Caribe


Odilius Vlak: «La escritura no es para lobos solitarios»

Si la memoria no me falla, corr√≠a el a√Īo 2013 cuando visit√© por primera vez la Feria del Libro de Santo Domingo. All√≠ tuve la oportunidad de dialogar y conocer a Odilius Vlak. Nos un√≠a no solo la idea de ser isle√Īos, caribe√Īos, sino adem√°s el amor por el g√©nero de la literatura especulativa y su difusi√≥n en nuestros comunes √°mbitos geogr√°ficos. Como en aquella primera conversaci√≥n, esta entrevista tambi√©n busca las ra√≠ces de qui√©n es Odilius Vlak, el escritor que taladra las puertas de la p√°gina en blanco. ¬†

‚ÄĒ¬ŅPor qu√© decides firmar tu obra con el seud√≥nimo Odilius Vlak?

‚ÄĒBueno, es el resultado de cierta incomodidad con mi nombre de pila, Juan Julio Ovando Pujols, el cual, si bien funciona de manera excelente en la jurisdicci√≥n de la vida civil mainstream, no me gustaba como nombre que identificara mi arquetipo de escritor de literatura especulativa, o aspirante a expresarme a trav√©s de ella. Entend√≠ que, lo mismo que los miembros de las bandas de black metal y dem√°s g√©neros musicales extrem√≥filos ‚ÄĒde los cuales soy consumidor‚ÄĒ, la literatura de g√©nero me exig√≠a igualmente un nombre m√°s simb√≥lico. As√≠ que hice un ejercicio de desdoblamiento imagin√°ndome ser un monje medieval especialista en traducir grimorios de civilizaciones prediluvianas y m√≠ticas, ya pertenecieran a la tradici√≥n esot√©rica o a las creadas en la literatura de fantas√≠a, especialmente las de los subg√©neros mundos perdidos y fantas√≠a oscura de la era pulp. Entonces me dije ¬ęok¬Ľ, ese monje se llama Odilius Vlak [momento ¬ę¬°Eureka!¬Ľ sin dudas]. Desde ese momento, ese monje soy yo.

 

‚ÄĒ¬ŅLa literatura especulativa del Caribe tiene una pauta o marca de estilo que la diferencia del resto de la literatura especulativa latinoamericana?

‚ÄĒDefinitivamente. Como toda expresi√≥n caribe√Īa, desde su m√ļsica hasta su gastronom√≠a, su forma de hablar, su energ√≠a e idiosincrasia general. Y esa marca y ese estilo no son algo ret√≥rico, sino fruto de un proceso hist√≥rico que incluye mezcla racial, adaptaci√≥n al suelo, a sus frutos, su clima, la dimensi√≥n m√°gica religiosa, etc. No en balde por aqu√≠ arranc√≥ el l√≠o de la conquista; por aqu√≠ llegaron Cristo y Satan√°s al continente, as√≠ como los orishas africanos, sin que la magia de los beh√≠ques ta√≠nos y sus mitos hayan sido exiliados del todo de nuestro inconsciente colectivo. Pienso en el Caribe como una nueva Tierra Media; un espacio mitogeogr√°fico a mitad del continente, haciendo equilibrio entre el t√≠o Sam y la utop√≠a de la Gran Colombia. Por ejemplo, es imposible que si hacemos una literatura especulativa contextualizada en todo ese acervo cultural y que exprese la din√°mica social del isle√Īo, no salga a flote esa musicalidad propia del Caribe. Cuando le√≠ Tercer Mundo, del escritor boricua Pedro Cabiya, me dije: ‚Äúuffff, esto es un c√≥ctel que lo tiene todo, especialmente la incorporaci√≥n de la idiosincrasia popular de la isla y su ¬ęcanta√≠to¬Ľ al hablar, y ni mencionar el estilo del autor que es puro Caribe; y ese jodido worlbuilding tan aut√©ntico y org√°nico al cual la isla le ajusta como la zapatilla de la Cenicienta‚ÄĚ. Esa novela es, en mi opini√≥n, una muestra arquet√≠pica de lo que podr√≠a ser la literatura especulativa caribe√Īa en su m√°xima expresi√≥n de autenticidad; sin que por ello se entienda que la incorporaci√≥n de tales elementos sea una receta de esas que finalizan recomendando ‚Äúsolo agregue agua y agite fuerte‚ÄĚ.

fotos cortesía del entrevistado

‚ÄĒEntonces, ¬Ņhasta qu√© punto ser isle√Īo signa tu escritura?

