Bayamo


Cantar a la Patria, no contra ella (+Videos)

Desde La Bayamesa, de Céspedes, Castillo y Fornaris, escrita en 1851, hasta Me dicen Cuba, en la que Alexander Abreu insertó, en medio del son trepidante, las notas del Himno de Bayamo, la Patria ha sido cantada una, diez, mil veces, en sus más limpias y entrañables esencias. Porque un pueblo con música en el alma expresa su sentido de pertenencia en el arte que mejor lo representa.

Contra esa tradición, permanentemente actualizada, se estrellará todo intento de pervertir sentimientos y erosionar convicciones mediante operaciones como la que, desde Miami –¡dónde si no!– hace pocas horas comenzó a circular.

No hay intenciones ocultas. El texto apuesta sin disimulo por la restauración capitalista y el derrocamiento del poder revolucionario. Al reseñar el lanzamiento, servido por los canales de comunicación al servicio de la subversión, la agencia EFE resaltó esos objetivos: «La canción es abiertamente contraria al Gobierno de Cuba y a sus políticas».

No hay argumentos, sino una retahíla de lugares comunes al discurso anticubano: una Cuba dictatorial donde predominan la mentira, la represión, la tortura; una dictadura sin apoyo popular («ya ustedes están sobrando, ya no les queda nada, ya se van bajando, el pueblo se cansó de estar aguantando»).

No hay siquiera el más mínimo atisbo de ingenio, ni una pizca de inteligencia en la burda conversión del lema Patria o Muerte, en Patria y Vida, título de la diatriba. Como si la defensa de la vida, de la libertad, de la resistencia, no encarnaran en la consigna que nos acompaña desde la despedida a las víctimas del sabotaje al barco La Coubre.

Tampoco sorprende la alianza de los protagonistas. Famosos, alguno que otro con talento formado en nuestro sistema de enseñanza –aunque se sabe que la fama y el talento no son sinónimos–, aupados por las corrientes de moda dentro de esa franja que se ha dado en llamar música urbana, tuvieron éxitos comerciales en Cuba.

Hasta que, deslumbrados por el afán de mayores réditos, seducidos por la farándula floridana vinculada a la industria anticubana, y con cuentas mal sacadas acerca de la capacidad de resistencia de los suyos ante las brutales embestidas del trumpismo contra nuestro pueblo, rasgaron sus vestiduras y evidenciaron la precariedad de sus principios éticos, si es que tuvieron.

Entonces, cómodamente instalados en Miami, comenzaron a vociferar, denostar, despotricar y reescribir sus historias personales. Uno de ellos borró de su memoria los versos que cantó en 2016: («regreso a la cuna que me vio nacer / regreso a ese barrio que me vio correr / lo que fui, lo que soy y seré por mi isla bella»); otro, como para no dejar dudas de su catadura moral, renegó de haber saludado en un concierto al Presidente de la República de Cuba («fue un error… sentía miedo»), y un tercero, alentado de seguro por un subidón alucinógeno, amenazó con venir a «dar machete» contra los gobernantes.

En esto último se emparenta con un invitado a participar en el show: el delincuente que en La Habana pidió a Trump «fuego, fuego y fuego pa’ que esto se acabe»: bloqueo e invasión contra Cuba. El fuego que en el video quema una bandera cubana. El fuego de la vileza con que intentan enlodar en la letra la memoria de Martí y el Che. El fuego contra la Patria, contra la vida.

Bueno será retener en el corazón las palabras escritas por Martí a un compatriota en 1886: «La Patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se le sirve, pero no se la toma para servirse de ella». Y hacerlas acompañar por una banda sonora que incluya, entre otros temas, la Pequeña serenata diurna, de Silvio Rodríguez.


Casa de la Nacionalidad Cubana: crisol de identidad cultural

Se ha de contar la historia de Bayamo desde los albores del nacimiento patrio y como testigo inmarcesible de las remembranzas “cespedianas”. De esa savia histórica se nutre la Casa de la Nacionalidad Cubana, la más genuina institución promotora de la memoria de nuestras raíces identitarias como génesis de patriotismo.

Sobre los adoquines de la Plaza del Himno, se erige el patrimonial inmueble construido durante el siglo XXVIII, que sobrevivió al incendio de la ciudad el 12 de enero de 1869 y que aún conserva códigos de su arquitectura original que fuera escenario de los hechos históricos más importantes de la nación cubana.

