Arte Joven


Compás #2: Salvando la memoria (+ Galería)

Una nueva travesía musical desde el ciberespacio, ha sido la segunda jornada del Jazz Namá. El evento se acercó a quien cariñosamente llamamos Miguelón, reconocido percusionista matancero,  miembro de la UNEAC, profesor y promotor del jazz cubano. Una merecida cápsula Jazz Namá Plus para Miguel Rodríguez Zulueta, director del grupo Mestizaje, uno de los mayores exponentes del AfroJazz cubano, que prestigia el festival.

Rodríguez Zulueta (Miguelón)

“No podría contarse la historia cultural de Santiago de Cuba sin hacer referencia a la Casa del Caribe. Como institución rectora de los estudios sobre los procesos socio-culturales de la región, su hacer ha significado un enlace con otros pueblos con los cuales compartimos ideas, ancestros, motivaciones y color”. Fueron algunas de las palabras que escribiera Juan Edilberto Sosa Torres, presidente de la AHS en la provincia, para la entrega del reconocimiento por los 40 años de la Fiesta del Fuego. Momento especial de la jornada que fue transmitido en vivo.

entrega de reconocimientos

“Para mí el amor es la llave de todo, el motor del mundo, es la energía secreta detrás de cada nota que toco”. Bajo esa premisa vive y hace buena música David Gómez Cruz, estudiante de saxofón del conservatorio Esteban Salas, en la urbe santiaguera. Un joven al cual su talento e inquietud musical lo acercaron al jazz.

El documental Bitácora, de la AHS en la Ciudad Héroe, le dio la oportunidad de visualizar su obra y darle la certeza de estar transitando por los caminos correctos dentro del amplio espectro de la música cubana. Así demostró en su cápsula promocional Jazz Namá Plus y en su improvisación sobre el tema challenge del Festival.

Pero David no está solo, dirige el grupo DjazzVi, impetuosos jóvenes que aportan singular cubanía al jazz, así demostraron en su concierto “A tocar con manana que no hay más ná.”

Esta edición del Festival Jazz Namá propone un reto de interpretación musical, la invitación ya está en las redes, y el grupo Influencia Jazz Trío también aceptó el desafío de improvisar sobre el tema challenge del evento, compuesto por José Ernesto González.

David Gómez Cruz, director del grupo DjazzVi

David Gómez Cruz, director del grupo DjazzVi

El guitarrista Andy Garcia Ginoris, director de la agrupación matancera, comenta al Portal del Arte Joven Cubano: “Hacemos música porque nos nace y es la forma que tenemos de expresarnos y dar a conocer quiénes somos”. Y en esta octava edición del Festival, sus tres momentos les permitieron demostrar quiénes eran dentro del panorama musical cubano.

grupo Influencia Jazz Trío

La propia historia ha demostrado, que ir en busca de las raíces es sinónimo de buenos resultados para la cultura, sobre todo cuando los jóvenes son protagonistas del cambio y hacen eco del carácter desenfadado y progresista, que caracteriza este género.

Este evento tiene la intención de crear nexos entre los jazzistas contemporáneos y los orígenes del jazz desde una óptica local e historiográfica, en un ambiente acogedor que permita la libre creación y expresión, de un arte que siga siendo contemporáneo y renovador, aunque sea ciento por ciento online.

 


Arte joven por la Patria

Jóvenes artistas de la AHS en Holguín rindieron homenaje con sus creaciones al 126 aniversario del reinicio de las guerras por la independencia, bajo la guía de José Martí, el 24 de febrero de 1895, como parte de la jornada de actividades para recordar tan importante fecha.

fotos Facebook AHS Holguín

Tomando las medidas sanitarias y de distanciamiento físico para evitar la propagación de la Covid-19 y sin público asistente, se presentaron agrupaciones de la AHS, como la banda de rock Claim, en el Gabinete Galigari, espacio mítico de la música alternativa en la ciudad de Holguín.

La trova vino de la guitarra del joven Manuel Leandro, esta vez en la azotea de la Casa del Joven Creador, y en este mismo sitio se presentó el proyecto Electrozona, liderado por Tiko Dj.

fotos Facebook AHS Holguín

Diversas actividades fueron realizadas durante la jornada en la provincia como homenaje a esta fecha, en las cuales participaron miembros de la AHS holguinera, como las presentaciones literarias realizadas en la librería Ateneo Villena Botev como parte del proyecto “Literatura con cordel”, y las presentaciones de integrantes de la Compañía de Narración Oral Palabras al viento, el Orfeón Holguín, la Orquesta de Cámara de la provincia dirigida por el maestro Oreste Saavedra y el reconocido Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín.

Por otra parte, el poeta y promotor Moisés Mayán participó en el foro de pensamiento “La Patria vista desde lo artístico-literario”, realizado en la sede de la Uneac en el territorio, junto con los intelectuales Zenovio Hernández, Hernel Pérez Concepción y Lino Ernesto Verdecia.

fotos Facebook AHS Holguín

Mayán, quien recientemente recibió el Premio de la Crítica Literaria por su poemario Carga al machete, comentó que “aun cuando se dice que los poetas no tienen más patria que la lengua y la literatura, existe una pertenencia que va más allá por el arraigo nacional, vínculos emocionales y afectivos que muchas veces se descubren cuando se está fuera de Cuba”.

Fotos Carlos Rafael

Su obra poética se nutre de “los deseos de construir un punto convergente entre las gestas independentistas del siglo XIX y las guerras que tenemos hoy, en el plano personal y colectivo, en el siglo XXI; hecho por el que eligió un símbolo cardinal en este período: el machete”.

Fueron próceres aquellos patriotas que lo cargaron, subrayó Moisés. “Tenían que serlo para blandir machetes superiores incluso a los 130 centímetros, y hoy a cada uno nos asiste también un machete que es el que nos va a ayudar a abrirnos paso en una manigua simbólica”.

Fotos Carlos Rafael

fotos Facebook AHS Holguín


En tiempos de Covid-19, leer nos acerca, leer sana

Ediciones La Luz, reconocido sello holguinero de la Asociación Hermanos Saíz, comparte su catálogo reciente en las diferentes redes sociales como parte de su campaña de promoción de la lectura y como una invitación a quedarnos en casa acompañados de la joven literatura cubano y los clásicos universales ante la situación epidemiológica que vuelve a atravesar el país y Holguín con la propagación de la Covid-19.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Con las etiquetas #LeerNosAcerca y #LeerSana, entre otras, La Luz divulga en sus perfiles en Facebook, Instagram, Twitter y YouTube materiales relacionados con las letras, entre ellos carteles promocionales, con diseño de Robert Ráez, a propósito de aniversarios de nacimiento o fallecimiento de importantes autores como James Joyce, Eduard Encina, J. D. Salinger, Virginia Woolf, Eduardo Galeano, George Orwell, Rubén Martínez Villena, John Dos Passos, José Martí, Gabriela Mistral, Juan Rulfo y Albert Camus.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Además recuerda la obra de Augusto Monterroso, a cuyo centenario se decida la edición XXII del Premio Celestino de Cuento; así como la del poeta, autor teatral y guionista Jacques Prévert en el aniversario 101 de su nacimiento, cuyo poemario Está de nuevo el bosque prepara este sello, con traducción de Elizabeth Soto e Iricha Chaveco.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

En las redes, La Luz también promociona sus novedades editoriales, de próxima adquisición en librerías, entre ellas la Celestino, de la propia editorial, como: Bordes, poemario del joven guantanamero Reineris Betancourt; Planeta rojo, del holguinero Eliécer Almaguer; El libro de la extraña felicidad, de la tunera Liliana Rodríguez; Primavera en vano. Trilogía del amor difícil, obra de teatro de Abel González Melo; Sexo chatarra. Los crímenes perfectos del corazón, cuentos de María Liliana Celorrio, de Las Tunas; Fatamorgana de amor con banda sonora, novela del escritor chileno Hernán Rivera Letelier, y Las piedras clamarán. Poesía cubana contemporánea de tema LGBT+, selección de los poetas e investigadores de Jesús J. Barquet y Virgilio López Lemus.

La Luz es uno de los principales sellos editoriales del país, ha recibido múltiples reconocimientos y publicado parte de lo más importante de la joven literatura cubana y clásicos del país y del mundo, como Delfín Prats, Eduardo Galeano, Emily Dickinson, Saint-John Perse, Allen Ginsberg, Lina de Feria, Gastón Baquero y John Robinson Jeffers.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Rostros como puertas en la obra de Aníbal De la Torre

Aníbal De la Torre posee una poética reconocible a vuelo de águila en el panorama visual holguinero y de por sí, cubano. Basta con detenerse frente a una de sus piezas para darnos cuenta que si bien cada una es diferente, estos rostros que ha captado exploran idénticos temas y al mismo tiempo dan cuerpo a una singular cosmovisión: el individuo (el creador) que asume la fe en la religión yoruba y que la expresa mediante el arte.