‚ÄĒAparte de lo argumentado en la respuesta anterior, cuyos elementos podr√≠a decirse que son la ¬ęmateria prima creativa¬Ľ, lo que est√° ah√≠, dentro y fuera de nosotros, la condici√≥n de isle√Īo solo empieza a signar nuestra escritura cuando nos hacemos conscientes de ella y asumimos nuestra responsabilidad. En mi caso eso implic√≥ aceptar esa realidad. Dejar de evadirla o sentirme avergonzado de ella, partiendo de que mi aspiraci√≥n no era escribir realismo m√°gico, sino ciencia ficci√≥n y fantas√≠a. ¬ŅPero c√≥mo?, si no soy gringo ni europeo; tampoco japon√©s. C√≥mo hacerlo si se entiende que son modalidades narrativas demasiado sofisticadas y, en el caso de la ciencia ficci√≥n, demasiado inteligente para un mulato de una isla que no exportaba precisamente tecnolog√≠a de punta o grandes teor√≠as filos√≥ficas. Pero nada, la epifan√≠a eventualmente lleg√≥. Creo que en el momento preciso, donde hay toda una corriente mundial que apela a descentralizar los intereses de la literatura especulativa fuera del nicho anglosaj√≥n. El ciclo de Cr√≥nicas historiol√≥gicas es el primer fruto de ese reconocimiento de que un futuro proyectado desde el Caribe es tan v√°lido como el yanqui ‚ÄĒaunque no hayamos desarrollado el Proyecto Manhattan‚ÄĒ, y que los mitos ta√≠nos y los importados de √Āfrica son tan fant√°sticos como los que inspiraron a Tolkien. Todo ello sin caer en un activismo que en nada va con mi personalidad, o sin dejar de venerar mis maestros made in USA o UK.

fotos cortesía del entrevistado

‚ÄĒ¬ŅEs un desaf√≠o enfrentarse a un g√©nero que posee una vasta historia y tradici√≥n enfocada en la cultura anglosajona, o piensas que los caminos de la ficci√≥n especulativa caribe√Īa deben mirar hacia otros horizontes de referencias?

‚ÄĒVaya que lo es. Como puntualic√© al final de la pregunta anterior, puedo mirar a otros horizontes de referencias sin que eso implique que deje de ver en la tradici√≥n anglosajona una inspiraci√≥n permanente. Y esas otras referencias est√°n, en primer lugar, en lo caribe√Īo y latinoamericano; luego en el resto del mundo. He logrado romper el condicionamiento mental que me hac√≠a reaccionar de manera instintiva con indiferencia ante un autor que no fuera anglosaj√≥n. Me siento bien conmigo mismo en ese sentido. Me desconect√© de esa Matrix. Igual: Mary Shelley, Edgar Allan Poe, H. G. Wells, H. P. Lovecraft, Clark Ashton Smith, Abraham Merrit, Francis Steven, C. L. Moore, Arthur C. Clarke, Frank Herbert, y el gran mont√≥n que todos conocemos, estar√°n siempre fuera de competencia.

‚ÄĒLas relaciones escriturales con otros pa√≠ses de la misma franja geogr√°fica caribe√Īa: ¬Ņuna necesidad, un reto o una utop√≠a? ¬ŅPor qu√©?

