cantautor


«Vicente, quiero ser trovador»

A tan solo 15 años de edad, andando las calles de Alamar, Karel García, Carlos Lage y Yhosvany Palma tocan la puerta de Vicente Feliú con la decisión de ser trovadores. “A partir de ahí empezó la epopeya. Nos explicó lo que era, le cantamos las dos o tres canciones que teníamos, pequeñitas y nos ayudó mucho”.

Luego de ese primer encuentro con un trovador conocido, los cantautores en potencia asistían todas las semanas a un taller en la casa de la Cultura de Alamar, organizado y dirigido por Feliú; donde debían componer canciones y melodías para cada jornada. “Fue un camino que empezamos muy pronto “.

Sin embargo, Yhosvany, Ingeniero Químico, nunca se desligó completamente de la trova y tras cinco años de carrera, retoma su verdadera pasión. “En el año 1994 hacemos un primer concierto ya grande e importante en la Casa de las Américas; estaba Karel García, Carlos Lage, Raúl Torres, Vicente Feliú y yo. Allí presentamos cada uno cinco o seis canciones. Yo creo que fue el momento culmine para desarrollar la trova”. 

A partir de entonces varias fueron las puertas que se abrieron para desplegar el talento de Yhosvany Palma. Tras conciertos en la Biblioteca Nacional con trovadores y músicos de la talla de Carlos Varela y Frank Fernández, empieza a trabajar en el Gato Tuerto, sitio que lo verá partir hacia su maduración profesional.

Pero, ¿el talento le vendrá por las venas?

Mi familia es una familia de músicos: mi tío-abuelo, Francisco Escorcia, es uno de los compositores más importantes de la década de los 40-50 y mi padre, Pedro Palma, era trovador. Todos somos de Trinidad, donde yo bebí mucho de la música trovadoresca espirituana, con unos conceptos muy curiosos sobre la composición. Eso fue al principio, mucho antes de conocer a Vicente, ya venía con esa actitud de una familia musical. Sin embargo, creo que lo influyente en esta necesidad de hacer trova, de componer canciones y melodías, fue ese contacto primero con Vicente.

El año 1999 fue el comienzo de su maduración como trovador. A través de la Izquierda Unida de Asturias en Oviedo, le invitan a realizar una serie de conciertos y actividades en España a lo largo de tres o cuatro meses.

Varios fueron los logros que tuvo en este país ibérico. Su primer contrato fue como autor de algunas canciones vocalizadas e incorporadas al disco De vuelta de Raphael, el famoso cantante español. Desde ese momento surgieron otros contratos que le permitieron trabajar más tiempo allí, realizando conciertos en varios lugares de España.

¿Cómo nacieron sus tres discos? ¿Con cuál se siente más representado espiritualmente?

Hijos de la Fortuna fue mi primer disco, grabado en 2006 en Abdala, a través de Silvio Rodríguez, Lázaro García y Vicente Feliú, quien fue el promotor musical. Es un disco con canciones que me han traído muy bueno momentos porque son hechas casi todas en Cuba, bajo un lenguaje y concepto de imaginación muy adolescente, donde el dolor, la alegría, las desavenencias, se expresaban de una manera particular.

Con este disco regresé a España. En 2008 hice el segundo que se llama Aviso de Vida, muy experimental pues se realizó con músicos sobre todo cubanos. Maravilloso, porque unificaba a gente gallega, ya yo estaba viviendo en Galicia. Además, llevaba mucha orquestación, metales, cuerdas, cosas con las que yo aún no había trabajado. Son canciones mucho más maduras, conceptos que me tocó vivir: las manifestaciones, el año 2008 de una crisis profunda de personas de jóvenes luchando contra los antidisturbios e intentando llegar a un poder (al que llegaron), etc., y viví en primera persona todos esos acontecimientos. Las canciones como Luz, Matices, Aviso de vida; son canciones relacionadas profundamente con esa energía de manifestación, de cambiar el poder, otro mundo es posible.

Por otra parte, llega Raro, un disco hecho a distancias. Yo empecé concibiéndolo en el estudio de mi casa. Resultó curioso porque le envié el trabajo a guitara y voz a amigos muy distantes, desde Suiza hasta Puerto Rico, casi todos cubanos y desde ese instante se pusieron en función del disco. Su nombre precisamente hace alusión a la manera de conformarlo, opuesta a voz y guitarra, la idea original. Es un disco mucho más austero, mucho más modesto, con canciones más reflexivas, bastante relacionadas con el deseo de retorno cuando uno empieza a cumplir años, de regresar a la casa, caminar las calles, ver a la familia, encontrarse con los amigos.

Entonces son tres discos muy distintos, hechos en circunstancias diferentes y musicalmente son bastantes diferenciados. A mí me gusta mucho “Cura contra espinas”, ese es mi disco.  

Sin embargo, tras 20 años viviendo en un país extranjero, Yhosvany desea volver a “redescubrir La Habana”. Ya hace dos años que la disfruta nuevamente. Fue tal la añoranza y felicidad al regresar a casa que esto le inspira para crear, lo que en sus palabras llama, “la creación que siempre quise hacer”.

Cura contra espinas es su más reciente proyecto, un disco peculiar que recoge mucho más que un sentir. “Una de sus canciones es El Ángel, inspirada en la historia de un chileno, Payo (sobrenombre). Un joven que dedicó su vida a la lucha internacionalista después del Golpe de Estado de Allende y en 1979 muere en Nicaragua, durante la guerra desarrollada contra Somoza.

“En Cuba está su hermana, a través de quien tuve la oportunidad de conocer la historia de él. Me impresionó tanto que dedique la canción de El Ángel a Payo. Hemos hecho una grabación hermosa Vicente y yo en el estudio de Tony Carrera, la tenemos de primicia. Estamos haciendo el video clip y la parte promocional. Son canciones que no se escriben en otros contextos por eso estoy emocionado con ella”.

En el tiempo de estancia en Cuba y según augura será muy larga, para siempre; ha realizado otros trabajos con cantantes como Ivette Cepeda y Diego Cano.

“Escribir canciones es lo que más me gusta de mi profesión. Hay algo muy práctico en la manera de idear imágenes con palabras y luego “encasquetarlas” como diría Santi (Santiago Álvarez) con la música. Soy muy dado a la imagen que se crea en la mente cuando se lee o se escucha algo. Si la poesía prescinde de la imagen se vuelve cotidiana. Eso que ves es la realidad y luego hay otra cosa que te hace volar, creer. En el momento que se escucha, la canción puede hacer que tú seas el protagonista y las imágenes, que el cielo sea anaranjado, que la lluvia caiga para arriba.

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Se le ve andar las calles de La Habana, como niño llegado a su lugar favorito del planeta, captando cada detalle. Con sus canciones al brazo y su guitarra al hombro.

 

(Publicada originalmente en Qva en Directo)