La Espera – Aníbal De la Torre

Palpamos –como si estuviéramos escudriñando, buscando algo más allá– esta simbiosis (fe/arte) en la muestra Rostros, expuesta en la galería Fausto Cristo de la sede provincial de la Uneac en Holguín, donde Aníbal reúne 13 piezas en gran y mediano formato que nos reafirman, en primer lugar, su capacidad como dibujante y retratista, a partir de un trazo conciso, una línea depurada e impresionista, y además la intención de capturar ese “algo más” que buscamos y encontramos en la fuerza del rostro.

Sus rostros (literalmente las deidades yorubas, los Orishas, se llaman “dueños de la cabeza”) no son meros retratos. Los rostros de Aníbal son reflejos del alma; digamos más bien que una especie de puente entre quien nos observa desde el lienzo y quienes, desde este lado del umbral, intentamos comprendernos a nosotros mismos. Aníbal ha ido consolidando su mirada –fraguándola, mirándose a sí y claro, encontrándose en las posibilidades de esta mixtura– luego de las búsquedas a las que se somete todo artista, y del crecimiento que han resultado sus muestras anteriores (unas quince personales y además un promedio de 80 colectivas, nacionales y foráneas).

Las obras de Aníbal, los rostros que nos observan, reflejan sus estados de ánimo, atrapan –cuestión difícil, sin dudas– la espiritualidad que los asecha: los miedos, alegrías, esperanzas… que perviven en cada cual y que dan cuerpo a la cosmovisión del artista. Para esto Aníbal De la Torre conjuga elementos propios de la religión yoruba, como clavos de línea, garabatos, herraduras, caracoles y girasoles, que se “estampan en el fondo plano de colores pastel, y que a la vez contrastan con el cinturón escapular, contenidos en un pequeño espacio abstracto con tonos sienas, sepia, negro y blanco, colores que he venido sistematizando en las muestras anteriores”, comenta el artista, graduado en la Escuela de Instructores de Arte (2004) y en Estudios Socioculturales en 2013.

Trance 2 – Aníbal De la Torre

Otra cuestión evidente en su obra –además de que su pequeña hija y su esposa, la también creadora visual Annia Leyva Ramírez, curadora de esta muestra, sean modelos en algunas de las piezas, como “Madona con Iré” y “Musa de luz”– es la frecuente autorepresentación del propio artista, la mirada hacia el propio yo y sus interrogaciones: “Casi siempre estoy así, de manera evidente, como reflejo del individuo que asume la fe en la religión yoruba”, asegura quien nos mira desde la portada del catálogo (“Autorretrato”) o desde el cartel de la exposición (“Roseado de fe”).

El culto sincrético no es excusa en estas piezas, es asunción de fe, marca de poética, simbiosis de rostros/fragmentos de alma con elementos de la cultura yoruba, que Aníbal dibuja o inserta como complementos (caracoles, fragmentos de yute) en las obras, y que, desde África llegó a América en los barcos cargados de esclavos que trajeron una cultura que, en el transcurso del tiempo, se sincretizó con religiones preexistentes de base africana, con el cristianismo, con la mitología amerindia, entre otros.

“Los rostros desde el lienzo invocan a penetrar en el misterio más insondable”, escribió en las palabras del catálogo el escritor José Conrado Poveda, y a este misterio nos convida Aníbal con la seguridad de que un rostro no es una ventana, es una puerta abierta, y con el riesgo de que frente a una de estas piezas, nos encontremos nosotros mismos.

 

 


La sencillez impresionante del azul y el gris

Con Azul y Gris, expuesta en la galería El Zaguán, del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) en Holguín, el joven artista holguinero Ramón de Jesús Pérez de la Peña realizó, luego de aparecer en varias muestras colectivas, su primera exposición personal.

Toda primera muestra personal marca un antes y un después: es una especie de parteaguas que pone una obra que hasta ese momento ha formado parte de la curaduría de un proyecto colectivo, a ocupar un sitio privilegiado, mostrar un corpus propio. Y toda primera muestra es, por demás, una osadía, una interrogante, una búsqueda, en la que el artista se “ofrece” y se expone a la mirada acuciosa de quien mira (o más aun, la mirada de quien observa y escudriña en la propuesta que nos ofrece).

Ramón de Jesús salió airoso en este primer juego (apuesta) de colores y texturas, ese espacio de confluencias de rostros y formas expresivas que es su primera exposición. En Azul y Gris (colores psicológicamente fríos y en el caso del azul, primario) predominan dos líneas, que al mismo tiempo se complementan en una sola poética: por un lado los retratos y por otro la pujante fuerza de sus abstracciones. Sus retratos son rostros mayormente femeninos, como sacados de revistas o sesiones de fotos, como modelos que posan desprejuiciadas frente a él, sabiendo que “atrapará” la sensualidad de la mirada, el labio insinuante y procaz, la levedad del momento, la fragilidad del cuerpo, la osadía… Pero al mismo tiempo, estos rostros femeninos evaden el kitsch de la primera mirada, para cargarse de complementos, de manchas de color, de relieves y mixturas… No son rostros abstractos, pero en la figuración –en esas miradas femeninas como las de Frida Kahlo y Marilyn Monroe, que es excepción en el rostro del Lennon de “Imagine”– encontramos la base de la propia abstracción con que va poblando su pintura; donde, además de las cualidades físicas que captura, la expresión cobra fuerza (es como si la luz del trópico, siempre subversiva, lo inundara todo).

Por otra parte, lo que más me llama la atención de la obra de Ramón de Jesús Pérez de la Peña son sus abstracciones cargadas de fuerza y lirismo, influenciadas principalmente por el action painting y el color field painting; imágenes que desde la no figuración que sí encontramos en sus otras piezas, intentan expresar mediante el color y la materia del cuadro, sensaciones como el movimiento, la velocidad y la energía (el “automatismo” de Jackson Pollock, que redujo su gama cromática prácticamente al negro, el blanco y el gris azulado, y los brochazos irreverentes de Franz Kline, por ejemplo, son palpables en piezas como “Cronos”, “Encuentro I y II” y “Semana”). Incuso, donde más autonomía alcanza precisamente Ramón de Jesús es en esos “paisajes” abstractos que pueblan su mirada, como vemos en piezas como “Mi primavera” (mi obra preferida de la muestra), “El cuarto de Tula”, “Cromos” y “Tu piel”.

Ramón de Jesús Pérez de la Peña, graduado de la Academia Profesional de Artes Plásticas El Alba y con formación en los estudios de animación Anima de Holguín, no plasma imágenes o retratos femeninos en óleo sobre lienzo al azar: en sus obras vemos momentos, emociones, acciones, pensamientos, inquietudes, que captura, a veces con la rapidez del trazo o la acción inmediata, con las influencias de los maestros de la abstracción, pero sin depender, en su esencia, de ellos. Los colores, que conoce y explota, la espátula, el brochazo, la línea segura en el dibujo, las gotas y trazos que pueblan la orografía de su arte, son acaso excusas para mostrarnos las formas que no vemos siempre, pero que rigen nuestros días con la sencillez impresionante del azul y el gris.


Eric Flores Taylor: «Apuesto por entretener y hacer pensar a los lectores»

Eric Flores Taylor habla de sus verdades como escritor y podría decirse, como bien se afirma desde lo popular, que no tiene “pelos en la lengua”. Cáustico a veces, amigo siempre, Eric y yo nos conocemos desde el año 2016: él era por entonces un joven aspirante a escritor y yo poco menos que eso, una muchachita que daba sus primeros pasos en el mundo de la creación. Parte del camino del arte lo hemos recorrido juntos. Pero siempre que converso con Eric encuentro nuevos motivos para nuevas preguntas.

—Tu libro El bestiario Pavlov contiene nueve cuentos que has escrito recientemente. ¿Cuándo crees que un escritor alcanza su madurez creativa? ¿Qué temáticas o figuras aparecen representadas en este texto específico?

—Interesante pregunta la primera. A mi entender, la madurez creativa va de la mano tanto con el desenvolvimiento que se adquiere con el lenguaje y la narrativa como con la aceptación del público. En mi opinión, ningún autor debe conformarse con menos: hallar plena satisfacción y profesionalismo en su rama creativa y disfrutar del reconocimiento de los lectores. Esa madurez es difícil de conseguir, más en nuestros lares; sin embargo, creo que aún habiendo atrapado esa elusiva presa que es la fama y la capacidad de mantenerte económicamente haciendo lo que te gusta, aún después de esto, debes seguir buscando más allá, pues si declaras la montaña escalada, en cierta medida, dejarás de escalar en el futuro.

Sobre las temáticas de El bestiario…, pues puedo decir que es la colección más variada que he preparado. Contrario a otros libros de cuentos de mi autoría, este no tiene una temática central, como fue el caso de Jaurías…, o un género específico, como sucedía con En La Habana es más difícil. El bestiario Pavlov tiene variedad de personajes, desde un gato, un ratón y una casa en un trío caótico, hasta una masa de ancianos que emigran a expensas de abandonar a su suerte a las siguientes generaciones. Los temas también son un poco anárquicos, aunque siempre apuesto por entretener y hacer pensar a los lectores. En este aspecto toco nuevamente alguna que otra leyenda urbana o crónica roja, que tan bien funcionó con Jaurías…, pongo mucha imaginación, ironía y guiños a situaciones y estereotipos que cualquiera puede reconocer e identificar (o identificarse). Hasta cierto punto, esta colección es la mayor catarsis literaria que he hecho en mi carrera como autor, pues recoge mucho de mi parecer como persona volcado en las circunstancias y breves epopeyas que viven mis personajes.