Fundada un 19 de octubre de 1991, a petición del entonces Ministro de Cultura Armando Hart Dávalos, la Casa de la Nacionalidad Cubana desarrolla una labor científica de vital importancia en el arsenal de estudios que comprende el proceso conformador de la nación y nacionalidad cubanas. Desde múltiples áreas disciplinares de las ciencias sociales se cristaliza la herencia cultural de la historia patria y se fragua el rescate de la memoria documental.

Con motivo de celebrarse –el próximo mes de octubre– el XXX aniversario de creado este Centro de Investigación Cultural, se lanzó una campaña para homenajear, desde actividades académicas, la trayectoria científica institucional.

La estrategia comunicacional abarcará 10 meses (de enero a octubre), que incluye entre las acciones la realización de conferencias, paneles, firma de convenios con instituciones de vanguardia artística y centros de investigaciones, exposiciones, eventos teóricos, presentación de libros, conversatorios en centros de enseñanzas primaria y secundaria e intervención de proyectos en comunidades de la localidad granmense.

La campaña dio inicio este mes de enero con la presentación del libro “Cabildo y oligarquía en Holguín (1752-1833)”, del historiador Gerardo Licea, y con la inauguración de la exposición bibliográfica “Casa de la Nacionalidad Cubana: 30 años de producción historiográfica”, que recoge los resultados de trabajo investigativo concretado en publicaciones del período de 1994 a 2020, a través de las colecciones “Bayamo en el Crisol de la Nacionalidad”, “La Historia en la Palabra”, “Proyecto Memoria”, “Colección Crisol” y publicaciones en las revistas Granma, Ventana Sur, Excelencias y Sol de Cuba. Cerró el lanzamiento de la campaña con la firma de un convenio de colaboración con filial granmense de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba para afianzar vínculos laborales e involucrar directamente a los artistas al proceso intelectual.

El programa de actividades a realizarse en los próximos meses prevee la presentación en centros educacionales de la multimedia Comunidad Primitiva, del arqueólogo e investigador José Manuel Yero Masdeu, para estudiantes de quinto y noveno grado, y conversatorios con docentes y educandos sobre temáticas relacionadas con la representación iconográfica “cespediana”, la historia en el cine, la vigencia del pensamiento martiano antes los desafíos actuales y la cultura popular tradicional como rasgo de expresión identitaria.

Se efectuará el acostumbrado espacio académico mensual Aula de Pensamiento Cubano y Latinoamericano, con conferencias de reconocidos investigadores sobre temas que pretenden aunar y fusionar los diversos elementos socio-culturales que conforman la identidad latinoamericana y caribeña, incluyendo temas específicos vernáculos de religiosidad, cultura popular, arqueología, estudios de la criminalidad en el contexto republicano… todas conformadoras de una praxis hacedora de identidad nacional. El espacio también pretende rendir homenaje a dos instituciones homólogas en el quehacer científico de la nación: la Casa de las Américas en su aniversario 62 de fundación (28 de abril de 1959); y la Casa del Caribe, en los 39 años de creada (23 de junio de 1982).

En el mes de junio se efectuará la XVIII Edición de la Conferencia Científica “Nada tengo mientras no tenga patria”, dedicada al bicentenario del natalicio del patricio bayamés Francisco Vicente Aguilera, y que contará con la participación de investigadores de todo el país, sesionando las ponencias en paneles científicos que se llevarán a cabo en modalidad virtual y presencial.

Dentro de las propuestas también se incluye la intervención en comunidades del territorio bayamés con proyectos didácticos en la enseñanza de la historia de Cuba; así como la inauguración de una exposición fotográfica virtual en el centro cultural Ventanas.

Culminan las actividades de homenaje en el mes de octubre, con la XXIX Edición del Evento Teórico Crisol de la Nacionalidad Cubana, que este año estará dedicado al centenario de Cintio Vitier, bicentenario de Francisco Vicente Aguilera, y a los aniversarios 60 de la Campaña de Alfabetización y de Palabras a los Intelectuales. 

Las tres décadas de fundación de la Casa de la Nacionalidad Cubana –institución promotora de los más genuinos valores de expresión sociocultural– constituyen motivo vasto para enaltecer su obra imperecedera en el arsenal de estudio de los cimientos históricos de un país. De esas mieles de cubanía se nutre, como símbolo de nuestra idiosincrasia y crisol de identidad cultural.

