Soñar despierto

En Soñar con los ojos abiertos, todos giran alrededor de la joven soprano Lucelsy Fernández, quien acaba de ser distinguida con el Premio de Actuación Adolfo Llauradó 2020, de la Asociación Hermanos Saíz. Rubén Darío Salazar ha creado para ella un concierto que, de la mano del director de Teatro de Las Estaciones, resulta, por supuesto, un espectáculo teatral.

Al iniciarse la función, nuestra protagonista nos anuncia con claridad que compartiremos con el elenco juegos, cantos y poemas. Es verdad, pero urdidos por un guion del propio Salazar, alcanzan el relieve de una puesta en sentido y nunca de una suma indiscriminada.

Lucelsy guía. Los actores titiriteros entran y asisten con pequeñas escenas, cadenas de imágenes y algunos diálogos. Los músicos del quinteto Vida permanecen en el espacio e intervienen con soltura mediante incisiones performativas, además de sus propias ejecuciones. Los bailarines aportan la frescura de la danza. Cada uno ha presentado con sencillez sus labores o profesiones dentro del espectáculo. Sin edulcorar, se expone lo que se hace. Una enseñanza para la niñez sin rebuscamientos. El arte como un trabajo, especial si se quiere como tantos otros, pero trabajo en firme. Lucelsy Fernández se planta también como actriz. Ríe, se divierte y se muestra dúctil en su proyección y dominio escénico. Su delicadeza colorea su voz, de amplio registro y firme educación musical. Así desaparecen, digamos, los misterios.

El espectáculo se desnuda ante nosotros, varias veces bajo luz blanca de trabajo. No se abusa de tonos teatrales grandilocuentes o afectados. Se conversa, narra y canta con naturalidad. Y refulgen, a través de las canciones y sus dibujos escénicos, los amores de familia, el amparo del hogar, el ejercicio de valores y virtudes. Asistimos, pues, a una entrega, a un momento de comunión con la bondad y la belleza. Con la participación de todos, como en la secuencia interactiva de los trabalenguas. Un simple instante de vida, de las pequeñas cosas tan necesarias después de este tiempo que hemos atravesado. Rubén Darío, buen juntador de almas, tiene a la vera a Zenén Calero y sus diseños.

En la actuación y animación a Iván García, Arlettis González Cazorla (Mención de Actuación del propio Premio Llauradó 2020), Sonia María Cobos y Migdalia Seguí. En la coreografía y su ejecución a Yadiel Durán, acompañado de Fernanda Martínez. Roselsy Fernández conduce a los músicos Belsy Flavia Aguilar, Doly Díaz, Dayán Mirabal y Liz María Santana. Palabras y canciones vienen de Martí y Guillén, Mirta y Teresita, Chericián, Caissés y Norge Espinosa, Amado Nervo y Gabilondo Soler, entre otros. Con arreglos que provienen de Rodrigo Prats, José María Vitier, Bárbara Llanes, Elvira Santiago y la misma Lucelsy Fernández. El hilo nunca se pierde y, sin sobresaltos, disfrutamos. El afán nunca es ilustrar sino yuxtaponer. Con la libertad precisada por Eliseo Diego alcanzan ese «soñar despierto» que nos exigió el poeta centenario.

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