Calendario


Maylan y el amor a la literatura (+VIDEO)

La literatura, la edición y el periodismo se entrelazan en la vida de una mujer con alma de ángel. Maylan Álvarez Rodríguez es miembro del colectivo de Ediciones Matanzas y dueña de una modestia que gratifica al interlocutor.

Galardonada con premios como el Calendario de Poesía 2011, con su libro Naufragios del San Andrés, Maylan no cesa su creación literaria.

“Acabo de terminar mi tercera novela para niños, que fue la primera que comencé a escribir y he estado en su revisión. Hace ocho años obtuve la beca La Noche con el libro titulado Historias de bichos o como se permuta de ciudad Papiro. Es un divertimento, más que para niños, para adolescentes, y espero que pronto salga a la luz. Esta historia, ambientada entre insectos, con estrecha relación con la realidad humana, posee tintes ecológicos, de socialización y ayuda al prójimo”.

Autora de títulos como El mundo de Marcos, Otras lecturas del cuerpo y el testimonio La callada molienda, la escritora expande su obra en medio del aislamiento social provocado por la pandemia de la COVID-19.

“Cerré un poemario ambientado en mi natal Unión de Reyes, con historias de mis padres, mis historias guajiras. Y también he estado leyendo nuevos autores y releyendo otros grandes como Gabriel García Márquez”, añadió la creadora.

La labor de edición requiere de un dominio exquisito del idioma español y de las técnicas literarias. Álvarez Rodríguez hace uso de ambos recursos con los que cuenta para continuar con esta tarea desde casa.

“Estoy trabajando una obra de una joven escritora habanera llamada Taime Diéguez Mayo, merecedora del premio Milanés en la pasada edición en Matanzas. También estoy en ciernes con un libro maravilloso del matancero Aramís Quintero, dedicado a la Seña del Humor. Será un homenaje a un periodo fructífero del humor en Matanzas e incluirá fotos de la época que hará recordar a los yumurinos lo bien que lo pasaban con esta agrupación humorística durante la década de los 80”.

Maylan y el amor a la literatura

Foto: David Ávalos

Sobre su función como editora de la revista Matanzas, Maylan comenta: “De conjunto con su director Alfredo Zaldívar y Yanira Marimón, jefa de redacción, estoy trabajando este número dedicado al centenario del nacimiento de Eliseo Diego. Contiene un grupo de artículos inéditos que pienso satisfarán la curiosidad de nuevas generaciones que tal vez no conozcan a un escritor tan cubano como Eliseo Diego. El nuevo número permitirá recordar poemas y textos narrativos de este gran artista”.

Perteneciente a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Maylan coloca en cada obra su tesón y también un pedazo de su alma.

FRAGMENTO DE NAUFRAGIOS DEL SAN ANDRÉS

Mi casa está en la calle Final, pero el cartero

suele confundirse y añadir -por prudencia-

que vivo al lado del cementerio, muy cerca del río

San Andrés.

Los muertos de este pueblo hablan. Y mi cama se

orienta hacia el Norte, allí donde asechan, ajenos

A todo, excepto al escándalo que les precede.


Puertas infinitas y una orquesta de papel

¿Quién está en casa?

¿Cuántas puertas puedes abrir con tres llaves? Te aseguro que no hallarás una respuesta matemática. Solo permítanme confesar que con esa cantidad de llaves me apresté a varias travesuras. Es cierto, no siempre hallé el camino correcto, incluso ante sencillos laberintos. Víctima de la ansiedad, extravié mis ojos más de una vez. No me arrepiento, es divertido ponerse en el lugar de los niños aunque sea por unos instantes. Aunque sé que los más pequeños de casa de seguro encontrarán todas las puertas con mayor facilidad.

Este no es solo un libro destinado solo al público infantil y adolescente. A primera vista sería cierto pero tras cruzar la entrada cualquier lector disfrutará de la belleza y el conocimiento a su disposición. No crea que si el volumen llegara a sus manos será un lector apacible. En todo caso será quien le otorgue a estas páginas la dinámica para la que se concibió. Siéntase entonces coautor, y alístese al corretaje, ya con la vista, ya con el lápiz.

Para Puertas a la Música (Ediciones Santiago, 2014) encontrarás las llaves de entrada pero solo un acertijo no podrás resolver. Seas niño o adulto quedarás atrapado en su orquestación, en el hechizo músico-visual. Cuando llegas a la última página no encontrarás la salida y retornas a cualquiera de las anteriores.

Si bien mis palabras parecieran lanzar un conjuro, perdonen damas y caballeros que yo no he sido, fueron el autor José Orpí y el ilustrador Raúl Gil, los atrevidos.

Pase usted, la casa es suya

La interrogante, en apariencias ingenua, de una niña a su madre, dio lugar en las primeras décadas del pasado siglo a que del genio popular brotara el son inmortal en el célebre Mamá, Son de la loma en la autoría de Miguel Matamoros. Razón que corrobora el acierto de aproximar a los infantes a las tradiciones musicales, autores e intérpretes. No por casualidad en el portal del libro se apela a la antológica pregunta, a continuación de un diálogo entre un nieto y su abuela, en el cual se cita el tema musical en cuestión. La pieza afina la orquesta y prepara a los asistentes al concierto que sus páginas ofrecen.

Con un lenguaje asequible a las primeras edades, sin que se apele a ñoñerías del verbo o el adjetivo, Orpí coloca a su lector ideal frente a una síntesis de nuestro acervo musical. Juego y aprendizaje se intercalan y coinciden en idéntico espacio con el fin de dialogar en torno al patrimonio sonoro intangible, o como se escucha en voz de un personaje, el tesoro musical.

Puertas… es un válido ejemplo de cómo obrar para que las presentes y futuras generaciones de cubanos conozcan el acervo de su cultura musical sin que se apele a la queja ante los presuntos demonios audibles que nos atormentan. Sospecho de quienes solo se conforman con la crítica a lo que entienden nocivo. Resulta cómodo señalar el rincón sucio desde el sofá. ¿Por qué no atreverse a llevar a término las ideas?

En tal sentido Puertas… constituye una atractiva propuesta que se enlaza a esa tradición literaria, musical y audiovisual que en diferentes etapas marcan la infancia cubana. No es la primera vez que José Orpí Galí se aveza en proyectos similares, sobre todo cuando a destinatarios tan importante se dirige. Algunos guardarán en sus libreros los títulos Para despertar al duende, por Ediciones Santiago (2003; 2009) o El mundo de los asombros, en la factura de la Editorial Oriente en 2010. Quien atesore entre sus manos Santiago de Cuba: ciudad cantada, otra vez por la de Oriente (2013; 2015), percibirá la vocación del educador que persiste en su obra. En este último texto no solo se sirve de la poesía para comunicar etapas y hechos históricos trascendentales de la Villa, sino que confía la ilustración del volumen a la creatividad infantil volcada en imágenes.

