abre a eso, expande, y nos deja, a los graduados, un radio, un extraradio de nombres, obras, acciones, expresiones del arte, que se quedan luego levitando, flotando en la cabeza para otras múltiples asociaciones. Es algo que no evito, de eso que flota agarro, como se hace con un globo lleno de helio. Lo dejas volar o lo tomas.

Tus libros se ofrecen como una especie de mapa que capta la sensibilidad de lo poético en otras manifestaciones del arte ¿Qué referentes artísticos y literarios han marcado tu obra?

No siempre he sido consciente de lo que quiero decir. Al principio, la poesía era salvaje, abrupta. No me despertaba eso, siquiera inquietud, ni cuestionaba que lo hecho fuese poesía. No de la manera que me lo cuestiono ahora. El cine y la música son otras constantes, muchos de los referentes que cito son musicales o cinematográficos. Loca por el jazz, cercana a un guitarrista que ha estudiado con Rodney Jones, Ed Cherry (músicos de Dizzy Gillespie), y tocado con Pat Bianchi (músico de Pat Martino), Brian Charette (músico de George Coleman). Vínculos como este han reforzado una pasión, ya vieja, por el jazz y la música de raíces negras.

Tuve inquietudes por el cine. Hice pruebas  para entrar a la FAMCA, a la EICTV de San Antonio de los Baños. Luego me di cuenta que esas inquietudes no eran deseos urgentes.

En la literatura, la poesía me roba. Creo en el chamanismo poético, el buen poeta, es un ilumidado, un develador, dispuesto a descuadrar lo que ve en infinitas posibilidades, a pulverizarse la mente y los ojos en el acto. Eso me llevó a descubrir la poesía de Emily Dickinson.

Fui conducida a leer a E.D, Pessoa, Eliseo Diego, Lina de Feria, Aimé Césaire y otras zonas de la literatura caribeña que me resultan explosivas y comprometidas: Édouard Glissant, Jacques Roumain. Luego A. Pizarnik, I.Vilariño, Clarice Lispector, Margarite Duras, Nelida Piñón, Anaïs Nin, Anne Carson, Igner Christensen (sugerida por Raydel Araoz).

He encontrado una cófrade literaria, un regalo, en Caridad Atencio, otra poeta que admiro por su fuerza, madurez, su ojo crítico brillante. Gracias a esto mi lectura se expande, por ejemplo, a la poesía norteamericana, poco explorada antes por mí, entre la obra de autoras como Susan Sontag.

Naciste en Puerta de Golpe, Pinar del Río, lugar donde resides actualmente y que quizás ha significado un golpe de inspiración para tu escritura. ¿Qué dificultades supone el hecho de ser escritora y vivir en un contexto rural?

Todo condiciona, por rebote, omisión, por carambola. El lugar puede hacer proclive que esa inquietud naciente se vuelva un estado, se pierda o permanezca. El espacio rural es cómodo para la literatura, “más tranquilo que la cara de una mujer que miente”; ahí donde escasea la polifonía, los ruidos de la ciudad, yo no encuentro más que chivas berreando, gallos, mis perros, algún que otro carro pasante, arrieros. La tensión está en otras cosas, en otras carencias. Ese no haber, hizo que buscara. El campo es un maravilloso lugar, una estación de brotes, otra de siega, rebrotes, resiegas…

Para un escritor que se inicia, las dificultades de un espacio así podrían estar dadas por la falta de visibilidad, el alejamiento de las bocas, de los censores de opinión. Pero eso no me supone un problema. Me regocijo en el silencio.

Eres graduada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. ¿Cómo influyó esta etapa en tu proceso creativo? ¿Actualmente escribes narrativa?

Me gradué en el 2016. Siempre dan ganas de volver. Pasar por el Centro Onelio lo sentía entonces como un imperativo. Sin ser de La Habana y pensando que de La Habana en algún momento tenía que marchar, estudiar allí era algo por hacer antes de irme.

 Escribí algunos cuentos. Leí uno sobre una mujer con problemas de sujesión en el mundo físico. Para resolverlo ella tenía que hacer un ejercicio: desbloquear su chakra radical haciendo pucheros. Eduardo Heras, me dijo «eso es terrible». Me cuestioné si estaba haciendo bien.

En las clases, escribía poesía. Llevaba más de 10 años escribiendo poemas, intentándolo, pero aquello era otra búsqueda. Tardía para escribir como era, no sentía que fuese mi mayor directriz, sino otro medio, como el cine, las artes visuales, la música, un método, un haz de luz sobre las cosas. Podía publicarse, y no.