—Cada uno de tus libros, ¿marca un antes y un después en tu obra, o prefieres verlos como un proceso continuo?

—En verdad nunca los he visto como un proceso continuo. Si acaso como una muestra de mi evolución como escritor, primero, y luego como autor. Tampoco pienso que haya un antes o un después, porque tarde o temprano vuelvo a retomar algún elemento y retorno a los orígenes del relato fantástico, de ciencia ficción y terror. Por lo tanto, me quedo con lo que te dije anteriormente: es un proceso de evolución donde intento mejorar con cada libro; crecer como escritor y buscar presentarle una mayor apuesta a los lectores, para que así ellos crezcan junto a mí, hasta conformar una relación estable, sólida.

—¿En qué se diferencia El bestiario Pavlov de tus propuestas narrativas anteriores?

—Creo que ya algo de eso adelanté en la segunda pregunta que me hacías. El bestiario… es un libro de cuentos al estilo antiguo y, si me permites, voy a explicarme. Varios de los mejores libros de cuentos que conocemos hoy no tienen una temática común, un hilo central ni nada semejante. Cierto que en estos tiempos las llamadas “cuenti-novelas” y las colecciones que se retroalimentan de sí mismas no son solo moda, sino también una evolución en la manera de acercarse al lector. Pero como todo en nuestro mundo es cíclico, ¿por qué no apostar por una colección de cuentos que no tengan nada que ver entre sí? Tal y como lo hicieron en su momento Cortázar, Maupassant, Poe. No obstante, no dejo de admitir que hice un poco de trampa e incluí en El bestiario, tres cuentos que están interrelacionados y que pueden leerse de manera independiente, pero que cobran mayor fuerza cuando el lector consigue enlazar la trama. Aun así, esos “tres mosqueteros” no tienen nada que ver con el resto de los relatos. En fin, esto es lo que más diferencia este libro de otros escritos por mí; por lo demás, nuevas historias fantásticas y realistas, en tonos grises que buscan hacer invisible la línea entre la cotidianeidad y el delirio.

—¿Cómo sería tu lector ideal? ¿Qué le pides a ese lector a la hora de enfrentarse a uno de tus textos? ¿Cómo te gustaría ser leído?

—Mi lector ideal es aquel que no deja de leer, que termina mi libro y busca otro más, mío o de otros autores. Un lector desprejuiciado en cuanto a géneros narrativos y que le guste enfrentarse a nuevos retos. Si a todo esto le puedes incluir un toque de fidelidad, pues perfecto.

Lo único que le puedes pedir a un lector, desde mi punto de vista, es que te haga el honor de hojear tu texto y lea las primeras líneas de la obra; el resto siempre estuvo en tus manos y en tu capacidad como autor. Yo apuesto por atrapar en esas primeras líneas, en el primer párrafo y en la presentación de la obra. Luego solo pido que les den una oportunidad a esos textos que están pensados exclusivamente para los lectores.   

Supongo que me gustaría, en algún momento antes de pasar a otro plano, ser leído de manera más analítica. Aunque reconozco que en mis comienzos solo me preocupé por el nivel anecdótico de mis historias, he ido descubriendo que en todas hay mensajes, secretos de mi entorno y de mi realidad que se han colado en las obras; mi manera particular de ver el mundo y la vida está dentro de estos textos. He tenido la oportunidad de que algunos lectores me hayan comentado de haberlo visto en libros como Entre clones anda el juego y Jaurías; mientras que otros como Crónicas de Akaland o En La Habana es más difícil pasan desapercibidos y pocas veces provocan una segunda lectura o una mirada más profunda para descubrir todo lo que escondí en esas cuartillas. Supongo que es parte de la rutina de un autor; no sé si cuando Oscar Wilde publicó El retrato de Dorian Gray, todos sus lectores entendieron la representación directa que hacía el autor de su sociedad, más allá de otros guiños que oculta ese libro, o si acaso fue el tiempo quien tuvo la última palabra. La crítica académica y los estudiosos de la literatura pueden ayudar en este objetivo, pero nunca he contado con esa gracia que otros autores alcanzan en ese nivel. Bueno, lo dejo en manos del público y del tiempo.

—¿Te consideras aún una “joven promesa” o sientes que es una etiqueta que no hace justicia a la calidad de tu trabajo? ¿Es hora de revisitar conceptos añejos como, por ejemplo, este?

—No me consideraba joven ni cuando tenía 22 años. Pocas veces me etiquetaron como «joven promesa», quizás porque muy pocos llegaron a verme como «promesa» en sí; cuanto más un bicho raro que nadie se explica jamás como llegó a hacer nada (risas). Bueno, con esto quiero decir que lo de joven promesa no me afecta ni a mí ni a mi trabajo, aunque sé que es una etiqueta difícil de quitarse de arriba, más en un ámbito cultural como el nuestro, donde los jóvenes son los más discriminados en muchos sentidos. Creo que mi trabajo está sostenido sobre bases lo suficientemente sólidas como para no sentirme, en estos momentos, socavado por un epíteto tan deslucido.

Sobre la hora… la hora es ahora y siempre. Hay una gran gerontocracia cíclica en el mundo literario en que nos movemos. Sin embargo, las mayores editoriales no creen en eso y, rigiéndose por el mercado, dan oportunidades a «jóvenes promesas» que pasan a ser «aclamados autores» de la noche a la mañana porque ya contaban con la calidad necesaria. En nuestro panorama no tenemos la oportunidad de comparar de manera eficiente y correcta la calidad de un autor en correlación con la aceptación del público. No nos enfocamos en el mercado, luego es fácil perder de vista que es la juventud la que más puede relacionarse con su propia generación y generar, renovar lectores. Por el contrario, una «élite» literaria puede aplastar con un comentario una carrera, o al menos hacer el intento por simplemente no agradarle el carácter de la «joven promesa». De forma particular no me molesta el cartelito, sino el trato que te dan, aun cuando no te lo cuelguen. Eso sí debe cambiarse e instaurar una relación de respeto mutuo y no de subordinación automática o de menosprecio inherente a tu grupo etario.

—En este año de aislamiento social, has representado a Cuba en diversos paneles online: por ejemplo, la Feria Virtual del Libro de México y Uróboros 2020. En este nuevo mundo que nos ha tocado vivir, ¿qué importancia les confieres a los lazos y sinergias que se gestan a través de las redes sociales?, ¿crees que están cambiando las formas de comunicación del arte?

—No, no creo que esté cambiando nada; por el contrario, creo que ya existe una base bien formada de formas de comunicación para el arte por las redes y el Internet. Lo único diferente es que somos nosotros los que estamos abriéndonos a ese mundo, descubriendo que hay vida más allá del libro físico y de las ferias nacionales. En cuanto a la importancia que le veo, pienso que uno de sus puntos más fuertes es el de conectar a autores, académicos y estudiosos de las letras. Me parece que actividades de este tipo son como una señal que enviamos fuera de nuestras costas en espera de que el receptor adecuado la reciba. Claro que esto lleva tiempo, suerte y paciencia pero, si no das el primer paso, ¿cómo lo lograrás entonces? En resumen, ya la estructura existe, ahora tenemos que adaptarnos a ella y en la medida de nuestras limitaciones, tratar de introducirnos en ese universo para visibilizarnos, más aún cuando es esta acción uno de los grandes problemas para los autores del patio.

tomado del perfil de facebook de eric flores

—Tu saga Guerra de dragones es un proyecto terminado: la tercera parte de la trilogía se encuentra ya en proceso de edición en Gente Nueva. ¿Puedes comentarles a los lectores algunos detalles de la tercera y esperada parte de estos libros? Ahora, una vez culminado el esfuerzo de escribir, por más de un quinquenio, esta trilogía, ¿qué cambios has sentido que su escritura ha gestado en ti? ¿Planificas enrolarte en otros procesos de larga data en el futuro?

—Sí, tengo al menos una saga personal con tonos de trilogía, más otra en deuda con Jesús Minsal. A la mía incluso empecé a arañarle las primeras capas a principio de la pandemia, pero las circunstancias no me han favorecido con la calma y el tiempo como para avanzar lo suficiente. En otros aspectos tengo una novela grande, también con Jesús, en desarrollo y, aunque no será una saga, sí creo que tiene lo necesario como para compararse con Guerra de dragones.