Los primeros 35 compases los dedica a la presentación de varios instrumentos presentes en la musicalidad insular y algunos en la universal. Así, escuchamos la primera tonada a manos de la guitarra, cordófono cuya herencia se debe a las tradiciones hispánicas, cuyo asentamiento es primordial en el desarrollo de nuestros géneros musicales de base. A través de la poesía rimada Orpí nos entrega nombres del cubanísimo pentagrama como Sindo y Matamoros, cuyas obras es imposible de separar de la novia de las seis cuerdas.

¡Cuidado padres dormilones! Este no es un libro para provocar el bostezo y la caída de los párpados a tus hijos. Madre, no será con estos acordes que te quites al niño de encima por un rato. Muy por el contrario, prepárate para sacar punta a los lápices, y con cada partícula de aprendizaje tendrás lista una ráfaga de preguntas. Alístense a formar la orquesta, tomen la libertad de divertirse mientras los instrumentos y la literatura hacen su acople.

Puertas a la Música posibilita la interacción entre sus creadores y destinatarios, a través de diversos juegos y otros caminos serán copartícipes del resultado. De tal fiesta resulta la concurrencia de aerófonos, cordófonos y percusión que entrelazan las huellas de África, España y otras regiones contribuyentes a la formación sonora cubana. Quienes se atrevan al juego de este concierto, enriquecerán de forma amena su saber.

¡Que toquen, que toquen! Yo bailo de todo

¡Ay Mamá Inés tu hijo Bola está frente al piano! Llamó a Lecuona y entre teclas se les ve en el retozo.

Las autoridades de la música pierden el control. Se desordena el pentagrama y la población amanece a todo baile. Cada quien elige un ritmo diferente y otros cantan. Hasta la reina Isabel se sumó a la algarabía, perdón, ¿qué ha tocado ese?

Tras El Misterio de la Unión las puertas se abren y desde la décima nos llegan varios géneros y ritmos surgidos al mismo ajiaco que nuestra identidad nacional. No ha de extrañarse usted mi adulto escucha, si tras este encuentro vuelve en sí su memoria y recuerda que antes de los ídolos de hoy estuvieron los de siempre, que a veces no se llama balada, aunque rejuvenecido, su nombre puede ser bolero. Lo mismo sucede con el son, la guaracha, la tonada, guajira o la rumba, a quienes muchos voltean el rostro como a extraños inquilinos.

Por esta senda de los géneros musicales llegamos a sus cultivadores. Orpí aúpa a varios de los más ilustres en tertulia, las edades desaparecen, y Sindo y Matamoros coinciden en el mismo brindis con Silvio y Formell. Porque la obra de quienes trascienden no se limita a los calendarios o el juego de estar o no a la vista de todos. Quienes por la oreja sueñan, siempre sabrán de dónde y quiénes son los cantantes.

Alguien con más sapiencia que yo, expresó que para saber si un libro para niños está bien escrito, uno de los caminos es que le llegue a un adulto tanto como en su infancia. Gracias a las trampas del autor y el equipo de realización del texto, cada página sonora de Puertas… me hizo olvidar que hay documentos oficiales donde reza el año en que nacimos. Ahora que se desdibujan esas fronteras del espíritu, simplemente abrazo una palabra, humanidad.

P.D: ¡Ah! olvidé decirles, el libro dejó de existir en librerías santiagueras casi al instante de su presentación. Sería una suerte una reedición. Por lo pronto, anímese a encontrarlo en bibliotecas.

otras ilustraciones de Puertas a la música

otras ilustraciones de Puertas a la música

otras ilustraciones de Puertas a la música


Premios Calendario: Poder de la letra joven (+Fotos)

Muchos volvemos a las páginas durante estas jornadas de coronavirus y aislamiento, conscientes de que la literatura también salva, con su poder para cultivar el espíritu, transmitir conocimientos y hacernos soñar. Decenas de autores ahora mismo escriben en sus casas, conforman mundos con mezclas de fantasía y realidad. Seguramente en el futuro tendremos libros, nacidos durante esta etapa de temores y esperanza, que conquistarán concursos y llegarán a nuestras manos con el encanto de lo auténtico.

Los textos ganadores del premio Calendario, uno de los más importantes en Cuba, siempre son buenas opciones para adentrarnos en lo mejor de la literatura de jóvenes en el país. Hoy les proponemos acercarnos a varios que tal vez ya usted adquirió en las ferias del libro del 2019 ó el 2020, o puede encontrar en diferentes librerías. Todos fueron publicados por la Casa Editora Abril y sus autores son miembros de la Asociación Hermanos Saíz. Estas son obras con el poder de lo atrevido y el talento, pasos de quienes desean crecer siempre.

Leidy González es una de las autoras jóvenes que da pasos importantes en el panorama literario de Cuba.

HÉROES MÁS HUMANOS

El mensajero (2020), escrito por la villaclareña Leidy González Amador, tiene el encanto de lo ágil y preciso, el humor y la historia. Narra las peripecias de un niño llamado Manu Tejeda, hijo de un mambí a las órdenes de Antonio Maceo, que murió como consecuencia de heridas de guerra. El pequeño, delgado y algo “entrometido”, también se suma a las tropas insurrectas empeñado en cumplir la voluntad de su padre.

El infante, fruto de la imaginación de la autora, al igual que otros personajes como Julián Planazo y el negro Cebiche, nos muestra su visión de sucesos y hombres reales de la contienda de 1895, como el propio Maceo, Quintín Banderas, Máximo Gómez y Panchito Gómez.

Ahí va él, caminando entre los demás, lleva cartas como mensajero, siente hambre, cansancio, pero sigue en la invasión hacia Occidente, disfruta las anécdotas y bromas de los más viejos, prueba el aguardiente, es curado con hiervas de una herida en la pierna, pierde a su mejor amigo en la manigua, tiene dolor y orgullo…

González Amador, ganadora también de los premios nacionales Hermanos Loynaz 2013 y 2017; Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2015; Eliseo Diego (2016), Fundación de la Ciudad Fernandina de Jagua 2017 e Ismaelillo 2019, vuelve a demostrar su fuerza como escritora, a pesar de tener solo 31 años de edad.

