Centro Onelio


Literatura, remedio santo contra los bichos en mi cabeza

No sabe uno cuándo se cruza la puerta, usualmente solo caminas hacia ella, se gira el picaporte y entras, o sales. La narrativa de este joven autor cubano, que atesora no pocos lauros, es una constante invitación a ese pasillo que incita, sutil, a que te adentres sin temores al filo de sus letras. Bastó desear Katabasis para girar el llavín. Recorrí junto a sus reos, las celdas, el patio, sentí pena del “Pisa Flores” y una sensación de cercanía me hizo suya, el libro me atrapó. No hay nada mejor que saberse atrapada por los libros. Con la gracia de una pluma bien cuidada, David Martínez Balsa va llegando a su sello escritural, donde el realismo será siempre la manta que, pese a la crudeza, con dulzura nos cubra.

Ganador de importantes certámenes literarios como: Mención en el VI Concurso de Literatura Fantástica “Oscar Hurtado” 2014; Beca de creación literaria “El Caballo de Coral”, en 2015; primera mención en el Concurso de cuento “Camello Rojo” 2016; tercer Premio en el Concurso Juventud Técnica y Premio David en la categoría de cuento, ambos en 2017; inalista del Premio Pinos Nuevos 2018; mención en el Premio “La Edad de Oro” 2020; segundo Premio en el Concurso Farraluque de Literatura Erótica 2021; Premio Regino E. Boti de Literatura para niños y jóvenes 2021; mención en el Premio Bustos Domecq 2021, de novela; cuenta con dos libros publicados Minutos de silencio, Ediciones Unión (2019) y Katabasis, Editorial Primigenios (2021). Mención en el Portus Patris, 2021, con la obra Zil 131. Sin dudas, un joven al que el tiempo para crear siempre le es escaso.

¿Cómo fueron los inicios de Martínez Balsa en la literatura?

Mis padres siempre fueron el impulso para hacer de la lectura un hábito, una constante, sobre todo mi padre, que era un lector muy voraz. La necesidad de escribir, ese apremio de contar historias fue el detonante para comenzar en este oficio, que en un principio se manifestó a través del dibujo, las historietas, pero eventualmente recurrí a la escritura porque dibujando soy un desastre, y probé, probé, y aunque los primeros pasos no fueron los mejores, me permitieron descubrir una excelente forma de ventilar mis inquietudes, de darle salida a esos bichitos que andaban comiéndome el coco, y, por supuesto, sí, la lectura ha sido crucial en mi desarrollo como escritor.

Entonces, David, una vez que decidiste ponerle “magia al coco”, cuáles fueron esos referentes que te acompañaron en ese decursar, sin los cuales hoy, tal vez, te sería inimaginable.  

Realmente son muchos, pero puedo intentar mencionarlos, entre los que más me han influenciado están: Vargas Llosa, por la destreza narrativa que siempre exhibe en todo su trabajo, cómo juega y experimenta con las técnicas dándole un toque de sencillez; Flaubert también me gusta muchísimo por sus descripciones casi cinematográficas, la originalidad, con él aprendí la importancia de la revisión, el valor que tiene leer en voz alto el texto, cómo encuentras barbaridades al escucharte, las cuales se hacen imposibles de ver cuando solo lees; el chino Heras, que creo que siempre será un referente para todos los que pasamos por el Onelio, o hemos tenido el placer de leer alguno de sus libros. En mi caso, su volumen La guerra tuvo seis nombres, fue un gran apoyo pues, cuando lo leí estaba comenzando a escribir Minutos de silencio y la influencia de su narrativa me fue de gran ayuda para el desarrollo de mi libro, un gran empuje; a Sergio Acevedo lo admiro por lo técnico que es en su literatura, por lo perfeccionista y por enseñarme a ser intransigente con mis textos. Padura también me ha nutrido, por su aporte a la literatura realista policíaca en el entorno cubano; Luis Rogelio Nogueras, por la naturalidad de su prosa, sus diálogos. Existen otros, a los que no me gustaría dejar de mencionar ya que diversifican esos referentes, entre ellos está Stephen King, a pesar de no ser muy bien visto por la crítica especializada, pero que para mí, es un maestro.

Ya que mencionas en tus referentes a algunos de los profesores del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y cuánto ha nutrido a tu formación el poder haber interactuado con ellos, quiero hacerte una pregunta, que en las redes ha tenido sus momentos de auge polémico en los últimos tiempos: ¿crees que realmente los talleres literarios son necesarios, cuán imprescindibles los sientes?

Considero que no deben ser ignorados los talleres literarios, son necesarios, siempre se aprende, así sea mínimo, pero nunca se va uno con las manos vacías. En el caso del Onelio, es una joya, una gran oportunidad para el escritor amateur, a pesar de que siempre se dice que “nadie puede enseñarnos a escribir, que es un don que simplemente se tiene o no”, más allá de eso, ahí te entregan las herramientas necesarias para desarrollarte mucho mejor en este ámbito, lo aprendí ahí y en otro curso que pasé también. No solo entregan los instrumentos, sino que alimentan el ánimo, brindan empuje para emprender una carrera en el mundo escritural, permite que conozcas a otros escritores, intercambiar ideas, retroalimentarnos unos con otros. Pienso incluso que hay pocos, debieran ser más los talleres literarios en Cuba. Y bueno, como todo oneliano, siempre he anhelado el retorno a esas aulas. Si eso pasa, el deseo de querer repetir el curso, entonces es porque realmente muchas cosas mágicas trae consigo.

Nos comentabas que hubo otro curso-taller que pasaste con el grupo Punto de Giro, donde tuviste la oportunidad de armarte de herramientas con fines escriturales bastante amplios. ¿Cómo llegaste a este curso? Quizás para los lectores resulte de interés saber que existen otras opciones.

A ese curso llegué a través de un anuncio en el periódico, hace realmente ya unos cuantos años. Era auspiciado por un grupo de escritores que se hacía llamar así “Punto de Giro”, desconozco si hoy en día sigue funcionando, pero era muy interesante. Un curso muy sencillo, nos reuníamos en una biblioteca en 100 y 51 y recibíamos clases de un joven profesor, con un increíble conocimiento tanto de literatura, como de cine, radio, y eso nutría mucho al proveernos de un punto de vista más holístico buscando relación entre todas esas manifestaciones del arte y la literatura, los modos de hacer, apropiarnos de técnicas. Fue como el preámbulo de lo que vendría en el Onelio.

Portada MINUTOS DE SILENCIO

¿Por qué escribir realismo, qué hace al género tu zona de confort?

Bueno, la narrativa realista a mí siempre me ha brindado mucha comodidad, por las libertades que ofrece para explorar, tanto en tus propias experiencias como en las de otros. Es ideal para tratar todo tipo de inquietudes, vigentes o no, de hecho, muchos opinan que es un género gastado, manido, porque se han tocado ya tantas puertas que no queda tela por donde cortar de modo que suene original y mueva al lector. Pero yo siempre he creído que no es el tema que se toque sino la vía para tocarlo, está en ser innovador, en la manera de hacer. Pienso que siempre va a haber de qué hablar, así es la realidad, cambiante, nunca estática. A pesar de los clichés, de los lugares comunes, a los que no escapa ningún género, no es solo en este, no creo que vaya a pasar de moda. Para mí es todo un reto precisamente por eso, porque es uno de los más explotados, y tener que reinventarme todo el tiempo para huir de lo manido, me mantiene motivado.

¿Crees que sean los escritores de realismo, cronistas de su tiempo? ¿Deben serlo?

 Sí, me parece que los escritores de realismo de una forma u otra son cronistas de su tiempo, ya sea de manera consciente o inconsciente, es inevitable que se nos cuele esa realidad a la hora de escribir, por mucho que tratemos de despegarnos, siempre se nos traspapela. Incitamos a los personajes o a la situación de modo que se refleje nuestra realidad, nuestras perspectivas. Pero creo que esta condición no es exclusiva de los escritores de realismo, sino de todo el que escribe, incluso hay escritores de CF y F que también cuelan esa realidad objetiva en sus historias de alguna forma, saben disfrazar muy bien su narrativa pero el mensaje está ahí.

¿Cómo fue la llegada al grupo de tu primer libro: Minutos de silencio?

Este primer libro llega al público gracias a Ediciones Unión, que lo publicó en 2019 tras haber ganado el Premio David en 2017, y tengo entendido que disfrutó de una muy buena acogida por parte del público, incluso hasta se barajó la posibilidad de una segunda edición, que por desgracia no pudo concretarse. Del libro en sí, de la labor de la editorial, realmente no tengo ninguna queja, hicieron un trabajo excelente, la diseñadora, el equipo de promoción, me consultaban constantemente para todo, desde la corrección de un párrafo hasta la cubierta del libro. Me sentí más que protegido como autor y bienvenido y como primera experiencia en el mundo editorial, fue muy grata. Y bueno la alegría de haber publicado un primer libro es una que no tiene nombre, no hay palabras para describir eso, de este primer libro siempre voy a estar orgulloso.

Grato ha sido saber que gozaste de una entrada por la puerta ancha en el mundo editorial en Cuba, y de seguro no será el único picaporte que se gire a tu favor porque proyectos no faltan. ¿Qué metas están próximas a vencerse, Martínez Balsa?

Bueno, ya comentaba sobre Minutos de silencio, mi primer libro, y Katabasis fue otra de esas metas vencidas recientemente, publicado por Editorial Primigenios en este año. En estos dos libros seguí, al escribirlos, más bien una fórmula conceptual, conservadora, donde todas las historias están concatenadas y tal; en Minutos de silencio el tema fue la guerra en Angola y con Katabasis, la prisión. En ambos exploré mucho los golpes psicológicos que dejan situaciones de vida como éstas.

En proceso editorial tengo una novela juvenil: Los caciques, enmarcada en un pre becado, donde un grupo de muchachos se las dan de justicieros; es un libro a cargo de la Editorial Gente Nueva, con la excelente editora Gretel Ávila. También tengo en proceso editorial por Ediciones El Mar y la Montaña, en Guantánamo, el libro de cuentos Amarrados al puerto, libro de literatura juvenil, que resultó premio en el Concurso Regino E. Boti. Presenta temáticas acordes a ese trance entre la niñez y la adolescencia. Tanto este como Los caciques, representan para mí una incursión en la LIJ, alejándose de lo que ya había escrito y publicado antes, y bueno, estoy feliz con los resultados. Por la Editorial Primigenios está próximo a salir otro libro de cuentos míos, Deambulantes, que trae también sorpresas.

Trabajo en varios proyectos de libros nuevos, novelas incluso, con las cuales mantengo lleno el horno de la creación.

Siempre se mantiene uno en el camino de la aprehensión cognitiva, pero, habiendo recorrido ya este trecho de lauros y publicaciones, pudieras hablarnos entonces un poco sobre “estilo”, me comentabas que todavía estás en la búsqueda de tu sello, de posturas estilísticas dentro de la literatura.

Estoy todavía en un proceso de descubrimiento, de exploración, buscando el estilo que más me asiente, pero bueno, creo que en realidad esa búsqueda es uno de los mayores atractivos de la carrera como autor, porque, de hecho, hay muchos autores que han asegurado nunca haber encontrado un estilo, ni una postura ya que es una búsqueda constante, y esa exploración, esa búsqueda, esa exigencia para con uno mismo es muy atractiva, cautivadora y es algo que disfruto muchísimo.