Guerra es como el resto de mis obras: una evolución viva de mi manera de narrar, de escribir, de contar. Si entre la primera y la segunda parte es posible ver un salto grande en la calidad escritural, esta tercera eleva más aún las apuestas y creo que supondrá una delicia para los lectores. Pienso que la descripción y los diálogos han mantenido un nivel adecuado, mientras que otros elementos como la trama y la manera de enfocar la historia han subido de nivel. Por otra parte, las escenas de combate siguen teniendo un peso esencial en la obra: cuenta con tres capítulos enteros dedicados a batallas campales, sin mencionar otros enfrentamientos más pequeños que ayudan a matizar el resto de los episodios donde sobresalen la intriga, la política, los complots y el necesario recuento de las acciones ocurridas entre el final de la segunda entrega y el comienzo de este último tomo. Siento que con Guerra III he tocado un techo en cuanto a lo que puedo conseguir con las limitantes editoriales que tenemos actualmente; ya sabes, límite de páginas en los libros. Puede que en otro ámbito hubiera nacido una obra diferente, quizás hasta uno de esos tomos gigantes de Sanderson y Rothfuss, pero como no es el caso, hice lo que estuvo en mis manos para no traicionar ni a los lectores ni a mí en cuanto a calidad, aventura, entretenimiento y hasta complací alguna petición… que dejo de sorpresa para cuando salga el libro.

—Eres un escritor que juega con un realismo teñido de pespuntes sobrenaturales, y a veces un escritor de fantasía que habla de eventos muy reales, ¿es necesaria una definición de géneros?, ¿te gusta que te consideren un escritor de un tipo u otro de literatura?

—Ante todo soy narrador, narrador de ficción. Lo de los géneros, o subgéneros, está de más. Muchas veces utilizo la palabra profesionalidad para describir la labor de un autor y con ello me refiero a dos cosas: sostenerte con lo que haces y dentro de lo que haces, saber hacer de todo un poco. Sobre esto último es que versa mi respuesta. Me he descubierto haciendo historias con tonos románticos (que jamás pensé hacer antes), historias realistas (de las cuales me aparté mucho tiempo), de temas variados como la discriminación o el despotismo oficializado, cuentos en los que prima la experimentación estilística, el tecnicismo y el lenguaje poético (tú, que me conoces bien, sabes que esas cosas eran para mí como el ajo al vampiro). Y aquí estoy, sigo tratando de innovar cada vez que me siento a escribir, de superarme y no encasillarme en un mismo estilo, en un mismo tema o género. Ya te dije, me veo como narrador de ficción y punto. Ah, que el reconocimiento del público y algunas de mis mejores obras sean del fantástico, no tiene porque ser demérito, si acaso todo lo contrario. Y sí, el haber empezado en estos mal llamados «subgéneros» fue lo que me permitió contar con una visión lo bastante diferente como para no ser englobado dentro de ningún grupo de escritores o generaciones literarias. Pienso que ahora estoy más separado de todo y de todos, lo cual me permite una perspectiva distinta. Pero siempre puedes tener claro que nunca traicionaré mi intención de que la ficción recupere ese intrínseco carácter fantástico que tenía antes del movimiento del realismo del siglo XIX. Y tampoco traicionaré mis intenciones de algún día conseguir una obra de terror con la suficiente calidad como para que sea reconocida tanto en Cuba como en el resto del mundo.

cortesía del entrevistado

—No pocos escritores jóvenes y lectores buscan referente en ti, ¿por qué crees que sucede eso más allá de la calidad indiscutible de tu literatura?

—Hablando en buen cubano: porque no le escondo la bola a nadie. No soy de esos que dicen «métete en un grupo y has carrera hablando de cómo van a cambiar la literatura», «todo lo que haces es válido, qué bien escribes», «lee muchas cosas experimentales y raras», etc. Quienes se han acercado a mí saben que cuentan con alguien que les dice las verdades a la cara; desde «mejor no escribas» y «estudia primero una carrera y después trata de ser escritor» hasta «tienes talento de verdad, ponte pa´ esto» o «no está mal, pero tienes que arreglar…». Así fue mi iniciación en la literatura, con personas como Michel Encinosa que de una cuartilla me sacó más errores que las rectificaciones públicas después de los fracasos de un quinquenio económico. Pero no me detengo en decir lo que está mal, yo no escondo el que creo que es el camino del éxito, el que me dio resultado a mí y que puede ser o no el que le resulte a otra persona: ese es el que conozco. Otros abusan de su «poder» o de sus «reconocimientos» para usar a quienes los admiran como acólitos ciegos, sordos y mudos o, peor aún, como secuaces que transmiten una doctrina de un mismo color. Por lo demás, siempre apostamos, Jesús Minsal y yo, a ser diferentes del resto, a hacer las cosas a nuestra manera y luego ver qué pasa. Hasta cierto nivel hemos tenido resultados sin vendernos a ningún sector o grupo, creando y reconociendo enemigos en quienes fueron amigos, quedándonos solos, pero seguros de que lo que hacemos, correcto o no, es consecuente con nuestras palabras, acciones y manera de ser y pensar. Por eso, hay personas, lectores u otros escritores, que vienen y conversan conmigo o con Jesús; si cuando chocan con nuestra cruda manera de ser y de decir las cosas se asustan y prefieren otros derroteros, pues valido igual. También existen aquellos que han escuchado y consideran que la nuestra es en parte su propia verdad; algunos de estos incluso han llegado a tener sus logros, pero no gracias a nosotros, sino a su perseverancia por seguir el camino del trabajo duro, la disciplina y el amor a la profesionalidad.

—En la actualidad, ¿en qué género te sientes más cómodo?

—Si hablamos de género como tal, en el sentido más tradicional de la palabra, pues creo que en el cuento, ya que me permite una libertad de tiempo que la novela me corta. No obstante, la novela me ayuda a soltarme en cuanto a la extensión y límites narrativos, siempre que cumpla con las especificidades poligráficas. El cuento me fluye bien, aunque no domino aún los límites pequeños que tanto gustan en los concursos actuales. Me gusta la extensión de entre 15 y 20 cuartillas a espacio y medio, me siento muy bien cuando hago relatos de esas dimensiones. Otra cosa: si con el cuento pruebo o experimentos con técnicas, estilos y temáticas, es en la novela donde de verdad tengo que afinar para poder introducir esa evolución escritural sin que se afecte el ritmo de la trama ni resulte antinatural para el lector. Creo que la novela es el género que más precisa de un narrador completamente invisible y fluido, pero no por eso voy a dejar de innovar en mi escritura ni voy a limitarme a hacerlo como ya sé que funciona; por el contrario, ahora una novela es un reto cada vez mayor, tanto para mí al escribirla como para el lector que la lea y sea capaz de ver cuánto he tratado de introducir de forma invisible en el texto.

Ahora, sobre el género como temática, pues me siento muy cómodo en el fantástico y en la ciencia ficción. Me resulta bastante fluido el investigar un aspecto científico y llevarlo a un conflicto humano en un ambiente futurista o ucrónico. Mi reto en cuanto a género temático sigue siendo el terror: ni le pierdo el respeto ni me llego a sentir ducho en su realización, a pesar de haber dado algunos golpecitos a su puerta.

cortesía del entrevistado

—¿Eres un escritor que busca tener un estilo perfectamente reconocible o apuestas por la pluralidad? A tu entender, ¿un escritor debe renovarse continuamente?

—Cuando hago novelas apuesto por que mi estilo sea invisible, ya lo decía arriba, así que no creo que sea reconocible dentro de otras obras afines. Cuando hago cuentos, busco cambiar constantemente y prefiero esa pluralidad que mencionas. Sobre si un escritor debe renovarse, creo que es una decisión de cada cual. Yo pienso que sí, pero mi verdad no es la de los demás y hay quienes se sienten cómodos quedándose eternamente en su zona de confort, lo cual no veo mal; simplemente yo busco más, aunque no lo consiga del todo o pocos lleguen a reconocerlo, como también te comenté.

—De los personajes de todos tus cuentos y novelas, ¿cuál es tu favorito y por qué?

—Difícil, muy difícil. Casi todos tienen un poco de mí dentro, como es natural. Voy a apostar por darte la respuesta del primero que me salta en la mente: Hyler. El nombre es un anagrama de la isla donde habita Cthulhu, según la mitología de Lovecraft. Hyler aparece en el último cuento de Crónicas de Akaland y tiene un comportamiento muy Flores Taylor, por decirlo de algún modo. A este personaje le debo una saga completa y me encantó escribir esta escena que me gustaría compartir:

El tormento duró mucho, mucho tiempo. Tanto que cuando la mandíbula y los dientes de la mujer se convirtieron en polvo, junto al resto de su esqueleto, sus chillidos aún siguieron levantando ecos entre las galerías de la caverna. Y perder cada uno de sus huesos no fue lo peor. Ahí, tirada en el suelo, convertida en un desecho de cuero y tendones, con los órganos marcándose a través de la piel, Juth aún continuaba viva.

—Me has asombrado —dijo Lasypr dirigiéndose a Hyler—. Nunca pensé que serías tan cruel con tus propios hijos. Esa, ¿qué te hizo para merecer tanto?

—Nunca daba los buenos días —respondió el dios recuperando su espada—. Era muy maleducada.

—¿Quién es Eric Flores Taylor, el escritor, y quién es Eric Flores Taylor una vez que cierra la página en blanco?