fotos cortesía del entrevistado

‚ÄĒUna necesidad. De orden pragm√°tico y, si se quiere, hasta del ser colectivo. Y ah√≠ Cuba ser√≠a la llamada a guiar esas relaciones por su larga tradici√≥n y aporte a la literatura de g√©nero. La veo como el cuartel general. Otra din√°mica que podemos emular de los pa√≠ses anglosajones, entre los cuales siempre ha existido una gran retroalimentaci√≥n y colaboraci√≥n entre sus autores, editores, ilustradores, colectivos y los diferentes premios. Sostengo que el sue√Īo de la Confederaci√≥n Antillana podr√≠a tener su verdadero ‚Äúepisodio piloto‚ÄĚ en dichas relaciones, ya que lo real maravilloso de Carpentier o el realismo m√°gico, por su propia naturaleza quiz√°s demasiado conceptual, no pudieron desarrollar a nivel de una interacci√≥n entre autores, obras y tem√°tica, eso que en la praxis de la literatura de g√©nero es intr√≠nseco: la autorreferencia interna que permite de una manera m√°s deliberada crear bloques equivalentes a los geopol√≠ticos. Lo real maravilloso y el realismo m√°gico pecaron de no reconocerse como ‚Äúg√©neros‚ÄĚ; la alta cultura los jodi√≥ a pesar de su boom editorial. Otro gallo canta en nuestro patio. Puedo, como dominicano por ejemplo, seguir expandiendo o ubicar una historia en la geograf√≠a cyberpunk de Vladimir Hern√°ndez. Ese tipo de ‚Äúapropiaci√≥n‚ÄĚ y enriquecimiento es la sal de la literatura especulativa. Tambi√©n la ventaja que brinda el pertenecer a una subcultura literaria marginal pero que, por lo mismo, posee m√°s coherencia y sentido de identidad. Solo f√≠jate en los √ļltimos cinco o seis a√Īos c√≥mo ha ido creciendo cada vez m√°s el dialogo entre los protagonistas de esta subcultura en el Caribe y el resto de Latinoam√©rica. Aparte de necesidad podr√≠a ser un reto, pero jam√°s una utop√≠a. Esas relaciones ya est√°n. Solo falta, para usar un t√©rmino del protocolo pol√≠tico, oficializarlas.¬† ¬†¬†¬†

‚ÄĒ¬ŅCu√°les son los principales temas que abordas en tu obra?

‚ÄĒMi obra est√° permeada de fantas√≠a oscura y mundos perdidos, ambos filtrados ‚ÄĒya en un plano un tanto de fantaciencia‚ÄĒ a trav√©s del cyberpunk. Eso en cuanto a los subg√©neros. Siempre hay magia, aun a nivel gen√©tico o cu√°ntico. Me parece que el concepto m√°s importante que he desarrollado desde lo caribe√Īo ha sido el de ‚Äúla post singularidad cultural‚ÄĚ. Eso en Cr√≥nicas historiol√≥gicas, que es un ciclo de siete historias. Es decir, c√≥mo podr√≠a sobrevivir la ‚Äúidentidad‚ÄĚ ‚ÄĒsobre todo colectiva‚ÄĒ en un futuro transhumano o post biol√≥gico. Ah√≠ tambi√©n exploro, en una combinaci√≥n dial√©ctica entre un pasado y un futuro imaginarios, otra de mis fascinaciones: la historia. Creo que con sus torpezas de estilo y tramas, en ese ciclo pude combinar muy bien mis intereses con los subg√©neros que me maravillan. Lo mismo que en Viaje al centro de los mitos. Un ciclo in√©dito que combina la ficci√≥n hist√≥rica y la fantas√≠a oscura, mezclando la mitolog√≠a ta√≠na y la magia cat√≥lica. Ya en la novela que estoy desarrollando vuelvo a la cuesti√≥n de la identidad, la historia, el cyberpunk, la magia, el ADN como √ļltima frontera. Todo, claro, desde mi experiencia como dominicano. El tema de la identidad colectiva, por ejemplo, es una cuesti√≥n traum√°tica en nosotros. Siempre con ese complejo de que no somos una naci√≥n, que nunca llegaremos a serlo. Siempre con el temor de ser absorbidos por Hait√≠… y un largo etc√©tera.

‚ÄĒ¬ŅC√≥mo transcurre tu proceso creativo?

‚ÄĒA veces cogiendo la misma lucha de S√≠sifo: un volver de nuevo a intentarlo. Otras teniendo √©xito, solo para tener que correr como loco tras la roca que desciende por la pendiente opuesta de la monta√Īa para que la historia no se salga de mis manos. Pero lo disfruto un mont√≥n. Cada d√≠a planifico m√°s. Trato de insertar t√©cnicas del guion de cine en la literatura, sobre todo en la novela que escribo actualmente, la cual asumo como un techno thriller. Ah√≠ dise√Īo las escenas luego de un concurso donde gana la que mejor beneficie el hilo narrativo. Igual hay zonas nebulosas. Y qu√© genial que as√≠ sea. Otra cosa es un principio, una mec√°nica convertida en ley personal de escritura: lo primero es el t√≠tulo. Ah√≠ soy muy simb√≥lico. Solo cuando capto intuitivamente el t√≠tulo perfecto para esa idea indefinible que me carcome el cerebro, es que puedo ver el mapa de ruta de la historia que promete dicha idea. Pero ya sabes, la creatividad avanza a saltos entre los tiempos que sobran del trabajo diario. Vainas del cyberpunk dominicano, como le llamo.