No obstante, por el momento, suelo usar un estilo directo, me asisto mucho del diálogo, de vez en cuando lo salpico un poco de imágenes más cargadas, gráficamente hablando, de esas que golpeen, de modo que encuentre un equilibrio entre lo que te golpea en el rostro y lo que luego acaricia. 

Portada KATABASIS

¿Cuáles son esas mañas de las que no puedes despegarte en tu proceso creativo?   

Para escribir necesito encerrarme, equipo mi cuarto con mucho café y cigarros (para mi desgracia esto último) y rodeado de música, entonces comienzo a escribir. Aunque resulte irónico eso del ruido alrededor, ya que por lo general se suele necesitar silencio para concentrarse, a mí me sucede todo lo contrario, es así como logro mi tranquilidad, con Rock sobre todo. Depende también del estado de ánimo. Puede que un día no tenga que asistirme de la música, pero lo que jamás puede faltar es el café el cigarro y el encierro, debo aislarme del mundo para conseguirlo.      

Titular los trabajos a veces puede tornarse todo un endemoniado proceso, los nombres te llegan de a golpe, en el mejor de los casos, en otros, nunca llegan. Tiene su truco el arte de titular, en ocasiones sabemos desde un inicio cómo llamarle y de ahí nace toda la idea, otras, rebuscamos y rebuscamos hasta pretender que lo hemos conseguido. Martínez Balsa tiene esa magia de saber hacerlo, sus textos gozan de un gancho interesante para el lector. ¿Cómo lo logras, David?  

En el caso de Katabasis, sí tuve el nombre desde el inicio, significa “descenso al infierno”, es una palabra griega. Creo que lo tuve claro porque se ajusta al tono del libro en sí, que retrata las experiencias de una serie de personajes en un mundo complejo, difícil, como lo es el de las prisiones; pero no es menos cierto que, en ocasiones no tenemos la idea concreta del título ideal para la obra y ponemos uno provisional. Fue lo que me pasó con Minutos de silencio, no siempre tuvo ese nombre; ese libro, en su momento ganó la Beca de creación “El Caballo de Coral”, del Centro Onelio, y cuando era un proyecto de libro se llamaba Monumentos. El profe Sergio Acevedo, quien revisó el libro de punta a cabo, me sugirió cambiarle el título y que de ser posible fuese el de uno de los cuentos. Finalmente así mismo fue. De hecho, el cuento que tituló el libro lo escribí tiempo después de ganar la beca. Es el más largo del volumen, pienso que uno de los mejores logrados y que encierra bien la esencia del libro.

En el caso del cuento Ataúdes, una obra muy breve, minicuento de hecho, contenido en el volumen inédito Mendigos, tampoco corrió la suerte de llamarse así desde el principio, le había puesto Prado, que es el apellido real del hombre en quien me inspiré para escribir la historia, amigo de mi familia, quien desgraciadamente vivió esa amarga experiencia de perder a su hija, y bueno, de ahí surgió este texto, que luego de una relectura me di cuenta que titularlo Ataúdes lo favorecía mucho ya que hay una sincronía analógica ahí entre el verdadero ataúd que es el del niño que muere y el del padre, quien queda encerrado también en un sarcófago, muerto en vida.

Premiación David 2017 (con su padre)

Luego de esta agonía que deja en el lector el texto del cual hablábamos en el párrafo de arriba, matizar con la próxima sección de la entrevista, no vendría nada mal, así que dinos: si tuvieras que retar a duelo a un escritor, en un molino de viento al amanecer, ¿a quién sería?  

A Julio Cortázar, por los conejitos.

Si tuvieses que escribir un libro a dos manos, con otro escritor, ¿a quién escogerías?

De mi tiempo escogería a Erick Flores Taylor, y de los clásicos a Luis Rogelio Nogueras.

Teniendo en cuenta que siempre recibo respuestas bastante divertidas como por ejemplo: azul melocotón y cosas así, dinos tú, ¿qué tan raro eres?

Bastante, diría yo, aunque logro disfrazarme bien de normalito, soy tímido, introvertido, un poco temperamental, cafetero y fumador sin pausas.

¿Escribirías “de negro” un día para algún escritor?

Sí, cómo no, lo haría. Es una experiencia nueva y creo que lo haría con gusto.

¿Cine, música o literatura, en esa tortuosa elección, con cuál te quedas?

Literatura.

¿Cuál es tu escritor preferido?

Vargas Llosa.

¿Libro preferido?

La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa.

¿Libro, película y canción que nos recomiendas?

Película: Big man.

Canción: Can you feel my heart?

Libro: Y si muero mañana, de Luis Rogelio Nogueras.

He girado el llavín, dejando abierta la puerta hacia la obra literaria de David Martínez Balsa, invitándolos a que no se queden al filo del umbral, empujen sin temor, cuelguen sus expectativas en la entrada, siempre es mejor andar desprovistos de ellas, no dejes que nada nuble la disposición a descubrir nuevas letras, que es lo mismo que decir, descubrir nuevos mundos, descubrir otro tú frente al espejo de un libro, Katabasis podría ser ese primer reflejo.


Talleres literarios, ¿son realmente necesarios?

En varias conversaciones con amigos escritores hemos caído en la misma pregunta, ¿son necesarios los talleres literarios para la formación de los escritores? Como bien reza el dicho: “para que el mundo sea mundo, tiene que haber de todo”. Por lo tanto, hay los que dicen que sí y los que dicen que no.

No soy un gran conocedor de talleres literarios, ya que solo he asistido de forma activa a dos: el Taller de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción “Espacio Abierto” (EA) del que soy uno de los coordinadores; y al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, del cual me gradué en 2014. El Centro Onelio no es un taller en sí, pero le daré tratamiento de taller en este texto, ya que, en algún momento del curso, se realizan talleres a los cuentos de los matriculados. Así que plantearé mis criterios basándome en las experiencias adquiridas en ellos.

De EA se ha hablado mucho, e incluso se nos ha llamado “la mafia de la ciencia ficción en Cuba”. ¿Los argumentos? Varios. Entre los más frecuentes está el que “todos de los jurados de los concursos de ciencia ficción y fantasía en el país, son de EA”, y por esa razón, “todos los ganadores de estos concursos pertenecen a EA o se reparten los premios”.

Eso es totalmente falso. Entre los jurados de importantes concursos nacionales de ciencia ficción y fantasía han estado escritores y editores que no pertenecen al taller, como es el caso de María Elena Llana, Raúl Flores y Gretel Ávila, por solo mencionar algunos. Además, no es el taller el que selecciona los jurados. Ah, que la mayoría o la totalidad de los ganadores de estos concursos especializados en ciencia ficción y fantasía pertenezcan a un taller que se dedique a estos géneros, como lo es EA, es otra cosa. ¿Por qué será?

Y si nos repartiéramos los premios, debería ir a pedir el último en la cola para recibir los míos. En fin…

Del Centro de Formación Literario Onelio Jorge Cardoso (o el Centro Onelio) también se ha hablado, y mucho. Sin embargo, el mayor reproche que se le hace al Centro, es decir que no tiene razón de ser, o que su función está magnificada por sus organizadores. Ya que, cuando se dice que, la mayoría de los escritores cubanos ganadores de premios y menciones a nivel mundial son egresados del Onelio, afirman que el Centro no tuvo nada que ver en esos logros.

O sea, que sin el Centro Onelio o EA, la literatura cubana estaría igual o puede que, incluso, mejor.  

Es cierto aquello que dijo el Premio Nobel José Saramago durante su visita al Centro Onelio, cuando afirmó que en el tiempo de Shakespeare y Cervantes no existían talleres literarios. De hecho, Saramago confesó nunca haber estado en uno. Otros escritores alegan que, con todos los talleres existentes hoy en día, aún no ha aparecido el próximo Shakespeare, Cervantes o Saramago.

No existían, cierto. De hecho, los talleres literarios (ya como talleres) comenzaron a tener auge en la década del 60’; y antes de ellos, había excelentes escritores sin necesitarlos.

Es lógico también que, debido a que muchos de los escritores cubanos son egresados del Onelio, casi todos los ganadores de premios y menciones a nivel mundial, sean de este Centro. Al mismo tiempo, esto no es enteramente un logro del Onelio. Del mismo modo que, cuando un miembro de EA se gana un concurso de ciencia ficción o fantasía, tampoco es un logro exclusivo del taller.

Sin embargo, ¿quién tiene la herramienta para medir hasta qué punto influyeron, o no, alguno de estos talleres en su vida como escritor. Si preguntas dicen “mucho, poco o nada”, pero ¿y la medida exacta? Hasta de los errores y las malas experiencias se aprende. Por eso se les llama experiencias. O sea, si pasaron el curso del Centro Onelio o asisten a los talleres y grupos de WhatsApp de EA, siempre va a existir esa mayor o menor influencia en sus logros.

¿Para qué sirven los talleres literarios?

Como dice el Maestro Heras: para brindar herramientas. El mismo Maestro en su charla de bienvenida afirma a los que entran al curso del Centro Onelio, que ellos no van a crear escritores ya que, de hecho, lo son. El Centro solo les brindará una guía (mala o buena, correcta o no, depende de cómo lo reciba cada quien, pienso yo), las herramientas necesarias y la teoría literaria para escribir correctamente. Unas de las frases que más me gusta del Maestro Heras, es cuando dice que, al terminar el curso, de ahí saldrán mejores escritores o lectores o editores y de ser posible, mejores personas. En mi experiencia personal, creo haber salido tal y como lo pronosticó el Maestro.

Hay quienes pasan la primaria, secundaria y hasta la universidad y no sabe escribir ni la mitad de bien que un joven de 18 años acabado de matricular al Centro Onelio, o miembro del Taller Espacio Abierto. ¿Eso quiere decir que las escuelas no sirven? No lo creo. Cada cual aprovecha las enseñanzas de los talleres y las escuelas a su manera. Incluso, hay quienes no las aprovechan en absoluto. Pero ya eso no es culpa de los talleres o centros de enseñanza, sino de la persona.

Algo más que se fomenta en los talleres literarios es la introducción a determinadas obras, temáticas, géneros: a abrir la mente a todo tipo de literatura y a otros autores. Una función importantísima de los talleres como EA y el Centro Onelio, es que apuesta por lo humano, por el crecimiento del escritor más allá de lo literario. En EA y en el Onelio se fomenta la competencia sana y leal: tanto personal como con el prójimo. Esa competencia en la que te alegras tanto de tus logros como de los ajenos.

En ambos talleres se ofrecen conocimientos, herramientas, ayuda y asistencia en la búsqueda de esa entelequia personal y profesional. Además, se inculca esa ética profesional y el respeto hacia el artista. Ya que a uno puede gustarle la obra de otro o no, eso es normal; lo que sí no se enseña en ninguno de estos dos talleres es a ofender al escritor.

Además, una de las funciones principales de ambos talleres es la de promover la lectura y la literatura. Ninguno de los detractores de los talleres ha podido jamás negar esta parte. Hoy en día, en Cuba (para no hablar del mundo) se ha perdido el hábito de leer. No obstante, en todos estos talleres se insiste en que se lea y se haga a diario. Tanto en Espacio Abierto como en el Centro Onelio se han realizado y se están gestando programas para la promoción de la lectura y la literatura. Ah, ¿son estas tareas propias y exclusivas de los talleres literarios? No, no lo son. Pero, ellos se suman a esta causa.

¿Son imprescindibles estos dos talleres para la existencia de la buena literatura en Cuba?