 


En Granma, fiesta virtual de pensamiento científico

A 152 años de la interpretación por vez primera del Himno Nacional, aquel 20 de octubre, sobre los adoquines de la otrora Plaza de la Iglesia Mayor San Salvador de Bayamo (hoy Plaza del Himno) llega la Fiesta de la Cubanía. El año 1994 marca la génesis del festejo de cubanía, a propuesta del entonces Ministro de Cultura Armando Hart Dávalos, con motivo del histórico suceso que marcaría para siempre la historia de la Patria.  

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“Cada cubano tiene un Martí dentro”

En aquel mundo abstracto, donde es capaz de engendrar las más disímiles sensaciones desde la duda o la afirmación, Raylven Friman laminó de acero a José Martí con la misma fortaleza que se les agiganta en el pecho a los cubanos.

Unos 14,50 metros de alto por 7,50 metros de ancho totalizan las dimensiones del monumento, único emplazado en ese formato dedicada al Apóstol en Bayamo, una ciudad que avistó de “alma intrépida y natural” como reza en lumínico la esfinge.

“Se me ocurrió lo del rostro porque buscaba algo muy sobrio y realmente fuerte. Esa imagen es la que más conocemos, entonces a esa traté de darle fuerza.

“Se trató de buscar un material que le diera perdurabilidad, que la composición de las letras figurara una tipografía manuscrita en correspondencia con los colores de la bandera, tratando de dar sobriedad a la pieza”, precisa Friman.

No obstante, su poca experiencia en el trabajo con metal y las luces, una marcada tendencia por estos días, constituyó a la vez un desafío, aparejado a una pieza que rompió con el arte figurativo que le apasionó desde alumno en la Academia de Artes Plásticas de Las Tunas.

Martí, pieza escultórica inaugurado el 30 de diciembre de 2019/ Ibrahin Sánchez

En la ocasión, el joven granmense no solo concebía de manera habitual en sus trabajos figurativos funcionales el diseño, sino que se adentraría en la nueva meta de redescubrir de cerca la conjugación entre el acero y la luz.

En ese paso fue indiscutible, para desdoblar las varas de hierro en un antojo de creación propiamente, el enlace con Osdanis Antúnez Roselló, y su grupo de creación Divo, adscripto al Fondo Cubano de Bienes Culturales.

“Tienes que combinar la parte tuya creativa con la manufactura que esa persona tiene. Estoy muy agradecido de trabajar con ese equipo. Ellos saben mucho del trabajo de la materia, es decir de hacer una silla, un mueble, que armar una obra que lleva contenido artístico.

“El proyecto se empezó a gestar en octubre (2019). Cuando se aprueba, a partir de noviembre, se comienza a trabajar al entrar en el taller”, detalló.

Las líneas esta vez no precisaron el lenguaje figurado ni los colores se combinaron atractivamente sobre el lienzo. Prefirió el urbanismo, una tendencia retomada para no solo acercar el público al arte sino para hacerlo partícipe de la creatividad.

La pared en blanco de un edificio y chapas de metal fueron el tapiz para moldear en exquisita semejanza el ímpetu de la mirada que emana del rostro del Héroe de Dos Ríos en una arteria que crece desde lo moderno, llena de simbolismos culturales e histórico, el Prado bayamés.

En el Martí de Friman, con un tono serio en su rostro, se advierte la sabia mirada al futuro del más universal de los cubanos, la reflexión temprana, o encuentras la firmeza moldeada en el alma de un patriota digno de su tierra, y acapara la atención entre La Bayamesa y otros íconos de la Cuna de la Nacionalidad Cubana.

Cada mañana, desde el cercano 30 de diciembre de 2019, cuando el sol le descubre, anida en el universo la sospecha de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.”

“Mi vínculo con Martí es como el de todo cubano. Creo que cada cubano tiene un Martí dentro”, afimó.


El Rey del Changüí vuelve a sonar los timbales

Con una sonrisa escondida entre sus labios, Elio Revé (1930-1997) hace sonar los timbales y al unísono indica el camino de la música cubana, eternizándose desde el cerón en la memoria de todos.

El museo bayamés de la cera es ahora el escenario perpetuo del conocido Rey del Changüí que el Día de la Cultura nacional “regresó” con los acordes que se desprenden de la anécdota y el verso musical y, sin pretenderlo, robó lágrimas, sonrisas y reflexiones.