‚ÄĒComo escritor autodidacta, ¬Ņcu√°les han sido tus mayores desaf√≠os? ¬ŅPiensas que la literatura, el arte en sentido general, puede aprenderse sin una gu√≠a? ¬ŅCu√°les fueron tus principales patrones a seguir y las herramientas que m√°s √ļtiles te han resultado?

‚ÄĒDesaf√≠os: no dejarme secuestrar por el pensamiento de que estoy perdiendo mi tiempo. Confiar en mi potencial aun sin haber estudiado literatura creativa en una universidad gringa, por ejemplo, sino gestionando y optimizando el talento personal. El arte es gu√≠a desde que te identificas con autores o creadores en general a los cuales intentas emular como punto de partida. La iniciativa implica buscar esas gu√≠as [estudiar la t√©cnica de un autor, leer sobre ellas, asistir a un taller, etc.]. Mis patrones son mis autores favoritos. Sus obras. Qu√© tanto sacrificaron para construirlas. En cuanto a las herramientas, bueno, desde el punto de vista psicol√≥gico, hacerme el ‚Äúchivo loco‚ÄĚ como decimos por ac√° y no escuchar consejos que me desv√≠en de mi norte. En la parte f√≠sica, tener siempre ready mi PC; escribir para el Blogzine Zothique The Last Continent [hasta el 2014]; involucrarme en el colectivo Mentes Extrem√≥filas; escribir para la revista digital miNatura [desde el 2012]; colaborar en el proyecto mexicano El Teatro de las √Ānimas [podcast de narraciones y contenido musical]; participar de ferias del libro y la gesti√≥n cultural a nivel general. ¬†

‚ÄĒYa habl√°bamos de la importancia de las relaciones escriturales que podr√≠an establecerse en nuestro contexto geogr√°fico; pero, ¬Ņc√≥mo valoras la conexi√≥n y el trabajo en equipo cuando colaboras con creadores de diversas manifestaciones en la propia Rep√ļblica Dominicana?

‚ÄĒEs vital. Este business no es para lobos solitarios. Sobre todo cuando sabemos que es una cruzada por el reconocimiento y por dejar una huella en este bueno, bello y verdadero universo de la literatura de g√©nero. En mi caso la mejor conexi√≥n ha sido con el artista Eddaviel: mi principal c√≥mplice en el crimen de imaginar. Las conexiones y el trabajo en equipo deben darse con personas que no te hagan perder el tiempo. Somos caribe√Īos, no germanos. Nos hace falta a√ļn m√°s disciplina y sentido del compromiso en ese sentido. Pero igual, ya en Rep√ļblica Dominicana tenemos la conciencia de lo colectivo y la libertad para conectarnos con equis parte de este. ¬†

‚ÄĒM√°s all√° de la p√°gina en blanco, ¬Ņqui√©n es Odilius Vlak?

‚ÄĒOdilius Vlak es sobre todo una persona que ama la soledad. M√°s que la misma escritura. Me gusta estar solo, f√≠sicamente hablando. Literal. Eso me define m√°s que cualquier otra cualidad o costumbre. M√°s all√° de eso: muy sociable cuando es necesario y dotado de la simpat√≠a propia del Caribe. Alguien que intent√≥ ser periodista, pero solo lo estudi√≥ y ahora edita libros y traduce para ganarse la vida. Lector empedernido. Amante del metal extremo, de la m√ļsica cl√°sica, el noise, el industrial dancing y el merengue urbano o de calle; de ver documentales sobre ciencia, historia y de los animales salvajes de la sabana africana cortej√°ndose a mordidas; identificado con la derecha en t√©rminos de pol√≠tica y con una gran envidia por los monjes Shaolin y… Mmmmm: bueno, eso. Por ahora.

‚ÄĒA la hora de escribir, ¬Ņqu√© es lo m√°s y lo menos importante para ti?

‚ÄĒLo m√°s importante es poder aprovechar el tiempo en el cual s√© que debo plasmar una idea aunque sea de una manera esbozada; de avanzar la historia; de solucionar un problema. No divagar. No desperdiciar energ√≠a creativa, pues s√© que no podr√© recuperar esa precisa combinaci√≥n entre idea, entusiasmo y momento. En eso hago un gran esfuerzo. Sobre todo porque no tengo todo el tiempo para dedic√°rselo a la escritura. No existe algo como ‚Äúlo menos importante‚ÄĚ, o no s√©, quiz√°s s√≠. Lo pensar√©.


