Sin deponer las armas

Reseña a trilogía “Guerra de dragones”, de Eric Flores Taylor y Jesús B. Minsal Díaz.

En los últimos años, géneros como la ciencia ficción y la fantasía han experimentado un ya innegable apogeo a nivel internacional, gracias en parte al recrudecimiento de la COVID-19, aunque toda la responsabilidad no podemos achacársela a la pandemia, pues este renacer viene gestándose previo al coronavirus. Toda una plétora de series, libros y películas han despertado (o reavivado) en el público el apetito por estos géneros que lamentan en ocasiones un muy injusto menosprecio. Por fortuna, a quienes leemos y defendemos el género fantástico nos respalda un ejército de autores reacios a deponer las armas y dispuestos a seguir creando mundos extraordinarios en los que sumergirnos. Gracias a ellos es que persisten y persistirán estos géneros.

Jesús B. Minsal Díaz (izquierda) y Eric Flores Taylor (derecha)

Eric Flores Taylor y Jesús B. Minsal Díaz constituyen dos ejemplos sólidos de lo que trato de reflejar. Y es que, en Cuba, el resurgir de la ciencia ficción y la fantasía puede rastrearse un poco más atrás y viene de la mano de los numerosos escritores y escritoras, apoyados por una colección que, al abrirles las puertas, fortaleció su convicción de que esos “sueños locos” podían publicarse y ser compartidos por los lectores. Dicha colección es Ámbar, perteneciente a la editorial Gente Nueva. Presidida por Gretel Ávila Hechavarría (una de las mejores editoras de nuestro país, defensora a capa y espada de los libros que acoge), la colección Ámbar tiene en su haber un catálogo de títulos de probada calidad, con mucha aceptación del público lector.

Pero en 2013 llegaría una novela, fruto del esfuerzo de varios años, que se robaría el show, provocando en sus lectores el apremio de una secuela, que llegaría en 2015, dos largos años después. La novela, titulada Guerra de Dragones y su segunda parte, Estigma, destacó por romper con una serie de arquetipos trazados en lo referente al fantástico épico y en específico, con el mundo de los dragones y de los magos.

En Guerra de Dragones sus autores, Eric Flores Taylor y Jesús B. Minsal Díaz (responsable, además, del espectacular diseño de portada de ambos volúmenes) nos introducen a todo un universo fantástico habitado por dos razas en conflicto: dragones y magos. Pero desde el inicio, notamos que ésta no será otra historia de las habituales en el género; en el primer capítulo se hace evidente, a través del monólogo de su protagonista:

“Solo le pido a los Milenarios que los altos jefes hayan tomado en cuenta mi “pequeña diferencia” al incluirme en esta misión. Si no fue así, todas mis inquietudes serán ciertas y no sobreviviré. ¡Qué fácil es imaginar lo que dirían de mí en las barracas!: “¿Te acuerdas de aquel bastardo, el despreciable cachorro albino? Se achicharró durante su iniciación. ¡Patético! ¿Quién ha visto un amo del fuego consumido por las llamas?”

Guerra I

Quien nos habla es Uthar, el dragón blanco y miembro más novato del pelotón del fiero sargento Morlock. El pelotón lo compone una variopinta mezcla de dragones de ambos sexos; sin embargo, Uthar se lleva la corona. Nos cae bien al momento este personaje. Es blanco, (color raro en su especie), no es ni rápido ni fuerte, le sobran la torpeza, la inseguridad, y tiene lo que como lectores consideramos una habilidad, pero para sus homólogos es motivo de burla y menosprecio. Los defectos de Uthar y su “pequeña diferencia” (como él mismo apunta) así como esa compasión que le entrega un toque humano, enseguida nos invitan a seguirlo a lo largo de la novela pues intuimos, atrapados por el ingenioso gancho que lanzan Eric Flores y Jesús B. Minsal, que este repudiado dragón traerá más de una sorpresa. Y de que lo hace, lo hace.

La sociedad de los dragones se rige por un militarismo absoluto, con sus correspondientes leyes y jerarquías, brutales entrenamientos y devastadoras incursiones relámpago. La desobediencia y la cobardía se castigan duramente. Todo en la raza de los dragones sirve al propósito de vencer en batalla a sus enemigos ancestrales: los magos. Éstos últimos, también divididos en rangos acordes a su dominio de la magia, habitan en distintos planetas (colonias) y su sociedad, aunque más desarrollada que la de los dragones, también lamenta serias deficiencias que repercuten en una familia desesperada por proteger a su bebé en medio de la guerra. Los caminos de este bebé y los de Uthar confluirán de forma inesperada y sentarán las bases sobre las que se alza la trilogía.