Agradezco al Centro la redirección del camino. El gusto por la poesía es lo más persistente. Luego de eso, he intentado hacer algunos cuentos que después de un humazo, como en la magia, se deshacen.

Paralelamente a tu faceta creativa, trabajas como promotora cultural, editora y correctora en Ediciones Loynaz. ¿Qué ha aportado esta labor a tu proceso creativo?

Mucho. Constancia, seriedad. Estar de cerca en el proceso de creación y armazón de un libro ha hecho que me involucre más, no solo en lo mío, también en lo ajeno. Agradezco a la Loynaz por todo ese aprendizaje.

¿Cómo definirías a los poetas en el siglo XXI?

El poeta del siglo XXI es un hombre de su época. Con las mismas constantes e inquietudes humanas, que son como despertares. Siempre que nace un hombre está yacente ese anillo que nos sobrepasa: “el ser”; y cada motivo reincidente que viene con “el ser”: el tiempo, el lenguaje, la acción, la narración de esa acción, el fin. Es lo mismo.

El hombre, el poeta, sigue siendo un buscador de oro.

Tenemos ahí la obra de los poetas de siglos pasados. Siento que ahora, en el arte, no se niega lo anterior. De lo anterior bebemos, nos atragantamos, nos insertamos en una gran argamasa.

¿Con qué generación te identificas más dentro del plano de la literatura cubana? ¿Cómo pudieras definir a tu generación?

La literatura cubana es riquísima. Un framboyán floreciente, eso hace que hayan nombres descoyantes como picos de iceberg en todas las generaciones. Todo el tiempo. Pero, me siento más cercana a la literatura del siglo pasado que a la del siglo XIX, incluso más cercana que a la de este siglo. Ahí está Orígenes, un parteaguas, y otros llegados después del 59, como Diáspora(s) o Palenque, grupos en sí mismos, en los que se puede identificar voluntades semejantes.

No me siento parte de ninguna generación literaria. ¿Qué nos auna a los jovenes, más allá de la búsqueda de la literatura como albergue? La literatura no se hace grupalmente. A veces coinciden en tiempo, en ideas, en lucidez intelectual, varias personas que hacen su trabajo en soledad.

Siento un ansia en los poetas jóvenes de adelantarse a su tiempo, de saltar voluptuosamente como mariposas. Paul Ricoeur habla en Volverse capaz, ser reconocido de la identidad narrativa, de la temporalidad en la identidad. Hablar ahora de mi generación, teniendo a Ricoeur en la frente, sería dejar inacabado el relato. Tendrá que pasar un tiempo para que otros hablen de mi generación. A nosotros, los jóvenes, solo nos queda trabajar, trabajar mucho. Es cosa del tiempo poner los nombres en fila india. 

¿Qué rasgos marcan la esencia de Ismaray Pozo?

Soy una loba esteparia. Solía ser más mustia. Ya me adapto, renuncio, hay en la renuncia una revelación, como dijera la Lispector. Serena. Pocas cosas me descentran o inquietan como la voluntad de hacer mal (siquiera la perversidad inocente). Salvando esa voluntad malsana que rechazo, con lo demás puedo lidiar.

¿Cuáles son tus sueños y proyectos en el plano literario para los próximos años?

Escribir y esperar. “Esperar es buscar”, dice Anne Carson. Esos son los proyectos próximos: escribir y buscar.

 

COMERSE UN PEZ SAGRADO

Christo lanzó una manta de plástico

sobre la costa. Resolvió aquietar

el bullicio donde nace un país.

Esto es una glorificación:

plastificar un pantano.

La identidad prende en los musgos primeros

donde ahora cangrejos no encuentran alimentos

sino una redención de yagua

o tobogán, algo resbaladizo (en resumen).

La peripecia de Christo es camuflarlo todo

donde allí lo torvo

donde allí todo era un ejercicio

donde el progreso vertió al mar, resonante.

Ahora imprecisos, resignificaríamos

con nuevos nombres.

 

Una podría decir, donde nace un país

hay blanca premonición (la del día)

pero lo enigmático concede al mar

la ambigüedad de los perros asustadizos.

El pez es el origen

la cola afilada, el remilgo de los pies juntísimos

el hombre podría ser una mujer

que resurge de los cuerpos marcados

del mito involuntario de la Sikán.

Ella veladora se sacrifica:

ve rodar la cabeza del chivo.

