Casa de las Américas


Notas sobre resistencia cultural y creación artística (Espacio Dialogar, dialogar + fotos)

Agradezco a los organizadores la invitaci√≥n. Es un lujo que la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z mantenga un espacio como este que nos permite pensarnos y que tambi√©n, de muchas maneras, nos confronta. ‚ÄúDialogar, dialogar‚ÄĚ naci√≥ para rendir tributo a Alfredo Guevara y quiero recordarlo a √©l hoy de manera especial, en este lugar que fue tambi√©n su casa y la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano porque √©l as√≠ lo quiso.

El tema que la AHS nos invita a debatir esta vez propone entre otros el an√°lisis de los v√≠nculos entre resistencia cultural y creaci√≥n art√≠stica. Intentar√© aqu√≠ un acercamiento preliminar a partir de mi experiencia profesional en la cual confluyen mi trabajo con teatr√≥logo y mi desempe√Īo como director del Programa de Estudios sobre Culturas Originarias en la Casa de las Am√©ricas.

No obstante, necesariamente, debo mencionar antes la resistencia popular que emerge en la regi√≥n ‚Äďen Ecuador y Chile‚Äď como respuesta a la desfachatez del neoliberalismo y tambi√©n la resistencia ind√≠gena que se levanta frente a ese terror√≠fico Golpe al Estado Plurinacional de Bolivia que ha remontado el proyecto colonial, excluyente, racista y fundamentalista de la conquista. Lo que ocurre hoy en Ecuador, Chile, Bolivia y ahora tambi√©n en Colombia no solo nos obliga a expresar nuestra condena a las fuerzas coloniales represoras y nuestra solidaridad con los pueblos que luchan, sino que nos exige estar atentos y pensar-obrar-sentir sin ingenuidad.

Al abordar el tema de la resistencia cultural lo primero que salta a la vista es la necesidad de comprender a fondo la diversidad de actores y contextos que hacen parte de los dis√≠miles procesos en los que esta aparece como una imperiosa necesidad de subsistencia. Ello nos permite evaluar la complejidad que entra√Īa usar una noci√≥n que, como explicara N√©stor Garc√≠a Canclini, en un texto publicado hace ya casi una d√©cada, ‚Äúes una de las m√°s gastadas y menos analizadas en la ret√≥rica cr√≠tica‚ÄĚ (2010).

Hoy, si bien sigue siendo una noci√≥n poco estudiada es, adem√°s, uno de los t√©rminos apropiados por la derecha ultraconservadora e imperial para sustentar ama√Īados procedimientos de subversi√≥n. Lo anterior obliga a poner apellidos a los procesos de resistencia siendo aquellos que enfrentan la hegemon√≠a colonial-neoliberal los que en particular me interesan.

En estos tiempos las pr√°cticas revolucionarias y descolonizadoras operan en un mundo en el cual, mediante la fuerza, pero tambi√©n con la puesta en marcha de estrategias muy sofisticadas de ‚Äúcolonizaci√≥n del deseo‚ÄĚ (Rolnik, 2019), se prefiguran escenarios ‚Äďparques tem√°ticos‚Äď para canalizaci√≥n sectorializada de la necesidad humana de expresar disenso.

Estos compartimentos estancos, que nos obligan a enfocarnos en temas espec√≠ficos al tiempo que invisibilizan otros, buscan estandarizar los comportamientos, controlar las reacciones y conducir la atenci√≥n de los individuos ‚Äďindividuos cada vez m√°s individualistas‚Äď, hacia zonas alejadas de los fundamentales conflictos del mundo.