No lo son. Existía y existe excelente literatura en Cuba fuera de estos talleres. Sin embargo, es imposible demostrar que sería mejor sin ambos talleres. Los escritores que han bebido de los conocimientos de escritores más veteranos y experimentados han adquirido herramientas que, sin estos talleres, podrían haber demorado meses o años en aprenderlas y quizás más tiempo aún para perfeccionarlas.

Al igual que una persona puede construir un puente sin ser ingeniero, podemos asegurar que un ingeniero puede levantar este puente en menor tiempo y con mayor calidad. Esta es la función de los talleres: acelerar el florecimiento y formación de los escritores que se acercan a ellos.

Por supuesto, con esto no quiero decir que los talleres literarios son perfectos o lo mejor que le podría pasar a un escritor. Como muchas son las buenas experiencias en los talleres, también son muchísimas las malas. En ocasiones los talleres suelen ser contraproducentes, desmotivacionales o negativos para algunos escritores emergentes. No lo negaré nunca. Me constan varios ejemplos en los cuáles a jóvenes escritores les dijeron que “mejor se dedicaran a otra cosa”.

Hay que tener en cuenta que tanto el Taller Espacio Abierto como el Centro Onelio están conformados por personas. Seres humanos imperfectos por naturaleza. Siempre va/n a existir esa/s persona/s que te quiera/n hundir o desanimar, consciente o inconscientemente. También esos que, con buenas intenciones, solo hacen más mal que bien. Estos aspectos negativos se ven, sobre todo, en talleres especializados como EA cuando asiste alguien que no es conocedor o fanático del género.

¿Cuál es la solución?

Estudiar y leer mucho. Tener fuerza de voluntad, autoestima y saber discernir la ayuda de lo que no lo es. Elegir aquellos criterios, consejos o comentarios que más creas que pueden ayudar a tu camino como escritor. El resto, ignóralo. Toma el grano y deja la paja. Eso fue lo que hicieron esos escritores a los que les “aconsejaron” que se dedicaran a otra cosa. Hoy por hoy son reconocidos por sus colegas, han publicado varios libros y ganado múltiples premios a nivel internacional. Han sabido crecerse ante las dificultades.

¿Estas situaciones negativas solo se ven reflejadas en la literatura, o solo en los talleres literarios? Por supuesto que no. ¿Estos consejos solo se pueden aplicarse a los talleres literarios? Otra vez: no.

Como dije, los talleres literarios están conformados por personas, buenas y malas. Todas imperfectas. También lo es la sociedad. Si van a criticar o atacar, no dirijan sus ataques a los talleres, y sí a esas personas en particular.

Nada de esto es razón para desacreditar el trabajo de los talleres literarios. Independientemente de la existencia de malas personas o malos momentos, también hay muchísimas buenas personas, escritores que han dedicado parte de sus vidas a ayudar a los demás.

Además, lo que en verdad habla por los talleres literarios, su mayor logro, es la afluencia de miembros, la permanencia en ellos y la participación. Si EA o el Centro Onelio fueran tan malos, negativos o innecesarios como algunos dicen, ¿por qué llevan más de una década de trabajo cada uno? ¿Por qué razón muchos egresados del Onelio quieren volver? ¿Por qué, escritores que pertenecen a EA, luego de irse del país o tomar otro camino en sus vidas, siguen participando desde la distancia y defendiéndolo?

Sin embargo, en ningún momento ningún taller debe acreditarse el logro del escritor, ya que era escritor desde antes de entrar al taller. Quizás si Cervantes o Shakespeare hubieran asistido a talleres literarios, la cantidad de Quijotes, Hamlets u Otelos serían mayores. Quizás no. Eso nunca lo sabremos con certeza.

Por lo tanto, en mi opinión, ¿son imprescindibles los talleres literarios? No, no lo son. Ah, pero ¿son necesarios? Sí, y mucho: son vitales hoy en día.


Aquello descubierto en el camino: Entrevista a Dazra Novak

Cuando se habla de alguna de las principales escritoras jóvenes cubanas en la actualidad es sin duda obligatorio mencionar a Dazra Novak. Olvidémonos de sus premios y centremos nuestra atención en su obra artística y literaria para validar esta afirmación. A fin de cuentas, eso es lo que importa y el verdadero legado en la vida de un escritor.

Dazra Novak es una mujer muy interesante y no solo por sus libros; sino porque al tiempo en que hace malabares entre casa, literatura, fotografía y el periodismo, tiene tiempo para dirigir en una de las instituciones más importantes para la literatura cubana actual: el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Y, vale aclarar, que todo lo hace con la mayor calidad.

Estas razones y entre otras más, como la relación simbiótica “escritora/persona”, fueron el motivo para esta entrevista.

Según he leído, comenzaste a escribir por la poesía, sin embargo, se te conoce por tus libros de narrativa. ¿Sigues o seguirás escribiendo poesía? ¿Por qué el cambio o la preferencia hacia la narrativa?

Sí, es una triste historia. Triste y feliz a la vez. En un taller que pasé en el antiguamente llamado Centro Cultural de España (hoy Centro Hispanoamericano de Cultura) me forzaron a escribir un cuento, aunque yo lo que había presentado eran poemas. Los comentarios recibidos, con respecto a la poesía, fueron tan duros y poco cuidadosos que dejé de escribir poemas por un montón de años. El texto narrativo, por el contrario, asombró a todos. Nadie me creía que aquel fuera el primero puesto que lo escribí, o digamos que salió porque yo no sabía lo que hacía, en segunda persona. Para colmo lo resolví en una cuartilla.

Esa fue la parte buena, me inicié en la narrativa. Aupada por el asombro quise probarme en unos pocos intentos más –y cuando digo pocos, es literal, realmente fueron pocos– que me llevaron al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso por primera vez. Unos casi veinte años más tarde, se me conoce como narradora, pero mis libros de poesía solo los han leído un par de amigos que insisten en que deben ser publicados, pero yo no me lo creo tanto. Creo que aquello me marcó negativamente para siempre. Por eso no pienso en publicarlos. Por eso soy tan cuidadosa al dar opiniones sobre los textos de los escritores en ciernes.

Has recurrido en múltiples ocasiones al género erótico en tus textos. Sin embargo, Cuerpo público me pareció un libro donde le brindabas gran importancia a lo romántico, lo social e incluso lo político como elementos insoslayables de lo erótico. ¿Cómo diferencia Dazra Novak, la mujer y la escritora, a la literatura erótica de la pornografía?

En efecto, el vehículo en Cuerpo Público es el cuerpo. Eso, el vehículo. En él, como bien dices, viajan lo romántico, lo social y lo político. Al principio casi llego a pensar que no había logrado lo que quería, pero luego tuve la suerte de que muchos lectores me dieran de primera mano sus impresiones.

Lo erótico, a diferencia de lo pornográfico, tiene muchas más aristas. Allí donde lo pornográfico comienza a repetirse por falta de otros recursos, lo erótico se multiplica. Lo pornográfico es el acto por el acto, lo erótico tiene una multiplicidad de voces. Creo que en ese libro en particular llegué a una suerte de frontera entre ambos.

Dicen que para que toda ficción parezca real, debe haber algo de verdad en ella. ¿Eres de las autoras que se inspiran en experiencias personales o cercanas para sus textos? Si es así, ¿Cuánto de ti hay en ellos?

Soy muy observadora, una persona que prefiere escuchar. Me gusta conocer las razones que lleva a la gente a hacer ciertas cosas. Voy por el mundo tomando todo tipo de notas. Digamos que tomo piezas del mundo real, les sumo piezas inventadas y/o modificadas por mí y armo otro mundo. Ni mejor ni peor, sencillamente otro donde expreso mis ideas. Algunas personas a mi alrededor se reconocen en esos personajes y escenas. Otras se confunden, creen reconocerse, pero en realidad no están. Otras me piden los convierta en personajes. En fin, las reacciones han sido muy diversas. Y es que creo que en el fondo la mayoría disfruta ser reinventado (esto lo he comprendido con el paso del tiempo), vivir algo que quizás no se permitirían nunca. Eso sí, debo confesarte que la mayoría de las piezas que utilizo son mías, o me atraviesan de algún modo.

¿Qué es lo más difícil para ti a la hora de escribir un texto erótico?

El lenguaje a utilizar. Basta una palabra o frase mal empleada para romper la magia del texto erótico, o una muy bien ubicada para salvarla.

Temáticas (en general): ¿Cuál o cuáles prefieres abordar? ¿Cuál te falta? ¿Cuál crees que es más necesaria en los momentos actuales para el escritor cubano? ¿Cuál es la que nunca escribirías y por qué?

No pienso en temáticas a la hora de escribir. Eso sí, creo que uno aborda la escritura desde la persona que es. A mí me interesa el ser humano, qué lo mueve, cuáles son las pasiones y razones para actuar de un modo determinado, cuánto le condiciona la sociedad y el tiempo histórico en que vive. 

¿A qué se le debe dar más valor en el cuento? ¿Al argumento, al estilo o a la experimentación con las técnicas narrativas?

Depende de si se tiene una buena historia a desarrollar o es un cuento que ganaría más en lo formal. Ambas son válidas. Creo que la experimentación no. Cuando colocas el experimento por encima de los otros dos, por lo general, no pasa de un ejercicio interesante o fallido. Esto, corriendo con suerte.

En el prólogo a Making of, Premio UNEAC de Novela 2011, explicas que ese texto no es realmente una novela, sino un puñado de escenas que ocurren tras las bambalinas de una historia real. El carácter fragmentario del discurso así como sus líneas de fuga, hacen pensar en cierta forma de abordar la narrativa muy característica de los escritores de la Generación Año Cero. ¿Te consideras parte de esa generación? ¿Por qué?

Hace un par de años una amiga me comentó, muy alarmada, que una investigadora estadounidense llegó a preguntarle si era verdad que Ena Lucía Portela pertenecía a la “Generación Cero”, con eso basta para hacerse una idea de hasta dónde ha llegado el manoseo de lo que fue la autodenominación de unos tres o cuatro autores a comienzos de este milenio. A partir de ahí muchos le suman y le restan autores, los critican y los alaban a conveniencia, por lo general con bien pocos argumentos literarios. Por si esto no fuera suficiente, ha llegado a saltar del espacio narrativo para llegar a la poesía y más, del campo literario a la plástica, por solo citar un ejemplo.

“Making of” es eso, un making of. Un puñado de escenas que te cuentan cómo se filmó la película, pero no te cuentan la película. Leyendo ese, mi comienzo, que incluye “Cuerpo público” y “Cuerpo reservado”, y mirándolo desde fuera, pudiera decirse que sí, hay mucho de fragmentario, muchas líneas de fuga, pero eso no es ni la mitad de lo que escribí hasta aquel 2011 en que gané el Uneac con ese experimento único que es “Making of”. En ese periodo antes de escribir lo que sí es mi primera novela “Niñas en la casa vieja”, que debe salir de imprenta de un momento a otro (eso prefiero pensar)[i], yo dejé a medias cerca de una decena de libros de cuentos. Textos que, cuando los sacas de las compilaciones para las que fueron concebidos, no logran convivir con el resto, tomando en cuenta su diversidad. Algunos saldrán publicados por Sed de Belleza en una antología personal titulada “Minandre”, que debe entrar en imprenta de un momento a otro (eso prefiero pensar). Prometo darte uno y ya me dirás si formo parte o no. Yo, por mi parte, prefiero seguir escribiendo a solas.