Los lectores cubanos, especialmente los infantes, necesitarán siempre de propuestas literarias como esta. Ojalá El mensajero, texto para pequeños y adultos, esté en las escuelas primarias, tenga una versión digital suficientemente atractiva y pase también a la vida como audiolibro, con la certeza de que en las creaciones más recientes de la narrativa cubana hay personajes con suficiente fuerza para encantar a los más pequeños y ser referentes muy autóctonos y atractivos.

LAS LÍNEAS Y LA VIDA

Elizabeth Reynosa /Foto: AHS

Portada del libro Líneas de tiempo..

Publicada también en el año 2020, la novela Líneas de tiempo, de la granmense Elizabeth Reinosa nos hace reflexionar sobre el significado de la vida misma, en la cual hay tristezas, anhelos y desesperanzas.

Compuesta por 82 páginas, presenta cuatro capítulos o líneas, denominadas Infancia (1939-1955), Juventud (1956-1970), Adultez (1971-2000) y Vejez (2001-2016), con una armónica narración que presenta relatos breves. Desde Patio (1943), fecha en la cual asumimos que el personaje protagónico tenía cuatro años, hasta Retrospectiva (2016), el lector encuentra sufrimiento, miedos, golpes, sueños y también dolor y pesimismo, como en Estragos (1978), con la certeza de que “…la felicidad solo dura unos minutos…”.

Como expresó Rafael de Águila, integrante del jurado que otorgó el Calendario de Narrativa en 2019 junto a Francisco López Sacha y Ahmel Echevarría, Líneas del tiempo es “rotunda, dura, telúrica, viñética, angustiosa, escrita como a zarpazos tristes”.

Reinosa Aliaga consigue una especie de doble sentido entre el título general, los de los capítulos, las partes de la narración y el ferrocarril y los trenes, pues estos dos últimos elementos atraen a su personaje desde la niñez, un ser que no tiene apellidos ni es ubicado en ciudad o poblado específico.

El lugar de los sucesos pudiera ser cualquiera, pero se siente mucho el sabor a Cuba, el ambiente de este país y el vínculo con algunos hechos de la historia nacional, incluidos Balseros (1994) y Presagios (1998). Esta es la vida de un hombre, que pudiera transcurrir en etapas sin definir, más allá de los años marcados. En su estilo preciso y limpio, la novela tiene también poesía; sin dudas una obra que despierta sensaciones agradables durante y después de su lectura.

UN LIBRO PARA CORREGIR

Un sistema inventado para corregir: El discurso penitenciario y la prisión en la Cuba decimonónica (2020), del joven licenciado en Derecho Adrián Jesús Cabrera Bibilonia es sin dudas una obra interesante.

Ganador del Calendario en la categoría de Ensayo, posee un estilo coloquial y tiene de literatura en cuanto a estilo, a pesar de la hondura de sus exposiciones y análisis.

Según las palabras del propio autor, profundiza en la manera en que la prisión logró su existencia, la necesidad de crear espacios de encierro para moralizar y corregir. O lo que es lo mismo: el nacimiento de un fundamento de por qué el estado moderno puede y debe castigar: la “corrección del delincuente”. Que es, además, un fundamento perfectamente reconocible en la contemporaneidad.

Nacido en La Habana en 1994, Cabrera Bibilonia estudia temas penitenciarios desde su etapa como alumno en la Universidad de La Habana, con una visión más cercana a lo humano y lo social. Para él, “un libro siempre debe tener como máxima transformar comportamientos cotidianos”, por eso considera esencial transcender el campo académico y calar en las personas.

MUNDO DE ROMPIMIENTOS

Cuando despiertes (2018), del también habanero Daniel Burguet es indudablemente una propuesta bien lograda en cuanto a formas y contenidos.

Constituida por 88 páginas y siete relatos, presenta una armónica interrelación entre ellos, con buen empleo de las técnicas narrativas y la variedad de estructuras, con exactitud en los diálogos, y la construcción de personajes y ambientes con un alto nivel de realidad, a pesar de lo suigéneris de los escenarios y sus protagonistas.

Como expresó Eric Flores Taylor, miembro del jurado que le concedió el galardón, esta obra “es una muestra de la literatura de ciencia ficción más humanista y menos tecnológica, donde los gadgets (dispositivos pequeños con un propósito y una función específica) revolucionan el mundo ficticio, mas no por ello son el epicentro de la trama”.

En esta obra hay “tacos” (aparatos para programar como deseas que sea el día…), objetos voladores, un ser con el poder de dirigir guerras desde su casa y verlo todo en una gran pantalla…, pero lo más importante son siempre las personas, sus pensamientos y modos de comportarse, sus amores y desamores, el miedo, las incomprensiones, las traiciones y los sueños en medio de un mundo a veces negro, siempre desafiante.

Daniel Burguet, un muchacho delgado con el pelo largo, recrea dos “realidades” paralelas: la de los conectados y la de los desconectados, ambas con diversos puntos confluyentes, conflictos y anhelos.

Desde el primer cuento, Anatomía de la melancolía, hasta el último, El ojo cosmológico, gravita una especie de metafísica que va creciendo con cada página, dentro de una dramaturgia en la que a veces hay aparente tranquilidad, pero también sangre, muerte, sorpresa y sensibilidad hasta en los seres más impensados.

Llama la atención como el final del último relato cierra también el libro y aporta un elemento que enriquece historias anteriores. Cuando despiertes tiene algo de novela, pero sobre todo de sensibilidad en dos mundos de rompimientos y coincidencias, como es a veces la existencia de los seres humanos.

CONFLICTOS ENTRE NÚMEROS Y LETRAS

Portada del libro Los impares

Los impares, de Claudia Damiani Cavero, cautiva por la diversidad de formas narrativas y cierta singularidad de las historias. Compuesta por 14 cuentos, la obra abarca cierta experimentación en la relación entre las matemáticas, la vida y los temas de conversación de sus personajes, con diálogos que, en ocasiones despiertan sonrisas.

Los argumentos de ellos en leves disputas verbales revelan el conocimiento de teorías y particularidades de las ciencias, aunque los sucesos ocurran en lugares como un pasillo durante una guardia escolar en la madrugada.

Su autora aseguró que para escribirlo utilizó por primera vez la búsqueda de información a conciencia en función de la literatura, algo que se nota en sus páginas, sin restar frescura y ritmo a la narración.

El jurado que le concedió el galardón, integrado por Daniel Díaz Mantilla, Atilio Caballero y Aida Bahr, resaltó que presenta una “cambiante gama de conflictos, emanados de las relaciones interpersonales y la cotidianidad”.