Compás #1: Jazz Namá a ritmo del Caribe (+Galería)

La jornada del d√≠a 25 de febrero ha superado nuestras expectativas. Cuando Nataly Ruiz, presentadora de nuestra cartelera, hizo sonar el primer comp√°s, Santiago de Cuba volvi√≥ a ser epicentro de la buena m√ļsica.

 

Esta (la primera) jornada del Jazz Namá nos regaló llegó la exposición colectiva virtual Raíces y compás. Una muestra donde se aborda la presencia africana en nuestra ciudad, captada por la magia de los lentes y pinceles de un grupo de jóvenes santiagueros. En las palabras del catálogo, la historiadora del arte Sara Valdés Legrá afirma:

El g√©nero jazz√≠stico emprendido por j√≥venes talentos de la ciudad h√©roe ya tiene un plat√≥ amplio de presentaci√≥n, un espacio propicio que lo da a conocer y ahora lo afirman estas fotograf√≠as que hoy se exponen en esta plataforma online que lleva por t√≠tulo: ‚ÄúRa√≠ces y comp√°s‚ÄĚ.

Como joven expresión sonora, y por demás, venida de las ágiles manos de esta generación, la más fresca con la cual cuenta la ciudad, posee un sugiéneris compás. Todo bien concatenado, tanto imagen, desde el punto de vista técnico, compositivo, cromático y temático, siempre sin dejar de lado ese compás del santiaguero que es bicharachero, locuaz, muy extrovertido y en constante movimiento, expresión por antonomasia de los valores raigales que nos definen como ese cuero del tambor del cual bebe el jazz en Santiago y lo hace merecedor de un sello distintivo, dentro del género, en todo el país.

Asimismo, se advierte fotografías como las de marcado énfasis en las formas, y que por el poderoso poder del monocromo que las embisten, se encuentran dentro de los ejemplares de plausibles reconocimientos, sobre todo por el sentimiento con el que se perciben los personajes retratados en ellas.

Y qu√© decir de las muestras de la cotidianidad de las calles de nuestra ciudad con los tambores que no faltan en el g√©nero musical sobre el escenario de sitios tan emblem√°ticos como el Iris Jazz Club, que a √©l le rinde tributo siempre que abre sus puertas‚ÄĚ.

Yadasny Jos√© Portillo Herrera, reconocido pianista, arreglista y compositor, Director del Grupo Cauce, protagoniz√≥ el estreno de las c√°psulas Jazz Nam√° Plus. Esta es una iniciativa que se muestran por primera vez (desde que fuera fundado el evento) y sirven para presentar a los grupos y artistas que participan. Portillo pertenece al cat√°logo del Centro Nacional de M√ļsica de Concierto, y desde el 2003 se ha estado presentando como pianista junto al destacado bailar√≠n cubano Carlos Acosta, en los m√°s importantes escenarios internacionales. Su figura prestigia indudablemente el Festival.

El movimiento jazz√≠stico dentro de la ciudad va respaldado de estilos marcados dentro de la comunidad de m√ļsicos que desde aqu√≠ emergen y se posicionan con su hacer. Camilo de Bess asegura en su c√°psula promocional: Para m√≠ el Jazz es lo m√°s realzado de la m√ļsica cl√°sica unido con la m√ļsica popular, una mezcla de las dos corrientes. El programa del evento nos regal√≥ para el cierre de esta primera jornada el concierto de su grupo Jazz D¬ī Bess. Uno de los anfitriones y que por tercer a√Īo consecutivo tiene, bajo su responsabilidad, el concierto inaugural.

El Jazz Nam√° propone para la segunda jornada m√°s c√°psulas promocionales, challenges y conciertos. El momento especial del d√≠a, con transmisi√≥n en vivo, ser√° el encuentro con los directivos y artistas vinculados a la Casa del Caribe. Esta instituci√≥n recibir√° a nombre de todos los miembros de nuestra filial, un reconocimiento por los 40 a√Īos de la Fiesta del Fuego. La Casa del Caribe y su Festival han servido como plataforma para que confluyan en la ciudad de Santiago tradiciones de muchas culturas con una ra√≠z com√ļn: √Āfrica.

