Casa de la Trova


Raúl Prieto entre la trova y el rock

Raúl Prieto asegura que es esencialmente un cantautor que se mueve entre la trova y el rock, aunque se siente cercano a géneros como el pop rock, la balada, el bolero, el son… Su obra viene a ser el resultado de múltiples referencias: “Trato de interactuar con todos estos géneros, defendiendo determinados valores estéticos, un cuidado por las letras, las armonías”. Por eso asegura que su “música no es necesariamente trovadoresca al estilo de los viejos juglares”, aunque durante varios años se trasladara desde su natal Báguanos con el instrumento al hombro, interpretando sus temas a guitarra limpia.

Este año Raúl Prieto celebra su aniversario 41 de vida artística, pues marca el inicio de su carrera con la entrada al Movimiento de la Nueva Trova, en 1979, con el grupo Latinoamérica. Surgida después de un concierto de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, en Casa de Las Américas, en 1968, y constituida en Manzanillo, en diciembre de 1972, la Nueva Trova tenía entonces varios exponentes en Holguín: Ramiro Gutiérrez, Aramís Mojena, Yaguajay… “En 1979 yo estaba en noveno grado y tocábamos música folclórica latinoamericana, desde Báguanos, un municipio con un potencial fuerte en la trova, aunque también hacíamos temas de la Nueva Trova y algo de son”.

foto adrián aguilera

“Estando en Latinoamérica formé parte de un grupo de pop rock llamado Kontakt, perteneciente al movimiento de aficionados, que tributaría después a la entonces Brigada Hermanos Saíz. Tocábamos esencialmente rock: Aguas claras, The Beatles, The Rolling Stones… Ahí no creábamos una obra propia, era más músico que cantautor”, dice.

“Al lado de mi casa en Báguanos vivía un marinero y crecí escuchando a Queen, The Beatles, The Rolling Stones, The Jackson 5, y de esa música es imposible no influenciarse. Además, parte de la trova tradicional cubana: Sindo Garay, Manuel Corona; la Nueva Trova desde el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic para acá, principalmente Silvio, Pablo, Carlos Varela y Santiago Feliú, que me han influido mucho. Y Fito Páez, Miguel Ríos, Víctor Manuel, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Queen, Toto, Tierra, Viento y Fuego; la generación de los 80, que realmente marcó la vida de muchos músicos. Me gusta también la música clásica, y los temas de Alejandro Sanz”.

Otro giro en su carrera llegaría con la fundación en 1986 de la Asociación Hermanos Saíz que agrupó a jóvenes escritores, artistas y promotores. Además, se vinculó al surgimiento en Holguín de las Romerías de Mayo, Festival Mundial de las Juventudes Artísticas.

“Cuando empecé a componer me moví más por la trova, pero siempre tuve el incentivo de crear un grupo musical”, asegura el autor de temas como “Sin tanta filosofía”, “Para darte más”, “A esta hora”, “En las alturas de la tarde”, “Capitán en tierra” y “Un disparo de amor”. Por eso, entrado el nuevo milenio, crea “Raúl Prieto y su grupo”, su agrupación acompañante profesional que pertenece a la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos “Faustino Oramas”. “Estamos cumpliendo 20 años”, subraya, y destaca que su hijo, Raulito Prieto, excelente bajista y uno de los jóvenes representantes de la trova en la ciudad, está al frente de la dirección musical del mismo, “compuesto principalmente por piano, teclado, batería, bajo, guitarra eléctrica, guitarra electroacústica, coro, percusión menor y trompeta”, añade.

foto adrián aguilera

Además de la música, Raúl Prieto se ha desempeñado como constante promotor de la trova: “He centrado mi trabajo en los últimos años en el desarrollo de peñas destinadas a proteger y promover la nueva trova cubana, con un poco de énfasis en el trabajo de los jóvenes. Siempre he tenido como inquietud abrirle espacio a las nuevas generaciones”.

