√Āfrica


El lado femenino de la afrodescendencia (+ video)

La proclamaci√≥n del Decenio Internacional de los Afrodescendientes, desde el 1ro de enero de 2015 al 31 de diciembre de 2024, ha sido esencial para el dise√Īo y puesta en marcha de pol√≠ticas gubernamentales y p√ļblicas encaminadas a la defensa de los derechos econ√≥micos, sociales, c√≠vicos o culturales de un importante sector de la comunidad global. Si bien es cierto que el vocablo ¬ęafrodescendencia¬Ľ evoca el origen y la evoluci√≥n de toda la especie humana, en las √ļltimas d√©cadas se ha utilizado, de manera recurrente, para visibilizar un heterog√©neo y complejo grupo social que ha tenido que enfrentar, a lo largo de la historia, las vejaciones e ignominias inherentes a la discriminaci√≥n racial.

Antes de esta proclamaci√≥n, ya la Asamblea General de las Naciones Unidas hab√≠a incluido en sus agendas de trabajo un programa de actividades asociado a este t√≥pico: la declaraci√≥n del ‚ÄúD√≠a Internacional de la Mujer Afrodescendiente‚ÄĚ en 1992, la ‚ÄúConferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminaci√≥n Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia‚ÄĚ en 2001, la ‚ÄúDeclaraci√≥n y el Programa de Acci√≥n de Durban‚ÄĚ, aprobada en esta conferencia, el consenso para la conmemoraci√≥n del ‚ÄúD√≠a Internacional de Recuerdo de las V√≠ctimas de la Esclavitud y la Trata Trasatl√°ntica de Esclavos‚ÄĚ en 2007, as√≠ como el pronunciamiento a favor de la celebraci√≥n del A√Īo Internacional Afrodescendiente en 2011.

En cada una de estas resoluciones ha persistido el inter√©s por atender la situaci√≥n de vulnerabilidad de las mujeres afrodescendientes. Con el prop√≥sito de rememorar el ‚ÄúPrimer Congreso de Mujeres Latinoamericanas y Caribe√Īas‚ÄĚ, que tuvo lugar en Rep√ļblica Dominicana en 1992, cada 25 de julio se celebra el ‚ÄúD√≠a Internacional de la Mujer Afrodescendiente‚ÄĚ, tambi√©n conocido como el ‚ÄúD√≠a de la Mujer Afrolatina, Afrocaribe√Īa y de la Di√°spora‚ÄĚ.

En este congreso se abordaron temas esenciales para el sujeto negro, de manera general, y la mujer negra, de modo particular. Entre ellos podr√≠an se√Īalarse el sexismo, la violencia de g√©nero, la discriminaci√≥n racial, la pobreza, la marginalidad y la migraci√≥n.

Sin dudas, son muchos los desaf√≠os que las mujeres afrodescendientes han tenido que enfrentar. Varios investigadores e investigadoras han insistido en el hecho de que la mujer debe encarar varios niveles de discriminaci√≥n: adem√°s de la condici√≥n de g√©nero, debe afrontar el sistema de prejuicios y estereotipos asociados al color de la piel, a la clase social, a la filiaci√≥n religiosa o a la orientaci√≥n y la identidad sexual. La coexistencia de estas categor√≠as en un mismo sujeto social es lo que la acad√©mica afroamericana Kimberl√© Crenshaw (1959) ha catalogado como la ¬ęinterseccionalidad¬Ľ.

Kimberl√© Crenshaw: «Pero de la misma manera que la interseccionalidad intensifica nuestra percepci√≥n sobre c√≥mo las mujeres negras viven sus vidas, tambi√©n expone las circunstancias tr√°gicas c√≥mo las mujeres afroestadounidenses mueren.» (foto tomada de Tedtalks)

La mujer negra, en tanto sujeto social, no es solo afrodescendiente, puede ser también una mujer pobre, musulmana, homosexual, transexual; lo que la convierte en una especie de receptáculo de discriminaciones con las que tiene que lidiar durante toda su existencia. De este modo, recaen sobre ella un sistema de prejuicios y estereotipos de carácter socio-económico, religioso, sexual o cultural.

Ahora bien, no debemos creer que este sistema de prejuicios y estereotipos son reproducidos, exclusivamente, por el llamado racismo anti-negro. Lamentablemente, algunos de los intelectuales hombres, considerados portavoces de las luchas antirracistas, siguen repitiendo esquemas de pensamiento y pr√°cticas bastante machistas y sexistas.