Graduada de Diseño Gráfico, su autora, una muchacha de cabello rubio, espejuelos y aparente timidez, logra una buena construcción de los personajes quienes actúan y hablan con naturalidad, en coherentes relaciones entre ellos, sus acciones e ideas. El humor nunca parece ser objetivo, pero sí capa subterránea.

Es interesante como emplea la segunda persona del singular en algunas narraciones, especie de conversación con los lectores o meditaciones en voz alta. Ganadora también del Premio David (2018) la primera gran pasión de Damiani Cavero fueron las historietas, por eso no sorprende que actualmente sea también ilustradora y autora de la imagen de portada.


Cumpleaños electrónico y destellos en las redes

Con Bufón de Dios, poemario de José Luis Serrano, La Luz comenzó a desafiar el oscuro panorama de carestías materiales que entonces y hasta el día de hoy representan el mítico animal a vencer en cada plan editorial, que es lo mismo que decir sueño.

Mayo, un mes de nacimientos múltiples para la ciudad de los parques, fue testigo en 1997 de ese momento que ha representado para la literatura cubana la permanencia de una voluntad estética comprometida con la joven literatura cubana e importantes exponentes de esta en todo el mundo.

Un catálogo diverso en géneros, abordajes, formatos, poéticas, que crece cada año exponencialmente; numerosos premios nacionales; proyectos que visibilizan al libro y sus autores dentro de la comunidad como entes vivos y cercanos al público; eventos como el Premio Celestino de Cuentos, entre los más esperados momentos del calendario anual para los noveles narradores insertan al sello editorial de la AHS en Holguín entre los más destacados del país lo cual pasa por su reconocido ejercicio editorial, de promoción de la lectura y de comunicación.

Este año, cuando corresponde celebrar los 23 años de La Luz en vista de la imposibilidad de festejar como ha sido habitual en la institución a causa del coronavirus, Luis Yuseff Reyes, director de la editorial, invitó a los integrantes del catálogo, amigos de la casa, a compartir en un video la felicitación. Alrededor de una veintena han respondido con mensajes que recogen gratitud, cariño, buenos deseos, que devuelven los que por más de dos décadas ha entregado Ediciones La Luz.

La iniciativa ha colmado las redes los videos se ha replicado en numerosas páginas de Facebook de autores, fotógrafos, ilustradores, diseñadores, promotores y lectores.


Salvado por el teatro

En cada obra hay parte de su alma; en cada personaje, un pedazo de sus esencias, de sus miedos y tristezas. Carlos Daniel Sarmiento Barlet, escritor, actor, locutor, realizador audiovisual y director escénico, resalta por su versatilidad y atrevimiento creativo. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), este apasionado joven, Máster en Dirección Escénica, se graduó con Título de Oro de Teatrología en el Instituto Superior de Arte (2011).

Su lista de aplausos abarca la obtención de la beca El reino de este mundo, de la AHS, en 2014 y 2018, cuando también obtuvo una mención en el Premio Aire Frío, por la puesta en escena de la obra Selfie. El premio Calendario (2020), el más importante convocado para escritores menores de 35 años de edad en Cuba, es otra de sus conquistas.

Cuando niño, veía actores en la televisión y soñaba con ser como ellos, por eso en la escuela primaria siempre estaba dispuesto a declamar e interpretar personajes. «A los 11 años mis padres, los artífices de casi todo en mi vida, me llevaron a un lugar mágico en el centro de Guanabacoa, llamado Teatro de la Villa. En ese sitio, y de la mano de Tomás Hernández, descubrí que el teatro me acompañaría siempre».

—¿Llama la atención tu versatilidad. ¿Qué prefieres? ¿Por qué?

—Me aburro constantemente y necesito hacer mucho a la vez. La actuación y la realización audiovisual quedaron en el pasado, aunque les agradezco no poco, pues me proporcionaron saberes y herramientas. Prefiero asumirlo todo como dos islas: la locución, que me relaja, me divierte y, al mismo tiempo, me aporta enormemente en lo profesional. Siento que no me podré desligar nunca de los programas de televisión y de la animación de espectáculos. El teatro es mi gran pasión, sin duda, sobre todo la dirección y la investigación. Escribo siempre pensando en una posible puesta en escena.

—Selfie ha sido una de tus obras más exitosas…

—Selfie significó un antes y un después en mi trayecto. Partió de una investigación que estaba realizando para la Maestría en Dirección Escénica acerca de la autoficción, género que consiste, precisamente, en fabular a partir de vivencias personales.

«Decidí contar mi vida en escena, los pasajes que más me han marcado, así como de las vivencias de una joven trinitaria que conocí en 2016. La intención era hablar de nuestro pasado y de nuestras heridas, a través de estas dos historias. Es un espectáculo que, curiosamente, nació desde la nostalgia. Fue la manera de aliviar un dolor personal que en ocasiones se hacía muy fuerte. Una especie de revisión de mis recuerdos, de mi familia, de mi propia existencia y, desde esa verdad personal, conectar con la memoria y las interrogantes de toda una generación.

—¿Cuán favorable es reflejar las vivencias personales en las obras? ¿Acaso es posible evitarlo?

—En mi caso es imposible evitarlo. Creo en la honestidad a la hora de hacer teatro, por eso empiezo por retratarme a mí mismo, a mi familia, amigos, a las personas que me rodean. Para escribir y dirigir me nutro de lo que veo, de lo que sueño, de las preguntas para las que no encuentro respuestas, de lo que me inquieta, de lo que no entiendo, de lo que me duele, incomoda o divierte, por eso busco cada personaje a mi alrededor. La realidad es muy seductora, y Cuba es un país maravillosamente teatral.

—¿Cómo asumes el acto creativo: como algo lúdico y espontáneo o como algo que exige una búsqueda y disciplina permanente?

—Tiene de ambas. Para mí la disciplina es la esencia de la vida. Ante cada trabajo que asumo parto de una investigación extensa, para escribir el texto. A la hora de asumir la puesta en escena y el trabajo con los actores, siempre busco otros referentes teóricos, pruebo cosas nuevas, pero después tratamos de despojarnos de la carga teórica y damos paso al juego, a la espontaneidad y a la imaginación creadora. Si llegas a La Madriguera, sede de la AHS en La Habana, te costará distinguir si se trata de un ensayo o un encuentro de amigos.

—¿Cuál ha sido tu principal desafío profesional hasta el momento?

—Lograr tener un colectivo de actores maravillosos, seducirlos para que me acompañen en cada aventura, crear una dinámica de trabajo en la cual todos seamos parte de la creación, que cada puesta en escena sea un taller de aprendizaje para todos. Mis actores participan desde el proceso de escritura, del montaje, hasta en las decisiones de mi vida personal. Ese ha sido el mayor desafío.