En el Hotel Brisas Guardalavaca, con el dramaturgo Carlos Jesús García, realizó la peña “De John Lennon a la trova cubana”, “en la que queríamos mostrar la herencia de The Beatles en la música cubana, pues muchos trovadores tenemos influencia de ellos, de Bob Dylan”. Protagonizaría, además, “Tocando fondo”, en el patio de la Empresa de la Música, y “A esta hora”, espacio característico en la Casa de la Trova “Faustino Oramas”.

A partir de esta peña, fundada en 2006, nacería su primer disco: A esta hora, licenciado por Bis Music en 2008. “Es un disco bien variado, que tiene trova, son, bolero, rock… Ahora acabo de grabar mi segunda producción, que será patentada por la Egrem: Rostro de nadie. Es un disco con una sonoridad mucho más amplia, un formato de agrupación grande, pues contiene baladas, boleros, algo de flamenco, country…”, asegura.

Ahora sus empeños están encaminados al desarrollo de la Feria de los Trovadores, “una especie de cofradía, un gremio que incluye a trovadores de las nuevas generaciones. Así surgió la Feria: una plataforma donde podemos interactuar todos los trovadores, con una agrupación que funciona como el Grupo de Experimentación y acompaña a todos los artistas, para que puedan tener la posibilidad de enriquecer su espectro armónico, darse a conocer desde el inicio con una propuesta musical más amplia. Pusimos mi grupo en función de eso y empezamos a llamar a los creadores que profesionalmente estaban en la Empresa de la Música con la idea de que se fueran sumando”.

foto adrián aguilera

La Feria, realizada por la Dirección Provincial de Cultura de Holguín, “que la ha sostenido de forma ininterrumpida, con creces”, y con el apoyo de otras instituciones, ha consolidado espacios en El Callejón de los Milagros, del Complejo Cultural Plaza de La Marqueta, la Casa de la Trova “Faustino Oramas”, de Artex, y el Álbum-Café “El Chorrito”, de la Egrem, donde trovadores como Fernando Cabreja, Manuel Leandro Ibarra, Lainier Verdecia, Raulito Prieto, y Tony Fuentes, intercambian con un público cada vez más creciente. La Feria realizó, además, el concurso para trovadores noveles “Para una imaginaria María del Carmen”, ganado en esa ocasión por Oscar Sánchez.

La Feria, añade Raúl Prieto, quien es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, “ha sido una especie de cantera, una plataforma interactiva para darles la posibilidad a los jóvenes y además, retroalimentarnos con las nuevas tendencias, porque creo que quien no se sume a las nuevas generaciones y a las tendencias contemporáneas, retrocede. Uno mantiene su estilo, su escencia, su concepto, pero aprende”.

Mientras espera la salida al mercado por la Egrem de su disco Rostro de nadie, Raúl Prieto explota su línea de autor, escribiendo para varias voces interesadas en interpretar sus textos. Además, ve elevarse a sus hijos, también en el mundo del arte, y se sabe un cantautor –además de un creador tremendamente sencillo y talentoso– que desde la trova y las raíces encuentra amplios horizontes donde crecer como músico.


Cuando el río suena piedras no siempre trae

Cuando el tiempo haga de las suyas, los registros históricos anotarán que la edición del Festival de la Trova Pepe Sánchez, correspondiente al 2020, aconteció del 18 al 22 de marzo.

Sin embargo, me atrevo a asegurar que su celebración primera acaeció en horas de la mañana el pasado 28 de febrero. Cuando finalizaban los ensayos previos a la gala por el aniversario 60 del Conservatorio Esteban Salas, y el plantel era todo jolgorio al calor de los acordes de la Orquesta Sinfónica Juvenil y sus invitados, desembarcaron en el Salón Principal ciertos personajes.

Este año, entre otras dedicatorias, el “Pepe Sánchez” rendirá tributo a la obra del juglar santiaguero Alejandro Almenares, quien en compañía de troveros como Gabino Jardines, Coralito y el vocalista Tony Rondón, desde hace algunas semanas desarrollan talleres trovadorescos en la institución de la enseñanza artística. Pues el referido viernes tuvo la particularidad de que a los creadores mencionados se unieran el trovador Eduardo Sosa y el viceministro de cultura Abel Acosta. 