En estos sitios est√° permitido ejercer, dinero en mano, la √ļnica libertad posible: comprar, consumir. Lo ignoran algunos, pero, en verdad, formamos parte del ciclo que no solo nos hace devenir consumidores, sino que acaba transform√°ndonos en mercanc√≠a, de modo que nuestra vida, como la del antiguo S√≠sifo, es reducida a una puesta en escena en la que permanentemente nos vendemos a nosotros mismos. Siguiendo esa l√≥gica, podemos decir con claridad que la cultura de nuestro tiempo, que es la de un capitalismo neoliberal despiadado, se caracteriza por la manipulaci√≥n a gran escala de las subjetividades ‚Äďindividuales y colectivas‚Äď, a trav√©s de muy sutiles e infinitamente diversificadas t√°cticas de dominaci√≥n que operan mediante la exaltaci√≥n de un ego√≠smo autof√°gico y sadomasoquista. Vivimos sumergidos y ahogados en un mundo que, al decir de Homi Bhabha, da ‚Äúa la cotidianidad alienante un aura de individualidad, una promesa de placer‚ÄĚ (2007).

No es raro entonces que cualquier v√≠a que socave, aunque sea en muy peque√Īa escala, los fundamentos de esa cultura global que estandariza, unifica y quiebra todo v√≠nculo con las esencias humanistas, sea asediada de la manera m√°s acerba por el imperialismo y sus √©lites locales y trasnacionales o glocales, como algunos prefieren decir.

La justicia social, la solidaridad, la reciprocidad, la complementariedad ponen en crisis el sistema totalitario y homogeneizante y escapan de la lógica del carpe diem. La reemergencia de paradigmas alternativos al neoliberalismo, basados en las propias estrategias de resistencia de los pueblos, y el despliegue con éxito de procesos sociales de matriz descolonizadora, han puesto a funcionar la vieja maquinaria del exterminio, siempre engrasada. El golpe de estado en Bolivia viene a ratificar esa práctica en un subcontinente donde el descontento popular y su expresión ciudadana colectiva crecen y se fortalecen considerablemente.

La creaci√≥n de un nuevo ej√©rcito de evang√©licos fundamentalistas trae a escena al mismo protagonista con id√©ntico objetivo: divide y vencer√°s. Pero nada de esto es nuevo, esa es la l√≥gica tras las sucesivas conquistas de Abya Yala, y, claro est√°, la que sostiene por casi 60 a√Īos un despiadado bloqueo contra nuestro pa√≠s.

Entiendo la resistencia cultural como la acción-reflexión descolonizadora y despatriarcalizadora, que visibiliza, de manera dialéctica, las tramas subterráneas de la homogenización neoliberal y busca quebrar desde las macropolíticas, pero también desde las micropolíticas, las estructuras y las narrativas de la dominación imperialista.

No hay dudas de que es esta una batalla que se da fundamentalmente a nivel de subjetividades porque una de las tareas cardinales de esa maquinaria es ocultar los conflictos de clase, g√©nero y tambi√©n los que resultan de los procesos coloniales de racializaci√≥n. Por ello algunos investigadores hablan en la actualidad de la ‚Äúinvenci√≥n de los pobres de derecha‚ÄĚ como uno de los productos m√°s exitosos del capitalismo de estos tiempos, consumidores sin conciencia de clase y sin voluntad transformadora.

Desde luego que si la estrategia es individualizar hasta la máxima expresión posible el mejor antídoto sería constituirse y fortificarse en comunidad, robustecer los lazos y redes que nos hacen uno con el otro y proteger, a lo interno, las dinámicas naturales de la diversidad, de modo que no sean utilizadas para desmontar las bases de una alianza que no ha de tener más aglutinante que la necesidad de defender la vida, de todos y todas, y el territorio donde esa vida se reproduce. Pienso, por ejemplo, en la resistencia de los pueblos indígenas del continente, avasallados permanentemente en la más absoluta invisibilidad y masacrados con las armas, la biblia, los virus, el dinero, el alcohol…

Son, sin duda, los pueblos originarios los que más genocidios y espistemecidios han resistido y de quienes más debemos aprender. Su unidad como pueblos radica quizás en un  hecho que no debemos olvidar. Para los indígenas la tierra es un ente vivo con la que estamos íntimamente relacionados, de modo que comunidad y territorio son una misma entidad no ya desde el punto de vista simbólico, sino también de manera muy concreta.