Al comenzar la lectura de Making of se descubre como la fragmentación de lo narrado se hace muy eficaz con el uso del monólogo interior indirecto, desde la tercera persona. ¿Joyce, Faulkner o Cortázar? ¿Tienes preferencia por alguno? ¿Cuál es tu modelo de escritor?

Cortázar, siempre Cortázar.

En algunos encuentros con otros escritores, ha salido a relucir el tema de las etiquetas. Generalmente se suele adicionar al escritor como: Escritor de realismo, escritor de ciencia ficción, etc. ¿Qué piensa Dazra Novak de las etiquetas? ¿Cómo se “etiquetaría” la escritora Dazra Novak?

Evito las etiquetas en general. Aunque reconozco que sirven para trazar un mapa de la persona en una primera aproximación. Lo que pasa es que eso condiciona luego el acercamiento, y más, exige de esa persona una línea de trabajo que puede no ser más en algún punto, porque el individuo crece todo el tiempo. Cambian sus intereses, sus inquietudes, la manera de abordar ciertos temas. No, no me pondría ninguna.

En tu blog Habana por dentro he notado cómo has unido el texto con la imagen. ¿Es la fotografía o el periodismo otras de tus preferencias? ¿Cuáles otras pasiones tiene Dazra Novak?

El gusto –y el ojo– hacia la fotografía se me fueron entrenando con el blog, que partió de un deseo de mostrar la ciudad desde lo personal, desde la nostalgia, y de rescatar ese sentimiento entre los habaneros que ya no viven más acá. Devolverles el cariño por el barrio, por nuestras costumbres, por esas breves escenas infantiles y/o adolescentes que nunca se borrarán de nuestras mentes vivamos donde vivamos. Fotos y crónicas que apuntan a lo que en verdad se lleva el emigrante en la maleta: lo que se ha sido como persona hasta ese momento. Mi otra gran pasión es la música, o mejor dicho, la gran pasión. Si alguien pone música, ya no puedo escribir.  

Pregunta obligada: has pasado de pensar en no poder entrar al Onelio, a trabajar de secretaria, luego a edición y corrección de la revista El Cuentero, y ahora en la dirección del prestigioso Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. ¿Cuál es la importancia de este centro y sus creadores para Dazra Novak?

La experiencia del Centro Onelio fue un cambio radical en mi vida. A diferencia de otros, que llegan siendo escritores –narradores y/o poetas hechos y derechos–, yo llegué con muchos poemas –que por haber sido tan duramente criticados desaparecieron por completo– y unos pocos textos narrativos. Pensaba que todos eran escritores y yo, apenas una infiltrada. Me sentaba en la silla junto a la puerta –para salir corriendo de hacer falta–.

Jamás critiqué ningún cuento. Jamás opiné. Yo me limitaba a escuchar, a tomar notas, a incorporar todo aquello que iban diciendo. Casi todo, porque allí también vi lo que no quería para mí. Tras la lectura de mi cuento en el aula, quedaron todos en silencio. Luego me aplaudieron y empezaron a señalarle defectos. Mi texto sufría de queísmo, entre otras cosas, pero no me fue tan mal, tomando en cuenta todo lo que pasa en esos análisis –¡tú sabes que a algunos no les queda vivo ni el título!–.

Ese fue y continúa siendo un lugar mágico. Recuerdo claramente haber pensado, yo quiero estar siempre aquí. Y el sentimiento fue tan fuerte como para graduarme de la carrera de Historia, con tres idiomas aprendidos sin contar el español, y comenzar a trabajar como secretaria ante el rostro estupefacto de la familia. Luego comencé a entrenarme como correctora y editora con Heras y Ernesto Pérez Castillo, subdirector en aquel entonces, a quienes les debo muchísimo en ese sentido. Y fue haciendo ese trabajo de revisión que volví a escribir, porque cuando se termina el curso viene un periodo en el que no se escribe nada. Unos años después me fui, para resolver problemas económicos, a trabajar en una productora independiente. El mundo del cine me regaló, entre otras cosas, ese libro raro que es Making of, pero no me dejaba casi tiempo para escribir y por eso terminé abandonándolo –aquí hubo rostros estupefactos otra vez–.

Volví a estar cerca del Centro de algún modo. Ivonne y Heras me invitaban a conversar con los alumnos, a los cierres de curso, como jurado del César Galeano, al panel en defensa del Premio Nacional de Literatura para Heras. Muchos egresados o estudiantes me pedían que leyera sus textos y les dijera mi opinión, algo que hice con sumo cuidado, para que no les pasara lo mismo que a mí con la poesía.

Después Heras comienza a buscar relevo, y ante la dimisión de la persona que había convocado, me pide que asuma. Yo tuve que pensarlo, porque siempre me había imaginado formando parte, estando cerca, pero nunca al frente de lo que es la gran obra de su vida. Me costó también porque yo, a diferencia de Heras, no me veo primero como formadora. En ese sentido me siento más escritora, si bien tengo cierta facilidad para encauzar los proyectos de los demás sin necesidad de créditos. Pero ya ves que en todo esto que te he contado hay, por encima de todo, un sentimiento de cariño, un sentido de pertenencia muy grande. ¿Qué yo puedo hacer crecer al Centro todavía más? Eso se verá en lo adelante. Lo que sí te puedo asegurar es que, mientras tenga fuerzas para estar ahí, lo pienso cuidar mucho.     

Hay quienes aún, luego de los éxitos de los cursos del centro Onelio continúan diciendo que este no es “necesario”, argumentando que ni Cervantes ni Shakespeare pasaron cursos de técnicas narrativas. ¿Qué les dirías, no a ellos, sino a los jóvenes escritores que aún no han pasado el curso del Centro Onelio?

Si seguimos por esa línea también deberíamos decir que no pasaron talleres literarios como tampoco se ganaron ningún concurso, ni tenían perfiles en redes sociales para promocionar sus obras, ni convivieron con una cantidad tal de autores y de obras en formato digital (y grandes editoriales cuyos sistemas de purga y selección dejan mucho que desear) como para hacer difícil –si no imposible– la cata de obras realmente valiosas, revolucionarias y transgresoras. Y digo esto porque sencillamente no existían ni los talleres, ni lo concursos ni Internet (el alcance comercial data de los 90´). Claro que yo puedo imaginar que Cortázar de seguro habría escrito una blogonovela, Joyce habría engrandecido la narrativa transmedia, y probablemente Shakespeare y Cervantes se habrían abierto sendos perfiles en YouTube. Pero de seguir en esta alocada especulación donde quizá Borges escribiría decenas de tweets diarios –muy serios y contundentes– y el realismo mágico natural de Facebook sedujera a García Márquez, también deberíamos decir que quizá no habrían sido tan exitosos, puede que hasta ellos pasaran desapercibidos en este enorme pasacalles chatarra en el que “avanzamos”.

Pero dejemos de lado estas tonterías y vayamos a lo que de verdad importa. Yo no diría del Centro Onelio, ni de ningún otro taller de los que abundan por montones en Cuba y en el mundo (presenciales y online), que sea “necesario” cursarlos para convertirse en escritor. Yo diría más bien que es “útil”, de hecho, “muy útil”, para alguien que pretende convertirse en escritor. Cualquier taller orienta, te entrena para el diálogo con el lector, te muestra los posibles caminos. Y fíjate que digo orienta, entrena, muestra, porque no son una varita mágica que te convierta en escritor. El trabajo lo tiene que hacer el aspirante, que también podría incorporar esas herramientas de manera natural desde algo tan sencillo como la lectura constante, si bien le llevará más tiempo. Fíjate el daño que hace esta idea errónea que incluso muchos de los que pasan por estas experiencias no las aprovechan al máximo porque están buscando afuera lo que en realidad está dentro: la constancia en el desarrollo propio. No hay secreto alguno en los cursos y talleres literarios, lo que hay es trabajo.

¿Qué se vislumbra en el futuro del Centro Onelio?

Más talleres y cursos de géneros y subgéneros, más encuentros para discutir la literatura actual y sus problemáticas, más relación con los egresados, más promoción de sus obras, más oportunidades para desarrollarse profesionalmente, más presencia en Internet. Se espera más. 

Pregunta más o menos en broma, pero que casi todos los egresados se la hacen, ¿hay posibilidades de nuevos cursos para los egresados?

Recién aplicamos una encuesta para evaluar, entre otras cosas, la disposición de los egresados a cursar un segundo bloque, digamos de “actualización”, y la aceptación supera el noventa por ciento. Ya comenzamos a trabajar en esto.

¿Cómo se relaciona el futuro de Dazra Novak y el Centro Onelio? ¿Dazra directora o escritora?

Si algo tengo claro a estas alturas es que no puedo vivir sin escribir. Lo demás lo voy descubriendo por el camino.

[i] La novela fue publicada por la Editorial Letras Cubanas, en abril de 2021, luego de haberse realizado esta entrevista.


El Chino Heras, el escritor, el maestro

*Tomado del Portal Cubarte

Lo conocimos primero mediante sus historias, cargadas de realismo y sensaciones más allá de las palabras. Todavía recuerdo nuestro primer día como estudiante en el Centro Onelio. Allí estaba él, junto a su esposa Ivonne Galeano y los también escritores Raúl Aguiar y Sergio Cevedo.

Muy pronto el Chino se convirtió en más que un maestro o un referente literario. Fue amigo y especie de hermano grande para nosotros, con críticas, consejos y una facilidad inusual para enseñar. Admiro su talento, pero especialmente la bondad, su fidelidad a la creación y a Cuba, su capacidad para soñar y seguir en el camino de las esencias, incluso en medio de cierto huracán de incomprensiones.

Seguramente los mensajes de felicitación este 5 de agosto, fecha de su cumpleaños 80, son numerosos, el sonido del teléfono debe ser permanente.

Tomada de cubarte

Sin dudas, es uno de esos escritores imprescindibles de la literatura de la Revolución, no solo por su calidad narrativa, también por reflejar en su obra sucesos históricos trascendentales, como el enfrentamiento a la invasión mercenaria por Playa Girón, y otras peculiaridades de etapas posteriores a 1959.

Hoy pienso también en el Heras huérfano de padre a los 12 años de edad, que fue limpiabotas, vendedor de periódicos y billetes de lotería, limpiador de portales… durante parte de la década de los ’50, pero que nunca dejó de fantasear. Imagino al muchacho que combatió contra los agresores en Girón y luego reflejó la experiencia en su libro La guerra tuvo seis nombres, por el que ganó el Premio David.

Me parece verlo alegre, cuando recibió la noticia de su Mención única en el concurso Casa de las Américas de 1970, por Los pasos en la hierba. Y después la tristeza, las puertas cerradas… por una muy conocida polémica en el campo ideológico-cultural, provocada sobre todo por la crítica Otra mención a los Pasos, de Roberto Díaz, en el Caimán Barbudo, que desató tempestades.

También con una obra sobresaliente como crítico cultural, Heras es ejemplo de apego a los principios revolucionarios, al país y su gente. Su obra cuentística, incluidos Acero y Cuestión de principio, tiene mucho de autobiográfica.

Resulta inevitable recordar los días en el Centro Onelio, cuando él y otros profesores alimentaban nuestros deseos de ser escritores. Me parece verlo otra vez aconsejar, sonreír y hablar de niveles de realidad, tipos de narradores, corrientes subterráneas de sentidos…, en fin, de ese otro mundo tan suyo: el de las técnicas literarias.