El primero con la jovialidad que le es inherente declaró que se presentaba en calidad de aprendiz de los maestros santiagueros que prestigiaban el espacio, y también de los propios estudiantes a partir de la formación académica a la que tienen acceso. En tanto Acosta, desde su anterior experiencia como presidente del Instituto Cubano de la Música mantiene un estrecho vínculo con la enseñanza artística, y de modo especial con el “Esteban Salas”. Los que son cercanos a la cultura desde lo institucional conocen la obsesión de Abel por el entorno musical cubano.

estudiantes de guitarra en taller junto a Eduardo Sosa, Abel Acosta y profesora Mireya Hernández/ foto Yorisel andino

Que la trova trascienda los límites que imponen los festivales y otros calendarios es el empeño de Eduardo Sosa y otros hacedores por estas tierras. No siempre se logra, ya sabemos que las festividades obedecen más bien a sets que con mayor o menor alcance de una a otra edición, tras su conclusión, como el eco diluyen sus efectos. La Casa de la Trova ha de ser la catedral de esta sapiencia musical de origen popular lo mismo para entendidos, estudiantes que amantes de dicha musicalidad. ¿Dónde podrían aprender mejor materia los educandos de música que entre sus salones y sus protagonistas? No hay que aguardar porque llegue algún “descubridor” para reconocernos en esas joyas cotidianas que habitan la gran Casa y nuestras calles. Por eso ningún escenario tan propicio como el Conservatorio para trazar caminos de doble vía entre lo popular y la academia o a la inversa.

Fue una clase magistral, es cierto, eso sí, desde el lenguaje jocoso de los trovasoneros que en su modestia atesoran una fonoteca errante. Y no lo digo porque por ejemplo Almenares y Coralito atesoren tantas canciones como años y el tiempo de vida fuera patente de corso. Lo digo porque ellos y otros muchos son historia viva de la música cubana sin hipérboles que valgan.

Eduardo es el sobrino consentido de todos los viejucos, y primo hermano de los más jóvenes como el trovador y sonero vocalista Tony Rondón. Mutuamente se enorgullecen y se reconocen los unos en los otros. Sosa aprovecha el momento para incluir el relato de cómo se inició en las andanzas trovadorescas cuando siendo apenas un muchacho estudiante de la Vocacional se escapaba a la Casona de Heredia para nutrirse en la savia. En lo personal admiro la forma en que el trovador ha creado alianzas profundas entre su hacer y la historia musical. Creo que ya lo dije en otro momento; el creador se alió al maestro Lino Betancourt y supo hallar en sus conocimientos buena cobija. Por eso Eduardo, asistido por su formación pedagógica, a pocos segundos de su presencia tiene al estudiantado, el claustro y artistas concurrentes sumergidos en un capítulo de la Historia de Cuba.

Eduardo Sosa, Abel Acosta y Músicos Santiagueros en Conservatorio/ foto Yorisel andino

Toman la escena Francisco del Castillo, Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris en la noche del 27 de marzo de 1851 cuando dedican a Luz Vázquez la canción La bayamesa. La lección remite al contexto sociohistórico con matices de anécdota y una comunicación cercana a los jóvenes, quienes en más de una ocasión acompañaron el proceso de aprendizaje con sonrisas y ovaciones. Adriana del Castillo, portadora de la bandera cubana en las tropas de Céspedes, emergió también en el coloquio. De inmediato la voz y guitarra sellaron la página en la evocación cantor.

Entre corales emergió un clásico de la trova cubana, Perla Marina. Muchos músicos en Cuba incluyen la pieza en su repertorio, mas la particularidad propuesta por Sosa es que Alejandro Almenares la interpreta a la usanza musical de Sindo Garay, pues siendo muy joven tuvo la oportunidad de conocer al decano trovador. El discípulo se vale de la ocasión para explicar la estructura músico-poética de las primeras piezas trovadorescas. Alumno y maestro exponen cuestiones técnicas inherentes a la armonía de este cancionero y el rol de la primera y segunda voz, así como sus particularidades en intérpretes de la región oriental.