Si con Guerra de Dragones tuvimos abundancia de combates, dosis de humor, derroche de originalidad y nos sirvió de introducción a este mundo fantástico, con Estigma disminuirá el tono bélico de la trilogía, pero le inyectará una madurez imprescindible para disfrutar de una tercera parte en la que se anticipa un cierre con broche de oro a esta historia que tanto ha cautivado a sus seguidores.

Eric Flores Taylor

En Estigma, Eric Flores Taylor asume en su totalidad la tarea de narrador y Jesús B. Minsal adopta un plano más secundario, sin perder su protagonismo en el desarrollo de la secuela (recordemos que las ilustraciones son suyas y de Jesús Rodríguez). El distanciamiento de Minsal se debió a su enfoque en el mundo de la historieta, con la saga “Itgul” (publicada por Gente Nueva) y otros proyectos de igual índole que siguen gestándose. Ya en Estigma han transcurrido varios ciclos desde el final de la primera parte y, sin ánimo de lanzar spoilers que arruinen la magia para quienes todavía no han leído las novelas, veremos nuevamente a Uthar, a cierto bebé ya en la adultez (con todas las sorpresas que esto depara) y a varios de los personajes más queridos (y otros no tanto) de la primera entrega. Eso sí, tenemos un nuevo invitado al show y su nombre es Estigma. Y Eric Flores no se tarda mucho en darnos indicios de por qué fue bautizado así el segundo tomo de la trilogía.

Estigma es también una especie de paria, aunque a diferencia de Uthar, se le adora y teme. Para entregar una idea de este personaje y de lo que puede hacer, basta con señalar que en Guerra de Dragones aprendemos que para vencer a un dragón se requiere el poder concentrado de treinta magos; Estigma, en varios de los pasajes de la novela, nos deja pasmados con su facilidad para derrotar no a uno, sino a varios de sus poderosos enemigos. No es de extrañar que se le considere una leyenda. Sin embargo, pese a sus habilidades casi divinas, este semidiós vive obsesionado con hallar al dragón blanco, nuestro querido Uthar. ¿La razón? Nos espera en las páginas de la segunda parte de Guerra de Dragones, junto a las peripecias del ya maduro Uthar y de su misterioso acompañante, duelos fantásticos y una vez más, el gancho final que nos hace lamentar cuánto ha tardado en llegarnos la última entrega de la trilogía.

Guerra de Dragones (sus dos partes publicadas hasta el momento) ha sido un éxito entre el público y ya mencioné uno de los motivos: el desprendimiento de los cánones establecidos para este tipo de literatura. A ello se le suma el lenguaje sencillo, privado de rebuscamientos, pero sin carecer de un excelente manejo de las técnicas narrativas que entrega a las novelas un aire cinematográfico. O sea, Eric Flores Taylor y Jesús B. Minsal, nos hacen ver lo que acontece, reforzado todo por un universo cuidadosamente construido, creíble gracias a la coherencia vigente en una historia que agarra desde la primera línea y nos deja colgando de la última página, deseando más.

Ambos libros fueron editados por Gretel Ávila y su trabajo se nota, así como el respeto y compromiso de la editora con esta trilogía, pues también trabaja en la tercera entrega, en la cual volverá Eric Flores Taylor como autor. Jesús B. Minsal, comprometido en proyectos afines al mundo de la historieta, no pudo estar en primera línea, pero sus consejos y sugerencias fueron respetados.

Guerra I

La tercera entrega de Guerra de Dragones será la culminación de años de trabajo de sus autores, su editora, la Colección Ámbar, la Editorial Gente Nueva y por último, de quienes hemos tenido el placer de seguir esta historia. Basta decir que si la primera parte sentó las bases y Estigma las fortaleció, la última entrega se nos antoja una combinación de las magníficas escenas de batalla (a las que ya nos volvimos adictos y no pueden faltarnos), un serio manejo de los conflictos de sus personajes, las constantes sorpresas y ganchos, todo en función de entregarle a esta trilogía el final que merece. Solo nos queda esperar otro poco más, solo un poco más. Sin dudas, la espera merecerá la pena.

La ciencia ficción y la fantasía cubanas están en buenas manos y lo estarán mientras autores como Eric Flores Taylor y Jesús B. Minsal no depongan las armas. Como ellos hay muchos, no solo limitados al ámbito literario y sin distinción de género o edad. Son ellos quienes nos recuerdan que este tipo de literatura debe tomarse en serio, pues al igual que otros, nos hacen leer, nos hacen ver y nos hacen soñar…

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscripción

Para recibir nuestro boletín ingrese su dirección de correo electrónico