—¿Qué tipo de personajes prefieres? ¿Por qué?

—Los que inquietan, los polémicos, que no son blancos o negros, ni buenos ni malos, que tengan matices. Los que tienen un pedazo de mí, de mi biografía, mi credo y mi memoria. Adoro los personajes que te sorprenden, que ocultan, que callan…, esos son los más interesantes para el teatro. En mis obras las mujeres tienen un lugar importante. Me interesa polemizar y crear debates a partir de la figura femenina. Cada vez que termino una obra siempre lo hago enamorado de algún personaje femenino y hasta sueño con él.

—¿Le temes a las reacciones del público?

—Le temo a que no reaccione. El teatro es un arte de reunión e imaginación, por ese motivo me gusta trabajar con la diana puesta en el público, sobre todo en el espectador joven. Mi propósito con cada obra es inquietarlo, que salga de la función con muchas preguntas y que le tome varios días responderlas. Por eso es muy triste que salgan de la función inmunes, tranquilos. Es como si el teatro no surtiera efecto.

—Tu obra como realizador audiovisual es menos conocida. Me gustaría que nos comentes sobre el documental Alcanzando estrellas…

—Tengo engavetados algunos guiones que tal vez dirija algún día o los entregue a un realizador. Alcanzando estrellas llegó una noche escuchando la radio. Hablaban sobre un juego de béisbol para ciegos. Me acerqué a ellos y descubrí que era fascinante, por lo cual decidí hacer el documental sobre el deporte y sus beneficios para la salud del invidente.

«Me trajo muchas satisfacciones. Se ha exhibido en la televisión nacional, se proyectó en los Juegos Parapanamericanos de Guadalajara 2011. Especialistas en la actividad física para discapacitados lo exhiben en sus conferencias, y lo más hermoso fue que el Presidente de la Federación Internacional de Béisbol para Ciegos estuvo en Cuba, quiso conocerme y me pidió el material para mostrarlo junto a una película que estaban realizando en Italia».

—¿Qué piensas del teatro cubano? ¿Cuáles son sus principales desafíos?

—El teatro cubano está en un buen momento, sobre todo para los jóvenes. En diversos rincones de Cuba hay nuevas voces emergiendo con poéticas significativas. Creo que no debemos acomodarnos, seguir luchando por ocupar un lugar. Salir de la zona de confort, tener proyección internacional, crear un mercado para las artes escénicas. Debemos gestionar nuevas maneras y estrategias de producción, movilizar a las instituciones que en ocasiones permanecen estáticas.

«Hay sedes en la capital con grandes espacios vacíos en su cartelera, pero no puedes acceder a esas salas porque tienen sus grupos, aunque no estén trabajando en ese momento, eso debe ser cambiado. Como buen soñador, me gustaría que se habilite una sala con una programación íntegra para el teatro joven. Me brindo para presentar y ejecutar el proyecto».

—¿Cómo valoras la crítica cultural que se hace actualmente en los medios de comunicación, sobre todo la relacionada con las artes escénicas?

—En Cuba tenemos muy buenos profesionales, pero considero que existen pocos espacios dedicados a la crítica especializada en teatro, que desmonte los espectáculos y que ayude al público a una mejor apreciación del hecho teatral. Muchas veces la reseña se publica cuando ya el espectáculo no está en cartelera. La relación creador, espectador y crítico debe estrecharse.

—¿Qué importancia le concedes a la AHS dentro del panorama creativo cubano?

—Vital. En mi caso la Asociación y su actual presidente, Rafael González Muñoz, me han ayudado a cumplir cada sueño. La beca de creación El reino de este mundo es una gran oportunidad, un apoyo importante para los jóvenes creadores. Cuando cumpla 36 y deje de pertenecer a sus filas tendré que reinventarme porque esa organización me lo ha hecho todo más fácil. Las filiales están en cada provincia, la esencia es acercarse a ellas, llevarles proyectos, ideas, inquietudes. Doy fe de su acompañamiento.

—¿Sueños en el mundo creativo?

—Muchos. El más importante: oficializar mi proyecto. Tener una sede para nuestros espectáculos. Que los actores que tengo a mi lado me sigan acompañando en cada aventura. Ver mis textos montados por otros directores y también llevados al cine. Sueños que llegarán paso a paso, por ahora solo quiero que el teatro me siga salvando.


Ariel Fonseca, escritor por naturaleza

Aún no sale de la sorpresa. Desde hace mucho tiempo compraba cada libro Calendario y anhelaba estar un día entre la lista de autores que todos los años propone la Editorial Abril con los ganadores del certamen más importante en nuestro país para escritores hasta 35 años de edad, sean o no miembros de la Asociación Hermanos Saíz.

Además de escribir, se mantiene muy activo en la programación cultural del territorio. Foto: Cortesía del entrevistado

Llegó el año 2020 y la alegría aún no le deja creérselo. Ariel Fonseca Rivero, natural y residente en Sancti Spíritus, conquistó el lauro en el género Narrativa por su texto Do not disturb.

Compuesto por varios cuentos que narran una sucesión de eventos que tienen lugar en un motel, este texto nació, tras horas y horas, del empeño frente a su computadora.

“El narrador de la historia es un voyeur que observa todo, dialoga y se involucra con cada uno de los personajes. Cuenta, de esa forma, todo lo que ocurre. Nos devela la verdadera naturaleza humana, sobre todo, cuando llega la noche y nos mostramos tal y como somos. Por eso, están presentes el dolor, el desamor, la tristeza, los celos y miedos. Todas las historias desenlazan en algo que no podemos explicar”, explica.

Vuelve así a mostrarse fiel a sus palabras escritas, minucioso en todo lo que redacta. Este joven, jefe de la sección de literatura de la filial espirituana de la AHS, se acomoda detrás de cada letra, a fin de transgredir los límites posibles de la realidad.

Y en esa constancia de llevar al papel cuanto detecta en su diarismo le ha permitido no solo develar su personalidad o sus otros tantos yo, sino colarse por la puerta ancha del panorama literario cubano.

“Escribo por acumulación. Mientras camino veo todo lo que me rodea. Observo cualquier detalle, por mínimo que sea, ya que me puede dar pie a una historia. Cuando me siento a escribir es porque ya me está martillando la cabeza”, insiste.

Ariel Fonseca Rivero intenta recrear en cada propuesta literaria su realidad. Foto: Cortesía del entrevistado.