Por su parte Tony Rondón dialogó en torno a las dinámicas que se generaban alrededor de las denominadas descargas y lo trajo a contexto. Ilustró una modalidad casi en desuso, la confluencia de dos duetos de voces y guitarras en la misma interpretación. Así se unieron en Cajón de muerto, otro referente de la trova primera santiaguera, los dúos compuestos por Coralito y Almenares y el propio Tony junto a Gabino. Este momento en particular ofreció toda una lección de campo de la historia de la música. En el caso específico de Rondón es uno de esos vocalistas que bien encarna la simbiosis del sonero-trovador tan usual en Santiago de Cuba como núcleo geocultural. Esas distinciones fueron comprobables en la interpretación realizada al tema A una coqueta, de la firma de Manuel Corona.

Eduardo Sosa, Abel Acosta junto a estudiantes de guitarra y tres y profesores de la enseñanza artística/ foto Yorisel andino

El autor de Retoño del monte y muchas hermosas canciones conversó acerca de la necesidad de despojar lo trovadoresco del encasillamiento como banda de momentos lúgubres y conmemoraciones luctuosas. Si bien la trova cubana protagoniza desde nuestras gestas de independencia hasta la construcción del presente cubano, integra un amplio diapasón temático. Más que un género, para Eduardo el trovar brinda la posibilidad de asumir una actitud y una forma de entender la Canción desde diferenciados postulados estéticos que reclaman de cantautores, intérpretes y receptores un caudal de información. Es la trova entonces un espacio de oposición al facilismo discursivo que proponen otras espacies sonoras. Significa el decir trovadoresco una gama de oportunidades para el regocijo espiritual.

Compay confieso que a mí la trova no me gusta, a mí la trova me encanta. Razón por la que, lo mismo que aprendiz en el taller, aproveché cada una de las enseñanzas. Esta sección matutina concluyó con la descarga a son de trovadores y sinfónica juvenil de una pieza emblemática del repertorio Sosiano, A mí me gusta, Compay. Anécdota mediante, de paso nos enteramos cuáles fueron las vivencias profesionales en ámbitos internacionales que propiciaron los motivos para la creación.

Minutos después Abel Acosta protagonizó el taller impartido a estudiantes de guitarra y Tres de los niveles elemental y medio de la enseñanza musical.  Entonces el músico que le habita dio golpe de guitarra. Acosta escuchó el desempeño de cada uno de los jóvenes instrumentistas en formación. Elogió a quienes alcanzan ya un alto nivel técnico-interpretativo y realizó sugerencias en aquellos aspectos necesarios. Cuando la pasión le desbordó él mismo empuñó ambos instrumentos con el fin de ilustrar las exhortaciones. Importantes autores del repertorio para guitarra clásica latinoamericana ocuparon esta sección. Y entre los aspectos más interesantes vale resaltar el cómo a través de elementos históricos conceptuales se comprende los modos en que se difuminan los ámbitos académico y popular y más bien cada uno incide en el otro.

estudiantes de Tres del Nivel Elemental/ foto Yorisel andino

En lo particular debo expresar mi deseo de que en un futuro cercano fructifique en Santiago de Cuba la creación del nivel medio para la enseñanza del Tres. En la actualidad los egresados del nivel elemental deben continuar sus estudios en las ciudades de Guantánamo o Las Tunas. Con el cariño y respeto que ambas urbes merecen por su desarrollo artístico-cultural, creo que con el Tres los santiagueros tenemos esa asignatura pendiente. Hace poco dediqué mis teclas al monumento al Tresero y me resisto a conformarme con la idea del herrero y su domicilio. La Escuela Vocacional de Arte cuenta con el nivel elemental de este instrumento vital en nuestras trovas y sones. En estos momentos el músico Radamés González funge como profesor de dicha esfera, a la par que se recibe asesoría de personal especializado procedente de Las Tunas, lo cual habla de una importante gestión. Aun así, el Tres clama por su continuidad en la formación de profesionales en el territorio.