Si pensamos en la creación artística desde esta perspectiva coincidiríamos, tal vez, en que aquellas obras que contribuyen a la cohesión de la comunidad y a la afirmación de su identidad en un territorio determinado hacen parte de una cultura de resistencia frente al tsunami homogeneizador que individualiza y divide. Sin embargo, hay que ser conscientes de que no basta con sostener y enarbolar ese propósito.

Una obra de arte no es solo resultado de la voluntad del artista sino tambi√©n de un conjunto de din√°micas institucionales diversas ‚Äďel propio creador tambi√©n lo es‚Äď y podr√≠a reproducir las estructuras e incluso los mensajes de dominaci√≥n, o en peor de los casos contribuir a la afirmaci√≥n de estos por un efecto de rebote. Es lo que suele pasar con el panfleto, con las obras que ‚Äúdenuncian‚ÄĚ generalizando y con mucha creaci√≥n-propaganda que acaba repitiendo las mismas f√≥rmulas del melodrama, por ejemplo, y arrastrando, m√°s bien empujando, a los lectores-espectadores con entusiasmo militante al campo enemigo.

No existe la cultura de resistencia sin el arte crítico, capaz de proponer al lector-espectador una estrategia activa de análisis de su realidad, una actividad que en lugar de adormecerlo lo desperece e involucre. Pienso en Bertolt Brecht y en su concepción del teatro épico que no descarta la diversión, pero aspira a una productividad, la cual no puede realizarse sin un creador con sentido crítico y con una intención definida. Al respecto dice Brecht:

Sin criterios y sin intenciones es imposible realizar verdaderas representaciones. Sin saber, es imposible mostrar. ¬ŅY c√≥mo saber lo que vale la pena saberse? Si el actor no quiere ser ni un papagayo ni un mico debe hacer suyo el saber de su tiempo sobre la convivencia humana, participando en la lucha de clases. Es posible que a alguno le parezca esto rebajarse, ya que -una vez que ha quedado establecido lo que va a cobrar como actor-, coloca al arte en las m√°s sublimes esferas.

Pero las decisiones supremas del g√©nero humano se conquistan en la tierra, no en el √©ter; en el ‚Äúexterior‚ÄĚ y no en los cerebros. Nadie puede estar por encima de la lucha de clases, ya que nadie puede situarse por encima de los hombres. La sociedad no posee ning√ļn altavoz com√ļn mientras siga dividida en clases que se combaten. En arte, ‚Äúpermanecer imparcial‚ÄĚ significa ponerse del lado del partido ‚Äúdominante‚ÄĚ (1998).

La pregunta ‚Äú¬ŅY c√≥mo saber lo que vale la pena saberse?‚ÄĚ de Brecht me lleva a pensar en la necesidad de pedagog√≠as decoloniales, las cuales al decir de ¬†¬†Catherine Walsh, son entendidas como:

(‚Ķ) las metodolog√≠as producidas en los contextos de lucha, marginalizaci√≥n, resistencia (‚Ķ) lo que Adolfo Alb√°n ha llamado ‚Äúre-existencia‚ÄĚ; pedagog√≠as como pr√°cticas insurgentes que agrietan la modernidad/colonialidad y hacen posible maneras muy otras de ser, estar, pensar, saber, sentir, existir y vivir-con (2013).

Solo la voluntad de descolonizaci√≥n y de emancipaci√≥n que implica la puesta en pr√°ctica del pensamiento cr√≠tico y de una acci√≥n transformadora que vaya m√°s all√° de la resistencia misma para ‚Äúproducir modos de subjetivaci√≥n originales y singulares‚ÄĚ (2015), puede activar una creaci√≥n desregularizada capaz de transparentar los mecanismos de control, problematizar la existencia y poner a funcionar el tejido social en funci√≥n de ese equilibrio del mundo del que hablaba Mart√≠, o del ‚Äúbuen vivir‚ÄĚ andino. Parecer√° raro, quiz√°s, que yo hable de buen vivir aqu√≠, ahora que los dos pa√≠ses que han constitucionalizado ese principio ind√≠gena en el continente enfrentan una profunda crisis de paradigmas producto de la embestida neoliberal y la traici√≥n, porque sobre todo traidores hay en esta historia.