—Supongo que la misma persona, nunca había pensado en eso. Pero mientras escribo también soy parte de los personajes, soy narrador, soy un director de cine, soy el productor de una historia que no apunta a menos que al reconocimiento del público. Cuando no escribo, soy una persona que intenta ser consecuente consigo mismo y con el mundo, soy padre y esposo, amigo de quienes se lo merecen, soy nostálgico, idealista, un poco ermitaño, trato de mantener en constante tratamiento conductual mis instintos más apasionados, pero sobre todo, soy honesto y sincero hasta el punto de buscarme más problemas, enemigos y malas opiniones de las que puedo contar o recordar. Pues como dice Sabina en una de mis canciones favoritas: «por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo; más de un beso me dieron y más de un bofetón».


Iván Fernández Real: «Todo gira en torno a la creación»

Si algo maravilloso tiene la entrega anual de Becas y Premios de la AHS es la posibilidad de escuchar nuevos nombres y fijar los rostros de aquellos jóvenes que comienzan a marcar una pauta en nuestro mundo cultural. Fue precisamente en la ceremonia de diciembre de 2020 cuando conocí a Iván Fernández Real y su obra, merecedora de la más reciente Beca Conmutaciones. Así, una vez más, las redes sociales me sirvieron para rastrear al joven artista y proponerle este diálogo y estas preguntas.

—¿Crees que el arte tiene un poder transformador de la conciencia y la espiritualidad humanas?

—Me gustaría creer eso. Al menos, el arte puede intentarlo. El hecho de lograr una transformación implica una apropiación, aceptación o al menos una reacción, un dejarse llevar del receptor, aparte de la fuerza que pueda tener la obra. Tal vez si para el autor supuso una transformación personal en primera instancia, para parte del público también sea posible.

—¿Por qué elegiste la composición como lenguaje?

—No creo que la composición llegara a mí por una decisión racional sino a través de mis estudios de violín; simplemente tocando, tal vez variando algún repertorio o haciéndolo más personal. Casi pudo haber sido un acto de inconformidad, de querer tocar o buscar una música diferente. Después vino el deseo y la necesidad de ampliar estudios, de dedicarme con mayor esmero: ahí sí está la decisión de seguir componiendo.

—Los músicos descubren muy jóvenes el llamado a la vocación, ¿cuán importante es para un artista saber desde temprano adónde lo dirigen sus pasos?

—En la medida en que cada cual descubre más temprano qué hacer con su vida, mayor experiencia y desarrollo en este sentido tendrá. Los músicos comienzan a estudiar siendo niños, lo que no necesariamente significa que sean músicos cuando crezcan, esa es una decisión personal y conlleva mayor madurez. En la música, así como en la danza y demás manifestaciones que implican el uso del cuerpo, es vital desarrollar y  potenciar capacidades físicas, y esto solo se logra entrenando, es como un deporte, implica dedicación, trabajo duro.

Si no crees en lo que haces, si no te gusta de verdad, si no te apasiona, será muy difícil alcanzar un resultado favorable. El arte conlleva gran esfuerzo, resistencia, se convierte en una obsesión, en una forma de vida.

En cualquier caso, no está de más acercarse al arte desde edades tempranas, favorece el desarrollo intelectual, la responsabilidad, la madurez, la creatividad.

—¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Qué importancia le confieres a la investigación?

—No tengo una forma ni proceso creativo estático o predeterminado, intento estar lo más conectado posible con lo que estoy haciendo y tener resueltas cuestiones técnicas antes del momento de componer. La investigación antes, durante y después me resulta fundamental, es una manera de llegar al fondo, de poder mirar desde varios ángulos lo que va saliendo, de buscar otros posibles caminos, preguntas e interrelaciones con zonas de creación artística y de pensamiento diferentes.

—¿Qué es lo más difícil de tu trabajo creativo y qué es lo más simple?

—En la obra confluyen interrogantes, experiencias cotidianas, pensamientos, lo vivido o imaginado, lo que eres, has sido, tu idea de lo que debes ser y de los que te rodean… Todo va quedando y se filtra, de manera consciente o inconsciente, en el resultado.  Difícil o simple, es un camino, se va haciendo y todo es parte del proceso, todo gira en torno a la creación, o tal vez sea que en el acto de la creación se aprehende de todo. 

—¿Cuáles son las principales herramientas de un creador y los principales errores en los que un artista podría incurrir?

—La imaginación, la creatividad, la capacidad para escuchar, ver y pensar: son herramientas que hay que afilar, conservar, desarrollar y salvar.

Los artistas son personas también, pudiera parecer obvio; el principal error: dejar de ser persona.

—Para un creador, un premio es un reconocimiento a una trayectoria de vida pero, ¿cómo lo interpretas tú?, ¿qué importancia le confieres? ¿Son los premios trascendentes más allá de la oportunidad o de la luz parcial que brindan en un momento determinado? ¿Qué es, para ti, lo realmente trascendente en la vida de un músico?

—Un premio, para mí, tal vez diga más sobre el jurado que lo decide que sobre las obras o los artistas que lo obtienen. Son opiniones, y las opiniones son recibidas como tal. Si un premio es dado, está en relación con los integrantes de un jurado, que será mejor mientras más amplio, heterogéneo y conocedor sea, y aun así, el resultado no iría en detrimento de las demás propuestas presentadas. La importancia que pudiera tener la premiación es darle movilidad al arte, lo realmente significativo sería que la música suene, que el arte pueda llegar a un público mayor, estimular el debate  entre estudiosos y público en general, y para esto no es necesario un reconocimiento (aunque sí supone una ayuda). O sea, creo necesaria la escucha y respectiva crítica de la música y el arte, no porque tenga algún premio la obra o el autor (esto no lo hace mejor ni peor), sino por la difusión y el estudio, que en definitiva va emparejado al desarrollo de la interpretación general, y a la creación o perfeccionamiento de un juicio crítico e individual sobre el arte contemporáneo.

—Aún eres estudiante de Composición del Instituto Superior de Arte y ya has obtenido la Beca Conmutaciones, que confiere la Asociación Hermanos Saíz, ¿qué posibilidades específicas te brinda esta beca?

—Precisamente eso: es una beca que incluye un apoyo importante para hacer la música y grabarla. Facilita un período de trabajo y ayuda a desarrollar un proceso de creación.

—¿Quiénes son tus principales referentes artísticos?

—Hablar de referentes artísticos sería muy complicado, pueden ser muchos y variables dependiendo de etapas, descubrimientos, proyectos.  Intento escuchar, leer y ver de la forma más abarcadora posible. Si pensara en algún referente fijo sería Johann Sebastian Bach, Lezama, Nietzsche, Martí, Webern, Tarkovski, son una especie de acompañamiento. De la creación musical cubana me interesa particularmente la obra de Julián Orbón y Carlos Fariñas, aunque intento conocer, o al menos estar enterado, de la música escrita por compositores cubanos, sobre todo después de Roldán y Caturla. Esto pudiera resultar otra obviedad pero no lo es.

—Desde el lenguaje de la composición, desde la comunicación humana que se establece al escuchar una obra musical, ¿qué intentas transmitir con tu creación a los otros?

—Simplemente intento que la música sea en sí misma suficiente. La pretensión de querer decir algo específico no me parece legítima, en definitiva cada cual entiende hasta donde puede y quiere: esos límites varían. Creo que cuando alguna obra demanda mucha explicación por parte de su autor es que algo no fue bien. Tampoco la opinión del autor debe ser tomada como modelo; si el resultado es bueno, con la obra basta. Muchas veces, el propio autor es el que limita las posibles interpretaciones y, al final, esto es lo maravilloso del arte, la  multiplicidad de lecturas.

Intento ver la música desde el sonido en sí y cómo es percibido en su totalidad. A partir de esto, todo lo que puede pasar y ser desarrollado, desde la aparente construcción de códigos con una insinuación de significación, a un estímulo sensorial, a lograr al menos una reacción, incitar, sugestionar, que quede algo en la memoria que permita hacer pensar y repensar al oyente.

—¿Cómo definirías el talento? ¿Cuánta importancia le concedes a la disciplina de trabajo? ¿Puede existir un buen músico que no combine, en su propia naturaleza, el talento con la disciplina?

—Aun con el mayor talento es imprescindible la entrega, la disciplina, el oficio, en algunos casos hasta ascético. No creo que se haya conocido músico ni artista alguno donde no confluyan talento y trabajo. Es como si el talento fuese la mezcla perfecta entre aptitud y actitud, vitales las dos, pero visto más como la capacidad de mantener una disciplina de trabajo, de estar preparados y siempre en disposición de evolucionar, de aprender, de estar instruidos e inspirados.

—¿Hasta qué punto la competencia o la emulación es saludable para la vida creativa de un músico?

—No me ocupo de esto, no me gusta la competencia en el sentido de mostrar habilidades que pueden adquirirse mediante repetición y copia, a modo deportivo, sin que haya un trasfondo.  Me parece dañino. Cada cual debe buscar su forma propia de hacer y decir. Intentar entrar o adaptarse a ciertos moldes por el hecho de competir o alcanzar algún reconocimiento puede limitar el verdadero desarrollo personal, entiéndase individualidad, la capacidad que cada cual tiene de ser de una forma única.

—En el universo particular de la experiencia humana, ¿qué lugar ocupa la música?

—Siempre ha estado y está prácticamente en todo momento de la vida. Si se quiere entender cómo es el hombre hoy, hay que estudiar sus relaciones con la música en la historia, la consumida hoy y la forma en que es consumida. Hasta ahora, la música ha sido imprescindible, y debe seguir siéndolo.