Llegado a este punto creo que lo medular no reside en si una celebración comienza tal o más cual día. Lo valeroso será que cada jornada, por cotidiana que parezca, se revierta en 24 horas de aprendizaje. Ojalá y la buena música toda sea una celebración constante de nuestras esencias cubanas. Por lo pronto les aseguro que los del “Esteban Salas” llevan altas cuotas en ello.


Eva, la luz de tu nombre

Justo me encontraba en la esquina de la Casa de la Trova cuando supe la noticia.

Ahora tendría a punta de tinta unos cuantos adjetivos que ya emplearon otros para ti. Desisto de tardes grises o cualquier tropo compasivo. Huyo de cualquier reiteración a pesar de las razones. Eva, llena eres de canto y no necesitas más luz que la de tu nombre para trascender.

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Lino, por siempre trovador

Prefiero aferrarme a los nacimientos antes que a los adioses. Por estos días de septiembre pero de 1930 vería la luz en Guantánamo un hombre imprescindible para la trova, la radio, la prensa, en fin, para la cultura cubana.

Cuando por una escueta nota en la Revista Buenos Días supe que mis trovas de marzo no contarían con la física presencia de Lino Betancourt, solo tuve el impulso de derramarme en teclas. La pasada edición del Festival Pepe Sánchez hube de compartirlas con el auditorio y en especial con Fabián Betancourt. Hoy que la radio acerca sus fiestas y, por supuesto, a Lino en su posteridad.

 

Lino Betancourt junto a Augusto Blanca. Foto. Pepe Cárdenas. Archivo de la autora.

Cuando el martes 9 de junio de 2015 el día despertaba, una vez más me acompañó la voz del entrañable amigo Lino en una de sus Citas con la Trova. Cuál no sería la sorpresa al presentar Mercedes como primer tema. De la firma de Manuel Corona, en mi familia, la canción es mucho más que un nombre.

Conocí a Lino Betancourt algún temprano amanecer  allá por el 2002. Desde aquel día su voz y enseñanzas se hicieron presentes desde las ondas radiales que llegaban al cuarto de la residencia estudiantil en la Universidad de Holguín. Por Lino creció la pasión por la trova que ya había sembrado mi abuela materna.  

Gracias a su magisterio descubrí a varios de los grandes trovadores que había dejado en el propio Santiago. Con sus presentaciones llegaron guitarras y voces de toda Cuba y me arropé en un océano de canciones.

Amó, escribió e hizo tanto por la trova en Cuba y los trovadores que se consideró uno de ellos. Nos trajo tantas hermosas canciones, sus historias y creadores siempre en tiempo presente que era como vivir el instante mismo en que surgieron o popularizaron las trascendentales piezas de la música cubana. Lino se erigió en hacedor de canciones desde su palabra oral o escrita. Cada una de sus anotaciones y diálogos era una invocación. Por eso no es exagerado si digo que dramaturgia mediante, junto a él compartimos el instante también con cada uno de los trovadores-soneros de nuestra República Musical.

En el 2008 tuve el reto –junto al equipo de la otrora Área de Investigación Musical Pablo Hernández Balaguer– de realizar las coordinaciones del Coloquio del Festival de la Trova Pepe Sánchez. Aquella ocasión me regaló la oportunidad de tener de cuerpo y alma presente a uno de los iniciadores del primero de los festivales trovadorescos en el país, estrechamente ligado también a los momentos fundacionales de la Casa de la Trova en Santiago de Cuba.

Lino Betancourt y-Victor Casaus.