En realidad lo hago por la diferencia esencial entre la idea comunal de vivir bien, en equilibrio y armonía con el otro y con el ambiente, la madre tierra o la Pachamama si lo decimos en quechua o en aymara, y el vivir mejor que implica que algunos vivan mejor que otros, o sea que unos tengan más, acumulen más.

Pienso en el ayllu, la comunidad originaria andina, y pienso en la din√°mica creadora del teatro de grupo latinoamericano que, afincado en el deseo de construir una comunidad ut√≥pica para la comprensi√≥n y expresi√≥n de nuestras realidades, ha propuesto, fundamentalmente a partir de la segunda mitad de siglo xx, un sinn√ļmero de experiencias de convivio que radicalizan la necesidad del ser humano de confrontarse en vida con el otro, interrogar nuestras realidades e interrogarnos.

Ese teatro vivo, inquietante, crítico, incómodo, distinto del drama culinario o antiespasmódico, que junta, en el caso de nuestra América, la práctica de Brecht con la del loco Antonin Artaud, ese amigo íntimo de Alejo Carpentier, que viajó a México para encontrar en los rarámuris o tarahumaras una conexión con la vida, humana y cósmica, que no existía en el París de la primera mitad de siglo. Ese quehacer efímero, pero orgánico, constituye un extraordinario reservorio de  escenarios y experiencias de resistencia.

Habría que mencionar sin duda el quehacer de figuras como Atahualpa del Cioppo, Enrique Buenaventura, Santiago García, Antunes Filho, Vicente Revuelta, Miguel Rubio y Flora Lauten, el trabajo de los grupos que ellos fundaron. Más acá en el tiempo y centrándome en Cuba podríamos mencionar a Nelda Castillo, Carlos Díaz, Carlos Celdrán, Rubén Darío Salazar, Fátima Paterson, como hacedores de una práctica siempre cuestionadora y revulsiva de esa realidad compleja que muchas veces se muestra en blanco y negro, perfecta o imperfecta, y que las obras de estos creadores discuten, porque nos obligan a abandonar nuestra zona de confort y a dirigir nuestra mirada hacia lugares incómodos de los que solemos apartar los ojos y la mente.

Obviamente, no toda creación teatral participa per se de esa cultural de resistencia, sin embargo, creo que en el teatro como manifestación se dan las bases para que esa cultura se exprese. Jorge Dubatti, un notable crítico y teórico argentino, nos recuerda:

(…) que el punto de partida del teatro es la institución ancestral del convivio: la reunión, el encuentro de un grupo de hombres en un centro territorial, en un punto del espacio y del tiempo. (…)  En tanto convivio, el teatro no acepta ser televisado ni transmitido por satélite o redes ópticas ni incluido en Internet o chateado. Exige la proximidad del encuentro de los cuerpos en una encrucijada geográfico-temporal, emisor y receptor frente a frente (…) (2007).

En la reuni√≥n de esa comunidad reflexiva que el mejor teatro activa me gusta ver un conjunto de claves que necesitamos comprender. La primera, no estamos solos. La segunda, no somos el centro del universo. La tercera, estamos realmente vivos, no somos zombis, podemos impedir ser convertidos en zombis, quiz√°s, si el mal ha avanzado demasiado, podemos incluso dejar de serlo. ‚ÄúQue nos vean la vida‚ÄĚ, dec√≠a Mart√≠ a sus colaboradores del Partido Revolucionario Cubano, y es recomendaci√≥n totalmente vigente y lo ser√° a√ļn en este mundo atestado de muertos vivientes, gente hastiada, malgeniosa, amargada que se cruza en nuestro camino diariamente y que a veces se convierte en el camino mismo.

La cultura del mundo occidental actual impone el miedo al otro y propone la soledad del corredor de fondo como salida o refugio. El teatro que prefiero rompe ese aislamiento, busca complicidades y, aunque presente las cosas m√°s terribles, esclarece y conjura, dos cosas que arte en resistencia est√° obligado a hacer.