Había bajado del monte el Inocente

huyendo de otra mujer que bebería la sangre

de sus testículos. Y hacia ella fue a parar

el Inocente, a la mu(jer)erte última.

La primera muerte llegará cuando

el sol no rasgue la nata sintética

sobre las cabezas.

 

La Sikán la Sikaneka/ sin país

rehogó los ojos en una cesta

de otro Cristo, ahora preocupado

por el amor al prójimo ─menos humano

menos inteligente─

no se sacrifica por los otros

esto que a mí me cuenta tanto

[el horror de la cucaracha al ver el miedo ajeno

es más que su propio horror terebrante]

Cristo no sabía de aquellos hombres lobos

menguando peces a zarpazo.

El mundo era más antiguo a todo, a él mismo

a otro Krzysztof Kieslowski.


Lourdes Mazorra: “Yo entro en trance cuando escribo”

Ya nada podrá detener a Lourdes Mazorra López, ganadora del Premio Celestino de Cuento, en su XX edición. Con ese lauro ─que por tercer año consecutivo gira las miradas a Camagüey─ ella da riendas sueltas a sus deseos de narrar.

En el 2018 cursó el prestigioso Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde estuvieron, en años diferentes, las coterráneas Evelin Queipo y Martha Acosta, merecedoras del Celestino 2017 y 2018, respectivamente.

Lourdes domina lenguajes de medios diferentes y de todos se aprovecha para cumplir los impulsos y los sentidos que la escritura ha ido tranzando desde su niñez y que ha perfilado en la temprana juventud.

Trabajó como periodista de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, y se mantiene como colaboradora de Televisión Camagüey desde su etapa de estudiante de periodismo.

Guionista y productora del documental Soy Maravilla, dirigido por Norlys Guerrero Pi, con quien comparte las intensidades del amor por las imágenes y también coincide en la sección de audiovisuales de la Asociación Hermanos Saíz.

A sus 26 años tiene grandes esperanzas con el mundo literario en el que se abre paso con talento y honestidad.

Con Rubén Rodríguez González en el Premio Celestino de Cuento/Tomada del Facebook de la entrevistada

 

Nuestro pretexto para conversar fue tu premio Celestino 2019, si ya lo tienes, ¿qué esperas para creértelo?

El Celestino no me lo esperaba. Se presentaron 20 cuadernos. Luis Yuseff y Norge Labrada me preguntaban “¿estás contenta?”, yo aún estaba asimilándolo. Los premios tienen dos cosas: comienzan a hacerte visible, te abren puertas; y por el otro lado son un impulso porque puedes publicar y quieres seguir trabajando, más fuerte que antes.

Ganas con Las fauces, ¿nos adelantas algo?

Las fauces es un libro de nueve relatos desde la perspectiva femenina, aunque en algunos el narrador sea masculino. Es un libro incipiente que indaga en las significaciones para el ser humano de la pérdida y el dolor, desde la muerte física hasta otros tipos de pérdidas en lo espiritual, psicológico y familiar. Trabajé mucho las atmósferas y la construcción de los personajes, todos dañados de alguna manera. Siempre tengo que conocer a mis personajes, su pasado, presente y futuro, aunque después toda esa información no quede en el cuento, pero es importante para el desarrollo de la historia. Yo vivo la historia. La edición empieza en agosto. Saldrá para la Feria del Libro del 2021. Me siento agradecidísima de Ediciones La Luz y su equipo de trabajo.

¿Estaban iniciados cuando cursaste el Centro Onelio?

No. Dicen que a algunas personas les da el bloqueo “posOnelio”, al no poder escribir por sentirse agobiados por todo ese contenido recibido en el centro. A mí el “Onelio” me abrió aún más. Entré con tres cuentos, que no son con los que gané la beca El caballo de coral ni tampoco los de este cuaderno, excepto No me olvido de tu cuadril. El “Onelio” me regresó a la realidad con muchas ganas de escribir y de hacer.

Tenías reservada la sorpresa de la beca, ¿qué te propusiste con El caballo de coral?

Con la beca de creación intenté ser un poquito más ambiciosa. Mi proyecto no fue de cuentos aislados. Aun cuando los puedas leer de manera separada, aspiro a que tengan el hilo conductor de sus personajes. Así funcionará también como un juego, y si empiezas por el relato del medio no necesitarás entender la historia precedente o la que sucederá. Me emociona jugar con la escritura, quiero entender y luego crear mis propios significados, creo que el divertimento es muy importante cuando se trata de algo tan serio como la literatura. Este proyecto es ambicioso, por eso sigo trabajando.