Es un privilegio para la ciudad poder contar con la Casa del Caribe y toda su historia. Es una necesidad para la joven vanguardia (AHS) honrar ese legado que ha construido y salvaguardado parte de lo que somos. Santiago de Cuba es muchas cosas, pero algunas serían solo memoria y olvido, sin la Casa de los hombres y las mujeres que portan/piensan/y construyen la cultura de la región.

 

fotos frank lahera


Rap a lo tricolor: una escena musical con sabor local

Cantar, saltar, bailar, tomar, pinchar la pista de discos, alzar la voz en responsorio cantado cuando el int√©rprete convite, levantar un brazo en se√Īal de apoyo, moverlo de arriba hacia abajo, ladearse la gorra y hacer todo esto imbuidos en frases como ‚Äút√°’mo aqu√≠‚ÄĚ o ‚ÄúI don¬īt believe in Babilon‚ÄĚ, dice mucho de la salud de la escena rap-reggae en Santiago de Cuba. Si bien resultar√° propicio acercarse a esta producci√≥n musical en un momento en que sus m√ļsicos, apoyados por la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z, mantienen sus propuestas y conforman una comunidad ya con m√°s de 20 a√Īos en cocci√≥n.

La mirada que propongo no se dirige a analizar precisamente su desarrollo zigzagueante, sino hundir las raíces en su rótulo mixto. En suma, diseccionar las razones que conducen a entender dicha escena bajo el título rap-reggae, en vez de separarla en virtud de cada género musical constituye el tema central del presente texto.

Las huellas de profunda afinidad entre artistas de rap y de reggae se observan tanto de forma explícita como cuando se profundiza en su análisis. Enumero algunas de las pistas que permiten visualizar la estrecha sintonía:

(1) La continua colaboración fuera y dentro del estudio musical que conduce a featurings bajo el predominio de uno de ambos ritmos pero con la inclusión de sendos tipos de intérpretes;

(2) sus relaciones m√°s expl√≠citas sobre el escenario, tan comunes en pe√Īas o en propio patio de la AHS santiaguera;

(3) la incorporaci√≥n de accesorios est√©ticos procedentes de los movimientos culturales vecinos, hip hop y Rastafari, en la creaci√≥n del estilo visual, por ejemplo, cuando los raperos usan alg√ļn elemento tricolor verde, amarillo y rojo;

(4) la propia identificación personal con tales culturas vecinas y su expresión artística mediante la canción, por ejemplo, cuando la concepción Babilonia procedente de Rastafari adquiere importancia en el discurso del rap;

(5) por √ļltimo, el compartir ideas comunes contenidas en sendas culturas, por ejemplo el ideal antirracista y la re-significaci√≥n de la deuda¬† cultural cubana con √Āfrica.

No es intención de esta autora abordar con todo el peso de la semiótica, la sociología y la historia, las peculiaridades de la escena antes citada. Los límites editoriales del texto no lo permitirían. Sin embargo, declarar los hechos fundamentales que conducen a una escena mixta, sí posibilita transitar por un breve análisis culturológico donde salta uno de los sellos identitarios de una vertiente musical contemporánea con sabor local, de parecer folclorista para algunos, sinceros matices regionales para otros, e indudable enlace de tradición y actualidad.

Ante todo, considero preciso puntualizar el significado de escena musical, cuya utilizaci√≥n en el contexto cubano le debe mucho al periodista y cr√≠tico musical Joaqu√≠n Borges Triana. Constituye una de las √ļltimas conquistas terminol√≥gicas del post-subculturalismo contempor√°neo, probablemente gracias a su c√≥moda amplitud significativa. Esta d√≠ada, alcanza mayor√≠a de edad en los predios del periodismo musical, pero son los soci√≥logos post-subculturales, especialmente dedicados a la m√ļsica, quienes en la postrimer√≠as del siglo XX elaboran un marco te√≥rico para explicar las comunidades de consumidores y productores musicales, una de las formas de contrastar con el enfoque sustentado en la disecci√≥n clasista inherente a los cl√°sicos subculturalistas de Birmingham.

Foto cortesía del artista Edgar Brielo. Patio de la AHS durante Festival de hip hop. 2016

De esa manera, junto a subculturas, culturas juveniles, culturas de club, tribus y neo-tribus, llega a bien posicionarse los enclaves conceptuales y emp√≠ricos de la escena musical. Aunque su procedencia sociol√≥gica se deriva de las investigaciones de Barry Shank y las del canadiense Will Straw (1991), es el √ļltimo quien alcanza mayor repercusi√≥n en las investigaciones sociales de m√ļsica.