Meyerhold y Vajtangov, ambos disc√≠pulos de Stanislavki, sol√≠an decir, a contrapelo de los postulados de su maestro, que en el teatro el √ļnico estado posible era la alegr√≠a (Ver Meyerhold, 1988 y¬† Gorchakov, 1962). S√© que hay mucha gente enojada que ha hecho grandes obras que nos ense√Īan mucho sobre los fracasos del ser humano, pero creo que la mejor de las batallas es la que se combate usando, lo que refiri√©ndose a Mart√≠, Fina Garc√≠a Marruz denomin√≥, ‚Äúel amor como energ√≠a revolucionaria‚ÄĚ (2004).

No s√© si el amor de Mart√≠ es exactamente el mismo de los Beatles ‚Äď por aquello de ‚Äúall you need is love‚ÄĚ‚Äď‚Äď pero s√≠ estoy seguro de que es el mismo estado que Meyerhold y Vajtangov llama alegr√≠a, un estado que congrega en la disposici√≥n a actuar, que conmina a hacer lo que hay que hacer. El amor y la alegr√≠a, no solo son las armas de la resistencia, son las herramientas de la resiliencia, los motores de la acci√≥n transformadora que se necesita, sea cual sea la escala de esa metamorfosis.

Porque podemos asumir que hemos perdido la guerra cultural o seguir pelando, sin odios como tambi√©n dec√≠a Mart√≠ ‚Äď en frase que, por cierto, ha sido recordada recientemente por un autoproclamado maestro de democracias‚ÄĒ, sin odio, s√≠, ‚Äúpero ‚Äďy vuelvo a Mart√≠‚ÄĒ ni una l√≠nea atr√°s de nuestro absoluto derecho‚ÄĚ (en Garc√≠a Marruz, 2004). Qu√© es digo yo el derecho fundamental, obvio, a la vida.

Vivir una cultura de resistencia nos exige no dar nada por sentado, preguntarnos una y otra vez con qué espejuelos miramos el mundo, desmontar el colonialismo internalizado en nosotros mismos y a interactuar conscientemente con los demás, lectores, espectadores, y también con el resto de las instituciones no para afincar nuestro ego, sino para disolverlo en esa acción que transforma y construye. No será fácil claro, habrá traiciones, distorsiones, derrotas, y aprenderemos de ellas si estamos en vida y no nos dejamos matar.

En su √ļltimo ensayo, Roberto Fern√°ndez Retamar, a quien no puedo dejar de recordar si se habla de creaci√≥n y resistencia porque a √©l debemos ese Caliban nuestro americano, que sigue siendo una extraordinaria met√°fora de la potencia emancipadora y descolonizadora que hay que preservar, propon√≠a una interrogante que hoy, si miramos a Bolivia o a Hait√≠ es a√ļn m√°s pertinente. Se preguntaba el poeta:

¬ŅQu√© destino es dable esperar, para un mundo sumido de modo creciente en la barbarie, de quienes, mientras consideran inferiores a etnias que no son la suya y como tales las tratan (as√≠ hab√≠an actuado los nazis), niegan cosas tan obvias y tan peligrosas para todos, incluso desde luego para los Estados Unidos, como el calentamiento global?

‚ÄúA pesar de la respuesta que al parecer se impone ‚Äďpropon√≠a el autor m√°s adelante‚ÄĒ volvamos a confiar en la esperanza‚ÄĚ (2019).

El amor de Martí, la alegría de los directores de teatro rusos y la esperanza que siempre invocaba Retamar soy hoy mis calves para entender la resistencia. Confiemos en los pueblos y asegurémonos que estamos del lado de los que aman y construyen esa sociedad más justa que traerá, en palabras del paradigma indígena andino, el tiempo del Buen Vivir.

 

Referencias bibliogr√°ficas:

Bhabha, Homi K. (2007). El lugar de la cultura. Manantial. Buenos Aires.