Compilador de Los desafíos de la ficción, Eduardo Heras León está en las entrañas de muchos jóvenes, que le agradecen. Ganador del Premio Nacional de Literatura 2014 por la obra de la vida, el Chino, como lo llaman cariñosamente familiares y amigos, es también símbolo de resistencia, humildad, y bondad, con una admirable trayectoria como literato, pedagogo y cultivador de la cultura. Un maestro, al cual respetamos y queremos.


Giselle Lucía Navarro: «La palabra es una piedra que rebota dentro de mi cabeza»

Ella es una buena sinker. Agarrarla te da la sensación de tres costuras: bella, sencilla, educada. A partir de esos elementos cualquiera se iría con esa bola, como diríamos en buen cubano. O sea, creería que sus logros en tan corta carrera literaria podrían ser asunto oscuro y no profesional. Entendible si se tiene en cuenta que la predisposición podría surgir desde el amiguismo que nos desborda, los favores que algunos están siempre dispuestos a hacer a cualquier sinker que acude a los eventos, reuniones, editoriales, o viajecitos a provincia.

Perdonable también cuando muchos no son capaces de conservar en la memoria muchísimas obras de nuestros más destacados jóvenes escritores en los últimos años. Alzheimer del que escasísimos lectores escapan. Giselle Lucía es su nombre, Navarro el primer apellido y basta por ahora. Aquí no mancillaremos el talento de un artista citando los premios obtenidos, para más información: Google. Aquí, echaremos un vistazo a esta nueva creadora que nos aborda la nave deprimida. Nos llega con lenguaje directo, profundo, sin demasiados adornos para tapar el vacío como suelen hacer algunos seudointelectuales y no tan seudos, para obtener un ratito bajo la luz mortecina de una vieja farola.

Giselle Lucía es el “viento fresco luego de un verano tan largo”, como diría el trovador, es la voz que puede conectar con esos lectores dispersos, ausentes en muchos casos de nuestros más recientes artistas por el bodrio abanderado y el discurso no sincero, sino más bien oportunista y anhelante del concurso que sume una fotito en Facebook, un adulador, un rápido paso al olvido.     

¿Qué motivos o hechos determinaron el comienzo de tu carrera literaria?

Mi vida iba a estar vinculada a las letras, eso era algo inevitable. La mujer que vive dentro de mí no entiende el mundo sin la poesía. Para mí, más que un poema, es una forma de apreciar la vida, una especie de sensibilidad. La palabra es una piedra que rebota dentro de mi cabeza, no puedo evitarlo. Debo escupirla en el papel porque de lo contrario puede asfixiarme. Esa necesidad me hizo escribir.

De niña pasaba mucho tiempo en casa, escribía e ilustraba, encuadernaba mis esbozos en forma de folletos, con mucho cuidado. Nunca imaginé estudiar diseño, ahora los miro y me critico, sonrío. Durante mi infancia y adolescencia estudié danza y, entre ensayos, entrenamientos y los deberes de la escuela, no tenía tiempo para nada más. Cuando decidí que no me dedicaría a bailar sentí un gran vacío. Ahí llegó la literatura y lo inundó todo. Un día, por azar, abrí la revista Muchacha y leí un artículo sobre un taller literario, averigüé la dirección y fui. Así comencé en el grupo Silvestre de Balboa que dirigía Rafael Orta Amaro. El tiempo pasó y hoy soy quien conduce el taller. Las tertulias, los concursos, recitales, antologías y las horas de poco sueño escribiendo sin parar, todo vino tan rápido que creo que siempre estuvo ahí. La vida escribe recto sobre líneas torcidas, pero invariablemente con firmeza.

Háblame de Rafael Orta.

Las palabras no alcanzan para nombrarlo. Todo árbol crece porque alguien supo cuidar bien de la semilla. Es cierto que escribo desde niña, que gracias a mi abuela los libros se volvieron terrenos fértiles para mi curiosidad. Podríamos decir que algún tipo de talento para la palabra traje al nacer, pero lo cierto es que el día en que hablé por primera vez con este hombre y me dijo “adelante”, invitando a pasar a su taller literario, y luego, con el tiempo, repitió “confío en ti”, fue que nació la escritora.

A este hombre le debo haber forjado mi voluntad, mi confianza, mi oficio por las letras. Siempre que estoy delante de mis alumnos y comienza una clase me acuerdo de él. Llevo siete años sentada en su silla, en la misma mesa donde me sentaba de alumna. Es una mezcla de nostalgia y certeza. Creo que le he cumplido. Los maestros enseñan también al partir, porque de algún modo nunca se van.

Hay poetas que intentan decir algo en cada obra, otros, que el lector asuma el significado que más le convenga o sea capaz de entender. ¿En cuál de las dos situaciones te sientes más cómoda?

Escribo para el ser humano, apunto a su corazón. Deseo que mis poemas lleguen a su corazón y no solo a su cabeza. Los poemas que llegan a tu corazón son los que te cambian la vida. Para mí la poesía no es un entretenimiento, es algo muy serio, como una misión. Cada cual la asume a su forma. Esta es la forma en la que yo la percibo, por ello no voy disfrazar la palabra, ni inventarme un lenguaje rebuscado, ni llenar mis poemas de referencias de obras y autores solo para denotar mis horas de lectura o mi acervo cultural. Elijo la sencillez. La sinceridad y la pureza de las cosas, eso es lo que quiero transmitirles.

Federico García Lorca escribió: “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.” Si tuvieras que definirla, cuál sería tu expresión antológica.

Para mí la poesía es una necesidad espiritual, un contrapeso que me permite mantener el equilibrio entre las bellezas y crudezas de la vida.

Ganas el David 2019 en poesía. Obtienes el diploma, el cheque, las felicitaciones, abrazos. La promesa de un libro en la próxima feria. Los aduladores de un lado, los amigos del otro; los que buscan lo extraliterario, los que le vale un centavo el premio y sus arrabales. Llegas a casa, al fin sola, acostada; la noche es pura más allá de la ventana, ¿qué pensamientos te abordaron?

En lo único que pienso cuando recibo un premio y regreso a casa es en el próximo libro que escribiré, mi próximo proyecto, sea de literatura o diseño, un videoarte, una colaboración. Más que nada me provoca creatividad. El premio que recibes por una obra te da solo la gratificación de que esta culminó bien. Sientes una gran felicidad, no puedo negarlo, pero es solo eso. En realidad, el cuadro que cuelgas en la pared podría ser un sello de garantía de que tus horas sin dormir no fueron en vano. Para mí la garantía está siempre en los ojos y el corazón del lector.

No cazo los premios. Tampoco soporto que estos se conviertan en tus apellidos. Hay una diferencia entre el escritor y el libro. El libro es el vencedor. El escritor solo es el intermediario, aunque termine cargando las glorias y culpas merecidas e inmerecidas, aunque el libro haya brotado de él. Una obra premiada es siempre un punto cuestionable, y el libro puede convertirse en el epicentro de muchas polémicas, y eso es muy bueno, genera movimiento, te indica que hay un contexto vivo alrededor. A quién le gustaría sembrar flores en un terreno baldío. Las críticas son necesarias, ayudan a que las raíces del árbol, en este caso del libro, se asienten con más fuerza.

En cualquier caso, creo que un escritor debe disfrutar profundamente el proceso creativo y aprender que los premios son simplemente eso, trozos de papel colgados en la pared, quizás el recuerdo de un momento en el que fuiste muy feliz o la certeza de un sueño medianamente cumplido. El verdadero premio es tener la sensibilidad para crear un poema, por muy humilde que este sea. El escritor joven, también el adulto, no debe permitir que los premios o reconocimientos lleguen a tocar su ego. Allí donde el ego empieza a transformarse la creación comienza a padecer.

Cuéntame un poquito sobre el dolor de parto con Criogenia.

Este libro es una parte de mi cuerpo. Escribí Criogenia con 23 años. No puedo hablarte mucho del proceso creativo en sí porque realmente brotó tan velozmente que todavía estoy sorprendida.

Estaba terminando mi tesis en el Instituto Superior de Diseño. Recuerdo que ya no soportaba estar sin escribir, completamente dedicada a temas prácticos relacionados con mi investigación de pregrado. Fue un período difícil para mí. Fuertes experiencias, fuertes golpes habían sacudido anteriormente mi vida. Me sentía exactamente así: una mujer congelada, cuyo cerebro no podía detenerse. Ese es Criogenia. Un libro con forma de mujer y poemas con forma de órganos. Es importante en mi vida no por el Premio David, sino por todo lo que encierran los poemas, todo lo que me susurra. Criogenia fue un parto necesario, milagroso. Yo necesitaba nacer en ese parto. La mujer que llevaba dentro, por algún tiempo dormida, necesitaba despertar.

El autobombo tiene defensores y detractores. Hay quienes creen que responde a la falta de un eficiente sistema promocional, cómo lo ves, siendo una autora contemporánea ligada en gran medida a las redes sociales.

Las redes sociales son como una ventana permanentemente abierta a la que te puedes asomar en cualquier momento y gritar cualquier cosa. Siempre habrá personas que reaccionen positiva o negativamente a lo que publicas. Te confieso que llevo poco tiempo en las redes, hace más o menos año y medio de mi primera publicación en Facebook o Instagram. No publico imágenes de mi vida privada, utilizo las ventajas que tiene para publicitar espacios culturales en los que participo y compartir contenido de interés asociado a la escritura.

Es cierto que, en gran medida, cuando un artista publica su obra y habla de su trabajo pareciese que se está fomentando el narcisismo, dado que es un discurso en primera persona, el escritor es quien elige el contenido a publicar, y, por lo general, siempre se muestra con una cara agradable y perfecta, también es cierto que es así cómo funciona en el mundo del marketing y la publicidad. Creo que cada artista debe ser promotor de su propia obra, nadie mejor que él para darle el verdadero sentido que lleva y evitar que se distorsione con intereses de terceros.

El libro es un producto, con otras connotaciones simbólicas, pero como producto al fin está encaminado a insertarse en un determinado mercado, en llegar a un usuario, a un lector. Por lo general cuando hay un sistema de promoción este siempre va a mover los hilos para que el contenido responda a sus intereses. Cuando una empresa o institución publicita a un autor o un libro a veces la información se transforma. Cuando el artista es el que promueve su obra esta llega limpia al público y el propio acto de promoción podría convertirse en otra obra.

Un libro necesita publicidad. Los hábitos de la lectura y el “arte inteligente” también necesitan difusión, sobre todo en un contexto como el actual, donde el flujo de información es tan diverso y rápido, a veces agresivo. En momentos en los que los hábitos de lectura se adaptan constantemente a las nuevas plataformas, los artistas deben adueñarse también de esa circunstancia. Mientras los intelectuales sigan creyendo que tal cosa no es necesaria, estarán en desventaja. El mundo del siglo XXI es visual. Y hay que darle imagen a eso que queremos comunicar. La diferencia está en la forma en la que te acercas al lector.

El lector de estos tiempos quiere no solo leer el libro, sino conocer al autor, intercambiar con él, comunicarse con él. Y las redes te permiten establecer este intercambio, de una forma rápida, ofreciéndote la posibilidad de publicar texto, imagen, video, audios, de transmitir en vivo, desde un rincón del mundo hasta todas partes del planeta. También existen muchos puntos de vistas negativos, pero creo que debemos valernos de las herramientas que nos favorecen y explotarlas a nuestro favor, haciendo un buen uso de estas.