Pero, en este 2020 el alegrón no sólo llega con este lauro, sino con la presentación y venta, durante la 29na. Feria Internacional del Libro Cuba 2020, de su libro Unes los puntos y verás, por la Editorial Oriente y con ilustraciones de los espirituanos Noel Cabrera y Osvaldo Pestana (Montos).

“Está pensado, fundamentalmente, para el público infantil de ocho a diez años, aunque puede disfrutarlo toda la familia. Es la historia de un niño que no tiene amigos y se inventa uno para hacerse la vida más agradable”, asegura.

––¿De qué recursos te vales cuando apuestas por el público infantil?

“He tratado que exista algo de imaginación, magia y contemporaneidad que es, en definitiva, lo que caracteriza a mi literatura. Ubico siempre al lector en el espacio, en la Cuba actual para que se sienta más identificado”, responde.

Este joven mereció el Premio Calendario 2020. FOTO Lisandra Gómez Guerra.

Un sello muy personal que le ha dado varios alegrones, además del Calendario, como la Beca de Creación La Noche 2012, conferido por la AHS; Premio Herminio Almendros 2014, otorgado por la Editorial Oriente; Premio Celestino de Cuento 2014, entregado por Ediciones La Luz y la AHS, de Holguín, y la Beca Dador 2016, también auspiciada por la organización que agrupa a la joven vanguardia del país.

“Mando bastante a los concursos porque es la manera más efectiva de que te publiquen si ganas. Hay muchas personas con talento que escriben y la competencia en las editoriales es muy fuerte. Los premios muchas veces te dan derecho a ir directo al plan editorial”, agrega.

A pesar de ser ya un escritor reconocido en las lides literarias de Sancti Spíritus y un poco más allá, aún a Ariel Fonseca Rivero se le ve a menudo muy cerca de sus inicios. Talleres literarios, intercambios con estudiantes ávidos de acercarse a las páginas, lecturas, peñas… una constancia que lo distingue más allá de sus páginas.


Entrega la Asociación Hermanos Saíz los Premios Calendario 2020

La Asociación Hermanos Saíz, organización que une a la vanguardia artística cubana, entrega de forma anual los Premios Calendario con la finalidad de incentivar la creación literaria entre los jóvenes escritores y promover sus obras. Como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro de La Habana 2020, hoy se dieron a conocer los ganadores de esta edición, y se presentron los textos de la anterior, publicados por la Casa Editora Abril.

Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)
Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)

El jurado otorgó este año el galardón en la categoría de Teatro a Carlos Daniel Sarmiento Barlet, (La Habana), por la obra: Player; de la cual resaltaron sus valores dramáticos, la eficacia, el dinamismo y la sorpresa con que construye el universo de la pieza; por la intensidad del diálogo y su coherencia con la situación y el espacio escogido y, sobre todo, por la potencialidad de este texto para concretarse en una interesante y bien lograda puesta en escena. La mención fue para She’s leaving home / Qué va a ser de ti, de María Lorente Guerra (La Habana).

En Ciencia Ficción el lauro lo obtuvo Reinaldo García Martínez (La Habana), por Cúmulos, debido a su fragmentada visión de un futuro distópico y su trama estructurada a partir de cuentos que, entremezclados entre sí, forman una suerte de novela en la que el todo siempre es algo más que la simple suma de las partes. Janelle Pumariega Santana (La Habana) alcanzó la mención por su obra Musas de cera, sangre y escarcha.

El Calendario 2020 en Literatura Infanto-Juvenil fue para Elaine Vilar Madruga (La Habana), por Cartas de amor para una historia interminable, en la cual muestra una madurez en el tratamiento de las relaciones entre adolescentes, mediante un discurso que explora el mundo interior de ese grupo etáreo, alejado de estereotipos o lugares comunes, sin menosprecio al público al que va dirigido y en el que sobresale el lirismo, la belleza y la emoción que debe acompañar a la poesía. Ariel Fonseca Rivero (Sancti Spíritus), y el texto Do not disturb, por armar bien una historia con un buen uso del lenguaje y la creación de personajes bien diseñado, mereció el premio en la categoría de Narrativa.

Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)
Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)

El ensayo Mujer y cooperativa urbana en Cuba desde la economía feminista. Estudio de caso de la cooperativa Model, de Maura Febles Domínguez (La Habana), fue el premiado en esta categoría, por su originalidad, necesidad de la temática tratada y por la estructuración de un ensayo que obedece a los propósitos de la investigación con una prosa clara, concisa y atractiva.

En la categoría de Poesía el lauro lo obtuvo Rubiel Alejandro González Labarta (Holguín), con el título Madera, por ser unitario que a través del motivo de la madera nos revela al individuo inmerso en el devenir contemporáneo de la nación, pero que a la vez es una revisitación de nuestro mejor pasado y un barrunto de nuestro posible futuro.

Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)
Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)

La Casa Editora Abril presentó hoy los libros ganadores del Premio Calendario 2019: Líneas de tiempo, de Elizabeth Reynosa Aliaga (Narrativa); Las Transiciones, de Daniel Duarte Vega (Poesía); Un sistema inventado para corregir. El discurso penitenciario y la prisión en la Cuba decimonónica, de Adrián de Jesús Cabrera Bibilonia (Ensayo); El mensajero, de Leidy González Amador (Literatura infantil); Izokumi, de Alexis Duménigo (Ciencia Ficción); y, Eua de Toilette, de Irán Capote (Teatro).


Entre letras y sueños

La vida de Giselle Lucía Navarro Delgado, egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en 2015, diseñadora de modas y licenciada en Diseño Industrial, está íntimamente relacionada con la literatura. Impresiona que con apenas 24 años de edad ya posee una sobresaliente lista de reconocimientos y lauros, incluidos La Edad de Oro de Poesía (2018) y el Pinos Nuevos de Literatura Juvenil (2019), por solo mencionar los más recientes. Hace muy poco, volvió a estar en el centro de atención al recibir el David, en la categoría de Poesía, uno de los más prestigiosos para escritores inéditos en Cuba.

Ese día tenía la luz de los versos en la sonrisa, los gestos y las palabras de humildad. Ella asegura que el libro galardonado, Criogenia, es uno de sus hijos más amados. «Disfruté escribirlo. Cada poema fue una especie de catarsis interior. En el cuaderno se observa el interior del cuerpo de un humano en estado de congelación. Los órganos del cuerpo simbolizan partes de la conciencia, pedazos de la vida y la experiencia. Fragmentos que no pueden separarse dentro de su realidad y que conforman el carácter de la persona que es.

«En cuanto al proceso creativo, lo escribí velozmente. Cada verso fue brotando en cadena. Siento que necesitaba escribirlos».