Brecht, Bertolt (1998). ‚ÄúPeque√Īo √≥rganon para el teatro‚ÄĚ, en¬†Conjunto, No. 110, julio-septiembre, La Habana, pp. 4-16.

Dubatti, Jorge (2007). Filosofía del teatro I, Atuel, Buenos Aires.

Fern√°ndez Retamar, Roberto (2019).‚ÄĚNotas sobre Am√©rica‚ÄĚ, en¬†Casa de las Am√©ricas, No. 294, enero-marzo, La Habana, pp. 27-37

Garc√≠a Canclini, N√©stor (2009).¬†‚Äú¬ŅDe qu√© hablamos cuando hablamos de resistencia?‚ÄĚ, Estudios visuales: Ensayo, teor√≠a y cr√≠tica de la cultura visual y el arte contempor√°neo, No 7, Espa√Īa, pp. 15-36.

García Marruz, Fina (2004). El amor como energía revolucionaria en José Martí, Centro de Estudios Martianos, La Habana.

Gorchakov N. (1962). Lecciones de Regisseur por Vajtangov. Editorial Quetzal. Buenos Aires.

Guattari, Féliz y Rolnik, Suely (2015). Micropolíticas. Cartografías del deseo, Casa de las Américas, La Habana.

Meyerhold, V. E. (1988). El teatro teatral. Arte y Literatura, La Habana.

Rolnik, Suely (2019). Esferas de Insurrección: Apuntes para descolonizar el subconsciente, Tinta y Limón Ediciones. Buenos Aires.

Walsh, Catherine (Ed) (2013). Pedagogías decoloniales. Prácticas insurgentes de resistir, (re)existir y (re)vivir, Abya Yala, Quito.

* Versi√≥n de las palabras le√≠das en el Encuentro ‚ÄúDialogar, Dialogar‚ÄĚ convocado por la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z bajo el tema Creaci√≥n y resistencia. La cultura de nuestro tiempo‚ÄĚ. El encuentro se realiz√≥ el 27 de noviembre de 2019 en el Sal√≥n de Mayo del Pabell√≥n Cuba con la conducci√≥n de Yasel Toledo Garnache y la participaci√≥n de Abel Prieto Jim√©nez y Gisselle Armas.


Casa tomada en Santiago de Cuba

Despu√©s de una extensa jornada de trabajo y encuentros entre j√≥venes creadores de la regi√≥n latinoamericana y caribe√Īa con artistas de Cuba, el III Taller Casa Tomada, en su primera versi√≥n itinerante por todo el pa√≠s, concluy√≥ su periplo en la ciudad de Santiago de Cuba, auspiciado por la Casa de las Am√©ricas de esta ciudad.

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Los puentes encontrados de Yunier Riquenes

Las distancias pueden recortarse muchas veces cuando intervienen la imaginaci√≥n y el talento. Naci√≥ en Jiguan√≠, provincia Granma, pero Santiago de Cuba lo enamor√≥ hasta las venas y al parecer ese amor se extender√° por muchos a√Īos. Escribe, dise√Īa, hace radio, promociona libros y uno se pregunta en qu√© tiempo logra enfrentarse al papel en blanco. Sin embargo, lo hace con oficio y no pocos premios aderezan sus vitrinas. Cuando supe que Yunier Riquenes obtuvo menci√≥n en la edici√≥n 17 del Concurso Iberoamericano de Cuentos Julio Cort√°zar, entend√≠ que el amor por la literatura es esa parte de nosotros que no claudica.

¬ŅQu√© significa alcanzar esta menci√≥n? ¬ŅConsideras que aun puedes aspirar a m√°s?

Estoy muy feliz de obtener este reconocimiento. Es un concurso que siempre he so√Īado con ganar. De hecho, todav√≠a siento que no he cumplido con el sue√Īo, espero que pueda ser posible en alg√ļn momento. Pero s√≠ me llena de mucha alegr√≠a que el cuento se haya reconocido.