En el 2009 Eduardo Sosa y Leydis Torres le otorgaron la Presidencia Honorífica del espacio teórico. Gustaba de comenzar cada edición con la interpretación de Tristezas, pieza vertebral de la trova cubana. Para tal encomienda reclamó siempre la interpretación de Cheli Romero, importante representante de la trovadoresca al estilo “tradicional” por estos predios.

Por Las Bayamesas, dúo de hermanas del catálogo musical santiaguero sentía especial adoración. Ellas aparecían año tras año en las jornadas del espacio teórico, en ocasiones para realizar la ilustración musical de los temas impartidos por Lino; y en otras, para regalarle el beso y abrazo. En similar modo, en cada marzo expresó su admiración y afectos por trovadores como Gladys del Monte, Xiomara Vidal, las Hermanas Ferrín, el dúo cienfueguero Así Son y José Aquiles.

A Eduardo Sosa le unió una amistad profunda que trascendió las presidencias de ambos en días del “Pepe Sánchez”. Ambos compartieron los escenarios de las conferencias impartidas por Lino e ilustradas musicalmente por Sosa, en Cuba y España y en otras geografías que ahora mismo no acierto a nombrar.

Eduardo  le profesó el amor y el respeto de los más gratos alumnos. Por eso hoy, cuando interpreta uno de esos temas que nombra de la Banda Sonora de todos los cubanos, puede hacerse acompañar de las esencias históricas que dieron causa de vida a cada canción.

Lino junto al Trío Palabras. Foto Pepe Cárdenas. Archivo de la autora.

Por Lino conocimos además la maravilla del Trío Palabras. Las convidó en una primera oportunidad para ilustrar musicalmente una de sus conferencias y quedaron por siempre entre nosotros. Lino y las muchachas de Palabras hacían un impresionante acople trovadoresco. Era difícil deslindar los límites entre la palabra cantada y la guitarra a la oralidad de Lino, porque más bien lograron un impresionante trabajo a voces entre tanta maestría y pasión.

Nunca le gustó que presentara sus temas como “Conferencias” y siempre mantuve una sana porfía. Lino fue de esos intelectuales mediáticos al que conocedores, prensa y amantes de la trova esperaban con ansias. Cada una de sus clases aconteció a sala repleta fuera cual fuera el sitio escogido. Y también era un hombre modesto que confió a Silvina Díaz y a mí muchos aspectos concernientes a la organización del evento.

A partir de nuestras andanzas teórico-trovadorescas el maestro se convirtió en un amigo cercano. Sentía predilección por almorzar en Las Gallegas, restaurant particular especializado en la elaboración del carnero u ovejo como decimos por acá.

Y cuando los “emprendedores” cerraron sus puertas Lino lo sintió profundamente. En más de una ocasión visitamos juntos el Santuario del Cobre. Conversamos mucho sobre la trova, la familia, la vida…en la Casa de la Trova, la UNEAC, el Ven Café, el restaurant El Barracón y otros espacios.

Algunos fueron los sustos que Silvina y yo pasamos cuando hacía sus escapadas santiagueras. De cuna guantanamera, Lino sintió un fuerte lazo con la hospitalaria urbe, y tenía buenos amigos y conocidos a los que gustaba visitar.

Lino Betancourt junto a Yorisel Andino y Silvina Díaz. Foto Giusseppe lo Bartolo.

Era un hombre muy familiar y como ya he dicho, buen amigo. Nos mencionaba mucho a Deysi, su esposa, cuya partida física pocos años atrás le afectó sobremanera. Igual conversaba sobre su hijo y con especial reiteración y orgullo hablaba del nieto Fabián. Su casa acogió amigos como Dorita, la trabajadora de la Empresa de la Música encargada de sus viajes y hospedajes, a quien profesó una bella amistad.

Legó una importante literatura trovadoresca impresa y digital. Libros y artículos de su autoría se convirtieron en materia de obligada presencia en mi librero y mesa de trabajo. Conservo con risas y nostalgias sus originales dedicatorias que iban del verso a la caricatura.