Sin ánimo de ser absoluta en mis lecturas y reconociendo que en este error también son responsables las mujeres, pienso que no todo el discurso y la praxis antirracista, incluso no todo el discurso y la praxis de izquierda, ha asumido las urgencias por articular los feminismos, las alteridades religiosas o las disidencias sexuales, por solo citar algunos ejemplos.

Creo que las mujeres afrodescendientes, de todo el mundo, han tenido que asumir importantes retos: estudiar, sistematizar y valorar lo mejor del corpus de ideas y prácticas que han marcado la cultura universal, atendiendo, de modo particular, las principales voces del feminismo y el afro-feminismo; articular un movimiento multidisciplinario y plural que realice un trabajo sistemático y consecuente con sus principios y pautas de acción; alzar su voz, alejándose de relatos victimizadores y suplicantes; dialogar, constantemente dialogar con aquellos grupos sociales ninguneados por la colonización y la colonialidad.


Conocer √Āfrica, m√°s all√° de fechas y etiquetas

Aunque algunos, con mucha razón, desestiman la costumbre de esperar fechas conmemorativas para recordar la obra de importantes figuras, grandes acontecimientos o particulares contextos, debe reconocerse que los días de homenaje pueden ser marcos favorables para la reevaluación de puntos de vista, para la mirada crítica y la renovada interpretación de escenarios culturales complejos.

El 25 de mayo, por ejemplo, es una jornada de honores para √Āfrica. Desde 1963, a prop√≥sito de la creaci√≥n de la Organizaci√≥n de la Unidad Africana (OUA), la comunidad internacional dedica este d√≠a al vasto territorio continental que vio nacer a la humanidad.

No obstante, los tributos al continente africano deben ir acompa√Īados de profundas reflexiones sobre las din√°micas hist√≥ricas, pol√≠ticas, socioecon√≥micas, filos√≥ficas, literarias o art√≠sticas que han marcado el desarrollo de sus culturas. Cada onom√°stico debe contribuir a eliminar visiones reduccionistas en torno a esta rica y productiva porci√≥n de tierra.

La mirada a √Āfrica debe ser tan plural y pol√©mica como su propia naturaleza. Es preciso desmitificar esas percepciones monol√≠ticas u homog√©neas de un espacio territorial que supera los 30 millones de kil√≥metros cuadrados, que posee 55 naciones y alrededor de dos mil etnias. Las s√≠ntesis hist√≥ricas, las premuras de los medios de comunicaci√≥n, o el mero desconocimiento, han condicionado que el discurso sobre √Āfrica o los africanos renuncie a los matices, descartando semejanzas y diferencias entre regiones, pa√≠ses o etnias.

El norte del continente africano, por ejemplo, tiene una evoluci√≥n socio-hist√≥rica muy diferente al √Āfrica Subsahariana (conocida tambi√©n como √Āfrica Negra). Sus l√≠mites con el Mar Mediterr√°neo condicionaron un mayor contacto con Europa, y consecuentemente, marcaron pautas de desarrollo diferentes al resto del continente. Pero el escenario subsahariano es muy diverso: Nigeria, Camer√ļn o Tanzania poseen din√°micas culturales heterog√©neas.

Debemos apostar por miradas m√°s espec√≠ficas. No se trata de renunciar a una perspectiva regional, sino de entender las unidades y divergencias que persisten en esta. Nuestras observaciones sobre el marco geogr√°fico europeo no nos impiden atender, espec√≠ficamente, los contextos belgas, ingleses o franceses. ¬ŅPor qu√© entonces abusar de las percepciones generales en torno √Āfrica? ¬ŅAcaso no ser√≠a interesante conocer sobre escenarios tan distantes como Madagascar o Seychelles?

Por otro lado, es preciso despojarse de atemporalidades. √Āfrica no es una masa de tierra varada en el tiempo. Es el resultado de siglos de explotaci√≥n. Al igual que Am√©rica Latina ha tenido que lidiar con los efectos de la colonizaci√≥n y la colonialidad. Es menester recordar la historia de la esclavitud en la Modernidad: los hombres y mujeres africanos tra√≠dos al Nuevo Mundo en condici√≥n de esclavos. Pero la presencia de √Āfrica en la historia universal no puede reducirse a esos acontecimientos. Las realidades africanas del pasado siglo, y de este, deben formar parte de nuestro acervo.