Por mucho que observa el diploma del David, esta carismática joven aún no logra asimilarlo. «Los escritores enviamos a los concursos con una esperanza y, aunque no quieras, los nervios te traicionan y es inevitable que dudes. Siempre existe una incertidumbre.

«El David es importante. Tiene una historia marcada por nombres prestigiosos de nuestras letras. Además, viene acompañado por la energía especial de ser un premio que impulsa y abre puertas. Para muchos se convierte en el primer libro publicado. Todos los escritores jóvenes aspiran a obtenerlo y siempre te parece inalcanzable.

«El jurado, integrado por personas a las que admiro como creadores y como seres humanos, la obra de Alicia Leal en el diploma y la interpretación que hizo Leydis Guerrero de uno de mis poemas, constituyen otros galardones. Para una escritora joven e inédita como yo, no puede existir mayor felicidad».

Coordinadora del grupo literario Silvestre de Balboa y profesora de la Academia de Etnografía y Tradiciones de la Asociación Canaria de Cuba, Giselle siente pasión por las letras desde la infancia, cuando comenzó a escribir por su necesidad de plasmar vivencias, expresar sentimientos, llenar espacios vacíos.

«Mi abuela era maestra y me enseñó a leer y escribir antes de ir a la escuela. Me la pasaba redactando y dibujando, entre otras tantas cosas. A medida que fui creciendo esa necesidad se transformó en una pasión, una costumbre.

«Luego empecé como alumna en el Grupo Literario Silvestre de Balboa, con el poeta Rafael Orta. Él me impulsó mucho. Me enseñó el oficio del escritor, que al menos debe redactar una línea todos los días y que siempre debe ser sincero consigo mismo. La semilla ya estaba, pero sin él no hubiese brotado. Le debo a mi maestro cada logro.

«Tras su fallecimiento me quedé trabajando en la Academia, al frente del grupo literario. Ya son seis cursos en los que he ejercido como profesora en los que he aprendido muchísimo. Enseñar es muy gratificante y lleva tu ego creativo a otro plano. Transforma tu actitud ante la vida y la profesión. Mi palabra fue madurando al mismo tiempo que yo».

—¿Cuán difícil es para un joven publicar en Cuba?

—Muchas veces el destino de tu libro está sujeto a un premio. Los concursos literarios se han convertido en la pista de vuelo de numerosos textos. Para un escritor joven es muy difícil publicar. Dada la dificultad que existe con el papel, las editoriales priorizan a autores con premios u otros ya reconocidos.

«Enviar directamente a una editorial puede convertirse en un proceso largo. En cambio, los concursos agilizan el proceso y te traen otras bendiciones. El libro sale con prontitud, mayor calidad en la encuadernación y recibe más promoción.

«Cuando eres inédito y sin premios casi nadie te ve, eres prácticamente invisible. A veces las personas se sorprenden cuando ven que un escritor novel recibe varios lauros en un año o de repente tiene varias publicaciones, pero no saben que quizá ese joven tenía una buena obra acumulada, la cual necesitó el empujón de un premio para salir de la gaveta».

—¿Cuán favorable o no es incluir lo vivencial en la literatura? ¿Es peligroso o no que los lectores perciban tu voz en cada relato o poema?

—Creo que de algún modo lo vivencial siempre está presente. Escribas lo que escribas, la voz del ser humano que somos sale a relucir. Es muy difícil crear obviando por completo las experiencias. Lo vivido te sorprende de golpe en la punta de tus palabras. Y aunque tu obra tenga mucho de tu historia, eso solo lo pueden identificar las personas más cercanas. La palabra trastoca tu historia del mismo modo que transforma la realidad en las biografías y las novelas históricas. El peligro está en tu mente, lo creas tú. El autor decide hasta qué punto exponer su vida en el cuerpo de sus textos.

—¿Qué referentes tienes en la literatura?

—De la literatura cubana me ha marcado la obra de Martí, Eliseo Diego, Juana Borrero, Dulce María Loynaz y Rubén Martínez Villena; con este último existe la complicidad geográfica de haber nacido en el mismo pueblo, Alquízar.

«Entre los escritores extranjeros: Borges, Whitman, Virginia Wolf, Alejandra Pizarnik, Huidobro, Kafka… por citar algunos. Disfruto la lectura de poetas de diversas partes del mundo, sobre todo de aquellos que no son tan difundidos en nuestro país y provienen de otras lenguas. En el caso de Criogenia, hay numerosas citas que hacen referencia a poetas libaneses e hindúes».

—Algunos consideran que la literatura cubana no vive un buen momento. Comparan a los autores actuales con los de otras generaciones. ¿Qué piensas?

—Eso siempre sucede. El ser humano vive comparando, quizá eso es lo que impulsa el desarrollo y permite los adelantos tecnológicos. En el caso de la literatura no es diferente. Cada momento tiene sus peculiaridades. El contexto marca siempre la obra de un poeta.

«Los intereses, los problemas sociales, las costumbres, los estilos de vida, las vivencias y las necesidades de una generación u otra no son los mismos; por tanto, los modos de crear no pueden ser los mismos, viéndolo desde el punto de vista generalizado y obviando que cada autor es un universo y recibe a su vez otro tipo de influencias específicas determinadas por la propia experiencia.

«No debemos comparar una generación con otra. Nunca sabremos qué hubiera sucedido con Cervantes o Shakespeare si hubiesen nacido en los tiempos de las redes sociales y las publicaciones digitales, en medio de un mundo agitado, plagado de estímulos y distracciones. Cada generación merece su oportunidad, alzar su voz y hacer las cosas a su manera lo mejor posible. Hay nuevas voces emergiendo, que todavía necesitan madurar y seguir creciendo, pero que van en el camino adecuado».

—Si pudieras promover a diez autores jóvenes o libros específicos de la literatura cubana más reciente, ¿cuáles serían?

—Es difícil. La lista sería interminable. Existen muchos libros y escritores cuya obra merece ser más difundida. Cuba es una isla que ha dado y continúa dando muchos frutos en el campo de las letras. De los más jóvenes podría mencionar a Elizabeth Reinosa, Elaine Vilar, Roly Ávalos, Ismaray Pozo, Noel Alonso Ginoris, Liliana Rodríguez, Yunier Riquenes, Daniel Duarte, Antonio Herrada, Yenis Laura Prieto, Osmany Echevarría, Moisés Mayán, Martha Luisa Hernández, y otros que recién comienzan.

—¿Qué piensas sobre el reflejo y «análisis» de la literatura cubana actual en los medios de comunicación?