En s√≠ntesis, la escena musical se conforma tanto por la comunidad flexible y porosa de productores y consumidores de alg√ļn ritmo en espec√≠fico, como por sus enclaves espaciales fundamentales, sus redes de producci√≥n, distribuci√≥n y comercializaci√≥n, el movimiento n√≥madas de los seguidores de dicha m√ļsica, y una comunidad de gusto con base en un g√©nero o como aqu√≠ se observa, g√©neros en espec√≠fico, comunidad de membranas m√≥viles, inclusivas y cambiantes.

Una vez entendida la escena como una relaci√≥n en movimiento entre los creadores y su p√ļblico, vale volver la mirada hacia la historia de los g√©neros musicales que nos ocupan. El acontecer del rap santiaguero se ha trenzado con otros movimientos musicales que florecieron en el Caribe hacia finales del siglo XX. Primero el reggae, luego el raggamuffin, su variante el dancehall, e incluso el incipiente reguet√≥n, acompa√Īaron los √°nimos creativos que hacia las postrimer√≠as de la d√©cada del 90 e inicios del nuevo milenio motivaron a varios j√≥venes a destacarse en el estilo recitativo con inclusi√≥n de jergas caracter√≠stico de la canci√≥n de rap.

Si miramos a fondo, hallaremos que las conexiones entre el reggae, sus derivados sonoros y el rap, ya hab√≠an sido forjadas entre los padres de estos ritmos. El profesor estadounidense Mickey Hess, por ejemplo, recuerda que el rap halla ra√≠ces en la pr√°ctica art√≠stica del toasting jamaicano, una forma en que los DJ de Kingston animaban aquellas fiestas informales de barriadas al margen conocidas como sound system. Si a ello le sumamos que todos los g√©neros mencionados constitu√≠an, de alguna forma, cr√≥nicas sociales donde se plasmaba el pensamiento cr√≠tico de sectores pobres as√≠ como su espiritualidad o, en el otro extremo, se vert√≠a un discurso nihilista, l√ļdico y con alto contenido sexual, tambi√©n como parte de una subjetividad social que describ√≠a un pretendido estilo de vida, entonces, las conexiones son evidentes.

Lo cierto es que la hist√≥rica mixtura entre creadores del rap y reggae adquiere un cariz m√°s s√≥lido en el caso santiaguero y las primeras sospechas de este hecho emergen cuando nos percatamos del afianzamiento del reggae en el gusto popular de la ciudad, am√©n de involuntarios desconocimientos en las herramientas de investigaci√≥n social como las encuestas de consumo. Las causas deber√≠an rastrearse en el apego emocional y cultural del santiaguero a la cultura y sonidos caribe√Īos, pero, una aseveraci√≥n as√≠ parecer√≠a pecar de folclorismo. Con ella, se pretende poner en debate el esencialismo de nuestra identidad que, en tiempos actuales de hibridaci√≥n cultural, se permea de variopintas influencias, de suerte que es preferible aportar datos en los cuales se explicite la incidencia de lo reggae en la ciudad.

Los investigadores Samuel Fur√© y Mar√≠a Elena Orozco recuerdan que la llegada de estudiantes caribe√Īos y entre ellos jamaicanos a universidades capitalinas y de Santiago de Cuba, as√≠ como el arribo en 1976 de obreros, tambi√©n con jamaicanos en sus plantillas, en busca de cursos de superaci√≥n; fueron hechos que estrecharon el contacto con la cultura de Jamaica y, por extensi√≥n, con el reggae. En este punto, el lector juzgar√≠a imperdonable la no menci√≥n de las oleadas inmigratorias jamaicanas hacia el Oriente cubano, antes de los pret√©ritos a√Īos 50 y el supuesto espaldarazo que pudieron proveer al gusto local por el reggae. Sin embargo, S. Fur√© responde al cuestionamiento con justicia cuando explica que al momento de la ascensi√≥n de este ritmo como m√ļsica popular, bailable y globalizada, ya dichos inmigrantes y su descendencia pose√≠an tal integraci√≥n a la estructura social cubana que el reggae era tan nuevo para ellos como para los dem√°s cubanos.

Promoci√≥n y portada del √°lbum de d√ļo Golpe Seko «Golpe Seko brothers» cortes√≠a del MC Darwin Sibadie. Su dise√Īo resalta los colores de la bandera Rastafari como alusi√≥n no s√≥lo a esta cultura sino tambi√©n al Caribe.