Se titula Los ni√Īos diferentes y cuenta la historia de un ni√Īo que vive en un lugar intrincado de cualquier parte del mundo, o que puede ser de Cuba, llamado Matacaballos. Es una obra que habla sobre todo de la discriminaci√≥n.

En este caso, al ni√Īo lo discriman no solo porque viva en un lugar intrincado que no aparece en los mapas. Hay otros ni√Īos alrededor de √©l que lo discriminan, algunos por ser negro, otros por ser blanco, otros por ser pobre, otros por ser rico, en fin, que en la vida todos somos discriminados.

Cortesía del entrevistado.

Pero m√°s all√° de contar la propia historia de este ni√Īo, lo importante es c√≥mo uno supera ese tema de la discriminaci√≥n, c√≥mo tu creces, c√≥mo echas a volar en la vida y de eso va el cuento.

Me gustar√≠a en otro momento seguir esa historia y hacer una novela para j√≥venes, como siempre he so√Īado. Fue un cuento con el que tuve buenas intuiciones y que sab√≠a que algo positivo iba a suceder con esa historia. Y as√≠ fue, termin√© el cuento, se lo envi√© a mi amigo √Ālvaro Castillo que es librero y escritor colombiano, y me sugiri√≥ quitarle algunas partes. De ah√≠ lo mand√© al Cort√°zar y cogi√≥ menci√≥n.

¬ŅSeguidamente estuviste en la delegaci√≥n que particip√≥ en la Feria del Libro de China? ¬ŅCu√°nto eso contribuy√≥ a cambiar tu visi√≥n del libro como producto que se comercializa?

Creo que ha sido una de las experiencias más grandes que he tenido como escritor. Encontrarse con esa cultura milenaria, descubrir la forma de proponer el libro, de negociar el libro en un país como China es muy interesante. Independientemente de que el libro entra en el soporte espiritual de las personas, también creo que el libro debe entrar al mercado y hay grandes retos, el libro cubano tiene grandes retos.

Saber cómo lo producimos, cómo lo promovemos, dónde lo comercializamos, respetar los derechos de autor de los escritores cubanos. Y China me deja muchas interrogantes, sobre todo saber que con Claustrofobias no estamos tan mal.

Llegar a una gran librer√≠a en China y descubrir que lo que tenemos como pr√°ctica en esta peque√Īa librer√≠a cubana es lo que se hace all√≠, o sea, el sistema de econom√≠a, el sistema de b√ļsqueda; y cuando ves eso, te llena de alegr√≠a.

Las librerías se han transformado y han ampliado su concepto. Ya no es solo para buscar un libro sino que va más allá. Y Cuba debe insertarse en ese mecanismo porque es un fenómeno mundial. Están cambiando las formas de leer, de comunicarse, de relacionarnos, de pensar, y las librerías forman parte de ese entramado.

Cortesía del entrevistado.

¬ŅC√≥mo se alimenta Claustrofobias Promociones Literarias con esas experiencias que bebiste del pa√≠s asi√°tico?

Noches enteras casi sin dormir revisando materiales y sitios acerca de las prácticas chinas de cómo se desarrollan las editoriales. Me dio la posibilidad de ver cuánto se puede hacer para que los escritores y las obras tengan más visibilidad. Ahora mismo estamos proyectando la televisión desde aquí, la radio online, y son nuevos periodos de trabajo. A nosotros lo que más nos interesa es que los lectores vean a sus autores.

Recientemente fuiste jurado en el V Encuentro Hispanoamericano de Escritores en Villa Clara. ¬ŅHasta qu√© punto es pertinente para la literatura en nuestro pa√≠s?

Yo vi nacer ese evento. Cuando Idiel García llegó con la propuesta yo formaba parte de la dirección nacional de la AHS. Al principio había quienes no creían que debía llamarse hispanoamericano y hacerse en Villa Clara. Y se ha demostrado que sí vale la pena con el apoyo de muchas instituciones y entre ellas la Dirección Provincial de Cultura.