Por supuesto, el autor debe planificar cuidadosamente la publicidad que le dará a su libro y a su obra. Todo requiere de cierta mesura, aunque sea en redes sociales donde pareciese que cualquier cosa vale. Un comentario sin base o con prejuicio puede arruinar tu imagen ante los ojos de quien te lee, de una forma instantánea. También debe fomentarse el respeto hacia la obra ajena. Un escritor debe respetar la obra de otro escritor, aunque no le agrade. El respeto es algo necesario.

Las redes sociales constituyen una forma de sociedad virtual. Cuando entras en ellas solo debes ser tú mismo. Ser coherente con tu personalidad por cualquier medio por el que te comuniques.

Relajémonos: película, canción y libro favoritos.

Es difícil. Estas preguntas nunca me relajan, porque me cuesta decidirme por una u otra. Una película que me ha marcado muchísimo es “La vita é bella”, de Roberto Benigni, me gusta mucho el cine italiano, pienso en Fellini. También en las películas de Charles Chaplin.

En cuanto a la música, decir que es fundamental en mi vida. Amo el sonido tanto como la palabra y el color. Me conmueve profundamente la música de Mozart, Beethoven, Bach, el romanticismo, la ópera italiana, el impresionismo, el jazz, el flamenco, la música árabe y la música clásica indostaní.

Entre los autores que me han marcado podría mencionarte a Nazim Hikmet, John Robinson Jeffers, Franz Kafka, Walt Whitman, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Miguel Hernández, Mahmud Darwish, José Martí, Eliseo Diego, Alejandra Pizarnik, Jorge Luis Borges, Juana Borrero, Rubén Martínez Villena, Jesús Orta Ruiz y Luis Rogelio Nogueras…, aunque hay muchos otros. Libros favoritos no tengo. Siempre estudio la obra en conjunto con la vida del autor. Es precisamente esa la combinación que me atrapa.

¿Qué libros tuyos encontraremos sobre el anaquel en un futuro cercano?

Próximamente verán a la luz algunos libros que espero con ansias. Hijos que necesitan salir del cascarón editorial. Es el caso del poemario El circo de los asombros, la novela ¿Qué nombre tiene tu casa? y Criogenia. Hay otros libros en la pista de vuelo, pero el proceso editorial lleva su tiempo y prefiero no hablar todavía de ellos para no malograr su nacimiento.

De tener una carrera larga y exitosa, qué epitafio te gustaría en la tumba.

Ninguno. Creo que no existen palabras para nombrar con exactitud la vida de una mujer. Tampoco creo que me acostumbre a la idea de descansar en un hueco. No me gustan las tumbas. El cuerpo es transformación y el espíritu es libertad. Ambos no pueden sujetarse a una fosa. Además, andaré durante mucho tiempo por este mundo. Es probable que antes desaparezca la idea de los epitafios. 

Contrapeso es un libro materializado, una realidad que nos invita a visitar tu desnudez, por otra parte, Criogenia es una promesa editorial con grandes posibilidades de estar en la próxima Feria Internacional del Libro, qué puntos diferenciales existen entre ambos textos.

Contrapeso es una selección de poemas, la unión de partes dispersas, podría ser la carta de presentación de una autora joven. En él hay textos de dos libros. Por otro lado, Criogenia es un libro completo, una unidad, mucho más extenso, donde cada poema está hilvanado cuidadosamente, y debe leerse en su totalidad para entender bien el sentido de la propuesta.

Selección poética de la escritora cubana Giselle Lucía Navarro

Agradezco inmensamente la disposición de Colección Sur por publicar una representación de la obra de las últimas tres autoras en ganar el Premio David. Este pequeño cuaderno, Contrapeso, que forma parte de la colección Narciso es también el reflejo del esfuerzo y de la voluntad. Agradecer, siempre agradecer, porque es en el agradecimiento donde el ser humano realmente se conoce a sí mismo, se libera de cargas y vacíos. Agradecer las palabras del prólogo a Basilia Papastamatiu, siempre se aprende a su lado, es una mujer que admiro y quiero muchísimo. También la nota de contracubierta de Edel Morales, otro amigo entrañable. Y es necesario señalar que sin la persistencia de Alex Pausides y Karel Leyva, así como Elisa Vera y Onelia Silva en el diseño, Carlos, Katy y Marlene, en el resto de las coordinaciones editoriales, estos libros nunca hubiesen salido a tiempo para presentarse en la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Hay muchos libros parecidos en nuestra literatura de principios de siglo, escritores con el mismo discurso, los mismos intereses. Amables casi siempre, solidarios, suelen abrazarse los unos a los otros en tan solo el primer encuentro, pareciera no haber puntos encontrados. Les gusta el té, el vino, la música elitista y pasan el “Onelio”. Leen a los mismos escritores, y rara vez señalan zonas negativas en el libro de otro autor cuando ejercen la crítica. ¿Crees que hay estereotipos que deben apartar las nuevas generaciones, o te importa un rábano y te resbalas por el borde del camino?

Odio la idea de los estereotipos, las etiquetas y los grupos. No hay nada más aburrido que un grupo. Creo que eso resulta cómodo para analizar el fenómeno sociocultural, pero siempre está alejado de la realidad. La unidad del grupo debe radicar precisamente en su diversidad.

Los grupos procrean fronteras y elitismos, mientras buscan la unidad y la legitimación generan una serie de conflictos innecesarios. Al ser humano le hacen daño los grupos, pero pareciese que aún no se da cuenta de ello. La competencia por pertenecer a un gremio u otro va mutilando un montón de cosas bellas en su interior. Muchos de los conflictos que existen en el mundo son precisamente porque el hombre lucha constantemente por ser legitimado, para ser parte de un determinado grupo.

En el arte no debería existir eso. Nadie tiene las mismas vivencias, por tanto, los discursos nunca son iguales. Así como no hay dos personas iguales no existirán dos voces iguales en la poesía. Aunque seamos seres sociales debemos conservar siempre nuestra identidad, nuestra individualidad, pero sobre la base del respeto y la tolerancia que nos permite convivir en armonía.

El ser humano es un templo, en cuerpo y alma. La expresión de un artista hacia el mundo debe ser una necesidad, no la reproducción de un modelo social o una moda editorial. El artista debe ser coherente con su obra. La obra debe ser coherente con la persona. Cuando escribo o diseño no pienso en estilos, tendencias o contextos, miro a mi interior. Lo único que busco es la sinceridad conmigo misma, ser yo en todo momento, una muchacha que busca conservar la pureza de ese instinto que la persigue.

Cuatro poemas de Giselle Lucía Navarro


Lourdes Mazorra: «La literatura es un encuentro con uno mismo»

En menos de un año, la joven escritora camagüeyana Lourdes Mazorra obtuvo dos de los principales galardones disputados por los jóvenes narradores cubanos: el Premio Celestino de Cuento, organizado por Ediciones La Luz, sello de la AHS en Holguín, y el Pinos Nuevos, el pasado mayo. El primero por Las fauces, el segundo por Versiones de la sed.

De esta manera su nombre ha empezado a visibilizarse en el panorama literario cubano, con la fuerza del primer empuje, exitoso además. En ambos casos el jurado subrayó el aliento poético de sus cuentos, la atmósfera, el ritmo y la fluidez de sus historias… El del Celestino estuvo integrado por Félix Sánchez, María Liliana Celorrio y Rubén Rodríguez; y el del Premio Pinos Nuevos, por Julio Travieso, Dazra Novak y Raúl Flores Iriarte. Licenciada en Periodismo y graduada recientemente del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde obtuvo la beca Caballo de coral, Lourdes asegura que la literatura, sobre todas las cosas, es un encuentro con uno mismo.

Con ella nos encontramos, a través de las redes, con la excusa del Celestino de por medio.

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

Recibiste con Las fauces el XX Premio Celestino de Cuento, uno de los galardones más disputados por los jóvenes narradores cubanos. Este será tu primer libro… Y nada menos que con el Celestino. ¿Qué ha significado para ti haber obtenido este Premio?

Siempre he dicho que, de manera general, los premios tienen dos ventajas: comienzan a visibilizarte en un panorama bastante complejo y te alientan a seguir trabajando, más fuerte que antes. El Celestino, al ser el primer premio y también la primera publicación, me deja esa sensación de descubrimiento del mundo del libro en Cuba, iniciación en un proceso editorial desde la autoría y sobre todo reafirmación de certezas que ya venían acompañándome. Pero la razón de escribir no puede ser los premios; sigo convencida de que la escritura es un encuentro con uno mismo, por tanto, del Celestino agradezco formar parte de la familia de Ediciones La Luz.

El jurado destacó “la buena construcción de sus personajes, las atmósferas de los relatos, el aliento poético que embellece las historias, lo que influye positivamente en el ritmo y la fluidez de las narraciones, así́ como la adecuada selección del narrador”. ¿Qué encontrará el lector cuando, ya publicado, se adentre en esas páginas?

No puedo decirte qué encontrará el lector, cuando uno pública hace una ofrenda al público, la obra deja de pertenecerte. Espero que cada lector encuentre sus propias respuestas, sus propias dudas y también sus propias batallas.

¿Existe un hilo conductor en estos cuentos, algo que de alguna manera los una?

Este es un libro que indaga en las significaciones para el ser humano de la pérdida y el dolor. No creo que deba decirte más, por aquello de la ofrenda y de que el lector se acerque a Las fauces buscando sus propios caminos.

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

Hablemos de tus influencias literarias… ¿Qué autores incluirías –además de Julio Cortázar, que sé te interesa bastante– en una especie de “canon literario” creado por ti?

Más que un canon literario, puedo decirte qué autores prefiero y no precisamente con algún tipo de jerarquía. La literatura argentina me encanta: Julio Cortázar (lo siento, no puedo dejar de mencionarlo), Abelardo Castillo, Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares…

También Gabriel García Márquez, Horacio Quiroga, Alejo Carpentier, Onelio Jorge Cardoso, Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Virginia Wolf, Antón Chéjov y Mario Benedetti. Ya ves, no es un canon, no suelo hacer estas listas porque leo bastante variado y cada vez que nombro autores, siento que me falta alguno y quedo en deuda.

Te menciono dos cuestiones que quisiera nos comentes… La primera sobre la relación del periodismo, pues eres periodista de formación, con la literatura y sus convergencias…

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

Yo siempre he defendido que el periodismo es el hijo moderno de la literatura y me disgusta que los vean escindidos. Siento que nos empeñamos en poner etiquetas cuando lo más importante es narrar y un periodista es también un narrador de hechos.

La diferencia entre un periodista y un escritor de ficción es principalmente de estilo, modalidades de trabajo y técnica. Esto no lo digo yo, sino Alejo Carpentier. Siempre que se habla de periodismo y literatura recomiendo la conferencia de Carpentier que se titula “El periodista: un cronista de su tiempo”, de 1975, en la cual queda zanjada excelentemente esta vieja polémica.

Hay escritores cuya obra periodística parece una antología de cuentos, por el manejo preciso de las técnicas narrativas en el ejercicio periodístico; en Cuba, por ejemplo, Onelio Jorge Cardoso. Muchos grandes escritores de ficción han sido periodistas, porque el periodismo es una escuela imprescindible para la síntesis, el manejo de los adjetivos, la inmediatez, las técnicas narrativas…

Esto me hace pensar que el periodismo cubano hoy necesita retomar ese “estilo narrativo”, potenciándolo en la academia. Tenemos guías certeras en cuanto a todo lo que puede lograrse desde la escritura; Reynaldo Cedeño es uno de esos periodistas.