Lourdes Mazorra con Heras León/ Foto:Cortesía de la entrevistada

 

¿Asumes la narrativa como gimnasia de estilo?

No se puede dejar de escribir aunque todo lo que escribas no es publicable o mucho después lo deseches, tampoco se puede tener miedo a eliminar lo que no sirve, porque el estilo llega con los años y la experiencia, es una búsqueda incesante. Me siento cómoda en la narrativa. Para mí el cuento es un trance en el cual el punto final viene siendo el “evohé” del “orgumio” cortazariano. Yo entro en trance cuando escribo, no puedo parar, y casi todos mis textos tienen un aliento poético. Cuando me tocó leer en público en el Centro Onelio, Eduardo Heras León me aconsejó escribir un cuento más seco, porque me sale mucho la poesía, pero luego me alentó hablando sobre Dulce María Loynaz y Julio Cortázar. Se trata de escribir y escribir.

¿Por qué recomiendas tanto el Centro Onelio?

El Centro Onelio te acorta y te alarga el camino. Llegas desprevenida pensando que sabes mucho de literatura o que estabas leyendo con orden en tu vida, y no. El Centro Onelio te va creando pautas, incluso en la búsqueda del estilo recomienda autores, da técnicas y herramientas. Pero al mismo tiempo alarga el camino porque abre muchísimas puertas y comienzas a ver todo de manera distinta, a leer de manera distinta, a cuestionarte la realidad y a pensar en otros temas. A buscar ese poder de imantación que el cuento debería tener, como dice Francisco López Sacha. Todo aspirante a escritor debería optar por el Centro Onelio. Para mí fue la primera experiencia de leer algo en público. Influye a la hora de aceptar críticas o de ir construyendo tu propio relato en grupo. Además, es invaluable la oportunidad de recibir clases de escritores como Heras León, Raúl Aguiar y Sergio Cevedo.

Una cosa importante es el talento y otra, la gente que te impulsa, ¿a cuáles camagüeyanos agradeces de primero?

A la escritora Oneida González. Le escribí a ella cuando supe la noticia del Celestino. “Te ganaste un premio”, algo así le puse, porque Oneida fue quien me habló del Centro Onelio cuando yo tenía 19 años, y lo cursé a los 25. Hizo las primeras críticas a mis primeros cuentos y lo sigue haciendo con honestidad y cariño. También agradezco a Obdulio Fenelo, el primer camagüeyano que ganó el Premio Celestino en 2006, cuando se concursaba con un cuento. Él siempre me dice que leer es la comida de los escritores y escribir, el ejercicio diario. Pero de todos los agradecimientos, empiezo por mi familia, a ella lo primero.

Lourdes Mazorra en el Centro Onelio/Foto: Cortesía de la entrevistada

 

Te he visto en varios espacios tocando el tema polémico de la literatura y el periodismo. Eres periodistas, ¿cómo te gustaría ser mirada en ese gremio de escritores que aún no cuenta al periodismo como literatura?

Como una periodista que escribe o como una escritora que hace periodismo. No hay diferencias para mí. Siempre he tenido claro que yo quiero escribir. Me sugerían estudiar Filología en La Habana y yo pensé en Ernest Hemingway, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Jorge Mañach… la lista sería interminable. Muchos de los grandes escritores ejercieron el periodismo. En esta profesión también he encontrado herramientas para narrar. Me alegró ver en el evento del “Celestino” a muchos periodistas, entre ellos, en el jurado, a Rubén Rodríguez, ganador de importantes premios nacionales y editor del periódico Ahora, de Holguín. Aunque esta polémica se ha ido superando, lamentablemente hay quienes todavía te enganchan un cartel.

Llenar una planilla contigo no es fácil. Entraste a la AHS por la sección de audiovisuales, y bien que pudieras estar en la de literatura o en la de crítica e investigación. ¿Cómo lo resolvemos?

Sobre todas las cosas quiero escribir, pero no voy a dejar de hacer audiovisuales porque me interesa desde el guion y la producción, la paso bien, son retos que me pongo. No quiero dejar de asumir proyectos desde el documental porque el documental es una manera también de narrar. Oneida me decía: de vez en cuando suelta el libro y ve una buena película, porque las películas te enseñan también a narrar para la escritura. Es verdad.

La Asociación en Camagüey te tiene entre sus jóvenes de vanguardia, ¿te satisface eso?