Recalco que la calidad de los invitados es muy buena. Este a√Īo se dedic√≥ a la literatura infantil, pero el anterior se centr√≥ en las nuevas tecnolog√≠as. De hecho, estuvo el destacado comunicador de las plataformas de izquierda tanto en Latinoam√©rica y en el mundo, Miguel P√©rez Pirela, y ha agrupado a personalidades de la cultura.

Ahora, en la quinta edición estuvo Gonzalo Moure, uno de los bueno escritores de Iberoamérica, Mónica Rodríguez, Premio Cervantes Chico, y varios grupos editoriales de la región.

En el concurso fui jurado de cuento para adultos y la calidad fue bastante buena. Solo recibimos las obras de los cinco finalistas. Creo que el hecho de que el concurso le permita entrar a más de 15 escritores de la AHS me parece excelente, porque posibilita que reconozcan su obra. Además, participan, intercambian, leen, presentan libros, y eso también es muy bueno.

Cortesía del entrevistado.

¬ŅEn qu√© proyectos trabajas en estos momentos?

Ahora mismo estoy con mucho trabajo. Participo en el taller de nuevas narrativas con la Casa de las Am√©ricas y es un curso que exige mucho. Hay que leer, prepararse, terminar un proyecto. Uno aprende bastante, a ver el periodismo de otra manera. Sigo haciendo radio, hay que seguir con Claustrofobias Promociones Literarias a deshora y, en lo personal, sigo trabajando en una novela que se llama La Orquesta, as√≠ como otras cosas para ni√Īos en el poco tiempo que me queda.

Así transcurre la vida de Yunier Riquenes, entre libros y el afán siempre de crear. Cada disciplina que realiza abre puentes, líneas emotivas que se encuentran en el juego de las letras y el pensamiento.


¬ŅQu√© haremos los sobrevivientes?

En febrero del a√Īo 2014 conoc√≠ a Roberto Fern√°ndez Retamar. La Federaci√≥n Estudiantil Universitaria invitaba a l√≠deres estudiantiles latinoamericanos a un encuentro que tuvo lugar en La Habana a mediados de ese mes. La Casa de las Am√©ricas ocup√≥ de inmediato la cabeza de los que organiz√°bamos aquella reuni√≥n. Su presidente desde 1986 era responsable de una parte de las m√°s completas autorreflexiones y propuestas sobre Am√©rica Latina y en general sobre el Tercer Mundo. Conquistaba la atenci√≥n de los que conoc√≠amos parte de su obra, y ten√≠amos seguridad de su entusiasmo y afecto por la gente joven. Durante cuatro horas, como imaginamos, ayud√≥ a meditar sobre la toma de conciencia de la acci√≥n revolucionaria, el papel del intelectual, las universidades y la cultura toda, ante las desgarraduras que suelen ser las revoluciones hist√≥ricas y los inmensos peligros que encierra la perspectiva dominante del imperialismo. [+]


Rayuela enamorada

Fuente:Sitio web Granma

Con sello editorial Casa de las Américas, llega la muy esperada reedición en el país de la descomunal obra, orgullo de la creación latinoamericana, cada vez más codiciada por las jóvenes generaciones de lectores, que tal vez desconozcan que su autor, perplejo ante su creación, no sabía en un principio qué hacer con lo que había escrito. [+]


Arte en La Rampa y sus encantos

La XIX edición de la Feria de la Cultura Cubana Arte en La Rampa abre sus puertas este viernes 6 de julio y se extenderá hasta el 2 de septiembre, en su habitual espacio del Pabellón Cuba, para sorprender con sus encantos y atractivas propuestas a los residentes en La Habana y quienes la visiten por esa fecha.

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Quiero una canción para los romeros

Un espacio para el disfrute y donde, sin dejar de pulsar las cuerdas de una guitarra, se expresa el sentir y la diversidad cultural de nuestros pueblos, es el evento Quiero una canción, que se organiza como parte de las Romerías de Mayo. En esta ocasión la cita trovadoresca está dedicada al 50 aniversario del primer concierto de la Nueva Trova, protagonizado por Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, en Casa de las Américas.

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