Estrofa Nueva, el reto de la permanencia

Sumar 17 años de permanencia en la cartelera cultural de Ciego de Ávila se dice más fácil de lo que se hace y es por eso que Estrofa Nueva, Encuentro Nacional de Intelectuales y Artistas que cada enero trae luz a la memoria de José Martí, no ha renunciado a la posibilidad de ser, incluso bajo los términos impuestos por una pandemia y la secuela inmediata de “confinar” el arte a la pantalla de un celular o a una computadora.

En esta oportunidad no hubo conferencias, presentaciones de libros, ni diálogo cara a cara, sino que el espacio virtual fue escenario para el disfrute y el homenaje, porque a estas alturas ha quedado claro que son preferibles las redes sociales, y los aplausos y emociones en forma de likes o emojis antes que la abulia y el silencio.

De esa certeza se han hecho eco los muchachos de la filial avileña de la Asociación Hermanos Saíz en los últimos meses, al mantener una ofertar cultural estable cuando muchas instituciones pusieron en pausa sus propuestas. Ahora tampoco hicieron concesiones a la posibilidad de que Estrofa Nueva fuera vacío y olvido.

Con antelación se diseñó el programa, se improvisó el set, se convocaron a artistas e investigadores del terruño, y el día 26 de enero echó andar la maquinaria, que durante tres días devolvió sonrisas, gracias a la cadencia de la poesía y el lirismo de la música, que fueron fusión dulcísima accesible desde el perfil en Facebook de la AHS y su canal en Youtube.

A los que saben querer propuso poemas infantiles del Apóstol y obras audiovisuales animadas, inspiradas en cuentos, entre ellos, El camarón encantado, y Deudores de su legado se adentró en los aportes de los investigadores Odalis Sánchez, secretaria ejecutiva de la Sociedad Cultural José Martí en la provincia, Eddy Naranjo, profesor en la Universidad Máximo Gómez Báez, y el historiador José Martín Suárez.

Por su parte, Con Martí en el pensamiento sirvió para revisitar artículos de trascendencia para la cultura cubana, y Traduciendo en melodía fue el espacio reservado para la trova, al estilo de cantautores como Eduardo Sosa y Leonardo García.

Soy el amor, soy el verso regaló versos sencillos y poemas musicalizados por diferentes artistas, entre ellos, el popular Oscar Sánchez y su versión de Los dos príncipes, y La figura martiana a través del lente expuso materiales audiovisuales que desentrañaron la figura del héroe desde diversas perspectivas y elementos cinematográficos.

Para el final quedó reservado un maratón de arte que tuvo como protagonistas a los escritores Roberto Carlos de Armas, Arlen Regueiro Mas, actores de la compañía Polichinela y la música de la agrupación Motivos Personales.

Lo cierto es que al Apóstol se le deben todos los honores aunque no sea 28 de enero, pero si además el arte sirve de elogio a su memoria y realza esta fecha en el calendario, debiéramos estar satisfechos. Por eso Estrofa Nueva siempre deja el regusto de la alegría al margen de cualquier contratiempo, mientras confirma que su permanencia no es fruto de la casualidad, sino de la búsqueda constante de nuevas maneras de hacer y pensar el arte.

Mirar en retrospectiva su devenir implica reconocer que no siempre los planes se concretaron a plenitud y que han sido muchas las veces en las que el presupuesto ha limitado el alcance y la nómina de invitados. En el año 2016 se hablaba de sillas vacías y de un evento que se “cocinaba” en su propia salsa de organizadores e invitados, mientras que en 2018 se reescribía bajo el influjo de la renovación. Desde entonces la buena vibra no ha faltado y así lo demuestra la excepcionalidad de esta edición.

Entre los invitados que en los últimos años han prestigiado el certamen están Anisley Díaz Boloy, Martha Acosta Álvarez, Rubiel Labarta, Evelyn Queipo, Yandrey Lay, los trovadores Axel Milanés, Eduardo Sosa y Oscar Sánchez, quienes junto a creadores del patio como Arlen Regueiro Mas, José Rolando Rivero, Heriberto Machado Galiana, Eduardo Pino, Masiel Mateo y Santa Massiel Rueda han configurado el espíritu de socialización del arte joven ya inherente a la cita. 

A estas alturas hay consenso en que Estrofa Nueva es un certamen necesario no porque regresa cada enero, sino porque es otro pretexto para hablar en presente de Martí, y ese privilegio bien vale cualquier esfuerzo. Que el compromiso de 17 años de trabajo sea impulso y no desgaste es aspiración compartida y, desde este lado del escenario (o pantalla), solo podemos aplaudir y ensanchar las expectativas.


«La escritura y la poesía son mis paracaídas»

Pablo G. Lleonart sabe que la literatura —que la creación en sentido general— es un salto de fe al vacío. No obstante, se arma, se prepara el joven artista para que su descenso vaya acompañado por la palabra, la escritura y la poesía. Estos paracaídas lo han sostenido bien. Las redes sociales —un espacio de conexión ya no alternativo sino imprescindible, que ambos defendemos— nos hicieron contactarnos por coincidencia. Pero, nada es coincidente en esta vida, es mi creencia. Conocer un poco más de la obra Pablo G. Lleonart fue el motivo que me llevó a este diálogo.

Se ha hablado mucho (y debatido) acerca del concepto juventud en relación con el material artístico, ¿cómo se concilia una relativa corta edad biológica con la calidad de la escritura?

Pienso que para valorar la calidad literaria no podemos juzgar la edad del escritor, el texto se defiende por sí solo. Carson McCullers escribió El corazón es un cazador solitario con 23 años, Rimbaud tenía 19 cuando apareció Una temporada en el infierno. Harold Bloom con 30 años ya daba clases en Yale y había escrito tres libros sobre el romanticismo inglés considerados innovadores por la crítica. Ejemplos sobran. No obstante, a medida que se crece en edad también se gana en experiencia y se tienen más lecturas asimiladas que permiten enfrentar el ejercicio de la escritura con mayor madurez. La calidad literaria radica en el rigor y seriedad con que afrontemos el ejercicio de la escritura.

Como joven creador, ¿qué buscas, qué te interesa contar?, ¿qué no buscas y qué nunca contarías en tus historias?

Como creador busco que mis historias y mis poemas sean capaces de calar en el lector, que estos sientan los mismos placeres que yo cuando leo a Lorca, Borges y Pessoa: creo que ese sería el sueño de cualquier escritor. Me interesa abordar lo universal desde lo cubano, ser capaz de que un verso o línea que haya escrito conecte con el otro y este se sienta identificado con lo que lee. No busco la grandeza, esa se la dejo a Dante. Nunca contaría mis historias de amor, o tal vez sí.

¿Influye en tu percepción de la realidad —y en tu transformación de esa realidad en materia ficcional— los estudios de Periodismo?

Comencé estudiando Ingeniería Mecánica en la Universidad de Matanzas. En aquel entonces me interesaban los “números”, todavía me interesan; pero la carrera en su propia dinámica, como es lógico, me distanciaba de mi otra pasión: la literatura. Ante la disyuntiva opté por cambiarme para la Licenciatura en Periodismo, la cual no solo me aportaba herramientas para desarrollar habilidades a la hora de escribir sino que también me mantenía vinculado a la vida cultural de mi ciudad.  

El diálogo constante   enfrentar diversidad de criterios entre compañeros y profesores durante cinco años de la carrera de Periodismo ayudó a formar mi pensamiento crítico. Otra influencia de mi profesión quizás sea el hecho de que me ayudó a expresar las ideas de manera clara, sin muchos rodeos, lo cual el lector siempre agradece. Tanto la literatura como el periodismo se nutren de la misma materia prima, la palabra. Sería entonces, a la hora de la creación, un poco como navegar entre dos aguas.

¿Qué consideras imprescindible en la formación espiritual de un escritor joven? 

Tres cosas: leer, leer y leer, y si me dejan agregar una cuarta por aquello de que los tres mosqueteros son cuatro, diría que aprender a escuchar receptivamente. En Matanzas he tenido el privilegio de poder dialogar con personas y creadores magníficos como Alfredo Zaldívar, Laura Ruiz Montes, Ulises Rodríguez Febles, José Manuel Espino… y muchos más que han abierto siempre sus puertas al diálogo con los más jóvenes.

¿Por qué la poesía? ¿Por qué escribir?

Si hay que buscarle un “por qué” a por qué escribo, creo que se lo debo en especial a mi madre, la cual es bibliotecaria y de pequeño siempre hizo que creciera rodeado de libros. También la suerte de tener profesores durante mi formación académica que estimularon la creación, como el repentista Orismay Hernández, y la pareja formada por María Isabel Tamayo y Ulises Rodríguez Febles.

La culpa de que escriba poesía la tiene Leymen Pérez, quien me alentó en 2017 a incursionar en ese género. Hasta ese año solo escribía narrativa y me concebía como “narrador puro”. Pero ya lo dijo Billy Collins: lo malo de escribir poesía es que anima a escribir más poesía. Y desde entonces la poesía me ha cautivado por completo.