Considerado sobremanera por m√ļsicos, integrantes de Rastafari y estudiosos de procesos culturales en la regi√≥n Este de Cuba, otro elemento que ha cimentado el gusto en el reggae ha sido la posibilidad de sintonizar estaciones radiales jamaicanas desde algunas zonas orientales, Santiago de Cuba entre ellas. S. Fur√© tambi√©n adiciona la influencia del turismo en los 80, que acerc√≥ m√°s la cultura jamaicana del momento a la cubana. Por √ļltimo, pero no menos importante, debo destacar siguiendo dicho autor, la influencia que dejaron algunos eventos donde conflu√≠an figuras del reggae internacional: el de Varadero, el Carifesta y el Festival del Caribe. Lo que no menciona este ex√©geta de la cultura Rastafari es que de los tres, el √ļltimo todav√≠a se lleva a v√≠as de hecho cada verano y su realizaci√≥n impacta directamente en la configuraci√≥n de la escena rap- reggae.

El desarrollo anual del festival o Fiesta del Fuego probablemente representa una de las motivaciones m√°s antiguas y reiteradas para llevar a cabo conciertos de rap y reggae, en conjunto con la AHS, como uno de sus espacios neur√°lgicos. Con este juicio no pretendo desconocer la convergencia, en el marco del evento, de numerosos ritmos tradicionales, caribe√Īos y latinoamericanos, empero, el car√°cter participativo de la m√ļsica urbana citada, esto es, la din√°mica relaci√≥n in situ de los artistas con su p√ļblico mediante el baile o cualquier otra manifestaci√≥n de sinergia colectiva, acent√ļa su significaci√≥n y conduce a la activaci√≥n de la escena puesta en la mira. Se explicar√≠a entonces por qu√© mientras se trova, la m√ļsica adquiere funci√≥n de tel√≥n de fondo, pero cuando se canta reggae, los part√≠cipes, otrora conversando, se levantan de sus asientos, cantan o corean al cantante mientras este repite alguna frase significativa como la inicial I don¬īt believe in Babilon.

Volviendo a mi objetivo inicial, creo necesario se√Īalar que la mayor parte de estas condicionantes no corresponden exclusivamente al territorio santiaguero, sino que, en relativas medidas se hallan diseminadas por el resto del pa√≠s. Por ejemplo, los estudiantes jamaicanos no solo arribaron a Santiago, sino tambi√©n a La Habana y, en menor escala, a otros territorios como Santa Clara.

Ahora bien, su convergencia en adici√≥n a los factores hist√≥ricos que funcionaron como puente de relaciones culturales con el √°rea caribe√Īa desde la √©poca colonial, s√≠ debe considerarse en su conjunto elemento exclusivo de esta ciudad. En mi consideraci√≥n, la comuni√≥n de todos ellos ha condicionado al sujeto social santiaguero, en especial una sensibilidad cultural que se aviene a la conciencia de caribe√Īeidad que mencionara un autor ya cl√°sico: Joel James. Se trata de una hist√≥rica disposici√≥n est√©tica con relieves caracter√≠sticos del Caribe que ha influido en buena medida en el gusto y, en consecuencia, en la creaci√≥n musical de la urbe.

No quisiera ahogar la interpretaci√≥n sobre la creatividad santiaguera en materia de m√ļsica con el lazo del determinismo cultural; por tanto, no pienso que todos los m√ļsicos santiagueros y los mel√≥manos expresen por fuerza el vaso conductor con dicha sensibilidad caribe√Īa. Aun as√≠, ha sido v√°lido analizar una escena musical donde la expresi√≥n caribe√Īa resulta palpable debido a la estrecha y s√≥lida relaci√≥n emocional y art√≠stica entre raperos y m√ļsicos de reggae.

Otra ejemplificaci√≥n de este v√≠nculo descansa en la frase meton√≠mica, probablemente oportuna, sostenida por algunos raperos que reza: ‚ÄúMientras La Habana mira al norte (o lo que es lo mismo, a Estados Unidos), Santiago observa al Caribe‚ÄĚ. La probable certeza o desmesura de esta frase no es lo importante aqu√≠, sino el hecho de hallar entre qui√©nes la afirman, identidades sustentadas en la auto-calificaci√≥n como parte activa de esta regi√≥n cultural.