Carlos Manuel de Céspedes


El abrazo eterno al Padre (+ Video)

Lleg√≥ al mundo un domingo en la noche, en una aristocr√°tica casa, la n√ļmero 4 del callej√≥n de la Burruchaga, en Bayamo, hab√≠a tremendo ajetreo aquel 18 de abril de 1819, pues estaba a punto de nacer el hijo primog√©nito de Jes√ļs Mar√≠a de C√©spedes y Luque y Francisca de Borja del Castillo y Ram√≠rez de Aguilar, dama de excelente educaci√≥n, inteligencia y bondad.

Momento singular aquel. La comadrona Gertrudis Fornaris, m√°s conocida como do√Īa Tula, y el m√©dico Jos√© Mar√≠a Izaguirre, de origen venezolano, estaban empe√Īados en que todo saliera bien, el nerviosismo de los familiares‚Ķ

Por fin, a las 11 de la noche, aproximadamente, se escuch√≥ el llanto del peque√Īo Carlos Manuel Perfecto del Carmen de C√©spedes y L√≥pez del Castillo.

LA INFANCIA DEL PADRE DE LA PATRIA

Poco se habla de esa etapa de su vida. El historiador Aldo Daniel Naranjo, quien trabaja en varios vol√ļmenes sobre el quehacer y la obra del patricio, asegura que su infancia fue caracter√≠stica de ni√Īo rico, con muchas comodidades, y juegos como ponerle la cola al burro.

Le gustaban los ajiacos, las viandas y ba√Īarse en el r√≠o, lo cual hizo con frecuencia cuando la familia se traslad√≥ a la hacienda Santa Rosa, propiedad del abuelo materno Francisco del Castillo y Miranda, en el actual municipio granmense de Buey Arriba.

Hab√≠a ocurrido un ataque de corsarios en la zona de Manzanillo y se especulaba sobre la posibilidad de otro y el avance hasta la Villa de San Salvador de Bayamo, por eso la familia de C√©spedes estuvo alg√ļn tiempo en aquel sitio rural.

Casi nunca se menciona a su primera maestra Isabel Cisneros, quien lo recibi√≥ en la escuela a los cinco a√Īos de edad y seguramente cal√≥ muy hondo en √©l, pues, adem√°s de ense√Īarle a leer, escribir, y aspectos elementales del catolicismo, tambi√©n le narraba leyendas de g√ľijes y hadas del monte.

No encontramos referencias a una amistad desde la ni√Īez, con otros infantes que se convirtieron en grandes patriotas, como Francisco Vicente Aguilera y Perucho Figueredo, pero no es descabellado pensar en esa posibilidad, pues viv√≠an muy cerca y ten√≠an edades y costumbres sociales similares. La historia demostr√≥ luego que tambi√©n pose√≠an maneras parecidas de pensar y comportarse.

De ese per√≠odo, hay una an√©cdota que revela el profundo humanismo, valor y solidaridad del futuro Padre de la Patria, pues en una ocasi√≥n cuando sali√≥ de las clases vio como un ni√Īo m√°s grande maltrataba a otro en el colegio, y le dijo ‚Äúabusa conmigo, ven‚ÄĚ. Minutos despu√©s, comenz√≥ la pelea en la cual venci√≥.

M√°s tarde, citaron al padre a la escuela, y el director lo felicit√≥ por la gallard√≠a y sentido de la justicia del hijo, quien tuvo cuatro hermanos, y, pasados algunos a√Īos, empez√≥ los estudios del bachillerato en La Habana, los cuales termin√≥ un semestre antes de lo habitual, gracias a su inteligencia elevada, reconocida por los profesores.

El historiador Miguel Antonio Mu√Īoz L√≥pez, especialista del Museo Casa Natal de C√©spedes, resalta que la madre fue muy importante en su formaci√≥n, quien tuvo la capacidad y mesura para mediar entre √©l y su padre, el cual tambi√©n ten√≠a un car√°cter fuerte y una manera de pensar muy diferente a la de quien se convirti√≥ en el Primer Presidente de la Rep√ļblica en Armas.

Aquel muchacho lleno de virtudes, amante del arte y los bailes, que ganaba con facilidad el agrado de las damas y sab√≠a tocar m√ļsica de piano, dej√≥ la tranquilidad y los lujos por empu√Īar las armas e irse a la manigua en busca de un sue√Īo para su pa√≠s, y esa fue una de sus mejores ense√Īanzas.

LA DEMAJAGUA Y EL 10 DE OCTUBRE

El 10 de octubre de 1868, en La Demajagua, cerca del mar y a unos 13 kilómetros de la ciudad de Manzanillo, Céspedes, el abogado, el ser humano de ideales independentistas, el patriota cabal, alcanzó una estatura sin límites, cuando liberó a sus esclavos  y convocó a todos los presentes a la lucha.

D√≠a de gloria aquel, cientos de hombres aguardaban desde la tarde anterior. La joven Candelaria Acosta, m√°s conocida como Cambula, ya hab√≠a elaborado la bandera que presidir√≠a el momento, para la cual no encontraron la tela adecuada y emplearon entonces la √ļnica disponible, incluidos trozos de un vestido y un mosquitero.

Aquella ma√Īana de coraje y decisi√≥n, la muchacha de piel blanca y pelo rubio platinado, entreg√≥ el estandarte al abanderado Emiliano Tamayo, quien ten√≠a entre 20 y 22 a√Īos, y expres√≥ ‚ÄúPrimero mueran antes que verla deshonrada‚ÄĚ, tremendas palabras de quien apenas ten√≠a 17 a√Īos de edad.

C√©spedes procedi√≥ a realizar el juramento a la bandera, a lo que todos respondieron ¬°Juramos!, y el Padre agreg√≥: ‚ÄúPor mi parte, juro que os acompa√Īar√© hasta el fin de mi vida, y que si tengo la gloria de sucumbir antes que vosotros, saldr√© de la tumba para recordaros vuestros deberes patrios y el odio que todos debemos al gobierno espa√Īol, venganza, pues, y confiemos en que el cielo proteger√° nuestra causa ‚Äú.

En ese momento también se dio a conocer el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, prueba de que el alzamiento y la voluntad de luchar, tenían un profundo basamento en las ideas, con objetivos definidos más allá de lograr el triunfo.

C√ČSPEDES, SIEMPRE VIVO

Su vida en lo adelante fue difícil, salpicada por contradicciones, tragos amargos y envidias hasta la muerte física el 27 de febrero de 1874 disparando su revolver contra los soldados enemigos en San Lorenzo, zona oriental. Sin embargo, tiene asegurada la inmortalidad, como parte de las esencias fundamentales de la nación.

En la primera plaza denominada de la Revolución en el país, ubicada en el Centro Histórico Urbano de Bayamo, su figura esbelta y segura, en forma de estatua, parece observar con su serenidad de siempre.

Ahora, cuando se cumplen otros aniversarios del alzamiento en La Demajagua, inicio de las guerras por la independencia en Cuba, y de la Toma de Bayamo y el estreno del Himno Nacional, su ejemplo permanece fuerte, cual br√ļjula de victoria y dignidad, que siempre deberemos abrazar.