Resumiendo, la escritura en mí es una necesidad. Si Huidobro dice que la vida es un viaje en paracaídas, la escritura y la poesía son mis paracaídas, me mantienen a flote, me sostienen.

Como lector, ¿qué buscas en un buen libro? ¿Cambia esa opinión, esa percepción a la hora de ser tú quien produce/escribe un libro?

Considero que la lectura es una praxis personal. En particular, lo que me apasiona de un buen libro es el cúmulo de belleza (estética) más la extrañeza que pueden producir una serie de palabras colocadas unas tras otras, hasta que logran en mí eso que Yeats llamó “estado de fuego”, que no es más que la sensación de entelequia que nos posee cuando las palabras tocan cada fibra de nuestro espíritu. Al leer así nos sentimos plenos, realizados.

Cuando soy yo quien escribe siempre trato de separarme del texto que escribí y asumo una postura de lector que se acerca por vez primera a ese texto. Por supuesto, si yo mismo no soy capaz de conmoverme con lo que escribo, nadie lo hará tampoco.

¿Sueles leer a tus contemporáneos, tanto nacionales como internacionales?

Por supuesto, e igual pretendo que me lean. Si nosotros mismos no nos leemos, qué podemos esperar de otros. Los clásicos siempre serán un referente, un paradigma, pero el lenguaje del siglo XVII no es el mismo que el del siglo XXI, ni el lector de entonces es el de hoy. Yo apuesto por el futuro de la lectura y la literatura, y ese futuro se empieza a labrar desde la contemporaneidad. En mis anaqueles tengo libros de Shakespeare y Cervantes,  pero también los de Elaine Vilar Madruga.

¿Crees que puede aprenderse, así sea de la diferenciación o la emulación, de aquellos con los que se comparte generación, tiempo y espacio geográfico?

Creo que sí, que el escritor y el artista en sentido general deben tener siempre la capacidad de aprender de sus contemporáneos. En la medida en que seamos capaces de entrar como generación en un diálogo creativo creceremos no solo individualmente como creadores sino también que le aportaremos a la cultura cubana una mayor posibilidad de enriquecimiento simbólico.

Por ejemplo, cuando se lee a Wordsworth, Keats, Shelly, Byron sabemos que estamos leyendo a Wordsworth, Keats, Shelly, Byron pero, al mismo tiempo, en esa singularidad existe una unidad que los hace trascender a ellos individualmente y como representantes del romanticismo inglés.

¿Existe, para ti, una generación escritural? ¿Te sientes parte de una?

No creo que exista una generación, entendiendo el término generación tal y como nos referimos por ejemplo a la Generación del 27 o al grupo Orígenes. Sí me siento parte de un grupo de jóvenes que compartimos una serie de intereses literarios y temáticos porque vivimos en el mismo tiempo y espacio geográfico.

tomada del perfil de facebook del autor

Coméntame un poco de tu proceso creativo…

El escritor tiene tres fuentes de inspiración: lo que lee, lo que le cuentan y lo que vive. De ahí nos nutrimos para conformar nuestras historias. En mi caso se da la combinación de esas tres: puedo estar caminando por la Calle del Medio en Matanzas o ir en un ómnibus en uno de esos recorridos rutinarios, o leyendo sentado en mi casa… en cualquiera de esas situaciones la musa es capaz de atraparme y, una vez que lo hace, logro esbozar un primer manuscrito que con el paso del tiempo siempre reescribo y vuelvo sobre él, hasta que me convenza que tiene algún valor literario. No tengo una hora del día específica, considero que todo momento siempre es oportuno para escribir.  

El rigor del oficio, ¿es indispensable o puede ser suplido con otras herramientas simbólicas?

Mario Vargas Llosa decía que los jóvenes de hoy no están preparados para leer libros extensos porque tienen muchas cosas en mente. Al mismo tiempo atienden a un libro, a la televisión o la computadora encendida o al teléfono celular que suena… A lo que Juan Villoro respondió que eso lo ha visto con su hija. Lo interesante es que ella, decía Villoro, anda bastante atenta a todas esas cosas que refiere el Nobel peruano. O sea, antes estabas fijo en una plataforma y ahora digamos que la mente opera más como un radar, y eso al mexicano le parecía más positivo.

Estoy de acuerdo con Villoro, me parece que hoy no solo los escritores, sino todos, tenemos mayores herramientas simbólicas a las que aferrarnos y complementar eso que llamamos el rigor del oficio.

Más allá de la lectura, ¿existe un ámbito artístico, cultural, histórico, o de cualquier otro tipo que nutra tu escritura? ¿Qué temas te interesa reflejar en tu creación?

Me interesa mucho la Historia y cómo se conectan los diferentes procesos históricos unos con otros, la concatenación de los hechos que nos llevan a ser lo que somos. Eso también lo intento reflejar en mis textos.

Las redes sociales han pasado a formar —sobre todo durante el último año (este nefasto 2020), pero incluso desde mucho antes— parte indispensable del proceso de comunicación del arte y casi uno de los pocos recursos que nos ha quedado para comulgar con el otro (ya sea el otro artista o el otro lector, receptor). ¿Crees que nuestra forma de entender la creación, fundamentalmente la literatura, está destinada a cambiar gracias al influjo de las redes sociales en la vida del autor?

Es un poco lo que te respondía anteriormente, el escritor del siglo XVIII no tenía televisión ni Internet, por lo tanto su comunicación con el otro y sus procesos creativos respondía también a ese contexto histórico. Hoy podemos estar intercomunicados, hoy puedo hablar e intercambiar ideas con poetas de disímiles latitudes y eso forma parte de nuestro día a día, lo que por supuesto hace apenas cien años hubiera resultado imposible. Yo soy de los que defienden la idea del canon literario de Harold Bloom, el cual no ve el canon como un cuerpo ideal, sino como un cuerpo sobreviviente y que es y será capaz de mantenerse durante el decursar de los tiempos.

La influencia de Shakespeare y Cervantes será eterna y las nuevas tecnologías podrán hacer que encontremos otras formas de acceder y de (re)interpretar los clásicos, pero nunca podrás obviarlos porque tienen la capacidad de conocernos y nosotros de reconocernos en ellos. El placer estético de leer una obra universal jamás podrá ser suplantado por las redes sociales. Que usemos otras plataformas para exponer y multiplicar la literatura no implica que cambie los genes de lo que es la literatura desde Homero hasta la actualidad.

¿Cuál es tu visión sobre el fenómeno del libro digital aplicado a la realidad cubana actual? ¿Están los lectores listos para ello? ¿Y los autores?

El libro digital es un hecho en el mundo del siglo XXI. El lector siempre agradecerá las facilidades que brindan las tecnologías para hacerse con la literatura que consume. Además, es una ventaja poseer miles de libros en el teléfono en vez de que ocupen un espacio físico de la casa. El problema que veo en el contexto cubano es la infraestructura necesaria para llevar acabo semejante transformación, y así poder hablar de un mercado digital del libro. El lector cubano me parece más preparado para ese cambio que los propios autores. El lector joven, sobre todo, ha crecido leyendo mucha literatura digital. Pero a los autores les será más difícil asimilar, no ver sus libros en físico, no poder firmarlos ni interactuar con el potencial lector.

¿Cómo te gustaría que definieran tu estilo? ¿Cómo lo definirías tú?

Leymen Pérez dice que soy un escritor intertextual, y estoy de acuerdo con él. Me gusta una idea de Laura Ruiz Montes sobre mi primer poemario, Habitantes de Marte, en la que dice que anclo en el trópico una traducción de lo universal. Creo que lo más importante del estilo radica precisamente en tener estilo, que cuando me lean reconozcan a Pablo G. Lleonart.


«Solo lo auténtico no se desvanece»

Nos conocimos en el Curso de Técnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso. Corría entonces el año 2008, si la memoria no me falla. Carlos Ettiel Gómez Abreu y yo compartíamos no solo las aulas del Onelio sino también esos oportunos encuentros entre creadores que, más allá de las clases, conectaban a espíritus y artistas afines. Los años han llovido desde aquel momento, pero Carlos Ettiel continúa siendo ese muchacho auténtico que cargaba poemas, rimas y palabras. Aún sigue confiando, como yo, en la perdurabilidad del buen arte y su necesaria (r)evolución.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Es necesaria una actualización de lenguajes y referentes para dialogar con el niño lector contemporáneo, o piensas que las (r)evoluciones de la literatura infantil y juvenil deben marchar por otros caminos?

Sí. Es necesaria una actualización de lenguajes y referentes para dialogar con el niño lector contemporáneo. El niño de hoy es diferente al que fuimos los autores que hacemos literatura para este tipo de público. Algunos problemas, conflictos familiares reflejados en la literatura para niños se mantienen en el tiempo, pero hay que recontextualizarlos. Además, incluir nuevos elementos ficcionales, tramas, mundos desconocidos, personajes diferentes, en aras de diversificar temas, contextos, argumentos… que son infinitos (tantos como pueda imaginarse en varios campos poco explorados); sin embargo algunos autores insisten en repetirse, manteniéndose en su zona de confort. También debe modernizarse y atenderse el lenguaje para que no aparezcan (como suele ocurrir) expresiones del registro que delatan al adulto narrando la historia o como sujeto lírico en el caso de la poesía: el niño lo descubre con facilidad, entonces se distancia; no puede subestimarse su poder de lectura, mucho más variado y rico que el de los adultos.