Y como trovador al fin, era a veces un poco bellaco. Gustaba de torturarnos el oído a periodistas y estudiosos con lo atesorado en su archivo personal. Una de sus bromas predilectas fue prometer el obsequio a más de uno del Diario de Manuel Corona. Respecto a esto último hace un tiempo ya me comentó se hallaba inmerso en el proyecto de su publicación por una prestigiosa editorial cubana.

En 1918 fueron compuestas cinco canciones que con el tiempo conformarían parte indisoluble de los sonidos de la nación cubana. Manuel Corona presenta a la trascendental Longina; Mujer Bayamesa llega en la representación de Sindo Garay; Miguel Companioni le cantó entonces a una Mujer Perjura; mientras Oscar Hernández en el sendero de una vida triste hallaba una flor y para la posteridad regaló la melodía Ella y Yo.  

Tras cada una de estas canciones persisten las historias y anécdotas que junto a sus creadores, les inmortalizaron, y sobre las que en marzo del 2018 nuestro Lino disertara con el título de “Cinco Canciones Centenarias de la trova cubana”.

El viejo se había puesto un tanto nervioso con algunas incertidumbres logísticas. Por suerte, a pocas horas de comenzar la edición, Sosa logró convencerlo.

Alguna vez en que estaba abrumada conversamos vía telefónica. Dijo que rogaría a Dios. No sé si lo haría, pero las luces de su amor llegan hoy hasta aquí.

Cuando el martes 9 de junio de 2015 el día despertaba, ya habíamos escogido nombre de trova y canción para ella. Sobre las seis de la mañana, la voz de Lino me dio la confirmación y entre contracciones, aquello de creer en el destino. Adriana Mercedes, mi hija de cuatro años, algún día lo sabrá.


Una Feria para la trova

Holguín es una provincia de trovadores, aunque no tuvo el aura fundadora de Santiago de Cuba o Santa Clara, donde los viejos patriarcas hicieron brotar sus canciones. Sí contó hasta hace poco con el “doble sentido” del último de los juglares, Faustino Oramas, El Guayabero, quien inspiró y sirvió de guía a más de una generación de trovadores cubanos, desde Pedro Luis Ferrer, Frank Delgado hasta Tony Ávila y otros mucho más jóvenes. [+]


Comenzó en Guantánamo gira del trovador Nelson Valdés (+audio)

Temas de Noel Nicola, Alberto Tosca, Carlos Varela, Tony Ávila, Silvio Rodríguez y de varias generaciones de cantautores cubanos interpretadas por Nelson Valdés en su disco Te doy otra canción, deleitan a los asistentes a las Casas del Joven Creador en las presentaciones del trovador cienfueguero y su grupo, como parte de la primera gira nacional que realiza el novel músico.

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Que la jornada de la canción inteligente no se haga añicos

Fotos: Leonel Escalona Furones

Un evento como la Canción Política no solo debe tener el concierto, la descarga… Es importante que se convierta en un encuentro de pensamiento, de reflexión, de análisis y debate de las preocupaciones de los jóvenes artistas. Ese es el sabor que deja la 42 Jornada de la Canción Política, que del 1ro. al 4 de agosto, se celebró en Guantánamo, organizada por la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

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Quiero una canción para los romeros

Un espacio para el disfrute y donde, sin dejar de pulsar las cuerdas de una guitarra, se expresa el sentir y la diversidad cultural de nuestros pueblos, es el evento Quiero una canción, que se organiza como parte de las Romerías de Mayo. En esta ocasión la cita trovadoresca está dedicada al 50 aniversario del primer concierto de la Nueva Trova, protagonizado por Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, en Casa de las Américas.

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Trova para el alma

Satisface saber que la trova gusta y logra conquistar público “virgen” en el disfrute de estas melodías. Así pudo constatarse en la apertura del Encuentro Nacional de Jóvenes, Trovándote 2018, que regaló música de la buena con el siempre innovador e irreverente Ray Fernández y otra estela de cantautores que a fuerza de talento han construido su propio repertorio, siempre atinado y coherente que el público agradeció y coreó a intervalos.

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