Si el “Onelio” me abrió puertas desde la escritura, la AHS me ha dado la posibilidad de participar en eventos, de compartir entre los jóvenes y también para llegar a otros lugares. La AHS es imprescindible para los jóvenes que queremos hacer arte, y para publicar ofrece muy buen espacio para empezar.

En el Premio Celestino de Cuento/Tomada del Facebook de la entrevistada

“No construyo universos cotidianos, sino nuevas realidades”

Taimi Dieguez Mallo despertó mi interés en aquellos años —no tan lejanos, pero sí— en que ambas compartíamos las aulas del Instituto Superior de Arte. Desde entonces, Taimi ha crecido como autora y se ha esforzado por mostrar una poética donde la mujer y la madre aparecen como epicentros, raíces de sentido que han enrutado su escritura. Entrevistarla, es pretexto para conversar con la amiga y la creadora.

 

La madre, la matria y las figuras femeninas son parte indiscutible de tu escritura. ¿Cómo has ido construyendo a la dramaturga que eres?, ¿cómo estos temas han llegado a ti?

Mi historia de vida me ha propiciado hablar sobre la figura femenina y, en especial, sobre la madre. Yo perdí a la mía siendo niña, por lo que a través de la escritura y la creación he reinventado esta relación, ya bien para saldar esta ausencia o para profundizar en el fenómeno de la maternidad, y del sistema de relaciones que se establece entre las madres y sus hijos; si bien nuestra sociedad, por más patriarcal y machista que sea, sigue teniendo a la madre como fuente de vida y alimento. Es en realidad esto lo que me interesa: las potencialidades creadoras de una mujer. Al menos, es de esto de lo que ahora me ocupo. Quizás a la vuelta de unos años me preocupen otras cuestiones. Pero creo que es muy difícil abandonar algo tan complejo como es la creación. ¿Qué creamos? ¿Cómo lo hacemos? ¿Para qué lo hacemos? Son preguntas filosóficas, si tomamos la creación como existencia. En resumen, creo que soy una autora que se ocupa sobre la posibilidad de nacer, de ser… con esto quiero decir: elegir nuestro propio destino.

 

¿Cuándo y cómo supiste que querías ser dramaturga?

Decido estudiar dramaturgia porque quería cursar estudios en una escuela donde me enseñaran a escribir bien, donde me cultivara como artista. Pensaba apropiarme de las herramientas dramáticas para perfeccionar mi narrativa y mi poesía, que fueron los primeros géneros en los que incursioné. Pero antes de escribir y encontrarme con el mundo de la literatura, hice teatro como aficionada y fui por algún tiempo instructora de arte. Por esto, el teatro me era familiar.

 

Los hechos de la vida, oscuros o esplendentes, ¿sirven como material dramático?, ¿de qué manera resemantizas la existencia para escribir tus propias obras?

Cuando escribo una obra —dramática, narrativa o simplemente un poema— lo hago porque hay algo que quiero decir, algo que he descubierto o intento descubrir; por eso mismo lo escribo, para verlo. Ese “algo” puede ser cualquier cosa que tenga que ver conmigo, con mi vida y mi relación con el mundo. No escribo desde otro lugar que no sea desde mí, como creo que les sucede a todos los artistas. Lo interesante, en cada caso, es la estrategia que seguimos para crear. En mi caso, me interesa la fusión de las realidades, la hibridación, lo ambiguo, lo poético. Y esto porque me importa la propia creación como tema de creación, así como hay dramaturgos interesados en mostrar con su obra los propios procedimientos del teatro y se sirven de una estrategia metateatral, o quienes prefieren los términos de la autoficción o teatro documental. Yo acudo más a la poesía.

 

Muchos de tus personajes viven en mundos de cruda belleza. Incluso dentro de sus oscuridades se ve lo hermoso. ¿Por qué? ¿Qué universos te interesa construir, nuclear, mostrar?

La vida nunca ha sido para los humanos en blanco y negro. La vida está llena de colores, tonalidades, matices, texturas, volúmenes; en fin, la forma de la vida puede ser sorprendente. Generar sorpresa, asombro, misterio, es algo que me cautiva en la creación. Por ello no construyo universos cotidianos, o al menos, intento distanciarme de la cotidianidad, aunque una historia pueda desarrollarse en un edificio multifamiliar, en nuestros días y el conflicto de los personajes ser el más mundano. Yo logro conducir esta realidad por los caminos de la poesía, que me permite generar lo insólito, decir sin ilustrar, sino produciendo nuevas realidades. Por ejemplo, en una obra como Manzanas sobre la nieve. Drama semiepistolar, no puede el lector esperar que estas manzanas sean rojas o verdes, tendrá que prepararse para verlas de otro color.