Aunque tu pregunta compuesta está enlazada con una “o” (disyuntiva) no escojo entre una u otra. Para mí, ambas respuestas son un SÍ. Pienso que las (r)evoluciones de la literatura infantil y juvenil deben marchar por otros caminos. Pocos autores exploran formas o temas novedosos, pero no es la generalidad. No mencionaré nombres ni cuál es el derrotero, baste decir: es aquel que no se halla transitado aún, solo es preciso imaginar.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Escribo generalmente por las mañanas. La historia o poema da vueltas en mi cabeza durante el día, puedo soñarlo en la noche y en las primeras horas lo paso al papel. También suele llegar la inspiración a otra hora. En ese caso no espero a la mañana, debo sentarme de inmediato para no olvidarlo, pues es un crimen desperdiciar ideas. El ritmo biológico está más arriba y el cerebro más fresco entre las siete y las diez de la mañana. Para cada género no es igual el proceso creativo. La poesía demanda alta inspiración, dominio de elementos formales, más libertad espiritual. La narrativa, mayor concentración y dominio de toda la trama ya contada, características y lenguaje propio de personajes; conocimiento claro de las escenas, resúmenes, indicios, catálisis, conflictos e informantes en cada capítulo, a fin de sugerir sin regalar; que no haya efecto sin causa, que todo lleve a dos o más lecturas en la corriente subterránea de sentido, que se resuelva solo lo justo, sin excesos ni insuficiencias en ninguno de los ingredientes anteriores. Intento de manera primordial cumplir con la ley del interés (mostrando solo la punta de iceberg). 

Algunos critican las técnicas aprendidas en el curso Onelio. Es cierto que deben emplearse de manera natural sin evidenciarlas burdamente; pero en mi criterio, su dominio y uso consiente deriva en resultados maravillosos: son imprescindibles para que el texto no sea mero relato y cobre verdadero valor estético literario.

La poesía clásica rimada, en sus diversas variaciones estróficas, forma parte de tu quehacer literario, ¿de qué manera la tradición puede resultar atractiva al lector de hoy?

La tradición puede y resulta muy atractiva al lector de hoy, en especial la infantil. Estas formas estróficas con métrica y rima son atrayentes para el niño. Las he estudiado para hacer nuevos experimentos que, siguiendo el canon, rompan algunos elementos de su escritura, pero mantengan una parte considerable de la estrofa, a fin de que la innovación sea aceptada por el pequeño lector y los autores; denotándose la intención escritural, la inventiva consciente que debe contribuir a algo nuevo y superior, ser acertada, y no parecer desliz impensado o imposición forzosa. Para rescatar la tradición hay que innovar. Esto debería hacerse también en la literatura para adultos. Unos pocos lo han hecho ya con la décima y el soneto; nadie, con otras estrofas.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Cuán importante es para ti la arquitectura de un libro en tanto materia estética?

Es fundamental. Cada poema, sección o capítulo debe estar muy bien ubicado y concebido en una dramaturgia general. Por ejemplo: poema pórtico, de inicio de secciones, los otros relacionados en sinergia de contenido, poesía final. (Aunque hay textos aparentemente alocados que son válidos si su diseño es funcional). La calidad de ilustraciones, su ubicación, así como la cubierta son de relevancia suprema, si no son estéticas que te echan a perder el libro.

¿Eres de aquellos autores que juzgas a un libro por su cubierta?

No juzgo a un libro por su cubierta, me baso en el autor, tema y nota de contraportada.

Por otra parte, me gusta que mis libros tengan cubierta atractiva, porque los escritores hacen como yo, van a leer detrás los elementos de interés sobre el volumen; pero el público en general no hace esto. Solo mira la cubierta: el rostro del libro, la carta de presentación. Cuando la cubierta es mala, el lector no compra el libro, ni siquiera lo pide para hojearlo.

En las relaciones del mundo editorial (con agentes, editores, ilustradores, etc.), ¿cuál consideras la más importante por sus repercusiones en la vida del autor?

No sé qué decir. Soy mi propio agente. Los ilustradores son una caja de sorpresas. Los hay muy buenos y los que dibujan muñecos horribles considerados artísticos o interpretan mal el texto que ilustran. Con los editores siempre trabajo por correo electrónico. (Algunos me hacen revisar de más, pues no le encuentran ningún error a mi obra, cuando en realidad siempre hay detalles que pulir). De estas relaciones, creo que la más importante en mi vida de autor se debe a los editores.

¿Por qué crees que el mercado internacional luce, al menos en apariencia, tan reacio en abrir sus puertas a nuevos escritores, fundamentalmente cubanos?

No creo que el mercado internacional esté reacio a abrir sus puertas a nuevos escritores cubanos. La primera barrera es nuestra. Tenemos que escribir mejor. Gestionar más; ya que apenas tenemos agentes aquí, establecer lazos con extranjeros y aprender de su experiencia, no temer a este mundo del mercado que tiene sus complejidades. Para quien vive en un pueblo aislado, sin la tecnología, relaciones ni recursos de las capitales de provincia o La Habana, este reto es mayor, pero no hay puerta que no pueda abrirse si la empujamos fuerte.

Entonces, ¿existe una verdadera apertura editorial del talento nacional a otras oportunidades más allá de nuestro contexto geográfico?

Hay una discreta apertura editorial del talento nacional a otras oportunidades más allá de nuestro contexto geográfico a partir del lento desarrollo de Internet en nuestro país, el temor y la falta de gestión, iniciativa o esfuerzo de los autores por explorar estos terrenos. Algunos se han decidido. Falta mucho camino por andar.

¿Está el niño listo para leer sobre todo tipo de temas, para conocer todo tipo de personajes, o piensas que el escritor debe ejercer algún juicio, de tipo estético pero también de cualquier otra índole, a la hora de abordar determinadas realidades?

El niño está listo para leer sobre todo tipo de temas, para conocer todo tipo de personajes. El escritor debe presentarlo con tacto, mesura, buen gusto estético, pero sin miedo a ningún tipo de argumento complicado. Esto lo tienen claro autores como Luis Cabrera, Mildre Hernández, Eldys Baratute, entre otros.

tomada del perfil de facebook de carlos ettiel

¿Existe la autocensura?

Sí existe la autocensura, porque muchos piensan en qué dirán los lectores sobre la trama de su texto cuando abordan un asunto difícil. En algún momento he vacilado, pues hay temas duros, cuyas interpretaciones negativas pudieran acarrear problemas al autor. Esto ocurre mucho con el humor, la crítica social, la ironía, los temas de sexo, etc. Desde hace tiempo intento no autocensurarme. Que sean otros los que me digan que está “muy fuerte”.

¿Qué lugar ocupa, dentro de tu producción, la literatura escrita para adultos? Tengo la impresión de que no es el área más conocida de tu trabajo…

Sesenta por ciento para niños; cuarenta, para adultos. Escribo bastante para adultos, aunque es menos conocida esta producción. (Siempre unos géneros encuentran mayor salida que otros, tampoco ayuda vivir en un pueblo lejos de los centros de poder). Tengo varios libros de décima, poesía, cuento, minicuento y novela para adultos en editoriales como Montecallado, El mar y la montaña, Letras Cubanas. Entre ellos los premios Francisco Riverón, Juan Francisco Manzano y Regino Boti.

El humor es una herramienta de transformación de la realidad. ¿Cómo lo empleas dentro de tu literatura?

Considero muy importante el humor. Ayuda a mantener el interés en el texto, le da realce estético (aunque algunos crean lo contrario), mueve el pensamiento, transforma la realidad. Por eso tiene un lugar distinguido en mi literatura. Tengo varios libros de décima humorística y en casi todas mis noveletas hay una fuerte dosis de humor; a veces sutil, irónico, alejado de los gags y chistes poco originales o discriminatorios. No considero que sea “menor” una décima cómica cuando el humor maneja los resortes esenciales para un elevado nivel estético de este difícil género que, como bien se dice, es muy serio aunque trate de provocar sonrisas.

¿Cuál sería tu lector ideal?

Cualquiera que se acerque a mis libros con el único propósito de disfrutar. Sin interés de aprender nada ni analizar los atributos de lo escrito. Solo por divertirse, emocionarse, encontrar deleite para su espíritu.

En los tiempos actuales, ante las (in)certidumbres que enfrentamos como creadores en un panorama nacional e internacional cada vez más cambiante, ¿a qué puede el artista aferrarse?, ¿qué es lo sólido?, ¿qué no se desvanece?

El artista puede aferrarse a los clásicos, a su intuición, a la musa que lo impulsa por senderos de espíritu y emoción, reflejando lo cercano y a la vez lo universal, los símbolos y valores, lo efímero y pueril. Lo sólido es lo sincero, el escritor no puede engañar, construir, aprovechar tendencias, sino soltar el alma. Solo lo auténtico, original y franco no se desvanece.