La segunda cuestión es sobre tu reciente paso por el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde obtuviste la beca Caballo de coral que otorgan al finalizar…

El Centro Onelio es una de las mejores experiencias que he tenido. Esta escuela te acorta y te alarga el camino, porque organiza tu manera de leer, recomienda autores, ofrece técnicas y herramientas; pero, al mismo tiempo, abre muchísimas puertas y comienzas a ver todo de manera distinta, a leer con otras pautas, a cuestionarte la realidad y a pensar en otros temas. El “Onelio” me regresó con muchas ganas de escribir; a mí no me dio el famoso bloqueo pos-Onelio. Además, fue la primera experiencia de leer algo en público y esto es muy importante a la hora de aceptar críticas, saber escuchar es una virtud. Yo estoy muy agradecida por la oportunidad de recibir clases de escritores como Eduardo Heras León, Raúl Aguiar y Sergio Cevedo.

Obtuviste también el Pinos Nuevos 2020 con Versiones de la sed… Hablemos un poco de un premio también importante que visibiliza la obra de los jóvenes escritores en Cuba…

Sí, es un premio también importante. Es el segundo concurso en el que participo. Sigo diciendo que me niego a trabajar en base a concursos, pero reconozco que en el complejo panorama editorial del mundo y de la Isla, una de las formas más directas y rápidas de publicación es a través de estos premios, más allá de toda la carga subjetiva del proceso de selección y premiación o de las inconformidades que pudieran generar las decisiones finales. Son riesgos que se corren, por eso no se trata de que digas voy a escribir para tal concurso a ver si público. E

n mi caso, escribo y tengo proyectos terminados, luego aparecen estas oportunidades: la convocatoria del Celestino llegó por esos azares a los que Cortázar llama vida, y la del Pinos Nuevos por una recomendación de otra escritora. Lo que sí tengo claro es que solo presento cuando estoy dispuesta a que un libro tome su propio camino y yo humildemente lo deje ir.

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

Ambos jurados –el del Celestino y el Pinos Nuevos– han subrayado el “aliento poético” de los cuentos…

Lo dije para el periódico Adelante, “a mí este tipo de elogio me deja sin aliento”. Como autora tengo más posibilidades de enmascarar mi voz a través de la narrativa, pero la poesía me resulta más dolorosa, es un desnudo literario y tiene muchos riesgos, para empezar el lector te ve descubierta en los versos. Ahora recuerdo que mis compañeros y profesores del Onelio también comentaron ese “aliento poético” en el texto que leí en clases. Que mis cuentos me salgan con aliento poético no es un propósito explícito, ellos salen y al parecer me estoy quedando también desnuda en la narrativa.

¿Qué crees caracteriza tu generación, si acaso crees pertenecer a una generación literaria?

No me siento capaz de caracterizar una generación literaria, para ello tendría que haber leído muchísimo a los escritores de esta generación y no lo he hecho con la amplitud que me gustaría, y también creo que deberían pasar unos años más, mirar con la perspectiva que el tiempo te concede.

tomado del perfil de facebook de Lourdes Maria Mazorra Lopez

¿Cómo valoras el panorama literario cubano desde tu perspectiva como joven escritora?

Si me preguntas por la literatura cubana de manera general, pues es indiscutible que Cuba constituye uno de los paradigmas literarios en el continente y en el mundo. Si se trata de cómo una joven escritora se inserta en el panorama literario cubano, eso es ya un proceso más complicado, que el solo hecho de publicar no garantiza, porque entraña niveles de calidad, compromiso y responsabilidad no siempre presentes y esto me lleva a una preocupación: en ocasiones, lamentablemente, la calidad literaria de la obra no está entre los primeros parámetros a la hora de decidir publicar o no un libro. Pero, de manera general y desde mi corta experiencia, considero que el panorama literario cubano es un prolífico paisaje de autores, temáticas y estilos.

¿Expectativas con Las fauces? ¿Con el trabajo de Ediciones La Luz?

Las expectativas con Las fauces han ido cumpliéndose poco a poco. Me quedan algunas que corresponden al proceso en el cual se encuentra el libro. La edición es otro momento de suma creatividad y entendimiento con la obra, que además implica a muchas más personas que el autor. En ese trayecto estamos. Ediciones La Luz ha tenido mucha paciencia conmigo, una autora que se inicia, y por eso le agradezco a su equipo la profesionalidad. Han sido además una escuela y una familia.

 


Viaje a la fantasía

Es la juventud el relevo, en esta etapa de la vida los artistas crean con ímpetu sus obras. En la literatura, por ejemplo, casi todos comienzan a esbozar sus primigenios poemas, cuentos o novelas antes de cumplir las 35 primaveras.

No fue diferente para Abel Guelmes Roblejo, quien ya anda con paso seguro en la narrativa. A pesar de su corto bregar en el mundo de las letras, ha tenido el placer de recibir dos galardones en concursos especializados: el primero fue el de la revista Juventud Técnica, en el año 2017, con un cuento de ciencia ficción; el segundo, el Oscar Hurtado, hace dos años, en la categoría de fantasía. Su último y no menos importante lauro fue el premio La Gaveta, del año pasado –un certamen organizado por la revista homónima, de la Asociación Hermanos Saíz en Pinar del Río, y no especializado en estos subgéneros–, en el apartado de cuento.

En entrevista exclusiva con BOHEMIA nos habla sobre sus primeras experiencias en el mundo de la creación literaria, así como sus éxitos actuales; la importancia de los talleres para los escritores y lo más importante: no dejar nunca de leer y nutrirse de los más sabios.

“Comencé a escribir en el año 2013 –rememora–. Desde ese entonces me acerqué al taller Espacio Abierto y al proyecto Dialfa, ya que eran los únicos lugares afines a mis gustos literarios, además tenía conocimiento de que en ellos se reunían escritores. Estaba prácticamente como una página en blanco y quería nutrirme de sus conocimientos.

Viaje a la fantasía.

En 2017 vio publicado su primer libro.

“Al inicio creía que narrar era fácil. Un día me senté y tecleé en la computadora 12 páginas de mi primer cuento. Aún lo tengo, es desastroso; solo que en aquella época no lo veía así, incluso lo envié a un concurso. Sin proponérmelo, su género era la fantasía; en aquel momento no sabía la existencia de estas diferenciaciones, para mí era solo escribir un texto.

“En mi primera sesión de Espacio Abierto, escuché algunas narraciones con los mismos errores que la mía, y me di cuenta de que necesitaba más lecturas. Debía respetar este oficio que recién había descubierto y hacerle honor a quienes me estaban enseñando”.

– ¿Personalmente, en qué devino ese taller?

-Es mi casa, mi familia. Allí sigo aprendiendo en cada encuentro y he puesto en práctica todo lo asimilado en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. He crecido en la literatura y como persona. No fuera lo que soy hoy, como escritor, si no existiera Espacio Abierto. Para mí sí resulta imprescindible.

“Es literal y literariamente mi taller, aunque no de forma exclusiva, es tan mío cómo de cualquier escritor que se le acerque, a fin de cuentas, es un espacio accesible para todos. Ha ayudado, ayuda y ayudará a muchísimos literatos, no solo de La Habana, también de otras provincias”.

-¿De qué manera el Centro Onelio contribuyó en tu formación?

-Entré en el propio año 2013. Allí aprendí las técnicas narrativas, a amar y respetar el oficio de la literatura, a cuidarlo y atenderlo a diario. Cambió mi forma de ver todo. Está entre las mejores experiencias de mi vida. No solo conocí gente maravillosa y me integré a esa hermandad, también a magníficos escritores”.

-¿Por qué escribes ciencia ficción y fantasía?

-La afición al género fantástico en general (lo que incluye a la ciencia ficción) viene de las lecturas que tuve en la infancia. Entre mis autores preferidos en esa época se encontraban Julio Verne y Poe, por mencionar sólo dos.

“En la actualidad sigo sin proponerme escribir un género en específico, más bien hago un cuento o una novela, en resumen, una historia. Eso no niega que tenga preferencia por lo fantástico al escribir y al leer, porque es una literatura que no tiene límites preestablecidos, es libre, solo la restringe la imaginación del autor, quien crea un mundo nuevo. No es como en el realismo, donde se recrea una historia ya con reglas estrictas en un universo conocido”.

Viaje a la fantasía.

Además de este volumen, incluido en la colección Hojas de Hierba, de Ediciones Loynaz, sus obras en integran varias antologías.

-¿Qué te aportó haber obtenido el premio en el concurso de la revista La Gaveta?

-Gané el primer premio en este certamen con el libro Menú Completo. Fue maravilloso que reconocieran de esta manera mi trabajo. “He cumplido así varios sueños: publicar en mi país, ser leído por mis amigos, emocionarme porque algunos desconocidos me digan que les gustó y verlo en un stand en la Feria Internacional del Libro de la Habana.

“Es un volumen de cuentos, donde los relatos se centran en el absurdo. Creé una serie de historias, en apariencia comunes, que se van desarrollando hasta llegar a niveles irracionales. Quería demostrar que los géneros literarios pueden utilizarse como pretexto, porque lo que importa es lo que cuentas; por eso en mi libro encontrarás cuentos humorísticos (o rayando el humor), de suspense y románticos.

“Recibir ese premio es una prueba de que en Cuba hay quienes ven más allá de los géneros literarios y se fijan en lo que uno quiere decir como creador”.


El Dios literario de Maylín Arencibia

*Tomada de Cubahora

 

La psicología y la literatura son sus dos grandes pasiones. Asegura que la primera le proporciona una suerte de esqueleto lógico para la construcción de los personajes, de quienes suele crear una especie de estructura clínica. El Centro Nacional Onelio Jorge Cardoso, donde se graduó del curso de técnicas narrativas en 2011 y actualmente se desempeña como especialista de Relaciones Públicas, es fuente de buenas sensaciones, sueños y compromiso creativo y profesional.

Ganadora de reconocimientos como los primeros premios en el IV Certamen Poético Internacional Alonso Quijano (España, 2011) y el Concurso de Relato Corto Ciudad de Torrevieja (España, 2012), la joven escritora Maylín Arencibia Gómez, radicada en La Habana, hace poco sonrío otra vez con la satisfacción del éxito al obtener la beca Frónesis, que entrega la Asociación Hermanos Saíz, por su proyecto de novela Un Dios Estéril.

Con entusiasmo, expresa que esa obra constituye una deuda personal con sus memorias familiares. “Lo que comenzó en un repaso intencional por mi genealogía, devino en una labor de recuperación de tradiciones orales familiares sobre la emigración española en la Cuba de finales del siglo XIX y principios del XX.

”Mientras más hurgaba, más testimonios impresionantes surgían: gente pobre con nombres de reyes, mujeres que levitaban, fortunas enterradas en los traspatios, hijos ilegítimos, empresarios analfabetos, niños muertos, niños vivos… Los encuentros filosóficos de un caballero católico con un jefe santero, la coronación de una reina de Galicia en una tintorería. Un pescador mujeriego con una mujer tuerta. La hija de un rey casada con un camionero.

”Ahí está la materia prima, pero Un Dios Estéril ya no es una recopilación de historias. Esta novela en construcción es una pregunta: ¿Son ellos la mitad de lo que somos? Ahí aparece Adalberto, el cubano que quiere ser ciudadano español. Personaje que empieza su búsqueda con otra pregunta, acaso más simple, acaso más profunda ¿Y si me aparece una herencia? Intento ahora saldar la deuda con el presente. Y de paso descubrir cuál es en realidad ese Dios estéril”, dice esta carismática muchacha, licenciada en Psicología, guionista de televisión y ganadora del segundo lugar en cuento en XVIII Premio Farraluque de Literatura Erótica (2014).

