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Teresita Fernández, maestra y madre de juventudes
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Teresita Fernández, maestra y madre de juventudes

Por: Marianela González
Fotos: Yander Zamora

Conserva el Centro Pablo en sus Memorias, entre tantas otras, una fotografía que bien podría acompañar estas líneas, aun cuando hayan pasado casi diez años de aquel instante: justo la tarde en que el espacio A guitarra limpia celebraba en el Patio de las Yagrumas su segundo aniversario, Teresita Fernández, guitarra sobre las piernas y una mano en alto, regalaba a los presentes el concierto No puede haber soledad. Sentados en círculo junto a su regazo, varias decenas de jóvenes trovadores que sabían de aquel espacio un refugio de vendavales.

Quizá alguno de los fotógrafos que este miércoles irrumpieron en su “guarida”, haya reeditado una imagen como aquella. Junto a un batallón de jóvenes artistas, amigos, periodistas también a medio camino, Teresita adelantó la celebración de su 80 cumpleaños con una alegría que recibió, según dijo, un poco nerviosa: el Premio Maestro de Juventudes que desde ahora acompañará, imagino, su busto de Martí niño, su imagen de la Madre Teresa de Calcuta, su retrato de Ada Elba, su palangana vieja, su imagen del Che según Raúl Martínez y su bandera cubana. Son sus credos, como parece serlo este reconocimiento: “es el premio mayor, porque ustedes son mis hijos. Hoy veo que mis hijos han crecido y me quieren”.

No solo los niños crecen en la Isla con la voz de esta trovadora –o juglar, como prefiere-; también adultos y ancianos que no han de ser padres o abuelos, necesariamente. En las canciones de Teresita habitan gatos, lagartijas y ranas, modelados por las mismas manos que luego rozan acordes más íntimos, que acompañan: “cómo estás triste si fue tu encanto/ quien puso brillo de amor en mi soledad”. Todo ello, con vocación siempre manifiesta de quien asume el magisterio como actitud de vida, tal vez desde mucho antes de aquel 1948, en que la Normal de Santa Clara la viera graduarse de pedagoga con 18 años. Y es que aunque esta mujer cante desde los cuatro, prefiere autodefinirse como “una maestra que canta”.

Por eso el Premio no sorprende, aunque la escena la extrañe. Quienes se inscriben hoy en generaciones pasadas, saben no ya en sus canciones, sino en la coherencia de su vida toda, una expresión genuina de lo que en términos artísticos y éticos significa la trova cubana. Y para los que apenas asomamos a este mundo que Teresita percibe “en crisis”, escuchar con serenidad y juicio sus historias cantadas, implica acercarnos a un centro de pasión, confianza y pensamiento, indispensables para construir y continuar un patrimonio cultural rico y transformador, en el que ella misma se inscribe.

No hubo soledad este miércoles en casa de Teresita, como no ha habido en su vida: 80 años insustituibles, tanto en el panorama de la canción cubana como en los tantos hombres y mujeres que ha moldeado con humildad. Como suele –o debe- una madre con sus hijos.

Galería de imagénes de Entrega del Premio Maestro de Juventudes a Teresita Fernández

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.