 

A qué tributas primero, ¿a la escritura o a la escena?

Primero tributo a la escritura, porque como dice el maestro Juan Mayorga: dirigir es escribir sobre la escena. Pero también porque me siento más lista para asumir la página en blanco que la escena vacía. Quizás es una cuestión de formación, de entrenamiento. Sin embargo, los dos mundos son electrizantes, cuando uno se abre camino por ellos.

 

En 2018 obtienes Premio Literario “Hermanos Loynaz” por el libro de cuentos Piedras a los varones. Al parecer tu escritura se enrumba también hacia la narrativa, ¿llegarás a la poesía y a otros géneros?

Piedras a los varones es una deuda que tenía con la narrativa que, junto a la poesía, fueron mis géneros de entrada a la literatura. Es un libro de cuentos que estuve escribiendo por años, incluso antes de entrar al ISA. No son esos primeros cuentos de la vida, ya había ensayado antes, cuando cursé el Centro Onelio. Estos cuentos los escribí sintiéndome ya más confiada como narradora y están contaminados por el teatro, por las voces de los personajes, por sus monólogos o diálogos internos, por las acotaciones, por la multiplicidad o simultaneidad de espacios. También hay un coqueteo con la epístola y, sobre todo, una fuerte presencia de la poesía, del lenguaje poético. Yo quería escribir cuentos en los cuales se cruzasen otros géneros literarios. Los temas fundamentales son la muerte, la violencia, la soledad, el sexo, tratados desde el deseo de los personajes por vivir, personajes, por lo general, femeninos y jóvenes. Y sí, pienso seguir escribiendo narrativa, me gustaría mucho hacer una novela. Nunca he dejado de escribir poesía pero no la he publicado, no he tenido esa suerte.

 

La idea de llevar tus propios textos a escena, ¿cómo nace y qué experiencias te ha reportado hasta ahora?

Llevo mis textos a la escena, en primera instancia, para que se conozcan. Lo contradictorio es que no los llevo tal cual, porque cuando creo en la escena, me gusta vivir un proceso de descubrimiento, como en el papel. Por tanto, no puedo reproducir mi obra tal cual. Mi paso por la escena, que todavía es muy breve, me ha valido para comprender que en cualquier acto de creación, el artista tiene, como más importante deber, el de decidir. El artista tiene que decidir qué hace, cómo lo hace y para qué, y debe ser coherente con sus decisiones. Ahora bien, nunca debe renunciar a la posibilidad de experimentar.

 

¿Crees que la escena cubana actual es compatible con todo tipo de escrituras o existen algunas que quedan marginadas?

Si hay alguna escritura marginada es porque el autor no ha sabido moverla hacia las tablas. El autor no puede encerrarse en la soledad de su escritorio, a no ser que no le interese llegar a la escena o a una simple lectura dramatizada. Yo, generalmente, hago teatro con mis amigos, aunque he tenido la suerte de querer ser estrenada por Teatro El misterio, que dirige Delia Coto.

 

¿Qué narradoras, poetas y dramaturgas te interesan?

Me gusta mucho Virginia Woolf, su novela Las olas y Orlando las envidio, en el buen sentido de la palabra. También me gustan mucho las poetas Emily Dickinson, Elizabeth Bishop y Dulce María Loynaz.

 

¿En qué momento creativo de tu vida te encuentras y cuáles son tus horizontes más próximos de escritura?

Ahora mismo estoy próxima al estreno de Con la ropa de mi madre. Obra para ser dicha por el perro hembra, que hago en colaboración con Nadianys Boudet. Esta obra también verá la luz por Ediciones Matanzas este año. Y estoy reescribiendo un texto dramático sobre el inicio de las guerras de independencia, que también será mi próximo proyecto para la escena, en colaboración con un artista visual.


Tras los pasos del Chino Heras

La primera es su magisterio, humilde y desinteresado, al punto de uno pensar que el Chino ha dejado de hacer buena parte de su obra –esa novela o esas memorias que nos debe– por revisar tus cuentos con toda la paciencia del mundo, mientras te habla de las técnicas narrativas que desconoces citando la obra de sus maestros o que has usado, pero sin saber que estabas utilizando una caja china o un dato escondido en tus historias. [+]