Sin dudas, el legado africano ha sido esencial en la formaci√≥n de la identidad cubano-caribe√Īa. Los lucum√≠, los congos, los carabal√≠s o los mandingas ‚Äďpor solo citar algunos grupos √©tnicos‚Äď, contribuyeron a la gestaci√≥n y desarrollo de expresiones culturales propias del espacio antillano. Las peculiaridades ling√ľ√≠sticas, religiosas, musicales, danzarias, art√≠sticas o culinarias del gran Caribe son deudoras de la inmigraci√≥n de una fuerza de trabajo africana, esclavizada.

Pero no podemos limitar nuestra visi√≥n de √Āfrica a estos hechos. Es preciso conocer mejor la historia de otros pueblos. Sobre todo, de aquellos que han tenido que despojarse de yugos imperiales y han erigido su identidad desde un discurso y una praxis descolonial. No es posible que nuestros imaginarios en relaci√≥n a √Āfrica sigan apegados a los siglos XVIII y XIX.

Si nos alejamos de esa visión atemporal, también lograremos un distanciamiento de los anacronismos que, a veces, contaminan nuestras percepciones sobre al arte africano. Las artes visuales gestadas en este escenario mantienen una armónica relación con la tradición, pero van al ritmo de su tiempo. Las máscaras, las esculturas o las pinturas rompen, continuamente, los esquemas; y las formas postmodernas de creación, dígase performance, video arte, happening, body art… son asumidos por los artistas africanos contemporáneos. Algunos deciden crear desde el hogar, otros lo hacen desde la diáspora.

La literatura sigue similares derroteros. Los di√°logos entre oralidad y escritura han marcado las pautas de lo mejor de la poes√≠a, la narrativa o la dramaturgia. Nigeria, por ejemplo, cuenta con importantes exponentes en este √°mbito: Wole Soyinka, Chinua Achebe o Chimamanda Adichie. Esta √ļltima, no solo se ha convertido en una de las principales voces de la literatura de su naci√≥n, tambi√©n ha tenido un importante rol en las luchas feministas.

Las miradas al contexto africano tambi√©n deben atender el √°mbito cinematogr√°fico. Gracias a la labor de promoci√≥n cultural del ya fallecido realizador Rigoberto L√≥pez, el p√ļblico cubano pudo disfrutar de varias propuestas f√≠lmicas como ‚ÄúUn hombre que grita‚ÄĚ del reconocido director chadiano Mahamat Saleh Haroun, ‚ÄúEl precio del perd√≥n‚ÄĚ del senegal√©s Mansour Wade o ‚ÄúEl h√©roe‚ÄĚ del angole√Īo Zez√© Gamboa.¬† Sin embargo, mucho nos queda por conocer sobre las particularidades de este s√©ptimo arte.

De igual manera, debe persistir un ejercicio cr√≠tico ante esas sesgadas visualidades que asocian, constantemente, a la regi√≥n con la pobreza. El √≠ndice de desarrollo humano descrito por la Organizaci√≥n de las Naciones Unidas se√Īala que √Āfrica alberga a diez de los pa√≠ses m√°s pobres del mundo, entre ellos N√≠ger, Sud√°n del Sur, Burundi, Chad y la Rep√ļblica Centroafricana. Pero en su seno tambi√©n emergen interesantes econom√≠as. Nigeria, Senegal, Angola, Costa de Marfil o Etiop√≠a podr√≠an ser buenos referentes en ese sentido.

No se trata de silenciar a las naciones vulnerables y ser portavoces de las de mayor riqueza, se trata de alejar nuestros juicios de las etiquetas. Los africanos no son todos ricos, ni son todos pobres. Al igual que en el resto del mundo sus condiciones de vida están determinadas, o sustentadas, en sus posibilidades de acceso o participación en las dinámicas políticas y económicas de sus sociedades.

Las l√≠neas anteriores no intentan describir el diverso y complejo escenario sociocultural africano. Una tarea como esa exigir√≠a a√Īos de estudio y un espacio mayor para la exposici√≥n. Este texto quiere ser, sobre todo, una exhortaci√≥n: el veinticinco de mayo ser√° un d√≠a de honores si nuestra visi√≥n de √Āfrica se aleja de los estereotipos, raciales o epist√©micos. Solo el ejercicio cr√≠tico y la investigaci√≥n sistem√°tica nos permitir√°n conocer un espacio socio-cultural que alberga a los antepasados de la humanidad. La afro-descendencia no es una condici√≥n, exclusiva, de las personas negras. Cada uno los que habitamos este azaroso y contaminado globo terr√°queo somos deudores de historias y culturas que germinaron en aquellas tierras.