Frente a él, sus seguidores, amigos de desafíos y fortunas “cantan” las dulces melodías emanadas de su alma en hechos y desnudan recuerdos de tenacidad que archiva un historial de méritos y reconocimientos.

Tras caer el manto que le abriga, lo extraordinario y bello de las palabras asombran pupilas con el rejuego del pasado y el presente, de lo vivo y lo ausente.

Son 70 años, arropados en una guayabera, que una que otra vez lució en sus espectáculos, y un pantalón gris ceñido a su cuerpo –muy propio de su estilo y cubanía–, donados por la familia con el ánimo de contribuir a la majestuosidad de una obra excepcionalmente lograda.

Elito Revé, hijo a la izquierda, y Cándido Fabré. Foto: Luis Carlos Palacios Leyva.

Papá Changüí parece despertar una nueva década de sentimientos dentro de su carrera artística, desde el retrato de su humildad y la sinceridad de la mirada no se consigue menos que el mérito del cariño popular, ese que se ganó mediante la creatividad.

Elito (hijo), su mejor seguidor, palpita de emociones y resume en el original ¡Uea!, símbolo del Charagón que hoy comenda.

Rafael Lara no se reserva la intimidad en medio de tanta gente que asiste al convite y saca de sus crónicas un pasaje inolvidable.

“Revé fue a La Habana para hacer conocer o implantar el Changüí, acto fallido, porque el chachachá era el dueño de América y había que esperar, pero Revé era muy paciente y esperó 10 años y nació el chan guisé”, contó como preámbulo en la cita.

Mientras, con un orgullo que le empujó el llanto fuera el sonero mayor Cándido Fabré siente aún las tantas veces que le abrazó, confió en el talento incipiente y le dijo “te quiero”.

El regocijo terminó por multiplicarse y  ada palabra al aire encontró imborrables huellas, porque papá Changuí vuelve a sonar los timbales.


Céspedes en el centro de la Cultura

La actualidad digital y convulsa nos indica por suerte o desgracia, que las redes sociales son uno de los mejores termómetros de pensamiento para escudriñar lo cotidiano. Su carácter polémico y desconfiado para muchos, no lastra que allí se pueda observar las catarsis en su estado puro.

Y es que gracias a Facebook, el que todo lo puede, descubro recientemente el nuevo cartel, que para bien promociona la jornada de la cultura cubana del 10 al 20 de octubre. El cartel que, enfáticamente, toma a Carlos Manuel de Céspedes como centro del mensaje pragmático no deja de pasar inadvertido por algunos paisanos que replicaban: ¿Porque Carlos Manuel de Céspedes? Incluso se cuestionaban: ¿Qué se estaban perdiendo de la cultura cubana? ¿Porque Céspedes y no otro?

No voy a ser leña del árbol caído. Pero me veo necesitado en explicar un argumento y una pregunta. Sin conocer al diseñador y sus motivos. Resalta sus elementos épicos alegóricos al crisol que vivió el parto de la cultura. Aunque el criterio esencial es el bicentario del natalicio del augusto Padre de la Patria.

Céspedes es un hombre de luz y de sombras. Su estirpe está fundada en la cultura cubana. Mucho y a la vez poco dominamos sobre su pasión por las artes. Uno de los pilares de su pensamiento es precisamente su sólida base cultural, nutrida de lo mejor de su época y el dominio de una vasta cultura.

Unos de los elementos más importantes en el estallido de la Revolución del 68 fue el desarrollo cultural logrado en la ciudad de Bayamo. La forja de una cultura auténtica y criolla va influir en el protagonismo de los héroes de la Independencia. El contacto directo con grandes sistemas de pensamientos a través de los patricios regresados del extranjero, rápidamente se convertían en portadores en su ciudad de lo mejor del pensamiento filosófico, artístico y científico descubierto en América y Europa.

Los hombres del 68 fundaron su libertad primeramente desde el pensamiento. El papel de la literatura y la educación es más que encomiable en el camino libertario. El dominio absoluto de los mejores autores desde los clásicos de la tradición greco-latina y su mixtura con los ideales del Renacimiento, la Ilustración y el Romanticismo van formando un pensamiento independentista adosados de idealismo y romanticismo, pero acompañado del sublime amor por la libertad patria.