—¿Cómo enfrentas el proceso creativo, es un acto serio que te exiges como autora, o lúdico y espontáneo?

—Es todo eso y más. No puede haber nada más serio que aquello que involucra un receptor. Ni nada más espontáneo que esa vocecita que te saca de la realidad inmediata para recordarte las ideas pendientes, a veces a gritos. Lo que sí puedo responder es que en mi caso se trata de un proceso lento, una gestación de elefante, cargada de manías y algoritmos. Pero una vez sobre el teclado, la masa va cogiendo forma. Y fluye.

—¿Cuánto de ti hay en tus historias? ¿Cuán favorable o no es que los lectores perciban tu voz en cada relato o novela?

—La mayoría de mis historias son sobre mí sin serlo. Reconozco la incapacidad para retratarme objetivamente, pero sí escribo de lo que observo en el mundo y me duele, o me conmueve, que es en definitiva otra forma de dolor. Y ya en ese punto son mías. Soy yo quien las vive, cada vez.

Con respecto a la segunda pregunta hay algo interesante. Durante mucho tiempo me inquietaba la necesidad de definir un estilo, de encontrar, como dices: esa voz. Esa marca con la que pudiera identificarme, y mejor aún, que otros pudieran notar. Eso fue y es aún un fracaso total. Mis relatos y novelas nacen ya con voz propia. Cada historia me dice lo que necesita. A veces me apego más al lirismo, en otras ocasiones a una prosa descarnada y dura. Hay momentos en que necesito recurrir a un narrador clásico, neutral, y en otros no sé explicar lo que quiero si no empleo el absurdo o la introspección. Uso tantos tonos como sea posible, según lo que me interese transmitir. Mi literatura es como la esquizofrenia, un todo fragmentado en millones de voces y discursos. Aprendí a aceptarla, y ella, en cambio, me agradece.

—¿Cuán favorables son tus conocimientos de Psicología para la literatura en aspectos como la construcción de los personajes y el desarrollo total de las historias?

—Esta es la pregunta que más voy a disfrutar en responder, porque me hablas de mis dos grandes pasiones. Me acerqué a ambas bajo una misma vocación: entender. Y las dos me han abierto las puertas a un universo de posibilidades en la creación… y en la comprensión.

La psicología, (en mi caso el psicoanálisis lacaniano) me proporciona una suerte de esqueleto lógico para la construcción de los personajes. Te confieso que no puedo diseñarlos sin saber de antemano la estructura clínica, esbozar algo del deseo y conocer fundamentalmente la relación, casi siempre mortífera, con su propio goce, que es en definitiva para mí la esencia de cada personaje e incluso de las historias. Aun cuando no utilice estos elementos en la escritura; tengo que saberlos, conocerlo todo. La literatura, como la concibo, no se trata de contar historias, sino de contar a alguien.

—¿Todavía se puede aspirar a lo verdaderamente nuevo en la literatura o los autores deben conformarse con dominios de técnicas y abordajes de historias de alguna manera reflejadas por otros?

—Es probable que ya se hayan tocado todos los temas y que se hayan usado todas las técnicas y formas posibles, pero desde el mismo momento en que un escritor toma algo de la realidad, lo procesa, lo amolda, lo reinventa y lo escupe sobre el papel, ya es nuevo. Mejor o peor logradas se podrán repetir muchas cosas, pero la visión de cada cual es lo que hace una obra única. Cabría entonces procurar que las hazañas estilísticas ayuden. Creo que sería hora de concentrarnos más en la sinceridad de lo que se expresa. Es posible que ahí, sin darnos cuenta, aparezca lo nuevo. O no. Pero esa labor crítica ya corresponde a otros.

—Algunos consideran que la literatura cubana no vive un buen momento. ¿Comparan a los autores actuales con otras generaciones? ¿Qué piensas?

—Es una vieja práctica aquella de comparar lo actual con lo anterior. Y no siempre sale bien parado el presente. Casi nunca. Es algo que está en el imaginario colectivo. Me viene a la mente el refrán “Todo tiempo pasado fue mejor”, pero me gusta más la filosa reflexión de Ernesto Sábato en El Túnel: “…ni el diablo sabe qué es lo que recordará la gente, ni por qué…”. Y a riesgo de caer en la ironía de usar como máxima para mi respuesta una frase de más de 70 años; te contesto: Creo que aún está viva, la literatura cubana. Late en muchísimas voces, bien sonoras y definidas. Las anteriores nos dejaron ese legado. No me creo que un estado de salud se defina por una época. Hay mucho más en juego. La literatura cubana existe y resiste en el discurso de cada tiempo. ¿Mejor o peor? No voy a ser yo quien lo juzgue.

—¿Qué importancia le concedes al curso de técnicas narrativas del centro Onelio Jorge Cardoso?

—Otra pregunta que me agrada. Imagínate, pasé por el Centro Onelio entre 2010 y 2011, y ahora trabajo como especialista en Relaciones Públicas de ese lugar. Para mí es el destino y sus antojos. Un ciclo que se cierra y se abre con perspectivas cada vez más interesantes. El Centro Onelio marca mi vida desde todas las maneras posibles. Fue mi entrada verdaderamente seria en la literatura y hoy por hoy mi mayor compromiso profesional.

Podría aprovechar este apartado para, cumpliendo con mi trabajo y respondiendo a tu pregunta, hacer una especie de promoción solapada del curso de técnicas narrativas, pero en cambio voy a emplear el suspenso. A ver si continuamos conquistando cada año más solicitudes al curso, que ya sobrepasa los mil egresados. Esos, los que ya han estado, saben de lo que hablo.

—¿Cuán difícil o fácil es publicar hoy en Cuba para una escritora joven?

—No es fácil y tampoco difícil. Creo que es natural. Es algo que está ocurriendo orgánicamente. Los sistemas están creados. Las editoriales de la AHS hacen un trabajo encomiable con la difusión de la literatura joven (crisis y dificultades aparte…). Los premios han resultado una vía expedita para alcanzar la letra impresa y algo de promoción. Pero olvidamos, quizás, que existen otras posibilidades. Conozco varios escritores publicados por la vía tradicional, que desde las redes están logrando resultados interesantísimos, y cuyos textos llevan entonces un carácter más inmediato y más íntimo. El escritor se adapta a los tiempos. El escritor cubano, adapta el tiempo a sí mismo y a su realidad. Y eso me encanta.

—Si pudieras promover autores jóvenes o libros específicos de la literatura cubana más reciente, ¿cuáles serían?

—Esta es una de esas preguntas trampas. Exige una respuesta imposible de conseguir, al menos para mí. En primer lugar, porque quizás los autores que me impactan no quepan en el reducido espacio de esta entrevista, o porque en la premura de la respuesta olvide algún nombre, pero básicamente porque no puedo afirmar algo sabiendo que aún me faltan textos y autores por conocer.

“Asignatura pendiente. Sin embargo, sí me comprometo con algo. Y no solo es mi criterio, sino también de la institución que represento: Apostamos por esa voz que más allá de las técnicas, o gracias a ellas, se hace escuchar, porque lo que tiene para decir da igual si es sucio, complaciente, incómodo o blando, mientras sea honesto”.

—¿Cómo te defines como escritora y persona?

—Definirse como persona nombraría todo lo demás. Sin embargo, es ardua la tarea. Es preferible verse en los ojos del mundo. Bueno, malo o regular. Hay algo de verdad en la concepción de los otros sobre uno mismo que a veces, casi siempre, no se desea saber o no se reconoce como propia. Como acá tenemos la imposibilidad de que puedas hacer semejante encuesta, trataré de elaborar algo cercano a lo que soy.

Y te confieso, me siento incómoda cuando me llaman “escritora”. Respeto el título y quizás por eso lo postergo. Te pongo un ejemplo del psicoanálisis: Lacan dijo que la función final de un análisis es la producción de un analista. Quizás la producción final de mi literatura sea mi nacimiento como escritora. Por ahora no lo soy. Y no sé si algún día me autorice a llamarme así. De momento, soy una psicóloga que escribe.

—¿Qué referentes tienes en la literatura, cubanos y extranjeros? ¿Por qué?

—Partiendo de que mi acercamiento a la literatura ha devenido de alguna manera en un interés y rigor prácticamente científicos; te diré que siento predilección por aquellos autores complicados. Los que han muerto por sus propias manos, los que sufrieron y los que aún sufren. Los rotos, los esquizofrénicos, los sucios. Me atraen sus fantasmas y por eso necesito sus letras: Joyce, Poe, Cortázar, Proust, Virginia Woolf, Bukowski, Artaud, Hemingway, Pessoa, Kafka, Alejandra Pizarnik, Pavese…

Menciono otros quizás no tan rotos pero que me han impactado: Saramago, Piglia, Kundera, Rulfo, Clarice Lispector… Y de los autores cubanos, me es difícil elegir. Con Virgilio Piñera creo que en algún momento llegué al punto del fetiche. Me han marcado también las búsquedas de Padura, la objetividad de Pedro Juan, el dolor de Carlos Montenegro, la magia de Carpentier. Sin olvidar a Wichy, Juan Carlos Flores, Ariel Ribeaux… No voy a seguir.

—¿Cuáles son tus principales sueños en el mundo creativo?

—Que me alcance el tiempo, que fluyan las ideas y que me siga conmoviendo lo suficiente el mundo para que merezca la pena contarlo.


Convocatoria del Curso de técnicas narrativas 2019

Con el objetivo de continuar estimulando la formación y el desarrollo de los jóvenes narradores, el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, convoca a los jóvenes narradores de toda la Isla, de 16 a 35 años edad, al próximo curso de técnicas narrativas.

Los interesados en participar deberán enviar tres cuentos o un fragmento de novela y los siguientes datos personales: NOMBRE Y APELLIDOS, CARNÉ DE IDENTIDAD, EDAD, DIRECCIÓN, TELÉFONO, CORREO ELECTRÓNICO, Y UN BREVE CURRÍCULO, para ser evaluados por la dirección del Centro a:

Centro Dulce María Loynaz
Curso de Técnicas Narrativas
Calle 19 #502 esquina a E
Vedado, Ciudad de La Habana

El plazo de admisión de los textos ce rrará el viernes 20 de diciembre de 2019. LAS SOLICITUDES DE LA HABANA, ARTEMISA Y MAYABEQUE SE ENTREGARÁN DIRECTAMENTE EN EL CENTRO DULCE MARÍA LOYNAZ.

Las solicitudes de los aspirantes de otras provincias podrán ser enviadas a: cursos.centronelio@gmail.com

Los aspirantes seleccionados serán notificados con suficiente antelación a la fecha de comienzo del curso.

El curso para los participantes de La Habana, Artemisa y Mayabeque comenzará en enero y las clases serán los sábados de 9:00 a 1:00.

Los participantes de las demás provincias se reunirán en dos encuentros nacionales de una semana de duración cada uno, en los meses de marzo y junio. Los gastos de transporte, alojamiento y alimentación para este grupo corren por cuenta del Centro Onelio.

Por más información llamar a:

Yamila Peñalver al 7-764-1786 o a Maylin Arencibia al 52740206.

También pueden escribir a: cursos.centronelio@gmail.com