—En este sentido hemos mejorado. Existen programas televisivos, algunos de ellos impulsados por la Asociación Hermanos Saíz (AHS), que potencian la promoción de autores y libros, lo cual se refuerza con los programas radiales y la prensa, en su edición impresa y digital.

«En la actualidad existe una amplia red de publicaciones digitales que son propicias para la difusión de textos de diversos estilos, ideologías y géneros, ya sean de autores reconocidos o inéditos, aunque todavía se debe trabajar intensamente en el desarrollo de la crítica literaria, ya que por lo general se adopta una postura neutral ante el análisis. Las redes sociales también han cobrado auge y funcionan como una rápida e importante vía de promoción para los autores y los eventos literarios.

«Convivimos en un contexto más díficil, debido a que la globalización de la información y el desarrollo de las tecnología ha generado una especie de marisma cultural en el cual puede crecer cualquier cosa, incluso la mediocridad. Los recursos del marketing y la promoción son esenciales. Los escritores pueden tener un producto de calidad, pero si este no se presenta del modo adecuado puede tener el efecto contrario. De la misma forma que creas tu libro debes encaminarlo. En el siglo XXI debemos ser promotores de nuestra propia obra. Las videoentrevistas, los spots publicitarios y el videoarte constituyen herramientas muy valiosas».

—¿Cómo te defines como escritora y persona?

—Me considero una persona sensible y perseverante, pero sobre todo una soñadora. 

—¿Qué premio anhelas? ¿Cuáles consideras que son los más importantes o deseados por escritores jóvenes cubanos?

—Me atrevo a decir que entre los más anhelados por los escritores jóvenes están el David, el Pinos Nuevos y el Calendario. Luego, según el género al que te dediques, hay otros más específicos como La Edad de Oro, en el caso de literatura infantojuvenil, o el Cortázar en cuento. En mi caso, el premio que más anhelo es que uno de mis libros pueda transformar para bien la vida de una persona.

—¿Cuáles son tus principales sueños en el mundo creativo?

—En el plano de las letras, me gustaría que mi obra se traduzca y mis libros lleguen a otras orillas. Deseo que mis versos inspiren otros versos, despierten a quien todavía duerme o hagan feliz a quien esté triste. Sueño que algún niño crezca con mis letras y, con mi libro en sus brazos también sueñe, aprenda a dibujar su propia historia y sonría.

*Publicado originalmente en Juventud Rebelde


El factor discriminante de Moisés Mayán

Moisés Mayán Fernández inicia y termina su Premio Calendario de Poesía 2018, El factor discriminante, con dos poemas que, de alguna manera, articulan casi cíclicamente el libro y, en ellos, dos versos que pueden ser, asimismo, ejes del poemario, engranajes que mueven otros en la aceitada maquinaria de la creación lírica: Lo único que puede llevarse a un hombre hasta el mismo fondo del abismo, es la discriminación, y ¿Alguien puede explicarme la sutil diferencia entre un hombre blanco y un hombre negro?

Moisés nos pone a pensar en ello varias veces, pero nos recuerda que este no es el libro de las respuestas. Todo lo contrario, en todo caso el libro de las interrogantes, las dudas…

Cuál es esa diferencia entre un hombre negro y otro blanco, un judío y un ario, un hombre y una mujer, un practicante de una religión y uno de otra, un comunista y un ateo, una cultura y otra… Eso que el martiniqués Frantz Fanon llama “la relación del colonizado y el colonizador”, observándolo desde el punto de vista del blanco por el negro.

Hemos basado nuestro orden social –cualquiera que fuese este– en la discriminación del otro. La piel, la religión, la pertenencia a un partido político, la orientación sexual… En la superioridad de un grupo de elegidos por sobre otro grupo de excluidos. Pero cuando los marginados toman las riendas, se enseñorea entonces la segregación sobre el otro.

Pero el otro puedes ser tú. Y el término otredad de por sí porta el factor discriminante.

La historia nacional ha sido, en buena medida, la historia del factor discriminante. No hay opción: Fuera de los imperios del álgebra, el discriminante puedes ser tú o puedo ser yo. Esa historia patria –aderezada por migraciones, tratas, esclavitud, guerras, luchas internas– ha ido amasando nuestra psicología. La psicología discriminador-discriminante.

Moisés Mayán

La caza, el viaje, el mercado abierto a las monedas sonantes, el escrutinio, el cepo, la escalera, las plantaciones, el látigo del mayoral, un verso como un latigazo sobre la espalda del castigador, una abolición donde nadie enseñó los rudimentos de la libertad. Esa vibración que puede hacer estallar los pulmones de los inadaptados.

La historia como constructo y como resultado. Como suma de condiciones arraigadas…

¿De qué color es la harina y la levadura con que aprietas constantemente la masa poética, Moisés Mayán? ¿El resultado final –el olor expandiéndose fuera del horno– dependerá de esto? ¿Sobre qué metal martilleas la palabra hasta domeñar sus posibilidades? ¿La ductilidad del metal encendido influirá en la esperada eficacia del poema?

Desde la prosa poética, Moisés ha metido los brazos hasta los codos. Se ha sacudido, para esa zambullida, de toda posible pasividad, manteniendo cierta dosis de agresión escritural, sin florituras ni circunloquios que mellen el efecto del poema. Trata de ser exacto, pues quiere manejar conceptos puntuales, temáticas específicas, mediante una construcción absolutamente cerebral, arquitectónicamente intencionada del poema en sí.

Letra negra (piedra) sobre superficie blanca (piedra). La poesía como danza de las palabras hermosas, según Alfonso Reyes. Lo bello no existe más que en la poesía, remata Schiller. Pero el poeta –desde los tiempos del rapsoda y el juglar– también ha sido un ser marginado. Ejemplos sobran.

El factor discriminante ha sobrevolado su cabeza como un ave rapaz. Le hace guiños, lo observa… Aun así el poeta no ha dejado de crear palabras: atenazado, dependiente de las tantas circunstancias, sumergido en otras variaciones, es un perpetuador desde los tiempos, nos dice Robert Graves, en que la poesía tomaba cuerpo en los hombres y los versos eran dedicados a la “diosa blanca”.

Un verso puede privarte de tu libertad con una sencillez sorprendente. No lo subestimes. Pero hay textos que son una legítima carta de independencia, advierte el poeta.

El factor discriminante –al que se opone Moisés con su arma más afilada, la poesía– porta esa carta de independencia. Independencia escritural, además. La ondea como bandera. La sabe libre, pero la libertad tampoco es como la pintan. Duele respirar en libertad.