Por esto Céspedes es un hombre de gran apetito literario y con una de las mejores bibliotecas de su época. Compone en coautoría de José Fornaris la letra de La Bayamesa, que se registra como la primera canción romántica de Cuba. Escribes varios poemas de amor y elegías a la patria, es traductor de obras de teatro, poesía y hasta de ajedrez. Escribe para los periódicos de la época. Participa como actor y director de teatro en puesta de escena en Bayamo y Manzanillo. Es amante a la música y Chopin es de sus preferidos. Funge entre los mecenas de la cultura local de su mítico Bayamo.

Mucho se elogia y se detalla el dominio de la alta cultura que tenían estos héroes. Hombres vestidos de seda fina y con prendas de oro brillante, sin nada que envidiar a la gran alcurnia de la Habana o de la fastua Europa. Varios recorrieron los elegantes salones de París, recitaban en latín o francés y vibraban al ritmo de Mozart.

Sin embargo poco se resalta el gran apego que existió a las tradiciones, costumbres y manifestaciones que derivaron a conformar la cultura popular y tradicional que germinaba en Cuba.

Es precisamente estos elementos lo que distinguen la cultura del criollo con el ibérico. Los próceres cultos y refinados, los que tenían un conocimiento enciclopédico y universal también veneraban sus expresiones auténticas y nativas. No solo amaban la música culta sino que también se regocijaban de la contradanza de Saumell. Escribieron décimas y estaban fascinados por los elementos de cubanidad en la poesía de José María Heredia, Plácido o el Cucalambé. Tributaban a las lidias de gallos y carreras de caballo. Cazaban animales jibaros, como Céspedes. Se bañaban en ríos y todos vivían o visitaban con frecuencia y entusiasmo sus fincas apartadas de la ciudad. Sentían orgullo de su estirpe aborigen. Observaban y hasta participaban en los cultos y bailes africanos.

Es precisamente esta condición de terratenientes la que le permite conocer internamente las maravillas de la cultura rural y sus miserias. Al revisar sus versos, sus diarios y testimonios esencialmente cuando están distantes de la ciudad comprobamos la viveza de esta cubanidad fundadora.

Los poetas y novelistas han advertido con espejuelos diferentes a la sociedad, la naturaleza cultural del Padre del Patria. Le coronan su mérito de fundador de la cultura independentista.

Al respecto Lezama Lima comenta: (…) comprende con rapidez nuestra que está en obligación de inaugurar una nueva tradición, donde todo es como una fiesta, un lujo, una amistad, una frase imprevisible 1 …

Nuestra Fina, también lo consagra en su linaje: Céspedes es el fundador de un linaje en
el espíritu, de unas familias más misteriosas y definitivas que la de la sangre 2 .

Tal vez estos argumentos no complazcan del todo. Pero nos ilustran, porque Céspedes se encuentra en el centro de la cultura. El Iniciador no solo se levanto con su espada en la Demajagua, sino que su adarga era la cultura que lo obligó a sacrificar su cómoda vida por dos razones: Independencia y Libertad.

Conlleva entonces a una dolorosa pregunta, qué hemos hecho mal para que algunos cubanos discriminen la vinculación de lo patrio con lo cultural. La respuesta es complicada y se confunde en la urdimbre de cataclismo que ha sacudido nuestra cultura. Como el riesgo de la espada de Damocles que se ciñe sobre nosotros. Las respuestas o al menos mis criterios quedan suspendido para otras líneas. 

Recordemos que el 10 de octubre es nuestra fecha de nacimiento y hace síntesis en su colofón con el 20 de octubre cuando al cantar el himno de manera pública para festejar la toma de la primera ciudad de la Cuba Libre. El 20 de octubre no se cantaba solamente un marcha de guerra, brotaba de las gargantas de los bayameses lo cubano como expresión redentora.

La jornada de la cultura cubana no está exenta de retos y hasta son visibles algunos fracasos en conectar lo cubano con zonas que ya son infectadas por la cultura de la banalidad. A pesar de las dificultades económicas que sacuden telúricamente el país, no debemos despreciar estos diez días del mes de octubre, para luchar y festejar con calidad y esmero por nuestra cultura. Conocerla de manera profunda tal vez sea su mayor homenaje.

1 José Lezama Lima: Céspedes, el señorío fundador. Imagen y posibilidad, La Habana, 1981.
2 Fina García Marruz: La poesía es un caracol nocturno. Coloquio Internacional sobre la obra de Lezama Lima. Poesía , Editorial Fundamentos, Madrid, 1984